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CARMIÑA: LA MUJER IDEAL DE LETRAS

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CARMEN MARTÍN GAITE:

LA MUJER IDEAL DE LETRAS

 

Se cumplen quince años de la muerte de esta escritora versátil que practicó todos los géneros

 

Antón CASTRO

Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925-Madrid, 2000) encarna un deslumbrante ejemplo de vocación literaria desde la niñez. A los ocho años ya escribía cuentos y a los diez firmó un cuaderno que tituló ‘Redacciones’. Su infancia transcurrió entre Salamanca, Madrid y San Lorenzo de Piñor, en Orense. Su  padre, notario liberal, le regaló una pluma, que conservó siempre, y una frase: “olvidaos de la ambición de poseer y, en cambio, no perdáis nunca, hasta el fin de vuestros días, la ambición de saber”; Carmiña la cumplió al pie de la letra.

Estudió Filosofía y Letras en Salamanca y allí conoció, entre otros, al narrador Ignacio Aldecoa (1925-1969), que frecuentaba poco las aulas y mucho las tabernas, y poseía un maravilloso oído para captar el idioma popular al vuelo. Al principio, Carmen Martín Gaite hizo algunas tentativas como actriz: siempre tuvo algo de melodramática; como dijo el profesor y crítico Santos Sanz Villanueva podía ser “vital, presumida, provocadora”, pero también era irónica, divertida, reflexiva, rebelde, trabajadora hasta la extenuación, y le gustaba llevar aquellas boinas que le daban un aire parisino y a la vez intemporal.

Tras una pequeña crisis universitaria y de salud –que dio lugar al inédito ‘Libro de la fiebre’, de literatura fantástica más bien-, se trasladó a Madrid. En 1950 inició su relación con el joven escritor Rafael Sánchez Ferlosio, que le recomendó que no publicase aquel trabajo. Rafael y Carmen se casaron el 14 de octubre de 1953, y tuvieron un primer hijo, Miguel, que murió a los siete meses. Carmen, desolada, decidió que debían tener otro hijo; su hija Marta nació en 1956. Para entonces Carmen ya había publicado cuentos en varias revistas y, en 1954, había obtenido el premio Café Gijón con ‘El balneario’. Coincidiendo con el nacimiento de Marta, Sánchez Ferlosio ganó el premio Nadal con ‘El Jarama’, una novela realista de prosa objetiva y minuciosa que narraba una tarde en el río y un accidente funesto. Carmen Martín Gaite escribía siempre que podía, como le contó en una conmovedora carta a Asunción Carandell, esposa de José Agustín Goytisolo, que Carme Riera publica en un libro recomendable: ‘Un lugar llamado Carmen Martín Gaite’ (Siruela, 2013), en el que escriben los zaragozanos José-Carlos Mainer y María Dolores Albiac. En 1958, la propia Carmen Martín Gaite ganó el Nadal con ‘Entre visillos’. Luego aparecerían ‘Ritmo lento’, quizá una de sus novelas más ambiciosas, de discreta acogida, ‘Retahílas’, ‘Fragmentos de interior’, ‘Las ataduras’… Y empezó a dar muestras de su versatilidad: fue guionista de televisión, escribía ensayo, artículos, teatro, poesía, traducía de al menos cinco lenguas (gallego, portugués, italiano, inglés, francés), se obsesionó con el siglo XVIII a través de la figura de Melchor de Macanaz y del estudio de los usos amorosos, entre otras cosas. En 1961, cuando Marta ‘La Torci’ tenía cinco años, le regaló a su madre una libreta con un título premonitorio: ‘Cuaderno de todo’. Desde entonces, Carmen redactó una larga treintena de cuadernos que contienen reflexiones, confidencias, notas de lectura, cartas, etc., algo muy parecido a un personal diario íntimo o las notas del taller de la escritora; se publicarían en 2002 en Debate en edición póstuma de Maria Vittoria Calvi. En 1970, ella y Rafael Sánchez Ferlosio se separaron; él se volvió a casar con Demetria Chamorro y ella solo se desposaría con la soledad, la literatura y el amor hacia su hija Marta, que falleció en 1985 de sobredosis. Dos años antes había publicado un libro capital, en el que trabajaba de manera explícita desde 1973: ‘El cuento de nunca acabar. (apuntes sobre la narración, el amor y la mentira)’. En 1988 compartió el premio Príncipe de Asturias de las Letras con su amigo José Ángel Valente. La última década de su vida fue especialmente intensa.

Se convertiría en una escritora popular, querida y galardonada, una de las más vendidas de la Feria del Libro de Madrid. Publicó sus novelas de mayor éxito, ‘Caperucita en Manhattan’ (1990), ‘Nubosidad variable’ (1992),  ‘La reina de las Nieves’ (1994). Ese año recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas), ‘Lo raro es vivir’ (1997), ‘Irse de casa’ (1998)..., salvo la primera, todas en Anagrama. En ellas se mezcla la glosa de cuentos clásicos y su mundo obsesivo de secretos de la memoria. El 23 de julio de 2000 falleció de un cáncer fulminante en la Clínica Rúber. Pidió que le llevasen sus ‘Cuadernos de todo’, que definió como su “murmullo del vivir cotidiano”, y cerró sus ojos abrazada a ellos. Carmen quizá no pudo oír el ruego de su hermana mayor Ana María: “No te mueras todavía”. Han pasado quince años desde entonces: la importancia de esta novelista de la introspección, de la evocación y de “la búsqueda del interlocutor” sigue creciendo.

 

LA ANÉCDOTA

Carmen Martín Gaite fue una mujer muy generosa con los jóvenes, como han recordado Antonio Muñoz Molina, Belén Gopegui o Marcos Giralt Torrente. Fue la guionista de la serie sobre Teresa de Jesús de Josefina Molina. Varios aragoneses han estado vinculados con ella. Firmó el guion de ‘Celia’ (1993), que rodó José Luis Borau, que le dio un cameo como monja; fue una gran amiga de la actriz y modelo, y también escritora en su madurez, Mayrata O’Wisiedo, novia en los 50 de Alfonso Sastre, como cuenta en su libro ‘Esperando el porvenir’ (Siruela, 1994), sobre Aldecoa. La actriz Ana Labordeta fue una de las protagonistas de su obra teatral ‘La hermana pequeña’, que se estrenó en 1999.

 

*Esta fotografía es de Rogelio Allepuz y se la tomó al lado del Gran Hotel de Zaragoza en 1991.

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