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Antón Castro

ALEJANDRO GONZÁLEZ RECUERDA, EN UN DOCUMENTAL, A SANZ BRIZ

-¿Qué te ha llevado a realizar un documental sobre Ángel Sanz Briz? ¿Qué te ha atraído del personaje?

La personalidad de Ángel Sanz Briz es desbordante. Hasta estos últimos años, la vida de este embajador zaragozano ha estado sumergida en el anonimato. Cuando yo tomo la decisión de contar su vida y los acontecimientos por lo que es conocido, descubro un Ángel Sanz Briz diferente. Una persona humana y buena, que en los peores momentos de la II Guerra Mundial y en una zona brutalmente castigada como fue Hungría y más concretamente, Budapest, se vio obligado moralmente a adoptar una serie de decisiones que marcaron la vida de miles de judíos y aunque de una forma más modesta, también marcó la suya. Pero además, después de hablar con los pocos “salvados por Sanz Briz” que quedan vivos, con su familia o con la gente que lo conoció, he descubierto una persona diferente a la contada en los libros o publicaciones. Muy poca gente expondría su carrera diplomática, su patrimonio personal o incluso su vida, por la salvación de unos seres humanos. Ejemplos de este tipo, actualmente, es muy raro encontrarlos.

 

-Tenemos en la cabeza la miniserie de TVE. ¿Os beneficia, os ayuda, vuestro proyecto es anterior o posterior?

Ni beneficia y ayuda. Yo creo que aporta. Cuando se decide rodar “El Ángel de Budapest”, la productora Boomerang tv se puso en contacto conmigo para interesarse por el documental. Siempre hubo muy buena sintonía. Quedo desde el principio muy claro que ellos se ocupaban de hacer ficción y el documental lo hacía yo. Hay que tener en cuenta que la miniserie estaba basada en el libro de Diego Carcedo “Un español frente al holocausto”. El documental “La encrucijada de Ángel Sanz Briz” tiene cierta inspiración en el mismo libro. Diego Carcedo, colaborador del documental, me ha concedido su autorización para este documental. ¿Por qué no se hizo en aquel momento?. Es muy complicado hacer documentales en medio de una crisis económica. No obstante TVE, estuvo a punto de coproducirlo. Pero tanto su crisis presupuestaria como institucional, obligo a desestimar esta coproducción, emitiéndose en su día otro que estaba en los archivos de TVE hace unos 20 años. Ahora, afortunadamente, tenemos apoyo económico, eso sí, optimizando todos los recursos.

 

-¿La denominación de ‘Schindler español’ es correcta o exagerada?

Creo que las comparaciones son odiosas. Aunque “La lista de Schindler” es una obra maestra que se merece un puesto dentro de las mejores películas de la historia, Ángel Sanz Briz fue un personaje único. El personal de la legación diplomática de España en Hungría, hizo una lista con los miles de judíos salvados (yo la he visto y la mostramos en el documental). Esta tarea era algo normal. Había que tener cierto control con los nombres y que en un momento determinado, como así ocurrió, hubiera que recurrir a esa lista y al número de orden para sacar de las garras de los Cruz flechados (nazis húngaros) a judíos detenidos. Esa lista y el correspondiente visado, pasaporte o carta de protección, les otorgaba estar bajo protección española. De no existir estos documentos oficiales, además del coraje de Ángel Sanz Briz o su personal civil, estas miles de personas hubieran acabado en un tren rumbo a los campos de exterminio, asesinados en el río Danubio o formando parte de la columnas de la muerte.

 

-¿Cómo os enfrentáis a su formación, a sus orígenes zaragozanos?

Una primera parte del documental explica su origen. Sus padres eran comerciantes y fueron los dueños del Bazar X, situado en el Coso zaragozano. El pequeño Ángel Sanz Briz estudió en los colegio Escuelas Pías ( los escolapios) en la calle Conde de Aranda. Posteriormente, decide estudiar Derecho e ingresar en la Escuela diplomática de Madrid. Hay un dato curioso. Sus restos mortales se encuentran en el cementerio zaragozano de Torrero. Tenemos un embajador y Justo de la humanidad enterrado nuestra ciudad y el público lo desconoce.

 

-De entrada, Sanz Briz fue un conservador... No aceptó la caída de Alfonso XIII, no le gustaba la República, cambió de bando en la Guerra Civil... ¿Cómo valoras su personalidad, su trayectoria?

Yo me quedo con su personalidad humana. No creo que se deban realizar juicios políticos sobre su forma de pensar. Esto no quiere decir que el documental huya del contexto histórico. Hay que tener en cuenta que Ángel Sanz Briz ante todo, era un representante del gobierno español. Si la república hubiera ganado la guerra, él se hubiera puesto a las órdenes de ella. Al ser un servidor del estado, llevo siempre por delante el nombre de España. Pero llego un momento que tuvo que tomar una serie de decisiones, en Budapest. Y el tiempo le ha dado la razón. Es, probablemente, uno de los pocos personajes de nuestra historia contemporánea que ha sido capaz de poner de acuerdo a las ideologías de izquierdas y derechas.

 

-Años después lo envían a Budapest y ahí se convirtió en un héroe. ¿En un héroe silencioso o no?

Nunca hizo ostentación de lo que estaba haciendo. Es más, de héroe tuvo poco. Si me apuras, un héroe anónimo. Hizo lo hizo convencido de que tenía que hacerlo y tenía las herramientas legales para llevarlo a cabo. Pero además poseía astucia diplomática y una gran retórica. Empleo los acontecimientos a su favor. Otros diplomáticos como los de Suiza, Suecia, Portugal o la Cruz Roja internacional vieron en su ejemplo, una forma de salvar a miles de judíos de los campos de exterminio. Entre todos, lograron burlar a las autoridades nazis y húngaras. Pero eso sí, en silencio y con discreción.

 

-¿Cómo se le ocurrió jugarse el tipo para salvar a más de 6.000 judíos? ¿Cómo lo explicas?

