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Antón Castro

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HOMENAJE A SOL ACÍN EN LA BIBLIOTECA DE ARAGÓN

HOMENAJE A SOL ACÍN EN LA BIBLIOTECA DE ARAGÓN Esta tarde, en la Biblioteca de Aragón, a las 19.30 la Fundación Ramón y Katia Acín presentará dos nuevos proyectos: la pestaña que acaba de dedicársele a la poeta Sol Acín, hija de Ramón y hermana de Katia, y la reedición de su único poemario: ‘En ese cielo oscuro’, que había publicado en 1979 Víctor Pozanco en Ámbito Literario. Participarán en el acto Ana García-Bragado Acín, presidenta de la Fundación; Emilio Casanova, creador y coordinador de la página web de la Fundación, acaba de realizar un pequeño corto sobre Ramón Acín con guión de Severino Pallaruelo para Aragón Televisión, y Antón Castro, que ha escrito unas notas sobre la vida y la poesía de Sol Acín. El libro lo ha publicado la Fundación, lo ha coordinado Emilio Casanova y lo ha editado Paco Boisset en Sansueña.

IRENE ANTÓN: UNA LECTURA DE JEAN GENET

IRENE ANTÓN: UNA LECTURA DE JEAN GENET

La editorial Errata Naturae acaba de publicar ‘El niño criminal’ de Jean Genet, compuesto por dos temas que le han marcado la vida: la idea y la sombra del crimen, y la homosexualidad. Es un libro intenso y breve, estremecedor en ocasiones, el libro de un iconoclasta de extremada sensibilidad que aborda los temas descarnadamente. Este libro lo ha prologado y traducido la editora Irene Antón –que el otro día me mandaba un fragmento del delicioso ‘Diario del primer amor’ de Leopardi-; le pido que me envíe un fragmento de su introducción.

 

 

PRÓLOGO A ‘EL NIÑO CRIMINAL’

 

Irene ANTÓN

Pensar merece la pena si provoca, no tanto una captura de las cosas pensadas, como un extravío de aquél que conoce. Así Foucault. Pero ¿qué ocurre si el que conoce, si el que piensa, si el que escribe está ya extraviado, si no consigue encontrarse? Tanto mejor. La necesidad entonces no es ficticia, no es inventada, no es mera postura especulativa, impostada e intelectual, articulada para encontrar lo que de todos modos ya se sabe, se prevé, lo que se había calculado encontrar. Entonces, el que piensa y escribe, realmente busca, se arriesga y se expone. 

Ésa es exactamente la postura de Jean Genet en los dos textos que se ofrecen a continuación. Ambos hacen explícito el desplazamiento de un lugar a otro, el cambio de situación, la difuminación del mundo que se conocía previamente. Son el gesto —dos gestos como dos manos que se mueven, cada una en su tiempo, pero acompasadas y constituyendo, por tanto, como un reflejo, como un eco, un único gesto— de paso de un mundo a otro, un gesto de salida: la salida de la cárcel y de sí mismo. Como embarcarse, como arrojarse a la inmensidad. Sin destino predeterminado. Ambos textos son el producto de una profunda crisis, de una dislocación radical. Y en este contexto la palabra dislocación no es baladí. La inmensidad, aunque mera figura retórica, tampoco. Pensemos que Genet siempre se había concebido a sí mismo como perteneciente a un lugar ideal, la cárcel, que ahora ha desertado para siempre. Pocos lugares hay tan cerrados, rígidos y determinados como la cárcel, pocas estancias tan angostas y aisladas como una celda. Sin embargo, ese entorno, y sólo ése, proporcionaba a Genet la soledad y la concentración perfectas, le procuraba la fórmula exacta que necesitaba para escribir. Allí se encontraba exactamente en el lugar en el que le gustaba encontrarse: alejado de los hombres, su cotidianidad y sus normas. Y cerca de quienes pueblan las prisiones.

