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Antón Castro

HOY SE PRESENTA, EN COLEGIO COSTA, 'EL DIBUJANTE DE RELATOS'

HOY SE PRESENTA, EN COLEGIO COSTA, 'EL DIBUJANTE DE RELATOS'

Antón Castro y Juan Tudela publican El dibujante de relatos

[Queridos amigos: hoy jueves 12, a las 19.30, en  el colegio Joaquín Costa (Paseo María Agustín), se presentará el libro ‘El dibujante de relatos’ (Pregunta) con ilustraciones a página completa de Juan Tudela, pintor, diseñador gráfico e ilustrador, que ganó varias veces el premio de carteles del Pilar.Se proyectará un pequeño vídeo con una selección de las imágenes de Juan Tudela. Estáis invitados. Al final se servirá un vino.]         

El escritor y periodista Antón Castro y el diseñador gráfico Juan Tudela han realizado a cuatro manos ‘El dibujante de relatos’, un álbum ilustrado que publica Pregunta Ediciones, en el que Tudela dibuja los personajes de los cuentos de Castro y viceversa, o como dice José Luis Cano en el prólogo del libro: «Juan Tudela realizó unos retratos imaginarios o recordados, y Antón Castro descubrió en ellos el rostro de sus personajes».

            Ambos autores, residentes en Zaragoza, fueron desarrollando ‘El dibujante de relatos’ como un intercambio de imágenes, pictóricas y literarias, complementando cada uno el retrato propuesto por el otro. El libro se compone de treinta relatos de pura ficción y casi cuarenta ilustraciones. ‘El dibujante de relatos’  -que alterna el microrrelato con el cuento, la carta, el poema en prosa, la viñeta o el perfil-, habla de fareros, de carteristas, de profesores de dibujo, de boxeadores, de futbolistas, de tenistas, de prisioneros de los nazis, de bailarines, de gentes del circo, de fotógrafos, de artistas, de mujeres que aceleran el mundo, de músicos Elvis Presley o Django Reinhardt, y hay un homenaje explícito a Torrero, a Zaragoza y a Aragón y sus paisajes como sucede en ‘El paisaje infinito’ o ‘Una aventura salvaje’. Quizá el tema central sean la memoria, el uso de la imaginación y la variedad de historias de amor, algunas tan románticas y desesperadas como ‘La quinta del paraíso’.

            Antón Castro (A Coruña, 1959), que recientemente ha sido galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Cultural, ha publicado libros como El testamento de amor de Patricio Julve, Cariñena, Golpes de mar, El paseo en bicicleta o El niño, el viento y el miedo, coordina desde 2002 el suplemento Artes & Letras de Heraldo de Aragón y colabora en Por amor al arte de Aragón TV.

            Juan Tudela (Murcia, 1940) se dedicó desde 1960 hasta su jubilación al campo de la creatividad publicitaria, recibiendo encargos de todo el territorio nacional. Destacó con sus ilustraciones para los cuentos de Monto y Lío (sobre textos de Gloria Fuertes) y como diseñador de carteles (fueron premiados sus trabajos para Fiestas del Pilar, Feria del Libro de Zaragoza, Estudios Flamencos...). Ha participado en numerosas exposiciones colectivas, y al jubilarse mostró parte de su extensa vida laboral en la muestra Del lápiz al ratón.

            El dibujante de relatos se presentará el 8 de diciembre en la Feria del Libro Aragonés de Monzón, el día 12 en el colegio Joaquín Costa de Zaragoza, y el 18 en la librería Estilo de Huesca.

 

  

Contacto

 

—con la editorial Pregunta: preguntaediciones@gmail.com, 659338198

 

PRESENTACIÓN EN EL COSTA

PRESENTACIÓN EN EL COSTA

Mañana jueves, a las 19.30, en el salón de actos del Colegio Joaquín Costa, se presenta nuestro libro 'El dibujante de relatos' (Pregunta), que lleva 40 ilustraciones de Juan Tudela, a quien ha retratado así Vicente Almazán, y de Antón Castro. Se trata de un libro de relatos, de microrrelatos, de perfiles, de viñetas, que rinden un homenaje a la Zaragoza de los 40-50, de la Base Americana, de las salas de música, a la de la Peña Niké, pero también a la de ahora... 

'LEER JUNTOS' CUMPLE 20 AÑOS

Hace 20 años nacía el proyecto 'Leer juntos', reconocido, galardonado y exportado. Carmen carramiñana -con la profesora Mercedes Caballu y la bibliotecaria rosa Berniza- es una de sus coordinadoras. Aquí cuenta la historia pública y secreta de este proyecto.

 

¿Qué es ‘Leer juntos’?

 Es un programa de educación literaria dirigido a las personas adultas que están alrededor de los niños y niñas en distintos ámbitos: familias, profesorado y bibliotecarios. Y por lo tanto, también va dirigido a los pequeños y  jóvenes, porque hay Leer juntos tanto en centros de infantil y primaria como en secundaria.

¿Cómo nació esa la experiencia?

 Nació de una propuesta que Mercedes CAballud realizó a un grupo de maestros y maestras que formábamos parte de un grupo de trabajo de la EVA (Escuela de Verano del Alto Aragón) en Fraga. En el curso 1992-1993 pedimos su colaboración para trabajar la literatura infantil como herramienta para el aprendizaje de la lectura y la escritura. En ese contexto ella planteó que sería probable hacer más y mejores lectores entre el alumnado a aquellos niños y niñas que tuvieran a su alrededor lectores: sus padres  y madres, sus profesores, las bibliotecarias (son la mayoría mujeres, al menos en esta zona) de sus bibliotecas públicas de referencia. Yo estaba en ese grupo y planteé la propuesta en el Claustro del CEIP Francisco Galiay Sarañana de Ballobar y fue aceptada inmediatamente. Pedimos a Merche que nos ayudara a hacer el plan de trabajo y lo lanzamos a las familias y a Rosa Bérniz, la bibliotecaria. En la primera convocatoria nos juntamos algo más de 80 personas. 

