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Antón Castro

'FIN DE POEMA' DE JUAN TALLÓN

Juan Tallón (Vilardevós, 1975) publica ‘Fin de poema’ (Alrevés), un libro muy personal basado en los momentos finales, o desesperados, de grandes poetas que acabaron suicidándose: Cesare Pavese, Anne Sexton, Gabriel Ferrater o Alejandra Pizarnik, que llama a deshoras al diario ‘La Nación’ para anunciarles su próxima despedida. Le dice el periodista, que la reconoce: “Es un gusto hablar con usted. He leído alguno de sus libros. ¿En qué puedo ayudarle a estas horas”. Y la escritora quiere saber si ya está avanzada o preparada su necrológica. “Es conocido que hay obituarios que conviene ir adelantando, para que la muerte no tome a la redacción con todo por hacer”, les dice.

En esa misma página, 81, leo este texto:

[Cuando en silencio y lentamente se recobra de la sorpresa –como si acabase de conocerse del todo después de este incomprensible gesto de humor negro-, advierte que por la ventana de la habitación se intuye el amanecer. Recuerda cuando el mayordomo de Juan Ramón Jiménez, durante su exilio en Puerto Rico, entraba a media tarde en la biblioteca, donde se hallaba trabajando el premio Nobel, y anunciaba con gravedad, sin rastro de humor, mientras corría a un lado las cortinas del gran balcón: “Señor, el crepúsculo”. Derrotada sobre la cama, la poeta mira a través del cristal y descansa en el horizonte que alcanzan sus ojos, como quien se apoya en una pared. El amanecer”.]

 

De ‘Fin de poema’. Juan Tallón. Alrevés. Narrativa. Barcelona, 2015. 158 páginas. 

 

'ÉRANSE MUCHAS COSAS' DE KÓKINOS

'ÉRANSE MUCHAS COSAS' DE KÓKINOS

UN LIBRO CADA DÍA / 9. 'ÉRANSE MUCHAS COSAS' (KÓKINOS)


A finales de año, Julia Millán de Librería Antígona recomendaba este libro en su sección 'La gran literatura' de Artes & Letras: ‘Éranse muchas cosas’ (Kókinos) de Lupe Estévez y Maribel Manso. Unos días después también me lo recomendaba Eva Cosculluela de Los Portadores de Sueños. Me lo regalé para Reyes. Es, en efecto, un álbum muy sugerente, al que apetece volver una y otra vez, por la calidad de su propuesta, por la imaginación del texto, por la expresividad, el ingenio, la fantasía.

Lupe es la autora de un poema sencillo y polisémico, en verso libre, y ambas , Margarita y ella, lo son de las cuidadas ilustraciones que, en técnica mixta, incorporan el rostro de una niña. El cuento arranca así: “Era una niña que era muchas cosas. Era una niña y era un gigante. Era el viento. Era una acrobacia. Era un salto mortal. Era una velocidad sobrehumana. Y era una pluma que cae muy despacio cuando sopla.” La puesta en página es equilibrada y original. Muy meditada. Hay multitudes, un solo elemento en medio de un fondo negro a doble página, pìezas de ecos interestelares, metamorfosis, pequeños bestiarios, un punto de acción, sueños; en fín, un excelente dominio de las posibilidades de la ilustración (con tantos ecos del arte contemporáneo) y de un texto muy abierto.


La editorial define muy bien la propuesta. “Las personas somos por naturaleza un compendio de contradicciones y puntos opuestos, una mezcla de sentimientos, ideas concretas y conceptos abstractos. Somos un fantástico collage. De esta evidencia surge esta historia cargada de imágenes y palabras inspiradas en el mundo de la infancia”. Por desgracia no hay imágenes en la red, o no he sabido encontrarlas, salvo la portada, pero el libro es muy recomendable para niños a partir de tres o cuatro años... Para niños y para cualquier edad. Los que sepan leer lo pasarán pipa. Y lo bueno, como casi siempre, es leerlo y releerlo en voz alta.

LOLA DURÁN: DIÁLOGO TRAS LA TESIS

LOLA DURÁN: DIÁLOGO TRAS LA TESIS



PABLO SERRANO, CREACION Y PENSAMIENTO

[Diálogo con Dolores Durán, comisaria de exposiciones e historiadora, que acaba de leer su tesis doctoral sobre Pablo Serrano (Crivillén, Terue, 1908-Madrid, 1985). Pronto, además, presentará el 'Catálogo razonado' de la Fundación Azcona.]

“Después de estudiar durante años a Pablo Serrano uno llega a la conclusión de que se conoce  poco su dimensión filosófica. Creo que mi tesis nos acerca un poco más al Serrano pensador. Ya no sólo al Serrano que juega con el caos y el orden, sino al hombre que quiere saber qué hacemos en el mundo. Se descubre que hay un hilo continuo, a lo largo de su trayectoria, que es su búsqueda del sentido del hombre, de la esencia de la existencia. Serrano es arte y pensamiento, reflexión y forma, preguntas y respuestas desde el fondo de la conciencia humana. Esta senda del Serrano pensador aún tiene mucho recorrido, exige nuevas indagaciones. Yo abro nuevas vías a explorar”, dice Dolores Durán, que acaba de leer su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid.

¿Por qué habías elegido a Serrano para tu tesis doctoral?

Cuando vuelvo la vista atrás, creo que el punto de partida tuvo lugar en el otoño de 1986, cuando siendo todavía estudiante tuve oportunidad de contemplar por vez primera una gran exposición de esculturas de Pablo Serrano. Fue en La Lonja, un año después de la muerte del artista, en una muestra que como homenaje organizó el Ayuntamiento de Zaragoza.

¿Qué sucedió?