 

[…]

 

En los años que cubre esta profunda crisis, de 1947 a 1954, Genet se siente extraviado, dislocado. Los textos breves que aquí se presentan señalan los límites de esta crisis: el primero está escrito en enero de 1948 y el segundo se publica en 1954. Pero no sólo son importantes en tanto que marco de esa crisis, sino que en ellos Genet se entrega, de manera más explícita y depurada que nunca —es decir, sin distraerse con la trama argumental de una novela y sin la necesidad de crear personajes ficticios—, a la comprensión de los dos temas que mayor peso han tenido en toda su obra: el crimen y la homosexualidad.

Tal y como él mismo considera y teme, podríamos pensar que ha perdido la contundencia de la época de sus grandes obras; sin embargo, estos textos responden a un nuevo modo de enfrentarse al mundo. Sus palabras edifican posiciones arriesgadas, son respuestas a esa nueva situación que, con intensidad, abren otras cuestiones. Sin dejar de mirar al pasado con nostalgia, ambos textos constituyen una tensión que se dirige hacia una obra mayor, se proyectan hacia el futuro desconocido. Actualizan el gesto inicial por el que Genet comenzó a escribir.

 

VICENTE LLORENTE DESPIDE A MARIO BENEDETTI

VICENTE LLORENTE DESPIDE A MARIO BENEDETTI

Mi amigo Vicente Llorente, embajador de la poesía y de la música en Alicante, junto a su mujer Eva (nació, muchos años después, el mismo día que yo), ha publicado un homenaje a Mario Benedetti, en su blog: http://silentellorente.blogspot.com. Vicente Llorente es un admirador absoluto del finado poeta de ‘Poemas de la oficina’ (1956), y había estado con él hacía poco más de dos meses; su hijo Mario se llama así en homenaje al gran escritor. Yo jamás he estado en Montevideo, pero tengo que ir: me bautizaron por poderes allí mis padrinos Antonio Verdía y Mercedes Castro, que habían ido a hacer las Américas, siguiendo el rastro de un tío suyo que había puesto allí un negocio de panadería.

 

 

Por Vicente LLORENTE

Anoche desperté del sofá con un sueño que acabó en terror. Todavía envuelto en la bruma de la pesadilla, acerté a ver una foto de Benedetti en la tele, que seguía encendida (quizás por eso soñaba) y me temí lo peor. Mario había muerto en su casa de Montevideo. Se acabó. Esa utopía mordaz y palpable, ese amor al hombre, esa mujer esperando bajo la lluvia, esa mortal vitalidad se fue, dejándonos huérfanos de imposibles.

Hace tan sólo dos meses estuve en Montevideo, en casa de Benedetti. Creo que tengo la dudosa suerte de haber sido uno de los últimos amigos de España que pudo verle. Estaba leyendo los periódicos y desayunando jugo de naranja. Le di abrazos, conversamos un poco, le envié saludos de Eva y Nancy Morejón, le dije que mi hijo se llamaba Mario (aunque a él no le gustaba su nombre, prefería aquellos que se dicen en un suspiro, como Luz, su mujer) y le regalé mi libro de poemas y otros de la editorial Huacanamo. Nada más. Para eso había viajado. Por supuesto, la vida (y la amabilidad de Ariel Silva) me llevó a hacer otras cosas durante ese viaje, y me entrevisté con Hortensia Campanella (autora de su última biografía) y Daniel Viglietti me hizo una entrevista a mí (sí, el mundo al revés, ya lo sé) y hablamos, cómo no, de Mario.
En la carretera, para hacer el cambio de sentido, había carteles con la palabra RETORNO. Eso siento que fue: un retorno al lugar donde nunca había estado y, sin embargo, reconocía como mío.
Mi primer encuentro con Mario (además del título de una canción) fue en 1994, en Madrid. Pablo Milanés presentaba en la SGAE su proyecto de fundación para ayudar a las artes cubanas. A Pablo lo conocí un año antes y tuve la oportunidad de mostrarle mis primeras canciones. Allí estaba Nancy Morejón y el propio Mario. Un simple apretón de manos, intercambio de saludos y a la pensión donde malvivía, a escribir esa canción de la que hablaba antes. La hice de tirón, porque no era mía.


