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Antón Castro

JUAN VERÓN: 'CANCIONES GAMBERRAS'

JUAN VERÓN: 'CANCIONES GAMBERRAS'

  • Título del CD: Canciones gamberras
  • Intérprete: Johnny and The McAgüen
  • Edición: 22-dic-2015 / 1.000 ejemplares

 

Johnny Mysterious, un personaje atemporal cuya edad es una verdadera incógnita, escocés de Escocía, lidera la banda Johnny and The McAgüen, con quienes acaba de editar su primer disco “Canciones gamberras” con versiones de diversas composiciones del músico bilbilitano Juan Verón que en recientes declaraciones dice sentirse muy “enfantado”, término que mezcla las palabras encantado (por el buen resultado del disco de Johnny) con enfadado (porque Johnny, para su primer trabajo, ha utilizado canciones inéditas de Verón, que no acaba de entender cómo este caradura ha podido conseguirlas y cómo puede llevar más de 150 años hablando de sus éxitos para finalmente utilizar canciones compuestas por el bilbilitano).

 

El estado habitual de Johnny es el de “encarcelado” aunque, según las últimas referencias que se tienen de él, escapó a Japón el pasado diciembre. Parece ser que, oculto en una maleta de La Pantoja, pasó los controles de seguridad de la cárcel sin ser detectado. Antes de esto, frecuentemente solicitaba al músico bilbilitano el pago de alguna fianza para salir de la trena, y recientemente, una vez libre y huido al país del sol naciente, envió una carta certificada nombrándolo “su representante en la tierra” y dándole poderes para la gestión de este trabajo, misión que Verón aceptó encantado: “Toma, a ver si al menos recupero lo que he ido pagando para las fianzas de Mysterious”

 

Una presentación impecable (Johnny no tiene pecas), con un atractivo disco imitando el formato vinilo (el Long Play de toda la vida), libreto de 12 páginas, el inlay interior con un dibujico de Moratha (lo mejor del disco según el propio Johnny), todos los textos cantados, una breve historia de los éxitos de Johnny y la relación de colaboraciones tanto financieros como musicales, han hecho que “Canciones gamberras” sea un disco “Triple B”: Bueno, Bonito y Barato.

Los interesados en “Canciones gamberras” pueden escucharlo o realizar descarga legal a través de iTunes, MediaNet, Rhapsody, eMusic, Amazon Digital Services, Spotify, Xbox Music, Shazam, YouTube, SoundCloud y otras muchas plataformas musicales por Internet.

 

Y quienes deseen un ejemplar físico (que mola más) puede solicitarlo por diversos medios, a 7€ incluyendo los gastos de envío dentro de la península (12€ si son 2 unidades), en los Facebook de Johnny and The McAgüen o de Juan Verón (músico) o bien a través de los correos de estos mismos: johnnyandthemcaguen@juanveron.com o jvg@juanveron.com. Los discos viajarán por correo ordinario en sobre acolchado o bien “alcolchonado” para hinchas del At.Madrid.

 

Referente a la incertidumbre suscitada con su edad, existe la creencia de que Johnny es algo similar al doctor Who pues hace nueve años estaba preparando sus 150 años de éxitos, hecho que lo situaría en al menos 180 años de edad, algo que solo podría tener una explicación: que Johnny fuera un Señor del Tiempo (realmente “del Tiempo” podría ser, pero “Señor” nunca lo ha sido ni lo será). El apellido Mysterious todavía da más credibilidad a esta teoría (¿o se dice incredibilidad?)..

*Nota de Juan Verón.

MANUEL BLANCO Y LA JONDE: EMOCIÓN

MANUEL BLANCO Y LA JONDE: EMOCIÓN

Una de las experiencias más hermosas del arte es oír un buen concierto de música clásica. ¡Cuántas sorpresas, cuántas maravillas y qué difícil se me antoja que todo fluya, que haya felicidad en la interpretación, alegría, sincronía, vitalidad, esa magia inefable que se da cuando los instrumentos, y sus ejecutantes, hablan entre sí y deslíen, nota a nota, la complejidad de una partitura, sus variaciones, sus detalles! Esta mañana he estado oyendo la JONDE (Joven Orquesta Nacional de España), bajo la dirección de George Pehlivanian: fue un concierto especial, la sala Mozart del Auditorio de Zaragoza estaba atiborrada, el oyente más veterano quizá fuese un señor de 94 años, perfectamente lúcido, que me diría que durante la interpretación de Manuel Blanco, a la trompeta, se había emocionado profundamente. Tanto que tuvo que refrenar las lágrimas.

La JONDE, con el solista Blanco (Daimiel, Ciudad Real, 1985), que tocó dos temas en la primera parte, uno de Arutianian y otro de Piazzola, logró una primera parte espléndida; Blanco, de apenas treinta años, dijo que había empezado en cierta forma en el Auditorio de Zaragoza hacía doce o trece años, y que el de hoy era un concierto muy especial. Oír a los instrumentos solistas, en medio de la orquesta o cuando esta se detiene o elige el sonido de la cuerda o de otros vientos, produce una sensación especial: oyes sonidos que no pensabas que tenía el instrumento. Tocó como quiso, melancólico y exuberante, cálido y seguro, con swing, él mismo parecía animar a la orquesta en sus tiempos muertos y disfrutaba con los movimientos del director. Un instante precioso. Manuel Blanco es elegante, clásico y moderno, conoce su instrumento y se siente tan gusto que contagia su  dicha, el puro placer de tocar. Y no solo eso: sabe que la música se hace en equipo y elogió y animó a sus compañeros.