Recuerdo la honda impresión que me causó, nunca antes había tenido ocasión de ver tanta obra de Serrano, y de esa importancia. Eran obras muy diversas,  al mismo tiempo que muy coherentes como conjunto. Poco a poco fui descubriendo que bajo esas formas tan distintas, latía un mismo concepto, formado por sus preocupaciones más profundas: por un lado su  visión de la realidad como enfrentamiento, como conflicto, como una oposición de fuerzas;  y por otro lado su preocupación por la esencia de la naturaleza y la  condición humana. A partir de ese momento me interesó el autor y su obra; eso me llevó a una preocupación por conocer sus esculturas, y a la búsqueda de cualquier material que hiciese referencia a él. Los primeros pasos los  dí animada por el profesor Ángel Azpeitia Burgos; también fue muy importante la confianza que recibí de José Luis Lasala, uno de sus grandes amigos. Más tarde, cuando en  1994, se inaugura la Fundación Museo Pablo Serrano,  inicié una colaboración con esta Institución que me llevó a ser comisaria de una exposición que viajaría por diferentes lugares de España en primer lugar, y más tarde por América, donde tuve ocasión de investigar la huella que había dejado el escultor en Argentina, Chile, Brasil o Uruguay. Recuerdo con especial cariño la realizada, con mucho entusiasmo y pocos medios, en el Museo Torres García de Montevideo; Serrano había partido de este país en 1955, y casi cincuenta años después, el escultor  regresaba al país en el que se formó y donde vivió sus inicios abstractos. A partir de ahí fue como seguir una senda marcada, primero con el estudio de su obra en la esfera pública, trabajo que presente como Diploma de Estudios Avanzados en la Universidad de Zaragoza, y que dirigió el profesor Jesús Pedro Lorente, y más tarde con esta tesis, que no es un final, sino una continuación en la investigación sobre este artista y sobre la escultura española de la segunda mitad del pasado siglo veinte.

 

¿No sé si llegaste a conocerlo?

No llegué a conocerlo personalmente.

 ¿Hasta dónde te ha llevado tu tesis: en espacio, en estética o en concepción del arte?

Esta investigación me ha permitido llegar a un conocimiento profundo de los aspectos formales  y conceptuales de la obra de Pablo Serrano. También me he aproximado al conocimiento de  la persona y del creador, tanto a través del acercamiento físico a sus obras,  como a través  del estudio de sus numerosos escritos. Ha sido de vital importancia la revisión de los archivos personales del artista, los escritos del escultor sobre su vida, sobre su obra, sobre otros artistas…,  su correspondencia, la prensa, cientos de fotografías, agendas, notas, catálogos, folletos, entrevistas … y mucha  otra documentación que se conserva en el IAACC Pablo Serrano o en manos de su familia. También he investigado en los archivos de algunos de los principales Museos con los que el escultor mantuvo estrecha relación. Para su etapa de formación americana, ha sido fundamental la consulta en el Centro de Documentación de la Biblioteca del Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo, y del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, en los que he rastreado gran parte de las obras de formación, y he localizado numerosa documentación sobre los Salones Nacionales en los que participa entre los años 1939 y 1955. Ha sido básica la revisión de los fondos del Centro de Documentación  del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, o el Archivo del Ateneo de Madrid, donde tiene lugar en 1957 su primera exposición individual  tras el  regreso de América, en la que  el entonces Ministerio de Educación Nacional, al que pertenecía la Dirección General de Bellas Artes, le compra su escultura “Hierro y piedra” para el Museo Nacional de Arte Contemporáneo, con lo que este hecho significa como apoyo en su carrera.

En  los archivos del Museo de Arte Moderno de Nueva York obtuve interesantes datos sobre la muestra “New Spanish painting and sculpture”, que le abre las puertas de Estados Unidos en 1960; también he revisado el abundante material que conserva el   Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, con el que Serrano mantiene relación durante prácticamente  toda su carrera, desde 1960 cuando su director, James Johnson Sweeney visita el estudio de Serrano en Madrid y reserva una obra para la Colección del Museo, hasta 1985, fecha en la que fallece el escultor semanas  después de inaugurar la exposición  “Pablo Serrano. La Guitarra y el Cubismo” en ese museo. Cito estas Instituciones pero son muchísimos más, así como Galerías con las que trabajó, Fundiciones…

Otro de los aspectos más interesantes de la investigación han sido las entrevistas con otros artistas que le conocieron, desde sus compañeros del Grupo  El Paso, hasta Erwin Bechtold  y también los coleccionistas que tuvieron ocasión de tratarle, o sus amigos,  destacando entre ellos a José Luis Aranguren, Rodrigo Uría, el profesor Amor y Vázquez de la Universidad de Brown, Somer de Ribeiro, Pedro Serra Bauzá entre otros. La búsqueda ha sido casi infinita, en muchas ocasiones una labor de detective, siguiendo pistas, recorriendo un camino que me ha permitido conocer lugares y personas muy interesantes. No sabría describir la sensación cuando he descubierto alguna escultura inédita, o he  localizado obras importantes que estaba en paradero desconocido… Ha resultado un trabajo muy laborioso y al mismo tiempo emocionante.

 

¿Cuáles serían tus aportaciones fundamentales?

La investigación sobre su periodo americano y  la importancia que tuvo su aproximación a la abstracción a través de Joaquín Torres García; o como le marcó su pertenencia al Grupo Paul Cezanne. También el estudio sobre cómo coincide el regreso de Serrano, que abandonaba en Uruguay una fama ya consolidada, con un momento de crucial movimiento y avance del arte español, en el que participa a través de la formación del “Grupo El Paso”. O el hito que suponen sus exposiciones en la Sala Santa Catalina del Ateneo de Madrid, el Palacio Provincial de la Diputación de  Zaragoza o la galería Syra de Barcelona en 1957. Estas exposiciones tienen un amplio eco en la prensa nacional, lo que nos da medida para entender la proyección que Serrano tiene ya en ese momento; y los comentarios reflejan la polémica entre la abstracción y la figuración que se palpaba en la época. Destacaría también la importancia que tiene su temprana presentación en Estados Unidos, no solo en los principales museos sino también en Galerías, como Berta Schaefer de Nueva York. La investigación sobre su participación en la XXXI Bienal de Venecia, en  1962 y lo que supone en su carrera … en general los nuevos datos que se aporta esta investigación sobre vida y la obra de Pablo Serrano desde el punto de vista histórico, social y artístico.

 

Serrano ha sido bautizado como escultor del hombre ¿es precisa esa definición o quizá demasiado genérica?

El compromiso con el hombre, con su existencia y sus circunstancias es uno de los pilares fundamentales de la obra de Pablo Serrano.

