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Antón Castro

MANIFIESTO LIBERTAD DE PRENSA

MANIFIESTO LIBERTAD DE PRENSA

Manifiesto de la FAPE en el Día Mundial de la Libertad de Prensa

  

MADRID, 30 DE MARZO DE 2015.  La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), ante la  campaña y convocatorias electorales en España, quiere recordar la importancia del respeto más absoluto al trabajo de los periodistas y la imperiosa necesidad de preservar la independencia de los profesionales y de los medios de comunicación  en estos procesos claves en cualquier sociedad democrática.

 

La FAPE lamenta una vez más y muestra su total rechazo a las cortapisas que impone la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) a este ejercicio profesional de los periodistas, al imponer los bloques electorales minutados. Estos bloques constituyen un más que evidente atropello a la libertad de prensa y al derecho a comunicar y recibir información libre y veraz durante el desarrollo de las campañas electorales. Esta normativa atenta contra el sentido común y los intereses generales de los votantes.

 

Por otra parte, lamentamos la postura de los partidos políticos mayoritarios responsables de las reformas de la citada Ley Orgánica que impone la cobertura informativa proporcional en los medios públicos, despreciando así al resto de formaciones y especialmente a los partidos extraparlamentarios. Y se condiciona el trabajo de los medios de comunicación y de los profesionales para decidir qué es noticia y qué tratamiento informativo debe darse a cada noticia en el desarrollo de las campañas electorales.

 

Del mismo modo, la FAPE demanda en aras del interés general de los ciudadanos convocados a las urnas,  para que puedan acceder a contenidos informativos libres e independientes, que los partidos políticos respeten el criterio de los periodistas a la hora de realizar su trabajo. Por ello, es conveniente que abandonen la manida práctica de las declaraciones enlatadas. Y que permitan el acceso libre, y sin restricción alguna, a los actos de campaña permitiéndoles realizar una cobertura completa y libre. 

 

La FAPE pide también que se rechacen las convocatorias de ruedas de prensa sin preguntas o la negativa de los líderes políticos a conceder entrevistas y debates. En este sentido, se debe animar a las empresas y medios de comunicación a no cubrir los actos de los partidos políticos que no destierren estas prácticas.

 

Reiteramos, pues, la petición realizada a los partidos políticos españoles para que garanticen de hecho y de derecho el pluralismo y la neutralidad informativa en los medios de comunicación, tanto de titularidad pública como privada.

 

*La foto es de un gran reportero: Weegee.

EL SIGLO DE ORSON WELLES

Orson Welles: el siglo español de un genio

 

El miércoles seis de mayo se cumple el centenario del nacimiento del actor y director de ‘Ciudadano Kane’, que vivió en Sevilla y en Madrid, dejó inacabado ‘El Quijote’ y barajó una película sobre Goya

 

Antón CASTRO

Para muchos, Orson Welles (1915-1985) es uno de los grandes directores de la historia del cine -“el mejor” lo denominó el British Film Institute en 2002- y su ‘Ciudadano Kane’ (1941) es una película genial, renovadora, que marca un antes y un después. Durante años se creyó que había sido su debut, pero hace poco se recuperó, en Pordenone (Italia), la primera obra que este “gran fabulador de las imágenes” había realizado en 1938: ‘Too much, Johnson’, de la que se decía que se había perdido en un incendio de su casa de Madrid en 1970 y que contaba en el reparto con su primera esposa Virginia Nicholson y con su gran amigo Joseph Cotten.

Orson Welles, de quien se cumple en 2015 el centenario de su nacimiento en Wisconsin, sintió auténtica pasión por España, barajó hacerse “ciudadano español” a finales de los años 60 y fue un enamorado total del país y de su cultura: del Quijote y de Sancho Panza (le atrajo tanto el orondo escudero como su querido Falstaff, el protagonista de ‘Campanadas de medianoche’), del Museo del Prado, en especial de artistas como El Greco, Velázquez y Goya (barajó hacer una película sobre el pintor), de los toros, de las costumbres, de la gastronomía y del flamenco. Le fascinaban el territorio y el patrimonio en su conjunto. Le gustaron algunos castillos y cascos históricos, determinados paisajes, y en ellos situó sus películas. En La Casa de Campo de Madrid rodó ‘Campanadas a medianoche’ y ‘La isla del tesoro’; en Chinchón y Segovia, ‘Una historia inmortal’... En 1955, por recordar otro detalle, rodó dos documentales sobre el País Vasco.

