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Antón Castro

FRANCISCO FUERTES, MUSEO DE TERUEL

FRANCISCO FUERTES, MUSEO DE TERUEL

El artista de Singra realizó una valiosa y personal obra pictórica, escultórica y fotográfica de más de 500 piezas. El próximo martes, 17, en el Museo de Teruel, se inaugura una exposición dedicada a este artista turolense. 

 

 

Vida y arte de Francisco Fuertes

 

Francisco Fuertes (Singra, Teruel, 1946-1994) no es exactamente un desconocido, aunque su vida y su obra sigan envueltas en el misterio. Su hermana Manuela ha creado una especie de desván-galería en su casa donde están sus obras, más de 500 piezas de las disciplinas en las que se sintió cómodo: la fotografía, el dibujo, la pintura al óleo y la escultura. Todo está ordenado y cuidado y define a un creador que pasó del constructivismo inicial y quizá de un cierto surrealismo a un paisaje más abstracto y matérico, “seguramente identificable con los paisajes de su infancia”, según afirma el profesor y crítico de arte Ernesto Utrillas. Sus últimas obras al óleo eran un paisaje cada vez más depurado, casi obsesivo, de un colorido sobrio pero no exento de energía o de intensidad.

Francisco Fuertes, descendiente de una humilde familia vinculada al campo, sintió desde muy pronto la llamada del arte: le atraían los lápices, los colores, el deseo de darle salida a un mundo interior que siempre sería peculiar. A Fuertes no le gustaban las faenas agrícolas, pero sí la naturaleza, las noches de luna, el silencio de las eras, la arboleda, la cordillera de montañas que veía desde su casa. Hacia 1964 ya estaba en Zaragoza intentando dar rienda suelta a sus sueños. Se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios en dibujo primero y luego en pintura. Allí, entre otros, coincidió con un futuro pintor algo más joven que él: José Manuel Broto. Y también con Eduardo Laborda e Iris Lázaro. Compartían la experiencia de la pintura de caballete. Pronto empezaría a realizar sus primeros óleos. Fue discípulo de Virgilio Albiac y en algunos momentos de su carrera parece haber un asimilado su manera de proceder: en alguno de sus cuadros se le ve un gran interés por aquella pintura de pueblos y paisajes de carácter constructivo, próxima también a la obra de Juan Manuel Díaz Caneja o Benjamín Palencia.

Pronto participará en exposiciones: primero colectivas, en el Casino Mercantil, y luego se presentará con su primera individual en la sala Bayeu compuesta por temas clásicos: el bodegón, el paisaje urbano de diversos rincones de Zaragoza y una selección de piezas de diversos pueblos de Aragón: Alquézar, Albarracín o Muel. En su casa estaban un poco inquietos con su futuro. Su madre parecía protegerle un poco más, pero su padre le sugería que se buscase un oficio de mayor porvenir. Por eso, tal como relata su hermana Manuela, desde 1964, también alternó sus estudios de arte con el aprendizaje del oficio de tornero en el Centro Sindical de Formación Profesional Acelerada; obtuvo el título en 1967. A la par crecía como artista: ganó algunos premios, recibió algunas ayudas y participó en colectivas en Francia, en compañía de pintores como el citado Virgilio Albiac y Ángel Aransay, entre otros.

Toda esta actividad, en buena parte, se vio mitigada por su ingreso en el servicio militar. Al regresar, su existencia iba a cambiar radicalmente: se trasladaría a Barcelona y allí ampliaría sus estudios: se especializará en policromía y retablo, haría nuevos cursos de pintura, y hacia 1975 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge, donde obtuvo el título de profesor de dibujo, que le permitió impartir clases en Escuelas Pías de Sarria, entre 1983 a 1987. La experiencia no le dejó buen sabor de boca: solía decir que “los chicos eran tan repelentes como sus padres. A mi hermano le apasionaba la madera: la decoración de muebles, la ebanistería, la policromía, etc.”. Eso se verá en sus trabajos escultóricos, que elaboraba mediante planos y cilindros con un leve aire de construcción cinética. En 1988, dijo: “Estas piezas son muy grandes, son de madera, una vez construidas en yeso, de forma que consigan una cierta textura, las plateo con plata fina, después las quemo con un corrosivo, les doy goma laca y las patino, de esta manera queda un acabado muy agradable, pues parece metal”.