 

Por otra parte estás a punto de publicar el Catálogo Razonado Pablo Serrano ¿cómo defines la publicación, cual es el criterio general de un catálogo razonado?

El Catálogo Razonado tiene como objeto localizar y realizar un estudio pormenorizado y riguroso, de todas las  esculturas realizadas  por Pablo Serrano. En él,  aparecen  documentadas cada una de las obras de su autoría, mediante una ficha que consta de una imagen, datos técnicos, detalle de las exposiciones en las que ha participado, bibliografía y  un comentario. En este caso la investigación ha permitido contrastar la información facilitada por las distintas fuentes, depurar errores, algunos mantenidos a lo largo de los años, y catalogar con certeza la mayoría de las esculturas. Al mismo tiempo, en  el Catálogo hay una introducción en la que se   estudia el proceso creativo de Serrano, las distintas etapas de su creación artística, las “Series” en las que organizó su obra y el hilo conductor que las une.

 

-¿Para qué sirve un Catálogo razonado?

Era un documento necesario, y su ejecución  se ha podido llevar a cabo gracias al mecenazgo de la Fundación Azcona y la colaboración del Gobierno de Aragón. Por otro lado, no hubiera sido posible sacar adelante el proyecto sin la colaboración de la familia del escultor, Susana Spadoni y Valeria Serrano, entregadas incondicionalmente a este trabajo y cómplices a lo largo de todo el  proceso.  

¿De cuántas obras estaríamos hablando y en que disciplinas?

Debido a que se trata de un artista muy prolífico, el trabajo se ha centrado en sus esculturas, y no incluye los dibujos, grabados, cerámicas, mobiliario, joyas u objetos decorativos, aunque algunos pueden aparecer en algunas de las fichas en virtud de su relación con la escultura concreta objeto de estudio.  El trabajo reúne tanto las esculturas existentes o localizadas en el momento actual, como aquellas desaparecidas o no localizadas pero de las que contamos con material documental. En total 1159 fichas, aunque hay que tener en cuenta que de la mayor parte de los bronces hay más de un original, con lo que se recogen muchas más piezas.

 

¿Cuáles serían para ti las dos o tres o cuatro o cinco piezas que se pueden calificar maestras de Serrano?

No podría escoger solamente tres cuatro o cinco piezas; son muchas más. Cualquiera de las esculturas de su Serie “Bóvedas para el Hombre” resulta sobrecogedora. Entre sus “Hierros”,  “Las horas del cautivo” una pieza que permanecía en paradero desconocido desde hace cincuenta años y es una obra fundamental, o “Espacio”, o el “Homenaje a un ingeniero”, que pertenece la Colección del Museo  Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa. Hay una pieza que para mi es básica, una obra minúscula y delicada, titulada “Primera experiencia. Extensión del cubo” en la que sitúa el origen de su preocupación por la ocupación y desocupación del espacio, tal como declaró el propio Serrano en una entrevista publicada en 1960 en este mismo periódico. … cualquiera de sus “Rítmos en el espacio”, o de sus “Quemas”, la simplicidad de las “Guitarras “que realiza al final de su vida… Las “Unidades Yunta” por su significado de comunicación… Como ves, no podría escoger.

 

Existe un Museo Pablo Serrano, el IAACC Pablo Serrano ¿está haciendo todo lo que puede y debe por Serrano?

Cuando se crea la Fundación- Museo Pablo Serrano, el escultor expresa  los objetivos que debe  perseguir. El Museo debe ser un espacio de comunicación con la ciudad y con el mundo, no un simple  contenedor de  obras, quiere un museo vivo. Su voluntad es que se  promueva la investigación, y tal como tal como refleja en sus estatutos fundacionales  “la creación y concesión de premios, becas, pensiones y recompensas con objeto de contribuir a despertar vocaciones escultóricas y a la formación de jóvenes artistas, así como ayudarles en su trabajo, divulgación y valorización de su obra”. Pablo Serrano, fue un gran soñador, aunque muchos de sus sueños todavía están por cumplir…

 

*La foto de Lola Durán es de Heraldo. la tomó Aránzazu Navarro.

 

TERESA RAMÓN: UN DIÁLOGO

TERESA RAMÓN: UN DIÁLOGO

TERESA RAMÓN EN SU ESTUDIO. RETRATO DE RAFAEL GOBANTES
[Hace algunas semanas estuve con Teresa Ramón, Premio Aragón Goya 2105, en su estudio oscense. Está trabajando en un nuevo prpoyecto inspirado en el 'Don Carlo' de Verdi. Ha pintado a Felipe IV, a la Princesa de Éboli (que se ve al fondo)... Rafael Gobantes, fotógrado de Heraldo, le tomó muchas fotos. Una de ellas es esta.]

Reproduzco aquí una entrevista que publiqué en Heraldo de Aragón, tras pasar unas horas con ella.

[La pintora y escultora oscense acaba de ser galardonada con el Premio Aragón-Goya 2015. Mezcla la abstracción y la figura y le apasionan las religiones y los bestiarios]


Teresa Ramón «En el arte siempre he intentado dar un paso hacia adelante» 

«Mi camino ha ido por las cosas del corazón», dice Teresa Ramón en su estudio de la avenida de los Pirineos, en Huesca. Ya ha empezado una nueva serie, inspirada en el ‘Don Carlo’ de Giuseppe Verdi. Ese proyecto nació mientras escuchaba Radio Clásica, de RNE, que es su mejor compañía mientras piensa, sueña, se encastilla y aplica sus colores al lienzo. Ya ha pintado un cuadro grande, con Don Carlo, Felipe II y un caballo, picassiano y exasperado, en el centro. Siguió el rastro de la historia y también le condujo a la Princesa de Éboli: su retrato, con el ojo cubierto por un parche, campa en el centro del estudio. 

Teresa Ramón Jarne (Lupiñén, 1945) acaba de ganar el Premio Aragón-Goya 2015. «Aún no he tenido tiempo de celebrarlo. Me han llamado a todas horas: la gente se ha alegrado muy sinceramente». Sus esculturas, vinculadas al origen, a la maternidad y a los ritos ancestrales, la miran con intensos ojos desde todas sus máscaras tribales. 

-Usted sintió la llamada del arte desde muy pronto... 