Fue un hombre ingenioso, de un inmenso talento. Parecía caótico, atropellado, podía realizar dos o tres o cuatro proyectos a la vez; a menudo trabajaba como actor para financiar una película y tener a los actores o a los operadores de cámara a su disposición. Fue un auténtico intelectual y un creador casi infinito: trabajó en la radio, con los actores del Mercury Theatre hizo aquella emisión naturalista de ‘La guerra de los mundos’ (1938), inspirada en H. G. Wells, que estremeció Nueva Jersey. Fue mago, e hizo magia en televisión y ante las tropas norteamericanas durante la II Guerra Mundial; fue actor, un gran actor, con una poderosa dicción (en una ocasión dobló la voz de todos los actores), fue dramaturgo y un auténtico especialista en Shakespeare, guionista, productor a la fuerza o la desesperada, novelista (Anagrama publicó la novela ‘Mr. Arkadin’) y fue, ante todo, un original director de cine que tenía un concepto diferente del montaje. Solía llevar siempre una cámara 16 mm. a todas partes, a veces lo acompañaba el operador Juan Manuel de la Chica (con él hizo la RAI ‘Orson Welles nella di don Chisciotte’), y su imaginación era tan deslumbrante que veía la película como nadie. Con todo, con su genio voluble y su tendencia a las broncas, admiró siempre a John Ford, decía que había visto muchas veces ‘La diligencia’ y que había sido su mejor escuela de cine, a Harold Lloyd y a Buster Keaton, y veneraba al “glorioso” Jean Renoir.

Según Esteve Riambau, autor de ‘Orson Welles. Una España inmortal’ (Filmoteca Generalitat Valenciana, 1993), en la primavera de 1933, tras haber estado en Dublín y en Italia, embarcó en el carguero ‘Exermont’, con un baúl lleno de libros de historia del teatro, con dirección Tánger. Luego se trasladó a Sevilla. Allí fue inmensamente feliz: vivió en una casa con patio y “con viviendas tipo corrala junto al Guadalquivir” y se enamoró de los toros, tanto que “se decidió a aprender el arte noble de la lidia”. Se lanzó al ruedo, con el apodo de ‘El americano’ y declaró que “mi mayor gloria fue llegar a torear en tres o cuatro ocasiones sin tener que comprar yo los novillos”.

Poco después de realizar ‘Ciudadano Kane’, vio en la portada de la revista ‘Life’ a Rita Hayworth, cuyo verdadero nombre era Margarita Carmen Cansino, hija del  bailarín Eduardo Cansino, y dijo que un día se casaría con ella. Vivieron juntos cuatro años, tuvieron una hija, Rebecca, aunque pronto surgieron las divergencias; Welles, que siempre fue un gran seductor y había vivido un largo romance con Dolores del Río, le fue infiel. Hicieron juntos ‘La dama de Shangái’ y se divorciaron en 1948. Luego él tendría otras parejas: la cantante y actriz Eartha Kitt, la actriz Paola Mori, madre de su hija Beatrice, y Oja Kodar, actriz y guionista. Todas ellas aparecían en sus películas, “como sus propias hijas”, como recuerda Agustín Sánchez Vidal.

El autor de ‘Buñuel, Lorca, Dalí. El enigma sin fin’ lleva algunos años estudiando su obra ‘El Quijote’, uno de sus proyectos inacabados, algo frecuente en la trayectoria de Welles, que firmó en 1958 otra obra maestra: ‘Sed de mal’, con Charlton Heston y Marlene Dietrich. “Orson Welles se pasó los últimos treinta años de su vida intentando terminar su versión del ‘Quijote’. La única película que pagó íntegramente de su bolsillo –dice Sánchez Vidal-. La idea surge en 1955, durante su primer exilio europeo, y concretamente en el rodaje de ‘Mr. Arkadin’ en España. Su ‘Quijote’ cuaja en un primer proyecto, como programa de televisión que le encarga su amigo Frank Sinatra, y para el que propone como intérprete a Charlton Heston. Al no poder trasladarse este a México, donde rueda, echa mano de un exiliado republicano español, Francisco Reiguera. Para Sancho, su candidato será siempre Akim Tamiroff, uno de sus actores favoritos”.

Welles se instaló en Madrid entre 1966 y 1969, tras el rodaje de ‘Campanadas de medianoche’. Añade Sánchez Vidal: “Pero el tiempo sigue corriendo en su contra: se le mueren los dos protagonistas: Reiguera en 1969 y Tamiroff en 1972. Orson va de aquí para allá con sus rollos del ‘Quijote’, repasándola una y otra vez en la moviola. Nunca la termina. Todavía en mayo de 1985, cuando cumple los 70 años, el año de su muerte, propone a un montador italiano, que ha trabajado con él en la película, trasladarse a Los Ángeles para poder concluirla”. La montó Jesús Franco, con Oja Kodar, en 1992.

