EMILIO DEL RIO. DIÁLOGO SOBRE ROMA Y LOS ROMANOS
El escritor, profesor y comunicador, uno de los grandes expertos del mundo latino, presentaba en Martes de libros, de Fundación Ibercaja, su libro ‘Pequeña Historia de la Antigua Roma’ (Espasa. Con dibujos de Jvlivs.
-1. ¿Por qué Roma, qué te ha dado, qué te sigue dando?
-Roma me lo ha dado casi todo: una forma de entender la historia, de entender la política, de entender el poder y también de entender la vida cotidiana. Me sigue dando asombro. Me sigue fascinando que una pequeña aldea de pastores junto al Tíber acabara dominando el Mediterráneo y levantando un mundo que todavía es el nuestro. Roma no es solo una civilización del pasado: es una forma de seguir pensando el presente. Por eso vuelvo siempre a ella. Porque Roma nos explica a nosotros mismos. Nos dio la ciudadanía, el derecho, el sentido del Estado, la ciudad como espacio común, el latín y una literatura que sigue viva dos mil años después. Por eso digo siempre que, aunque no nos demos cuenta, seguimos viviendo en un mundo profundamente romano.
-2. ¿Qué le debe este acercamiento a Tito Livio? Parece el historiador que te acompaña en tu viaje…
-He leído, claro, a los historiadores romanos y griegos que escriben sobre Roma, pero Tito Livio tiene algo especial: no solo cuenta hechos, cuenta el alma de Roma. Cuenta los cimientos morales y políticos de ese mundo. En el libro se nota mucho esa huella cuando aparecen los primeros conflictos entre patricios y plebeyos, porque Livio entiende muy bien que sin esas tensiones no se entiende nada de lo que vino después. Livio no es solo un narrador del pasado; es alguien que intenta explicar qué hizo grande a Roma y también qué empezó a destruirla. Señala con contundencia el papel terrible de la corrupción política en el declive de la república, una corrupción que da origen a los populismos que acaban con ella —¿nos suena?, ¿hemos aprendido algo de los clásicos miles de años después?, ¿no nos damos cuenta de que la corrupción es la termita del edificio de la democracia?—. el historiador reivindica los valores de los fundadores de Roma. Los cito en latín, porque no hace falta traducir: pietas, virtus, iustitia, clementia, libertas, concordia, moderatio, modestia y disciplina. ¿Hay algo más necesario y más actual?
-3. ¿Qué quisiste contar: una aventura en el tiempo, un relato colectivo, una ciudad que se volvió modélica?
-Las tres cosas. Quise contar una aventura en el tiempo, porque la historia de Roma es divertidísima, una gran novela llena de traiciones, amores imposibles, odios eternos, ambiciones desmedidas, conspiraciones nocturnas y puñales bajo la toga. Pero también quise contar un relato colectivo: cómo un pueblo, no solo unos cuantos grandes nombres, fue construyendo una forma de vivir y de organizarse que han durado más de 1.000 años y que han llegado hasta nosotros. La historia de Roma nos enseña que, como dijo Chesterton: para qué vamos a cometer siempre los mismos errores si podemos cometer otros nuevos. Pero para eso hay que conocerlos antes.
-4. Si tuvieras que resumir en pocas líneas o frases, ¿cómo harías el balance: qué significaron la monarquía, la República y el Imperio?
-La monarquía fue la infancia fundacional de Roma: siete reyes, siete colinas, los primeros peldaños de una aldea hacia la historia. Ahí se crean los grandes marcos simbólicos e institucionales: la ciudad, el Senado, el rito, la idea de orden. La República fue el gran laboratorio romano: un sistema oligárquico, sí, pero también una maquinaria política extraordinaria, obsesionada con que nadie volviera a ser rey, construida sobre pactos, equilibrios, disciplina y expansión. Y el Imperio fue la culminación de todo eso: la concentración del poder, la paz imperial, la administración del mundo y también la tentación de la locura, porque junto a grandes emperadores hubo otros que convirtieron Roma en su show personal. Si lo tuviera que resumir aún más: la monarquía funda, la República organiza y conquista, y el Imperio universaliza… y acaba pagando el precio de su propia grandeza.
-5. ¿Cómo encajan los dos orígenes de Roma, el de Eneas, el troyano, y el relato de Rómulo y Remo y la loba, que, parece, era una imagen de la prostituta?
-Encajan muy bien, porque en realidad cuentan dos cosas distintas y complementarias. Eneas da a Roma un origen noble, heroico y casi universal: une Troya con el Lacio, Oriente con Occidente, y transmite una idea decisiva para mí, que está muy marcada en el libro: Roma no nace solo de la conquista, sino de la integración. Eneas funda fusionando pueblos, lenguas y costumbres. Y luego el mito de Rómulo y Remo da a Roma su lado salvaje, humilde y brutal: la ciudad nace del abandono, del barro del Tíber, de dos niños desheredados amamantados por una loba, clave para entender eso es que en latín la palabra significa “loba” y “prostituta”. Es un comienzo genial: Roma tiene un origen heroico y un origen marginal al mismo tiempo. Esa doble raíz explica muy bien lo que será después: una civilización capaz de unir y de devorar, de proteger y de imponerse.
