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Antón Castro

BERNARDO ATXAGA EN NEVADA

BERNARDO ATXAGA EN NEVADA

EL NARRADOR QUE SE ATREVIÓ CON TODO

Hace 25 años, Bernardo Atxaga (Asteasu, Guipúzcoa, 1951) irrumpió con un libro inolvidable: ‘Obabakoak’ (1988), que ha reeditado hace unos meses Alfaguara en una edición primorosa. Era un canto a la imaginación, a la literatura en sí misma y al misterio. Había historias subyugantes, que bien podría haber fotografiado Manuel Vilariño, el artista de animales inquietantes de color telúrico.

Desde entonces, Bernardo Atxaga ha escrito en varias direcciones: con lentitud y sutilidad. A favor de la belleza, de la narración pura, de los personajes que tienen un pie aquí, en los bosques y los caseríos, y el otro en el trasmundo. Bernardo , con alma de viajero despistado, toma notas en cuadernos con una pulcra caligrafía: los llena de datos, de citas, de microcuentos, de detalles sobre escritores y personajes.

En 2007 recibió una invitación para trasladarse a Reno, en Nevada , durante un curso completo. Y de eso habla el libro: de un escritor que viaja a ese lugar más bien inhóspito y duro con su mujer, Ángela, y con sus dos hijas, Izaskun y Sara. Él va a trabajar en la Universidad y todos van a vivir en una mansión de miniatura.

‘Días de Nevada ’ es una novela, sin duda: una novela abierta, infinita. Es la novela de los extranjeros que intentan adaptarse y establecer vínculos sólidos, y a los que les aparece la literatura constantemente; un personaje Mary Lore, podría haber figurado en ‘Lolita’ de Nabokov. E incluso aparece un político prometedor como Obama. Es una novela de campus, claramente. Es una novela que está llena de viajes, de desplazamientos a diversos lugares y es también una novela de la inquietud: constantemente aparecen noticias acerca de violaciones, en el entorno universitario o en la ciudad, de amenazas, de asesinos, de procesos. Los periódicos no paran de hablar de ello y de citar a algunos encausados que son ejecutados por haber asesinado a alguien o que andan por ahí, sombríos y constantes, como sórdidos fantasmas al acecho.

‘Días de Nevada ’ también es una novela del oeste y a la vez un diario: el autor anota cuánto le sucede, sus citas, sus encuentros (a veces con algunos incómodos animalillos), sus idas y venidas a restaurantes, sus cenas con profesores, sus sueños, sus visitas a tiendas de discos y a librerías. Por cierto, en una de ellas, descubrirá un libro muy interesante: ‘Dempsey in Nevada ’ de Guy Clifton, donde aparecen muchas fotos del púgil vasco Paulino Uzcudun. Ese hallazgo será determinante en la novela: llevará al autor a reconstruir la vida del campeón de los pesos pesados, no solo la suya y sus famosos combates (entre ellos el que mantuvo con Max Baer, que acababa de matar a un hombre, o con «la pantera negra» Hary Wills), sino la de su padre. La historia de Uzcudun es conmovedora y paradójica: pasa de ser el héroe de niños y adultos a convertirse en una especie de apestado que se confunde con el Sacamantecas.

Este procedimiento proustiano de Atxaga es frecuente en el libro. El protagonista vive en Reno, se desplaza a San Francisco, y va sabiendo cosas de la región: por ejemplo que allí se rodó ‘The misfits’ de John Huston, la última película de Marilyn, de la que se recuerdan sus amoríos con Kennedy pero también su condición de poeta y memorialista. Y se habla del desierto, de la locura que provoca en sus habitantes o en la gente que lo visita, como le sucedió al padre Dominique, que fue pastor de joven. Recuerda: «En verano, el sol te quemaba los pulmones, y todos los días recibíamos algún susto a cuenta de las serpientess de cascabel y de los escorpiones. En invierno, las grandes nevadas nos dejaban calados, y pasábamos el día y la noche mojados y muertos de frío. Los dos primeros meses temías enloquecer. Luego, de repente, la cabeza le daba la vuelta y te acostumbrabas. Te resultaba indiferente no ver a nadie nunca más». Antes, se había definido así el lugar: «Este es un estado que creció gracias a cuatro cosas -dijo-. El divorcio, el juego, la prostitución y la minería de oro y plata».

Episodios así, de esta rotundidad y alucinación, hay muchos. Bernardo Atxaga, como ya hiciera en ‘Obabakoak’, incorpora relatos, apuntes, noticias que encuentra, ráfagas, historias de canciones, mensajes, ensayos... Es muy importante la libertad con que está concebida esta novela abierta e híbrida, llena de hallazgos, de estados de ánimo y de recuerdos. Decíamos que Atxaga y su escritor están aquí y allí, en Reno y en Euskadi; el escritor conversa con sus hermanos, con su madre (esa mujer de aldea que leía las revistas del ‘Reader’s Digest’), recuerda a su padre, recuerda la conmovedora historia de José Francisco, un niño perturbador que solo sabía decir ‘Atar’, o la más tierna de Aguiriano... O la del caballo negro Cornelie. Así, alternando la vida cotidiana con el plano mental, lo que sucede con lo que evoca, mezclando los géneros, Atxaga redondea una espléndida novela llena de extravíos, de cajas chinas, de sueños y de deslumbrantes imágenes y personajes.

Días de Nevada. Bernardo Atxaga. Traducción del original vasco de Asun Garikano y Bernardo Atxaga. Editorial Alfaguara. Madrid, 2014. 405 páginas.

*Este texto lo publiqué en ’Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón. La foto la he tomado de la página web de Bernardo: es de Gorka Salmerón.

