Blogia

Antón Castro

GERARD DUFOUR PRESENTA LIBRO

GERARD DUFOUR PRESENTA LIBRO

[Este jueves, a las 19.30, en la sala Joaquín Costa del Paraninfo, Gerard Dufour, en diálogo con los historiadores Pedro Rújula e Ignacio Peiró, presentatá su libro ’Juan Antonio Llorente. El factótum del rey intruso’, que publican las PUZ.]

 

Gerard Dufour, Juan Antonio Llorente. El factótum del rey intruso, Prensas de la Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2014, colección Vidas, 295 pp.

 

SINOPSIS

Afrancesado de la primera hora, el canónigo de Toledo Juan Antonio Llorente fue el auténtico factótum de José I, a quien sirvió como consejero de Estado, director de Bienes Nacionales, experto en materia de política religiosa, miembro de la Comisión de Cortes, y sobre todo como propagandista con obras entre las cuales destacan sus primeros trabajos sobre la Inquisición. Al seguirle paso a paso desde el mes de mayo de 1808 hasta su exilio a Francia en julio de 1813, vemos cómo funcionaba la corte del Rey Intruso, y los altibajos morales de un hombre movido no solo por la ambición, sino también por el deseo de adaptar a España el modelo de la Francia napoleónica, y cuyo sueño acabó en tragedia.

 

Gérard DUFOUR

Gérard Dufour (París, 1943). Catedrático de civilización española en la Universidad de Aix-Marseille I de 1980 a 2005. Estudioso de la España de los reinados de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, se interesó (y sigue interesándose) esencialmente por las relaciones Iglesia/ Estado/ Sociedad, la Guerra de la Independencia y los medios de formación de la opinión pública (sermón y prensa). Es autor de 17 libros y de un centenar y medio de artículos. Destacan Juan Antonio Llorente en France (Ginebra, 1982); Clero y Sexto mandamiento: la confesión en la España del siglo XVIII (Valladolid, 1996) y Goya durante la Guerra de la Independencia (Madrid, 2008) así como sus ediciones de Cornelia Bororquia o la Víctima de la Inquisición (Alicante, 1987; Madrid, 2005) y Moïna o la Aldeana del Mont Cenis (Universidad de Alicante, 2008). Se jubiló en octubre de 2005, pero, como catedrático emérito, sigue formando parte de la Unidad Mixta de Investigación TELEMME, que asocia el CNRS con la Universidad de Aix-Marseille. Acaba de publica, en Prensas de la Universidad de Zaragoza, Juan Antonio Llorente: el factotum del rey intruso (2014) y saldrá también en breve una antología sobre la poesía antinapoleónica durante la Guerra de la Independencia: El Ogro corso.

*La obra es de Francisco de Goya.

'EL ARTISTA' DE JOAQUÍN CARBONELL

 

El Artista. Joaquín Carbonell
395 páginas      14 x 23 cms.
19,00 euros
Voces del Mercado



A comienzos de 1961 llega a Madrid Antonio Zaera, Antuan, un muchacho de Teruel que abandona una prometedora carrera como camarero en Sitges, empeñado en labrarse un hueco y un nombre como actor.

Antuan quiere ser artista de cine.

En Madrid va a rodarse Viridiana, la película que logró el regreso de Luis Buñuel a España, después de 25 años de ausencia, y que fue galardonada con la Palma de Oro en Cannes.

Con estos mimbres se confecciona El Artista, una novela vigorosa, ágil y dinámica, que nos transporta hasta la España de la postguerra, donde convivían dos sociedades desconectadas: una España herida, sumida en un presente rural, roñoso y grasiento, aterrada por las jerarquías caciquiles, y otra que miraba al exterior y aspiraba a la democracia y la cultura. Por esa España pasearon personajes como Ava Gardner y Frank Sinatra, Orson Welles y Hemingway; y unos cuantos jóvenes trataron de elaborar un cine para el futuro, con una mirada distinta.

