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Antón Castro

DOCUMENTAL SOBRE PEPE OTAL

DOCUMENTAL SOBRE PEPE OTAL

 

[Nota del escritor y experto en marionetas Adolfo Ayuso Roy]

Hoy se celebran las elecciones andaluzas y el partido de fútbol Madrid-Barcelona. Con mucho menos bombo, a las 8,30 de la tarde, en EL SOTANO MÁGICO (San Pablo, 43), nos juntamos una serie de amigos para visionar un documental sobre la vida y obra del marionetista Pepe Otal (1946-2007).

Pepe Otal fumaba en pipa, bebía abundante cerveza y no comía demasiado. Aunque se decía enamorado de la Muerte tuvo muchas amantes de carne y hueso. Le gustaba corear óperas en los bares y así produjo tres óperas con marionetas: El holandés errante, de Wagner, Rigoletto, de Verdi (que se pudo ver en una fastuosa sesión en la Aljafería de Zaragoza, con la participación de la zaragozana Helena Millán) y Don Giovanni, de Mozart, estrenada en una sala de disección en un tanatorio barcelonés. Hizo otra obra sobre el personaje Makoki y sacó a escena ratas vivas en su Cuento de madera, donde revisitaba a su modo, la historia de Pinocho. Poco que ver con el universo infantil de los títeres.

En la película, del albaceteño Pedro Nares, interviene nuestra amiga Helena Millán, compañera sentimental en la última etapa de Pepe. Después nos vamos a casa y nos enteramos de quién ha ganado el partido de fútbol y qué partido ha ganado las elecciones en Andalucía. Si te gusta el plan, te vienes.

 

ÁNGEL GRACIA: SOBRE 'CAMPO ROJO'

ÁNGEL GRACIA: SOBRE 'CAMPO ROJO'

[Heraldo.es, dirigido por Esperanza Pamplona, publica hoy esta entrevista con el escritor Ángel Gracias. La foto es Heraldo.es]

 

“Todos los chavales sienten miedo”

“No existe nada más tremendo que la realidad”

 

 

Antón CASTRO / Zaragoza

Ángel Gracia (Zaragoza, 1970) es poeta y narrador. Acaba de publicar ‘Campo rojo’ (Candaya), una novela de infancia sobrecogedora y salvaje que sucede en un territorio de suburbio que parece “un descampado lleno de ratas, escombros y cadáveres de electrodomésticos”. Allí se mezclan la violencia, el insulto o la desesperación con la obsesión del sexo y el pegamento. El libro acaba de presentarse en la FNAC.

¿Cómo nace ‘Campo rojo’? ¿De qué recuerdos o dolorosas experiencias nace? 

Desgraciadamente, todos hemos tenido alguna experiencia, ya sea como víctimas o como verdugos, marcada por la violencia. Todos hemos sido testigos de escenas injustas que no hemos intentado o no hemos sabido detener. No hay nada más terrible que ver a varios niños pegando a otro en el patio de un colegio o un grupo de niños insultando a otro por la calle. He escrito esta novela, ‘Campo rojo’, pensando en aquellos que alguna vez han sentido en sus carnes la barbarie de los brutos. La he escrito para situarme del lado de los solitarios, de los marginados, de los diferentes que nunca han podido o querido formar parte de la manada. 

-De entrada, parece una novela coral, pero es importante, muy importante Cuatroojos o El Gafarras... ¿Es el retrato de un crecimiento difícil, de un incomprendido, en un mundo de supervivientes?

Sí, es una novela coral con dos bandos aparentes: los verdugos y sus víctimas. Sin embargo, el conflicto más inquietante surge cuando uno de los matones “cae” y se convierte también en víctima, o cuando una de las víctimas alza la cabeza y se convierte en un verdugo aún más cruel por su afán de venganza. El Gafarras, como otros muchos, sobrevive a duras penas bajo ese fuego cruzado. Elabora mentalmente listas de los chavales más débiles para saber qué lugar ocupa él y cuándo llegará su turno de recibir una paliza.

¿Existían infancias tan tremendas o ha querido mirar hacia el tremendismo?

