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Antón Castro

GUILLERMO BUSUTIL: DE EUROPA

EUROPA DENTRO DE EUROPA

Guillermo Busutil* La Opinión de Málaga

 

Por qué siempre se vota en domingo? ¿Será porque la ideología política es como una religión a la que se procesa culto igual que a Jesucristo el séptimo día? ¿Si el domingo es la jornada de descanso por qué nos convocan emplearnos en la reconstrucción de una nueva idea de Europa? De eso se trata hoy. De elegir qué Europa queremos. ¿La Europa de dos velocidades económicas, en la que el sur ha sido el gran damnificado de la moral austera, la Europa de la Banca, la Europa de las minorías, la Europa de la inmigración, la Europa de D´Annunzio, de Magris y Zweig o la Europa de Celine? Demasiadas caras, numerosas combinaciones. Y la pregunta sincera qué nadie fórmula: ¿es igual la Europa de los franceses a la Europa de los británicos, la Europa de los alemanes a la Europa de los griegos, la Europa de los españoles a la Europa de Finlandia?, ¿la Europa de los políticos a la Europa de los ciudadanos? Esta última pregunta no la ha respondido ninguna fuerza política. Ningún partido ha clarificado un programa, una idea, un horizonte, las propuestas con las que resolver las numerosas encrucijadas de la sanidad, la justicia, los derechos sociales, la agricultura. La urgencia de democratizar la economía.

La política debería parecerse a la arquitectura. Sobre una mesa tendría que desplegar los planes del edificio, detallar la consistencia de los pilares, la orientación, la calidad de los materiales, la capacidad de resistencia frente a los seísmos y la erosión de los agresivos movimientos económicos, la belleza y consistencia de los remates, los aislamientos, la modernidad de su fachada, el lenguaje exterior del edificio y su identidad. El coste real de su precio. Pero no es así. Ni siquiera hay un mapa, una carta de navegación, algo más solvente que uno de esos escuetos manuales de instrucción de los productos made in Taiwan. Europa hace tiempo que es un cubo de Rubick. Cada partido la manosea entre sus manos para hacer coincidir sus ideario con la cara que le interesa mostar a sus votantes. Porque en el fondo la apuesta de los dos grandes partidos españoles son ellos mismos y el objetivo de gobernar España. Por eso nos convocan este domingo. El día después de la única certeza de Europa que realmente tiene el pueblo. La del equipo de fútbol que ha ganado la Champion. La Copa de Europa.

Hoy los españoles elegiremos a 57 diputados de los 751 que componen el Parlamento europeo. Y el problema no es que sea un número primo si no que todavía seguimos sin saber si Europa es una idea cultural, un sueño recurrente, un argumento de la literatura, un laboratorio, una gran biblioteca borgiana, un mercado de abastos, un parqué de la Bolsa, un teatro de batallas donde cada cierto tiempo se reactualizan viejas enemistades, las eternas ambiciones nacionalistas, la amarga canción del escepticismo que no es otra casa que el hastío de la corrupción, de la incapacidad política para estar a la altura de las circunstancias históricas. Sabemos que hoy tenemos que decidir el futuro de nuestro país,  una forma de legislar la crisis desde el rigor económico o desde el compromiso social. Y hay que pensar bien el voto. Pensar muy bien de qué Europa venimos y a qué Europa queremos dirigirnos y pertenecer. Qué Europa nos despertará mañana, qué Europa será Estado, será ciudadanía. Será esperanza y apogeo, será drama e incertidumbre.

¿Llevamos cada uno de nosotros una Europa dentro? ¿Cuándo esta mañana nos hemos afeitado, lavado los dientes o delineado la mirada con el rimel, nos hemos reconocido europeos en el espejo?, ¿hemos evaluado con detenimiento a qué hora de hoy íbamos a ejercer de europeos?. ¿Antes de comer, después de misa, a la hora de la merienda o cuando el cierre electoral se echa encima?. Y luego, horas después, ¿esperaremos a saber qué Europa suma más votos?, ¿una Europa de derechas, de izquierdas, de minorías ciudadanas desencantadas de los partidos?. ¿la Europa de los fanatismos, la Europa de Eurovisión, la Europa de la protección de las libertades o la Europa S.A. que no tenía papeleta ni logotipo pero hace años que se sabe legitimada porque es la que siempre ha decidido desde la sombra?

