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Antón Castro

ELEUTERIO BLASCO FERRER: VIDA

Una tesis redescubre a Blasco Ferrer

 

Rubén Pérez Moreno estudia a este artista aragonés del exilio que practicó la pintura, la escultura y el dibujo con gran personalidad

 

 

“Eusebio Blasco Ferrer es un artista del exilio y un artista de su tiempo marcado de forma extraordinaria por su infancia y cultivado en la Barcelona artística de las vanguardias de los años 20 y 30. Practicó todos los géneros, escultura, dibujo y pintura, y ha dejado una obra valiosa que aún está por descubrir”. Así se expresa el profesor e historiador Rubén Pérez Moreno, que le acaba de dedicar su tesis doctoral con el título ‘Eleuterio Blasco Ferrer (Foz Calanda, Teruel, 1907-Alcañiz, 1993). Trayectoria artística’, lo cual le ha servido para completar su biografía y “trazar su evolución artística” y para realizar el catálogo de su producción. Rubén Pérez ha descubierto muchas obras, dispersas, de un artista “que vendió mucho, primero por puro éxito y luego para sobrevivir”, y ha podido evaluar la importancia y la calidad de sus dibujos, alrededor de 400.

Eleuterio Blasco Ferrer era hijo de un alfarero. Tuvo una infancia muy literaria: conoció la vida rural, fue vendedor ambulante de quincallería y de piezas de barro por los pueblos, y al parecer incluso cantó en orquestas de pueblo. Sin que se sepa muy bien por qué, huyó de casa y con 17 años se instaló en Zaragoza. La policía lo devolvió al seno familiar y allí, en contacto con los herreros y con las labores artesanales de su padre, también se interesó por la escultura y en particular por la forja. En 1926 se marchó a Barcelona y estudió Bellas Artes. Empezó a definir su mundo plástico y se inclinó hacia la escultura, sobre todo en chapa y en terracota, pero también pintaba óleos de tema costumbrista o popular. En Barcelona abrazó la causa anarquista y empezó a consolidar sus propuestas. Se interesó por la escultura catalana de artistas como Manolo Hugué, Casasnovas, Rebull, y optó “por  una tendencia realista asociada a la modernidad de entreguerras. Sus piezas ofrecen un ligero primitivismo de las figuras, sobre todo en los rostros, y su obra usa líneas sencillas y tiende a la expresividad”.

Por aquellos años a principios de los 30 participó en varias muestras; una de las más importantes, recuerda Rubén Pérez, fue la de las Galerías Layetana en 1934. “Por entonces –señala Rubén Pérez- alquiló un local–estudio y compró las herramientas necesarias para un adecuado trabajo del hierro”. Realizó piezas como ‘Violinista’, ‘Bailarina’, ‘Maternidad’ (las maternidades serán una constante de esta primera época). Su obra, en algunos aspectos como el uso de chapa, se acerca a la de Ramón Acín o Pablo Gargallo, “con quien ha sido comparado, cosa que le molestaba”.

Dice Rubén Pérez que “es en el dibujo donde desarrolla su personal lenguaje surrealista para explorar los vicios y los males de la sociedad capitalista, al servicio de unos ideales libertarios”. Blasco Ferrer emplea una línea sencilla y leves sombreados e incluso se anticipa al “conflicto bélico y carcelario” que estaba a punto de iniciarse. Combatió con el Frente Popular y trabajó en cartografía. Perdida la guerra, el 10 de febrero de 1939 salió de Barcelona y acabó en dos campos de concentración: en Vernte d’Ariège y Septfonds. Cuando recuperó la libertad, vivió en Burdeos y trabajó en una fábrica de pólvora, más tarde se empleó en Marsella y finalmente fijó su residencia en París, donde vendía sus dibujos por distintos cafés. Se sabe que fue perseguido por la Gestapo, pero en 1942 logró exponer en la capital.

Entre 1945 y 1958, cuenta Rubén Pérez, viviría su mejor época: expuso en París, hasta en cuatro ocasiones, Marsella, La Haya, Ámsterdam, Nimes, también en Barcelona (regresó, por vez primera y “con miedo”, en 1968), y en 1964 presentó sus realizaciones en hierro en la Reyn Gallery de Nueva York. Se hizo amigo de Picasso, que le ayudó económicamente, y logró integrarse en la sociedad artística francesa y a la vez alcanzó fama como artista español en el exilio.

Rubén Pérez Moreno dice que Eusebio Blasco Ferrer “era un hombre extraordinariamente desconfiado. Él se encargó de tratar con las galerías donde era expuesta y vendida su obra”. Fue evolucionando del surrealismo hacia el expresionismo, sin perder el hilo de continuidad con la obra anterior a la guerra; en su pintura y en su escultura se produce una mayor interrelación y se perciben los ecos del fauvismo y el mundo tenebrista de Gutiérrez Solana; poco a poco incorpora posteriores ecos de Rouault, Kirchner o Modigliani, entre otros.

En 1968 abandonó la escultura en hierro; víctima de diversos achaques físicos, redujo su producción. Hizo piezas como ‘El último suspiro de don Quijote’, que fue un “verdadero símbolo del exilio republicano”, y otras comprometidas con los desheredados de la tierra. En 1985 se instaló definitivamente en Barcelona, en un hostal, donde tenía una maleta con recortes, catálogos, libros y fotos de la historia artística de su vida. “Tuvo que vender mucha obra para pagar sus medicamentos”, dice Rubén Pérez. Murió en 1993 en Alcañiz; se había traslado a una Residencia de la Tercera Edad, pero solo vivió dos meses. Donó una parte de su obra al Museo de Molinos, localidad de donde era su madre, y donde está enterrado.