EL OFICIO DE CONTAR DE PISÓN

EL OFICIO DE CONTAR DE PISÓN

 

MARTÍNEZ DE PISÓN O EL OFICIO DE CONTAR

 

Una lectura de ’La buena reputación’ (Seix Barral, 2014)

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es uno de esos novelistas que entiende su oficio como el arte de la naturalidad. Busca una voz sólida y serena, convencida, que le permite alcanzar lo que desea: desgranar historias, investigar vidas y épocas, crear personajes, desmenuzar mundos con su pálpito realista y dibujar atmósferas en apariencia sosegadas, pero que no lo son en absoluto. Y resultan más inquietantes cuando cerramos el libro: entonces, como si nos persiguiesen sus personajes o sus fantasmas, todo se torna aún más inquietante y quizá desolador. En los libros de Ignacio Martínez de Pisón rara vez hay familias felices. Parece decir, con Leon Tolstói: «Todas las familias felices se parecen; cada familia infeliz lo es a su manera». El Premio de las Letras Aragonesas de 2011 así, como quien no quiere la cosa, dota sus ficciones de una auténtica carga de profundidad, de detalles, de aristas y pesadillas, que no se ven a primera vista porque Pisón huye de la afectación, de la estridencia y parece abrazar un clasicismo intemporal.

 

Pero no conviene llamarse a engaño: es un novelista meticuloso, de la estirpe de Anne Tyler, Natalia Ginzburg y Alice Munro, e incluso de Philip Roth y John Cheever, con quienes comparte la pasión por lo cotidiano y sus cuchillos. Y sabe manejar las elipsis, las situaciones, las paradojas del vivir. Es clásico y moderno, y por eso firma libros tan distintos y complementarios como ’Carreteras secundarias’, ’El tiempo de las mujeres’ o ’El día de mañana’, piezas que nos permiten navegar a la perfección por su última novela: ’La buena reputación’, uno de esos libros que hunden sus raíces en Galdós y Baroja, en la precisión ’naturalista’ de Gustave Flaubert y en los laberintos cruzados de las sagas de Thomas Mann. Pisón , para quien cada novela es una aventura procelosa y un regate a la pereza, se ha ido a los años 50 a Melilla y Tetuán, en los tiempos del Protectorado Español, para narrar la ambiciosa historia de Samuel y Mercedes, la de su hija Miriam y la de los hijos de esta: Elías y Daniel. En realidad, son cinco libros, cinco partes que tienen algo de independientes. Aunque pueda parecer prolijo en ocasiones, Pisón oculta cosas, las reserva, las dosifica, las embarga, y su narrador omnisciente, en sigilosas piruetas narrativas, revela de súbito detalles de los personajes: el heroísmo inesperado de Samuel, la muerte de varias personas, la razones de la huida de Sara, la pasión escénica de Elías... De ese modo la novela se ensancha y el narrador administra la acción a su antojo.

 

Y constata algo que es una de las lecciones del libro: todos, de alguna madera, acaban legando los errores, las obsesiones e incluso la fatalidad. Y los hijos, con terquedad, realizan actos parejos y similares revueltas a los que criticaron con alguna saña de sus progenitores.

 

’La buena reputación’ aborda la existencia de una pareja que se amó en sus principios y que ahora, cabría decir, más bien se soporta. Y de esa tensión deriva uno de los elementos importantes de la vida de Samuel: su historia con Alegría, con quien suele reunirse en Tetuán. Quizá ahí radique uno de sus errores capitales o también una de sus ilusiones. El narrador parece interrumpir esa peripecia y sabremos de ella algo más adelante. Mercedes es zaragozana; la familia, en un determinado momento, decide trasladarse a Málaga y depués a Zaragoza, que tiene una importancia capital en la narración. Pisón , tan preciso con los datos, propone una topografía física y sentimental de la ciudad, en la vida de Mercedes, y en la de Miriam, en los paseos por la carretera de Logroño y la Base Americana, e incluso en los dos hijos. Una familia, al menos las de Pisón , se caracteriza por sus contrariedades y a veces por la fatalidad. Y eso explica, en buena parte, la fuga de Sara (cuya existencia las cuentan los otros, por decirlo de algún modo: ella no tiene ’nouvelle’ propia pero anda por ahí) y cómo ese hecho ensombrece a la familia; explica el infortunio reiterado de Miriam: con sus tentativas para cantar, con su marido Ramiro o incluso en su noche en el hotel Corona de Aragón el día que se produjo el incendio. No revelaremos aquí por qué estaba hospedada allí Miriam, pero sí que esa contigencia le permite a Martínez de Pisón recrear el horror dantesco de aquel día de julio de 1979.

 

Los libros de Pisón se caracterizan por el rigor y la elaboración de su poética de la elocuencia y la claridad, por el tramado histórico y sociológico tan perceptible. Por la ambición. Esa es una de sus audacias. Trabaja, investiga, viaja y encuentra... Y aquí hay materiales de muy diversa factura: se cuenta cómo vivían los judíos españoles en el Protectorado de Melilla, se aborda su deseo de trasladarse a Israel, se habla de música y de teatro, hay guiños a varios autores (Justo Navarro, González-Ruano o Garriga Vela, por ejemplo) y, sobre todo, escruta con lucidez la urdimbre y las paradojas de una familia en la que hay ocultación, ambigüedad, memoria, fracaso y crueldad.

 

’La buena reputación’ es una espléndida y laboriosa novela sobre las ilusiones perdidas y sobre cómo los buenos tiempos se convierten en un puro espejismo, en dolor y en léxico familiar.

ISABEL GONZÁLEZ: MICROCUENTOS

ISABEL GONZÁLEZ: MICROCUENTOS

 

Isabel González, nacida en Ejea de los Caballeros, es autora de un espléndido libro de relatos: ’Casi tan salvaje’ (Páginas de Espuma), que ha tenido adeptos inmediatos y que tiene muchos seguidores. Isabel ha publicado cuentos y microrrelatos en distintas publicaciones y blogs. tiene la gentileza de enviarme una selección textos breves. Una maravilla. Inquietud, poesía más o menos agreste, imaginación, energía...

