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Antón Castro

Escritores

ROBERTO RODÉS: GRABAR POESÍA

ROBERTO RODÉS: GRABAR POESÍA

“Oír a algunos

poetas es como

si tu equipo

de fútbol

marcara un gol”

 

 

“Los poetas deben

escribir buena

poesía e impregnar a la

sociedad con su arte”

 

“Aragón no debe

mimar de una

forma especial

a sus poetas”

 

ENTRADILLA

“He nacido en Zaragoza en 1959 y mi ocupación profesional son las Telecomunicaciones”, confiesa Roberto Rodés, responsable de booksmovie, dedicado a la grabación de poesía.

 

 

Antón CASTRO

-¿En qué consiste The Booksmovie?

Es una web de poesía recitada que se enmarca en lo que se denominan las tecnologías de la información y el conocimiento (TIC). Es un contenedor virtual que pretende hacer accesible de una forma sencilla y gratuita la literatura poética contemporánea.

-¿Cómo se ha planteado este trabajo, qué buscaba?

Como una tarea de responsabilidad. El objetivo es dar la mayor visibilidad y difusión tanto a la personalidad del poeta como a su obra y para ello pensé que unir el texto escrito, que es muy importante, con la lectura del poema por su autor da como resultado una manifestación cultural muy escénica y susceptible de ser expuesta en ámbitos multimedia.

-¿Qué poetas ha elegido, cuál ha sido el criterio de selección?

Yo no elijo los poetas, he partido de una amistad personal con algunos poetas de calidad literaria reconocida a nivel nacional e internacional, a los que les he explicado lo que estoy haciendo y les propongo grabar algunos de sus poemas. El resultado, por lo regular, les parece tan satisfactorio que me proporcionan contacto con otros poetas de distintos puntos dentro y fuera de España. Así que son ellos quienes me aconsejan qué poeta es interesante y debería grabarlo.

-Explíquenos cuál es el procedimiento técnico. ¿Qué hace exactamente?

El trabajo es más de creación y diseño que puramente técnico. El proceso comienza con la grabación del sonido de la lectura de los poemas, generalmente en el domicilio del poeta, que es donde se suele encontrar más cómodo y dispone de sus libros para cualquier consulta. Se toman cuatro o seis fotos para tener una imagen actual del poeta y se le solicitan los textos de los poemas recitados así como alguna foto de las portadas de sus libros publicados. Con ese material, empieza un proceso de edición de sonido, maquetación de textos e imágenes, proceso a papel digital y, por último, se edita en video.

¿El proyecto es una idea suya o lo hace con más gente?

El proyecto lo comencé yo, pero desde el principio busqué el apoyo de dos profesionales con amplios conocimientos en dos campos desconocidos para mí: María Luisa López, con experiencia en Dirección, Marketing y Comunicación, y Mari Carmen Gascón, doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación y poeta.

-¿Ha querido hacer una especie de archivo sonoro como aquellos clásicos de antaño?

No, sinceramente cuando pensé en el proyecto no contemplaba el valor documental que supone una Fonoteca de Poetas Contemporáneos; de ello hemos sido conscientes a medida que crecíamos.

-¿Dónde están luego esos archivos?

Todos los archivos son de libre acceso en thebooksmovie.com. Están organizados por idiomas y en orden cronológico de publicación. También se accede a cualquier poema recitado a través de Google poniendo en la búsqueda bookmovie y el nombre del poeta o título del poema.

¿Cómo leen los poetas sus versos?

El primer lector autorizado de un poema es su autor y es el único que en la lectura puede aportar sensaciones que completen sus versos. Por lo tanto, casi todos los poetas leen muy bien. Disfruto plenamente de todas las lecturas que grabo.

-¿Qué ha aprendido de la poesía aragonesa?

La poesía contemporánea aragonesa está muy bien considerada. Supongo que figuras tan relevantes como Miguel Labordeta y todos aquellos “locos del Nike” (Gastón, Ferreró, Rosendo Tello...), así como movimientos posteriores como el Postismo, con poetas como Antonio Fernández Molina, hacen que esto sea así.

Cuéntenos algún detalle: ¿quién le sorprendió o le emocionó?

Con algún poeta he sentido, cuando recitaba, como una exaltación de alegría, algo similar a lo que se siente al oír un aria de ópera o cuando tu equipo de fútbol marca un gol. Es como un destello.

¿Cree que Aragón ha mimado a sus poetas?

No creo que Aragón deba mimar de una forma especial a sus poetas.

Ah, ¿no? ¿Cuál es para usted el lugar de la poesía en la sociedad?

La poesía es un bien necesario, aporta reflexión, investigación y criterio. Cualidades indispensables para una sociedad armónica. La poesía debe ocupar su lugar central en el arte literario y los poetas deben escribir buena poesía e impregnar a la sociedad con su arte, sin esperar mimos que no han de llegar.

 

*En esta página de Jesús Soria puede ampliarse esta información.

http://www.elpollourbano.es/letras/2015/06/roberto-rodes-the-booksmovie-com-pagina-web-documento-sonoro-y-reflexion-poetica-4/

JOAQUÍN ALCÓN: NOTAS DE RECUIERDO

JOAQUÍN ALCÓN: NOTAS DE RECUIERDO

VERANO 2O15. HERALDO. 

