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Antón Castro

Escritores

MARÍA ZAMBRANO: RAZONES DE LA ESCRITURA

MARÍA ZAMBRANO: RAZONES DE LA ESCRITURA

“Escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que sólo brota desde un aislamiento efectivo, pero desde un aislamiento comunicable, en que, precisamente, por la lejanía de toda cosa concreta se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas.”

“Mas las palabras dicen algo. ¿Qué es lo que quiere decir el escritor y para qué? ¿Para qué y para quién?


Quiere decir el secreto; lo que no puede decirse con la voz por ser demasiado verdad; y las grandes verdades no suelen decirse hablando. La verdad de lo que pasa en el secreto seno del tiempo, en el silencio de las vidas, y que no puede decirse. “Hay cosas que no pueden decirse”, y es cierto. Pero esto que no puede decirse, es lo que se tiene que escribir.


Descubrir el secreto y comunicarlo, son los dos acicates que mueven al escritor.”

“El que escribe, mientras lo hace necesita acallar sus pasiones, y, sobre todo, su vanidad. La vanidad es una hinchazón de algo que no ha logrado ser y se hincha para recubrir su interior vacío."

“Lo que se publica es para que algo, para que alguien, uno o muchos, al saberlo, vivan sabiéndolo, para que vivan de otro modo después de haberlo sabido, para librar a alguien de la cárcel de la mentira, o de las nieblas del tedio, que es la mentira vital.“

    MARÍA ZAMBRANO (Del artículo Por qué se escribe, Revista de Occidente, junio de 1934).

*Aquí vemos a María Zambrano con Luis Cernuda y otro amigo.

 

LEZAMA LIMA Y PIÑERA, UNO Y MEDIA*

LEZAMA LIMA Y PIÑERA, UNO Y MEDIA*

LEZAMA, PIÑERA Y VICEVERSA


Llama la atención que dos personas tan iguales puedan ser al tiempo tan diferentes, como si uno fuera la imagen misma del otro, pero reflejada en un espejo deformante. Negativo y foto, moneda y troquel: Lezama carnívoro, Piñera vegetariano; Lezama fumador de puros, Piñera de cigarrillos; Lezama, traje y corbata, Piñera, camisa de manga corta; Lezama, barroco, Piñera marginal.

Lezama, gordo, fofo, panzudo y desorbitado, tenía un pelo negro lleno de brillos como una sotana usada; Piñera no, era tan flaco que ni siquiera dejaba huellas en la arena de la playa. Lezama acumulaba en su casa centenares de libros, metidos en vitrinas, en estanterías, amontonados en la mesa de su despacho; Piñera no, los leía y después los regalaba, o los prestaba sabiendo que no los iban a devolver, y nada en su casa hacía pensar que se tratara de un escritor. Lezama vivió siempre en el mismo piso de la calle Trocadero, un primero con balcón a la calle que era una embajada de sí mismo, el lugar donde recibía a los jóvenes poetas que le llamaban maestro, y donde lo visitaban los escritores que llegaban a La Habana. Piñera vivió en decenas de casas, que más que casas eran en realidad habitaciones, chamizos, cuartos de los que se mudaba de un día para otro, arrastrando escasamente un hatillo de ropa, una vajilla mínima y una vieja máquina de escribir que andaba luego rodando por los rincones, como abandonada. No, no se parecían: Lezama era Lezama para todos, menos para su madre, que siempre le llamó Joselín –allí grueso y enorme-, mientras que a Piñera todo el mundo le llamaba Virgilio, menos la policía. Hasta su común homosexualidad les hacía diferentes, porque a uno le gustaban los amores angelicales, a Lezama, y a otro los rudos campesinos de la zafra, los descargadores de músculos sudorosos, a Virgilio, que duraban en su cama lo justo para el placer.


Así que acumularon bilis, con el tiempo, miradas recelosas, adjetivos punzantes, y un día se pelearon. Habían estado los dos, al parecer, en el Lyceum and Lawn Tennis Club (sin comentarios) y allí saltó la chispa de la desavenencia, de modo que acabaron en la calle. El enorme Lezama, y el pequeño Virgilio, como David y Goliat, amenazándose con partirse la cara, o la nariz, con ponerse un ojo morado, romperse un brazo o molerse a palos. Hasta que Virgilio saltó un seto, y se introdujo en un cercano jardín, desde donde comenzó a tirar piedras a Lezama, que le señalaba amenazante con su dedo regordete probablemente anillado. Y aquello fue un listado de amenazas: “Virgilio, te voy a pegar”, y de guijarros que rebotaban en la acera, y que Lezama esquivaba con pequeños, ridículos saltitos que los niños jaleaban al grito de “¡Gordo! ¡Gordo!”, que era de las peores cosas que se le podían llamar. No se hablaron durante años. Uno se volvió, rojo de ira, a casa, y el otro, tal vez arrepentido, a la Argentina. 