Las cenizas de Orson Welles, tal como había pedido alguna vez, reposan en las afueras de Ronda, depositadas en un pozo de la finca San Cayetano de su gran amigo Antonio Ordóñez.

 

Fotos. Los tomo de aquí: 

-https://timetunnels.files.wordpress.com/2013/12/ea835-orson-welles.jpg

-http://www.tnrelaciones.com/cm/preguntas_y_respuestas/images/Image/Actores-Directores-Tauro/Orson-Welles-Signo-del-Zodiaco-Tauro-2.jpg

 

BARBOZA Y GRASA: DE 'ARTE & LETRAS'

BARBOZA Y GRASA: DE 'ARTE & LETRAS'

ARTES Y LETRAS CUMPLE 500 NÚMEROS

EN EL HERALDO DE ARAGÓN, ZARAGOZA

 

Por Carlos BARBOZA y Teresa ELOÍSA GRASA

Es de felicitar al periodista Antón Castro por el esfuerzo de mantener la llama cultural en el Heraldo de Aragón con su suplemento cultural “Artes y Letras” informándonos casa semana de lo que sucede en el mundo artístico aragonés, ¡Enhorabuena por tus primeros 500 números…..

Al leer este suplemento especial dedicado a las bibliotecas de autor, se me viene a la memoria los años setenta y ochenta del siglo pasado, en los que una generación trabajaba por avanzar hacia el cambio en la forma de mirar el arte, en nuestro caso, el arte plástico y en el Heraldo, de informar de estas inquietudes. Allí trabajaban dos periodistas con visiones artísticas profundas, que eran Juan Domínguez Lasierra y Luis García Bandrés, que eran apoyados por la dirección, que en ese tiempo ejercía Antonio Bruned Mompeón, con José María Doñate, como subdirector y como consejero delegado Antonio de Yarza Mompeón. Como crítico de las actividades culturales, el historiador Angel Azpeitia Burgos, quien no dejaba de visitar ninguna exposición de las múltiples galerías que proliferaron en ese tiempo, comentando sobre todas. Nosotros, en el año 1978 fundamos la Galería de Arte Costa 3, y teníamos amistad con todos ellos, y el informar sobre Goya y nuestra restauración nos hacía vernos casi a diario. Comenzamos también a colaborar con artículos de arte. Por aquel entonces se trató de aglutinar en el periódico las noticias de las exposiciones en una sección que se llamó De Arte y la que me sirvió para publicar artículos desde Madrid, como fue el del 9 de diciembre de 1979 sobre Grabados y litografías de Picasso. Luego siguió en marzo de 1980 el de Piranesi y el oficio de grabador, siguieron Veinticuatro obras de Motherwell, Antonio Saura en el edificio Arbós, Pablo Ruiz Picasso en Barcelona, Fuendetodos, Goya y Durero, Sobre Wifredo Lam, cuando falleció en 1982, a los ochenta años de edad.

En el año 1982, Juan Dominguez Lasierra aglutinó toda esta información artística y cultural en un suplemento semanal que se llamó Artes y Letras. Con Juan además de unirnos una vieja amistad, junto con Ana María Navales, nos otorgaban el privilegio de ilustrar algunos de sus escritos y libros, y por lo tanto, me pidió Juan que hiciera un diseño para la cabecera del nuevo suplemento y un logotipo propio. Seguimos colaborando con artículos de arte, como El realismo norteamericano llega a Madrid, del 30 de enero de 1983. Siguieron El arte de lo cotidiano, Luis Melendez- Andy Warhol, Lo paranoico-crítico de Dalí-Gala en Madrid, Miró y los niños, Callot,…..

También en estas páginas dimos a conocer nuestras investigaciones sobre Goya en Aragón, y el jueves 24 de enero de 1985 publicamos un artículo con el título El Pignatelli de Goya, fundamentos de una atribución, en el que dábamos a conocer una pintura deformada y oculta por antiguas restauraciones, del retrato de cuerpo entero de este importante personaje del siglo XVIII pintado por Goya y perteneciente al Canal Imperial de Aragón, hoy depositado en el Museo de Zaragoza. En el año 1980 el Alcalde de Remolinos, José Antonio García, nos envió una carta donde da fe de la primera atribución de las pechinas del pueblo, pintadas por Goya y expertizadas por el pintor Ignacio de Zuloaga, y el 9 de octubre publicamos en Artes y Letras este acontecimiento, acaecido en 1916.

