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Antón Castro

POEMAS DE JOSÉ ÁNGEL HERNÁNDEZ

POEMAS DE JOSÉ ÁNGEL HERNÁNDEZ

CUATRO POEMAS DE JOSÉ ÁNGEL HERNÁNDEZ

 

 

*** 

Inicia la semilla

la ofrenda de su transformación

sin luz,

            en silencio.

 

*** 

 

Entre la tierra

                     que dejaste dentro

y aquella

               que nunca aprendió a verte.

 

Entre el aire

que impulsa,

que no se detendrá,

y aquel que nos abate.

 

Entre las buenas gentes

que alzan en silencio

los astros con sus manos

y aquellas que dibujan

                                  órbitas.

 

Entre quienes precisan, sin saberlo,

lindeles y burbujas,

y aquellos que aventuran

                                     su vacío.

A tientas,

los sueños,

                sin descanso.


***

 

¿Decidimos qué aire

acoge nuestros balbuceos?

¿Decidimos

                 la lengua,

                              su mirada,

símbolos, ritos, lazos?

 

Acerca el ser,

quizá,

cierta ruptura.

 

Si azar y circunstancias lo consienten,

podremos elegir

la tierra que morder,

a cuyo abrigo

                    confiar nuestros huesos,

por cuya levedad

                        se borren nuestras huellas.


****

 

Como un niño

           prendado

                    que descubre

partículas

                   de insólitos colores

                                               sin las cuales

el aire

        no sostiene

                         y en adelante

evitará su tacto,

                       pidiera

                                  comprensión

si no hay susurro

                           en el pasar

                                           de página,

si desoyera

                por entre las palabras

                                                vuestros pasos.

Disculpad

               si aún emprendo

                                       sin armas

ni bagaje

              otras miradas

                        —el único paisaje

de luz

          no detenida.

Inerme,

          en el aire,

                       la semilla acaba.

 

****

 

*Estos poemas aparecen en ’Pavesas’ y ’Lar’, el volumen que José Ángel Hernández Sánchez acaba de publicar en la colección Rayo azul de la Huerga & Fierro, colección dirigida por Enrique Villagrasa y Óscar Ayala. 

Enrique Villagrasa, consultado esta mañana acerca de la colección, me envía este texto.


UN «RAYO AZUL» IRRUMPE EN LA TINIEBLA POÉTICA

 

 

Cuando el otoño empieza a mostrar su rostro más oscuro, una sacudida editorial aspira a iluminar el cielo, más bien plomizo, de la poesía española. Estamos hablando de «Rayo Azul», la nueva colección dirigida por Óscar Ayala y Enrique Villagrasa por la que ha apostado una de las casas editoriales imprescindibles en la poesía española, Huerga y Fierro.

Nada más y nada menos que seis poemarios contundentes han desatado, simultáneamente, esa tormenta: Dije Luz, de Mar Benegas; Placeres y mentiras, de Mercedes Escolano; Pavesas y Lar, de José Ángel Hernández; Vikinga, de Isabel Tejada; Después, de Isabel Bono y En este momento que llamamos lugar, de Juan Antonio Tello. No cabe duda de que los responsables del proyecto han querido dejar constancia de la confianza con que afrontan esta criatura ajena a las modas, corrientes o esclavitudes comerciales, concebida como un «templo» para la poesía donde impera un solo criterio: la calidad. De ello dan muestra los casi dos años que han tardado en seleccionar los primeros libros y en dar con un diseño rotundo, limpio, mimado.

A este respecto, Antonio Huerga reconoce estar emocionado y sorprendido por el resultado. En esta colección se vuelca la esencia de lo que Charo y Antonio han aprendido en cuarenta años de oficio: «la oportunidad de mostrar nuestro grado de compromiso y de innovación que ofrecía dar a luz Rayo Azul precisamente ahora. Esa responsabilidad que obligaba a que el resultado tenía que ser una muestra de que la ilusión y la capacidad de innovar existe a pesar de los años que llevamos en la aventura de editar». Y es que, hay que reconocerlo, el equilibrio, el buen gusto y los detalles de los libros consiguen ser una prolongación de la acción creadora de los autores, no un simple contenedor de sus versos.