Existían y existen infancias tan duras como las que narro. Si soy sincero, he intentado suavizar la narración para no herir la sensibilidad del lector. La novela se sitúa a principios de los años 80. Entonces todavía no se había acuñado el término “acoso escolar”, pero claro que había violencia en todos los ámbitos, agigantada por los conflictos sociales de la época (paro, drogadicción, etc.). En la actualidad hay una mayor sensibilidad social contra el maltrato infantil. Los medios muestran con frecuencia el drama de muchos niños y adolescentes que sufren acoso dentro y fuera del colegio. Casi todos llevan esas heridas en el alma el resto de sus días. Otros no pueden soportarlo y dan fin a su vida. Nada más tremendo que la realidad.

¿Qué falla en la educación para que se dé un ambiente tan desesperado y violento?

La violencia en el ámbito escolar no es un hecho aislado de la sociedad. Siempre hay personas (casi siempre varias) maltratando a otra (casi siempre una que está sola). En el trabajo, en el familia, en la iglesia, en el ejército. Lo que sucede en la escuela es aún más doloroso porque implica el sufrimiento de seres inocentes, mentes todavía en construcción. Es verdad que el ambiente cerrado e irrespirable del colegio fomenta la violencia de los machitos, pero ellos solo reproducen los esquemas que viven a diario en sus familias y en el resto de la sociedad.

¿Entonces?

No creo que haya ninguna solución para anular la agresividad instintiva del ser humano, pero sería bueno que hubiese planes de actuación en favor de los niños que sufren, que no saben a quién o adónde acudir en busca de protección. El silencio de padres y educadores, ese mirar para otro lado, solo sirve para que las víctimas asuman incluso que se merecen lo que les está pasando.

Aquel era un mundo machista, brutal, de impostores, de macarras... ¿Lo vivió de cerca?

Claro que sí. El mundo actual es la consecuencia de aquel mundo. Disfrazados con otros lenguajes, permanecen el machismo, la intolerancia y el matonismo mafioso. Todavía hay quien se echa las manos a la cabeza ante la falta de ética en las instituciones y cuando afloran los casos de corrupción. Aquellos chavales de los 80 están ahora imputados porque ya estaban corruptos cuando eran niños.

¿Qué lugar ocupa el miedo?

El miedo es el eje de la novela. Todos los chavales sienten miedo. Los más cobardes no son las víctimas, sino los chulitos del barrio, por eso crean esa red de poder en torno a ellos, para protegerse. Al grupo de los más débiles se les llama en la novela, con una ironía cruel, ‘Maravillas del Saber’. Son alumnos con un ritmo de aprendizaje diferente, eso los margina y los convierte en blanco de risas. Los pobres viven aterrados, en alerta constante ante un golpe inminente. Solo aquellos que han vivido algo así pueden comprender qué horrible es ese martirio.

Otro tema capital es el sexo. ¿Se vivía con esa crudeza?

El sexo es poder. En la novela, los chavales que llegan a él antes que los demás están revestidos con la aureola de los vencedores. Y el sexo también es violencia, una forma más de sometimiento y humillación, sobre todo a las niñas.

¿Dónde hay cabida para el romanticismo? Lo digo porque sugiere algunos centelleos...

Sí, pero quizás un romanticismo nihilista y desesperanzado. Sin embargo, creo que en la novela no todo es amargura, también hay mucho amor, sobre todo en la familia del Gafarras. Su relación con los padres y los abuelos está llena de ternura y, por tanto, de esperanza. Este amor lo sostiene, es su único aliento.

¿Qué libros ha tenido en la cabeza durante la redacción, qué autores, qué mundos concretos?

En mi imaginario pesan las imágenes crueles del director de cine Michael Haneke, sin duda, pero desde el punto de vista literario me ha influido mucho la mirada violenta de Donald Ray Pollock. También tengo siempre presente a Agota Kristof y su trilogía publicada en España con el título de ‘Claus y Lucas’. Brutal. También leo con inquietud a la perturbadora Elfriede Jelinek, Premio Nobel. Y en España, leo con admiración a Sara Mesa.

¿Cómo se ven los ídolos? Pienso por ejemplo en El Manta...

