Blogia
Antón Castro

Escritores

EMILIO PEDRO GÓMEZ: UNA CITA POÉTICA EN LA EXPO

EMILIO PEDRO GÓMEZ: UNA CITA POÉTICA EN LA EXPO

Embelesada

se hace tacto la luz

en la ciruela.

        *

 

Querido amigo:

No sé como tendrás este final de verano, pero el 31 de agosto, a las cinco de la tarde, seguro que te pasarás por el pabellón de Zaragoza en la Expo ¿no? Porque no creo que vayas a perderte el privilegio de escuchar un recital poético arropado de imágenes y música (que me ha costado un mundo convertir en película de DVD) para disimular la fragilidad de mis versos.

Un abrazo. Emilio Pedro Gómez

 

[Emilio Pedro Gómez es poeta, científico, aficionado a la fotografía, profesor… Manda esta carta a los amigos con el bello haiku del principio: 17 sílabas de sutileza, asombro y pura hermosura visual y sensorial. Hace algún tiempo, el poeta me envío este poema, que recupero ahora y reproduzco gustosamente.]

 

TUVE AMANTES
que confundían el amor
con la pasta de dientes.
Las hubo que albergaban
fragmentos de cilicio
o una mueca románica en el sexo.

Mas conocí también
la autoridad de un cuerpo hermoso
independiente
silencios de una piel tumultuosa.
Amantes que sabían duplicar
la juventud
y el sida
(con alguna de hurañas apariencias
rocé el Adán del paraíso).

Pero tú estabas honda
y siempre.

*No sé si al matemático poeta -que ha dedicado un estremecedor libro al alzheimer de su madre y ha rendido homenaje a Georges Perec-, le gustará el Pabellón Puente de Zaha Hadid, que tiene algo de ejercicio armonioso, de tapiz arquitectónico de números y cifras ocultas. La foto es de Enric Duch. 

ANTONIO COLINAS Y LAS MEDALLAS OLÍMPICAS

ANTONIO COLINAS Y LAS MEDALLAS OLÍMPICAS

Compro todos los días La Vanguardia y recorto sus páginas de la Olimpiadas. Como hago con El País y El mundo; éste lo hace mejor porque está haciendo un cuadernillo. Todos los días, Víctor Balcells y Ben Clark firman una sección, “Letras Olímpicas”, donde entrevistan a escritores acerca de sus vivencias deportivas. En las tres últimas preguntas, suelen pedirles un oro, una plata y un bronce. El poeta Antonio Colinas, autor de uno de mis libros de poesía más amados (Sepulcro en Tarquinia; sobre todo por el poema que da título al libro, y por los dedicados a Casanova, Ezra Pound y Simonetta Vespucci. También me interesa mucho su obra posterior, incluida su narrativa poética y su libro sobre Leopardi), contesta hoy así:

 

Oro: Daré una respuesta poética, no de calidad sino cronológica. El oro es para Virgilio, el poeta romano. [Hace unos días, Antonio Gamoneda decía que uno de los libros que más le han emocionado nunca son Las Geórgicas de Virgilio.]

 

Plata: Rainer María Rilke, poeta alemán. [En realidad, era checo, nació en Praga en 1875, y murió en 1926 en Val-Mont, Suiza, pero seguro que eso lo sabe mejor que nadie Colinas, Rilke escribía en alemán y en francés y vivió una temporada inolvidable en Ronda]. En una de sus visitas al psicólogo le dijo: “Temo que si me quitan mis demonios se pueden morir mis ángeles”.

 

Bronce: Juan Ramón Jiménez. Tenía un mayordomo que cada día entraba en su habitación y le anunciaba: “Señor, el crepúsculo”, y Juan Ramón iba presto a contemplarlo. 

*Uno de los retratos más conocidos de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí Aymar: su esposa, su musa, su enfermera, su compañera. Casi todo.