Y luego la JONDE atacó la sinfonía en cuatro tiempos ‘Leningrado’ de Shostakovich, una de esas obras difíciles, variadas, llenas de matices, de equilibrios y desequilibrios, de entradas y de salidas, de recovecos y de ecos; Juan Carlos Galtier exaltó las virtudes del compositor y pidió que nos fijásemos en su ironía, una de sus constantes. Eso es más difícil de percibir, al menos para mí. Pero lo que sí se oye, se oye y se ve, es la riqueza de la partitura, los estados de ánimo, la creación de atmósferas, la belleza y la fuerza, y ese intensidad asombrosa que constituye el cierre (también la hubo en otros dos o tres momentos) en todo lo alto, con todo el bloque de músicos estremecido, como si fuera una auténtica catarsis o una apoteosis. La pieza duró más de 70 minutos. Y los jóvenes, de entre 17 años a 25, la bordaron.

La gente gritó “bravos” y más “bravos”, durante más de cinco minutos. Decía Miguel Ángel Tapia, pianista y director del Auditorio, que había más jóvenes que nunca y que quizá hubiese gente de fuera. Los Ciclos de Introducción a la música fueron un invento del llorado Ángel Martínez hace36 años; Tapia los coordina desde hace 35. A mi lado se sentaba una pareja de amigos de Manuel Blanco, a los que les dedicó su concierto. Los chicos, contentos, se abrazaban todos ante casi dos mil personas que sospechaban que había tenido una mañana inolvidable. La música contagia plenitud, emoción, sosiego, y eso es uno de sus enigmas. La melodía oculta que nos envuelve. El gozo palpitante.

*la foto está tomada de la página web de Manuel Blanco.

GUILLERMO BUSUTIL: 'ALCÁNTARA DRY'

GUILLERMO BUSUTIL: 'ALCÁNTARA DRY'

 

ALCÁNTARA DRY

Por Guillermo BUSUTIL*  17.01.2016

Publicado por el escritor y periodidta, director de ’Mercurio’ en ’La Opinión de Málaga’.


Ave maestro, los que van a escribir te saludan. Unos gladiadores llegaron en tren, otros a pie de su columna. Armados todos con viejas estilográficas de combate, bolígrafos de urgencia y lápices de bolsillo. Según las exigencias del dibujo de la realidad, de su narración a golpe de tiempo y de la firma del estilo. Ignacio Camacho, Antonio Lucas, Manuel Jabois, Antonio Soler, Eva Díaz, Domi del Postigo, José María de Loma, Rosa Belmonte, Juan Soto Ivars, Teodoro León Gross y más nombres de cazadores y chamanes en el oficio de contar las vicisitudes y las sombras, qué profundidad tiene el iceberg de lo real. Convocados todos a lo largo de una mesa, igual que si fuesen caballeros andantes entre la política sin Griales, los contrapicados de los dragones económicos y los días estrechos que siempre tienen sus puentes y sus fosos. En la cabecera aguardaba el decano, Manuel Alcántara, estrenando 88 años, dos velas trenzadas entre el articulismo y la poesía. Enjuto y vivaz, irónica su sordera, elegante y resistente frente a esa enfermedad mortal que es la vejez, como él afirma dispuesto a que cuando llegue su hora, la muerte lo encuentre vivo. Y a ser posible con el cuchillo disuelto de un dry Martini entre las manos.

El brindis de la contraseña. La savia del mediodía que mantiene firme y lúcido al escritor de periódicos con más de 20 mil artículos pespuntando la resaca gris de España, la Transición de la democracia y el desencanto escéptico de un país atribulado entre su laberinto, los fantasmas de Berlanga y el happening. Manuel Alcántara, hijo de la calle del Agua y de Antonio Machado, malagueño con espuma de mar en la suela de los zapatos y bohemio de la Florida en el Madrid literario de los cafés donde aprendió todas las maneras del silencio. Y también el envés de las noches sin arrugar con Gómez de la Serna, González Ruano y Penagos el joven. Con ellos y con Azorín, con la memoria de Julio Camba y la amistad de Neruda, se fue curtiendo este marinero en tierra en articulista alrededor de la vida y en poeta encolumnado.

Eran los tiempos duros en los que se gritaba en las redacciones «al suelo, que llegan los nuestros», y cada día había que esperar a que el motorista volviese con la libertad concedida y sellada a pie del artículo. Era joven Alcántara, del Pueblo y del Ya, dandismo a pie de cuadrilátero, sin que el pañuelo de bolsillo de la chaqueta se manchase de humo, ni del rojo lacre de la gota ciega que la derrota sacudía desde el dolor del rostro hasta el abismo de la lona. En vilo los ojos, amagando un puño en el aire, como si él mismo fuese la sombra del campeón o del aspirante, igual que si quisiera guiarle el ataque al boxeador por el que había apostado el valor de su prosa. A 136,50 pesetas con descuento la crónica urgente, doce minutos para ganarle el combate al tiempo de entrega. Once años de periodismo literario telegrafiado a veces por teléfono o resuelto en tres asaltos: el del templo de la pelea, el del trayecto en taxi, el de a un suspiro de la campana en la entrada de Larra, 14 con olor a plomo. Once años con su derecha eléctrica firmando en Marca el relato épico de un combate, el romance entre poesía y boxeo. Hasta que la muerte noqueó a un púgil con toda la vida por delante, y dejó atrás las voces del Palazzetto dello Sport de Roma, del Regent Palace de Londres, del Palacio de los Deportes de Madrid. Un oficio del que guarda, a sus 88 años, el batín celeste del Puma de Baracoa, un escorzo de peso wélter con chaqueta, corbata de nudo Windsor, zapatos inmaculados en negro y bigote Ronald Colman, como lo dibujó José Luis Garcí en el hermoso epílogo cinematográfico de ’La edad del boxeo’ en edición del K.O. y de Agustín Rivera.

