Blogia

Antón Castro

BIGAS LUNA POR LUIS ALEGRE

BIGAS LUNA POR LUIS ALEGRE

LUIS ALEGRE RECUERDA A BIGAS LUNA

La fiesta de la vida

 

Por Luis ALEGRE

 

La fiesta de la vida

 

 

 

La mirada de Bigas Luna no se parecía a la de nadie. Eso es lo que distingue a los grandes creadores y él sobresalió como uno de los más imaginativos y estimulantes de nuestro cine. Desde “Bilbao” (1977) quedó muy clara su atracción por los tipos obsesivos, las relaciones insólitas y las historias pasionales y fronterizas marcadas por un fuerte erotismo. Entre sus películas se encuentran adaptaciones literarias, evocaciones históricas, películas intensamente claustrofóbicas, películas luminosas, cine lírico y romántico o, incluso, cine de terror (“Angustia”). Pero, por encima de esa variedad, sobrevuela en todo su cine un mundo, un estilo muy personal y arrebatador. Nos descubrió a Ariadna Gil en “Lola”, a Penélope Cruz, Jordi Mollá y Javier Bardem en “Jamón, jamón”, a Miguel Poveda en “La teta y la luna” o a “Verónica Echegui en “Yo soy la Juani” y disparó la carrera de Leonor Watling en “Son de mar”. Son muchas las cosas que le tendremos que agradecer siempre.

 

Bigas me hizo sentir bien desde el primer instante. Tal vez porque, al conocernos, me saludó con una gran sonrisa y, luego, me dijo: “Mi película favorita es ´La edad de oro´, de Luis Buñuel”. Fue en Zaragoza, en la presentación del rodaje de “Jamón, jamón”, en el otoño de 1991. La última vez que lo vi fue también en Zaragoza, el pasado 30 de noviembre. Yo esperaba en la estación de Delicias a Ángela Molina. En el mismo AVE, casualmente, venían Bigas y su mujer Celia Orós, zaragozana militante. Bigas me lanzó la gran sonrisa de siempre y me contó, muy ilusionado, que estaba a punto de rodar “Segundo origen”. Desde ese día lo visualizaba en esa película, disfrutando como solo él sabía. Nunca me enteré de que había caído enfermo. Él pidió que, cuando muriera, no se celebrara ningún funeral o acto público de homenaje. Bigas era demasiado elegante como para molestar con algo tan vulgar como la enfermedad y la muerte.

 

A Bigas le volvía loco la vida y era un experto en gozar de ella. Su afán por convertir cada rato en una fiesta divertida y excitante hacía de él una compañía extremadamente confortable. Era imposible sentirse mal si él se encontraba cerca. Durante estos 22 años tuve la suerte de comprobarlo cientos de veces. Él me cogió de la mano muy a menudo y me empujó a ese extraño y fascinante planeta que él había creado para sus seres queridos. Metió en mi vida a Javier Bardem, Penélope Cruz, Jordi Mollá, Anna Galiena, Stefanía Sandrelli, Rosa Vergés, Leopoldo Pomés o Verónica Echegui; me encargó hacer lo imposible para que Jorge Perugorría se empapara del acento aragonés antes de interpretar a Goya en “Volaverunt”; me llevó a sus casas de Barcelona y Torredembarra y me enseñó su huerto ecológico; me regaló una comida excelsa alrededor de unos calsots en un restaurante de pueblo; me convocó a cenas con amigos que él preparaba como un rito sagrado. Bigas sostenía que lo que mejor sabía hacer era colocar a cada comensal en el lugar perfecto de la mesa.

 

Él también quiso acercarse con frecuencia a mis amigos y a mis cosas. Tuve el placer, por ejemplo, de presentarle a María Dolores Pradera y Leonor Watling. Una Semana Santa Agustín Sánchez Vidal y Ana Marquesán nos invitaron a su casa de Híjar y, vestidos de nazarenos, participamos en La Rompida de la Hora. Bigas estaba entusiasmado. Pero la ceremonia le absorbió de tal manera que, de madrugada, durante la procesión posterior a la rompida, entró en trance y se perdió tocando el tambor, solo, por las calles de Híjar. A las cuatro de la mañana nadie sabía dónde estaba. Al rato apareció, levitando y feliz. En otra ocasión, me acompañó a mis pueblos, Lechago y Calamocha. José Luis Campos tuvo una idea fantástica, que tal vez algún día se concrete: bautizar con el nombre de Bigas Luna la avenida cercana al Museo del Jamón de Calamocha, como un modo de reconocer la promoción internacional que Bigas había hecho del producto estrella de la comarca. Recuerdo que Bigas dijo: “Qué ilusión. Cuando alguien pille un taxi para ir al museo le dirá al taxista: ´Al Museo del Jamón. Por la Avenida Bigas Luna”.