 

LAS DIMENSIONES DEL MICRORRELATO. Por FERNANDO VALLS

LAS DIMENSIONES DEL MICRORRELATO. Por FERNANDO VALLS

[Fernando Valls -que retorna a Berlín con su compañera Gemma Pellicer, un gran descubrimiento en el relato breve, como puede apreciarse en su blog-, es uno de los grandes teóricos del microrrelato o relato breve en España. Dirige la colección Reloj de Arena de la editorial Menoscuarto de Palencia, del editor José Ángel Zapatero. Ayer publicaba este enjundioso texto en su blog, y me parece oportuno traerlo aquí. Uno de mis libros favoritos del género es Centuria de Giorgio Manganelli, que es una colección de argumentos y a la vez una formidable colección de relatos breves. O una propuesta de novelas-río. Desde hace algunas semanas, intento escribir relatos breves en prosa y verso…]

 

¿Cuántos caracteres, cuántas líneas, debe tener un microrrelato? Quizá sea ésta la pregunta que más veces me hayan formulado en los últimos años, en las clases, en conferencias y ahora aquí, en el blog.

...........

A mí me parece que la cuestión no habría de plantearse en esos términos, y -sobre todo- se trata de una pregunta que un narrador no debería hacerse nunca. Opino que los autores urden sus textos al calor de sus necesidades, y buscan adoptar la forma más adecuada, sea poema, aforismo o microrrelato, en relación con lo que deseen contar. Hallar esa forma precisa, esa dimensión adecuada, para desarrollar su historia, constituye, pues, una de las diversas tareas a las que se enfrenta y que habrá de solventar de la mejor manera posible.

...................

Sin embargo, el microrrelato, al igual que el cuento, no se define a partir de su brevedad, que también (no existen microrrelatos de cinco páginas, ni cuentos de ochenta, se diga lo que se diga), sino por medio de la radical intensidad y precisión con que se cuenta la historia. De todas formas, y como mera indicación caprichosa, sin más valor, a mí me gusta decir que el microrrelato debería ocupar, como máximo, la extensión de una página, para poder visualizarse de un solo vistazo, como si mantuviera ciertos rasgos de la poesía visual. No en vano, quizá sea el poema el género del que más cerca se halle, al compartir ambos numerosos efectos y procedimientos retóricos.

*¿Cuántos microrrelatos habría en este álbum de fotos?

 

MATERIALES DISPERSOS.2 / HILDA DOOLITTLE, H. D.

MATERIALES DISPERSOS.2 / HILDA DOOLITTLE, H. D.

También me ha hecho ilusión encontrar un reportaje de Emma Rodríguez, para El mundo, sobre la poeta y narradora H. D., Hilda Doolittle, la mujer que deslumbró y enamoró a Ezra Pound y a D. H. Lawrence, y que suscitó la curiosidad de Sigmund Freud. Hace pocos meses, Lumen publicaba Trilogía, una experiencia poética nacida de la agria experiencia de la II Guerra Mundial. Trilogía está traducida por Natalia Carballo, que redacta un sugerente prólogo. Se casó con el poeta Richard Alding y amó también a la escritora Annie Winifred Ellerman. Era alta, tímida, de una rara belleza y hablaba varias lenguas.

 

La página de El mundo reproducía un par de poemas de H. D., que ya había sido publicada por Seix Barral y El Cobre Ediciones.

 

1

Hemos recibido demasiados dogmas

y muy pocas garantías,

 

demasiados: mas nos e ha demostrado

lo suficiente que es esto, esto, esto

es herejía: sé, y siento

el significado que ocultan las palabras;

 

Son anagrama, criptogramas,

pequeños estuches, adecuados

 

para incubar mariposas…

 

2

No soy fantasía poética

sino una realidad biológica

 

un hecho; una entidad

como ave, insecto, planta

 

o célula de una alga;

vivo; estoy viva;

 

cuidado: ignoradme, negadme, no me reconozcáis,

 

evitadme; porque esta realidad –éxtasis- es contagiosa.

CONGRESO EN TERUEL: LA PIEDRA EN EL CHARCO

CONGRESO EN TERUEL: LA PIEDRA EN EL CHARCO

ENCUENTRO LITERARIO,  23, 24 Y 25 de Septiembre.

TERUEL

 

Dirección y coordinación: Ignacio Escuín Borao. Editor, escritor y crítico literario.

