Blogia

Antón Castro

FERNANDO SARRÍA: UN DIÁLOGO

“‘El buril y la piedra’ es un libro de crisis”

 

Fernando Sarría publica su octavo poemario, que refleja el desencanto interior frente a la sociedad convulsa

  

Hoy es el Día Mundial de la Poesía. Fernando Sarría (Ejea de los Caballeros, 1957) se anticipó a la celebración. El miércoles de la semana pasada presentaba su octavo poemario, ‘El buril y la piedra’  (La fragua del trovador, 2013) en El Albergue de la calle Predicadores. Dice: “Un buril rasga mi corazón. / Soy una piedra”.

 

¿Cómo está organizado el libro?

-‘El buril y la piedra’ es un poemario que no tiene una organización interna predeterminada, un hilo conductor lineal. Es más, quizá se le pudiera achacar que adolece de eso,  ya que curiosamente es más bien una amalgama de poemas que se unen por sedimentación, por eso algunos temas vuelven a aparecer al cabo de varias páginas, entremezclándose unos con otros.

 

¿Cabría hablar de un mensaje específico?

-En conjunto es posiblemente un libro de crisis. Contra la crisis colectiva que desde hace tiempo empapa la sociedad creo que hay varias maneras de plantarse: unas buscan ser voz de las personas que salen a la calle, se manifiestan en foros, con pancartas, con pintadas en las paredes o cualquier otra manera de darse a entender contra las injusticias, todas muy loables por cierto y donde la palabra del poeta puede tener acogida...Yo, sin saber por qué, me he volcado en la introversión, en mirarme para dentro, plasmar preguntas que en realidad no son ajenas a nadie y que tienen que ver con las personas y la palabra como medio de comunicación de lo que nos pasa.

 

 

¿Ha querido componer un poemario sobre la soledad, la oscuridad, la contemplación?

-Hay mucha soledad en cada uno de nosotros. Quizás todo el poemario está hablando de ese yo que nos pregunta muchas cosas, cuando con serenidad nos abstraemos del resto de cosas exteriores, en un intento de contemplar en silencio,  percibiendo todo lo posible. Por ejemplo, cómo se suceden los acontecimientos atmosféricos y estacionales a lo largo del tiempo y como eso incide en mí.

 

 

Parece su libro más intimista. ¿Lo es?

-Pasa a ser el libro más intimista escrito por mí, es un hecho, porque creo que en este poemario sobre todo hablo para adentro en casi todos los poemas. Yo soy fundamentalmente el lector y el que habla: “Descanso y callo. / Cierro los ojos, apenas perceptible y mansa / cae la lluvia, deja heridas y lumbre en mi corazón”. Aunque es verdad que muchas personas que lo han leído se ponen en uno de los lados.  Así, es posible un diálogo más intenso entre el que escribe y el que lee.

 

¿Cómo está escrito en cuanto a lenguaje ‘El buril y la piedra’? ¿Cuál es su relación con el lector?

El lenguaje, en cuanto a vocabulario y estructura,  es sencillo, y quizás sea la búsqueda de  imágenes lo que más puede impactar en el lector que coja el libro y llegue a mis poemas por primera vez, y en ellas, en las imágenes, puede residir la única dificultad; pero aún así, el que tenga costumbre de leerme en las redes sociales estará familiarizado con ellas suficientemente.

 

Este es su octavo libro. ¿Cómo cree que ha madurado?

Decir si hay una maduración poética o no es complicado; pero sí es evidente un cambio en cuanto a lo que he buscado (o simplemente he encontrado), también en mi posición ante determinadas cosas. Lo cual quizás implique que estoy cambiando en mis posiciones poéticas o en mi manera de escribir. Sencillamente voy escribiendo sobre lo que en cada momento necesito y cómo lo necesito: “Escribo en el agua un nombre borroso / y me inundo de todos los recuerdos / en el breve instante en que vuelvo a ser arena”.

JULIO ESPINOSA: UN DIÁLOGO

“La poesía es una forma de estar en el mundo”

 

Julio Espinosa Guerra, poeta chileno afincado en Zaragoza, presentaba hace unos días su nuevo poemario: ‘La casa amarilla’ (Pre-Textos), dedicado a la memoria de su padre

Julio Espinosa Guerra (Santiago de Chile, 1974) inaugura mañana en Puerta Cinegia la nueva sede de la Escuela de Escritores de Zaragoza. Allí se presentará su poemario ‘La casa amarilla’, que publica Pre-Textos. Arranca así: “Recolecto los frutos de la memoria bajo el manto de la nieve”.