Ángel Sanz Briz era una persona religiosa. Su gran amigo en Budapest fue, por ejemplo, el nuncio apostólico monseñor Angelo Rotta. Pero antes de religioso era de una humanidad extrema. No podía pasar por alto, las atrocidades de la que era testigo. Quizás una posición cómoda hubiera sido dejar pasar los meses de la guerra y ser un testigo mudo de lo que ocurría con los judíos. Él no era así. ¡A lo mejor fue su ímpetu aragonés mezclado con su sentido del deber! La mayoría de las veces especulamos sobre la cuestión de porque lo hizo. Pero yo he llegado al convencimiento que al repudiar todo lo que veía y para evitar que se convirtiera en otro cómplice de terror, saco ese aspecto humano que tenemos todos, tan desaparecido en aquellos años.

 

-En el documental parece que hay un cierto paralelismo entre los grabados de Goya y las ejecuciones en Budapest. ¿Por qué? ¿Por qué has decidido confrontar esas imágenes, las del pintor y sus grabados, y las fotos de 1944 y 1945?

Porque son las mismas escenas. Goya fue testigo de las matanzas en la guerra de la Independencia al igual que Ángel Sanz Briz. Cuando ves un aguafuerte de Goya y lo comparas con las fotografías de los asesinatos de 1944 en Budapest, ves que lo único que los separa la distancia y los años. Desgraciadamente una guerra es cruel e inhumana. Desconocemos en España la crueldad de guerra mundial en Hungría, lo bajo que puede llegar a caer el ser humano y su falta de humanidad. Cuando hablas con los testigos y te describen lo que sufrieron, te quedas sin habla. Imagino que a Goya le ocurriría lo mismo y necesitó pintar sus grabados. Por ejemplo, cuando ya no había trenes de ganado para transportar a los judíos, lo llevaban a una fábrica de ladrillos que había en la Obuda (en la zona de Buda). Obligaban a las mujeres y los niños a andar por los caminos dirección a Austria, en invierno, con temperaturas bajo cero, con nieve, desnutridos y si fuerzas. Muchos, la gran mayoría, no llegaron. Murieron en asesinados de un disparo en un cuneta. En todos los países tenemos cunetas con muertos.

 

-¿Sabía el Gobierno de Franco qué hacía su embajador? ¿Qué riesgos asumió el diplomático zaragozano?

Ángel Sanz Briz, informó al Ministerio de Asuntos Exteriores y lo logró en algunas ocasiones. Pero muchas veces se quedó en intentos. Debemos de ponernos en su situación. En medio de una guerra, en el corazón de Europa. Bombardeos varias veces al día (la legación española no se libró). Con continuos cortes energéticos. Quienes tenían luz y teléfono, eran unos afortunados. Además el ejército rojo a punto de liberar Hungría… Sería normal que las informaciones no llegaran con la celeridad que necesitaría el encargado de negocios zaragozano. Pero informados estaban. Por supuesto que asumiría riesgos. No podía quedarse de brazos cruzados esperando una respuesta de Madrid. Y adoptó unos riesgos que sólo con el paso del tiempo, le dieron la razón.

 

Recuérdanos qué personajes e historiadores y políticos intervienen y por qué...

Tenemos a Diego Carcedo, presidente de la Asociación de Periodistas Europeos, autor del libro en el cual se inspira el documental y gran conocedor y “descubridor” de la figura del Ángel Sanz Briz. Los cuatro hijos del diplomático (Pilar, Ángela, Adela y Juan Carlos) también participan en el mismo. Nos acercarán a ese padre humano que era. El catedrático de historia contemporánea Julian Casanova que no aporta la visión histórica del momento. En Hungría contamos con Erzsébet Dobos. Es posiblemente la mejor experta sobre la figura de Ángel Sanz Briz y su labor en Budapest. El espectador podrá conocer de su mano los lugares clave como la estación de Józsefváros, lugar de partida de los trenes aAuschwitz-Birkenau o la antigua fábrica de ladrillos de Obuda. También contamos con la presencia del embajador de España en Hungría Enrique Pastor de Gana. El nos guía y enseña lugares de la embajada como son los sótanos en donde se sospecha que pudieron refugiarse judíos durante estos meses. Szita Szabolcs es el director del Museo de holocausto de Hungría es otro de los participantes al igual que András Heisler, presidente de la Federación de Comunidades Judías de Hungria o Gabor Gordon, presidente de la organización “Marcha por la Vida”. Mención aparte son los supervivientes. Son claves para entender esos oscuros tiempos. Contamos con los testimonios de Jaime Vandor e Iván Harsányi. Ellos fueron salvados por Ángel Sanz Briz y nos aportan como vivieron en sus propias carnes y las de su familia, estos acontecimientos. Además también prestan testimonio Sólyom Gábor(hijo de un salvado por Sanz Briz) y Katalin Sommer, otra superviviente. Espero contar, además, con intervenciones de Alon Bar, embajador de Israel en España, Miguel de Lucas, director general de Casa Sefarad-Israel y Perla Hazan, directora del departamento de relaciones para España y Latinoamérica de Yad Vashem, en Israel.

 

-¿Qué tipo de documental quieres hacer? ¿Tienes algún modelo en cabeza?

Ante todo espero que sea un documental cercano a la gente. Se ha hablado ya mucho del holocausto y el espectador tiene ya mucha información. Sin obviar los hechos y acontecimientos vividos, es fundamental para poder entender lo que paso, el testimonio de los supervivientes. Pero además, quiero dar a conocer a ese Ángel Sanz Briz más cercano, más humano, más familiar, aspectos que, creo, le marcaron a la hora de hacer lo que hizo. Espero poder hacer llegar al espectador un documental que forme e informe. En definitiva, que sientan lo mismo que he sentido yo durante estos casi 10 años de experiencia e investigación.

 

-¿Tenía Sanz Briz puntos oscuros? Creo que es Arcadi Espada quien, citando a un italiano, recuerda que quizá no sean todos luces en su personalidad...