Desde entonces y desde antes, recorría el maestro de Umbral y de Garci los días y sus alarmas, sus esquinas y sus callejones, sus discursos oficiales y sus rebeldes pechos al aire. Siempre en una columna de arriba abajo, con el latigazo de un adjetivo zurdo y el sustantivo en guardia. La frase tanteando el instante preciso en el que el verbo encaje y le nuble el vértigo al tema con el que se ha fajado, sin dejar de mostrarle al lector su cara y el relámpago de una prosa en proceso de paz. No pocos premios ha recogido su talento y su labor, su prodigiosa memoria para recitar versos y citas, escenas de cine, requiebros de área, internadas de banda, orquídeas de mujer, anécdotas clandestinas y sin apólogo moral, que no es Alcántara de juzgar ni pontificar. Es lo suyo vivir noble y de frente, con hedonismo mediterráneo y palabra aprendida y desamordazada, libélula y mar, limpia siempre de pólvora y de máscaras. Incuso en Málaga le pusieron su nombre a una plaza. Él hubiese preferido una calle, pero tiene más metáfora lo de darse una vuelta por Alcántara. Aunque todavía falta la escultura forjada por Suso de Marcos, otro maestro que ha hecho de su casa un museo imprescindible, una escuela donde estudiar la magia del volumen y sus vacíos. Igual que el mar abierto de un poema de Alcántara transformado en la vida al cubo.

No quedan maestros con su templanza. Ninguno como él traza tribunales al viento con una pluma de oro Parker Waterman sin que se le tuerza la canción de su letra ni nadie le recrimine un punto y aparte. Y pocos engloban y acogen a tres generaciones de articulistas a los que el hermana en su afecto. Lo mismo que a los directores de los cuatro periódicos de la ciudad, sin olvidar a su inseparable amigo interlocutor, Juan López Cohard, un hombre de palabra y sombrero Welles.

88 años dan para mucho brindis. Cada cual el suyo, y yo el mío, con el cariño y admiración de tantas lecturas y charlas. Qué grande maestro. Un escalón más. La vida prosigue en columna y en combate, ganándole al costado de los días el aire, las esquinas, la campana y su oleaje. Tu palabra no sólo no pierde pie ni comba sino que avanza su abrazo, curtida en trincheras de humo y cuadriláteros de sombras, y enlaza en un poema ese mar con rostro de muchacha para bailar azules en la superficie de un dry Martini: Alcántara perfecto, para celebrar la vida y llenar de nuevo.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

 

*La primera foto es de Diario Sur. La segunda la tomo de aquí

http://estaticos.elmundo.es/elmundo/imagenes/2012/04/12/andalucia_malaga/1334217211_0.jpg

XOÁN ABELEIRA TRADUCE A BRETON

XOÁN ABELEIRA TRADUCE A BRETON

[Xoán Abeleira, poeta y traductor, acaba de traducir a André Breton para Galaxia Gutenberg, poemas fechados entre 1940 y 1948. En el prólogo, apasionado y vindicativo, explica las claves de la lírica de este militante y maestro del surrealismo, para muchos la gran referencia, el teórico. He aquí uno de los poemas del libro de más de 400 páginas. En la foto, Benjamin Peret caza mariposas con André Breton.]

 

LE GRAND SECOURS MEURTRIER

 

 

La statue de Lautréamont

Au socle de cachets de quinine

En rase campagne

L’auteur des Poésies est couché à plat ventre

Et près de lui veille l’héloderme suspect

Son oreille gauche appliquée au sol est une boîte vitrée

Occupée par un éclair l’artiste n’a pas oublié de faire figurer au-dessus de lui

Le ballon bleu ciel en forme de tête de Turc

Le cygne de Montévidéo dont les ailes sont déployées et toujours prêtes à battre

Lorsqu’il s’agit d’attirer de l’horizon les autres cygnes

Ouvre sur le faux univers deux yeux de couleurs différentes

L’un de sulfate de fer sur la treille des cils l’autre de boue diamantée

Il voit le grand hexagone à entonnoir dans lequel se crisperont bientôt des machines

Que l’homme s’acharne à couvrir de pansements

Il ravive de sa bougie de radium les fonds du creuset humain

Le sexe de plumes le cerveau de papier huilé

Il préside aux cérémonies deus fois nocturnes qui ont pour but la soustraction faite du feu d’intervertir les coeurs de l’homme et de l’oiseau

J’ai accès près de lui en qualité de convulsionnaire

Les femmes ravissantes qui m’introduisent dans la wagon capitonné de roses

Où un hamac qu’elles ont pris soin de faire de leurs chevelures m’est réservé

De toute éternité

Me recommandent avant de partir de ne pas prendre froid dans la lecture du journal

Il paraît que la statue près de laquelle le chiendent de mes terminaisons nerveuses

Arrive à destination est accordée chaque nuit comme un piano

 

 

 

EL GRAN AUXILIO HOMICIDA[1]

 

La estatua de Lautréamont

Con su pedestal de cápsulas[2] de quinina

En campo raso

El autor de los Poemas yace boca abajo

Junto a él vela el sospechoso lagarto escorpión[3]

Su oreja izquierda pegada al suelo es una caja con tapa de vidrio

Ocupada por un relámpago el artista no olvidó representar encima de él

El globo aerostático azul celeste con forma de cabeza de turco

El cisne de Montevideo dispuesto siempre a batir sus alas desplegadas

Para atraer a los demás cisnes del horizonte

El poeta abre al falso universo sus dos ojos de distinto color

Uno de sulfato de hierro en el emparrado de las pestañas el otro de cieno cubierto de diamantes[4]