¿Qué quería ser y que ha acabado siendo?

 Quería ser un taller dirigido que durara un curso, en el que se analizaban las propuestas de lectura que había para niños y niñas en la prensa y otros medios audiovisuales, porque se entendía la lectura dentro de un contexto de cultura amplio; y sobre todo se entraba en el mundo editorial de Literatura infantil y juvenil, la organización y el fondo de una buena biblioteca y la lectura y tertulia en torno a títulos seleccionados de LIJ. Las personas que participábamos nos llevábamos a casa revistas, suplementos dominicales, prensa variada, libros... lo leíamos y analizábamos siguiendo las pautas que en el claustro habíamos preparado con Merche, y después volvíamos con las conclusiones a la tertulia. En ese primer año nos separábamos en grupos pequeños dada la cantidad de gente que había y luego poníamos en común. Al terminar el curso 1993-1994 y revisar lo realizado la conclusión fue que queríamos saber más, que aquello se había quedado corto, así que continuamos creciendo en iniciativas, aunque el grupo se redujo. Y hasta ahora. 

La lectura es una de las experiencias más bellas, iniciáticas, de la vida. ¿Cómo se ha vivido, cuál ha sido la implicación de la gente?

 Hay personas que estamos en el grupo desde el principio, unas 12. Otras personas se han ido incorporando con el paso del tiempo. Muchas han dejado las tertulias pero siguen siendo lectores. Después de cinco años se creó otro grupo, el que llamamos Leer juntos infantil. Este se reúne un día a la semana, en la escuela, por las tardes, aquí se van incorporando madres jóvenes, que con el paso del tiempo suelen pasar al Leer juntos (original), a las tertulias de la noche. También podemos hablar de las personas que sin acudir a las tertulias porque su tiempo se lo impide, leen los libros que proponemos. Y por último está la gente que acude a los encuentros con autores, a los cuenta cuentos, que recibe las maletas lectoras confeccionadas con materiales de la biblioteca pública y escolar, que participa en actividades del colegio y de la biblioteca municipal de animación lectora. Es decir, hay distintos niveles de implicación, porque Leer juntos es diverso y libre. Pero hay expresiones tan interesantes como estas: "Yo leo desde que empecé en Leer juntos, antes no leía nada", "La lectura y las tertulias nos han hecho bien, nos han dado capacidad para dialogar, hemos hablado de cosas que en la relación del pueblo no hubiéramos hablado. Los libros como intermediarios han resultado ser buenos para relacionarnos", "He aprendido con los libros, cada lectura me ha aportado conocimiento", "Estar en Leer juntos me ha permitido estudiar otras cosas que antes no hubiera imaginado", "Hemos aprendido mucho, mucho más que cuando fuimos a la escuela (en época no democrática) donde sólo teníamos las enciclopedias, a Leer juntos venimos porque queremos y nadie nos impone nada, aprendemos porque queremos"..... con muchos libros, con muchos personajes, nos hemos sentido identificadas, como mujeres y como personas, han servido para hablar de nuestra condición personal y social.

 

En un plano personal, Carmen, ¿Qué es para ti la lectura, qué te ha aportado, qué has visto que ha aportado a los demás?

 La lectura ha formado parte de mi vida, no la entiendo sin ella. Incluso recordando que en mi casa o mis escuelas no había apenas libros en mi infancia. Pero en mi familia ha habido contadores (mi hermana, mi madre, mis hermanos son estupendos contadores) y lectores, y con el paso de los años, al llegar al instituto, la biblioteca se convirtió ya en un espacio imprescindible. Luego vinieron las bibliotecas públicas que crecieron en los barrios de Zaragoza y que democratizaron el acceso a la literatura y a la lectura en general. Los estudios universitarios, sobre todo el encuentro con determinados profes -igual que había pasado en el instituto- hicieron que se abrieran nuevas puertas a la lectura. En mi camino personal y profesional posterior, en el que estoy ahora, las bibliotecas y la lectura han sido mi pasión. Y Leer juntos, el encuentro con Merche y el trabajo continuado con ella, ha sido decisivo. Las lecturas, porque no hay una sola, conforman la vida. No sabría contar mi vida sin las lecturas, incluso aunque no recuerde muchas de ellas ni sus argumentos, cada una se ha quedado en algún lugar de mi historia personal. Pero cuando la lectura se comparte, y eso ha pasado durante 20 años, el poso es mayor, porque como decía la otra noche una de las amigas lectoras, cuando comentamos un libro, es otro libro diferente al que cada uno ha leído. Crece con las aportaciones de todas, porque cada una lo lee desde su situación personal. Así que el paso de la lectura personal a la social es muy importante.

 

Explícame el método de una sesión, de un libro: el antes, el durante y el instante decisivo del encuentro...

 En cada sesión decidimos qué libro se leerá para comentarlo en la siguiente. Si son libros de LIJ tenemos uno o dos ejemplares en el caso de los álbumes, o 10-12 en el caso de narrativa, lo mismo que para lecturas de adultos. Estos libros pasan por las casas y se leen individualmente. En el caso de la LIJ, las madres suelen leerlos con sus hijos e hijas. Cuando llegamos a la tertulia primero leemos un poema o un cuento corto o un texto breve que suele hablar sobre la lectura o algo similar y lo comentamos in situ. Después pasamos a hacer la tertulia del libro leído, esto es lo que más tiempo lleva y el "instante decisivo del encuentro" hay mucha pasión en las aportaciones, sobre todo con aquellos libros que generan discusión porque hay opiniones diversas. Alguna persona del grupo prepara datos sobre el autor o sobre comentarios del libro que aparecen en blogs, revistas, etc. También llevamos otros libros del autor, o libros que pueden tener relación, para que quien quiera los lea particularmente. En las tertulias también preparamos otras actividades: viajes literarios, jornadas de animación a la lectura, actividades conjuntas con la escuela o la biblioteca, encuentros con autores, cine... 