 

MICRORRELATOS DE ISABEL GONZÁLEZ 

 

Un vivo

 

Es la hostia encontrar un vivo. Encontrar un vivo es encontrar una perla dentro de una ostra dentro de la barriga de un pez dentro de la barriga de una ballena dentro de un océano sin agua. Eso es encontrar un vivo. Y soportarlo. Porque encontrar un vivo es reunir todas las ganas de matarlo. Ahí mismo. Yo mismo. Un incapaz que una vez atropelló un zorro y se bajó corriendo del coche para hacerle el boca a boca. No se dejaba el muy terco. Me mordía y parecíamos dos amantes locos en la cuneta. Él herido y de pelambre rojo. Yo ansioso por devolverle el aliento. Qué asustado estaba, dios santo. No sé quién más. No sabría precisar. Murió en mis brazos. Tal vez lo apreté demasiado para que se estuviera quieto. No lo sé. Murió y el taxidermista me hizo una estola con su cabeza y sus patitas. Qué suerte tuve, me digo. Qué suerte. El desollado podría haber sido yo. Yo convertido en estola. Mis zapatos italianos colgando a un lado, y al otro, mi cabeza gorda siempre alerta con sus pasmados ojos de cristal.

DE ANTOLOGÍA: LA LOGIA DEL MICRORRELATO

Editorial Talentura 2013

 

 

¿Cuánto tiempo pueden pasar sin besarse frente a un café?

 

Él lo sabe y por eso calla.

Ella lo sabe y por eso habla.

Él bebe y se fabrica una mancha en los labios que a ella le molesta. Pero ella no va a señalarla. Ella no va a pronunciar labios porque labios es más silencio que el silencio. Ella se alía con el ruido. Mucho ruido. Las cucharillas contra la loza, las tragaperras, la televisión. Un cliente abre la puerta y el aire destruye los peinados. Ella sigue hablando, come pelo. Él se aburre, bosteza. Qué interés puede tener la conversación frente a un café del que apenas queda un sorbo. El hombre lo apura y perfila consciente la mancha de su boca. Algo oscuro que ella debería limpiar con saliva. La saliva acude. Pero ella no. Ella resiste. Ella bebe despacio y se desliza inexorable hacia el momento de sus propios labios sin café ni meta. Su boca vacía. Las tazas vacías. La mancha que se aproxima y la convulsión. Porque no es pigmento. Porque vista de cerca, la mancha también es hueca. Negra de tan vacía, de tan profunda. En un acto de legítima defensa, la mujer congrega todas las palabras en su mandíbula y las arroja al pozo. Palabras sólidas como piedras: trabajo, esposo, reloj, hijos, religión, padre. El beso aplastado en lo hondo alimenta las tinieblas. Dos fantasmas piden la cuenta.

 

DE ANTOLOGÍA: LA LOGIA DEL MICRORRELATO

Editorial Talentura 2013

 

Plof

El acróbata salta de su trapecio al trapecio en que llega sucompañera —ya sabéis cómo son las mujeres— tarde y espléndida.

 

LA ALDEA DE F

Universidad Autónoma de México 2011

Colectivo Microlocas

 

Cuaderno de campo de un niño prodigio

Es cierto que el sapo, carente de hueso entre la boca y los ojos, parpadea al engullir su alimento y lo impulsa así con sus globos oculares hacia el estómago. No descartemos, sin embargo, otro fenómeno biológico igualmente propiciatorio de este hecho: el placer de observar, tripas adentro, la lenta deglución de las presas.

LA ALDEA DE F

Universidad Autónoma de México 2011

Colectivo Microlocas

 

Esposa

Él, que una vez, apretando el puño, juró comprimir el carbón para fabricarle diamantes. Él, sesenta años más tarde, se yergue apenas dentro del vagón en marcha. Una mano asida a la barra vertical, la otra, apoyada en el respaldo y cuando el vehículo frena, soltar ambas como lanzarse desde un trapecio. Es decir, saber, pero nunca saber del todo, que ella lo recogerá y alcanzarán la salida. Ella, que jamás le pidió un diamante por no humillar su puño.

LA ALDEA DE F

Universidad Autónoma de México 2011

Colectivo Microlocas

 

O

 

Te gustaría verme ahora, corazón. Ahora no tengo casa. Ahora me paso el día por ahí, me huelen el culo, me piden la patita y me dan una galleta. Cómo me gustan las galletas. Me gustan aún más que las que las migas de pan que me echan los viejos en el parque. Aunque nada comparado con el sabor del pescado. Por una sardina cruda, vida mía, por una sardina hasta sostengo balones con la nariz. Y me aplauden, claro que me aplauden. Algo que antes ni soñaba. ¿Recuerdas lo mal que dormía? Yo sí. Mucho. Sobre todo cuando entro en la cueva y me ovillo y pasa el invierno y llega la primavera y otra vez lo mismo. Me desperezo, sacudo las alas y salgo a buscarte. De flor en flor. Vuelo y te busco. Por todo el planeta. Pero no estás. O no te reconozco. O no sé, amor mío. Cambiamos tanto.

INÉDITO

 Abandono I

 

¿Recordáis cómo la pantera rosa se metía en la lavadora y salía convertida en una pelusa flotante y rosa? Así me siento yo cuando me dices que te vas. Como una lavadora con la puerta abierta.

 

Del libro en preparación con el Colectivo Microlocas

REVISTA QUIMERA

Noviembre 2013

Urbi et orbi

 

Sé que no puedo ser Papa ni cura ni obispo porque para ser Papa, cura u obispo hay que tener polla. Así son los asuntos del alma. Sé que no puedo casar ni bautizar ni dar la extremaunción al hombre que en su último aliento, pronuncia el nombre de una mujer hermosa, pero puedo bendecir como nos bendicen a todos los árboles un día de viento. Y puestos a bendecir, bendigo a todos los hombres, también al anciano Papa que abdicó y a su dulce debilidad por los mocasines rojos. Bendigo a los obispos de tres en tres y a los curas de veinte en veinte. Bendigo a todos los hombres dentro y fuera de la Iglesia. Los bendigo a todos porque a veces me desean y a veces no. Hombres que vuelven la mirada y no dicen nada o lo dicen todo en su idioma de pan con aceite, guapa, bonita, contigo ‘mecagüentó’.

Bendigo al que se casa conmigo sobre todas las cosas.

