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Antón Castro

FIDEL SEBASTIÁN EDITA Y EXPLICA LAS CLAVES DE TERESA DE JESÚS

FIDEL SEBASTIÁN EDITA Y EXPLICA LAS CLAVES DE TERESA DE JESÚS

[Hoy, exactamente hoy, 28 de marzo de 2015, se cumplen cinco siglos exactos del nacimiento de Teresa de Cepeda y Ahumada, Teresa de Ávila o Teresa de Jesús. Hoy en Heraldo.es se publica una amplia entrevista con el filólogo Fidel Sebastián Mediavilla, bilbilitano nacido en 1948, que es el editor del 'Libro de la vida' (RAE / Galaxia Gutenberg). Aquí está la entrevista por entero.]

 

¿Qué significa la figura de Teresa de Jesús en la literatura española?

Es una de sus cumbres. Afirmaba fray Luis de León que dudaba que existiera en nuestra lengua quien se pudiera igualar a ella en la forma del decir y en la pureza y facilidad del estilo. Si en Cervantes admiramos la perfección en el uso del español ya hecho, en santa Teresa nos deleita la maestría en un castellano que aún se está haciendo.

 

¿Cómo se explica su vocación tan temprana, esa pasión por el martirio, por jugar a eremitas, esa obsesión por Dios?

Su vocación fue más bien tardía, según los parámetros de su tiempo: no ingresó en el convento hasta los veinte años, después de resistirse lo que pudo a la llamada interior. Su vocación por lo grande y arrojado se forjó al contacto con los libros de santos y de caballerías que leía a la par, y con el ejemplo de sus hermanos varones que embarcaron armados para las Indias o se batieron con los tercios españoles en Italia. Al tiempo de aprender a leer, seguro que atrajeron su mirada y despertaron su imaginación y deseos unas viñetas muy expresivas sobre la Pasión de Jesús que venían al principio de las vidas se santos (el Flos sanctorum) que manejaba.

 

Su vida tiene algo de relato inverosímil: por ejemplo esa fuga de casa para ingresar en un convento o esa parálisis de casi dos años. ¿Cómo se explica? ¿Qué hay de realidad y de leyenda?

La fuga de su casa a los veinte años se explica porque de esta manera evitaba a su padre viudo tomar una decisión que le costaba sobremanera. De hecho, al día siguiente de la escapada, el padre se presentó en el convento para negociar la dote que habría de aportar para el sostenimiento de su hija. La parálisis es un hecho: lo cuenta ella misma en el Libro de la vida y lo cuentan sus compañeras. Hay diversas hipótesis acerca de las causas. El hecho es que se produjo después de estar sometida a un cruel tratamiento a base de purgas por la curandera de Becedas y un posterior colapso que la hizo pasar por muerta durante tres días. Contaba entonces veinticuatro años.

 

¿Quién la curó en realidad: su fe, San José (?), una hechicera? ¿Cómo se explica su recuperación?

Ella misma cuenta que, habiendo fallado los médicos de la tierra, se encomendó a los del cielo. Se lo había pedido a san José y le quedó muy agradecida. En toda Ávila corrió la voz de que se trataba de un milagro y menudearon las visitas al monasterio de la Encarnación para ver a la curada. El hecho es que, después de estar tres años postrada en un cama, empezaba a moverse, y a caminar a gatas.

 

Hay un momento en que parece que se va a inclinar por la vida más mundana. ¿Qué le lleva a cambiar de opinión?

Dios la favorecía en la oración con vivencias muy intensas. Por otra parte no sabía negarse a recibir a las muchas visitas que la venían a ver, y esto la disipaba: se debatía entre el coro y el locutorio. Esto le causaba una tensión que pensó superar eliminando la oración mental. Más tarde reconocería que este fue el mayor peligro que pasó en su vida, y recomienda que no la abandone nadie que haya empezado a tenerla, por mal que se esté portando, porque es el medio más eficaz para poderse enmendar.

 

¿Cuál es la aportación del 'Libro de la vida', que redactó en dos ocasiones y completó la segunda edición a los 50 años?

Lo escribió para sus asesores porque buscaba por encima de todo la verdad, y quería saber con certeza si andaba bien con su modo de hacer oración, en la que menudeaban los fenómenos místicos que Dios le daba sin ella buscarlos. Lo escribe con intención de anonimato, por lo que evita nombres o detalles que la puedan identificar si el libro escapara de las manos de sus destinatarios. El resultado es una obra maestra de la literatura en general, y de la mística en particular; un retrato humano y psicológico donde se han inspirado los más altos creadores artísticos y donde han encontrado un banco de pruebas los analistas de la salud física y mental.

 

Háblenos de esas visiones del Cristo resucitado, de los ángeles. ¿Se podría entender eso en alguien que no sea un místico?

Parece, por la historia, que también las han tenido ocasionalmente personas que no han alcanzado la santidad. Santa Teresa, en todo caso, insiste en que no está la santidad en tener visiones ni revelaciones. Ella no las quería, y pidió a Dios que se las quitara, sobre todo cuando estaba delante de otras personas: no quería llamar la atención ni que la tuvieran por santa. No obstante, todo lo que Dios le mandaba lo agradecía. Tenía por regla segura no guiarse por esas visiones (donde podría ser engañada por sí misma o por el demonio), sino por lo que dispone la Iglesia para todos y de lo que le mandaban sus confesores.

 

Otro asunto que describe con precisión es la levitación. ¿Era verdadera o era soñada?

Cuenta en el Libro de la vida que algunas veces, en oración, se elevaba todo su cuerpo; pero –precisa—“esto ha sido pocas”. También lo cuentan las testigos, aunque ella les mandara que no lo dijeran. Para evitar que lo notasen, si estaba en la iglesia, pedía que la sujetaran, o se tendía en el suelo. Pero pidió a Dios que no le diese levitaciones en adelante, y no las tuvo más.

 

¿Cuáles serían los principios fundamentales de Teresa? ¿Sus ideas, su poética, por decirlo así? [Aquí te invito a decir cuatro o cinco cosas en breve para un lector de calle]

Santa Teresa participó de las inquietudes espirituales de su tiempo que buscaban un modo de vivir la religión más interior: en concreto la práctica del recogimiento, de la oración mental. En su caso, frente al derrotero que tomaron los luteranos o los alombados, Teresa se atenía siempre a la autoridad de la Iglesia, como criterio seguro. Muy amiga de los libros (para entretenerse, cuando pequeña; para nutrir su oración, de mayor), lamentó mucho la prohibición (arbitraria y transitoria) de muchos de sus autores preferidos, pero Dios, según ella cuenta, le dijo que Él le daría libro vivo: empezó a tener vivos coloquios con la Humanidad de Cristo, y a verle a veces con los ojos del alma. Teresa supuso una cumbre en la mística y es maestra en el conocimiento de Dios por experiencia. Para ella, la piedra de toque, con todo, era la Sagrada Escritura y lo que le decían los teólogos competentes. De su oración salían sus decisiones y sus libros. Escribió, aparte escritos sueltos, diez libros importantes, y fundó en quince años diecisiete conventos de monjas y dieciséis de frailes. Y, antes de morir, pudo ver su fundación, el Carmelo Descalzo, dotado de jurisdicción propia, con independencia de los calzados.