Francisco Fuertes era más bien reservado, hablaba poco y sentía mucho, y tenía mucha creatividad. Siempre tenía detalles con los suyos. Cuando regresaba a casa se dejaba ver poco. Ernesto Utrillas ha visto con mucha atención su obra –que ha expuesto en Monreal del Campo- y destaca dos colecciones muy distintas de fotografías: una de gente de la calle, mendigos, desharrapados, solitarios; a su cámara le había desviado el objetivo: parecía mirar hacia un sitio y captaba otro para no violentar a nadie. Y también hay otras fotos de movimientos. Él mismo revelaba y confeccionaba sus propios álbumes.

En su producción es muy importante la presencia del dibujo, que registra dos líneas nítidas: las rocas y los árboles. Utilizaba todo tipo de técnicas (lápiz, carboncillo, grafito), y lograba una sensación de volumen esencial, casi escultórico. Árboles y rocas formaban parte de los paisajes de la memoria, eran símbolos que lo vinculaban a un espacio.

Otro profesor y artista como José Prieto ha definido así su pintura: “Fuertes, en sus lienzos, no pretendía describir lo anecdótico, o lo particular, sino quedarse con la esencia. Le interesaba, el ritmo de los caminos, los surcos, los senderos, los límites de los sembrados y los perfiles de las montañas, que en su obra cobran una gran importancia, definen la imagen e imponen, a su pintura, una estructura cada vez más abstracta. En ocasiones, el horizonte aparece en la parte superior del cuadro, convirtiendo el lienzo en el campo de batalla de las masas cromáticas, que luchan en esta superficie, sin la oposición de ningún elemento figurativo”· La obra acusa en ocasiones rasgos impresionistas, aunque pronto vemos que está inscrita en otra estética más próxima a la ‘Escuela de Vallecas’ y a la ‘Escuela de Madrid’.

Hubo un instante en que su vocación artística era tan incontestable, recuerdan su hermana Manuela y el profesor Ernesto Utrillas, que decidió centrarse solo en su obra. Cada vez le gustaba más la labor de taller. Eligió la libertad, trabajaba de camarero los fines de semanas para disponer del resto del tiempo. Y así lo hizo, con auténtico fervor, hasta que una dolencia de riñón, quizá mal atendida, acabó con su existencia a los 48 años.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

 

El árbol y la intimidad. En 1988 Francisco Fuertes fue objeto de una entrevista que no se publicó y que ha rescatado la familia y el Centro de Estudios del Jiloca. Dijo entonces: “Me gustan los árboles. Y con bastante frecuencia hago dibujos sobre árboles que no existen en la realidad. (...) cuando han pasado unos días y miro aquellos dibujos, me hacen ver con una gran claridad sentimientos que en un momento dado han existido en mí interior”.

 

Ausencia del hombre. El ser humano no aparece en su obra. Esta sería la razón: “Si yo me encontrara a gusto en la sociedad que me toca vivir, pues, posiblemente, pondría a alguno de sus miembros en mis cuadros. Pero, como detesto esta sociedad, mis cuadros se convierten en un espacio donde no entra el hombre, sino el espíritu”.

 

*Este artículo apareció hace dos veranos en Heraldo de Aragón, en mi sección 'Rituales de sol'.

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL HABLARÁ DE 'GENEALOGÍAS DE LA MIRADA'

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL HABLARÁ DE 'GENEALOGÍAS DE LA MIRADA'

 