Bendigo a Johny Depp, a Xabi Alonso, a Luciano Pavarotti, a Frankestein de quien podría enamorarme locamente.

Bendigo al que me abandona, al que abandono, al que no me conoce, al que no conozco. Bendigo al que soñé porque no existe y porque puedo seguir soñándolo. Al que me ignora, no, a ese no lo bendigo. Pero sí al que me traicionó con una ex, con una amiga, con alguien a quien pagó aunque creo que esto no cuenta.

Bendigo al que me agarra del pelo, al que me besa la cara interna de las rodillas, al pervertido, al lujurioso, al tímido, al que dobla los pantalones en la silla. Bendigo al hombre que sin más, en el metro, me mira con cierto pudor fingido y tiene las pestañas negras y no aparta la mirada y es joven y hace que el vestido elegido con desconfianza frente al espejo sea el mejor vestido del mundo.

 

REVISTA QUIMERA

Noviembre 2013

La transición española

 

Convulsa transición española. Convulsa para los españoles y convulsa también para los botijos, que por aquella época y tal vez aún por ésta, éramos casi lo mismo. Algo arcilloso y chaparro que crecía al pie de un olivo; un silencio ventrudo en una sombra; una forma de rezar hecho bola, de rodillas, con las manos y los pies muy juntos. Un tiempo de tierra hasta que llegaron las neveras. Las neveras fueron las suecas de los electrodomésticos. Blancas, altas, frías, haced vosotros el resto de comparaciones. Las neveras invadieron nuestras casas y nos demostraron sin clemencia la humildad refrigerante de nuestros hermanos de barro. Porque lo eran. Porque los botijos eran nuestros hermanos. Porque los botijos éramos nosotros nos resistimos a tirarlos y los metimos dentro. En el único sitio donde cabían, en la parte inferior del invento. Compartían espacio y volumen con la sandía, lo recuerdo bien. Abrías la nevera e igual que dos pechos asimétricos, uno verde y despezonado, y otro ocre y empitonado, sandía y botijo refrescaban nuestras fantasías puberaniegas. No nos hacía falta mucho. Sabíamos cuánto teníamos, pero apenas sabíamos qué nos faltaba. Sabíamos que los pechos auténticos, los de carne, los pulposos, los que vimos a no sé quién no sé dónde (eso jamás se cuenta) no se guardaban en la nevera. Los pechos de verdad se guardaban en la tele. Encendías la tele y aparecía una teta. Una teta: ojo de Cíclope. Una teta: mitad de pecado. Una teta: hipertrofiada mitra. Una excita más que dos. Eso también lo aprendimos en aquella época de botijos presos, sandías escarchadas y fantasías monopectorales como amazonas. Mitología ibérica. Metamorfosis hortofrutícola. Trece años. Verano. Convulsa transición española.

 

REVISTA QUIMERA

Noviembre 2013

 Cosas

Tengo faldas de ortografía y faltas escocesas; errores que me dejan hecha un cuadro y atuendos bajo los que perpetrar cualquier horror. Si mezclo clavo y madera me sale pinza o Cristo; si mezclo bailarín y asesino me sale torero o batidora. Si mezclo monja y tinte platino me sale María Magdalena o Catherine Deneuve en ‘Belle de Jour’. No me odies por ser impuntual pues sabes tan bien como yo que las seis y cuarto contienen dentro las cinco, y que me esperarás hasta la muerte. Peor fue la nuez que se dejó abrir muy fácil y salió podrida. Faldas y faltas, clavos y maderas, María Deneuve en ‘Catherine la belle’, que las nueces se abran fácil y que sepan bien. Nunca renunciaremos a nada. Siempre lo querremos todo.

 REVISTA QUIMERA

Noviembre 2013

'EL CUERPO DE LA PALABRA' EN EL CICLO LITERARIO DE SIN FRONTERAS

'EL CUERPO DE LA PALABRA' EN EL CICLO LITERARIO DE SIN FRONTERAS

PROGRAMACIÓN LITERARIA DE 'SIN FRONTERAS'

Coordinación: Manuel Vilas.

 

EL CUERPO DE LA PALABRA


Con el título de “El cuerpo de la palabra” se pretende dar cabida a la reflexión literaria sobre el tema monográfico de “El Cuerpo”, protagonista del Festival “Sin Fronteras”, Zaragoza 2014. La concepción del cuerpo, desde los orígenes mismos de la literatura, ha sido un concepto de gran importancia, ya desde el amor, el erotismo, la perfección helénica, el hedonismo, pero también desde la enfermedad, el deterioro, la deformación, la degradación, el envejecimiento y la transformación. El Festival “Sin Fronteras” ha querido incluir la reflexión literaria sobre un tema tan apasionante como el cuerpo, un tema inagotable, que reclama cada vez más nuestra atención. Tal vez podemos concluir que si, ideológicamente el alma ha muerto, el cuerpo se revela como uno de los más renovados iconos de nuestra civilización.



Programación



MIÉRCOLES 21 DE MAYO

8 tarde. Sala Cero. Teatro de las Esquinas.

Participantes: Ángela Vallvey, Daniel Gascón, y Lorenzo Oliván.



JUEVES 22 DE MAYO



7 tarde. Sala Cero.

Participantes: Carmen Posadas, Fernando Marías y Vanesa Monfort.

9 tarde. Sala Cero.

Participantes: Guillermo Busútil y Adolfo García Ortega.



SÁBADO 24 DE MAYO



6.30 Tarde. Café Literario.

Antonio Orejudo, Luis Muñoz. En el bar del teatro.

8 Tarde.

Música, cuerpo y poesía: Christina Rosenvinge y Alejandro Simón Partal. En el Teatro.

10 Noche. En el Teatro.

Amores feos”: con el grupo “Yonquis de la poesía”, con José Luis Esteban al frente. Música, poesía y teatro.

 

*En la foto, fragmento de una pintura de Ángel Aransay, por José Miguel Marco.



MARIO ROPERO: TRES POEMAS

Mario Ropero hace muchas cosas. Es un apasionado de Teruel y su provincia, es poeta, colabora con Miguel Mena en ‘A vivir Aragón’. A petición mía, tiene la gentileza de enviarme tres poemas de los últimos que ha publicado. Aquí están.