Hoy deberíamos pensar detenidamente. En el cuarto de baño, en la alcoba, en un hotel frente al Pilar, al pie de las Torres Kí, contemplando la montaña o el mar, mirando a los ojos de nuestros hijos, ignorantes de que Europa murió en un campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial y desde entonces su lugar lo ocupa un fantasma infeliz incapaz de expulsar de su templo a los mercaderes, fariseos y tahúres. Otra razón más por la que tenemos la libertad de participar en la democracia que nos ofrece la capacidad de decidir qué Europa queremos nosotros. Tal vez no coincida con la Europa de los partidos que es el reflejo de su narcisismo, de sus intereses financieros, de su indigencia de ideas. Nuestro voto es la mejor manera de recordarles que están obligados a responder las exigencias que planteemos. Las concernientes a nuestro país, las que corresponden a la crisis de la globalización económica, al concierto internacional y a qué futuro tiene Europa dentro de las Europas que la componen.

Hoy nuestro voto es una actitud, una toma de conciencia. La construcción de una identidad en la que reconocernos con satisfacción y esperanza. Hoy somos ahora Europa o nunca.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

 

**Este es el artículo dominical de Guillermo Busutil, que culminaba el pasado viernes, en el restaurante zaragozano El sauce, poco antes de la presentación de su libro 'Noticias del frente' (Tropo), en la librería Los Portadores de Sueños.

-La foto de Stefan Zweig la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-107b36b446be1fbf8a94d440b2f6a7fc.jpg

-La foto de D'Annunzio de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-f4652f7ae58fab00573bfd5cce0f2dc9.jpg

 

THEODORO ELSSACA ABRE, HOY, EL CICLO 'POETAS DE OTROS MUNDOS'

THEODORO ELSSACA ABRE, HOY, EL CICLO 'POETAS DE OTROS MUNDOS'

Ángel Guinda, en colaboración con el sello Olifante, ha creado el Fondo Poético Internacional, todo un homenaje a la OPI de Miguel Labordeta: Oficina Poética Internacional. El objetivo de este proyecto en promocionar la poesía del mundo en Zaragoza, así nace el ciclo ’Poetas de otros mundos’. Por el bar ‘7 de copas’, calle Blancas (antaño ‘El Ángel Azul’) irán pasando poetas de diversas procedencias. Y hoy, domingo, 25 de mayo, a las 19.30, el primer invitado es el poeta, narrador, fotógrafo y artistas plástico, de raíz antropológica, Theodoro Elcassa, chileno nacido en 1958.

Theodoro Elssaca leerá diversos textos, hablará de su trayectoria y presentará dos de sus últimos libros: la antología poética ‘Travesía del Relámpago’, que publicaba Vitruvio en 2013 y que resume 30 años de poesía en diez libros y varios textos inéditos, entre ellos varios caligramas; y el volumen de relatos ‘Fuego contra el hielo’ (Verbum), que suceden en diversas ciudades del mundo: Estambul, Buenos Aires, Valparaís, etc. Theodoro Elssaca, hijo de concertista de piano y de filósofo, conoció a Pablo Neruda con once años, es amigo de Nicanor Parra, lo fue de Gonzalo Rojas, vivió numerosas aventuras y es autor, entre otros libros, de un volumen de fotografía sobre ‘Isla de Pascua’: retrata, en clave real y mágica, a sus moradores con las caras y el cuerpo pintado.

Se ha quedado fascinado con Aragón: especialmente con la Aljafería, con los museos Pablo Gargallo e IAACC Pablo Serrano, con el Museo de Zaragoza y con la obra de Francisco de Goya. Aquí ha contado y cuenta con un anfitrión especial: Pedro Calavia.

 

-Aquí puede leerse una entrevista-reportaje con Theodoro Elssaca, que sale hoy.

 http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2014/05/25/elssaca_inaugura_poetas_otros_mundos_289864_308.html

GUILLERMO BUSUTIL, EN PORTADORES

GUILLERMO BUSUTIL, EN PORTADORES

Guillermo Busutil presenta esta tarde, a las 20.00, en Los Portadores de Sueños, el libro ‘Noticias del frente’, una selección de sus artículos de 2013 y 2014 en ‘La Opinión de Málaga’. Lo hará en compañía de sus editores y de un servidor, Antón. ’Noticias del frente’ es un libro, ordenado como un periódico por secciones, donde todo se toca y se mezcla: la sociedad, la cultura, la economía, la política, los obituarios, el homenaje. Es un libro de una mirada crítica y lúcida sobre lo que está pasando en España: la mordaza de las libertades, los escraches, los recortes del bienestar, la corrupción, los desahucios, la cara oculta o B del PP, etc.

