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Antón Castro

Escritores

SYLVIA PLATH: RETRATO Y DESNUDO DE XOÁN ABELEIRA

SYLVIA PLATH: RETRATO Y DESNUDO DE XOÁN ABELEIRA

[Hace algunos años, Juan Abeleira, hoy Xoán Abeleira con morada en A Coruña, publicaba un estupendo libro: Identidades (Hiperión), mi libro favorito entre los suyos, hecha la salvedad de su monografía en gallego sobre Man, donde incluía esta composición sobre Sylvia Plath. Ha querido el destino, y el editor Pepo Paz, que casi una década después retornase a la poeta norteamericana al traducir sus Poesía completa para el sello Bartleby. El libro, de casi 800 páginas y algún centenar de notas, saldrá hacia septiembre-octubre; Xoán Abeleira corrige y corrige pruebas, ajusta y purifica su versión. En Identidades, el poeta publicaba este poema tan suyo, tan interpretativo y, si puede decirse así, tan místico también. La ilustración es suya: es un trabajo a partir de la máquina de escribir de la inolvidable Sytlvia Plath]

 

 

SYLVIA PLATH

(1932–1963)

Me aterroriza este algo oscuro

Que duerme en mí.

 

 

 

I

 

 

Desnuda en exceso

Te abandonaste a lo oscuro

Aunque sin llegar jamás

A desprenderte de tu lúgubre ropaje.

 

Niña momia, niña calcinada

En los espejos.

Como un fanal eléctrico,

Como una obscena medusa

Experimentaste el mundo sobre ti:

Dios, jactancioso, ante su cepo.

 

Y al intentar vadear la ciénaga,

Embarcada en tu propia sombra,

Las lamias que habías despertado

Te desangraron hasta el fondo.

 

 

 

II

 

 

Agua calma a tu corazón,

Allí donde te refugies.

Agua calma a tu corazón,

Exenta de toda angustia.

 

Para que él pueda serte fiel

En el Juicio de la Balanza.

Para que abogue por ti

Hasta que logres cruzar las puertas.

 

Agua calma a tu corazón,

Y que tu Nombre florezca.

  

Xoán Abeleira

Identidades (1998)

 

DE WALLACE STEGNER A NORA PIERCE

DE WALLACE STEGNER A NORA PIERCE

Buscaba fotos del historiador, novelista y narrador en breve Wallace Stegner (1909-1993), al que Libros del Asteroide, ese proyecto estupendo de Luis Miguel Solano, un gallego con nostalgia de Vigo en Barcelona, le publica en breve su novela En lugar seguro, la historia de dos parejas, un viaje hacia atrás, hacia los recuerdos y los pequeños secretos del amor. Solano suele incluir siempre un prólogo de escritores que admira o afines a su mundo: en esta ocasión es el asturiano Ricardo Menéndez Salmón, autor de novelas breves como La ofensa o Derrumbe, y de algunas cuentos inolvidables.

 

Andaba buscando a Stegner y me encontré con una joven escritora, Nora Pierce, que publicaba en 2007 su primera novela: La insuficiencia de los mapas, una poética narración de sentimientos y emociones que ha aparecido en Simon and Schuster. Nora Pierce es experta en la obra de Wallace Stegner. Casada y madre de un hijo, sale así de clásica en una foto de Ibarionex Perelló. Creo que es de origen indio.

LA ALHAMBRA, VISTA POR ENRIQUE VILLAGRASA

LA ALHAMBRA, VISTA POR ENRIQUE VILLAGRASA

POEMA EN LA ALHAMBRA

 

“-Ninguno más; pues, señor, soy hijo de la Alambra.”

                                                                                W. Irving

 

En el silencio de la mañana

Granada, primaveral y soleada.

La huerta.

Anoche con los ecos de la historia,

estamos aquí para presentar

Las noches azules del alma:

la amistad no deja lugar a dudas.

                                            

Cinco gotas de agua

contienen cinco gotas de luz.

Soy hijo de los ecos de tus voces.

 

¿En qué poesía hemos caído, en qué versos,

en qué poemas en prosa nos perdemos?

¿Ya no podrá la lírica otras tardes

de ribera a ribera atravesar el Mediterráneo?

 

Sé que se va la luz monte arriba,

pero casi a oscuras y en silencio se escribe.

Hastiada ya el alma de tanta espera

ve que no hay rosas en el aire, sí espinas.