¿Cómo se fue expandiendo la experiencia, cómo fue traspasando un poco las fronteras locales?

Empezó en Ballobar, a los dos años comenzó el Leer juntos- Ies Ramón Sender de Fraga (Merche trabajaba allí y yo tenía a mis hijas como alumnas). A los cinco años comenzó Leer juntos Infantil en Ballobar. Nos llamaban de muchos lugares para que contáramos la experiencia pero costaba que la pusieran en marcha. El momento de crecer fue cuando comenzó el programa de bibliotecas escolares en la provincia de Huesca que coordinábamos Merche y yo, hacia el año 2002. Conseguimos que hubiera unos 26 grupos en la provincia. Y en ese momento había también grupos en Navarra, Extremadura y Castilla La Mancha (en este momento creo que estos grupos han desaparecido). Y el crecimiento total fue cuando el programa de Bibliotecas escolares pasó a ser autonómico (lo coordinaba yo) y el departamento sacó una convocatoria -con dotación económica y con formación para los coordinadores de los grupos- para la creación de grupos de lectura con familia. No todos siguieron el modelo de Leer juntos, pero sí la mayoría. En el curso 2010-2011 había 210 grupos de Leer juntos en Aragón. Además se había presentado la experiencia en muchísimos lugares, desde Belver de Cinca a Miami (Florida), desde Granada hasta Burdeos, desde Galicia hasta Oslo (Noruega)....  Se han recibido varios premios, entre otros el BUHO en Aragón, o el Nacional de Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura en 2005.

 

Hablemos  libros y autores. Recuérdanos dos o tres libros que hayan impactado y  por qué...

Tres libros son pocos, pero voy a intentarlo recogiendo las aportaciones que se han hecho al Cuestionario de favoritos de Leer juntos que nos ha preparado Merche. Te pongo tres lecturas de adultos y tres de infantil-juvenil.

- El pentateuco de Isaac. Angel Wagenstein. En Asteroide...

Narrado en primera persona comienza con un tono de humor que va cambiando a medida que avanza la novela y el drama por el que pasa el protagonista, su familia y toda la gente que sufre las guerras, los destierros, las invasiones. Y pese a todo queda un halo de esperanza en sus palabras.

- De los últimos leídos destacamos las novelas de Milena Agus: Mal de piedras o La imperfección del amor. NOs gusta su estilo amable al tratar a los personajes, sus mujeres, una cierta relación con el realismo mágico... 

- Camino de sirga. De Jesús Moncada. Lo leímos traducido al castellano, pero nos sorprendió su prosa nada complaciente con la frase simple. Su socarronería, su humor cínico y mordaz. El viaje a Mequinenza, cercano a Ballobar, la presencia en la tertulia de personas emparentadas con gente del pueblo, enriquecieron las tertulias, tanto de esta obra como de los libros de cuentos. Uno de nuestros favoritos: "La plaga de la ribera".

LIJ: El guardián entre el centro. Salinger; Palabras de Caramelo. G. Moure; Una habitación en babel, de Eliacer Cansino.  

Álbumes y libros de más pequeños hay muchos, muchos... El arenque rojo, de Gonzalo Moure nos impresionó mucho el curso pasado.

¿Y autores? Algunos que no se hayan podido olvidar porque se produjo magia, identificación, porque la gente estuvo muy feliz...

El número uno es Gonzalo Moure. Se ha creado una relación muy especial desde que llegó por primera vez a Ballobar. Ha vuelto en numerosas ocasiones. Nos gustan sus libros y nos gusta él como persona. Otra persona muy querida y muy generosa con Leer juntos, con quien hemos hecho tertulias, talleres de escritura, encuentros con editores, ha sido Samuel Alonso.

Y son muchos los nombres con quienes hemos tenido encuentros inolvidables y por esa razón han repetido en Ballobar: Desde los amigos de Aragón, Elisa Arguilé, Daniel Nesquens, Alberto Gamón (Alberto hizo en Ballobar su primer encuentro con niños y niñas en una escuela), Sergio Lairla, Ana G. Lartitegui... hasta José María Merino, Ana María Machado que vino desde Brasil, Michèle Petit, Daniel Goldin, Agustín Fernández Paz, Víctor Moreno, Gustavo Martín Garzo, Ana Cristina Herreros (Ana Griott), Pep Bruno, Miguel Mena, Ricardo Gómez, Blanca Calvo, Paco Bailo, etc.... Entre estas personas hay bibliotecarias, ilustradores, escritores, críticos, profesores, editores. 

No sé si sabes que casi todas las personas que han pasado por Ballobar han estado con los niños y niñas en el cole o en la biblioteca municipal, y con las personas adultas.

Se dice que la lectura es, cada vez más, un fenómeno de mujeres. ¿También se puede decir eso de Ballobar? ¿Cuántos hombres hay?

Ese fue uno de los debe en otros momentos. Ahora ya no lo planteamos, el grupo está abierto a mujeres y a hombres, si los hombres no quieren venir es su prejuicio. Hubo al principio y hasta hace cinco o seis años. Así que podemos decir que la lectura compartida, la tertulia, es de mujeres. La lectura es de unos y otros. Si pasas por la biblioteca de Ballobar verás cómo pasan los hombres a buscar libros, o como va alguien de su familia a cambiarles el libro, hay hombres muy lectores, pero no pasan por la tertulia.

Nada es del todo inocente. Imagino que aquí también habrá ocurrido: ¿ha transformado ‘leer juntos’ la vida cotidiana de algunas personas?

