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Antón Castro

Escritores

ELÍAS MORO CUÉLLAR: 17 AFORISMOS

ELÍAS MORO CUÉLLAR: 17 AFORISMOS

[Elías Moro Cuéllar (Madrid, 1959) es poeta, narrador, escritor de diarios y de aforismos. En breve, en el sello Isla de Siltolá de Javier Sánchez Menéndez, un soñador que escribe y edita y mima a sus gentes, publicará el libro 'Algo que perder'. Con su gentileza habitual, Elías me envía un avance del libro. Es uno de esos escritores que destilan talento, sensibilidad, variedad de registros, intuición y hondura. He aquí otro ejemplo.]

 

17 aforismos (o así)

 

Elías Moro

 

 

Conocimiento no es sabiduría. Pero por algo hay que empezar.

 

*

 

Echar de menos es haber querido.

 

*

 

Voces que empobrecen: a sí mismo y a los demás.

 

*

 

Desconfía, y mucho, de quien deambula por ahí sentenciando.

 

*

 

La felicidad puede ser simplemente una imprevista sonrisa de la persona que amamos.

 

*

 

¡Qué penoso dialogar con uno mismo y estar, ambos actores, tan carentes de razón!

 

*

 

El poema es un fulgor que antes no existía.

 

*

 

Una orquesta de tango sin fueye, sin bandoneón, es como una campana sin badajo: mucha forma, pero poco contenido.

 

*

 

Ándate con ojo antes de hacerlo; porque según sean dichas, hay palabras que son capaces de romperte los dientes.

 

*

 

Hay quien se pone la hipocresía hasta para ir a dormir.

 

*

 

La barbarie tiene la inmensa desfachatez de ir engordando con la edad.

 

*

Un beso por sorpresa de los hijos es el premio gordo en el sorteo diario de la vida.

 

*

 

Decir justa justicia no es una redundancia, es una necesidad.

 

*

 

Se acercó a la oficina de patentes y registró la Muerte a su nombre.

 

*

 

Supongo que ya habréis caído en la cuenta de que no todo el monte es longaniza.

 

*

 

Escapó corriendo de los afectos y no tardó en darse de bruces contra la desdicha.

 

*

 

Me desconozco como si no me hubiesen parido.

 

*

 

 

(De Algo que perder, de próxima publicación en La Isla de Siltolá)

 

 *La foto es de Abbas, un gran reportero de Magnum. Podría titularse: 'La lección del desierto'.

 

 

 

 

ISMAEL GRASA: UN DIÁLOGO

ISMAEL GRASA: UN DIÁLOGO

ISMAEL GRASA. Escritor. Autor de ‘El jardín’ (Xordica).

 

“Mi supuesta frialdad pretende

ser un modo de romanticismo”

 

“Escribir o leer son intentos de vivir

la realidad con mayor intensidad”

 

 

PIE DE FOTO. OLIVER DUCH

Ismael Grasa regresa a la ficción con los cuentos de ‘El jardín’

 

 

Antón CASTRO. Zaragoza

Ismael Grasa (Huesca, 1968) escribe con intensidad y a la vez con calma. Con sentido de la observación y con una lentitud que no es indolencia, sino confianza, hondura, sobriedad e inquietud. Emplea una prosa elegante y despojada. Alterna la ficción con los libros de viajes o con un volumen tan especial, casi una autobiografía de profesor de filosofía en el aula, como ‘La flecha en el aire’ (Debate, 2011). En 2007 ganaba el premio El Ojo Crítico de Radio Nacional de España con su libro de relatos ‘Trescientos días de sol’ (Xordica), una de esas piezas un tanto minimalistas e inquietantes que definen su estilo. Y acaso su forma de estar en el mundo y en la literatura. Explica el autor: “Después de terminar ‘Trescientos días de sol’, durante algunos veranos seguí escribiendo relatos. Entonces los guardé, hasta que el año pasado decidí volver a abrir aquel cajón. Releídos, ciertamente vi que aquellos textos tenían un aire de familia con el libro de relatos anterior, pero a la vez apuntaban hacia otras direcciones, y eran más extensos y quizá más complejos, y entonces los corregí y los di al editor”. Este es el origen de ‘El jardín’ (Xordica. Zaragoza, 2014, 152 páginas), un libro compuesto por cinco relatos marcados por la búsqueda, la fuga, la rutina y una indecisa sensación de peligro, de extrañamiento o de perplejidad.