Cuando Juan dejó el suplemento, muy acertadamente se hizo cargo de él, el escritor Antón Castro. Con las nuevas tecnologías digitales, el cambio de formato del Heraldo y la introducción de la reproducción a color, el suplemento adquirió nuevo aspecto, ya que en el antiguo se hacían las reproducciones en fotograbado a trama, luego offset y siempre en blanco y negro. Antón quiso que la portada del suplemento nº 148 publicado el 4 de mayo del 2006, la ilustrara con una obra mía, escogiendo un linóleum a tres colores del retrato de poeta Antonio Machado, en el final de su vida, exilado en Coillure, Francia, y haciendo referencia a mi colaboración y dice: El artista Carlos Barboza Vargas, (Costa Rica, 1943), pintor, grabador y fotógrafo que diseñó el primer logotipo de Artes y Letras, explica su pasión por el poeta: Antonio Machado….

Queremos Teresa y yo felicitarte por esta labor de difusión de las Artes y las Letras en este año 2015, en que se terminó de publicar hace 400 años El Quijote, segunda parte, que transcurre en el Reino de Aragón, y deseamos que el suplemento de Artes y Letras que diriges siga cabalgando cuatrocientos años más.

Carlos Barboza Vargas y Teresa Grasa Jordán 
Archivo Barboza Grasa
www.barbozagrasa.es

 

*Arte & Letras recibió la semana pasado uno de los Premios Búho de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro.

 

BRADBURY: SOBRE 'FAHRENHEIT 451'

La génesis de Fahrenheit 451

Ray Bardbury

 

Era relativamente pobre en 1950 y no podía permitirme una oficina. Un mediodía, vagabundeando por el campus de la UCLA, me llegó el sonido de un tecleo desde las profundidades y fui a investigar. Con un grito de alegría descubrí que, en efecto, había una sala de mecanografía con máquinas de escribir de alquiler donde por diez centavos la media hora uno podía sentarse y crear sin necesidad de tener una oficina decente.

Me senté y tres horas después advertí que me había atrapado una idea, pequeña al principio pero de proporciones gigantescas hacia el final. El concepto era tan absorbente que esa tarde me fue difícil salir del sótano de la biblioteca y tomar el autobús de vuelta a la realidad: mi casa, mi mujer y nuestra pequeña hija.

No puedo explicarles qué excitante aventura fue, un día tras otro, atacar la máquina de alquiler, meterle monedas de diez centavos, aporrearla como un loco, correr escaleras arriba para ir a buscar más monedas, meterse entre los estantes y volver a salir a toda prisa, sacar libros, escudriñar páginas, respirar el mejor polen del mundo, el polvo de los libros, que desencadena alergias literarias. Luego correr de vuelta abajo con el sonrojo del enamorado, habiendo encontrado una cita aquí, otra allá, que metería o embutiría en mi mito en gestación. Yo estaba, como el héroe de Melville, enloquecido por la locura. No podía detenerme. Yo no escribí “Fahrenheit 451”, él me escribió a mí. Había una circulación continua de energía que salía de la página y me entraba por los ojos y recorría mi sistema nervioso antes de salirme por las manos. La máquina de escribir y yo éramos hermanos siameses, unidos por las puntas de los dedos.

Fue un triunfo especial porque yo llevaba escribiendo relatos cortos desde los doce años, en el colegio y después, pensando siempre que quizá nunca me atrevería a saltar al abismo de una novela. Aquí, pues, estaba mi primer intento de salto, sin paracaídas, a una nueva forma. Con un entusiasmo desmedido a causa de mis carreras por la biblioteca, oliendo las encuadernaciones y saboreando las tintas, pronto descubrí, como he explicado antes, que nadie quería «The Fireman» (la primera versión de uno de los cuentos incluidos en Fahrenheit 451). Fue rechazado por todas las revistas y finalmente fue publicado por la revista Galaxy, cuyo editor, Horace Gold, era más valiente que la mayoría en aquellos tiempos.

¿Qué despertó mi inspiración? ¿Fue necesario todo un sistema de raíces de influencia, sí, que me impulsaran a tirarme de cabeza a la máquina de escribir y a salir chorreando de hipérboles, metáforas y símiles sobre fuego, imprentas y papiros?

Por supuesto: Hitler había quemado libros en Alemania en 1934, y se hablaba de los cerilleros y yesqueros de Stalin. Y además, mucho antes, hubo una caza de brujas en Salem en 1680, en la que mi diez veces tatarabuela Mary Bradbury fue condenada pero escapó a la hoguera. Y sobre todo fue mi formación romántica en la mitología romana, griega y egipcia, que empezó cuando yo tenía tres años. Sí, cuando yo tenía tres años, tres, sacaron a Tut de su tumba y lo mostraron en el suplemento semanal de los periódicos envuelto en toda una panoplia de oro, ¡y me pregunté qué sería aquello y se lo pregunté a mis padres!