 Sí. Ya te lo decía en otro apartado, Leer juntos ha sido un proceso de formación y educación, que nadie crea que la lectura y la tertulia son un pasatiempo. Además ha supuesto, en palabras de varias mujeres, un espacio de libertad. "Cuando empezamos no era costumbre que las mujeres salieran por la noche en el pueblo", Leer juntos abrió puertas para otras muchas cosas. Otra mujer decía: "Hemos aprendido a hablar en público. Hasta hemos hablado en universidades y lo hacíamos bien". 

¿Suscribís ahí un viejo adagio: “La lectura os hará libres”?

 Es mucho adagiar (eso lo digo yo). La lectura abre la mente, y muchas cosas más, pero sólo la lectura no nos hace libres. Cuando las condiciones de vida son difíciles, como dice Michèle Petit, la lectura, las bibliotecas, pueden ser espacios que nos ayuden a sobrevivir, que sean curativas, pero deben darse también otros condicionantes.

Estamos en la era digital... ¿Ya os habéis asomado a ese universo?

Pues ahora nos comunicamos por un grupo de correo electrónico; está el fb de la biblioteca y muchas de las personas de Leer juntos tienen el suyo; varias lectoras tienen ya lectores digitales de libros... así que sí, vamos entrando. Pero todavía nos gustan muchos los libros en papel, y sobre todo nos gusta compartir los álbumes ilustrados con los niños y niñas.

¿Cómo os planteáis el futuro?

 Ese es uno de los temas que se van a debatir en las jornadas de celebración. Hay que ver cómo se establecen los cauces para la tertulia, para la lectura compartida y enriquecedora, porque hay muchas personas que leen, pero luego es difícil encontrar el tiempo en el que todas pueden encontrase. Los trabajos a turnos son una dificultad, por ejemplo.

También hay que plantearse la presencia de familias extranjeras. Esto ya se lo han planteado en varios Leer juntos, pero hay que profundizar más para darle el cauce adecuado.

Hay que romper el esquema de que las tertulias son de mujeres. 

Y hay que ver cómo adaptar los libros electrónicos al proceso. O ver cómo la tecnología puede suplir las dificultades de relación personal directa.

Además otro problema es que el profesorado cada vez vive menos en los pueblos y se implica poco en las acciones fuera de horario lectivo, por lo tanto hay que conseguir una buena coordinación entre familias, profesorado y bibliotecas porque en muchas ocasiones estas abren después que cierra el centro educativo.

Muchos retos.

Si tuvierais que aconsejar a alguien que quiere emprender una aventura así, ¿qué le dirías, qué habéis aprendido?

 Que no lo duden. Que lean y que hagan tertulias, que se junten profes, familias, bibliotecarias, amigos por doquier de la lectura, que llamen a escritores, ilustradores.... que van a disfrutar, y sólo disfrutando se aprende de verdad. Y que no tengan miedo, hay muchos grupos que pueden ayudarles a emprender el camino: por cercanía geográfica, porque hay muchas guías de lectura, porque se pueden encontrar recursos en la red, etc. 

Cualquier otro detalle que te parezca oportuno, estupendo. Abrazos. Enhorabuena por esos veinte. Estuve una vez con vosotros, casi cuando empezaba, a principios o mediados de los años 90, y conservo un magnífico recuerdo. Felicidades para todos.  

Varios detalles: la lectura literaria nos ha llevado a otra muchas lecturas: la lectura en general, la música, el arte plástico, la arquitectura... la lectura en un contexto de cultura amplio y variado. Y fíjate que vivimos en una población de menos de 1000 habitantes, hay que hacer esfuerzos para que la cultura llegue, hay que ir a buscarla fuera muchas veces.

Leer juntos ha conseguido que Ballobar suene en muchos pueblos y ciudades.

Leer juntos ha generado criterio entre las lectoras: a la hora de ir a una librería, o de pedir por internet libros. A la hora de seleccionar autores, o personas que puedan acudir a las jornadas de animación lectora, o culturales. 

Y también se ha generado compromiso democrático con el pueblo. La gente de Leer juntos participa en otras asociaciones. A veces este ha sido un proceso de ida y vuelta.

MABEL RICK Y PÉREZ DE AYALA Y EL ARTE. GALERÍA DE IMPRESCINDIBLES

MABEL RICK Y PÉREZ DE AYALA Y EL ARTE. GALERÍA DE IMPRESCINDIBLES

Una de mis secciones favoritas de la prensa española es la 'Galería de imprescindibles' que publica todos los viernes Manuel Hidalgo. Hidalgo intenta redactar ahí un perfil clásico, lleno de información. Hoy alcanza el número 323 y la 'galería' está dedicada a Ramón Pérez de Ayala, 'el liberal derrotado'. Además de analizar su vida y sus libros, algunos le gustaron mucho de joven, habla de su esposa Mabel Rick, "estudiante de 'bel canto' a la que conoció en Florencia y que será la madre de sus dos hijos. Mabel fue retratada por Julio Romero de Torres y, cuando Joaquín Sorolla la estaba pintando en su casa madrileña, el pintor sufrió el accidente cerebral que llevó a la tumba poco después, en 1923". He aquí una foto de 1911, de Ramón y Mabel, el retrato inacabado de Sorolla y el de Julio Romero de Torres.

Ramón Pérez de Ayala glosó el instante en que Sorolla sufrió su ataque, mientras retrataba a su mujer: “Una fina y templada mañana madrileña del mes de julio, en su jardín, Sorolla pintaba el retrato de mi mujer, observándole yo, a su lado. Éramos los tres solos, bajo una pérgola enramada. Levantóse una vez y se encaminó hacia su estudio. Subiendo los escalones, cayó. Acudimos mi mujer y yo en su ayuda, juzgando que había tropezado. Le pusimos en pie, pero no podía sostenerse. La mitad izquierda del rostro se le contenía en un gesto inmóvil, un gesto aniñado y compungido, que inspiraba dolor, piedad, ternura. Comprendimos la dramática verdad; la cuerda, extremadamente tirante, se había quebrado. (Sorolla sentía el pavor y el presentimiento de la parálisis; años antes había padecido un amago). Aun así y todo, rebelde contra la fatalidad que ya le había asido con su inexorable mano de hierro, Sorolla quiso seguir pintando. En vano procuramos disuadirle. Se obstinó, con irritación de niño mimado a quien, con pasmo suyo, contrarían. La paleta se le caía de la mano izquierda; la diestra, con el pincel más sujeto, apenas le obedecía. Dio cuatro pinceladas, largas y vacilantes, desesperadas; cuatro alaridos mudos, ya desde los umbrales de la otra vida. Inolvidables pinceladas patéticas! ‘No puedo’, murmuró con lágrimas en los ojos. Quedó recogido en sí, como absorto en los residuos de luz de su inteligencia, casi apagada, de pronto, por un soplo absurdo e invisible, y dijo: ‘Qué haya un imbécil más, ¿qué importa al mundo?”.

