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Antón Castro

BRAULIO ORTIZ: TRES POEMAS

BRAULIO ORTIZ: TRES POEMAS

[El narrador y poeta sevillano Braulio Ortiz Poole publica en La Bella Varsovia su nuevo poemario ‘Cuarentena’. Y tiene la gentileza de enviarme este puñado de poemas del libro.]

 

 

UNA JOVEN PROMESA SE ENFRENTA A SU FRACASO

 

A ti, como a todos, te enseñaron

a arrancarles las alas a las moscas,

la destreza y la falta de piedad

que un hombre necesita como armas.

 

Te indicaron, amigo,

cómo saltar obstáculos y celebrar la meta:

no habría así diferencias entre un caballo y tú,

serías un jamelgo de agrio resoplido,

caballo de ajedrez o de cartón, caballo de mentira.

 

Pero en vez de sangre, la sangre de los héroes,

la sangre de un caballo en la carrera,

corría en ti una espuma jabonosa,

el flujo de un poeta o un cobarde.

 

A ti, como a todos, te quisieron marcial,

un volcán que exhibiera su arrogancia,

pero en tus pasos en vez de hacerte piedra

te mostrabas esponja. Tú llevabas el alma

demasiado a la vista

para matar dragones y ser un estratega.

 

Debías portar una palabra categórica,

no tu voz vacilante.

 

Por eso, porque aun en tu mansedumbre

fuiste educado igual que un purasangre

y te señalaron del mundo su comercio,

ha crecido en tus labios la mueca de un fenicio,

y compartes el ansia con un tigre.

 

Y por eso has viajado hasta este templo,

para orar a la diosa de la guerra.

Querrías preguntarle

no cómo se toma el camino a la gloria,

sino cómo se asume haber perdido.

 

Pero Atenea, esculpida por Fidias,

es apenas la bruma del sueño insatisfecho:

su piedra fastuosa pertenece al escombro, 

su tiempo es también el del fracaso.

 

Aunque quizás Atenea te confiara,

al modo de un oráculo,

algo que ya barruntas:

Llevas el corazón tan a la vista.

Sólo puede ganar quien se protege.

 

 

 

Y AHORA AMAS AQUELLO QUE HAS PERDIDO (I)

 

Tú has sido amor, y lo dices orgulloso:

no imaginas un paso por el mundo

más afín a los trenes y a la noche,

más próximo a la vida.

 

Y ahora amas, no sin desconcierto

–bienvenido al país de la nostalgia–,

aquello que has perdido.

De improviso confirmas

que te han quitado un bosque de las manos,

que ese azul de la tarde ya no es tuyo.

 

De repente

eres como una cuerda que se ha roto

y solo emite una voz amordazada.

Has perdido el escudo del guerrero

y hoy te cubre un harapo.

 

¿Dónde han ido los vientos favorables?

Entre los jóvenes, ¿los ves?,

se deshace la niebla y entra un sol altivo,

y todo tiene en ellos su voluntad de seguir amaneciendo,

como si la arena, la sal, el horizonte

fueran sus pertenencias.

 

De repente comprendes

que es esa levedad de no tener memoria,

la virtud de ser ángel,

la que hace de las aguas un río navegable.

 

No quedes atrapado en ese limo

de estar al otro lado de la gracia.

Eres mediterráneo,

hijo de los hombres que amaron la belleza.

 

Tú vienes

del alquitrán y el liquen,

de todo lo que enturbia,

y como un rey que ha encontrado su grial

sabes que en ellos reside la pureza.

 

Que al final la carne era el espíritu,

que los cuerpos portaban el misterio,

el doloroso enigma, quizá,

                   de lo que ya no eres.

 

 

 

NO IMPORTA SI OLVIDASTE LA MALETA

 

No importa si perdiste el equipaje.

 

Si tu pecho ha renunciado al frío,

si sabes

que un árbol derribado será leña,

que un hombre que ha caído puede erguirse,

si has aprendido eso, que hay vida

                   más allá de la vida,

más allá incluso del árbol y del hombre,

no importa

el rostro hostil que tenga cada tarde.

 

No importan los rastrojos o la espina

que hacen de un espejo una amenaza.

Rebelde e imprevisto,

como una flor que brota en una celda

o un agua que circula bajo tierra,

así te incorporas tú frente a las cosas.

 

No importan los rechazos.

Tantas veces

entregaron tu nombre a la deshonra

o te arrojaron un verbo que era azote

que aprendiste a esquivar

la piedra de la adúltera.

 

No estás solo.

Toda ciudad no es sino un enjambre

de gente que ha agachado la cabeza.

 

Este horizonte más que tierra sólida

         será tierra caliza,

pero no importa

si sabes

que tú mismo has cruzado los puentes que temblaban

y has logrado avanzar en lo precario.

 

No permitas que el ruido te confunda,

aunque persistan los cantos de sirena.

Tú hallaste en el silencio

aquello que era hermoso.

Una abadía

que rinde culto a un dios sin ornamento,

que sabe que vendrá el amanecer.

 

Si está la vida,

no importan los fracasos.

 

Algunas noches,

en el calor feliz de la amistad,

o cuando duermes al lado del cuerpo de quien amas,

una rara alegría te asalta como un rayo

y te dices: No importa.

 

EL AUTOR

Braulio Ortiz Poole (Sevilla, 1974) es periodista y trabaja en la sección de Cultura del ‘Diario de Sevilla’. Ha publicado la novela ‘Francis Bacon se hace un río salvaje’ —con la que obtuvo el Premio Andalucía Joven de Narrativa—, el libro de relatos ‘Biografías bastardas’ y los poemarios ‘Defensa del pirómano’ y ‘Hombre sin descendencia’.  Sus historias han sido seleccionadas para las antologías ‘Mutantes. Narrativa española de última generación’ y ‘Pequeñas resistencias 5. Antología del nuevo cuento español (2001-2010)’.