Es un libro sobre personajes como ‘El Roto’, los taxistas (es espléndido el texto que les dedica: quizá debieran imprimirlo y repartirlo), Antonio Muñoz Molina, su pasión por la fotografía o algunos recuerdos que humanizan aún más, si cabe, un libro lleno de ideas bellamente expuestas: por ejemplo, su padre le recordaba siempre qué importante es llevar los zapatos limpios. La elegancia empieza por ahí... Y es un libro impregnado de literatura, de libros y de autores: por ahí andan Cortázar y su ‘Casa tomada’, por poner un ejemplo. ‘Noticias del frente’, publicado por Tropo (donde había publicado un personalísimo libros de cuentos, ‘Vidas prometidas’) es un conjunto de píldoras sobre la actualidad y sus contradicciones, y es el libro de un escritor que usa el símil, la metáfora, el símbolo o la analogía para explicar mejor qué ocurre, la encrucijada social y cultural de este país de todos los demonios...

 

‘Noticias del frente’ empieza así:

“Los domingos acostumbro a descansar de las batallas. No me afeito. No leo el parte de bajas ni abro ninguna ventana desde la que se vea el humo del frente y sus fantasmas. Tampoco armo la palabra y la disparo. Sé que la guerra sigue. La mía, la de los otros. La del país. La del mundo”.

 

Otras frases:

-“Ojalá la verdad fuese una cometa libre en el sueño a mano de un niño que nunca conozca la guerra”.

-A propósito de El Roto. “Es difícil dibujar el dolor, la angustia, la derrota, el asedio. Nos es fácil convertir el plomo de la realidad en humor. Aunque ese humor sea corrosivo, irónico, el estoicismo necesario para sobrevivir a campo abierto de la batalla. Un roto en la máscara y en el discurso que se esconde detrás de cualquier impávido poder contra lo débil o indefenso”.

-“El periodismo es el género de los antihéroes, una forma de reflexionar y combatir las imperfecciones de la mentira, las imperfecciones de la verdad”.

-“La querella de la voz no se calla. No rinde pleitesía ni se resigna con un murmullo en penumbra. La voz es una conciencia, y un canto que nace cuando el dolor, la rabia, la injusticia, rompen el ángel del silencio o el silencio culpable del miedo como mordaza”.

-“Cada revolución, cada discurso político, cada religión y hasta la forma de hacer el amor han tenido un libro como protagonista. Y también un librero inteligente y erudito que contribuyó a divulgar las enseñanzas de sus argumentos”.

 

*La foto es de Pepa Babot.

JULIO JOSÉ ORDOVÁS, EN ANTÍGONA

JULIO JOSÉ ORDOVÁS, EN ANTÍGONA

[Esta tarde, rivalizando con Guillermo Busutil, que presenta 'Noticias del frente' (Tropo) en Los Portadores de Sueños, Julio José Ordovás presentará en Antígona su nuevo libro: 'El Anticuerpo'. Tendremos el corazón dividido. A Julio lo presentará Julia Millán, librera, editora y escritora.]

EL OLOR EXISTENCIAL DE LA ADOLESCENCIA

Julio José Ordovás publica su primera novela, 'El Anticuerpo' en Anagrama

 

Julio José Ordovás (Zaragoza, 1976) estrena novela casi a la vez que paternidad. Ha sido padre, de su unión con la narradora y poeta Brenda Ascoz, del niño Gabriel. Hasta ahora, el poeta, narrador y crítico literario en diversas publicaciones, había practicado una literatura fronteriza: diarios, libros de poemas muy abiertos, libros de viajes o incluso una mirada sobre el mundo pictórico de Pepe Cerdá, que resolvió con mucha brillantez. Ahora da un importante salto y ofrece una ambiciosa y breve novela: ‘El Anticuerpo’, que podría definirse como una narración sobre la adolescencia, una novela de formación bastante infrecuente: a muchos lectores, de entrada, su protagonista les podría recordar a Holden Caulfield, el niño-mayor de ‘El guardián entre el centeno’. Comparte con él una suerte de indolencia e insolencia, el nihilismo, cierta inclinación a la perversidad, la desubicación existencial y, a la vez, la curiosidad. Quizá el personaje de Julio José Ordovás, aunque dispare sobre las gallinas o los gatos, o clave un tenedor en las manos de una niña, tenga más interés por la vida. El joven, del que en un instante determinado se dice que se llama Jesús, parece seguir la resignación y la lucidez de su tía: “La vida, aunque sea un asco, hay que vivirla”. Y este joven, hipersensible en el fondo y observador, la vive.  