Después, gracias a Eva Celada, amiga periodista, estuve por primera vez en su casa. Conocí a Luz, su Luz Alegre. Otras visitas siguieron a ésta, y de vez en cuando lo acompañaba a la farmacia o comíamos juntos en un Brasileiro cercano a su casa de Madrid. Corrigió mi primer poeMario. Muchas anécdotas más se pierden por mi discreción, pero las tengo en la memoria, en ese paréntesis que supone estar vivo.


El concierto del 16 de Mayo de 1997 en la universidad de Alicante, frente a él y a toda la estirpe literaria de soñadores que allí se congregó, ha sido lo mejor que me ha pasado en un escenario. Allí canté una de mis canciones, Gracias, dedicada a mi hermano, que me abrió las puertas de Cuba y me dio amigos que todavía, por suerte, conservo. La semana pasada estuve, gracias a ellos, en Cambrils junto a Paco Ibáñez y Adolfo Celdrán. Canté un poema de Mario con música mía titulado Caídas. Es caprichoso el azar, que diría Serrat. Las causalidades a las que uno se aferra para creer cuando es ateo. El círculo generoso de un libro de Baldomero Fernández Moreno que me regaló Alicia Chust sin saber que era el poeta más amado por Benedetti. La angustia al pensar: si Mario es el poeta que más se lee, ¿por qué no usamos la maravilla, la utopía?
Mario es de mi familia. Le quiero, más allá de sus textos, de su ejemplo. Algo que me hace feliz en este día del fin de una ética humanidad del mundo es la cantidad de amigos que me han escrito para darme el pésame como a una viuda. Sin flores: su asma y mi alergia no lo soportarían.


Gracias por hacerme tristemente feliz. Gracias, Mario, por escribir la mejor y más sencilla imagen poética que conozco: Quién me iba a decir que el destino era esto. / ver la lluvia a través de letras invertidas…

 

BENEDETTI: ADIÓS AL POETA UNIVERSAL DE MONTEVIDEO

BENEDETTI: ADIÓS AL POETA UNIVERSAL DE MONTEVIDEO

CURRICULUM

El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente

usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica

usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros

usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío

entonces
usted muere.

 

 

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

a trini

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegía como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

 

 LOS FORMALES Y EL FRÍO

Quién iba a prever que el amor   ese informal
se dedicara a ellos tan formales

mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa   la de ella
era como un augurio o una fábula
su mirada   la de él   tomaba nota
de cómo eran sus ojos   los de ella
pero sus palabras   las de él
no se enteraban de esa dulce encuesta

como siempre o   casi siempre
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche

y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor

cuando llegaron a su casa   la de ella
ya el frío estaba en sus labios   los de él
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos

una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre

él probó   sólo falta que me quede a dormir
y ella   probó por qué no te quedás
y él   no me lo digas dos veces
y ella   bueno por qué no te quedás

de manera que él se quedó   en principio
a besar sin usura sus pies frío   los de ella
después ella besó sus labios   los de él
que a esa altura ya no estaban tan frío
y sucesivamente así
                            mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.

 

*Anoche fallecía en Montevideo, su ciudad, Mario Benedetti: poeta, narrador, novelista, apasionado del fútbol (le dedicó cuentos extraordinarios), viajero, periodista y letrista de grandes cantautores como Daniel Viglietti (la primera vez que oí hablar de Benedetti declaraba el cantante: “No me dejan cantar en España por ser el intérprete de Benedetti), Isabel y Ángel Parra (durante algunos años mi canción favorita fue ‘Si te quiero es porque sos), Pedro Guerra, Nacha Guevara y, por supuesto, Joan Manuel Serrat. Acabo de poner en el ordenador uno de mis discos preferidos: ‘El sur también existe’ y en este preciso instante suena ‘Los formales y el frío’, una canción maravillosa que siempre me hace pensar en el Teatro Principal. En la foto Daniel Viglietti y Mario Benedetti.