El Artista es la historia de una vocación. De una obsesión. El relato de la trayectoria de Antonio Zaera, Antuan, colocado por el destino en medio del rodaje de Viridiana y al lado de personajes como Paco Rabal, Silvia Pinal, Fernando Rey o los hermanos Dominguín. En ese Madrid que comienza a mirar a Europa, y donde el régimen vigila con ojo filibustero cualquier desprecio al orden, la moral y la religión. Ese clima por el que discurre El Artista adquiere a menudo un tono surrealista, delirante,
propio de las películas de Berlanga, donde un anarquista furibundo hace negocios con un empresario, o un comunista, consentido por la dictadura, suele tomar café con un exministro amante de los toros. Antonio Zaera es testigo de ese Madrid alocado, ingenuo y a menudo provinciano, que convive con la España interior más cruda y aterrorizada. Una historia que ofrece un desenlace insospechado, sorprendente, de la mano de Joaquín Carbonell, un experimentado escritor, reconocido como cantautor y con una dilatada carrera como periodista.



            El 18 de mayo de 1961, la película Viridiana, de Luis Buñuel, conquistó en Cannes la Palma de Oro. El rodaje celebrado en Madrid supuso un cúmulo de asombrosas incidencias, que algunos tacharon de surrealistas. Como que el gerente de la productora (UNINCI), Domingo Dominguín, conocido comunista, fuera capaz de reunir en su casa, a la misma hora (pero en habitaciones distintas) a Jorge Semprún, líder del PCE en el exilio y a José Antonio Girón, exministro de Franco.

En medio de ese tumultuoso rodaje cayó Antonio Zaera, Antuan, un muchacho de Andorra (Teruel), nieto e hijo de mineros,  que estaba ejerciendo de camarero en Sitges, y al leer en La Vanguardia que Luis Buñuel iba a rodar en Madrid, se dijo que esa era su oportunidad de convertirse en artista de cine. Al fin y al cabo, Buñuel era de Calanda, un pueblo vecino del suyo. No podía fallar.

El Artista nos sumerge en el apasionante rodaje de Viridiana, y nos invita de paso a conocer el Madrid de aquella década de los 60, convulsionada por una sociedad que deseaba escapar de aquella jaula de prohibiciones, morales caducas, y persecuciones políticas. Todo vigilado por una Iglesia anclada en una enfermiza obsesión por el sexo.

Junto a esa España chata y amarga, bullía un Madrid de actores e intelectuales. Por allí circulaban tipos como Paco Rabal, Fernando F. Gómez, junto a diestros de ampulosa celebridad, como Luis Miguel Dominguín (padre del cantante Miguel Bosé), y extranjeros como Orson Welles, Hemingway,  Frank Sinatra, y la deslumbrante Ava Gardner, sumidos en una vorágine de fiestas y alcohol sin límite, que eran reflejadas por la plumilla despierta de jóvenes reporteros como Raúl del Pozo

El Artista es el retrato fiel de esa década, pero es también una novela de epifanía e iniciación. La que goza y padece Antonio Antuan, el protagonista, que se ve impulsado a crecer en un ambiente artístico y mundano, tan alejado del clima de contención y vigilancia que conocía en su pueblo. Amistades nacidas de la repulsa a la dictadura,  compañerismo, sexo desesperado, se unen a un desenlace inesperado que deja el lector sobresaltado, incrédulo ante ese final que rompe el curso de la novela que tiene en las manos.

El Artista plantea un dilema que pesa sobre las espaldas de este muchacho de Andorra: la carga de un destino que se ve infectado por las expectativas que su pueblo ha depositado en la carrera de este vocacional actor. Los hijos de localidades pequeñas, que han logrado escapar del agobiante clima de control, conocen esta palpitación. Antonio Zaera quiere ser el protagonista que su pueblo anhela, el “artista” local. Y para ello, no duda, a veces, en acomodar la realidad a sus propios sueños.



Joaquín Carbonell
Este turolense es reconocido como uno de los más destacados cantautores españoles. Ha publicado numerosos discos y ha visitado varios países con sus canciones. A la par ha desarrollado una extensa carrera como periodista (en El Día, El Periódico, y colaboraciones en radios y TV) y como escritor. En esta faceta destacan las biografías Pongamos que hablo de Joaquín. Una mirada personal sobre Sabina (Ediciones B) y Querido Labordeta (Ediciones B), con un notable éxito de crítica y ventas. Publicó también en Voces del Mercado cuatro libros de humor (junto a Roberto Miranda), que añadieron una mirada socarrona y desenfadada sobre Aragón (Proyecto de Estatuto de Aragón, plan B, Gran encicopledia de Aragón preta, Aragón a la brasa, y Aragón sin empalmes). Es autor de dos libros de temática juvenil, como Las estrellas no beben agua del grifo y Hola, soy Ángela y tengo un problema, así como un par de poemarios, Misas separadas y Laderas de ternero. Joaquín realizó de igual manera, junto a José M. Iranzo, documentales sobre El pastor de Andorra y José A. Labordeta. El Artista es su obra más ambiciosa, una novela con tintes de ensayo y documental, que gira alrededor del rodaje de la celebrada Viridiana de Luis Buñuel.
www.joaquincarbonell.com