Absolutamente. Recuerdo que pasaba los veranos en Ara, al pie de la Peña Oroel, en un tiempo en que quería ser una chicazo entre chicos y que íbamos a robar cerezas y manzanas. Ya entonces llevaba un cuaderno donde dibujaba rebaños de ovejas, casas, paisajes. Del dibujo pasé a la acuarela, y pronto Ángel Sanmartín, que acabaría fundando la galería S’Art, me compró algunas. 

-¿Le enseñaba alguien? 

Fui autodidacta. Estudié Magisterio y luego hice tres cursos completos y alguna asignatura de cuarto de Filología Hispánica, pero no acabé. Me casé joven, a los 21 años, con un hombre, mi marido, que me enamoró con los poemas de Pablo Neruda. He dado clases muchos años: en la Escuela Normal, en Juan XXIII y en el Instituto Ramón y Cajal. La enseñanza ha sido esencial en mi vida: he disfrutado mucho. 

-¿Cómo se formó? 

Leyendo, viendo, pintando, visitando el Museo del Prado. Allí vi a Goya, un pintor que admiro hasta las cachas. Creo que es el pintor más fundamental de la pintura española, más que Velázquez. Una vez me pusieron con los ojos cerrados ante ‘Las Meninas’, recién restaurado: tuve la sensación de que la luz y la belleza brotaban del lienzo. Sentí ganas de llorar, pero... 

-... Goya es especial. ¿No? 

Es el primer pintor impresionista, anticipa a su modo el expresionismo abstracto, es un increíble retratista de las mujeres y un maestro fantástico del grabado. Para mí Goya es el genio total, y mi maestro, que se anticipó a su tiempo. Posee una pincelada suelta cuando quiere, honda, conoce el secreto de la psicología de un retrato. ‘Las pinturas negras’ son lo más de lo más. Y me impresionan los frescos de San Antonio de la Florida. Me interesa mucho la pintura mural y la he realizado con entrega y placer. Y el otro genio es Pablo Picasso... 

-¿Por qué? 

Porque es un rompedor. No se conforma nunca. Consigue obras maestras en todos sus períodos y no se queda ahí. Sigue caminando, a veces hasta las estrellas. 

-A usted también se le vincula con Wifredo Lam, con Matta... 

Están ahí, sin duda, también me interesan Joaquín Torres García y Jean Dubuffet. Y entre las mujeres, Louise Bourgeois, Nancy Spero y nuestra Pilar Urbano. Si pienso en lo que he hecho veo que he intentado cambiar, evolucionar, crecer en cada serie... Empecé con los dibujos, hice acuarelas y me cansé, luego pinté óleos y me cansé. Y pasé a las lacas, luego a las lacas descompuestas, a las que agregué acrílico, para hacer mis pinturas cosmogónicas y de desiertos. Ese trabajo le interesó mucho al galerista y crítico Mario Antolín Paz y me invitó a exponer a Alfama. Toda mi vida en el arte se ha basado en la experimentación, en intentar dar un paso más hacia adelante. 

-Y de ahí, a finales de los 80, que pasó al ‘Bestiario’. 

Sí. Cuando la acabé, Mario Antolín me dijo que ese no era ya un proyecto para él, que era más ambicioso. Y me dijo que fuese a ver a las galeristas Soledad Lorenzo o a Juana de Aizpuru, pero nunca he tenido mucho valor para alardear de mis cosas. No me atreví. Ese mismo pudor me llevó un día a darle plantón a Julián Gállego, que quería entrevistarme para un diario madrileño. 

-¿Qué ha querido mostrar con el ‘Bestiario’? 

Hubo un momento en que me interesaron muchos los libros medievales, los libros de viajes en los que aparecían animales que parecían fantásticos, y el ‘Bestiario’ responde a ese hechizo. Quería ajustar mi mundo plástico, si quiere algo más narrativo, pero siempre pictórico. Un mundo de color, de sombra, de soledad, de desgarros, que son elementos inherentes a mi obra, con un poso cultural evidente. El ‘Bestiario’ se presentó en la Diputación de Huesca. 

-Ese mundo mágico y turbulento ya no desaparecerá de su producción. 

Creo que no. Luego pinté otra serie, ‘Bellas y bestias y horas azules’, que se expuso en el monasterio de Veruela y en el palacio de Sástago. Si tiempo atrás, siendo ya madre, había estado tres meses inolvidables de estudio y aprendizaje en Italia, en esta época, ya en los 90, estuve en Santo Domingo, en Chavón, que es para mí uno de los paraísos en la tierra. También estuve en Perú: en Lima, en Cuzco, en Trujillo. Aquello no era realismo mágico, tal como escribían García Márquez o Vargas Llosa: era realismo puro y duro. Esas salidas representaron un periodo de felicidad y de colorido. Toda mi obra intenta esclarecer la relación entre las distintas religiones. Mi pintura quiere ser espiritual: se preocupa de la trascendencia. 

-¿Nos serviría lo que dice para explicar la exposición ‘Desiertos y cardenales’, en la Lonja en 2010, o murales como ‘Catarsis’ en el túnel del Somport o ‘La ciudad dorada’ del Pabellón de Huesca? 

‘Catarsis’, el mural de Somport, de 90 x 2 metros, tiene mucho que ver con ‘La ciudad dorada’. Resumen preocupaciones y símbolos semejantes. ‘La ciudad dorada’ es un mural de amor a Huesca y a Aragón, un tránsito en el tiempo, una memoria cultural y artística y un inventario de los símbolos de las tres religiones. 

-¿Qué le da el arte? 

Lo necesito para seguir viviendo. Aunque haya un trasfondo dramático, hay vivacidad, emoción y alegría en mi obra. Quiero vivir, me dolería no vivir, y he estado cerca del más allá. El color es una pulsión de belleza, algo que viene de otro planeta y que tú, como si fueras alquimista, elaboras y le das sentido en el lienzo. 

-¿Qué le dice la palabra Aragón? 

Una tierra dura y a la vez singular con historia. Puede salir gente como Goya y ofrece paisajes de una hermosura extraordinaria. 