 

Adiós al poeta visual Joaquín Alcón

 

El gran fotógrafo de la Peña Niké y de la editorial Javalambre, que falleció a finales de julio en Zaragoza a los 87 años de edad

 

Si empezásemos diciendo que «el padre de la fotografía aragonesa contemporánea ha muerto» quizá no habría exageración alguna. El pasado sábado a los 87 años fallecía Joaquín Alcón Pueyo, el artista de la editorial Javalambre de Julio Antonio Gómez (1935-1988), constructor de poemas visuales y pionero, entre nosotros, de la abstracción, de las solarizaciones y de la fragmentación. Joaquín Alcón, modesto y sigiloso, fue también el ojo de los poetas y de los pintores.

Nació en Zaragoza en 1928. Su padre, Pablo Alcón, era un gran aficionado a la fotografía y poseía estudio en casa y una espectacular cámara de fuelle de 9x12, fabricada en 1930. Tras acabar el bachillerato realizará un curso de fotografía en un laboratorio de Barcelona. En 1951 ya tomaba cuidadas fotos: realizó un espléndido reportaje del pintor Fermín Aguayo del grupo ‘Pórtico’ y, años después, otro de Hanton González, absorto, con su mostacho poblado y una jaula que era una forma simbólica de denuncia de una atmósfera irrespirable. Esa parte de su obra la estudió José María Bardavío con motivo de su antológica ‘Fotografías’ en el Palacio de Sástago en 1991.

 A los 24 años se matriculó en la Escuelas de Artes y Oficios e hizo sus primeros pinitos como pintor y dibujante. Empezó a frecuentar las tertulias de la ciudad (Ambos Mundos, hasta que cerró, el Niké, el Pozal, Cafetería Fiesta...), le apasionaban el cine, el teatro y la música clásica. En 1955 se incorporó a la sala Libros de Víctor Bailo: «Permanecí hasta 1966. Don Víctor fue siempre un maestro para mí –confesaba en 2005-. Tenía contacto con la pintura que llegaba a la sala, me apasionaba la literatura, oía buena música y veía pasar por allí al historiador del arte Federico Torralba, a la pianista Pilar Bayona, al melómano y crítico musical Eduardo Fauquié, al periodista cultural Joaquín Aranda, pero también a los poetas Miguel Labordeta, a Julio Antonio Gómez, a Luciano Gracia, vinculados a la Peña Niké». Alcón fue el fotógrafo de aquella generación, pero también sacaba tiempo para involucrarse en diversas experiencias teatrales: entre 1958 y 1966, como ha documentado su biógrafo Manuel Pérez-Lizano, colaboró con Antonio Artero, Ángel Azpeitia, Alberto Castilla o Juan Antonio Hormigón, entre otros, en decoración, maquillaje y creación de máscaras.

En 1968 recibió la llamada de Yves Saint-Laurent para fotografiar, en París, la temporada completa de sus diseños. No tardaría en volcarse en una fotografía más experimental. Solía partir de una convicción: «En fotografía es imprescindible la imagen natural». Así creaba solarizaciones, simulación de gotas de lluvia, líneas, virados, multiplicación de piezas, granulados, tejidos. De 1969 a 1973, el tiempo que duró el sello Javalambre y sus distintas colecciones, desarrolló su talento y creó libros-objeto de Miguel Labordeta, el propio Gómez, Vicente Aleixandre (lo visitó en Madrid, le tomó fotos y el futuro Nobel le dijo que eran «los más bellos retratos que de mí se han hecho»), Blas de Otero, Gabriel Celaya...

Aquellos cuatro años fueron de una actividad intensa y una existencia bohemia; los artistas navegaban la noche hasta el alba. En 1971, el profesor y poeta Eugenio de Frutos definía sus obras «de exquisito gusto y dominio». Al año siguiente, en la revista ‘Índice’ también, era su propia esposa, la poeta Lola Mejías, quien afirmaba que Alcón «es el poeta sin hiel, que transforma en belleza lo que toca». En 1974 se trasladó a Benidorm (expuso entonces en la galería Indeco-Milano y le escribió el catálogo José Donoso, al que había retratado en Calaceite en 1973), y allí ha vivido durante casi 40 años de su profesión. Estuvo en Venecia, Roma, Madrid, Túnez, pero a mediados de los 70 efectuó un viaje a Marrakech con Julio Antonio Gómez y se contagió de una imaginería nueva: arabescos, trazos, ornatos. De cuando en cuando regresaba a Zaragoza a visitar a los amigos, a su hermana María José y a recordar aquellos tiempos inolvidables de la ‘Zaragoza Amarilla’.

 

LA ANÉCDOTA

El vanguardista. El fotógrafo Andrés Ferrer valora así la obra de Joaquín Alcón: «Nos presentaron en el Bonanza en el 75 o 76 -bendito Manolo- donde continuamos tomando un vino de vez en cuando. Me llamaba ‘príncipe de la fotografía’, ironía que le aceptaba con placer y quizá por mi joven vanidad. Fue digno embajador, desubicado en la provinciana Zaragoza, de Man Ray, de El Lissitzky, de los vorticistas como Alvin Langdon Coburn... Fue un vanguardista en el páramo». Y al páramo de Torrero ha venido a reposar para siempre.