Sin querer entrar en polémica con Arcadi Espada y su libro, el italiano al que cita es Giorgio Perlasca, el impostore como fue denominado. Perlasca se quedó en la legación española cuando Ángel Sanz Briz tiene que salir de Budapest rumo a Berna (Suiza), días antes que el ejército rojo liberara la capital. Durante este periodo, Perlasca se autoadjudicó el cargo de Cónsul e hizo creer a las autoridades húngaras, que él era el nuevo responsable de la legación española. Siguió expidiendo cartas de protección a todo judío que lo solicitara, eso sí, firmadas por Ángel Sanz Briz las cuales rubricó antes de partir. La figura de Perlasca en Budapest se ha vanagloriado hasta a tal extremo que incluso, se le adjudican toda la labor diplomática de salvación ocurrida en estos meses. Hay que recordar que cuando Perlasca, llegó a la legación española huyendo de los nazis (a pesar de ser fascista), Ángel Sanz Briz ya ha había negociado la autorización de 200 visados por parte de las autoridades húngaras y los estaba expediendo. Perlasca le pide ayuda y le es concedido un pasaporte español gracias a una carta firmada por Franco, durante la guerra civil española. A pesar de todo, no hay que quitar merito a la labor de Giorgio Perlasca. Era muy popular entre los judíos protegidos. El llevaba, por ejemplo, los víveres y artículos de primera necesidad a las casas protegidas, que en ese momento era lo más preciado. Eso sí, pagado con dinero de la legación o incluso de la propia cuenta personal de Sanz Briz. Espero aportar un granito más de arena para poner a cada cual en su sitio.

  

¿Con qué apoyos contáis?

El documental cuenta con el apoyo económico del Ayuntamiento de Zaragoza y la Diputación Provincial de Zaragoza. Colabora también la escuela de formación audiovisual Cpa Salduie. Además tiene apoyo institucional de Casa Sefarad-Israel, la Embajada Española de Hungría, el Instituto Cervantes de Budapest o la Federación de Comunidades Judías de Hungría. También tengo que destacar el gran apoyo logístico de la productora húngara I´m film. Gracias a ellos hemos podido hacer el rodaje durante nueves días en Budapest. Y esperamos en los próximos días cerrar unos apoyos más como son la Embajada de Israel en España y el Museo Yad Vashemde Jerusalén en Israel. Este documental espera ser el homenaje de la ciudad de Zaragoza a uno de sus hijos más destacados y durante tantos años olvidado.

ANTONIO LUCAS: UN POEMA

ANTONIO LUCAS: UN POEMA

 ANTONIO LUCAS: UN POEMA DE ’LOS DESENGAÑOS’ (VISOR)
Antonio Lucas, que rinde hoy doble homenaje a Leopoldo María Panero en ’El Mundo’, acaba de publicar un nuevo poemario (Visor): ’Los desengaños’, galardonado con el premio Loewe de 2013. La fotografía de Antonio Lucas es de Begoña Rivas, una espléndida y clásica retratista. El libro saldrá inmediatamente a la calle. He aquí una primera entrega del libro: el texto que cierra el volumen. 

FUERA DE SITIO


Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.

Imagina la vida como no lo es ahora,
no quiero decir como algo perfecto, 
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,
un tributo al azar sin otro destino
que el confín fugitivo de un eco sin rostro. 
Y después cualquier cosa. 

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.
Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,
celebrar lentamente que aniquile mi huella,
mi escritura de hombre, mi certeza de surco,
ser la alta misión de lo que nunca concluye
como no cierra el mar su recado en la orilla.

Pero no es estar quieto la razón ni la meta,
sino un querer más pequeño, una conquista más clara:
ver la vida llegar de su noche a tu noche
en un cuerpo ajeno,
pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada,
desear su vacío,
delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,
hasta el tiempo sin tiempo
del país que no haremos.


ANTONIO LUCAS Madrid 7/3/2013

ALAIN RESNAIS SE HA IDO

ALAIN RESNAIS SE HA IDO

Europa pierde a Alain Resnais

 

Moría ayer en París, a los 91 años, el director de ‘Hiroshima mon amour’, ‘Mi tío de América’ o ‘Noche y niebla’

 

Alain Resnais (Vannes, 1922-París, 2014) ha sido uno de los grandes personajes del cine durante más de medio siglo: uno de esos creadores inagotables y curiosos que pelean a diario contra los tópicos y la pereza y que entienden que la creación avanza en muchas direcciones. Él hizo películas de culto, conmovedoras y revolucionarias, como ‘Hiroshima mon  amour’ (fue saludada en Cannes con ambivalencia: para unos era “una mierda”, para otros “la obra de un auténtico genio”) o ‘El último verano en Marienbad’; renovó el documental hasta el fin de sus días, aunque su obra maestra del género siga siendo ‘Noche y niebla’, y se acercó al cómic en varias ocasiones, a Lovecraft, a la pintura, a la ciencia (en  concreto a la biología y a los estudios de Henri Laborit), al teatro, a la canción popular francesa y al musical (hizo un documental sobre Gershwin) entre otros asuntos, con pasión, con creatividad, con un instinto invencible de búsqueda.

No quiso ser un director convencional o popular. Hizo películas para mucha gente, para sí mismo y para ensanchar el cine, y colaboró con grandes profesionales: de la interpretación, del guión (Marguerite Duras, Jorge Semprún, al menos en dos ocasiones, Alain Robbe-Grillet o Jean Cayrol, entre muchos), de la realización (fue montador de varios cineastas y trabajó con Chris Marker, de quien Jekyll and Jill ha publicado una estupenda monografía). En cierto modo, en bastantes de sus obras invitaba a ver el cine de nuevo, como cuando era mudo y lo que importaba, más que los argumentos o los personajes, eran las imágenes y su poderío hipnótico. Y él las montaba, en cascada, con un sentido particular del juego, del puzle y tal vez del enigma zigzagueante de la memoria.