De modo que era inevitable que acabara oyendo o leyendo sobre los tres incendios de la biblioteca de Alejandría; dos accidentales, y el otro intencionado. Tenía nueve años cuando me enteré y me eché a llorar. Porque, como niño extraño, yo ya era habitante de los altos áticos y los sótanos encantados de la biblioteca Carnegie de Waukegan, Illinois.

Puesto que he empezado, continuaré. A los ocho, nueve, doce y catorce años, no había nada más emocionante para mí que correr a la biblioteca cada lunes por la noche, mi hermano siempre delante para llegar primero. Una vez dentro, la vieja bibliotecaria (siempre fueron viejas en mi niñez) sopesaba el peso de los libros que yo llevaba y mi propio peso, y desaprobando la desigualdad (más libros que chico), me dejaba correr de vuelta a casa donde yo lamía y pasaba las páginas.

Mi locura persistió cuando mi familia cruzó el país en coche en 1932 y 1934 por la carretera 66. En cuanto nuestro viejo Buick se detenía, yo salía del coche y caminaba hacia la biblioteca más cercana, donde tenían que vivir otros Tarzanes, otros Tik Toks, otras Bellas y Bestias que yo no conocía.

Cuando salí de la escuela secundaria, no tenía dinero para ir a la universidad. Vendí periódicos en una esquina durante tres años y me encerraba en la biblioteca del centro tres o cuatro días a la semana, y a menudo escribí cuentos cortos en docenas de esos pequeños tacos de papel que hay repartidos por las bibliotecas, como un servicio para los lectores. Emergí de la biblioteca a los veintiocho años. Años más tarde, durante una conferencia en una universidad, habiendo oído de mi total inmersión en la literatura, el decano de la facultad me obsequió con birrete, toga y un diploma, como «graduado» de la biblioteca.

Con la certeza de que estaría solo y necesitando ampliar mi formación, incorporé a mi vida a mi profesor de poesía y a mi profesora de narrativa breve de la escuela secundaria de Los Ángeles. Esta última, Jermet Johnson, murió a los noventa años hace sólo unos años, no mucho después de informarse sobre mis hábitos de lectura.

En los últimos cuarenta años es posible que haya escrito más poemas, ensayos, cuentos, obras teatrales y novelas sobre bibliotecas, bibliotecarios y autores que cualquier otro escritor. He escrito poemas como Emily Dickinson, “Where Are You? Hermann Melville Called Your Name Last Night In His Sleep”. Y otro reivindicando a Emily y el señor Poe como mis padres. Y un cuento en el que Charles Dickens se muda a la buhardilla de la casa de mis abuelos en el verano de 1932, me llama Pip, y me permite ayudarlo a terminar Historia de dos ciudades. Finalmente, la biblioteca de *La feria de las tinieblas” es el punto de cita para un encuentro a medianoche entre el Bien y el Mal. La señora Halloway y el señor Dark. Todas las mujeres de mi vida han sido profesoras, bibliotecarias y libreras. Conocí a mi mujer, Maggie, en una librería en la primavera de 1946.

 

Ray Bradbury, febrero de 1993

 

[Eva Hinojosa me envía este texto, que tanto le gusta.]

UN POEMA PARA LABORDETA

UN POEMA PARA LABORDETA

UN POEMA PARA JOSÉ ANTONIO LABORDETA

DE AUSENCIA Y PRESENCIA


Anoche, invitado por Paco Ortega, estuve en el Teatro Principal, en el ciclo de ’Sin Fronteras’. Fue muy bonito para mí hablar en ese espacio, en el Ambigú, ante el cuadro ’Zaragoza’ de José Manuel Broto. Recordé a algunos amigos -el tema general era la ausencia- y leí este texto dedicado a José Antonio Labordeta, tan vinculado a uno de mis mejores recuerdos de Cantavieja. El miércoles, con mi hijo Diego, iré a la villa que sedujo a Baroja y Valle-Inclán y Manuel Vicent, la ’ciudad sitiada’ de mi libro ’El testamento de amor de Patricio Julve’ (Xordica, 2011), dedicado por completo al Maestrazgo. Acabo de ser distinguido con un titulo entrañable: ’Embajador del Maestrazgo’. Os dejo aquí el texto dedicado a José Antonio Labordeta, que aparece en un libro que ha coordinado Lorenzo Lascorz que se titula ’Amigo Labordeta’, en el que 80 personas lo recuerdan, lo cantan, lo perfilan... La ilustración es de Luis Grañena. Ese volumen se presentará en Zaragoza, en el Teatro Principal, el próximo 29 de mayo.

