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Antón Castro

MODESTO CALVERA MORENO, ELEGÍA

MODESTO CALVERA MORENO, ELEGÍA

ADIÓS A MODESTO CALVERA MORENO, DE GARRAPINILLOS


Anteayer por la tarde, en el Hospital Clínico de Zaragoza, fallecía Modesto Calvera Moreno, padre de Samuel y Mario Calvera, jugadores del Garrapinillos (el historiador Samuel, admirador de Julián Casanova y Paul Preston y Josep Fontana, entre otros, lo dejó hace algún tiempo), y marido de Mercedes. Padecía cáncer, le habían amputado un brazo (y le adaptaron el coche; seguía cocinando y cazando) y durante meses y meses pensamos todos que se había recuperado; el primero, él mismo.

Le apasionaban la caza, el fútbol y los periódicos. La cocina. Y tomar un café en el bar Indalecio. Y conversar con los amigos. Siempre lo sabía casi todo. Le gustaba la televisión y estaba muy atento a las cosas de Aragón; sabía donde habías estado, si habías escrito de tal o cual cosa, etc. Fue un asiduo de los partidos del Garrapinillos; le encantaba comentar qué había pasado en la jornada, tanto del fútbol modesto, como de Primera División.

Empeoró en las últimas semanas y tuvieron que volver a darle sesiones de quimioterapia. Fue un ejemplo de entusiasmo, de tranquilidad, de combate silencioso. Desde aquí un inmenso abrazo a su familia, a sus amigos y a tantos que lo veían –lo veíamos- a menudo en el café. Formaba parte del paisaje de la recogida plaza de Garrapinillos: solía sentarse muy cerca del frontón, bajo los pinos y en frente de la iglesia de Ricardo Magdalena, que le despedirá mañana a las diez. Se ha ido demasiado pronto. Muy pronto. Con poco más de 50 años. Descanse en paz.


*Un cartón de Goya para Modesto en su despedida.

MILENA BUSQUETS: UN DIÁLOGO

Milena Busquets ha publicado uno de los libros de la temporada: 'También esto pasará' (Anagrama, 2015), que puede definirse de muchas maneras. Por ejemplo, como una carta de amor a la madre, Esther Tusquets. Hace unos días, en compañía de María Teresa Slanzi, conversamos y luego paseamos por Zaragoza. Estas son algunas notas de la entrevista que se publicó en Heraldo. 

"Mi madre fue una escuela de seducción estupenda"

¿En qué medida su novela es una autobiografía o una ficción, porque se crea un personaje? 

Es cierto que me creo otro personaje, quería mantener la distancia. Es un libro muy íntimo y por lo tanto, por mi propia salud mental, me parecía que lo mejor era mantener una cierta distancia...

Eso le permite fabular... 

Sí, claro. En muchos casos hay fabulación, ficción, y en cierto sentido es menos autobiográfico de lo que la gente piensa. Está claro que la parte de mi madre, Esther Tusquets, es autobiográfica, cuento las cosas como las recuerdo yo. No me he querido sujetar a la autobiografía, buscaba un territorio de absoluta libertad desde la lealtad máxima...

¿Qué quería contar?

Una historia de amor entre madre e hija.

¿De amor? Su relación con su madre era compleja: de amor y de desamor, ¿no?

Totalmente. Es una historia de amor de madre e hija. De amor y desamor. De amor y odio. Al principio y al final. Las grandes historias de amor son grandes historias de amor y odio, estoy convencida. El amor es el único terreno donde, al final y en el siglo XXI, tenemos absoluta libertad. Vivimos sin control o más descontrolados. Es un terreno salvaje, donde hay gente a la que amas y adoras y a veces la odias, la quieres matar. Si juegas al juego del amor y de la pasión acabas descubriendo el odio; forma parte de las reglas del juego.

Su madre y usted eran distintas: ella, por ejemplo, no tenía vocación de madre...

-Sí. Siempre lo decía, aunque luego reconocía que le habíamos dado muchas satisfacciones. Disfrutó conmigo y con mi hermano a partir de la adolescencia. Así como yo sabía, desde los cuatro años, que iba a ser madre, tenía una colección de muñecas, les daba clase, las vestía, les ponía notas y redactaba sus diarios, Esther fue madre a los 36 años, para aquella época era muy tarde. No entendía mi pasión por los niños. Nada. Le parecía un poco ridículo y a veces hasta me lo reprochaba: “¿No podías disimular un poco?”. Ja, ja, ja...

-A veces, a la luz de su libro, incluso podía ser un poco borde...

Mi madre era muy dura, muy seca, esta cosa simpática y dicharachera que puedo tener yo no lo tenía en absoluto, pero era leal, tenía un gran sentido del humor. Consideraba que no necesitaba ser simpática. Pensaba que una cierta dureza te hace más fuerte. Era muy exigente, difícil de satisfacer, sí. Era la persona más difícil de seducir que he conocido. Cualquier hombre, a su lado, es facilísimo, ja, ja, ja. Mi madre fue una escuela de seducción estupenda.

