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Antón Castro

LA TRAYECTORIA DE GABRIEL LATORRE

[Mañana, en el VII Gala del Teatro, Gabriel Latorre recibirá el premio a su trayectoria. Hace poco años le hice esta entrevista de fondo. La recupero ahora.]

Se puede saber mucho más de él aquí: http://www.gabriellatorre.net/

Hace algunos años, cuando era periodista de radio, Gabriel Latorre fue a entrevistar a Xavier Cugat. Al cabo de un instante, le dijo el músico: “Tiene usted un rostro muy peculiar. ¿Me permite que le haga una caricatura?”. Esa anécdota fue todo un vaticinio: con esa cara, Gabriel Latorre ha sido muchos hombre en la ficción: monje budista, policía, rey moro, soldado, escritor, soldado, bandido o incluso el Papa Luna.

-¿Quién le metió a usted en esto de la interpretación?
-Me ha gustado desde siempre. Desde los Estudios 1 y desde la Novela de Televisión Española, que eran estupendas adaptaciones de grandes libros. Aquello me parecía fascinante. Buscaba libros y montábamos con algunos amigos esas obras de manera muy artesanal. Un día, en HERALDO, Pilar Delgado publicó un anuncio que decía que se buscaban actores jóvenes para una montar una escuela pequeña, privada. Su idea era formar una pequeña compañía, y me apunté con un amigo, Agustín Miguel. Hizo una selección y nos cogió a los dos.

-Siempre ha dicho que le debe mucho a Pilar Delgado.
-Desde luego. Ella me inoculó el veneno por esta profesión. Después creó La Taguara, pero recuerdo que uno de los primeros montajes fue “El delantero centro murió al amanecer” de Agustín Cuzzani. Era la historia de un futbolista que acababa suicidándose. Yo encarnaba a un vagabundo que empezaba la función, y eso me aterraba. De repente, se levanta el telón y yo me dije: “Y de aquí, por dónde se sale?”. Era un monólogo breve, pero hubo un momento que ya no sabía si estaba repitiendo constantemente lo mismo... Estuve en La Taguara mucho tiempo.

-Sí, pero en medio hizo radio...
-Es cierto, primero en la COPE. Era locutor los domingos por la tarde con Enrique Belver. Él me abrió una de mis primeras puertas. Luego hice un programa los sábados con Julia Almenar, en el que hacía de payaso. Recuerdo que los niños querían venir al estudio. Vinieron, y ¡cuál no fue su decepción al ver que no había ningún payaso! Yo era algo así como “Tripón, el payaso más alegre y borrachón”. Desde entonces, aunque no lo exigía el guión, yo me vestía de payaso, me maquillaba y me pintaba. Aún hay gente, niños de entonces, que me lo recuerden. Y me hace muchísima ilusión.

-¿No estuvo luego en Antena 3 de radio?
-Sí, allí hice de todo: programas, información, unidad móvil. Recuerdo a Jesús Hermida diciéndome: “Adelante, Gabriel Latorre”. Les gustaba mi voz...

-Bueno, su voz es una de sus armas...
-Le estoy muy agradecido. Gracias a ella he trabajado mucho. Mi padre me decía que tenía voz de canónigo. He hecho doblaje, ¿sabe que yo he doblado a Boris Karloff?, documentales, publicidad. Mi voz se la suelen poner a personas maduras y ancianos. También puse la voz a “las 100 promesas del PSOE”. Recuerdo que yo daba la voz a Sainz de Varanda o a Santiago Marraco. Recuerdo llegar de hacer bolos por ahí y a las tres de la mañana me estaban esperando con el estudio abierto para hacer voces.

-Pero todo eso cambió en 1986. 
-Luis Alegre me había presentado a Fernando Trueba en el cine Goya en el estreno de “Sé infiel y no mires con quien”. Al cabo de un tiempo, de repente recibo una llamada de su productora para hacer el papel de un requeté que iba a hacer Miguel Rellán...

-Por cierto, que son ustedes dos actores muy similares.
-Es verdad. Nos han confundido alguna vez y nos hemos disputado algún trabajo. Iba a hacer un papel un poco más largo, pero Fernando se dilató un poco en el rodaje en Madrid, tuvo que marcharse con urgencia a Lisboa a proseguir el rodaje, y luego comprobaron que mi papel ya estaba suficientemente explicado.