El título de ‘El Anticuerpo’ alude a Yosu, un hombre curtido en mil experiencias, que ha saboreado la tentación de las drogas. Se encuentran y entre ellos surge una extraña complicidad: no es que Yosu sea su maestro o su modelo, pero hay algo que los une en varios capítulos. Quizá los dos sean como cuerpos extraños en la sociedad. Dos marginados. Sobre todo Yosu. La novela aborda la particular mirada del joven, la relación tan especial con su tía y con su padre (que también parece un ‘outsider’, incluso en su propia casa) o con su madre, que trabaja en la conservera y tiene algo de criatura invisible o difunta. “Mi tía hablaba de mi madre como si llevara siglos enterrada. Lo raro era que yo también hablaba de mi madre como si estuviera muerta”.

En un libro donde se percibe una clara obsesión por los olores, dice el joven: “Yo no sé cómo huelen las madres, dijo. ¿Huelen a tierra mojada? ¿A flores secas? ¿A pan? ¿A mandarina? ¿A detergente? Mi madre trabajaba en una conservera y, por mucho que se lavara las manos y que frotara la ropa, estoy seguro de que no conseguía quitarse de encima el olor a pescado crudo”. Su tía es distinta. Dice: “Mi tía olía gris, pero su olor era cálido. Como una cabaña perdida en la nieve”. La obsesión por los aromas lo puebla todo; la tía, que no le regala nada pero que le da billetes para adquirir lo que considere necesario, le decía ante un billete nuevo: “Huélelo”. Más adelante, el chico esboza esta confesión, que le atañe: “Las chicas no querían saber nada de nosotros. Llevábamos millones de granos y olíamos francamente mal, pero no éramos unos leprosos”. En otro lugar, dirá: “A mí me gusta el olor de las cloacas”.

Pasan muchas cosas. Ordovás modula a su protagonista con precisión, con acumulación de detalles y de percepciones. Lo dota de un punto de excentricidad y de rebeldía constante. Y de humor negro. Es raro: está por encima de la realidad o por debajo. Está contra ella. Teme las lechuzas, le gusta ir a ver películas del Oeste del cine del barrio, se siente atraído por la hija de la tendera, que no es hermosa pero sí lasciva, sucumbe al extraño encanto de dos gemelas, que eran unas suicidas al volante del coche de pompas fúnebres de su padre y que practican ritos más o menos macabros. Siente una relación de amor y odio hacia el Langosta, que un día paseará en una despampanante Harley Davidson, frecuenta el Parque del Ancla o “parque de las primeras veces”: allí recibió el primer puñetazo, marcó el primer gol o fumó el primer porro. Hay otros personajes como el sacerdote José Luis, que tiene una pasión secreta: dibuja Cristos; Ordovás los enumera en tres páginas que remarcan otro de los atributos de la novela: el humor.

Es una novela sobre las revelaciones. El viejo Belchite y las prácticas de espiritismo. El estreno sexual con una prostituta. El cambio de las revistas pornográficas por ‘La Biblia’. El bar Groenlandia. O la energía de la música. Uno de los temas a los que se alude es el ‘Stairway to Heaven’ de Led Zeppelin. Se dice: “Ninguno entendíamos una palabra de inglés, pero aquellas canciones sucesivas nos abrieron la cabeza a martillazos”.

Hay muchas más cosas. Una temperatura ambiental nada complaciente. Dura e híspida. Una ubicación inconcreta: a veces parece un pueblo, cruzado por el río Aguas Vivas; a menudo un barrio de ciudad. Y a la vez, dentro de una escritura lírica espléndida que a veces se solaza en el efectismo, Julio José Ordovás ha creado un ámbito entre panteísta e irónico: “Había un árbol totalmente calvo, muy solo, muy viejo y muy infeliz, que agradecía mis caricias con un ligerísimo temblor. Pobre muñón. Tenía madera de ataúd”. O “Las palomas también temían mis regates y mis incursiones letales por la banda”. Julio José Ordovás ha escrito un libro distinto, turbador, nada complaciente y acaso infernal, descarnado casi siempre, sincero, brillante y pleno de destellos.  Este fragmento define el ‘dramatis personae’ del conjunto: “Ahora me doy cuenta de que mi tía tenía la talla de un personaje bíblico, no como mi padre y como yo, que éramos personajes de dibujos animados”.

 

El Anticuerpo. Julio José Ordovás. Anagrama. Barcelona, 2014. 136 páginas. Este texto aparecía el jueves en el suplemento 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón.

CINCO POEMAS DE LUISA MIÑANA

CINCO POEMAS DE LUISA MIÑANA

[Luisa Miñana, poeta, narradora y especialista en los nuevos soportes tecnológicos y editora, publica en Olifante un nuevo poemario: ’Ciudades inteligentes’. Aquí ofrezco una selección de cinco textos. La foto es de Columna Villarroya.]

