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Antón Castro

Escritores

JUAN MARQUÉS: DE "TIEMPO LIBRE" E INÉDITOS

JUAN MARQUÉS: DE "TIEMPO LIBRE" E INÉDITOS

[El poeta, crítico y residente Juan Marqués publicará en octubre su primer poemario: Tiempo libre, bajo el amparo de Andrés Trapiello. Me envía dos poemas: uno, que formará un nuevo libro, “Postal”, y otro que formará parte del poemario.]

 

POSTAL

 

El verano anterior al anterior

al último verano,

el mar nos recibió con sus botellas.

Nuestras olas jugaron con las olas,

tu cuerpo con los ojos,

el agua con el agua.

 

La vida estaba tierna,

tus pezones sabían como el mar,

con la tierra que fuimos por las noches

emergieron castillos bajo el sol.

 

“¿Por qué me miras tanto?”, me decían

los ojos del gorrión.

 

 

 

 

***

 

 

 

 

BEULAH

 

                                             Los perros del jardín atravesando

                                             los dientes de la luz.

 

                                             Trotan hacia mis manos.

 

                                             Alegremente muerden.

*La fotografía es de Cecilia de Val y está tomada, o realizada, en la vieja estación de Biscarrués.

 

NOVEDAD: LOS GUARDIANES DEL LIBRO DE GER. BROOKS

NOVEDAD: LOS GUARDIANES DEL LIBRO DE GER. BROOKS

EL 4 DE SEPTIEMBRE EN TODAS LAS LIBRERÍAS

 

Un reportaje periodístico de la ganadora del Pulitzer, Geraldine Brooks, corresponsal del Wall Street Journal en la guerra de los Balcanes, se ha convertido en el germen de la novela del año, Los guardianes del libro, donde la autora traslada a la ficción la historia real del libro iluminado sefardita más antiguo y valioso del mundo:

el Haggadah de Sarajevo.

 

 

 

El Haggadah de Sarajevo ha sobrevivido a las guerras de los últimos seis siglos. Los historiadores creen que fue sacado de España tras la expulsión de los sefarditas por los Reyes Católicos en 1492. Fue hallado en Italia en el siglo XVI. En 1892 fue vendido al Museo Nacional de Sarajevo por un hombre llamado Joseph Kohen.

 

 Durante la II Guerra Mundial el librero jefe del Museo, Dervis Korkut, salvó el manuscrito de los nazis arriesgando su propia vida para llevarlo fuera de Sarajevo. Korkut se lo entregó a un clérigo musulmán de Zenica, quien lo escondió bajo las tablas del suelo de su mezquita.

 

 Ya en la guerra en Bosnia de comienzos de los años 90 el manuscrito sobrevivió en la cámara acorazada de un banco. Para acallar los rumores de que el Gobierno había vendido el original para comprar armas con el dinero obtenido a cambio, el presidente de Bosnia lo presentó en público en 1995.

 

 En 2001 fue restaurado tras una campaña financiada por la ONU y desde 2002 se encuentra expuesto en el Museo Nacional de Bosnia Herzegovina.

 

 El Haggadah de Sarajevo está manuscrito sobre piel de becerro blanqueada, e iluminado en oro y cobre. Está considerado el manuscrito judío más hermoso del mundo y también uno de los libros más valiosos existentes. Ha sido tasado en más de 700 millones de dólares.

 

 Geraldine Brooks es corresponsal del Wall Street Journal, para el que ha cubierto las crisis en Oriente Medio, África y los Balcanes. Con Los guardianes del libro Brooks ha batido récords de venta en Estados Unidos, aunque no es una extraña en las lista de los libros más vendidos. Su primera novela, Nine parts of desire, basado en sus experiencias entre las mujeres musulmanas de Oriente medio, ha sido traducida a 17 idiomas. Con su segunda obra, March -una novela histórica ambientada en la guerra civil norteamericana- obtuvo el Premio Pulitzer en 2005. 

*La nota es de RBA y la foto de Jerry Bauer.

 

 

ÁNGEL GUINDA, UN NIÑO DE 60 AÑOS

ÁNGEL GUINDA, UN NIÑO DE 60 AÑOS

El poeta Ángel Guinda, que se encontraba esta mañana en Valladolid y que leerá un pregón en un pueblo de Burgos, cumple hoy años. Me ha mandado un mensaje esta mañana –hace unos días, Miguel Mena, el ciclista, escritor y locutor que ultima uno de sus libros más personales y amados para Xordica: Piedad, notas, pies de fotos, aforismos e impresiones para sus fotos, le recordaba que este año cumplíamos 49 años, ambos en agosto-. Luego hemos hablado, y Ángel me ha dicho textualmente esto:

 

“Soy un niño de 60 años”.

