Blogia

Antón Castro

MELÉNDEZ, HERNÁNDEZ, VELA, MIRCALA

MELÉNDEZ, HERNÁNDEZ, VELA, MIRCALA

 

Cuentos de domingo / Antón Castro

 
VIDAS ILUSTRADAS*
 
Esta capital del cierzo siempre ha sido una ciudad de cómic, de viñetas y de espléndida ilustración, como demuestra Eduardo Laborda en un impresionante libro en el que está trabajando. El jueves en el Centro de Historias –que es nuestro bosquejo de La Casa Encendida madrileña, como soñaba el inolvidable Félix Romeo, el gran enamorado de Zaragoza- se abría una exposición de Francisco Ibáñez y se recordaba que por ahí, en 2104, pasaron más de 130.000 personas. Ibáñez es un axioma: gusta a casi todos. En la Biblioteca de Aragón, el viernes se decía cuánto había deslumbrado aquí, en Estados Unidos y en Japón Francisco Meléndez, Premio Nacional de Ilustración en 1986, varios galardones en Bolonia y un estupendo escritor en libros como ‘El verdadero inventor del buque submarino’ o ‘Leopold. La conquista del aire’. Un día decidió dejarlo casi todo: ahora trabaja en la portería del seminario de San Carlos y de vigilante en el cementerio de Torrero y, a la vez, colabora con niños, a los que les enseña a pintar y a escribir. Quizá Javi Hernández, el autor de ‘Haberlas haylas’ o ‘El secreto de Jacinto’, sepa quién es Meléndez: a veces se parecen en el suave manejo de los verdes. Hernández, nieto de aragonés del Pirineo emigrado a Rosario, expone en la Biblioteca, que celebra su primer cuarto de siglo. Algo más arriba, en la galería Itxaso, que intenta renovarse para no morir, colaboran dos grandes artistas: el madrileño Jack Mircala, un maestro del cutter, de la tijera y de las mujeres góticas y románticas, y el aragonés David Vela, un dibujante con un gran sentido del humor, experto en bestiarios, que ha ilustrado a Ramón Gómez de la Serna. La alianza es magnífica: su exposición estuvo muy concurrida y probó algo muy interesante: esta es una ciudad de muchos públicos. Y ayer Daniel Viñuales y José Antonio Ávila presentaban ‘Tierra negra’ (GP ediciones), en homenaje a los mineros de las cuencas turolenses, en concreto a los de Utrillas. Han hecho un cómic riguroso y amable que recoge el riesgo, el drama, la fraternidad y la vida en vilo de los picadores. Como se sabe, la mina siempre tenía un precio. 

 

*Este texto apareció ayer en mi sección de Cuentos de domingo.

**Se puede ampliar la información en el blog de David Vela, respecto a su exposición y a la de Mircala: http://davidblogcartoon.blogspot.com.es/2015/01/exposicion-en-la-nieve-tenebrosa-jack.html

DE 'BLITZ' DE DAVID TRUEBA

DE 'BLITZ' DE DAVID TRUEBA

Algunas veces, en entrevistas o en la trastienda de las tertulias, David Trueba (Madrid, 1969) se ha definido como un joven viejo. Siempre le ha atraído el material más sensible de la existencia y ha sabido absorberlo con ternura y con humor, con ingenio y con una constante carga de profundidad que huye de la afectación o de la sensiblería. David Trueba es un ciudadano de muchos talentos: para la literatura, para la televisión, para el cine o para el periodismo; sus columnas en la sección de televisión de ‘El País’ son ejercicios de sensatez, de equilibrio en la mezcla y de venablo crítico, despojado de ira o de resentimiento. Posee mirada, intuye lo complejo y lo menudo, y sabe contarlo, y lo hace con elocuencia y conocimiento de los seres humanos en sus ficciones, aparecidas en Anagrama: ‘Abierto toda la noche’, una espléndida novela familiar, ‘Cuatro amigos’, un viaje en torno a la amistad y la camaradería, y ‘Saber perder’, su peculiar mirada al mundo del fútbol y de la psicología de algunos jugadores, del tipo Saviola o Aymar, pongamos por caso.  

Su nuevo libro, ‘Blitz’ podría definirse como una novela de la crisis. De la crisis económica y del desconcierto social, de la crisis de identidad, tan insondable, y de la crisis de pareja. Dice el narrador y protagonista, el arquitecto Beto Sanz que acude a un congreso de Múnich con su novia y colaboradora Marta: «La crisis nos había acostumbrado a todos a una precariedad algo ridícula, en la que aceptábamos encargos bochornosos y salarios infrahumanos para sentirnos partícipes aún del sistema, para no descolgarnos hacia la mendicidad».

Reflexiona luego, tras la ruptura: «Marta es también la luz de mis días, la fuerza para sostenerme en actividad y pelear por los proyectos cuando ya nadie los solicitaba. Marta era la expresión de mi suerte y con ella al lado me sentía invencible y afortunado». Al amor, ya se sabe, lo decía Pedro Salinas, es en los adioses o en la resistencia a separarse cuando se le siente «desnudo, altísimo, temblando».