 

Balcón

 

Antes plantaba flores. Cultivé geranios media vida 

como si fueran a salvarme de algo.

Los cuidé casi igual que a mis hijos. Ahora riego esta antena parabólica, con más mimo aun si cabe, para que crezca 

y me proteja de la desgracia como la carpa de un circo.

  

Panadería

 

Para la arquitectura de mis huesos guardo

la levadura blanca y la primera espiga que levantara el sol  sobre la tierra, no importa cuándo fuera. Y para que se aligere  el ritmo de la circulación en mis arterias, recurriré al agua  que apuntaló la vida en un principio, cuando no había tumbas,  sino sólo paisaje, y eran tan semejantes muerte y vida.

Para continuar viviendo sin pensármelo mucho, me obligo

a alimentarme en lo sencillo y a entretenerme lejos de la ciudad y de sus cementerios. Debo evitar a toda costa la bulimia 

que enrarece la atmósfera de mi respiración, debo volverme  tan transparente como la sal.

 

Cafetería

 

Todos los días, a la hora en punto, como un tren de alta velocidad, la máquina bombea en mi organismo

la dosis de cafeína que preciso para recomponer con elegancia el equilibrio: todos los días 

en este viejo bar entra directa por la fístula de la costumbre  hasta mi corazón.

 

Amante con cigarrillo

 

 

Te deberé la vida, afirmo en voz muy baja, sin oxígeno.

Y él piensa que lo digo como una parte más de este juego amatorio que los dos nos traemos. El riesgo azuza las ganas

de ofertarle la piel en prenda. Y él recorre primero mis piernas con su boca y estruja luego mis costillas.

Te deberé la vida. Y él golpea

en el único peldaño de mi cuerpo que no me pertenece.

Por fin la muerte ablanda mi vida equivocada. Y oigo

la balacera en el cuarto de al lado. Se echa a un lado en la cama y su risa es brutal e inacabable. Ya no le teme a nada.

Llega un sms a mi teléfono. Fumo. Susurro: no podemos salir hasta mañana, hay redada. Ok, me dice, y fuma, bebe un trago, y me apunta con el mando a distancia de la televisión.

 

 

Ciudades inteligentes

 

Si hubiera que morir, morirse en Montparnasse sería soportable. Para morir, París, ya lo dijo Vallejo.

Y Vallejo decía: la soledad, la lluvia, los caminos… Tú me amas en Londres, yo me muero

en París. Una vez y otra vez voy muriendo pegada 

a las querencias aprendidas:

me moría en Raspail, en el Café Le Dome, en la Rotonde,

junto a la Gare de Montparnasse, siempre esperándote y viéndote marchar una vez y otra vez y otra vez …

Constantemente ruedan, se transforman, lugares de partida 

y de destino en los paneles –sin principio ni fin– de información.  Mis vidas cambian más rápido que yo.

Y decía Vallejo: la soledad, la lluvia, los caminos…

Alguien grita mi nombre, resuena en Buenos Aires, cruza 

el océano Atlántico y retorna –mi nombre– embridado a la órbita  de un satélite, ondeando en el cielo como un anuncio antiguo,  como un ala sin aire del pasado.

Yo me muero en París bajo la forma subjuntiva del silencio.

Es un tiempo sin luz el subjuntivo, no se conjuga ni funciona  en los vídeos ni en las fotografías. ¿Dónde te buscaré, 

si no te reconozco?

En Buenos Aires, en Londres, tú me amabas.

Intentarás amarme en Estambul, porque Estambul reúne,  estadísticamente comprobado, la tasa mundial más elevada 

de amores literarios y desapariciones.

Atravesando el Bósforo de Occidente hacia Oriente alguien toma

mi mano. Cierro los ojos, debo fiarme. Ni el saber de la sangrada  Alejandría, ni el arte de Venecia, ni siquiera las horas 

que ya nadie recuerda, excepto yo, de infinitos veranos 

a la orilla del mar en Barcelona justifican la vida. Sólo el amor funámbulo sobre los continentes la sostiene.

¿Dónde vas a llevarme? La soledad, la lluvia, los caminos…Tú me llamas a gritos desde Delhi, Moscú, La Meca o Sidney. Yo me muero en París,

una vez y otra vez, y para amarte me reinicio y borro

mi memoria, vengas de donde vengas.

Tú me amas en roma, Nueva York, en DF, en Manila,

o en Santiago de Cuba. Yo moriré asomada en primer plano

desde la gran pantalla del cielo de París, en Montparnasse,

pues soy amante fiel y tú me necesitas atrapada en tu red: los caminos, la soledad, la lluvia … Ya decía Vallejo.