ELENA MEDEL, HOY, EN ANTÍGONA

ELENA MEDEL, HOY, EN ANTÍGONA

ELENA MEDEL PRESENTA ’CHATTERTON’ EN ANTÍGONA
Esta tarde, a las 20.00 horas en la librería Antígona, se presenta el libro ’Chatterton’ de Elena Medel: el libro fue premio Loewe joven y ha recibido muchos elogios, igual que el ganador senior ’Los desengaños’ de Antonio Lucas. Al poeta y narrador Fernando Sanmartín le encantó el libro de la poeta cordobesa y será él el presentador de un libro personal, hermoso, con algunos textos realmente espléndidos, singulares. Por ejemplo, el que da título al conjunto, inspirado en en poeta y visionario Thomas Chatterton. Cuelgo aquí un texto de Elena:

UN CUERVO EN LA VENTANA DE RAYMOND CARVER

para Erika

Nadie se posa en el alféizar -son veintiocho años
de espacio adolescente-,
pero qué ocurriría si el pájaro sobre el que he leído
en todos los poemas
se colara por el patio de luces y asomara
por el alféizar de mis veintiocho años,

un pájaro
mi habitación adolescente.

Y qué ocurriría si yo escribiese aún
-si me preguntan, respondo que ya no-
y un pájaro cualquiera, ninguno de los pájaros sobre
los que haya leído en todos los poemas,
un cuervo o una de las palomas negras que asoman en la oficina,
interrumpiese en la escritura
como el que se posó en la ventana de Carver.

¿Ganaría su lugar en el poema?
¿Dejaría de ser pájaro?

Alza el vuelo. Ya no hay
habitación en el alféizar.

 

CHATTERTON

Mentí durante diecisiete años. Mentí después

en todos mis poemas. He mentido durante los diez

años siguientes. Acércate, soy

como tú. Escucha cómo late mi corazón

perverso: mudanzas en platitos

de papilla de mamá. Aliméntame,

compréndeme, yo vestía unas ropas que nunca fueron mías,

yo escribía en un idioma ajeno, pequeña, tonta,

qué mal memoricé: con mis poemas levanté un imperio.

Pero todo acabó. ¿Quién soy ahora?

Engañaste durante diecisiete años; antes de los míos

comencé yo a mentir. Un abanico con telas del Oriente

para mi hermana. Para mi madre araña compraré moldes de costura.

Tabaco que recubra los pulmones de mi padre. ¿Quién soy realmente

ahora? He soñado contigo algunas noches.

Te prometo que si salgo visitaré tu tumba. Ahora sí que

no miento. Ahora sí que no.

 

 

De ’Chatterton’
Elena Medel
Premio Loewe a la Creación Joven 2013
Visor, 2014

ESCRIBIR A CUATRO MANOS

Sentados los dos frente al ordenador, a cuatro manos, literalmente, narrábamos en voz alta lo que había que poner mientras lo escribíamos al mismo tiempo, volando las voces y las manos sobre el teclado. Cuando se escribe a cuatro manos hay dos cabezas, pero en un momento dado llegan a funcionar como una sola", dice Roberto Malo, a propósito del libro 'Tanga y el gran leopardo' (Comanegra, 2009) que redactó al alimón con Francisco Javier Mateos.

Mariano Gistaín y María Pilar Clau señalan que ellos han escrito sus tres libros conjuntos -'Lo mejor de Zaragoza' (2009) y 'Agua y cielo' (Mira, 2010) y 'Amor y nervios' (Internet. 2010)- con imaginación "y una sola alma. Es una experiencia maravillosa".

José Antonio Adell, pareja literaria de Celedonio García en casi 30 libros y más de 800 artículos, dice que "escribir un libro de este modo es similar a los que interpretan música a cuatro manos. La obra es una, aunque los autores son dos. Es imposible escribir un libro así si no existe una buena armonía y, en nuestro caso, una relación de amistad de años. A nosotros, como llevamos tantos años juntos, a veces nos confunden. A mí me llaman Celedonio. En un pueblo nos dijeron que habíamos durado más tiempo juntos que Martes y Trece y que Cruz y Raya".

La literatura aragonesa ha producido numerosas parejas literarias en los últimos años: además de los ya citados, debemos recordar a Magdalena Lasala y Ángeles de Irisarri; José Damián Dieste y Ángel Delgado; Javier Aguirre y José de Uña, que redactaron 'Nuevas leyendas del monasterio de Piedra' (Mira); Roberto Miranda, que ha formado tándem con Mariano Gistaín y Joaquín Carbonell; Luis Bazán y Jorge Cortés, autores de 'Aquellas miradas' (Certeza, 2010); Javier Coronas y José Antonio Videgaín; e incluso Miguel Mena, Eva Hinojosa, Mikel Alcázar y Antonio Domínguez, que son una doble pareja: los cuatro firman 'Toponimia nimia' (Eclipsados, 2010), un divertimento que ha nacido de una sección de 'A vivir Aragón' que dirige y conduce Miguel Mena.

Un caso muy particular de la escritura a cuatro manos es Fernando Lalana, que ha formado equipo con Luis Antonio Puente y con el cineasta Pedro Olea en la redacción del guión 'Morirás en Chafarinas'; con José María Almárcegui, su colaborador más habitual, y con José Antonio Videgaín en sus dos últimos títulos.

"He publicado dos libros con Luis Antonio Puente, 'Érase una vez una guerra' y 'Almogávar sin querer', donde las relaciones fueron tensas y complicadas, si puede decirse eso entre dos grandes amigos que no han dejado de serlo. Y colaboro con José María Almárcegui, que me lo pone muy fácil. Es un hombre muy flexible, apasionado por los años 60 y oyente casi obsesivo de la radio francesa, donde suele arrancar muchas peripecias", relata Lalana.