  

LA PIEDRA EN EL CHARCO

 

 

 

LUNES 22 DE SEPTIEMBRE

 

Llegada de participantes invitados (se espera la llegada de los participantes a lo largo del día 22. Se procederá entonces a la entrega del material y al alojamiento de los mismos).

 

 

MARTES 23 DE SEPTIEMBRE

 

10:00h. Inauguración

12:00h. Mesa 1, “Outsiders (fórmulas de riesgo)”: Mercedes Cebrián, Unai Elorriaga, Miguel Ildefonso y Alejandro Tarrab.

16:30h. Mesa 2, “Literatura en la red (Internet y sus virtudes)”: Miriam Reyes, Aloma Rodríguez y Milena Rodríguez.

17:30h. Mesa 3, “Literatura y compromiso”: Luis Bagué, Laura Giordani, Jorge Volpi.

19h. Mesa 4, “Independientes: escritores y grupos que editan”: Enrique Cabezón, Colectivo Hesperya y Colectivo La Bella Varsovia.

 

 

MIÉRCOLES 24 DE SEPTIEMBRE

 

10:00h. Mesa 5, “El mundo de las antologías”: Timo Berger, David Mayor y Andrés Neuman.

11:30h. Mesa 6, “Literatura y mercado”: Yolanda Castaño, Elena Medel y Francisco Véjar.

12:30h. Mesa 7, “Ellas”: Andrea Cote, Ángela Labordeta, Raquel Lanseros y Mónica A. Ríos.

17:00h. Mesa 8, “Literatura y cine”: Gabriela Alemán, Daniel Gascón y Karla Suárez.

18:30h. Mesa 9, “Universo Bolaño”: Claudia Apablaza, Juan Marqués, Santiago Roncagliolo y Diego Trelles.

 

 

JUEVES 25 DE SEPTIEMBRE

 

10:00h. Mesa10, “Amarga memoria”: Andrés Barba, Julio José Ordovás y Martín Rodríguez Gaona.

11:30h. Mesa 11, “Literatura y canon”: Joaquín Pérez Azaustre, Carlos Labbé, Martín López-Vega y Mariano Peyrou.

16:30h. Mesa 12, “Nuevas propuestas”: Eduardo Halfon, Elvira Navarro y Juan Sorós.

18:30h. Clausura

NACHO ESCUÍN AÑADE:

 

La coordinación del evento parte del Instituto de Estudios Turolenses (Montserrat Martínez es muy responsable de haber conseguido organizar una cosa así) con la colaboración de Eduardo Fariña, Diego Palmath y la mía.


El curso cuenta con créditos de libre elección y de formación del profesorado. Hay más información en la siguiente dirección http://lapiedraenelcharco.blogspot.com/

 

*Gracias, Nacho.



*Esta sugerente foto pertenece a Gregory Crewdson.

 

 

 

EL MANUSCRITO DE LA ESPOSA DE DYLAN THOMAS

EL MANUSCRITO DE LA ESPOSA DE DYLAN THOMAS

Distintos diarios nacionales recogen este artículo de la agencia EFE sobre el diario secreto de Caitlin MacNamara, la esposa del gran poeta Dylan Thomas. La fotografía del poeta es de agosto de 1946, y corresponde a Francis Reiss.

 

 

LONDRES.- El diario secreto de Caitlin MacNamara, la mujer que renunció a su carrera de bailarina para casarse con Dylan Thomas (1914-1953), arroja nueva luz sobre el autor galés, famoso por sus infidelidades y su alcoholismo, que le llevó a la tumba con sólo 39 años.

Al morir su esposo en 1953, Caitlin supuestamente irrumpió en el cuarto en el que yacía el cadáver y preguntó a gritos: "¿La ha diñado ya el maldito?".

Medio siglo más tarde, el diario, que se pondrá a la venta próximamente en Londres en una subasta organizada por Rick Gekoski, un especialista en libros raros, revela una faceta muy distinta de aquella relación tempestuosa, según el diario 'The Times'.

Las hojas ya amarillas de un cuaderno escolar están llenas de reflexiones de Caitlin, fallecida en 1994, sobre el amor profundo que sentía por el autor de 'Bajo el bosque de leche'.