OBRAS DE JOAQUIN CARBONELL

DISCOS
· 1 vida & 19 canciones (2014), doble CD recopilatorio.
· Una tarde con Labordeta (2013), junto a Eduardo Paz, grabado en directo en Teruel.
· Vayatrés! (2009), junto a José Antonio Labordeta y La Bullonera.
· Corazón de león (canción para el Real Zaragoza) 2008
· Clásica y moderna (2008)
· Cantautores en directo. El concierto! (2007)
· La tos del trompetista (2005)
· Sin móvil ni coartada (2003)
· Homenage à trois (2000)
· Tabaco y cariño (1998)
· Carbonell canta a Brassens (1996), con Joaquín Sabina y Quico Pi de la Serra.
· Sin ir más lejos (1979)
· Semillas (1978)
· Dejen pasar (1977)
· Con la ayuda de todos (1976)

OBRA LITERARIA
· Misas separadas (poemas, 1987)
· Apaga y vámonos (la televisión: guía de supervivencia, 1992)
· Laderas de ternero (poemas, 1994)
· La mejor tarde de Goyo Letrinas (novela, 1995)
· Las estrellas no beben agua del grifo (novela, 2000)
· Hola, soy Ángela y tengo un problema (novela)
· El Pastor de Andorra, 90 años de Jota (biografía de José Iranzo, 2005)
· Proyecto de Estatuto de Aragón, plan B, (con Roberto Miranda)
· Gran Encicopledia de Aragón Preta (con R. Miranda)
· Aragón a la brasa (con R. Miranda)
· Aragón sin empalmes (con R. Miranda)
· Pongamos que hablo de Joaquín (Una mirada personal sobre Joaquín Sabina, 2011)
· Querido Labordeta (ensayo sobre José Antonio Labordeta, 2012)

DOCUMENTALES
· José Iranzo, el Pastor de Andorra (2007)

________________________________________________

NGUYEN DU, POR RAFAEL LOBARTE

NGUYEN DU, POR RAFAEL LOBARTE

‘La historia de Kieu’ de Nguyen Du, es la obra maestra de la literatura vietnamita. Novela en verso de principios del siglo XIX, con una gran historia de amor como hilo conductor y numerosas aventuras, esta obra, hace tiempo traducida a otros idiomas, ha sido vertida por primera vez al español por el zaragozano, poeta y traductor, Rafael Lobarte. El libro, publicado por Hiperión, incluye el texto original. Rafael, traductor de Keats y Shelley, entre otros, tiene la amabilidad de enviarme este fragmento.

 

 

LA HISTORIA DE KIỀU 

 

CAPÍTULO V

…….

 

Húmedas las cortinas hasta la mitad de nieve, la luna iluminaba por completo la casa.

¿Pero qué paisaje, qué paisaje no aporta tristeza en tales casos? 

Si la persona está triste, ¿cómo o cuándo puede producir un paisaje alegría? 

Muchas veces hubo de recurrir a los trazos del dibujo, a las frases poéticas, 

a las notas del laúd bajo la luna, a partidas de ajedrez junto a las flores. 

Pero su alegría era una alegría forzada, tan sólo una pose,

pues ¿quién podía comprenderla como para hacerle sentir? 

Indiferente a los vientos que mueven los bambúes o a los albaricoqueros bajo la lluvia, 

se sentía melancólica ante los cientos de circunstancias, absorta en sí misma.

Innumerables pensamientos, próximos o remotos, ocupaban los pliegues de su corazón, 

que sin haber sido removidos, se enredaban, que sin haber sido golpeado, estaba herido. 

Recordaba las nueve cuitas, de caracteres gruesos y altos, que debía a sus padres. 

Para ellos, cada nuevo día se inclinaba un poco más hacia la sombra de las moreras. 