 

Un niño que ha dejado la enseñanza y que pasea su amor, a pie y en coche, por todos los rincones de España, y que recalará pronto en el Moncayo, a la sombra de Veruela y de Bécquer. Así es Ángel Guinda.

 

Copio uno de sus últimos poemas.

 

EL MAR

Mi cabeza es un mar rodeado de montañas
donde ruge el silencio y las nubes reposan como gaviotas muertas.
Mi cabeza es un mar entre andamios de niebla,
o la gran polvareda de las demoliciones.
Mi cabeza es un mar.
Un mar cuyas ventanas tiemblan como relámpagos
y en sus olas retumba el eco de los soles.
Mi cabeza es un mar de enrona y laberintos
donde agitan sus crines los caballos del aire.
Mi cabeza es un mar.
Y en sus puertos en llamas
atracan los volcanes, los recuerdos zozobran.
Mi cabeza es el mar de las detonaciones,
los tambores de humo del adiós y sus ruinas.
Mi cabeza es un mar o el libro de registro de los derrumbamientos,
los escombros del cielo, los tesoros perdidos.
Mi cabeza es un mar.
Mi cabeza es un mar sobre el que las estrellas
fugaces desparraman tormentas de placer.
Mi cabeza es un mar de emboscadas y túneles,
avalanchas de luz y sed resquebrajada.
Conmoción de lo inmóvil, mi cabeza es un mar.
Mi cabeza es un mar en cuyo fondo claman
los suicidas del agua, los barcos y aviones
acribillados por el horizonte.
Mi cabeza es un mar y, en su fondo, los niños
juegan a ver caer caramelos de fuego
de las guerras de un mundo donde no está mi mundo.

Mi cabeza es el mar donde yo he naufragado.

*Ángel Guinda durante su estancia en la Casa del Poeta de Trasmoz.

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER REGRESA A VERUELA

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER REGRESA A VERUELA

VII FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA MONCAYO

 

 

MIENTRAS HAYA ESPERANZAS Y RECUERDOS, HABRÁ POESÍA

 

 

 

Homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer

 

Actuación especial. En concierto  Luigi Maráez

 

28 y 29 de Agosto de 2008

 

Tarazona  Litago Monasterio de Veruela   Museo del Vino  Trasmoz 

 

 

 

………………………………………………………………………………………………………

 

RECONSTRUCCIÓN DEL AMOR

 

          La estancia de Gustavo Adolfo Bécquer en el Monasterio de Veruela y en  las Tierras de Tarazona y el Moncayo es un acto de invitación a la vida.

          Fe en un aire que fortaleciera su salud; un aire que, poéticamente, le concediese el don de ver la transparencia.

          Frente al Moncayo escuchó lo que el silencio le decía y fijó sus ojos en el infinito. Bajo este cielo interpretó el vuelo de los pájaros y el lenguaje del viento entre los árboles.

          De pueblo en pueblo, desde el Monasterio de Veruela a Añón o Trasmoz  pasando por Litago, Tarazona  y Vera, habló con nuestras gentes y meditó en los surcos de nuestros campos.

           Hablemos hoy nosotros con la obra del poeta que levantó el escudo de un universo de amor contra la amenaza de destrucción del mundo.

 

                                         Trinidad Ruiz Marcellán

Olifante. Ediciones de Poesía

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

28  Agosto

 

LITAGO

 

Ayuntamiento

20.00 h.

 Inauguración.

La pregonera Teresa Gallego anuncia el inicio del Festival.

Pregón a cargo del poeta D.  Manuel M. Forega.

Actuación de Enma Luna.

A Borina Moncaína.

 

 

 

29 Agosto

 

MONASTERIO DE VERUELA

 

 

Museo del Vino

11.00 h.

 

Intervenciones de los poetas:

Zhivka Baltadzhieva

Germain Droogenbroodt

Ana Muñoz

Agustín Porras

Manuel Vilas

 

Claustro

13.00 h.

 Actuación de "El Acebo del Moncayo".

 

 

 

 

TRASMOZ

 

Cementerio

17.00 h.