*Miguel Labordeta retratado por Joaquín Alcón.

 

 

UN BARBAZUL ARAGONÉS: GAVÍN

El confesor de La Seo que anticipó ‘El monje’

 

El ‘Barbazul’ aragonés que inspiró ‘El monje’

 

 

Genaro Lamarca publica ‘El licenciado Lucindo o el cura canalla’, una novela breve del sacerdote protestante Antonio Gavín, que fue la fuente del libro gótico de Lewis

 

Luis Buñuel redactó un guión de Jean-Claude Carriere que llevaría al cine Ado Kyrou. Dominik Moll dirige una nueva versión con Vincent Cassel

 

Antón CASTRO

“Antonio Gavín integra la formidable nómina de heterodoxos aragoneses: Serveto, Miguel de Molinos, Gracián, Goya, Buñuel o, entre otros, José Antonio Labordeta. Todos tenían una gran personalidad, lucidez, genialidad y una cierta inclinación a la bronca. Podían ser desabridos”, explica Genaro Lamarca Langa, historiador de la Universidad de Zaragoza. En Zaragoza y Aragón pocos, muy pocos conocían a este personaje de novela: no sabe con certeza si nació, hacia 1682, en Zaragoza o en Mediana, de donde era su familia, estudió con los jesuitas, se ordenó sacerdote y fue confesor de La Seo y canónigo del Pilar, con interrupciones, entre 1705 y 1711, fecha en la que decidió huir “perseguido por la inquisición más política” a Inglaterra, más tarde a Irlanda, y acabó sus días en Virginia, Estados Unidos, donde tuvo dificultades con sus parroquianos porque se oponía a la esclavitud; casado con Rachel, frecuentó al que sería tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, al que legó su biblioteca cuando era un niño de siete u ocho años.

“Me atrajo este personaje porque lo cita Latassa en su ‘Diccionario’. Casi todos los datos están mal. Me puse a trabajar sobre él y edité en la Institución Fernando el Católico, en 2008, el primer volumen de ‘A Master-Key Popery’ con el título de ‘El antipapismo de un aragonés anglicano en la Inglaterra del siglo XVIII. Claves de la corrupción moral de la Iglesia católica’, un libro de gran éxito, tuvo quince ediciones entre los siglos XVIII y XIX, poco menos que ‘El Quijote’ y las mismas que ‘La Celestina’. El libro nacía de sus experiencias en La Seo y  en el Pilar. Contaba cosas verdaderas, y terribles, y otras inventadas”.

Del segundo volumen, Genaro Lamarca acaba de publicar un fragmento especialmente significativo: la novela corta que ha traducido como ‘El licenciado Lucindo o el cura canalla’ (IFC, 2011), donde Gavín dice que le ha llegado un manuscrito, “escrito por don Juan Chueca”, que incorpora a la nómina de retratos y relatos de curas, de vidas poco ejemplares como la de Lorenzo Armengual, la del deán don Pedro, que promovió una orgía entre damas zaragozanas y militares franceses, la de un capellán salaz, o la de un sacerdote y eunuco como don Manuel, especializado en la perdición de monjas.

La aparición de este libro no debiera pasar inadvertida porque, según Genaro Lamarca, en él está la fuente más directa de la novela ‘El monje’ (1796) de Matthew G. Lewis, un libro considerado como una de las cumbres de la novela gótica, que fue condenado en su día “por impío, libertino, ateo y corrompido”, entre otras cosas por el retrato que hacía del sacerdote Ambrosio, que era un modelo de pureza, y finalmente se entregó a los placeres de la carne y al crimen, y acabaría siendo condenado a muerte por la Inquisición.

Esa novela, excesiva y arrebatada, ha suscitado elogios de Lovecraft y ha atraído numerosas miradas desde el cine. A Luis Buñuel le interesó mucho la historia, que tiene algo de folletín desaforado con un protagonista insólito: un cura muy cruel. Buñuel redactó con Jean Claude Carriere un guión, que rodó un amigo suyo, el griego Ado Kyrou. Más tarde, en 1990, se estrenaría otra versión de Francisco Lara, y ahora está en cartel la última versión de 2011 Dominik Moll, con Vincent Cassel.

“A Gavín se le ha ocultado por sus críticas la iglesia y a los jesuitas. Y además nadie lo ha reivindicado, como sucedió con Blanco White. Podría haberlo hecho Sender, que copió muchas páginas suyas para su ‘Carolus Rex’. La idea de que Lewis conocía esta novela corta, que sucede en Zaragoza y contiene una autobiografía del propio Gavín en sus primeras páginas, no admite demasiadas dudas. Algunos lo habían dicho antes: Menéndez Pelayo, Juan Antonio Molina Foix, traductor de ‘El monje’ o Néstor Luján, que fue quien más afinó”, señala Genaro Lamarca, y precisa que los protagonistas de ambas novelas, Ambrosio y Lucindo se parecen mucho. Ambos son españoles, curas lascivos y sin escrúpulos, hipócritas y asesinos. Tienen muchos puntos en común.