-Nos hemos dejado en el tintero sus intervenciones en “La vaquilla” de Berlanga y en “Réquiem por un campesino español” de Betriu...
-Sí, pero ahí en realidad participé, con otros actores aragoneses, más en figuración que en otras cosas. Creo que en Aragón debíamos aprender de otras comunidades, donde –al ceder espacios o infraestructura- exigen que haya intervención de los actores de allí.

-Ha hecho usted multitud de papeles con multitud de directores. ¿De cuál se siente más satisfecho?
-De “La estanquera de Sevilla” para “La huella del crimen”, dirigido por Ricardo Franco. Rodamos en Madrid y Sevilla: yo hacía de chivato que denunciaba a dos que sabía que eran inocentes y los mataron a garrote vil. Fue un trabajo muy bonito con un director inolvidable. Yo soy un actor camaleónico que me transformo con facilidad. Puedo hacer cualquier tipo. Cuando tengo que encarnar algún papel, lo estudio, lo pienso y me miro al espejo y ya me sale. No siempre te salen las cosas: recuerdo que en “La fuente de la edad” de Julio Sánchez Valdés tenía que hacer de tonto del pueblo. No acababa de encontrar el punto del personaje. Le daba vueltas y más vueltas, ensayaba y ensayaba, y no me veía. Finalmente, recordé “La hija de Ryan” una preciosa película de David Lean y recordé el papel que hacía John Mills.

-Supongo que cada actor tiene un método, pero a usted, aunque breves, parece que no hay papeles que se le resistan...
-Intervengo en más cortos que nunca. Ahora estoy haciendo el papel de mafioso en “La chica de la cárcel” de Fernando Usón, tengo otros compromisos con Jesús Marco y Roberto Aznar. Sin embargo, hay algo que siempre me asusta: los papeles clásicos.

-¿Qué diferencia, desde el punto de vista de la interpretación, existe entre un papel principal y uno secundario?
-Yo creo que a diferencia de otras cinematografías, no tratamos bien los personajes secundarios a nivel técnico. No se les da la importancia que tienen. No es lo mismo tener un plano corto o medio, sostenido durante mucho raro, que en una aparición fugaz, donde controlas más el gesto y la mirada.



-Ha participado en la película “Soldados de Salamina”.
-Ha sido una experiencia preciosa. David Trueba es una de las personas más fantásticas que he conocido en el mundo del cine. Es inteligente, contagia su pasión por el trabajo y resulta amable hasta con la figuración. Es un director que crea adicción: hubiéramos hecho en su película cualquier cosa. Posee un grado de humanidad increíble y es abierto: te invita a ver lo que se ha ido rodando, te invita a participar de la fiesta cinematográfica que es una película.



-Permítame ser tópico. Usted ha hecho de todo: ¿dónde se encuentra más cómodo?
-En el cine, como dice Fernando Fernán Gómez, “te pagan por esperar”. Pero luego es tan reconfortante: te cuentan una historia, te morirás, la película sigue ahí y tú en ella, la ponen en festivales, en las Filmotecas, en ciclos específicos; es una manera de pasar a la inmortalidad. La tele te permite sobrevivir, y menos mal que existe. Y el teatro es la fuente donde el actor tiene que ir a beber, a tomar aire, a aprender la fuerza del silencio. Es más duro, tiene una magia especial, aunque a veces, tras tantas representaciones, llega a ser asfixiante. Y, en el fondo, estoy de acuerdo con María Luisa Ponte que decía que ella sobre un escenario hacía exactamente lo mismo que ante una cámara. A mí me gusta la naturalidad.

-¿Cómo ve el Centro Dramático de Aragón? ¿Qué espera de él?
-Que se consolide y que sea la sede de verdad de los actores aragoneses, que puedan ir pasando por él, cíclicamente, los actores aragoneses. Aunque no sé si debo decirlo, he sido elegido entre una veintena de intérpretes para la versión del Quijote que prepara Fernando Fernán Gómez. Creo que es una buena oportunidad para todos nosotros: vamos a estar dos meses en el Teatro María Guerrero y debemos demostrar que somos buenos profesionales. Le digo una cosa...

-Es su oportunidad.
-Yo trabajo donde puedo, allí donde me llamo. Pero en cuanto hago mi trabajo, me vuelvo a casa, con mis amigos aragoneses, a Zaragoza. En Madrid todos saben que soy de Zaragoza, que es mi casa, mi tierra, mi pasión, el lugar por donde me gusta pasear todos los días.