¿Cuál sería la poética de ‘El jardín’?

 Supongo que parto siempre de alguna observación real, o de algún tipo de inquietud. Procuro que mis relatos tengan algo de verdadero, no tanto por reproducir alguna situación real, sino en la búsqueda de un sentido de la realidad. Supongo también que todos mis relatos son en cierto modo el mismo relato, pero ya decía Martin Heidegger (no soy lector suyo, pero valga la cita) que un poeta escribe siempre el mismo poema.

Una de las características de su obra, casi en la línea de Pierre Michon, es la atención a las vidas minúsculas...

Todas las vidas son en el fondo minúsculas y mayúsculas a un tiempo. Pero, ciertamente, como escritor me he venido ocupando en buscar algo mayúsculo en vidas aparentemente minúsculas, en lugar de relatar tramas o episodios vistosos. 

Llama la atención que los personajes a veces parezcan un poco indiferentes, que se dejan ir sin más, que tienen algo de ‘Bartlebys’ de Melville y de ‘Merseaults’ de Camus o son un tanto kafkianos, por decirlo así...

Sí, ciertamente quizá me sienta más próximo de la melancolía de Bartleby que de la angustia de los personajes de Kafka. Pero, la verdad, procuro no pensar en la gran literatura cuando me pongo a escribir. Simplemente trato de contar mis historias. A propósito de esto Félix Romeo decía que a los malos escritores sólo se les puede comparar con los “grandes escritores”.

¿Tienen algo que ver esas profesiones que ha elegido para sus personajes con usted?

La verdad es que no siento que estén tan lejos de mi vida. En el fondo quizá me sienta culpable de haber acabado la carrera universitaria, y más si es de filosofía. En cierto modo un filósofo no es alguien que se presente a exámenes y saque un título. Hay algo de mí que quizá se quedó en el camino y que está en esos personajes de los relatos.

 ¿Qué quería hacer con ese primer relato, ‘Instrucciones de verano’, la historia de ese adolescente al que su tía deja su casa?

Supongo que trata del bien y el mal. Creo que de eso trata todo el libro, o al menos el comienzo y el final.

Ese cuento tiene algo que abunda en sus ficciones: hay como un clima de terror que no se consuma luego.

Practicar el terror como género es algo que no va conmigo. A veces bordeo esa línea, pero no la sobrepaso. Lo mío es la vida cotidiana, que en sí misma incluye todos los géneros imaginables.

 Con el segundo texto, ‘El vigilante’, se acerca a los personajes extraños y a las raras compañías...

El protagonista del cuento es alguien que lee textos complejos sobre lógica y ocupa su mente en pensamientos profundos mientras trabaja en sus turnos de vigilancia, mientras que a los ojos de los demás es una especie de idiota.

El tercero, ‘Reflejo nocturno’, y el cuarto, ‘Huellas de jabalí’, son cuentos de indecisas relaciones de pareja.  ¿Por qué el amor parece estar como amortiguado, resultar un tanto frío o ser de baja intensidad?

No creo que se trate de un amor frío o de baja intensidad. Es la intensidad de la que son capaces esos personajes desamparados y alejados de los convencionalismos. Mi supuesta frialdad en realidad pretende ser un modo de romanticismo.

¿Cómo nació esa inquietante historia de un jardinero en Garrapinillos que parece meterse en la boca de una extraña secta?

El relato trata, si lo pienso, sobre el proselitismo, que es algo aborrecible. Un joven intenta ser captado por una organización religiosa, pero al final, de algún modo, él es quien capta a su captador, quien salva a su salvador.

¿Cuál es su idea del cuento? ¿Qué le debe a Chéjov y a Natalia Ginzburg, por ejemplo?

La vía del relato que inventó Chéjov lleva un siglo existiendo y no envejece porque se apoya en un sentimiento profundo de compasión y de humanidad. Y sí, autoras como Natalia Ginzburg o Flannery O’Connor están entre mis preferidas.

