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Antón Castro

DE 'EL JARDÍN' DE ISMAEL GRASA

DE 'EL JARDÍN' DE ISMAEL GRASA

[Ismael Grasa (Huesca, 1968) acaba de publicar un nuevo libro: ‘El jardín’, que posee las cualidades de los suyos: oscila entre la cotidianidad, la rutina y la inquietud, habla de personajes un tanto ensimismados que casi nunca parecen decidir por sí mismos o que se dejan arrastran hacia peligros indefinidos, y posee un lenguaje depurado y elegante, de enorme precisión. Así arranca el último cuento del libro, ‘El jardín’, donde narra la historia de un joven, mal estudiante, distanciado de su padre y quizá de su novia Nieves, que emprende una nueva aventura y se adentra en un territorio donde fluyen el misterio y sus propios recuerdos... ‘El jardín’, publicado por Xordica, se presentará este próximo jueves en Antígona, en compañía del escritor Rodolfo Notivol. La foto es de Stephen Shore.]

 

EL JARDÍN. Por Ismael GRASA

Fui a trabajar a casa de los Crespo a comienzos de junio, cuando me dijeron que había que llenar la piscina. Barrí las hojas del fondo, limpié las paredes con una manguera y por fin la pinté de azul, como lo había visto hacer otras veces a mi padre. Pregunté si tenían niños, porque en casa guardamos unas plantillas grandes con formas de sirenas, delfines y caballitos de mar. Podía pintar cualquiera de estas figuras antes de llenar aquello de agua. Podía instalar también, si querían, algunas luces exteriores para la noche. A mí me gusta bañarme de noche en las piscinas de los otros, cuando los dueños están afuera.

MUÑOZ MOLINA: NUEVA NOVELA

EL NOVELISTA Y EL ASESINO

[Este texto, del escritor, traductor y periodista Daniel Gascón, se publicó el jueve en el supelemento 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón. También se puede leer en su blog: https://gascondaniel.wordpress.com/2014/11/27/el-novelista-y-el-asesino/

Por DANIEL GASCÓN

“Como la sombra que se va”, la nueva novela de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956), es varios libros a la vez. Es una aproximación a la vida de James Earl Ray (1928-1998), el asesino de Martin Luther King. Lector voraz, racista y delincuente habitual, exsoldado, aficionado a las prostitutas y a las teorías de la conspiración, Ray quiso ser director de cine porno y colono en Rodesia (actual Zimbabue), se fugó de la cárcel y cambió de nombre y de cara (rinoplastia). Tras asesinar a King en 1968, huyó a Lisboa con un pasaporte falso. Antes de viajar a Londres, donde fue detenido, pasó diez días en la capital portuguesa. Esa ciudad es uno de los vínculos con la otra historia de la novela.

En 1987, Muñoz Molina se marchó a esa ciudad. Buscaba inspiración para el libro que estaba escribiendo –”El invierno en Lisboa”–, pero no solo eso. El asesino escapaba tras cometer su crimen; el escritor huía de la realidad inmediata. Ahora, el novelista intenta imaginar qué ocurría en la cabeza del criminal y revisa su propio pasado: «Los únicos mundos en los que me encontraba de verdad a mis anchas eran los de la literatura y el cine, donde cualquier cosa puede suceder y al mismo tiempo no haber sucedido, donde las normas tediosas de la vida real no rigen, los disparos no matan a nadie, las desgracias desatan las lágrimas pero no provocan verdadero dolor, las historias empiezan tan lentamente como terminan». Añade: «Era un padre de familia y un adolescente retardado […] Tenía esa convicción enfermiza, tan propia de los aspirantes a literatos en provincias, de que la vida verdadera estaba en alguna otra parte, de que la imaginación es más rica y poderosa que la realidad y el deseo más valioso que su cumplimiento». Retrata un malditismo infantil que postulaba que «Estar sano era de derechas».