Y los cerezos olvidan dar flores en mi pueblo:

rápido envejece el verano

a la orilla del Jiloca.

 

¿Y qué habrá que escribir para que entiendan

los versificadores que no es eso, que no?

¿Cuándo la lírica moverá el mundo,

y los sonetos las fiestas celebrarán?

 

La poesía se muere

y caen al trujal los versos desangrados.

Y en lugar de poemas encontramos

ripios escritos en su raspa.

Tanto dolor para tan pocas lágrimas

en el Sur: fecundo en tradición poética.

 

En el Patio de los Leones, pero quizá

no lloren ya los poetas lágrimas negras.

 

Cinco gotas de agua

contienen cinco gotas de luz.

Soy hijo de los ecos de tus versos.

 

Enrique Villagrasa

*(Jiloca: río que pasa por Burbáguena (Teruel), pueblo del autor rico en cerezas y viñedos). La revista literaria EntreRíos dedica un monográfico al monumento como fuente de inspiración artística, y entre los poemas seleccionados figura éste del poeta turolense afincado en Tarragona. La foto la he tomado de la web de www.granadarustica.com.

 

BLECUA, EL COLECCIONISTA DE CREPÚSCULOS

BLECUA, EL COLECCIONISTA DE CREPÚSCULOS

Hablé ayer por la mañana con Rosendo Tello, que veranea en Gurrea de Gállego. Nos veremos hoy: comeremos juntos con Maribel y Carmen. Rosendo es un poeta de la imaginación, un poeta tocado por el misterio de la luna y la claridad arrolladora del sol. Rosendo Tello es un poeta musical: la música ha marcado su infancia, su juventud y su madurez. Toca el piano. No es que siga una pieza: la recrea, la inventa, la distorsiona. Improvisa. Paladea los sonidos: una vez le regalaron un órgano. De niño, templaba y afinaba las guitarras, las bandurrias y los laúdes del grupo de jota de su padre.

 

Rosendo Tello siempre le tuvo un cariño especial a José Manuel Blecua, aquel sabio de letras y de ritmos que pasaba bellos veranos en Jaca. Blecua era un coleccionista de crepúsculos: en Jaca, salía de paseo en cuanto llegaba el crepúsculo y anotada, o decía de viva voz, los tonos del arrebol, las variaciones del fuego rosado que se expandía en las nubes. Rosendo Tello me dijo que José Manuel Blecua siempre les hacía fotos a los crepúsculos y que tenía cientos y cientos, algunos miles tal vez. Era una de las muchas pasiones de un hombre que hablaba como nadie de los enigmas de la métrica y de los pasadizos, más o menos metafísicos, más o menos amorosos, que habitan los versos de San Juan de la Cruz.

 

Como no podía ser menos, al otro lado del teléfono, Rosendo Tello imitó la voz de Blecua, que también fue un sordo extraordinario. Como Buñuel. Como Francisco de Goya y Lucientes.

*La foto es de Hywel Jones, un auténtico maestro de las luces y las sombras, muy interesado por los toros, capaz de realizar magníficas fotos de pura belleza, de desnudos y de retratos. Cuenta con un asistente español, Joan Torrelles, de Lérida. José Manuel Blecua amaba la belleza femenina...

SARAMAGO CULMINA "EL VIAJE DEL ELEFANTE"

SARAMAGO CULMINA "EL VIAJE DEL ELEFANTE"

[No soy amigo de José Saramago, aunque lo conocí en Zaragoza cuando El Periódico de Aragón iniciaba su andadura. Conversé largo y tendido con él en el Gran Hotel, le hice una entrevista extensa que apareció en El Bosque y un artículo de fondo. En aquella ocasión, con Luis Alegre y Ramón Acín, le hicimos de anfitriones y paseamos por distintos lugares; acababa de publicar El Evangelio según Jesucristo, con la polvareda que había levantado, y paseamos por el entorno de La Seo y el Pilar. Pilar y él se hospedaron en el Gran Hotel; de noche, vino José Antonio Labordeta, al que Pilar, una dinámica y alegre periodista entonces, admiraba mucho. Saramago se retiró pronto, cansado. A la mañana siguiente tenía charlas y conferencias. Recuerdo que entonces preparaba una ópera sobre el personaje de Blimunda: estuvimos en el Museo Camón Aznar, todo le interesaba y se llevó un montón de libros sobre pintores y escultores del siglo XVII. Recuerdo que luego traduje varios textos de O ano de 1993 para la revista Turia, algún tiempo antes que Ángel Pampano hiciera su espléndida versión. Veo que el Nobel portugués acaba de concluir su última novela, y aquí traigo esta crónica que la agencia EFE ha distribuido por un montón de periódicos de todo el mundo.]

