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Antón Castro

'TIERRA NEGRA' EN LAS ESQUINAS

Este sábado, en el Ambigú café-teatro del Teatro de las Esquinas, tendrá lugar la presentación de la novela gráfica ‘Tierra Negra’ editada por GP Ediciones, y dibujada por el premiado José Antonio Ávila en base al guión original de Daniel Viñuales. La presentación correrá a cargo de los autores y de Antón Castro.

Sábado 7 de febrero 2015

GP Ediciones, presenta: “Tierra Negra”

de

José Antonio Ávila y Daniel Viñuales

Horario: 13:00h

Lugar: Ambigú-Café/Teatro del Teatro de las Esquinas

Entrada Libre sin invitación

TIERRA NEGRA

El premiado dibujante José Antonio Ávila pone sus pinceles para ilustrar el primer guión original de Daniel Viñuales.

Su anterior colaboración ‘Blanquito’ fue premiada en el pasado Salón del Cómic de Zaragoza con el Mejor guión y está nominada en los premios del Salón del Cómic de Úbeda y Baeza.

Tierra Negra narra la historia de dos mineros que quedan atrapados en la mina Santiago de Utrillas, justo el día de la inauguración del Hospital Minero y de las nuevas oficinas de MFU.

La historia, ambientada en 1920, narra, desde la perspectiva de esos mineros, los primeros momentos de la minería en la comarca de las Cuencas Mineras. Desde principios del siglo XX, MFU (Minas y Ferrocarriles de Utrillas, S.A.) fue la principal empresa que explotó el carbón en la zona, con capital íntegramente aragonés.

En 1904, la empresa, pone en marcha la línea de ferrocarril que unirá las minas con Zaragoza. A partir de 1912, debido a una serie de huelgas en Gran Bretaña, y en 1918 debido a la Primera Guerra Mundial, se produce un alza en los precios del carbón en toda Europa, lo que llevó a un periodo de enormes beneficios para la empresa. Este periodo de bonanza tiene como resultado la construcción, en 1920, de unas nuevas oficinas y del Hospital Minero.

Daniel Viñuales, aunque zaragozano de nacimiento, está muy ligado a Utrillas desde hace unos cuantos años y ha visto como se ha ido recuperando el patrimonio minero en toda la comarca. “Después de ver lo que están trabajando para poner en valor todo ese patrimonio nos parecía que, desde nuestra editorial, teníamos que contribuir a que se difundiera y que mejor manera de hacerlo que con un cómic”, dice Daniel. [Nota del Teatro de las Esquinas y de la editorial]

 

*Tomo la foto de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-64a64c86ed50e4694af74437d888274b.jpg

 

MILENA BUSQUETS, UN FRAGMENTO

 

-Sí, sí, vamos –dice Tom. Y dirigiéndose a mí-: Nos podemos sentar juntos y hacer manitas.

         Nos reímos. Y aunque a pesar de gustarme no me gusta, empiezo a coquetear con él. Y siento cómo la miel empieza a derramarse, líquida y solar, como dos niños a punto de robar una bolsa de golosinas y de salir disparados de la tienda, muertos de risa y de miedo. No es la miel espesa y lenta y oscura por la que estaríamos dispuestos a ir al infierno, pero a fin de cuentas es miel, el antídoto contra la muerte. Desde tu muerte, y desde antes, tengo la sensación de que lo único que hago es ir rapiñando amor, hacerme con la menor migaja que encuentro por el camino, como si fuesen pepitas de oro. Estoy totalmente arruinada y necesito que me desvalijen. Incluso la sonrisa de la chica del supermercado, el guiño de un desconocido por la calle, una conversación banal con el tío del quiosco, todo me sirve, todo lo apuro, nada es suficiente, nada sirve para nada.

 

De ‘También esto pasará’. Milena Busquets. Anagrama. Barcelona, 2015. 172 páginas. Un libro, una novela, sobre la relación con su madre Esther Tusquets, un libro sobre el duelo, la inseguridad, el abatimiento, los recuerdos y la certeza de que el sexo, más que el amor incluso, es un poderoso instrumento de energía, de vitalidad y de deseos de vivir.

 

*La foto de Milena Busquets la tomo de 'El país'.

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-2514ce273f4d58c4e5d24891fa1b2720.jpg

'BUSCANDO LOS ORÍGENES DE AQUELLO'

 

[Mañana viernes, a las 19.30, en la Casa del Libro de la calle San Miguel se presenta el volumen colectivo ’XX’ del sello Pregunta, que dirigen Reyes Guillén y David Francisco. Explican: ’Buscando los orígenes de aquello’ es un libro que podría llegar a ser el comienzo de algunas carreras literarias interesantes, el resultado de varios encuentros entre amigos o una novedad más en las librerías. Pero lo que ya conforma, indudablemente, es un conjunto de buenas historias narradas por doce voces diferentes y nuevas en el panorama del relato en lengua castellana: Irene Achón, María Jesús Artigas, Alberto Delmalo, Ana García, Coral González, Anabel Hernández, Aitana Muñoz, María José Pardo, Eva Pardos, Elisa Pérez, Manuel Pinos y Pilar Royo

Siguiendo uno de nuestros principales objetivos, el de buscar propuestas alternativas y sacarlas a la luz, ofrecemos esta selección de autores noveles con la esperanza de que este libro sea, efectivamente, un comienzo”.]

  

ARRIBA EL TELÓN

 

Por Pilar ROYO

En el mismo instante en que terminaron los aplausos la bailarina se desplomó sobre el escenario. El silencio inundó la sala. Nadie advirtió que, entre bambalinas, el brillo de la pistola competía con el de las luces.
Los titulares del día siguiente gritaron a toda página: «Asesinato en El Plata». Guardo todavía un ejemplar junto a su fotografía.
Todo sucedió tal y como planeamos aquella tarde tras salir de la consulta del médico. Quería que su muerte fuera recordada. Aquella noche fue, sin duda, su mejor actuación.