 

¿Cómo nace ‘La casa amarilla’, cómo está conformado este poemario que recibió el premio ‘Villa de Cox’ en Alicante?

-El libro está escrito en versículo/prosa poética. Son trece poemas largos que conforman un todo. ‘La casa amarilla’ era la casa de mi infancia, en una zona semirural, en la pre-cordillera de Los Andes. El libro/poema está dedicado a mi padre, que murió en febrero de 2011. Lo concluí en febrero de 2012.

 

 

¿Cuáles son sus temas?

Lo escribí jugando con el recuerdo y la ficción, intentando sacar de las palabras esas sensaciones, esos aprendizajes de mi niñez, todo lo que me dio mi padre. Construyo una casa amarilla que no es la original, pero que la rememora. El objetivo es que el lector entre en ella y descubra su propia casa. Así, es un homenaje a mi padre y a la niñez, pero también a los padres y las niñeces de todos.

 

 

¿Cómo está escrito desde la atmósfera, el uso del lenguaje y el poso filosófico que hay en él?

-La poesía es una forma de estar en el mundo, de instalarse en él. Te hace mirar de otra forma las cosas, de leerlas sin el peso de la palabra cerrada como un candado. La poesía abre la perspectiva y permite volver a sentir las cosas: de pronto el mundo aparece frente a los ojos y ya no es más el lugar común del uso constante de las mismas palabras. La poesía, de este modo, refresca el lenguaje y nos permite acercarnos a experiencias y situaciones olvidadas, nos regala el estremecimiento de la primera vez.

 

¿Qué lugar ocupa la poesía en su vida y en su trayectoria? 

-Y sí, escribo mucho, pero menos de lo que me gustaría. Al final uno escribe porque quiere mostrar algo a los demás, algo que uno “ha leído” del mundo, ha bebido y piensa que quizá los otros no. Es una propuesta estética y también ética. Novela y poesía, así, van de la mano. Dos senderos que se bifurcan para volverse a unir y, luego, volver a bifurcarse, que se potencian mutuamente, se enriquecen, y nos permiten presentir más y mejor todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

 

 

ÁNGEL GUINDA, SOBRE 'RIGOR VITAE'

Ángel Guinda es uno de los grandes poetas españoles. A menudo demasiado inadvertido. Acaba de publicar ’Rigor vitae’ (Crueldad de la vida) en Olifante. Uno de esos poemarios que contienen un descenso al infierno de la vida y de la imaginación. He aquí un diálogo sobre el libro.

Ángel Guinda: "Escribo para no morir"

 

- Ángel, Premio de las Letras Aragonesas, Premio Imán por su creación literaria, felizmente jubilado, parecía que debías estar muy feliz. Eras querido, elogiado reconocido…Y sin embargo…

Estoy feliz conmigo mismo y soy feliz en mi vida privada. Pero me torturo al empatizar con los afectados por una situación de desgracia individual  injusta, alarmante e impuesta por un sistema bestialmente egoísta, descerebrado e inculto que pretende hacerse fuerte esclavizando a los frágiles; sabiendo –por enseñanza de Nietzsche- que los fuertes son los deleznables y los frágiles son los fuertes.

 

- ¿Qué pasó por tu cabeza y por tu pluma en los diez meses de Rigor vitae?

En primer lugar esta pregunta incriminadora de Jean Baudrillard: “¿Qué hace usted con la realidad de la miseria, del sufrimiento y de la muerte?” En segundo lugar la confianza en la capacidad del lenguaje poético para subvertir el desorden actual de las cosas, creer en la fuerza metafórica para reinterpretar el mundo. Gritar que la verdad aún no es mentira, demostrar que la mentira nunca será verdad. Y llevar a la práctica este lema que se me apareció: “Goya pintó los desastres de la guerra, yo cantaré los horrores de la paz”; porque estamos viviendo una globalizada y silenciosa manifestación  permanente de paz violenta que nos inyecta sobredosis de resignación estéril.

 

- ¿Cambió tu percepción de la poesía o de la vida en este tiempo?