En cuanto a la línea de la colección, los coordinadores admiten que solo hay un criterio: la calidad. No hay preferencias ni límites, al menos declarados. Ambos se reconocen, sobre todo, como lectores de poesía, y han sido las reiteradas coincidencias ante la emoción contenida en determinados versos la que les ha llevado a retomar un proyecto que venía de hace tiempo y armarlo desde la casa de Huerga y Fierro. Si bien no faltan ni editoriales ni oportunidades para editar en este país, sí echaban en falta una colección de referencia, una colección a la que acudir sin temor a equivocarse, porque no cabe duda de que cualquier poemario de esta colección será excepcional. «Para publicar buena poesía -dicen- hay muchas editoriales y colecciones en España. Incluso para publicar poesía notable y hasta dudosa poesía hay muchas colecciones. Pero para publicar poesía excepcional no hay tanta, y el lector de poesía debe saber dónde puede acudir». Hay muy buenas colecciones, pero, desde la desaparición de alguna editorial ya legendaria, los catálogos de la gran mayoría se han ido llenando de libros que no son tan buenos. Hay que preservar alguna y no permitir que tenga fisuras. Los coordinadores han diseñado un sistema de selección con decenas de lectores previos que criban poemarios sin ningún tipo de referencia, para que no haya ningún condicionamiento en la selección. Así, autores consagrados podrán convivir perfectamente con jóvenes autores; es más, según confiesan, el único sentido, la única motivación que tiene cargarse con tanto trabajo, es ser los primeros en leer al que pueda ser el gran poeta del siglo XXI y facilitar a los lectores el acceso inmediato a su obra.

En cuanto a la insólita decisión de salir con seis libros de golpe, en noviembre, anunciando que en la próxima primavera se hará la segunda entrega con otros tantos poemarios tan rotundos como los primeros, los responsables confiesan que es totalmente premeditada. Su pretensión no es entrar en el mercado y competir por un lugar en una estantería semanal de algunas librerías escogidas, sino crear un fondo de libros siempre accesible y atemporal, como debe ser la buena poesía. ¿Para qué empeñarse en publicar un libro excelente que luego no va a ser distribuido o que en apenas unos meses va a ser inencontrable? Eso no tiene sentido. Un buen libro de poesía debe quedar al margen de la oportunidad, del interés, la moda e incluso de su tiempo y de su espacio, así que hay que preservarlo en un lugar construido específicamente para él. En cuanto al nombre de la colección, reconocen también, llegó solo, tras una noche memorable en que podrían haberse bautizado otras cien colecciones: cuando llegaron a «Rayo Azul» y se percataron de que, además de todas sus connotaciones, precisamente un rayo azul (blu-ray) fue lo que vino a sustituir al DVD, y que este era el nombre de la ya legendaria editorial que dirigió Sergio Gaspar, decidieron homenajear también, aunque fuera muy lateralmente, a un proyecto como aquel. «Debemos la vida —dicen— a los que han dedicado la suya a la poesía, tanto a crearla como a hacérnosla llegar. Todos ellos forman parte de este equipo».

 

 

 

 

 

 

 

MUERE RUIZ ZAFÓN EN LOS ÁNGELES

Fallece a los 55 años Carlos Ruiz Zafón. 

Amplia nota de Planeta.

Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 1964-Los Angeles, 2020)

 

Carlos Ruiz Zafón es uno de los escritores más reconocidos de la literatura contemporánea y el escritor español más leído en todo el mundo después de Cervantes. Sus obras han sido traducidas a más de cincuenta idiomas y han recibido los principales galardones literarios.

 

Carlos Ruiz Zafón nació en Barcelona, el 25 de septiembre de 1964. Tras estudiar en los Jesuitas de Sarrià, cursó estudios de Ciencias de la Información y fue un brillante director creativo de agencias de publicidad, hasta que a principios de los noventa decidió trasladarse a Estados Unidos y dedicarse de lleno a la literatura.

 

En 1993 se da a conocer con El Príncipe de la Nie­bla, Premio Edebé, considerada como una de sus mejores novelas juveniles y que conforma, junto a El Palacio de la Medianoche y Las Luces de Septiembre, la Trilogía de la Niebla. En 1998 publicará Marina, quizás la más personal de todas sus obras.

 

En 2001 publica la novela La Sombra del Viento, obra que le encumbrará a nivel mundial y que es el primer libro del cuarteto El Ce­menterio de los Libros Olvidados. Esta saga literaria incluye: La Sombra del Viento (2001), El Juego del Ángel (2008), El Prisionero del Cielo (2011) y El Labe­rinto de los Espíritus (2016); todo un universo literario que se ha incorporado a la literatura universal. 

 

«La voz de Ruiz Zafón es de una originalidad a prueba de bomba. La Sombra del Viento anuncia un fenómeno de la literatura popular española». La novela llevaba escasas semanas en las librerías cuando Sergio Vila-Sanjuán escribió esta afirmación en La Vanguardia en junio de 2001. Ese mismo año se imprimieron cinco ediciones, pero el auténtico fenómeno no había hecho más que empezar. Durante varios años La Sombra del Viento fue el libro más vendido en España y su publicación vendría acompañada de una enorme popularidad y acogida de la crítica en Italia, en Francia, en Holanda, en Alemania, en Reino Unido, donde The Times y The Guardian coincidieron en calificarlo como un nuevo “clásico contemporáneo”… y así hasta un total de cincuenta países, incluido Estados Unidos, donde The New York Times comparó a Zafón con García Márquez, Umberto Eco y Jorge Luis Borges.