‘Blitz’ es también una novela de búsqueda y de un azaroso encuentro. Donde menos se espera, más allá de lo convencional o de cualquier prejuicio, salta la liebre. La liebre aquí es el amor disparejo y es, en cierto modo, un reencuentro con la dignidad y la autoestima. Lo ideal, sin duda, sería acercarse a esta novela sin saber nada de ella. La liebre aquí es ese fogonazo de claridad que ilumina y modula experiencias nuevas. La acción deriva hacia la perplejidad y un sinfín de reflexiones, acompasadas por metáforas e imágenes y situaciones que alcanzan una categoría simbólica, como los jardines zen, el reloj de arena o esas lágrimas que acosan una y otra vez al protagonista. Al fin y al cabo el amor es un estado de ánimo vulnerable. Dice Beto (o acaso David): «El amor es siempre infantil, ¿no? ¿Y qué? Seguro que la primera persona que cortó una flor y se la regaló a alguien se portó como un estúpido romántico. Para ser un romántico estúpido hay que ser valiente».

Beto Sanz es, de entrada, un tanto patético, tragicómico, alguien que se estrella en las piedras de la costa. Y quizá sea un fracasado que se engaña a sí mismo. Un náufrago en todos los sentidos, incluso el profesional. Se comporta como un cínico. Dice de su proyecto: «Mi propuesta era juguetona, casi frívola, más emocional que científica». Se flagela. O eso dice. A la vez es un perfecto valiente. Y de esto trata este libro: de un joven de treinta años que, sin muchas convicciones de partida, se atreve a dar un paso hacia adelante porque sospecha que ha hallado un tesoro, algo o alguien que le exige una prueba, un acto sincero, una afirmación. De ese envite, tan bellamente delineado con una escritura segura, vivaz y humorística, sale mejorado y renovado. Sale ennoblecido.

En los libros de David Trueba siempre suceden cosas. Y hay personajes muy trabajados, cómplices o antagonistas. En el grupo de los adversarios, por decirlo así, estaría Álex Ripollés, que sí seduce al jurado de Múnich con su propuesta; entre los cómplices, estarían Carlos, Anabel (esa lesbiana de la segunda parte de la novela, un mensuario, que seduce a muchachas jóvenes y luego las abandona con la indolencia y el cansancio de un hombre), las hermanas de Beto o Helga, la gran criatura femenina del libro, sin duda, una admirable, sólida y convincente creación literaria. Una mujer con biografía, con sensibilidad, con maletas repletas de plenitud y derrotas. Todo a la vez.

En ‘Blitz’ hay muchas otras cosas: la naturalidad con que aborda la existencia David Trueba, una visita a una exposición de Otto Dix y otra al estadio del Bayern de Múnich. Y está esa sabiduría contagiosa, que siempre anima a una sonrisa, del escritor acerca de la sociedad atribulada en que vivimos, de la vida en pareja y del sexo («si tú no te haces pajas, ¿no?», le dijo un día Marta a Beto), del aprendizaje de la decepción. Es una novela infrecuente sobre las oportunidades que nos da una y otra vez el destino o la casualidad. Ya sea en un avión de vuelta a casa o en un paisaje de playa en Mallorca que nos perseguía y nos taladraba el corazón y no lo sabíamos del todo.

David Trueba ha escrito un libro personalísimo (hay dibujos, planos y fotos), a contracorriente, ameno e intenso, que se alimenta de coraje, de pasión por descubrir una y otra vez los pequeños secretos de la vida. Y en esa pugna halla el deslumbramiento. El fulgor de una verdad estremecida. El relámpago.

 

‘Blitz’. David Trueba. Anagrama. Barcelona, 2015. 166 páginas. (Este texto apareció ayer en 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón, con caricatura de Víctor Meneses).

'TIERRA NEGRA' EN LAS ESQUINAS

Este sábado, en el Ambigú café-teatro del Teatro de las Esquinas, tendrá lugar la presentación de la novela gráfica ‘Tierra Negra’ editada por GP Ediciones, y dibujada por el premiado José Antonio Ávila en base al guión original de Daniel Viñuales. La presentación correrá a cargo de los autores y de Antón Castro.

Sábado 7 de febrero 2015

GP Ediciones, presenta: “Tierra Negra”

de

José Antonio Ávila y Daniel Viñuales

Horario: 13:00h

Lugar: Ambigú-Café/Teatro del Teatro de las Esquinas

Entrada Libre sin invitación

TIERRA NEGRA

El premiado dibujante José Antonio Ávila pone sus pinceles para ilustrar el primer guión original de Daniel Viñuales.

Su anterior colaboración ‘Blanquito’ fue premiada en el pasado Salón del Cómic de Zaragoza con el Mejor guión y está nominada en los premios del Salón del Cómic de Úbeda y Baeza.

Tierra Negra narra la historia de dos mineros que quedan atrapados en la mina Santiago de Utrillas, justo el día de la inauguración del Hospital Minero y de las nuevas oficinas de MFU.

La historia, ambientada en 1920, narra, desde la perspectiva de esos mineros, los primeros momentos de la minería en la comarca de las Cuencas Mineras. Desde principios del siglo XX, MFU (Minas y Ferrocarriles de Utrillas, S.A.) fue la principal empresa que explotó el carbón en la zona, con capital íntegramente aragonés.

En 1904, la empresa, pone en marcha la línea de ferrocarril que unirá las minas con Zaragoza. A partir de 1912, debido a una serie de huelgas en Gran Bretaña, y en 1918 debido a la Primera Guerra Mundial, se produce un alza en los precios del carbón en toda Europa, lo que llevó a un periodo de enormes beneficios para la empresa. Este periodo de bonanza tiene como resultado la construcción, en 1920, de unas nuevas oficinas y del Hospital Minero.