Hay en sus textos un rechazo, por decirlo así, al énfasis e incluso a los finales espectaculares, efectistas o sorprendentes. ¿A qué obedece eso?

Es mi versión de la buena educación, aunque no a todo el mundo tiene por qué convencer.

Es usted un cronista de lo cotidiano. ¿Qué le atrae de lo real?

Si la realidad me fuese indiferente no me dedicaría a escribir. Escribir o leer, tal y como yo lo entiendo, no es escapar de la realidad, sino un intento de vivirla con mayor intensidad. Los libros son una parte importante de la vida, no el fracaso de la vida.

 

LA FICHA

[‘El jardín’. Ismael Grasa. Xordica. Zaragoza, 2014. 152 páginas. El libro se presentó ayer en la Librería Antígona en compañía del escritor Rodolfo Notivol.]

 

DE JOSEP PLA A LILIAN HIRSCH

DE JOSEP PLA A LILIAN HIRSCH

Quiero darte un consejo. Si quieres ser desgraciada, el camino es la ensoñación; si quieres ser feliz, entra en la voluptuosidad en cualquiera de sus formas: voluptuosidad por tu arte, por tu cuerpo, por tu sexo, por tu casa, por tus caprichos, por sus amores o tus hijos. Marcharte sin tener un objetivo, sin saber a dónde vas, es una ensoñación. A menudo me decía que irse es morir un poco. Lo contrario que la voluptuosidad, que exige poner mucho cuidado, concentración y empeño en la realidad. Para saborearlo tienes que quedarte. Tengo treinta y cinco años. He soñado mucho y tengo que confesarte que aun no sé qué es la realidad. Esa es mi gran desgracia. No te deseo algo parecido. ‘Ti voglio troppo bene’. (...) Trabaja, Lilian, trabaja, ama la viday que tus ojos sean siempre claros. ¡Cómo pesa el corazón!

-Fragmento de una Carta de Josep Pla a Lilian Hirsch. Desde Llofriu, Mas Pla, 1932.

Incluida en el libro ‘A la carta. Cuando la correspondencia era un arte’. Selección y prólogo de Valentí Puig. Barcelona, 2014. Elba.

 

La foto la tomo de www.lletres.net.

 

DE 'EL JARDÍN' DE ISMAEL GRASA

DE 'EL JARDÍN' DE ISMAEL GRASA

[Ismael Grasa (Huesca, 1968) acaba de publicar un nuevo libro: ‘El jardín’, que posee las cualidades de los suyos: oscila entre la cotidianidad, la rutina y la inquietud, habla de personajes un tanto ensimismados que casi nunca parecen decidir por sí mismos o que se dejan arrastran hacia peligros indefinidos, y posee un lenguaje depurado y elegante, de enorme precisión. Así arranca el último cuento del libro, ‘El jardín’, donde narra la historia de un joven, mal estudiante, distanciado de su padre y quizá de su novia Nieves, que emprende una nueva aventura y se adentra en un territorio donde fluyen el misterio y sus propios recuerdos... ‘El jardín’, publicado por Xordica, se presentará este próximo jueves en Antígona, en compañía del escritor Rodolfo Notivol. La foto es de Stephen Shore.]

 

EL JARDÍN. Por Ismael GRASA

Fui a trabajar a casa de los Crespo a comienzos de junio, cuando me dijeron que había que llenar la piscina. Barrí las hojas del fondo, limpié las paredes con una manguera y por fin la pinté de azul, como lo había visto hacer otras veces a mi padre. Pregunté si tenían niños, porque en casa guardamos unas plantillas grandes con formas de sirenas, delfines y caballitos de mar. Podía pintar cualquiera de estas figuras antes de llenar aquello de agua. Podía instalar también, si querían, algunas luces exteriores para la noche. A mí me gusta bañarme de noche en las piscinas de los otros, cuando los dueños están afuera.