Reparto de tareas

Sobre su forma de trabajo con Almárcegui, Lalana cuenta que "primero él me dice que tiene un argumento y unos personajes. Nos reunimos, discutimos, desarrollamos verbalmente las situaciones y yo, al final, le digo: 'Ahora ya te puedes ir a casa. Lo que falta lo hago yo".

Ese procedimiento se parece mucho al empleado por José Damián Dieste y Ángel Delgado, autores de dos libros: 'La crónica oculta de Jaime I' (Edhasa, 2008) y 'El Rey Monje' (Edhasa, 2010, reedición de la novela publicada en 1999). Delgado suele realizar la labor de documentación, la comparte con Dieste y este redacta el libro, que es revisado por ambos. "Yo tengo la inclinación a utilizar muchas palabras, y Ángel me contiene un poco. Nos entendemos perfectamente", comenta Dieste.

José Antonio Adell explica el proceso que utiliza con Celedonio García: "Primero nos reunimos para ver cómo lo planteamos. Luego viene la búsqueda de información: archivos, hemeroteca, bibliografía y tradición oral. Después se realiza un índice de contenidos y se distribuye el material recogido. A partir de ahí viene la redacción, que se realiza dividiendo los contenidos".

Con sentido del humor

A las reuniones y llamadas por teléfono, se ha sumado el correo electrónico e incluso el sms. Videgaín y Coronas, autores de 'No me cuentes cuentos' (Temas de Hoy, 2003) y 'Entrevistas post-mortem o no' (Temas de Hoy, 2009), han completado sus libros así, mientras iban y venían de los platós de televisión a los estudios de radio, sin perder el sentido del humor ni los recuerdos de cuando comenzaban en las emisoras locales con sus personajes estrafalarios.

Roberto Miranda ha escrito con Mariano Gistaín 'El entierro de Líster' (Xordica) y con Joaquín Carbonell tres libros: 'Proyecto de Estatuto de Aragón. Plan B', 'Gran Enciclopedia de Aragón Preta' y 'Aragón a la brasa'. "Básicamente se trata de sintonizar. De buscar un tono en la misma longitud de onda y frecuencia del compañero. En mi caso, sólo ha funcionado con el humor", asegura Miranda. Y agrega que "Mariano Gistaín y yo pasamos meses riéndonos juntos (buscando el tono), antes de lanzarnos a escribir al unísono columnas, reportajes estrafalarios, el suplemento 'La Noche' y, al final, una novela. Con Carbonell, igual. Pasamos muchos ratos mañaneros intercambiando ironías y sátiras antes de encontrar la frecuencia adecuada".

El escritor y periodista confiesa que "en los dos casos recuerdo que yo soltaba la primera andanada y el otro salía por otro lado que me sorprendía. Pero nada que ver con la leyenda de que previamente nos emborrachábamos o tontadas parecidas. Siempre escribimos los libros a las nueve de la mañana con la mente muy clara, antes de ir a trabajar".

Eva Hinojosa, por su parte, resume así la experiencia de 'Toponimia nimia' (Eclipsados, 2010), un libro escrito a ocho manos y que parece heredero de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna: "Fue una tarea divertidísima. Previamente cada uno recopiló las que creía que eran sus mejores toponimias. Por fin encontramos un día para reunirnos los cuatro, que era una tarea harto difícil. Miguel Mena cedió el salón de su casa y aportó jamón y vino para hacer más amena la jornada. Uno por uno fuimos leyendo en voz alta nuestras toponimias y decidiendo si las incluíamos o no. La preocupación de todos era adaptar con naturalidad las toponimias de la versión oral radiofónica a la escrita. Fuimos unos jueces muy severos, severísimos, con nosotros mismos. Pero a medida que el vino iba haciendo efecto, relajamos nuestras exigencias y dejamos a la toponimia fluir. En dos reuniones zanjamos el tema". Con idéntico humor, agrega la escritora y periodista: "Así que puedo asegurar que a ocho manos, y con dos zurdos, se escribe mucho mejor".

Magdalena Lasala pasó de la poesía a la narrativa con 'Moras y cristianas' (Emecé, 1998), que firmaba con Ángeles de Irisarri. "Moras y cristianas' no fue escrito a cuatro manos... Aquí cada autora hizo su parte, independientemente y sin relación literaria entre los trabajos de cada cual", dice Lasala. Algo semejante le ocurrió luego a Irisarri con Toti Martínez de Lezea en el volumen 'Perlas para un collar' (Grijalbo, 2009).

 

*Recupero este texto que es de 2010.

'BARBARISMOS' DE ANDRÉS NEUMAN

'BARBARISMOS' DE ANDRÉS NEUMAN

Esta tarde, a las 20 horas, Andrés Neuman presenta su libro 'Barbarismos' en la librería Los Portadores de Sueños. 

 

SELECCIÓN

 

alma. Biblioteca personal.

autoestima. Montaña rusa de un solo pasajero.

bandera. Trapo de bajo coste y alto precio.

baño. Biblioteca sin prestigio.

beso. Palabra articulada simultáneamente entre dos hablantes.

búsqueda. Hallazgo casual de otra cosa.

civilización. Bombardeo con fines altruistas.

compatriota. Individuo al que nos une el azar y del que nos separa la voluntad.

corazón. Músculo peculiar que, en vez de levantar peso, lo acumula.

cuentista. Mentiroso que busca la verdad un poco más lejos.

democracia. Ruina griega. || 2. ~ parlamentaria: oxímoron.

despedida. Estado de ánimo. || 2. Lugar de residencia.

discrepancia. Instinto de la opinión.

escritura. Autobiografía colectiva.

escuchar. Extraer música del ruido. || 2. Acción y efecto de prepararse para interrumpir.

feminismo. Liberación de ambos sexos en nombre de la mujer.

ficción. Acontecimiento que aspira a suceder. || 2. Versión menos evidente de lo real.