AGUSTÍN SANCHEZ VIDAL HABLARÁ DE 'GENEALOGÍAS DE LA MIRADA'
Genealogías de la Mirada por Agustín Sánchez Vidal. Este ciclo de tres conferencias organizado por la Universidad de Zaragoza los días 23, 24 y 27 de febrero, correrán a cargo de Agustín Sánchez Vidal, escritor, guionista y catedrático emérito de Cine y otros medios audiovisuales. 
Inicialmente, se trata de un encargo del Museo del Prado, que ha sido impartido en esta institución dentro de las actividades de la Fundación de Amigos de dicho Museo, con extensiones a otras ciudades, como Barcelona y Vigo. El ciclo que ahora se propone en Zaragoza se enmarca en la edición anual de Vida en Ficciones. Los relatos en la era audiovisual, que coordina la profesora Amparo Martínez Herranz y trata de ahondar en el modo en que las narraciones se articulan a través de las imágenes, tanto en el pasado como las que ahora mismo se ensayan.
A lo largo de sus tres sesiones se abordará la construcción de algunos de los códigos que rigen nuestra mirada. Se trata de un camino de ida y vuelta, que vincula el clasicismo griego con el manierismo o el barroco, pero que más tarde se infiltra en las cámaras oscuras y en todo tipo de artefactos ópticos, hasta llegar a nuestros días y mantenerse con todo vigor en nuestras calles y plazas, en el cine, en los televisores o en los dispositivos digitales que manejamos a diario.
Se propone, por tanto, un acercamiento desde ángulos muy diversos (artísticos, literarios, tecnológicos, arquitectónicos…) a las relaciones entre instancias como la Pintura y el Cine. Pero no tanto en sus aspectos accesorios y anecdóticos cuanto en los estructurales. Es decir, el modo en que han organizado los flujos de imágenes a lo largo de la historia, desde la tradición artística más canónica hasta las creaciones de vanguardia, las diversas pantallas, la encriptación de las anamorfosis u otras imágenes secretas o los diseños urbanísticos más atrevidos.

-Primera conferencia (23 de febrero), dedicada a las Fisuras de la Perspectiva: anamorfosis e imágenes ambiguas, en la que se trazará un recorrido por la historia de las experiencias, investigaciones y sugerencias propiciadas por la imagen anamórfica. Un procedimiento que explotaba los márgenes de la perspectiva canónica para colar de rondón imágenes secretas que a menudo sirvieron como propaganda subversiva o para difundir imágenes poco respetables, como las eróticas. Y ello desde las primeras especulaciones científicas trazadas en el clasicismo griego, pasando por las invocaciones literarias y artísticas del Renacimiento o el Barroco, hasta llegar a las formulaciones más estrictamente contemporáneas, cultas o populares. Hoy las anamorfosis inundan nuestras plazas, explorando los fenómenos de la percepción desde ámbitos tan variados como la arquitectura, el cine o la publicidad.
-Segunda conferencia (24 de febrero). Un mundo nuevo. El siglo XVIII se planteó de forma sistemática una alternativa a la pintura de caballete, sacando a la calle imágenes intermediadas mediante lentes e iluminaciones muy elaboradas. Se analizará este fenómeno partiendo de la pintura del Museo del Prado de Giandomenico Tiepolo titulada Un mundo nuevo, donde se representa el entretenimiento popular así denominado, en el que ya estaban contenidos dos elementos básicos que con el tiempo pasarán al Cine: la banda de imagen y la banda sonora. Así es como se establecerán los mecanismos que han venido utilizando los narradores para contar sus historias, desde los charlatanes de feria al Kinetoscopio de Edison, hasta llegar al cinematógrafo.
-Tercera conferencia (27 de febrero). Panoramas: el ojo global. Los panoramas fueron pinturas circulares que comenzaron compitiendo con los espectáculos ópticos, hasta alcanzar dimensiones enormes que los convirtieron en el máximo entretenimiento del siglo XIX, el dinosaurio de los Mass Media. Estos formatos dejaron su huella en la arquitectura de hierro y los pasajes comerciales, en los museos, en los géneros costumbristas o en la pintura de historia, haciendo crecer la imagen en extensión y ambiciones. Dichos cuadros, a su vez, sirvieron de referente e inspiración al cine, cuando las películas pudieron ampliar las dimensiones de su encuadre, gracias a los formatos de pantalla como la Polyvision, Cinemascope, Cinerama, Vistavisión o Panavisión.

 

 

NACHO ESCUÍN: DOS POEMAS

NACHO ESCUÍN: DOS POEMAS

DOS POEMAS DE NACHO ESCUÍN DE ‘HUIR VERANO’

Isla de Siltolá publicaba recientemente el último poemario de Nacho Escuín Borao (Teruel, 1981), profesor, animador cultural y editor de la Universidad de San Jorge y uno de los coordinadores de proyectos como Los lunes del Principal y de Los Jueves Poesía, en el Centro Cultural de Las Armas. Copió aquí dos de sus poemas de ‘Huir verano’ (La Isla de Siltolá. Colección Tierra).

 

XIX

Fui joven en una época dorada,

y en las tardes tristes preparaba chocolate

me decía “esto no es grave, no pasa nada,

el tiempo lo curará todo o esto también pasará”.