Inauguración de la Escultura de Bécquer.

Presentación del  escultor Luigi Maráez.

Actuación del grupo de  danza El Embrujo de Trasmoz.

 

 

 

MONASTERIO DE VERUELA

 

Iglesia

18.30 h.

Presentación del libro Carta III de Gustavo Adolfo Bécquer a cargo del doctor D. Jesús Rubio, Catedrático de la Universidad de Zaragoza.

Proyección de  Leónidas Martín Saura.

Lectura de poemas de Bécquer en diferentes idiomas.

Intervenciones musicales de Angi Ruiz Forés, Ana Segura, Kike Reyes y Âlime Hüma.

 

19.30 h.

Actuación de Luigi Maráez.

 

 

Lectura: Sofía Salvador, Enrique Alda, Rada Panchovska  y Ana Martínez Ferrer.

BookCrossing en el Monasterio.

Jardín Poético.

Instalación  Performance en el Museo del Vino.

 

LARA MORENO: OTRA NUEVA VOZ PARA TROPO

LARA MORENO: OTRA NUEVA VOZ PARA TROPO

[Dentro de unos días, Tropo Editores publica una extensa colección de relatos de la escritora onubense Lara Moreno: Cuatro veces fuego (Zaragoza, 2008. 264 páginas). Óscar Sipán me envía uno de los relatos, pero es tan extenso que ofrezco aquí solo tres fragmentos. Y también me envía la foto de esta joven en la que ha puesto muchísimas ilusiones, pero no me cabe aquí por su tamaño. Pongo, en cambio, esta que tango me gusta de Toni Frisell.]

 

 MANERAS DE ESTAR SEDIENTO

(Tres fragmentos)

Me vistió de azul. Me dio

su sosiego. Todo fue

ya sencillo, como muerte

anticipada.

José Hierro

 

La mujer.

Tú venías con la cara manchada de ojos y tonterías. Yo te recibí inmersa en tus huecos oculares, decididamente abocada a terminar contando de forma estúpida la totalidad de tus pestañas. Todo eso en una tarde de finales de agosto. El mes de julio yo lo había ocupado en deshacer ciertas nostalgias inventándome otras, y tú en desempapelar tu vida de forma involuntaria. En tus ademanes siempre pareció que lo hacías todo sin querer, como resignado a los movimientos de la vida, al asfixiante nudo al que todos estamos atados. Te conocía desde hacía tiempo, eso ya lo sabes. Pero nunca te vi desde tan cerca. Dabas vértigo, a pesar de que yo estaba pausada, coartada, amarrada a varias pasiones no traumáticas que me habían desterrado del anonimato que da el desamor: ese dolor tan vulgar. Alguna que otra casualidad (el robo en Noruega de un cuadro de Munch a manos de un ladrón armado) nos unió de forma no duradera, pero esporádicamente eterna. Por aquellos tiempos yo solía recibir proposiciones indecentes y bailaba descalza entre los dos altavoces de mi equipo de sonido, en una atalaya improvisada. El mundo rodaba encima de nuestras cabezas de forma criminal, pero nos empeñábamos en morder sólo el lado bueno de la sandía. El rojo, siempre el rojo. En eso llegaste tú, ya te digo. Yo guardé mis armas de fuego y te llevé al mar. Tú te dejaste hacer, porque en el fondo lo hacías todo. Me encrucijabas. Tu improvisación en mi vida fue como algo cuidadosamente escrito desde los tiempos del látigo y la ruina, como la sorpresa que uno espera y teje, y teje, y traga. Y llega. De todos modos sabes que ésta no es mi historia, sino la tuya. Yo sólo presté la piel y otras cosas más importantes.

Te llevé al mar; pero antes estuvimos horas detenidos, como si estuviéramos solos, con esa forma de estar de los hermanos, de los espejos enfrentados, haciendo de los minutos una partida ganada, mirándonos de vez en cuando, tocándonos casi siempre, convirtiéndolo todo en sexo: la clavícula mojada, el bandoneón de la canción número quince, las gafas, los cojines del sofá, las baldosas calientes del suelo del tercer piso, letras de Neruda, los anillos de nuestros dedos, la criptografía de nuestros cuerpos. 

Orgasmos, al fin y al cabo, que nos dieron un poco de vida, aunque nos supieran a muerte (por eso quizá lloré, no te asustes: también sé llorar de placer). Estuvimos horas detenidos, electrocutados, siendo sólo lo que éramos. Ni más ni menos de lo que éramos. Haciéndonos caso.