Para reconstruir la vida de Ray el autor ha consultado registros, biografías y ensayos. Pero el viaje al interior del asesino exige imaginación. Muñoz Molina emplea una prosa que funciona por acumulación y una amplia gama de recursos: analepsis y prolepsis, cambios de focalización, alternancia de estilo directo e indirecto, y citas recicladas de las lecturas de pseudociencia y espías a las que era aficionado Ray. La peripecia alucinada y miserable del asesino sucede sobre un imaginario heredero del cine y de la narrativa norteamericana (se habla del deslumbramiento provocado por “El gran Gatsby”; muchos elementos hacen pensar en Faulkner), que tiene conexiones con el fetichismo jazzístico que “El invierno en Lisboa” convertía en literatura.

“Como la sombra que se va” contiene una reflexión sobre la escritura y defiende el paso del formalismo a la naturalidad. Habla de cómo se construye una historia, de cómo se escogen los nombres, del punto de vista de la narración, o de imaginar «con ese grado de precisión visual que le permite a uno contar las cosas que ha inventado como si lo recordara». «Escribir ficción es ver el mundo por los ojos de otro, oírlo con otros oídos. Es la temeridad de creer que puede averiguarse lo que sucede en el secreto de la conciencia de otro, sea quien sea, un asesino, un fugitivo, un hombre que se apoya en una baranda a la caída de la tarde uno o dos minutos antes de que el disparo de un rifle le rompa la mandíbula y le atraviese el cuello y le taladre la columna vertebral, un músico que toca el piano con los ojos cerrados», explica, en una definición que encierra una trama del libro

En esta novela ambiciosa, a menudo admirable y en ocasiones morosa, Muñoz Molina muestra su fascinación por Ray, pero no siempre logra contagiarla: resulta más interesante cuando habla de King que cuando recrea el mundo de su asesino. También es más interesante el autorretrato, especialmente al comienzo. Muñoz Molina es duro con su yo pasado, acaso porque se siente salvado y lejos de él. Jugando con el exhibicionismo y la ocultación, con la sinceridad y la coquetería mitómana, ofrece una descripción poderosa de la vocación literaria y del desasosiego íntimo, de la culpa por el dolor que causamos y de la felicidad que da la buena compañía.

Antonio Muñoz Molina. “Como la sombra que se va”. Seix Barral, Barcelona, 2014. 536 pp.

[Esta reseña ha salido en Artes & Letras de Heraldo de Aragón.]

 

La foto la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-2532f5c0155bad451cd330c2f621e594.jpg

PATRICIA RODA, UN DIÁLOGO

PATRICIA RODA, UN DIÁLOGO

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2014/11/28/cultura_cambio_movimiento_emocion_324766_308.html

 

PATRICIA RODA. Cineasta y productora. Estrena ‘El viaje de las reinas’ en el FCZ, un largometraje documental de 70 minutos.

 

 

“La cultura es cambio, movimiento y emoción”

 

PIE DE FOTO. ARCHIVO DE LA AUTORA

Patricia Roda acaba de culminar un viaje exterior e interior a través del teatro y de doce mujeres.

 

Antón CASTRO. Zaragoza

Patricia Roda Amador es cineasta y productora. Reside entre Madrid y Zaragoza. Ha trabajado en algunas de sus películas con su hermano Germán Roda, ha realizado cortos y ahora, esta tarde en la Filmoteca, estrena su documental ‘El viaje de las reinas’, inspirado el proceso de trabajo de la obra teatral ‘Doce reinas’, dirigida por Blanca Resano.

¿Qué es, desde el punto de vista cinematográfico, ’El viaje de las reinas’? 

Lo que cambia de una película a otra es la mirada sobre esos personajes, sobre ese tema. Una mirada particular y diferente al resto. En este caso, ‘El viaje de las reinas’ es un largometraje documental en el que, en realidad, pretendo contar dos viajes. Uno, un trayecto vital a través de un grupo de mujeres. Y el segundo, mi propio viaje interior.

 

¿Cómo se ha planteado un trabajo así: como una defensa del teatro, de la mujer, como una reivindicación general de la cultura? 

