Un texto de Joaquín Sánchez Vallés sobre el último poemario de Emilio Pedro Gómez, 'Cruzar la piel del día' (Comuniter), leído en su presentación.
CRUZAR LA PIEL DEL DÍA
Tal vez la principal función de la poesía sea dar testimonio de la situación del ser humano en el mundo. Y emocionar a través de ello, por supuesto. Emilio Pedro Gómez cumple perfectamente esa doble misión en este poemario titulado Cruzar la piel del día. Cruzar la piel del día es como atravesar el tiempo, y dejar constancia de que se ha vivido. Su vida. Pero, a través de la emoción que nos suscita, nosotros como lectores también lo acompañamos en ese recorrido.
El libro está dividido en cinco partes, como cinco temas que, en conjunto, forman la pintura completa del ser humano que es Emilio. La primera, Dudas, se centra en la escritura. La segunda, Tacto de vínculos, en las relaciones humanas y personales. La tercera, Naturaleza a pie, en viajes y paisajes. La cuarta, Vulnerable edad, con ese juego sobre la edad venerable, en el paso del tiempo y la vejez. Y la quinta y última, Hacia el adiós, en la aceptación de la muerte futura. Es decir, que vienen a ser el resumen de una vida completa. Y cumplida.
En Dudas, he dicho, aparece el tema de la escritura, el poeta que escribe para atestiguar su paso por el mundo. Pero lo cierto es que ningún escritor de verdad está nunca satisfecho de lo que escribe, se encuentra siempre ante la dificultad de la expresión, en lucha con el lenguaje que se resiste a reproducir con exactitud el pensamiento y el sentimiento. De ahí la duda sobre si el poema tiene auténtica validez. Esta actitud se desarrolla en la poesía contemporánea desde el Romanticismo y en España la enunció claramente Bécquer en la rima primera, cuando dice que él conoce “un himno gigante y extraño” y afirma: “Yo quisiera escribirle, del hombre / domando
El rebelde, mezquino idïoma” [...] “Pero en vano es luchar”. Eso mismo viene a decir Emilio Pedro, con mucha menos ganga romántica y mayor contención expresiva: “Oigo la claridad / pero no sé decirla”. El caso es la duda sobre la propia creación: “¿Cómo empujar al bolígrafo / la fuerza de algo ausente?”
Que el poeta dude sobre su propia poesía no es malo; al revés, es algo muy positivo. Eso es lo que le conduce a trabajar, a pulir, a buscar la perfección, que sabe imposible, pero a la que trata de aproximarse. Porque esa duda no niega el lenguaje, sino que afirma la dificultad del poeta para crearlo. El lenguaje es la máxima expresividad. Como dice Emilio:
El mejor juego vivo
es el lenguaje.
Las palabras nos recrean
al darles libertad.
Y, ya hacia el final de esta parte, nos ofrece lo que sería una buena definición de la poesía: “Hay preguntas que son respuestas sin salida”.
Tacto de vínculos es la segunda parte y en ella se nos presentan las relaciones con los demás, esos “vínculos” que nos unen a las personas que queremos. Frente a esa idea falsa del poeta en su torre de marfil, el verdadero poeta vive a pie de calle y se relaciona con los demás y por eso los demás pueden reconocer sus propias emociones en la emoción del poeta. El poeta ha de ser alguien solidario.
La primera solidaridad es la del amor. Dice Emilio:
Eres poema
por siempre inacabado.
Donde tiende al amor a entumecerse
respiro hacia adentro su lectura
deletreo tus ojos
y no muere vivir
en ese instante.
El “tú” es un poema inacabado porque se termina en el otro. No hay nada más falso que el solipsismo. En es los demás, en ese “tú” que está más allá del “yo”, donde se encuentra el sentido. Cualquier persona solo se completa en el otro, eso que Antonio Machado llamó “la esencial heterogeneidad del ser”. Y así lo expresa muy bien Emilio Pedro:
A través de tus nombres
leo mi mano.
a través de tu lengua
hallo otra mía.
Versos que a mí me recuerdan la famosa canción de Moustaki: “Je ne sais pas où tu commences, / tu ne sais pas où je finis”.
Digamos que esa idea de amor como unión absoluta, esa idea de que el uno se completa en el otro, que arranca en realidad de Platón, la han tratado muchísimos poetas. Lo que pasa es que Machado con lo de la “heterogeneidad” entra un poco en la pedantería filosófica (de hecho, lo atribuye a su apócrifo filósofo Abel Martín), mientras Moustaki utiliza el lenguaje poético. También Emilio lo dice en lenguaje poético, y emociona mucho.
Que el amor es un tipo de solidaridad lo deja claro cuando afirma: “Nosotros somos más / que tú y yo”. Lo mismo cuando habla de la amistad, que es “una puerta / que lleva del callar al canto / del tú hacia el nosotros”.