Daniel Viñuales, aunque zaragozano de nacimiento, está muy ligado a Utrillas desde hace unos cuantos años y ha visto como se ha ido recuperando el patrimonio minero en toda la comarca. “Después de ver lo que están trabajando para poner en valor todo ese patrimonio nos parecía que, desde nuestra editorial, teníamos que contribuir a que se difundiera y que mejor manera de hacerlo que con un cómic”, dice Daniel. [Nota del Teatro de las Esquinas y de la editorial]

 

*Tomo la foto de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-64a64c86ed50e4694af74437d888274b.jpg

 

MILENA BUSQUETS, UN FRAGMENTO

 

-Sí, sí, vamos –dice Tom. Y dirigiéndose a mí-: Nos podemos sentar juntos y hacer manitas.

         Nos reímos. Y aunque a pesar de gustarme no me gusta, empiezo a coquetear con él. Y siento cómo la miel empieza a derramarse, líquida y solar, como dos niños a punto de robar una bolsa de golosinas y de salir disparados de la tienda, muertos de risa y de miedo. No es la miel espesa y lenta y oscura por la que estaríamos dispuestos a ir al infierno, pero a fin de cuentas es miel, el antídoto contra la muerte. Desde tu muerte, y desde antes, tengo la sensación de que lo único que hago es ir rapiñando amor, hacerme con la menor migaja que encuentro por el camino, como si fuesen pepitas de oro. Estoy totalmente arruinada y necesito que me desvalijen. Incluso la sonrisa de la chica del supermercado, el guiño de un desconocido por la calle, una conversación banal con el tío del quiosco, todo me sirve, todo lo apuro, nada es suficiente, nada sirve para nada.

 

De ‘También esto pasará’. Milena Busquets. Anagrama. Barcelona, 2015. 172 páginas. Un libro, una novela, sobre la relación con su madre Esther Tusquets, un libro sobre el duelo, la inseguridad, el abatimiento, los recuerdos y la certeza de que el sexo, más que el amor incluso, es un poderoso instrumento de energía, de vitalidad y de deseos de vivir.

 

*La foto de Milena Busquets la tomo de 'El país'.

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-2514ce273f4d58c4e5d24891fa1b2720.jpg

'BUSCANDO LOS ORÍGENES DE AQUELLO'

 

[Mañana viernes, a las 19.30, en la Casa del Libro de la calle San Miguel se presenta el volumen colectivo ’XX’ del sello Pregunta, que dirigen Reyes Guillén y David Francisco. Explican: ’Buscando los orígenes de aquello’ es un libro que podría llegar a ser el comienzo de algunas carreras literarias interesantes, el resultado de varios encuentros entre amigos o una novedad más en las librerías. Pero lo que ya conforma, indudablemente, es un conjunto de buenas historias narradas por doce voces diferentes y nuevas en el panorama del relato en lengua castellana: Irene Achón, María Jesús Artigas, Alberto Delmalo, Ana García, Coral González, Anabel Hernández, Aitana Muñoz, María José Pardo, Eva Pardos, Elisa Pérez, Manuel Pinos y Pilar Royo

Siguiendo uno de nuestros principales objetivos, el de buscar propuestas alternativas y sacarlas a la luz, ofrecemos esta selección de autores noveles con la esperanza de que este libro sea, efectivamente, un comienzo”.]

  

ARRIBA EL TELÓN

 

Por Pilar ROYO

En el mismo instante en que terminaron los aplausos la bailarina se desplomó sobre el escenario. El silencio inundó la sala. Nadie advirtió que, entre bambalinas, el brillo de la pistola competía con el de las luces.
Los titulares del día siguiente gritaron a toda página: «Asesinato en El Plata». Guardo todavía un ejemplar junto a su fotografía.
Todo sucedió tal y como planeamos aquella tarde tras salir de la consulta del médico. Quería que su muerte fuera recordada. Aquella noche fue, sin duda, su mejor actuación.

*

 

MI BIGOTE (Fragmento)

Por Aitana MUÑOZ

(...) Mi bigote ha sido, bueno es, mi seña de identidad en medio de una imagen cuidada. Quiero pensar en un acto de rebeldía, como cuando te niegas a usar el suavizante porque contamina o acumulas multas de la zona azul. Más de una vez he visto a un hombre hipnotizado con la sutil transparencia de mi vello capilar. Fino, rubísimo y suave. Que yo sepa ninguno de mis amantes se ha quejado porque mi generoso bigote lo lastimara con la fuerza de mis besos. Ostras, «Melanie y Antonio Banderas se separan». Si llevaban un porrón de años casados. Luego me la leo, que de estos subproductos no  tengo en casa. Alguna vez y en secreto me compro esas revistas, pero solo en viajes. Las llevo enrolladas por la parte de la publicidad. Luego las abro rápidamente para que nadie vea la portada. Deberían vender fundas para la gente que quiere leer esas revistas sin sentirse avergonzada. Algo tipo las tapas del Cahiers du Cinéma o la Jot Down y dentro la ¡Hola! o la Pronto. Seguro que en las fotos no sale ninguna tía con bigote. No sé, que lo pienso y me da pena. Si lo hago me acordaré de mi amiga Xime, la chilena, y su eterna frase: «Mi pucha, ¿por qué no te quitas ese bigote? ¿No te molesta?». No y no, no me ha molestado nunca. Ahora me duele imaginarme el pegote de cera ardiendo. Tirones dolorosos como cornadas de torero. Ya entra la señora. (...)