Ve el gran hexágono con embudo en el que muy pronto se crisparán las máquinas

Que el hombre se obstina en cubrir de apósitos

Reaviva con su bujía de radio los posos del crisol humano

Con su sexo de plumas su cerebro de papel aceitado

Dirige las ceremonias dos veces nocturnas cuyo fin exceptuando el fuego[5] es permutar los corazones del hombre y del pájaro

A mí se me permite acercarme a él en calidad de convulsionario[6]

Las mujeres arrebatadoras que me introducen en el vagón acolchado de rosas

Donde una hamaca que ellas se han molestado en trenzarme con sus cabellos me aguarda

Desde toda la eternidad

Me recomiendan antes de partir que no coja frío al leer el periódico

Dicen que la estatua junto a la cual la grama[7] de mis terminaciones nerviosas

Llega a su destino es afinada cada noche como un piano

 

André Breton,

de El revólver de pelo cano

 

 



[1] En general, la expresión le grand secours puede entenderse como un sinónimo de “el salvador”. Así, por ejemplo, en las profecías de Nostredamus, se afirma que <>. Por otra parte, en el ámbito teatral, le grand secours es un dispositivo que arroja una enorme cantidad de agua cada vez que se produce un conato de incendio en el escenario.  Étre de grand secours equivale en castellano a “ser de gran ayuda”.

Samuel Beckett debía de tener en alta estima este poema, pues lo incluyó entre los muchos textos superrealistas que tradujo al inglés para la revista English for Transition, editada y dirigida por Eugene Jolas.

[2] Por mucho que Breton juegue con los diversos sentidos de cachet (sello), la referencia a la quinina nos indica que la acepción apropiada aquí es 14 del DRAE: “p. us. Conjunto de dos obleas redondas entre las cuales se encierra una dosis de medicamento, para poderlo tragar sin percibir su sabor”. Lo que en la actualidad denominamos “cápsulas”.

[3] Lagarto moteado, enchaquirado, de cuentas...: http://es.wikipedia.org/wiki/Heloderma_horridum.

[4] Dado que esta imagen volverá a aparecer en la Oda a Charles Fourier como <>, nos inclinamos a traducir el adjetivo diamante como <>, en vez de cómo <>.

[5] Sobreentendamos <>. Probablemente en alusión a la filosofía de Heráclito.

[6] Además de la acepción del DRAE, ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Convulsionarios.

[7] Literalmente, chiendent significa “perrodiente”, “dientes de perro”. 

DANIEL GASCÓN ESCRIBE DE PODEMOS

DANIEL GASCÓN ESCRIBE DE PODEMOS

[Daniel Gascón, en su artículo de los jueves de ’Letras Libres’ reflexiona sobre la política española actual y las batallas de símbolos de Podemos; a veces da la sensación de que ellos hubieran inventado la política y la democracia. Han llegado al Parlamento por el mismo procedimiento democrático que todos los demás partidos y diputados, pero Pablo Iglesias es un gran estratega que parece manejar mejor los medios que las ideas y quizá el sentido de Estado.]

 

Por DANIEL GASCÓN.
Escritor, traductor y director de la edición española de ’Letras Libres’.

 

La política española se ha vuelto tan apasionante en los últimos tiempos que parece ocuparlo todo. Hablamos de las tácticas y la aritmética del poder, y de la tensión sexual no resuelta entre las distintas formaciones. Es un espectáculo de gran intensidad retórica. Ese mayor interés puede contribuir a incrementar la calidad de nuestra democracia. Los votantes saben y exigen más, y la fragmentación del poder puede aumentar la rendición de cuentas y la vigilancia mutua. Al mismo tiempo, el aspecto espectacular, algunas particularidades de las elecciones recientes -las candidaturas personalistas, el doble enfrentamiento entre izquierda y derecha y vieja y nueva política- y las dificultades para las alianzas han hecho que la conversación política nacional parezca más ensimismada, ajena a cuestiones amplias que nos afectan y nos seguirán afectando cuando se alcancen pactos de gobierno.

Otra posible consecuencia de que la política sea más sexy es que acabemos hablando más de política que de medidas políticas. La política se convierte en un fin, en vez de un instrumento, y parece que casi todo ocurre en un vacío: aunque la propia dificultad de llegar a acuerdos lo desmiente, a veces hay quien señala que con voluntad y una señalización ideológica adecuada se pudieran afrontar todas las contingencias y resolver todos los problemas.

Pocas cosas son más entretenidas que una batalla de símbolos, y la formación que mejor sabe manejarlos, en parte porque es un partido en campaña permanente, es Podemos. Lo que menos importa es que sean creíbles, o que reivindiquen medidas que hace años que están en funcionamiento, impulsadas por los partidos de la “vieja política”. Hace unas semanas los diputados del partido anunciaron su renuncia a un plan de pensiones que no estaba en vigor desde 2012. “Nunca más un país sin su gente”, decían ayer en la fórmula que repitieron al prometer su cargo, como si hasta ahora el Congreso de los Diputados hubiera sido un zoológico o no fuera gente la gran mayoría de españoles que no eligió a la formación el 20 de diciembre. La consigna me hizo recordar los versos de Brecht que quizá ya operan en Cataluña: ante la poca fiabilidad de los votantes, el parlamento debería disolver al pueblo y elegir uno nuevo.

En las últimas semanas ha habido discusiones por varias acciones con alto contenido simbólico de la formación de Pablo Iglesias y sus aliados. Esas acciones, que manifestaban cierta inclinación peronista, han revelado a menudo el cruce de una retórica revolucionaria con una sensibilidad un tanto rancia, como de día de Domund en una parroquia de izquierda de hace veinte o veinticinco años: los pobres invitados a cenar en Nochebuena y los elegidos para “encarnar la diversidad”. Muestran también un uso simbólico de las personas, que ejemplifica que Carolina Bescansa acudiera al hemiciclo con su bebé, para realizar un “gesto” en un espacio donde hay una guardería desde hace años.