El tema principal de mi proyecto es la Mujer. Y más particularmente, la mujer capaz de propiciar los cambios necesarios para ocupar de forma definitiva el papel que se merece en la sociedad. La mujer que se hace su propio camino y su cambio. Además, la cultura, y en el caso concreto de ‘El viaje de las reinas’, el teatro, han sido los medios elegido por las actrices protagonistas de mi película para conseguir su objetivo. Las protagonistas de mi documental idearon su proyecto, una obra de teatro protagonizada por doce actrices, y lo realizaron. La cultura, por propia definición, es cambio, movimiento, emoción… Herramientas perfectas para conseguir un objetivo.

 

¿Qué dificultades entraña un trabajo así: de tiempo, de grabación, de testimonios, de concepto? 

En nuestro caso, las principales dificultades han estado principalmente en el tiempo. Allá por noviembre del 2012, empecé, cámara en mano a grabar las primeras reuniones de estas actrices. Sabía cómo empezaba pero no tenía ni idea de cómo ni cuándo acababa. De hecho, hay proyectos que se quedan en el cambio, y fue uno de los riesgos que asumía. Nada más lejos de la realidad. Con sus problemas y sus obstáculos, estas mujeres siguieron contra viento y marea, poner todos los elementos necesario para un exitoso desembarco en el escenario. Ese estreno se produjo en marzo del 2014, tras muchos meses de trabajo, por lo que realmente hacer un seguimiento tan dilatado en el tiempo ha sido una complicación extra en la producción de este rodaje. Esta película narra un viaje que sucede a lo largo de unos meses, por lo tanto se planteó un rodaje discontinuo a lo largo de todos estos meses.
Quizás la otra complicación haya sido en lo referente a la financiación.

 

¿Por qué? Parecía que sí habían tenido apoyos concretos...

Nunca he querido plantear una película de mujeres, para mujeres exclusivamente, sin embargo, ha sido el sello que acaso de forma unánime han ido adjudicando a ‘El viaje de las reinas’, limitando así nuestras vías de financiación. He de agradecer especialmente la confianza depositada por Aragón Televisión, coproductora de esta película, que apostó por un documental de estas características, entendiendo, creo yo, que los espectadores aragoneses podrían tener interés en una historia así. Y digo, los espectadores en general, no exclusivamente las mujeres. También contamos con una ayuda del Departamento de Cultura del Gobierno de Aragón, y el apoyo del Instituto Aragonés de la Mujer, y de su directora Pilar Argente, que desde el principio se han mostrado interesadas en los valores y la historia de empoderamiento femenino que narramos en ‘El viaje de las reinas’.

 

¿Qué va a ver el espectador: una pieza con ritmo, una obra digresiva, de combate, una obra poética...? 

Mi pretensión, por lo menos, ha sido conseguir realizar una película ágil, llena de vida, de alegrías y sufrimientos, de ritmo, de reivindicaciones, de teatro, de plasticidad, de errores y aciertos… Hay lucha, hay combate… sobre todo de ellas, de las protagonistas, contra la realidad. Una realidad injusta que hace que, como mujeres de teatro, sus posibilidades de trabajar se vean reducidas claramente respecto al hombre, tanto en cantidad, hay muchos menos textos escritos y dirigidos por mujeres, como en calidad, la mayoría de los papeles femeninos son como secundarias o de reparto. Los papeles protagonistas están reservados para unas pocas.

 

¿Qué tienen de especial más de una docena de mujeres trabajando juntas?  

Doce actrices, sobre el escenario, doce protagonistas, dos dramaturgas, una directora… Todo es especial, y único. No he sido capaz de encontrar un ejemplo similar. Que conste que me encantaría que no fuera excepcional y que no lo hubiera tenido que tratar como tal. Doce hombres sobre un escenario posiblemente no tiene nada de particular, sería una obra más que no merecería ningún filtro especial en nuestro análisis solo por el hecho de ser solo hombres. En el caso de ‘El viaje de las reinas’ ese ha sido el primer elemento identificativo y, en cierto modo, el primer escollo que han tenido que salvar. Lo excepcional sería que algo así no fuera excepcional. Y sería un objetivo a alcanzar

 

Hablan de monarcas, de soberanas... ¿Cuál es para usted la vigencia de esos personajes, cree que nos interesan? 