*

 

UNA TARDE DE JULIO

 

Por Manuel PINOS



Julio, se quema la tarde. Una nube de polvo amarillo está devorando el camino de Atochares. Estoy sentado a la puerta del cortijo de mis primos. Me levanto y con la mano me protejo del sol y de la nube de arena que se
acerca.
Un taxi, inmenso y negro, frena brusco sobre la gravilla. El polvo amarillo lo envuelve todo. Entorno los ojos. Se abre la puerta trasera. Incorporándose despacio sale una mujer, vestida de negro, con la cabeza encogida y envuelta en una gasa. Con las dos manos se la aparta despacio de la cara. Me mira. Está guapísima. La piel blanca, los ojos rojos, hinchados,
vacíos de llanto y pena.
Viene sola. Semanas antes había marchado muy lejos con mi padre de médicos y vuelve sola. La abrazo y lloramos juntos. No dice nada. Le doy la mano y entramos al cortijo para buscar a mis hermanos y mis tíos. No digo nada.
Yo tengo doce años y en medio de esa nube amarilla que levanta el taxi de vuelta a Almería me digo que mi padre no volverá nunca de muy lejos. Me doy cuenta de que con mi padre y en ese coche inmenso y negro se está marchando, para no regresar jamás, el niño que un momento antes, sentado en la puerta de un cortijo, veía una nube de polvo amarillo acercarse por el camino de Atochares.



--

Pregunta Ediciones

preguntaediciones.blogspot.com
facebook.com/PreguntaEdiciones

 

*En la foto, Aitana Muñoz. Tomo la foto de aquí:

https://media.licdn.com/mpr/mpr/shrink_500_500/p/4/000/146/211/00edae6.jpg

 

CONGET: UN DIÁLOGO, 2015

 

José María Conget (Zaragoza, 1948) publica su novela ’La bella cubana’ (Pre-Textos). Aquí conversamos de ella y de otras visiones literarias del autor.

Este ha sido un libro muy especial para ti. Se ha alargado mucho en el tiempo y parecía como una obsesión. ¿Por qué?

Las primeras imágenes de la novela me acudieron cuando todavía vivía en Nueva York; luego vino la historia de los chicos jóvenes que han ganado un permiso de residencia en el concurso que Estados Unidos organiza cada año en varios países y la idea de mostrar a través de personajes de dos generaciones el contraste entre experiencia e ingenuidad. En fin, comencé La bella cubana hace doce años, escribí las primeras páginas y me atasqué; no me había pasado nunca y como no quería dejarme ganar por la frustración me dediqué a un género que apenas había tocado: el cuento, y descubrí que me encantaban las posibilidades del relato corto. Pero sabía que tenía una cuenta pendiente conmigo mismo, no es correcto llamarla obsesión pero sí constancia de un deber no cumplido. Y de repente di por terminado otro libro de cuentos que en algún momento publicará Pre-Textos y decidí que iba a seguir con la Cubana. Escuché muchas veces la composición que da título al libro, le cogí la onda y casi de un tirón la terminé. 

El título, esencialmente, alude a una melodía de Lecuona. ¿Qué te sugiere o qué sugiere a los personajes?

En realidad no es una melodía de Lecuona sino de José White, un músico cubano del XIX; Lecuona hizo un arreglo magnífico que fue el que yo escuché la primera vez. Ahora tengo docenas de versiones, una es la de Valdés con la que empieza y termina la película Chico y Rita de Trueba con guión de nuestro amigo Pisón. A mí me sugería una vida sensual, indolente y libre de culpas y obligaciones, me producía lo que enfáticamente (o de manera cursi) llamo la nostalgia del paraíso. Y traspasé esa sensación al protagonista de la novela. En la portada que compuso mi hijo Miguel, y de la que estoy más orgulloso que de la novela misma, se señala algo de lo que la música insinúa.

¿Qué quería contar: la historia de dos enamorados españoles en Nueva York, un relato de la memoria, las traiciones del amor?

 No estoy seguro. Quise hacer una novela breve pero ambiciosa, con variantes de muchos de los temas sobre los que escribo siempre: la familia, la fragilidad del amor, la imposibilidad de cambiar el pasado o las consecuencias del pasado.

Estás y no estás en el libro. O, mejor aún, estarías por partido doble: como personaje, como ese Conget, escritor, que anda por ahí y como ese otro personaje vinculado al Cervantes... ¿Por qué has querido desdoblarte?

 No, no me he desdoblado. O no pretendía desdoblarme. Hay pequeños detalles míos en Rubén y en el chaval, Gustavo; pero el carácter de los dos (que sí se parecen entre sí) y sus circunstancias poco tiene que ver conmigo

¿Cabría decir que esta es una novela con una porción importante de autobiografía tuya del período de Nueva York?

No. Está construida sobre mi memoria de la ciudad; y algunos de los personajes del Cervantes que se nombran o del programa de la tele que aparece en un capítulo, son reales. Y lugares, como el hotel Evans, que existió, y por cuya puerta yo pasaba cada vez que iba desde mi trabajo a la carnicería Expósito, una maravilla que está en la Novena; el hotel era de una cochambre repugnante y su aspecto me inspiró los episodios sórdidos que ocurren allí. Pero la historia, o las historias centrales de la novela no son autobiográficas en absoluto.