 

 

MARGA CLARK RECUERDA A SU TÍA MARGA GIL ROËSSET

MARGA CLARK RECUERDA A SU TÍA MARGA GIL ROËSSET

Marga

y Marga

 

Marga Clark es una poeta, novelista y fotógrafa madrileña. El jueves presentó en Antígona el poemario ‘Amnios’ (Olifante), sobre la identidad y los secretos que fluyen adentro de la piel. Hace más de treinta años, Marga se trasladó a estudiar cine y teatro a Nueva York, e hizo sus pinitos artísticos con un novio norteamericano. Un día, les robaron la cámara cinematográfica y ella descubrió la fotografía: realizó retratos, reportajes, y “gané más dinero que nunca”. Asistió, en 1978, a un curso de ‘Psicología del retrato’ con el maestro Philippe Halsman, al que pudimos ver hace poco en el Palacio de Sástago. Su fotografía se desplazó de un realismo nítido, de la “copia de la vida”, hacia una foto de la mirada, reflexiva. Marga llevaba una sombra en su cabeza: el recuerdo de su tía Marga Gil Roësset, aquella escultora que había nacido en 1908 y que se había suicidado en 1932 por amor a Juan Ramón Jiménez. En su casa, para su padre y su tía Consuelo, aquella historia terrible era un auténtico tabú: estaba condenada al olvido. Años después, mientras exponía en ARCO, Marga Clark leyó un reportaje de ‘ABC Cultural’ donde se contaba aquella historia de la joven talentosa que hacía ilustraciones de libros desde niña y que, tras conocer a la pareja Juan Ramón- Zenobia, se enamoró perdidamente del poeta. Fue a despedirse de él, destrozó sus obras y sus fotos, antes de disparar a su cabeza con una pistola que llevaba y que el futuro Nobel no vio. Juan Ramón aún veló su agonía y conservó en secreto su diario. Marga Clark escribió una novela con esa historia, ‘Amarga Luz’ (Circe), y un poemario, ‘El olor de tu nombre’ (Huerga & Fierro). Está poseída por ese mito, por esa ausencia, por ese loco amor. A Marga Gil Roësset le debe su nombre: Marga. Ahora prepara, con su hijo Steve Clark, una película sobre la mujer que también “prefirió la realidad invisible”.

*La fotografía ha sido tomada por Aloma Rodríguez durante una grabación en Spectrum Sotos para 'Borradores'. Este artículo se publicó ayer en 'Heraldo'.

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ PRESENTA 'VOCES EN EL DESIERTO'

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ PRESENTA 'VOCES EN EL DESIERTO'

Esta tarde, a las 19.30, en la FNAC,  se presenta el nuevo poemario de José Luis Rodríguez García: Voces en el Desierto, que ha publicado el sello Eclipsados de Ignacio Escuín Borao. En la presentación, participará el poeta y librero David Mayor.

 

He aquí un par de poemas de José Luis Rodríguez de este libro en el que el autor quiere salir de sí mismo y de su intimidad, construir monólogos narrativos, narrar historias, darle una vuelta de tuerca a su época oscura, donde combatió a corazón abierto, a pulmón abierto, contra la muerte. El pasado jueves grabamos a José Luis una entrevista sobre sus dos últimos proyectos: la novela ‘Parque de atracciones’ (Akal) y este poemario ‘Voces del desierto’.

 

LA MUCHACHA VENDE…

La muchacha vende su cuerpo como una copa de nácar,

como una huella, extranjera, venida del hielo,

y no le desagrada mostrar sus tetas de espuma y arena.

Es la vida. Sobrevivir es el desafío.

Cruzan los automóviles, regresan tipos tristes

que hablan de sus abuelas

y de las casas que se derrumban, vuelven

los muchachos torpes que buscan la primera noche de amor.

Sexo.

La verdad es que no entiende casi nada de lo que le confiesan.

Ella se limita a abrir las piernas sobre la cama sucia.

Te amo, le susurra a alguien

mientras mira el cuadro de ciervos cazados, indiferente.

La estancia es horrible. Descubre

sus manos delgadas en el espejo, huele el vómito en la alfombra.

