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ADIÓS AL GRAN CORRESPONSAL DE AMÉRICA LATINA JOAQUIM IBARZ

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Ha sido, sobre todo, Fernando García  Mongay hace más de una década quien me puso tras la pista de Joaquim Ibarz. Y también, una vez, en el Casino de Huesca, Mario Sasot. Luego le oí hablar de él con mucho cariño a Jesús Moncada, a Gervasio Sánchez y a Genoveva Crespo, y se convirtió en una referencia, en ese corresponsal al que había que leer, al que había que acudir. Un profesional que sabía contar. Honesto, intenso, apasionado, de esos que amaban el periodismo de siempre: trabajado, en la calle, con rostro humano, un periodismo que va más allá de la actualización compulsiva y urgente, reiterativa, de internet. Joaquim Ibarz fallecía el pasado sábado en Zaidín a consecuencia de un tumor cerebral. Copio aquí algunos trabajos, cercanos, cariñosos, precisos, que le dedicaron compañeros de oficio como Joaquín Luna, Pablo Ordaz y varios periodistas más… Joaquim se despidió de todos envuelto en una bandera del Barcelona, el club de sus amores.

 

Fallece el corresponsal de ’La Vanguardia’ Joaquim Ibarz

El periodista aragonés ejerció un periodismo crítico, apasionado y ameno durante su estancia en América Latina desde 1982

 

JOAQUÍN LUNA. La Vanguardia

De haber sabido que ayer la sección de Internacional andaba desbordada entre Japón y Libia, la voz entusiasta de Joaquim Ibarz se habría ofrecido desde México para escribir estas líneas dando cuenta de su fallecimiento.

El texto habría llegado a la redacción antes de lo esperado, sin erratas, con los datos justos –nacido en Zaidín (Huesca) hace 67 años, licenciado en la Universidad de Navarra, hombre orquesta en el vespertino Tele/eXpres y acertado fichaje de La Vanguardia en 1982 cuando se le asignó la corresponsalía en América Latina– y, sobre todo, con ese estilo periodístico claro y con brío que no aspira a la literatura sino a informar y contar de forma amena y bien escrita. O sea, sujeto, verbo y predicado.

Joaquim Ibarz se dedicó al periodismo con una entrega absoluta, diría que “religiosa” si no fuera porque eso le parecería una collonada a uno de sus mentores, Manuel Ibáñez Escofet, su director en Tele/eXpres. En correspondencia, el periodismo le dispensó una vida intensa –al alcance de muy pocos– y algo tan infrecuente como el reconocimiento generalizado de la muchachada, o sea la panda que nos dedicamos a contarles lo que pasa en el mundo o incluso lo que nos gustaría que pasara. Era una gozada escuchar los relatos y anécdotas del gran Ibarz cuando aterrizaba por Barcelona y se reunía en torno a una mesa con sus amigos –casi siempre gente de este oficio, que hoy ha perdido a un grande, y no es una coña marinera–.

Fue un corresponsal extraordinario porque comprendió su tiempo y el continente que cubría, donde alcanzó una madurez envidiable que le convirtió en un corresponsal de referencia en América Latina, como reconocieron el Cirilo Rodríguez en el plano nacional y el Moors Cabot de la Universidad neoyorquina de Columbia del 2010 en el ámbito mundial. A veces, como a todos, se le iba la mano con algunas de sus fobias pero rara vez erró en el diagnóstico final. Pronto dejó de reír las gracias a personajes como el general Noriega en Panamá, los sandinistas en Nicaragua –uno de sus grandes desengaños–, el Comandante en Cuba –que le expulsó de la isla en 1989, cuando muchos todavía le disculpaban–, el carismático Chávez y cuantos presidentes provocaban estropicios en su querido México.

Joaquim Ibarz no era un periodista acomodaticio y gentil porque su especialidad era preguntar con toda la intención del mundo al poderoso de turno. Cuando la muerte le dio el primer aviso –en julio del 2010– y estaba ingresado en el Hospital Español de México, Joaquim explicó en la habitación a un amigo y alto funcionario mexicano de la Presidencia que si escribía un libro sobre sus años en aquel país que amaba tanto lo titularía “Esto no tiene remedio” (y apostillaba, en catalán, “No hi ha res a fer”). Lo dicho: Joaquim no se estaba de pamplinas si se trataba de escribir. De ahí expulsiones y situaciones de riesgo que transmitía a la redacción con un distanciamiento que decía mucho de su aversión al protagonismo.