goleador. Individuo que celebra lo que merecieron otros.

humor. Facultad de parodiar las propias convicciones, o sea, de pensar. || 2. Flujo interno de la

tragedia. || 3. ~ negro: ejercicio mediante el cual un humorista comprueba si sigue vivo.

idioma. Sistema para nombrar lo que se desconoce.

imperfección. Belleza que permite ser intervenida. || 2. Perfección mejorada por el escepticismo.

insulto. Autorretrato secreto.

joder. Verbo transitivo de admirable polivalencia.

kitsch. Mal gusto de buen gusto.

lectura. Reescritura silenciosa.

leer. Acción de viajar hasta donde uno se encuentra. || 2. Acción y efecto de vivir dos veces.

letra. Partícula conmovida.

librería. Hogar de paso.

libro. Soledad plural.

maestro. Dícese del alumno de su alumno.

maternidad. Momento de plenitud de una trabajadora antes de ser despedida.

noticia. Ocultación de otra noticia. || 2. Lo que en este mismo momento está dejando de

importar.

noviazgo. Período durante el cual dos enamorados hacen todo lo posible por no conocerse.

ñ. Tecla sublevada ante el dedo yanqui.

orilla. Mitad de un lugar. || 2. Comienzo del puente.

palabra. Transformación de lo nombrado.

pensamiento. Equivocación fértil. || 2. Flor muy escasa de riego.

personaje. Identidad disponible. || 2. ~ secundario: protagonista intermitente.

poeta. Extranjero de su lengua materna.

pornografía. Modalidad ansiosa de autoconocimiento. || 2. Deseo trágico de ver algo siempre

ligeramente distinto de lo que estamos viendo.

querer. Extraño afecto hacia alguien que no es uno mismo.

reconciliación. Tregua acordada entre dos cónyuges con el objeto de perfeccionar su ruptura. ||

2. ~ nacional: desmemoria pactada entre dos bandos que se recuerdan perfectamente.

religión. Asombro mal encauzado.

risa. Técnica de supervivencia. || 2. Energía renovable.

santo. Individuo tocado por un don divino para elegir a sus biógrafos.

sexo. Episodio carnal que les sucede a otros. || 2. Subtexto. || 3. ~ débil: grupo convencido de

que hay cosas que no le corresponden a su sexo.

sinónimo. Matiz fatal.

solapa. Parte del ejemplar que se estudia atentamente antes de emitir un juicio literario. || 2.

Vida imaginaria de un autor. || 3. En la jerga editorial, subgénero de ciencia ficción.

tolerancia. Versión diurna de la intolerancia.

trabajador. En la jerga empresarial, material reciclable.

traducción. Único modo humano de leer y escribir al mismo tiempo. || 2. Texto original que se inspira en otro. || 3. Amor retribuido palabra por palabra.

tragicomedia. Género literario de la realidad.

urna. Recipiente que acoge los restos de un individuo. || 2. En las jornadas electorales, ídem.

viejo. Joven tomado por sorpresa.

vocabulario. Única riqueza que aumenta al mismo ritmo que se utiliza.

WC. Oficina con un solo empleado.

xenófobo. Individuo al que le repugnan sus propios ancestros.

yo. Conjetura filosófica.

zen. Estado que precede al ataque de nervios.

LUZ RODRÍGUEZ: PALABRAS PARA ELLA

El próximo día 1 de junio, en Huesca, se presenta el nuevo poemario -ilustrado- de Luz Rodríguez. Me pidió unas líneas y aquí están. La foto, como veis, es del músico Antonio Gil, compañero de Luz.

 

EL DESCAMPADO DE LA NOCHE

 

Antón CASTRO

 

Si algo define a Luz Rodríguez (Luarca, Asturias, 1961) es su pasión por la literatura. Una pasión intensa y a la vez despaciosa. En Huesca es una de esas figuras que siempre aparece y que se hace necesaria: en presentaciones, en tertulias, en recitales, allí donde la poesía asoma, allí donde la escritura estalla con sus metáforas o con sus inadvertidos gestos. Siempre está ahí, con su suavidad, con ese brillo de inteligencia y complicidad en la mirada, y también con sus secretos: sus notas, sus plaquettes, la nómina reciente de sus lecturas, su curiosidad. Luz Rodríguez escribe desde hace años con sosiego, desde un temblor de lentitud y de ritmo propio. Parece que destilase las palabras una a una, como un sorbo de noche: los sustantivos, los adjetivos, la luz y el embrujo de cada frase, la latitud de los desnudos del alma.

Luz se maneja en varios registros: ultima un libro de relatos, ha publicado poesía, por ejemplo Bullicio de desamor, que también habría sido un título adecuado para este poemario, frecuenta la literatura infantil y suele decir que en su incesante actividad abraza tres disciplinas: la filosofía, la psicología y la literatura. Imparte talleres de escritura, estudia a las mujeres escritoras o lo que también se llamaría la mirada de mujer (Katherine Mansfield, Anaïs Nin, Virginia Woolf, Clarice Lispector, Sylvia Plath o Anne Sexton serían algunas de sus devociones) y le gusta recitar su poesía: lo hace sola, con una personal puesta en escena, o en compañía del pianista y compositor Antonio Gil. A veces, en ese instante en que sale a fumar en la medianoche de una calleja oscense, da rienda suelta a las confidencias; declara que le interesan los poetas del silencio, Antonio Gamoneda por ejemplo, José Ángel Valente, la energía tumultuosa de Manuel Vilas, la lírica esculpida de Paco Grasa, por ejemplo, y se percibe que es una poeta que busca, que medita, que lee mucho y que carece de prisa. “En silencio acusaré la nostalgia de toda mortificación / mientras anhelo el ruido noble del deseo”, anota. Domina la ansiedad porque sabe que la buena poesía exige el paso de los días: la belleza se fermenta y se aquilata con tiempo y en la mudanza de las estaciones. Luz Rodríguez no es exactamente una poeta vertiginosa o intuitiva: el poema nace de la experiencia, de la intimidad, y poco a poco, como un edificio que se consolida en el aire y en la imaginación, alcanza su textura y su tersura óptimas. La exactitud de su armazón.