 

¿Qué vínculos tiene con San Juan de la Cruz [y con el quietismo]?

Santa Teresa, después de emprender la reforma de las monjas, entendió que necesitaba el apoyo de frailes de la misma institución, y encontró en fray Juan de la Cruz el primer candidato adecuado, que llevó tan a la perfección su espíritu de reforma. Tuvieron largos coloquios, en que ambos se enriquecían de las profundidades de la oración del otro. San Juan de la Cruz fue el hombre que la santa escogió, cuando tuvo que volver, por obediencia, al monasterio de la Encarnación como priora, para que hiciera de confesor de aquellas monjas, y las llevara por caminos de contemplación. De allí salieron muchas monjas para los carmelos descalzos de la madre Teresa. Literariamente, san Juan de la Cruz es el primer poeta en español, sin lugar a dudas. En la mística, comparte podio con la santa.  

 

¿Cuál ha sido su trabajo específico en este libro?

En primer lugar, fijar el texto, a partir del manuscrito autógrafo que se conserva en El Escorial y revisando las ediciones impresas anteriores. Se han resuelto algunas erratas que se arrastraba desde la primera edición. Se ha devuelto el sentido y la coherencia a frases que quedaban inacabadas o que presentaban irregularidades sintácticas: hay que tener en cuenta que la santa no puntuaba prácticamente sus manuscritos, y que el personal de la imprenta donde se estampó por primera vez hizo lo que pudo, puntuando muchos pasajes difíciles inadecuadamente (todas estas divergencias se justifican en el “Aparato crítico”). Mis estudios sobre la puntuación en el Siglo de Oro español me han servido mucho  en este empeño. Por otra parte, por primera vez se anota exhaustivamente el texto, con todas las aclaraciones que el lector necesita sobre el contexto cultural, social, espiritual y filológico. La notas se estructuran en dos niveles: a pie de página, lo que se considera indispensable para el buen entendimiento de lo que refiere el texto; en un apartado específico de “Notas complementarias” lo que el erudito o el curioso quiera saber más acerca de ello. Los estudios que acompañan al texto ofrecen al lector el estado de la cuestión a día de hoy respecto a la crítica histórica y literaria y a los diferentes aspectos de la investigación sobre la santa y su obra. Dos índices, uno onomástico y otro de notas, permite buscar fácilmente aquel asunto sobre el que se quiere consultar.

 

¿En qué medida la persiguió la Inquisición? ¿En qué dificultades reales le puso?

La Inquisición no la persiguió en ningún momento. Tan solo, el Libro de la vida fue retirado para examen, a partir de una denuncia de parte de la princesa de Éboli, que actuó por despecho cuando la santa decidió que sus monjas abandonaran el monasterio que ella les había regalado y en el que no dejaba de interferir. Fue una suerte, porque el escrito se conservó estupendamente hasta que se fue a buscar doce años después para ser impreso, y poco después, reclamado por Felipe II, colocado en lugar de honor como reliquia en la biblioteca de El Escorial. Una denuncia con poco fundamento y menor sustancia de una novicia que entró con ínfulas de señora y de santa en el monasterio de Sevilla, y que hubo de salir de él porque no servía para descalza, motivó un interrogatorio a la santa y a otras religiosas, resolviéndose en nada. Tanto la denuncia de la de Éboli como la de Sevilla apuntaban maliciosamente al modo de hacer y enseñar a hacer oración de recogimiento, como si tuviera que ver con la desviación del quietismo o alumbradismo, que era la máxima preocupación, por entonces, de la Inquisición.

 

¿Qué otros libros le parecen capitales para conocerla?

El fundamental es este, que ella llamaba a veces “mi alma”. Naturalmente, se expresa también toda su intimidad en las “Cuentas de conciencia” que escribió antes y después del Libro de la vida para sus confesores. Y las cartas, que es un terreno sobre el que queda pendiente llevar a cabo una tarea de edición que las comente adecuadamente. Por lo demás, todos sus libros son importantísimos. La cumbre literaria y espiritual de ellos la constituye el Castillo interior también llamado Las moradas.

 

¿Cómo definiría su estilo, su vocabulario, su modo de escribir?

Su estilo es la sencillez. Escribe como se habla; como hablaba una hidalga castellana vieja del siglo xvi, que había leído mucho y que estaba acostumbrada a hablar y escribirse, del rey abajo, con todos. Tengo comprobado que aprovecha y, sobre todo, place mucho más leerla en voz alta. Mejor: oír que la leen bien. No se olvide que tanto ella, como Cervantes, por ejemplo (que también procuraba escribir como se habla), vivían en un medio cultural en el que lo más común era la lectura en voz alta; en parte, porque eran pocos los que sabían leer; y en parte por hábitos culturales y sociales como las reuniones familiares para leer o las lecturas en común de los refectorios.

 

Leyendo tus estudios, parece una obsesa de las fundaciones de conventos... ¿Con qué objetivo?

Al principio no pensó sino en fundar un monasterio donde se viviera la regla del Carmen como la vivieron los primeros carmelitas en Palestina, en pobreza y silencio y meditación, siendo pocas. Luego, cuando el general de todos los carmelitas la visitó en el recién fundado monasterio de San José, la animó a fundar tantos cuantos pudiese con el mismo espíritu. Y ella obedeció a su superior y a Dios, que le empujaba a ello en su oración. Pensó que era cuanto ella podía hacer para ayudar con sus oraciones a los que trabajaban por escrito y de palabra en defensa y propagación de la religión. Luego sería ella misma la que pediría al general que le permitiera fundar monasterios de hombres que las pudieran confesar y gobernar con su mismo espíritu, y así comenzaron los frailes descalzos, extendiéndose prodigiosamente por toda España y saltando fuera de España antes de acabar el siglo.

 

Teresa le ha interesa mucho a la literatura, al cine, al teatro, a las jóvenes generaciones: Ray Loriga, Espido Freire, Carolina Morales, entre otros. ¿Qué tiene esta mujer de particular, por qué ejerce esa atracción hacia nuestros contemporáneos?

Teresa ofrece muchas facetas que pueden atraer la atención de diferentes sensibilidades: la escritora, la mística, la fundadora, la doctora. Desde el mismo momento de su muerte empezó a abastecer de materia a poetas como Góngora, Argensola o Cervantes; a Jacint Verdaguer, Gabriel y Galán o Manuel Machado; a dramaturgos como Lope, Catulle Mendès o Eduardo Marquina; a novelistas como Ramón J. Sender, Olaizola, Bárbara Mújica o Sánchez Adalid. Y todos los que Vd. cita más arriba y tantos otros más que ahora, con motivo del V Centenario están presentando nuevas obras de su producción.