El retrato que traza de Dylan (1914-1953) en su diario no tiene nada que ver con la imagen de alcohólico y tenorio compulsivo que ofrece el poeta John Malcolm Brinnin en la biografía publicada en 1955 bajo el título de 'Dylan Thomas en América', y que Caitlin calificó de "traición" a su marido.

Qué frío debe de hacer ahí abajo

En una de las anotaciones del diario, su viuda, imaginándolo en la tumba, escribe: "Dios mío, ay Dylan, qué frío debe de hacer ahí abajo con el que hace aquí arriba, en noviembre: el mes más sucio del año que acabó contigo en el noveno día vil", en referencia a la fecha, el 9 de noviembre de 1953, en que había fallecido el poeta.

Y agrega: "Ojalá pudiera llevarte una taza con tu pan y tu leche y tu sal, como la que tomabas siempre por la noche para calentarte".

Según George Tremlett, biógrafo de Dylan Thomas y de Caitlin Macnamara, la publicación del diario podría reparar el daño causado a la reputación del poeta tanto por la biografía de Brinnin como por la película 'The Edge of Love', protagonizada por Matthew Rhys, Sienna Miller y Keira Knightley, estrenada en junio pasado.

Tremlett considera totalmente falso que Dylan Thomas fuese un alcohólico aunque los pubs formasen parte importante de su vida.

El autor galés podía fascinar a los clientes habituales de un pub con sus chistes y poemas improvisados, pero, según Tremlett, no aguantaba más de dos 'pintas' de cerveza, y por lo que se refiere a sus aventuras extramaritales, fueron muchas menos de lo que se dice.

Caitlin MacNamara, de origen irlandés, se casó con Thomas en 1937 y aunque escribió un libro de recuerdos de su esposo al alimón con Tremlett en respuesta a la biografía de Brinnin, siempre lamentó no haber hecho más para destacar la ternura de sentimientos de aquella relación.

El diario de Caitlin, valorado en unos 315.000 euros, forma parte de una cuarentena de manuscritos y primeras ediciones firmadas por Dylan Thomas que saldrá a subasta. Un material que incluye también cartas, una de las cuales, escrita en 1945, termina así: "Estaré contigo, mi amor, hasta la muerte y para toda la eternidad".

 

 

OCTAVIO GÓMEZ MILIÁN: POEMAS DE "CIUDAD DE MÁRMOL"

OCTAVIO GÓMEZ MILIÁN: POEMAS DE "CIUDAD DE MÁRMOL"

[El poeta y bloguero Octavio Gómez Milián acaba de publicar en Logroño, en la colección 4 de Agosto de Logroño, la plaquette Ciudad de Mármol. Selecciono dos de los poemas de la entrega. La foto es de la inolvidable Kajsa Bargqvist, la saltadora de altura sueca que se retiró en vísperas de los Juegos Olímpicos de Pekín. Campeona del mundo y dos veces campeona de Europa, saltó 2.08 en Alemania en 2006, pero las lesiones y la ansiedad le truncaron la carrera y, probablemente, la medallo de oro de una Olimpiada. En Atenas fue bronce.]

 

Portales IV

 

Sólo guardo el día que nos atrapó el tiempo. El día que fui a buscarte a tu ciudad de mármol, extravagante por el alcohol y otra noche sin dormir. El día en el que los golpes contra las puertas ya duraban demasiados días. El día en el que tú y yo juntamos nuestras voces a horas intempestivas. El día último antes de tu partida, de tu marcha en busca de un cielo distinto y de gente que necesitaba ser salvada mucho más que yo.

 

         Yo peleaba con mi propia cabeza en el autobús y pagué religiosamente las horas en la cama alquilada que tú y yo compartíamos. No podía pensar con claridad. Tú, con tus dedos agrietados de tantas jornadas marcando la desgracia de otras personas. Yo, sin poder pensar con claridad, esperando una oportunidad, unos minutos en el que se cruzaran nuestros dos cuerpos sin cansancio. Nuestras horas sin descanso. Yo acudiendo a tu cuerpo, yo fiel en la llamada de tus caricias.