El pez de la despedida es un libro unitario, de un tema capital que desarrolla una espiral de diversos asuntos o argumentos. Tiene algo de cuaderno de música que desarbola sus melodías en torno al amor, o quizá a la sombra del desamor. En un espléndido poema, donde se asocia la casa con el islote donde todo se desploma, se dice: “Es una mujer despojada. / Una mujer que ya no se me parece”. En ese territorio de la decepción y de la ruptura, o del desaire, la protagonista del libro parece una extranjera de sí misma; la pasión quebrada la ha dejado exhausta, yerma, irreconocible en todos los espejos, en el hilván de la memoria y en la presencia del olvido, que empuja de manera inexorable. “Esta soledad ondea para parir otra /camuflada”, escribe.

El pez de la despedida sería, en ese sentido, la crónica de un adiós: “Pronto soñaré con otro amor que no me golpee la piel / contra el verdín del viento”. Y a la par, la protagonista dice que “pronto te llevarás el fardo moribundo de mis ojos” Es un libro con su atmósfera especial, con su tensión, con una estructura sólida que arranca con una cita de Roberto Juarroz; el poeta argentino comparte protagonismo con Goethe, con Rimbaud, con Virginia Woolf y con Rainer Maria Rilke; si buscamos otros asideros o referencias, hemos de decir que Luz Rodríguez le dedica una espléndido poema a Gustav Klimt, uno de los mejores: ‘No lo llames paraíso’, donde el universo de Klimt se opondría al de Poussin, y también evoca el universo de Turner.

He citado ‘No lo llames paraíso’ –la convivencia deja de ser un edén-, pero dentro de un tono personalísimo, elaborado con mimo y con beldad, hay otros poemas que se instalan en el mito, en el simbolismo y se alejan de la anécdota. Pienso en ‘Canción del mar’, en ‘Entendimiento’ (quizá uno de los textos que mejor explica el sabor de una derrota, el extrañamiento de la fractura, “la vana operación / de acuchillar el fuego”), en ‘Cordero de dios’, que constituye el cierre y contiene una descripción del amor y alude al título del volumen: “El amor / ese pez de bronceada piel / que le sobra a todo verso”.

El amor un tema eterno. Quizá sea el tema literario más universal porque es el más humano. Todos amamos y necesitamos que nos amen. Humana también es la muerte y anda por aquí en algún instante. Pero lo más importante de Luz Rodríguez es su contención, su sentido alegórico, su elegancia, la elección de un vocabulario concreto, la conquista de una voz...

La conquista de una voz supone muchas cosas: un modo de enfrentarse al lenguaje, un uso específico de las metáforas, un paseo por la fugacidad de la vida y una selección de los materiales, aquí se introduce un bestiario muy libre; supone, sobre todo, honestidad, entrega, una percepción de los sentimientos, una poética de la tempestad (“Me hiere más de lo habitual / esta tormenta”), una expresión trabajada en todos sus detalles y en su hermosa destilación. He aquí otro ejemplo, en el poema ‘Guarida’: “Tampoco me viste nunca / recorrer el pasillo de la casa /como una oveja que se despeña / por el sumidero de una boa recostada. // ¿No me oías? // Ni amortiguada / en el vientre del reptil / era tan débil mi voz”. Quizá sea la composición más enigmática del libro y a la vez una de las más despojadas: hay un momento en los amantes dejan de oírse y acaban huyendo “al descampado de la noche”.

 

'TÚPAC AMARU': SENDER EN NAVONA

'TÚPAC AMARU': SENDER EN NAVONA

 

Estos días está ya llegando a las librerías la novedad de nuestra colección Ficciones: TÚPAC AMARU, de Ramón J. Sender. Es la historia novelada de José Gabriel Túpac Amaru, el caudillo indígena que lideró la rebelión contra la dominación española en América, en el siglo XVIII.
Incluimos en esta edición un epílogo de Lorenzo Silva.

Ramón J. Sender (Chalamera, Huesca, 1901 - San Diego, EE.UU., 1982), escritor y periodista, fue uno de los grandes escritores españoles del siglo XX. Publicó artículos en diarios como 'El Sol'; luchó en la guerra de Marruecos (experiencia que lo llevó a escribir su novela "Imán"), luchó también en la Guerra Civil del bando de la República, estuvo exiliado en México y, en 1942, se instaló en Estados Unidos, donde ejerció de profesor de literatura en la Universidad de Nuevo México.
Ganó el premio Planeta en 1969 con la novela "En la vida de Ignacio Morell".
Otras obras suyas son: "Ariadna" (1957), "Réquiem por un campesino español" (1953) y "Crónica del alba" (tres volúmenes, 1963/1967).

 

LORENZO SILVA

De la pertinencia de las novelas históricas de Sender,

quizá sea esta Túpac Amaru la más acabada y persuasiva

muestra. Y todo ello, servido con la prosa natural, el rigor

documental e intelectual y la sabiduría narrativa de uno de

los más grandes novelistas españoles del siglo XX.

 

ENRIQUE DE HÉRIZ

Hemos olvidado a Ramón J. Sender justo cuando su voz y

su conciencia parecen más necesarias que nunca.

 

ARTURO PÉREZ-REVERTE

Gracias a él comprendí mejor la atroz realidad de ser español.

Le debo muchos ratos de feliz lectura a ese oscense que

tuvo la desgracia de nacer aquí, de ser exiliado de izquierdas

para unos e ir demasiado a su aire para otros, díscolo

y aragonés, malquerido al fin y ninguneado por casi todos.