 

Una última cuestión: Fernando Delgado, en su próxima novela, fabula acerca de la relación de amor entre Teresa y Jerónimo Gracián. ¿Se sabe algo real?

Es un disparate. En el estudio que acompaña a mi edición cuento toda la historia de cómo unas monjas inquietas del monasterio de Sevilla, después de que se hubo marchado la santa, a instancias de los calzados y con la connivencia de su problemático confesor, denunciaron no solo que hubo trato carnal entre la madre y Jerónimo Gracián, a quien llevaba nada menos que treinta años (tenía la santa entonces sesenta y tres) sino que Teresa había tenido varios hijos que había despachado para América con la colaboración de su hermano Lorenzo. A pesar del absurdo, la cosa hizo ruido en Sevilla. Finalmente, una de las causantes se desdijo y la Inquisición acabó no tomando en consideración las acusaciones, sin abrir siquiera las diligencias. Lo que es cierto es que la sintonía y el aprecio mutuo entre la fundadora y el que sería primer provincial de la descalcez fue altísimo, como revelan los escritos de una y otro. Confío poder editar próximamente la vida del padre Gracián escrita por él mismo, ciertamente ejemplar y apasionante.

 

El retrato de Teresa de Jesús, mejorado, lo tomo de François Gerard.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/9c/Teresa_of_%C3%81vila.jpg

Lo publicado hoy en Heraldo.es

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2015/03/28/teresa_jesus_una_las_cumbres_las_letras_espanolas_348215_308.html

EL 'BÉCQUER' DE RUBIO Y PALOMO

EL 'BÉCQUER' DE RUBIO Y PALOMO

Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1834-Madrid, 1870) es un poeta lleno de hojarasca y de tópicos. Esa imagen de escritor del amor, enfermizo, que fallece de tuberculosis es completamente inexacta. Jesús Rubio Jiménez lleva más de un cuarto de siglo estudiando la vida y la obra del poeta y de sus familiares, y concluye que murió de pulmonía. Dice en la nueva edición de ‘Rimas. Leyendas y relatos orientales’ (Fundación Lara. Colección Clásicos Andaluces, que dirige José Lara Garrido), que se acaba de presentar en Madrid: “La enfermedad que lo llevó a la tumba fue una bronquitis cogida en el trayecto de la Puerta del Sol a su casa en Claudio Coello sentado en la terraza descubierta de uno de los nuevos tranvías tirados por caballos que hacían el recorrido y de los que por cierto acababa de proporcionar información la revista ‘Madrid moderno’. Fueron los días más fríos vividos en Madrid en mucho tiempo”. Añade en su límpida biografía, basada en textos administrativos y en las escasas cartas del poeta, que el día de su entierro, en la Sacramental de san Lorenzo, “el sol, que había palidecido ligeramente por un eclipse el día de su muerte, ya había recobrado su brillo habitual”.

Esta nueva edición está llena de novedades. María del Pilar Palomo, que había editado el ‘Libro de los Gorriones’ en 1977, ordena de nuevo las ‘Rimas’ y explica la complejidad del vate sevillano: afirma que su labor poética es un acto de lucidez, de conciencia y no un desahogo sentimental. Bécquer tenía la visión de la poesía como amada y del poeta como amante. Fue un poeta de insatisfacción permanente, que intentaba dominar y domar el lenguaje y que fue un teórico de la poesía, “su auténtico amor inalcanzable”.  Para Pilar Palomo, Bécquer “intentó expresar la belleza y el sentimiento del mundo a través de la poesía y la razón. Y de ahí deriva su modernidad: es un poeta popular, moderno y de gran profundidad”. Asimiló diversas tradiciones: los ecos del Renacimiento, el romanticismo alemán, la poesía popular andaluza. María del Pilar Palomo, que estuvo dos años en la Universidad de Zaragoza, donde contó con alumnos como el poeta Ángel Guinda, ha reordenado las ‘Rimas’ (que habían adulterado sus amigos) y les ha dado coherencia y una lectura simbólica más precisa. Sitúa al escritor sevillano, tan vinculado con el Moncayo y con Veruela, a la altura de Charles Baudelaire, Mallarmé o Arthur Rimbaud. “Sus campos semánticos fueron la luz, el aire y el pensamiento”.

Jesús Rubio Jiménez ha estudiado a casi toda la familia, al padre Joaquín y al tío José del escritor, ha editado a Bécquer en varias ocasiones, ha dirigido la revista ‘El gnomo’ y ahora trabaja en un proyecto muy ambicioso ‘Valeriano y Gustavo Adolfo. Vidas paralelas’. Dice: “En la introducción del volumen, lo que he hecho es ajustarme a los datos. En cierta forma, intento deconstruir al personaje para saber quién era de verdad y recompongo su biografía a partir de los documentos. Me alejo de los testimonios de sus amigos, que ofrecieron tantas manipulaciones e idealizaciones”, señala.

Se especuló mucho con los amores de Bécquer; Rubio es preciso: “Hay que acabar con la leyenda y con la visión ‘angelizada’ del poeta. Solo hay dos mujeres en su vida: Julia Espín, de la que se sabe muy poco, y su esposa Casta Esteban, de la que se separaría. En cambio, hay algo muy importante: su faceta de periodista, de escritor de periódicos, determinante”. Bécquer lo fue todo en la prensa: desde redactor de un suelto, de una necrológica, de reportajes y crónicas hasta director de una cabecera y, también, un creador de ficciones en el periódico, algo que se analiza al estudiar sus ‘Leyendas’ y los relatos orientales. “Por ejemplo, una historia como ‘El caudillo de las manos rojas’, heredera de los testimonios de los viajeros a Oriente y de los ecos de ‘Las mil y una noches’, tuvo hasta tres versiones. Las ‘Leyendas’, por otra parte, tienen un gran atractivo para los estudiosos de la literatura fantástica moderna, que lo consideran un clásico del género”, resumió Jesús Rubio. 

 

*Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer, realizado por su hermano Valeriano en 1862.

JUANCHO PONS Y EVA COSCULLUELA, PRESIDENTE Y VICEPRESIDENTA DE CEGAL

JUANCHO PONS Y EVA COSCULLUELA, PRESIDENTE Y VICEPRESIDENTA DE CEGAL

LA CONFEDERACIÓN ESPAÑOLA DE GREMIOS Y ASOCIACIONES DE LIBRERÍAS (CEGAL) RENUEVA SU JUNTA DIRECTIVA

[Nota de CEGAL] La Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías, en las elecciones celebradas el pasado día 23, ha renovado su junta directiva. La composición de la nueva junta es la siguiente:Presidente: Juancho Pons (Librería Pons, Zaragoza). Vicepresidenta: Eva Cosculluela (Librería Los Portadores de Sueños, Zaragoza). Tesorero: Juan García (Librería Anabel, Valverde del Camino, Huelva). Secretario: Pedro González (Librería Hipérbole, Ibiza). Vocal: Antoni Daura (Librería Parcir, Manresa). Vocal: Nacho Larraz (Librería El Cresol, Valencia) Vocal: Alvaro Manso (Librería Luz y Vida, Burgos). Vocal: Ricardo Martínez (Librería Fábula, Madrid). Vocal: Zaida Pérez (Librería Liberespacio, Madrid). Vocal: Pilar Pérez-Canales (Librería El Espolón, Burgos). Vocal: Antonio Rivero (Librería Canaima, Las Palmas).