*

 

MI BIGOTE (Fragmento)

Por Aitana MUÑOZ

(...) Mi bigote ha sido, bueno es, mi seña de identidad en medio de una imagen cuidada. Quiero pensar en un acto de rebeldía, como cuando te niegas a usar el suavizante porque contamina o acumulas multas de la zona azul. Más de una vez he visto a un hombre hipnotizado con la sutil transparencia de mi vello capilar. Fino, rubísimo y suave. Que yo sepa ninguno de mis amantes se ha quejado porque mi generoso bigote lo lastimara con la fuerza de mis besos. Ostras, «Melanie y Antonio Banderas se separan». Si llevaban un porrón de años casados. Luego me la leo, que de estos subproductos no  tengo en casa. Alguna vez y en secreto me compro esas revistas, pero solo en viajes. Las llevo enrolladas por la parte de la publicidad. Luego las abro rápidamente para que nadie vea la portada. Deberían vender fundas para la gente que quiere leer esas revistas sin sentirse avergonzada. Algo tipo las tapas del Cahiers du Cinéma o la Jot Down y dentro la ¡Hola! o la Pronto. Seguro que en las fotos no sale ninguna tía con bigote. No sé, que lo pienso y me da pena. Si lo hago me acordaré de mi amiga Xime, la chilena, y su eterna frase: «Mi pucha, ¿por qué no te quitas ese bigote? ¿No te molesta?». No y no, no me ha molestado nunca. Ahora me duele imaginarme el pegote de cera ardiendo. Tirones dolorosos como cornadas de torero. Ya entra la señora. (...)

*

 

UNA TARDE DE JULIO

 

Por Manuel PINOS



Julio, se quema la tarde. Una nube de polvo amarillo está devorando el camino de Atochares. Estoy sentado a la puerta del cortijo de mis primos. Me levanto y con la mano me protejo del sol y de la nube de arena que se
acerca.
Un taxi, inmenso y negro, frena brusco sobre la gravilla. El polvo amarillo lo envuelve todo. Entorno los ojos. Se abre la puerta trasera. Incorporándose despacio sale una mujer, vestida de negro, con la cabeza encogida y envuelta en una gasa. Con las dos manos se la aparta despacio de la cara. Me mira. Está guapísima. La piel blanca, los ojos rojos, hinchados,
vacíos de llanto y pena.
Viene sola. Semanas antes había marchado muy lejos con mi padre de médicos y vuelve sola. La abrazo y lloramos juntos. No dice nada. Le doy la mano y entramos al cortijo para buscar a mis hermanos y mis tíos. No digo nada.
Yo tengo doce años y en medio de esa nube amarilla que levanta el taxi de vuelta a Almería me digo que mi padre no volverá nunca de muy lejos. Me doy cuenta de que con mi padre y en ese coche inmenso y negro se está marchando, para no regresar jamás, el niño que un momento antes, sentado en la puerta de un cortijo, veía una nube de polvo amarillo acercarse por el camino de Atochares.



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Pregunta Ediciones

preguntaediciones.blogspot.com
facebook.com/PreguntaEdiciones

 

*En la foto, Aitana Muñoz. Tomo la foto de aquí:

https://media.licdn.com/mpr/mpr/shrink_500_500/p/4/000/146/211/00edae6.jpg

 

CONGET: UN DIÁLOGO, 2015

 

José María Conget (Zaragoza, 1948) publica su novela ’La bella cubana’ (Pre-Textos). Aquí conversamos de ella y de otras visiones literarias del autor.

Este ha sido un libro muy especial para ti. Se ha alargado mucho en el tiempo y parecía como una obsesión. ¿Por qué?

Las primeras imágenes de la novela me acudieron cuando todavía vivía en Nueva York; luego vino la historia de los chicos jóvenes que han ganado un permiso de residencia en el concurso que Estados Unidos organiza cada año en varios países y la idea de mostrar a través de personajes de dos generaciones el contraste entre experiencia e ingenuidad. En fin, comencé La bella cubana hace doce años, escribí las primeras páginas y me atasqué; no me había pasado nunca y como no quería dejarme ganar por la frustración me dediqué a un género que apenas había tocado: el cuento, y descubrí que me encantaban las posibilidades del relato corto. Pero sabía que tenía una cuenta pendiente conmigo mismo, no es correcto llamarla obsesión pero sí constancia de un deber no cumplido. Y de repente di por terminado otro libro de cuentos que en algún momento publicará Pre-Textos y decidí que iba a seguir con la Cubana. Escuché muchas veces la composición que da título al libro, le cogí la onda y casi de un tirón la terminé. 

El título, esencialmente, alude a una melodía de Lecuona. ¿Qué te sugiere o qué sugiere a los personajes?

En realidad no es una melodía de Lecuona sino de José White, un músico cubano del XIX; Lecuona hizo un arreglo magnífico que fue el que yo escuché la primera vez. Ahora tengo docenas de versiones, una es la de Valdés con la que empieza y termina la película Chico y Rita de Trueba con guión de nuestro amigo Pisón. A mí me sugería una vida sensual, indolente y libre de culpas y obligaciones, me producía lo que enfáticamente (o de manera cursi) llamo la nostalgia del paraíso. Y traspasé esa sensación al protagonista de la novela. En la portada que compuso mi hijo Miguel, y de la que estoy más orgulloso que de la novela misma, se señala algo de lo que la música insinúa.

¿Qué quería contar: la historia de dos enamorados españoles en Nueva York, un relato de la memoria, las traiciones del amor?

 No estoy seguro. Quise hacer una novela breve pero ambiciosa, con variantes de muchos de los temas sobre los que escribo siempre: la familia, la fragilidad del amor, la imposibilidad de cambiar el pasado o las consecuencias del pasado.