Ella le daba consejos sobre los hombres

Sí, sobre los hombres, sobre la vida, hay que disfrutar, decía. Me daba pocos consejos, no era de esas de dar la lata, pero me salvaba cada vez. Con una frase, tuviese el problema que tuviese, mi madre me salvaba, me devolvía a la tierra y ahora he tenido que aprender muchas cosas...

-¿También ha querido escribir un libro sobre el duelo?

- Me gusta mucho el de Joan Didion, ‘El año del pensamiento mágico’: Joan Didion es Dios. Cuando empecé a escribir no me planteé nada, hice el primer capítulo muy rápido, en quince minutos, en la mesa de la cocina comprada en Ikea, entre ruidos, con los niños viendo la tele. No podía parar. Me daba igual que fuese un churro o una obra maestra. De repente vi la historia muy clara, tuve un esquema muy pronto, capítulo a capítulo, y hubo un momento en que asimilé la redacción como un destino... Pero nunca pensé que era una novela sobre el duelo, sino una exaltación del amor a mi madre.

Desde luego.

Entre otras cosas porque para mí mi madre no está muerta. Sigue tan presente en mí, me gusta tanto oír hablar de ella, conocer nuevas anécdotas, redescubrirla, que madre sigue ahí, y no soy nada espiritualista. Y esto se nota en el libro. Soy una mujer muy física, directa, carnal, que busca el placer y los pequeños gozos de las cosas de cada día. El otro día me decía: “No es que piense en ella cada día, es que pienso en ella cada dos horas”. He llegado a Zaragoza y he pensado cuando estuve con mi madre en Zaragoza buscando desesperadamente pastel ruso. Está conmigo. Si nos llevases los recuerdos contigo, ¿qué sería la vida?

-Al final, dice, su madre empezaba a mentir. ¿Por qué?

Mi madre se daba cuenta de que había tenido muchísimas armas y que las estaba perdiendo poco a poco, como las perderemos todos, y en algunos casos la forma que utilizaba para asumir esta pérdida era la mentira, cambiar las cosas, no reconocerlas. No es que fuesen mentiras escandalosas o que nos perjudicasen, pero eran pequeñas cosas que nos extrañaban en una mujer tan auténtica.

En la novela desliza un autorretrato suya de buscadora, promiscua, parece saber mucho del amor...

Es un retrato de ficción. No sé. Algunos días sé mucho del amor y otros días no sé nada. El amor que vale la pena es aquel en el que pierdes los papeles; aquel que ya sabes cómo vas a manejarlo desde el principio no tiene gracia... La gracia para un cazador es cazar algo que nunca ha cazado. Tuve que seducir a una reina que era mi madre, difícil de seducir. La seducción es un juego importante...

Hablemos de sexo.

A mí no me parece que haya tanto sexo...Yo soy una persona física, sensual. Somos animales, seres físicos que necesitamos ser tocados. Y sí, como digo en el libro, el sexo a veces es el auténtico antídoto contra la muerte. La vida es efímera y hay que entregarse a ella sin límites. El sexo tiene una potencia, un poder, una conmoción, no me gusta nada cuando se banaliza.

¿Cómo mezclan el sexo y el amor?

Bien. El sexo no es solo sexo: es la aventura, la seducción, lo que puede pasar, es el mar, tan físico. En el fondo, este es un libro muy romántico. Vivir sin amor es lo más difícil del mundo; vivir sin la conciencia de que has sido amado de verdad es una tragedia absoluta. Todo ser humano merece haber sido apasionadamente querido, aunque tampoco es necesario tener amor en vena constantemente.

 

*La foto de Milena Busquets la tomo de aquí.

 

CULTURA REAL. ECOS DEL PARDO

CULTURA REAL. ECOS DEL PARDO

Cultura Real

 

[Crónica de la reciente concesión de los Premios Nacionales de Cultura de 2013 en el Palacio Real del Pardo. Los Reyes se mezclan con los galardonados, acompañantes e invitados: desde Luz y Amaya Arzuaga a Pepa Bueno, Carmen Alborch o María Teresa Campos...]

 

 

Cuando tengo que ir a un acto importante, me visitan dos pesadillas: apenas puedo dormir por la noche por temor a no llegar a tiempo y nunca tengo la seguridad de elegir el traje adecuado. Desde hace algunos años tengo un deseo: me gustaría hacerme un traje en Mazaleón, como hacen algunos amigos, Eloy Fernández Clemente o Vicente Martínez Tejero. Dicen que allí los ejecutan con primor y bien ajustados a proporciones disparejas. Mi mujer Carmen repasó la historia del Palacio Real del Pardo y me dijo: “Ya no habrá ni fantasmas. Hace 40 años, los Franco salieron de allí en coche y no volvieron jamás”.