Añade: “El dato más determinante para mí es la figura femenina de la novela: en ambos casos se llama Antonia, las dos jóvenes no saben nada del mundo, son bellísimas y poseen el mismo carácter: admiran a Ambrosio y Lucindo, que las violarán y acabarán con su vida”. Si en ‘El monje’ la historia es complicada, y rica en situaciones, personajes, castillos y pactos demoníacos, en ‘El licenciado Lucindo’ es algo más sencilla: el cura seducirá a la joven, y a dos mujeres más, Flora y Clara, y el autor “ni incurre en moralina ni condena a muerte a Lucindo”. El libro de Gavín, publicado originalmente en inglés, había conocido diversas traducciones al francés y al holandés, y “seguro que Lewis las leyó. Lo único que llama la atención es que no cite esa referencia: es tan obvia que roza el plagio. Hay que pensar que Lewis era un joven de apenas 20 años. Hay incluso en los dos textos una referencia a Murcia como lugar exótico o lejano. ¿Qué iba a saber Lewis de Murcia?”.

¿Por qué ha interesado tanto un texto como ‘El monje’? Gerardo Lamarca afirma: “Por su anticlericalismo y por el morbo. No es frecuente encontrarse con un personaje así, sin escrúpulos, tan desmesurado. Parece de un folletón actual de televisión”. Gavín, que había sido austracista y capellán de mar, amigo del militar inglés James Stanhope, se convirtió al anglicanismo. Hacia 1724, durante su estancia en varias parroquias en el suroeste de Irlanda, miró hacia Zaragoza y se encontró con alguien que acabaría siendo un personaje de terror y que en el fondo era “la síntesis de los clérigos y frailes libidinosos, codiciosos e hipócritas que había conocido mientras era perseguido por los inquisidores”: Lucindo. Una especie de Barbazul aragonés. 

SILVINA OCAMPO, AMOR SEXO Y DESEO

SILVINA OCAMPO, AMOR SEXO Y DESEO

RETRATO DE SILVINA OCAMPO DE MARIANA ENRÍQUEZ

 

Anoche leí un libro que me ha interesado mucho: ‘La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo’ (Universidad Diego Portales, Chile) de Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) sobre la vida, la obra y el carácter enigmático de la gran cuentista argentina, que se casó con Adolfo Bioy Casares: aceptó que él tuviese una hija con una mujer de la burguesía argentina, Marta, que tuviese un hijo en otra pareja, Fabián, y vivieron juntos siempre. Ambos tenían personalidades complejas: él vivió muchos amores, ella alguno también, aquí no queda claro su relación con Alejandra Pizarnik, que le escribió una carta arrebatadora poco antes de su suicidio en 1972. ¿Se amaron Silvina y Alejandra? Mariana Enríquez intenta acercarse a ese relato, a la apasionada correspondencia (sobre todo por parte de Alejandra, mucho más joven) y a la existencia secreta, dolorosa, literaria de Silvina.

Dice la autora:

« Todos los que estuvieron cerca de Silvina dicen los mismo. Que era fascinante. Que seducía a hombres y a mujeres. Y que ella lo sabía. Le dijo a Hugo Becacece: “La seducción viene con la práctica. La gente me dice que soy seductora. Pero yo no confío. Uno no puede confiar demasiado ni en nada ni en nadie. A mí siempre me interesaron el amor y el sexo. Cuando tenía veinte años me decía: ay, cuando tendré 40 ó 50 para no enamorarme más, para no desear más a nadie, para vivir tranquila, sin preocupaciones, sin celos, sin angustias, sin ansiedad. Llegué a los 40, a los 50 y seguía enamorándome y deseando a gente hermosa. Es terrible. Y ahora el sexo me resulta tan interesante como cuando era chica y acababa de descubrir lo que era. A mí me importa siempre, ahora también. ¿Cómo puede dejar de importar? Es una condena y un placer”».

VIDA DE ANNEMARIE SCHWARZENBACH

VIDA DE ANNEMARIE SCHWARZENBACH

Annemarie Schwarzenbach, la aventurera inalcanzable

 

La escritora, fotógrafa, viajera y arqueóloga suiza, adicta a la morfina, vivió solo 34 años y recorrió buena parte del mundo

 

 

Annemarie Schwarzenbach (Zúrich, Suiza, 1908- Sils, Suiza, 1942) es una de esas mujeres que se adelantaron a su época y la vez sufrieron las convulsiones y paradojas de un mundo, la vieja Europa, acosada por el nazismo. Vivió solo 34 años pero parece que tuvo muchas vidas que le permitieron hacer de todo: estudiar, doctorarse en Filosofía e Historia, viajar por medio mundo, y en dos ocasiones por España, amar a varias mujeres con auténtica pasión y a algún hombre, excavar, escribir, hacer fotografías y acuñar una frase que la define: “Dejadme sufrir”.