Separados de ella por un dificultoso camino, hondos ríos y distantes montañas, 

¿cómo hubieran podido imaginar que la suerte de su hija iba a ser esa?

En el patio de las sóforas, sus dos hermanos eran pequeños y carecían de experiencia,

¿quién iba pues a ayudarlos, a reemplazarla en la tarea de servir dulces a sus padres? 

Recordaba también las palabras, los juramentos que unen durante tres existencias: 

“¿Conocerá él, encontrándose tan lejos, mi situación? 

A su regreso habrá tenido que preguntar por el sauce de Chương,  

si  sus primaverales ramas que otros han roto, han pasado de mano en mano. 

A cambio de su profundo amor espero devolverle mi gratitud con creces.    

La otra flor, ¿habrá sido ya injertada en mi lugar en el árbol de mi amado?” 

 

Los nudos de seda de sus sentimientos se enredaban en los pliegues de sus entrañas.

Y mucho tiempo, al acostarse, soñó con su tierra en las largas guardias nocturnas. 

Tras las cortinas de seda transparente, se sentía sola en ese rincón del cielo. 

Al atardecer dorado de hoy, le sucedía el atardecer dorado del día siguiente, 

y a la luna de plata, un sol de oro. 

Kiều sentía también piedad por sus compañeras de entrañas rotas y se quejaba:

“Pues se os ha otorgado el que toméis el título de muchachas de mejillas color rosa, 

a cambio se os concede la ruina y la destrucción, 

porque una vez exiliadas en este mundo de vientos y polvo, 

sólo os queda la deshonra hasta el final”.

 

CAPÍTULO VI

 

Entre los clientes que buscaban placer había uno 

cuyo nombre era Kỳ Tâm y su apellido Thúc, linaje de letrados. 

Procedente de la subprefectura de Tích, en la provincia de Thường, 

había acompañado a su padre cuando este abrió un puesto comercial en Lâm Truy, 

donde se sintió atraído por la reputación de Kiều, elegida Reina de las Flores. 

Y envió una carta color rosa que pudo adentrarse en la habitación perfumada.

 

Tras la cortina de listas conoció a esa flor de melocotonero 

y, tras sentir pasión por sus maneras, enamorose de sus rasgos: 

la sonrosada y lozana camelia surgía de un tallo vigoroso. 

Y durante esos días primaverales, cuanto más viento, más lluvia, más se embriagaban. 

Y un fuerte  afecto brotó entre esa luna y esas flores, entre esas flores y esa luna, 

pues en las noches de primavera no es fácil contener al corazón, es imposible. 

Por lo demás, nada hay de asombroso en esta simpatía mutua, es algo corriente;

un lazo tan bien atado que nadie puede tirar de él y romperlo. 

Por la mañana se ofrece un melocotón, por la tarde una ciruela y la relación surge. 

Al principio era un amor de luna y viento, pero después fue de piedra y oro. 

 

Y de improviso se produjo una ocasión feliz y extraordinaria, 

pues precisamente entonces, el padre hubo de regresar a su país de origen 

y el muchacho sintió cómo, ya despierta, se decuplicaba su pasión. 

En esos días de primavera incrementó el número de sus visitas a esa otra primavera. 

Unas veces subían a tomar el aire, otras salían a contemplar la luna al patio 

o vertían en una copa el vino de los Inmortales o encadenaban líricos versos; 

aspiraban el perfume del incienso por la mañana y compartían el té por la tarde. 

También jugaban al go apuntando las partidas o tocaban las cuerdas del laúd, 

ambos totalmente absortos en los juegos del placer. 

Y cuanto más se fueron conociendo los caracteres, tanto más se fortalecía su pasión. 

 

Extraordinaria es la ola que la seducción produce. 

Derriba los palacios e inclina las casas como si se tratase de un simple juego. 

El joven Thúc tenía la costumbre de gastar a puñados las monedas, 

despilfarraba cientos y miles sin darle importancia en cada arrebato de alegría. 

La vieja entonces adornaba aún más el verdor de Kiều, se cuidaba más del rosa, 

pues, de carácter codicioso, enloquecía como husmease dinero.

 

Bajo la luna, la gallina de agua ya llamaba al estío 

y en las esquinas de los muros florecía el flamígero granado. 

En su habitación de seda, Kiều solazándose una parte del día, 

1.310.- tras las cortinas rosas, bañaba en agua de orquídeas las flores de su cuerpo: 

de un color tan transparente como el jade y tan blanco como el marfil, 

era, en verdad, un monumento palpable y presto erigido por la Naturaleza. 