Nada más llegar al Pardo, me encontré con el periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán, que tiene ese encanto personal que le permite acceder a las confidencias del monarca. A él el traje le sienta bien. A su lado, estaba José María Merino, escritor y académico, con un impecable traje negro; me pareció que encarnaba la elegancia sin afectación. Brillante, bien dibujada, tan perfecta como uno de sus microrrelatos. Con ellos estaba el músico Benet Casablancas: parece un profesional de la timidez, un compositor que posee la enfermedad de la nostalgia, aunque pronto supe que era, además, un gran especialista en el humor en la música clásica.

Todo estaba lleno de cuadros, mobiliario de época, inmensas alfombras y esos sofás y sillones donde uno podría echar una siesta oceánica. Nos habían separado a los premiados y a los acompañantes, y sabría luego que mi mujer necesitó un baño. May, bloguera y autora de libros de moda, hogar y autoayuda, le indicó uno y hacia él se dirigió; una camarera con cofia y traje claro la detuvo con amabilidad y una amplia sonrisa: “Este váter es el de los Reyes. El suyo está un poco más allá”. Casi a la vez, tras besar a una bellísima, delgada y alta Luz Casal, intenté hacer lo propio con Amaya Arzuaga, morena, estilizada y moderna. Vive y trabaja en Lerma, Burgos, crea y sueña allí y tiene la sensación de que así puede disfrutar de los lunes, los martes, los miércoles... Me pareció una hermosa manera de defender la vida en el campo y de exaltar la singularidad de todos los días de la semana.

El cóctel fue el instante más democrático de la fiesta. El menos protocolario. Todo se mezcla. Incluso los Reyes con el vulgo: miré un instante por el rabillo del ojo a Sergio Vila-Sanjuán y ya estaba conversando con Letizia, que lucía un traje estilizado, en blanco y negro, que recordaba a los Mondrian o Malevich más contenidos. Letizia debe ser muy perfeccionista y exigente consigo misma: en esa batalla interior, a veces parece rígida o, como diría Julio Cortázar, lejana. Yo le habría querido contar la historia de la taxista que me había llevado a El Pardo y que les había hecho, a los soberanos, un retrato al pastel “que me ha quedado bastante bien”. Quizá se lo contase, al final, Vila-Sanjuán (a quien se lo había contado yo antes), porque ya estaba conversando con Felipe VI con su equipo de ‘Culturas’: Isabel Melenchón, Carina y Mercvedes Farreras, Suso, un marino gallego en Barcelona.

A mi mujer, las chicas les pidieron que les hicieran una foto con el monarca: “¿Créeis que sabré manejar este móvil?”. Felipe VI reía y posó. Casi tanto como Carmen Alborch, que también sedujo a las periodistas de ‘La Vanguardia’: esta mujer que encarna el arte moderno y la sofisticación tranquila, entre pop y desenvuelta, siempre lleva atavíos, collares, complementos... Isabel y Carina quisieron saber algo de sus secretos de vestuario: ¿le costaba mucho vestirse, adornarse...? Alborch les dijo que no, se sacó uno de sus collares o diademas, o lo que fuera, y lo puso en el cuello de una de ellas con una de sus exuberantes sonrisas.

También andaban por allí Pepa Bueno, de la SER, casada en Huesca, y María Teresa Campos. Pepa dijo: “Parece que María Teresa haya hecho un pacto de eterna juventud con el diablo. Está maravillosa”. Luego habló de sí, contó que su hija, de quince años, estudia en Estados Unidos y que “vivo el síndrome del nido vacío”. Reveló que se levanta todos los días a las tres de la mañana. María Teresa es una mujer angelical: trabajé un año entero con ella y se lo recordé. Era una jefa cariñosa y atenta, de las que te hacen sentir importante. Me habló de Bigote Arrocet, su amor, y de una canción y de un baile reciente en televisión. “Me provocó mi hija y soy muy fiel a los míos, aunque a veces corras el riesgo de hacer el ridículo”. Está feliz. Casi tanto como mi mujer al cruzarse con Luz Casal: le da un beso y le dice: “Has estado genial en tu discurso. Y lo has leído de maravilla”. Luz es un milagro: su voz al natural suena irregular, entre metálica y sin ecualizar, y es un portento y un hechizo encerrada en una canción.

Cuando nos íbamos a ir, se me acercó Carmen Calvo, Premio Nacional de Bellas Artes, y me abrazó y me besó muy efusivamente. “Qué alegría cuando vi que te habían dado el premio de Periodismo Cultural. Con lo bien que me has tratado siempre”. Cometí un error de sinceridad: le dije que no era yo a quien conocía, sino a mi doble Xosé Antón Castro, el profesor, crítico e historiador del arte de Muxía (La Coruña), villa muy cerca a mi pueblo, Arteixo. “Es igual. Me alegro mucho de tu premio. Seguro que también tú habrás escrito bien de mí”. Busqué en vano a José María Merino para regalarle mi nuevo microrrelato. 

*Con levísimas diferencias, este texto apareció en Heraldo de Aragón, en el suplemento de sábado que coordina Ana Usieto.

