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Antón Castro

LUIS BELLÓ: DE MEDIO A MÍSTER

LUIS BELLÓ: DE MEDIO A MÍSTER

[A PLENO SOL. Los Magníficos inauguraron, en junio de 1964, el palmarés de títulos del Real Zaragoza. El equipo empezaba en Yarza y concluía en Lapetra: jugaba de maravilla. Y tuvo un entrenador cercano y sabio que había sido futbolista del club. Formó, con Samu, “la media de seda”.

 

El magnífico Luis Belló

 

Luis Belló (Cieza, Murcia, 1929) es un caso excepcional en la historia del Real Zaragoza. Desde muy joven sintió la llamada del fútbol. Empezó a destacar ya en infantiles, confirmó su clase y elegancia en los juveniles de su localidad, y recibió la llamada del Albacete para jugar en Tercera División. Estuvo dos temporadas y reclamó la atención del Barcelona y del Sevilla. Su hermano Francisco –que pertenece a esa larga nómina de ciezanos que también han  jugado en Primera División- le recomendó que se viniese con él a Zaragoza, donde llevaba dos campañas. Coincidió que esa temporada, tras la victoria inesperada de Uruguay en el Mundial de Brasil-1950, el club presidido por el doctor Abril incorporó a dos internacionales como Rosendo Hernández y Pepe Gonzalvo (Gonzalvo II) y les firmó un contrato de un millón de pesetas (6.000 euros), y seguía contando con su primer extranjero, el excéntrico jugador argentino Valdivielso. Con muchos apuros, el equipo de los Millonarios quedó subcampeón de Segunda División; se jugó el ascenso y logró su objetivo. ‘El catedrático’ Luis Belló fue decisivo: era un futbolista refinado e inteligente, técnico y con buen remate. Aquel año marcó diez tantos, dos de ellos al Huesca.

El Real Zaragoza iba a vivir dos intensas temporadas en la máxima categoría. La primera, 1951-1952, la solventó bajo la dirección de Juanito Ruiz, reemplazado luego por el húngaro Berkessy; Belló y el delantero Savi fueron convocados para jugar con la selección nacional B. El futbolista ciezano formaría “la media de seda” con el húngaro José Samu. Este le decía a Ángel Aznar en ‘El largo camino hasta la Recopa’ (1995): “éramos dos jugadores distintos totalmente pero que nos complementábamos muy bien. Bello era fino, muy cerebral, muy técnico y yo era duro, muy rápido, combativo y con una gran resistencia”. En la campaña siguiente pasó de todo: llegó un nuevo preparador como Domingo Balmanyá y el club quedó último. Luis Belló tenía ofertas del Real Madrid y del Atlético, y acabó yéndose con los colchoneros. Como había sufrido una lesión, la misma que le alejó Di Stéfano y compañía, fue cedido al Hércules, donde permaneció tres años. Y completó otro más en el Alicante, antes de retirarse joven.

Se sacó el carné de entrenador nacional con el número uno. No tardaría en vincularse al Zaragoza de nuevo. El equipo había regresado a la  máxima categoría, estrenara en septiembre de 1957 La Romareda, había ido incorporando a grandes futbolistas –Murillo, Seminario, Torres, Yarza, el malogrado Benítez, Marcelino, Lapetra, Reija, Violeta, Canario, Villa...- y había contado con importantes entrenadores como César o Antonio Ramallets. A este no acababan de irle bien las cosas en la campaña 1963-1964, y fue despedido en mayo. Con todo, el Real Zaragoza estaba vivo en dos frentes: en la Copa del Generalísimo y en la de Ferias. El sustituto fue Luis o Luisito Belló, un profesional de apenas 35 años que se distinguía por sus buenos modales, el conocimiento del fútbol y su mano izquierda. Conocía muy bien la atmósfera del club e intuyó que, por primera vez en la historia, aquellos futbolistas de terciopelo y de sacrificio aspiraban a la gloria. Cercano y paternal, le sugirió a Carlos Lapetra, la estrella del conjunto, un leve cambio: que retrasase su posición a la zona del interior izquierdo, y que dirigiese desde allí el ataque. Se convertiría en “el arquitecto de la zona ancha”. Aquel Zaragoza era equilibrado en todas sus líneas: tenía un plan de juego, ambición, entrega; poseía, una concepción brillante de la táctica y del despliegue que abrazaba, casi por igual, intensidad, armonía y deslumbramiento.

Se plantó en dos finales: en la Copa de Ferias, en el Nou Camp, un 24 de junio, ante el Valencia. Los blanquillos vistieron ese día de rojo y azul y ganaron 2-1 a la escuadra de Paquito, Roberto, Guillot y Waldo. El Zaragoza formó con uno de esos equipos que los niños sabían de memoria con su peculiar ritmo: Yarza; Cortizo, Santamaría, Reija; Isasi, Pepín; Canario, Duca, Marcelino, Villa y Lapetra. Luis Belló contaba una anécdota muy curiosa, vinculada con Marcelino: España había vencido en la Eurocopa a Rusia tres días antes y él había marcado el 2-1 a Yashin de un cabezazo increíble a centro de Pereda. Se había convertido en el héroe nacional y todos querían estar con él, incluido el Marqués de Villaverde que lo llevó a su hospital. Los zaragocistas estaban concentrados en su hotel y él no llegaba; de pronto lo vieron por televisión. El Zaragoza ganó 2-1, con tantos de Villa y del ariete. Así se arregló el mosqueo general con el cabeceador de Ares.