 

Bigas era uno de esos no aragoneses a los que les encanta ser aragoneses. Sus antepasados maternos eran de Aragón y, después de enamorarse de su mujer, acabó prendado de nuestra tierra, nuestro carácter y nuestra gente. A él le escuché la única teoría “sensata” para explicar la increíble relación de Aragón con el cine: “Es que para hacer cine es preciso ser muy testarudo”. Celia le contagió su pasión por la Virgen del Pilar y la Ofrenda de Flores. Una tarde me deslizó algo: la Ofrenda aún podía resultar más espectacular, fluida, brillante y poderosa si se cambiaba el lugar de ubicación de la Virgen. De inmediato, se lo solté a Pilar Soria y Juan Bolea, entonces Concejal de Cultura. Juan enseguida comprendió el alcance de la idea y, con una insólita rapidez, logró que todo el mundo, y nunca mejor dicho, la bendijera.

 

A mí siempre me ha hecho mucha gracia que Bigas, en Aragón, revolucionara el icono religioso por excelencia y, también, el icono erótico-festivo que representa el cabaré El Plata, ese templo pagano. Dentro de Bigas convivían un místico, un erotómano, un surrealista, un trasgresor, un iconoclasta, un provocador, un fetichista, un hedonista radical, un vanguardista, un amante de los símbolos, ritos y tradiciones y, sobre todo, uno de los seres más cálidos y cariñosos que he conocido en mi vida. Escribo estas palabras al rato de conocer su muerte, sin tiempo para digerirla, cuando aún me siento dentro de una pesadilla.

 

e ’El Mundo’. Hoy Luis Alegre publica en ’Heraldo’ una versión reducida de este texto.

MANUEL VILAS: UN DIÁLOGO DE SEXO

¿No habría sentido celos del éxito de ‘Las sombras de Grey’?

No, en absoluto, aunque tanto “La sombras de Grey” como “El luminoso regalo” tratan el mismo tema: el erotismo. Creo que la gente quiere leer novelas sobre sexo, está en el ambiente.

 ¿Qué es lo que te lleva a escribir un libro tan descaradamente sexual, incluso pornográfico si eso se puede sostener en estos tiempos?

 El erotismo, en mi opinión, es un asunto todavía sin resolver, y de eso se habla en “El luminoso regalo”. El sexo sigue ocupando un lugar central en las relaciones humanas y en la búsqueda de la felicidad, he intentado poner el dedo en esa llaga. Hemos resuelto muchas cosas a lo largo de la Historia, pero el erotismo es una fuerza atávica y ancestral que nos devuelve al origen de la especie.

 Más allá de los términos del Apocalipsis o de sus habituales desafueros, que quizá sea tu modo de escribir en libertad, ¿qué reflexiones querías abordar? ¿Cuál es la importancia del sexo en nuestra vida y en nuestra imaginación?

Supongo que por desafueros tengo que entender imaginación y libertad radical en mi escritura; y efectivamente, en esta novela insisto en mi senda habitual de indagación sin prejuicios ni límites en aquellos aspectos que alienan la felicidad de los hombres y de las mujeres. En cuanto a la importancia del sexo, diré que no me invento nada que no esté en Sade, Freud, Jung, Bataille o Lacan, lo único que hago es narrar el misterio del erotismo. Es un libro muy influido por Lacan en el plano teórico. En mis anteriores novelas había tratado la alienación del capitalismo en los ámbitos sociales, económicos y culturales. Me faltaba el erotismo. Como dice Bataille, la civilización ha domesticado el sexo; pero su pulsión está allí y aparece inesperadamente. Es un monstruo dormido.