Y tampoco se olvida Emilio de la familia: la madre, el padre, el abuelo, los hermanos, el nieto... Su madre aparece definida en uno de los más hermosos versos del libro: “mi madre me sabía de memoria”. Más tarde volveré a citar este verso. Y es muy importante lo que dice en un poema dedicado a su nieto, en el que se muestra la preocupación por el mundo incierto que le estamos dejando, lo que amplia la solidaridad a toda la humanidad futura.
En la tercera parte, Naturaleza a pie, nos encontramos con un Emilio muy reconocible, el Emilio viajero y explorador de paisajes, que luego nos describe poéticamente. Ya en el primer poema se nos presenta caminando por el mundo: “Preguntar con los pies / a cada paso una pregunta al eco”. Y todo el apartado está lleno de amor a la naturaleza, con alusiones al aire, la lluvia, la luna, los pájaros... Destaquemos los poemas dedicados a lugares exóticos: las iglesias excavadas de Lalibela, en Etiopía; el lago Inle, en Birmania; Blue Eye, en Albania; o las ruinas de Apolonia de Iliria, también en Albania.
Claro que no se trata de una poesía meramente descriptiva: el paisaje conduce a una meditación personal, y los elementos de la naturaleza funcionan como símbolos de una actitud ante el mundo y la vida. Veamos un breve poema:
Recojo un verso
de la cascada.
“Soy la nieve soñándome con alas”
Escribir es leer
lo que no había.
¿Qué está diciendo? Parte de una contemplación: una cascada en el monte, que le inspira la idea de un poema; por eso dice: “recojo un verso”, “esa cascada me inspira un verso”. El verso es, evidentemente, el siguiente: “Soy la nieve soñándome con alas”; es decir, la nieve que ha fundido se transforma en agua que se precipita en una cascada sobre el vacío, como si volase con alas. Allí el agua habla en primera persona, porque es la inspiradora del poeta y se considera un sueño de la nieve. De ahí la personificación. El final es meditación del poeta: “escribir es leer / lo que no había”. Es decir: mediante la escritura, por medio de la poesía, podemos transformar nuestra visión de la realidad. Lo que era un simple paisaje se ha convertido en un texto metapoético. Eso solo lo hace la gran poesía.
Las dos últimas partes, Vulnerable edad y Hacia el adiós, nos presentan el momento actual de Emilio Pedro. El poeta se ha hecho mayor y siente que se va adentrando en la vejez, así que nos habla de esos temas eternos que son el paso del tiempo, la decadencia física y la aceptación de la futura muerte.
El paso del tiempo es evidente en Vulnerable edad: “De joven sudaba sueños / que ahora veo arder”. Y la decadencia está presente en todos los poemas de esta parte. Hay una imagen entre ellos que me ha impresionado en especial: “Miro la mano más venosa / y estriada del mundo”. Y comprueba: “Es la mía”. Al final, el poema concluye: “Gira mi mano como un cuenco / y se vierte el origen de todos los eneros / bendice mi edad... / Y me conformo”. Y me conformo: esa es la actitud del poeta, y la mejor que puede adoptar, la conformidad con el declive, con la seguridad de que el tiempo ha de destruirnos. De tal modo que, en Hacia el adiós, la conformidad es conformidad con la muerte que espera, con “la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos”, como dijo Rubén Darío.
Esta aceptación de la muerte aparece, por ejemplo, en un curioso poema que nos lleva a recordar que Emilio es matemático. Es un poema que anuncia o pretende vislumbrar el futuro que le espera a su cuerpo (“que visualice en sus metáforas / lo que va a sucederle”). Desde su concepción científica, se convierte en una “ecuación diferencial”, de tal modo que “al despejar la incógnita / pueda verme morir /sin sufrimiento”. Deseo que creo que todos suscribiríamos.
Muchos versos manifiestan esa serenidad ante la muerte: “Entro al bosque sin miedo a más derrotas”, “Me aproximo a un futuro / que es revés del pasado”; la muerte es vista “como amiga que has vivido de mi sombra”, y le pide: “llévame con dulzura / y te devuelvo el beso”. Ya hacia el final del libro, en el penúltimo poema, se despide de los amigos, de los conocidos, de todos los seres en general: “Llegado este momento de partir / ojalá os sintiera conmigo”, acompañándolo en “mi cita ya asumida con la nada”.
Cruzar la piel del día, como vemos, es una poesía centrada en el “yo”, en la manifestación del poeta sobre su situación en el mundo; pero eso no impide que Emilio Pedro, como hombre solidario que es, no olvide su preocupación por la situación actual, en este tiempo tan terrible que estamos viviendo, “propicio al odio”, como dijo Ángel González.