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GOYA 

«Es el genio total que se anticipó a su tiempo. ‘Las pinturas negras’ son lo más de lo más»

PICASSO 

«Picasso es otro genio porque es un rompedor. No se conforma nunca. Sigue caminando siempre» 

EL COLOR Y EL DRAMA 

«Aunque haya un trasfondo dramático en mi obra, también hay vivacidad, emoción y alegría. El color es una pulsión de belleza»

CLAVES 

«Toda mi obra intenta esclarecer la relación entre las distintas religiones. Mi pintura quiere ser espiritual, de la trascendencia» 

ARAGÓN 

«Aragón es una tierra dura y a la vez singular, con historia. Puede ofrecer paisajes de una hermosura extraordinaria»


NIVARIA TEJERA: DE 'EL BARRANCO'

NIVARIA TEJERA: DE 'EL BARRANCO'

UN LIBRO CADA DÍA / 7. 'EL BARRANCO' DE NIVARIA TEJERA
[Ayer fallecía en París, la poeta y narradora cubana Nivaria Tejera (Cienfugos, 1929-París, 2016). Con su padre, tinerfeño, se trasladó antes de la Guerra Civil a Tenerife; su padre fue asesinado. Regresó a la isla, huyó de la dictadura de Batista, volvió a su país con Fidel Castro, tras la revolución; desengañada se fue se instaló en París, en el exilio. Allí conoció al pintor bilbaíno, formado en Zaragoza, Hanton González y han vivido juntos hasta su muerte. Es autora de varios libros importantes: ‘Sonámbulo al sol’, ‘Espero la noche para soñarte, revolución’, que leyó Cortázar pero no se atrevió a prologar, o ‘El barranco’, quizá su novela más famosa, sus memorias de la Guerra Civil. El libro apareció en 1959 y fue reeditado en Córdoba por la editorial El Olivo Azul en 2010; la editorial también rescató ‘Espero la noche para soñarte, revolución’, que es la crónica de un desengaño. A ‘El barranco’ pertenece este fragmento, en concreto a la página 67. Así arranca el capítulo VIII.]

‘EL BARRANCO’. Nivaria Tejera. VIII
Hoy he venido con papá a conocer el mar del puerto. El mar respirando en el muelle ancho. (Fíjate cómo rueda hasta allá. Si nosotros pensamos hasta allá, también rodaremos. Papá, has de sentirte en el muelle ancho y libre como él. Por eso me vestí de lino, para estar contenta, y dije de venir al mar).
Doy brincos alrededor suyo salpicándolo y sonando, como si fuera de espuma. Aprieto su mano dura y me cuelgo de ella. (¿Harás que dé brincos altos para mirar sobre aquella línea extraña donde el mar y el cielo se unen?) ‘Desde allí suben los barcos y muy atrás hay otro mundo semejante a éste y también un padre pasea con su niña’. Y sonríe tanto porque avanzamos a lo largo de la muralla subiendo de diez en diez los escalones que llevan a la punta y porque hace buen tiempo. (Te tragarás el mar y te quedarás verde azul y amarillo).
Nos asomamos detrás del muro. En la orilla de las rocas están los pescadores con rostros de piedra. Las olas se levantan y nos tocan. Papá me sacude el vestido. (Deja, déjalas vivas en mi vestido).

*La foto como se ve es de Edouard Boubat y está tomada en 1956 en Portugal.

 

ALDONZA Y BERENGUER: AMOR Y MUERTE

Cuentos de domingo / Antón Castro

 

Aldonza

y Berenguer

 

 

Hace algunos años, en Teruel se redescubrió el mito de los Amantes y se fundó la fiesta de Las Bodas de Isabel, que tienen a Santiago Gascón como guionista. Ahora ha sido en la villa turolense de Montalbán: allí también tenían a sus enamorados, Aldonza y Berenguer, sus Romeo y Julieta, sus Diego e Isabel. Su relato, recogido en varias versiones por Agustín Ubieto en su libro ‘Leyendas para una historia paralela del Aragón medieval’, transcurrió en el siglo XV, durante el reinado de Alfonso V, ‘el Magnánimo’. Podría resumirse así: Aldonza se había quedado huérfana y el noble Jaime de Bolea asumió la condición de tutor. Era hermosa, audaz y poseía una valiosa herencia. Su amor Berenguer de Azlor combatía en Nápoles con los ejércitos de Aragón. El gran sueño de ambos era casarse y todo iba viento en popa porque Berenguer estaba a punto de regresar. En esas, viendo que su boda era irremediable y quizá enamorado de la joven, Jaime de Bolea mandó falsificar un documento que probaba que Aldonza y Berenguer eran hermanos. Ninguno de los dos se lo podía creer; ella se quedó estupefacta, dolorida. Y él, tras intentar poner fin a su vida, hizo votos de castidad y se marchó de comendador o de caballero de Santiago a Montalbán. La desesperación haría mella inmediata en ambos. Aldonza huyó del palacio y se fue, no se sabe si a caballo o a pie, hasta la villa. Se instaló cerca de la gran iglesia-fortaleza de la Encomienda de Santiago donde residía su amado: vivía a la intemperie, con el cielo constelado por único techo y la maleza, la sombra y el cántico del río Martin por compañía, como si fuera Genoveva de Brabante. Un día, cuando miraba el horizonte, vio el desfile de un entierro. Se temió lo peor. A los pocos días penetró en la cripta de la iglesia y vio la tumba de Berenguer. Y allí mismo, con un pequeño puñal, se abrió el pecho y el corazón. ¿Quién sabe cómo se matan los heridos de amor? No tardaron en hallar su cuerpo y el sacerdote, o quizá el nuevo comendador, mandó que enterrasen a la joven Aldonza en el interior en el mismo panteón con una leyenda en latín que decía: “Justo es que reposen juntos en la muerte los que tanto se amaron en la vida”. Este relato, con sus variaciones, es el que ha dado pie a la película ‘El hada de Montalbán’ de Moncho Delgado: todo el pueblo, niños, jóvenes y mayores lo han hecho suyo.

 

*La foto de la iglesia de montalbán está tomada de Aragón Mudéjar.