Estás y no estás en el libro. O, mejor aún, estarías por partido doble: como personaje, como ese Conget, escritor, que anda por ahí y como ese otro personaje vinculado al Cervantes... ¿Por qué has querido desdoblarte?

 No, no me he desdoblado. O no pretendía desdoblarme. Hay pequeños detalles míos en Rubén y en el chaval, Gustavo; pero el carácter de los dos (que sí se parecen entre sí) y sus circunstancias poco tiene que ver conmigo

¿Cabría decir que esta es una novela con una porción importante de autobiografía tuya del período de Nueva York?

No. Está construida sobre mi memoria de la ciudad; y algunos de los personajes del Cervantes que se nombran o del programa de la tele que aparece en un capítulo, son reales. Y lugares, como el hotel Evans, que existió, y por cuya puerta yo pasaba cada vez que iba desde mi trabajo a la carnicería Expósito, una maravilla que está en la Novena; el hotel era de una cochambre repugnante y su aspecto me inspiró los episodios sórdidos que ocurren allí. Pero la historia, o las historias centrales de la novela no son autobiográficas en absoluto.

 

Hay un descreimiento absoluta de la sociedad literaria. ¿Es real, lo sientes así, o es un recurso de ficción?

La literatura es uno de los regalos de la vida. La sociedad literaria va por otro lado. Uno se emociona con los poemas de Góngora y Quevedo pero los ciudadanos Góngora y Quevedo que se cruzaban infamias pertenecen a la cultura del chisme, la soberbia y la envidia, a Telecinco. Tengo amigos escritores por los que siento afecto y una lealtad total, tú lo sabes. También ellos son “sociedad literaria” pero creo que yo habría buscado su amistad aunque no fueran escritores.

 

¿Qué te han hecho los poetas? Fuiste muy lector de poesía, y sin embargo pareces recelar de ellos.

Sigo leyendo poesía, menos que de joven, pero también leo menos novelas que de joven, en general leo menos. Lo que ocurre es que he observado que entre los poetas se da más a menudo la formación de pequeñas tribus, de familias en el sentido siciliano del término, y las miradas de reojo, las vanidades heridas, el zancadilleo no son fenómenos ajenos a su mundillo. Tampoco aguanto la sacralización de la poesía, el género literario más intenso y difícil, pero que puede pasarse sin que los que lo practican se adjudiquen cierto aire sacerdotal. Dicho esto, no hay que atribuir al autor todas las fobias del personaje. Y tengo algún buen amigo poeta, que conste.

 

Reflexionas, o cuentas más bien con ironía, acerca de la pesadez de la estructura de las novelas. Aunque parezca chiste, esta es una novela compleja de trama, de estructura y de voces. ¿Cómo has estructurado la novela?

Cuento con ironía la pesadez de un novelista que no tiene otro tema de conversación que su propia obra y que sale de su mudez cuando su acompañante le pregunta por las estructuras de sus novelas, algo que posee un interés profesional, por así decir, pero a quién que no sea un profe le interesa. Por eso no te voy a dar el coñazo explicando cómo he estructurado La bella cubana, además tú ya lo sabes.

 

¿Qué importancia tiene para ti en un libro la ambición, la complejidad, proponerle al lector un descubrimiento?

 Hay obras que son profundas por su tratamiento de temas y personajes pero formalmente son sencillas, lineales, sin alardes estilísticos (muchas de las grandes novelas de XIX, por ejemplo). No soy dogmatico en ese terreno. Digamos que yo me formé como narrador a través de lecturas que fomentaban entramados estructurales complejos y eso ha quedado ahí. A mí me preocupa mucho el punto de vista, el tiempo, a quién se dirigen las voces de los personajes… ¿Es eso ambición? Creo que es lo normal.

¿Cómo quieres que sea tu lenguaje?

 Mis personajes hablan entre ellos mucho y supongo que, como son tipos ilustrados, hablan bien. Un lenguaje coloquial culto es mi aspiración.

No quiero ahondar mucho en los personajes, ni desvelar la trama, pero me gustaría que nos presentases a tu modo a Rubén, el siniestro, a Lara, a Gustavo Sánchez, a Nilda...

 Lara es la inocencia y lo que Goethe llamaba el eterno femenino, por eso todos los hombres tiene la impresión de que les recuerda a alguien. Rubén y Gustavo podrían ser la misma persona con muchos años de diferencia; Rubén es un escritor maduro y desencantado que ya no escribe y Gustavo un chico pedante, muy verde todavía y con ínfulas de futuro gran novelista. Mujeres como Nilda he conocido algunas, latinoamericanas con un pasado político traumático.

Aunque quizá hay un personaje al que no vemos, y anda siempre por ahí, desde el fondo del tiempo: Nadia...

 Nadia es, en cierto modo, Lara de mayor y para el protagonista una memoria herida.

Dices que a veces duele más una separación que una muerte. ¿Nos liberamos alguna vez de la ruptura, se liberan tus personajes?

 A veces la muerte tampoco nos libera si han quedado cuentas pendientes, palabras no dichas, con la persona fallecida. Pero la separación deja libre a la persona de la que te separas, libre y dueña de la vida secreta que compartiste con ella, y si se trata de una separación de pareja pueden intervenir los celos y un conjunto de emociones morbosas y muy negativas.

El libro también tiene una atmósfera de cine negro, especialmente hacia el final. ¿Fue siempre así o se te impuso de algún modo?

 No era mi intención. Parece que la mitad de los narradores españoles han descubierto que lo suyo, después de todo, era la novela policiaca. No es mi caso. Si mi Cubana sugiere una atmósfera de novela negra es que me he equivocado.

También es una novela de metaficción. Tu mujer Maribel Cruzado, destinataria de tus novelas, tiene un importante cameo. Más que un cameo, todo un capítulo con su propia voz. ¿Quién lo ha escrito de veras, ella o tú?

Ya te he dicho que en la novela hay personajes reales pero dudo que eso la convierta en metaficción.