Vayamos con los personajes. El libro se abre con un capítulo casi apabullante y febril protagonizado por Ester, una ninfómana... ¿Cómo ves a este personaje, cuál es su función en la novela?

 Ester es una ninfómana sumamente hermosa. Es sexo en estado puro, pero también es amor. Ella representa la compleja relación entre el sexo y el amor. Es un personaje muy voluble. A veces es una mujer terriblemente enamorada y su abyección desaparece. Hay un capítulo muy complejo en donde Ester se transforma en una mujer bondadosa y humilde y conmovedoramente enamorada. He jugado con distintos planos de ficción. Ester es un enigma en “El luminoso regalo”, es una pregunta al lector.

 Entre las definiciones que le concedes, dices que es una Bruja y “una incandescencia carnívora que vuelve locos a los hombres”. Su primer antagonista, al que quizá haya que interpretar en clave irónica, es un psiquiatra o psicoanalista de vida sexual bastante disoluta, como iremos viendo. ¿Esto es broma o nadie, nadie, se escapa a poder del sexo?

 Nadie se escapa del poder del sexo. La gente, simplemente, lo domestica o lo encauza o lo racionaliza o le da un sentido moral o lo convierte en amor o en matrimonio o en relaciones de pareja. El amor a veces parece una construcción cultural encaminada a dar al sexo un sentido civilizador. De todo eso se habla en la novela. El sexo sin ley es destrucción, pero Sade no estaría de acuerdo. El sexo normalizado es un pacto social necesario para que exista la civilización.

El protagonista es Víctor Dilan. ¿Has querido que este hombre de 49 años, escritor de éxito, sea un ejemplo de Don Juan Tenorio o de Giaccomo Casanova?

He querido actualizar el mito de Don Juan, que es un mito importantísimo en la cultura europea. Víctor Dilan es un adicto al sexo. La adicción al sexo es la manera contemporánea de calificar al donjuanismo.

Dilan está casado con Elena, pero tiene una obsesión: la mujer, no dormir solo, el deseo...¿Es posible que tantas y tantas y tantas mujeres pierdan la cabeza por un hombre como él? ¿Qué les atrae: saberse queridas, la seducción, la fama, el poder, cierta animalidad, saber que estado?

 Allí es donde la novela tiene su toque de esoterismo. Víctor Dilan es un brujo, un donjuán con poderes. De hecho al final de la novela se revela su identidad. Se revela quién es en realidad. “El luminoso regalo” pasa entonces de ser una narración erótica a ser una narración sobre el enigma de la vida y el lector tiene suficientes elementos de juicio para deducir la verdadera identidad de Víctor.

Por cierto, ¿es posible ser fiel o leal en este mundo, sexualmente hablando? 

En mi novela la fidelidad es una construcción cultural más. Ahora bien, yo he escrito una novela; es decir, una obra de ficción. Creo que fidelidad y lealtad son dos cosas distintas. La fidelidad es una construcción cultural de la masculinidad. En “El luminoso regalo”, todos los personajes son promiscuos. La promiscuidad, históricamente, estaba reservada para la aristocracia. Porque como dice el psicoanálisis de inspiración marxista si se trabaja no se puede ser promiscuo. La promiscuidad solo era posible para quienes no trabajaban. En nuestra sociedad, la promiscuidad está reservada para la clase alta, para empresarios, políticos, artistas, etc. La monogamia procede del culto al trabajo. En la aristocracia no hay ni “cornudos” ni “cornudas”.

 Dilan hace el amor con casi todas sus amantes con la música de Bob Dylan de fondo. ¿Eso qué es: vicio, perversión, una excentricidad, una de tus pasiones ocultas?

Es una ironía cultural. Es un juego. Es también un homenaje inesperado a la figura más emblemática del Pop de todos los tiempos. Quería también resaltar la importancia que la cultura Pop tuvo a la hora de liberalizar el sexo.

¿Qué relación existe entre coito y desesperación? muchas veces tus personajes parecen irremediablemente desesperados...

Bataille llamaba discontinuidad a la imposibilidad de dejar de ser “yo” y entrar en “el otro”. Víctor Dilan no soporta la discontinuidad, pero el sexo no alivia su discontinuidad, su soledad. De ahí su desesperación. El coito es el momento en que se produce la pérdida de la identidad y se alcanza la fusión con el otro. Ocurría algo parecido en la película “Shame”, estrenada hace poco.