Por supuesto. Cuando la realidad es tan brutal, inútil o aniquiladora de  inteligencia, sensibilidad, dignidad, memoria y conciencia; cuando el Poder –paradójicamente tan débil, interesado e ineficiente- se ha apropiado cínicamente del valor de expresión y comunicación de la palabra, el escritor debe poner su imaginación al servicio de los demás para rehabilitar el lenguaje, para renombrar las cosas hacia una nueva y mejor realidad moral que resuelva el conflicto de destrucciones entre la realidad evidente y la realidad virtual.

 

- ¿Cuáles son las claves de este libro, por qué hay tanta tiniebla, tanta sombra? Parece el libro de un viaje al infierno del que se regresa seriamente tocado, gravemente enfermo…

El poeta se identifica con el sufrimiento, con la caducidad de todo: “el mal de las flores, que es su marchitar”. Hay palabras que se repiten a modo de claves: luto, humo, fronteras, clavos, tornillos, mazo, sombras, hienas, tenias o solitarias, serpientes, cuervos, búhos, lechuzas, leonas, búfalos, guepardos…Hay una visita dantesca al Purgatorio en la Tierra (“donde tantos sufren y otros miran sufrir”), en una atmósfera de “Rigor vitae” o “crueldad de la vida” para los vivos resistentes, aquellos para quienes la vida es un secuestro y nunca han visto al Secuestrador (¿Dios, la fatalidad de haber nacido?

 

- ¿Querías describir lo terrible, el terror de estar vivo?

Durante los últimos años vivo y escribo con una sensación de abismamiento interior con respecto al vacío exterior. En ese abismamiento coinciden el dolor personal de ese unamuniano sentimiento trágico de la vida y el dolor cívico por el prójimo que resiste pacíficamente el acoso violento de un presente oscuro y al más incierto y negro futuro sin perspectivas, sobre todo para jóvenes y ancianos. ¿No es esto aterrador?

 

- Perdona la frivolidad: ¿qué le debe este libro a la crisis? Hay ecos claros en varios poemas: “Los inmigrantes”, “Entre quitamiedos…” o “Concatenaciones”.

La primera sección del libro (“Cantos del luto”) es una reacción de vitalismo hostil contra la crisis económica, de valores, de conocimiento e identidad del ser humano desamparado, ahogándose en medio tanta suciedad social, política, económica, religiosa, institucional.

 

 

 

- Dices: “Uno pasa la vida persiguiendo sombras”. ¿Eres un perseguidor de sombras?

En una civilización decadente, en un mundo y un tiempo inseguros, la paz, la felicidad, el amor, la cultura, se convierten en sombras de sueños inalcanzables. Debemos perseguirlas y aniquilarlas para volver a instalarnos en la energía de la voluntad, del esfuerzo, de la quimera y de la utopía.

 

- También te retratas, o al protagonista de tus poemas, como un hombre de humo. ¿Por qué?

El protagonista de los poemas es el poeta mismo. El humo aparece como símbolo de la fragilidad, de la evanescencia, de lo efímero, de la caducidad de todo frente a la nada. Durante toda mi vida he fumado y fumo demasiado, vivo en una nube de humo: aquí está el referente real.

 

- ¿Es este tu libro más existencialista y desgarrador, tienes la sensación de que nunca habías descendido hasta un pozo tan profundo de desesperación?

Mi poesía siempre ha sido existencialista, y ahora todavía más. En momentos de insultante superficialidad, de caída del ser humano en la banalidad anuladora (ya lo percibió Heidegger), hay que profundizar en el pensamiento, en los sentimientos, en las emociones con afán regenerador, rehumanizante, por más que pensar cueste lo impensable, por más que tanto profundizar nos hunda.

 

- ¿Cómo dirías que es aquí tu forma de rebeldía, de protesta?

Una insurrección del lenguaje, dar a la palabra poética el mayor protagonismo posible: hacer de ella una religión, una política, un exilio, un destino, una pasión por la que permanecer vivos, un escudo, una estrategia guerrillera de autodefensa y agresión a cuanto nos agrede.

 

- ¿Has dejado de creer en la política y en la Historia?

Me he anarquizado más. Pero como demócrata inocente necesito seguir creyendo en la política como medio de defensa de los derechos de las personas, como instrumento para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Y necesito creer en la Historia como espejo en el que el individuo y los pueblos reconozcan sus orígenes, su pasado, y así comprendan el presente en el que se encuentran y el futuro al que se proyectan. Otra cosa es que me sienta invadido por un desengaño que invita a desertar de la política y de la Historia por culpa de políticos corruptos e historiadores parciales: hacia unos y otros mi condena total.