CUENTOS PARA FÉLIX ROMEO

CUENTOS PARA FÉLIX ROMEO


[Ayer se entregaron los premios del ‘Certamen de Creación literaria para jóvenes Félix Romeo Pescador’, que tiene muchas peculiaridades. Isabel Delgado lo explica en este texto: el concurso tiene tres modalidades, una de ellas en lenguas extranjeras, se escribe en el Instituto, durante un espacio de tres horas, los alumnos pueden manejar diccionarios y tiene como límite de espacio tres folios. El texto, original, arranca siepre con una frase de un libro de Félix. Explica Isabel en un correo que no tiene pretensiones literarias:]

Este año hacemos la 2ª edición del ‘Certamen de creación literaria para jóvenes’ que lleva el nombre de Félix Romeo Pescador (igual que nuestra biblioteca), al que convocamos a jóvenes de toda la provincia de Zaragoza, entre los 12 y los 18 años. El año pasado tuvimos más de 50 inscripciones, y este año han sido 66. Lo particular de este Certamen es que los concursantes tienen que escribir en presencia nuestra en una fecha fija (este año ha sido el 7 de abril), comenzando su relato con una frase tomada de una obra de Félix Romeo, que se les dice el mismo día. Y también que tenemos una modalidad para idiomas diferentes del español (rumano, chino, inglés ...), y para su valoración y traducción contamos con el equipo de mediadores del CAREI.

Y lo más fascinante es que efectivamente los jóvenes vienen al instituto y se sientan una tarde a escribir, 1, 2 y hasta 3 h, concentradísimos. Nos piden diccionarios, y los consultan. Algunos vienen desde Pedrola, Utebo, Épila ... y les acompañan sus profes, o sus padres. 53 chavales han escrito sus historias este año. Eran de 15 diferentes institutos de secundaria y 5 colegios privados, además de unos pocos que están ya en la universidad. Dos escribieron en chino (¡una caligrafía preciosa!), 2 en rumano y 3 en inglés (hubo una inscripción para participar en urdu y otra en wolof, pero tuvimos que rechazarlas porque no teníamos intérpretes para estas lenguas...).Este Certamen  pretende, entre otras cosas, celebrar la memoria de Félix Romeo con algo que probablemente le gustaría: jóvenes que escriben, que leen, que juegan con las palabras de cualquier idioma.

 

 
*PD. No tengo aquí la lista de premiados, pero entre los primeros primeros y las menciones de honor había más de veinte alumnos. Se entregó en el Instituto Grande Covián. Y estuvieron presentes, entre otros, los padres de Félix, Félix y Carmen, el hermano Pedro y su cuñada María José y sus dos hijas. En la foto, Félix con su sobrina.

BERNARDO ATXAGA EN NEVADA

BERNARDO ATXAGA EN NEVADA

EL NARRADOR QUE SE ATREVIÓ CON TODO

Hace 25 años, Bernardo Atxaga (Asteasu, Guipúzcoa, 1951) irrumpió con un libro inolvidable: ‘Obabakoak’ (1988), que ha reeditado hace unos meses Alfaguara en una edición primorosa. Era un canto a la imaginación, a la literatura en sí misma y al misterio. Había historias subyugantes, que bien podría haber fotografiado Manuel Vilariño, el artista de animales inquietantes de color telúrico.

Desde entonces, Bernardo Atxaga ha escrito en varias direcciones: con lentitud y sutilidad. A favor de la belleza, de la narración pura, de los personajes que tienen un pie aquí, en los bosques y los caseríos, y el otro en el trasmundo. Bernardo , con alma de viajero despistado, toma notas en cuadernos con una pulcra caligrafía: los llena de datos, de citas, de microcuentos, de detalles sobre escritores y personajes.

En 2007 recibió una invitación para trasladarse a Reno, en Nevada , durante un curso completo. Y de eso habla el libro: de un escritor que viaja a ese lugar más bien inhóspito y duro con su mujer, Ángela, y con sus dos hijas, Izaskun y Sara. Él va a trabajar en la Universidad y todos van a vivir en una mansión de miniatura.

‘Días de Nevada ’ es una novela, sin duda: una novela abierta, infinita. Es la novela de los extranjeros que intentan adaptarse y establecer vínculos sólidos, y a los que les aparece la literatura constantemente; un personaje Mary Lore, podría haber figurado en ‘Lolita’ de Nabokov. E incluso aparece un político prometedor como Obama. Es una novela de campus, claramente. Es una novela que está llena de viajes, de desplazamientos a diversos lugares y es también una novela de la inquietud: constantemente aparecen noticias acerca de violaciones, en el entorno universitario o en la ciudad, de amenazas, de asesinos, de procesos. Los periódicos no paran de hablar de ello y de citar a algunos encausados que son ejecutados por haber asesinado a alguien o que andan por ahí, sombríos y constantes, como sórdidos fantasmas al acecho.