Este nuevo equipo afronta este reto con ilusión y con el objetivo de trabajar para fortalecer el gremio de libreros. Queremos que las librerías tengan presencia en la vida de los ciudadanos, que sean consideradas como alternativas de ocio y queestén integradas en las rutinas de compras habituales. La nueva directiva trabajará duro para que así sea y se esforzará en recordar que las librerías son el mejor lugar para comprar libros.

CEGAL está desarrollando proyectos muy valiosos que esta junta quiere reforzar. Estamos muy orgullosos de haber puesto en marcha iniciativas como la web "Todostuslibros", que permite obtener información bibliográfica y saber en qué librerías hay existencias de un título; el "Club Kirico", que anima la lectura entre los más jóvenes, realiza selecciones temáticas y que reúne más de 96 librerías que trabajan la literatura infantil de calidad; la web "Los libreros recomiendan", que ofrece recomendaciones semanales realizadas por los propios libreros y una selección mensual con libros destacados; el premio "Librería Cultural" que distingue el buen hacer de las librerías que, más allá de su faceta comercial, tienen un marcado perfil de dinamizadoras culturales; "Zona Cómic", una web con información sobre cómics elaborada por libreros especializados; o el "Día de las librerías" que celebramos en noviembre como un reconocimiento a nuestro oficio.También se han puesto en marcha en los últimos años herramientas que facilitan la gestión diaria de las librerías, como Cegal en Red, las normas CSL o la implantación de los estándares de transmisión de datos SINLI. Hemos promovido estudios como el "Mapa de Librerías", el "Barómetro" y el "Observatorio de librerías", que retratan el panorama actual que viven nuestros negocios.

En este tiempo que ahora empieza, la nueva directiva de CEGAL tiene como objetivo fortalecer los proyectos en marcha, impulsar otros nuevos y, sobre todo, estar al servicio de los libreros y de los gremios locales.La nueva Junta Directiva quiere agradecer a la directiva anterior, y de manera muy especial a su presidenta Pilar Gallego y a su secretario Juan Miguel Salvador, su trabajo y su implicación personal por el gremio. Nos atrevemos a decir sin temor a exagerar que Cegal no estaría viva ahora mismo sin el buen hacer de Pilar Gallego y de Juan Manuel Salvador estos dos últimos años, una época difícil que ellos consiguieron superar.

CEGAL representa a 1600 librerías de toda España y está a vuestra disposición para todo aquello que necesitéis.Podéis contactar con nosotros en el teléfono 91 5 33 64 07, o por correo electrónico: cegal@cegal.es

PREGÓN DE LA XI FERIA DEL LIBRO VIEJO Y ANTIGUO DE ZARAGOZA, 2015

PREGÓN DE LA XI FERIA DEL LIBRO VIEJO Y ANTIGUO DE ZARAGOZA, 2015

PREGÓN

 

El canto libre del tiempo: memoria y palabra

 

Antón CASTRO

El primer libro que compré en mi vida fue por correo. Debió de ser hacia 1975 y a través de una revista, quizá fuese el As Color de los miércoles, ofrecían Humillados y ofendidos de Dostoievski, Salambó de Gustave Flaubert y Papá Goriot de Balzac por 199 pesetas. Acababa de ver en televisión una pequeña serie sobre la obra de Dostoievski, con Inma de Santis y Ramiro Oliveros en el reparto, y otra sobre la obra de Balzac con un Carlos Lemos genial. Casi por entonces, tuve un profesor, Xosé Toba Quintáns, que nos daba lecciones de literatura con sus apuntes manuscritos de la Universidad de Santiago. Le apasionaban Ernesto Sábato, especialmente Sobre héroes y tumbas, y García Márquez. Nos dijo: «Es bueno que vayáis a una librería. Un libro es como una puerta al mar».

La frase podría parecer inventada, pero no lo es: él era de Muxía y nos recordó otro detalle que entonces me pareció ideal. En su pueblo transcurría La hija del mar de Rosalía de Castro, que había pasado una temporada muy cerca del Santuario da Virxe da Barca, donde las olas son como deshilvanados gigantes de espuma; había estado con la hermana de Eduardo Pondal, el bardo galaico-céltico de la Costa de la Muerte que Ángel Petisme sacó en su canción Golpes de mar. Decidí hacerle caso: fui a la librería más famosa de A Coruña, Arenas, que aún existe en los Cantones, y compré la edición de Círculo de Lectores de Cien años de soledad. En aquel agosto de 1976 leí la novela cinco o seis veces: yo era un zagal de aldea y aquella me pareció una experiencia increíble. La literatura podía ser eso: una puerta abierta al mar, a la imaginación, a la aventura, a la historia, a la reflexión; podía contener historias fascinantes, historias que parecían contadas por mi abuela Emilia. La literatura era una puerta abierta al mar y a algo un poco indeterminado para mí entonces: el deseo y el sexo. Releía con pasmo absoluto aquella noche de amor de José Arcadio, el hermano del coronel Aureliano Buendía, con una gitana y me parecía que salía de la novela el vago olor de lodo o salobre de la tierra, de la lluvia, de la carne estremecida como si el mundo estuviese a punto de deshacerse para siempre.

Aquel libro fue una revelación. Y una pesadilla. Y un sortilegio, que me condujo a otros libros. Debo citar especialmente tres: Rimas y leyendas de Bécquer, que aún me acompaña, otra invitación a soñar, a viajar en el tiempo, a enamorarme de palabras como montería o rayo de luna; una antología de prosa, poesía y teatro de Lorca, en Círculo de Lectores, que fue como una conmoción, empezando por el léxico. Si García Márquez me mandaba directamente al terreno de la incredulidad, Lorca me envió al diccionario. Recuerdo que anotaba, a lápiz, con impoluta caligrafía entonces, palabras que parecían brotar del hechizo: pámpanos, nardo, polisón, miriñaque, adelfa, arrayán, o algo que parecía más terrible como sarmentosa por calentura de varón. Y el tercer título fue El extranjero de Albert Camus: la historia de un extraño ante sí mismo, ante la vida y el sol, y ante la muerte de su madre. Ese libro es, en algún instante de nuestra existencia, un perfecto autorretrato. Todos nos sentimos desconocidos alguna vez ante el espejo.

 

A partir de entonces, me hice visitante asiduo de las librerías, y amplié los establecimientos: Lume, sobre todo. Más tarde, Couceiro y Follas Novas, de Santiago de Compostela. En el verano de 1978 iba a marcharme de mi casa siempre. Me dije: «Si muero joven, como los poetas, no habrá ningún testimonio de mi paso por la tierra». Di un paseo de seis horas por un bosque y escribí 36 poemas breves, a la manera de Diario de un poeta reciéncasado de Juan Ramón Jiménez, un libro que compré en una librería de viejo y ocasión que instalaron por poco tiempo en la plaza de Pontevedra.