No hay manera de decirle al alma no,

no te acepto, no te aprecio, no te quiero.

No es hacer imposible lo posible,

morder las alas del viento para que cese.

No, no hay, ni habrá.

 

XXXII

 

Solo está el hombre en su agujero,

tan solo como la luz de un faro,

o tan solo como aquel que antes vivía en él.

Solo está el hombre ante la inmensidad,

solo, y sin embargo qué ocupado

y feliz, a veces.

 

 

*La foto es de Lewis W. Hine.

PEDRO M. DOMENE ESCRIBE DE 'LA LEYENDA DE LA CIUDAD SUMERGIDA'

[Pedro M. Domene, un estupendo crítico literario en diversos medios, publica esta generosa nota sobre 'La leyenda de la ciudad sumergida', con ilustraciones de Javi Hernández, aparecido en el sello Nalvay, donde se había publicado también 'Él niño, el viento y el miedo'. El libro se presenta mañana, a las 19.00, en el colegio Pedro I de Barbastro.]


La leyenda de la ciudad sumergida, Antón Castro

Ediciones Nalvay, Huesca, 2014. 118 pp. 13,95 € 

Pedro M. Domene 

Los gallegos, dicho con enorme respeto y cariño, creen en leyendas, misterios y supersticiones, quizá porque Galicia, tierra mágica y ancestral, mantiene en su literatura aun hoy en día el mundo de las fábulas y de los mitos, fruto por otra parte de la imaginación popular y de la exclusiva dedicación de sus escritores. Y, también, por eso, por las páginas de sus libros desfilan meigas y mouras, trasgos, peregrinos y la Santa Compaña, y en igual proporción héroes y villanos, demonios y espectros; historias y leyendas que se contaban a la luz del fuego, cuando ya el sol se escondía y comenzaba a reinar la noche, y es así como se han transmitido de generación en generación.
Antón Castro es gallego, de Arteijo, La Coruña (1959), y comparte imaginación y pluma conÁlvaro Cunqueiro y Wenceslao Fernández Flórez, porque sus libros más fantásticos se pueblan de lugares mágicos, con seres extraordinarios, animales que hablan y finales felices. Autor de cuentos y novelas, su dedicación al mundo de la literatura infantil y juvenil le han llevado a publicar, Jorge y las sirenas (2009), que se describe como un cuento sobre el poder de la imaginación, el amor a las sirenas y a los libros, El niño, el viento y el miedo (2013), en cuyas páginas se cuentan historias cotidianas y de asombro que suceden a cualquier hora del día, pero sobre todo a partir de la medianoche cuando los paisanos se reúnen en torno al fuego, y hablan de ahogados, del mal de ojo, de mujeres que ven al demonio, de los primeros viajes o de esos lugares donde todo puede ocurrir; todo ante la atenta mirada de un niño de ocho años que recibe una armónica de Montevideo, acaso el primer regalo de su vida; y ahora La leyenda de la ciudad sumergida (2014), la historia de una búsqueda, la que obligará al niño Esteban a salir de su pueblo, Baladouro, amenazado de quedar sepultado por la lluvia como otras tantas ciudades de las que le han hablado, y seguir las huellas hasta encontrar el Nubeiro y conseguir convencerlo de que cese la lluvia en su amada villa. Esteban está bendecido desde el mismo día de su nacimiento, cuando el ciego Cidre le anuncia a Sabela Camelle que su hijo, a medida que pasen los días, se volverá un poco brujo, y cuando le corten el pelo y lo echen en una tinaja se convertirá en oro; además, el viejo Cidre le entrega un libro rojo con letras invisibles y asegura que solo él podrá leerlo, y cuando lo aprenda de memoria será capaz de arreglar las mayores catástrofes, curar heridas y vivir las aventuras más increíbles. En realidad, Esteban inicia un viaje de ida y vuelta, aunque apenas sabe que la solución estará allí mismo, en una cueva cercana, más cerca de lo que nunca llegó a pensar. Pero Antón Castro establece un auténtico laberinto y una curiosa geografía a lo largo de sus páginas que el niño deberá recorrer hasta que llegue a su destino, caminos, bosques, bibliotecas, personas que descifran enigmas, que enredan la historia y la salpican de leyendas y misterios y el curioso encuentro con García Buño da Listera, un sabio y campesino de Vilarnovo, que le proporciona la solución al protagonista a través de sus múltiples conocimientos y lecturas.
El estilo literario de Antón Castro se impregna de lirismo, de cierto sosiego y de mucha nostalgia, acaricia las palabras en sus textos, recrea personajes, les asigna curiosos y llamativos nombres y muestra una extraordinaria sensibilidad ante la belleza de los entornos naturales de su tierra que guarda en la memoria, y con su enorme corazón recrea en la lejanía, y así convierte sus historias en amenas lecturas que despiertan nuestra imaginación. En un apéndice final, se publica un “Bestiario de Baladouro”, dibujado en blanco y negro, por Javi Hernández, quien ya se había ocupado de las ilustraciones de El niño, el viento y el miedo (2013), y observamos como recrea con sus lápices las cualidades de cada uno de los seres o quizá el retrato imaginado, en muchos casos, de niños, perros, gatos o meigas, y esta es una manera de comprender el sentido último del libro.
*Este texto del escritor y profesor almeriense Pedro M. Domene se publica en el blog 'La tormenta en un vaso'. El enlace es
http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es/2015/02/la-leyenda-de-la-ciudad-sumergida-anton.html