 

Hay un descreimiento absoluta de la sociedad literaria. ¿Es real, lo sientes así, o es un recurso de ficción?

La literatura es uno de los regalos de la vida. La sociedad literaria va por otro lado. Uno se emociona con los poemas de Góngora y Quevedo pero los ciudadanos Góngora y Quevedo que se cruzaban infamias pertenecen a la cultura del chisme, la soberbia y la envidia, a Telecinco. Tengo amigos escritores por los que siento afecto y una lealtad total, tú lo sabes. También ellos son “sociedad literaria” pero creo que yo habría buscado su amistad aunque no fueran escritores.

 

¿Qué te han hecho los poetas? Fuiste muy lector de poesía, y sin embargo pareces recelar de ellos.

Sigo leyendo poesía, menos que de joven, pero también leo menos novelas que de joven, en general leo menos. Lo que ocurre es que he observado que entre los poetas se da más a menudo la formación de pequeñas tribus, de familias en el sentido siciliano del término, y las miradas de reojo, las vanidades heridas, el zancadilleo no son fenómenos ajenos a su mundillo. Tampoco aguanto la sacralización de la poesía, el género literario más intenso y difícil, pero que puede pasarse sin que los que lo practican se adjudiquen cierto aire sacerdotal. Dicho esto, no hay que atribuir al autor todas las fobias del personaje. Y tengo algún buen amigo poeta, que conste.

 

Reflexionas, o cuentas más bien con ironía, acerca de la pesadez de la estructura de las novelas. Aunque parezca chiste, esta es una novela compleja de trama, de estructura y de voces. ¿Cómo has estructurado la novela?

Cuento con ironía la pesadez de un novelista que no tiene otro tema de conversación que su propia obra y que sale de su mudez cuando su acompañante le pregunta por las estructuras de sus novelas, algo que posee un interés profesional, por así decir, pero a quién que no sea un profe le interesa. Por eso no te voy a dar el coñazo explicando cómo he estructurado La bella cubana, además tú ya lo sabes.

 

¿Qué importancia tiene para ti en un libro la ambición, la complejidad, proponerle al lector un descubrimiento?

 Hay obras que son profundas por su tratamiento de temas y personajes pero formalmente son sencillas, lineales, sin alardes estilísticos (muchas de las grandes novelas de XIX, por ejemplo). No soy dogmatico en ese terreno. Digamos que yo me formé como narrador a través de lecturas que fomentaban entramados estructurales complejos y eso ha quedado ahí. A mí me preocupa mucho el punto de vista, el tiempo, a quién se dirigen las voces de los personajes… ¿Es eso ambición? Creo que es lo normal.

¿Cómo quieres que sea tu lenguaje?

 Mis personajes hablan entre ellos mucho y supongo que, como son tipos ilustrados, hablan bien. Un lenguaje coloquial culto es mi aspiración.

No quiero ahondar mucho en los personajes, ni desvelar la trama, pero me gustaría que nos presentases a tu modo a Rubén, el siniestro, a Lara, a Gustavo Sánchez, a Nilda...

 Lara es la inocencia y lo que Goethe llamaba el eterno femenino, por eso todos los hombres tiene la impresión de que les recuerda a alguien. Rubén y Gustavo podrían ser la misma persona con muchos años de diferencia; Rubén es un escritor maduro y desencantado que ya no escribe y Gustavo un chico pedante, muy verde todavía y con ínfulas de futuro gran novelista. Mujeres como Nilda he conocido algunas, latinoamericanas con un pasado político traumático.

Aunque quizá hay un personaje al que no vemos, y anda siempre por ahí, desde el fondo del tiempo: Nadia...

 Nadia es, en cierto modo, Lara de mayor y para el protagonista una memoria herida.

Dices que a veces duele más una separación que una muerte. ¿Nos liberamos alguna vez de la ruptura, se liberan tus personajes?

 A veces la muerte tampoco nos libera si han quedado cuentas pendientes, palabras no dichas, con la persona fallecida. Pero la separación deja libre a la persona de la que te separas, libre y dueña de la vida secreta que compartiste con ella, y si se trata de una separación de pareja pueden intervenir los celos y un conjunto de emociones morbosas y muy negativas.

El libro también tiene una atmósfera de cine negro, especialmente hacia el final. ¿Fue siempre así o se te impuso de algún modo?

 No era mi intención. Parece que la mitad de los narradores españoles han descubierto que lo suyo, después de todo, era la novela policiaca. No es mi caso. Si mi Cubana sugiere una atmósfera de novela negra es que me he equivocado.

También es una novela de metaficción. Tu mujer Maribel Cruzado, destinataria de tus novelas, tiene un importante cameo. Más que un cameo, todo un capítulo con su propia voz. ¿Quién lo ha escrito de veras, ella o tú?

Ya te he dicho que en la novela hay personajes reales pero dudo que eso la convierta en metaficción.

 

Publicas en la colección más importante de Pre-Textos. Y eres citado, muy a menudo, por muchos escritores como una referencia: Fernando Aramburu, Martínez de Pisón, Juan Bonilla, Javier Sebastián. ¿Ha cambiado algo en tu carrera de escritor, te sientes más querido y leído?