Los chavales necesitan ídolos. En la novela El Manta es el puto amo porque tiene dos novias. La máxima aspiración de los chulitos del barrio es, como dice uno de los capítulos “follar, follar y follar”.

¿De qué Zaragoza sería metáfora ‘Campo Rojo’?

No he pretendido ofrecer una estampa localista o costumbrista de ninguna ciudad en concreto. El escenario es el suburbio de cualquier ciudad española de principios de los años 80. El Campo Rojo es un descampado lleno de ratas, escombros y cadáveres de electrodomésticos, uno de los espacios míticos de la periferia de aquella época. Es también un campo de batalla y un campo de concentración jerarquizado en verdugos, capos y parias.

Nunca había sido tan descarnado con el lenguaje. ¿Qué dificultades has tenido de todo, de vocabulario e incluso de interiorización?

Un tema esencial del libro es la violencia del lenguaje. Los insultos son también una forma de linchamiento público. No es suficiente con golpear y machacar físicamente, no es suficiente con expulsar del grupo al chivo expiatorio de turno, también hay que denigrarlo verbalmente. Cosificarlo con apodos denigrantes. Reducirlo a la nada mediante las palabras.

B. BALTASAR: LECCIÓN DE FILOSOFÍA

LECCIÓN DE LOS FILÓSOFOS PARA UN FUTURO PERFECTO

Por Basilio BALTASAR

Tomado del blog http://www.elboomeran.com/blog-post/3/15898/basilio-baltasar/leccion-de-los-filosofos-para-un-futuro-perfecto/

 

 

Tres han sido las impetuosas fuerzas que han trastornado a nuestra generación: la inesperada amenaza de la pobreza, el sometimiento voluntario a la opinión ajena y la amarga sensación de haber sido despojados y derrotados.
Más notable y sanitaria será por ello la lectura de Epicteto (55-135) que nos sugiere Errata Naturae y el filósofo francés Pierre Hadot (1922-2010). Vale la pena destacar lo que hay en esta filosofía de manual de uso para una vida imperturbable y meditar un texto compuesto como ejercicio de austeridad tan deliberadamente elegida como inteligentemente celebrada.
El estoico griego nos sugiere algo que hoy adquiere una formidable actualidad: no hay más camino de dignidad que la ausencia de servidumbre. ¿Qué nos esclaviza? se pregunta el filósofo. Ante todo: vivir pendiente de la opinión de los demás. ¿Qué nos humilla? Cultivar deseos que no podemos satisfacer. ¿Qué nos derrota? El afán de gobernar las fuerzas de un destino indescifrable.
La sociedad del espectáculo y del consumo nos ha educado en una quimérica promesa: que podemos satisfacer los deseos y saciar la voluntad. Este alarde nos empuja hacia la más desagradable de las sensaciones: la insatisfacción perenne y la frustración incesante. ¿Nos hace falta aprender alguna otra lección?
Si te conformas con lo que de verdad es tuyo, dice Epicteto, "nadie podrá coaccionarte, nadie podrá obligarte a hacer nada, no harás más reproches, no formularás más acusaciones, no volverás a hacer nada contra tu voluntad, no tendrás más enemigos, nadie podrá perjudicarte y no sufrirás más perjuicios".
Ciertamente, hace falta una perspectiva filosófica, espiritual, para entender la magnanimidad de esta libertad de ánimo (y de ánima). La óptica materialista que han consolidado las tendencias del siglo -los epígonos de la civilización industrial- no concibe semejante soberanía individual. Para hacerla posible, es necesario restaurar el linaje de los hombres libres de la pesadumbre de vivir. Esos que sólo por renunciar, adquieren ya la más alta distinción.

[Publicado el 16/3/2015 a las 14:23]

 

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es escritor, editor y periodista. Autor de la novela "Pastoral iraquí" (Alfaguara, 2013). Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo

 

*Tomo de aquí la foto de Pierre Hadot.

http://harvardpress.typepad.com/.a/6a00d8341d17e553ef0133ed0559b0970b-pi

 

POMÈS Y KARIN: UNA HISTORIA DE AMOR

POMÈS Y KARIN: UNA HISTORIA DE AMOR

Núria Escur hace todos los sábados en el suplemento Quién de ‘La Vanguardia’ unas entrevistas magníficas. Disfruto mucho con ellas, con los personajes y con la agudeza y  la frescura de Núria, a quien no conozco. Son trabajadas, con ritmo, espléndidas. Este sábado entrevista a mi querido Leopoldo  (Barcelona, 1931) que expone en la Fundación Catalunya-La Pedrera ‘Flashback’.