Como la de muchos de ustedes, mi vida se construyó con lecturas, con libros, con autores, con quimeras. Y, con el magisterio constante de libreros que leían, que amaban los libros, que contagiaban pasión y hechizo por los escritores y sus circunstancias. Los libros son democráticos: responden a una idea de fraternidad universal indiscriminada. No importa que sean grandes, medianos o pequeños, rojos, grises o negros, alargados, rectangulares o cuadrados, no importa el tipo de letra, el diseño, la portada, la textura, el olor, el uso. No importa en lo esencial, aunque la forma sirve para hacer legible el contenido, el texto, esa caligrafía de conocimiento y emoción. Sean como sean, objetos impecables para las almas y las conciencias, tratados de material sensible, los libros enamoran, enseñan, detienen, envuelven, informan, desanudan el hilo de los sueños, abren las puertas condenadas, eliminan rejas a cualquier prisión, son pájaros de papel. Aves de libertad. El canto libre del tiempo: memoria y palabra.

Cuando llegué a Zaragoza en septiembre de 1978, como muchos otros, empecé a frecuentar Librería Pérez en el Tubo: allí me hice asiduo de uno de mis géneros favoritos. Las biografías. Y adquirí, lo recuerdo bien, una biografía ilustrada de Greta Garbo. Me volvió loco. Uno de los primeros sueños literarios que tuve fue redactar la biografía definitiva de Greta Garbo; luego acumulé muchos libros para hacer lo propio con Luis Buñuel, con Ramón María del Valle-Inclán, la pianista Pilar Bayona, el escultor y pintor y periodista Ramón Acín o Urbano Lugrís, el artista del mar.

Inocencio Ruiz Lasala fue un maestro para mí. Un incitador al que costaba ponerlo de tu lado. Exigía estratagemas de conquista: te examinaba de curiosidad y formación. Le compré muchos libros; por ejemplo, una amplia selección de volúmenes de Akal, que debieron salvarse de un incendio. Y aquel Rilke en España, de Jaime Ferreiro Alemparte, que me ha acompañado siempre. Después de Inocencio, o casi a la par, me habitué a otros lugares y otros libreros: Muriel, Contraseña, Pórtico, Gómez Pastor, Gacela, Hesperia, la Librería General, donde robé un Hacia un teatro pobre de Jerzy Grotowski en una época en que quería ser director teatral y dramaturgo. Salí corriendo y creo que aún no he dejado correr por la mala conciencia.

Desde entonces no ha cesado mi pasión por los libros. No soy bibliófilo, soy un lector entusiasta. He hecho microbibliotecas, desordenadas e incompletas, de casi todo: de las Olimpiadas, de boxeo, de cuentos de fútbol, de bandoleros, de bestiarios, de historia del libro y de la lectura, de sirenas y hadas, de epistolarios, de mujeres escritoras, de álbumes ilustrados, de crímenes y, por supuesto, del mar: durante años coleccioné libros del mar en la poesía, y más específicamente de ballenas.

He hecho modestos anaqueles de Borges, Cortázar, Mercè Rodoreda, Kafka o de William Shakespeare, por ejemplo, y eso significaba comprar todas las traducciones de sus libros, en español, en gallego, en portugués... Fue mi escritor preferido antes de que lo suplantasen Borges, Marguerite Yourcenar, Isak Dinesen, Mercè Rodoreda y, por supuesto, Miguel Torga, Ramón José Sender y Bécquer, que es un autor aragonés nacido en Sevilla con el que me reencontré en Veruela. A veces me sorprendo a mí mismo pensando cuántos libros he querido escribir, cuántos autores me han embrujado, cuántos fotógrafos me están esperando. Soy fetichista, me apasionan las dedicatorias, las rarezas, los catálogos de artistas, las ediciones ilustradas, los cuentos infantiles, las enciclopedias y los diccionarios. Y las compilaciones de reportajes y entrevistas. Soy periodista porque leí cuando era cajero de bingo Inventario de otoño de Manuel Vicent.

Los libros han sido una incitación, un estímulo, una travesía y una forma de vivir en constante desvelo y en la mejor compañía: con los autores, los editores, los distribuidores, los impresores y con los libreros. Ahora ya son otros: Antígona, Cálamo, Pórtico, Los Portadores de Sueños, París, Pons, Librería Central, Prólogo, Luces de Bohemia, ... Merecen un cariño especial los libreros de viejo: son los depositarios de un arsenal infinito de tesoros que rescatan del olvido, que miman y comparten. «Cualquier papel que encierra una palabra es el mensaje que un espíritu humano manda a otro espíritu», ha escrito Borges, que se confesó «incapaz de imaginar un mundo sin libros». El libro es una forma continua de felicidad. Siempre podemos encontrar cualquier cosa en su interior. Un murmullo, un misterio, una voz necesaria; de día y de noche, las páginas y sus criaturas cuchichean. El libro es uno de esos objetos perfectos que nos deslumbran y que nos sojuzgan: por su contenido, por su continente, por su épica sigilosa, porque nos llevan de paseo hacia la realidad de cada día y hacia las estrellas. Ya está aquí el libro digital y su auténtico sueño es alcanzar la escultura sensual del papel.

Quiero dar aquí fe de tres de mis volúmenes favoritos: el Latassa en tres tomos, que me consiguió nuestro inolvidable Félix Romeo Pescador, la primera edición de Poeta en Nueva York, de García Lorca, que me trajo de Argentina el rapsoda Luis Felipe Alegre y la primera edición, ilustrada por Timoteo Pérez Rubio, de La voz apasionada de Julio Alejandro de Castro, que me regaló el bibliófilo José Luis Melero. El libro, como ven, también es una hermosa proyección de la amistad. 

 

*La foto es de André Kertész.

SERGIO MURO EXPLICA 'LA HISTORIA DEL PERFORMANCE'

SERGIO MURO EXPLICA 'LA HISTORIA DEL PERFORMANCE'

Esta noche, del viernes 27 de Marzo, Día mundial del Teatro, a las 21.30 horas se estrena en el Teatro de Las Esquinas el nuevo proyecto de Muro y Cruces “La Historia del  Performance”. Sergio Muro, artista multidisciplinar y performer internacional, junto a Lucio Cruces, músico y artista multimedia, presentan una selección de los hitos más representativos de esta disciplina artística. Y lo hacen justo ahora que se cumplen 100 años de los primeros performances que los Dadaístas, encabezados por Tristán Tzara, realizaron en el Cabaret Voltaire de Zurich. Junto a ellos, colaboran Mudy Issa, saxofonista, Francho Obón, disc jockey y Cafés Orús. Acaban el espectáculo con un happening social, de ahí que la empresa aragonesa participe poniendo un mojito con café incluido en la entrada. Para este blog le hemos hecho una entrevista a Sergio Muro, que explica las características del montaje.