Luego te llevé al mar.

Supe que tenías sed. Pero supe, también, que tu boca es un barco inmóvil que no se sacia nunca. Tú del mar no sabías nada. El mar de mí lo sabe casi todo. Te dejé en la orilla y me senté a observar sobre una duna que nunca cambió de sitio; no quise despedirme otra vez. Sabía que volveríamos a vernos.

 

(…)

 

El mar.

El mar dentro de la boca del hombre se había convertido en cuerpo. Por la mañana era un cuerpo celeste y por las tardes el cuerpo del delito. Toda la noche en cuerpo de guardia y convertido en ejército cuando el hombre tenía frío, o prisa, o sexo. Nada dentro de ese hombre sería nunca un cuerpo simple. Pero todo en cuerpo y alma. Y cuerpo a cuerpo el mar y el hombre hicieron tributos al amor de los elementos y se tragaron el uno al otro. El mar sabía que si recorría las glándulas, las vísceras, los tejidos y las dichas del hombre, terminaría tarde o temprano fuera de él, siendo expulsado por cualquier orificio. Y así lo aceptó. Mejor ser expulsado para poder ser más tarde bienvenido que permanecer siempre en el mismo lugar, haciendo huella a base de callos. Así que cuando el hombre llegó a Sevilla y decidió tragarse a sí mismo, el mar fue dócil y pasó por su laringe, el estómago lo convirtió en desembarco y el intestino y las venas fueron ríos y afluentes y deltas y sitios misteriosos pero hospitalarios. El mar sabio como el hombre necio. Los peces le salieron por los ojos y se chocaron contra sus gafas, y en vez de barba le crecieron algas.

 

El hombre.

Glub, dijo, y respiró tan hondo como le permitieron sus pulmones encharcados.

Y siguió caminando, como el puerto marítimo que ya, evidentemente, era.

 

Cuatro veces fuego. Lara Moreno. Tropo Editores. Zaragoza, 2008. 264, en prensas.

 

TED HUGHES: LA TRÁGICA TIRANÍA DEL POETA LAUREADO

TED HUGHES: LA TRÁGICA TIRANÍA DEL POETA LAUREADO

[El siete de septiembre de 2006, la excelente periodista Lourdes Gómez, corresponsal de El País en Inglaterra, publicaba este reportaje sobre las complicadas relaciones amorosas del sedutor Ted Hughes, que derivaron en la tragedia de Sylvia Plath y en la de Assia Wevill, que murió seis años después del mismo modo que la autora de Ariel: abriendo la llave del gas, aunque con ella falleció su hija Shura. El reportaje es sumamente interesante y explica la compleja personalidad de Hughes también: era como un océano desmelenado e incontenible ante la frágil y bipolar Plath, ante la desbordada Assia, prisionera de un amor imposible o con demasiadas aristas… El reportaje, como digo, apareció en El país.]

 

Assia Wevill, la mujer por la que el poeta Ted Hughes dejó a la suicida Sylvia Plath, y que también acabaría abriendo la llave del gas para acabar con su vida, escribió en su diario: "Sylvia está creciendo en Ted, enorme y espléndidamente. Yo me encojo cada día, mordisqueada por ambos".

La gran poetisa estadounidense Sylvia Plath, su marido, el también gran poeta británico Ted Hughes, y la amante de éste, Assia Wevill, compusieron un triángulo de muerte. La sombra de Sylvia Plath, que se suicidó en febrero de 1963, dos años después de que Hughes la abandonara por Assia Wevill, nubló la íntima relación de ésta con el poeta. Y la tragedia volvió a repetirse la noche del 25 de marzo de 1969, cuando la amante de Hughes dejó abierta la llave del gas de su piso de Londres y murió, llevándose también la vida de la hija de ambos, Shura. Una reciente biografía desempolva detalles de la tormentosa trayectoria de ambos y revela el tiránico régimen de convivencia que le exigió el controvertido poeta laureado británico.

Los vértices de un triángulo maldito se unieron en 1961, año en que se conocieron las dos parejas, la compuesta por Ted Hughes y Sylvia Plath y la que formaban David Wevill, también poeta, y su mujer Assia Wevill. Ésta tenía 34 años y una larga experiencia en cuestiones de amor y de supervivencia. Había huido con su familia de la Alemania nazi para instalarse en Tel Aviv, donde conoció a su primer marido, el sargento británico John Steel. Se casaron en 1946.