 

Cuando se publicó la segunda entrega de la tetralogía, La Sombra del Viento había superado los diez millones de lectores, y se había hecho un lugar en la historia de la literatura. Tanto es así que, en 2014, Penguin Classics al escoger 26 clásicos de la historia de la literatura universal (tantos como letras del abecedario) para una colección conmemorativa, otorgó la Z a La Sombra del Viento. Ruiz Zafón, en compañía de Charles Dickens, Jane Austen, Marcel Proust y James Joyce, entre otros.

 

Autores de primer orden saludaron la personalidad de su literatura, como Stephen King, que escribió: «Si alguien pensaba que la auténtica novela gótica había muerto en el XIX, este libro le hará cambiar de idea. Una novela llena de esplendor y de trampas secretas donde hasta las subtramas tienen subtramas. En manos de Zafón, cada escena parece salida de uno de los primeros films de Orson Welles. Hay que ser un romántico de verdad para llegar a apreciar todo su valor, pero si uno lo es entonces es una lectura deslumbrante.»

 

El recibimiento de El Juego del Ángel y El Prisionero del Cielo no fue distinto: «Proclamo a Zafón, el Dickens de Barcelona, el escritor actual más dotado para el arte narrativo.» afirmó el Corriere della Sera. Y el Usa Today añadió, «Ha reinventado lo que significa ser un gran escritor. Su habilidad visionaria para narrar historias ya es un género en sí misma».

 

En 2016 se publicó su última novela y colofón de la tetralogía. Se trata de El Laberinto de los Espíritusuna magistral obra que dota a todo el proyecto narrativo de una fuerza arrebatadora y le da pleno sentido al personal universo zafoniano. Aplaudida en todo el mundo, le valió, entre otros, uno de los recibimientos más cálidos que se recuerdan en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, con el homenaje de miles de lectores.

 

El Cementerio de los Libros Olvidados se ha convertido en un símbolo universal de la defensa de la lectura, de la pervivencia de la memoria a través de los libros y del refugio de aquellos que creen en ellos.

 

Además del entusiasmo de millones de lectores y del aplauso de la crítica, los libros de Carlos Ruiz Zafón han recibido numerosos premios en todo el mundo.

DE FELLINI Y JOSÉ LUIS VILALLONGA

DE FELLINI Y JOSÉ LUIS VILALLONGA

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/06/18/federico-fellini-y-jose-de-luis-villalonga-un-dialogo-cuento-de-dos-hipnotizadores-1381061.html?fbclid=IwAR2MvrXuTr5XRe1Q492p2mArDiCd4wawTR6dhZX6IsrCptY4bISrWKBVtzI

 

Federico Fellini y José de Luis Villalonga: un diálogo-cuento de dos fabuladores / hipnotizadores de la palabra

 

Elba publica una larga conversación del periodista, actor y aristócrata con el cineasta alrededor de la infancia, el mar, el cine, el amor

 

 

El pasado 20 de enero se cumplía un siglo del nacimiento de uno de los grandes magos del cine: Federico Fellini (Rímini, 1920- Roma, 1993), autor de películas tan diferentes como ‘Il Vitelloni’, ‘La dolce vita’, ‘La strada’, ‘Casanova’, ‘Ocho y medio’ o ‘Amarcord’. En 1972, José Luis de Vilallonga (1920-2007), y también estamos en su centenario, publicó en francés un libro de entrevistas, ‘Gold Gotha’, que se tradujo en España en Barral editores en 1974. Entre los textos figuraba una pieza excepcional: ‘Los espíritus de Fellini’, una entrevista-relato que acaba de reeditar en solitario el exquisito sello Elba, que dirige desde Barcelona Clara Pastor.

El prologuista Ernesto Hernandez-Busto define el texto como una entrevista-relato. Y lo es, desde el principio al final. Es como un cuento de ese formidable narrador que es Fellini, que explica muchas cosas de su vida, de su cine antes de que se dedicase al cine, de su forma de ver el mundo: la infancia, los padres, la ciudades (Rímini y Nápoles, Florencia y Roma), los primeros amores, la fascinación por los culos de las mujeres y ese mito privado de La Saraghina, tan vivo en ‘Amarcord’ (dice Fellini: “Después de la Saraghina, solo he amado de manera serena a mujeres de gran trasero”), los cementerios y la muerte, el fascismo, el cómic, la caricatura o Giuletta Massina, la mujer de su vida.