Alain Resnais filmó su primera película, con una modesta cámara Kodak, a los catorce años. Estudió montaje cinematográfico en París y prestó sus habilidades a Agnès Varda. En sus inicios, abrazó el cine documental, con una obsesión: la pintura. Le interesó mucho Vincent van Gogh y le dedicó un corto que recibió el Oscar de Hollywood, su único Oscar, en 1950. Ese trabajo integraba una trilogía pictórica, en la también entraron Gauguin y el ‘Guernica’ de Pablo Ruiz Picasso.

Alain Resnais perteneció más que a la ‘Nouvelle Vague’, el grupo de Godard y Truffaut, a la ‘Rive Gauche’: siempre fue un cineasta de izquierdas, comprometido, obsesionado por la historia y, de un modo especial, por el nazismo. Aludimos específicamente a su película ‘Noche y niebla’, una obra maestra sobre los campos de concentración que anticipó otro trabajo capital sobre el Holocausto como ‘Shoah’ de Claude Lanzmann. Incomprendida y cuestionada en su época, ahora es una referencia. Se oía, en la realidad y en la voz en off, “el grito que no calla”.

En 1959, con un guión de Marguerite Duras, estrenó ‘Hiroshima mon amour’, con una misteriosa y bella Emmanuelle Riva (a la que veíamos hace poco en ‘Amor’ de Hanneke): una historia de amor con un trasfondo de guerra concebida como un poema visual y como un relato fragmentado donde eran tan importantes las bombas de Hiroshima como las voces y el estudiado flashback. En cierto modo, ‘El último verano en Marienbad’ (1961) insistía, de otro modo, en el hechizo de la imágenes, lentas y subyugantes, como una película japonesa donde lo que importaba era el paso del tiempo, la fuerza de los rostros, los espacios y lo que se sugería. Aquí, Robbe-Grillet, una figura de la ‘Nouvelle Vague’, adaptó a su modo ‘La invención de Morel’ de Adolfo Bioy Casares.

Dirigió películas como ‘Muriel’ (1963), un relato de amor donde el presente convive abruptamente con el pasado que retorna, ‘La guerre est fini’ (1965), con guion de Jorge Semprún y con una atmósfera que resumía la incertidumbre del militante político, ‘Stavisky’ (1974), la historia de un estafador real cuyo libreto redactó de nuevo Semprún, ‘Providence’ (1977), otra película basada en la fragmentación: aquí usaba cuentos de Lovecraft para abordar el amor, la muerte, la memoria y los mismos géneros cinematográficos. Más tarde, rodaría ‘Mi tío de América’ (1980), donde intentaba probar que la vida cotidiana de los seres humanos puede entenderse mejor a través de las teorías del biólogo Laborit.

No ha dejado de trabajar nunca. Ahí están otros títulos, por citar algunos más, ‘Muerte al amor’ (1984), ‘On connait la chanson’ (1997), un ejercicio casi humorístico en torno a la canción popular francesa, ‘Las malas hierbas’ (2012) o la última, que aún no ha llegado al cine comercial, pero sí se presentó en Berlín: ‘Amar, beber, cantar’ (2014)- Al parecer exalta la alegría de existir en oposición al fantasma de la muerte que llega.

Alain Resnais, casado con su ayudante Florette Malraux, hija del autor de ‘La esperanza’, amó la vida por encima de todo. La vida en su arrolladora complejidad. Y eso se percibe en su mundo, en su forma de mirar, en su infinita curiosidad. Quizá por ello no temió ser un incomprendido o un ‘outsider’. Se retrataba con una frase inolvidable: “Ninguna de mis películas se parece a la anterior. Hago cine contra mí mismo”. Ayer, en París, moría a los 91 años uno de los grandes realizadores europeos. Todo un patrimonio cultural.

 

*Este artículo se ha publicado hoy en Heraldo.es.

JUDITH PRAT: UN DIÁLOGO

JUDITH PRAT: UN DIÁLOGO

JUDITH PRAT. Fotógrafa

 

“Cuento lo que sucede en el mundo”

 

Judith Prat (Altorricón, Huesca, 1973) es fotoperiodista freelance. Acaba de resultar ganadora de uno de los premios Julia Margaret Cameron por su reportaje sobre el coltan del Congo.

 

¿Qué sabía de Julia Margaret Cameron y del concurso dedicado a su figura?

Conocía el trabajo de Julia Margaret Cameron, fotógrafa inglesa, que a pesar de descubrir la fotografía a una edad tardía, consiguió ser una de las mejores retratistas del siglo XIX. Me interesa porque exploró nuevos lenguajes fotográficos dentro del pictorialismo, huyendo de la utilización de de las escenas preparadas que caracterizaban a los fotógrafos de su época.  En sus retratos, muy descriptivos, solo el rostro y la luz cobraban relevancia. Este galardón que toma su nombre, y está dirigido a mujeres fotógrafas, fue creado por WPGA (The Worldwide Photography Gala Awards) y Wonderpick, organización inglesa para la difusión de la creación artística.

 

¿Por qué le atrae tanto el fotoperiodismo?

Por lo que ocurre en el mundo. Me acerqué a la fotografía, y al fotoperiodismo, como herramienta para contar realidades a veces cercanas, otras no tanto, que en ocasiones no tienen la visibilidad necesaria.

 

¿Quiénes son sus referentes, los maestros a los que admira?

Uno de los trabajos que más me impresionó cuando lo conocí fue ‘Los Americanos’, de Robert Frank, un retrato de la sociedad americana de mediados de los años cincuenta que vino a negar el ideal del estilo de vida americano. En cuanto a fotógrafos actuales, me gustan especialmente Susan Meiselas,  o James Natchwey.  Por otro lado creo que hay un nivel altísimo en las nuevas generaciones de fotoperiodistas, también en nuestro país, pienso en Samuel Aranda o Manu Bravo... 

 

¿Qué le debe esta serie a Sebastiao Salgado? Estas fotos presentan algunas afinidades, cabría decir...