No es cuestión de “sentirse más leído”, se trata de datos objetivos, los datos objetivos son las ventas y mis libros se venden muy poco. Antes solía decir en broma que yo era un worst-seller. Luego me di cuenta de que cometía una petulancia: en España casi todos somos worst-sellers y me temo que vamos a peor. No veas en esto un lamento; como diría Guillermo Brown, solo hago constar un hecho. Nadie me pide que escriba y escribo porque me da placer, no tengo derecho, ni yo ni nadie, a exigir que además me compren los libros por millares.

 

*Esta foto pertenece al archivo de Heraldo de Aragón; está tomada en Los Portadores de Sueños.

 

 

*Esta foto pertenece al archivo de Heraldo de Aragón; está tomada en Los Portadores de Sueños.

 

LARA, POR SERGIO VILA-SANJUÁN

[Conocí a José Manuel Lara solo de paso. A vista de pájaro. En la única vez que he estado en los últimos diez o quince años en el Planeta. He sido autor de Destino durante algunos años, con cuatro títulos (el último fue ’Golpes de mar’, 2006, que se agotó y se quedó descatalogado a los siete u ocho meses), pero no tuve la suerte ni de ser su amigo, conocido o de saludarlo. Me han impresionado, la verdad, los retratos que he leído de él. Su grandeza. Su complicidad con los autores, su mano izquierda, aunque fuese un hombre de derechas. Según he visto en muchos retratos. Sergio Vila-Sanjuán, escritor, cronista cultural de máximo nivel y director del suplemento de ’Culturas’ de ’La Vanguardia’ y una de mis referencias de este oficio, le dedicó varios textos muy aquilatados. Tiene la bondad de enviarme para el blog uno que redondea y ajusta sus aproximaciones. En el daguerrotipo hay textos conmovedores, de gran calidad humana.]  

José Manuel Lara Bosch 

Un gran modernizador, extrovertido y directo

 

 

Sergio Vila-Sanjuán*

 

 

   José Manuel Lara Bosch fue como su padre, a quien físicamente se parecía bastante, todo un personaje. Alto, grande, extrovertido, directo –demasiado directo a veces, decían algunos, sorprendidos por su franqueza-. Con ganas y capacidad de liderar, pero también con una formación cultural y unos conocimientos que le distanciaban del enfoque mucho más intuitivo de su progenitor. Fue un gran editor que amaba y leía los libros, y siempre se procupó de mejorar las condiciones de sus autores. Para los periodistas, una mina, porque nunca rehuía exponer con claridad sus puntos de vista.

   En su despacho presidencial del grupo Planeta tenía grandes cuadros de pintores catalanes contemporáneos: Tharrats, Roca Sastre, Guinovart, Ponç, Carlos Mensa, Arranz Bravo, Bartolozzi; también un Cusachs de mediano formato con los habituales jinetes y caballos, y un autorretrato tirando a siniestro que le regaló el escritor Ernesto Sábato, y que apreciaba mucho. En la sala de juntas cuelga el Goya que había sido orgullo de Lara padre. “En sus últimos años se sentaba junto al cuadro, miraba el bastón con el símbolo del marquesado y yo creo que pensaba que eso eran los signos de su triunfo”, me contó en cierta ocasión.

   Fumador compulsivo, cuando entraron en vigor las nuevas normativas sobre el tabaco hizo declarar la planta de su despacho domicilio particular (y no área de trabajo) para poder seguir rindiendo culto a la nicotina. O al menos eso dice la leyenda.

   Incluso en los últimos años de atención muy centrada en el mundo televisivo y mediático, se hacía llevar cada mañana al despacho los libros que el día anterior había publicado Planeta en cualquiera de sus sellos. Estricto en cuestiones de números, en la época de los adelantos multimillonarios no dudó en cortar la relación profesional –no así la personal- con autores de los que pensaba que pedían demasiado. Pero también generoso cuando la situación lo requería, extendió su protección y su interés a no pocos autores en momentos de dificultad económica.

   Amigo del rey Juan Carlos, personalmente era un liberal de amplio espectro. Políticamente se le consideraba próximo al Partido Popular, y tras la salida del gobierno de José María Aznar le publicó varios libros, remunerados, según se dice, con cifras  estratosféricas. Pero sus editoriales y sus medios de comunicación sirvieron de altavoz a gente de todos los espectros ideológicos.

   Cuando el independentismo empezó a plantearse como cuestión clave de la política catalana, no dudo en expresar su oposición radical, amenazando con llevarse sus empresas fuera de Catalunya si la secesión llegaba a producirse. Ello no fue óbice para que mantuviera una relación personal cordial con Artur Mas, a quien conoció en el ámbito de la escuela Aula y que le sucedió en la presidencia del patronato de esta institución.

   Era un hombre de gestos. Cuando los responsables del Año del Libro y la Lectura 2005 fuimos a verle con la propuesta de un encuentro de autores de novela policíaca en homenaje a Manuel Vazquez Montalbán, Lara aceptó inmediatamente correr con los gastos de avión y estancia de los escritores participantes, desplazados desde varios países europeos. “Muchos de ellos no son autores de tu grupo”, le advertí. “No importa, es algo que le debemos a Manolo”, zanjó de forma contundente. No mucha gente sabe que de este modo José Manuel Lara hizo posible el nacimiento de la Semana de Novela Negra de Barcelona.