El cinco de julio, con el relevo de Santos por Duca, jugó la final de la Copa del Generalísimo en el Bernabéu ante el Atlético de Madrid de Ramiro, Adelardo y Collar. Los aragoneses, con goles de Lapetra y Villa, repitieron victoria, 2-1. Cuando regresaron a casa, los aficionados los fueron a esperar a Ateca. Fue el mejor de todos los años del club. Y, además de un equipo de ensueño, tuvo un entrenador ideal: afectuoso, sabio, diplomático y educado. Luis Belló. Él concibió el milagro zaragocista de hace medio siglo. “Aquel fue el mes más vibrante de mi vida”, diría. Por eso, ‘Pitico’ Reija lo paseó varias veces sobre sus hombros con una sonrisa de satisfacción.

 

EL ANECDOTARIO

Tal como eran. Luis Belló, suegro del escritor Ignacio Martínez de Pisón, tuvo que dejar el banquillo porque el club había firmado un contrato con Roque Olsen. Fue director deportivo y probó en otras latitudes: entrenó al Alcañiz y al Cartagena en categorías inferiores, y al Betis, Castellón, Murcia y Pontevedra en Primera. A mediados de los años 90 me contó así las claves del juego de su equipo. Las recoge Rafael Rojas en ‘Magníficos. La Edad de Oro del Real Zaragoza’ (Doce Robles, 2014): «Lo pasábamos genial jugando al fútbol, disfrutábamos un montó (...) Carlos Lapetra era muy cerebral, ponía orden; cogía la pelota, la paraba, miraba a sus compañeros y decía: “Quietos, ahora vamos a organizarnos nosotros”.  Villa era estupendo; destacaba por su zancada, su finta, su dribling y su oportunismo ante el gol. Canario era tremendo: era rápido y poseía olfato de gol. Santos era técnico y cerebral, pero a la vez muy sacrificado. Marcelino representaba el remate y era un delantero centro clásico e impresionante. Pero la clave era saber aprovechar las cualidades de todos ellos, conjuntarlas y hacer un equipo ».

 

DEL 'LIBRO DEL DESASOSIEGO'

DEL 'LIBRO DEL DESASOSIEGO'

FRAGMENTOS DEL ‘LIBRO DE DESASOSIEGO’

Hace algunos años, en un encuentro cervantino en Mérida, conocí a Antonio Sáez Delgado, profesor en Lisboa. Escritor, traductor, animador de mil cosas. Siempre estaba con un proyecto bajo el brazo y su mirada se disparaba en mil direcciones. Fernando Pessoa era una de ellas. Le ha dedicado artículos, ha traducido algunos de sus libros, artículos, textos, etc. y ahora, en una preciosa edición, publica en Pre-Textos una nueva traducción de ‘Libro del Desasosiego’, que habrían escrito dos heterónimos de Pessoa, no los más conocidos, como Bernardo Soares y Vicente Guedes. En menos de diez páginas, Antonio cuenta la historia del este libro de ‘fragmentos, fragmentos, fragmentos’ y recuerda todas sus ediciones, con sus pequeñas variaciones. Aquí parte de la edición de 2013 de Jerónimo Pizarro y se va casi a las 500 páginas. Uno de esos libros irreductibles, inextricables, que se pueden leer como una experiencia excepcional de un tirón, o entrar por aquí y por allá, y disfrutar de su energía, de su sabiduría, de sus arrebatos e intuicones, y de su enigma.

Tras el prefacio, el arranque es este:

-“Mi alma es una orquesta oculta; no sé qué instrumentos tañen y chirrían, cuerdas y arpas, timbales y tambores, dentro de mí. Solo me conozco como sinfonía”.

-“Ser puro, no para ser noble o fuerte, sino para ser uno mismo. Quien da amor, pierde amor.

Renunciar a la vida para no renunciar a sí mismo.

La mujer: una buena fuente de sueños. Nunca la toques”.

-“Para comprender, me he destruido. Comprender es olvidarse de amar. No conozco nada al mismo tiempo más falso y significativo que aquel dicho de Leonardo da Vinci de que no se puede amar u odiar una cosa sino después de comprenderla”.

-“La soledad me desola; la compañía me oprime. La presencia de otra persona distrae mis pensamientos; sueño su presencia con una distracción especial, que toda mi atención analítica no consigue definir”.

*Fernando Pessoa a los seis años.

MARÍA FÉLIX, MARÍA BONITA

MARÍA FÉLIX, MARÍA BONITA

A PLENO SOL. María de los Ángeles Félix Güereña (1914-2002) es una de las grandes actrices que ha dado México al cine. Se casó cuatro veces, trabajó con Buñuel y Renoir, intervino en 47 películas y dejó el rastro de una actriz de carácter, de gran belleza. [Este verano publiqué en Heraldo este texto. Me reencuentro con México, con María y con esta foto de Héctor García.]