 

A veces he tenido la sensación de que eres un romántico sombrío, un expresionista desolado, un hermano de leche de desgarraduras de Cioran y de Víctor Mira…

Milito en el romanticismo como revolución aún no agotada, y también en cierto expresionismo torturado que exagera y distorsiona los hechos para conseguir el máximo impacto emocional. Las vidas y obras de Cioran y de Mira forman parte de mi imaginario cultural.

 

¿Cómo se puede sostener durante tanto tiempo la intensidad poética, la búsqueda de lenguaje, la conciencia del arte en esta vecindad de la muerte?

Aceptando el destino poético por el que uno se siente requerido y la creación de lenguaje como venganza contra la desaparición que nos impone la muerte. Acaso escribo para no morir, aunque me deje la vida en lo que escribo.

 

¿Sería, no, la muerte el tema de este libro?

El tema principal. La agonía o lucha del superviviente ante la decidida y perenne acechanza de la muerte. Todos convivimos con la muerte.

 

 

 

 

¿Has querido hacer una elegía a ti mismo o conjurar la tentación del suicidio?

El libro contiene una elegía al mundo en esta época opaca y una elegía a mi propio mundo personal en los inicios de una salud precaria, degradación y acabamiento. Respecto al tema del suicidio (presente en mi poesía desde sus comienzos) mi instinto de conservación, pese a la tendencia autodestructiva, me recuerda estas palabras de Cioran: “Quien no ha pensado nunca en matarse se decidirá a ello mucho antes que quien no deja de pensar en ello”.

 

Dices que eres un desertor de este mundo. ¿Qué salvarías, existe algún mensaje de esperanza en este libro?

- El triunfo del lenguaje y de la Naturaleza. El mensaje esperanzador que incita a huir de toda negatividad: “¡Escapar! Siempre hacia lo irreal, siempre hacia lo imposible. ¡Y escapar después de la escapada!”

 

 

ÁNGEL GUINDA: VIDA Y CRUELDAD

[Ángel Guinda publica un nuevo poemario en Olifante, ‘Rigor vitae’. Esta es la sinopsis de un nuevo y ambicioso proyecto de alguien que vive la poesía con una intensidad muy especial. Vida y poesía, belleza y dolor fundidas. El libro se el próximo mes de abril, a las 19.30, en el Palacio de Sástago.

Dice la sinopsis:

 

[Olifante Ediciones de Poesía inicia la Segunda Época de su primera colección con el libro (‘Rigor vitae’), de Ángel Guinda, que el autor traduce como (‘Crueldad de la vida’). Soliloquio en tres secciones: “Cantos del luto”, “Las islas siempre esperan” y “El mal de las flores”, respectivamente centradas en la vida severa –particularmente de la actual época opaca-, la perenne caducidad del amor y la inminencia de la muerte. En un reto de convertir la forma en fondo, la estructura de los textos experimenta con la respiración del mensaje mediante el silencio del interlineado, la sustitución de palabras por símbolos o la convivencia de géneros poético, narrativo y dramático.]

He aquí dos poemas, por cortesía del amigo y gran poeta.

 

YO NO PUEDO ESCRIBIR en el aire.

 

(Intuición es una ventana con los cristales limpios.)

 

Yo no puedo escribir en el crepúsculo.

 

(Iluminación es la ventana sin cristales.)

 

Yo no puedo escribir en el fuego, en el vapor, en la espora.

 

(Visión es aparición ojos adentro.)

 

Ni creo que el vuelo del tordo sea un papel de calco.

 

(Goya pintó los desastres de la guerra. Yo cantaré los horrores de la paz.)

 

¡Cantaré! Con los seis ojos de los abulones, con las castañuelas de los rastrojos en llamas, con los cencerros del ciclón. Espoleado por el caos.

 

¡Entonaré el duelo de esta época opaca por la brutalidad, las retinas desprendidas del hostigamiento y el aspa tartamuda de la aflicción!

 

(Tengo miedo cuando abro los ojos.)

 

 

 

 

ARDER

 

 

No arde el papel en lo que escribo,

arde lo que me escribe como una delación.

 

¿Arde el silencio que me llama?

 

Arde la señal de la cruz.

 

Escalera de agua a las estrellas,

arde el desasosiego en las pirámides de mis pómulos.