-¿Aceptaría este epitafio: “Se pasó la vida mirando”?

-Perfecto porque es con lo que más he disfrutado en mi vida. Es culpa de mi padre, culto y sensible, que me paseaba por Barcelona para mirar el aspecto de la gente. Tenía una teoría muy bonita: uno se viste con su personalidad. Mire a Karin..., no se puede ser más elegante.

-La vio en la calle y la abordó. ¿Costó convencerla’

-Año 1957. Yo iba  a tirar una carta a la estafeta de la calle Aragón cuando la vi... ¡impresionante! Una rubia guapa, árboles, pleno verano, el filtro de luz entre los plátanos, destellos..., era el tipo de mujer al que el españolito medio no podría acceder nunca.

-Y ahora, cuatro hijos y siete nietos después, con una separación a cuestas, trabajando conjuntamente en la exposición.

-Yo digo una cosa que a ella le gusta: “Divorciados, no separados”.

 

LA VERSIÓN DE KARIN

Muy oportunamente, Núria Escur habla con Karín Leiz. Dice:

-“Recuerda Karin Leiz (que, aunque nació en Sevilla, se define como catalana de alemanes), el día en que Leopoldo Pomès la siguió: ‘Ya hacía rato que yo me estaba dando cuenta de que me perseguía y pensé: si este tipo sube al tranvía yo me bajo. Era una época en que allí te metían mano. No subió y me quedé tranquila. Lo que sabía es que él siguió al tranvía en coche. Al bajar aquello fue una verdadera carrera y al final se plantó delante. Yo estaba muerta de miedo. Yo me dijo: ‘Señorita... Yo soy muy tímido’. Y me desmontó”. Con ella fundó en 1962 Studio Pomès y no han dejado de colaborar. Dice Karin que convencía a las modelos inmediatamente, ‘se sentían cómodas con su manera de seducir. Todavía hoy le adoran’.

 

*De 'La Vanguardia'. La entrevista. Nuria Escur dialoga con el maestro Leopoldo Pomès: fotógrafo y publicista.

DOS POEMAS A 'EL ORIGEN DEL MUNDO'

DOS POEMAS A 'EL ORIGEN DEL MUNDO'

 

Me gustan mucho los números monográficos de la revista 'Litoral', que dirige Lorenzo Saval. Son una cita ineludible cada seis meses o una vez al año. La última entrega vuelve a ser magnífica: se titula ‘Mvsevm’ y tiene por subtítulo ‘La pintura escrita’. Hay mucho que ver, mucho dónde leer, mucho con qué emocionarse. Lorenzo Saval y su equipo han seleccionado estos dos poemas dedicados al cuadro 'El origen del mundo' de Gustave Courbet: Cristina Peri Rossi y Carlos Marzal.

 


EL ORIGEN DEL MUNDO, GUSTAVE COURBET

 

Por Cristina PERI ROSSI

 

Un sexo de mujer descubierto

(solitario ojo de Dios que todo lo contempla

sin inmutarse)

 

perfecto en su redondez

completo en su esfericidad

impenetrable en la mismidad de su orificio

imposeíble en la espesura de su pubis

intocable en la turgencia mórbida de sus senos

incomparable en su facultad de procrear

 

sometido desde siempre

(por imposeíble, por inaccesible)

a todas las metáforas

a todos los deseos

a todos los tormentos

 

genera partenogenéticamnete al mundo

que sólo necesita su temblor.

 

 

 

 

EL ORIGEN DEL MUNDO

 

Por Carlos Marzal

No se trata tan sólo de una herida
que supura deseo y que sosiega
a aquellos que la lamen reverentes,
o a los estremecidos que la tocan
sin estremecimiento religioso,
como una prospección de su costumbre,
como una cotidiana tarea conyugal:
o a los que se derrumban, consumidos, 
en su concavidad incandescente,
después de haber saciado el hambre de la bestia,
que exige su ración de carne cruda.