 

Publicas en la colección más importante de Pre-Textos. Y eres citado, muy a menudo, por muchos escritores como una referencia: Fernando Aramburu, Martínez de Pisón, Juan Bonilla, Javier Sebastián. ¿Ha cambiado algo en tu carrera de escritor, te sientes más querido y leído?

No es cuestión de “sentirse más leído”, se trata de datos objetivos, los datos objetivos son las ventas y mis libros se venden muy poco. Antes solía decir en broma que yo era un worst-seller. Luego me di cuenta de que cometía una petulancia: en España casi todos somos worst-sellers y me temo que vamos a peor. No veas en esto un lamento; como diría Guillermo Brown, solo hago constar un hecho. Nadie me pide que escriba y escribo porque me da placer, no tengo derecho, ni yo ni nadie, a exigir que además me compren los libros por millares.

 

*Esta foto pertenece al archivo de Heraldo de Aragón; está tomada en Los Portadores de Sueños.

 

 

*Esta foto pertenece al archivo de Heraldo de Aragón; está tomada en Los Portadores de Sueños.

 

LARA, POR SERGIO VILA-SANJUÁN

[Conocí a José Manuel Lara solo de paso. A vista de pájaro. En la única vez que he estado en los últimos diez o quince años en el Planeta. He sido autor de Destino durante algunos años, con cuatro títulos (el último fue ’Golpes de mar’, 2006, que se agotó y se quedó descatalogado a los siete u ocho meses), pero no tuve la suerte ni de ser su amigo, conocido o de saludarlo. Me han impresionado, la verdad, los retratos que he leído de él. Su grandeza. Su complicidad con los autores, su mano izquierda, aunque fuese un hombre de derechas. Según he visto en muchos retratos. Sergio Vila-Sanjuán, escritor, cronista cultural de máximo nivel y director del suplemento de ’Culturas’ de ’La Vanguardia’ y una de mis referencias de este oficio, le dedicó varios textos muy aquilatados. Tiene la bondad de enviarme para el blog uno que redondea y ajusta sus aproximaciones. En el daguerrotipo hay textos conmovedores, de gran calidad humana.]  

José Manuel Lara Bosch 

Un gran modernizador, extrovertido y directo

 

 

Sergio Vila-Sanjuán*

 

 

   José Manuel Lara Bosch fue como su padre, a quien físicamente se parecía bastante, todo un personaje. Alto, grande, extrovertido, directo –demasiado directo a veces, decían algunos, sorprendidos por su franqueza-. Con ganas y capacidad de liderar, pero también con una formación cultural y unos conocimientos que le distanciaban del enfoque mucho más intuitivo de su progenitor. Fue un gran editor que amaba y leía los libros, y siempre se procupó de mejorar las condiciones de sus autores. Para los periodistas, una mina, porque nunca rehuía exponer con claridad sus puntos de vista.

   En su despacho presidencial del grupo Planeta tenía grandes cuadros de pintores catalanes contemporáneos: Tharrats, Roca Sastre, Guinovart, Ponç, Carlos Mensa, Arranz Bravo, Bartolozzi; también un Cusachs de mediano formato con los habituales jinetes y caballos, y un autorretrato tirando a siniestro que le regaló el escritor Ernesto Sábato, y que apreciaba mucho. En la sala de juntas cuelga el Goya que había sido orgullo de Lara padre. “En sus últimos años se sentaba junto al cuadro, miraba el bastón con el símbolo del marquesado y yo creo que pensaba que eso eran los signos de su triunfo”, me contó en cierta ocasión.

   Fumador compulsivo, cuando entraron en vigor las nuevas normativas sobre el tabaco hizo declarar la planta de su despacho domicilio particular (y no área de trabajo) para poder seguir rindiendo culto a la nicotina. O al menos eso dice la leyenda.

   Incluso en los últimos años de atención muy centrada en el mundo televisivo y mediático, se hacía llevar cada mañana al despacho los libros que el día anterior había publicado Planeta en cualquiera de sus sellos. Estricto en cuestiones de números, en la época de los adelantos multimillonarios no dudó en cortar la relación profesional –no así la personal- con autores de los que pensaba que pedían demasiado. Pero también generoso cuando la situación lo requería, extendió su protección y su interés a no pocos autores en momentos de dificultad económica.

   Amigo del rey Juan Carlos, personalmente era un liberal de amplio espectro. Políticamente se le consideraba próximo al Partido Popular, y tras la salida del gobierno de José María Aznar le publicó varios libros, remunerados, según se dice, con cifras  estratosféricas. Pero sus editoriales y sus medios de comunicación sirvieron de altavoz a gente de todos los espectros ideológicos.

   Cuando el independentismo empezó a plantearse como cuestión clave de la política catalana, no dudo en expresar su oposición radical, amenazando con llevarse sus empresas fuera de Catalunya si la secesión llegaba a producirse. Ello no fue óbice para que mantuviera una relación personal cordial con Artur Mas, a quien conoció en el ámbito de la escuela Aula y que le sucedió en la presidencia del patronato de esta institución.

   Era un hombre de gestos. Cuando los responsables del Año del Libro y la Lectura 2005 fuimos a verle con la propuesta de un encuentro de autores de novela policíaca en homenaje a Manuel Vazquez Montalbán, Lara aceptó inmediatamente correr con los gastos de avión y estancia de los escritores participantes, desplazados desde varios países europeos. “Muchos de ellos no son autores de tu grupo”, le advertí. “No importa, es algo que le debemos a Manolo”, zanjó de forma contundente. No mucha gente sabe que de este modo José Manuel Lara hizo posible el nacimiento de la Semana de Novela Negra de Barcelona.

 

La construcción de un imperio

 

Lara Bosch había potenciado el grupo editorial que levantó su padre, José Manuel Lara Hernández, y que ya era el más importante de España, hasta convertirlo en uno de los diez mayores del mundo. En la actualidad, cuenta con cerca de setenta sellos editoriales, publica 1500 títulos al año y cuenta en su catálogo con 15.000 autores, entre ellos, por poner unos ejemplos especialmente significativos,  Eduardo Mendoza, Carlos Ruiz Zafón, María Dueñas o Antonio Muñoz Molina.