Respecto al muchacho, cuanto más descubría sus cualidades, más la admiraba. 

Tales sentimientos le llevaron a escribir en cursiva un poema con la métrica Tang.

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES: POEMAS

La poeta Ana Pérez Cañamares acaba de publicar, en el sello Lupercalia, el poemario ‘Economía de guerra’. Dentro de algunos días lo presentará en Zaragoza en La Pantera Rossa y ofrecerá un recital con Inma Luna en La Casa de Zitas. Me envía algunos de los poemas.

 

 

 

‘ECONOMÍA DE GUERRA’ DE ANA PÉREZ CAÑAMARES

 

Emigro a un país del interior

(del interior de mí misma).

He invitado a la vida

a venir conmigo; el mundo

se ha quedado fuera.

*

Emigro porque se hace difícil

seguir admirando ruinas. Macetas

que ya no dejan ver el bosque.

Emigro porque no soporto que se celebre

o ignore o rife la muerte.

Porque la estupidez y la maldad

se mudaron a mi bloque

y eran hermanas gemelas

y ya no las distinguía.

 

Emigro porque dentro de mí

aún quedan diez centímetros cúbicos

de arena virgen.

Corre, ven, la puerta va a cerrarse.

En la fiesta de inauguración vamos a llorar

por todos los que no ya no bailan.

Me he tragado toda la música.

Varias especies protegidas

anidan en mi estómago.

 

Tú eres una de ellas.

 

*

 

Qué hago si me muere la curiosidad;

ella, por la que he muerto yo

más de siete veces, y cada vez

me abrió un ojo, me dijo arriba

y me guió hasta la siguiente

aventura mortal.

 

Qué hago si se me muere

en plena niñez; ella muerta

y joven; yo vieja para siempre.

Si se me vacían los nombres

de los países, si todo

me huele a humo y me sabe

a leche rancia; y no ando

por las calles preguntándome

cómo se verá el cielo

desde cada ventana.

 

Qué hago si se me muere

la curiosidad; dónde la entierro.

Qué haré el resto de mi vida

sin preguntarme por el olor

y el nombre de las flores

que crezcan en su tumba.

 

 *

 

Hay un lugar entre la impotencia

                               y el heroísmo.

 

Entre el pozo y la cera derretida

                 por la cercanía del sol.

 

Entre el desengaño y la otra mejilla.

 

Hay un lugar. Cada día lo bautizo

                              con mi nombre.

 

 

 

(Todos los poemas de Economía de guerra, Editorial Lupercalia)

VIDA Y OBRA DE NATIVIDAD ZARO

VIDA Y OBRA DE NATIVIDAD ZARO

La mujer que quiso ser Don Juan

 

RITUALES DE SOL. Parecía que el cine durante años solo había sido cosa de hombres. Nada más lejos: Esta mujer que vivió en Madrid, en Berlín y Roma, es casi es el perfecto desmentido. Fue actriz, guionista, productora...

 

 

ANTÓN CASTRO

La primera vez que oí hablar de Natividad Zaro Casanova quizá fuera en una visita, poco antes de morir, de José Antonio Nieves Conde a Zaragoza. Se proyectó su película ‘Surcos’ en Ibercaja, un intento de hacer neorrealismo, o cine de denuncia social, “revolucionario”, en el franquismo. Entonces, no se habló mucho de ella, pero poco después, Javier Hernández y Pablo Pérez cerraban con ella su ‘Diccionario de aragoneses en el cine y el vídeo’ (Mira, 1994), y José Luis Borau también la citaba en su ‘Diccionario del cine español’. Casi a la par, esa mujer –actriz, escritora de teatro, guionista de cine e incluso productora de Atenea Films, durante una década, entre 1951 y 1961, más o menos- se convertiría en una obsesión del inolvidable Félix Romeo. Buscaba sus ediciones, rastros de sus piezas teatrales, carteles; si alguien iba de vacaciones o a un viaje literario al Cervantes, por ejemplo, le pedía que preguntase por ella. Natividad Zaro, en el fondo, era un misterio: había que seguir su rastro minuciosamente, desempolvar archivos y periódicos, escarbar en las librerías de viejo. Félix le dedicó un artículo y dejó en sus cuadernos algunas notas. Poco después del fallecimiento del autor de ‘Amarillo’ el 7 de octubre de 2011, el profesor de literatura e investigador turolense Juan Villalba ha completado su biografía en la ya desaparecida revista turolense de cine, ‘Cabiria’.