-Y desde hace algún tiempo, también hace fotografías.
-Me encanta. Aprovecho los rodajes, mi encuentro con actores. Lo que me gusta es hacer fotografía creativa: ver paisajes, crear mundos con los actores o con lo que se me pone por delante. Ahora ya tengo colgadas muchas de mis fotos en el portal www.multimagen.com.

UNA VOZ EN PLENITUD

UNA VOZ EN PLENITUD

María José Hernández, una voz en plenitud

 

 

Antón CASTRO

Esta ha sido una semana especialmente intensa. Una semana llena de cultura, de pequeños y grandes acontecimientos: José Manuel Broto inauguró en el IAACC su apuesta por el color en grandes formatos; Fernando Navarro ha trasladado a la Lonja una síntesis de 40 años de trabajo; Jesús Marchamalo y Antonio Santos han llevado de gira por Anónima, Los Portadores de Sueños y Antígona ‘Kafka con sombrero’ y ‘La metamorfosis’, ambos en el sello Nórdica; David Guirao y Pepe Serrano mostraban, en una librería París a rebosar, su ‘Libro de las narices’; Julián Casanova presentó el libro coral ‘40 años con Franco’ (Crítica); Ángel Gracia abrió en la FNAC su novela más rotunda y salvaje, ‘Campo rojo’ (Candaya). Raphael llenó el Audiorama. Y María José Hernández ofrecía dos conciertos en la sala CAI-Luzán. P:resentaba el disco ‘Las uvas dulces’, basado en canciones de José Antonio Labordeta, cuya Fundación se abrió al público el jueves.

Hablaremos aquí del concierto de ayer sábado. María José Hernández ha contado en varias ocasiones que, en una ocasión, su hermano apareció por casa con un disco de Labordeta: ‘Cantar i callar’. Al principio no le hizo mucho caso; ella se movía en otros ambientes. De golpe se fijó en una canción, ‘La vieja’, que le recordó a su propia abuela, atizando el fuego y zurciendo la ropa interior de su abuelo. Ahí empezó un idilio de cariño, complicidad y colaboración con el cantante que se materializó en discos como ‘Paisajes’ y ‘Con la voz a cuestas’. Más tarde, María José haría una versión particular de la que considera una de las mejores canciones de amor de Labordeta, y “una de las mejores canciones de todos los tiempos”: ‘Mar de amor’.

Hace algún tiempo, María José se zambulló en el universo del autor de ‘Las cuatro estaciones’ con un deseo: hacer un disco con sus temas más intimistas. Optó por canciones a veces poco conocidas, casi ocultas en el cancionero general labordetiano, marcadas por el amor, la nostalgia, las imágenes, el peso del pasado y la memoria. Así nació ‘Las uvas dulces’, que suele interpretar con un trío formidable de músicos: Sergio Marqueta al piano, Daniel Escolano al violoncello y contrabajo y Julio Calvo a las guitarras, eléctrica y española. Más segura de sus registros que nunca, poderosa en la suavidad, cálida en la melancolía, lumbre y seda de sensibilidad y dueña de un límpido y elegante fraseo (a veces hace pensar en María Dolores Pradera), María José Hernández encaró el recital con su habitual exquisitez. Hubo un instante en que comentó: “¿Estáis ahí? Os percibo muy callados”. La sala estaba llena y los aplausos sonaban con fuerza: se estaba produciendo uno de esos instantes inefables en los que el público es más que cómplice: está emocionado, se reconoce en el canto, en la vocalista, en los músicos y, en este caso, en el músico recordado y homenajeado. El aparente silencio era esencialmente respeto y atención máxima.

Fue un concierto muy especial. Emotivo. Sutil. Lleno de matices: tierno, confesional y a la vez con pinceladas de humor. Hasta la tercera o cuarta canción, María José Hernández cantó sin preámbulos. Y a partir de entonces ofreció leves comentarios: explicaba su actitud ante las canciones, las describía y además elaboraba pequeños fragmentos para una autobiografía, recordó la pasión por Silvio Rodríguez o Luis Eduardo Aute, comentaba un disco específico. Tras recorrer ‘Abrí las puertas’, ‘Devuélveme’, ‘Guárdate’, ‘Rosa rosae’, cantó ‘Nieve en abril’, un homenaje de Labordeta a su hija Ángela, y se oyeron los primeros ‘¡bravos!’.