MUÑOZ MOLINA: NUEVA NOVELA

EL NOVELISTA Y EL ASESINO

[Este texto, del escritor, traductor y periodista Daniel Gascón, se publicó el jueve en el supelemento 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón. También se puede leer en su blog: https://gascondaniel.wordpress.com/2014/11/27/el-novelista-y-el-asesino/

Por DANIEL GASCÓN

“Como la sombra que se va”, la nueva novela de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956), es varios libros a la vez. Es una aproximación a la vida de James Earl Ray (1928-1998), el asesino de Martin Luther King. Lector voraz, racista y delincuente habitual, exsoldado, aficionado a las prostitutas y a las teorías de la conspiración, Ray quiso ser director de cine porno y colono en Rodesia (actual Zimbabue), se fugó de la cárcel y cambió de nombre y de cara (rinoplastia). Tras asesinar a King en 1968, huyó a Lisboa con un pasaporte falso. Antes de viajar a Londres, donde fue detenido, pasó diez días en la capital portuguesa. Esa ciudad es uno de los vínculos con la otra historia de la novela.

En 1987, Muñoz Molina se marchó a esa ciudad. Buscaba inspiración para el libro que estaba escribiendo –”El invierno en Lisboa”–, pero no solo eso. El asesino escapaba tras cometer su crimen; el escritor huía de la realidad inmediata. Ahora, el novelista intenta imaginar qué ocurría en la cabeza del criminal y revisa su propio pasado: «Los únicos mundos en los que me encontraba de verdad a mis anchas eran los de la literatura y el cine, donde cualquier cosa puede suceder y al mismo tiempo no haber sucedido, donde las normas tediosas de la vida real no rigen, los disparos no matan a nadie, las desgracias desatan las lágrimas pero no provocan verdadero dolor, las historias empiezan tan lentamente como terminan». Añade: «Era un padre de familia y un adolescente retardado […] Tenía esa convicción enfermiza, tan propia de los aspirantes a literatos en provincias, de que la vida verdadera estaba en alguna otra parte, de que la imaginación es más rica y poderosa que la realidad y el deseo más valioso que su cumplimiento». Retrata un malditismo infantil que postulaba que «Estar sano era de derechas».

Para reconstruir la vida de Ray el autor ha consultado registros, biografías y ensayos. Pero el viaje al interior del asesino exige imaginación. Muñoz Molina emplea una prosa que funciona por acumulación y una amplia gama de recursos: analepsis y prolepsis, cambios de focalización, alternancia de estilo directo e indirecto, y citas recicladas de las lecturas de pseudociencia y espías a las que era aficionado Ray. La peripecia alucinada y miserable del asesino sucede sobre un imaginario heredero del cine y de la narrativa norteamericana (se habla del deslumbramiento provocado por “El gran Gatsby”; muchos elementos hacen pensar en Faulkner), que tiene conexiones con el fetichismo jazzístico que “El invierno en Lisboa” convertía en literatura.

“Como la sombra que se va” contiene una reflexión sobre la escritura y defiende el paso del formalismo a la naturalidad. Habla de cómo se construye una historia, de cómo se escogen los nombres, del punto de vista de la narración, o de imaginar «con ese grado de precisión visual que le permite a uno contar las cosas que ha inventado como si lo recordara». «Escribir ficción es ver el mundo por los ojos de otro, oírlo con otros oídos. Es la temeridad de creer que puede averiguarse lo que sucede en el secreto de la conciencia de otro, sea quien sea, un asesino, un fugitivo, un hombre que se apoya en una baranda a la caída de la tarde uno o dos minutos antes de que el disparo de un rifle le rompa la mandíbula y le atraviese el cuello y le taladre la columna vertebral, un músico que toca el piano con los ojos cerrados», explica, en una definición que encierra una trama del libro

En esta novela ambiciosa, a menudo admirable y en ocasiones morosa, Muñoz Molina muestra su fascinación por Ray, pero no siempre logra contagiarla: resulta más interesante cuando habla de King que cuando recrea el mundo de su asesino. También es más interesante el autorretrato, especialmente al comienzo. Muñoz Molina es duro con su yo pasado, acaso porque se siente salvado y lejos de él. Jugando con el exhibicionismo y la ocultación, con la sinceridad y la coquetería mitómana, ofrece una descripción poderosa de la vocación literaria y del desasosiego íntimo, de la culpa por el dolor que causamos y de la felicidad que da la buena compañía.