   En torno a esta estructura  había creado también un imperio multimedia que incluía la cadena Antena 3 y el diario La Razón.

   José Manuel Lara Bosch nació en Barcelona en 1946. Estudió Económicas en la Universidad Central y antes de cumplir veinte años ya estaba trabajando por las tardes en las oficinas de Planeta en la calle Fernando Agulló, 12.  A principios de los años setenta, una depresión de Lara padre acelera la incorporación de José Manuel a las tareas directivas.En esos años influyó para que el grupo modificara muchos métodos de trabajo, incorporando técnicas pioneras en el mercado local. “Pasamos de una decisión personal por olfato e intuición a una decisión por gestión y marketing, que se notó muchísimo”, confesaba. Es la época de los grandes superventas vinculados a la revisión del franquismo, las memorias de políticos y los libros de historia reciente.

   En los años ochenta José Manuel dirige junto a su progenitor –en una relación intensa, ambos eran hombres de carácter fuerte-, y con su hermano Fernando, el gran momento de crecimiento del grupo, que empieza a adquirir nuevas editoriales que atravesaban momentos complicados. La primera que incorporan es Seix Barral; siguen otras como Destino, Martínez Roca, Espasa o Crítica, en una política expansiva, y de lucha por los autores, que generó competencia y a veces inevitables tensiones con otros grandes grupos.

    Tras la muerte en accidente de Fernando Lara Bosch en 1995, asume el liderazgo ejecutivo del grupo Planeta. Y después del fallecimiento de Lara Hernández en el año 2003, pasa a ser su  presidente.

   José Manuel Lara no ha dudado en ejercer como primer editor de España. Su peso en las organizaciones gremiales ha resultado indiscutible. Lideró la defensa del precio fijo del libro y la lucha contra la piratería. En octubre del 2014, coincidiendo con el último salón Liber, recibió en Barcelona el homenaje de sus colegas. Ya con una salud muy quebrada por el cáncer de pancreas, expresó lo que su profesión le había dado. "El libro –dijo- es lo que más amo. Le he consagrado mi vida y me he divertido muchísimo. El libro me ha dado suerte, fortuna, gracia, felicidad”. 

   Como empresario de la comunicación, su iniciativa más destacable fue la entrada como accionista de referencia y gestor del que hoy es el grupo Atresmedia, de la mano del grupo italiano De Agostini. Esta corporación multimedia incluye las cadenas televisivas Antena 3, Neox y Nova, las radiofónicas Onda Cero, Europa FM y Europa Melodía y la productora Antena 3 Films, así como la gestora publicitaria Movieredord.

    En 1998  Planeta lanza el diario La razón y en 2006 el gratuito ADN (que cierra en el 2011) . En Colombia adquiere el Grupo Editorial El Tiempo, que publica el diario homónimo, primero del país, y cuenta además con un canal televisivo y otras publicaciones. Otras empresas audiovisuales del grupo son las distribuidoras DeAPlaneta y Planeta Junior.

   En el último decenio, de forma paulatina, Planeta ha ido aumentando su participación en el Grup 62, del que es hoy accionista principal,  lo que le ha convertido  en el mayor editor en lengua catalana. Bajo su tutela el grupo ha potenciado la Fundación José Manuel Lara, con sede en Sevilla, que patrocina actividades culturales, la revista literaria Mercurio y la publicación de libros de poesía e historia de la cultura.

   Casado con Consuelo García Piriz en 1976, el editor era padre de Marta, José Manuel III, Angela y Pablo.

   Con Lara Bosch desaparece la figura más influyente y poderosa de la edición española en los últimos treinta años. Un modernizador valiente –y a veces discutido, pero con un bagaje lleno de aciertos- que dio solidez y envergadura a nuestra industria cultural.

 

*Tomo la foto de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-7b79f2c4a7cd56430b8674c3c129e433.jpg

 

4 POEMAS DE VÍCTOR ANGULO

4 POEMAS DE VÍCTOR ANGULO

VÍCTOR ANGULO: CUATRO POEMAS DEL VATE SORIANO
[El pasado martes estuve en Tudela. Participé en un encuentro con alumnos en el Instituto Benjamín de Tudela y por la tarde ofrecí un recital en la Fundación Castel Ruiz ante una treintena de personas, más o menos. En la estancia en el Instituto me encontré con bastantes amigos: Patxi Abadía, Ana, Francisco de Ejulve, el fotógrafo Mario Gómez, etc... Y entre ellos -y me dejo a muchos; no querría olvidarme de José Javier Alfaro, escritor y encantador presentador ni de Javier Briongos ni de Manuel Motilva que estaba enfermo y no pudo venir...-, y entre ellos estaba el poeta soriano y profesor Víctor Angulo Las Heras, con quien colaboré hace años en un cuadernillo de 'Poesía en el campus', Víctor me regaló uno de sus últimos poemarios (ahora está a punto de salir uno nuevo: 'Son airadas las cigüeñas') y hoy ha tenido la amabilidad de enviarme cuatro poemas de 'Cierra despacio al salir'. Aquí están. Todas las fotos son de Fritz Henle (Dortmund, Alemania 1909 - Saint Croix, Virgin Islands, USA 1993), que viajó por España.]