¿Qué tiene todo el libro de parodia, de gran broma?

Yo creo que por primera vez en mucho tiempo no he utilizado el humor. Creo que “El luminoso regalo” es una novela muy dura. Es un libro sobre la relación entre el Erotismo y el Mal. No es paródico ni hay humor; o en todo caso, muy poco humor. Esa ausencia se compensa con el morbo y la atracción que producen la lectura de las abundantes escenas eróticas que hay en “El luminoso regalo”.

 ¿Qué le debe a Sade y a Bataille, sobre todo? ¿Y a ‘2001. Una odisea en el espacio’ o a las novelas románticas del siglo XIX y XX?

He leído mucho a Sade y más a Bataille. A este último la novela le debe mucho en los planos filosóficos o teóricos; en los literarios no le debe nada. A Kubrick le debo la búsqueda de lo absoluto. Y a Emily Brontë le debo la locura en el amor, el amor convertido en fantasma, en enfermedad. Todas esas cosas impulsan la acción en “El luminoso regalo”.

 ¿Has querido llevar al lector a un territorio más bien desapacible: el territorio del mirón que contempla todas las guarrerías posibles y soñadas entre los amantes?

“Guarrería” es un término de jerga juvenil o masculina que banaliza el sexo. “El luminoso regalo” sitúa el sexo en el centro de la desesperación y la soledad humanas. El sexo es de una complejidad humana infinita, y eso quiere mostrar mi novela.

¿Crees que falta aquí alguna práctica sexual, incluso alguna depravación?

No es para tanto. No hay orgías. No hay zoofilia. No hay nada que no sea normalito. Quizá lo anormal sea llamar a las cosas por su nombre, eso puede extrañar en un país como el nuestro, muy dado a no hablar de sexo o hablar de sexo de una forma codificada, artificial y roma.

 ¿Tiene Manuel Vilas una desolada visión del mundo? Parece que aquí no se salva nadie, ni siquiera el sexo…

Manuel Vilas aquí no pinta nada, es inexistente y carece de interés lo que piense. Desde que el lector entra en la novela, son los distintos narradores de “El luminoso regalo” quienes deciden lo que se cuenta y lo que no se cuenta; para eso se inventaron las novelas. La ficción nos hace más libres, no tiene sentido moralizar la ficción. Moralizar la ficción es tanto como quitarle la gracia y la fuerza a la literatura. Es verdad que ha habido lectores, a lo largo de la historia, que por juzgar y moralizar han sido capaces de condenar al infierno a la mismísima Madame Bovary. Imagino que Flaubert aún se debe reír desde su tumba.

 

*El retrato de Manuel Vilas es de Vicente Almazán.

 

SOBRE 'EL VIENTO, EL NIÑO Y EL MIEDO'

Foto de Aloma Rodríguez.

 

Esta tarde, miércoles, 3 de abril, a las 20.00, en la librería Los Portadores de Sueños (calle Blancas) se presenta mi libro ‘El niño, el viento y el miedo’ (Nalvay), ilustrado por Javier Hernández, un rosarino afincado en Siétamo. Estas son las respuestas a algunas preguntas que me ha planteado la editorial, que tiene su sede en Almudévar.

 

UN DIÁLOGO CON ANTÓN CASTRO

 

¿Qué es ‘El niño, el viento y el miedo’?

De entrada, diría que es un libro de cuentos, fantásticos, misteriosos, cotidianos, de terror y oníricos, que transcurre en Galicia, en un territorio que tiende a la leyenda. Sucede en una zona próxima a A Coruña, en un pueblo diminuto, de una docena de casas, donde puede suceder cualquier cosa. Por las noches el viento muerde los aleros y la gente se reúne, en torno al fuego, a contar relatos de miedo, de aparecidos, de fantasmas, de vampiros, de caballos salvajes o de gallinas que ponen huevos de oro en la falda del monte. Es un libro un tanto familiar, con un protagonista, con su madre y su hermano y algunos vecinos a los que les suceden cosas todo el rato. El bosque está próximo y el mar también, y de ambos espacios proceden historias casi inverosímiles, como la de una mujer que aparece con un espejo y una navaja barbera, como la de la comadreja sanguinaria, como la del caballero medieval que reaparece flotando en el lago por la tarde, Atanís de Val, etc. Es un libro de viajes, de espacios, de sueños y sorpresas.