La propia Natividad Zaro dijo que había nacido en 1909 y no en 1905 como se había creído siempre. Villalba y Romeo dicen que nació en Borja y no en Daroca. Murió en 1978, al siguiente de haber sido atropellada por un coche. Apenas se sabe nada de su infancia y juventud. En Madrid estudiaría Filosofía y Letras durante cuatro cursos. En los años veinte, jovencísima aún, frecuentaría las tertulias literarias en distintos cafés, entre ellos La Granja del Henar, donde coincidiría con Luis Buñuel, con Lorca y algunos poetas de la Generación del 27 y con la exigencia de Valle-Inclán, que realizaba una especie de examen de personalidad, talento e ingenio a cualquier intruso: allí no se aceptaba a cualquiera. Pronto se inclinaría hacia el teatro. En realidad, se dio a conocer como rapsoda. Juan Villalba constata que la descubrió el escritor y periodista César González-Ruano, que elogió su belleza y su espléndida dicción. “Si es declamación, es declamación nueva. Lo que importa es esta voz, que acciona, y estas manos, que dicen; esos ojos de aguas de mar, donde asoma la vida hecha poesía”, dijo.  A partir de entonces, actuaba en distintas salas, como el Círculo de Bellas Artes, y a veces contó entre los espectadores a otro maestro como Ramón Gómez de la Serna. Al cabo de un tiempo, la oyó declamar Cipriano Rivas Cheriff, cuñado de Azaña y un gran hombre de teatro, y formaron un dúo, que se centró sobre todo en funciones dedicadas al teatro contemporáneo. En 1929 vivirá un momento muy especial: el 1 de noviembre representa el ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla, pero no hace el papel de Inés, sino el del gran seductor. Aquella transgresión dio mucho que hablar: Natividad fue objeto de entrevistas y reportajes, casi tuvo que justificarse: dijo que Don Juan le parecía “un tipo anormal, sexualmente pervertido y equívoco”, pero que como drama era muy interesante. Siguió haciendo cosas: participó en ‘Pinocho’ de Carlo Collodi y montó varias obras de Benavente.  

A principios de los 30 –y la fecha tampoco resulta demasiado precisa: Juan Manuel Bonet tampoco la concreta en ‘Diccionario de las vanguardias en España’ (Alianza, 1995)- apareció en su vida el poeta y periodista Eugenio Montes, con quien se casó y con quien no tardaría en viajar por distintas ciudades de Europa: Montes, que se declaraba “católico, apostólico y compostelano”, y también podría haberse definido falangista, fue nombrado corresponsal de ‘ABC’ en Berlín, Roma y tuvo una casa en Rapallo, donde vivía el poeta Ezra Pound y por donde aparecía de cuando en cuando el zaragozano Juan Ramón Masoliver, que fue secretario del poeta norteamericano. En ese período, Natividad Zaro aprovechó para estudiar arte, teatro y literatura. Y en la contienda ejerció de enfermera y de actriz, con Niní Montián y Rafael Rivelles, entre otros.

Ella escribía piezas de teatro. Representó algunas pero logró que una de ellas, adaptada, pasase al cine: ‘El hombre de tres espejos’ (1947), un texto donde se mezclaba la metafísica, el cine y el crimen, bajo la dirección de Ladislao Vajda, que será también el director de su segunda película: ‘Sin uniforme’, a la cual Juan Villalba compara en algunos aspectos y coincidencias con ‘Casablanca’ de Michael Curtiz. No hubo buenas críticas.