 

CUATRO POEMAS DE VÍCTOR ANGULO

 

LOS PASOS DEL CARTERO

Cuando al alejarme pienso en las pequeñas ciudades del norte,
pienso:
aquiescencia.
Pienso: espacio.
Pienso en la luz que atraviesa la noche y que alumbra el rostro ignorado de las cosas,
y a menudo en los pabellones terminados en punta en busca de cualquier intento de ternura.
Me enfrento así al domingo que termina por si después nadie me espera.
Pienso en ciudades con dependientas que imponen respeto; que constatan, con asombro, mi edad.
Mi talla de pantalón.
El silencio que hay en las cajas del almacén y que aventuran detalles de perfección.
Me enfrento así al escuadrón de los barrenderos por la mañana.
A la hipocresía, a las parejas que se besan por los pasillos,
a tantos pliegues perdidos en los ascensores,
a las caricias regaladas con entusiasmo y desgarramiento, con la mirada hecha de horizontes y lontananzas,
como un extraño para ciudades con guía y sin cuartel, sombrías,
como las frases que se dibujan en sus torres tan sólo a intervalos, a capricho del viento.
Cuando tan duras son por aquí las escarchas y vuela el avefría.

 

A CEPILLO
No puedo creer que de nuevo me encuentre en la peluquería, que hayan pasado tres meses desde la última vez y que la peluquera (una gorda amable que siempre me cuenta la misma historia y acaba hablándome de la nieve aunque sea agosto) esté a punto de meterme las tijeras. Me pregunto si con todos hace lo mismo, si a todos les cuenta la misma película, si siempre las mujeres que hay allí tienen que hablar del ¡Hola! También de sus cosas, de cómo se va a llevar el pelo este otoño y cuáles son los productos mejores para que no se reseque ni se caiga. Con una media de 60, año arriba, han empezado a rendirle culto excéntrico al cuerpo, ahora que pueden, ahora que una peluquería no es tanto un sitio de reunión como un supermercado. Tienen todo tipo de cremas para la piel, mil productos para el cabello y no sé cuantas cosas más que me pierden. Una vía descubierta por el mercado de las franquicias, al igual que las tiendas de ropa, los bares, aunque sean vascos y una contradicción, pues en todos cuecen las mismas habas y a veces, cuando no les quedan, ponen pochas. Por eso no me gustan estos sitios. Porque allí las manos de las peluqueras no irradian una ternura comprensiva ni dejan unos pelos más largos que otros. Cuando al fin ha acabado, no parezco el mismo; casi otro. A veces, según la postura, muy distinto, sin embargo.

 

AFIRMACIÓN DE CONFIANZA


Puedo y no quiero evitar los ojos de Imre Kertész,
su punto preciso de observación que se hiciera añoranza de matriz en otro tiempo,
aunque a veces no alcance a comprender el sentido último de su mirada,
su ademán,
o esa sonrisa contenida, oblicua, como de sospecha.
Como el cuerpo de esos niños que se ovillan con gestos felinos ante el sufrimiento o el frío.
Como si ya intuyeran,
por ejemplo,
que el dolor no les abandonará nunca,
ni siquiera un instante.
Que les habitará sin ensombrecerles,
incluso cuando en apariencia dé a la melancolía solamente un fundamento;
incluso cuando les parezca presentir que cada cual llora a su modo el tiempo que pasa,
que los ojos han de tener la melancólica contemplación de lo acostumbrado,
sabedores de su indiferencia hacia con la primavera y el verano,
aunque los retoños de los robles, lo quiera o no,
son una afirmación de confianza.
Rechazan el patetismo.

 

LA PRIMAVERA LO HACE TODO


Cuando no se te ocurra nada más que añadir, aíslate.
Camina por el monte.
Por las orillas de las pistas forestales.
Piensa en Adam Zagajewski, en Richard Ford.
Piensa en Nordbrandt cuando nieve sobre las copas de los árboles.
Dirán que perdiste el rumbo,
pero sabes que no has venido a vencer el hastío incurable que derrama la costumbre.
Piensa en Roberto Bolaño. Mira el retrato de Houellebecq.
El de Amis, más joven, elegantemente vestido.
Prolonga el paseo toda la tarde hasta que la noche se eche como tirada a cordel.
Piensa en Andrei Makine.
Observa los tejados llenos de melancolía.
Las tejas apretadas cual celdillas de colmena. La luz resbalando gris y adversativa.
Verás que hace tiempo que todo ha dejado de ser como al principio.
Hace tiempo que tu opacidad es tu silencio.
El silencio no es lo peor. Las palabras gratuitas son más terribles.
Hay que cruzarlas. Hay que acometer la tarea de cruzarlas. Hay que desengañarse.
Piensa si no en Juan Rulfo.
Observa si no el temprano cada día que te ofrece la primavera.
Las magarzas sobre los ribazos. El adusto cardo floreciendo malva.
Y finalmente, el ababol en supervivencia.

 

EL QUIJOTE Y ARAGÓN: ALCALÁ, PEDROLA, SANSUEÑA, PASAMONTE...

Cervantes, el Quijote y Aragón

El Aragón que inmortalizó Cervantes

Se cumplen 400 años de la publicación de la II parte de la obra maestra de Cervantes, que tiene muchos escenarios y vínculos aragoneses: el Ebro, Pedrola, Alcalá de Ebro, Sansueña o Jerónimo de Pasamonte

Antón CASTRO

El Quijote está envuelto en enigmas. Una de las preguntas que, tantos años después, seguimos haciéndonos es: ¿estuvo Miguel de Cervantes (1547-1616) alguna vez en Zaragoza o en Aragón? No se sabe con certeza, aunque se dice a menudo que en el invierno de 1568, cuando huía de Madrid tras agredir a un hombre, pernoctó en el palacio de los duques de Villahermosa, gobernado entonces por Martín de Aragón y Gurrea, aficionado a la poesía y a las bellas artes. Cervantes, con poco más de veinte años, según esa hipótesis, acompañaba al cardenal Giulio Acquaviva, que iba camino de Roma. Luego su vida le llevaría por muchos otros lugares y acabaría, convertido en superviviente manco más que en héroe, en la batalla de Lepanto, en 1571, y de recluso en Argel.