 

 

HASTA LA ÚLTIMA GOTA

 

 

 

Fuera las capillas y los discursos,

me voy,

vuestras canciones

no me afectan,

vuestras órdenes

me hacen reír,

ya podéis levantar lápidas

dar martillazos en los nichos

y abrigar esperanzas de eternidad,

no me interesa.

Cualquier cosa os vale

desde la estafa al pincho de tortilla

y administrando el dolor sois felices.

Me voy,

ya lo he dicho.

Tengo bastante

con el lecho del río

la resurrección de las rosas

y el roce viscoso de los barbos.

Es una certeza,

arrastro dudas y canas

melancolía y arrugas

neurosis y cojera.

Me voy,

ya lo he dicho.

Con la cabeza alta

y sin versos,

no sé si lo he dicho,

me voy.

 

 

 

LA RABIA

 

Hemos entendido,

nos han enderezado ya,

tenemos la nevera vacía

y hemos cambiado las sonrisas

por muecas feroces,

metamorfosis de niños a hombres,

las uñas afiladas

y los dientes carcomidos.

Después de sufrir

nos hemos cortado las venas del miedo,

el pasaporte hacia la muerte

está lleno de moscas y mierda,

pero no hemos desesperado,

al revés,

hemos besado a las vecinas,

nos hemos columpiado borrachos

y hemos acudido a nuestro funeral

con un chiste bajo el brazo,

las carcajadas tienen la culpa de todo,

incluso de que queramos seguir vivos,

como primer deber.

 

 

QUE QUEDE CLARO

 

Que quede claro,

he señalado con el dedo

he renunciado a las promesas

he cambiado oficinas por tinteros

he vestido ídolos y los he defenestrado.

 

Que quede claro,

he perdido la ortografía y los teléfonos

también el juicio y el tiempo,

he llegado tarde a casa

la juventud se había marchado con otro,

mi pensamiento es raquítico

lo sé,

niego los compromisos,

nadie sabe donde duermo

y menos donde despierto,

he recorrido la tortura y las tumbas de otros

sin inmutarme,

me divierte pasar del llanto a la risa.

No tengo remedio,

miro mi cuenta corriente

y me entrego al horóscopo.

 

Que quede claro,

soy racional

pero a ratos me gusta bailar sin normas,

soy de esos tipos que escupen en el suelo

y se rodea de espejos.

Que quede claro

que quede claro.

 

-Todas las fotos son de Iris von Herpen.

1. La tomo de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-cbf94171add5d057032a70c66bf0d997.jpg

2. https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-d87fe628b480615420c71c45b2d92dd6.jpg

3. https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-61a1f93812c181db0d77d5333e7138c2.jpg

 

DE SCOTT FITZGERALD Y GATSBY

DE SCOTT FITZGERALD Y GATSBY

Gatsby, el héroe sin escrúpulos

 

Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) le ha dado a la literatura personajes, lemas, una época para el mito, como los dorados años del jazz. Una de sus grandes creaciones es James Gatz, que ha pasado a la historia de la literatura y del cine como Jay Gatsby, como ‘El gran Gatsby’, título de una novela que apareció en 1925 cuando en Estados Unidos se avecinaba el crack económico y a la vez se vivía el esplendor de los bailes, de las orquestas y de una vida entre muelle y  frívola, de felicidad tan superficial como inmediata. La novela la redactó en Francia durante un viaje por Europa con su esposa Zelda Sayre (1900-1948).

Entre Nueva York y Long Island transcurre la vida de un ciudadano misterioso, joven y esquivo, que tiene una mansión espectacular con jardín y piscina. Es, sin duda, un raro. Una de sus pasiones es contemplar una luz, un punto verde, allá lejos, al otro lado de la bahía. Poco a poco, vamos conociendo a ese hombre extraño, bello y maldito de algún modo, que tiene algunas rarezas: le gusta organizar grandes fiestas de verano la noche de los sábados en su casa. Allí corren el licor, el vino y el champán, allí todo el mundo sonríe, engaña a su pareja, más o menos, y se pregunta: ¿quién es en realidad ese hombre que sonríe, tan rico y tan pijo con sus impecables trajes?

Jay Gatsby es un misterio. Y tiene una debilidad peculiar: se llama Daisy, está casada con Tom Buchanan, un tipo más bien mal encarado que vive un lío secreto con Mirtle Wilson, tiene una hijita con él y habita una hermosa casa. Se diría que todo les sonríe. Quien nos cuenta todo eso es Nick Carraway, al cual su padre le dio una única lección: “No juzgues a los demás”. Nice dice lo que ve: vive muy cerca de Gatsby, se hace amigo suyo y cómplice sin olvidar las distancias, y colabora en una emboscada sentimental: le ayuda a concertar una cita con la joven y frívola Daisy, cristalina y bella, con alma de golondrina o mariposa. No tardaremos en descubrir que Daisy fue novia de Jay hace cinco años: él se fue a la I Guerra Mundial, y ella no tuvo paciencia. Él nunca la ha olvidado.

De esa pasión deriva cuanto sucede aquí. Que son muchas cosas: se vive el sueño americano y su reverso, se ve a un personaje que en el fondo es un antihéroe, un impostor, alguien que se ha hecho a sí mismo sin demasiados escrúpulos (intriga saber cómo ha llegado tan arriba, y ahí asoman otros personajes como su protector Don Cody o su socio Meyer Wolfshiem, “que amañó la Serie Mundial de béisbol en 1919”), y que a la vez tiene algo de romántico capaz de saber renunciar o de perder. También es un libro sobre la fatalidad, las convulsiones del alma y un país de apariencias. Es una novela sobre los perdedores, sobre el triunfo y el fracaso, que son los dos rostros de una misma moneda. Del amor al odio apenas hay distancia; quizá solo un paso o un peldaño aleja el triunfo del olvido, el sueño de la decepción o el manotazo de la realidad.