NIVARIA TEJERA, MUY ENFERMA EN PARÍS

[El artista, diseñador y editor Paco Rallo recibe una nota de París, de la hija de Nivaria Tejera, la autora de 'El Barranco' (1959), donde le dice que está muy grave. Hace algunos años, Nivaria estuvo en Zaragoza en compañía de su compañero Antón González, que exponía en el Camón Aznar. Fueron unos días muy intensos y preciosos. Recuerdo que a Antón le grabamos para 'Borradores'. Ella estaba muy feliz con el retorno de su esposo, integrante del Grupo Zaragoza, a su tierra. A modo de homenaje, ante un desenlace que se presume fatal, recupero aquí esta magnífica entrevista que se publicó en 'La Opinión' de Tenerife, que le hizo Eduardo García Rojas.]

NIVARIA TEJERA / ENTREVISTA EN “LA OPINIÓN DE TENERIFE”

“MI VIDA HA IDO DESEMBOCANDO EN UN PERSISTENTE EXILIO”

Nivaria Tejera (Cienfuegos, Cuba, 1930) plasmó parte de sus recuerdos de infancia en Tenerife en la novela El barranco, desgarrador testimonio de la Guerra Civil en la que su padre fue una de sus muchas víctimas. Exiliada con su familia a Cuba, colaboró en la revista Orígenes bajo la sombra de Lezama Lima, donde dio a conocer sus primeros poemas mientras se mostraba crítica con la dictadura de Fulgencio Batista. Tras el triunfo de la revolución castrista, que Nivaria Tejera apoyó en un principio, optó por el exilio a París al no poder soportar una sociedad marcada, resalta en esta entrevista, por “demasiado fusil, demasiada vigilancia individual y colectiva, demasiado uniforme, demasiados patria o muerte”. Tejera es autora también deInnumerables vocesLa barrera fluídica o París escarabajo y Huir de la espiral, entre otros títulos.

EDUARDO GARCÍA ROJAS: La experta María Hernández-Ojeda escribe que su universo literario gira en torno a Canarias y Cuba, zona de su imaginario secreto. ¿Está de acuerdo con esta percepción de su obra?

–En el amplio prisma desde el que la experta María Hernández-Ojeda –como usted la califica– analiza mi universo literario, sobresale el esfuerzo por descomponerlo desde su intrínseca insularidad, sin restricciones, observándolo con distancia, tanteando sus diversos matices y contenidos, cuidando de no reducir su imaginario a Canarias o Cuba, lo que sería limitar la trayectoria de esa escritura que, en sus múltiples análisis, ella considera estar impulsada por un aliento universal…

Su vida está marcada por el exilio (la dictadura franquista y las de Batista y Castro en Cuba). ¿Hasta qué punto esta experiencia ha marcado su literatura?

–A causa de esas diversas dictaduras que me han apresado desde la infancia, mi vida ha ido desembocando en un persistente exilio, y es claro que esa anomalía aparezca y marque mi escritura como parte esencial de su mensaje: es decir, cierto desquicio impulsivo que rebote la denuncia tajante de cuanto me fuera opresivo, lo que a su vez encamina mi instinto a una búsqueda lingüística en que la atmósfera predomina sobre la anécdota, lo que únicamente la intensidad de un estilo fragmentario puede condensar. Quiero decir, lo que Pierre Klossowski señalaba con inigualable exactitud sobre los aforismos kafkianos: “nada más dramático que esa intensidad sin cesar interrumpida por la insatisfacción, sin cesar recuperada por la esperanza, con la certeza de una totalidad por conquistar”, “…porque capta lo que percibe bajo los escombros donde ve algo más que los otros…él murió de estar vivo y de ser esencialmente el sobreviviente”.

La mayoría de los investigadores no se explican por qué sus textos narrativos han sido publicados antes en Francia que en España. ¿A qué se debe?

–Tal vez hay algunas razones para explicarlo: en el año 54 me trasladé a París y en esta ciudad, y por primera vez, el editor de Les Lettres Nouvelles, Maurice Nadeau, publicó El Barranco –aunque ya la revista Orígenes había dado primicias con el capítulo sobre la prisión de mi padre–; en el 65, al regresar a esta misma ciudad escapando a la persecución castrista, el mismo Nadeau editó Sonámbulo de sol; más tarde la editorial Actes-Sud sacó Huir de la espiral –que ahora edita por primera vez en Madrid la editorial Verbum– y aún hace pocos años L’Harmattan publicó a su vez Espero la noche para soñarte, Revolución. Creo que ese azar contradictorio en apariencia es otra de las reafirmaciones de mi exilio, aunque también se deba acaso al excesivo, abrupto abuso de indiferencia por parte de los editores españoles –lo que resulta una inexplicable injusticia para la autora de Insularidad– a pesar del premio Biblioteca Breve de Seix-Barral a mi novela Sonámbulo del sol (para colmo lo catalogaron como premio-escándalo por obtenerlo el 71, año del escándalo Padilla, hecho que al parecer mi libro ponía en evidencia. Y ahí quedó en suspenso el impulso editorial que espero reanude la edición madrileña en Verbum de Huir de la espiral.

Nos gustaría que hablara también de la importancia de la insularidad, de vivir en islas, en su literatura. ¿Hasta qué punto le ha marcado el hecho de nacer en islas?, ¿distingue en algo al escritor nacido en el continente?

–Acaso esta particularidad de nacer y crecer en las islas, en la exuberancia que les es propia, conlleva su convulsión… Es decir, una recreación incontrolable de dotes y defectos no siempre de fácil control, lo que exige en ciertos espíritus una inclinación a la fuga, es decir, esa robusta soledad que ayuda a perennizar una identidad. En mí la isla, las islas, son un espacio mental extenso como la masa arenosa, rocosa, que las protege, he dicho alguna vez, y esta imagen acopla in profundis en calcomanía mi vida interior donde pulula a ciegas el balanceo a ese inconmensurable desconocido poético que almacenan los sueños, caudaloso espejo destilador en donde reposan vivencias que emergen luego en un desvelo creador. Para arrostrar una obra el escritor sea-isla en su inventiva con la misma dualidad que resiente el isleño ante el feroz océano al que se lanza como un suicida para limpiarse de su calcáreo. Pienso que nacer en el continente es tan casual como nacer en un archipiélago, pero en ambos casos es la sensibilidad la que marca el ritmo de las brazadas. Eso sí, habrá inclinaciones, hábitos, un paisaje mental más o menos recio que los diferencia, pues en el continental las vivencias son extraídas de otros giros geográficos, más constreñidos en el isleño por el maravilloso cerco del mar. Tal vez por las colonizaciones, tanto en Cuba como en Canarias, la llamada identidad a veces resulta un escollo.