 

Crónica de Lola Cintado. EFE. El texto se ha actualizado hoy martes.

José Saramago acaba de terminar su nuevo libro. Se llama "El viaje del elefante" y cuenta una historia real, el viaje épico de un elefante asiático llamado Salomón, que en el siglo XVI viajó de Lisboa a Viena.

"Por muito incongruente que possa parecer..." (Por muy incongruente que pueda parecer...) son las primeras palabras de "El viaje del elefante", una idea que arrastra Saramago desde hace más de diez años, cuando viajó a Austria y por casualidad, entró en un restaurante de Salzburgo llamado "El elefante".

El Premio Nobel de Literatura ha respondido las preguntas de Efe a través del correo electrónico desde su casa de Lanzarote, donde ha terminado su libro, muy recuperado ya de una enfermedad respiratoria que hizo temer por su vida. Más de una vez pensó que no llegaría a terminar esta obra, de alrededor de 240 páginas que llegará en otoño a los lectores de habla española, portuguesa y catalana.

"Este cuento, prefiero llamarlo así mejor que novela, es lo que siempre pensé que debería ser. La enfermedad no ha cambiado nada", escribe Saramago, quien subraya que no quiere dramatizar "la situación del autor frustrado por algo más fuerte que su propia voluntad. Yo escribí mis tres últimos libros en la más deplorable situación de salud, nada propicia para sentimientos de alegría. Prefiero decir: si tienes que escribir, escribirás", agrega, tan severo como siempre. El proceso de escritura se vio irremediablemente interrumpido por su dolencia, y oyéndole relatar sus sensaciones cuando estaba al borde de la muerte muchos recordaron al violonchelista que protagoniza su novela "Intermitencias de la muerte", aunque él cree que la realidad no imitó a la ficción que el mismo había creado.

"’Las intermitencias de la muerte’ es una novela llena de humor e ironía, no recuerdo haber asumido la amenaza que acecha a mi violonchelista. Es cierto que ya estaba enfermo, pero logré levantar una valla entre el yo que escribía y el yo que sufría", recuerda Saramago.

Y es que el escritor portugués no sólo levanta muros entre su literatura y su vida, sino que es capaz de aislarse de todo lo que le rodea, hasta el punto de escribir en su ordenador portátil mientras en el sofá del salón varias personas mantienen una conversación.

El lo cuenta así: "Recuerdo que parte de la novela ’Todos los nombres’ la escribí con obras en casa. Mientras los albañiles hacían su ruidoso trabajo y contaban chistes unos a los otros, yo, en la habitación al lado, separados sólo por un plástico que hacía de puerta, seguía construyendo las peripecias de mi personaje don José. Nunca los mandé callar. Ellos estaban en lo suyo, yo estaba en lo mío".

Según escribe su traductora y esposa, Pilar del Río, en la web de la Fundación José Saramago, "El viaje del elefante" es un libro coral donde entran y salen personajes que figuran en los manuales de historia junto a personajes anónimos, "gente con la que los miembros de la caravana se van cruzando y con la que comparten perplejidades, esfuerzos o la armoniosa alegría de un techo".

Agrega la traductora, que también es presidenta de la Fundación Saramago, que "la compasión solidaria atraviesa la obra, la distingue y la significa". Y la ironía, el sarcasmo y el humor que el escritor emplea "para salvarse a sí mismo y para que el lector pueda penetrar el laberinto de humanidades en conflicto sin tener que abjurar de su condición indagadora de humano y de lector".

Si contiene alguna parábola es algo que han de decir los lectores, aunque sí desvela el autor que en este nuevo libro no hay personajes femeninos de la fuerza y el carácter de la Blimunda de "Memorial del convento" o la mujer del médico de "Ensayo sobre la ceguera".

El punto final a "El viaje del elefante" se lo puso este fin de semana y ahora está "en la resaca", tiempo que aprovecha para leer "Diario de un mal año" de Coetzee, otro Nobel. E inmediatamente antes, mientras escribía lo suyo, leyó "Cuando ya no importe", de Juan Carlos Onetti.