*Este es el retrato de Mabel Rick de Julio Romero de Torres.

MARISÉ SAMITIER: DIÁLOGO DE CINE

MARISÉ SAMITIER: DIÁLOGO DE CINE

[Esta tarde, a partir de las cinco, participo en Barbastro en una clase de la Universidad de la Experiencia. Intentaré contar el estado actual de la cultura aragonesa a partir de creadores, estudiosos e invesgigadores de la ciudad: Manuel Vilas, Mariano Gistaín, Manuel García Guatas, Julieta Always, Miguel Angel Encuentra, los hermanos Moreno Gistaín, la diseñadora Beatriz Gimeno, el profesor José Antonio Albero, los periodistas José Luis Solanilla, Encarna Samitier, José Luis Pano, Ángel Huguet, etc. Y entre ellos también recordaré a Marisé Samitier, con quien hablé hace algunos años. He aquí la nota de una entrevista con ella, nacida en Monzón y criada en Barbastro y Zaragoza. Es la autora de 'Amores ciegos'.]

 

“El cine entrena

los músculos

de la emoción”

 

La realizadora montisonense Marisé Samitier, galardonada en España y en Estados Unidos con su corto ‘Amores ciegos’, habla de su aprendizaje y de su formación audiovisual en Los Angeles, donde reside

 

 

 

Existe un momento mágico y decisivo, a veces tan fugaz como una corriente de aire o la aparición del arco iris, que decide una existencia. O cuando menos señala un sendero, abre un paréntesis que acaba siendo definitivo. Cuando tenía entre diez y doce años, y residía ya en Barbastro, a Marisé Samitier, nacida en Monzón, le regalaron uno de aquellos cuadernos con hebilla dorada y llave, bellamente encuadernado, con el título de ‘Mi diario’. Aquel se convirtió en el mejor regalo de su vida: Marisé empezó a anotarlo todo. “Noche tras noche, escribía lo que vivía –dice-, lo que soñaba, lo que me imaginaba, lo que quería hacer y no podía. Al poco tiempo, casi sin darme cuenta, empecé a hacer diálogos, a crear personajes que vivían historias y dialogaban, y además redactaba mis confidencias, el relato de mis amores imposibles o cualquier aventura con amigas en el colegio. Sigo escribiendo igual: tengo muchos cuadernos donde anoto frases, diálogos, impresiones; jamás hacía dibujos. Me acuerdo de que por la noche lo dejaba bajo llave en mi escritorio. Aquel era mi secreto”.

A ver: usted nació en Monzón, luego vivió en Barbastro...

Sí, además viví en Zaragoza, donde hice la primera comunión. Mi padre trabajaba en la construcción y tuve una infancia y una adolescencia movidas. Quería estudiar Psicología.

¿Lo hizo?

No. Mis padres se metieron un poco en medio, no veían claro el futuro, no se podía hacer entonces en Zaragoza y me incliné por Filología Inglesa. Y me vine de nuevo a Zaragoza: tenía unos tíos que vivían cerca del Mercado Central y allí pasé mi primer año.

¿Ya había aparecido el cine en su vida?

La verdad es que no demasiado. Tuve por entonces un novio cinéfilo, pero a mí aquella pasión suya me sonaba como una música de fondo. Al año siguiente, me fui a vivir con unas amigas a un piso y cogimos el bar del Teatro del Mercado. Ahí empecé a asomarme a otro mundo, el mundo de la noche y de la escena, pero lo más determinante fue un profesor: José María Bardavío...

¿Por qué?

De entrada porque no era un profesor al uso. Era multidisciplinar: igual te hablaba de literatura que de teatro, de música o de cine. Sobre todo de cine. En sus clases siempre había referencias al cine: recuerdo cuánto me impactó oírle hablar de ‘La ley del silencio’ de Elia Kazan. La vimos y me impresionó muchísimo Marlon Brando y empezó a intrigarme lo visual.

¿Qué quiere decir?

Más que las historias en sí, piense que veíamos la película en versión original y a veces no la entendíamos del todo, me fascinaban las imágenes, aquel caudal de encuadres, de gestos, de expresividad. Pero, además, Bardavío también nos hablaba de Harold Pinter y de su teatro: recuerdo que trabajamos un texto del futuro Premio Nobel, que hicimos ensayos, etc. Bardavío nos llevó a la Escuela Municipal de Teatro y allí nos enseñaron pequeñas escenas y nos invitaban a encarnar personajes y animales. Uno de los profesores nos decía: “imaginaos que sois un animal, un tigre, un gato... A ver cómo le dais vida”. De repente, di un salto a un mundo imaginativo y diferente, más creativo...

¿Representaron la obra?

No la hicimos. Pero yo ya estaba tocada por la curiosidad.

He leído en su currículo que estudió fotografía en Spectrum, la galería de Julio Álvarez Sotos...