¿Cómo se hizo esta diálogo de cuento, este reportaje fascinante? Parece una minuciosa elaboración que quizá el propio Fellini revisase. A Villalonga, un gran memorialista, también era aristócrata y actor (aparecía en ‘Giuletta de los espíritus’), Fellini lo llamaba Luigini y debían citarse a cualquier hora y en cualquier circunstancia: en medio de un rodaje, en un bar, en un paseo, pero también el cineasta lo llamaba a horas intempestivas para acotar un recuerdo, una imagen o unas cuantas ideas.

Fellini dice que no inventa nada, pero se maneja a las mil maravillas en “la trampa del cuento fabuloso”, como apunta José Luis. Casi resulta difícil creerlo. Envuelve su vida en hechizo permanente, en puro deslumbramiento. Su existencia resulta tan excepcional como un cuento de hadas o de puro pánico, especialmente en relación con los sacerdotes y la iglesia. “Federico Fellini cuenta como se contaba antaño. Pausadamente. Maravillado. Tiene gestos que sirven para abrazar el mundo y miradas secretas que le sirven para ocultar su corazón. Son los gestos y miradas de un mago hipnotizador, o los de un trágico desiluisonado que se burlara con gracia de la verdadera trascendencia de su relato”. Agrega: “Cuenta salmodiando. Como una plañidera árabe o un bufón turcomano. ¿Sueña con los ojos abiertos? ¿Miente con toda su alma? ¿O tiene, sin más, reminiscencias, viejos sueños encantados de esos que se guardan toda la vida en algún cajón secreto de uno mismo”.

Rímini está vinculada a Ariosto y a Dante. Y a los nombres de los aristócratas italianos, que el niño repetía por las esquinas como un poema. Habla de la fascinación que sentía por el mar, el “mar-mujer. Más fuerte que los hombres que lo surcan. Más fuerte que su desconfianza”, ese espacio que será el territorio de acogida de “mujeres muy altas, con ojos de porcelana, rubias cabelleras al viento, muslos dorados, vientres planos y pechos firmes ya se bañan de mañana en el mar glacial”. Explica su fascinación por el ‘vitellone’, “indolente, pesimista por naturaleza, desilusionado, soñador en cierto modo, un sabio que desprecia la filosofía"-, es un producto típicamente italiano”, que sería el equivalente al señorito español; le dedica varias páginas y dice que eran sus “amigos de infancia”, una infancia dominada por tres elementos: “el Mar, el Circo y la Iglesia”.

Narra sus sueños (soñó durante una época con una “diosa enigmática” y años después llegó a su vida: era Anita Ekberg), describe la vida licenciosa de los turistas, la relación con su padre, que al final de su vida se convirtió “en un ferviente admirador de mis películas”, o la figura de su tío Alboino, interesado por el ocultismo.

Las páginas dedicadas a la misteriosa Saraghina, que era un espectáculo para los niños, son extraordinarias. Un cuento fantástico donde se alían el despertar, el asombro, la desmesura y la curiosidad del erotismo. La mujer del culo más grande del mundo, que lo exhibía ante los chicos, también cosía y descosía redes, y tenía “una voz de niña. Un hilo de voz. Muy puro, muy claro, muy tierno. Por un instante amé a la Saraghina”. Con ella, confiesa, descubrió el pecado a los ocho años. Fellini, consciente tal vez de que su copioso anecdotario no es fácil de asimilar, dice a su interlocutor: “¡Te juro que soy absolutamente incapaz de inventar!”.

Otro de los episodios que conmueven es cuando cuenta el entierro de su abuela y recorre la paz del cementerio. Allí descubrió “un mundo donde todo es posible, digno, fácil y tranquilizador. El mundo de los muertos”. Agrega: “Para mí, la Muerte debe suponer un nuevo comienzo. ¿Cuál sería, de lo contrario, el significado de nuestra vida? Volví muy a menudo al cementerio de mi abuela. Continúa siendo el mismo oasis de paz y de olvido. El lugar ideal para meditar y soñar. Quizás, también, el único lugar sobre la tierra donde conocía instantes que rozaron la perfección”.

Su historia de amor con Bianchina, su primera novia, es conmovedora. Es embrujo, pasión y desilusión, una auténtica película de las ilusiones de la adolescencia. Dice: “A Bianchina le gustaban los cuentos con locura. Descubrí con éxtasis que la vida es más real cuando se cuenta que cuando se sufre. Así que yo contaba y contaba… Bianchina me escuchaba, asombrada”. Y una conclusión que extrae de aquella experiencia a los quince años, que incluye fuga de casa y un viaje en tren: “Comprendí, de manera misteriosa, que el amor que se siente hacia una mujer es directamente proporcional a la fascinación que ella siente por nosotros. Si la admiración mata al amor, porque es fruto de la razón, la fascinación lo exacerba, porque procede del alma”.