En lo que parecía ser el ecuador del concierto, ofreció tres temas diferentes, ajenos a Labordeta: ‘La punta del iceberg’, que podría ser la canción de un despecho, tocada de ironía; un tema suyo vertido al aragonés, ‘Augua que amorta la set’, que ya ha dejado de cantar en castellano; la canción que más le piden, “aunque no es mía, y eso me da mucho que pensar”, observó con humor: ‘Mermelada de mora’ de La Ronda de Boltaña, una canción festiva y melancólica, bellamente cortada. Luego continuó con ‘Mar de amor’, ‘Eres como la aurora’, ‘Caminaremos’ (otro himno, por cierto), ‘Con tu voz’... Carlos Estella, el técnico de sonido y compañero en la vida y en la música de la cantante, estaba a los mandos: el concierto fluía con sonoridad impecable. Henchida de plasticidad, cómoda, María José recordaba Joni Mitchell, a Suzanne Vega, incluso en su canción en fabla a Loreena McKennitt, como observó un espectador tan cualificado como Miguel Ángel Tapia Jr. Anunció la despedida, pero regresó para ofrecer hasta varios bises: ‘Las uvas dulces’, ‘La vieja’...

Hay noches mágicas en la música donde todo encaja a la perfección. La banda se sentía especialmente cómoda: María José tocó con el trío, pero también tocó en solitario con el violoncellista Dani Escolano, con el guitarrista Julio Calvo, con el pianista Sergio Marqueta, que recordaría que “llevamos muchos conciertos juntos y todo se ajusta cada vez mejor”. Habían reservado para el final un clímax: el ‘Canto a la libertad’, que la cantante llevó a su terreno. Hay mensajes que se vuelven universales, como metáforas que se prolongan en el tiempo sin perder pálpito y vigencia. ‘Las uvas dulces’ es un disco de madurez. De equilibrio y afirmación. Está lleno de sugerencias, de ritmos, de aciertos, en ocasiones algunos arreglos poseen aromas jazzísticos. María José Hernández insiste en algo que han dicho diversos críticos: Labordeta era esencialmente poeta. Juana de Grandes, su viuda, estaba conmovida. No fue para menos.

 

LA FICHA

Las uvas dulces.  María José Hernández. Músicos: Daniel Escolano, Julio Calvo y Sergio Marqueta. Sala de la CAI-Luzán, viernes y sábado. A las 20.30

 

*La foto es de Juan Miguel Morales.

DOCUMENTAL SOBRE PEPE OTAL

DOCUMENTAL SOBRE PEPE OTAL

 

[Nota del escritor y experto en marionetas Adolfo Ayuso Roy]

Hoy se celebran las elecciones andaluzas y el partido de fútbol Madrid-Barcelona. Con mucho menos bombo, a las 8,30 de la tarde, en EL SOTANO MÁGICO (San Pablo, 43), nos juntamos una serie de amigos para visionar un documental sobre la vida y obra del marionetista Pepe Otal (1946-2007).

Pepe Otal fumaba en pipa, bebía abundante cerveza y no comía demasiado. Aunque se decía enamorado de la Muerte tuvo muchas amantes de carne y hueso. Le gustaba corear óperas en los bares y así produjo tres óperas con marionetas: El holandés errante, de Wagner, Rigoletto, de Verdi (que se pudo ver en una fastuosa sesión en la Aljafería de Zaragoza, con la participación de la zaragozana Helena Millán) y Don Giovanni, de Mozart, estrenada en una sala de disección en un tanatorio barcelonés. Hizo otra obra sobre el personaje Makoki y sacó a escena ratas vivas en su Cuento de madera, donde revisitaba a su modo, la historia de Pinocho. Poco que ver con el universo infantil de los títeres.

En la película, del albaceteño Pedro Nares, interviene nuestra amiga Helena Millán, compañera sentimental en la última etapa de Pepe. Después nos vamos a casa y nos enteramos de quién ha ganado el partido de fútbol y qué partido ha ganado las elecciones en Andalucía. Si te gusta el plan, te vienes.