Es cierto. Desde entonces no la he abandonado nunca. Un amigo mío tenía una cámara rusa, una Zenit, una réflex de 35 mm., se la pedí y empecé a experimentar. Años después me la robaron en Málaga, pero mi amigo nunca lo ha creído. Hacía fotos a todo. A todo. Pero ya entonces quería hacer fotos que contasen historias, fotos documentales, fotorreportaje. Y eso seguí haciéndolo durante mucho tiempo en Estados Unidos. En ese intento de contar una historia revelaba los rollos juntos sin que se cortasen los negativos. Era como una película, por decirlo un poco así. En aquella época, además, conocí al fotógrafo Ángel Carrera, que era el novio de una amiga mía y me hizo bastantes fotos. He expuesto en varias ocasiones.

Andamos ya avanzados los 90, rebasaba usted la veintena, y el cine no parecía haberle dejado mucho impacto.

Es cierto. Hay otro paso muy importante: fui a un cineclub y vi ‘Los cuatrocientos golpes’ de François Truffaut. Salí impresionada, con un deseo: quería saber cómo se hacían películas así.

Al parecer un accidente truncó sus sueños.

Más que truncarlos, los aceleró. Con un grupo de amigos fuimos a las fiestas de San Lorenzo, y en un tramo de Huesca a Barbastro, en una recta, sufrimos un accidente y me rompí la columna vertebral. Recuerdo que pusieron una coraza de yeso, que estuve bastantes días en el Clínico y luego estuve convaleciente en mi casa. Un amigo, Juan Carlos Cuello, vino a verme y me dijo que ofrecían unas becas de Educación para Los Ángeles. Nos presentamos los dos y a mí me llamaron; a él no y siempre me ha quedado como un rescoldo de pena y de culpa, aunque yo no era responsable de eso, claro. Hice exámenes, entrevistas, y al final me aceptaron. Y me fui.

¿Adónde exactamente?

Al sur de Los Ángeles, a un lugar llamado Lynwood, que era la parte más dura, agresiva y pobre. Tuve la sensación de que no soltaron en medio de la nada.

¿Nos soltaron?

Sí, íbamos cinco chicas. Una de San Sebastián, otra de Madrid y dos de Barcelona. Cuando vimos aquello nos quedamos desoladas. No tenía nada que ver con el mundo del brillo de Hollywood. Estábamos dejadas de la mano de Dios: el glamur del cine no aparecía por ningún lado. Tuvimos que adaptarnos a todo: incluso a las proporciones. Allí todo era grande, hasta los vasos, las ensaladas, o las personas, que nos parecieron muy obesas. Había mucha población afroamericana, y hasta la escuela era surrealista. Los niños eran verdaderamente difíciles.

¿Cómo remontó el vuelo?

No sabría responderle del todo. Pero lo hicimos. Me compré una cámara Minolta y la llevaba a todas partes. Disparaba a todo lo que se movía. Hacía fotos del barrio, de los vecinos, de los maestros, de los niños, de los bares, de la oscuridad. De todo lo que me rodeada. Y luego entré en la Otis Parsons, una escuela de arte y diseño, y también hice fotos. Encontré un modelo especial: el novio norteamericano de una amiga de Barcelona era muy guapo, y a él y a ella, juntos y por separado, les hice cientos y cientos de fotos. Por entonces, descubrí una película de Ingmar Bergman: ‘Persona’, con Ingrid Bergman y Liv Ullman que me deslumbró.

¿Le deslumbró ‘Persona’? ¿No es una de las películas más difíciles, teatrales y obsesivas de Bergman?

A mí me gustaba el juego de primeros planos de los rostros. Eran unos planos que definían toda una vida y sus sombras. Luego vi también ‘El séptimo sello’, y al poco tiempo hice una prueba con un amigo: intenté copiar, literalmente, un fragmento de la película. Y poco a poco fue aumentando mi pasión por el cine.

¿Qué pasó?

Empecé a matricularme en diversos college, en la Universidad, en el American Film Instituto, y asistía a todas las clases de cine que podía. Y empecé a probar con una cámara de súper ocho, luego compré una cámara de 16 mm e hice varios proyectos; con la cámara de 35 mm hice ‘Bazar’. Más tarde accedí al Film Institute en un proyecto en el que elegían a ocho mujeres, nos entrenaban –por decirlo así- durante dos meses y luego había que hacer una historia tuya para la que te subvencionaban con seis o siete mil dólares. Y así nació mi película ‘La virgen’. Más tarde, en la Universidad de Los Ángeles (UCLA) hice producción, guión y dirección, aunque mi especialidad es la de guión.

¿Cuál es el secreto de un guión, qué debe tener?

El guión ha sido mi entrenamiento más específico, es cierto. Para mí el guión debe tener emoción: puede ser realista, familiar, de terror, fantástico, pero la emoción es imprescindible. El cine entrena, debe entrenar los músculos de la emoción, es un gimnasio de los sentimientos y de la complejidad. Y el guión en sí es un territorio de la experimentación: es la base, la semilla, el germen. El producto final, es decir la película, siempre es diferente al guión e incluso a veces se rescribe al guión para adaptarlo a la película.

¿Cómo es eso?

Es así. Una historia se escribe al menos tres veces: con el primer libreto de guión, el material de partida para el rodaje; se reescribe durante el rodaje, con los cambios y las aportaciones de los actores y se reescribe en el montaje. Y todo eso me ha ocurrido con ‘Amores ciegos’, mi último corto.

Sí, que ha sido galardonado en Estados Unidos y  entre nosotros, y figuró entre los precandidatos al Oscar de cortometraje.

Sí. Lo escribí en 2005. Escribí otros en los años siguientes, y finalmente lo retomé. Al principio era más complejo, pero no lo supe hacer así. Al final reduje la historia a cuatro personajes y a sus complejas relaciones de amor y desamor. Rodé mucho más que lo que aparece ahora, he dejado a varios personajes fuera y eso siempre da mucha pena. Cuesta mucho hacer cine.

¿Le ha dolido no ser nominada?