Rebelde con causa, inadaptada, atrevida siempre, encontró en el dolor una región ambivalente: de alivio, de angustia y, aunque parezca terrible decirlo así, de comodidad y refugio. Annemarie Schwarzenbach, publicada en España por la editorial Minúscula de Valeria Bergalli, fue un volcán de contradicciones, de impulsos ciegos y de locura. Pasó por períodos críticos, de internamiento; en su casa consideraban que sufría esquizofrenia. Padeció brotes de violencia: intentó estrangular dos veces a una de sus últimas amantes entre las sombras de la noche avanzada.

Annemarie Schwarzenbah hace pensar a veces en Stefan Zweig: amó el conocimiento, redactó biografías, crónicas de viajes y reportajes periodísticos y nunca se sintió feliz del todo. El avance del nazismo le produjo tal temor que incluso creó una revista, que se editó en Ámsterdam durante dos años, en la que colaboraron grandes figuras como Hemingway, Gide, Cocteau, Brecht o Einstein, por citar algunos nombres.

Nació en Zúrich, en el seno de una familia noble y desahogada; su madre era melómana, amiga de Arturo Toscanini y la empujó a estudiar piano. Su padre, dedicado a la fabricación e importación de seda, era familiar lejano de Bismarck. Pronto demostró que era díscola e incorregible: se enamoró de una actriz y su madre creyó que era conveniente poner tierra por medio. Se matriculó en la Universidad de Zúrich y en 1928 hizo su primer viaje a París. Dos años después andaba por Berlín y allí conoció a Erika y Klaus Mann, hijos del escritor y Premio Nobel Thomas Mann.

Se enamoró de Erika pero no fue correspondida. Berlín fue una fiesta para ella: frecuentó los bares y clubs nocturnos y dio rienda suelta a sus instintos eróticos contratando prostitutas. La promiscuidad, más que una tentación, era un estado de ánimo y una necesidad que no siempre la dejaba satisfecha. Al contrario, era víctima de sus deseos más o menos turbulentos y de su desdicha: Thomas Mann se prendó de aquella mujer andrógina y larga, de pelo muy corto, y la definió como “un ángel devastado”; Roger Martin du Gard dijo que tenía era “un bello rostro de ángel inconsolable”.

La literatura era una manera de liberar su tormento. Escribió novelas como ‘Los amigos de Bernhard’, que tiene mucho de autorretrato protagonizado por un hombre en crisis, ‘Nouvelle lírica’, el relato de una cantante de cabaré, o ‘Huida hacia arriba’, donde el protagonista se plantea la fuga a las montaña. En un viaje a Escandinavia conoció a Morsa Stenteim, familiarizada con la morfina, a la que se haría adicta para siempre. Uno de sus grandes viajes le inspiró el libro ‘Muerte en Persia’ (Minúscula, 2003): allí entre otras cosas conoció a la joven Yale, de origen turco y enferma de tuberculosis, y vivieron una gran aventura.

Regresaría dos años después y se casó con el diplomático francés Claude Carac, homosexual, con quien estuvo más o menos recluida hasta que no aguantó más. Aventurera y reportera, hizo viajes a Estados Unidos (y los contó) y 1939 se trasladó a Afganistán, en su Ford, con la escritora Ella Maillart (1903-1997): ‘Todos los caminos están abiertos’ (Minúscula, 2008). Regresó a Estados Unidos con un nuevo amor y le surgió otro: la novelista Carson McCullers (que le dedicó ‘Reflejos en un ojo dorado’), pero Annemarie se resistió porque estaba enamorada de Margot von Opel.

En una intensa existencia de travesías constantes, volvió a su tierra de promisión Sils. Una noche salía a caballo y se cruzó con una vieja amiga que volvía en bicicleta. Se intercambiaron el équido y la bicicleta; con tal mala suerte que Annemarie chocó con un obstáculo, voló por los aires y golpeó la cabeza en una piedra. Perdió el habla, y falleció dos meses después, el 15 de noviembre de 1942. No tuvo tiempo de certificar que su pavor a Hitler estaba plenamente justificado.

 

LA ANÉCDOTA

Vida escrita. Annemarie Schwarzenbach es conocida en España desde hace años. En 1991, Circe publicó una biografía suya, redactada por Dominique Grente y Nicole Muller. Y la escritora Melania G. Mazzuco le ha dedicado una extensa novela biográfica: ‘Ella tan amada’, (Anagrama, 2006). Su figura resulta muy contemporánea: encarna la aventura, la ambigüedad, la cultura y el desconsuelo invencible.

EN LA MUERTE DE OLIVER SACKS

EN LA MUERTE DE OLIVER SACKS

VERANO. 2015. HERALDO. MI RETRATO DE OLIVER SACKS

 

-Murió Oliver Sacks, el explorador de los misterios de la mente y el alma

-El cáncer puso fin a la vida del neurólogo, escritor y especialista en anomalías y desórdenes psicológicos.