Otra de las cosas que muestran es su habilidad para apoderarse del relato y convertirse en los protagonistas de la noticia. Aunque han fracasado en las negociaciones sobre la mesa y en su aspiración a tener cuatro grupos parlamentarios, el espectáculo de ayer les hace aparecer en las portadas.

Arcadi Espada denomina esta estrategia comunicativa “anecdotismo”. La foto o nota excéntrica, el detalle destinado a “desengrasar” -como decía una de mis jefas en televisión- se convierte en el centro de la noticia. Aprovechan el funcionamiento y las debilidades del periodismo, así como lo que Manuel Jabois llama “la capacidad de un español de escandalizarse”, y luego se benefician de la polémica generada, que contribuye a cargar de significado un gesto a menudo frívolo o intrascendente. Consiguen que se hable de ellos y además, en un movimiento de judo, las reacciones más contundentes (o grotescas) son las que más se recuerdan, y se descontextualizan y emplean para anular todas las críticas.

Las guerras simbólicas son divertidas y muy eficaces para la movilización. Es casi imposible mantenerse al margen, y seguramente tampoco es deseable. Pero también es bueno no entrar en todas las escaramuzas, porque benefician a quienes las organizan y protagonizan, roban atención y recursos que deberían ir destinados a reformas y debates necesarios, en vez de desperdiciarlos en propaganda y bufonadas.

ADELL Y GARCÍA: CITA CON LOS CASTILLOS

ADELL Y GARCÍA: CITA CON LOS CASTILLOS

[Hoy, a las 19.30, en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés José Antonio Adell y Celedonio García presentarán su nuevo libro, ’Historias y leyendas de los castillos de Aragón’ (Pirineo), en compañía del especialista Luis Zueco, ingeniero y novelista, y del periodista y escritor Antón Castro.]

 

 

DOSSIER: PRESENTACIÓN DEL LIBRO:

 HISTORIAS Y LEYENDAS DE LOS CASTILLOS DE ARAGÓN

A las personas que defienden nuestro patrimonio y conservan el amor por la cultura, por el arte y por las tradiciones que nos legaron nuestros antepasados.

El libro está estructurado en cuatro partes, con cuarenta capítulos y cuarenta castillos.

12 Huesca.

17 Zaragoza.

11 Teruel.

En uno de los capítulos, el dieciséis, hace referencia a tres fortalezas. En los dos últimos aparecen medio centenar de fortificaciones que también encierran alguna leyenda.

La narración se he realizado de forma novelada para que llegue directamente al lector, aunque también existan algunas indicaciones referidas a la historia del castillo o sus elementos constructivos.

En sus páginas vas encontrar historias de guerreros, de defensas numantinas de fortalezas en la Guerra de los Dos Pedros, de señores crueles, de templarios asediados, de torneos medievales, de traiciones y alianzas, de batallas memorables, de tesoros ocultos o de seres misteriosos. También de historias de amor entre cristianos y musulmanes; de personajes históricos-legendarios como El Cid, San Vicente Ferrer, el papa Luna o el bandolero Esteban Cisneros, y de monarcas como Sancho Ramírez, Alfonso I y Doña Urraca, Ramiro II el Monje o Jaime I.

A)  Bloques:

 

1)     Leyendas históricas.

-García Jiménez, conde del Sobrarbe. Cruz sobre carrasca. Castillo de Aínsa.

-La campana de Huesca. Palacio de los Reyes de Aragón.

-Castillo de Montearagón y batalla del Alcoraz.

2)  Personajes históricos.

         -El rey Jaime en el castillo de Monzón.

         -El Cid. Castillos de Monzón y Tamarite.

         - La derrota y muerte de Alfonso I. Castillo de Fraga.

         - Vicente Ferrer. Castillo del Compromiso de Caspe.

         - El papa Luna. Castillo de Illueca.

         -La captura del bandolero Esteban Cisneros. Castillo de Mesones.

         -El encierro de Doña Urraca. Castillo de Calatorao.

 

3Historias de amor

-Doña Violante en Loarre.

-Guati y Zalema o la mora encantada. Castillo de Argavieso.

-El juramento de amor. Castillo de Sos.

-Palacio de la Aljafería.

-Los amores de Brianda de Luna y Luis Cornel. Castillo de Alfajarín.

-Selina, la mora encantada de Daroca.

-Amores trágicos. Castillo de Peracense.

-Castillo de la Fresneda. El arquero y la dama mora.

-Teruel, la ciudad del amor. Fortificaciones de Teruel.

-Los amores de Zaida de Cella y Aben Razin . Castillo de Albarracín.

-Fátima de Mora y Alonso de Rubielos. Castillos de Mora y Rubielos.

4) Pasadizos y Tesoros escondidos.

-El toro de oro. Castillo de Lanaja.

-Castillo de Sádaba.

 

5) Conquistas de fortalezas. Luchas entre cristianos y musulmanes.

         -Alodía la heroína de Alquézar.

         -El castigo del alcaide moro. Castillo de Peralta.

         - Los cincuenta caballeros. Fortaleza de Uncastillo.

         - La conquista de la fortaleza de Rueda.

         - La traición de la dama cristiana. Castillo de Alfambra.

 

6)  Señores crueles.

         -Antón de Luna, El cruel señor de Mequinenza.

- La mano de ella. Castillo de Maella.

 

7)   Castillos con fantasma.

-Don Julián en Loarre.