Su primera novela describe a través de los ojos de una niña lo que significó la Guerra Civil. ¿Qué significa para usted El barranco? ¿Y qué supuso vivir aquella pesadilla a tan pronta edad y en una isla como Tenerife?

–Leyéndolo se pude captar a fondo la desmedida pesadilla… Ya lo dejé explicado en el pequeño prefacio que acompañó la última edición canaria de El barranco, al que le remito, pero copio aquí algunas líneas: “Comencé a aislar sensaciones vagamente conservadas ahondando en ellas fragmentariamente, multiplicándolas, adivinándoles tentadoras bifurcaciones. Así, inédita y sorpresiva, la intuición, con su magia de transmitir pensamiento a los recuerdos, avanzó en aquel evasivo acervo: es decir, asalto a un supuesto desconocido que fue ya siempre, para mí, la escritura… preguntándome si no sería ese abstracto deseo el que configura una escritura, y, su necesidad de transmitirlo, la elaboración de un estilo. La poesía protegería en su trapecio los vocablos… ellos transmutaban las absurdas realidades de la cotidiana guerra en una inédita sacudida, en un exaltante azar”. Esta cita, reducida, fue incluida en la dúctil y matizada entrevista que me hiciera el escritor Pío Serrano para la revista Encuentro de la cultura cubana.

–También ha sido determinante la influencia de su padre. ¿Qué recuerdos tiene de él, hasta qué punto fue decisivo para que escribiera?

–Tengo tantos recuerdos que…es mejor remitirle a un libro sobre mi padre de la cubana Victoria Sueiro editado por el Departamento Cultural del Cabildo de Fuerteventura: Bio- bibliografía del tinerfeño Saturnino Tejera. Allí hay todo cuanto pueda decirse de su vida y obra y, entre líneas, mucho de la secreta afinidad que nos unía hasta su temprana muerte a los 56 años, producto de la injusta prisión que padeciera entre los mismos trances y lugares que el poeta García Cabrera, una de sus entrañables amistades.

Regresa a Cuba, pero también tiene que dejar Cuba. ¿Cómo se plasma esta sensación de desarraigo en su obra?

Nivaria Tejera en compañía de Manuel Díaz Martínez.

–El desarraigo es evidente pero no creo que incida esencialmente en mi escritura, aunque forme parte de su paisaje y ocupe visceralmente el centro de mis reflexiones más secretas. Los ires-venires políticos de mi vida son tan frecuentes y repetitivos que uno ya se vuelve un espectador, y como espectador un crítico feroz de tanta farándula dictatorial. Uno deja de ser lo que ha sido fibra a fibra y sin saberlo deviene su propio desconocido, un ser a la deriva a redescubrir, a rehacer en cada vericueto. En mi libro Espero la noche para soñarte, Revolución describo ese estado que en definitiva orienta lo inconcluso o fragmentario de esa escritura. La existencia, el instinto de conservación, el sistema inmunitario, protector, te conduce a otro ritmo respiratorio en el que recuerdos armoniosos e inesperados encuentros van modelando otra vitalidad, tan secreta como espontánea, que sin cesar absorben ese desarraigo como la llama consume la cera y donde el tiempo que pasa se convierte en el cómplice fiel, en el sentido de lo que dijo alguien que olvido ahora:Le temps c’est le detour des jours/ mais la durée c’est le temps de chaque instant/ L’acte/ de se prolonger dans le temps.

Y llega a París. ¿Una isla dentro de otra isla? ¿Cómo se ubica en la capital francesa?

–Sí, Paris ya era mítica para mi padre y mirando lejos sólo hubiera podido llegar a esta ciudad que desde siempre acogiera a tantos exiliados o rebeldes de este mundo. ¿Soy una isla dentro de otra isla? Tal vez sí porque detesto los tumultos castradores y Paris puede llegar a ser un lugar de aislamiento donde el anonimato procrea cierta libertad de actuar y de ser que le hace sentir a uno protegido y donde también, de vez en cuando, se producen contactos esenciales que me han propulsado a escribir dentro de ese vértigo existencial que es la reflexión à petits pas que conlleva el tomarse un poco en serio. Nathalie Sarraute, Beckett, Geneviève Serreau y su compañero Jean Marie Serreau, que propulsara el teatro del absurdo con Ionesco, Maurice Nadeau, André Breton y Benjamin Peret, han sido mis amigos en momentos de gran desconcierto “entre la vida y la muerte”. Su presencia de espíritu amparada por LA OBRA me contorneaba del desastre interior. El que ellos la habitaran hace que esta ciudad se expanda, se aleje de pronto y vuelva otra vez a protegerme, haciendo del vacío de su ausencia un tesoro a conservar.

En cierta ocasión le preguntaron que usted como escritora ha evolucionado hacia un género indefinido, hacia un cierto hermetismo. ¿Está de acuerdo? Y si es así, ¿por qué?

Volteo siempre en espiral lecturas maravillosas de escritores que en el mundo han sido y este ejercicio es el mejor aliado de mi pretendido hermetismo, pues sólo el dilucidar el torbellino de su interioridad ocupa y rastrea mi organismo poniéndolo en vilo para costear como un faro lo que me ha colmado inconscientemente, poniéndome en alerta del imprevisto abismo de los vocablos que amenazan la espontaneidad con su oscurantismo racional. Y ya metida en ese torbellino me animo a tantear con avidez los sutilísimos contornos de la irrealidad cóncava y convexa: un confín de los vértices que mantienen a sangre viva mi facultad del asombro. “Yo experimentaba en el terreno de la palabra con la esperanza de que la lengua me descubriera algo aún desconocido que yo tendría la alegría de despertar”, decía Robert Walser en el candor de su secreta demencia.

¿Qué huella canaria y cubana cree que puede encontrar el lector en su obra?