De una belleza "salvaje", Assia Wevill era una mujer independiente y con fama de salirse siempre con la suya. Licenciada en Literatura por la Universidad de Vancouver, escribía poemas y trabajaba en una agencia de publicidad. En una travesía desde Canadá, en 1960, conoció a David Wevill y rehízo con él su vida en Londres. Hasta tropezar con Hughes.

"Voy a seducir a Ted", anunció a su jefa publicista la víspera de visitar a Hughes y Plath en su caserío de Devon. Fue el principio de la cuesta abajo que detallan con precisión los periodistas israelitas Yehuda Koren y Eilat Negev en A lover of unreason: the life and tragic death of Assia Wevill (Un amante de la sinrazón: la vida y trágica muerte de Assia Wevill). Para construir la biografía, los coautores entrevistaron a 70 amigos, conocidos y familiares de Assia. También hablaron con Hughes un año antes de que muriera de cáncer en 1998. Tuvieron además acceso a los diarios, cartas personales y una nota de suicidio que escribió a su padre, el médico Lonya Gutman.

Assia Wevill se sintió atormentada con el suicidio en Londres de Sylvia Plath. Creía que los íntimos de la poetisa le culpaban de destrozar su matrimonio con Hughes. "La hostilidad y el afilado desprecio de los amigos de Ted son a veces insoportables", confesó a su hermana Celia Chaikin. La sombra de Plath se entrometió en la relación. La poetisa había dejado sin concluir una colección de poemas, el aclamado volumen Ariel, que reordenó su viudo. Hughes, en cambio, destruyó el diario personal para evitar que lo leyeran sus dos hijos, Frieda y Nicholas. También "perdió o hizo desaparecer", según se afirma en la biografía, el manuscrito de una segunda novela que preparaba Plath en 1963. Koren y Negev aseguran que Assia Wevill leyó ambos manuscritos y que enfureció al verse retratada entre líneas como "mujer gélida y árida".

"Sylvia está creciendo en Ted, enorme y espléndidamente. Yo me encojo día a día, mordisqueada por ambos. Me comen", escribió en su diario. "Llevamos cinco días viviendo en paz", añadió en junio de 1963, "el periodo más largo desde que murió Sylvia". La desaparecida poetisa anulaba la autoestima de Assia Wevill y le arrastraba hacia el abismo. Y, como antes había experimentado Plath, también a ella le comían los celos. Una de las amantes de Hughes, la asistenta social Brendan Hedden, confirma su fama de mujeriego y sus infidelidades: "Nos mantenía a una agradable distancia: Assia, en Londres, Carol Orchard [su futura segunda esposa] en North Tawton, y yo en Welcome.... Éramos las gallinas en el corral compitiendo por los favores del gallo". Mientras, la relación entre Wevill y Hughes estaba a punto de explotar. Para restaurar la armonía, el poeta propuso un código de conducta, englobado en un "borrador de constitución", que parece un manual de tiranía doméstica. De acuerdo con la biografía, Hughes exigió a su amante y madre de su hija Shura que jugara con Frieda y Nicholas, fruto de su matrimonio con Plath, que vivían con la pareja, al menos una vez al día. También debía enseñarles alemán dos o tres horas a la semana. Y cocinar una nueva receta cada semana e introducir a Frieda en el arte culinario. "Él estaba exento de cocinar", señalan los coautores.

Además, Assia Wevill debía levantarse a las ocho de la mañana y no podía andar en bata por la casa. Tenía prohibido echarse siesta por la tarde. También debía mejorar su comportamiento, mostrarse agradable con los amigos del patrón y proyectar su herencia alemana e israelí, olvidándose de cualquier sofisticación británica. "Una exigencia extraordinaria para quien llevaba 20 años viviendo en Inglaterra", observan los coautores.

Poco se sabe de la reacción de Assia Wevill a la constitución de su amante. Pero la distancia, física y sentimental, se agrandaba día a día. "Quiero estar contigo. No lo retrases mucho, querido, porque no me será posible retornar a ti. Me habré convertido en una estatua de sal", amenazó la desesperada mujer. Y a su familia le confesó: "Me siento suicida". No era la primera vez que la depresión y desilusión bloqueaban su espíritu. El propio Hughes trató de explicar la situación en una carta: "Nuestra vida se complicó tanto con los viejos fantasmas... Me ponía a prueba repetidamente, diciendo que debíamos separarnos... Era una mala costumbre, parte de nuestras viejas dificultades, y cuando me lo repitió por teléfono ese último día, no me resultó nada nuevo".