Antonio Muñoz Molina. “Como la sombra que se va”. Seix Barral, Barcelona, 2014. 536 pp.

[Esta reseña ha salido en Artes & Letras de Heraldo de Aragón.]

 

La foto la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-2532f5c0155bad451cd330c2f621e594.jpg

DIEZ AÑOS DE LOS PORTADORES...

DIEZ AÑOS DE LOS PORTADORES...

LOS PORTADORES DE SUEÑOS CELEBRAN SU PRIMERA DÉCADA
Los Portadores de Sueños -Eva Cosculluela y Félix González, y ahora también Iguázel Elhombre- cumplen su primera década. Y empiezan a celebrarlo a su modo: con homenajes y recuerdos de amigos, de instantes, de libros, de presentaciones, esa ceremonia sincera de pasión por la cultura y el cultivo de la amistad y la curiosidad. Continúan con su incesante actividad: el martes Marian Izaguirre presente su nueva novela, 'Los pasos que nos separan', en compañía de Teresa Agustín, ambas conversarán largo y tendido sobre el libro que aparece en Lumen, y el miércoles Luisa Miñana presentará el poemario 'Mente animal' de Pilar Adón, que aparece en el sello La Bella Varsovia. En la foto, Eva y Félix posan con el editor Juan Casamayor que acaba de publicar en Páginas de Espuma el segundo volumen de los 'Cuentos completos' de Chéjov. Al lado de esta foto, también se ha colado Patricio Julve: el fotógrafo, que expondrá en febrero en el Espacio Blanco de la USJ, les tomó estas dos instantáneas. Entonces, Félix no llevaba barba... Y corría como un lebrel a partir de las seis o siete de la mañana... Ahora, dicen los que saben, la barba le pone alas y corre aún más...

ARGUMENTO DE 'LOS PASOS QUE NOS SEPARAN'

La bora, el viento que azota Trieste en ciertas épocas del año, es un aire apasionado que dura poco pero dobla el cuerpo y muda el ánimo. Salvador y Edita se conocieron en esta ciudad un día de primavera de 1920. Soplaba el viento, y todo cambió. Ella había nacido en Liubliana y él en Barcelona, y los dos rondaban los veinte años, una edad espléndida para permitirse cualquier locura, pero Edita, hermosa y discreta, estaba casada y tenía una hija. Salvador solo tenía su trabajo en el taller de un gran escultor y ganas de ser por fin un hombre y pisar fuerte en la vida. Luego, en Barcelona, casi a finales de los años setenta...Un hombre ya mayor y viudo que busca ayuda para volver a Trieste y a todos los lugares donde un día creyó ser feliz, y una chica, Marina, que va a ir con él para buscar un futuro. Y entre Salvador y Marina, de repente, casi sin avisar, los recuerdos: un parque a orillas del mar, las sábanas revueltas de un amor a media tarde, un andén, una niña que se aleja, y una espléndida tabla renacentista con una Virgen que mira y duda.

 

DEL 'LIBRO DEL DESASOSIEGO'

DEL 'LIBRO DEL DESASOSIEGO'

FRAGMENTOS DEL ‘LIBRO DE DESASOSIEGO’

Hace algunos años, en un encuentro cervantino en Mérida, conocí a Antonio Sáez Delgado, profesor en Lisboa. Escritor, traductor, animador de mil cosas. Siempre estaba con un proyecto bajo el brazo y su mirada se disparaba en mil direcciones. Fernando Pessoa era una de ellas. Le ha dedicado artículos, ha traducido algunos de sus libros, artículos, textos, etc. y ahora, en una preciosa edición, publica en Pre-Textos una nueva traducción de ‘Libro del Desasosiego’, que habrían escrito dos heterónimos de Pessoa, no los más conocidos, como Bernardo Soares y Vicente Guedes. En menos de diez páginas, Antonio cuenta la historia del este libro de ‘fragmentos, fragmentos, fragmentos’ y recuerda todas sus ediciones, con sus pequeñas variaciones. Aquí parte de la edición de 2013 de Jerónimo Pizarro y se va casi a las 500 páginas. Uno de esos libros irreductibles, inextricables, que se pueden leer como una experiencia excepcional de un tirón, o entrar por aquí y por allá, y disfrutar de su energía, de su sabiduría, de sus arrebatos e intuicones, y de su enigma.