Años después, Lezama escribió una inmensa novela que hay que transitar con serpa y botella de oxígeno, como las cumbres nevadas del Himalaya. Paradiso, una fiesta de palabras –adjetivos y adverbios- que surgen en torrente, enganchándose unas a otras como las cerezas. Se cuenta que escribía a última hora de la tarde, o de madrugada, cuando el asma le impedía dormir, en su despacho caótico lleno de libros, y fotos y tabaqueras, justo al lado de la cocina, porque le gustaba trabajar con el olor cercano de la comida, cada vez más prisionero de su gordura, del tabaco, del cansancio y las canas.


Piñera, no. Cuando lo detuvieron, tras la Revolución, un día que iba por la playa vestido con unos pantalones cortos, chanclas y camiseta, pidió a la policía, muerto de miedo, que le dejaran cambiarse. Lo acusaron de atentado contra la moral, entre otras cosas. Y ahí anduvo, ingrávido, refugiado, escondido, oculto y recóndito, asustado y pálido hasta casi su muerte. Los últimos años sólo fue una sombra incolora de sí mismo. Cuando un periodista visitó la casa del amigo que lo había acogido, y lo entrevió, el dueño lo señaló con disimulado afecto, y dijo: “Ése fue Virgilio Piñera”. Legó para la historia de la literatura un verso: “La maldita circunstancia del agua por todas partes, me obliga a sentarme en la mesa del café”, y otros cuatro libros más. Tal vez cinco.    

[Éste es uno de los textos de Jesús Marchamalo del libro 39 escritores y medio, que publicó en Siruela, en coedición con el Instituto Cervantes, en 2006. El libro me acompañaba desde entonces, pero ayer el autor me lo dedicó en la plaza (misma) de Santa Marta hacia las cuatro de la tarde con su firma y un sombrero, poco después de recordar que una vez, quizá en Santander, José Hierro le dedicó uno de sus libros con algo de tinta y un poco de café que se extendió por una página inicial como un helecho arborescente. Simultáneamente, Isidro Ferrer nos dedicaba su catálogo de manera semejante: a mí me pintó un raro pez y a él otro animal extraordinario. Esta foto, ya de paso, pertenece a la página web de cubaliteraria dedicada al gran narrador y dramaturgo Piñera, tan perseguido y maltratado por Fidel Castro y el propio Che Guevara, y se titula "Lunes de la revolución, 1961".]

 

SOLPOR: MEMORIA E MAR DE ÁLVAREZ BLÁZQUEZ

Na Fotobiografía de Xosé Manuel Álvarez Blázquez (Xerais, 2008), tan emocionante, o escritor e fillo do gran polígrafo Alfonso Álvarez Cáccamo narra a visita que recibiron os seus pais, Xosé María e María Luisa, do poeta Xoán Vidal, un vello amigo. Foi o 29 de agosto de 1982, en Coruxo. Despois da despedida de Vidal, “Xosé María e María Luisa baixaron á orela do mar e pasearon coas mans collidas. Xa na casa, escribiu un dos máis hermosos poemas da nosa lírica, no que Xosé María Álvarez Blázquez fala do paso do tempo con serena señardade, máis tamén é un canto ao sentimento intemporal ao amor verdadeiro”.

 

SOLPOR

 

A Xoán Vidal, en lembranza da súa visitas

Ao meu lar de Coruxo

 

Xa non é tempo de falar das rosas,

soños, amores, vida que pasou.

Agora chegan voces vagarosas

i eu, nun besbello, lles respondo: Vou…

 

Nin verso acedo nin amarga queixa.

De qué nos han valere, miña amiga!

Imos desengrellando esta madeixa

con lástima de nós e con fadiga.

 

Os fillos… Xa alá agarda a nosa prenda

-luz dos días abertos e louridos-

Os fillos! Santo e seña da contenda,

eles dediante e nós atrás, feridos.

 

Pousaremos os pés na branca area

mentres o día no solpor devala.

Nin ti ouces xa a o balbordo da marea

nin teño eu ansias de prender a fala.

 

Silandeiros os dous, de mans collidas,

imos devagariño pola praia,

de par en par os pasos, como as vidas…

A luz do sol, sobre do mar, esmaia.