Todos los libros de Francis Scott Fitzgerald tienen un sustrato autobiográfico. Y este muy especialmente. Lo cierto es que he leído ahora –y pueden leer ediciones muy recientes en Nórdica y Sexto, ilustradas, o en Alianza, Reino de Cordelia, Anagrama y Alfaguara, entre otras-, resulta un libro premonitorio. El libro de un visionario de sí mismo. Jay Gatsby se parece mucho al propio Scott Fitzgerald, que halló en Zelda a su media naranja, bipolar, loca, obsesiva, cariñosa e insoportable. Murió calcinada en un incendio. Es muy recomendable la novela gráfica ‘Superzelda’ (451 editores) de Tiziana lo Porto y Daniele Maroto. Gatsby se parece a Scott Fitzgerald porque comparten un destino parejo: el escritor de la Generación Perdida (del grupo de Ernst Hemingway, John Steinbeck, William Faulkner o Thomas Wolfe, entre otros) sucumbió a sus propios vicios: fue célebre, rico, fue adorado y leído, y acabó en la miseria, en un puro naufragio de soledad, desconcierto y alcohol. Fitzgerald lo tenía claro: “Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia”. Eso sí, antes del drama, está la luz, la alegría, el glamur, los coches, las risas y las pasiones que se desatan con “la intensidad del verano”.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

Amor. Así describe Scott Fitzgerald un momento de intimidad entre Gatsby y Daisy, en la versión de Susana Carral para Reino de Cordelia: “Su corazón se había acelerado cuando el níveo rostro de Daisy se acercó al suyo. Sabía que cuando besara a aquella joven y uniera para siempre sus indescriptibles visiones al aliento perecedero de ella, su mente nunca volvería a juguetear alegremente como la mente de Dios. Por eso esperó, escuchando un minuto más el diapasón que había apoyado sobre una estrella. Luego la besó. Al contacto de sus labios, ella se abrió a él como una flor y la encarnación quedó completa”.

 

Cine. Se han hecho cinco películas de ‘El gran Gatsby’: la primera, muda, fue en 1926. Posteriormente se rodaron, en 1949, la versión de Elliott Nugent, con Alan Ladd y Betty Fied; en 1974, la más conocida de Jack Clayton, con Robert Redford y Mia Faroww; en 2000, Robert Markowitz dirigió a Toby Stephens y Mira Sorvino. Y en la primavera de 2013 se estrenaba la polémica, y criticada, versión de Baz Luhrmann con Leonardo di Caprio y Carey Mulligan. 

 

Fotos. 

1. La tomo de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-af2392142654a654eeb66d62f0480244.jpg

PANERO: POEMAS DE 'ROSA ENFERMA'

El sello Huerga & Fierro, dirigido por Charo Fierro y Antonio Huerga, acaba de publicar el libro póstumo de Leopoldo María Panero (1948-2014): Rosa enferma. Un libro que contiene sus obsesiones, su mirada hacia el abismo, su erudición. Antonio Marín Albalate firma el prólogo. Abajo publico dos poemas, por cortesía de los editores: el que inicia el libro y otro...

 

 

 

Del Prólogo de Antonio Marín Albalate

Podríamos decir, sin temor a errar, que la escritura de Panero ha sido siempre una flor rebelde e incómoda para el sistema; inmarchitable rosa de lo políticamente incorrecto que todo lo contamina, creciendo libre a la sombra de la nada más allá del jardín del manicomio. Una flor, la rosa visionaria de quien pensó y escribió las mejores páginas de la literatura de entresiglos. Rosa de ramificado delirio que, en su terrible lucidez, terminó siendo una Rosa enferma, sin posible curación.

Al cabo Rosa de sanatorio «en la luz acuaria del jardín » —Valle-Inclán lo dijo— viendo pasar su «barca por el ancho río / que divide un confín de otro confín»; rosa de corrosivo e infatigable crecimiento alcanzando en esa barca, por el río Aquerón, la otra orilla para que ahora tengamos que lamentarlo. Rosa, ceniza última, tumba del poema llamado Leopoldo María Panero que nos dejó para siempre la noche del cinco de marzo, miércoles de ceniza, de dos mil catorce.

Esta Rosa enferma —libro de blakeiano título— es, con toda seguridad, uno de los poemarios más fúnebres y simbolistas del universo de Panero.

 

 

(...) Un libro de hondo calado emocional, escritura sin concesiones, que aflora a la superficie de sus páginas como poética única de alguien que, por su manera de

ser y estar en el mundo, hizo del suyo toda una literatura.

 

 

PRIMER POEMA

 

EN cuanto a la poesía y sus registros del mal y la razón

Diré que mi cabellera es rubia como la de San Juan

Y todos los muertos rezuman incienso

Y la desnudez se opone a la diadema

Y la verdad es obscena como la muerte

Extraña fruta, Gimferrer lo dijo

Mostrando a los muertos una diadema

Para celebrar su boda con los ángeles

Con los ángeles oscuros del sepulcro

Que comulgan con piedras preciosas

Y rezan a la luna

¡Ah Juliano el Apóstata! ―Para qué vivir si me esperan llorando

Los espíritus de las estrellas―

Creo solo en ti, te rezo solo a ti

Guardián de la luz

Y señor del espejo

Porque solo en las noches canta el ruiseñor

Y solo la luna habita la miseria

Atroz del existir

En vano como una luna

En vano como un hombre hostil a sí mismo

Enseñando a otros hombres

El pez incompleto que lleva en la mano.

 

 

XI

 

 

SABEDLO al menos por mí

Todo hombre tiene la estatura del desastre

Todo hombre es una amenaza amiga de la ruina

Ah de la ruina y ah del silencio interpuesto entre dos yos

Que es el único en tener la estatura exacta del desastre

Escribo estas sílabas extraídas

Del nombre de un perro

Son el nombre sin palabras de la ruina

Son la forma lésbica, baudelairiana y rabiosa de que estas

[páginas digan

¡Ay del hombre!

¡Ay del aquel que tuvo la estatura del desastre

Y el secreto oscuro del amor!

Tarde Evelyn escribe con las manos

De un hombre que no existe.