 

ÁNGEL GRACIA: SOBRE 'CAMPO ROJO'

ÁNGEL GRACIA: SOBRE 'CAMPO ROJO'

[Heraldo.es, dirigido por Esperanza Pamplona, publica hoy esta entrevista con el escritor Ángel Gracias. La foto es Heraldo.es]

 

“Todos los chavales sienten miedo”

“No existe nada más tremendo que la realidad”

 

 

Antón CASTRO / Zaragoza

Ángel Gracia (Zaragoza, 1970) es poeta y narrador. Acaba de publicar ‘Campo rojo’ (Candaya), una novela de infancia sobrecogedora y salvaje que sucede en un territorio de suburbio que parece “un descampado lleno de ratas, escombros y cadáveres de electrodomésticos”. Allí se mezclan la violencia, el insulto o la desesperación con la obsesión del sexo y el pegamento. El libro acaba de presentarse en la FNAC.

¿Cómo nace ‘Campo rojo’? ¿De qué recuerdos o dolorosas experiencias nace? 

Desgraciadamente, todos hemos tenido alguna experiencia, ya sea como víctimas o como verdugos, marcada por la violencia. Todos hemos sido testigos de escenas injustas que no hemos intentado o no hemos sabido detener. No hay nada más terrible que ver a varios niños pegando a otro en el patio de un colegio o un grupo de niños insultando a otro por la calle. He escrito esta novela, ‘Campo rojo’, pensando en aquellos que alguna vez han sentido en sus carnes la barbarie de los brutos. La he escrito para situarme del lado de los solitarios, de los marginados, de los diferentes que nunca han podido o querido formar parte de la manada. 

-De entrada, parece una novela coral, pero es importante, muy importante Cuatroojos o El Gafarras... ¿Es el retrato de un crecimiento difícil, de un incomprendido, en un mundo de supervivientes?

Sí, es una novela coral con dos bandos aparentes: los verdugos y sus víctimas. Sin embargo, el conflicto más inquietante surge cuando uno de los matones “cae” y se convierte también en víctima, o cuando una de las víctimas alza la cabeza y se convierte en un verdugo aún más cruel por su afán de venganza. El Gafarras, como otros muchos, sobrevive a duras penas bajo ese fuego cruzado. Elabora mentalmente listas de los chavales más débiles para saber qué lugar ocupa él y cuándo llegará su turno de recibir una paliza.

¿Existían infancias tan tremendas o ha querido mirar hacia el tremendismo?

Existían y existen infancias tan duras como las que narro. Si soy sincero, he intentado suavizar la narración para no herir la sensibilidad del lector. La novela se sitúa a principios de los años 80. Entonces todavía no se había acuñado el término “acoso escolar”, pero claro que había violencia en todos los ámbitos, agigantada por los conflictos sociales de la época (paro, drogadicción, etc.). En la actualidad hay una mayor sensibilidad social contra el maltrato infantil. Los medios muestran con frecuencia el drama de muchos niños y adolescentes que sufren acoso dentro y fuera del colegio. Casi todos llevan esas heridas en el alma el resto de sus días. Otros no pueden soportarlo y dan fin a su vida. Nada más tremendo que la realidad.

¿Qué falla en la educación para que se dé un ambiente tan desesperado y violento?

La violencia en el ámbito escolar no es un hecho aislado de la sociedad. Siempre hay personas (casi siempre varias) maltratando a otra (casi siempre una que está sola). En el trabajo, en el familia, en la iglesia, en el ejército. Lo que sucede en la escuela es aún más doloroso porque implica el sufrimiento de seres inocentes, mentes todavía en construcción. Es verdad que el ambiente cerrado e irrespirable del colegio fomenta la violencia de los machitos, pero ellos solo reproducen los esquemas que viven a diario en sus familias y en el resto de la sociedad.

¿Entonces?

No creo que haya ninguna solución para anular la agresividad instintiva del ser humano, pero sería bueno que hubiese planes de actuación en favor de los niños que sufren, que no saben a quién o adónde acudir en busca de protección. El silencio de padres y educadores, ese mirar para otro lado, solo sirve para que las víctimas asuman incluso que se merecen lo que les está pasando.

Aquel era un mundo machista, brutal, de impostores, de macarras... ¿Lo vivió de cerca?