Ya quedó dicho que Joaquim escribía con rapidez, una virtud propia del periodismo deportivo que cultivó en sus años de director, allá por los 70, de la revista Barça, etapa que le permitió tratar de cerca a Rexach –algunas de cuyas frases catalanistas eran invención pactada de Ibarz– y a Cruyff. Si hablo de ellos y no de la gente importante a la que entrevistó es porque Quim fue un apóstol barcelonista.

Era hombre de sueño ligero, cuatro o cinco horas le bastaban, y con fortuna: ha fallecido donde nació, bien cuidado por una familia que entre dejarlo meses en un hospital y atenderlo en la casa pairal optó por lo segundo sin dudarlo. Con su sobrina Mercè al frente, la familia ha tenido para él un cariño y un cuidado que viene de la tierra, de algo muy grande y hermoso.

Ibarz se resistía a morir sin ver inaugurada La Casa de Usted, como así ofrecen su hogar los mexicanos al visitante: un edificio de rosa y azul, en tonos muy centroamericanos, en el centro de Zaidín, donde si las autoridades aragonesas no fallan -y siendo aragonesas cumplirán su palabra– los visitantes podrán ver a modo de pequeño museo las más de 2.000 piezas de artesanía coleccionadas por nuestro hombre. Sólo queda completar la catalogación.

Ha sido un placer, compañero.

 

PABLO ORDAZ. El País

Joaquim Ibarz (Zaidim, Huesca, 1943), fallecido en la tarde del sábado en su pueblo natal a los 68 años, nunca se casó con nadie. ¿Se puede decir algo mejor de un periodista? Durante los últimos 27 años fue el corresponsal de La Vanguardia en América Latina y, aunque su larga lista de amigos también incluye a algunos gobernantes, siempre supo mantener la distancia suficiente para ejercer el periodismo con libertad. Nunca supo callarse ni hablar con eufemismos. Y hasta el final conservó una memoria prodigiosa, una curiosidad infinita y un amor inquebrantable por el periodismo. A los doctores no le preguntaba por el tamaño del cáncer, sino por si creían que aún le daría tiempo de llegar a Venezuela... O a Nicaragua... O a Haití...

Nada más enterarme de su muerte llamé enseguida al periodista de EL PAÍS Juan Jesús Aznárez, que fue su amigo desde que se conocieron en La Habana hace la friolera de 26 años. No tenía ganas de hablar, solo de coger el coche y conducir hasta Zaidín para despedirse del viejo reportero. Pero frase a frase, como puñetazos en la mesa, ha ido haciendo un perfil preciso: "Lo conocí en 1985. Yo era delegado de EFE en Cuba y él venía a la oficina a enviar las crónicas. Nunca olvidaré su lealtad con los amigos, su inquebrantable adhesión al periodismo, y una ilusión y una curiosidad que no mermaron ni un ápice hasta el último día". De eso puedo dar fe también. Estuve muy cerca de él aquellos primeros días de julio en los que el maldito cáncer lo atrapó mientras se ponía un jersey en su casa del DF. Ya en el Hospital Español, a Joaquim solo le interesaba saber cuándo iba a estar a punto para salir corriendo a Venezuela u otra vez a Haití. "Joaquim es", Aznárez sigue utilizando el presente, "el periodista que más sabe de América Latina, pero no por lo que haya leído en los libros, sino porque se la ha pateado de arriba abajo. Cuando partíamos juntos hacia algún lugar, él se ocupaba de todo, de la intendencia, de los hoteles... Ni te hacía falta estar muy atento a la actualidad, porque ya se ocupaba él. Fue el corresponsal de referencia en México. Todos hemos estado con él y hemos aprendido a su lado".

A lo largo de sus viaje fue reuniendo una gran colección de artesanía popular que pretendía reunir en Zaidín -bautizada como "La casa de usted", una expresión de hospitalidad que se usa en México? mediante una fundación que pretendía ser sobre todo un homenaje a América Latina, su segunda gran pasión después del periodismo. A punto estuvo de verla inagurada... Le dieron todos los premios que un corresponsal decente desea recibir -el último, ya enfermo, el María Moors Cabot que otorga la Universidad de Columbia y que nunca había recibido un español-, pero el más importante se lo entregó su periódico de toda la vida, La Vanguardia, renovándole su puesto de corresponsal en América Latina aun más allá de la edad de jubilación. Murió con las botas puestas.