Pero qué maravilla seguir viviendo.

Mañana sirven paella en el restaurante. Y dan gratis café.

Por la noche los tertulianos hacen apuestas con la ruleta rusa.

 

 

ELLA NO HA AMADO…

Ella no ha amado sino a las muchachas

que llegan vestidas de verano. Una lesbiana que regenta

un  hotel.

Ama los espejos.

Se baña desnuda en el mar. Acaricia en la noche

la cabeza de los alfiles del ajedrez.

Cuando vuelve a la ciudad se entristece.

Finge que ama a los distribuidores de refrescos

y a los poetas que se agotan en la tarde.

Odia a los imbéciles de la televisión.

Compra telas negras

 y le seduce la lluvia azul de los viernes.

Espera a la muchacha que vendrá con una vela morada

y una sonrisa de vagabunda.

 

 

 


*La foto de Anita Page es de Alfred Cheney Johnston.

 

ANTONIO PÉREZ MORTE: UN SONETO

ANTONIO PÉREZ MORTE: UN SONETO

                                                                              

 

 

 

SI PUDIERA…

 

 

                   Para Jesús Javier Calvo Arribas

 

 

 

 

 

Si pudiera hablarte solamente
como hice ayer, mientras la vida

en fonemas absurdos se perdía
camino de dos mundos diferentes:

 

 

hablaría pensándolo dos veces

tratando de entender cada desdicha,
apagando las sombras encendidas
encendiendo las luces de la suerte,


pero se hizo tarde,  tú lo sabes,
y el peso terrible del silencio

encalló el discurso de la nave

 

 

que viajaba por aguas cenagosas,

y ahora soy el marino muerto

de mi verso, mecido por las olas.

 

 

 

Antonio PÉREZ MORTE      

 

*Abro el correo esta mañana y me encuentro con dos regalos del poeta de Sabiñánigo Antonio Pérez Morte: me envía este soneto y una grabación de un poema de amor ‘Esto no es un poema’ dedicado a Pilar. La pieza concluye con un ‘Te quiero’ y la recita con música de fondo el poeta jerezano Antonio Huerta. En la foto, Ivory Flame retratada por Pete Davies. 

'AEROPUERTO DE FUNCHAL' DE PISÓN POR PEPE MELERO

'AEROPUERTO DE FUNCHAL' DE PISÓN POR PEPE MELERO

Presentación de EL AEROPUERTO DE FUNCHAL  de Ignacio Martínez de Pisón

José Luis MELERO RIVAS*

         La primera edición de La ternura del dragón apareció publicada por el Casino de Mieres en 1984. Hace ahora 25 años. Con este motivo, Ignacio ha decidido darle un gusto al cuerpo y celebrar sus bodas de plata de escritor con la publicación de esta antología de cuentos que hoy presentamos, Aeropuerto de Funchal, que reúne ocho de sus relatos, cuatro publicados ya en libro y bien conocidos por los lectores habituales de su obra, y otros cuatro sólo en revistas o libros colectivos, por lo que bien pudiera considerarse ésta su primera edición. E Ignacio pensó, y esa es la razón por la que estoy hoy aquí yo, que para festejar tal efeméride bien estaría que su presentador fuera su más viejo amigo, el que conoció en vivo y en directo sus primeros pasos como escritor -y aún muchos años antes de que lo fuera, cuando su entonces novia María José Belló era solamente Cuqui y mi entonces novia Yolanda era apenas una PNN recién licenciada-, el que cenaría a su costa con las primeras perras que le llegaron por el Premio Casino de Mieres que ganó con La ternura del dragón, y el que se alegró lo que no está en los escritos cuando nuestro hombre mandó esa novela a dos importantes editoriales españolas a la vez (sin conocer -como no conocíamos por entonces- absolutamente a nadie) y las dos le contestaron afirmativamente en cuestión de pocos días. Ganó por la mano Anagrama y esa fue la editorial elegida por Ignacio. Beatriz de Moura, de Tusquets, siempre lamentó haber llegado apenas unas horas o días más tarde.