Hughes y Wevill riñeron la mañana del 25 de marzo de 1969. Al anochecer, Assia llevó una cama a la cocina. Acostó en ella a Shura, de cuatro años. Preparó un combinado de alcohol y pastillas de dormir. Encendió el gas del horno. Y se tumbó en el colchón junto a la pequeña. La au pair descubrió horas después sus cadáveres. En una mesa encontró dos cartas dirigidas al padre y al amante de la suicida.

Seis años antes, Sylvia Plath se había suicidado en circunstancias similares. Pero no se llevó a sus hijos, que dormían en la misma casa. Les dejó leche y galletas por si tenían hambre al despertar.

"La muerte de mi primera mujer fue complicada e inevitable. Llevaba en esa pista la mayoría de su vida. Pero la de Assia Wevill pudo evitarse. Su muerte estaba totalmente bajo su control, y fue el resultado de su reacción a la acción de Sylvia", señaló Hughes a los coautores. A Assia y Shura Wevill les dedicó su libro Cuervo, de 1971, además de otra docena de poemas. Aquejado de cáncer, fue desnudando el tormento interior acumulado desde el suicido de Plath en Cartas de cumpleaños, su impactante colección de versos publicada en 1998.

 

*Una foto de Assia Wevill, con su hija Shura, con Ted Hughes.

 

SYLVIA PLATH: PALABRAS PARA UNA DOLOROSA VIDA

SYLVIA PLATH: PALABRAS PARA UNA DOLOROSA VIDA

SYLVIA PLATH (Boston, 1932- Londres, 1963)

Nacida en el barrio de Jamaica Plain de Boston en 1932, Plath mostró gran talento a una edad temprana, al publicar su primer poema con 8 años. Su padre, Otto, que era profesor de universidad y una autoridad en el campo del estudio de la entomología, murió en esa época, el 5 de octubre de 1940. Ella intentó seguir publicando poemas y cuentos en revistas estadounidenses y consiguió cierto éxito.

En su primer año en la universidad de Smith College, Plath realizó el primero de sus intentos de suicidio. Esto lo detalló más tarde en su novela semi-autobiográfica La campana de cristal (The Bell Jar). Fue tratada en una institución psiquiátrica (Hospital McLean) y pareció recuperarse aceptablemente, tras lo que se graduó con honores, en 1955.

Plath obtuvo una beca Fulbright (que permite estudiar o colaborar en universidades extranjeras), por lo que fue a la Universidad de Cambridge, donde continuó escribiendo poesía y ocasionalmente publicaba su trabajo en el periódico universitario Varsity. Fue en Cambridge donde conoció al poeta inglés Ted Hughes. Se casaron el 16 de junio de 1956. Plath y Hughes vivieron y trabajaron en Estados Unidos desde julio de 1957 hasta octubre de 1959, periodo durante el cual Plath daba clases en Smith College. Posteriormente se mudaron a Boston, donde Plath asistió a seminarios con Robert Lowell. Este curso tuvo una gran influencia en sus obras. También participaba en los seminarios Anne Sexton. Fue en este periodo cuando Plath y Hughes conocieron, por primera vez, a W. S. Merwin, quien admiraba su trabajo y llegó a ser un gran amigo. Al enterarse que Plath estaba embarazada, volvieron al Reino Unido.

Vivió junto con Hughes en Londres durante un tiempo, y después se asentaron en North Tawton, un pequeño pueblo en Devon. Publicó su primera recopilación de poesía, El coloso (The Colossus) en Inglaterra en 1960. En febrero de 1961 tuvo un aborto. Algunos de sus poemas hacen referencia a este hecho. Tuvieron problemas con su matrimonio y se separaron menos de dos años después del nacimiento de su primer hijo. Su separación se debió sobre todo a la aventura amorosa que Hughes tenía con la poetisa Assia Wevill, pero hay quienes especulan que Olwyn Hughes, hermana del poeta, interfirió de manera decisiva en su relación.

Plath retornó a Londres con sus hijos, Frieda y Nicholas. Alquiló un piso donde W. B. Yeats vivió una vez; esto le encantaba a Plath y lo consideró un buen presagio cuando comenzaba el proceso de su separación. El invierno de 1962/1963 fue muy duro. El 11 de febrero de 1963, enferma y con poco dinero, Plath se suicidó asfixiándose con gas. Está enterrada en el cementerio de Heptonstall, West Yorkshire.