 

VV. AA. ABC

"¿Llegó Joaquim? ¿En qué habitación está?". La pregunta ha sido una suerte de contraseña a lo largo de estos años entre quienes solemos encontrarnos en las capitales latinoamericanas. Saber dónde estaba Quim era obtener una certeza, el punto de referencia adecuado. Saber, en definitiva, dónde estábamos parados. Joaquin ha funcionado muchas veces como referente periodístico y jefe de esas familias improvisadas que se forman en las coberturas, estableciendo lazos de complicidad y solidaridad. "A las siete de la mañana los levanto", avisaba en las vísperas.

Ese era Quim. Un despertador. El que nos espabilaba, en muchos sentidos. El memorioso, el que sabía aconsejar, el que opinaba con vehemencia, haciendo saber de antemano cuáles eran las causas que lo indignaban obsesivamente -siempre con los apellidos de los sátrapas convertidos en adjetivos-, el que funcionaba como guía en las ciudades.

Amaba esta región, y en cada viaje se llevaba un trozo de ella, para atesorarlo y compartir las miradas. Un tesoro que ahora quedará a merced de los visitantes en su última obra, "La casa vostra". Ese proyecto que fue pergeñando en las sobremesas de esa redacción móvil en Bogotá o en Caracas, en Río o en La Paz y que le habíamos bautizado originalmente "la Fundació Ibarz".

Era nuestro jefe de logística, el primero en preguntar en las ruedas de prensa, haciendo valer su derecho de decano orgulloso de los corresponsales. El sibarita y frugal. Ese era Quim. Y era muchos más, pero siempre afloraba el costado humano, aun en los espasmos de rabia.

Tenía amigos en todas las ciudades, y eso quiere decir algo. Quería a sus amigos, y los quería cerca suyo, siempre (¿cómo desobedecerlo?). En abril tendrán lugar las elecciones presidenciales. Alejandro Toledo, cuya figura pública se ha forjado en aquel año 2000 en parte gracias a la pluma de Ibarz, intentará volver al Gobierno. Será una elección excepcional: algo que se aparta de lo ordinario. Y será así porque faltara algo, alguien. En Lima no encontraremos a Joaquin, por primera vez. No preguntaremos por él. Lo recordaremos, sí, exhumaremos anécdotas, nos reiremos, quizá. Pero todos, los que viajemos o han sido sus compañeros de ruta en otras latitudes, nos sentiremos ese día, en el fragor noticioso, un poco más solos que de costumbre. La vida periodística no será lo mismo sin Quim. Y la vida de nosotros, tampoco. Oficio y afecto se han unido en su nombre. Y así queremos evocarlo. Adiós amigo.

Tus compañeros de ruta en América Latina Abel Gilbert, Carmen de Carlos, Manuel M. Cascante, Toni Cano Jacobo García, Lucy Conger, Jose de Cordoba, Jose Vales, Bernardo Gutiérrez , Juan Restrepo, Pablo Biffi, Elisabet Sabartes , Paola Ugaz, Jane Bussy Iruña Urruticoechea…

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antoncastro

gravatar.comAutor: Lolin

Que pena , casi era paisano mío,(soy de Fraga y en esta zona estamos todos muy mezclados) y no lo llegué a conocer , he sabido de él a través de su muerte. Me encantará conocer esa "Casa vostra" que ha dejado en herencia ...
Descanse en Paz.

Fecha: 14/03/2011 14:17.


gravatar.comAutor: Yael

He estado muy unido a Quim, seguramente más unido que nadie. He entregado a él toda mi vida y como ser humano tengo la triste necesidad de manifestar que es muy duro el conocer cuando una persona se está muriendo que nunca te ha querido. Quim sólo se quería así mismo, era un egoísta. No escuchaba porque para él no había otro tema más importante que él mismo. Por eso organizaba sus fiestas y creó la fundación, la Casa de Usted o Casa Vostra, para ser recordado a título póstumo. Sus éxistos le servian para refugiarse de su gran fracaso, todos los que le conocíamos bien sabíamos cual era. No obstante, me quedo sorprendido de lo bien que habláis todos de Quim, parece que sea otro Quim, que no estemos hablando del mismo Quim. Es cierto que era un gran periodista, del Barça a matar, pero he leido otras necedades como que era generoso cuando una de sus grandes facultades era su innata tacañería al igual que su mal caracter.

Estoy agotado de leer obituarios firmados por todos los periodistas cuyos nombres siempre son los mismos. Y mi pregunta es la siguiente: ¿qué haría el egotísta de Quim si se levantara y lo viese? Sin duda, que su comportamiento se alejaría de la humildad.

Fecha: 21/03/2011 01:05.


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