'UN PARAGUAS': NOVELA DE WILL SELF

'UN PARAGUAS': NOVELA DE WILL SELF

WILL SELF: BAILANDO EN TU CABEZA

 

[Juanjo Blasco Panamá lee y comenta la novela 'Un paraguas', que Siruela acaba de publicar en España. Traducida por Daniel Gascón, es una narración de flujo de la conciencia llena de claves, de datos, de canciones... El texto apareció hace unos días en 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón.]

Por Juanjo BLASCO PANAMÁ

Circula por la red un vídeo especialmente perverso.

El protagonista es Ornette Coleman, un saxofonista prodigioso adorado y despreciado a partes iguales. Ante un público entregado comienza su “Dancing in your head” y la gente empieza a bailar. A los pocos minutos surge el Coleman salvaje, el del free jazz, se le hinchan las venas del cuello casi hasta la explosión y pasma a la ciudadanía con sus esquizo-solos y su locura sónica. El estribillo tarareable, los ritmos conocidos y bailables se han acabado. Empieza realmente el espectáculo y, si puede, dance usted.

Desconozco si a Will Self  (Londres, 1961) le gustará Ornette Coleman u otros músicos que hace años se aburrieron de la papilla convencional pero  de lo que no cabe duda es de que su escritura y sus historias no se publican para lectores convencionales. Smith goza de excelente reputación pero no se espere de él un “best-seller”;  cuando uno entra en su(s) mundo(s) nada vuelve a ser igual pero la puerta no tiene letreros de acceso y desde luego si hay alguna salida no se ve a primera vista. Todo un viaje.

No puede esperarse menos de una persona que con doce años fumaba marihuana, se intentaba autodestruir quemándose el cuerpo con cigarrillos, cortándoselo  con cuchillos y podía haber hecho una guía de todo tipo de drogas antes de su mayoría de edad. No son rumores, son sus palabras y su rostro esculpido en piedra lo confirma. Pero terminado el espectáculo a Will Self hay que conocerlo por su obra y eso, señores, son palabras mayores.

“No escribo ficción para que la gente se identifique con ella ni describo un mundo reconocible. Escribo para asombrar. Lo que quiero es perturbar la lógica del lector, lo que da por sentado, hacerle percibir que lo que da por sentado es inestable”. Glup.

 Que todo esto es más que palabrería puede comprobarse en “ Un paraguas” (Nuevos Tiempos Siruela, 2015) artefacto que esconde todo un mundo si el lector se decide a entrar en el mundo alternativo de Self y sus personajes. Es cierto que no lo pone fácil y  decir, de entrada, que apenas hay puntos y aparte y que, desde luego, la obra no se divide en capítulos ni tiene glosarios o boyas literarias a las que pueda asirse el lectorlo que puede desanimar a muchos pero el esfuerzo merece la pena. Casi 330 páginas para acompañar a Zack Busner, un psiquiatra “heterodoxo” que en los años 70 se encuentra en un manicomio victoriano con una mujer en coma desde hace decenios a la que intentará despertar mediante sus poco lógicos métodos y que le llevará con su experiencia vivida desde un Londres de principios del siglo XX hasta el del año 2010 en un recorrido que deja estupefacto y exhausto.

El estilo de Will Self es contundente, fantástico, rozando lo grotesco a veces pero la fama adquirida por el autor (novelista y periodista reputado en plazas tan exigentes como The Guardian, The New York Times, The Times)es merecida. Las líneas, las frases, telegráficas a veces, obligan a una lectura reposada. En cada una de ellas se puede encontrar una sensación, una referencia que lleva a mil lugares distintos; en cada una de ellas son tantas los reflejos sociales, médicos o musicales que una lectura apresurada hace que se pierda gran parte de la fiesta. Antes mencionaba a Ornette Coleman, quizá ahora, para que el lector no crea que se trata de una aventura imposible, haya que hacer referencia a los buenos licores. Will Self es como el buen whisky: trago largo pero a sorbitos. Y paladear.

Si siempre es de justicia mencionar  el excelente grupo de traductores con los que goza la edición literaria nacional en este caso hay que levantarse y aplaudir ante la labor de Daniel Gascón, su traductor, cuya labor aquí es simplemente descomunal. El lector no se siente perdido en ningún momento porque la prosa llena de referencias y caminos paralelos encuentra el acompañamiento de múltiples citas (superan el centenar ) que explican las sensaciones que caen en catarata en el momento menos pensado. La tarea ha sido tal que el propio Self, en las múltiples reuniones para matizar esta traducción que casi le llegó a comentar: “Me está costando más tiempo aclararte ciertos aspectos del libro de lo que me costó escribirlo”. El resultado es sensacional.

Hay un juego paralelo que puede hacerse con “Un paraguas”. Desde la primera página el protagonista va incluyendo un tema de los Kinks (“Ape-man”) que no deja de obsesionarle durante unas horas .La vida misma. Si el lector es capaz de poner la “banda sonora” a ciertas páginas mientras las lee( “Angel Delight” de Fairport Convention, “Bold as love” de Jimi Hendrix, los mencionados Kinks) el placer se multiplica. En este caso las citas no entorpecen la lectura, la clarifican.