Tras el prefacio, el arranque es este:

-“Mi alma es una orquesta oculta; no sé qué instrumentos tañen y chirrían, cuerdas y arpas, timbales y tambores, dentro de mí. Solo me conozco como sinfonía”.

-“Ser puro, no para ser noble o fuerte, sino para ser uno mismo. Quien da amor, pierde amor.

Renunciar a la vida para no renunciar a sí mismo.

La mujer: una buena fuente de sueños. Nunca la toques”.

-“Para comprender, me he destruido. Comprender es olvidarse de amar. No conozco nada al mismo tiempo más falso y significativo que aquel dicho de Leonardo da Vinci de que no se puede amar u odiar una cosa sino después de comprenderla”.

-“La soledad me desola; la compañía me oprime. La presencia de otra persona distrae mis pensamientos; sueño su presencia con una distracción especial, que toda mi atención analítica no consigue definir”.

*Fernando Pessoa a los seis años.

XAVI AYÉN: UN DIÁLOGO

XAVI AYÉN: UN DIÁLOGO

Entrevista. XAVI AYÉN. Periodista cultural. Autor de ‘Aquellos años del boom’ (RBA, 2014)

“Calaceite es una ciudad literaria del boom”

 

Xavi Ayén (Barcelona, 1969) es periodista de 'La Vanguardia' y autor, con el fotógrafo Kim Manresa, de un delicioso libro: 'Rebeldía de Nobel' (El Aleph). Invirtió diez años de trabajo en la redacción de 'Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que lo cambiaron todo', un formidable ejercicio de periodismo cultural y de investigación. El libro mereció el premio Gaziel de biografía de 2014, que convoca RBA, y se presenta hoy en la librería Cálamo. Ahí se habla de la amistad y la ruptura de García Márquez y Vargas Llosa, de Cortázar y de Carlos Fuentes, de Barcelona como foco esencial de la literatura latinoamericana de los años 60 y 70, de Carlos Barral o de las influencias y la audacia de Carmen Balcells, agente literario de Gabo, Vargas Llosa o José Donoso, el escritor chileno que vivió alrededor de un lustro en Calaceite. Hace algunas semanas, Xavi Ayén viajó a la villa del Matarraña para presentar su libro.

¿Cuál es la importancia real del vínculo Calaceite con el boom? 

Calaceite es el refugio para aquellos miembros del boom que no triunfaron comercialmente. Los chilenos Donoso y Wacquez lo convierten en su lugar de residencia fijo y atraen allí a todos los otros autores: Vargas Llosa, Edwards, García Márquez, Fuentes… todos visitaron Calaceite, que aparece así, por méritos propios, en el mapa mundial del boom. Es increíble que una localidad de 1.500 habitantes concentrara tal densidad de escritores de primera línea. Allí se escribió, además, la parte final de 'Historia personal del boom' o las 'Tres novelitas burguesas' de Donoso, y partes de 'Casa de campo'.

¿Fue Calaceite una especie de refugio de fin de semana de autores como Gabo, Vargas Llosa, Cortázar a veces, etc.? 

Sin duda. Con más o menos periodicidad, acudían allí, atraídos por lo exótico del lugar, su aislamiento mediático y las esencias de una España rural que desconocían, lo ven como un lugar "aún no prostituido", un remanso de pureza frente a la corrupción del mundo editorial. Frente a un Cadaqués carísimo y dominado por la gauche divine, o a un Calafell que era el reinado de Carlos Barral, Calaceite -aún conteniendo aspectos y personajes de esos otros mundos- erige una personalidad propia y, esto es importante, es una ciudad literaria construida por los propios autores del boom, no algo que ya se encuentran hecho cuando llegaron. A la mayoría les gustaba para eso, para un rato o un fin de semana porque, como decía el mundano Edwards, “cómo resistir estos fríos, estas lluvias, estos silencios”.