-La soledad de la princesa mora. Castillo de Carboneras en Binaced.

-La mora encantada. Castillos de Trasmoz, Borja y Bulbuente.

-El pozo de la mano peluda. Castillo de Valderrobres.

8)  Asedios y rendiciones

-         El valeroso alcalde. Castillo de Báguena.

-         A una como los de Buñea. Castillo de Bueña.

-         La caída de los templarios. Castellote.

-          Asedio a los calatravos en el castillo de Alcañiz.

-         Uno contra todos. Castillo de Calatayud.

 

B)  Las historias y leyendas de los castillos por siglos.

Siglo VIII: Aínsa, Daroca,

Siglo X: Uncastillo

Siglo XI: Montearagón, Argavieso, Alquézar, Peralta de la Sal, Tamarite, Lanaja, Rueda, Peracense, Albarracín,Borja, Trasmoz, Bulbuente

Siglo XII. Huesca, Carboneras, Fraga, La Fresneda, Alfambra, .

Siglo XIII: Monzón, Sádaba, Teruel, Mora de Rubielos

Siglo XIV: Sos, Alfajarín, Mequinenza, Maella, Báguena, Bueña, Alcañiz, Valderrobres, Castellote,

Siglo XV: Loarre, Aljafería, Caspe, Illueca,

Siglo XIX: Calatayud,

Siglo XX: Mesones.

 

C)  ÍNDICE

 

PRIMERA PARTE. CASTILLOS DE LA PROVINCIA DE HUESCA

Capítulo I. García Jiménez, legendario conde del Sobrarbe (Castillo de Aínsa)

Capítulo II. La fortaleza románica, escenario de películas y leyendas (Castillo de Loarre)

Capítulo III. La campana de Huesca, leyenda universal (Torre del palacio de los reyes de Aragón)

Capítulo IV. Una fortaleza para tomar Wasqa (Castillo de Montearagón)

Capítulo V. Guati y Zalema o La mora encantada (Castillo de Argavieso)

Capítulo VI. Alodia, la heroína de Buera (Castillo de Alquézar)

Capítulo VII. El rey Jaime siendo niño huye por un pasadizo (Castillo de Monzón)

Capítulo VIII. La soledad de la princesa mora (Castillo de Carboneras. Binaced)

Capítulo IX. El castigo del alcaide moro de Peralta (Castillo de la Mora. Peralta de la Sal)

Capítulo X. El Cid perdona a los vencidos (Castillo de Monzón y torreón de Tamarite)

Capítulo XI. El toro de oro (Castillo de Montoro de Lanaja)

Capítulo XII. La dura derrota de “El Batallador” (Castillo de Fraga)

 

SEGUNDA PARTE. CASTILLOS DE LA PROVINCIA DE ZARAGOZA

Capítulo XIII. El juramento de amor (Castillo de Sos)

Capítulo XIV. Los cincuenta caballeros (Fortaleza de Uncastillo)

Capítulo XV. El pastor que aprendió a leer (Castillo de Sádaba)

Capítulo XVI. La mora encantada (Castillos de Borja, Trasmoz y Bulbuente)

Capítulo XVII. Leyendas de la Aljafería (Palacio de la Aljafería de Zaragoza)

Capítulo XVIII. Los amores de Brianda de Luna y Luis Cornel (Castillo de Alfajarín)

Capítulo XIX. El coraje de Vicente Ferrer (Castillo del Compromiso de Caspe)

Capítulo XX. El cruel señor de Mequinenza (Castillo de Mequinenza)

Capítulo XXI. La mano de ella (Castillo de Maella)

Capítulo XXII. El amor del papa Luna a su tierra (Castillo de Illueca)

Capítulo XXIII. La captura de Esteban Cisneros (Castillo de Mesones de Isuela)

Capítulo XXIV. El encierro de Doña Urraca (Castillo de Calatorao)

Capítulo XXV. La reconquista de la fortaleza de Rueda (Castillo de Rueda de Jalón)

Capítulo XXVI. Uno contra todos (Castillo de Ayub)

Capítulo XXVII. Selima, la mora encantada (Castillo de Daroca)

 

TERCERA PARTE. CASTILLOS DE LA PROVINCIA DE TERUEL

Capítulo XXVIII. El valeroso alcaide (Castillo de Báguena)

Capítulo XXIX. A una, como los de Bueña (Castillo de Bueña)

Capítulo XXX. Amores trágicos (Castillo de Peracense)

Capítulo XXXI. Una fortaleza con múltiples historias legendarias (Castillo de Alcañiz)

Capítulo XXXII. La puntería del arquero y el amor de la dama mora (Castillo de La Fresneda)

Capítulo XXXIII De la Peña de Aznar Lagaia a la fortaleza del arzobispo de Zaragoza (Castillo de Valderrobres)

Capítulo XXXIV. La caída de los templarios (Castillo de Castellote)

Capítulo XXXV. Traición de la dama cristiana (Castillo de Alfambra)

Capítulo XXXVI. La ciudad del amor (Fortificaciones de Teruel)

Capítulo XXXVII. Leyendas del reino de los Beni Razín (Fortalezas de Albarracín)

Capítulo XXXVIII. Los amores de Fátima de Mora y Alonso de Rubielos (Castillo de Mora de Rubielos)

 

CUARTA PARTE. OTRAS LEYENDAS

Capítulo XXXIX. Otras leyendas de castillos aragoneses 

Capítulo XL. Los castillos del Cid 

 

D) INTRODUCCIÓN

 

Se ha escrito y publicado mucho sobre los castillos aragoneses. Algunos se han rehabilitado en los últimos años y son muchos los visitantes y turistas que disfrutan con un recorrido por estas fortalezas.