En el blog del escritor (http://blog2.josesaramago.org) se puede leer desde hoy un fragmento de su nueva obra.

 

 

NOTA DE PILAR DEL RÍO

 

Su esposa y traductora, Pilar del Río, sevillana, escribe este texto en portugués en el blog del Premio Nobel de Azinhaga, el autor de libros inolvidables como Memorial del convento o El año de la muerte de Ricardo Reis.

 

 

 

José Saramago terminou um novo livro. Chama-se A viagem do elefante.



Queridas amigas, queridos amigos,


Escrevê-lo não foi um passeio ao campo: Saramago lançou-se a esta tarefa quando estava incubando uma doença que tardou meses a deixar-se identificar e que acabou por manifestar-se com uma virulência tal que nos fez temer pela sua vida. Ele próprio, no hospital, chegou a duvidar que pudesse terminar o livro. Não obstante, sete meses depois, Saramago, restabelecido e com novas energias, pôs o ponto final numa narração que a ele não lhe parece romance, mas conto, o qual descreve a viagem, ao mesmo tempo épica, prosaica e jovial, de um elefante asiático chamado Salomão, que, no século XVI, por alguns caprichos reais e absurdos desígnios teve de percorrer mais de metade da Europa.


A viagem do elefante é um livro coral onde as personagens entram, saem e se renovam de acordo com as peculiares exigências narrativas que o autor se impôs e lhes impôs. O elefante e o seu cornaca têm nome, como outras personagens que figuram nos manuais de história, embora apareçam também pessoas anónimas, gente com quem os membros da caravana se vão cruzando e com quem partilham perplexidades, esforços, ou a harmoniosa alegria de um tecto depois de tantas noites dormidas à intempérie.
Apesar de não se tratar de um livro volumoso, andará pelas 240 páginas, poderemos reconhecer nelas a imaginação de Saramago, a compaixão solidária, esse sentimento que, sendo expressado literariamente, é sobretudo humano. Ele atravessa toda a obra, distingue-a e significa-a. Encontraremos igualmente o humor que o escritor emprega para salvar-se a si mesmo e para que o leitor possa penetrar no labirinto de humanidades em conflito sem ter de abjurar da sua condição indagadora de humano e leitor. Como sempre, encontrar-nos-emos com a ironia, o sarcasmo, a beleza em estado puro, a responsabilidade de escrever, a felicidade de ter escrito.
Saramago oferece-nos um novo livro. Que não é um livro histórico, embora trate de algo que está na história, ou, para ser mais rigoroso, na pequena história, embora intervenham personagens que tiveram vida real e que agora voltam a ter nova ocasião ao pôr-se a conviver com outras procedentes da imaginação do escritor e, todos juntos, habitar as mesmas páginas, ainda que nem sempre as mesmas peripécias. Quando lerdes o livro sabereis a que me refiro. A viagem do elefante está pontuado de acordo com as regras de Saramago, os diálogos intercalam-se na narração, um todo que o leitor tem de organizar de acordo com a sua própria respiração. O leitor, esse ser fundamental que Saramago considera e respeita e a quem continuamente interpela, seja adiantando-lhe consequências de certos actos ou recordando-lhe outros, implicando-o no texto, porque escrever, como ler, não são acções inocentes, são tentativas para forçar a inteligência a ir um pouco mais longe, mais além de Viena, de Valladolid ou de Lisboa, mais além do que éramos ao acordar de manhã e encontrar-nos com mais um dia pela frente.
Queridas amigas, queridos amigos, com estas linhas apenas pretendi dar a notícia de que vamos ter um novo livro de Saramago para incorporar na nossa vida de leitores. Não vos decepcionará, pelo contrário, ireis lê-lo, estou certa, com a mesma emoção com que foi escrito e sobrevooa cada linha, cada palavra. Não é um livro mais, é o livro que estávamos esperando e que chegou a bom porto, o leitor. Salomão, o elefante, não teve tanta sorte, mas disso não falarei, aguardemos o Outono, e então sim: aí, em vários idiomas simultaneamente, poderemos comentar páginas, aventuras, desenlaces. Os materiais da ficção, que são também os da vida.
A todos, um abraço e felicidades.