 

 

 

 

ANTONIO HERRAIZ: A PROPÓSITO DEL LIBRO DE ROBERTO PARDOS

ANTONIO HERRAIZ: A PROPÓSITO DEL LIBRO DE ROBERTO PARDOS

[Antonio Herraiz Soler es periodista. Trabajó muchos años en Heraldo de Aragón; se retiró en la sección de ’Cierre’. Solía redactar artículos de opinión, además, y de cuando en cuando se explayaba en los secretos gramaticales de su oficio. Hoy comenta el libro ’Así nacen y mueren los periódicos’, de Roberto Pardos, que se presentaba el pasado marte, con mucha gente, en la sala de Música del Palacio de Sástago. Roberto estaba como un flan, pero en cuanto empezó a hablar ya no había nadie ni nada que lo parase.]

 

EL LIBRO DE UN REGENTE

’Así nacen y mueren los periódicos en España’. Roberto Pardos. Prólogo de Antón Castro. Doce Robles. Zaragoza, 2015.

Por Antonio Herraiz Soler.

La noche del 24 al 25 de septiembre de 1993 un linotipista del Heraldo de Aragón apuñaló durante la jornada laboral al regente de dicho periódico,Antonio Fuertes Pablo. La primera herida, asestada de abajo arriba, rozó elhígado de Antonio por debajo de las costillas; la segunda, recibida de arribaabajo cuando Antonio se desplomaba, fue un auténtico descabello: leseccionó la médula entre la primera y la segunda vértebra. Caído en elsuelo del taller, en medio de un gran charco de sangre, el regente delHeraldo de Aragón decía que no se podía mover. Había quedadotetrapléjico. En el hospital, a los pocos días, le practicaron unatraqueotomía para enchufarlo a una máquina de respirar. Desde entoncestampoco podía hablar. Y, finalmente, Dios quiso ahorrarle una vida desufrimientos a él y a su familia y se lo llevó el 20 de octubre. Al díasiguiente, el de su entierro en el cementerio de Torrero, hubiera cumplido 53 años.

Y pese a tratarse el suyo de un caso único, le ha sucedido lo mismo que atodos los regentes que he conocido durante mi vida profesional transcurridaen diarios de distintas ciudades españolas. Joaquín, Juanjo, Chomin, JuanAntonio, Arsenio, Florencio y Justo gobernaron sus talleres, se aliaron conla divina providencia para hacer el inexplicable milagro diario decomponer, editar e imprimir un periódico año tras año, y después, si te hevisto no me acuerdo. El relevo de las generaciones arrastra consigo ladesmemoria y el olvido, de manera que los ahora llamados trabajadores delos diarios no saben ni quienes fueron sus padres ni sus madres,profesionalmente hablando. Debe de ser eso que llamamos “ley de vida”.

Pues para pasarse esa ley de vida por el arco del triunfo ha escrito este libro Roberto Pardos, el segundo regente que tuve en El Noticiero después delinigualable Justo Olloqui, que fue el primero.La edición vigésima segunda del Diccionario de la lengua española(DRAE), publicada en 2001, entre las acepciones de la palabra ‘regente’incluye esta: En las imprentas, boticas, etc., hombre que sin ser el dueñodirige inmediatamente las operaciones. Y se queda corta, porque las másde las veces, el regente mandaba más que el amo. La vigésima terceraedición le enmienda la plana a la anterior y no incluye esta acepción. Asíque ni con algún pequeño añadido de tipo sexual la dejan sobrevivir paraque también regenten las imprentas, las boticas y los etcéteras las mujeres;aunque la cosa podría ir más lejos si se extiende esa corriente antizoológicaque cree que los hombres y las mujeres no tenemos sexo sino género:masculino, femenino, neutro, cambiante, doble, según, a veces y angelical.

No lo explica el Diccionario, pero sí hay otra razón para suprimir laacepción. Y es que, quitando el caso de las boticas y los etcéteras que caenfuera de lo que yo conozco, los ingenieros y otros técnicos que ahoradirigen inmediatamente las operaciones sin ser los dueños de las imprentas,se verían muy mermados en su imagen si los denominaran oficialmente‘regentes’. ¿Dónde se ha visto que un garañón se rebaje a mulo?, ¡por Dios!Roberto Pardos, además de compañero de trabajo y amigo, fue, como yo,maqueto en el País Vasco y charnego en la capital del principado de Cataluña, Barcelona.

Así que, aunque cada uno por separado, hemos tenidovivencias paralelas durante nuestra etapa de emigrantes y eso, quieras queno, une. Pero es que antes de eso -lo he sabido al leer su libro-, ya teníamosalgo de vecindad común. Roberto nació en un piso de la calle San Miguel número 50 el año 1940, y en ese mismo número de esa misma calle –aunque supongo que sería un inmueble anterior- vivió uno de misbisabuelos cuando fue destinado cuarenta años antes a la Caja de Reclutasde Zaragoza, y allí nacieron dos de los cuatro hijos de su segunda mujer.

De las experiencias adolescentes y juveniles de Roberto en el Frente de Juventudes me libré porque en mi casa no tragaban a los falangistas, pero mi amigo y admirado conocedor de todos los intríngulis de la corrección gramatical, Ángel Hernández Mostajo, disfrutó de lo lindo el día que los reuní en una comida de trabajo y descojonamiento al contarse uno y otrolas vivencias joseantonianas y callejeras de sus respectivas infancias. Casi me daban envidia.Roberto ha escrito muy inteligentemente una biografía personal vinculada asu desarrollo profesional. Es lo mismo o parecido que debieron de hacer losredactores del Antiguo y el Nuevo Testamento: en proyección. Es decir,que de mayor, y gracias a lo que aprendió y fue de pequeño, actuó comouna flecha en dirección fija sabiendo bien dónde estaba el centro de ladiana a la que se dirigía. ¿Resultado?: ¡blanco! Por si me lee algún niño, lo traduciré al lenguaje de las maquinetas: ¡target!