 

¿Por qué ha sentido la necesidad de escribir el volumen?

He escrito este libro casi por azar. El escritor Ignacio Sanz me invitó a participar en el Festival de Narración Oral de Segovia hace cinco o seis años. Quería que contase algunos de mis cuentos aragoneses: no sé por qué me senté al ordenador y me salió este libro que tiene algo de autobiografía de una infancia que, vista ahora, más de 40 años después, parece una pura invención. Esencialmente, todos los personajes existen o han existido y de vez en cuando penetran en mis pesadillas y en mis mejores recuerdos. Conté el libro en la casa de Andrés Laguna y fue una experiencia estupenda. Tenía tanto miedo como el protagonista del libro.

 

¿Cómo está escrito ‘El niño, el viento y el miedo’?

Creo que con fluidez, con un ritmo rápido y con un aire oral. Como suele suceder cuando se mira la infancia descubrimos hechos prodigiosos, detalles, matices de la vida, del sueño y del espanto. Algunas historias son demasiado terribles, tal vez, pero así las recuerdo. Así las vivía. Ya entonces, más que el cine, nos gustaban los cuentos y un fenómeno nuevo: la televisión. La ‘Sesión de noche’ ya forma parte para mí de la leyenda. En ese difuso autorretrato que elaboro hay un poco de todo: sensaciones, sustos, terrores, presencias inesperadas, como los ratones a medianoche, incluso hay un equipo de fútbol, el Peñarol de Baladouro, compuesto por jugadores que pertenecían a los gremios locales, entre ellos Boedo, al que llamaban ‘El bombardero patizambo’. Volvía a casa por un angosto sendero que avanzaba al lado de una finca de maíz: el viento estremecía las hojas y yo contagiaba todo mi horror a mi madre. Pero creo que jamás me olvidaré ni del maíz, de las películas y sus besos, ni de la noche constelada, ni de mis ganas de hablar y hablar para olvidarme del pánico. Quien canta sus males espanta.

 

¿Dónde sucede ‘El niño, el viento y el miedo’?

El libro sucede en los lugares de mi niñez. Y en los lugares de la imaginación que han ido sedimentando con los años. Las criaturas andaban por allí: Pura del Quejigal, Polo del Vilar, María do Nacho,  Mercedes y Antonio, Generoso Barreiro Viñán, que creó un negocio de panaderías en Uruguay... El libro transcurre en muchos lugares, sin duda: quizá, muy especialmente, en el corazón del bosque, a este lado del mar, o en las altivas montañas, llenas de sapos y lobos.

 

¿Cuándo transcurren los relatos?

Suceden algo más allá de la inmediata posguerra. Entre 1964 y 1968. Y la vez tiene una atmósfera intemporal. De conseja. De lugar inverosímil. De pura invención. Hay algunas referencias temporales, sin duda, algunas series de televisión, algunos hábitos, pero el tiempo aquí se desdibuja como la materia inaprensible de los sueños.

¿Cuál es el cuento con el que más se identifica?

Quizá el que más veces he oído o me he contado es la historia de un mal ojo que tantas veces me contó mi madre y me aseguró que era verdadero. Hablo de ‘La cabeza de ternero y el mal vecino’. Así lo viví: como una verdad absoluta e impactante que define un poco la sociología del campo en otros tiempos. En realidad era un cuento de envidia y mirar atravesado que tenía su mejor escenario en el fuego del hogar. Pero el cuento donde me siento más cómodo quizá se ajuste más al tono de ‘Mi tío de América’. Podría haberlo empezado de otro modo: “Yo tuve una armónica de Montevideo”.

¿Cómo definiría los dibujos de Javi Hernández?