Oliver Sacks (Londres, 1933-Nueva York, 2015), el científico de letras, moría ayer en su casa de Nueva York. En dos impresionantes cartas, anunció y explicó que le quedaban pocos días porque un melanoma en un ojo, del que perdió la vista, se había extendido por el hígado. Con un invencible espíritu optimista decía que “no puedo fingir que tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado”. Repetía lo que tantas veces ha dicho, en sus libros y en sus artículos: “mi primera deuda es con mis pacientes”. 
Oliver Sacks era todo un personaje que había dedicado su existencia a estudiar las complejas relaciones entre el cerebro y el alma y a buscar razones para vivir a pesar de cualquier inclemencia o insuficiencia del cuerpo: el autismo, la ceguera, la cojera, la alucinación. Si se permite aquí la aparente frivolidad: era el envés metodológico de Javier Tomeo: un estudioso de las anomalías y de las enfermedades. Se obstinó en decir, y en intentar probar, que “los diferentes eran iguales que los demás”, y lo hacía siguiendo la tradición del siglo XIX a través del estudio y del análisis y recuento de las anécdotas clínicas.  
Su vida no fue fácil. Hijo de médicos, en su infancia sufrió los bombardeos alemanes; fue evacuado con uno de sus hermanos a Midlands y estarían internos en un colegio donde conocerían otras formas de horror: una pobre alimentación a base de nabos y remolacha y el comportamiento sádico de uno de sus profesores. Regresó a Londres, avanzó en sus estudios e ingresó en el Queen College de Oxford en 1951. Se licenció en psicología y biología, y más tarde también lo haría en letras y medicina. Cuando le confió a su madre su condición de homosexual recibió una respuesta desabrida, brutal; algunos dicen que de ella, de tanta intolerancia en su propia familia, derivó su esfuerzo constante por entender al otro, por asimilar sus sentimientos, sus rarezas, la fragilidad humana.
Algunos años después se trasladó a Canadá y de ahí a Nueva York, donde ejerció, entre 1966 y 1991, de neurólogo consultor en varios asilos de ancianos y en el Centro Psiquiátrico del Bronx, se vinculó a la Universidad de Nueva York y a la de Columbia y fue, entre otros cargos y empeños, profesor de neurología en el Colegio de Medicina Albert Einstein, entre 1966 y 2007. Su objetivo han sido los desórdenes neurológicos: el viaje al fondo de los misterios de la mente. Y eso le llevó a indagar en la memoria y los recuerdos inventados, en el sexo, el amor y el deseo sexual, en la locura, en los trastornos del sueño, en el parkinson...
Siempre fue un ciudadano especial. Tímido, padecía prosopagnosia (incapacidad de reconocer los rostros), formó parte de los motoristas de Los Ángeles del Infierno, nadaba un kilómetro y medio al día y fue practicante de halterofilia y de alpinismo: uno de sus libros más conocidos, ‘Con una sola pierna’ (1984), nació de un accidente en 1974 en la alta montaña en soledad: estuvo a punto de perder una pierna.
Inició su carrera científico-literaria en 1970 con la publicación de ‘Migraña’. Conviene recordar que casi toda su obra ha sido publicada en España por Anagrama en su Colección Argumentos. En 1973 apareció ‘Despertares’, sobre la encafilitis letárgica, que inspiraría un documental y una película, de título homónimo de Penny Marshall en 1990, con Robin Williams y Robert de Niro. Luego publicaría ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’ (1985), ‘Veo una voz. Viaje Al mundo de los sordos’ (1989), ‘Un antropólogo en Marte’ (1995), la narración del artista autista, ‘Musicofilia. Relatos de la música o el cerebro’ (2007), donde decía “somos una especie tan lingüística como musical”, un tratado sobre la música de las emociones y el pensamiento, o, entre otros títulos, ‘Alucinaciones’ (2012), que nació de su experiencias con las drogas y de sus constantes indagaciones. Poco antes del adiós, entregó sus memorias: ‘On the move’. Fue el penúltimo detalle de “un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura”. También elogió a los jóvenes: “Tengo la sensación de que el futuro está en buenas manos”. 

 

LA ANÉCDOTA
A un sector de la comunidad científica, un personaje como Oliver Sacks, la incomodaba. Fue objeto de insultos, caricaturas, menosprecio e incluso esa versión pasó al cine en ‘The Royal Tenenbaums’, con Bill Murray como protagonista. Posee la facilidad de contar: es divertido, entretenido, didáctico, con muchos recursos; un científico rival dijo: “es mucho mejor escritor que clínico”. Su libro ‘Una mujer que confundió a su mujer con un sombrero’, basada en casos reales, inspiró una ópera de Michael Nyman en 1986. Como detalle curioso: recibía 10.000 cartas al año, contestaba a los niños menores de 10 años, a los mayores de 90 y los que estaban en prisión.


*Oliver Sacks, en una foto de Efe. 

**Este texto es mi despedida de los artículos de verano de 2015. Todos los días desde el 19 de julio ha publicado un perfil, un retrato, una noticia sobre diversos temas aragoneses, nacionales e internacionales: desde Joselito en cómic, Pier Paolo Pasolini, Egon Schiele, Van Gogh, Ricardo Lapetra, Ingrid Bergman, Edith Piaf, Billie Holiday, Clarice Lispector, Walter Benjamin, Felipe Abás Aranda, Carmen Martín Gaite, Vivian Maier, Luis Berdejo, Alfonso Buñuel, Federico Comps, María Pilar Burges, María Pilar Sinués, Javier Moracho, Julieta Always, etc.