Claro que sí. El mundo actual es la consecuencia de aquel mundo. Disfrazados con otros lenguajes, permanecen el machismo, la intolerancia y el matonismo mafioso. Todavía hay quien se echa las manos a la cabeza ante la falta de ética en las instituciones y cuando afloran los casos de corrupción. Aquellos chavales de los 80 están ahora imputados porque ya estaban corruptos cuando eran niños.

¿Qué lugar ocupa el miedo?

El miedo es el eje de la novela. Todos los chavales sienten miedo. Los más cobardes no son las víctimas, sino los chulitos del barrio, por eso crean esa red de poder en torno a ellos, para protegerse. Al grupo de los más débiles se les llama en la novela, con una ironía cruel, ‘Maravillas del Saber’. Son alumnos con un ritmo de aprendizaje diferente, eso los margina y los convierte en blanco de risas. Los pobres viven aterrados, en alerta constante ante un golpe inminente. Solo aquellos que han vivido algo así pueden comprender qué horrible es ese martirio.

Otro tema capital es el sexo. ¿Se vivía con esa crudeza?

El sexo es poder. En la novela, los chavales que llegan a él antes que los demás están revestidos con la aureola de los vencedores. Y el sexo también es violencia, una forma más de sometimiento y humillación, sobre todo a las niñas.

¿Dónde hay cabida para el romanticismo? Lo digo porque sugiere algunos centelleos...

Sí, pero quizás un romanticismo nihilista y desesperanzado. Sin embargo, creo que en la novela no todo es amargura, también hay mucho amor, sobre todo en la familia del Gafarras. Su relación con los padres y los abuelos está llena de ternura y, por tanto, de esperanza. Este amor lo sostiene, es su único aliento.

¿Qué libros ha tenido en la cabeza durante la redacción, qué autores, qué mundos concretos?

En mi imaginario pesan las imágenes crueles del director de cine Michael Haneke, sin duda, pero desde el punto de vista literario me ha influido mucho la mirada violenta de Donald Ray Pollock. También tengo siempre presente a Agota Kristof y su trilogía publicada en España con el título de ‘Claus y Lucas’. Brutal. También leo con inquietud a la perturbadora Elfriede Jelinek, Premio Nobel. Y en España, leo con admiración a Sara Mesa.

¿Cómo se ven los ídolos? Pienso por ejemplo en El Manta...

Los chavales necesitan ídolos. En la novela El Manta es el puto amo porque tiene dos novias. La máxima aspiración de los chulitos del barrio es, como dice uno de los capítulos “follar, follar y follar”.

¿De qué Zaragoza sería metáfora ‘Campo Rojo’?

No he pretendido ofrecer una estampa localista o costumbrista de ninguna ciudad en concreto. El escenario es el suburbio de cualquier ciudad española de principios de los años 80. El Campo Rojo es un descampado lleno de ratas, escombros y cadáveres de electrodomésticos, uno de los espacios míticos de la periferia de aquella época. Es también un campo de batalla y un campo de concentración jerarquizado en verdugos, capos y parias.

Nunca había sido tan descarnado con el lenguaje. ¿Qué dificultades has tenido de todo, de vocabulario e incluso de interiorización?

Un tema esencial del libro es la violencia del lenguaje. Los insultos son también una forma de linchamiento público. No es suficiente con golpear y machacar físicamente, no es suficiente con expulsar del grupo al chivo expiatorio de turno, también hay que denigrarlo verbalmente. Cosificarlo con apodos denigrantes. Reducirlo a la nada mediante las palabras.

B. BALTASAR: LECCIÓN DE FILOSOFÍA

LECCIÓN DE LOS FILÓSOFOS PARA UN FUTURO PERFECTO

Por Basilio BALTASAR

Tomado del blog http://www.elboomeran.com/blog-post/3/15898/basilio-baltasar/leccion-de-los-filosofos-para-un-futuro-perfecto/

 

 