 

Sebastiao Salgado es un gran fotógrafo, que admiro y al que he seguido desde siempre. Supongo que en mi subconsciente estaban aquellas imágenes de Salgado en las minas de oro de Brasil, que tantas veces he visto. Aunque cuando fotografío no pienso en nada más que en lo que me rodea. La mirada de cada uno  tiene que ver con lo que somos, lo que pensamos, hemos vivido, nos ha impactado y en ese sentido son muchas las cosas que conforman la visión fotográfica o la manera de fotografiar.

 

¿Qué le llevó a la República del Congo?

He seguido desde hace mucho tiempo el largo y complejo conflicto en el que está sumido el país desde hace ya 20 años. Pensé que tenía que ir para conocer de primera mano lo que ocurría, las causas, los efectos, los intereses que lo perpetúan… y poder después contarlo a través de mis fotografías.

 

¿Qué es y qué está sucediendo con el coltan?

El coltan (término utilizado para denominar una contracción mineral de columbita y tantalita) es un compuesto escaso en la naturaleza y el 80% de las reservas mundiales se concentran en el este de la RD del Congo.  En la actualidad se trata de un mineral de importante valor estratégico por su superconductividad, alta resistencia a las temperaturas elevadas y a la corrosión, lo que lo hace fundamental en el desarrollo de nuevas tecnologías, como la telefonía móvil, consolas, ordenadores, armas inteligentes… El expolio de las riquezas minerales del país es una de las principales causas del conflicto en la RD del Congo y de su perpetuación.

 

Imagino que esa será la razón del conflicto, claro...

Existe una intrincada red de intereses internacionales creados para saquear la zona, países vecinos como Ruanda a través de los cuales sale el coltan del país. Multinacionales de todo el mundo, destinatarios últimos de este expolio ilegal o los propios gobernantes congoleños, corruptos e incapaces de atajar el problema, son los responsables de que el país haya vivido todos estos años un conflicto con multitud de grupos armados operando en la zona, financiados y al servicio de estos intereses. La población congoleña es víctima de un conflicto armado que arroja cifras tan dramáticas como 5 millones de muertos, y alrededor de 1,5 millones  de desplazados internos en todo el país.

 

Se diría que las fotos tienen algo de apocalíptico...

No puede ser de otra manera. Las minas de coltan se encuentran en montañas alejadas, en lugares inhóspitos de difícil acceso donde miles de mineros trabajan a diario en situación de semiesclavitud, con jornadas de quince horas diarias y condiciones de extrema peligrosidad, pues son frecuentes los derrumbes de las galerías y accidentes de todo tipo que acaban con sus vidas.  Una realidad terrible.

 

Elige el blanco y negro. ¿Es el que mejor se adapta a la foto social, de denuncia?

No, no creo que el blanco y negro se adapte mejor a este tipo de fotografía. Y no todos mis trabajos son en blanco y negro. En cuanto al  trabajo sobre las minas del coltan, lo que tenía ante mi era prácticamente en blanco y negro. Y aunque en fotografía digital las tomas las hago en color, en el proceso de postproducción y edición no suelo variar esa primea sensación.

 

 

¿Qué peligros corre una fotógrafa comprometida como usted?

A pesar de que nuestro trabajo es muy complicado, quien está en verdadero peligro es la población de estos países. Hay cientos de miles de personas viviendo en campos de desplazados a los que no llega ni siquiera la comida. La violencia sexual contra las mujeres se utiliza como arma de guerra y como forma de destrucción de la sociedad; los niños son secuestrados y obligados a luchar en las filas de los diferentes grupos armados… Nuestro deber es contarlo.

 

¿Qué va a pasar ahora con las serie...?

El Julia Margaret Cameron Award supone la posibilidad de exhibir mi trabajo en la Bienal of Documentary and Fine Art Photography que este año se celebra en España, en Málaga. Allí se inaugurara la muestra en septiembre, y probablemente se exhibirá con posterioridad en otros lugares. Aunque el galardón no tiene dotación económica, la propia WPGA organiza la venta de las fotografías en exposiciones, galerías o publicaciones. Hay que explorar muchos caminos en tiempod tan difíciles para dar visibilidad a estas historias y realidades que nos esforzamos por contar.

 

¿En qué proyectos está trabajando?

En la actualidad estoy documentando las condiciones de vida de los refugiados sirios en diferentes países. He estado ya trabajando en Turquía y voy en unas semanas a Líbano y Jordania. Después viajaré a Cuba para realizar un reportaje sobre la sanidad en las zonas rurales. El próximo 17 de marzo inauguro en la Casa de las Culturas la muestra ‘Bajo el puente’, en el marco de la semana contra el racismo.

 

*Esta entrevista aparece hoy en Heraldo.es. La foto de Judith es de Xavier Gómez.

JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL: DOS MICRORRELATOS

JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL: DOS MICRORRELATOS

Juan Jacinto Muñoz Rengel es narrador. Cuentista y novelista y teórico del relato breve: de los autores, de los cuentos, de las éticas y de las estéticas de la narración corta. Gentilmente, me envía estos dos microcuentos.

 

EL DOBLE

 

Hace diez días, vi a un hombre idéntico a mí tomando un café y leyendo el periódico junto a la cristalera de una cafetería. Tenía buen aspecto, y eso me hizo sentir cierto orgullo. Como llevaba prisa, no pude detenerme a observarlo, y ni mucho menos entrar allí a desayunar. La tarde del lunes de esta misma semana lo volví a ver. Estaba sentado en una terraza, en una mesa llena de libros, y rodeado de personas que prestaban devota atención a todo lo que decía. El sol acariciaba la mitad de su cara, e iluminaba media sonrisa radiante. Esta mañana, el café que me he tomado de pie en la cocina no me ha sabido a nada, y hace días que advierto que el espejo me refleja con cada vez menos intensidad. En las páginas centrales del periódico, me he encontrado de nuevo con él. Le han concedido no sé qué premio. Ya casi no me quedan dudas: el doble soy yo.

 

 

IMPRONTA

Mi última novia imaginaria apareció en mi vida cuando yo tenía doce años. Siguió conmigo en el instituto, y también en la universidad, donde compartíamos campus y, al fin, habitación y cama en el colegio mayor. Contrajimos matrimonio antes de cumplir los treinta. No tuvimos hijos, claro. Pero para mí significó una impagable compañía que me hizo más fácil adentrarme en las crudas décadas de una madurez solitaria. Hace apenas dos semanas quedé viudo. Un conductor borracho; ni siquiera la vio.