 

 

María Félix, la diosa de México

 

«María Félix fue una actriz que perteneció a esa categoría de actores que se transforman en personajes de sí mismos», dijo Octavio Paz, que escribió a menudo de María de los Ángeles Félix Güereña. Le adjudicó otra frase para la inmortalidad: «María nació dos veces: sus padres la engendraron y ella se reinventó a sí misma». Nació en Álamos, Sonora, México, en abril de 1914 y renació en 1943, cuando el escritor Rómulo Gallegos la vio y dijo: «Esa es mi Doña Bárbara». Fue la elegida para la versión cinematográfica de Fernando Fuentes. Entre Doña Bárbara y María Félix había un claro paralelismo: eran mujeres de armas tomar, poderosas, solitarias en el fondo, bellas y exuberantes, dispuestas a desafiar la virilidad de cualquier varón.

Como nadie nace de la nada, María vivió momentos muy especiales: tuvo once hermanos, se llevó bastante mal con sus hermanas, aunque jugó mucho en el rancho de sus abuelos, donde aprendió a montar a caballo. Sintió una predilección «casi pecaminosa» por su hermano Pablo. Su complicidad era tan intensa, y se acrecentaba tanto cada día, que a sus padres los alarmó: creyeron que eran dos enamorados incestuosos. Y decidieron enviar al joven a un colegio militar. Al poco tiempo, puso fin a su vida de un disparo en la sien. María quedó destrozada.

 Allí empezaba otra existencia. María se trasladó a Guadalajara y en la Universidad se convertiría en la reina de la belleza, en la joven adorable y adorada: todos querían dibujarla, hacerle fotos, percibir su hálito, sentir que aquella diosa juvenil estaba cerca. A todos enamoraba. Sin embargo, quien la sedujo fue un representante de Max Factor, Enrique Álvarez. Esa relación, según sus biógrafos, nació del intento de huir de su agobiante padre, que era un indio yaqui (María creería como él en el poder simbólico de la serpiente), más que de un amor sincero. Poco después se separaron, y la bella divorciada se trasladó a México D. F. para huir de las malas lenguas. No tardaría en debutar en el cine, con ‘El peñón de las ánimas’ (1943), donde coincidió con un Jorge Negrete, rico y famoso y amado, con el que no se entendió. Poco después, realiza la ya citada ‘Doña Bárbara’, que la catapultó y perfiló su carácter y quizá algunas de sus constantes en la pantalla: cierto histrionismo, cierta contundencia de genio y de seguridad apabullante en sí misma, que lindaba a veces con la antipatía y con la mujer fatal. Algunos títulos de películas abonarían esa imagen: ‘La mujer sin alma’, ‘La devoradora’, ‘Doña diabla’, etc.

A la vez que triunfaba en el cine mexicano, también tenía una tumultuosa historia personal. En 1943 se casó con el músico y cantante Agustín Lara (hacía años había dicho: «un día me voy a casar con ese señor que canta tan bonito»), que le escribió canciones inolvidables, entre ellas, ‘María Bonita’. El Premio Nobel Octavio Paz enmendaría con sutileza al músico: «María Félix no era bonita: era bella». Bella, altanera, lenguaraz, mandona, como ella misma diría. Se amaron tempestuosamente, tanto que él llegó a dispararle; felizmente erró. Eso sí, Agustín Lara fue clave para que ella consiguiera la custodia del hijo que había tenido con su primer marido.

Años después, volvió a cruzarse con Jorge Negrete y él la persiguió tanto, le regaló flores y joyas, le hizo muchas llamadas de teléfono; al final, aquel vendaval de pasión cuajó en 1952, en una fiesta impresionante. La relación apenas duró once meses porque Negrete, ‘El Charro cantor’, falleció en diciembre. Si ya para entonces había trabajado en España (en ‘Mare Nostrum’, en ‘Una mujer cualquiera’ y ‘La noche del sábado’), en Francia (nada más y nada menos que con Jean Renoir en ‘French Can Can’) y en Italia, también colaboró con Luis Buñuel en ‘Los ambiciosos’ (1959), con un malherido Gerard Philipe de partenaire. A ella no le gustó demasiado el proyecto, pero allí se oyen frases como «El amor es demasiado hermoso para lo que es nuestra relación» o «su galantería se parece a la indiscreción». «Yo era amiga de Buñuel antes de trabajar con él. Se encaprichó con esta película. Hubiéramos podido hacer lo que hubiera querido. ¿Cómo era Buñuel? A todo dar. Extraordinario y fabuloso. Con él todos los epítetos parecen pocos. Era un buen tipo surrealista que tenía un exceso de fijación contra la iglesia», diría años después.