Tres han sido las impetuosas fuerzas que han trastornado a nuestra generación: la inesperada amenaza de la pobreza, el sometimiento voluntario a la opinión ajena y la amarga sensación de haber sido despojados y derrotados.
Más notable y sanitaria será por ello la lectura de Epicteto (55-135) que nos sugiere Errata Naturae y el filósofo francés Pierre Hadot (1922-2010). Vale la pena destacar lo que hay en esta filosofía de manual de uso para una vida imperturbable y meditar un texto compuesto como ejercicio de austeridad tan deliberadamente elegida como inteligentemente celebrada.
El estoico griego nos sugiere algo que hoy adquiere una formidable actualidad: no hay más camino de dignidad que la ausencia de servidumbre. ¿Qué nos esclaviza? se pregunta el filósofo. Ante todo: vivir pendiente de la opinión de los demás. ¿Qué nos humilla? Cultivar deseos que no podemos satisfacer. ¿Qué nos derrota? El afán de gobernar las fuerzas de un destino indescifrable.
La sociedad del espectáculo y del consumo nos ha educado en una quimérica promesa: que podemos satisfacer los deseos y saciar la voluntad. Este alarde nos empuja hacia la más desagradable de las sensaciones: la insatisfacción perenne y la frustración incesante. ¿Nos hace falta aprender alguna otra lección?
Si te conformas con lo que de verdad es tuyo, dice Epicteto, "nadie podrá coaccionarte, nadie podrá obligarte a hacer nada, no harás más reproches, no formularás más acusaciones, no volverás a hacer nada contra tu voluntad, no tendrás más enemigos, nadie podrá perjudicarte y no sufrirás más perjuicios".
Ciertamente, hace falta una perspectiva filosófica, espiritual, para entender la magnanimidad de esta libertad de ánimo (y de ánima). La óptica materialista que han consolidado las tendencias del siglo -los epígonos de la civilización industrial- no concibe semejante soberanía individual. Para hacerla posible, es necesario restaurar el linaje de los hombres libres de la pesadumbre de vivir. Esos que sólo por renunciar, adquieren ya la más alta distinción.

[Publicado el 16/3/2015 a las 14:23]

 

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es escritor, editor y periodista. Autor de la novela "Pastoral iraquí" (Alfaguara, 2013). Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo

 

*Tomo de aquí la foto de Pierre Hadot.

http://harvardpress.typepad.com/.a/6a00d8341d17e553ef0133ed0559b0970b-pi

 

POMÈS Y KARIN: UNA HISTORIA DE AMOR

POMÈS Y KARIN: UNA HISTORIA DE AMOR

Núria Escur hace todos los sábados en el suplemento Quién de ‘La Vanguardia’ unas entrevistas magníficas. Disfruto mucho con ellas, con los personajes y con la agudeza y  la frescura de Núria, a quien no conozco. Son trabajadas, con ritmo, espléndidas. Este sábado entrevista a mi querido Leopoldo  (Barcelona, 1931) que expone en la Fundación Catalunya-La Pedrera ‘Flashback’.

-¿Aceptaría este epitafio: “Se pasó la vida mirando”?

-Perfecto porque es con lo que más he disfrutado en mi vida. Es culpa de mi padre, culto y sensible, que me paseaba por Barcelona para mirar el aspecto de la gente. Tenía una teoría muy bonita: uno se viste con su personalidad. Mire a Karin..., no se puede ser más elegante.

-La vio en la calle y la abordó. ¿Costó convencerla’

-Año 1957. Yo iba  a tirar una carta a la estafeta de la calle Aragón cuando la vi... ¡impresionante! Una rubia guapa, árboles, pleno verano, el filtro de luz entre los plátanos, destellos..., era el tipo de mujer al que el españolito medio no podría acceder nunca.

-Y ahora, cuatro hijos y siete nietos después, con una separación a cuestas, trabajando conjuntamente en la exposición.

-Yo digo una cosa que a ella le gusta: “Divorciados, no separados”.

 

LA VERSIÓN DE KARIN

Muy oportunamente, Núria Escur habla con Karín Leiz. Dice:

-“Recuerda Karin Leiz (que, aunque nació en Sevilla, se define como catalana de alemanes), el día en que Leopoldo Pomès la siguió: ‘Ya hacía rato que yo me estaba dando cuenta de que me perseguía y pensé: si este tipo sube al tranvía yo me bajo. Era una época en que allí te metían mano. No subió y me quedé tranquila. Lo que sabía es que él siguió al tranvía en coche. Al bajar aquello fue una verdadera carrera y al final se plantó delante. Yo estaba muerta de miedo. Yo me dijo: ‘Señorita... Yo soy muy tímido’. Y me desmontó”. Con ella fundó en 1962 Studio Pomès y no han dejado de colaborar. Dice Karin que convencía a las modelos inmediatamente, ‘se sentían cómodas con su manera de seducir. Todavía hoy le adoran’.