Un mundo apasionante, una excelente traducción, secretos por descubrir y el placer, por fin, de encontrar a alguien que ni sigue caminos literarios trillados ni lo pone fácil pero invita a una aventura extraordinaria.

A sorbitos. Y paladear.

 

 

AUTOR: Juanjo Blasco Panamá

 

TÍTULO:  “Un paraguas”

AUTOR:  Will Self

EDITORIAL:  Nuevos Tiempos Siruela, 2015

TRADUCCIÓN: Daniel Gascón

PAGINAS: 328

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL: UN DIÁLOGO

ENTREVISTA. CINE Y PINTURA. Agustín Sánchez Vidal impartió el ciclo ‘Genealogías de la mirada’, dentro del programa ‘Vida en ficciones’, que coordina Amparo Martínez.

Antón CASTRO. Zaragoza

Agustín Sánchez Vidal, escritor, investigador del cine y catedrático emérito de Cine y otros medios audiovisuales, imparte en el Paraninfo, hoy, mañana y el viernes, el ciclo ‘Genealogías de la mirada’, que nació de un encargo del Museo del Prado.

¿Cuál sería la idea general del ciclo, qué quiere contar y analizar?

La idea general es tender un puente entre instancias que quizá cueste relacionar a primera vista y que, sin embargo, están muy imbricadas. Un buen ejemplo son las anamorfosis. Es una palabra griega que significa "transformación", porque se trata de perspectivas forzadas de tal modo que cuando se ven de frente aparecen como algo distorsionado o no reconocible, pero cuando se observan desde el punto de vista adecuado "saltan" a la vista y se imponen con la fuerza de imágenes hiperrealistas. Hoy se han convertido en un arte callejero, son esas pinturas que hacen con tiza en las aceras gente como Julian Beever, Kurt Wenner, Tracy Lee Stum, Eduardo Relero o multitud de artistas anónimos. Ese es el itinerario que me interesa: ir desde el Partenón o la pared de un museo hasta lo que está sucediendo en nuestras aceras hoy mismo, aquí y ahora y tratar de explicar las razones de esa vigencia. Que quizá sean la causa de la atracción que siguen ejerciendo artistas como Dalí, que explotaron a fondo este tipo de trampantojos, como demostraron las recientes exposiciones suyas en el Pompidou y el Reina Sofía, batiendo todos los records. Pero que sonrecursos ya presentes en Leonardo da Vinci. O Piero della Francesca.

¿En qué medida ha influido el arte en el cine, y en concreto el arte griego?

En algunos manuales de Historia del Cine se compara este medio de expresión con el mito de la caverna de Platón. Pero la cuestión es mucho más sencilla. Basta con comparar dos palabras que proceden de la misma etimología: Idea y Video. En griego la palabra idea significa “apariencia” o “forma” y está emparentada etimológicamente con el latínvideo”, que significa “ver” En Platón ‘idea’ suele equivaler a “punto de vista, porque él creía que aunque veamos a través de los ojos, en realidad miramos con los conceptos, y a menudo lo real no es lo visto, sino lo previsto, lo que sabemos. Pensamos con los ojos. Y, por lo tanto, para reproducir la realidad no basta con copiarla sin más, sino que debemos recrearla teniendo en cuenta nuestras limitaciones visuales. Lo cual implica a menudo su alteración, para preservar la reconocibilidad.

¿Dónde veríamos un parentesco entre el barroco y el cine, en qué películas, en qué formas específicas de contar con imágenes?

Hay quien piensa que vivimos en una era neo-barroca, por razones muy distintas: Severo Sarduy por razones más bien pictórico-literarias; Omar Calabrese por un contexto audiovisual que se asemeja a lo que otros han venido llamando Post-modernismo. Quizá la mayor semejanza entre el barroco y el cine proceda, en origen, de los trampantojos del arte tridentino y jesuítico. Quizá no sea casualidad que fuera un jesuita, Athanasius Kircher, quien propusiese la linterna mágica en la que se basan los proyectores. Quizá tampoco lo sea que fuese uno de sus discípulos, Gaspar Schott, quien inventara el término "anamorfosis". Quizá tampoco que algunos de los más grandes directores como Hitchcock o Buñuel, estudiaran en los jesuitas. Y hay muchas formas de barroquismo en cine, pero pocos lo representan mejor que Federico Fellini.

¿Cuáles serían esas imágenes ambiguas que se cuelan de rondón en el cine? ¿Son deliberadas o azarosas?

Yo voy a tratar más bien de la ambigüedad de pintores como Arcimboldo, que logran la duplicidad con imágenes estáticas. En el cine la ambigüedad es más sencilla, porque se dispone de recursos como el movimiento, las sobreimpresiones, el montaje, etc. Abel Gance, en su ‘Napoleón’, llegó a superponer hasta una decena de imágenes. Decía que no se podrían deslindar, pero que de alguna manera estarían allí, como los instrumentos de una orquesta que suenan a la vez...