El cuarto marido de María Félix fue el banquero Alexander Beger. Y acabó sus días con el pintor ruso-francés Antoine Zpafoff. Tuvo muchos pretendientes y amores, entre ellos Luis Miguel Dominguín. «Yo no fui una devoradora de hombres, ellos me devoraron a mí», diría. A pocos les pasaba inadvertida su mirada hipnótica, su belleza racial y morena, su energía, su personalidad, su clase y su osadía. Y otro de los que sucumbió a su hechizo fue el muralista Diego Rivera. Dicen que la amó durante diez años: la amó, platónicamente al parecer, la esperó, la pintó, se desesperó tanto que hasta su esposa Frida Kahlo le envió una carta intercediendo por su amor. María Félix, vencedora de cuatro premios Ariel (en 1986 recibió el de oro), se convirtió en un mito mexicano y universal que participó en 47 películas. Fue buscada por los grandes de la moda como Dior o Chanel, acumuló grandes colecciones de joyas, porcelanas, muebles, pintura y plata, grabó un disco y fue objeto de retratos pictóricos de Leonor Fini, Remedios Varo, Leonora Carrington, Orozco, el citado Diego Rivera... Murió durante el sueño a los 88 años.

 

el anecdotario

 

Duelo de divas. A María Félix le han dedicado varios libros. El mismo Carlos Fuentes, Premio Cervantes, le dedicó dos: ‘Zona sagrada’ (1967), una novela que cuenta la historia de una famosa actriz mexicana que abandona a su hijo Guillermito por diversas razones; la historia, es obvio, hace pensar en María Félix y su hijo Enrique. Y la pieza teatral ‘Orquídeas a la luz de la luna’ (1982), donde se cuenta la relación de Dolores del Río y María Félix, las grandes estrellas del cine mexicano, en relación con Orson Welles. El director de ‘El proceso’ estaba fascinado con la lencería negra de Dolores y de pronto conoce a María. La obra, dirigida por María Ruiz, se estrenó en Zaragoza con Marisa Paredes, Julieta Serrano y Eusebio Poncela. A María le indignó esa parodia y retiró la palabra a Fuentes: lo llamó “mujeruco”. En su autobiografía ‘María Félix. Todas mis guerras’ (Clío, 1993) escribió: «Con Dolores del Río no tuve ninguna rivalidad. Al contrario, éramos amigas y siempre nos tratamos con mucho respeto, cada una con su personalidad. Éramos completamente distintas. Ella era refinada, interesante, suave en el trato, y yo en cambio enérgica, arrogante y mandona».

 

HISTORIA DE LA BANDA DE EJEA: UN DIÁLOGO CON JAVIER COMENGE

HISTORIA DE LA BANDA DE EJEA: UN DIÁLOGO CON JAVIER COMENGE

ENTREVISTA. JAVIER COMENGE. Director musical de la Banda Municipal de Ejea

 

“La Banda de Ejea es como

una familia que hace música”

 

ANTÓN CASTRO. Zaragoza

La Banda Municipal de Ejea de los Caballeros se fundó hace ahora un siglo, en 1914. El pasado domingo, a las 18.00, en la Sala Mozart del Auditorio ofreció un concierto benéfico a favor de la Asociación Española contra el Cáncer. Su director Javier Comenge, de 40 años, repasa un siglo de historia y los sueños de futuro.

Empecemos, ¿qué significa que una Banda Municipal de Música como la de Ejea cumpla un siglo? 

Una gran satisfacción y, sobre todo, la gran alegría de participar este año en los actos que se están realizando.

 

¿Cuáles fueron sus orígenes? 

Los primeros documentos que aparecen en el archivo municipal datan de mitad del siglo XIX y hay datos y fechas concretas a partir de 1881. En Ejea y en la comarca de la Cinco Villas desde finales del S. XIX aparecen músicos locales con grandes inquietudes por la música, sobre todo de viento y percusión. Es en 1913 cuando el Ayuntamiento acuerda constituir la Banda Municipal de Música de Ejea y se materializa en 1914 con el reglamento de la Banda y una partida presupuestaria para el director y la compra de instrumentos. Y así hasta hoy.

 

¿O sea, que ya existía una tradición especial de música en la localidad? 

Sí, desde finales del siglo XIX en Ejea y la comarca de las Cinco Villas la música ha tenido importancia y relevancia en las fiestas patronales y en el acompañamiento de las autoridades. A partir de la mitad del siglo XX, y hasta 1980, la banda de música tocaba todos los domingos desde San Juan hasta las fiestas del Pilar.

 

¿Cuáles serían las dos o tres anécdotas que le han contado y que más le impresionaron? 

Que un año para San Juan, a mediados de 1950, el alcalde decidió que la banda de música no tocara en las fiestas; los jóvenes furiosos rompieron los instrumentos. La Banda estuvo un año sin poder tocar hasta que hubo partida presupuestaria para adquirir el material. Otra anécdota: la banda tocaba desde los 1940 a 1970 en la Plaza España, se ponía el Bombillón para iluminar la plaza y los jóvenes bailaban durante dos horas pasodobles junto a la banda... Me parece precioso: ahí era cuando se conocían los chicos y chicas de Ejea.

 

¿Se sabe, por ejemplo, cuántos directores han pasado, una cantidad aproximada de músicos y de conciertos? 