 

*La foto de Leopoldo, Felicidad Blanc y Michi Panero la he tomado de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-f9bf8da328d2e71265ff60050ff84ebc.jpg

-La caricatura de Leopoldo es de Sciammarella y pertenece a ’El País’.

MÁS ALLÁ DEL DESIERTO. CRÓNICA CULTURAL DE LA SEMANA / 1

 

MÁS ALLÁ DEL DESIERTO. DIARIO CULTURAL / 1

Antón CASTRO

 

 

SÁBADO, 11 de mayo

En Tarazona, en la I Feria del Libro, que se celebró en la misma ribera del Queiles, hubo momentos magníficos: la lectura de poesía de Joaquín Sánchez Vallés y Luis Alberto de Cuenca, el desparpajo y la sinceridad de Carmen Amoraga, algunos debates. Me llamó la atención especialmente el diálogo de José Luis Corral, el padrino del evento, y de Luz Gabás, a quien la sacudió un golpe de suerte que le ha transformado la vida. Luz Gabás, luminosa y sincera, dijo que le debía la trama de su novela ‘Palmeras en la nieve’ a su padre: él le había contado una y mil veces la historia, hasta tal punto que el éxodo a Guinea ecuatorial, que es común a mucha gente del valle de Benasque y que es casi una conseja oral adornada de leyenda, era una historia íntima, llena de complicidad con su familia. Redactó el texto, las casi 700 páginas, y empezó a buscar editoriales: desde Planeta hasta la autoedición. Todo el mundo le dijo que no. Que no interesaba. Por fin ocurrió lo que ocurrió: se publicó el libro, ha tenido y tiene un éxito constante, se está adaptando para una emisión en televisión con Mario Casas en el papel principal, y le llegan cartas de todo el país. Por ejemplo: un señor le escribe y le dice: “Yo soy el Kilian asturiano”, y le cuenta una narración casi idéntica a la de sus personajes. Ahora Luz publica ‘Regreso a tu piel’ (Planeta, 2014), un libro sobre el mundo de la brujería y la crueldad de los pueblos contra sus mujeres. De los pueblos, no de la inquisición. En un lugar de 200 personas, fueron asesinadas 24 mujeres en 1592. Luz Gabás, que ha leído a Ángel Gari y a María Tausiet, enlaza esa trama con otra contemporánea en un libro que querría ser reivindicativo, pero también neorromántico, casi el ‘Cumbres borrascosas’ oscense.

 

DOMINGO, 11

Yuja Wang (Pekín, 1987) tiene el aire de una estrella de rock y la osadía de una actriz de Hollywood. Apareció en el Auditorio de Zaragoza con un vestido negro, que le dejaba ver el ombligo, bajo cuyo velo parecía ocultarse una minifalda. Llamaba la atención su pelo, pespunteado aquí y allá, moderno, y sobre todo sus altísimos tacones. Más de quince centímetros. Entraría y saldría sobre ellos al escenario más de quince veces, lo cual resultaba casi una exhibición de heroísmo. Al final del concierto, una mujer entendida en modas y complementos y conocedora de los secretos de la intérprete, dijo que costaban 3.000 euros.

Yuja Wang saluda de una manera especial: como una gimnasta olímpica. Se sentó al piano y atacó un tema tras otro: primero Prokofiev, que posee una enorme variedad de graves y agudos, de cambios de ánimo, de sonoridades bellas y oscilantes. Y luego tocó a Chopin, hasta en tres ocasiones, un tema de aromas de jazz de Kasputin y, finalmente, con primor y energía, con un vértigo imparable de manos y de tensión plástica, ejecutó los tres movimientos de ‘Pretrushka’ de Igor Stravinski. Seguro que el creador de ‘El pájaro de fuego’ o de ‘La consagración de la primavera’ se estremeció en su tumba y en el reino del silencio. Qué maravilla: Yuja parecía la música misma y sus diabólicas variaciones, su dramatismo, y encarnó a una orquesta completa. Qué virtuosismo matizado, qué forma de atrapar la suprema hermosura y desleírla a toda velocidad, incontenible, en veinte minutos inolvidables. Seguidora como es de Vladimir Horowitz, y quizá de Arcadi Volodos (que sostiene que el silencio es la esencia de la música), a quien homenajeó con sutileza en dos de los cinco bises, dejó temblando el Auditorio y al público.

Fue generosa, entusiasta, simpática. Posee magnetismo, recogimiento, y se maneja a la perfección en las suavidades de la partitura, en esos sonidos que envuelven el alma y el corazón, y en las agitaciones que sacuden la inteligencia. En la segunda parte cambió de vestido: se puso otro, negro y con abertura, que hizo pensar en Sharon Stone. Sin perder la melodía, sin desasirse del pentagrama, y los memorizó todos, fue sensual, con la picardía justa: ella demuestra, sin concesiones, que la música clásica siempre es moderna y puede ser muy ‘cool’.

 

LUNES 12

Juan María Marín formaba parte del paisaje de la ciudad. Cultivaba cierta forma de exotismo: leía, sobre todo, en inglés, le apasionaba el cómic, había sido un crítico cultivado en las páginas de ‘El País’ y adoraba tanto la música clásica como el cine. El pasado sábado Fernando Aínsa, presentador de su libro ‘Querido caos’ en Cálamo este lunes, junto a Fernando Villacampa y a Enrique Murillo, recordaba ante el río Queiles que poseía un finísimo humor ‘british’ y que le volvía loco el cine. Y las actrices hermosas. Oía siempre los diálogos en versión original.

Juan Marín murió hace pocos días, casi antes de saber que estaba enfermo. Pero es uno de esos ciudadanos que dejaban huella: por su ironía, por su conocimiento del mundo, por su tendencia a la soledad (así lo retrataba el fotógrafo Vicente Almazán, otro solitario que pasea y “que pasaba por aquí”) y por su ingeniosa escritura. El libro –que mimó Murillo, editor de Los libros del Lince y amigo suyo de los años 60, en aquellos días de vendaval de ideas e imágenes de Antonio Maenza- que recoge muchas de sus columnas en HERALDO lo delata y lo retrata: la Visi, su personaje más conocido, era como un ‘álter ego’ que le permitía reírse de la ciudad, mirarla con ternura y compasión, y reírse de sí mismo. En el fondo, Juan Marín tenía veta de humorista. Y así lo han entendido muchos: Guillermo Fatás, amigo y lector incondicional, Encarna Samitier, cómplice y editora y “jefa”, o Isidro Gil, su ilustrador.