Todas ellas forman parte de nuestro patrimonio artístico e histórico. Incluso en algunas se han rodado películas, se ofrecen recreaciones históricas o se han instalado centros de interpretación.

Por desgracia también nos encontramos con muchas fortalezas en proceso de ruina inminente, sin que nadie mueva un dedo para evitar su irremisible desaparición. De otras ya solo quedan las ruinas e incluso edificaciones sobre esos restos del pasado. No deberíamos olvidar que parte de las historias y vidas de nuestros antepasados ha estado vinculada a estos recintos.

En esta publicación queremos poner en valor el patrimonio etnológico vinculado a nuestros castillos. Y para ello recogemos historias, leyendas, personajes… que nadan entre la realidad y la ficción.

El libro está estructurado en cuatro partes, con cuarenta capítulos y cuarenta castillos. En uno de los capítulos, el dieciséis, hace referencia a tres fortalezas. En los dos últimos aparecen medio centenar de fortificaciones que también encierran alguna leyenda.

La narración se he realizado de forma novelada para que llegue directamente al lector, aunque también existan algunas indicaciones referidas a la historia del castillo o sus elementos constructivos.

Lógicamente, no están todos los castillos de Aragón, incluso puede faltar alguno significativo, pero nuestro criterio ha sido que hubiera alguna leyenda o historia de interés. Probablemente nos hayamos podido dejado otras que deberían aparecer, y por ello te pedimos disculpas, amigo lector.

Entre las narraciones que vas encontrar aparecen historias de guerreros, de defensas numantinas de fortalezas en la Guerra de los Dos Pedros, de señores crueles, de templarios asediados, de torneos medievales, de traiciones y alianzas, de batallas memorables, de tesoros ocultos o de seres misteriosos. También de historias de amor entre cristianos, entre moros y de cristianos/as y moras/os; de personajes históricos-legendarios como El Cid, San Vicente Ferrer, el papa Luna o el bandolero Esteban Cisneros, o de monarcas como Sancho Ramírez, Alfonso I y Doña Urraca, Ramiro II el Monje o Jaime I.

En el año 1985 comenzamos con las publicaciones sobre Aragón. Hoy, treinta años después, hemos obsequiado a nuestros lectores con más de una treintena de publicaciones y hemos colaborado en otras tantas.

Estos trabajos no hubieran visto la luz si no hubiese lectores que se adentrasen en nuestros libros. Por ello agradecemos a todas las personas que os habéis interesado por nuestras publicaciones. Por todos vosotros seguimos adelante con ilusión e incluso con pasión por nuestro trabajo.

 

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'EL BARRANCO' DE NIVARIA TEJERA

'EL BARRANCO' DE NIVARIA TEJERA

[Murió en París, la poeta y narradora cubana Nivaria Tejera (Cienfugos, 1929-París, 2016). Con su padre, tinerfeño, se trasladó antes de la Guerra Civil a Tenerife. Regresó a la isla, huyó de la dictadura de Batista, volvió a su país con Fidel Castro, tras la revolución; desengañada se fue se instaló en París, en el exilio. Allí conoció al pintor bilbaíno, formado en Zaragoza, Hanton González y han vivido juntos hasta su muerte. Es autora de varios libros importantes: ‘Sonámbulo al sol’, ‘Espero la noche para soñarte, revolución’, que leyó Cortázar pero no se atrevió a prologar, o ‘El barranco’, quizá su novela más famosa, sus memorias de la Guerra Civil. El libro apareció en 1959 y fue reeditado en Córdoba por la editorial El Olivo Azul en 2010; la editorial también rescató ‘Espero la noche para soñarte, revolución’, que es la crónica de un desengaño. A ‘El barranco’ pertenece este fragmento, en concreto a la página 67. Así arranca el capítulo VIII.]

 

‘EL BARRANCO’. Nivaria Tejera. VIII

Hoy he venido con papá a conocer el mar del puerto. El mar respirando en el muelle ancho. (Fíjate cómo rueda hasta allá. Si nosotros pensamos hasta allá, también rodaremos. Papá, has de sentirte en el muelle ancho y libre como él. Por eso me vestí de lino, para estar contenta, y dije de venir al mar).

Doy brincos alrededor suyo salpicándolo y sonando, como si fuera de espuma. Aprieto su mano dura y me cuelgo de ella. (¿Harás que dé brincos altos para mirar sobre aquella línea extraña donde el mar y el cielo se unen?) ‘Desde allí suben los barcos y muy atrás hay otro mundo semejante a éste y también un padre pasea con su niña’. Y sonríe tanto porque avanzamos a lo largo de la muralla subiendo de diez en diez los escalones que llevan a la punta y porque hace buen tiempo. (Te tragarás el mar y te quedarás verde azul y amarillo).

Nos asomamos detrás del muro. En la orilla de las rocas están los pescadores con rostros de piedra. Las olas se levantan y nos tocan. Papá me sacude el vestido. (Deja, déjalas vivas en mi vestido). 

 

*Nivaria Tejera en la galería Costa-3, en 1983. Foto de Carlos Barboza y Teresa Grasa.

DE 'LOS ENEMIGOS DE LOS LIBROS'

DE 'LOS ENEMIGOS DE LOS LIBROS'

[Ese estupendo editor que es Javier Jiménez, más conocido ya como Javier Fórcola, acaba de publicar 'Los enemigos de los libros' de William Blades. Y tiene la cortesía enviarme el epílogo que él añade al texto, que lleva un prólogo de Andrés Trapiello, un sabio de libros en toda la extensión del término.]