Los espíritus de Fellini’ avanza y avanza con una atmósfera mediterránea de ‘Las mil y una noches’. Y se cierra sin que casi aparezca el cine. Antes hubo muchas más cosas: el dibujo, la caricatura, la publicidad, el periodismo, Mussolini, y una inesperada aparición femenina: Giulietta Masina, a la que amó de inmediato tras escucharla en la radio.

Una última confesión que es en sí misma un poema: “Me gusta tanto la noche. La noche es la parada definitiva de las inquietudes de la vida. Imagino la muerte parecido a esto, con estrellas, árboles, una luna siempre redonda y casas habitadas por espectros discretos”. En este libro, breve y magistral, esos espectros hablan todos en la voz de Fellini y de Villalonga, que es, por lo menos, un testigo muy activo, “contradictorio, esteta, vividor”, y unholgazán que trabajaba mucho”, tal como lo definió el poeta y crítico literario Luis Antonio de Villena.

 

LA FICHA

Los espíritus de Fellini. Un café en Piazza Navona’. José Luis de Vilallonga. Traducción de Eduardo Gudiño Kieffer. Prólogo de Ernesto Hernández Busto. Elba. Colección Minor. Barcelona, 2020. 117 páginas.

 

DIÁLOGO CON JOSÉ VERÓN GORMAZ

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/06/17/jose-veron-gormaz-el-humor-es-como-un-viento-fresco-para-la-existencia-1380915.html

UN DIÁLOGO CON MARIANO ANÓS

MARIANO ANÓS

 

«No creo que el arte esté para dar lecciones, sino para hacer alguna que otra pregunta»

«De lo que no se sabe es mejor opinar lo menos posible y confiar en quienes parecen saber»

 

«He escrito muy poco y no he pintado. La poesía siempre anda por ahí esperando salir»



Actor y dramaturgo, pintor y poeta, nacido en Zaragoza en 1945. En 2019 obtuvo el premio Especial del Jurado de 'Artes & Letras' a su trayectoria. No suele parar. A diario, como un antiguo rapsoda, ofrecía poemas con su característica voz. Así ha dialogado con su cautividad.

¿Tres meses de confinamiento es una realidad o una obra absurda de Ionesco o Samuel Beckett?

Más bien de Beckett: ‘Rumbo a peor’.

¿Qué han tenido de kafkiano?

La vida en general es bastante kafkiana. Algo de ‘La metamorfosis’ y algo de ‘El proceso’ pueden tener que ver con cómo esta pandemia ha extremado algunas situaciones ya existentes. Y también, cómo no, ‘En la colonia penitenciaria’.

Algunos autores como Camus, Sartre o el propio Javier Tomeo habían planteado casos paralelos. ¿Pensó en ellos?

No especialmente. Más bien, por no variar, me vienen a la cabeza clásicos como Shakespeare, Chéjov o Calderón. Sin necesidad de que el argumento remita directamente a una situación como esta, siempre hay en los grandes autores aspectos, apuntes, fragmentos que encuentran un eco, directo o indirecto pero siempre están ahí, esperando la ocasión de asaltar la memoria.

¿Cómo se enfrenta un actor a un hecho así? ¿Creía lo que estaba sucediendo?

«Y soñé que en otro estado más lisonjero me vi», claro. La vida de un actor no se diferencia especialmente de cualquier otra. Tal vez en una conciencia un poco más clara de que lo que llamamos «yo» es un personaje que imaginamos coherente. Y lo de «creerse el personaje» siempre me ha parecido una expresión poco afortunada.

¿Qué ha hecho de especial, cómo se ha mantenido en forma, cómo ha ensayado?

No soy precisamente hiperactivo, así que poca cosa, menos de lo habitual, que no es mucho. Algunos mínimos ejercicios de estiramiento y algunos paseos cuando ha sido posible. Por lo demás, algunas lecturas dispersas, series, películas… Ensayos propiamente dichos ninguno. No había empezado ningún montaje nuevo y los que se han aplazado requerirán algún reensayo cuando se concreten fechas.

¿Cómo se le ocurrió leer todos los días? ¿Cuál era el objetivo de recitar a Machado, Garcilaso, Blas de Otero y otros?

Empecé un poco casualmente, sin ningún plan. Me fui dando cuenta de que podía ser útil. Para otras personas, pero también para mí, desde luego. Un efecto de este encierro ha sido tener cierta dificultad para mantener la concentración en lecturas largas. La poesía sí que me ha permitido releer a muchos autores queridos e ir seleccionando algunos, sin ninguna pretensión de canon ni mucho menos. Solo decidí excluir traducciones de otros idiomas y excluir también a poetas actuales, más o menos amigos.

Mariano Anós es poeta y pintor, entre otras cosas. ¿Ha escrito, ha pintado?

He escrito muy poco y no he pintado nada. La pintura la había dejado aparcada ya hacía unos meses. En todo caso siempre he dejado períodos de abstinencia. La poesía anda por ahí esperando salir; quizá el tener un libro reciente le aconseja esperar, y ella es la que manda.