Son muy narrativos y muy especiales. Están llenos de evocación y de sugerencias. Posee una mano espléndida, y aquí ha trabajado a su gusto. Ha desarrollado el libro en colaboración con los editores y creo que ha hecho un magnífico trabajo, lleno de detalles, de sutileza, de intuiciones. Es expresivo, lírico y cuenta muy bien, buscando siempre su propio discurso, su forma de contar visualmente. Me encanta su trabajo y le da al libro una dimensión. Me siento muy feliz por esta colaboración que se ha desarrollado con libertad, respeto y mucha confianza.

ALOMA RODRÍGUEZ, EL 4 EN MADRID

ALOMA RODRÍGUEZ, EL 4 EN MADRID

ALOMA RODRÍGUEZ PRESENTA ‘SOLO SI TE MUEVES’

EN LA FNAC DE CALLAO CON JAVIER REBOLLO Y EVA AMARAL

Aloma Rodríguez envía esta nota: “Queridos amigos: El jueves, día cuatro, presento mi novela ‘Solo si te mueves’ (Xordica) en FNAC Callao a las 19:30. Me acompañarán el cineasta Javier Rebollo y la cantante Eva Amaral. Será un placer veros”.

‘Solo si te mueves’ es el tercer libro de Aloma Rodríguez (Zaragoza, 1983; lleva casi dos años afincada en Madrid), escritora y traductora: primero publicó ‘París tres’ (Xordica), una novela de Erasmus que transcurría en París y que giraba, en buena medida, en torno al mundo de la pareja, de la familia y del teatro. ‘Jóvenes y guapos’ (Xordica) era una colección de relatos que sucedían en la atmósfera del teatro. Y ‘Sólo si te mueves’ (Xordica) es un libro de iniciación y de consolidación de una relación de pareja, que transcurre en Dinópolis, Teruel, durante un verano. Es un libro sobre la seducción, el primer empleo, la amistad, la convivencia y la aventura de ser actriz en un parque de dinosaurios. Es también un libro de complicidades y de confidencias, un libro sobre una ciudad minúscula que poco a poco se convierte en un escenario literario y humano, más determinante de lo que la propia narradora había pensado.  

Ese día, por cierto, su hermano Daniel celebra su cumpleaños.

 

ADIÓS A CARMEN PENA ANDREU

ADIÓS A CARMEN PENA ANDREU

ADIÓS A UNA MUJER ADMIRABLE,

A UNA GRAN COCINERA: CARMEN PENA ANDREU

Anoche durante el sueño falleció en Barbastro, en su casa, la madre de José María Gómez, Cuchi: Carmen Pena Andreu, viuda de Manuel Gómez, el emprendedor de la ferretería Gómez y el hombre que ponía los resultados del Tour y de otras carreras de ciclismo en la puerta de su establecimiento. Carmen murió a los 88 años. Llevaba algún tiempo enferma: había estado ingresada hacía poco en el hospital de San Jorge de Huesca pero remontó. Y ayer tomó la senda del adiós. Estuve en su casa hace dos o tres años, en su casa con piscina y con vistas hacia Barbastro. Era una mujer encantadora y hacendosa, capaz de organizar el mundo. Lo seguía haciendo a su modo, con la misma determinación, cuando había rebasado los ochenta. Era una gran cocinera: su máxima felicidad era cocinar para sus tres hijos (José Manuel, José María y José Enrique, y para su marido, que había fallecido hace algunos años, y fue un tiempo alcalde de Barbastro. ¡Cuánta vida, cuántos recuerdos, cuántas sensaciones! Un abrazo infinito para Cuchi y sus familiares. Hubo muchos amigosy familiares en el entierro: por allí andaban Javier Barreiro, Luis Alegre, Alfredo Domper, Manuel Vilas, Joaquín Coll, Mariano Gistaín (que emoción: los padres de Cuchi descansarán para siempre muy cerca de los de Mariano: Mariano y Josefina), Gonzalo y Ricardo Gómez. La lista sería infinita: Carmen Pena Andreu era querida por los suyos, por los barbastrenses, aunque ella había nacido en Graus, por el propio sacerdote, que recordó la amistad y las tertulias de antaño. La catedral estaba espléndida con su retablo de Damián Forment.

 

*Este mujer no es Carmen Pena Andreu. Es un retrato de F. W. Guerin.