Que nos interesan está claro que sí. Hay series, películas, libros que han salido a la luz recientemente porque las vidas de estas mujeres reinas siguen teniendo vigencia e interés. Las doce soberanas de la Historia de Europa fueron elegidas entre todas las actrices. Posteriormente, Eva Hinojosa y Susana Martínez hicieron la dramaturgia. Les pregunté a las actrices durante el documental por adjetivos que definieran a las reinas a la que daban vida. Algunas de sus respuestas: inteligente, estratega, dulce, ninfómana, maleducada, obsesiva, soberbia, colérica, impulsiva, digna, valiente… Yo creo que sí, que nos interesa saber y recuperar las vidas de mujeres así.

 

¿Cómo ha crecido Patricia Roda como cineasta y como mujer en esta pieza, en qué medida te siente implicada? 

Para mí ha sido un viaje, un viaje que siento que aún no ha acabado. Ha sido un viaje interior a través del cual he conseguido exponer mis preocupaciones, mis dudas, mis objetivos, como mujer y directora. Todo eso ya me rondaba la cabeza y el corazón, pero al encontrarlas a ellas, se ha redondeado, se ha consolidado más.

 

*La foto es de Ana Infante.

EN EL DÍA DE LAS LIBRERÍAS

[Hoy, la librería Los Portadores de Sueños, celebra su primera década. Lo hará, a partir de las 20.00, entre amigos. Lectores, artistas, escritores, compañeros de viaje. Recupero hoy este texto, en el Día de las Librerías, que publiqué en 2011 con motivo de un día como el de hoy. Especial para los libreros, que hacen una labor cultural constante e impagable. De difusión, de pasión, de revelación, de apoyo... Mil gracias a los libreros. Y enhorabuena a todos ellos y, hoy, en su decenario, a Félix González y Eva Cosculluela.]

 

Mi primera librería se llamaba Arenas y estaba, y está, en el Cantón Grande La Coruña. Allí compré algunos de mis primeros libros: dos de ellos, ‘Poesía completa’ de San Juan de la Cruz y ‘Sombra del Paraíso’ de Vicente Aleixandre, me han acompañado desde 1976. Y seguramente, la primera vez que vi la Librería General, en el verano de 1978, mientras buscábamos en un viaje de estudios el hotel Los Molinos, esos volúmenes venían conmigo. Eran compañeros inseparables: en aquel instante, el técnico en electrónica que yo era solo anhelaba convertirse en poeta. La Librería General me deslumbró. Se parecía en muchas cosas a Arenas con sus diversas plantas. Allí parecía estar todo. Ya instalado en Zaragoza, seguiría visitándola, descubriendo los tesoros de cada planta; allí adquirí ‘Hacia un teatro pobre’ de Jerzy Grotowski, en un tiempo posterior en el que también quería ser dramaturgo y actor de teatro. 

Pronto descubrí que El Tubo significaba muchas cosas: una Zaragoza castiza y libre que tendía un puente con la vida nocturna, el cabaré, el erotismo un tanto lacio a través de El Plata. Allí, cerca de los billares, había dos locales casi complementarios: Librería Pérez, donde me surtía de biografías, de restos de serie y de algunas rarezas en fascículos, y la librería de viejo de Inocencio Ruiz. Acabaríamos siendo muy amigos, pero al principio era difícil entrar allí: siempre tenía la impresión de molestar, de estar en un lugar donde el dueño, que escribía a mano y a máquina, no quería vender. Allí compré, entre muchos otros, algunos libros quemados sobre Galicia de la editorial Akal y un volumen que me impresionó: ‘Rilke en España’ de Jaime Alemparte. 


No recuerdo cómo entré ni qué me llevó a Hesperia, la librería de Luis Marquina en la plaza de los Sitios. Fue como penetrar en un sueño. Allí, al alcance de la mano, tenía todo el tesoro del Hispanismo y, dentro, había una colección de libros gallegos, sobre todo del sello Castrelos, que fui comprando semana a semana, mes a mes. 