No ha parado… ¿Qué le han dado y qué les da a las redes sociales?

Me dan sobre todo la posibilidad de mantener un cierto contacto con personas que, sean o no propiamente amigas, me interesan y me aportan algo. También son una fuente de información que, con los filtros necesarios, permite conocer algunas cosas que quedan fuera de los medios tradicionales. ¿Lo que yo les doy? Procuro no dar mucho la tabarra, ser conciso, compartir lo que me parecen puntos de vista útiles para seguir pensando. También, naturalmente, difundir publicaciones o trabajos en los que participo. Y a veces algún chiste.

En períodos así, ¿es cuándo se ve la utilidad o la necesidad de la cultura, la importancia que tienen el arte y la creación? ¿Han dado alguna lección los artistas?

Es posible que quienes ya la valoraban la valoren más, aunque seguramente quienes vivían de espaldas seguirán haciéndolo igual. No creo que el arte esté para dar lecciones; más bien, para hacer alguna que otra pregunta.

¿En qué sentido la tuya es una profesión precaria o más precaria que las demás?

Es una profesión en la que solo un diez por ciento, como mucho, puede vivir de su trabajo. Y eso a saltos, con suerte. El mayor problema, en este país, no tanto en otros, es la falta de continuidad. No es solo un problema económico, sino también artístico, por la dificultad de trabajar en proyectos que no dependan de un resultado inmediato.

¿Qué pasa en el mundo y en las ciudades cuando se cierran los teatros, los cines, los museos?

Es una amputación dolorosa, sí. Es una vida triste.

Ha sido crítico con los críticos al Gobierno. ¿Por qué?

Sin duda hay críticas fundadas, pero el 90% al menos de las que se hacen se harían igual si las decisiones fueran totalmente diferentes. Se hacen por el hecho de quiénes están en el gobierno, no por lo que hagan o dejen de hacer. Y finalmente se trata de quién grita más.

¿Qué elogia y qué critica de la gestión de la pandemia?

Ni elogio ni critico, dado que todos mis conocimientos en materia de sanidad se reducen a ser hijo de farmacéutico. De lo que no se sabe creo que es mejor opinar lo menos posible y confiar en quienes parecen saber algo.

¿Saldremos de ésta más perturbados o con nuevos ánimos? ¿Cómo sale usted?

No tengo mucha fe en eso de la crisis como oportunidad. En cuanto a mí, por ahora diría que más perturbado, pero espero encontrar nuevos ánimos.

¿Qué le ha conmovido o qué le ha decepcionado de la reacción privada pública y política de estos 90 días?

Fueron especialmente conmovedores los primeros días de aplausos en los balcones. Creo que, además de ser los primeros, contribuían las condiciones: no había ruido de tráfico, se podía escuchar a los pájaros, a las ocho ya era de noche y la iluminación también tenía un papel. Decepciones políticas, las previsibles, aunque no tanto, no tan irresponsables.

Estaba a punto de estrenar el cortometraje ‘Solo’. ¿Qué nos puedes avanzar?

Es pura casualidad que se trate de un personaje solitario encerrado en casa. Fue un rodaje muy emotivo, en el que sin decir una palabra pasaban muchas cosas, y estoy muy agradecido a Lorenzo Montull. Lástima que haya habido que aplazar el estreno, como tantos otros.

Se ha hablado mucho de la falta de libertad. ¿Hemos redescubierto también la soledad? ¿Qué ha echado en falta?

Soy muy de abrazos y besos. Eso. La libertad nunca es total y siempre es insuficiente, pero es cuestión de aprovechar lo mejor posible la que nos toca. Con la soledad (sin abusar) nunca me he llevado demasiado mal.

 

«De lo que no se sabe es mejor opinar lo menos posible y confiar en quienes parecen saber»

 

«He escrito muy poco y no he pintado. La poesía siempre anda por ahí esperando salir»

 

 

JORDI DOCE: DIARIO DE LA PANDEMIA

Jordi Doce, ocho semanas en el territorio hostil de la pandemia

 

El poeta, ensayista y traductor publica ‘La vida en suspenso. Diario del confinamiento’ en el sello Fórcola

 

 

Jordi Doce (Gijón, 1967) es un estupendo poeta y traductor y uno de esos escritores que siempre tienen muchos proyectos entre las manos: compilaciones, antologías, entrevistas, reseñas, textos para revistas. Es un admirable, sin exageración alguna, dietarista: ha recogido sus impresiones, aforismos y crónicas particulares de su intimidad y su observación en libros como ‘Hormigas blancas’, ‘Perros en la playa’. Son de esos libros en los que apetece entrar y quedarse, o salir para volver a zambullirse al puro azar. Hay en sus textos sinceridad, reflexión, voluntad de contemplación, conocimiento y una forma serena de sentir y decir.