‘Días de Nevada ’ también es una novela del oeste y a la vez un diario: el autor anota cuánto le sucede, sus citas, sus encuentros (a veces con algunos incómodos animalillos), sus idas y venidas a restaurantes, sus cenas con profesores, sus sueños, sus visitas a tiendas de discos y a librerías. Por cierto, en una de ellas, descubrirá un libro muy interesante: ‘Dempsey in Nevada ’ de Guy Clifton, donde aparecen muchas fotos del púgil vasco Paulino Uzcudun. Ese hallazgo será determinante en la novela: llevará al autor a reconstruir la vida del campeón de los pesos pesados, no solo la suya y sus famosos combates (entre ellos el que mantuvo con Max Baer, que acababa de matar a un hombre, o con «la pantera negra» Hary Wills), sino la de su padre. La historia de Uzcudun es conmovedora y paradójica: pasa de ser el héroe de niños y adultos a convertirse en una especie de apestado que se confunde con el Sacamantecas.

Este procedimiento proustiano de Atxaga es frecuente en el libro. El protagonista vive en Reno, se desplaza a San Francisco, y va sabiendo cosas de la región: por ejemplo que allí se rodó ‘The misfits’ de John Huston, la última película de Marilyn, de la que se recuerdan sus amoríos con Kennedy pero también su condición de poeta y memorialista. Y se habla del desierto, de la locura que provoca en sus habitantes o en la gente que lo visita, como le sucedió al padre Dominique, que fue pastor de joven. Recuerda: «En verano, el sol te quemaba los pulmones, y todos los días recibíamos algún susto a cuenta de las serpientess de cascabel y de los escorpiones. En invierno, las grandes nevadas nos dejaban calados, y pasábamos el día y la noche mojados y muertos de frío. Los dos primeros meses temías enloquecer. Luego, de repente, la cabeza le daba la vuelta y te acostumbrabas. Te resultaba indiferente no ver a nadie nunca más». Antes, se había definido así el lugar: «Este es un estado que creció gracias a cuatro cosas -dijo-. El divorcio, el juego, la prostitución y la minería de oro y plata».

Episodios así, de esta rotundidad y alucinación, hay muchos. Bernardo Atxaga, como ya hiciera en ‘Obabakoak’, incorpora relatos, apuntes, noticias que encuentra, ráfagas, historias de canciones, mensajes, ensayos... Es muy importante la libertad con que está concebida esta novela abierta e híbrida, llena de hallazgos, de estados de ánimo y de recuerdos. Decíamos que Atxaga y su escritor están aquí y allí, en Reno y en Euskadi; el escritor conversa con sus hermanos, con su madre (esa mujer de aldea que leía las revistas del ‘Reader’s Digest’), recuerda a su padre, recuerda la conmovedora historia de José Francisco, un niño perturbador que solo sabía decir ‘Atar’, o la más tierna de Aguiriano... O la del caballo negro Cornelie. Así, alternando la vida cotidiana con el plano mental, lo que sucede con lo que evoca, mezclando los géneros, Atxaga redondea una espléndida novela llena de extravíos, de cajas chinas, de sueños y de deslumbrantes imágenes y personajes.

Días de Nevada. Bernardo Atxaga. Traducción del original vasco de Asun Garikano y Bernardo Atxaga. Editorial Alfaguara. Madrid, 2014. 405 páginas.

*Este texto lo publiqué en ’Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón. La foto la he tomado de la página web de Bernardo: es de Gorka Salmerón.

EL OFICIO DE CONTAR DE PISÓN

EL OFICIO DE CONTAR DE PISÓN

 

MARTÍNEZ DE PISÓN O EL OFICIO DE CONTAR

 

Una lectura de ’La buena reputación’ (Seix Barral, 2014)

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es uno de esos novelistas que entiende su oficio como el arte de la naturalidad. Busca una voz sólida y serena, convencida, que le permite alcanzar lo que desea: desgranar historias, investigar vidas y épocas, crear personajes, desmenuzar mundos con su pálpito realista y dibujar atmósferas en apariencia sosegadas, pero que no lo son en absoluto. Y resultan más inquietantes cuando cerramos el libro: entonces, como si nos persiguiesen sus personajes o sus fantasmas, todo se torna aún más inquietante y quizá desolador. En los libros de Ignacio Martínez de Pisón rara vez hay familias felices. Parece decir, con Leon Tolstói: «Todas las familias felices se parecen; cada familia infeliz lo es a su manera». El Premio de las Letras Aragonesas de 2011 así, como quien no quiere la cosa, dota sus ficciones de una auténtica carga de profundidad, de detalles, de aristas y pesadillas, que no se ven a primera vista porque Pisón huye de la afectación, de la estridencia y parece abrazar un clasicismo intemporal.