Roberto ha sido testigo del nacimiento, la resurrección y la muerte dediversos diarios y sabe de qué habla cuando relata cómo y por qué muerenlos periódicos en España. Desde su visión como regente de un tallertipográfico clásico, pero también con su puesta al día en los nuevosprocedimientos y aplicaciones editoriales tanto de composición como deimpresión, se convirtió –como él mismo cuenta en este libro- en una de laspersonas más preparadas en España para aconsejar a las empresas editorasen el difícil arte de la supervivencia durante los apasionantes años de latransición.Acudieron a él como los náufragos se aferran a una tabla en alta mar. Unosse ahogaron y otros sobrevivieron: ¿por no hacerle caso o por seguir susconsejos? Júzguelo el lector.Por lo que a mí respecta, la lectura de estas memorias de Roberto Pardosme hace pensar que muchas veces Dios da pan a quien no tiene dientes, yno sé si dientes a quien no tiene pan. No es el caso del autor. Tal vez sí elde algunos de los amos, no de todos.

Antonio Herraiz Soler

 

*En la foto de Chus Marchador, de ’El Periódico de Aragón’, vemos a Javier Lafuente, editor, a Antón Castro y a Roberto Pardos.

NUEVAS NOTICIAS DE LA MUERTE DEL DOCTOR ALBACETE EN ZARAGOZA

[Muy gentilmente, el periodista zaragozano Antonio Huerta me envía uno de sus últimos trabajo: la muerte del doctor Albacete, fusilado en 1936.]

Médico de los guardias de asalto, fue fusilado en 1936 acusado falsamente de ser masón

 

La Policía de Zaragoza reconoció en 1941 y 1945

el asesinato del Dr. Jesús Albacete

 

La actuación del Tribunal contra la Masonería y el Comunismo obligó a la Jefatura Superior a confesar el crimen

 

En un informe justifica la última pena “por su conducta anterior al Alzamiento Nacional”, y en otro, “por sus actividades contra el Glorioso Movimiento Nacional”

 

Por Antonio HUERTA 

A mediados de este mes de abril de 2015 se ha conocido la versión oficial del asesinato de Federico García Lorca, ocurrido hace casi 79 años, el 18 de agosto de 1936. Un informe de la 3ª brigada regional de investigación social de la Jefatura Superior de Granada, fechado el 9 de julio de 1965, afirma textualmente, entre otros extremos, que García Lorca “fue pasado por las armas después de haber confesado” su vinculación con la masonería y el socialismo.

 

Se trata de acusaciones idénticas o parecidas a las que llevaron ante el paredón a miles de personas en los primeros meses de la guerra civil de 1936 en la llamada zona nacional, controlada por el ejército sublevado contra la II República. Entre ellas, Zaragoza.

 

Parece evidente que confesarse masón, por las buenas o por las malas y con engaños o falsas promesas, era el pretexto para dar un barniz de juridicidad a los asesinatos por revancha, odio político, enemistad personal o cualquier otro motivo.

 

Es fácilmente comprensible que, en ese entorno de discrecionalidad, si la filiación masónica del acusado no parecía suficientemente probada, los verdugos añadían más cargos para hacer ver que una persona inocente, libre de culpa por delito alguno, era enemigo de la patria, agitador peligroso y amigo de la república. Un método inconfesable de eliminar a quienes no simpatizaban con la sublevación o no aparentaban el entusiasmo debido.

 

Hasta que ya avanzada la guerra se instauraron, a mediados de 1937, los tribunales militares para juzgar todo tipo de causas mediante los consejos de guerra, en la zona sublevada era la policía, bajo la órdenes del gobernador civil, quien oficialmente acusaba y detenía a los sospechosos que luego eran fusilados. En Zaragoza, el titular del Gobierno Civil era el republicano Ángel Vera Coronel, pero fue destituido por los golpistas y posteriormente asesinado. Usurpó sus funciones el comandante de la Guardia Civil Julián Lasierra, y a sus órdenes actuaba como Jefe Superior de Policía un comandante de Estado Mayor, de manera que era el ejército quien obraba a su antojo con el poder absoluto que le otorgaba el estado de guerra.

 

Con las firmas de Julián Lasierra y José XX –el Jefe Superior cuyo apellido no figura en ningún documento pues en su firma solo se interpreta el nombre de José– se urdió el procedimiento seguido con apariencias legales para encubrir los asesinatos, entre ellos el del médico de los guardias de asalto y teniente de complemento Jesús Albacete Fraile: fue fusilado durante la madrugada del 28 de noviembre de 1936, a las pocas horas de haber salido de la cárcel de Torrero, junto con Joaquín Rico Martínez, por orden del Jefe Superior de Policía. Albacete había ingresado en la prisión provincial de Zaragoza el 28 de agosto de 1936; por orden del gobernador, sin cargo alguno, a disposición “de mi Autoridad”, y en compañía del también detenido Enrique Juez Vicente.

 

Entre el ingreso y la salida definitiva de la prisión, Albacete dejó Torrero por unas horas con los presos Inocencio Aguirán González y Francisco Aranda Millán, el 12 de noviembre, para “unas diligencias” en la Jefatura de Policía.

 

Las diligencias fueron en realidad un interrogatorio, que terminó con la ratificación y firma de su condena a muerte en los siguientes términos:

Declaración de Jesús Albacete Fraile. En Zaragoza a doce de noviembre de mil novecientos treinta y seis comparece el que dijo llamarse como queda dicho, médico, 31 años de edad, casado, vive en Santiago 2.