Jordi Doce, que vive en Madrid y es un paseante asiduo de su perra Layla, inició con el estado de alarma un diario, que se ha prolongado hasta mayo y que acaba de aparecer en Fórcola. Es el libro de alguien que habla de su perplejidad sin precipitarse, que mira en derredor, que lee la prensa, que lee a algunos columnistas -a los que parece, considera, que el coronavirus les haya atacado de manera especialmente personal, casi como una afrenta en exclusiva-, y dice qué le incomoda, qué le desconcierta, en particular de Mario Vargas Llosa o Almudena Grandes.

A la vez, con un admirable equilibrio de vida privada y vida pública, habla de lo que ve: de la policía, de los traperos que buscan residuos, de la pestilente huella de algunos caballos, de las nuevas formas de civilización y de los saludos. “Me da que esconder la cara o mirar para otro lado cuando nos crucemos en la calle será pronto una evidencia de buenos modales”, anota.

Habla de la gente en las terrazas y balcones, de los que salen a tomar un café caliente como él, de los se ponen el fosforescente traje de ciclista y apuran la pedalada. Habla de los libros que lee, o que aparca, como los diarios de Cioran, textos de Yeats, de frases que huelen a Beckett, de cómo le impresiona el disco ‘Alina’ de Arvo Pärt, que escucha su hija, de la escritura de Tomás Sánchez Santiago, y uno siente deseos de ir a leerlo de inmediato. Habla de sus terrores, de la imposibilidad de dormir, de un extrañamiento que es físico y psicológico dentro de la reclusión.

Habla de la meteorología: de las tormentas, de las distintas clases de lluvia, de las nubes, del dominio del dios sol. Y habla, muy especialmente, de los pájaros y sus diversos cantos. De entrada, casi sorprende que haya tantas aves en su derredor, por la calle Bailén de Madrid, pero las hay y Jordi Doce no solo las escucha, sino que las observa, las describe, las nombra: mirlos, gorriones, vencejos, torcazas. Dice: “Esta vida en suspenso, a la expectativa, en la que no dejamos de trabajar y cumplir con lo que se espera de nosotros. Esta vida de encierro que, sin embargo, no puede abdicar de lo que sucede fuera en un tiempo -pasado, presente-, del que apenas tenemos vislumbres. Como un coche parado con el motor en marcha”.

Este libro está lleno de recodos, de hallazgos, de sensaciones, de lecturas, de autores, de confesiones (su pasión en otro tiempo por la ciencia ficción, por ejemplo; su afición al cine catastrofista, que promete corregir; la difícil relación con su padre, que le dijo que sería un “matafiebres”, y al final, como el autor, también nosotros sabremos a qué se refiere ese sustantivo), y está lleno de belleza, de preguntas que buscan respuesta y, por supuesto, de intuiciones. He aquí una de ellas: “Me gusta la expresión con que el poeta mexicano Hernán Bravo Varela definió ayer estas notas: ‘diario de un náufrago interior’. Podría ser un buen título, a condición de darle otra salida: ‘Náufrago de interior’”.

En el libro, despojado de énfasis, está casi todo lo que vivimos: el desconcierto, el miedo, las mascarillas, los cambios de hábitos, la gimnasia, los juegos, la enfermedad, la muerte, la ira, los vaivenes de la prensa, la psicosis. Y a la vez hay fogonazos de imágenes que parecen intemporales, enigmáticos de tan sencillos y luminosos. “Ayer por la tarde, cuando subí al balcón con la taza de café en la mano y sentí el viento de paso entre los árboles, eran las cuatro y diez”, dice Jordi Doce.

La vida en suspenso’ nos retrata a todos y nos pide: lean, lean y lean, y si lo hacen con calma, aún mejor. El autor nos enseña a conversar con el mundo en que vivimos y los límites que nos impone. Sin pretenderlo, este es un libro humilde y para siempre donde “la primavera toca a rebato”.

 

'BLANCO, NEGRO Y MAGENTA', NÚMERO 7

Tras un breve paréntesis, codirigida por Concha Mayordomo y Dora Román, con Rebeka Elizegi en el diseño gráfico y la maquetación, la revista de la Asociación de mujeres artistas Blanco, Negro y Magenta reaparece con un número 7 dedicado a ‘Las Collagistas’ y mantiene sus secciones habituales en los diferentes capítulos o Salas, siempre dedicados a cuestiones de artistas mujeres y desde la perspectiva de género.