Nos detenemos un instante en Lepanto para recordar otra conexión aragonesa: allí coincidió con el soldado Jerónimo de Pasamonte, que había nacido en Ibdes (Zaragoza) en 1553, al que luego criticará en la primera parte del Quijote (1605). Este, que redactó su autobiografía, se vengaría con la redacción del ‘Quijote apócrifo’, firmado por Alonso Fernández de Avellaneda y publicado en 1614, un año antes de la aparición de la segunda parte del Quijote en 1615, en la imprenta de Juan de la Cuesta. Quería tomarle la delantera del éxito. ¿Son Avellaneda y Pasamonte la misma persona? Para Martín de Riquer, y algunos más, sí: anunció la teoría en 1969 y la concretó en 1988 en el volumen ‘Cervantes, Passamonte y Avellaneda’ (Sirmio). Este es otro de los misterios cervantinos: ha hecho correr ríos de tinta. Y sigue haciéndolo.

Hace no demasiado tiempo, Antonio Sánchez Portero, estudioso bilbilitano, publicó un libro -‘Cervantes y Liñán de Riaza. El autor del otro Quijote atribuido a Avellaneda’- donde afirma que el toledano Pedro Liñán de Riaza, afincado en Calatayud, sería la máscara real de Avellaneda, quien, a la postre, también sería decisivo en la redacción de la continuación de la novela. Cervantes le hace decir a su héroe que, tras haber leído ese volumen, “no pondré los pies en Zaragoza y así sacaré a la plaza del mundo la mentira dese historiador moderno”. Aunque no ponga los pies en Zaragoza, Sansueña en el libro, es la ciudad más citada y está muy cerca de algunos de los lugares donde ocurren episodios centrales de la segunda parte: la ribera del Ebro, el palacio de Buenavía de los duques de Villahermosa, el caserón donde ejercerá Sancho Panzo de gobernador (en una magistral burla que se vuelve contra los burladores) y la Ínsula Barataria.

Pellicer y Alcalá de Ebro

Los estudiosos, historiadores y filólogos, han puesto nomenclatura exacta allí donde Cervantes solo sugiere o enmascara deliberadamente. El palacio de los duques estaría en Pedrola y la Ínsula Barataria, citada por primera vez en el capítulo XXV y escenario protagonista a partir del XLV, sería Alcalá de Ebro. Martín de Riquer, en una de sus ediciones del Quijote, advierte en el capítulo XXX: “Téngase en cuenta, no obstante, que no hay identificación total entre los duques de la novela y los históricos de Luna, pues Cervantes ni menciona jamás su título ni da el nombre de la residencia en donde viven”. Otro tanto cabría decir a propósito de Alcalá de Ebro.

¿Cómo surgió entonces esa identificación? La formuló en 1797 el erudito Juan Antonio Pellicer (Encinacorba, Zaragoza, 1738-Madrid, 1806); en ese año publicó una biografía del autor y editó, en cinco tomos, el libro para Antonio de Sancha. La audacia -que tenía su fundamento por la proximidad, por los meandros que dejaba el río y por el número de habitantes- tuvo fortuna y son muchos los estudiosos que se han abonado a esa idea, entre ellos, por citar un ejemplo, el cervantista Luis Astrana Marín, experto y traductor de otro escritor bajo sospecha: William Shakespeare. En el capítulo XLV, Sancho Panza toma posesión de su ínsula. Allí se dice: “Digo, pues, que con todo su acompañamiento llegó Sancho a un lugar de hasta mil vecinos, que era de los mejores que el duque tenía. Diéronle a entender que se llamaba la ínsula Barataria, o ya porque el lugar se llamaba Baratario, o ya por el barato con que se le había dado el gobierno. Al llegar a las puertas de la villa, que era cercada, salió el regimiento del pueblo a servirle; tocaron las campanas, y todos los vecinos dieron muestra de general alegría, y con mucha pompa le llevaron a la iglesia mayor a dar gracias a Dios, y luego con algunas ridículas ceremonias le entregaron las llaves del pueblo y le admitieron por perpetuo gobernador de la ínsula Barataria”. A partir de este instante, Sancho empieza a juzgar con admirable sensatez como si fuera el rey Salomón.

Alcalá de Ebro asumió pronto, con la habitual timidez aragonesa, su condición de espacio de la imaginación universal. Le dedicó una calle a Miguel de Cervantes, ha colocado diversas placas y leyendas en el edificio del ayuntamiento, y ha instalado a orillas del río una escultura, verdosa, de un Sancho meditabundo, con una inscripción cervantina, que realizó el ya fallecido escultor Carlos Pérez de Albéniz. Hace poco tiempo, a la escultura se le ha construido una especie de protección o navío para que no se deteriore con las crecidas y las inundaciones, tal como explica el fotógrafo y estudioso de la Ribera Alta José Ignacio Iguarbe.

Ahora, el solitario Sancho encara la curva del Ebro y lo mira de frente: al fin y al cabo, en su corriente y en su ribera, vivió algunas aventuras. La más fascinante y peligrosa fue la del barco hechizado. En este caso, la padeció en compañía de su señor Don Quijote: este vio una barca de pescadores del río y la confundió con un barco encantado. “¿Qué diablos de ciudad, fortaleza o castillo dice vuesa merced, señor? –dijo Sancho- ¿No echa a ver que aquéllas son aceñas que están en el río, donde se muele el trigo?” Se subieron al bote y le cortaron las amarras con la ribera. “Calla, Sancho –dijo don Quijote-; que aunque parecen aceñas, no lo son; y ya te he dicho que todas las cosas trastruecan y mudan su ser natural los encantos”. La frase es casi una poética general del Quijote. Lo que sucedió luego es un episodio de horror inicial y de locura.