 

ALEJANDRO CORRAL: UN DIÁLOGO

ALEJANDRO CORRAL: UN DIÁLOGO

LITERATURA. ALEJANDRO CORRAL. Nacido en Zaragoza en 1989, debuta en la narrativa con ‘El cielo de Nueva York’ (Minotauro), una historia híbrida de enfermos mentales, ladrones, empresarios, industrias farmacéuticas, empresas corruptas y pasiones oscuras. El libro se presentaba ayer, en el Hotel Palafox, ante mñas de trescientas de personas. En primera fila estaban sus padres, emocionados y nerviosos; Alejandro dedica la novela a su madre María José. Esta es el acta de varias conversaciones entre ayer y hoy.

 

 “CUENTO UNA HISTORIA DE AUTODESTRUCCIÓN Y EUFORIA”

 

-¿En qué medida la escritura era una actividad secreta para usted?

Escribí la novela en total clandestinidad. Cuando terminé el texto se lo envié a mi padre diciéndole que era de un amigo mío. No quería condicionar su opinión, pero quería saberla. Cuando me dijo que era "publicable" la envié a la editorial Planeta, sin dar mi nombre. Una vez que decidieron editarla, descubrí mi identidad

-¿Cómo nació este libro? ¿De qué imágenes, de qué pesadillas, de qué intuiciones?

Lo primero que imaginé fue el final; la parte en que Hank Williams, el protagonista y narrador, acepta su enfermedad. A partir de ahí surgió el resto. He organizado la novela siguiendo los cinco estados del duelo.

-¿Qué quería escribir: una novela sobre las enfermedades mentales, el mundo empresarial, el mundo de la droga y el crimen organizado?

Justo lo que he pretendido ha sido mezclar todos esos mundos a través de un único hilo conductor (en este caso los diferentes personajes). Lo que quería era entrelazar varios géneros literarios como la novela negra, de intriga, novela psicológica y de ciencia ficción (en lo tocante a los universos paralelos) en un único volumen.

Es cierto: con la alucinación, los desdoblamientos, se acerca mucho a la ciencia ficción.

Mi intención ha sido que los personajes, todo ellos, pudieran parecer reales (aunque llevados al límite en su personalidad, claro). El tema de la alucinación lo achaco únicamente a que ésa es exactamente la enfermedad de Hank. En este caso, para mí, la parte de ciencia ficción dentro de la novela sería lo relativo a los universos paralelos. Mi personaje central es un hombre escindido: su historia oscila entre la euforia y la autodestrucción y, a la vez, practica una forma especial de filantropía, de entrega a los demás.

¿Por qué ha llevado la novela a Nueva York y Manhattan?

He estado de paso en Nueva York, no demasiado tiempo pero sí lo suficiente para empaparme de su ambiente. En última instancia, creo que las características, la esencia, el ambiente de los personajes que imaginé buscaron a Nueva York antes de que Nueva York buscara a los personajes.

Muchos de los personajes, en el arranque del libro, se integran en un psiquiátrico, en el Grupo 5... ¿Cómo surge y de qué anomalía o perturbación parte?

En un principio el Grupo 5 surgió únicamente para rodear a Hank en el psiquiátrico. Conforme transcurría el relato me percaté de que podía sacarle más partido a esos personajes.