También podría estar aquí hoy conmigo nuestro otro amigo de finales de los setenta, el gran Antonio Pérez Lasheras, aunque entonces salía o lo veíamos menos porque no tenía novia como nosotros (y no era cuestión de llevárnoslo de carabina) y estaba enfrascado en sacar matrículas, como así lo hizo, en todas las asignaturas de la carrera.

         Lo primero que me llamó la atención de este libro de cuentos de Ignacio fue la “Nota del autor” que incluye al final del libro. Empecé, claro, por ella, pues era lo único que no conocía del libro. Explica Ignacio, y no le falta razón, que pese a que son muchos los que piensan que las antologías -y este libro es una antología de sus cuentos- están inspiradas por la vanidad, la realidad es que éstas responden más bien a un ejercicio de humildad, al propio reconocimiento de errores y fracasos. Porque, dice Ignacio: “Por cada texto rescatado, ¿cuántos son los que quedan eliminados? ¿cuántos podríamos haberles ahorrado a los lectores de haber sido un poco más exigentes con nosotros mismos?” Y con este argumento, Ignacio descarta ahora buena parte de su obra cuentística, que deja en realidad reducida a ocho cuentos. Muchos otros escritores habrían utilizado un argumento diferente: “mis relatos son todos buenísimos y les invito a que recuperen esos libros y los lean con avidez. Así de paso, por cierto, los reeditaré y les sacaré algún otro beneficio o provecho. Pero de entre todos esos relatos, que como les digo son todos buenísimos (seguiría argumentando cualquier otro escritor) he seleccionado la crème de la crème, los más excelentes, los que merecen figurar en un volumen de obras maestras o escogidas. Y éste es el resultado: Aeropuerto de Funchal”. Pero claro, a Ignacio hay que echarle de comer aparte. Y lo mejor que se le ocurre decir en esa “Nota final” es que debería haber sido un poco más rulfiano (es decir que debería haber imitado el ejemplo de Juan Rulfo) y escribir sólo lo que tenía que haber escrito y descartar en su momento todos los cuentos que ahora descarta. Y por si no hubiera quedado suficientemente claro, califica a esos cuentos primerizos como “cómicos”, como esas fotos de cuando éramos adolescentes y llevábamos una ropa y un peinado que las modas actuales han arrumbado. O sea que insiste en que ni se nos ocurra buscar esos libros, ni mucho menos cometamos la osadía de leerlos. “Con estos ocho cuentecicos ya vale”, viene a decirnos. Ése es nuestro Pisón, el auténtico, el genuino Pisón. El incomparable. ¿Se imaginan ustedes a Baroja diciendo: “de mis ciento y pico novelas, en realidad son buenas media docena. Queridos lectores, perdónenme haber sido tan prolífico y lean sólo estas seis. Las otras cien son tirando a cómicas, así que hagan el favor de olvidarse de ellas”. O a Sender recomendándonos que de toda su vasta obra leyéramos sólo el Réquiem, Crónica del Alba o Monte Odina? Por eso, por su manifiesta incapacidad para promocionarse, por su legendaria falta de vanidad, yo he utilizado muchas veces la frase de que “Ignacio ha hecho carrera literaria (o ha llegado a ser un escritor importante, que eso de la “carrera literaria” suena muy mal) a pesar suyo”. Yolanda le habría suspendido siempre en Fundamentos de Marketing de 1º de carrera.

         Aunque en realidad debo decir que a mí lo que me fastidia de verdad de este argumento y de esta antología es que a la hora de elegir un cuento de El fin de los buenos tiempos, Ignacio haya seleccionado Siempre hay un perro al acecho y no el cuento que da título al volumen, en el que salimos Félix, Antonio, Vicente Pinilla, Luis Alegre y yo. Es decir, que con ese criterio, nuestro cuento se va por el sumidero de la historia y si te he visto no me acuerdo. Y eso me jode.