Me deprimí mucho. Sentí una pena infinita. Estaba ante la puerta y no se me ha abierto. He ido a ver todas las películas con las que competía la mía, y han elegido una convencional, de narrativa lineal con un conflicto. Eso sí, optar a la candidatura suponía dar un paso profesional hacia adelante: se me hubieran abierto las puertas para hacer un largometraje.

En todo caso, ¿qué le debe a ‘Amores ciegos’?

Muchas cosas. Por ejemplo, mi estancia en Cannes: fue una experiencia fabulosa que me encantaría repetir. Cannes es la meca del cine. Hay secciones de casi todo, secciones, foros, y se establecen unas conexiones maravillosas. Con ‘Amores ciegos’ allí experimenté el vértigo de la distribución y firmé un contrato exclusivo de siete años. Volvería a repetir. Y ‘Amores ciegos’ supuso mi regreso a España y a Zaragoza y la posibilidad de contar con un espléndido productor, Francisco Javier Millán, y un equipo de lujo. He aprendido mucho y me han tratado de maravilla.

POEMAS DE JESÚS RUBIO JIMÉNEZ

POEMAS DE JESÚS RUBIO JIMÉNEZ

Jesús Rubio Jiménez es catedrático de literatura y uno de los grandes expertos del mundo en la obra de Gustavo Adolfo Bécquer, al que ha editado del derecho y del revés. Además, es gran conocedor de autores como Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Ricardo Baroja, los caricaturistas de prensa, etc. Ha publicado varios epistolarios y una  biografía de Josefina Blanco, la mujer de Valle-Inclán. Actualmente, entre otras muchas cosas, prepara una edición de las cartas entre Miguel Labordeta y Gabriel Celaya. También es poeta, más secreto que público, y me envía una pequeña selección de sus textos breves. ‘Hojas con las horas de un día de otoño’.

HOJAS CON LAS HORAS DE UN DÍA DE OTOÑO

 

Por Jesús RUBIO

 

LAUDES: ABRIENDO LA VENTANA

 

El cielo albea

como una bandeja

de plata vieja.

 

 

II

 

           

TERCIA: UNA TELARAÑA CON ROCÍO

 

Se pavonea la mañana

con el collar de perlas

que engastó la araña.

 

 

III

 

SEXTA: RECADO CON PROPIO

 

El tilo me envía una nota

escrita con tinta perfumada

en una amarillenta hoja.

 

 

                       

IV

 

NONA: SUSURROS

 

Termina el arroyo sus rezos.

Comienza el bosque los suyos.

Se turnan conjurando lo oscuro.

 

 

 

V

 

VÍSPERAS: ASÍ EN EL MAR COMO EN EL CIELO

 

Suaves olas oscuras

en el mar gris del atardecer

las alas de las grullas.

 

 

VI

 

COMPLETAS: MEMENTO MORI

 

La noche es mi tableta.

Descifro en su pantalla oscura y temblorosa

mensajes de las estrellas.

 

*La foto es de E. J. Bellocq.

DANIEL GASCÓN EN TIPOS INFAMES

DANIEL GASCÓN EN TIPOS INFAMES

DANIEL GASCÓN PRESENTA 'ENTRESUELO' EN TIPOS INFAMES, MADRID

 

[Foto de Daniel Mordzinski realizada en México.] Esta tarde, a las 20.00 en la librería Tipos Infames de Madrid, (calle San Joaquín, 3, en el barrio Malasaña, antiguo barrio Maravillas) Daniel Gascón presentará su novela ‘Entresuelo’, que ha publicado el sello Mondadori. Lo acompañará el realizador y guionista Jonás Trueba.


“Honesto, humilde, cercano. Maravilloso paseo por la vida” ha escrito en el muro de su Facebook Elena Ramírez, editora de Seix Barral. Daniel, en este libro fronterizo, híbrido en su estilo, de capítulos cortos y una suerte de apoteosis final en esa cena familiar de casi una veintena de personas, cuenta la historia de su abuelo Leoncio Gascón (mi suegro), masovero, listero de mina y cajero de SPAR, romancero y fabulador constante; cuenta la historia de su familia, con su esposa Isabel Brumós a la cabeza, y cuenta cómo vivió en el Entresuelo familiar, cómo descubrió las palabras, la memoria ajena, los recuerdos, las ficciones, un sinfín de parientes que iban y venían como espectros y aparecidos, y por contar también se cuenta a sí mismo y algunos amores posibles e imposibles que pasaron por su vida o por su imaginación.

MARÍA ZAMBRANO Y GREGORIO DEL CAMPO: AMOR Y MUERTE

 

LITERATURA. Gregorio del Campo (Ambel, 1901-Pamplona, 1936) fue el amor silenciado de la pensadora. Fueron amantes durante ocho años, tuvieron un hijo, y él, leal a la causa republicana, fue fusilado. Su sobrina Maite Villa del Campo reconstruye la dramática historia familiar

 

Zambrano y su novio de Ambel

 

Gregorio del Campo Mendoza (Ambel, Zaragoza, 1901- Pamplona, 1936) ha sido el amor secreto de María Zambrano (1904-1991), la mujer que aunó poesía y filosofía y que se hizo acreedora al Premio Cervantes de 1988. Gracias a su familia, con Maite Villa del Campo a la cabeza y su hermana Gloria, la poeta Marifé Santiago Bolaños prologó y editó una auténtica primicia: 'Cartas inéditas (a Gregorio del Campo )' de María Zambrano , que publicó hace pocas semanas el sello orensano Linteo.

 

María y Gregorio se conocieron en Segovia y fueron novios desde 1920 hasta 1928. Ella jamás había hablado de esta relación que le marcó con intensidad: en esa correspondencia narra el torbellino de la pasión, el amor y las discusiones, los sueños y los desengaños, con otra novedad inesperada: María y Gregorio del Campo fueron padres de un niño que se murió a las pocas semanas.