Pero la que iba a ser la librería más determinante de los años 80 sería Muriel, tanto en Giménez Soler como en la plaza de San Cayetano. Cada vez que iba era para mí un acontecimiento: era la visita a un santuario de incitaciones constantes, de autores, de libros, de sensibilidad, una historia del mundo en papel, que eso son las librerías. José Fernández y Julia Millán ya empezaban a ser pareja, y Alfonso Sánchez y Paisa, fallecida hace no demasiados meses, tutelaban mi aprendizaje; Julia y Pepe lo siguen haciendo ahora desde Antígona: una casa hechizada de libros, un auténtico bazar de sorpresas que es también una formidable librería con fondo, con mucho fondo. 


Mi otra librería de los 80 fue Contratiempo: iba al menos una vez a la semana y allí me hice con todo Kafka y Mercè Rodoreda. Y con los poetas del Niké. Ha habido otras muchas librerías y libreros: José Alcrudo de Pórtico, donde trabajaban Javier Delgado y Luis Ballabriga y algunas libreras bonitas de las que era muy fácil enamorarse; Central, Círculo, Paco Pons, París, ANUE, los hermanos Vidal, lugares que he ido recorriendo con auténtica pasión, como Cálamo, como Estilo o Anónima en Huesca. También visité mucho la librería de Galerías Preciados: allí adquirí la ‘Poesía completa’ (Aguilar) de Gabriela Mistral tras ver un documental sobre ella que me impresionó y ‘Trópico de Capricornio’ y ‘Trópico de Cáncer’ de Henry Miller: cuando leí, casi al azar, algunas páginas de un sexo tan explícito, entre desenfadado y brutal, me quedé temblando. Nunca había leído nada igual. 


Zaragoza es una ciudad de espléndidas librerías, y eso lo reconocen todos los editores. Me sigue gustando mucho frecuentarlas a cualquier hora. Y ahora, además de Antígona, que está vinculada a mi propia biografía y al terreno de los afectos, encuentro solaz, los libros soñados y un clima ideal en Los Portadores: estoy como en casa, pero con mucho más orden. 


Las librerías son un manantial incesante de conocimiento, de estímulos, de viajes, de grandes libreros. Las librerías son una invitación a uno los placeres más estimulantes y frondosos de todos los tiempos: leer. Leer para soñar, para aprender, para querer y para ser libres. Leer para vivir.

 

*La foto la tomo de internet de aquí: 

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-51fb84d5dcd4b18c803d682ea56145de.jpg

UNHA CANCIÓN PARA SEMPRE

UNHA CANCIÓN PARA SEMPRE

[Unha das miñas canción favoritas de sempre. A que mais cantei coa miña nai estes días. Ela entonaba, cunha voz apenas audible, o arranque e o final: "Adiós ríos, adiós fontes / adiós regatos pequenos,/ adiós vista dos meus ollos, / non sei cando nos veremos"].

https://www.youtube.com/watch?v=SEw2pqY2Kfg

 

*Unha foto de Carme de Castro coa súa neta Sara. Retrato de Patricio Julve.

GABRIEL LATORRE, DE 'CARICIAS'

GABRIEL LATORRE, DE 'CARICIAS'

Le tengo enorme cariño al actor y fotógrafo Gabriel Latorre, un histórico de la escena en Aragón y en España. Me interesa mucho su condición de fotógrafo. Y hoy, de nuevo (en alguna ocasión me había enviado algunos de sus trabajos), cuelgo algunas sus fotos. Explica el artista: “Son unas fotografías que hice ya bastantes años atrás para el cartel y programa de mano de ‘Caricias’, la obra de Sergi Belbel que hizo el Teatro Imaginario y en la cual también trabajé como actor, me ha parecido bonito recuperarlas y son de las de primera época como fotógrafo, unas fotos hechas simplemente con una bombilla de techo y una lamparita de mesilla para hacer los contras, y este fue el resultado”.