 

Coruxo, 29 de agosto de 1982

*A fotografía titúlase "Tres belezas" e está firmada por Edward Quinn.

BRIGITTE REIMANN: UNA REVELACIÓN DE BARTLEBY

BRIGITTE REIMANN: UNA REVELACIÓN DE BARTLEBY

Novedades Narrativa Bartleby - Septiembre 2008

Brigitte Reimann
Los hermanos
Traducción del alemán y prólogo de Ibon Zubiaur

"Brigitte Reimann fue un prodigio efímero en la literatura de la RDA y uno de los mayores talentos narrativos de la posguerra alemana. Vivió apasionadamente y apenas llegó a encauzar su búsqueda: falleció a los 39 años triturada por el cáncer. Sus novelas causaban furor entre una juventud que no reconocía sus problemas en la línea oficial del realismo socialista; la honestidad y el compromiso con que ella los afrontaba desarmaba a las autoridades, y el propio Walter Ulbricht terminó por ensalzarla como ejemplo de crítica estimulante. Los hermanos, novela aparecida en 1963 (poco después de la construcción del Muro de Berlín), es la respuesta de Brigitte Reimann a su propio drama familiar y al problema que impidió hacer de la RDA otra cosa que un estado fantasmal: la huida masiva de sus ciudadanos a Occidente. Casi cinco millones de personas abandonaron el país a lo largo de sus cuarenta años de existencia (tantos como la población de Finlandia); esta sangría incontenible fue desde luego un problema económico de primer orden, pero también, y sobre todo, implicaba un cuestionamiento moral e identitario. Brigitte Reimann sufrió la huida de su hermano Lutz (al que adoraba en un grado que impregna casi toda su obra) y se lanzó inmediatamente a escribir una novela a modo de exorcismo: no tuvo empacho en citar frases enteras de las cartas de su hermano ni en entremezclar la historia con sus propias dificultades personales e ideológicas en el complejo industrial Schwarze Pumpe, donde trabajaba a la sazón. El resultado le valió a la autora el premio Heinrich Mann (la más alta consideración literaria de la RDA) y el reconocimiento de toda una generación de lectores, que tan sólo atenuarían su temprana muerte y el silenciamiento por parte de un régimen anquilosado y descontento con el creciente criticismo de la escritora". IBON ZUBIAUR

 

La publicación de la novela de Brigitte Reimann, autora cuya obra es por vez primera traducida al castellano y publicada en España, viene a ampliar el espacio que en otras artes se ha abierto al conocimiento de la realidad cotidiana de la antigua Alemania del Este: Los hermanos complementa y enriquece, desde la literatura, la aportación de películas de indudable calidad y repercusión pública, como Goodbye Lenin o La vida de los otros, a ese alumbramiento. El talento de Brigitte Reimann para aunar la peripecia individual con el destino colectivo hace de esta novela un monumento intemporal.

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Los hermanos

Colección: Narrativa Bartleby

Traducción y prólogo de Ibon Zubiaur

Págs: 180

"PAPI": TRADUCCIÓN DE UN POEMA DE SYLVIA PLATH

"PAPI": TRADUCCIÓN DE UN POEMA DE SYLVIA PLATH

[Bartleby Ediciones, de Pepo Paz, está a punto de publicar la Poesía Completa de Sylvia Plath, la primera vez que se traduce en el ámbito hispanohablante y la segunda en todo el mundo. El poeta Xoán Abeleira es el encargado de la traducción. Desde A Coruña nos envía este poema, “Daddy”, con una ilustración suya.]

 

PAPI

 

 

Tú ya no, tú ya no

Me sirves, zapato negro

En el que viví treinta años

Como un pie, mísera y blancuzca,

Casi sin atreverme ni a chistar ni a mistar.

 

Papi, tenía que matarte pero

Moriste antes de que me diera tiempo.

Saco lleno de Dios, pesado como el mármol,

Estatua siniestra, espectral, con un dedo del pie gris,

Tan grande como una foca de Frisco,

 

Y una cabeza en el insólito Atlántico

Donde el verde vaina se derrama sobre el azul,

En medio de las aguas de la hermosa Nauset.

Yo solía rezar para recuperarte.

Ach, du.

 

En tu lengua alemana, en tu ciudad polaca

Aplastada por el rodillo

De guerras y más guerras.

Aunque el nombre de esa ciudad es de lo más corriente.

Un amigo mío, polaco,

 

Afirma que hay una o dos docenas.