 

La construcción de un imperio

 

Lara Bosch había potenciado el grupo editorial que levantó su padre, José Manuel Lara Hernández, y que ya era el más importante de España, hasta convertirlo en uno de los diez mayores del mundo. En la actualidad, cuenta con cerca de setenta sellos editoriales, publica 1500 títulos al año y cuenta en su catálogo con 15.000 autores, entre ellos, por poner unos ejemplos especialmente significativos,  Eduardo Mendoza, Carlos Ruiz Zafón, María Dueñas o Antonio Muñoz Molina.

   En torno a esta estructura  había creado también un imperio multimedia que incluía la cadena Antena 3 y el diario La Razón.

   José Manuel Lara Bosch nació en Barcelona en 1946. Estudió Económicas en la Universidad Central y antes de cumplir veinte años ya estaba trabajando por las tardes en las oficinas de Planeta en la calle Fernando Agulló, 12.  A principios de los años setenta, una depresión de Lara padre acelera la incorporación de José Manuel a las tareas directivas.En esos años influyó para que el grupo modificara muchos métodos de trabajo, incorporando técnicas pioneras en el mercado local. “Pasamos de una decisión personal por olfato e intuición a una decisión por gestión y marketing, que se notó muchísimo”, confesaba. Es la época de los grandes superventas vinculados a la revisión del franquismo, las memorias de políticos y los libros de historia reciente.

   En los años ochenta José Manuel dirige junto a su progenitor –en una relación intensa, ambos eran hombres de carácter fuerte-, y con su hermano Fernando, el gran momento de crecimiento del grupo, que empieza a adquirir nuevas editoriales que atravesaban momentos complicados. La primera que incorporan es Seix Barral; siguen otras como Destino, Martínez Roca, Espasa o Crítica, en una política expansiva, y de lucha por los autores, que generó competencia y a veces inevitables tensiones con otros grandes grupos.

    Tras la muerte en accidente de Fernando Lara Bosch en 1995, asume el liderazgo ejecutivo del grupo Planeta. Y después del fallecimiento de Lara Hernández en el año 2003, pasa a ser su  presidente.

   José Manuel Lara no ha dudado en ejercer como primer editor de España. Su peso en las organizaciones gremiales ha resultado indiscutible. Lideró la defensa del precio fijo del libro y la lucha contra la piratería. En octubre del 2014, coincidiendo con el último salón Liber, recibió en Barcelona el homenaje de sus colegas. Ya con una salud muy quebrada por el cáncer de pancreas, expresó lo que su profesión le había dado. "El libro –dijo- es lo que más amo. Le he consagrado mi vida y me he divertido muchísimo. El libro me ha dado suerte, fortuna, gracia, felicidad”. 

   Como empresario de la comunicación, su iniciativa más destacable fue la entrada como accionista de referencia y gestor del que hoy es el grupo Atresmedia, de la mano del grupo italiano De Agostini. Esta corporación multimedia incluye las cadenas televisivas Antena 3, Neox y Nova, las radiofónicas Onda Cero, Europa FM y Europa Melodía y la productora Antena 3 Films, así como la gestora publicitaria Movieredord.

    En 1998  Planeta lanza el diario La razón y en 2006 el gratuito ADN (que cierra en el 2011) . En Colombia adquiere el Grupo Editorial El Tiempo, que publica el diario homónimo, primero del país, y cuenta además con un canal televisivo y otras publicaciones. Otras empresas audiovisuales del grupo son las distribuidoras DeAPlaneta y Planeta Junior.

   En el último decenio, de forma paulatina, Planeta ha ido aumentando su participación en el Grup 62, del que es hoy accionista principal,  lo que le ha convertido  en el mayor editor en lengua catalana. Bajo su tutela el grupo ha potenciado la Fundación José Manuel Lara, con sede en Sevilla, que patrocina actividades culturales, la revista literaria Mercurio y la publicación de libros de poesía e historia de la cultura.

   Casado con Consuelo García Piriz en 1976, el editor era padre de Marta, José Manuel III, Angela y Pablo.

   Con Lara Bosch desaparece la figura más influyente y poderosa de la edición española en los últimos treinta años. Un modernizador valiente –y a veces discutido, pero con un bagaje lleno de aciertos- que dio solidez y envergadura a nuestra industria cultural.

 

*Tomo la foto de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-7b79f2c4a7cd56430b8674c3c129e433.jpg

 

4 POEMAS DE VÍCTOR ANGULO

4 POEMAS DE VÍCTOR ANGULO

VÍCTOR ANGULO: CUATRO POEMAS DEL VATE SORIANO
[El pasado martes estuve en Tudela. Participé en un encuentro con alumnos en el Instituto Benjamín de Tudela y por la tarde ofrecí un recital en la Fundación Castel Ruiz ante una treintena de personas, más o menos. En la estancia en el Instituto me encontré con bastantes amigos: Patxi Abadía, Ana, Francisco de Ejulve, el fotógrafo Mario Gómez, etc... Y entre ellos -y me dejo a muchos; no querría olvidarme de José Javier Alfaro, escritor y encantador presentador ni de Javier Briongos ni de Manuel Motilva que estaba enfermo y no pudo venir...-, y entre ellos estaba el poeta soriano y profesor Víctor Angulo Las Heras, con quien colaboré hace años en un cuadernillo de 'Poesía en el campus', Víctor me regaló uno de sus últimos poemarios (ahora está a punto de salir uno nuevo: 'Son airadas las cigüeñas') y hoy ha tenido la amabilidad de enviarme cuatro poemas de 'Cierra despacio al salir'. Aquí están. Todas las fotos son de Fritz Henle (Dortmund, Alemania 1909 - Saint Croix, Virgin Islands, USA 1993), que viajó por España.]