Mariano Esquillor (Zaragoza, 1919-2014) decía que el humor había sido consustancial a su vida. Quien lo conozca solo por sus versos o por sus textos, textos radicales de poeta que se adentra en la alucinación, pensará que ese no es un rasgo de su personalidad. Pero sí tenía humor, cultivaba la fantasía, se adentraba como pocos en una veta existencialista, simbólica y a la vez casi mística. Escribió mucho: de sí mismo, de sus sueños inquietantes, de sus amigos, de su amada Fuensanta Lardiés, de las muchachas jóvenes a las que oía cuando paseaba o se tomaba un café en algunos de los bares del entorno de la Casa de Amparo. Publicó una treintena de libros y deja inéditos bastantes más. Solía decir que en Zaragoza había sido feliz. Su libro favorito lo publicó hace 33 años: ‘Desde la torre de un condenado’.

 

MARTES, 13

El bibliófilo y escritor José Luis Melero recordó que el equipo de Rolde de Estudios Aragoneses se mueve con la idea de ser útil a la sociedad. Agregó que el asociacionismo no está de moda pero que ellos trabajan con entusiasmo absoluto por la cultura aragonesa. De ahí, de nuevo, que hayan publicado otro libro: ‘¿En qué país vives’. Breve historia de Aragón para chavalas y chavales curiosos’, firmado por el historiador Carlos Serrano, el titiritero Paco Paricio y la ilustradora Blanca BK.

Melero dijo que la idea había nacido de una sugerencia de Eva Cosculluela, librera de Los Portadores de Sueños: “se echa en falta una historia de Aragón para los más menudos”, le dijo. Bizén Fuster, diputado provincial de Chunta Aragonesista y animador de escritores y lecturas en Zaragoza y alrededores, dijo que las instituciones tenían que expiar sus culpas por no haber acometido antes el proyecto. Carlos Serrano subrayó que Aragón, y el libro, era un escenario en la historia marcado por un río; añadió que se había hecho con voluntad de que sea un caramelo, que se saboree hasta el final, un caramelo y no un chicle, que se expulsa, y recordó que “solo se ama lo que de verdad se conoce”. Y ya inclinado hacia la metáfora, precisó que ‘¿En qué país vives?’ tiene un tono acuoso.

Blanca BK apenas habló: dijo que era un privilegio muy grande para ella haber hecho ilustraciones históricas y que se habían entendido los tres a las mil maravillas por on line. Paco Paricio trajo su maleta de titiritero y reconstruyó la historia a través de los dibujos, a los que acompañó con diversas músicas con los más pintorescos instrumentos. Por cierto, en el Principal se oyeron caballos al galope que desembocaron en el llano gris.

 

MIÉRCOLES, 14

Salvador Victoria (Rubielos de Mora, 1928-Madrid, 1994) fue un pintor de la luz y de la geometría lírica, tras el paso por un informalismo sombrío. Al informalismo le dedicó su tesis doctoral, con la que inauguró Eloy Fernández Clemente la Biblioteca Aragonesa de Cultura (BArC). Su viuda Marie-Claire Ducay donó una importante colección de sus obras al IAACC Pablo Serrano, que acaba de inaugurar una muestra. Victoria ha sido uno de los grandes artistas de la posguerra en Aragón: le apasionaba la circunferencia y la calidez de los colores. Era un gran conversador: le gustaba recordar la atmósfera onírica de la carpintería de su pueblo, sus años de aprendizaje y exorcismo en París; le gustaba explicar su estética y su veneración por las constelaciones, la simetría. Hablaba de la espiritualidad y la poesía de su pintura que él deseaba que fuera anónima, pero que llegase a “la máxima emoción”. Este domingo es el Día Internacional de los Museos: es un buen pretexto para ver sus obras. La melodía del equilibrio.

 

JUEVES, 15

Ejea. Teatro Municipal de la Villa. Los profesores Alfonso Cortés y Patxi Abadía ejercen de anfitriones: se presenta el número doce la revista ‘Ágora’, que coordina el segundo, historiador, y se entregan los premios literarios de un concurso de poesía y relato para escolares, a cuyos galardonados publica la revista. El teatro, como en ‘Cinema paradiso’ de Giuseppe Tornatore, está a reventar: se percibe la siembra creativa del futuro, una felicidad inefable.

Un niño, Josué, asegura que él tiene una certeza de mago: el sábado, el Barcelona ganará la liga de fútbol. Está seguro. El escritor y profesor de francés de Ejea José Ramos Sánchez firma algunos microcuentos inquietantes como este: “Los habitantes de Carroña están condenados cada cuatro años a pasar por las urnas. Su opción es simple: entregar el país a los buitres leonados o a los negros”. El cuento se llama ‘Carroña’.

 

VIERNES, 16

Leopoldo María Panero moría hace algunas semanas. Antes de partir entregó a su editor, Huerga & Fierro, un libro: ‘Rosa enferma’, que saldrá el 22 de mayo. Onírico, abismal, doliente, de grandes intuiciones. El poeta, de nuevo, anticipaba su muerte: “Ya los pájaros comen de mi boca / como si estuviera por fin solo / colgado del último verso”. En el reverso de la muerte está la vida; cuando cerraba esta nota me llegaba una buena noticia: la escritora Aloma Rodríguez (Zaragoza, 1983), colaboradora de HERALDO, daba luz a una niña, Greta.

 

-La foto de Luz Gabás la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-b192968f87c79021163a028a6fe29cfb.jpg

-Félix Broede retrató así a Yuja Wang.

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-13e19920015f745f4713781ca1df8f24.jpg