Estos relatos reúnen los rasgos esenciales que caracterizan el mundo y los procedimientos narrativos de Ignacio: la introspección, la transformación de sucesos y escenarios cotidianos en espacios de misterio, el gusto por los mundos ordenados a punto de explotar, de la armonía a punto de quebrarse, el aprovechamiento de la elipsis y la alusión, la aparición permanente de perdedores, de personajes pícaros… Vemos por ejemplo cómo muchos de los cuentos de este volumen están protagonizados por este tipo de personajes: el Marcos de El ramo más grande de Valladolid, que se hace pasar por responsable de un casting para películas de Trueba o Almodóvar y que aprovecha para grabar a chicas desnudas o en ropa interior para luego comercializar ese material en el mercado del porno soft; por supuesto el Anselmo Soler de Boda en el Hotel Colón, que se cuela a comer de gorra en las bodas, o el antiguo saxofonista Ramón el Persianas de Los nocturnos, que recorre los pueblos con una orquesta de medio pelo intentando por todos los medios conseguir el amor de la cantante, aunque cuando lo consigue deja inmediatamente de interesarle. También son, en cierta medida, pobres diablos el que se divierte humillando a los vendedores de El filo de unos ojos o Jorge, el marido alcohólico de Julia, que acaba arruinándole la fiesta familiar en Foto de familia.

Su primer libro de relatos Alguien te observa en secreto se publicó en 1985 y de ese libro Ignacio selecciona El filo de unos ojos, el primero de sus grandes cuentos, el del hombre que disfruta humillando a los vendedores de enciclopedias o de métodos para aprender inglés que van por su casa. He buscado el original del cuento y está fechado en 1983, es decir, hace 26 años, y dos años antes de que se publicara el libro. Quizá no muchos recuerden que de este cuento Ignacio hizo una adaptación teatral que se estrenó a expensas del CDN en la Sala Margarita Xirgu del Teatro María Guerrero de Madrid el 28 de abril de 1990.

De Nuevo plano de la ciudad secreta, publicado en 1992 y que ganó por cierto el Premio Gonzalo Torrente Ballester de la Diputación Provincial de La Coruña, con el propio Torrente Ballester y el ex-ministro César Antonio Molina en el Jurado, Ignacio elige La hora de la muerte de los pájaros, la historia del amor del niño Martín por su prima Alicia durante un verano en la finca familiar. Es uno de mis favoritos, con un personaje maravilloso, la criada Avelina, que dice cosas como ésta: “Guárdate de los franceses, que llevan todos el diablo dentro”, y que no quiere abrir las ventanas “porque el aire se lleva los suspiros”. Si esto lo hubiera escrito mi querido Antón Castro, ya estaríamos diciendo: “Bah, ya está Antón con sus cosas”. Pero como lo escribe Ignacio, nadie le dice nada. Aún así, Ignacio en su tantas veces repetida “Nota final”, por si algunos quieren buscar el libro y leerlo, les apunta que “el libro no acaba de funcionar ni como novela ni como colección de cuentos”. En su habitual política de marketing. La hora de la muerte de los pájaros lo había escrito cuatro años antes de que apareciera el libro. Conservo el original a mano y lo escribió en Edimburgo en el verano de 1988, cuando íbamos a ir a visitarlo Yolanda y yo con Vicente Pinilla y tuvimos que suspender el viaje a última hora. Algunos años más tarde, Ignacio y yo, María José, Yolanda y los chicos pudimos hacer por fin juntos ese viaje a Edimburgo y pasamos un verano inolvidable.

Ya hemos dicho que de El fin de los buenos tiempos se queda con Siempre hay un perro al acecho, el cuento favorito de Ricardo Senabre en una crítica elogiosísima que le hizo en ABC. También debo decir que es tal vez mi cuento preferido, por su intensidad, por la angustia y desasosiego que nos crea, por su pulso narrativo. Concha García Campoy, nos contó Luis Alegre en Besos robados, tuvo pesadillas después de leerlo. Apareció en 1994, hace ahora quince años. Ignacio, que no lleva cuenta de estas cosas, dice en la famosa nota de autor final que “está casi seguro de haberlo escrito antes de marzo de 1990”. Pues bien, yo también conservo el original de ese cuento y está fechado en mayo del 87, tres años antes. O sea, Ignacio, que puedes estar definitivamente seguro de haberlo escrito antes de 1990.