Aunque durante mucho tiempo se consideró que sus repetidas depresiones e intentos de suicidio se debieron a la muerte de su padre cuando ella contaba nueve años, pérdida que nunca logró superar, hoy se sabe con certeza que padecía trastorno bipolar, enfermedad psicológica que en la actualidad tiene adecuado tratamiento.

 

*Epígrafe sobre la vida de Sylvia Plath en Wikipedia. Como decía Sergio Grao en un comentario, la autora de La campana de Cristal nació en Boston y murió en Londres, de ese modo tan espantoso. Ted Hughes, con el paso de los años, se convirtió en uno de los grandes poetas anglosajones.

**Aquí vemos a Sylvia Plath con su máquina de escribir.

 

 

PILAR PERIS: DOS POEMAS PARA LA EXPO EL DOMINGO

PILAR PERIS: DOS POEMAS PARA LA EXPO EL DOMINGO

 

[Pilar Peris, profesora de música y poeta con música, me escribe esta nota: “Ya estamos en la recta final del verano y del ciclo Los poetas tienen la palabra. Me encantaría que pudieras pasarte el día 24, domingo, por el pabellón de Zaragoza en la Expo, hora, 5 de la tarde. Es el día del barrio Miralbueno, del que hablaré. También leeré algunos poemas inéditos de mi nuevo libro en gestación”.

Le pido dos poemas, y me envía estos dos.]

 

 

 

 

Las palabras no suplen tu ausencia.

Anudan nuestro desasimiento oblicuo y lo trenzan.

Taladran el vacío. Ahondan la huella

infructuosamente.

 

¿A dónde irá el mágico triángulo de tu sonrisa

inscrito en mi frente como inmaterial vestigio?

¿A dónde la comisura equilátera de tus labios

sedienta de mi pozo núbil y abstruso?

¿A dónde la suavidad de tus manos

abiertas como conchas

para sostener mi cabeza?

¿A dónde las volutas desplegadas por el éxtasis

en los capiteles desconchados del alma?

 

Oh! Noche oscura,

cuerpo desprendido como rama a merced del agua.

Del goce desgajado en incauta y meliflua llama.

Inabordable como la distancia que nos separa.

No vayas a llorar desde tu ser ficticio.

No quieras enderezar el zigzagueo de la flecha.

El amor amortigua lo que el deseo desordena.

 

Canta. Estamos vivos.

La vida me vive en el poema,

y sólo ahí te puedo amar.

 

Sólo la voz sondea aquello que nos surca,

la savia que el árbol no puede compartir,

las cumbres que desligan bosques y montañas.

 

Sólo la voz alcanza

la ingravidez que me realiza y

me devuelve con el canto tu belleza.

 

Oh! Noche, líbrame de la mirada.

Dame la voz plena que salve a Eurídice de Orfeo.

 

                                   (The dark nigth of the soul)

 

 

 

III

 

 

                                          Todo hombre tendría que anhelar ser                                     desdichado para preservar a otro de la desdicha.   

                               E.M CIORAN

 

 

 

 

 

Doy la espalda al fuego y

a la lumbre incandescente

sin fondo y sin fisura

que anega  en oleadas

mi paisaje interior.

 

Y en el éxtasis que brota

de esta infinita amargura

mi sufrimiento te preserva,

ama y celebra tu existir.

 

Pues sólo así

la encarnizada jauría

del infortunio y la desdicha

resarcirá su sed en

mi cruenta y

descarnada llaga.

 

Lejos de tu arnés y

de la artesa

que orna

el umbral de tu casa.

 

 

* Ilustración: (Santa Bárbara del maestro de Flemalle)

 

 

 

 

 

 

DOS NOTAS SOBRE LOS POEMAS

"The dark nigth of the soul" hace referencia a una canción de Lorena Mckennitt con ese título cuya letra de la canción está basada en el célebre poema de San Juan de la Cruz.

 

El otro toma como motivo una tabla flamenca del año 1438 que se encuentra en el Museo del Prado atribuida a Robert Campin, llamado maestro de Flémalle, que representa a Santa Bárbara leyendo, de espaldas a la lumbre del hogar. Es el único que, de nuevo, como en mi libro anterior, se basa en una imagen. No pude resistirme.