Su primera película importante fue ‘Surcos’, censurada por el régimen: una película así, rodada en 1951, fue importante. La idea fue suya y en el guión intervino también Torrente Ballester. La censura arremetió contra ella y se puso en guardia. Ese mismo año fundó la productora Atenea Films. En 1952 trabajará con su paisano Fernando Palacios en ‘El tirano de Toledo’,  y en 1957 intervendrá decisivamente en la idea y en el guión de ‘Amanecer en Puerta Oscura’ de José María Forqué, que es una película de subgénero que mezcla social y el western de bandoleros que se ve con gusto. Poco después regresaría a Roma y colaboró en varias películas del ‘peplum’ o de romanos como ‘La rebelión de los gladiadores’ (1958) o ‘Las legiones de Cleopatra’ (1959), entre otras. Su última película fue ‘El aventurero de la Rosa Roja’ (1968), que interpretó una jovencísima Raffaella Carrà. Aún le quedaban diez años de vida y parte de ellos los pasó en Madrid. En 1978 sintió que bajaba el telón.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

El retrato de Forqué. Diría José María Forqué: “A Natividad Zaro yo la llamaba la ‘Modesty Blaise española’, porque era muy emprendedora y se le ocurrían las cosas más insólitas. Me propuso una idea suya y que fue el esquema argumental de ‘Amanecer en Puerta Oscura’: acepté encantado y solicité que Alfonso Sastre, amigo de siempre y gran escritor, colaborase conmigo en el desarrollo de la historia”.

Entrevista. Declaró a HERALDO, tal como ha recogido Mariano García en ‘Tinta de hemeroteca’: “Comencé en ‘El Caracol’; en aquella combatida agrupación de nuevos luchadores, patrocinada por Rivas Cherif y bien orientada por Azorín y otros intelectuales, ávidos de introducir modernidad a nuestro teatro. El título de ‘Teatro de vanguardia’ asustó un poco a la gente, y bien sin razón fue… Se hacía arte puro”.

 

*Este retrato es de Ana Maorad, que lo incorpora a su nueva página web: www.anamaorad.com

 

GUINDA: 'CATEDRAL DE LA NOCHE'

GUINDA: 'CATEDRAL DE LA NOCHE'

ÁNGEL GUINDA: ’UN HOMBRE FELIZ’ Y ’CATEDRAL DE LA NOCHE’


Dentro de unos días, Ángel Guinda publica en Olifante su nuevo libro ’Catedral de la noche’, "después de 26 meses de trabajo (y de ellos los 7 últimos de revisiones constantes). La cubierta es amarilla porque en el fondo de mi Noche hay mucha luz, pese a todo". Del volumen, que lleva un epílogo de Manuele Masini, adelanto aquí estos dos poemas: ’Un hombre feliz’ y ’Catedral de la noche’.

UN HOMBRE FELIZ

Fue feliz compartiendo
los cantos y las risas,
la pobreza, el dolor.
Retozando en la escarcha,
comiendo y bien bebiendo.
Alegre a pleno sol,
solo en el descampado
o entre la muchedumbre.
Fue feliz de estar vivo
y afrontar las desgracias
ajenas como propias,
sereno o agitado;
liviano haciendo el muerto
sobre la piel del mar.
Fue feliz desterrado
de la realidad.
Feliz bajo la noche
coronada de lámparas,
en batallas de amor
que hacen temblar las sábanas.
Fue feliz derribando
murallones de lágrimas,
hablando con los astros,
escuchando a la muerte.
No descarta
ser feliz bajo tierra
mientras sigue la vida.

CATEDRAL DE LA NOCHE


¿No nos oriento? ¡Me llamamos Soy!
Sobrecogido por un claristorio
donde la boca del acatamiento es ciega,
la devoción se enrosca
al vapor alegórico de la iconografía.
Catedral de la Noche erigida a la ausencia.
Ya mi cabeza es un auditorio
con voces diferentes en diversos idiomas.
¿Suenan campanas o grutescos líquidos?
A veces se percibe el aura del Arquitecto,
del maestro de obras y de los albañiles.
A rostro descubierto
posan sin metralleta los apóstoles.
Rompe la orquesta de la oscuridad:
órganos encendidos del océano,
tenores del volcán, barítonos del trueno.
¿Piel o barniz? Lo probable en el rapto.
Alientos acuchillan las columnas.
Redoble incandescente de cerezos.
¡Esta locura de representación
es un embozo que arde embalsamado!
A veces se oye el sudor de los canteros.
¿Por qué mirar ahora que augurios me deslumbran
inflamados por vitrales borrosos
y un combustible rosetón magnético?
Esta noche con pórtico en el cénit
es un árbol de agua:
el asombro sacude sus brazos de cristal.
¡Débil Poder, infierno zoomorfo
con furor en las fauces de las uñas!
Fuegos fatuos de la estulticia
(papas, reyes, famosos, gobernantes, potentados)
como fachadas de polvo caerán.
¡Heroica fortaleza de los frágiles!
El poema ilumina los párpados celestes.
A veces me rodea un efluvio de óleos,
andrajos de mendigos, terror de hostigados
o las mortajas de los enterramientos.
¿Podré alcanzarte aquí, junco lejano y gótico,
blanca como morir?
El amor es sin remedio.
Globos sonda eran las palabras
del libro de nuestra vida que nos edificó.
Vibro traspuesto de olor a incienso y cera
sin que nada me escuche, sin que me hable nadie.
¿Por qué no suenan ya los carillones?
A veces se abren llagas de mártires asaeteados.
El cuerpo es una pira desmembrándose.
¡A la soledad no concierne el clamor!
Pero la duda persiste, llamarada en el mar.
De mármol son las alas del deseo cautivo,
escoplos que se quiebran
contra el tul de un precario respirar.
Mampostería de la separación:
el tiempo es sin retorno,
el adiós no tiene tumba.
¡Clavo de luz hincado en la madera!
El Día y la Noche son también emigrantes.
Cortezón sobre horrores, moratones por los batacazos.
Brota el sufrimiento