José Donoso es el personaje más complejo del libro. O uno de ellos. Amargado, sin suerte, poco reconocido, homosexual más o menos secreto... ¿Cómo fue su vida en el Matarraña, qué significó para él ese período? 

Irse a Calaceite supuso para él una frustración inicial. No tenía dinero para comprarse una casa en Barcelona pero sí en aquel lugar. Fue su vocación literaria la que le llevó allá, pues sabía que en aquel lugar podría dedicarse a escribir, sacrificando otras cosas. No congeniaba con los vecinos y tenía que traerse a sus amigos de fuera. Neurótico hasta límites indecibles, vivió por momentos su estancia como algo muy duro de soportar, algo extremadamente solitario, pero lo cierto es que allí escribió algunas de sus mejores páginas, el balance literario es muy bueno (por eso había venido). No así el familiar, con una esposa e hija maltratadas psicológicamente y los estragos del alcohol planeando sobre todos. Se sentía el marginado del boom, y con razón, pues hasta la prensa de su país inició un debate sobre por qué no había escritores chilenos en el boom… lo que acabó de rematarlo.

Habla mucho de Mauricio Wacquez, otro escritor, y traductor, chileno. ¿Qué le atrajo del Matarraña? 

Siguió a su amigo Pepe Donoso y le gustó el lugar. Sus medios económicos precarios le recomendaban vivir en un lugar barato. Aunque se trataba de un entorno rural, el aislamiento del lugar y sus pocos vecinos le permitían vivir su relación homosexual con una sensación de mayor libertad que en una gran ciudad. Y, claro, allí encontró el tiempo y el ambiente necesarios para, también, escribir. Dandy alegre, aunque capaz de sumirse en profundas depresiones, fue la amistad con Donoso lo que le hizo disfrutar más el pueblo. "Cuando se fue Pepe, se acabó la felicidad", llegó a decir, acaso exagerando.

¿Qué sabe de las estancias de Buñuel en Calaceite, de las conversaciones con José Donoso? Existen fotos de ambos... 

Planearon el rodaje de la novela 'El lugar sin límites' de José Donoso, que Buñuel mismo quería dirigir. Al final, el guión lo hizo el argentino Manuel Puig y la película la dirigiría un discípulo de Buñuel, Arturo Ripstein, en 1977. A Donoso le desesperó la tardanza y tuvo algunos encontronazos con Buñuel por este tema, hasta el punto de que giraba de cara a la pared el retrato suyo que tenía colgado. Por eso le escribe: “Tengo que comunicarte que hoy me traen seis toneladas de leña. Son para hacer la fogata en que quemaré tu foto si no me haces la película: te mandaré las cenizas. También te mandaré la cuenta de los psiquiatras míos, de mi mujer y de Pilarcita”.

Comenta que Donoso impartió talleres literarios en Calaceite... 

Donoso aprendió en Iowa la técnica de los talleres literarios y fue una obsesión suya importarla a España o, más tarde, a Chile. En Calaceite, se hicieron reuniones informales con algunos de sus visitantes de fin de semana o de verano, entre ellos Ana María y Terenci Moix o Elsa Arana. Ya los formaliza como taller, con alumnos inscritos y horarios, en Sitges. 

Explica los motivos de la ruptura de García Márquez y Vargas Llosa, dos premios Nobel y grandes amigos durante mucho tiempo. ¿Qué pasó? 

Fueron muy amigos, se decía que sus viviendas estaban comunicadas, eran brillantes, talentosos, con gran empatía. Luego la vida los separó. En medio de una crisis matrimonial que estaba atravesando Vargas Llosa, García Márquez tuvo una conversación con Patricia, la mujer de Vargas Llosa, y cometió una indiscreción que motivó el enfado de su amigo, que no podía comprender por qué había actuado así su amigo. Algún tiempo después, en 1976, se encontraron en México, y García Márquez se acercó para darle un abrazo a Vargas Llosa y éste le dio un puñetazo que lo tumbó al suelo. Así se deterioró esta gran amistad y así comienza, en cierto modo, el libro. 

 

 

*Esta entrevista se publicó ayer en Heraldo.es