-6. No nos caben aquí, claro…, pero quiénes son para ti los tres o cuatro personajes claves de Roma y por qué?
-Me cuesta mucho elegir, pero voy con varios nombres muy romanos.
.- Cincinato, porque representa esa vieja virtud republicana del ciudadano que deja el arado, salva a la patria y vuelve a su campo sin aferrarse al poder: Roma en estado puro.
.- Cornelia, por una razón hermosísima: cuando le preguntan por sus joyas, señala a sus hijos. Ahí está toda una idea de educación, de ejemplaridad y de transmisión moral.
.- Los Gracos, porque muestran que Roma también se rompe desde dentro cuando la desigualdad se vuelve insoportable.
.- Julio César, porque entiende como nadie que la República ya no funciona y la fuerza hasta romperla; con él aparecen a la vez el genio político, la ambición desmedida y la tragedia.
.- Cleopatra, una mujer fascinante, con poderío en un mundo dominado por hombres.
.- Augusto, que tiene la inteligencia fría de cambiarlo todo sin llamarlo por su nombre: no se hace llamar dictador, que es lo que es, pero funda un régimen nuevo que durará siglos.
.- Y Marco Aurelio, porque me conmueve mucho esa imagen del hombre que gobierna el mundo desde una tienda de campaña en la frontera mientras escribe pensamientos sobre la vida: el poder y la conciencia, juntos. El libro, de hecho, abre con esa invitación a imaginarlo así.
-7. Un aragonés echa en falta a Marcial. ¿Qué le debemos a la literatura romana: a Virgilio, Ovidio, Horacio, Marcial, Cicerón?
-Marcial es uno de mis preferidos, me parece un tipo absolutamente genial. Le dedico varios capítulos en mis otros libros. Pero es que no me detengo en los escritores latinos en este libro. A la literatura le debemos nuestra propia literatura, nuestra manera de contar, de argumentar, de satirizar, de emocionarnos y de pensar. Virgilio da a Roma —y a Europa— un gran relato de origen y una idea moral del deber; Horacio nos deja una forma de sabiduría vital y hasta una frase que resume la relación entre Roma y Grecia, esa de que la Grecia conquistada conquistó a su fiero vencedor; Cicerón convierte la palabra en una forma de poder y de defensa de la República; Ovidio juega con el amor, el mito y la metamorfosis como casi nadie; y Marcial inventa una mirada que sigue siendo muy moderna: irónica, urbana, rápida, afilada. A la literatura romana le debemos una parte enorme de nuestra forma de entender el mundo, el arte, la música y la cultura europea. Y además está escrita en latín, que sigue escondido en nuestra lengua y en nuestra manera de razonar.
-8. ¿Por qué la historia o las historias de Roma parecen un serial de Netflix?
-Porque lo tienen todo. Y cuando digo todo es todo: traiciones memorables, lealtades a prueba de todo, amores pasionales, guerras civiles, conspiraciones nocturnas, puñales bajo la toga, emperadores que se creen dioses, esclavos que se rebelan, mujeres que mandan más que muchos hombres, discursos que cambian la historia, herederos jovencísimos con una ambición ilimitada y tipos tan extravagantes como Nerón, que convirtió el Imperio en su show personal. Roma es la mejor serie jamás escrita, con la ventaja de que además pasó de verdad. Lo fascinante es que no necesitas exagerar nada: ya está todo ahí.
-9. Aunque parezca escolar, y lo dices en el prólogo: recuérdanos qué le debemos a Roma, aunque sea solo con sustantivos, y parecemos habernos olvidado.
-La memorable escena de “La vida de Brian” de los Monty Phyton: Derecho, Estado, ciudad, Senado, foros, calzadas, puentes, acueductos, teatros, la logística, latín, lenguas romances, literatura, ingeniería, administración, ejército, Europa, impuestos, la policía, los bomberos, los gimnasios, los restaurantes, los bares, las vacaciones en la playa ¡el vino! Y añadiría dos más: ciudadanía y deber, que son dos palabras muy romanas. Porque Roma no solo dejó monumentos: dejó una manera de organizar la convivencia. En el libro lo explico: nos dejaron calles, plazas, foros y teatros para convivir, discutir, comerciar y hasta chismorrear; nos dejaron caminos para llegar lejos y una lengua que todavía sigue viva entre nosotros.
-10. ¿Qué pensaría un jefe romano del proceder de Donald Trump?
-Un romano reconocería enseguida en Trump un tipo de poder muy antiguo: el culto al yo, la teatralización constante, la necesidad de estar siempre en escena, el desprecio por las formas cuando molestan y la tentación de identificar el Estado con la propia persona. En ese sentido le recordaría más a ciertos emperadores excéntricos o desbocados que a los viejos republicanos: algo de Nerón, algo de Calígula, algo de esos momentos en que el poder se convierte en espectáculo. Pero un romano serio, de los de la vieja escuela republicana, pensaría probablemente algo todavía más simple y más duro: que cuando el poder se pone por encima de la ley, la república empieza a temblar. Y Roma sabía mucho de eso. El libro insiste en una idea de Roma que me parece fundamental: que las leyes deben estar por encima de los hombres, y no al revés.