donde el silencio se tapa los ojos para no gritar.

El paso de los años no cura del todo.
A veces se diría que cruza un alma en pena.
Los huesos cereales, el corazón de vino,
el ungüento de la transustanciación.
Ya no hablo otra lengua que no sea el silencio.
Con tinta de fuego escribo en la humedad,
con tiza de esputo corrijo en el resplandor.
Muerte en el hielo, en el aire, en la pólvora.
El cordero me protege tras su balido de lana.
Eres tú mi sepelio, viuda oculta del día,
sublevación del éxtasis dentro de cada hoguera
donde es azul la miel de las ciruelas.
En la honda transparencia interior ya me veo,
redención entre zócalos, frisos, ojivas, panteones.
¡No hay bastantes tempestades de tinieblas
para envolver el sol!

 

*La primera foto de Ángel Guinda es de José Miguel Marco. Las demás pertenecen a su archivo personal.

'EL ESPACIO MURAL' DE A. VALLESPÍN

AURELIO VALLESPÍN PRESENTA

HOY 'EL ESPACIO MURAL'


Hoy jueves 19 de febrero, a las 20 h. en la Sede de la Demarcación de Zaragoza del COAA (c/ San Voto, 7), tendrá lugar la presentación del libro escrito por el arquitecto Aurelio Vallespín “El espacio mural”. Este trabajo pretende estudiar, a través de la pintura mural y la arquitectura que la cobija, la relación entre el espacio y sus límites, como elementos esenciales para la comprensión de la arquitectura. Antón Castro acompañará al autor del libro. Aurelio Vallespín es arquitecto y pintor, es un gran conocedor de la obra de Mark Rothko y aquí estudia las vidrieras de la catedral de León, los murales de la Sant Joan de Boi, las pinturas de Goya en San Antonio de la Florida, a Le Corbusier, los murales de Monet en 'La Orangerie' o murales de Rothko

MUESTRA DE PATRICIO JULVE

MUESTRA DE PATRICIO JULVE

'LOS TRABAJOS Y LOS SUEÑOS' DE PATRICIO JULVE EN LA USJ


Hoy, a las 10.30, en el Espacio en Blanco de la Universidad de San Jorge, se exponen más de una veintena de fotos de Patricio Julve, fotógrafo del que se da noticia, en varios de mis libros de relatos, entre ellos en 'El testamento de amor de Patricio Julve' (Destino, 1995 y 2000; Xorcida, 2011). Fotos de paisajes, de cementerios, bodegones, de algunas mujeres (una de ellas le inspiró uno de sus reportajes), de campesinos, de gitanos... Hay algunas copias originales y otras preparadas para la muestra en copias contemporáneas...

La obra de Patricio Julve ha ido reapareciendo en otros libros como 'Golpes de mar' (Destino, 2006), 'Los seres imposibles' (Destino, 1998) o 'Fotografías veladas' (Xordica, 2009)... Miguel Mena habló de sus días de fotógrafo de la agencia Efe y Pimpi López Juderías lo trasladó a Nueva York en uno de sus cortometrajes. Y figura en el libro '25+8. 1977 / 2010. Collage de instantes vividos por la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza' de José Luis Vázquez Giummarra.