Sí, está todo en el archivo municipal. Asun Gil, la archivera del Ayuntamiento de Ejea, está preparando un libro sobre los 100 años de la Banda de Música de Ejea que saldrá a final de año. Desde 1914 hasta hoy hemos estado al frente de la Banda Municipal 16 directores titulares, músicos aproximadamente 1000... ¿Cuántos conciertos? No le sabría decir.

 

¿Cuál ha sido la reacción del ejeano ante su banda? 

En el siglo XX, hasta la democracia, se vivió una reacción positiva porque amenizaba las fiestas populares: amenizaba el ocio, el baile, la diversión. En los últimos años yo he notado una reacción de admiración por la Banda, por sus conciertos y actuaciones, sobre todo he notado una buena armonía ente los ciudadanos y la Banda en las últimas fiestas patronales cuando la agrupación fue la pregonera de las Fiestas de la Virgen de la Oliva 2014, el 30 de agosto.

 

A lo largo del tiempo, ¿cuál ha sido la pieza más querida y por qué? 

Creo que el ‘Himno de la Virgen de la Oliva’ es la pieza que se toca el día de la patrona el último domingo de agosto porque la gente se identifica con este himno-melodía. Y también con la habanera ‘Volver a Ejea’ de José Luis Urbén, la piden dentro y fuera de la provincia, especialmente cuando viajamos fuera de Aragón. Gusta mucho este tema posiblemente por la letra y la melodía que es preciosa. Santiago Solano, que es compositor y arreglista, la preparó para la banda de Ejea y ha tenido mucho éxito.

 

¿Quién más ha compuesto específicamente para la banda? 

Desde Ramón Borobia en 1930, directores de la banda como Enrique Monreal, o el ejeano Sergio Jiménez, que actualmente está trabajando en Los Ángeles con mucho éxito.

 

¿Cómo fue su llegada a la banda? ¿Qué supone para usted ser el director? 

Fue casual, yo estaba trabajando como fliscorno-trompeta en la Banda Municipal de Música de Santander y una amiga me llamó y me comentó que sacaban la plaza de director de la Banda de Música de Ejea. Quería vivir en Aragón, me presenté, aprobé la plaza. Hace ahora 10 años de todo eso (el 19 de octubre de 2004). Para mí supone una gran satisfacción, un honor y un orgullo ya que el pueblo de Ejea es especial, a sus gentes les gusta la música. El ayuntamiento apuesta por la música por la Cultura, por la Escuela y Banda de Música y la concejalía de Cultura mima y quiere a la Escuela y a la Banda de música, las apoyan al cien por cien.

 

¿Cómo es ahora el panorama de la música en Ejea y los vínculos con la banda? 

Es muy bueno. De 17.000 habitantes 825 personas estudian en la Casa de la Música. Cada familia tiene a uno o dos personas estudiando música en Ejea y los vínculos con la banda son especiales. Es como una familia. En la banda hay muy buena relación, en total somos 150 componentes entre la Mini Banda, la Banda Juvenil y la Banda Municipal, hay una relación muy estrecha entre los componentes y las familias de los mismos.

 

¿Cuáles serían para usted los hitos fundamentales durante su dirección? 

El haber tocado el 25 de julio de 2010 en la Catedral de Santiago de Compostela Año Xacobeo, haber tocado en el Centro de Sevilla un Concierto de Marchas de Procesión el Lunes Santo de 2012 y, sobre todo, lo que más valoro es la participación de la Banda en Ejea, en sus fiestas, el Día del Pilar, para San Juan... Sacar la Banda a la calle me parece lo más hermoso y lo más grande: me emociona que la gente lo valore y vea a la agrupación como algo propio del pueblo.

 

¿Cómo se han planteado un concierto como este del domingo, a las 18.00, en la Sala Mozart del Auditorio? ¿En quién piensan? 

El año pasado hicimos el primer concierto benéfico destinado a la donación de órganos y este año del Centenario de Banda Municipal de Ejea la Asociación Española Contra el Cáncer (aecc) nos pidió si podíamos colaborar conjuntamente. Dijimos que sí y hemos preparado un espectáculo de mucho nivel con colaboraciones de primera fila.

 

¿Qué supone tocar con Tako? 

Una gran satisfacción. El año que viene cumplen 30 años y para muchos de los componentes de la banda es una institución musical de Ejea y de Aragón. Haber podido preparar tres temas con ellos ha sido algo precioso. Los ensayos han sido especiales, los arreglos están muy bien realizados y el resultado es sorprendente. En el escenario estaremos el domingo 148 componentes de la banda de música de Ejea, 166 coralistas (hemos ensayado durante un mes con ellos: tienen gran calidad musical y humana), Tako, Nacho del Río y Sara Jiménez, todo un lujo.

¿Cómo imagina el futuro de la Banda?

Sueño que sigamos así, siendo una familia, unos amigos que quieren hacer música, convivir, viajar y disfrutar tocando y mostrar lo que ensayamos al público. Ese es el sueño que deseo. Con nuestro sonido buscamos la belleza, la dulzura, evitar la fuerza, imitar con los instrumentos de viento y percusión a la voz humana, a la naturaleza, hacer fácil lo que interpretamos.

 

Se cumplen 20 años del Auditorio. ¿Cuál es su reflexión? 