 

         Ese día, los dos en una habitación iluminada por velas verdes que se ahogaban poco a poco, lametazo a lametazo, destilando pena que inunda la distancia entre los cuerpos. Los dos, ahogados en el oxígeno, en el gemido y el vaho de la despedida. Sólo un rato de amor. Luego dormimos, porque los dos destrozábamos nuestras vidas a base de una existencia persiguiéndonos.  Cansados, te ibas, volvías en unos meses.

 

         El día que guardo, con su noche y su sudor primerizo de verano, el día en el que los dos sabíamos que te ibas y los dos preferíamos el recuerdo vasto de nuestra última noche pagado en horas de sueño juntos, el sabor de aquellas sábanas, de nuestras pesadillas y promesas. Preferimos, agotados de jornadas, de viajes, de juergas insípidas, dormir abrazados... intentamos repetir después del primer amor, recuerdo besarte, primero despacio, luego levemente excitados, un poco más rápido, tarde, lento poco a poco, con los ojos cerrados, el ritmo decae, tú y yo, quién sabe, quién fue el primero que abandono los mimos, acabando, dormidos, soñando, abrazados, el último día....

 

         Ése es el día que guardo, el que no vendí a pesar de mis vicios y mis necesidades primarias, el que supuraba la jalea más dulce y que terminó en mi petate. El día que demasiado agotados preferimos dormir antes que hacer el amor. Dormir contigo.

 

Despedida

-la ignorancia del amor liviano-

 

Tiritando tras una ducha incómoda,

mi cuerpo fláccido y la ropa apestosa

en un montón. Me mudé de casa.

Y no tuviste arrestos para

ascender cuatro pisos de escalera.

Hoy vuelvo a estar en alquiler.

 

 

 

ÓSCAR SIPÁN: UN CUENTO DEL OESTE

ÓSCAR SIPÁN: UN CUENTO DEL OESTE

 

[Óscar Sipán me envía su relato del volumen Vivo o muerto. Cuentos del spaghetti-western, que ha publicado Tropo editorial. Aún no he podido leer el libro, pero anticipo aquí este texto del narrador y editor oscense que figura en este volumen coral. La imagen es un póster de Gary Cooper en Solo ante el peligro, High noon.]

 

LOS BRAZOS VENCIDOS

  

“Cuando vio a mi tío con la escopeta

en la mano, la perra comprendió que él

iba a matarla. Y lo siguió hacia el

descampado elegido para el sacrificio,

porque había nacido para obedecerle”

 Daniel Moyano

 

 

MI PADRE SE QUITA los guantes de cuero, arquea los dedos y estira los tendones, despertándolos para la muerte, mide la distancia sin parpadear y desenfunda. Suena un disparo. Los cuervos levantan el vuelo en el cementerio. Mi padre sabe que la lentitud es la auténtica arma del pistolero rápido, pero el guión le obliga a llevarse las manos al estómago y mirar con incredulidad antes de desplomarse, agonizante, sobre el polvo de la calle. “Toma buena”, grita alguien, al otro lado de la cámara. Mi padre continúa entregado al personaje, los pulmones en barbecho, inmóvil, mineral. Pero le pasa como a mí, que nadie le toma en serio. Porque mi apellido no es Expósito: yo soy hijo del pistolero zurdo Lex Archer.

 Me cuesta reconocer a mi madre en el álbum de fotos: las mejillas encendidas, el cuerpo elástico de una saltadora de altura, la boca de porcelana fina, la alegría contagiosa. Sin embargo, la mujer de camisón blanco que visito junto a mi abuela, una vez al mes, en ese siniestro edificio rodeado de jardines, gime como una perra siguiendo un rastro imaginario hasta el final de sus días.