 

Pero no conviene llamarse a engaño: es un novelista meticuloso, de la estirpe de Anne Tyler, Natalia Ginzburg y Alice Munro, e incluso de Philip Roth y John Cheever, con quienes comparte la pasión por lo cotidiano y sus cuchillos. Y sabe manejar las elipsis, las situaciones, las paradojas del vivir. Es clásico y moderno, y por eso firma libros tan distintos y complementarios como ’Carreteras secundarias’, ’El tiempo de las mujeres’ o ’El día de mañana’, piezas que nos permiten navegar a la perfección por su última novela: ’La buena reputación’, uno de esos libros que hunden sus raíces en Galdós y Baroja, en la precisión ’naturalista’ de Gustave Flaubert y en los laberintos cruzados de las sagas de Thomas Mann. Pisón , para quien cada novela es una aventura procelosa y un regate a la pereza, se ha ido a los años 50 a Melilla y Tetuán, en los tiempos del Protectorado Español, para narrar la ambiciosa historia de Samuel y Mercedes, la de su hija Miriam y la de los hijos de esta: Elías y Daniel. En realidad, son cinco libros, cinco partes que tienen algo de independientes. Aunque pueda parecer prolijo en ocasiones, Pisón oculta cosas, las reserva, las dosifica, las embarga, y su narrador omnisciente, en sigilosas piruetas narrativas, revela de súbito detalles de los personajes: el heroísmo inesperado de Samuel, la muerte de varias personas, la razones de la huida de Sara, la pasión escénica de Elías... De ese modo la novela se ensancha y el narrador administra la acción a su antojo.

 

Y constata algo que es una de las lecciones del libro: todos, de alguna madera, acaban legando los errores, las obsesiones e incluso la fatalidad. Y los hijos, con terquedad, realizan actos parejos y similares revueltas a los que criticaron con alguna saña de sus progenitores.

 

’La buena reputación’ aborda la existencia de una pareja que se amó en sus principios y que ahora, cabría decir, más bien se soporta. Y de esa tensión deriva uno de los elementos importantes de la vida de Samuel: su historia con Alegría, con quien suele reunirse en Tetuán. Quizá ahí radique uno de sus errores capitales o también una de sus ilusiones. El narrador parece interrumpir esa peripecia y sabremos de ella algo más adelante. Mercedes es zaragozana; la familia, en un determinado momento, decide trasladarse a Málaga y depués a Zaragoza, que tiene una importancia capital en la narración. Pisón , tan preciso con los datos, propone una topografía física y sentimental de la ciudad, en la vida de Mercedes, y en la de Miriam, en los paseos por la carretera de Logroño y la Base Americana, e incluso en los dos hijos. Una familia, al menos las de Pisón , se caracteriza por sus contrariedades y a veces por la fatalidad. Y eso explica, en buena parte, la fuga de Sara (cuya existencia las cuentan los otros, por decirlo de algún modo: ella no tiene ’nouvelle’ propia pero anda por ahí) y cómo ese hecho ensombrece a la familia; explica el infortunio reiterado de Miriam: con sus tentativas para cantar, con su marido Ramiro o incluso en su noche en el hotel Corona de Aragón el día que se produjo el incendio. No revelaremos aquí por qué estaba hospedada allí Miriam, pero sí que esa contigencia le permite a Martínez de Pisón recrear el horror dantesco de aquel día de julio de 1979.

 

Los libros de Pisón se caracterizan por el rigor y la elaboración de su poética de la elocuencia y la claridad, por el tramado histórico y sociológico tan perceptible. Por la ambición. Esa es una de sus audacias. Trabaja, investiga, viaja y encuentra... Y aquí hay materiales de muy diversa factura: se cuenta cómo vivían los judíos españoles en el Protectorado de Melilla, se aborda su deseo de trasladarse a Israel, se habla de música y de teatro, hay guiños a varios autores (Justo Navarro, González-Ruano o Garriga Vela, por ejemplo) y, sobre todo, escruta con lucidez la urdimbre y las paradojas de una familia en la que hay ocultación, ambigüedad, memoria, fracaso y crueldad.

 

’La buena reputación’ es una espléndida y laboriosa novela sobre las ilusiones perdidas y sobre cómo los buenos tiempos se convierten en un puro espejismo, en dolor y en léxico familiar.