EL GRAN DÍA DE MARCELO REYES

EL GRAN DÍA DE MARCELO REYES, PRESENTE Y AUSENTE, EN VERUELA

 


[Si alguien tuviera paciencia para llegar al final, incluyo la elegía de Mohsen Emadi dedicada a Marcelo.]

Fernando Aínsa cuelga en su muro una selección de fotos de la jornada dedicada ayer a la poesía mística y a Marcelo Reyes (1960-2015), que recibió un homenaje impresionante en la iglesia de Santa María de Veruela por la tarde.

Se leyeron muchos poemas, Miguel Mena contó la hermosa historia del futbolín que tenía en casa con el Boca Juniors y el Real Zaragoza, María José Moreno leyó la bellísima elegía de Mohsen Emadi, fue un instante absolutamente mágico y estremecedor, una de las hermanas de Marcelo leyó tres mensajes remitidos por LA familia, Jesús Rubio leyó dos sonetos inéditos de Julio Cortázar, sus alumnos leyeron una carta dirigida al profesor inolvidable, Kike Reyes y otro compañero ejecutaron el 'Canon' de Pachelbel. Luigi Máraez y Alime Hüma cantaron una canción dedicada a él, una canción-retrato (lo hicieron dos veces, con lágrimas en los ojos: por la mañana y por la tarde).

Fue un homenaje entrañable, de veras, sentido, sincero, para el codirector durante trece ediciones del Festival de Poesía de Moncayo... Se mandaron poemas para la ocasión... Se compusieron letras de tango, una de Pepe Alfaro. Chaime Marcuello y compañeros de la Universidad glosaron al compañero. Manuel Forega, fundamental en esta edición de nuevo, le compuso una pieza.

Al final el Silbo Vulnerado -con Carmen Orte y Luis Felipe Alegre en la música y en la poesía- completaron la sesión con Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León y San Juan de la Cruz, y se mezclaron entre el público acompañados de Carlos Herrero y Sole Giménez y un grupo de actrices-monja. No faltó de casi nada. Marcelo Reyes, el enamorado de la música, el profesor de Economía, el gastrónomo, el aventurero del aire, el corredor de maratón, el amigo de los animales, se hizo presente en fotos, en la memoria colectiva y en el afecto unánime. Fue un día inolvidable para Trinidad Ruiz-Marcellán y su gran familia de poetas, escritores, músicos, editores, amigos y gentes del Moncayo.

Cuelgo aquí, de nuevo, la impresionante elegía dedicada por Mohsen Emadi, publicado por Olifante, que leyó ayer la actriz y rapsoda María José Moreno.
Ya lo he dicho: fue un momento increíble, perfecto: la belleza y el temblor de la poesía se mezcló con una hermosa y serena dicción. La voz perfecta.

 

 

MARCELO. UNA ELEGÍA

[Para Marcelo Reyes, 1960-2015]

1

¿Cómo se puede escribir sin fingir
como un actor que se reúne con su acto, 
como un cuerpo que se reúne con su muerte?

¿Cómo se puede regresar a la misma bodega
en el sótano de tu casa,
entre las botellas de vino y los instrumentos rotos
y hombro a hombro, con otros fantasmas,
sentarnos en el sillón 
y fijar la blanca cortina 
de tus sueños?

¿Cómo se puede escuchar la música de tu rechazo, 
tu rechazo a Buenos Aires, 
cuando, al respirar,
bailas tango con la muerte?

¿Sobre ese hilo de viento
cuando hablas con la ausencia de tu madre
en el otro lado del océano, 
cómo se puede, hombro a hombro, 
con tu miedo 
aliviar mi miedo?

2

Pero las lágrimas han de secarse, 
las flores de la tumba se marchitarán; 
tu bodega se encontrará abandonada 
y tu cortina vacía.

Los perros de la casa 
reconocen siempre tu olor,
pero ya no te esperan
detrás de la puerta.

En este lado del océano está lloviendo 
y Buenos Aires no te recuerda, 
pero yo no puedo 
salir del recuerdo de tus brazos. 
La lluvia aún me moja
pero a ti ya no te mojará.

Te quedas ardiendo 
y tu calor 
es toda la intensidad del exilio 
-el doble tartamudeo de la existencia- 
que tú vives sin cuerpo y sin lenguaje. 
Y aún sin cuerpo y sin lenguaje 
abrázame.

3

El corazón de tu destierro 
late en mi cuerpo.
Tu rechazo es mi rechazo. 
Nadie muere dos veces 
y en todas las fotografías 
un solo pronombre nos mira
-hombro a hombro,
borrachos y riendo.-
Un solo pronombre que recuerda 
el calor de nuestras madres,
un pronombre que canta la nana 
y nosotros, perdidos en la música, 
intercambiamos nuestros corazones. 
Tú eras mi lenguaje, Marcelo,
en las noches largas de alcohol y de recuerdos
cuando la palabra no circulaba en mi boca. 
Traducías los sonetos de las distancias 
con la amargura del mate, hasta la mirada y la sonrisa. 
Mi corazón ya no palpita en tu cuerpo 
y tu corazón me hace volar 
por las alturas del abismo.