Desde entonces la gente no ha dejado de darme el pésame. Mi madre, para mi asombro, me llamó para preguntarme si quería que se viniera unos días a la ciudad. Era tan joven todavía, me dice la señora del segundo, agarrándome las manos. El periódico local publicó una breve nota del suceso, con una fotografía. Ahora acaba de llegarme una carta de condolencia de sus compañeros de facultad, que la recuerdan, y quieren hacerle un homenaje.

 

Aquí, en mi blog, puede leerse esta entrevista y otros textos suyos.

http://antoncastro.blogia.com/2013/092703-juan-jacinto-munoz-rengel-habla-de-su-nuevo-libro-de-microcuentos.php

 

MACHADO Y 'CAMPOS DE CASTILLA'

MACHADO Y 'CAMPOS DE CASTILLA'

Antonio Machado: el poemario

del amor, del dolor y del paisaje

 

El corazón abierto de Antonio Machado

 

Cálamo publica una edición ilustrada de ‘Campos de Castilla’, ilustrado por Juan Manuel Díaz-Caneja, que apareció en 1912, el año de la muerte de Leonor, la esposa del poeta [Recupero este texto con motivo de los 75 años de la muerte de Antonio Machado.]

 

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Cálamo publica una edición ilustrada del libro capital de Antonio Machado, con ilustraciones de Juan Manuel Díaz-Caneja

 

Antonio Machado (1875-1939) diría que identificaba la felicidad con sus años en Soria y con el amor a una mujer, Leonor Izquierdo (1894-1912), aquella joven de quince años con la que casó en 1909 y que murió en agosto de 1912. Un año capital para el poeta: la fecha de un dolor insoportable –“Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. // Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar”-, y la publicación de un poemario capital de la lírica española del siglo XX: ‘Campos de Castilla’, en el que iba mucho más allá de su anterior libro: ‘Soledades, galerías y otros poemas’ (1907).

Se alejaba del intimismo y de la inspiración modernista para abrazar un lenguaje contenido en imágenes, austero en la expresión, hermoso, hondo y sencillo, que ampliaba su mirada: el cantor seguía hablando de sí mismo, de sus instantes de dicha inefable y de su posterior llanto; expresaba la idealización del paisaje castellano, que tenía al Moncayo mágico como centinela de nieve, y a la vez hablaba de la realidad y del destino de España, a través de una serie de asuntos, personajes y elementos, a los que les otorgaba la categoría de símbolo. Desde el olmo viejo al casino provinciano, desde la tarde al camino, desde el Duero, al dios ibero o a los locos. “La poesía es la palabra esencial en el tiempo”, dijo Machado.

O incluso glosaba algunos autores que habían sido fundamentales para él y a la vez compañeros de viaje: Rubén Darío (que le había mandado dinero durante la enfermedad de su esposa), Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán o Miguel de Unamuno. La relación entre Machado y Unamuno fue decisiva en la configuración de ‘Campos de Castilla’, uno de esos hitos decisivos de la Generación del 98: se cruzaron numerosas y jugosas cartas. Fermín Herrero, en una precisa y breve nota de prólogo, dice que hay más cosas en este poemario, como “la reinvención del Romancero con ‘La tierra de Alvargonzález’, las parábolas, los poemas del campo andaluz, los sentenciosos proverbios, los elocuentes elogios, las irónicas estampas provincianas... Y, por encima de todo, Leonor”.

Machado, enamorado de su joven esposa, decía en una atmósfera de espejismo y ternura: “¿No ves, Leonor, los álamos del río / con sus ramajes yertos? / Mira el Moncayo azul y blanco; dame / tu mano y paseemos”. Ya, ante lo irreparable, escribió: “Una noche de verano /-estaba abierto el balcón, / la puerta de mi casa- / la muerte en mi casa entró. (...) Mi niña quedó tranquila, / dolido mi corazón. / ¡Ay, lo que la muerte ha roto / era un hilo entre los dos”. Hace algunos días, distintos poetas, entre ellos varios aragoneses, rindieron homenaje en Soria a Leonor Izquierdo en el primer centenario de su muerte.

El sello Cálamo de Palencia, que dirige José Ángel Zapatero, publica una cuidada edición ilustrada de ‘Campos de Castilla’, con una aportación muy valiosa: las ilustraciones de Juan Manuel Díaz Caneja (1905-1988), un pintor que encarna el alma castellana, “los páramos de asceta” de los que tanto escribió Antonio Machado. Caneja residió en Zaragoza en 1930. Llegó con su padre que era gobernador civil y mantuvo una gran amistad con pintores aragoneses de vanguardia como Manuel Corrales y José Luis González Bernal, con los que compartiría taller, y con otros intelectuales como Gil Bel. No es tanto un trabajo específico para los poemas, que fueron aumentados en 1917 por Machado para una nueva edición tras trasladarse a Baeza, sino una selección de sus cuadros de distintas épocas, desde los años 40 (incluyendo el período de 1948 a 1951, cuando estuvo en las cárceles de Carabanchel y Ocaña por su militancia republicana) hasta su muerte.

El prologuista dice: “No hay un pintor, creo, que transmita con tanta propiedad la emoción espacial, sobria y austera, adusta incluso, que caracteriza el sentido último de ‘Campos de Castilla’ (...) Esa pintura parca, casi esquelética de Caneja, que va también adelgazándose con la edad, como la poética de Machado, hacia la búsqueda de la voz interior a través del paisaje de la Meseta”.