No consiste tan sólo en ese triángulo
de pincelada negra entre los muslos,
contra un fondo de tibia blancura que se ofrece.
No es tan fácil tratar de reducirlo
al único argumento que se esconde
detrás de los trabajos amorosos
y de las efusiones de la literatura.

El cuerpo no supone un artefacto
de simple ingeniería corporal;
también es la tarea del espíritu
que se despliega sabio sobre el tiempo.
El arca que contiene, memoriosa,
la alquimia milenaria de la especie.

Así que los esclavos del deseo,
aunque no lo sospechen, cuando lamen
la herida más antigua, cuando palpan
la rosa cicatriz de brillo acuático,
o cuando se disuelven dentro de la hendidura,
vuelven a pronunciar un sortilegio,
un conjuro ancestral.
                                             Nos dirigimos
sonámbulos con rumbo hacia la noche,
viajamos otra vez a la semilla,
para observar radiantes cómo crece
la flor de carne abierta.

La pretérita flor.

Húmeda flor atávica.

El origen del mundo.

De "Metales Pesados" 2001. Poema dedicado a Felipe Benítez Reyes.

MIGUEL CARCASONA: UN DIÁLOGO

MIGUEL CARCASONA EXPLICA LAS CLAVES

DE 'UN OJO SIEMPRE PARPADEA'

El escritor Miguel Carcasona acaba de publicar 'Un ojo siempre parpadea' en el sello Tropo de Mario de los Santos Y Óscar Sipán. Lo presentó en la librería Anónima de Huesca y en la FNAC de Zaragoza, en diálogo con el profesor y escritor Ramón Acín Fanlo. Se trata de una colección de cuentos de atmósfera culturalista: el cine, las canciones, los libros, todo ello constituye el paisaje de un libro que explora distintos períodos de la existencia, sin eludir un carácter onírico. Miguel Carcasona es poeta y narrador y fue presidente, durante un tiempo, de la Asociación Aveletra. Reside en Villamayor y desde allí, sin prisa pero sin pausa, alienta y desgrana sus narraciones. Y algunas de ellas, como apuntó ya algún crítico, son deslumbrantes. Aquí explica algunas de las claves de su trabajo.

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2015/03/13/miguel_carcasona_escribe_como_345199_308.html

RECUERDO DE J. A. LABORDETA

RECUERDO DE J. A. LABORDETA

[El pasado martes, 10 de marzo, fue el cumpleaños de José Antonio Labordeta: habría cumplido 80 años. El jueves 19 se inaugura la Fundación José Antonio Labordeta, que preside su viuda Juana de Grandes. En este artículo se recordaba poeta, cantautor, profesor, político...]

 

Recuerdo de José Antonio Labordeta

 

El cantautor, político y profesor habría cumplido hoy 80 años. Pronto se abrirá su Fundación

 

Antón CASTRO

José Antonio Labordeta (1935-2010) habría cumplido hoy 80 años, la cifra que hizo hace unos días su amigo y casi hermano ‘el nubepensador’ Emilio Gastón. Labordeta ha sido tal vez el aragonés más popular y más querido del último medio siglo. Él se sentía un ciudadano del mundo y un aragonés de las tres provincias: de Zaragoza, donde nació y donde vivió, donde paseó con el fantasma de San Lamberto y donde compuso sus canciones, sus poemas, donde dio clases y donde conversó con sus amigos: mayores, de su edad y más jóvenes; Labordeta fue, como Eloy Fernández Clemente o Emilio Gastón, un hombre que tendió puentes a las diversas generacional, un compañero de viaje intergeneracional. Era un aragonés de Huesca: descansaba en Villanúa y en Canfranc (donde pasó parte de su infancia y adolescencia), lugares en los que buscaba la belleza deslumbrante del paisaje, la cercanía de los Pirineos y el solaz junto a su mujer Juana de Grandes y a sus hijas Ana, Ángela y Paula. Labordeta se sintió turolense: en la capital pasó años inolvidables. Los vivió en la capital mudéjar, pero también en sus incursiones por el Maestrazgo, en el Javalambre o en Albarracín. Como un andariego o un buhonero somarda recorrió todos los caminos con esa lentitud cachazuda que no era insolencia, sino amor a las pequeñas cosas, a la paciencia ajena, al deseo de oír a los otros. Esa era una de sus virtudes y un rasgo de su modestia: tenía una insólita capacidad de escuchar con bonhomía y sin paternalismo. Mirando hacia la serranía y la soledad de las masadas, los campos solitarios o los collados, dio con la vieja, con los leñeros, los emigrantes o los masoveros que le inspiraron.