 

Además de la entrevista a Esther Ferrer, realizada por Concha Mayordomo, y con firmas tan interesantes como Susana Blas y Esther Tauroni, esta edición revisa las últimas actividades de Blanco, Negro y Magenta, nos invita a conocer el taller de Rebeka Elizegi y descubre a Mara Sancho, una de las artistas más jóvenes de la BNM, al tiempo que incluye un homenaje a Mabel Martínez en el que colabora Miguel Ángel Hernández.

 

 

Pueden consultarla en el enlace https://issuu.com/magentasweb/docs/bnm_la_revista_7

MUERE FERNANDO S. M. FÉLEZ

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/06/08/muere-el-pintor-fernando-s-m-felez-retratista-personal-de-fernando-arrabal-1379266.html

Mi padre era navarro y mi madre, aragonesa. Mi padre era comisario de policía, y yo me fui de aquí, con año y medio, a Barcelona, donde viví hasta los 25 años. Entonces, gané una beca artística de los castillos del Loira, y me quedé enamorado de París. Estuve a punto de regresar a Zaragoza, pero seguí allí. Ahora, ya es tarde”, decía en el otoño de 2007 el pintor Fernnado San Martín Félez, nacido en Zaragoza en 1930 y fallecido esta misma semana. Exponía entonces una selección de su obra en el Torreón Fortea. Era un pintor muy peculiar, de estirpe surrealista y ‘pánica’, gran admirador de Salvador Dalí, de quien fue amigo, y durante años el pintor personal de Fernando Arrabal: le hizo al menos quince cuadros donde el dramaturgo coprotagonizaba cuadros clásicos, reelaborados por Fernando San Martín Félez, o puramente inventados con una caracterización mágica o alegórica, donde ejercía de director de cine, de ángel o de criatura más o menos mitológica.

A San Martín le gustaba decir que esa dedicación empezó tras una cita en París: “Fui pintor abstracto durante unos diez años. Veía que con varios amigos abstractos hacíamos cosas muy parecidas, en la estética del tachismo, que estaba de moda. Pero Fernando Arrabal me desafió. Vio una exposición mía, comentó que mis cuadros no estaban mal, y me dijo en 1958 que yo no sería capaz de hacer una obra figurativa. “¿Quieres un hacer un retrato mío?”. Cuando volvimos a vernos yo ya tenía un retrato suyo, y le gustó mucho. Me sugirió que como en la abstracción me conocían como Sanmartín que cambiase el nombre por S. M. Félez, “Su Majestad Félez”, dijo Arrabal con su habitual humor. Dicho y hecho”.

Trabajó con y para él durante bastantes años, entre otras cosas porque siempre ha defendido la obra de encargo. Y apostó por una línea figurativa, un tanto hiperralista, en la que abunda la paradoja, el desnudo, el diálogo de la modernidad y el clasicismo, dentro siempre de una pintura narrativa, con excelente mano para el dibujo y el retrato. Y conectó, por igual con el movimiento ‘pánico’ -protagonizado por Arrabal, Topor y Jodorowsky- que con un surrealismo personal. Decía S. M. Félez: “Me interesó mucho esa estética, pero la parte surrealista y sensual, el humor y la alegoría, la crítica de la sociedad, no la escatología ni el horror ni la sangre. A mí me interesa más el universo de la mujer y la parte social o de compromiso de la pintura”.

Hacia 1993 regresó definitivamente a España y se instaló en el Ampurdán, donde acaba de fallecer. En 2007 decía: “Me inspiro en la realidad y en ella me afirmo, aunque creo elementos de ficción. Doy importancia a la técnica porque yo explico situaciones un poco absurdas, poco claras, como los sueños. E intento plasmar la contradicción entre la vida urbana y la belleza clásica. Sigo siendo inconformista”

Uno de sus grandes especialistas es el poeta y editor Raúl Herrero, que le publicó en 2008 en Libros del Innombrable la monografía ‘SM Félez. Pinturas, grabados, dibujos’. Fueron, además, grandes amigos. “S. M. Félez fue un pintor precoz. Recuerdo un bodegón que había pintado de muy niňo con una perfecta factura formal. En su juventud se inclinó por la abstracción. Su relación con Arrabal, que le encargó varios cuadros figurativos, le hizo derivar hacia su estilo más representativo: un arte figurativo impulsado por una técnica sobresaliente en unos ambientes mágicos”.

Herrero lo visitó varias veces en su casa. “Sí. Me contó anécdotas de su vida intensa y siempre centrada en el arte. Tuvo ocasión de conversar con Dalí de igual a igual, de cenar con Orson Welles, de jugar al billar con Joan Ponç todas las tardes durante aňos... Era una persona generosa, brillante, un artista que conservaba una parte de artesano, de alquimista que trabaja con los colores. Fui muy feliz en su compañía, aprendí mucho y en su presencia siempre me sentí en casa. Recuerdo que Arrabal me dijo que Félez era incapaz de mentir y que admiraba la franqueza con la que siempre se expresaba”.