-¿En qué consiste exactamente la función ‘La Historia del Performance’? ¿Qué va a ver el espectador?

El espectador va ser parte del proceso creativo, protagonista, va a poder vislumbrar que hitos y que artistas transformaron la mirada del arte conceptual y de esta disciplina artística, de una manera muy plástica, visual y didáctica, para, por un lado indagar más sobre esos artistas y esta disciplina relativamente joven -comparándola con las demás, pintura, escultura, poesía, música..-, y para que, además, cuando afronten otra experiencia delante de un performance, valoren lo que están viendo.


-¿Cuál es la importancia del performance en el teatro y en el arte?

Creo que en el arte y teatro contemporáneos es crucial. Antonin Artaud ya abogaba por el Teatro del Absurdo, el teatro de la Crueldad, donde decía que el arte y la vida eran lo mismo, que había que agredir al espectador, para que reaccionara, para que no fuera un ente pasivo. Se transforma lo cotidiano en una experiencia artística. En el arte contemporáneo, rompieron todos los lastres academicistas y el yugo del mercado del arte, sobre todo esto último en los años 70, ya que el artista se presenta como obra de arte y no necesita ningún intermediario, una obra de arte viva. Además es un periodo muy convulso donde el arte se convierte en herramienta de lucha social (todos los movimientos de igualdad, antibelicistas, feministas, gays y lesbianas...)


-¿Cuál sería para ti el performance más genuino, el que marcó un antes y un después?

Creo que hay varios puntos de inflexión y varios artistas clave. Por un lado los Dadaístas y Surrealistas juegan con el azar, con lo lúdico, con lo absurdo, el artista se expresa sin trabas. Realizan el antiarte, incluso el no arte. Tristan Tzara, Hugo Ball, Marcel Duchamp ... incluso Luis Buñuel con Giacometti hace el poema visual de ‘La jirafa’ en los jardines de los Condes de Noailles... En España, sería en Aragón donde se realizarían los primeros protoperformances, con La Agonía del Cabo, con claras reminiscencias a estos movimientos y conceptos de vida. En la parte plástica, Yves Klein y Pollock, rompen con la barrera que imponía el bastidor y el soporte pictórico para meterse dentro de él. Allan Kaprow "inventa" los happenings, donde el público crea la propia pieza. John Cage en la parte musical, siendo un virtuoso de la música cree convencido que el ruido de los objetos cotidianos generan arte. En la danza, la Danza Butoh, surgida en Japón después de las bombas de Hirosima y Nagasaki, transforma la manera de mover el cuerpo y de la danza.

-Son muchos noches nombres, desde luego...

Pero si tuviese que elegir a uno, creo que sería Joseph Beuys, el más teórico y que abogaba por la creatividad, el verdadero capital del ser humano. Performance como el del Coyote, la Liebre,... son hitos. Después viene la era digital, y la fotoperformance y videoperformance, donde creo que son claves Bruce Nauman y Paul McCarthy. Marina Abramovic es la más conocida y popular... Y no habría que olvidar el Accionismo Vianes de los 70, que rompieron con cualquier moral, realizando orgías, ritos y liturgias paganas, con sangre de animales e incluso con amputaciones físicas. Chris Bruden se dejo disparar en una galería ante la mirada atónita y sin saber que hacer de los espectadores...

-¿Qué vínculo existe entre el performance y el dadaísmo?

Es total, es el inicio, es la libertad, el azar, lo lúdico.



-Cómo defines al movimiento Dadá, encabezado por Tristan Tzara. ¿Qué te interesa de él?

De Dadá y el dadaísmo me interesa la frescura, la pureza de pensamiento más instintivo, la improvisación, la vuelta a la jovialidad, al juego -como si fueran niños-, la libertad de propuestas, la risa, y el trasfondo que tenía de ir en contra de lo establecido, en cierta manera, en diversos campos: existenciales, histriónicos, escépticos, iconoclastas y subversivos.


-¿Cómo se compaginas el arte, el teatro, tu pasión por la el concepto y el atletismo?

Creo que todo va unido, no pienso hoy voy a ser atleta y mañana artista conceptual. El arte y el deporte me dan equilibrio mental y me desarrollan como persona. Siempre he tenido esas dos facetas en mi vida, la verdad es que he de reconocer que soy hiperactivo, y que la fuerza que me ha dado el deporte lo he podido canalizar en proyectos culturales y artísticos donde necesitaba toda mi resiliencia y energía vital y creativa.

 

PREGONERO DE LA FERIA DEL LIBRO VIEJO Y ANTIGUO DE ZARAGOZA

PREGONERO DE LA FERIA DEL LIBRO VIEJO Y ANTIGUO DE ZARAGOZA

HOY PRONUNCIARÉ EL PREGÓN DE XI FERIA DEL LIBRO VIEJO
Hoy por la mañana, jueves, 26, a las once, pronunciaré el Pregón de la XI Feria del Libro Viejo y Antiguo de Ocasión, gracias a la invitación de Pablo Parra y Francisco Asín, entre otros. Hablaré de los primeros libros, de algunas revelaciones de la adolescencia –Camus, Bécquer, García Lorca y García Márquez, especialmente, pero también Rosalía de Castro-, de mi llegada a Aragón y de algunas pasiones iniciales: las biografías, la ficciones de Jorge Luis Borges, los poemas de Rilke y luego la amistad con muchos autores, distribuidores, impresores, libreros y editores de aquí. El pregón, no muy largo, quiere ser una auténtica exaltación del libro. Estáis invitados. No es una hora fácil, pero si andáis por cerca de Independencia, será un placer veros.

 

*La foto es de André Kertész.

LA TRAYECTORIA DE GABRIEL LATORRE

[Mañana, en el VII Gala del Teatro, Gabriel Latorre recibirá el premio a su trayectoria. Hace poco años le hice esta entrevista de fondo. La recupero ahora.]

Se puede saber mucho más de él aquí: http://www.gabriellatorre.net/

Hace algunos años, cuando era periodista de radio, Gabriel Latorre fue a entrevistar a Xavier Cugat. Al cabo de un instante, le dijo el músico: “Tiene usted un rostro muy peculiar. ¿Me permite que le haga una caricatura?”. Esa anécdota fue todo un vaticinio: con esa cara, Gabriel Latorre ha sido muchos hombre en la ficción: monje budista, policía, rey moro, soldado, escritor, soldado, bandido o incluso el Papa Luna.

-¿Quién le metió a usted en esto de la interpretación?
-Me ha gustado desde siempre. Desde los Estudios 1 y desde la Novela de Televisión Española, que eran estupendas adaptaciones de grandes libros. Aquello me parecía fascinante. Buscaba libros y montábamos con algunos amigos esas obras de manera muy artesanal. Un día, en HERALDO, Pilar Delgado publicó un anuncio que decía que se buscaban actores jóvenes para una montar una escuela pequeña, privada. Su idea era formar una pequeña compañía, y me apunté con un amigo, Agustín Miguel. Hizo una selección y nos cogió a los dos.