¿Quería crear un personaje protagonista tan complejo, falto de escrúpulos, al menos en apariencia, borde en ocasiones, inclinado a la autodestrucción como Hank Williams?

Ésa era exactamente mi intención inicial para el personaje principal, Hank Williams. Su amigo Jeremy Lewis, internado también en el psiquiátrico y en ese Grupo 5, se encargaba de completarlo con todo lo demás.

Quizá el personaje más fascinante, por su encanto, sea la violinista Gabriella...

Desde mi punto de vista, intenté crear en Gabriella a la típica persona encantadora que en ocasiones no tiene demasiada suerte en la vida no porque sus decisiones sean erróneas, sino porque lo son las de todos los demás.

Jeremy Lewis encarna el mal. Al menos de entrada o en apariencia. ¿Podrá liberarse alguna vez Hank Williams de él?

Nunca. Hank y Jeremy sólo comenzarán a tener una cierta “amistad” cuando el primero al fin entienda que el lugar que le corresponde es el psiquiátrico, es entonces cuando Jeremy (su enfermedad mental) le dice que está orgulloso de que haya regresado al lugar del que no debe, ni puede, salir.

¿Cómo ha logrado manejar tantas acciones, historias y personajes?

La idea inicial era haber creado incluso más. Pero me pareció excesivo. Creo que hay muchas historias y acciones.

¿Quiénes son los escritores que te han interesado o que te interesan?

Tengo dos autores predilectos. No obstante, tan sólo tengo 25 años, de modo que posicionarme sobre un escritor sería un error. Todavía me quedo mucho por leer, aprender, valorar...

¿Cómo vive la publicación y la campaña publicitaria de Planeta / Minotauro?

Creo que el término más adecuado sería “con cautela”, pero principalmente agradecido a la editorial por confiar, no concretamente en mí, sino en alguien joven.

*Tomo la foto de aquí: 

http://zaragozabuenasnoticias.com/wp-content/uploads/2015/02/380210_439613582731412_793136980_n-300x298.jpg

'EL CIELO DE NUEVA YORK' DE A. CORRAL

'EL CIELO DE NUEVA YORK' DE A. CORRAL

[Esta tarde, a las 20.00, en el hotel Palafox acompañaré a Alejandro Corral (Zaragoza, 1989) en la presentación de su primera novela: ‘El cielo de Nueva York’, donde cuenta la historia de Hank Williams, un economista con una compleja personalidad; es un tipo inteligente, muy observador, que logra crear una gran empresa, formar una familia estable con Lisa, pero poco a poco todo se le viene abajo: lo pierde todo y tiene que ser ingresado en un psiquiátrico, bajo la tutela del doctor Litterman. Allí se encuentra con personajes que se integran en el Grupo 5. Uno de ellos es Jeremy Lewis; otro es la bella violinista Gabriella Orlini... Copio aquí un fragmento del inicio del libro, que ha publicado el sello Minotauro. Alejandro dice que la suya quiere ser una novela fronteriza: novela negra, de intriga, novela psicológica y de ciencia ficción. ]

 

FRAGMENTO

Me sorprendió esa información, aunque no me extrañó. Jeremy Lewis entró en la institución poco después de que yo lograra estabilizarme. Y aunque nunca pude enterarme de lo que había ocurrido para que Jeremy acabara allí, sabía que su cerebro enfermo estaba recuperando la normalidad a pasos agigantados. Sus descorazonadas y perturbadas teorías sobre el mundo nada tenían que ver con su demencia, sino con su personalidad.

            -Me alegra oír que dispondré de la ‘suite’ únicamente para mí –contesté-. Creo que Jeremy se recuperé hace ya unas semanas. Continúa perorando sobre sus maquiavélicas teorías cada noche en la celda. Es su identidad, pero ha recobrado el juicio. ¿Qué día se marcha?

            -Sois amigos; supongo que él mismo te lo dirá –responde el doctor-. Y yo te diré, Hank, que el mejor momento de mi trabajo es aquel en el que un paciente abandona la convalecencia y se reinserta en la sociedad. Jeremy se va, y espero que tú también puedas lograrlo pronto.

*La foto es de Berenice Abbott.