Por eso yo jamás podía decir dónde habías

Plantado el pie, dónde estaban tus raíces.

Ni siquiera podía hablar contigo.

La lengua se me pegaba a la boca.

 

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.

Ich, ich, ich, ich,

Apenas podía hablar.

Te veía en cualquier alemán.

Y ese lenguaje tuyo, tan obsceno.

 

Una locomotora, una locomotora

Silbando, llevándome lejos, como a una judía.

Una judía camino de Dachau, Auschwitz, Belsen.

Empecé a hablar como una judía.

Incluso creo que podría ser judía.

 

Las nieves del Tirol, la cerveza rubia de Viena

No son tan puras ni tan auténticas.

Yo, con mi ascendencia gitana, con mi mal hado

Y mi baraja del Tarot, y mi baraja del Tarot,

Bien podría ser algo judía.

 

Siempre te tuve miedo: a ti, a ti

Con tu Luftwaffe, con tu pomposa germanía,

Con tu pulcro bigote y esa

Mirada aria, azul centelleante.

Hombre-pánzer, hombre-pánzer, Ah tú…

 

No eras Dios sino una esvástica

Tan negra que ningún cielo podía despejarla.

Toda mujer adora a un fascista,

La bota en la cara, el bruto

Bruto corazón de un bruto como tú.

 

Mira, papi, aquí estás delante del encerado,

En esta foto tuya que conservo,

Con un hoyuelo en el mentón en lugar de en el pie,

Mas sin dejar por eso de ser un demonio,

El hombre de negro que partió

 

De un bocado mi lindo y rojo corazón.

Yo tenía diez años cuando te enterraron.

A los veinte intenté suicidarme

Para volver, volver a ti.

Creía que hasta los huesos lo harían.

 

Pero me sacaron del saco

Y me amañaron con cola.

Y entonces supe lo que tenía que hacer.

Creé una copia tuya,

Un hombre de negro, tipo Meinkampf,

 

Amante del tormento y la tortura.

Y dije sí, sí quiero.

Pero, papi, esto se acabó. He desconectado

El teléfono negro de raíz, las voces

Ya no pueden reptar por él.

 

Si ya había matado a un hombre, ahora son dos:

El vampiro que afirmaba ser tú

Y que me chupó la sangre durante un año,

Siete años, en realidad, para que lo sepas.

Así que ya puedes volver a tumbarte, papi.

 

Hay una estaca clavada en tu grueso y negro

Corazón, pues la gente de la aldea jamás te quiso.

Por eso bailan ahora, y patean sobre ti.

Porque siempre supieron que eras tú, papi,

Papi, cabrón, al fin te rematé.

 

 

12 de octubre de 1962

Traducción de Xoán Abeleira

 

CARTIER & SARRÍA: UNA INSTANTÁNEA Y UN POEMA

CARTIER & SARRÍA: UNA INSTANTÁNEA Y UN POEMA

[Fernando Sarría, el poeta que alimenta varios blogs de poesía y música y fotografía, sigue escribiendo poemarios. Tras su primera publicación, El error de las hormigas (Eclipsados, 2008), ha iniciado una nueva línea, y este texto es una muestra de su apuesta por la contención y la búsqueda de nuevas imágenes.]

 

 

Cauro viento.

El ángaro se enaltece en tu prolijo impulso.

 

Febril noche donde tus labios se reposan.

Visito tus silencios, tu hábitat nevado.

 

Vasija a vasija, el barro se recreó en mí.

Yo nunca fui de bronce.

El hierro me oxidó como a los barcos la humedad del tiempo.

 

En tu saliva hay viejas historias.

Tus labios nunca mienten cuando me arrastran lejos.

 

Eres un viaje cercando una bahía.

Protejo el borde extremo de mi deseo.

Dársena donde las brújulas se sinceran

y duermen en las manos de Ulises.

 

Amar es respirarte.

Un hábito de luces cubre mi rostro.

Soy un astro sin luz cuando te alejas.

 

Las drizas cabalgan.

Los mástiles se conmueven y te nombran.

Al oeste el sol es un ser habitado por la calima.

Sabara derramada en los pliegues del horizonte.

 

Gaviotas azules remontan el cielo.

Duermen en el viento.

Cantan su dolor de sangre.

 

Ahora soy el faro.

¿Acaso no llega a ti el calor de mi mano?

 

 

 

Una de las fotos más veraniegas y voluptuosas de Henri Cartier-Bresson. La tomó en Italia.