FERRER LERÍN: UN DIÁLOGO A PROPÓSITO DE 'MANSA CHATARRA'

FERRER LERÍN: UN DIÁLOGO A PROPÓSITO DE 'MANSA CHATARRA'

 

Francisco Ferrer Lerín está en un gran momento. Ha sido objeto de monográficos, se recupera su obra y estos días, además, en una edición impecable, el sello Jekyll & Jill ha publicado ‘Mansa chatarra’, una antología de sus textos –cuentos, microcuentos, poemas en prosa, juegos de palabras, invenciones, bestiarios...-, a los que ha incorporado una veintena de textos inéditos. Ferrer Lerín, con su gentileza habitual, contesta a este puñado de preguntas.

 

Dices: “Ferrer Lerín cree que sueña”. ¿Sueñas o no sueñas?

Sueño mucho, quiero decir que recuerdo muchos sueños porque me despierto muchas veces durante la noche, y es sabido que lo que llamamos “sueños” no son más que la memoria de los mismos. En cuanto a si creo que sueño despierto, cada vez menos. Y en cuanto a si los sueños, la memoria de los sueños, es un sueño, es la vigilia o es la realidad desde la que ahora escribo, tengo dudas. 

 

¿Qué sucede en tus sueños y qué no te pasa nunca?

Sucede lo que sucede en la parte de la vida que no consideramos sueños; los sueños son la vida misma, con algunas pequeñas ventajas como el don de lenguas, la capacidad de volar braceando y la extrema velocidad en el cálculo aritmético.

 

Si les tuvieras que poner adjetivos, ¿qué dirías? Son atroces, eróticos, mortales, inquietantes, líquidos...

Hay de todo, como en la vida misma, como ya he dicho antes. La atrocidad se ejemplifica en la búsqueda despiadada del coche aparcado ya no sé dónde en la ciudad extraña. El erotismo, mejor la sexualidad, aflora cuando se acumula demasiada esperma. ¿Mortales?; no sé en qué sentido va la pregunta, quizá si se trata de contabilizar muertes sí se podría hablar de sueños ampliamente mortíferos, ese placer por aligerar el planeta. Inquietantes, muchos mucho. Líquidos, ¿qué es esto?; desde luego nunca he soñado con el mar, ese medio extraño; me reconozco como terrestre, eso sí con agua limpia para beber y lavarme ya que soy abstemio y de esmerada higiene.   

 

¿Qué diferencia hay para ti, y en tus textos, entre sueño y ensoñación?

Los sueños ya los he definido. La ensoñación suena a arrobamiento, a embobamiento; por ahí no van mis tiros.

 

¿Qué te ocurre con las palabras: qué te dan, qué les das, qué puedes hacer con ellas?

Las palabras son la razón por la cual sigo vivo, me refiero a vivo pensante. Con ellas intento construir mi universo y construir mis poemas, que no son otra cosa que la nueva colocación de las palabras, que la doma del lenguaje hasta sus últimas consecuencias. 

 

¿Qué es lo más bello y lo más terrible de un sueño?

Siempre el despertar, ya que permite recordarlo (la memoria del sueño que es el sueño) y al mismo conduce a perderlo.

 

-¿Qué lugar ocupan el amor, la voluptuosidad y el deseo en tus cuentos, oníricos o no?

Estamos hablando de Mansa chatarra un libro en el que la selección de los textos se hace siguiendo un criterio; que tengan como denominador común su carácter onírico. Dicho esto, el porcentaje de pasión amorosa será el mismo que el que aparece en mis sueños; va menguando con el paso de los años dando el relevo a otras pasiones menos apreciadas en la sección de Sociedad de la Hoja Diocesana.

 

¿Es el sueño el lugar ideal para seducir a una cuñada, por ejemplo?

La seducción o el intento de seducción de una cuñada en sueños es una actividad que fue relativamente frecuente hace unos años y que me ha dado después, al trasladarla al papel, algunos quebraderos de cabeza ya que para mí quedaba claro qué cuñada era la de los sueños pero resulta que fueron varias las cuñadas (me di cuenta que no sólo contaban las cuñadas sino también las concuñadas) que creyeron reconocerse en los diversos lances.

 

-¿En qué se diferencia la espalda de una mujer casada de una soltera?

La espalda de una mujer (joven) casada es más sabia, flexible y risueña que la de una mujer (joven) soltera. Aunque esta aseveración tiene lugar en un relato escrito hace cincuenta años, cuando las espaldas marcaban el rumbo de las relaciones internacionales.

 

-Insistes varias veces en la mujer que amas. O la que aman algunos de tus personajes. ¿Qué debe tener, cómo debe ser, existe o es una quimera?

Los personajes no son tales sino que son simples apariencias del autor. O sea que soy yo siempre el que realiza estas declaraciones de principios. Serían cosas de la infancia y adolescencia, de cuando uno se enamoraba y olvidaba con suma facilidad; aquello tan cursi de amar el amor.

 

Repites al menos dos veces: “Debí equivocarme a menudo”. ¿Es retórica o tienes esa sensación?

Así como en la pregunta anterior me olvidé de añadir que la formulación también podía ser meramente retórica, aquí el equivocarme a menudo es una constatación firme; nada de lo que me rodea es unívocamente cierto, en los sueños y fuera de ellos. 

 

¿Desde cuándo te inquietan o te apasionan los monstruos?

Quizá desde la infancia he tenido afición por estas simpáticas criaturas. Los libros sobre teratología humana de la biblioteca de mi abuelo Ivo contribuyeron sin duda a forjar esta tendencia. En la entomología, además, surgen formas poco acordes con nuestra manera convencional de tratar el canon de belleza; y yo amo los insectos.