4

La roca que quebró tus huesos 
era tu infancia. 
Remontabas cada vez más alto 
para caer más duro. 
En la calles de San Juan
el viento sopla como siempre. 
En los campos de Borja 
ningún vino cambia su sabor. 
El tiempo, en cada uno, 
añade algo a la densidad de la ausencia
y la tierra entonces ya no pesa.

Desde la lejanía del lenguaje 
miro tu bodega. 
Los perros vienen y van, 
tu olor está en todo el espacio, 
en la nariz de la poesía 
que mueve su cola, ladra, 
se levanta a dos pies 
y no te encuentra.

5

Toma tu guitarra en la uña del alcohol,
el alcohol en la copa de la pérdida, 
la pérdida en los pasos de la infancia
y los pasos en la antigüedad del lenguaje. 
Toma tu guitarra, 
con cada melodía tu corazón 
bombea sangre a mis órganos.

Remonto el viento 
para caer con más fuerza 
en tus brazos.

(Traducción de Mohsen Emadi y Arturo Loera. Revisión de Ángel Guinda)

 

*La foto de Marcelo Reyes, de 1990, la tomo de aquí: 

http://2.bp.blogspot.com/-g4xOFqUMx0I/VbfQu-6lbfI/AAAAAAAAE2A/Pp6xe0zAlSU/s1600/Marcelo%2BReyes%252C%2B1990.jpg

 

El SILBO VULNERADO, HOY EN VERUELA

[Ayer empezó la XIV Festival Internacional Poesía Moncayo, en honor de Teresa de Jesús y de Marcelo Reyes, codirector del certamen y de Olifante en todos estos años con su compañera Trinidad Ruiz-Marcellán. Hoy habrá ponencias desde las once, una mesa redonda a partir de las once y media con Inés Ramón, Marta Domínguez, José Antonio Conde y Amador Palacios, varias sesiones musicales, un recital de poesía mística, donde distintos poetas, periodistas, actores y rapsodas leerán un poema, y se cerrará el día con otro recital a cargo de El Silbo Vulnerado, que explica abajo su director Luis Felipe Alegre. Hoy es un día especial para la poesía en Veruela, de nuevo.] 

EL SILBO VULNERADO: POESÍA MÍSTICA EN VERUELA, MAÑANA SÁBADO
En Veruela, mañana sábado, a las 19.30 presentaremos un breve recital con poemas de Teresa de Cepeda, Juan de Yepes y Luis de León; carmelitas los dos primeros, signados como santos por la Iglesia Católica y más conocidos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Luis de León, uno de los más exquisitos poetas del renacimiento español, fue fraile agustino y se le suele anteponer el apócope “fray”.
Comenzaremos la actuación con los versos que destacan en la escasa producción poética atribuida a Teresa, aquellos que glosan la coplilla “Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero”, ya usada por trovadores como los portugueses Duarte de Brito y Juan Meneses, “el Grande Africano”. También Juan de Yepes compuso otro poema con idéntica estructura partiendo de la misma copla.
De reunir y preparar los escritos de Teresa se ocuparía Luis de León, a quien se sitúa en el territorio, vecino a la mística, de los ascetas. De este admirador de la abulense, se toman tres poemas a los que damos distinto tratamiento. “A la Ascensión” es recitado. Entre las liras de su oda “A Francisco Salinas” se intercala una de las canciones incluidas en ’De Musica libri septem’, el tratado musical dictado por Salinas. “Dictado” decimos, porque el músico había quedado ciego desde niño. Imaginamos a Luis de León en el pasillo de la Universidad salmantina parándose ante el aula vecina de Salinas para escuchar aquellas deliciosas melodías. A la ceguera de Salinas alude la oda: “…que todo lo visible es triste lloro”. Ya con música propia, “A la vida retirada” será representado por el propio fray Luis en su encarnación titiritesca.
“Un pastorcico” , hecho canción por Paco Ibáñez, servirá para recordar al también genial Juan de Yepes. 
En escena estaremos Carmen Orte, Luisfelipe, cantando y recitando. Soledad Jiménez y Karlos Herrero moverán a fray Luis. Y cuatro actrices de la Ribera del Jalón formarán un coro monjil.

El Silbo ha trabajado frecuentemente con la obra de estos autores. Así que tomaremos la música y los elementos escenográficos de nuestro 'Clásicos in versos'. De aquel espectáculo salió el disco (Saga, 1989) de igual título, con canciones y poemas en las voces de Carmen y Luisfelipe.

Y Luis Miguel Bajén se encargó de editar los textos de los poemas en el libro que servía también como guía de la obra.

La edición fue supervisada por Trinidad Ruiz Marcellán. La primera página del libro detalla la ficha técnica del montaje, donde figura como productor ejecutivo Marcelo Reyes, ¡ay!, al que este año en el Festival (que él codirigía con Trinidad) se rendirá homenaje.

*El texto es de Luis Felipe Alegre.  En la foto, lo vemos con la cantante de la compañía Carmen Orte.