 

Pilar del Río

AMÉLIE NOTHOMB: ASÍ ESCRIBE, CASI A CUCHILLO

AMÉLIE NOTHOMB: ASÍ ESCRIBE, CASI A CUCHILLO

 

Josep Massot firma casi todos los lunes en La Vanguardia una sección que me gusta mucho y que, imagino, no tardará en recoger en un libro: “Vidas contadas”, que suele llevar fotos de José María Alguersuari. Ayer dedicaba su perfil a una inquietante escritora, Amelie Nothomb, nieta de Paul Nothomb (la oveja negra de una familia de derechas: combatió en España y era escritor). Massot resume así algunas facetas:

 

“La angustia le convirtió en escritora compulsiva: se levanta a las cuatro de la mañana y escribe con un Bic azul –dice no tener ni móvil, ni ordenador ni televisor- hasta las ocho, alimentada, como Balzac hacía con el café, con medio litro de té negro. Escribe –confiesa- casi una media de cuatro libros al año, pero publica sólo uno: Le Fait du Prince [el libro que sale el 21 de agosto] es el decimoséptimo publicado y el 63º escrito. (…) Escribe “para escapar de la angustia”, porque inventar otros mundos, nombrar las cosas, es la única manera de exorcizar el peligro. Escribe tan fácil como se lee, sin arquitecturas literarias y apenas dos personajes. Simple: tesis-antítesis, con diálogos a lo Diderot, absurdos y mordaces, fascinada por la monstruosidad, con sexo sólo indirecto. Cuentos, metafísica de lo cotidiano, escritos a cuchillo”.

WILLIAM OSPINA: POETA Y NARRADOR DE COLOMBIA

WILLIAM OSPINA: POETA Y NARRADOR DE COLOMBIA

Ayer estuve un momento en una librería céntrica y buscando buscando encontré algunos libros curiosos: uno de Eugene Atget, otro sobre Alphonse Mucha, ese artista del Art Nouveau que me fascinó por completo en CaixaForum de Madrid. Qué refinamiento, qué inventiva, qué capacidad de crear atmósferas, tipografías, ornatos, grandes decorados más o menos ilusorios. Me encantó el montaje de la muestra: muy pensada, muy teatral, con una revelación insospechada: Mucha era un hombre sensual, un embrujado de las mujeres y, sobre todo, un espléndido fotógrafo. Andaba por ahí, curioseando, cuando vi la “Poesía completa, 1974-2004” del colombiano William Ospina (1954), un autor de verbo exuberante al que le interesa mucho la historia de su país: “Las auroras de sangre” es todo un viaje en torno a la vida y la obra del cronista Juan de Castellanos; “Ursúa” es una novela histórica sobre Pedro de Ursúa, y la poesía es su obra lírica de treinta años. García Márquez pone a Ospina por las nubes una y otra vez, le dedica esas frases explosivas de elogio que quedan muy bien luego en las fajas y en las portadas o contraportadas.

 

Leí varias cosas. Y hoy, interesado por este autor, copio su poema dedicado a Franz Kafka...

 

 FRANZ KAFKA

 

Padre, le digo, dame tres granos de cebada para despertar al
durmiente.
Pero mi padre no responde:
es un enorme jinete de bronce, alto sobre colinas y sinagogas.
Madre, le digo, aparta tanta niebla,
muéstrame un rostro dulce, del que broten palabras ingenuas.
Pero ella se ha perdido por los callejones de piedra
y sólo encuentro en el espejo sus ojos inmensos.
Abuelo, digo entonces, ya no luches más con el ángel,
ven a contarme historias junto al niego, mientras se hiela el Elba.
Pero el viejo me mira con ojos ausentes, y comprendo
que no es éste mi abuelo sino un viejo gitano que quiere venderme
un recuerdo.
Hermana, bella hermana, le digo,
toma mi mano que está oscuro en esta casa inmensa.
Pero a mi lado pasa una condesa polaca monumental y arrogante
y se escucha un violín, y se cierra una puerta.
Hermano, digo, qué bello cabalgas sobre el potro de madera y
de laca,
¿hacia dónde nos llevan estas tardes inciertas?
Pero él es sólo una imagen, una gris fotografía en mis nimios,
y a lo lejos, atroces, los cañones resuenan.
Goethe, le digo, cántame una canción romana,
haz que yo sienta en mi corazón esta antigua tristeza.
Pero la tumba calla y sobre ella vuelan grises palomas
y no puedo abrir este libro porque sus páginas son de ceniza.
Milena, digo luego, tal vez tú puedas finalmente salvarme,
dime que soy de carne y de sangre, que esto que me atenaza es un deseo
Pero ella se afantasma entre miles de seres escuálidos
y apenas si percibo dos llamas que se apagan muy lejos.