Preguntado dijo:

QUE hace cinco o seis años le hablaron en Zaragoza no recuerda quien en términos de masonería, pero no se afilió. Pantoja capitán de asalto, sobre el mes de junio, le habló de masonería, y le dejó unos libros, de masonería, como quiera que la familia del declarante se había arruinado, ignorando los motivos, el dicente pensó; si la masonería andaría por en medio, y si había alguna persona en su familia, que fuera causante de dicha ruina. Por ello, le pidió a Pantoja la solicitud en la masonería, por ver si podía enterarse de algo. En el 32 o 33, al solicitar la plaza de médico de asalto, se afilió, con los demás solicitantes en la Acción Republicana, y una vez conseguida la plaza, al mes se dio de baja. Leída se afirma ratifica y firma.”

 

Tras el asesinato del Dr. Albacete, la autoridad militar asumió las actuaciones del juzgado de guardia que instruía el proceso tras ser avisado el juez de que “había aparecido un cadáver”, y le dio carpetazo unas semanas después. Todo quedó en un homicidio, cuyos autores, pasado el tiempo reglamentario de indagación, no habían sido hallados. No obstante, en el Modelo 1 del impreso oficial de Estadística Criminal de Guerra, que firma el Teniente Auditor de la Quinta Región José María Franco de Espés, se recoge con fecha del 18 de diciembre de 1936 que el procedimiento fue “sumarísimo” y el tiempo invertido en su tramitación “menos de seis meses”. La documentación militar sobre la muerte del Dr. Albacete se incluye en un expediente rotulado como Causa núm. 1904-36, (por Homicidio).

 

Y en homicidio de autor anónimo se hubiera quedado si el Juzgado número dos del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo no hubiera incoado, el 7 de agosto de 1945, un procedimiento contra Jesús Albacete Fraile, considerado en esa fecha como “No Retractado”.

 

El tribunal busca al acusado y no lo encuentra; investiga su paradero mediante instancias a la Dirección General de Seguridad, desde donde giran más instancias a los Servicios Documentales de Salamanca y a la Comisaría General de Información (Archivo Masónico); hasta que, finalmente, la Comisaría General Político-Social de la Dirección General de Seguridad, remite al Tribunal un escrito que se había recibido enviado por la Jefatura Superior de Policía de Zaragoza. Fechado el 26 de julio de 1941, el Jefe Superior afirma en su escrito referido al Dr. Albacete, que “fue detenido en 27 de agosto de 1936 y fusilado en 28 de noviembre del mismo año, por su conducta y actuación anterior al Alzamiento Nacional, no figurando en ninguna de las listas de masones que obran en la Comisaría de Zaragoza”.

 

A cambio de reconocer implícitamente que la autoinculpación como masón firmada por el Dr. Albacete el 12 de noviembre de 1936 fue una patraña, la Jefatura Superior de Policía de Zaragoza había añadido más razones para su eliminación: “Pertenecía (Jesús Albacete Fraile) a Izquierda Republicana, siendo uno de los elementos más destacados en el extremismo, de Zaragoza; ingresó como médico en el Cuerpo de Seguridad, aprovechando la amistad que le unía con Casares Quiroga y Azaña, para lograr el traslado a otra plantilla de Oficiales de ideología derechista, favoreciendo a todos los Guardias que eran sancionados por obrar políticamente, llegando incluso a no pasarles revista médica con los demás individuos del Cuerpo, sino que lo hacía en su Domicilio particular”.

 

También fue requerida directamente la Jefatura zaragozana por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo, y a diferencia del escrito extenso de 1941 enviado a Ministerio de la Gobernación, el 25 de agosto de 1945 informa sucintamente al Tribunal que “A efectos del sumario que instruye con el número 849 de 1945 contra JESUS ALBACETE FRAILE, y de conformidad con lo interesado en su escrito de 7 del actual, relativo a la averiguación del paradero del mismo, tengo el honor de participar a V. I. que, según antecedentes que constan en los archivos de esta Jefatura Superior, el citado, sufrió la aplicación de la última pena por razón de sus actividades contra el Glorioso Movimiento Nacional en esta capital, el día 28 de noviembre de 1936. Dios guarde a V.I muchos años. Zaragoza 25 de agosto de 1945.” Lo firma alguien como Jefe Superior p.a (por ausencia). El comandante de Estado Mayor estaría de vacaciones de verano o habría cambiado de destino.

 

En vista de los informes policiales, el Tribunal dictó el sobreseimiento y el archivo de la causa masónica inventada en Jefatura; pero eso al Dr, Albacete ya le daba lo mismo. La torpeza de los asesinos se trasluce también en los informes contradictorios de la policía de Zaragoza. En uno se dice que lo fusilaron por “actividades anteriores al Alzamiento Nacional”, y en el otro, “por sus actividades contra el Glorioso Movimiento Nacional”.

 

El Tribunal contra la Masonería y el Comunismo consiguió –se supone que sin pretenderlo– el esclarecimiento de un asesinato extrajudicial, uno más, organizado con premeditación, alevosía, fraude de ley, mentira y engaño, manipulación de pruebas, ocultación de datos, falso testimonio en documento público, abuso de autoridad y todas las agravantes que bien podrían ser imputadas a los responsables del mismo: los militares que habían usurpado las funciones de Gobernador Civil y de Jefe Superior de Policía, pero también los demás instigadores y ejecutores de la sublevación en Zaragoza, especialmente algunos oficiales del ejército y destacados falangistas, pues entre todos ellos llenaron la ciudad y la provincia de luto, miedo y muerte.

 

Antonio Huerta

Abril de 2015

 

PATRICIA RODA EXPLICA EL TRABAJO DE 'EL VIAJE DE LAS REINAS'

PATRICIA RODA EXPLICA EL TRABAJO DE 'EL VIAJE DE LAS REINAS'

[La joven realizadora acaba de recibir el premio Biznaga de plata en Málaga por 'El viaje de las reinas' (un montaje de Blanca Resano con doce actrices), que se estrenó en la Filmoteca de Zaragoza. Una obra emocionante. Para entonces publiqué esta entrevista. La recupero ahora. La foto es de Ana Infante.]