 

Los enemigos de los libros

Contra la biblioclastia, la ignorancia y otras bibliopatías

William Blades

Traducción de Amelia Pérez de Villar

Prólogo de Andrés Trapiello

Epílogo de Javier Jiménez

Fórcola, 2016

 

EPÍLOGO

 

Por Javier JIMÉNEZ (Javier Fórcola)

 

«Decía Bernardo de Chartres que somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no por la agudeza de nuestra vista ni por la al­tura de nuestro cuerpo, sino porque somos levantados por su gran altura.»

Juan de Salisbury

Si algo se desprende de todo lo dicho por William Blades en este breve tratado contra los enemigos de los libros, o alegato en defensa de los libros, es que nos encontramos ante un buen bibliómano o un bibliómano bueno. Su manía, la de los libros, y en concreto de los libros antiguos, es una manía amable, que lo convierte en un defensor no sólo de la libre circulación de los li­bros y las ideas, contra todo tipo de censuras y fanatismos, sino de la preservación y cuidado de esos objetos mismos, los libros, que tanta enemistad han atesorado a lo largo de los siglos.

Como bibliómano, pues, Blades cataloga, cual Porfirio mo­derno, los distintos enemigos de los libros, bien sean natu­rales, esporádicos y tangibles, bien sean histórico-culturales, persistentes e intangibles. Y por ese orden, aborda su estu­dio y clasificación, comenzando por los enemigos naturales, a modo de los cuatro elementos clásicos –fuego, agua, aire/gas y tierra/polvo–; continúa con la descripción de los distintos animalillos –microscópicos y no tanto– y plagas que amena­zan, por mala conservación, los libros en sus bibliotecas; y cie­rra con unos capítulos dedicados a destructores de libros a los que Blades muestra una especial inquina: por un lado los en­cuadernadores y los coleccionistas, que tratan y maltratan los libros a capricho, movidos por intereses que nada tienen que ver con el amor a los libros sino puestos al servicio de la codicia o la moda; y por otro, el personal de servicio doméstico y los niños, verdaderas «plagas» humanas que, en grupo o en solitario, provocan catástrofes sin fin en nuestras bibliotecas personales. Además, todo ello explicado, como habrá comprobado, estimado lector, con un tono a veces desenfadado, otras veces ciertamente chusco e hilarante, con un genuinamente británico sentido del humor.

Blades, con mentalidad científica e ilustrada, aborda la catalogación exhaustiva de los enemigos de los libros en un combate sin descanso que tiene como finalidad la conservación, restauración, cuidado y custodia de los libros. ¿De todos?, podríamos preguntarnos. Obviamente no, de todos no, pero sí, sin lugar a dudas, de los bellos libros, a los que considera un bien en sí mismo, a los que sigue la pista por abadías, graneros, cocinas y desvanes. Lograr rescatar un Caxton de las garras de una cocinera analfabeta o de un comerciante tahúr bien merece el riesgo, los viajes y las horas invertidas en ello. En este afán, Blades rebela la paciencia y el tesón de un buen cazador, que arriesga todo por conseguir una gran pieza.

En términos clásicos, el espíritu y el empeño que alientan a Blades son «kalokagáticos», es decir, que su búsqueda es la de lo bello y lo bueno en lo relativo a los libros antiguos. De su padre aprendió el oficio artesano de impresor y también el oficio de editor. El amor a los bellos libros orientó vocacionalmente su carrera, lo que le llevó a investigar y estudiar la vida y la obra de uno de los grandes impresores británicos: el diplomático, mercader, escritor e impresor William Caxton, y a coleccionar, para su localización, restauración y catalogación, las joyas bibliográficas que salieron del taller de impresión de éste a lo largo del siglo xv. Podemos citar a Rilke: «La buena obra de arte surge de la necesidad»; pues bien, el «oficio» de bibliómano surgió en Blades de la necesidad de preservar el legado de Caxton.

Su bibliomanía no le hizo egomaníaco ni egoísta, sino que su pasión, pues de pasión hemos de hablar, por los libros antiguos, valiosos y bellos la puso al servicio de la sociedad. Si el «cazador de libros» conseguía una nueva «pieza» bibliográfica, valiosa por su encuadernación, su tipografía o su policromía, no era para llevársela a su biblioteca y guardarla como un tesoro personal, vedado a ojos ajenos. Blades tuvo, quizá por británico, un alta conciencia de lo público, es decir, de que su labor, altruista, era en beneficio de la comunidad, y que el rescate de esas joyas bibliográficas no tenía mejor fin que el de engrosar y proteger el patrimonio cultural de la sociedad en la que vivía. Así, Blades fue un gran defensor de la existencia y labor de las bibliotecas públicas: en ese sentido, apoyó firmemente la creación de la Library Association de Reino Unido, fundada en 1877 como resultado de la primera Conferencia Internacional de Bibliotecarios.

Blades, discípulo y heredero de la cultura clásica, escribe estas páginas con un regusto neoplatónico –pues en su concepción estética, que recorre todo el tratado a modo de bajo continuo, prima la belleza– pero también neoaristotélico –pues su respeto por el método científico se deja ver en sus observaciones de la naturaleza microscópica y en su afán catalogador–. Por un lado, efectivamente, no hay estética sin ética, y el amor por los bellos libros lo sustenta una idea humanista de la cultura, cuyo enemigo primordial es la ignorancia. Por otro, en su clasificación de los enemigos de los libros cobran especial relevancia sus investigaciones a pie de microscopio –siguiendo la estela marcada por Robert Hooke–, de aquellos animalillos que amenazan constantemente la buena salud de los libros. La catalogación, finalmente, y su gusto por la razón, que ilumina tanta tierra baldía llena de ignorancia, muestran a Blades como digno heredero del legado humanista de la Ilustración, y amante de la ciencia y el progreso.