LLÀTZER MOIX: 'APOTEOSIS DEL CULO'

LLÀTZER MOIX: 'APOTEOSIS DEL CULO'

LLÁTZER MOIX: KK Y LA ‘APOTEOSIS DEL CULO’

Soy lector diario de ‘La Vanguardia’. Tengo allí buenos amigos, algunos muy entrañables para mí: Sergio Vila-Sanjuán, Miquel Molina, Xavi Ayén, Josep Massot, Carina Pons, gente a la que sigo constantemente como Nuria Escur (espléndidas sus entrevistas de los sábados), Joan de Segarra, Imma Monsó. También soy lector de Llàtzer Moix, que firma desde hace algunas semanas / meses una columna dominical en las páginas de cultura. Textos afinados, inteligentes y variados, que exploran diversos asuntos, incluso el nacionalismo. Hoy escribe de uno de esos temas que aparecen mucho en las redes y en la prensa: el trasero de Kim Kardashian, “esta diosa de la era de la banalidad”. El texto se titula ‘Apoteosis del culo’ y lo cierra así:

“Hubo un tiempo en que la sociedad distinguía y admiraba a los protagonistas de gestas heroicas, a los científicos capaces de librarnos de alguna enfermedad, a los deportistas que vencen a sus rivales y se superan a sí mismos. Algo queda de eso. Pero hoy la sociedad lleva camino de liberarse de tales servidumbres para entregarse sin tasa ni mala conciencia a la adoración de alguien que se expresa con el culo. El avance es evidente. Ni el cerebro, ni los ojos, ni la sonrisa, ni el gesto valen ya mucho: lo que hace de ir de culo al personal, o llegado el caso a perderlo, es la megaposadera de esta celebridad [Kim Kardashian, KK] de sonoras y elocuentes iniciales. Vivimos la apoteosis del culo. Y, con ella, el papanatismo planetario”. 

DIEZ AÑOS DE LOS PORTADORES...

DIEZ AÑOS DE LOS PORTADORES...

LOS PORTADORES DE SUEÑOS CELEBRAN SU PRIMERA DÉCADA
Los Portadores de Sueños -Eva Cosculluela y Félix González, y ahora también Iguázel Elhombre- cumplen su primera década. Y empiezan a celebrarlo a su modo: con homenajes y recuerdos de amigos, de instantes, de libros, de presentaciones, esa ceremonia sincera de pasión por la cultura y el cultivo de la amistad y la curiosidad. Continúan con su incesante actividad: el martes Marian Izaguirre presente su nueva novela, 'Los pasos que nos separan', en compañía de Teresa Agustín, ambas conversarán largo y tendido sobre el libro que aparece en Lumen, y el miércoles Luisa Miñana presentará el poemario 'Mente animal' de Pilar Adón, que aparece en el sello La Bella Varsovia. En la foto, Eva y Félix posan con el editor Juan Casamayor que acaba de publicar en Páginas de Espuma el segundo volumen de los 'Cuentos completos' de Chéjov. Al lado de esta foto, también se ha colado Patricio Julve: el fotógrafo, que expondrá en febrero en el Espacio Blanco de la USJ, les tomó estas dos instantáneas. Entonces, Félix no llevaba barba... Y corría como un lebrel a partir de las seis o siete de la mañana... Ahora, dicen los que saben, la barba le pone alas y corre aún más...

ARGUMENTO DE 'LOS PASOS QUE NOS SEPARAN'

La bora, el viento que azota Trieste en ciertas épocas del año, es un aire apasionado que dura poco pero dobla el cuerpo y muda el ánimo. Salvador y Edita se conocieron en esta ciudad un día de primavera de 1920. Soplaba el viento, y todo cambió. Ella había nacido en Liubliana y él en Barcelona, y los dos rondaban los veinte años, una edad espléndida para permitirse cualquier locura, pero Edita, hermosa y discreta, estaba casada y tenía una hija. Salvador solo tenía su trabajo en el taller de un gran escultor y ganas de ser por fin un hombre y pisar fuerte en la vida. Luego, en Barcelona, casi a finales de los años setenta...Un hombre ya mayor y viudo que busca ayuda para volver a Trieste y a todos los lugares donde un día creyó ser feliz, y una chica, Marina, que va a ir con él para buscar un futuro. Y entre Salvador y Marina, de repente, casi sin avisar, los recuerdos: un parque a orillas del mar, las sábanas revueltas de un amor a media tarde, un andén, una niña que se aleja, y una espléndida tabla renacentista con una Virgen que mira y duda.