Labordeta poseía el código secreto de la empatía y la comunicación. Era llano y rudo a la vez, humanísimo y tierno, visceral y levantisco. Solía decir que, en el fondo, más que escritor, periodista, cantante, historiador, político de izquierdas o compañero de viaje de aventuras culturales y cívicas, era un ser que dudaba. No presumía de casi nada y lo daba todo por una conversación, por las confidencias de café (El Niké, El Ángel Azul, El Babel, El Universal) o de restaurante (Casa Emilio), por las bromas, aunque siempre pareció el ciudadano más serio del mundo y, a veces, según él mismo dijo con humor, “también el más triste”. Aquel bigote trabajaba a favor de esa imagen equívoca.

Llegaba al corazón por su actitud y su rebeldía, por su nobleza y sus contradicciones, por su sencillez y por su constante batallar con la música, con la literatura o en el Congreso de los Diputados. Era fácil percibir: “Labordeta es como nosotros y uno de los nuestros”; la frase tenía algo de compendio del sentimiento más popular. El propio ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero le dijo que se le iba a echar en falta en el Parlamento. Su amigo Félix Romeo (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) escribió de él: “Fue capaz de llevar la poesía al Congreso: rechazó la participación de España en la guerra de Irak leyendo un poema de su hermano Miguel, que es de los pocos poetas que ha publicado en el Boletín Oficial del Estado. Ese gesto, que tiene algo de surrealista, engarza con una tradición de humor zaragozano, bastante somarda, en la que le encantaba sentirse integrado, con el propio Miguel, Luis García Abrines y Julio Antonio Gómez, incansable bromista”.

 

Labordeta fue un creador de himnos, de canciones que muchos saben y tararean como ‘Somos’, ‘Aragón’, ‘Regresaré a la casa de mi padre’, ‘La albada’ o ‘Mar de amor’. Paco Aguarod, uno de sus cómplices de grabaciones, conciertos y bastantes arreglos, trabaja en la edición completa de todas sus canciones grabadas y rondan el centenar. Antonio Pérez Lasheras y Nacho Escuín y Javier Aguirre han analizado y editado su poesía, quizá su pasión más intensa. Labordeta, como músico e intérprete, logró casi lo imposible: crear un tema en el que muchos se reconocen. Un canto de identidad, de raíz, de fraternidad y de utopía como es el ‘Canto a la libertad’; a veces parece superado, pero en estos tiempos de corrupción y de continuos desengaños democráticos pronto nos damos cuenta de que seguimos en ese camino. El himno sentimental de su país de polvo, viento, niebla y sol (ese Aragón de la realidad y de la canción). Hay seres tocados por el cariño unánime: Labordeta fue uno de ellos. Dio y recibió afecto. No fue perfecto ni lo necesitó: incluso en sus contradicciones y en sus mudanzas políticas, siempre en la esfera de la izquierda, parecía ferozmente humano. De carne y hueso. De latido y memoria. Monegrino hasta la médula, pirenaico desde el corazón. Y zaragozano como el Ebro, al que cantó y al que contó en algunos de sus mejores cuentos.

 

*Labordeta por Pepe Cerdá...

MARISA LÓPEZ MOSQUERA CUENTA SU CITA CON JULIAN BARNES

MARISA LÓPEZ MOSQUERA CUENTA SU CITA CON JULIAN BARNES

[Mi amiga la escritora coruñesa Marisa López Mosquera cuenta así de bien su encuentro con Julian Barnes en Galicia, en Compostela, y ese instante de complicidad con la cocina por medio. Aunque la auténtica complicidad, en realidad, fue la literatura. Marisa no solo es una estupenda escritora, compleja, intensa, poética, sino una gran lectora. Y aquí, con sus suaves pinceladas, lo deja patente. Y además, más allá del barniz de la melancolía, siempre tiene un punto de humor y de atrevimiento.]