 

PATRICIA RODA. Cineasta y productora. Estrena ‘El viaje de las reinas’ en el FCZ, un largometraje documental de 70 minutos.

 

 

“La cultura es cambio, movimiento y emoción”

 

PIE DE FOTO. ARCHIVO DE LA AUTORA

Patricia Roda acaba de culminar un viaje exterior e interior a través del teatro y de doce mujeres.

 

Antón CASTRO. Zaragoza

Patricia Roda Amador es cineasta y productora. Reside entre Madrid y Zaragoza. Ha trabajado en algunas de sus películas con su hermano Germán Roda, ha realizado cortos y ahora, esta tarde en la Filmoteca, estrena su documental ‘El viaje de las reinas’, inspirado el proceso de trabajo de la obra teatral ‘Doce reinas’, dirigida por Blanca Resano.

¿Qué es, desde el punto de vista cinematográfico, 'El viaje de las reinas'? 

Lo que cambia de una película a otra es la mirada sobre esos personajes, sobre ese tema. Una mirada particular y diferente al resto. En este caso, ‘El viaje de las reinas’ es un largometraje documental en el que, en realidad, pretendo contar dos viajes. Uno, un trayecto vital a través de un grupo de mujeres. Y el segundo, mi propio viaje interior.

 

¿Cómo se ha planteado un trabajo así: como una defensa del teatro, de la mujer, como una reivindicación general de la cultura? 

El tema principal de mi proyecto es la Mujer. Y más particularmente, la mujer capaz de propiciar los cambios necesarios para ocupar de forma definitiva el papel que se merece en la sociedad. La mujer que se hace su propio camino y su cambio. Además, la cultura, y en el caso concreto de ‘El viaje de las reinas’, el teatro, han sido los medios elegido por las actrices protagonistas de mi película para conseguir su objetivo. Las protagonistas de mi documental idearon su proyecto, una obra de teatro protagonizada por doce actrices, y lo realizaron. La cultura, por propia definición, es cambio, movimiento, emoción… Herramientas perfectas para conseguir un objetivo.

 

¿Qué dificultades entraña un trabajo así: de tiempo, de grabación, de testimonios, de concepto?

En nuestro caso, las principales dificultades han estado principalmente en el tiempo. Allá por noviembre del 2012, empecé, cámara en mano a grabar las primeras reuniones de estas actrices. Sabía cómo empezaba pero no tenía ni idea de cómo ni cuándo acababa. De hecho, hay proyectos que se quedan en el cambio, y fue uno de los riesgos que asumía. Nada más lejos de la realidad. Con sus problemas y sus obstáculos, estas mujeres siguieron contra viento y marea, poner todos los elementos necesario para un exitoso desembarco en el escenario. Ese estreno se produjo en marzo del 2014, tras muchos meses de trabajo, por lo que realmente hacer un seguimiento tan dilatado en el tiempo ha sido una complicación extra en la producción de este rodaje. Esta película narra un viaje que sucede a lo largo de unos meses, por lo tanto se planteó un rodaje discontinuo a lo largo de todos estos meses.
Quizás la otra complicación haya sido en lo referente a la financiación.

 

¿Por qué? Parecía que sí habían tenido apoyos concretos...

Nunca he querido plantear una película de mujeres, para mujeres exclusivamente, sin embargo, ha sido el sello que acaso de forma unánime han ido adjudicando a ‘El viaje de las reinas’, limitando así nuestras vías de financiación. He de agradecer especialmente la confianza depositada por Aragón Televisión, coproductora de esta película, que apostó por un documental de estas características, entendiendo, creo yo, que los espectadores aragoneses podrían tener interés en una historia así. Y digo, los espectadores en general, no exclusivamente las mujeres. También contamos con una ayuda del Departamento de Cultura del Gobierno de Aragón, y el apoyo del Instituto Aragonés de la Mujer, y de su directora Pilar Argente, que desde el principio se han mostrado interesadas en los valores y la historia de empoderamiento femenino que narramos en ‘El viaje de las reinas’.

 

¿Qué va a ver el espectador: una pieza con ritmo, una obra digresiva, de combate, una obra poética...?

Mi pretensión, por lo menos, ha sido conseguir realizar una película ágil, llena de vida, de alegrías y sufrimientos, de ritmo, de reivindicaciones, de teatro, de plasticidad, de errores y aciertos… Hay lucha, hay combate… sobre todo de ellas, de las protagonistas, contra la realidad. Una realidad injusta que hace que, como mujeres de teatro, sus posibilidades de trabajar se vean reducidas claramente respecto al hombre, tanto en cantidad, hay muchos menos textos escritos y dirigidos por mujeres, como en calidad, la mayoría de los papeles femeninos son como secundarias o de reparto. Los papeles protagonistas están reservados para unas pocas.

 

¿Qué tienen de especial más de una docena de mujeres trabajando juntas?

Doce actrices, sobre el escenario, doce protagonistas, dos dramaturgas, una directora… Todo es especial, y único. No he sido capaz de encontrar un ejemplo similar. Que conste que me encantaría que no fuera excepcional y que no lo hubiera tenido que tratar como tal. Doce hombres sobre un escenario posiblemente no tiene nada de particular, sería una obra más que no merecería ningún filtro especial en nuestro análisis solo por el hecho de ser solo hombres. En el caso de ‘El viaje de las reinas’ ese ha sido el primer elemento identificativo y, en cierto modo, el primer escollo que han tenido que salvar. Lo excepcional sería que algo así no fuera excepcional. Y sería un objetivo a alcanzar

 

Hablan de monarcas, de soberanas... ¿Cuál es para usted la vigencia de esos personajes, cree que nos interesan?