 

¿Cómo son, qué hacen, de dónde vienen? [Los tuyos, claro]

Los monstruos, por regla general, los llevamos en la sangre y si se me apura, en la cabeza. Claro, las personas atentas y educadas tenemos  más posibilidades de descubrirlos y, si la curiosidad es mutua, podemos convivir con ellos abriendo líneas de negocio que nos lleven a la concupiscencia.

 

¿Has conocido alguna vez cabras que atormentan a los mineros?

Pasé largas temporadas en Mequinenza. Allí conocí a un profesor de la universidad de Lovaina dedicado al amaestramiento de cabras hechiceras, útiles semovientes que ayudaban en la extracción del carbón emitiendo raros balidos que quebraban la roca; otra cosa es que esa actitud, más propia de las sirenas, engatusara a algunos obreros que dejaron hogar y faena huyendo con las cabras hacia comarcas catalanas.

 

¿Cuál es la clave de tus cuentos o microrrelatos: el extrañamiento, el estupor, la facultad de saltar al más allá, la inclinación a “despertar en cama extraña”?

Descubrir la clave es labor de exegetas. Yo puedo decir que el modelo de mis textos en prosa más recientes es el que sintetiza mi escritura: carencia de aditivos, brevedad, ritmo nervioso. Que se sustente en el mundo de los sueños permite, desde luego, dar esos saltos y sorprenderme a mí mismo con ellos.

 

¿Cómo conviven la realidad y la ficción, la erudición y la cotidianidad, el amor y el horror? ¿Usas una fórmula secreta?

Tiendo últimamente a no dar nombres, a no acudir a las citas pero es inevitable reconocer que Jorge Luis Borges ha sido el mejor en esos campos. Nadie como él ha mezclado erudición con ficción de modo que no sólo no resultara excesivo sino que resultara necesario. Mi fórmula la desconozco; como tantas cosas, brota al ponerme a escribir, no necesitando para arrancar más que una leve historia soñada u oída en el tranvía, incluso a veces vale un palabra aislada pronunciada fuera de contexto por algún devoto.   

 

¿Tienes la sensación de que el escritor oculto Ferrer Lerín ya no existe?

No sé qué quiere decir exactamente “escritor oculto”; ¿el que no publica, el que publica poco y mal, el que publica pero no participa de la liturgia literaria? En los dos primeros apartados ya no consto, en el tercero consto a medias.

 

¿En qué sigues siendo transgresor?

Antes ya he comentado cómo creo que ha de producirse el hecho poético; mediante la ilación forzada de palabras y sintagmas, mediante la obtención de resultados sorprendentes surgidos de la experimentación en el laboratorio lingüístico; no sé si todo ello es un trabajo transgresor, lo que sí sé es que sus frutos son bastante diferentes a los que se obtienen con los métodos de toda la vida.

 

Kafka, Tomeo, Borges, Perucho, Perec, Cristóbal Serra. ¿Te sientes cercano a alguno?

Borges, ante todo; después Kafka.

 

¿Tienes la sensación de que este es un libro nuevo, con su propio empaque y personalidad, o un libro de retazos, una antología?

Es un libro nuevo no sólo por el enfoque que le ha dado el profesor de la universidad de Valencia José Luis Falcó al seleccionar textos de marcado carácter onírico, no diferenciando, además, lo que tradicionalmente se conoce como prosa y verso, sino que muchos de los textos éditos recogidos actúan de hecho como inéditos, dado el tiempo transcurrido desde que fueron publicados, en ediciones hoy inencontrables.

 

¿Crees que tus libros pueden leerse en clave contemporánea, que sirven para explicar la crisis, los problemas de identidad, el desconcierto existencial?

No creo. Contemporáneos está claro que sí son. Ahora si alguien busca resolver esos trillados dilemas hará bien en buscar otro tipo de géneros literarios como los manuales de autoestima y las tertulias televisivas.

 

Última cuestión: ¿cómo te llevas con los géneros, dónde te sientes más cómodo: prosa poética, poema en prosa, microcuento, relato clásico, poema...?

Me siento cómodo escribiendo poemas paleográficos de señalado aspecto experimental y, desde que comencé a utilizar mi blog como mesa de operaciones (2019), me siento cómodo redactando informes y sentidas historias, oníricas o no, de breve extensión y bonita sintaxis.

*La fotografía de Ferrer Lerín es de Vicente Almazán, el señor Pasaba por aquí.

VICKY CALAVIA: 'ARAGÓN RODADO'

VICKY CALAVIA: 'ARAGÓN RODADO'

CINE. VICKY CALAVIA. Realizadora, guionista y productora. Presentaba anoche, en los cines Aragonia, su documental ‘Aragón rodado’, que tiene a Luis Alegre como conductor. Hablaron Jesús López Cabeza, director-gerente de CARTV, Humberto Vadillo, director general de Cultura, y los propios Vicky Calavia y Luis Alegre.

 

“A lo largo del siglo XX se ha confirmado

que Aragón es tierra y paisaje de cine”

 

  

¿Cómo definiría el proyecto ‘Aragón rodado’?

 ‘Aragón rodado’ supone una mirada al paisaje aragonés protagonista de la pantalla cinematográfica, de la mano de los diferentes oficios del cine: dirección, guión, montaje, efectos especiales y maquillaje, dirección de arte, diseño de vestuario, interpretación, fotografía, etc. Hemos ‘dibujado’ Aragón a modo de enorme plató fílmico y es también una ‘road movie’ por el paisaje aragonés protagonista de la pantalla cinematográfica. Un recorrido a través de diversos puntos de la geografía de la comunidad donde se han llevado a cabo rodajes de cine de resonancia nacional e internacional, de la mano del periodista y escritor Luis Alegre y de sus encuentros y conversaciones con personajes significativos del cine español. El cine proporciona una mirada nueva a la realidad: viajemos por ella.