En el relato de Foto de familia de 1998 no puedo evitar ver la sombra de Enrique Vila Matas en el personaje de Jorge, que va con Julia a celebrar las bodas de oro de los padres de ésta, aunque en realidad no cumplen cincuenta años de vida en común sino sólo cuarenta y tantos. Ignacio ya nos dice que el cuento surgió de una anécdota que le contó Vila Matas, aunque yo creo que el protagonista es un personaje que se inspira en las actitudes y comportamientos en esa época del propio Vila Matas.

Los cuatro cuentos no publicados en libro son igualmente extraordinarios, pero quizá más delicados, más sutiles, más chejovianos, que es lo que hay que decir para que se vea que uno se lee las críticas. Ya hemos hablado de El ramo más grande de Valladolid, Boda en el Hotel Colón y Los nocturnos. Por cierto que en este relato, Ignacio previendo la crisis que se nos venía encima, decide explicarnos lo que es una crisis con gran claridad: “La crisis. Eso de la crisis no es más que un invento de los políticos. Cada cierto tiempo montan una nueva crisis para que nos enteremos de que no tenemos derecho a la felicidad y no debemos esperar demasiado de la vida. ¡La crisis!” Todo un politólogo.

Aeropuerto de Funchal, el maravilloso cuento que da título al volumen, lo publicamos en “Rolde” hace algunos años. En “Rolde” Ignacio publicó sus primeros y casi únicos poemas allá por finales de los setenta o primeros de los ochenta y algún trabajo iniciático sobre Sender. Sin que Ignacio lo sepa, su zaragocismo está presente en el cuento. Frank, el antiguo amante de Elena, la protagonista, le mandó desde Madeira una postal a su dirección, pero no dirigida a ella sino a “Pajarito”, que era el apelativo cariñoso con que la llamaba en la intimidad. Pues bien, a uno de los más grandes jugadores de la historia del Zaragoza se le conoció siempre con ese apelativo: a Darcy Silveira “Canario”, el extremo derecha de la famosa delantera de los Magníficos, que entrenó el suegro de Ignacio, Luis Belló. Todavía todos sus antiguos compañeros de equipo (Violeta, Reija, Juan Manuel Villa…) lo llaman así: Pajarito. De este modo, sin saberlo y por tanto sin proponérselo, Ignacio une dos de sus grandes pasiones: la literatura y el Zaragoza.

Ignacio, a pesar de llevar tantos años en Barcelona, no sólo es uno de los nuestros, sino que es tal vez el mejor de todos nosotros, el más generoso y el más leal de los amigos. Este libro de relatos rinde homenaje a su enorme talento de escritor. Yo quiero para terminar rendir también homenaje a quien es mi amigo del alma desde hace más de 30 años. Al hombre que nos ha hecho a todos sus amigos mejores, más tolerantes, más cultos e inteligentes. Y todo eso desde su humildad franciscana. Ignacio conoce bien todo el diccionario menos algunas pocas palabras: egolatría, soberbia, pedantería… A los aragoneses nos cuesta mucho demostrar afecto y yo ya me estoy pasando. Vale pues. Terminemos. Viva Pisón.

 

*El pasado viernes no pude asistir a la presentación de Ignacio Martínez de Pisón, que ha seleccionado ocho relatos para el volumen ‘Aeropuerto de Funchal’ (Seix Barral). Estaba en La Almunia, hablando de literatura infantil y juvenil. Su gran amigo José Luis Melero, tal vez el más concienzudo y perfeccionista presentador de libros que ha dado Aragón en la última década, leyó este texto. Parece imposible que nadie conozca tan bien como lo conoce Pepe Melero. La foto de Pisón la tomó el imprescindible José Antonio Melendo. De espaldas, se adivinan los narradores Eva Puyó e Ismael Grasa.