Ya hemos señalado ese poema dedicado a su nieto donde se preocupa por el planeta estragado que le estamos dejando (“Ay de mi nieto / con la alegría desollada / en su latir tan puro. / Ay del futuro / que cercará su yo”). Pero hay muchos más. Por ejemplo, Guerra interior: “¡Qué vértices de culpa! / Cuando pasas por alto una injusticia / te quedas quieto / pero tu sombra no se paraliza”. O ese poema donde denuncia: “Cada vez más endeble / agoniza el planeta”. Y remata: “Se agotará la risa / y no habrá un sitio libre / donde manar”. Tremenda advertencia.
Por último, ¿cómo se hace la poesía? La poesía no es la expresión directa del sentimiento del autor. No me cansaré de decir que la poesía solo funciona mediante sugerencia y que la emoción que hay en un poema es la que el lector siente. El lector “recrea” el poema. Para que esto ocurra, el poeta tiene dos herramientas muy potentes de sugerencia: la música y la imagen. Y las dos las maneja perfectamente Emilio Pedro. La música se oye en sus versos, donde abunda el endecasílabo y sus complementarios, el heptasílabo y el eneasílabo. Y la imagen se manifiesta en metáforas, comparaciones, símbolos y otras figuras. Por poner un par de ejemplos: Atención a esta paradoja:
La luz vive cautiva en cada sombra
la sombra es un fantasma de la luz.
Que viene a hablarnos de la complejidad del mundo, Y hasta de su dificultad de comprensión. Por no hablar del yin y el yang. Pero si nos subyuga es porque está envuelta en la música de dos endecasílabos y presentada como personificación. Es decir, el poeta no expone un razonamiento, sino que sugiere una emoción mediante una imagen.
O cuando habla de la amistad, considerada “una puerta / que lleva del callar al canto / del tú hacia el nosotros / de la pura aridez al agua viva”. Fijémonos en los dos últimos versos. “Del tú hacia el nosotros” es lenguaje directo. Pero “de la pura aridez al agua viva” es una imagen poderosa, una metáfora, unida a la personificación y a la antítesis. Los dos versos vienen a decir lo mismo; pero, en lugar de presentar primero la imagen y luego su traducción al lenguaje directo, Emilio ha presentado primero el lenguaje directo y luego lo ha enriquecido con la imagen. Y eso es lo que hace la buena poesía. Además, en un perfecto endecasílabo.
Y acabo volviendo a ese verso sobre la madre que he citado antes: “mi madre me sabía de memoria”. El verso nos conmueve con mucha fuerza. ¿Porque habla del amor materno? No. Bueno, sí. Pero porque lo hace de forma muy sugerente. Primero, es un endecasílabo enormemente musical. Segundo, se basa en unas aliteraciones de la nasal bilabial que son especialmente suaves y sugeridoras de una dulce ternura. Tres nasales bilabiales por delante: mi madre me; dos por detrás: memoria, y en medio una bilabial oral: sabía. Oigámoslo: “Mi madre me sabía de memoria”. Es la música del afecto infantil, es casi el balbuceo de un niño. Y la imagen de “saber de memoria”, como si, desde el punto de vista del niño, él mismo fuera la lección que su madre ha aprendido para siempre. No se puede decir mejor. Espero que nadie se atreva a negar que la poesía es música.
Perdón por haberme perdido en disquisiciones técnicas, pero de algún modo tenía que explicarlo. Para rematar, quiero leer el último poema del libro, el Autoepitafio, deseándole a Emilio que su deseo se cumpla:
Quiso vivir en poesía
y que su herencia
no fuera una ceniza
sino canto.
POEMAS DE EMILIO PEDRO GÓMEZ
PASTOR DE DUDAS
[Habito ese ángulo de sombras donde las cosas
comienzan a hacerse y deshacerse.
Daniela Martín Hidalgo]
Hay nombres que pesan al leerlos
y otros se alzan al cielo sin aviso.
¿Acaso no hay palabras
que encarcelan las letras?
¿Echa a faltar la boca
sus cuerdas consonantes?
¿El rojo de las rosas
nos desafía?
¿Algún signo precede
a las insurrecciones?
¿Si adoro las palabras
me equivoco de dios?
¿No habitan el sentido
de nuestra eternidad?
¿Las hojas al caer
alzan la vista?
¿Qué ascuas de esperanza
se ha llevado este miércoles?
¿Es antes el deseo
o la caricia?
¿Son fundadas las culpas
con que carga mi sombra?
¿Y qué muerte es feliz?…
Ya llegó a mí
la soledad del tiempo.
No descansa el cansancio
de los interrogantes.
Hay preguntas que son respuestas sin salida.