Qué curioso: estuve hace 20 años en el primer concierto y estuve hace unos días en el de su 20 cumpleaños. Estamos ante el mayor auditorio de España, nosotros hemos tocado en varias salas como el Palau, Barcelona, Madrid, etc., pero la sonoridad tan particular del Auditorio de Zaragoza no existe en otros sitios. Es un lujo y una suerte. Deseo que su variada programación no decaiga y que valoremos lo que tenemos, que es mucho y muy bueno.

 

*El pasado domingo la Banda Municipal de Ejea ofreció un concierto benéfico a favor de la Asociación Española contra el cáncer y a la vez celebró su primer siglo. Mari Carmen Sanz y yo condujimos el acto. Fue un concierto emocionante.

 

XAVI AYÉN: UN DIÁLOGO

XAVI AYÉN: UN DIÁLOGO

Entrevista. XAVI AYÉN. Periodista cultural. Autor de ‘Aquellos años del boom’ (RBA, 2014)

“Calaceite es una ciudad literaria del boom”

 

Xavi Ayén (Barcelona, 1969) es periodista de 'La Vanguardia' y autor, con el fotógrafo Kim Manresa, de un delicioso libro: 'Rebeldía de Nobel' (El Aleph). Invirtió diez años de trabajo en la redacción de 'Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que lo cambiaron todo', un formidable ejercicio de periodismo cultural y de investigación. El libro mereció el premio Gaziel de biografía de 2014, que convoca RBA, y se presenta hoy en la librería Cálamo. Ahí se habla de la amistad y la ruptura de García Márquez y Vargas Llosa, de Cortázar y de Carlos Fuentes, de Barcelona como foco esencial de la literatura latinoamericana de los años 60 y 70, de Carlos Barral o de las influencias y la audacia de Carmen Balcells, agente literario de Gabo, Vargas Llosa o José Donoso, el escritor chileno que vivió alrededor de un lustro en Calaceite. Hace algunas semanas, Xavi Ayén viajó a la villa del Matarraña para presentar su libro.

¿Cuál es la importancia real del vínculo Calaceite con el boom? 

Calaceite es el refugio para aquellos miembros del boom que no triunfaron comercialmente. Los chilenos Donoso y Wacquez lo convierten en su lugar de residencia fijo y atraen allí a todos los otros autores: Vargas Llosa, Edwards, García Márquez, Fuentes… todos visitaron Calaceite, que aparece así, por méritos propios, en el mapa mundial del boom. Es increíble que una localidad de 1.500 habitantes concentrara tal densidad de escritores de primera línea. Allí se escribió, además, la parte final de 'Historia personal del boom' o las 'Tres novelitas burguesas' de Donoso, y partes de 'Casa de campo'.

¿Fue Calaceite una especie de refugio de fin de semana de autores como Gabo, Vargas Llosa, Cortázar a veces, etc.? 

Sin duda. Con más o menos periodicidad, acudían allí, atraídos por lo exótico del lugar, su aislamiento mediático y las esencias de una España rural que desconocían, lo ven como un lugar "aún no prostituido", un remanso de pureza frente a la corrupción del mundo editorial. Frente a un Cadaqués carísimo y dominado por la gauche divine, o a un Calafell que era el reinado de Carlos Barral, Calaceite -aún conteniendo aspectos y personajes de esos otros mundos- erige una personalidad propia y, esto es importante, es una ciudad literaria construida por los propios autores del boom, no algo que ya se encuentran hecho cuando llegaron. A la mayoría les gustaba para eso, para un rato o un fin de semana porque, como decía el mundano Edwards, “cómo resistir estos fríos, estas lluvias, estos silencios”.

José Donoso es el personaje más complejo del libro. O uno de ellos. Amargado, sin suerte, poco reconocido, homosexual más o menos secreto... ¿Cómo fue su vida en el Matarraña, qué significó para él ese período? 

Irse a Calaceite supuso para él una frustración inicial. No tenía dinero para comprarse una casa en Barcelona pero sí en aquel lugar. Fue su vocación literaria la que le llevó allá, pues sabía que en aquel lugar podría dedicarse a escribir, sacrificando otras cosas. No congeniaba con los vecinos y tenía que traerse a sus amigos de fuera. Neurótico hasta límites indecibles, vivió por momentos su estancia como algo muy duro de soportar, algo extremadamente solitario, pero lo cierto es que allí escribió algunas de sus mejores páginas, el balance literario es muy bueno (por eso había venido). No así el familiar, con una esposa e hija maltratadas psicológicamente y los estragos del alcohol planeando sobre todos. Se sentía el marginado del boom, y con razón, pues hasta la prensa de su país inició un debate sobre por qué no había escritores chilenos en el boom… lo que acabó de rematarlo.

Habla mucho de Mauricio Wacquez, otro escritor, y traductor, chileno. ¿Qué le atrajo del Matarraña? 

