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NUEVA NOVELA DE PEDRO JUAN GUTIÉRREZ

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Pedro Juan Gutiérrez cuenta

la persecución de Cuba a los gais

 

El narrador de Matanzas publica ‘Fabián y el caos’ (Anagrama), la dramática historia de un músico acosado por el régimen de Castro

 

 

Antón CASTRO

Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, Cuba, 1950) ha sido llamado en muchas ocasiones el ‘Charles Bukowski’ cubano. También tiene cierto parentesco con el canto a la vitalidad sexual de Henry Miller. Es un escritor descarnado y visceral al que le encanta explorar el sexo, la sordidez y la miseria de un país en permanente contradicción. En el mundo de Pedro Juan Gutiérrez el sexo es lo más importante que hay: cuando todo va mal, cuando la hambruna atosiga, cuando ni hay trabajo ni otras expectativas, siempre queda eso: una cita en cualquier parte con esas mujeres ardientes, de cualquier edad, dispuestas al amor y a sus tenebrosas apariencias.

Pedro Juan Gutiérrez dejó constancia de esta visión en libros como ‘Trilogía sucia de La Habana’, muy especialmente, pero en realidad en casi toda su obra: acostarse es una redención, un placer, una huida hacia adelante y quizá una condena. Y, casi siempre, en el fondo, da igual donde sea y con quien sea. Pedro Juan Gutiérrez, que también le ha dedicado una novela a la presencia de Graham Greene en la isla, ‘Nuestro G. G. en La Habana’, ha creado una especie de antihéroe de los bajos fondos, nihilista, huraño, corrosivo, más bien cabreado y dispuesto para el goce de una manera primitiva, casi animal, aunque a veces posea fogonazos de romanticismo. Para él, el romanticismo y el deseo caminan de la mano.

Ese personaje central de sus libros que es Pedro Juan, que tiene mucho de ‘alter ego’ suyo, reaparece en ‘Fabián y el caos’ (Anagrama, 2015. 235 páginas), que llegará a las librerías con el nuevo curso. Es un libro parecido a sus títulos anteriores, críticos con Cuba, que ofrecen una visión demoledora de su situación social, laboral y política, pero incorpora una novedad: se centra en la historia de un homosexual, con grandes capacidades para la música, al que el sistema revolucionario pondrá en su punto de mira con un trabajo brutal de demolición. Pedro Juan Gutiérrez cuenta dos vidas paralelas: la de Pedro Juan, que descubrirá el sexo con Regina y Tita la loca, entre otras, y la de Fabián, hijo de Lucía Ramírez, madrileña, y Falipe Cugat, barcelonés, que viven una fugaz historia de amor. Felipe y Lucía se conocen, se casan, se marchan a Matanzas; él trabajará en una tienda de tejidos de su tío y ella dará clases de música. Lucían será madre por accidente a los 44 años; su marido se entendía con diversas prostitutas y se controlaba muy bien en el tálamo nupcial, hasta que un día cometió un error.

Así nació Fabián –la novela arranca con esta frase: “Fabián empezó a escuchar la música del piano cuando aún era un feto flotando en el vientre de su madre”-, escasamente agraciado, que llegará a dominar la música clásica, el bolero y el jazz. Su padre le dije un día a su esposa: “Te dije que lo mantuvieras alejado del piano. Eso está bien para las mujeres. Y punto. Los hombres tienen que trabajar. Trabajar duro. ¡Y hacerse hombres, joder!”. Fabián se sentirá un solitario profundo. Un hombre invisible y descolocado. Pese a todo vivirá intensas historias de amor: con el joven Roberto, con quien pasea por la solitaria playa de Varadero, con Manolo (conmueve su destino final), con el carnicero Antonio, con quien explora el lado más salvaje e insoportable del erotismo.

“Tenía que seguir caminando y atravesar la furia y el horror”. Eso hace Pedro Juan y aún más Fabián, que pasará de las ‘Variaciones Goldbrerg’ de Bach, del ‘Concierto número uno para piano’ de Chaikovski y de los ‘Nocturnos’ de Chopin a una fábrica de carne, donde todos roban. Recuerda el narrador: “Las mujeres se amarraban un pedazo [de carne] bajo el vientre, sobre el pubis. Y, si podían, llevaban otro trozo en una bolsa. Todos robaban cada día. Para comer en casa o para vender”. Alguien le dice a Fabián, en medio del éxito, que él no es un personaje idóneo para trabajar en cultura. El narrador reflexiona sobre la situación: “Fabián era un artista total. Un soñador. No tenía capacidad pragmática para la vida”. Y el propio artista, que parece no percatarse del nuevo estado de cosas, confiesa: “No me interesa buscarme la vida. Lo que me interesa es la música. Ir hasta el final (...) No quiero tener hijos ni nada. Solo quiero hacer música. Escribir una sinfonía, no sé..., hacer algo. Ir hasta el final de algo que no sé bien, no sé”.  

Pedro Juan Gutiérrez describe a un país que se inclina hacia el comunismo, que intenta sobrevivir en una nueva retórica de convivencia y que acaba levantando un muro de espionaje (encarnado en una mujer, Celeida), de cerrazón, de miedo y de intolerancia, que le afecta no solo a su amigo, sino a mucha otra gente, entre ellos los escritores José Lezama Lima, autor de ‘Paradiso’, libro bajo sospecha, el narrador y dramaturgo Virgilio Piñera o Reinaldo Arenas, que dejará su testimonio estremecedor en ‘Antes que anochezca’.

 

LA ANÉCDOTA

El beso más largo. Cuba ha sido un país de cines y de cine. Lo ha recordado Cabrera Infante en su libro ‘Mea Cuba’, que es una crítica feroz del castrismo. Cuenta muchos casos de represión contra los homosexuales. En los cines de La Habana pasaban muchas cosas. Aquí, Pedro Juan Gutiérrez cuenta algunas: los besos eran tan largos como una película, el acoso sexual se volvía más que insoportable. Y, a la vez, la oscuridad era el reino de todas las fantasías sexuales. Para Pedro Juan y Fabián el cine es como un reino de iniciación.

 

*La foto es de Eve Arnold, y está tomada en 1954.

 

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