ÚLTIMO CONCIERTO EN EL MAESTRAZGO

[A José Antonio Labordeta, in memóriam (1935-2010)]

1

¿Quién eras tú, lo sabías, poeta, cancerbero de estrellas,
sembrador de prodigios o un labrador insomne que conocía
los sonidos del trigo, el llanto seco de las montañas,
el murmullo sigiloso de las últimas nieves que se desmayan en la noche?
Llegaste como siempre: discreto e invisible, como si el planeta
te acompañase en el grito, en el bigote hirsuto, en tu mirada severa.
Tomaste posiciones y empezaste a recordar, desde un altozano: 
¿cuántas veces habías estado allí, en el Salto de la Novia,
en la ermita de Loreto, en el sinuoso descenso hacia los barrancos
o hacia la mansedumbre de piedra y siglos de silencio de Mirambel?
¿Cuántas veces habías seguido del vuelo elegante de los buitres,
que luego se guarecían en las piedras cortadas a pico, hendidas
de sombras y de grutas y de los ex votos inesperados del bosque?
Tomaste posición para ver. Para sentir. Para amasar el tiempo 
y detener los recuerdos.
Cantavieja. Masoveros a lo lejos. Pájaros fugitivos. Ancianas solitarias, 
viejas de olvido
que vencían la tarde con su aspecto de fantasmas nórdicos.
Había vacas en la vega y el viento, seguro de sus puñales, 
peinaba las matas, los arbustos, las crines de los caballos sueltos en la ladera.
Allí, en Cantavieja, lo recordabas todo. A los tuyos: a tus mujeres de nardo 
y sal caliente. 
A tu hermano Miguel, de cristalino corazón acuciado de añoranzas.
A los maquis de los Pirineos. Los atardeceres de vencejos en Canfranc.
Tus días de Francia cuando buscabas a Brassens por todas las esquinas 
y anhelabas oír la voz estremecida y sobria de Atahualpa Yupanqui.
No era la primera vez que ibas a cantar. No era la primera vez y quizá 
sí fuera la última. 
Jamás fuiste ceremonioso. O tal vez sí lo fueras a tu modo: 
la guitarra era un apéndice de la sangre, la emoción rasgada,
como un amor de cuerda y delirio, habituada a tu suavidad de esparto.

2

No te lo podías creer. La noche se había disfrazado de romería en el teleclub
y tú eras el profeta. Una muchedumbre de feria te esperaba.
Una multitud estremecida aguardaba tus himnos y sus conjuros.
Acaso nunca te habían anhelado tanto como entonces.
Al subir las escaleras, alguien dijo: “Hay hombres que son furia y vendaval, 
calma y escarcha, clamor necesario.
Hay hombres como Labordeta. Hay hombres que somos todos. 
Hombres Somos”.
Estabas perplejo. O asombrado. La expectación era tan grande
que el mundo se descuadernó en las alturas. Cantavieja es promontorio
y escala con su navío legendario una cumbre incesante.
¿Cómo debían sonar las canciones entonces, 
qué hondura de pedernal darías a las sílabas del alma?
Cantavieja, recordaste, está más allá del mito: 
aún conserva el latido del mar, la esperanza del aire,
la vibración de la historia y sus violencias. La música del vacío.
Nunca solías ponerte nervioso. El salón estaba tan abarrotado que palideciste 
de pánico.
En el rostro se te dibujó la estela de un escalofrío.
O la constelación de un pudor inefable que te volvía arisco.
Algunos iban a oírte desde la fuente o la escalera, en las eras. 
Algunos, enojados, iban a escucharte en su peor recuerdo.
Con la imaginación dolorida. Con la ira del expulsado.
¿Quién, cabrones, ha calculado tan mal el aforo? 
¿No sabían quién venía y para quiénes?, gritaron fuera.

3

Estuviste como nunca. Enérgico, inspirado,
hecho de metal caliente y de olivera antigua.
En tu garganta cantaron todas las estaciones: por el desierto
y el valle, en la tormenta y el cierzo, con el eco de los montes,
por la piedra rojiza de las serranías, las vaguadas y las ermitas. 
Como el pájaro libre de Víctor Jara y Violeta Parra y Bob Dylan. 
Dos horas completas. Sin zozobrar. Con la maestría
del trovador confiado en sus asuntos y en su verdad heroica.
Lo cantaste todo. Lo contaste sin perder un segundo: 
verso a verso, acorde a acorde, con el hervor de los manantiales de las 
cañadas, 
con el desgarro de existir contra la tinieblas y sus espantos. 
Para concluir, allá va la despedida, te pusiste sentimental:
“Con este tema, tan querido para mí, regresamos todos
a la casa del padre, a Teruel, al campo infinito de Aragón”.