 

El hijo del fundidor de campanas

 

Pero, ¿quién fue Gregorio del Campo , en realidad? Para contestar esta pregunta es decisiva la colaboración de Maite Villa del Campo , sobrina del ingeniero y militar que ingresó muy joven en la Academia de Artillería, que vive entre Galicia y Ambel. Esta fascinante historia empieza con nombres propios: Pablo del Campo , que era fundidor de campanas de origen cántabro, «un gran artesano que consiguió contratos en distintos lugares de Aragón, en Soria, en Cataluña». El otro nombre decisivo es Fernanda Mendoza, hija de agricultores de Ambel.

 

Pablo y Fernanda se conocieron probablemente en Magallón y se casaron en 1898 en Ambel, de donde era ella. En 1901 nació su primer hijo, Gregorio ; la leyenda familiar constata que empezó a andar durante unos trabajos en el monasterio de Montserrat. Pablo y Fernanda tendrían cinco hijos: el primogénito; Gloria, que «se implicó en la lucha política, fue detenida en 1934, durante la Revolución de Octubre, y sería fusilada en Torrero, a comienzos de la Guerra Civil»; José, que fue leal a la II República y que «murió en Guernica en ominosas circunstancias en abril de 1939»; Visitación, la madre de Maite y Gloria, y Mario, que pudo salir de España con los soldados republicanos y vivió en Toulouse.

 

Gregorio destacó muy pronto en el colegio. Era un zagal activo e inteligente, al que le apasionaba la naturaleza y la lectura; tenía vocación literaria y hacía dibujos de muebles y de caras. Era tan brillante en clase que el profesor llamó a su padre y le dijo que lo sacase de allí, que con él ya no podía aprender más. «Resulta extraño o chocante que lo mandase a la Academia General Militar. Pero así fue. Mi madre, Visitación, siempre me decía: 'Para mí era un auténtico ídolo. Creo que hasta lo idealizaba un poco'. Era elegante, poseía buen corazón y siempre estaba dispuesto a dar un consejo. Una familia como la nuestra no pasaba inadvertida en un mundo de nobleza y terratenientes. Mi abuelo decía que había ganado más dinero que un torero. Jamás reveló el secreto de su ciencia».

 

Gregorio se marchó primero a Zaragoza. Luego lo hizo Gloria, que quiso estudiar magisterio y se matriculó en la Academia Künhel, para cursar mecanografía; José quiso estudiar algo pero se vinculó a la tierra y se quedó con su padre. Mario optó a varias oposiciones. Hubo un momento en que los hermanos mayores vivían todos en Zaragoza con su madre; a lo largo de los años residirían en Madre Sacramento, en General Mayandía y en la calle Campoamor.

 

Al poco tiempo de estar en Zaragoza, hacia 1918 o 1919, Gregorio del Campo Mendoza se trasladó a la Academia de Artillería de Segovia. ¿Cómo conoció a María ? Maite no lo sabe con certeza, pero se atreve a lanzar una hipótesis. «Eran los tiempos en que Antonio Machado daba clases en Segovia y Blas Zambrano , padre de María y de Araceli, organizaba tertulias y era un gran pedagogo. Sospecho que Gregorio debió ir a ellas y que se conocieron así».

 

El militar y la joven pensadora, de apenas dieciesete años, se enamoran. Se desean. Se echan de menos. Se reprochan instantes de frialdad y de ausencia, y a través de la correspondencia vemos cómo maduran ambos. Vemos cómo crece como intelectual y como mujer María Zambrano . «Es una lástima que no tengamos las cartas de mi tío. En una carta a su madre, muchos años después, desde San Sebastián, le dice que 'mi alma no entiende de egoísmos'. Él se va la guerra de África, se escriben, vuelve, tienen un hijo, le buscan una nodriza y lo registran con su nombre y apellidos».

 

El grado de intimidad entre los dos jóvenes era inequívoco, hasta el punto de que María le escribía a su futura suegra e incluso lo hizo alguna vez su hermana Araceli. Dice Maite Villa del Campo : «Mi madre siempre me dijo que mi abuela le mandó un jamón en una ocasión y otra vez, como cosía y bordaba muy bien, le hizo una prenda para dormir, un 'buenas noches' que guardó muchos años en una bolsita». Maite recuerda que en Ambel había un vecino que conoció a María Zambrano por aquellos días y que solía decir: «Yo conocí a la Zambrano . ¡Y qué mujer, qué mujer!».

 

Del noviazgo al drama

 

Gregorio del Campo y María Zambrano rompieron su noviazgo hacia 1928. Luego él estuvo en distintos sitios: en San Sebastián celebró la llegada de la República; de ahí se trasladó a Mahón, donde se casó con María del Carmen Fernández Moysi, que le daría una hija en 1934, y posteriormente se trasladaría a Zaragoza.

 

Aquí iba mucho al cine, leía, se sacó el carné de socio del Real Zaragoza y del Casino Mercantil. Se instaló con su familia en la calle General Mayandía y tenía su puesto, de capitán, en el Cuartel General Palafox. Allí lo fueron a buscar el 19 de julio de 1936, a él y a cuatro oficiales leales al gobierno constitucional, los llevaron al fuerte de San Cristóbal de Pamplona y les aplicaron la ley de fugas. Los ejecutaron el 6 de septiembre de ese mismo año. Su cuerpo sigue en paradero desconocido. Su mujer y su hija habían partido a París. Ocho días después, María Zambrano se casaba con Alfonso Rodríguez Aldave. El 6 de diciembre su hermana Gloria correría la misma suerte: sería ejecutada en Torrero.

 

Una última revelación de Maite Villa del Campo . «Nunca he tenido coraje para leer esas cartas. Ni siquiera lo he hecho ahora. Era algo muy íntimo. Muy personal». Desde luego. María solía usar el diminutivo ico para dirigirse a su amor: le llamaba morronguico, majico, nenico mío. Vidica mía.

 

*Este artículo lo publiqué en Heraldo de Aragón.