 

*De 'La Vanguardia'. La entrevista. Nuria Escur dialoga con el maestro Leopoldo Pomès: fotógrafo y publicista.

DOS POEMAS A 'EL ORIGEN DEL MUNDO'

DOS POEMAS A 'EL ORIGEN DEL MUNDO'

 

Me gustan mucho los números monográficos de la revista 'Litoral', que dirige Lorenzo Saval. Son una cita ineludible cada seis meses o una vez al año. La última entrega vuelve a ser magnífica: se titula ‘Mvsevm’ y tiene por subtítulo ‘La pintura escrita’. Hay mucho que ver, mucho dónde leer, mucho con qué emocionarse. Lorenzo Saval y su equipo han seleccionado estos dos poemas dedicados al cuadro 'El origen del mundo' de Gustave Courbet: Cristina Peri Rossi y Carlos Marzal.

 


EL ORIGEN DEL MUNDO, GUSTAVE COURBET

 

Por Cristina PERI ROSSI

 

Un sexo de mujer descubierto

(solitario ojo de Dios que todo lo contempla

sin inmutarse)

 

perfecto en su redondez

completo en su esfericidad

impenetrable en la mismidad de su orificio

imposeíble en la espesura de su pubis

intocable en la turgencia mórbida de sus senos

incomparable en su facultad de procrear

 

sometido desde siempre

(por imposeíble, por inaccesible)

a todas las metáforas

a todos los deseos

a todos los tormentos

 

genera partenogenéticamnete al mundo

que sólo necesita su temblor.

 

 

 

 

EL ORIGEN DEL MUNDO

 

Por Carlos Marzal

No se trata tan sólo de una herida
que supura deseo y que sosiega
a aquellos que la lamen reverentes,
o a los estremecidos que la tocan
sin estremecimiento religioso,
como una prospección de su costumbre,
como una cotidiana tarea conyugal:
o a los que se derrumban, consumidos, 
en su concavidad incandescente,
después de haber saciado el hambre de la bestia,
que exige su ración de carne cruda.

No consiste tan sólo en ese triángulo
de pincelada negra entre los muslos,
contra un fondo de tibia blancura que se ofrece.
No es tan fácil tratar de reducirlo
al único argumento que se esconde
detrás de los trabajos amorosos
y de las efusiones de la literatura.

El cuerpo no supone un artefacto
de simple ingeniería corporal;
también es la tarea del espíritu
que se despliega sabio sobre el tiempo.
El arca que contiene, memoriosa,
la alquimia milenaria de la especie.

Así que los esclavos del deseo,
aunque no lo sospechen, cuando lamen
la herida más antigua, cuando palpan
la rosa cicatriz de brillo acuático,
o cuando se disuelven dentro de la hendidura,
vuelven a pronunciar un sortilegio,
un conjuro ancestral.
                                             Nos dirigimos
sonámbulos con rumbo hacia la noche,
viajamos otra vez a la semilla,
para observar radiantes cómo crece
la flor de carne abierta.

La pretérita flor.

Húmeda flor atávica.

El origen del mundo.

De "Metales Pesados" 2001. Poema dedicado a Felipe Benítez Reyes.

MIGUEL CARCASONA: UN DIÁLOGO

MIGUEL CARCASONA EXPLICA LAS CLAVES

DE 'UN OJO SIEMPRE PARPADEA'

El escritor Miguel Carcasona acaba de publicar 'Un ojo siempre parpadea' en el sello Tropo de Mario de los Santos Y Óscar Sipán. Lo presentó en la librería Anónima de Huesca y en la FNAC de Zaragoza, en diálogo con el profesor y escritor Ramón Acín Fanlo. Se trata de una colección de cuentos de atmósfera culturalista: el cine, las canciones, los libros, todo ello constituye el paisaje de un libro que explora distintos períodos de la existencia, sin eludir un carácter onírico. Miguel Carcasona es poeta y narrador y fue presidente, durante un tiempo, de la Asociación Aveletra. Reside en Villamayor y desde allí, sin prisa pero sin pausa, alienta y desgrana sus narraciones. Y algunas de ellas, como apuntó ya algún crítico, son deslumbrantes. Aquí explica algunas de las claves de su trabajo.

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2015/03/13/miguel_carcasona_escribe_como_345199_308.html