–La huella canaria tanto como la cubana viajan en la obra a lo vivo: cada línea, reflexión, injerto lingüístico, imagen o perspectiva poética tal vez la revelen aquí y allá, pero todo ello ya anda disperso en la abstracción de la escritura que, por sí misma, disuelve en su complejidad el injerto autóctono. El lector las descubrirá si se identifica con sus diversos contenidos.

¿Cuál es su visión de Cuba?

–De la Cuba actual –fidelista-raulista– mi visión es la de UN CAOS sin fin.

¿Qué originó que rompiera con el régimen de Castro?

–Una espantosa realidad: ¡¡cohabitar por tercera vez en mi vida con otra dictadura!! Demasiado fusil, demasiada vigilancia individual y colectiva, demasiado uniforme, demasiados patria o muerte opresivos usurpándonos la simple libertad de respirar, soñar, viajar, amar las cuatro estaciones, “el mundo ancho y ajeno” que loaba Ciro Alegría como meta de poeta; sí, todo ese carnaval de dictadores que como plantas carnívoras pululan desde siempre en nuestra América Latina impidiéndonos visualizar en la distancia una ruta luminosa que nos recuerde sus ríos, sus cielos, sus mares. Nada, sólo oscurantismo y castración.

¿Piensa entonces que los dictadores, independientemente de su signo ideológico, están vestidos con el mismo disfraz?

–¿Que si están vestidos con el mismo disfraz independientemente de su signo ideológico? La imagen y semejanza entre los dictadores es total: cada dictador es el calco del que le antecede gracias a los huecos discursos altisonantes para sumergir y ahogar sus víctimas… Sí, todos llevan el mismo disfraz: travestidos en espantapájaros, en espanta-libertades, con el uniforme militar y medallas al cuello, pistolas en el cinturón, todo lo que les insufle una autosuficiencia aletargadora de masas desamparadas que la represión cotidiana, las prisiones y el tiempo, inmunizan de tal barbarie. Todo en ellos es banalmente truculento, y si alargan el poder es porque el brillo de las botas les deslumbra sus ombligos. Su principal atuendo es de tejido orgánico: palabristas vocingleros, posturas con índices acusadores, ojos saltones y pulso saltón, y LA VOZ, sin cesar LA VOZ como una baba escurriéndoles todo el cuerpo (evocar a Hitler, Mussolini, Franco, Fidel) como un estentóreo estertor sin fin que abarca a veces casi el período de la vida de un hombre (¡¡50 años!!), y más…pues como decía el poeta peruano … hay algunos que nacen y no mueren… porque los conservan en salmuera en ciertos hospitales revolucionarios para que –quién sabe– puedan durar aún otros 50 años y colmar así la leyenda de su astuto camarada Gabo: ¡Cien años de soledad… !

¿Está en estos momentos trabajando en algún nuevo libro?

–Siempre trabajo un nuevo libro que no deja de ser a la vez todos mis libros… lo que me consuela siempre de la conspiración de silencio española a la que tanto alude la autora deInsularidad… a lo largo de sus análisis. Y es que sigo creyendo –con los antiguos– que el desconocido es la distancia… Esa distancia que puede traducirse como una ruta sin fin en que lo inalcanzable se convierte en lo inesperado puesto que la ferocidad de los instintos asume sus filtraciones en la creación perpetuándola más allá de los silencios limitadores. Como nos confesaba sobre sus páginas de Feuilles d´Hypnos el poeta René Char… elles furent écrites dans la tensiôn, la colère, la peur, l’émulation, le dégoût, la ruse, le recueillement furtif, l’ilusion de l’avenir, l’amitié, l’amour: Un feu d’herbes sèches eût tout aussi bien été leur éditeur…

(La Opinión de Tenerife, 6/2/2010,)

 

CUATRO POEMAS DE ADA SALAS

CUATRO POEMAS DE ADA SALAS

UN LIBRO CADA DÍA / 4. ADA SALAS EN EL ‘LIMBO Y OTROS POEMAS'
Ada Salas (Cáceres, 1965) reside en Madrid desde hace muchos años. Es profesora de literatura española y una de las voces más personales de la lírica española. Hemos coincidido en Moscú y es tan afectuosa como la recordaba. Le apasiona el arte contemporáneo. Cercana a Antonio Gamoneda y José Ángel Valente, en 2009 recogió su lírica en el volumen ‘No duerme el animal’ y en 2013 apareció uno de sus mejores libros, ‘Limbo y otros poemas’, un poemario de amor, del misterio, un libro de homenaje a la poesía y tal vez crónica de una gran pasión, escrita sin sentimentalidad ni el arrebato amoroso habitual. Es uno de esos libros donde la poesía se esculpe verso a verso, donde la vida y la muerte se tocan, donde la palabra intenta fundar y fecundar un universo propio, trenzado a la luz de la meditación, la filosofía, la búsqueda de metáforas tan poderosas como sutiles. Y por ahí, como un ave inesperada, asoma y se balancea el enigma.

Copio aquí algunos de sus poemas. Empiezo con ‘Albada’. Uno de los más bellos. Casi un estremecimiento

(ALBADA)
Dispusimos el cuello como quien mira
pájaros. Un filo descendió
justo
hacia
la amapola de amor que habíamos
tragado. No cerramos
los ojos

tú rozaste
mi herida hasta la aurora.

******

LA línea
o cicatriz. Una frontera. Una distancia
entre
lo que un ojo ve
y otro imagina
(aquello
lo que está
al otro lado
siempre
al otro lado).
Y ahora una grieta
entre tú misma y tú
un pensamiento un corazón
estrábicos
como aquel doble azul que atormentó a tu hermana.

*****


Y sólo
ahora –instante
hacia lo que perdura-
lo que mi cuerpo
es: una forma
sin tiempo
de la fulguración
mordida por tu abrazo.

*****


[...voraz el vasto reino de la sombra”. José Ángel Valente]

OYES
bajo la quieta respiración del mar
el secreto perfil
de los ahogados.

En un centro infinito
en una oscuridad que no se mueve

unen

la rara luz de todos sus extremos.

-De ‘Limbo y otros poemas’. Ada Salas. Pre-Textos. Valencia, 2013.

**La foto es de Regina Reland: de la actriz Ingrid Mirbach de 1949.