 

CUATRO POEMAS DE VÍCTOR ANGULO

 

LOS PASOS DEL CARTERO

Cuando al alejarme pienso en las pequeñas ciudades del norte,
pienso:
aquiescencia.
Pienso: espacio.
Pienso en la luz que atraviesa la noche y que alumbra el rostro ignorado de las cosas,
y a menudo en los pabellones terminados en punta en busca de cualquier intento de ternura.
Me enfrento así al domingo que termina por si después nadie me espera.
Pienso en ciudades con dependientas que imponen respeto; que constatan, con asombro, mi edad.
Mi talla de pantalón.
El silencio que hay en las cajas del almacén y que aventuran detalles de perfección.
Me enfrento así al escuadrón de los barrenderos por la mañana.
A la hipocresía, a las parejas que se besan por los pasillos,
a tantos pliegues perdidos en los ascensores,
a las caricias regaladas con entusiasmo y desgarramiento, con la mirada hecha de horizontes y lontananzas,
como un extraño para ciudades con guía y sin cuartel, sombrías,
como las frases que se dibujan en sus torres tan sólo a intervalos, a capricho del viento.
Cuando tan duras son por aquí las escarchas y vuela el avefría.

 

A CEPILLO
No puedo creer que de nuevo me encuentre en la peluquería, que hayan pasado tres meses desde la última vez y que la peluquera (una gorda amable que siempre me cuenta la misma historia y acaba hablándome de la nieve aunque sea agosto) esté a punto de meterme las tijeras. Me pregunto si con todos hace lo mismo, si a todos les cuenta la misma película, si siempre las mujeres que hay allí tienen que hablar del ¡Hola! También de sus cosas, de cómo se va a llevar el pelo este otoño y cuáles son los productos mejores para que no se reseque ni se caiga. Con una media de 60, año arriba, han empezado a rendirle culto excéntrico al cuerpo, ahora que pueden, ahora que una peluquería no es tanto un sitio de reunión como un supermercado. Tienen todo tipo de cremas para la piel, mil productos para el cabello y no sé cuantas cosas más que me pierden. Una vía descubierta por el mercado de las franquicias, al igual que las tiendas de ropa, los bares, aunque sean vascos y una contradicción, pues en todos cuecen las mismas habas y a veces, cuando no les quedan, ponen pochas. Por eso no me gustan estos sitios. Porque allí las manos de las peluqueras no irradian una ternura comprensiva ni dejan unos pelos más largos que otros. Cuando al fin ha acabado, no parezco el mismo; casi otro. A veces, según la postura, muy distinto, sin embargo.

 

AFIRMACIÓN DE CONFIANZA


Puedo y no quiero evitar los ojos de Imre Kertész,
su punto preciso de observación que se hiciera añoranza de matriz en otro tiempo,
aunque a veces no alcance a comprender el sentido último de su mirada,
su ademán,
o esa sonrisa contenida, oblicua, como de sospecha.
Como el cuerpo de esos niños que se ovillan con gestos felinos ante el sufrimiento o el frío.
Como si ya intuyeran,
por ejemplo,
que el dolor no les abandonará nunca,
ni siquiera un instante.
Que les habitará sin ensombrecerles,
incluso cuando en apariencia dé a la melancolía solamente un fundamento;
incluso cuando les parezca presentir que cada cual llora a su modo el tiempo que pasa,
que los ojos han de tener la melancólica contemplación de lo acostumbrado,
sabedores de su indiferencia hacia con la primavera y el verano,
aunque los retoños de los robles, lo quiera o no,
son una afirmación de confianza.
Rechazan el patetismo.

 

LA PRIMAVERA LO HACE TODO


Cuando no se te ocurra nada más que añadir, aíslate.
Camina por el monte.
Por las orillas de las pistas forestales.
Piensa en Adam Zagajewski, en Richard Ford.
Piensa en Nordbrandt cuando nieve sobre las copas de los árboles.
Dirán que perdiste el rumbo,
pero sabes que no has venido a vencer el hastío incurable que derrama la costumbre.
Piensa en Roberto Bolaño. Mira el retrato de Houellebecq.
El de Amis, más joven, elegantemente vestido.
Prolonga el paseo toda la tarde hasta que la noche se eche como tirada a cordel.
Piensa en Andrei Makine.
Observa los tejados llenos de melancolía.
Las tejas apretadas cual celdillas de colmena. La luz resbalando gris y adversativa.
Verás que hace tiempo que todo ha dejado de ser como al principio.
Hace tiempo que tu opacidad es tu silencio.
El silencio no es lo peor. Las palabras gratuitas son más terribles.
Hay que cruzarlas. Hay que acometer la tarea de cruzarlas. Hay que desengañarse.
Piensa si no en Juan Rulfo.
Observa si no el temprano cada día que te ofrece la primavera.
Las magarzas sobre los ribazos. El adusto cardo floreciendo malva.
Y finalmente, el ababol en supervivencia.