DIARIO DE JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ: 'LIBRE DE LA TORMENTA', UN DIETARIO DE POETA


Hace unos días recibí un libro de Javier Sánchez Menéndez: poeta, editor, profesional del mundo del libro, dietarista nacido en Puerto Real, Cádiz, en 1964. Se titula 'Libre de la tormenta' y es un libro de esos que están llenos de reflexiones, de citas, de intuiciones, de la observación y también de la sinceridad. Javier Sánchez Menéndez es un poeta que busca, que sostiene que a veces un buen poema justifica una vida, un buen verso muchos días o un año entero, de aquí que la contraportada del volumen arranque así: "Escribir poesía es un juego de alto riesgo, un juego peligroso".


Selecciono aquí algunos fragmentos:


49. Mi 'dios' en el amor acaba como el verso: sonriendo.

99. La felicidad es una ola que muere en la orilla y la espuma el sentido común de la vida.

57. He dormido esta noche mirando la nieve. Las estrellas me han dicho que debo hacerme fuerte.

61. Hay un verso que viene encima de esta nube.

90. Nada es nunca distinto, pero todo es siempre diferente. Porque todo es mentira.

LOS COLLAGES DE IGNACIO MAYAYO

LOS COLLAGES DE IGNACIO MAYAYO

ÚLTIMOS DÍAS PARA VER LOS COLLAGES DEL MAESTRO MAYAYO
Hace unos días pasé a ver, de nuevo, la exposición de collages de Ignacio Mayayo por la Casa de los Morlanes. La muestra tiene el sabor de un juego, de una gran broma y es a la vez una vuelta de tuerca a la política, a la historia y al arte. No es fácil mezclar tantas cosas y hacerlo con tanta gracia, afán, denuncia e ironía. Ignacio Mayayo es muchas cosas: un gran dibujante, el pintor del Ebro, el pintor de los interiores del teatro de antaño (los días de El Grifo, tal vez), el dibujante incansable de Zaragoza y, además, es un señor con un notable sentido del humor. Hasta el domingo se pueden ver sus creaciones. El collage es uno de sus géneros favoritos: ahí parece sentirse muy libre y libro, capaz de ser burlón, poético, entrañable, procaz, capaz de ser cinéfilo o de ser, simplemente, el maestro Mayayo. Como tal como suele definir Pepe Cerdá. Eso sí, Mayayo le devuelve el piropo con donosura: para él Cerdá es Pepito. Vicente Almazán, ese caballero de imágenes que va y viene a la busca de criaturas, de arquitecturas y de instantes decisivos que no lo parecen, vio a Mayayo y le disparó. Y aquí está Mayayo en la cámara de Vicente.

TRES POEMAS DE ELOY S. ROSILLO

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO: TRES POEMAS DE ‘ANTES DEL NOMBRE’

Uno de los poetas que siempre me hace feliz, o muy feliz, es Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948). Un maestro de las pequeñas cosas de cada día, un maestro de la poesía contemplativa, de la memoria, del temblor de un pájaro en la rama, de los amores casi inadvertidos, de las sencillas mujeres que pasan o que te asaltan el recuerdo. Eloy Sánchez Rosillo acaba de publicar ‘Antes del nombre’ (Tusquets. Nuevos Textos Sagrados), lo compré ayer y anoche y esta mañana he leído casi todo el día. Excelente, sencillo, directo, transido de suavidad y de hondura. Copio aquí algunos poemas:

 

A MI MODO DE VER (Y DE OÍR)

 

De todos los misterios de la vida,

el mayor es el alba.

Y aún resulta más hondo

-aunque se dé en lo alto-

si cerca del lugar desde el que observas

cantan en alboroto, interrumpiéndose,

sin respetar sus turnos,

los gorriones.

 

NOCTURNO DE FEBRERO

 

Miro la luna sobre el mar tranquilo,

su reflejo en las aguas, plata viva.

La estela va siguiéndome,

acompaña mis pasos por la desierta orilla.

Qué misterio insondable ese reflejo,

que esté yo aquí y que esta noche exista.

 

DESPUÉS DE TODO

 

Si hay un hombre que acaso  como nadie

sabe de la alegría

-y digo que la sabe,

que la valora, porque muchos años

hubo en su pecho una profunda herida-

es quien hoy lo confiesa emocionado

en estas pocas líneas.