¿Entonces es delirio todo esto? ¿A quién puedo llamar que me
salve?
Su reino es de este mundo. Todos están aceptados y absueltos.
Son demasiado humanos, son demasiado justos,
y yo no logro hablarles con mi estruendo de élitros.
y no aprendí a cruzar las puertas,
y no sé defenderme.

Si ves dos grises ojos de gato en la gótica noche de Praga
comprenderás que temo morir si me duermo.
Si oyes una canción en la gótica noche de Praga
comprenderás que intento saber dónde me encuentro.
Si oyes un corazón en la gótica noche de Praga
comprenderás quién sostiene todo este sueño.

PACO GAUDIOSO (JAVIER CERCED) ESTRENA BLOG

PACO GAUDIOSO (JAVIER CERCED) ESTRENA BLOG

[Paco Gaudioso también es Javier Cerced. Javier Cerced también es Paco Gaudioso, un viejo-joven amigo de la familia: de Carmen Gascón y sus hermanas, de mis suegros Isabel y Leoncio, que falleció hace más de dos años. Hace muy pocos días, perdían a una amiga de juventud: Maribel, madre de un niño de diez años. Paco, es decir Javier Cerced, cogió su coche y condujo al funeral en Irún en compañía de las hermanas Gascón y de otra amiga de entonces: Ascen. Recorren los buenos días, rieron, lloraron, recontaron una y mil historias de la vida, y Javier Cerced, es decir Paco Gaudioso, les contó a Carmen y sus hermanas –que sí, es cierto, tienen algo de personajes de Woody Allen- que acudía a talleres literarios con Julio Espinosa, el poeta chileno, y que había empezado a redactar sus primeros textos. Paco ha creado el blog: El canto del jilguero, cuya ruta de acceso es http://el-canto-del-jilguero.blogspot.com.

 

Copio aquí uno de los últimos textos de Paco Gaudioso, que ha dedicado a la finada y llorada Maribel.]

 

EL DÍA EN QUE YO QUISE DESPEDIRME DEL MUNDO

 

Un día. El día en el que yo quería despedirme del mundo. Ella estaba allí. A mi lado. Cogimos el coche y estuvimos recorriendo las calles y las carreteras sin rumbo fijo, hablando, o más bien hablando yo y escuchando ella. En mi huida llegamos a los montes de Torrero, a los más altos desde donde se divisa todo Zaragoza. Se veía pequeña, compacta y sobresalía, iluminada por las luces pálidas, de la noche oscura. Era como una mancha que resplandecía en medio de la nada. Salimos del coche. Yo, apoyado sobre uno de sus laterales me puse a contemplar con ojos vidriosos aquella mancha. Ella se colocó delante de mí y apoyó su espalda contra mi pecho. Me tomó de las manos e hizo que la abrazara. Después cruzó sus brazos sobre los míos. Yo la abrazaba a ella y ella se abrazaba a sí misma y, de alguna manera, me abrazaba también a mí. Estuvimos así largo rato, callados, apenas sin respirar. La ciudad nos ignoraba por completo. Poco a poco mi ánimo se fue serenando. La mancha empezó a parecerme más dorada, más humana. Detrás de cada puntito de luz surgieron en mi imaginación personas. Personas alegres y tristes. Jóvenes que iban a las discotecas y otros que iban a los hospitales o tal vez a los dos sitos alternativamente. Parejas que se amaban en aquel instante y parejas que se lanzaban insultos. Hombres con corbatas serias que se sentaban detrás de las mesas de dirección de los bancos y hombres con cartones que dormían en las entradas de los mismos en las noches de invierno. Personas con suerte y otras sin ella. Niños que no dejaban dormir a sus padres con sus llantos primerizos. Personas que nacían. Personas que morían.
Lo que en mi ánimo aparecía como una despedida se fue convirtiendo en un... ¡esperadme!


Salimos de aquella contemplación, volvimos a entrar en el coche y regresamos a casa. No recuerdo que habláramos nada en el camino. Al despedirnos simplemente le dije: “Gracias”. “De nada” contestó ella.

Para Maribel (In memorian)

*La foto corresponde a Bruce Weber.