Piensa uno en artistas como Visconti o Max Ophüls, por ejemplo. ¿En qué medida se puede decir que ellos practican un cine deudor del arte y de la arquitectura?

Visconti reconstruyó en ‘Senso’ cuadros de los pintores italianos llamados ‘macchiaioli’ ("manchistas") y Ophuls es uno de los mayores virtuosos de la grúa -si no el mayor--, a la que lanza a ejecutar todo tipo de proezas metafóricas, deslizándola, por ejemplo, a lo largo y ancho, alto y bajo, de la fachada de un edificio.

¿Qué tiene de especial el arte de Tiepolo?

El Tiepolo que voy a considerar es Giandomenico, el hijo del más conocido de la saga, Gianbattista. Lo suyo es singular porque pintaban frescos, que no eran tan habituales en Venecia, donde la humedad los hacía más difíciles. Sin embargo, Gianbattista llegó a ser considerado el mejor fresquista dieciochesco en Europa. El caso de su hijo no es menos interesante, porque le toca la Revolución Francesa: nace veneciano y muere austríaco, ya que Austria se anexiona a la Serenísima República. Pero lo que más le duele es que la pintura al fresco o de caballete es sustituida --y prostituida, según él-- por unos artefactos ópticos llamados Mundos Nuevos, uno de los antecedentes del cine. Y muere aislado en su villa, un poco como Goya, preguntándose si lo nuevo es necesariamente mejor que lo anterior. Dudan ya de las ventajas de la Ilustración, de la Modernidad. Lo cual, paradojicamente, los hace muy modernos.

¿Qué elementos concretos de su obra pasarían al cine?

Hay una película de Ettore Scola, ‘Un Mondo Nuovo’ (que en España se tituló ‘La noche de Varennes’), que exploran a fondo toda esa mutación.

¿De qué está hablando cuando habla de banda de imagen y de banda sonora?

Es que en el Museo del Prado hay dos cuadros de Giandomenico Tiepolo, que son gemelos, uno titulado ‘Un Mundo Nuevo’, en que se muestra a la gente mirando por un artilugio óptico, y otro titulado ‘El charlatán’ en el que un buhonero habla a la gente usando un tubo acústico. Cuando los vi me dije: "Aquí están ya los dos elementos básicos del cine: la imagen y la banda sonora". Ese fue el punto de partida de la conferencia.

¿Qué tienen que ver los narradores tradicionales con los métodos narrativos del cine?

En un principio el lenguaje del cine era tan novedoso que tuvo que recurrir a los charlatanes para hacerse entender: eran los "explicadores", que aclaraban a la gente lo que sucedía en la pantalla.

¿Qué cuadros en concreto y qué fenómenos abordará en la tercera conferencia: ‘Panoramas: el ojo global’?

De los panoramas, que eran una enormes pinturas circulares de hasta 20 metros de alta por 200 de circunferencia, que rodeaban al espectador y le metían en los paisajes (montañas, ciudades) o acciones (batallas, por lo general) allí representados. Fueron el mayor espectáculo que nunca existió, el dinosaurio de los mass media. En principio fue una patente, pero a lo largo del siglo XIX se difundieron de tal modo que la palabra se convirtió en algo de uso común, dio origen al género costumbrista (el ‘Panorama Matritente’ de Mesonero Romanos, por ejemplo) y terminó infiltrándose en el cine a través de una de las dos familias de movimientos de cámara, las panorámicas, tan influyentes que sin ellas no existiría el cine como lo conocemos.

¿Qué posibilidades han suministrado al cine los nuevos sistemas de visión como Polyvision, Cinemascope, Cinerama, Vistavisión o Panavisión?

Han ampliado la mirada y, con ello, las relaciones de los personajes con el espacio, o entre sí. Ni el Western Panorámico (género tan eminentemente horizontal: Anthony Mann), ni películas como ‘Lawrence de Arabia’ existirían sin esa ampliación ni tendrían sus dimensiones épicas.

¿Existen cineastas a los que se les pueda calificar, por su complejidad, por su ambientación, por el método narrativo, cineastas de arte?

Hay multitud de pintores que han hecho cine, desde Dalí o Picasso hasta Leger, Cocteau, Man Ray, Andy Warhol o Julian Schnabel. Pero yo prefiero pensar en aquellos que, habiendo querido ser pintores (y siendo excelentes dibujantes) trasvasaron todo ese potencial plástico y visual al cine. Unos pocos ejemplos: Sergei Eisentein en Rusia, Orson Welles y John Huston en EEUU, Akira Kurosawa en Japón, Satyajit Ray en la India... Otro capítulo aparte sería el de los arquitectos, como Fritz Lang. O el de los fotógrafos, como Stanley Kubrick y Carlos Saura.