 

A TIRO DE PIEDRA

 

Por Marisa LÓPEZ MOSQUERA

Fue hace unos días, por sorpresa. Julian Barnes en Santiago, para recoger un premio, a tiro de piedra como quien dice, o al otro lado de una carrera vigorosa (la mía, para llegar a tiempo). Al margen del acto en sí, tedioso y aburrido, pude contemplarle algo más de dos horas y escuchar los escasos cuatro minutos que le concedieron para dirigirse a un público dividido entre escolares, autoridades de postín, padres orgullosos, curiosos y admiradores. Desde donde me encontraba, Julian Barnes se veía imponente. Alto, pausado, exquisito en sus movimientos, ocupó un asiento en primera fila antes de ser el centro del evento en el estrado. Comedido, estoico en el impertinente, largo e inútil bombardeo de flashes y clicks (apenas consta en internet que estuvo en mi tierra recibiendo un premio), seguí sus movimientos desde mi atalaya como quien descifra un mapa. Los cortos tragos de agua, la sonrisa fugaz, su sordera en el oído izquierdo le hacía girar la cabeza continuamente para escuchar con el otro (no pude evitar estremecerme viendo ese gesto y recordé su cuento "Vigilancia", en el que aunque ironiza, airado, con el "allegro" de toses y estornudos del público en un concierto de música clásica, se nota su amor por ésta a través de Shostakóvich, Mozart, Bach..). Los aplausos de sus manos grandes, las que ejecutan el dictado de su mente brillante.

Desde mi rincón seguro para mí era un alma amiga, cómo explicarle cuando al fin lo tuve delante, firmando mi ejemplar de "Niveles de vida", que él estuvo conmigo aquella noche funesta hace unos años, cuando me dormí llorando abrazada a "La mesa limón", tras un intento fallido de distraer mi mente exhausta y abatida por motivos completamente ajenos a él. Cómo decir en un suspiro, un segundo, mientras trazaba unas letras seguras con mi nombre y el suyo en la primera hoja del libro, que desde hace años, cada vez que alguien me daña en lo más vivo recuerdo su cuento "La historia de Mats Israelson". Aquella imagen tan gráfica de que el corazón se parte como la madera. Que en ésta, como en él, lo único que hay que buscar es la veta. Y con un giro implacable, un pequeño movimiento, la madera se parte de un extremo a otro, como nos parten el corazón con un gesto, una palabra, una duda cuando esperábamos una certeza. También movió la cabeza el señor Barnes cuando le dije mi nombre antes de la firma, hacia el oído derecho.

Y entonces nos ví en la cocina, él midiendo las endivias y exclamando enfadado que todas las recetas mienten, en "El perfeccionista en la cocina", yo sentada en una encimera, con un trapo en la mano y harina en la nariz. Le expresé en inglés mi admiración como lectora, le conté brevemente que he leído ocho de sus libros, que de este último destacaría la tercera parte, conmovedora. Y recordé el "Raynaud" que padece (como yo) una mujer en un cuento de "Pulso". La genialidad de "El loro de Flaubert". La interesante "Arthur & George". Miré con ternura su cabello mientras escribía, visualizando en sus libros la eterna dedicatoria "A Pat". Es un hombre mayor. Una mente sensible y brillante. Qué importa que el tiro de piedra fuese realmente media hora en tren, o que mis viajes por sus novelas solo existan en mi imaginación mientras leo. Lo cierto es que puedo vivirlas, respirar el aire de su interior mientras recorro sus cuentos, sentarme junto a uno de sus personajes y compartir un silencio difícil o escucharlo a él, en "Nada que temer" o "Niveles de vida", desgranando sus recuerdos, mientras nuestras piernas se balancean en el tejado de mi mente, cómodamente instalados, a nuestros pies el infinito.

Cuando me devolvió el libro le di las gracias. Nunca sabrá que no estaba agradeciendo la firma, sino que en su día eligiese esta profesión, escritor, para deleite de cuantos le consideramos un referente.