En uno de sus escasos momentos de lucidez, mi madre preservó la figura de mi padre y me contó su historia: rodaban exteriores para una película del oeste titulada Texas Kid, a pocos kilómetros del pueblo, en el Barranco de las Balas. Lex Archer, actor norteamericano encasillado en papeles de pistolero, el eterno malo de la película, tuvo una fuerte discusión con el director, empeñado en suprimir una escena que le había costado numerosos ensayos y una costilla magullada, y terminó acusándole de sádico y zarandeándole como un muñeco y, tomando prestada la moto de un extra, se dio a la fuga. Imagino a mi padre acelerando, el pelo al viento, la estepa monegrina reflejada en sus gafas de espejo. Mi madre esperaba el autobús en el apeadero, con un vestido escotado y veinte primaveras, cuando Lex Archer se detuvo. Se quitó las gafas de espejo para verla sin filtros, al natural, y le preguntó por un hotel, en un castellano deformado y nasal aprendido entre rodaje y rodaje, en los poblados de Almería, Esplugas de Llobregat y Hoyo de Manzanares, en las juergas flamencas, en las noches de jarana. Se entendieron sin idiomas, como se entienden los amantes o los ladrones, se juraron amor eterno y pasaron la noche juntos. Lex Archer prometió volver a buscarla. Meses más tarde, cuando ya no pudo ocultar su embarazo, se vio forzada a confesar el encuentro. Pero nadie le creyó.

 Me gusta pensar en esta imagen: una bala en equilibrio sobre el vientre hinchado, colosal, sietemesino de mi madre. Me muevo en su interior y la bala cae.

 En una regla no escrita, las mujeres del pueblo, como el retablo de la iglesia o el camposanto, pertenecen al pueblo. Los mozos disuaden a los forasteros de cualquier acercamiento, las pastorean, cuidan de la manada. “¡Vamos a matar al tapagujeros que te ha preñado!”, gritaron al enterarse. Y le dieron una brutal paliza a un vecino de Lanaja que bailó con ella en las últimas fiestas. La marcaron como a una res por atreverse a mirar más allá de las fronteras y por no conformarse, como todas, con un hombre de campo con gorra, pelo grasiento y camiseta de publicidad o con un vendedor de enciclopedias con aspiraciones políticas. A modo de expiación, le impusieron una amargura que pesaba como una segunda alma. El aire se volvió irrespirable. Antes de caer en el pozo negro de la locura, mi madre rezó con todas sus fuerzas para que Lex Archer volviese a rescatarla. Pero sus oraciones nunca llegaron a América.

 

Al salir de la escuela, escupen a mi paso y me llaman “bastardo” o “hijo de puta”. Y todo porque soy alto y rubio como mi padre. Odio este infierno, les odio. Tengo un dólar de plata, una estrella de sheriff y un cartapacio lleno de programas de mano y recortes de películas: mi padre, al pie de las Montañas Rocosas, con el sombrero calado y la barba canela de tres días, mi padre volteando una mesa de póker, mi padre atravesando las puertas del Saloon y dejando en ridículo a un tipo con una cicatriz de media luna, mi padre asaltando una diligencia, con esa sonrisa acostumbrada a robarle el corazón a las coristas, mi padre domando un caballo pinto en un lodazal. Soy alto y rubio como mi padre, el único rubio de todo el pueblo, el hijo del pistolero malo.

 Día de visita. En el pasillo, dos enfermeras sujetan a una interna con convulsiones. Una anciana acaricia un gato pardo en un sillón. Encuentro a mi madre en la bañera, las venas abiertas y una postal del Gran Cañón de Colorado flotando en el agua. Lleva su mejor vestido, sonríe, parece haber recuperado el esplendor, la inocencia. Supongo que no ha querido que él la contemplase ajada por el tiempo, la ginebra y los ansiolíticos, cubierta de canas, derrotada.

 Ha llegado el momento de la venganza: le he robado un arma al médico y me dirijo a encontrarme con mi destino. Llevo toda mi vida esperando este día, practicando con una pistola de plástico, una y otra vez, acumulando odio y destreza frente al espejo. Ya vienen, tras los encapuchados con tambores y los pasos de Semana Santa: el brillo acharolado del tricornio del sargento, el bastón de mando del alcalde, el cura arrastrando la sotana, las caras sudorosas de los caciques envueltos en trajes de paño y caspa, los cánticos de las beatas que sostienen velas y rosarios y caminan descalzas tras el Paso de la Cama. Contaré hasta diez y les mostraré el legado de Lex Archer, el legado de mi padre: el arte de matar por la espalda.

 Oscar Sipán