Antonio Machado jamás pudo olvidar a Leonor Izquierdo. Algunos años después, cuando ejercía de profesor en Segovia, entabló amistad con una mujer casada, Pilar de Valderrama (1889-1979), a la que bautizaría Guiomar. Ella, lectora suya, lo había ido a conocer; su marido le había revelado que tenía una relación con otra joven y que se acababa de suicidar. Guiomar y Machado se vieron en varias ocasiones en esa ciudad, pero también en Madrid, sobre todo en el café de las Salesas y en el Franco-Español. Guiomar, que publicaría su autobiografía con carácter póstumo en 1981, escribió que “no podía ofrecerle más que una amistad sincera, un afecto limpio y espiritual, y que de no ser aceptado así por él, no nos volveríamos a ver”. Machado respondió: “Con tal de verte, lo que sea”.

Pilar de Valderrama también estaba vinculada a Zaragoza: su padre era abogado y fue diputado por el Partido Laboral, y gobernador civil de Oviedo, Zaragoza y Alicante.  La niña Pilar, que había nacido en Madrid en 1889, fue pasada por el manto de la Virgen del Pilar a los cuarenta días de su nacimiento. Ella era católica y conservadora y se sentía afín al bando rebelde en la Guerra Civil, igual que le pasó a Manuel Machado, con quien Antonio había firmado obras de teatro a cuatro manos.

Ese también fue otro motivo de desgarro para el poeta que se trasladó a Francia con su inseparable madre y falleció en Collioure en 1939. En el bolsillo del pantalón llevaba unos versos: “Estos días azules y este sol de la infancia”. Allí sigue, rodeado de flores y exvotos. Nadie se ha atrevido a devolver sus restos a “los agrios campos” donde “caía un sol de fuego” de los ‘Campos de Castilla’.

 

PACO DE LUCÍA: RETRATO DEL ÚLTIMO DIOS DEL FLAMENCO

PACO DE LUCÍA: RETRATO DEL ÚLTIMO DIOS DEL FLAMENCO

El último dios del flamenco*

 

Se ha muerto el último dios del flamenco. El mago universal de la guitarra del cante jondo: Francisco Sánchez Gómez, Paco de Lucía (1947-2014): el hombre enigmático y tímido que revolucionó, disco a disco, casi concierto a concierto, el flamenco. Padeció la maldición y el estímulo de un sentido crítico exacerbado que le permitía innovar y embrujar con su pellizco eléctrico, con ese arañazo de cristal, veloz y rabioso como un puñal de uñas. De niño había querido ser cantante, pero era tan vergonzoso que no tuvo agallas; además, pronto se dio cuenta de que carecía de buena voz, todo lo contrario que su hermano Pepe. Sus padres, Antonio Sánchez, un buen cantaor, y su madre Luzía Gómez ‘la portuguesa’ (le dedicó un disco, ‘Luzía’, en 1998), fueron su mejor estímulo. Su progenitor no tardaría en decir que iba a ser el mejor guitarrista de todos los tiempos: fue férreo y exigente en su disciplina para lograrlo.

Si la guitarra en los años 50 y 60 estaba un tanto postergada ante la fuerza del cante y el baile, si apenas era considerada algo más que un instrumento necesario pero complementario, Paco de Lucía cambiaría ese percepción. Tenía personalidad, duende, osadía y una sensibilidad indescriptible. Realizó una gira por Estados Unidos y en Nueva York, con poco más de quince años, el maestro Sabicas (un navarro que dominaba a la perfección el flamenco) le dijo que solo alcanzaría la gloria componiendo, creando sus propios temas. Aprendió mucho de él y compuso poco a poco, sobre todo gracias a sus conciertos y a la colaboración que duró diez discos con su amigo y hermano del ama Camarón de la Isla. Paco de Lucía dijo que había aprendido a crear oyéndolo a él: que se había forjado a su lado. [Le dolió siempre la sombra de los derechos de autor.] Con ‘Fuente y caudal’ (1973) y ‘Entre dos aguas’ (1975) transformó la música flamenca: le dio una nueva hondura, vértigo, ebriedad, amplió su campo de creación y su temblor. Enseñó a oír el flamenco con todos los sentidos y lo universalizó: fue su embajador a lo largo y ancho del planeta.

En 1981, publicó otro disco imprescindible: ‘Solo quiero caminar’, otra obra mayúscula para la leyenda. Para entonces Paco de Lucía era el maestro de la guitarra, el profeta de los sonidos negros, el temblor y la furia de la guitarra y de su espíritu dramático, tal como la había definido García Lorca. Era vigoroso e intenso, virtuoso y sensible, de una velocidad relampagueante. Le extrajo a la guitarra sonidos que jamás se habían oído, y no solo eso: logró vincular el flamenco con el jazz, con la fusion, con el rock, con el blues, realizó giras con guitarristas tan distintos como Al di Meola o John McLaughlin, e intervino en discos de músicos muy diferentes: Djavan, Chick Corea o Bryan Adams, entre otros.

A pesar de su aparente fragilidad, de su silencio y de su espiritualidad, del “estado febril de soledad”, así definió su oficio, Paco de Lucía conmovía allá donde iba. Recibió premios por doquier (entre ellos el Premio Príncipe de Asturias) y se convirtió en un mito. Su exigencia –decía que tocar era un placer inmenso y un dolor aún mayor- le llevó a alejarse de la escena, a estudiar sus apariciones. Ha vivido en distintos lugares: en Mallorca, en México, en Cuba, pero siempre estaba abrazado a su instrumento. Y con él se abraza a la vida y a las últimas habitaciones de la sangre del flamenco.

Manolo Sanlúcar –uno de sus seguidores, como lo fueron y lo son su hermano Ramón de Algeciras, Vicente Amigo o Tomatito, entre otros- le dedicó este elogio: “Paco es el mejor símbolo de lo que significa una estrella. ¿Por qué? Pues porque Paco... encanta al que no sabe de esto, eh; y vuelve loco al que sabe. Es decir: lo tiene todo”. Cada disco debía ser una sorpresa, una invención, un viaje a un lugar donde nunca había estado. Ante todo, misterioso y escurridizo, genial y vulnerable, se sentía guitarrista. Ese era su oficio y su pasión. Dijo: “Todo lo que he hecho ha sido tocar la guitarra. ¡Una vida pobrísima!”. Una vida llena, fascinante, cuajada de sonidos negros y del arrebato del duende. ‘Cositas buenas’: título de un disco de 2004.