MELÉNDEZ, HERNÁNDEZ, VELA, MIRCALA

MELÉNDEZ, HERNÁNDEZ, VELA, MIRCALA

 

Cuentos de domingo / Antón Castro

 
VIDAS ILUSTRADAS*
 
Esta capital del cierzo siempre ha sido una ciudad de cómic, de viñetas y de espléndida ilustración, como demuestra Eduardo Laborda en un impresionante libro en el que está trabajando. El jueves en el Centro de Historias –que es nuestro bosquejo de La Casa Encendida madrileña, como soñaba el inolvidable Félix Romeo, el gran enamorado de Zaragoza- se abría una exposición de Francisco Ibáñez y se recordaba que por ahí, en 2104, pasaron más de 130.000 personas. Ibáñez es un axioma: gusta a casi todos. En la Biblioteca de Aragón, el viernes se decía cuánto había deslumbrado aquí, en Estados Unidos y en Japón Francisco Meléndez, Premio Nacional de Ilustración en 1986, varios galardones en Bolonia y un estupendo escritor en libros como ‘El verdadero inventor del buque submarino’ o ‘Leopold. La conquista del aire’. Un día decidió dejarlo casi todo: ahora trabaja en la portería del seminario de San Carlos y de vigilante en el cementerio de Torrero y, a la vez, colabora con niños, a los que les enseña a pintar y a escribir. Quizá Javi Hernández, el autor de ‘Haberlas haylas’ o ‘El secreto de Jacinto’, sepa quién es Meléndez: a veces se parecen en el suave manejo de los verdes. Hernández, nieto de aragonés del Pirineo emigrado a Rosario, expone en la Biblioteca, que celebra su primer cuarto de siglo. Algo más arriba, en la galería Itxaso, que intenta renovarse para no morir, colaboran dos grandes artistas: el madrileño Jack Mircala, un maestro del cutter, de la tijera y de las mujeres góticas y románticas, y el aragonés David Vela, un dibujante con un gran sentido del humor, experto en bestiarios, que ha ilustrado a Ramón Gómez de la Serna. La alianza es magnífica: su exposición estuvo muy concurrida y probó algo muy interesante: esta es una ciudad de muchos públicos. Y ayer Daniel Viñuales y José Antonio Ávila presentaban ‘Tierra negra’ (GP ediciones), en homenaje a los mineros de las cuencas turolenses, en concreto a los de Utrillas. Han hecho un cómic riguroso y amable que recoge el riesgo, el drama, la fraternidad y la vida en vilo de los picadores. Como se sabe, la mina siempre tenía un precio. 

 

*Este texto apareció ayer en mi sección de Cuentos de domingo.

**Se puede ampliar la información en el blog de David Vela, respecto a su exposición y a la de Mircala: http://davidblogcartoon.blogspot.com.es/2015/01/exposicion-en-la-nieve-tenebrosa-jack.html

DE 'BLITZ' DE DAVID TRUEBA

DE 'BLITZ' DE DAVID TRUEBA

Algunas veces, en entrevistas o en la trastienda de las tertulias, David Trueba (Madrid, 1969) se ha definido como un joven viejo. Siempre le ha atraído el material más sensible de la existencia y ha sabido absorberlo con ternura y con humor, con ingenio y con una constante carga de profundidad que huye de la afectación o de la sensiblería. David Trueba es un ciudadano de muchos talentos: para la literatura, para la televisión, para el cine o para el periodismo; sus columnas en la sección de televisión de ‘El País’ son ejercicios de sensatez, de equilibrio en la mezcla y de venablo crítico, despojado de ira o de resentimiento. Posee mirada, intuye lo complejo y lo menudo, y sabe contarlo, y lo hace con elocuencia y conocimiento de los seres humanos en sus ficciones, aparecidas en Anagrama: ‘Abierto toda la noche’, una espléndida novela familiar, ‘Cuatro amigos’, un viaje en torno a la amistad y la camaradería, y ‘Saber perder’, su peculiar mirada al mundo del fútbol y de la psicología de algunos jugadores, del tipo Saviola o Aymar, pongamos por caso.  

Su nuevo libro, ‘Blitz’ podría definirse como una novela de la crisis. De la crisis económica y del desconcierto social, de la crisis de identidad, tan insondable, y de la crisis de pareja. Dice el narrador y protagonista, el arquitecto Beto Sanz que acude a un congreso de Múnich con su novia y colaboradora Marta: «La crisis nos había acostumbrado a todos a una precariedad algo ridícula, en la que aceptábamos encargos bochornosos y salarios infrahumanos para sentirnos partícipes aún del sistema, para no descolgarnos hacia la mendicidad».