Que nos interesan está claro que sí. Hay series, películas, libros que han salido a la luz recientemente porque las vidas de estas mujeres reinas siguen teniendo vigencia e interés. Las doce soberanas de la Historia de Europa fueron elegidas entre todas las actrices. Posteriormente, Eva Hinojosa y Susana Martínez hicieron la dramaturgia. Les pregunté a las actrices durante el documental por adjetivos que definieran a las reinas a la que daban vida. Algunas de sus respuestas: inteligente, estratega, dulce, ninfómana, maleducada, obsesiva, soberbia, colérica, impulsiva, digna, valiente… Yo creo que sí, que nos interesa saber y recuperar las vidas de mujeres así.

 

¿Cómo ha crecido Patricia Roda como cineasta y como mujer en esta pieza, en qué medida te siente implicada?

Para mí ha sido un viaje, un viaje que siento que aún no ha acabado. Ha sido un viaje interior a través del cual he conseguido exponer mis preocupaciones, mis dudas, mis objetivos, como mujer y directora. Todo eso ya me rondaba la cabeza y el corazón, pero al encontrarlas a ellas, se ha redondeado, se ha consolidado más. 

EL MEJOR PARTIDO DE NAYIM

EL MEJOR PARTIDO DE NAYIM

EL MEJOR PARTIDO DE NAYIM

 

Para Eduardo Bandrés, Vicente Merino

y Pepe Melero, zaragocistas

 

Todos tenemos un pasado, me dije. Y yo tengo el mío, y está muy vinculado al fútbol. Pronto me aficioné a los diarios deportivos y a los partidos: veía los del fútbol modesto de mi comarca y los de la televisión. A menudo me sorprendo a mí mismo con un sinfín de recuerdos inventados en torno al balompié: de tanto leer tal o cual lance, de tanto repasar alineaciones y vidas de futbolistas, tengo la sensación de que estuve en la final de México-70, en aquella Copa de Europa de 1961 que perdió el Barcelona ante el Benfica de Eusebio o cerca, muy cerca, en el propio estadio de La Romareda, donde deslumbraban ‘Los Cinco Magníficos’: Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra. Incluso, con catorce o quince años, soñé con llegar lejos: era habilidoso, chutaba con precisión y dormía con un balón Curtix de caucho, que era la forma esférica que mejor se acomodaba a mis sueños. Años más tarde, cuando el fútbol se convirtió en un arsenal de quimeras, de nombres y de partidos, en una utopía del pasado y en una certeza de los domingos, volví a jugar un poco, pero de otro modo: por el placer de hacerlo, por el gusto de correr detrás de un balón y sentirme partícipe de los improvisados equipos de las tardes de piscina. Luego llegué a ser entrenador de varios equipos escolares: más que la preparación física, o la estrategia, me gustaba ver cómo los chicos tocaban el balón, cómo lo convertían en su instrumento. Mi frase preferida de entonces, y de anteayer mismo, era: “Chicos, la pelota no quema”. Pronto le añadí otra, un tanto petulante: “Orden, combate e imaginación”.

No quiero contar aquí toda mi vida futbolística, que no sería nada excepcional. Como periodista, he dedicado algunos cientos de páginas a contar partidos y el siempre sabroso anecdotario de fútbol. De todos mis artículos, dos fueron los más aplaudidos: uno donde contaba las aventuras amorosas, secretas y públicas, de algunos futbolistas muy conocidos, desde George Best y Beckenbauer a Falçao, y otro donde narraba la victoria del Real Zaragoza en la Recopa de 1995, un diez de mayo inolvidable en París, por el cual recibí un premio que me permitió dormir una noche en el hotel Ritz de Madrid. Marcó el gol decisivo mi jugador favorito en el último segundo: Nayim. Yo lo viví rodeado de hijos en un pueblo del Maestrazgo. Si digo que adiviné el gol en cuanto salió de la bota del interior pareceré pretencioso, pero así fue literalmente: me levanté casi al compás del balón y canté gol un poco antes de que Seaman mostrará su perplejidad y su impotencia. Supongo que yo también podría ser uno de esos miles de aficionados que impulsaron el balón.

Creo que esto ya explica qué ha significado el Real Zaragoza en los últimos años de mi vida. Y qué ha significado Nayim. Soy mitómano desde muy niño y empecé a adorar al jugador ceutí en el Barcelona, lo seguí en el Tottenham y me ha hecho feliz en Zaragoza. Recuerdo que me encantaba verlo calentar: era habilidoso, tocaba el balón con sutileza, realizaba parábolas, le gustaba enviarlo al cielo y amortiguarlo luego, con la punta de la bota, en el pecho o en la rodilla. Lo dormía y volvía a impulsarlo, y cada uno de sus impactos parecía un golpe artístico, una filigrana, el arabesco de un mago o un ejercicio de exhibición para los aficionados que empezaban a llegar. El espectáculo, más que el bello Esnáider o el animoso Poyet, era él.

Hace algunas semanas, Pedro e Iván, del Colectivo Anguila, me llamaron para hacerme una foto. Una foto atípica, con algún elemento pintoresco o raro que definiese algo personal que no tuviese que ver en exceso con mi profesión. Al principio salió el fútbol y hablamos del campo de San Lorenzo de Garrapinillos: me gusta porque posee atardeceres maravillosos, de celajes de fuego, y al lado está un cementerio evocador que se llena de balones cuando cae la noche. Al final, hablamos de la posibilidad de escoger el mejor escenario posible: La Romareda. Hablé con Eduardo Bandrés, el presidente del club, y después con Paco Checa, secretario, y les conté la idea. Se trataba de realizar algunas instantáneas en la atardecida con una camiseta especial: una que me había regalado el periodista Vicente Merino de Nayim cuando se conmemoraron los diez años del triunfo en París. A Eduardo le pareció una idea estupenda. Un escritor en La Romareda, de corto y con la elástica de Nayim. Sonaba bien. Parecía una simpática extravagancia de fabulador.