Abrazaste la guitarra y te echaste a andar con seda de luz 
y melancolía en la voz. Solo ante el peligro.
Con la firmeza de un juglar que un día remoto se atrevió 
con la ranchera en Belchite. Y con la jota. Y con la albada de mi tierra,
solar y solanar de tus antepasados.

Antón CASTRO
Garrapinillos, sábado, 17 de enero de 2015

HOY, CONFERENCIA EN EL PRINCIPAL

Esta tarde, a las 20 horas, en el Teatro Principal, dentro de la programación del ciclo 'Sin Fronteras', daré una conferencia-recital sobre la ausencia. El título es 'Ausencia, duelo, exaltación. Gente que vino a mi boda', que es un viaje acompañado de poemas de Borges, Giacomo Leopardi, Miguel Hernández y mis propios poemas.

 

Estáis invitados. Habrá alguna sorpresa, dedicada a Félix Romeo y José Antonio Labordeta, entre otros.

 

Dejo aquí este poema de Jorge Luis Borges

 

  AUSENCIA

Habré de levantar la vasta vida 
que aún ahora es tu espejo: 
cada mañana habré de reconstruirla. 
Desde que te alejaste, 
cuántos lugares se han tornado vanos 
y sin sentido, iguales 
a luces en el día. 
Tardes que fueron nicho de tu imagen, 
músicas en que siempre me aguardabas, 
palabras de aquel tiempo, 
yo tendré que quebrarlas con mis manos. 
¿En qué hondonada esconderé mi alma 
para que no vea tu ausencia 
que como un sol terrible, sin ocaso, 
brilla definitiva y despiadada? 
Tu ausencia me rodea 
como la cuerda a la garganta, 
el mar al que se hunde.



 

ISABEL RODRÍGUEZ ROMERO, CON LUIS CERNUDA, EN EL T. DE LAS ESQUINAS

ISABEL RODRÍGUEZ ROMERO, CON LUIS CERNUDA, EN  EL T. DE LAS ESQUINAS

[Esta noche, y mañana, dentro de la programación ’Sin Fronteras’, dedicada a la ausencia, Isabel Rodríguez Romero, bailarina e historiadora del arte y ex militar, presentará un homenaje muy especial, de apenas una hora, a Luis Cernuda. Sevillana como él, conocedora de sus calles, de su lírica, fascinada con el personaje, que escribió de la dolencia de amor, ha preparado una intimista e intensa con una selección de sus poemas, recogidos en ese libro de libros que es ’La realidad y el deseo’.]

 

21.00 h Compañía DAMA DE NOCHE presenta: "Ausencia: mi voz a ti, Cernuda". (Creación) (Teatro de las Esquinas. Sala Grande). Con la bailarina Isabel Rodríguez Romero y el bailarín Gustavo Adolfo Núñez.

 

Martes, 28 y Miércoles, 29 de Abril 21.00 h.

Compañía LA DAMA DE NOCHE y FACTORYPRODUCCIONES presenta “Ausencia: mi voz a ti, Cernuda”.

Isabel Rodríguez Romero es una artista polifacética. Bigas Luna la llamó para El Plata, de Zaragoza, y para protagonizar el video que representó a España en la Expo de Shangay. También son destacables sus trabajos con Jordi Colomer, o su participación en 2012 en la multitudinaria performance en el Museo Thyssen Bornemisza sobre el cuadro de Hopper ’Sol de la mañana’, a las órdenes del mítico cineasta norteamericano Ed Lachman. En esta ocasión comparte escenario con el bailarín venezolano Gustavo Adolfo Núñez, especializado en danza contemporánea y teatro musical, con amplia experiencia en su país (Ballet Nina Nikaronova y Ballet Maria Rita Vella, entre otros) y en España.

 

"AUSENCIA; MI VOZ A TI, CERNUDA" es un cruce de lenguajes y caminos: la música y la danza contemporáneas y la andaluza. Sevilla y el universo... Y todo ello a través de las palabras inmersas en una selección de poemas de Luis Cernuda (Sevilla, 1902-México, 1963).

Un trabajo escénico que emocionará al espectador.

 

[Iluminación: Paco Sevilla. Apoyo coreográfico: Elías Sobrecasas. Creación audiovisual: Javier Castillo. Textos y ordenación escénica: Lorenzo Zapata. Regiduría: Isabel Rocío Iglesias. Fotografías de Sevilla: Francisco Muñoz. Fotografías: María Vecino. Fotografías: María Vecino. Voz en off: Roberto Millán. Al Cajón: Alejandro Sánchez Bermejo “El tumbaito”.]

 

*La foto de Isabel Rodríguez Romero la he tomado del Teatro de las Esquinas.