Reflexiona luego, tras la ruptura: «Marta es también la luz de mis días, la fuerza para sostenerme en actividad y pelear por los proyectos cuando ya nadie los solicitaba. Marta era la expresión de mi suerte y con ella al lado me sentía invencible y afortunado». Al amor, ya se sabe, lo decía Pedro Salinas, es en los adioses o en la resistencia a separarse cuando se le siente «desnudo, altísimo, temblando».

‘Blitz’ es también una novela de búsqueda y de un azaroso encuentro. Donde menos se espera, más allá de lo convencional o de cualquier prejuicio, salta la liebre. La liebre aquí es el amor disparejo y es, en cierto modo, un reencuentro con la dignidad y la autoestima. Lo ideal, sin duda, sería acercarse a esta novela sin saber nada de ella. La liebre aquí es ese fogonazo de claridad que ilumina y modula experiencias nuevas. La acción deriva hacia la perplejidad y un sinfín de reflexiones, acompasadas por metáforas e imágenes y situaciones que alcanzan una categoría simbólica, como los jardines zen, el reloj de arena o esas lágrimas que acosan una y otra vez al protagonista. Al fin y al cabo el amor es un estado de ánimo vulnerable. Dice Beto (o acaso David): «El amor es siempre infantil, ¿no? ¿Y qué? Seguro que la primera persona que cortó una flor y se la regaló a alguien se portó como un estúpido romántico. Para ser un romántico estúpido hay que ser valiente».

Beto Sanz es, de entrada, un tanto patético, tragicómico, alguien que se estrella en las piedras de la costa. Y quizá sea un fracasado que se engaña a sí mismo. Un náufrago en todos los sentidos, incluso el profesional. Se comporta como un cínico. Dice de su proyecto: «Mi propuesta era juguetona, casi frívola, más emocional que científica». Se flagela. O eso dice. A la vez es un perfecto valiente. Y de esto trata este libro: de un joven de treinta años que, sin muchas convicciones de partida, se atreve a dar un paso hacia adelante porque sospecha que ha hallado un tesoro, algo o alguien que le exige una prueba, un acto sincero, una afirmación. De ese envite, tan bellamente delineado con una escritura segura, vivaz y humorística, sale mejorado y renovado. Sale ennoblecido.

En los libros de David Trueba siempre suceden cosas. Y hay personajes muy trabajados, cómplices o antagonistas. En el grupo de los adversarios, por decirlo así, estaría Álex Ripollés, que sí seduce al jurado de Múnich con su propuesta; entre los cómplices, estarían Carlos, Anabel (esa lesbiana de la segunda parte de la novela, un mensuario, que seduce a muchachas jóvenes y luego las abandona con la indolencia y el cansancio de un hombre), las hermanas de Beto o Helga, la gran criatura femenina del libro, sin duda, una admirable, sólida y convincente creación literaria. Una mujer con biografía, con sensibilidad, con maletas repletas de plenitud y derrotas. Todo a la vez.

En ‘Blitz’ hay muchas otras cosas: la naturalidad con que aborda la existencia David Trueba, una visita a una exposición de Otto Dix y otra al estadio del Bayern de Múnich. Y está esa sabiduría contagiosa, que siempre anima a una sonrisa, del escritor acerca de la sociedad atribulada en que vivimos, de la vida en pareja y del sexo («si tú no te haces pajas, ¿no?», le dijo un día Marta a Beto), del aprendizaje de la decepción. Es una novela infrecuente sobre las oportunidades que nos da una y otra vez el destino o la casualidad. Ya sea en un avión de vuelta a casa o en un paisaje de playa en Mallorca que nos perseguía y nos taladraba el corazón y no lo sabíamos del todo.

David Trueba ha escrito un libro personalísimo (hay dibujos, planos y fotos), a contracorriente, ameno e intenso, que se alimenta de coraje, de pasión por descubrir una y otra vez los pequeños secretos de la vida. Y en esa pugna halla el deslumbramiento. El fulgor de una verdad estremecida. El relámpago.

 

‘Blitz’. David Trueba. Anagrama. Barcelona, 2015. 166 páginas. (Este texto apareció ayer en 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón, con caricatura de Víctor Meneses).