¿Qué han aportado al cine convencional las técnicas publicitarias y esa idea de contar una historia en poco más de un minuto?

El cine ya desarrolló sus propias técnicas de síntesis en un "género" propio poco considerado, el de los ‘trailers’, que luego, andando el tiempo, influyó lo suyo en el video-clip que, a su vez, revertió esa influencia en el cine, en muchas ocasiones con consecuencias nefastas.

¿Cuál es la película más compleja por la evidencia de los referentes plásticos? ¿O cuál sería la que más le impresiona a usted?

Una de las propuestas más complejas que conozco es el ciclo ‘Cremaster’ de Matthew Barney. Una de las más depuradas quizá sea el ‘Ivan Rubliev’ de Tarkosvski. Entre las más arriesgadas, ‘El arca rusa’ de Sokurov y ‘El Molino y la cruz’ de Lech Majewski.

 

*La foto de Agustín Sánchez Vidal es de Esther Casas.

 

TERESA RAMÓN Y DEBRA WINGER

[Hace unos días, muy pocos, Teresa Ramón Jarné me mandó una cariñosa nota de lectura sobre mi poemario 'Seducción', que acaba de leer. es muy cariñosa, pero me explica que de repente se encontró con este texto y recordó cuánto cuánto había habìa admirado, y admira, a este actriz invisible y cuánto le había perturbado la película 'El cielo protector', de Bertolucci, basada en la novela de Paul Bowles.]

BUSCANDO A DEBRA WINGER

 

Perdí la cabeza por ti,

antes, mucho antes de Tierras de penumbra.

Mucho antes de que fueras poeta

y una criatura mortal frente a la noche.

No sabría decir por qué. La luz de tu sonrisa,

tu picardía, tu fuerza, la manera en que bebías

la claridad del mundo en cada abrazo.

Me gustabas siempre: en cada diálogo,

en cada beso, en esa alegría incontenible

de estar a punto de irte para siempre a otra playa.

Pero cuando te vi en El cielo protector,

me sentí enfermo, poseído de amor.

Entendía, y no entendía, tu pasión por el desierto,

el helado rescoldo del plenilunio en la arena,

la muerte inesperada de un amor disipado.

Y luego, llegaste a aquel villorio,

a otra forma de prisión. Y a la violencia

del anhelo. Aún te veo: extraña y extranjera,

arrebatada y muda, mientras te acariciaban

y sorbían el sudor de tus muslos. Aún te veo:

lejana y sola contra la tiniebla y la escarcha.

Aún te veo: a horcajadas, a punto de estallar

como el torbellino de todos los deseos.

¿Recuerdas? Tú eras la piel del escalofrío.

 

Luego te esfumaste. A otro mundo,

a otras formas del olvido y del silencio.

Incluso salieron a buscarte. Querían, como yo,

saber de ti: buscaban a Debra Winger

y a las mujeres como tú que desaparecían de la pantalla.

Esa película perseguía a un fantasma,

una ninfa de antaño, vulnerable y sensual.

Ese rescate imposible enerva todos mis sentidos.

Cierro los ojos e imagino que estás ahí,

en el interior de la pantalla a punto de decirme:

«Ven. A veces solo en el cine se cumplen

los mejores sueños, peligrosamente juntos».

 

*La primera foto la tomo de aquí

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-92f2727e77ded948e1d91a1a4a32751e.jpg

*La última la tomo de aquí.

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-05a8267030e4939e4fb3605d36e6ee56.jpg

 

 

DOS POEMAS DE MIGUEL ÁNGEL YUSTA

'De silencio y luz' (Lastura, 2015)

Miguel Ángel Yusta

(Prólogo de Joaquín Sánches Vallés)

 

 

Dos poemas.

 

 

LOS rítmicos compases de la música

-densa nocturnidad de jazz ahumado-–

golpeaban los últimos minutos.

Apurabas momentos de gin tonic

frente a pieles morenas

moviéndose en infiernos de sudor.

Él bebía en tus ojos

lunas del cielo negro de la barra,

a punto de rasgar con su deseo

tu vientre enfebrecido.

Pero de nuevo, envuelta por la noche

dijiste no, y huiste de ti misma.

Tal vez el miedo al sol del nuevo día

paralizó el instinto.

El centinela lienzo de lo oscuro

escoltó tu regreso por las calles desiertas.

Después, entre las sábanas marinas

exploraste, otra vez en la ebriedad,

el húmedo vacío de tus playas.

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

 

 

A la orilla del mundo me aproximo

y lo contemplo entero en este otoño.

Extraigo los colores, las luces y las sombras,

sonidos misteriosos y pálpitos de vida.

Y deseo dormir,

con un sopor eterno

sereno y apacible,

donde no sean claves el tiempo ni el lugar.

Es un dorado exilio

el existir al norte del olvido.

Tan solo unos destellos

que recuerden momentos que afirmaron amores

y amores que acunaron sin cesar los recuerdos.