******
ANIVERSARIO… UN DESPERTAR
Desplegar nuestro mapa
de la vida en común
indagar los instantes que apaciguan
las arrugas del tiempo
ganar la espalda buena del paisaje
sonrisas, sueños, rebeliones…
conseguir que rebroten del olvido
abrir sendas de apoyo mutuo
en la pendiente de los días
cuidarnos de dañar
nuestros temblores singulares
cuidarnos sin sellar
nuestra puerta de casa
cuidarnos es amar
briznas de aliento
hacia un salvarse colectivo.
*
LA VIBRACIÓN AMIGA
Como oculta la niebla
hay una realidad salvable
bajo el olvido
cuando hablar es
tocarnos emociones
cuando el desorden
es una forma de esperanza
la amistad una puerta
que lleva del callar al canto
del tú hacia el nosotros
de la pura aridez al agua viva.
*
AQUIETARSE EN LA CONCILIACIÓN
No te dejes excavar
por ningún infortunio
absorber por el duelo
con los brazos caídos.
El agua que en barro en ti se vierte
modela con la tierra
la belleza de un cántaro.
Hay calidez en las arrugas
creación en la enfermedad
pétalos en las rosas negras del dolor.
*
Recojo un verso
de la cascada.
"Soy la nieve soñándome con alas."
Escribir es leer
lo que no había.
*
Quiero escribir ese poema
cometa de mi cuerpo
que visualice en sus metáforas
lo que va a sucederle
una ecuación diferencial
que inserte en mi salud
su proceso de cambio
que aunque sea irreparable me desnude
la carga que me espera
con sus posibles contrapesos
compasiones, secretos, entusiasmos…
sin fuegos de artificio
y al despejar la incógnita
pueda verme morir
sin sufrimiento.
*
Hay vida sin edad
y edad sin tiempo.
Se hunde en la tristeza un niño
al no encontrar motor
para su alfombra voladora
y a su lado un anciano emprende el reto
de aprender a silbar.
En la otoñal estancia
¿para qué proseguir con el cansancio
de volver a envolver desesperanzas?
Con los relojes quietos
cada instante es sorpresa
nada vuelve a su igual.
En la vejez también arraiga
esperar lo impensado
habitando el recuerdo
solo si regenera estelas olvidadas
o incita a descubrir inéditos destinos.
Entro al bosque sin miedo a más derrotas
confiado sereno
y me dejo llevar hacia un claro de luna
que ilumina los pasos alejándose
sin huir de sí mismos
que avanzan sin vejez sin muerte sin final
y escuchan las campanas del no ser
en tiempo ajeno.
*
AUTOEPITAFIO
Quiso vivir en poesía
y que su herencia
no fuera una ceniza
sino canto.
******
[Te pienso Markel
en lugares, momentos y emociones
que habitarás un día]
Sabrás llegar a tiempo a cada instante
que merezca la pena ser vivido
contemplarás despacio los paisajes
hasta darles cobijo
y ellos te limpiarán de sombras la mañana
mirarás a los ojos de lo ciego
que sabe construir su propia imagen
sin dejarse cegar por quien le ve
abrirás las ventanas que se asomen
en todas direcciones porque a veces
es más veloz lo oblicuo
lleva más adelante un retroceso
elegirás con precauciones
tus lugares de observación
no vaya a transformarse en red tu celosía
aprenderás de los pájaros migratorios
a echar raíces en el cambio
y en la fidelidad
salvarás del olvido
con afán de arco iris
las huellas provechosas que ya están dentro de ti
harás buena familia en las palabras
que siembran los pasos cotidianos
de sugerencia y significación
nadarás con las olas de la lengua
al hablar y en el beso
hacia alas que te lleven más allá
conocerás la vela roja del amor
la malva lentitud de la ternura
percibirás el claroscuro de los bosques
con sus frases de luz en armonía
como una libre escuela del color
extraerás realidad del espejismo
sabiendo que el futuro
empieza a ocurrir en el presente
procurarás el buen quehacer
más que la perfección inalcanzable
sin temor a orientarte a una utopía
cumplirás más de un sueño si superas
el altamar del día sin reblar
saldrás de algún bélico túnel
por senderos de esfuerzo solidario
a una paz que no ceda en tu interior
tendrás a mano abierta
la cima del perdón y del consuelo
experimentarás que el amor no se termina
aunque acabe el amor
verás a contraluz que la bondad
es el más constructivo hacer del ser humano
te irás convirtiendo sin saberlo
en un lugar donde mejora el mundo
caminarás con pasos transparentes
al cielo abierto del asombro
te harás fuerte al irte abriendo
como un olivo acogedor.
Que tengas una vida donde sí
y seas también futuro del aún
que si una vez alcanzas estos versos
te sepan a algo más que a monedas a un pozo
a un silbar porque sí o a un tiempo en vuelo.
Si aún tengo niñez
sabia inocencia
que sea ahora y siempre para ti.