Cerca de Alcalá de Ebro, pero no a las dos horas que dijo Cervantes, está Pedrola. En el centro de la población, pero alejado del cauce del río, se sitúa el palacio desde el cual los duques urdían sus burlas y trapacerías, que Cervantes define con el término “busilis”. Allí suceden algunas cosas: la más impresionante es la del caballo Clavileño, que tiene el atributo de volar y de poder llegar al reino de Candaya, donde hay un mágico ungüento que permitiría acabar con las barbas de tres mujeres que le imploran ayuda a Don Quijote. Si se va por tierra, le indican, “hay cinco mil leguas, dos más o menos; pero si se va por el aire y por línea recta, hay tres mil y doscientas y veinte y siete”. La candidez del Caballero de la Triste Figura daba para todo. También le dicen que si algún día viniera un caballero libertador, el famoso mago Malambruno le mandaría “una cabalgadura harto mejor”, que es, ni más ni menos, que “Clavileño el Alígero, cuyo nombre conviene con el ser de leño, y con la clavija que trae en la frente, y con la ligereza con que camina; y así, en cuanto al nombre, bien puede competir con el famoso Rocinante”. La aventura de Clavileño y la dueña Dolorida es desternillante y es “una de las más famosas del Quijote” y “desarrolla paródicamente un tema propio de novelas medievales”, según escribió Martín de Riquer.

Aragón no ha creído mucho en su patrimonio cultural jamás. No sorprende que no exista una ruta cervantina: esa es una asignatura pendiente y se fantasea con aprobarla con nota en cada efemérides. También ahora. Y quizá el año que viene que se cumplirán cuatro siglos de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, el amigo misterioso de Aragón.

 

Tronchón. El famoso queso de Tronchón, Teruel, aparece citados dos veces en la II parte de ‘Don Quijote de la Mancha’. En el capítulo LII se dice: “y más un queso que Teresa le dio, por ser muy bueno, que se aventajaba a los de Tronchón”. Y en LXVI se lee: “aquí llevo una calabaza lleno de lo caro, con no sé cuántas rajitas de queso de Tronchón, que servirán de llamativo y despertador de la sed, si acaso está durmiendo”.

Maese Pedro. En varios capítulos de la II parte se cuenta la historia del titiritero Maese Pedro. En el capítulo XXVI se dice: “Vuelvan vuestras mercedes a aquella torre que allí parece, que se presupone que es una de las torres del alcázar de Zaragoza, que ahora llaman la Aljafería”.

Joaquín Ibarra. El impresor zaragozano es uno de los grandes personajes de la ilustración. Ibarra (Zaragoza, 1725-Madrid, 1785) realizó, por encargo de la Real Academia Española, una primorosa edición del Quijote en 1780 (la empezó en 1777) en cuatro volúmenes, con tipos nuevos y con 33 ilustraciones. La encargó Grimaldi, el secretario de Carlos III. Se recuperó en edición facsímil hace una década por el Gobierno de Aragón. Es una joya admirada no solo en España sino en Europa.

Javier Blasco. El catedrático zaragozano de la Universidad de Valladolid sostiene que el autor del Quijote apócrifo es Baltasar de Navarrete. Ha escrito: “Los documentos que hoy conocemos sitúan a fray Baltasar Navarrete (teólogo y maestro en Artes, catedrático de la Universidad de Valladolid, próximo al círculo del duque de Lerma, autor vergonzante de La pícara Justina) en el centro del escenario en que madura el Quijote apócrifo, libro que, como ocurría con La Pícara Justina, también escuda en el seudónimo su presentación en sociedad”.

Otros. El aragonés Alberto Blecua, con Andrés Pozo, realizó la edición del IV centenario de la novela, en un único volumen, para el sello Espasa. Aurora Egido, Juan Antonio Frago, Alfonso Zapater, Manuel Serrano o Isaías Moragas, entre otros, le han dedicado monografías y estudios. Y Antonio Pérez Lasheras firmó ‘Sin poner los pies en Zaragoza (algo más sobre el Quijote y Aragón)’ ( Rolde de Estudios Aragoneses, Zaragoza, 2009), donde además explica el verso “o en las montañas de Jaca”, que aparece en el capítulo XLIV, como expresión casi arquetípica del frío y las cumbres.

 

*Un grabado de Doré alusivo a la Ínsula Barataria.

 

FERNANDO AÍNSA: PROSAS

FERNANDO AÍNSA: PROSAS

FERNANDO AÍNSA: PROSAS Y FÁBULAS DESDE EL OTRO LADO
Fernando Valls, profesor y crítico literario, es un gran admirador de la obra de Fernando Aínsa (Palma de Mallorca, 1937) desde hace años. Seguía sus trabajos sobre investigación literaria, que le condujeron a sus obras de creación; algunas de ellas las seleccionó para sus antologías de microrrelatos. Fernando, en el sello Pregunta de David Francisco y Reyes Guillén, publica ‘Desde el otro lado. Prosas concisas’, un libro de ficción, de metaficción, de aforismos y cuentos y microcuentos, que se abre con un extenso y esclarecedor prólogo de Valls. Analiza la vida y la obra de Fernando Aínsa, recuerda su condición de escritor nómada, sus años en Uruguay o París, su condición de ‘hijo de la guerra’ y su variada trayectoria. Recuerda por ejemplo que se retira en Oliete, donde ha plantado 150 árboles, o cuánto le fascinó un libro como ‘Las trampas de Onetti’. Y analiza las cuatro secciones del libro y recomienda algunos textos, de diferente extensión, cargadas de ingenio, talento literario y de segundas intenciones.

SENSACIÓN
Siento últimamente que la muerte se empeña en sacarme los calcetines.

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Siempre fue un aficionado al cine y socio fundador del Cine Club de su ciudad. Cuando perdió la memoria recuperó la ilusión: veía todas las películas como si fueran estrenos.

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Sigo asombrándome de que Octavio Paz pudiera haber dicho: “Déjenme solo, que soy muchos”.

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Leído en una lápida de un cementerio francés: “¿Por qué buscáis entre los muertos a uno que es inmortal?”.

*Panorama con nieve de la casa de Fernando Aínsa en Oliete.