 

¿Quién está detrás?

Es una producción de CalaDoc Producciones y Aragón Televisión. A modo de síntesis, diría que es un documental que investiga en la larga relación de amor de Aragón con los rodajes de cine.

 

¿Qué películas han seguido con minuciosidad?

Las películas elegidas, entre las más de 130 que se han hecho en estos paisajes, son doce: ‘De tu ventana a la mía’, ‘Miguel & William’, ‘Una de zombies’, ‘Lumiere y compañía’, ‘Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza’, ‘Réquiem por un campesino español’, ‘Jamón jamón’, ‘La vaquilla’, ‘La noche oscura’, ‘Carreteras secundarias’, ‘Valentina’ y ‘Los fantasmas de Goya’.

 

¿Hay un método concreto para contar el documental?

Luis Alegre es el hilo conductor que lleva a los entrevistados a los diferentes paisajes de rodajes de esos films en Aragón, en las tres provincias. Los lugares elegidos han sido: Albarracín, Teruel, antigua cárcel y cementerio de Torrero, Zaragoza, Base Aérea de Zaragoza, Castillo de Loarre, Huesca, Peñalba, Chodes, Monasterio de Veruela, Monegrillo, Sos del Rey Católico...

 

¿Quiénes participan y cómo ha sido la puesta en escena?

Los entrevistados han sido: Mark Albela, José Luis Alcaine, Francisco Betriu, Yvonne Blake, Tirso Calero, Sol Carnicero, Manuel de Blas, Juan Diego, José Luis Escolar, Ana Gracia, Julia Juániz, Miguel Ángel Lamata, Ignacio Machín, Ignacio Martínez de Pisón, Jordi Mollá, Willy Montesinos, Félix Murcia, Paula Ortiz, Antonio Resines, Pedro Rodríguez, Jorge Sanz, Antonio Saura, Carlos Saura, Fernando Trueba y Maribel Verdú. Todos ellos cuentan sus experiencias durante el rodaje, anécdotas, cosas curiosas, el off en definitiva que transcurre en la trastienda de todo rodaje. Algunos se han sentido emocionados o impactados de volver a esos lugares tantos años después; fue el caso de Jorge Sanz en Albarracín. La gente de los lugares no sale retratada en este documental, eso será uno de los temas fundamentales de la serie que estoy preparando, puesto que queda mucho por contar aún.

 

¿Qué fue lo más estimulante?

Para mí el poder compartir con estos grandes profesionales del cine lo que supone su oficio para ellos, ver cómo se siguen emocionando al recordarlo y contarlo. Quiero resaltar la generosidad de todos ellos, cómo han contribuido y se han implicado directamente en el proceso del documental. Fue un placer estar con todos y cada uno de ellos.

 

¿Resaltaría algo o a alguien, de modo más específico?

A mí me impresionó en concreto conocer a Yvonne Blake, porque fue ella quien diseño los hombres-libro de ‘Farenheit 451’ de Truffaut, película mítica para mí, que nunca me canso de ver.

 

¿Qué películas han dejado más eco en Aragón?

Muchas, pero quizás ‘Jamón jamón’ por su repercusión mediática, ‘La vaquilla’, del maestro Berlanga, ‘Carreteras secundarias’, basada en la novela de Pisón homónima... También otras de ámbito internacional como ‘Los fantasmas de Goya’ o ‘El reino de los cielos’.

 

¿Qué tipo de obras se han rodado en Aragón, qué géneros han dominado?

En este trabajo hemos centrado la mirada en filmes de ficción de formato largometraje, con la excepción de Salida de misa y Lumiere y compañía, que son "vistas naturales", como se les llamaba a comienzos de siglo en el nacimiento del cinematógrafo. Hay más de 130 en este ámbito, pero también existen más de 4.500 películas cortas de ficción, documental, vídeo clip, animación, etc., que se han rodado en Aragón, muchas veces con unos medios insuficientes, y desde cineastas poco o nada reconocidos, que sin embargo han seguido indomables a las crisis éticas, estéticas y económicas, creando contra viento y marea. De estos trataré en la serie de capítulos que estoy desarrollando.

 

¿Podría concluirse que Aragón es “tierra de cine”?

Que Aragón es una “tierra de cine” es algo sabido ya desde el año 1896, cuando Eduardo Jimeno –padre e hijo- rodaron ‘Salida de misa de doce del Pilar’. Esa denominación se ha confirmado a lo largo del siglo XX con figuras de la talla de Segundo de Chomón, Florián Rey, Luis Buñuel, José Luis Borau, José María Forqué o Carlos Saura, también.

 

Hay, y hubo, muchos más profesionales aquí, claro...

Desde luego, a esta nómina de ilustres realizadores se suman otros nombres no menos brillantes de actores y actrices (Raquel Meller, Fernando Sancho, Mayrata O`Visiedo, Joaquín Dicenta, Antonio Garisa, Fernando Esteso o Paco Martínez Soria), de fotógrafos (José María Beltrán y Víctor Monreal), de productores (Eduardo Ducay, Fernando Moreno o Ramón Acín), de músicos (Antón García Abril, Rafael Martínez del Castillo o Daniel Montorio) y de grandes guionistas (Alfredo Mañas, Emilio Alfaro, Santiago Lorén o Julio Alejandro, imprescindible también en la historia de Buñuel).

 

Recuérdenos a su equipo.

El citado Luis Alegre; Nanuk, cámara, fotografía y edición; Chicho Malo, sonido; Gonzalo Alonso, música; Emilio Casanova y Sergio Duce, cabecera y efectos visuales; Miguel Manteca, foto fija y, entre otros, Óscar Baiges, diseño gráfico.  

 

 

*Vicky Calavia, retratada por Eva Puyó.