Vivir, morir en la orilla final,

vestido con la piel del peregrino

que habitado de ausencias

ha recorrido ya todo su espacio.

 

 

*Tomo de aquí esta foto de Michael Somoroff.

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-0f382ca027b8b31441a81664db0dcfb4.jpg

 

 

PISÓN, PREMIO CÁLAMO: UN DIÁLOGO

PISÓN, PREMIO CÁLAMO: UN DIÁLOGO

LITERATURA. IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN. El autor de ‘La buena reputación’ (Seix Barral) recibíA el viernes por la noche el premio Cálamo en el Teatro Principal, junto a Ferrer Lerín y Belén Gopegui.

 

“Los premios que

más valoro son

los de Zaragoza”

 

“Ya no puedo

pedirle más a

esta ciudad”

 

Antón CASTRO

“Después de haber publicado ‘La buena reputación’ (Seix Barral, 2014), en alguna ocasión he pensado que me había pasado de páginas. Redactar más de 500 páginas es un acto de arrogancia y quizá una exigencia excesiva para el lector al que le obligas, más o menos, a que pase muchas horas con tus personajes. Quizá a partir de ahora no vuelva a escribir libros que pasen de las 400 páginas: tengo que ser yo quien ponga antes el fin”, dice Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960), recién llegado a Zaragoza para recibir el Premio Cálamo a la mejor novela del pasado año.

¿Por qué cree que escribió tanto?

Porque me interesaban los personajes, sabía mucho de ellos y de su intimidad. Quería contar muchas cosas. Es curioso, porque con ‘Dientes de leche’, una novela donde se cuenta la vida en Zaragoza de tres generaciones de italianos, fui capaz de contenerme.

¿En qué ha cambiado su escritura con respecto a sus libros anteriores?

En algunas cosas. ‘La buena reputación’ es mi libro más decimonónico: quise hacer una novela del siglo XIX de manera consciente, como una propuesta específica. Hasta ahora puede decirse que todos mis libros se movían en dos anclajes: el siglo XIX y muchos autores del siglo XX. Aquí no: rindo homenaje a la narrativa del siglo XIX y reflexiono sobre la tercera personaje, ese narrador omnisciente que le interesa tanto a Tolstói. Como a él, me atraen muchos las historias familiares.

¿Qué le ha sucedido con este libro?

Yo suelo documentarme mucho y también lo he hecho aquí, pero me he permitido fabular bastante. Me he encontrado en mis viajes a Melilla con personajes reales de la novela, con descendientes y con hechos que sucedieron en realidad como si perteneciesen a la ficción que yo había inventado. La fabulación se había hecho real: descubrí que había por ahí criaturas del libro de los que yo estaba hablando, gentes que participaron en operaciones del Mosad (la agencia de inteligencia israelí) o que escalaron jardines y paredes para huir al nuevo estado de Israel.

¿Qué importancia tiene en su libro el incendio del Corona de Aragón del verano de 1979?

Se narra, desde luego. ¡Cómo no vas a darle importancia a grandes acontecimientos que has vivido de cerca! Y ese lo viví: fue una gran tragedia. Mi hermano estaba ahí enfrente y la conmoción también pasó, físicamente, muy cerca de mí. Es algo que todos tenemos en la cabeza. Me ha servido para contar una peripecia de amor inesperado en el hotel.

¿Qué ha supuesto para usted este premio?

Era el que me faltaba de Zaragoza. Me siento muy feliz: los premios que más valoro son los que recibo de mis paisanos y de la ciudad que más amo: Zaragoza. Ya no puedo pedirle más a esta ciudad. Me siento querido y reconocido.

Son muchos los que quieren saber en qué está trabajando...

Soy metódico, ordenado y siempre tengo nuevos proyectos. Acabo de empezar una novela sobre un doble de Demis Roussos...

¿El cantante griego?

Sí, claro. La historia sucede en los años 80, en diversos escenarios, y narra la historia de un hombre, grueso y calvo, que imita a Demis Roussos. En 1985 estaba olvidado, pero de repente fue secuestrado por los terroristas de Hezbollah, en un vuelo de la TWA, y ese pico de gloria también le viene bien a mi personaje. Por ahora no le puedo decir su nombre. El título provisional de la novela es ‘Derecho natural’.

¿Cómo? ¿Por qué ‘Derecho natural’?

Porque la historia la cuento su hijo, que estudia Derecho. Yo hice un curso de Derecho, luego me pasé a Filología Hispánica y, como no quería ser profesor, no me veía dando clases, me fui a Barcelona e hice Filología italiana.

Ha hecho lo contrario que Ferrer Lerín, premiado por ‘Mansa chatarra’ (Jekill&Jill): usted se fue a Barcelona, donde lleva más de treinta años, y él es un barcelonés afincado en Jaca desde hace más de treinta años.

Estoy leyendo su novela ‘Familias como la mía’ (Tusquets) y es realmente divertida. ¡Qué vida ha tenido!

 

*La foto es de Heraldo.es