-Siempre ha dicho que le debe mucho a Pilar Delgado.
-Desde luego. Ella me inoculó el veneno por esta profesión. Después creó La Taguara, pero recuerdo que uno de los primeros montajes fue “El delantero centro murió al amanecer” de Agustín Cuzzani. Era la historia de un futbolista que acababa suicidándose. Yo encarnaba a un vagabundo que empezaba la función, y eso me aterraba. De repente, se levanta el telón y yo me dije: “Y de aquí, por dónde se sale?”. Era un monólogo breve, pero hubo un momento que ya no sabía si estaba repitiendo constantemente lo mismo... Estuve en La Taguara mucho tiempo.

-Sí, pero en medio hizo radio...
-Es cierto, primero en la COPE. Era locutor los domingos por la tarde con Enrique Belver. Él me abrió una de mis primeras puertas. Luego hice un programa los sábados con Julia Almenar, en el que hacía de payaso. Recuerdo que los niños querían venir al estudio. Vinieron, y ¡cuál no fue su decepción al ver que no había ningún payaso! Yo era algo así como “Tripón, el payaso más alegre y borrachón”. Desde entonces, aunque no lo exigía el guión, yo me vestía de payaso, me maquillaba y me pintaba. Aún hay gente, niños de entonces, que me lo recuerden. Y me hace muchísima ilusión.

-¿No estuvo luego en Antena 3 de radio?
-Sí, allí hice de todo: programas, información, unidad móvil. Recuerdo a Jesús Hermida diciéndome: “Adelante, Gabriel Latorre”. Les gustaba mi voz...

-Bueno, su voz es una de sus armas...
-Le estoy muy agradecido. Gracias a ella he trabajado mucho. Mi padre me decía que tenía voz de canónigo. He hecho doblaje, ¿sabe que yo he doblado a Boris Karloff?, documentales, publicidad. Mi voz se la suelen poner a personas maduras y ancianos. También puse la voz a “las 100 promesas del PSOE”. Recuerdo que yo daba la voz a Sainz de Varanda o a Santiago Marraco. Recuerdo llegar de hacer bolos por ahí y a las tres de la mañana me estaban esperando con el estudio abierto para hacer voces.

-Pero todo eso cambió en 1986. 
-Luis Alegre me había presentado a Fernando Trueba en el cine Goya en el estreno de “Sé infiel y no mires con quien”. Al cabo de un tiempo, de repente recibo una llamada de su productora para hacer el papel de un requeté que iba a hacer Miguel Rellán...

-Por cierto, que son ustedes dos actores muy similares.
-Es verdad. Nos han confundido alguna vez y nos hemos disputado algún trabajo. Iba a hacer un papel un poco más largo, pero Fernando se dilató un poco en el rodaje en Madrid, tuvo que marcharse con urgencia a Lisboa a proseguir el rodaje, y luego comprobaron que mi papel ya estaba suficientemente explicado.

-Nos hemos dejado en el tintero sus intervenciones en “La vaquilla” de Berlanga y en “Réquiem por un campesino español” de Betriu...
-Sí, pero ahí en realidad participé, con otros actores aragoneses, más en figuración que en otras cosas. Creo que en Aragón debíamos aprender de otras comunidades, donde –al ceder espacios o infraestructura- exigen que haya intervención de los actores de allí.

-Ha hecho usted multitud de papeles con multitud de directores. ¿De cuál se siente más satisfecho?
-De “La estanquera de Sevilla” para “La huella del crimen”, dirigido por Ricardo Franco. Rodamos en Madrid y Sevilla: yo hacía de chivato que denunciaba a dos que sabía que eran inocentes y los mataron a garrote vil. Fue un trabajo muy bonito con un director inolvidable. Yo soy un actor camaleónico que me transformo con facilidad. Puedo hacer cualquier tipo. Cuando tengo que encarnar algún papel, lo estudio, lo pienso y me miro al espejo y ya me sale. No siempre te salen las cosas: recuerdo que en “La fuente de la edad” de Julio Sánchez Valdés tenía que hacer de tonto del pueblo. No acababa de encontrar el punto del personaje. Le daba vueltas y más vueltas, ensayaba y ensayaba, y no me veía. Finalmente, recordé “La hija de Ryan” una preciosa película de David Lean y recordé el papel que hacía John Mills.

-Supongo que cada actor tiene un método, pero a usted, aunque breves, parece que no hay papeles que se le resistan...
-Intervengo en más cortos que nunca. Ahora estoy haciendo el papel de mafioso en “La chica de la cárcel” de Fernando Usón, tengo otros compromisos con Jesús Marco y Roberto Aznar. Sin embargo, hay algo que siempre me asusta: los papeles clásicos.

-¿Qué diferencia, desde el punto de vista de la interpretación, existe entre un papel principal y uno secundario?
-Yo creo que a diferencia de otras cinematografías, no tratamos bien los personajes secundarios a nivel técnico. No se les da la importancia que tienen. No es lo mismo tener un plano corto o medio, sostenido durante mucho raro, que en una aparición fugaz, donde controlas más el gesto y la mirada.



-Ha participado en la película “Soldados de Salamina”.
-Ha sido una experiencia preciosa. David Trueba es una de las personas más fantásticas que he conocido en el mundo del cine. Es inteligente, contagia su pasión por el trabajo y resulta amable hasta con la figuración. Es un director que crea adicción: hubiéramos hecho en su película cualquier cosa. Posee un grado de humanidad increíble y es abierto: te invita a ver lo que se ha ido rodando, te invita a participar de la fiesta cinematográfica que es una película.



-Permítame ser tópico. Usted ha hecho de todo: ¿dónde se encuentra más cómodo?
-En el cine, como dice Fernando Fernán Gómez, “te pagan por esperar”. Pero luego es tan reconfortante: te cuentan una historia, te morirás, la película sigue ahí y tú en ella, la ponen en festivales, en las Filmotecas, en ciclos específicos; es una manera de pasar a la inmortalidad. La tele te permite sobrevivir, y menos mal que existe. Y el teatro es la fuente donde el actor tiene que ir a beber, a tomar aire, a aprender la fuerza del silencio. Es más duro, tiene una magia especial, aunque a veces, tras tantas representaciones, llega a ser asfixiante. Y, en el fondo, estoy de acuerdo con María Luisa Ponte que decía que ella sobre un escenario hacía exactamente lo mismo que ante una cámara. A mí me gusta la naturalidad.

-¿Cómo ve el Centro Dramático de Aragón? ¿Qué espera de él?
-Que se consolide y que sea la sede de verdad de los actores aragoneses, que puedan ir pasando por él, cíclicamente, los actores aragoneses. Aunque no sé si debo decirlo, he sido elegido entre una veintena de intérpretes para la versión del Quijote que prepara Fernando Fernán Gómez. Creo que es una buena oportunidad para todos nosotros: vamos a estar dos meses en el Teatro María Guerrero y debemos demostrar que somos buenos profesionales. Le digo una cosa...