Siguió a su amigo Pepe Donoso y le gustó el lugar. Sus medios económicos precarios le recomendaban vivir en un lugar barato. Aunque se trataba de un entorno rural, el aislamiento del lugar y sus pocos vecinos le permitían vivir su relación homosexual con una sensación de mayor libertad que en una gran ciudad. Y, claro, allí encontró el tiempo y el ambiente necesarios para, también, escribir. Dandy alegre, aunque capaz de sumirse en profundas depresiones, fue la amistad con Donoso lo que le hizo disfrutar más el pueblo. "Cuando se fue Pepe, se acabó la felicidad", llegó a decir, acaso exagerando.

¿Qué sabe de las estancias de Buñuel en Calaceite, de las conversaciones con José Donoso? Existen fotos de ambos... 

Planearon el rodaje de la novela 'El lugar sin límites' de José Donoso, que Buñuel mismo quería dirigir. Al final, el guión lo hizo el argentino Manuel Puig y la película la dirigiría un discípulo de Buñuel, Arturo Ripstein, en 1977. A Donoso le desesperó la tardanza y tuvo algunos encontronazos con Buñuel por este tema, hasta el punto de que giraba de cara a la pared el retrato suyo que tenía colgado. Por eso le escribe: “Tengo que comunicarte que hoy me traen seis toneladas de leña. Son para hacer la fogata en que quemaré tu foto si no me haces la película: te mandaré las cenizas. También te mandaré la cuenta de los psiquiatras míos, de mi mujer y de Pilarcita”.

Comenta que Donoso impartió talleres literarios en Calaceite... 

Donoso aprendió en Iowa la técnica de los talleres literarios y fue una obsesión suya importarla a España o, más tarde, a Chile. En Calaceite, se hicieron reuniones informales con algunos de sus visitantes de fin de semana o de verano, entre ellos Ana María y Terenci Moix o Elsa Arana. Ya los formaliza como taller, con alumnos inscritos y horarios, en Sitges. 

Explica los motivos de la ruptura de García Márquez y Vargas Llosa, dos premios Nobel y grandes amigos durante mucho tiempo. ¿Qué pasó? 

Fueron muy amigos, se decía que sus viviendas estaban comunicadas, eran brillantes, talentosos, con gran empatía. Luego la vida los separó. En medio de una crisis matrimonial que estaba atravesando Vargas Llosa, García Márquez tuvo una conversación con Patricia, la mujer de Vargas Llosa, y cometió una indiscreción que motivó el enfado de su amigo, que no podía comprender por qué había actuado así su amigo. Algún tiempo después, en 1976, se encontraron en México, y García Márquez se acercó para darle un abrazo a Vargas Llosa y éste le dio un puñetazo que lo tumbó al suelo. Así se deterioró esta gran amistad y así comienza, en cierto modo, el libro. 

 

 

*Esta entrevista se publicó ayer en Heraldo.es

POEMA DE TERESA ROSENVINGE

POEMA DE TERESA ROSENVINGE

[Mi hija Aloma me ha traído de Madrid el poemario ‘No es el mar, es el invierno’ de Teresa Rosenvinge (Madrid, 1957), a quien conocí en Madrid en una ocasión con muchos amigos: Vila-Matas, Pisón, C. A. Molina, Mercedes Monmany, Félix Romeo, B. Prado, y entre ellos, fascinante, estaba Álvaro Mutis. Entonces, Teresa trabajaba en Diario 16. El libro, delicioso y familiar, con evocaciones marinas e invernales, con un homenaje a su madre y poemas para sus hijos, ha sido publicado en la colección de poesía El levitador.]

 

 

EN EL INVIERNO

 

PARECE el rumor del mar,

las olas contra los arrecifes

detrás de los tejados,

las chimeneas,

los edificios sombríos,

tristes como cuarteles

de donde huyó el amor.

 

Y no es el mar, es el invierno.

En las azoteas de la melancolía,

no es el mar, es el invierno.

No es el mar, es el invierno.

 

[Mi hija Aloma me ha traído de Madrid el poemario ‘No es el mar, es el invierno’ de Teresa Rosenvinge (Madrid, 1957), a quien conocí en Madrid en una ocasión con muchos amigos: Vila-Matas, Pisón, C. A. Molina, Mercedes Monmany, B. Prado, y entre ellos, fascinante, estaba Álvaro Mutis. Entonces, Teresa trabajaba en Diario 16. El libro, delicioso y familiar, con evocaciones marinas e invernales, con un homenaje a su madre y poemas para sus hijos, ha sido publicado en la colección de poesía El levitador.]

 

*La ilustración es de Christian Coigny.

CASI UN CUENTO CON FLORES

CASI UN CUENTO CON FLORES

Cuentos de domingo / Antón Castro

 

El lenguaje de las flores

 