 

*Este artículo apareció en ’Heraldo.es’.

MARÍA DE ÁVILA: LA ESTRELLA QUE FORJÓ ESTRELLAS DE BALLET

MARÍA DE ÁVILA: LA ESTRELLA QUE FORJÓ ESTRELLAS DE BALLET

María de Ávila (Barcelona, 1920-Zaragoza, 2014) fue una maestra exigente, perfeccionista y apasionada que contaba relatos a sus alumnos: les llenaba la cabeza de sueños y, mientras les corregía o ajustaba la filigrana de un movimiento, les indicaba que el baile exigía vocación, compromiso y sacrificio. Gonzalo García Portero, uno de sus alumnos más conocidos en la actualidad, la ha recordado con su porte elegantísimo como si fuera Stevenson entre los nativos o Isak Dinesen en medio de los masais: con los ojos incendiados de emoción y embeleso, los jóvenes le pedían a María que hablase como la lluvia. Con emoción y belleza, con fantasía y tal vez con su amplísima cultura.


Víctor Ullate también ha declarado que María de Ávila, su maestra, “inculcaba el amor a la danza y unas ganas locas por bailar. Nos contaba la danza como un cuento muy bonito”. Ana Laguna le revelaba a Picos Laguna: “Era un maestra de las artes. Todo lo que ella tenía me lo dio. Me abrió las puertas de su casa; me enseñó lo que necesitaba: música, literatura, arte. Un mundo que no había visto y que mi familia no podía darme”.

Otro experto, como Carmelo Pueyo Benedicto, ha señalado que María de Ávila transmitía “pasión, sensibilidad y una técnica depurada”, y dice que en sus numerosos alumnos se aprecia un “'gen' común, procedente de un mismo tronco, fácilmente perceptible”. María abrazó la danza clásica y se convirtió en una referencia como 'prima ballerina assoluta' en el Ballet del Teatro del Liceo y luego como profesora. Conoció al ingeniero José María García Gil en una actuación suya en 1943, aunque el día anterior ya había asistido a un concierto en el Teatro Principal de una de sus grandes amigas: la pianista Pilar Bayona. La pareja se casó en 1948, viviría un tiempo lejos de la ciudad y pronto se incorporaría a la vida cultural de Zaragoza con Federico Torralba, historiador del arte y escritor, con el grupo Sansueña, con la citada Pilar Bayona, el director del Teatro Principal Ángel Anadón y con otros intelectuales. María de Ávila siempre destacó por su curiosidad y sus conocimientos.


En 1954 inició su leyenda de profesora de ballet clásico que casi se alargó durante medio siglo con unos logros impresionantes, que van desde su primera discípula Ana María Górriz, que empezó con ella muy pronto, a las catorce años, hasta el citado Gonzalo García Portero. Empezó en su propia casa, “acondicionó una habitación”, más tarde se trasladó al Coso y finalmente se asentaría en Francisco de Vitoria. Su estudio sería una auténtica factoría de bailarines. Es, probablemente, la maestra de danza más importante del siglo XX en España. Ella triunfó en Madrid, en el Ballet Clásico Nacional y en Ballet Español entre 1983 y 1987, y en Zaragoza, donde fundó en 1989 el Joven Ballet María de Ávila, que cosechaba elogios por doquier y apenas contó con ayudas institucionales. Su cariño hacia “la ciudad del viento”, donde ha recibido numerosos homenajes y distinciones, es incuestionable: decía que aquí le habían pasado las cosas más interesantes de su existencia y que tenía la sensación de ser zaragozana desde siempre.


Su biógrafa Ana Rioja, escritora y periodista, dice a Heraldo.es: “María de Ávila ha escrito las páginas, breves pero intensas, de la historia de la danza clásica en España. Contemporánea de grandes bailarinas como Alicia Alonso, Margot Fonteyn, Rosella Higtower o Maya Plisetskaya, su gran triunfo fue el de haber sabido transmitir su amor y sus conocimientos por la danza a varias generaciones de bailarines. María de Ávila fue bailarina, maestra de estrellas de la danza y maestra de grandes maestros”. No hay desmesura en la apreciación.


Ana Rioja, que vivió una experiencia inolvidable durante la redacción de su libro 'María de Ávila' (Gobierno de Aragón, 1992), añade: “María de Ávila supo muy pronto que no podía vivir sin la danza y se entregó a ella de una forma casi religiosa, primero como la gran bailarina que fue en los duros años de la posguerra y, más tarde, como la maestra de estrellas que han asombrado con su arte al mundo. Y así, llenó de magia y de belleza una ciudad, Zaragoza, cuna de la danza, y un país que asistía atónito al nacimiento desde su estudio de unas estrellas que tenían que emigrar a otros universos con un clima más benigno para la danza: su hija Lola de Ávila, Ana María Górriz, Carlos Lagunilla, Víctor Ullate, Carmen Roche, Carmen de la Figuera, Ana Laguna, Trinidad Sevillano, Arantxa Argüelles, Antonio Castilla, Amaya Iglesias, Violeta Gastón, Ángeles Bescós, Ruth Vaquerizo, Gonzalo García Portero… y muchos más nombres internacionales”.

Solía decir que las claves del trabajo son la honestidad, la sensatez, la vocación y el esfuerzo indesmayable. “El cerebro es el mejor músculo”, repetía. Consideraba que su disciplina artística (el oficio inefable en el que soñó e inventó) era la madre de las artes “porque reúne y resume la literatura, la música, el movimiento, el color, la expresión, la plasticidad, la belleza...” Quizá arrimase el ascua a su sardina, pero tenía todo el derecho de hacerlo: creyó en la excelencia, fue inconformista y buscó una y otra vez, en cada una de sus funciones y de sus clases, la musicalidad, el temblor y la ligereza del ángel.

 

*Este artículo ha aparecido hoy en 'Heraldo.es'. La foto, de 1983, es de Rogelio Allepuz.