-Es su oportunidad.
-Yo trabajo donde puedo, allí donde me llamo. Pero en cuanto hago mi trabajo, me vuelvo a casa, con mis amigos aragoneses, a Zaragoza. En Madrid todos saben que soy de Zaragoza, que es mi casa, mi tierra, mi pasión, el lugar por donde me gusta pasear todos los días.

-Y desde hace algún tiempo, también hace fotografías.
-Me encanta. Aprovecho los rodajes, mi encuentro con actores. Lo que me gusta es hacer fotografía creativa: ver paisajes, crear mundos con los actores o con lo que se me pone por delante. Ahora ya tengo colgadas muchas de mis fotos en el portal www.multimagen.com.

UNA VOZ EN PLENITUD

UNA VOZ EN PLENITUD

María José Hernández, una voz en plenitud

 

 

Antón CASTRO

Esta ha sido una semana especialmente intensa. Una semana llena de cultura, de pequeños y grandes acontecimientos: José Manuel Broto inauguró en el IAACC su apuesta por el color en grandes formatos; Fernando Navarro ha trasladado a la Lonja una síntesis de 40 años de trabajo; Jesús Marchamalo y Antonio Santos han llevado de gira por Anónima, Los Portadores de Sueños y Antígona ‘Kafka con sombrero’ y ‘La metamorfosis’, ambos en el sello Nórdica; David Guirao y Pepe Serrano mostraban, en una librería París a rebosar, su ‘Libro de las narices’; Julián Casanova presentó el libro coral ‘40 años con Franco’ (Crítica); Ángel Gracia abrió en la FNAC su novela más rotunda y salvaje, ‘Campo rojo’ (Candaya). Raphael llenó el Audiorama. Y María José Hernández ofrecía dos conciertos en la sala CAI-Luzán. P:resentaba el disco ‘Las uvas dulces’, basado en canciones de José Antonio Labordeta, cuya Fundación se abrió al público el jueves.

Hablaremos aquí del concierto de ayer sábado. María José Hernández ha contado en varias ocasiones que, en una ocasión, su hermano apareció por casa con un disco de Labordeta: ‘Cantar i callar’. Al principio no le hizo mucho caso; ella se movía en otros ambientes. De golpe se fijó en una canción, ‘La vieja’, que le recordó a su propia abuela, atizando el fuego y zurciendo la ropa interior de su abuelo. Ahí empezó un idilio de cariño, complicidad y colaboración con el cantante que se materializó en discos como ‘Paisajes’ y ‘Con la voz a cuestas’. Más tarde, María José haría una versión particular de la que considera una de las mejores canciones de amor de Labordeta, y “una de las mejores canciones de todos los tiempos”: ‘Mar de amor’.

Hace algún tiempo, María José se zambulló en el universo del autor de ‘Las cuatro estaciones’ con un deseo: hacer un disco con sus temas más intimistas. Optó por canciones a veces poco conocidas, casi ocultas en el cancionero general labordetiano, marcadas por el amor, la nostalgia, las imágenes, el peso del pasado y la memoria. Así nació ‘Las uvas dulces’, que suele interpretar con un trío formidable de músicos: Sergio Marqueta al piano, Daniel Escolano al violoncello y contrabajo y Julio Calvo a las guitarras, eléctrica y española. Más segura de sus registros que nunca, poderosa en la suavidad, cálida en la melancolía, lumbre y seda de sensibilidad y dueña de un límpido y elegante fraseo (a veces hace pensar en María Dolores Pradera), María José Hernández encaró el recital con su habitual exquisitez. Hubo un instante en que comentó: “¿Estáis ahí? Os percibo muy callados”. La sala estaba llena y los aplausos sonaban con fuerza: se estaba produciendo uno de esos instantes inefables en los que el público es más que cómplice: está emocionado, se reconoce en el canto, en la vocalista, en los músicos y, en este caso, en el músico recordado y homenajeado. El aparente silencio era esencialmente respeto y atención máxima.

Fue un concierto muy especial. Emotivo. Sutil. Lleno de matices: tierno, confesional y a la vez con pinceladas de humor. Hasta la tercera o cuarta canción, María José Hernández cantó sin preámbulos. Y a partir de entonces ofreció leves comentarios: explicaba su actitud ante las canciones, las describía y además elaboraba pequeños fragmentos para una autobiografía, recordó la pasión por Silvio Rodríguez o Luis Eduardo Aute, comentaba un disco específico. Tras recorrer ‘Abrí las puertas’, ‘Devuélveme’, ‘Guárdate’, ‘Rosa rosae’, cantó ‘Nieve en abril’, un homenaje de Labordeta a su hija Ángela, y se oyeron los primeros ‘¡bravos!’.

En lo que parecía ser el ecuador del concierto, ofreció tres temas diferentes, ajenos a Labordeta: ‘La punta del iceberg’, que podría ser la canción de un despecho, tocada de ironía; un tema suyo vertido al aragonés, ‘Augua que amorta la set’, que ya ha dejado de cantar en castellano; la canción que más le piden, “aunque no es mía, y eso me da mucho que pensar”, observó con humor: ‘Mermelada de mora’ de La Ronda de Boltaña, una canción festiva y melancólica, bellamente cortada. Luego continuó con ‘Mar de amor’, ‘Eres como la aurora’, ‘Caminaremos’ (otro himno, por cierto), ‘Con tu voz’... Carlos Estella, el técnico de sonido y compañero en la vida y en la música de la cantante, estaba a los mandos: el concierto fluía con sonoridad impecable. Henchida de plasticidad, cómoda, María José recordaba Joni Mitchell, a Suzanne Vega, incluso en su canción en fabla a Loreena McKennitt, como observó un espectador tan cualificado como Miguel Ángel Tapia Jr. Anunció la despedida, pero regresó para ofrecer hasta varios bises: ‘Las uvas dulces’, ‘La vieja’...

Hay noches mágicas en la música donde todo encaja a la perfección. La banda se sentía especialmente cómoda: María José tocó con el trío, pero también tocó en solitario con el violoncellista Dani Escolano, con el guitarrista Julio Calvo, con el pianista Sergio Marqueta, que recordaría que “llevamos muchos conciertos juntos y todo se ajusta cada vez mejor”. Habían reservado para el final un clímax: el ‘Canto a la libertad’, que la cantante llevó a su terreno. Hay mensajes que se vuelven universales, como metáforas que se prolongan en el tiempo sin perder pálpito y vigencia. ‘Las uvas dulces’ es un disco de madurez. De equilibrio y afirmación. Está lleno de sugerencias, de ritmos, de aciertos, en ocasiones algunos arreglos poseen aromas jazzísticos. María José Hernández insiste en algo que han dicho diversos críticos: Labordeta era esencialmente poeta. Juana de Grandes, su viuda, estaba conmovida. No fue para menos.

 

LA FICHA

Las uvas dulces.  María José Hernández. Músicos: Daniel Escolano, Julio Calvo y Sergio Marqueta. Sala de la CAI-Luzán, viernes y sábado. A las 20.30

 

*La foto es de Juan Miguel Morales.