El héroe del mar es un héroe de la muerte, dijo Gaston Bachelard. En Galicia o en esas costas escarpadas donde se le hurtan tantas riquezas al océano, algunas tan afrodisíacas como los percebes, hay una auténtica siembra de cruces de despedida. Y quizá, en ocasiones, también podría deducirse algo parejo del conductor, del viajero, de esos seres que pasan casi media vida en el coche y padecen un instante decisivo, terrible y mortal, en su interior. Las calzadas, sus señales o sus árboles, siempre tienen un detalle, un recuerdo, un homenaje, un hito. Desde hace más de un lustro me llama la atención un ramo de flores que está perfectamente atado a una señal en la rotonda que permite el acceso a Garrapinillos, al aeropuerto o Zaragoza, cerca de Miralbueno. Está siempre allí: impecable, elegante, casi cabría pensar que las flores se ajustan a cada estación del año por la intensidad de su colorido, por la disposición, por su armonía. Si un día se percibe que las plantas se marchitan, al siguiente hay un ramo nuevo, hermosísimo, fresco, en pura plenitud floral. Llaman la atención ese cariño, esa ternura, esa obsesión casi sobrehumana. Es como si no hubiera ni segundos de olvido. Allí, en una de esas tardes de inmenso agobio de tráfico, un señor maduro se puso nervioso en la espera. Quizá se sintiera presionado, quizá fuera pitado, quizá midiera mal el tiempo; al final aceleró para cruzar la calzada de doble dirección. Un camión se le echó en encima. La fatalidad puso fin a sus días en una maniobra que había repetido muchas veces. Sin contemplaciones. Con una fiereza que no necesita otras palabras. Desde el suceso, que no ha sido el único, alguien de su familia, alguien que no desfallece en la entrega, le deja su mejor recuerdo, las rosas de la ternura, la carta del náufrago al más allá. Jamás he visto colocar los ramos, que deben ser alrededor de diez o doce al año. También en eso la historia es misteriosa. Es como si le dijeran al muerto: “Siempre estás en nuestro recuerdo, tal como te gustaba: entre flores”. A menudo me pregunto qué intensa narración de amor hay detrás de la ofrenda y cómo estará de cuidada su tumba.

 

*La foto es de Ormond Gigli. Leslie Caron

 

LINA VILA: 'ESCAPAR A LA BIOGRAFIA'

LINA VILA: 'ESCAPAR A LA BIOGRAFIA'

Mujer de bosque con alas y plumas 

 

Lina Vila ha invertido más de un año y medio en pintar y pintar. Pintar, grabar, dibujar, dar rienda suelta a sus obsesiones, que a veces adquieren la forma de la pesadilla o del cuento gótico, desbrozar de maleza y sombra los rincones secretos del corazón. Lina Vila se mueve en un territorio personal en el que convergen lo inmediato, la tupida flora de su jardín, y las suaves alas del delirio: unas plumas que caen sobre el musgo de un bosque, por poner un ejemplo. Hay en su estado de ánimo, y quizá siempre haya existido, un clima de desamparo y a la vez de exaltación: la forma cálida de la intemperie. El abandono. La soledad. La búsqueda. El dolor inefable e inconcreto, pero también el disparo de la luz, el fulgor del color.

 

La muestra ‘Escapar a la biografía’ no inaugura una etapa exactamente: la pintora prosigue sus tentativas, ensancha su meticulosa indagación en la naturaleza (o en fragmentos del paisaje, más bien) y ensaya, también hay que decirlo, algunos caminos nuevos, a la acuarela, con el lápiz acuarela o con esas puntas secas que tanto le gustan y que tan bien funcionan. Y regresa a uno de sus espacios más queridos: la galería A del Arte, donde hizo otra individual y varias colectivas. En esa galería simétrica, tan evocadora y limpia, su mundo halla un feliz acomodo. Los títulos parecen desnudar heridas, desgarros, inquietudes: hay piezas -más que piezas, aquí son series con varias obras: universos coherentes, compactos; heridas...- que se titulan ‘Puntaduras’, ‘Abrojos’, ‘Carencias’, ‘Final de una tarde de sol’, ‘Sin alas ni plumas’ o ‘En todo y por todo’... En Lina Vila los títulos son importantes: dan una idea de su actitud, de su estado de ánimo, de su propuesta estética y conceptual.

Pintora de lo circundante y de lo íntimo, de tempestades y de la contemplación, pintora que se asoma al jardín desde el balcón del abismo. La exposición tiene un tono muy coherente y quizá un elemento común: las flores. Y en particular, los cardos. Una pintora tan llena de referencias dialoga con otras artistas como Dorothea Tanning, en primer lugar, Georgia O’Keefe, maestra de las flores, Kiki Smith, etc. Son las afinidades electivas que Lina escoge. La artista busca su identidad y a la vez se muestra escurridiza; ese paradoja se refleja en dos espléndidas piezas con máscara; en una de ellas, con autorretrato incluido, la pintura parece recordar o rendir homenaje al relato de Judith y Holofernes. A Lina Vila le preocupan las imágenes. La tensión del color. La belleza exuberante o contenida, el arrebato y el dibujo anunciado, la fuerza seca de los cardos y a la vez la sugerencia de un torso. Hay mucho que ver y que sentir.

 

‘Escapar a la biografía’ es una exposición trabajada, de afanes, intensa, los cuadros y papeles de alguien que regresa con fervor y mucho oficio. Y que se reinventa sin contemplaciones. Su pintura nace de la vida, del sueño, de la quimera y se despliega con una subjetividad constante. Lina Vila se atreve a mostrar incluso la cocina de sus tentativas, los bocetos, los pasos previos, en el mural acucioso y coral ‘Pasatiempos (y vuelta a empezar)’.