FOTOBIOGRAFÍA DE XOSÉ MARÍA ÁLVAREZ BLÁZQUEZ

FOTOBIOGRAFÍA DE XOSÉ MARÍA ÁLVAREZ BLÁZQUEZ

En ese viaje urgente a Galicia no tuve tiempo ni de visitar la muestra de Paul Strand. No quería regresar sin un ejemplar de la Fotobiografía de Xosé María Álvarez Blázquez que publicó Xerais, el poeta y polígrafo a quien se le dedicó el Día das Letras Galegas de 2008. Desde muy joven he sido seguidor de Álvarez Blázquez: lector de sus poemas, de sus monografías de poesía, de sus textos sobre Vigo, y he sido un admirador de los libros que publicaba en Monterrey y, sobre todo, en Castrelos, que ha sido con Galaxia, la editorial de mi juventud. Conservo sus libros como oro en paño: los leo, los repaso, y con ellos repaso mi vida, mis lecturas en gallego, aquellos días lejanos en los que soñaba en escribir en gallego, y lo hacía, secretamente, en cuadernos, en folios, en un ático de la calle Las Armas 138.

 

El libro es estupendo. Quizá las fotos no sean tan buenas como las de otros, pero se percibe el universo de Álvarez Blázquez: su relación con Galicia y el mar, su interés por la poesía medieval, sus juegos literarios (publicó Cancionero de Monfero como si fuese un libro perdido de los trovadores galaico-portugueses, aquellos primorosos poetas a los que quizá no conozca George Steiner; publicó Roseira do teu mencer, en homenaje a su hija Colorín, publicó su obra maestra probablemente: Canle segredo), su curiosidad intelectual, su compromiso con la izquierda, la carga literaria de la estirpe, la relación con sus hermanos, sus historia de amor y complicidad con María Luisa Cáccamo, de ascendencia italiana y tan bella y elegante… Álvarez Blázquez, curiosamente, publicó en 1943 una pequeña novela policíaca en Zaragoza: El crimen de la Isla Verde, que apareció en la revista Letras, 1941.

 

Algunos años después, entraba ya o en la librería Hesperia de la plaza de Los Sitios y descubría allí una sección de libros en gallego: eran de Castrelos en su mayor parte. Iba casi todas las semanas y los compraba poco a poco. Al cabo de un par de meses, aquella sección menguó notablemente.

 

Los pies de fotos, ampliamente comentados, casi la novela visual de una vida, son de Alfonso Álvarez Cáccamo, y hay dos textos complementarios, uno de Xosé María Álvarez Cáccamo (el excelente poeta Pepe Cáccamo, también escritor de bellos relatos infantiles, editado entre nosotros por Olifante), y otro de Darío Xohán Cabana, poeta, traductor, narrador y colaborador de Álvarez Blázquez, que es el padrino de su hija Alexandra.

WILLIAM SAROYAN CUMPLE CIEN AÑOS EN DOMINGO

WILLIAM SAROYAN CUMPLE CIEN AÑOS EN DOMINGO

El próximo domingo 31 de agosto se conmemora el centenario del nacimiento de William Saroyan, autor norteamericano de origen armenio que alcanzó gran popularidad durante los años treinta y cuarenta del siglo XX. Autor de novelas, relatos, piezas de teatro y artículos periodísticos, Saroyan se dio a conocer principalmente por sus narraciones ambientadas en la época de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. En 1934 dio el salto a la fama con el compendio de relatos El joven audaz sobre el trapecio volante, incorporándose al grupo de escritores americanos –Dos Passos, Steinbeck, Thornton Wilder- que mejor supieron escribir sobre aquellos años. En 1940 escribió uno de los clásicos del teatro americano; The Time Of Your Life, con el que ganó el premio Pulitzer. De 1940 también es la colección de relatos Me llamo Aram, inspirados en los años de infancia y juventud pasados en Fresno (California) entre 1915 y 1925. Durante la Guerra, Saroyan escribió dos de sus mejores novelas; La comedia humana (1943) y Las aventuras de Wesley Jackson (1946). Acantilado inició en 2004 la publicación de toda la obra narrativa de Saroyan con El joven audaz sobre el trapecio volante. Otros títulos publicados hasta el momento son La comedia humana (2005), Me llamo Aram (2005), Las aventuras de Wesley Jackson (2006) y Cosa de risa (2008).

*La foto es de Ferdinando Scianna.

 

 

"Saroyan escribió relatos bellísimos. Lo leí de joven y me marcó definitivamente." Jack Kerouac

 

 

"Fueron los relatos de Saroyan los que me abrieron los ojos a la literatura norteamericana." Kingsley Amis