 

UNA ENTREVISTA CON LA BAILARINA

http://www.teatrodelasesquinas.com/entrevista-isabel-rodriguez-romero-creadora-del-proyecto-de-ausencia-mi-voz-ti-cernuda/

 

Isabel Rodríguez Romero es una artista polifacética. A su formación y experiencia como actriz, bailarina y coreógrafa contemporánea, se une su conocimiento del flamenco fusionado con otras danzas y estilos.

A lo largo de su carrera destacan actividades tan diversas como trabajar en el conocido cabaret El Plata (elegida por Bigas Luna, con quien también protagonizó el video que representó a España en la Expo de Shangay), sus colaboraciones cinematográficas con Jordi Colomer o su participación como modelo en vivo en 2012 en la multitudinaria performance en el Museo Thyssen Bornemisza sobre el cuadro de Hopper “Sol de la mañana“, a las órdenes del mítico cineasta norteamericano Ed Lachman.

Performance en el Museo Thyssen Bornemisza sobre el cuadro de Hopper “Sol de la mañana“

Performance en el Museo Thyssen Bornemisza sobre el cuadro de Hopper “Sol de la mañana“

Junto con el bailarín Gustavo Núñez y el coreógrafo Elías Sobrecasas representará el martes 28 y el miércoles 29 de abril en el Teatro de las Esquinas “Ausencia: mi voz a ti, Cernuda”, un espectáculo dentro del Festival Sin Fronteras, que funde el teatro y la danza con la poesía de Luis Cernuda.

Háblanos sobre ti, ¿cuándo empezaste en el mundo de la danza?

Oficialmente, empecé cuando tenía 15 años y gané el primer premio de danza contemporánea en Sevilla, aunque hacía mis pinitos desde los 5 años.

A nivel profesional ¿cómo te definirías?

Profesionalmente, actriz y bailarina, ya que mis estudios son de danza e interpretación.

¿Qué sientes por la danza? ¿Qué significa para ti bailar en un escenario?

Pura pasión, me evado. Cuando bailo mi alma se eleva, es algo espiritual.

¿Cómo se te ocurrió la idea de unir los poemas de Luis Cernuda, con la música y la danza contemporánea?

Yo tenía un proyecto que nacía del poemario de Cernuda y de la danza, y el dramaturgo Lorenzo Zapata me aconsejó unir texto y coreografía, de una manera sencilla, pero bien elaborada.

¿Qué quieres transmitir con esta obra?

La ausencia de Cernuda, que nace del amor y del exilio. El era republicano y homosexual y en 1939 tuvo que huir a México. Sus poemas reflejan la ausencia, hablan de los recuerdos de su niñez en Sevilla, del amor a la tierra y a las personas.

Ausencia: mi voz a ti, Cernuda

Ausencia: mi voz a ti, Cernuda

¿Cómo trabajas un personaje? ¿Va primero escuchar la música y dejarse guiar por el ritmo, establecer unos pasos o poner en el personaje algo de ti mismo?

Tuve que meterme en los textos. Al ser de Sevilla también, conocía el barrio donde se crió Cernuda y las callejuelas y plazas que detalla en sus textos. Aunque soy sevillana, llevo seis años viviendo en Zaragoza, por lo que podía entender muy bien la ausencia que describe.

¿Que es lo que te resultó más difícil de esta pieza?

La escena final es de una fuerza desgarradora. Tengo que mostrar la ira por el amor ausente y expresarlo desde muy dentro y para ello me baso en la intensa simbología cernudiana.

¿Cómo ves el futuro de la cultura en España?

Pienso que tendría que abrirse mucho más, es un legado histórico, cultural y artístico inmenso, que no puede perderse de ninguna manera. Quisiera expresar mi agradecimiento a todos los que han apoyado este proyecto, desde el dramaturgo Lorenzo Zapata, al bailarín Gustavo Núñez, pasando por el coreógrafo Elías Sobrecasas y los técnicos Paco SevillaJavier Castillo y Jose Antonio Royme.  También a Factory Producciones y Mario Ronzano por haber creido desde el principio en este montaje.

MIGUEL MENA: RETRATO DE GRUPO

MIGUEL MENA: RETRATO DE GRUPO

[Miguel ha rescatado esta foto de los años 90. Una foto especial. Le ha puesto este comentario. Él está detrás de la cámara.]

 

 

De esto hará unos veinte años. Mercedes y Antón trabajaban por entonces en El Periódico de Aragón, en el Pº Pamplona, que es donde está hecha la foto, y algunos domingos quedábamos por allí, en el Café de Levante. No sé si esto fue antes o después del aperitivo. Ahí están Ignacio Martínez de Pisón,Mercedes VenturaDaniel GascónAntón Castro, Yolanda Polo, José Luis MeleroCristina Grande y Félix Romeo.