Cuando llegué a La Romareda ya estaban allí Pedro e Iván, y con ellos un intruso: Rafa Martos, el cantante de Gascoigne, un forofo acérrimo que estuvo a punto de vivir un tiempo del fútbol en las categorías inferiores. Le hacía tanta ilusión que apareció con una camiseta de Rebosio, “la única que he podido conseguir”, dijo. Yo me cambié en la que había sido la taquilla de Zapater, o quizá fuese Rafa y yo en la de al lado. Salimos al césped mimoso como dos corceles. Como dos corceles con sobrepeso, pero hambrientos de balón. Los diez primeros minutos, mientras Iván y Perico preparaban las fotos, fueron de gran agitación, de gran intensidad. Qué maravilla de campo. Se oía más nuestra respiración acelerada que las grúas o el ruido de los coches. Se oía el tembloroso resuello de nuestra emoción amasada con asfixia. El sudor no tardó en asomar como un río que se desborda. Un sol generoso restallaba de lumbre en lo alto.

Pedro e Iván empezaron a preocuparse. Iván algo menos: había sido portero de joven y creyó que debía ejecutar alguna estirada en el vasto lienzo del campo, y lo hizo como si no hubiera venido a otra cosa. Rafa Martos estaba radiante: grabó un pequeño vídeo con los preparativos e incluso se atrevió a saltar el foso cuando un zurdazo se fue a la grada. El utillero Felipe parecía algo serio, si no lo fuera habitualmente: la tarde de fútbol amenazaba con prolongarse algo más de la cuenta. Pedro e Iván iniciaron sus preparativos: instalaron la cámara, una escalera y el foco; señalaron el lugar exacto de las tomas, la posición del fotógrafo y del fotografiado, el ángulo del escorzo, la marca más o menos imaginaria para colocar mis antiguas botas Cejudo sobre la hierba. Yo pensaba que Rafa también iba a participar en la muestra que prepara el Colectivo Anguila para la FNAC, pero no fue así; sin embargo, fue mi principal colaborador y surtidor de balones. Me los enviaba al pecho, mientras Iván sostenía el foco y Perico disparaba y disparaba, y me pedían que elevase un poco más la pelota antes de controlarla de nuevo. Hubo un momento en que dijo Iván: “Qué luz más bonita se está quedando”.

La sesión duraría en torno a media hora. Había que repetir y repetir, como en un rodaje de cine. Yo no me lo podía creer. No sé hacer fotos y muchas veces he soñado y he descrito reportajes para mis libros de mis fotógrafos invisibles Patricio Julve, Manuel Seara de Castro y Manuel Martín Mormeneo. Casi diría que me envalentoné: disfrutaba. Disfrutaba como un niño. Hace veinte años exactamente jugué un partido entre periodistas en La Romareda. La cara seria de Felipe, que ha visto entrenar a algunos futbolistas inolvidables, entre ellos Nayim, me devolvió a la realidad: si no fuera por mi afán, me habría venido abajo. Parecía juzgarme con severidad y acaso con fatiga. Como si se diera cuenta, me animó: dijo que en las próximas intentonas lo haría mejor, que ahora sí saldría todo bien. Y seguí controlando el balón, recibiendo al pecho y desafiando al objetivo de Perico, que estaba muy encima. “Acércate, acércate. Si me das un balonazo, no pasa nada. Mejor”, me dijo. “Si me das un balonazo, mucho mejor”.

El calor infernal se había mitigado y una luz tamizada, casi otoñal, se coló en el estadio. La Romareda estaba ideal. Yo me sentía Nayim y el observador de un demorado método de trabajo de dos fotógrafos. Dijo Rafael: “¿Te imaginas lo que debe ser jugar aquí un domingo, con la gente encima, aplaudiéndote?”. Me lo imaginaba. El césped era una lámina de terciopelo verde. Y yo me sentía Nayim con el escudo bordado en oro en su camiseta del número cinco.

Soy tan aficionado a la fotografía que estas fotos han sido un regalo precioso. Tan inolvidable y tan inverosímil que en un momento determinado me pareció ver a Patricio Julve tirando fotos desde el palco y desde un lateral como si el propio Nayim volviese al estadio tanto años después para jugar el mejor partido de su vida. 

 

*La foto no es la del Colectivo Anguila, es la de Nayim tras marcar el gol en París en 1995. Pertenece a Heraldo de Aragón.

CARMEN RUIZ CANTA A CANDELA

CARMEN RUIZ FLETA CANTA A SU HIJA CANDELA
Carmen Ruiz Fleta, poeta, periodista y responsable de informativos de CARTV, le dedica este hermoso y emocionante poema a su hija Candela. Un modo conmovedor de empezar la mañana. Con belleza, intensidad y revelación. Palabras de vida.


Tu madre no sabía nada
hasta que naciste.
Pensaba que la emoción habitaba en los poemas,
que el absoluto era patrimonio de creyentes,
que la revolución la hacían otros.
Que siempre quedaría tiempo.

Como un verso silbado,
tu madre parió una hermosa rareza,
-mi flor del desierto, mi Candela-
luminosa, sabia, valiente.

Naciste con los ojos abiertos y los huesos de cera,
venciendo una dictadura de cromosomas,
al abrigo del mes de abril.

Tu madre, que hasta entonces lo ignoraba todo,
empezó a saber.
Comprendió a su madre, y a la madre de su madre.
Esparció sal en la tierra
y recitó oraciones en secreto para acunarte.

Tu madre, 
que creía conocer la dicha, la pena y el tiempo,
besaba tus rozaduras maldiciendo que no fueran suyas,
-mi niña, mi gaviota de río, mi Candela-
Tejiendo canciones a medias,
sin ganas de escribir.

Tu madre aprende lo que tú le enseñas.
Que la vida siempre se abre paso.
Y que un poema escayolado
resiste mejor los vaivenes de las estaciones.
Tu madre te mira y no cree en la ambición, el orgullo ni el tedio.
Solo cree en ti y en despertar bajo tu risa
-mi amor, mi certeza-

 

*La foto la tomo de aquí.

http://www.spend-in.com/Fotos/Articulos/3375/Galeria/3-PGR10001991.jpg

WILLY RONIS Y SÁNCHEZ GATELL

WILLY RONIS Y SÁNCHEZ GATELL

Hace unos días, en casa del fotógrafo Rafael Navarro, hablamos de muchos artistas con los que había coincidido y a los que había llevado en el coche. Hablamos de Kertész, de Cartier-Bresson o, casi de pasada, de Willy Ronis, que siempre me ha fascinado. Toda su obra. Y, en particular, no sé bien por qué, este ‘Desnudo provenzal’. A la vez, andaba yo leyendo un poemario de Miguel Sánchez Gatell (Madrid, 1965), ‘La lucidez del número’ (Bartleby, el sello de Pepo Paz) y descubro este poema. Me gusta la doble o triple coincidencia.

 

MUJER DESNUDA EN UNA FOTOGRAFÍA

No sonríe. Pregunta.

Es esa permanencia lo que hace

de su piel una playa.

Es dura gota de agua, y no luz, lo que ocupa

los huecos de su cuerpo,

entornadas alcobas que no ceñirá el aire.

 

Por eso no sonríe.

La desnudez total es la pregunta:

la piel es la presencia,

la piedra que se arroja a los pantanos.

Amor que hilvana

los sucesos perdidos,

transitados recuerdos que en realidad no fueron.

 

Cuerpos interrogados que callan como simas.

DOMINGO FÉLEZ HA MUERTO

DOMINGO FÉLEZ HA MUERTO

Lo tomo de aquí. De la tan imprescindible revista Cazarabet.

http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/felez.htm


Ha muerto Domingo Félez

Laura S. Leret

 

El 20 de abril de 2015 en la madrugada, falleció en La Victoria, el aragonés Domingo Félez Burriel, nacido en 1920. Uno de los pocos sobrevivientes españoles del campo de concentración nazi de Mauthausen que aún permanecía con vida.

Domingo Félez combatió a favor de la República durante la Guerra Civil española. A los 15 años se unió como voluntario a las milicias y fue ascendido a sargento por sus méritos en acción. Al perderse la guerra, Domingo Félez cruzó la frontera con Francia donde fue internado en los infames campos de refugiados que el gobierno francés improvisó en las heladas playas deArgelés, Barcarés, Saint Cyprien.

Domingo Félez fue reclutado por el ejército francés para construir fortines defensivos en la Línea Maginot. Durante la invasión alemana en 1940 fue hecho prisionero de los nazis. A sus 20 años fue deportado al campo de Mauthausen en Austria, y de allí transferido a los campos de trabajo forzado de Gusen y Wiener Neudorf.

 Al liberarse el campo de Mauthausen el 5 de mayo de 1945, Domingo Félez sobreviviente del Holocausto, no consiguió la ansiada libertad. Una denuncia anónima originó su detención por parte de los militares del ejército de Estados Unidos. En julio de 1947, Félez fue juzgado por una Corte Militar en Dachau, antiguo campo de concentración nazi, donde los militares de Estados Unidos recluyeron y juzgaron a los alemanes acusados de cometer crímenes de guerra.

 

Después de dos años en prisión, Félez fue absuelto de los cargos. Los otro cuatro españoles fueron condenados. Indalecio González, ejecutado en la horca, Laureano Nava a cadena perpetua, Moisés Fenández a 20 años en prisión y Joaquín Espinosa a 3 años. Las deficiencias e irregularidades que se presentaron durante los juicios fueron denunciadas por el estadounidense Joseph Halow en su libro Innocent at Dachau (1993). Un libro que consulté en el año 2006 cuando conocí a Domingo Félez. A la fecha, ningún investigador español había cuestionado la credibilidad de los juicios. Me propuse conseguir los expedientes judiciales archivados en los Estados Unidos, y al igual que Joseph Halow constaté que los juicios estuvieron viciados.

 El pasado 5 de abril de 2015, hicimos un conversatorio en la librería Kalathos sobre el libro que publiqué en Caracas sobre su vida: Domingo Félez. Veterano de Tres Guerras(2014) que además incluye mi investigación en torno a los juicios de Dachau. Me acompañaron las escritoras Adaías Charmell y Eleonora Requena.

La vida de Domingo Félez ha sido para mí, una profunda fuente de inspiración que me permitió publicar artículos en España y en Venezuela, en diversos periódicos y revistas, entre ellos El País. A finales de 2009, contacté a Aragón T.V para que lo incluyeran en el documental: “Adiós a la Vida. Aragoneses en el campo de exterminio de Mauthausen”. Hice la entrevista, y por primera vez su testimonio fue visto y escuchado en España.

 

Domingo Félez fue un hombre excepcional. Un hombre que en una sola vida asumió varias vidas. Exiliado en Venezuela desde 1948, Domingo Félez se casó con una venezolana y tuvo tres hijos. Entre ellos, a la periodista Thaelman Félez.

 

Durante la década de los 60, Félez se unió al movimiento guerrillero de la época, simpatizó con la revolución cubana. Participó en la rebelión militar de El Porteñazo en 1962, y más tarde estuvo al mando del profesor Alfredo Maneiro, convertidos en guerrilleros en las selvas de Monagas. Domingo Félez fue un hombre de ideales, de sueños. Siempre respeté esta etapa de su vida.

 

Domingo Félez fue cremado el 21 de abril en la ciudad de Caracas. Sus cenizas serán esparcidas en Alcorisa, su pueblo natal del que partió hace 80 años y al que nunca pudo visitar en vida.

 

Cazarabet conversa con... Laura S. Leret, autora del libro "Domingo Félez. Veterano de tres guerras (Víctima de los nazis, prisionero de EE.UU.)" (Fundación Leret O'Neill):

http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/felez.htm