 

Arden las palabras que rebotan dentro del poema

como una sordera de pintura rupestre.

 

Arde la catástrofe en el bosque del papel.

 

Arden los océanos como un disparate.

 

“Arde el incendio del sol.”

 

Juana de Arco, Servet, Giordano Bruno siguen ardiendo.

 

¡Arder, arder!

 

(Ser humo contra el viento.)

 

*La foto de Ángel Guinda es de Lara Albuixech. Se puede ver aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-d5139609c6a307820b2e5f678837cdf4.jpg

BEBO VALDÉS... Y ZARAGOZA TEMBLÓ

 

El Auditorio de Zaragoza cumplirá veinte años en 2014. Es, tal vez, el mejor equipamiento cultural del siglo XX en Aragón. En 2008, en uno de sus camerinos, aparecieron Bebo y Chucho Valdés. Iban a ser objeto de una entrevista. Habían estado ensayando para un concierto de jazz y de música latina. En la estancia había un piano: lo vieron, se sentaron y empezaron a tocar. Improvisaron: desde ‘Lágrimas negras’ a ‘De dónde son los cantantes’. No decían ni una palabra: sonreían. Padre e hijo se miraban de vez en cuando, Bebo con su eterna sonrisa de azúcar y de bondad, Chucho, con su gorra blanca y su aire de grandullón displicente. Tocaron como si nada más de quince minutos. El operador de cámara de ‘Borradores’ lo recogió todo: el sonido, el movimiento de aquellos veinte dedos que concentraban la melodía esencial del mundo, las sonrisas, el movimiento de los hombros y las cabezas; el operador, tan asombrado como la cámara, captó incluso la perplejidad de los espectadores: una realizadora, dos periodistas, las gentes del Auditorio. Aquello se había convertido en un festín de sonidos. Dos hombres, padre e hijo, juntos y sentados al piano. Recuperaban sensaciones de antaño, los días perdidos, mitigaban incluso sus diferencias políticas: Bebo se había ido de Cuba porque se había negado a delatar a un compañero y había hecho su carrera alrededor del mundo, con base y amor en Suecia; Chucho era uno de los embajadores más célebres de Fidel. Entonces nadie pensaba en eso. Era tal la comunión, era tan inefable la emoción, que todos estábamos transidos. Dijo Bebo, que acaba de morir: “¿Es que nadie nos va a preguntar?”. Esa noche, con dos pianos, provocaron otro milagro de Candeal: Zaragoza tembló.

 

HOMENAJE A MARIANO CARIÑENA

HOMENAJE A MARIANO CARIÑENA

[La noche del sábado al domingo fallecí en Zaragoza Mariano Cariñena Castell. Hoy, miércoles 27, recibe un homenaje en el Teatro Principal de Zaragoza: el hall pasará a llevar su nombre. Cuelgo aquí uno de los artículos que le dediqué el lunes.]

 

 

Mariano Cariñena:

adiós al creador total del teatro de Aragón

 

Muere a los 80 años el fundador del Teatro de Cámara y del Teatro Estable, un humanista integral que fue actor, director, escenógrafo y pintor

 

 

 “Le dio un ataque por la mañana, lo ingresamos con toda rapidez y falleció al anochecer. No se enteró de nada”. Así explicaba Marisol Albiac, esposa, compañera constante y diseñadora de vestuario del Teatro Estable, el adiós de Mariano Cariñena (Zaragoza, 1932-2013), uno de los personajes claves del teatro aragonés del último medio siglo. Era un humanista integral: se educó en el Colegio Alemán, luego en Jesuitas; realizó estudios de Arquitectura y de Pintura en Barcelona durante tres años, llegó a exponer en la sala Libros de Víctor Bailo, y estuvo un curso completo en París, en la Escuela de Beaux Arts, un período que aprovechó para descubrir al poeta Paul Verlaine, al novelista Roger Martin Du Gard y al cantante Georges Brassens, aunque el músico de su vida era Paul Hindemith.

Hijo de médico y militar y de una mujer refinada que tocaba el piano, que tuvieron seis hijos, solía decir que se había aprendido el ‘Claro de luna’ de Beethoven como quien aprende un poema. Fue un niño y adolescente de calle, en los alrededores de la plaza de Los Sitios y del río Huerva, y pronto se convirtió en un espléndido deportista: él y su amigo Jaíto ganaron varios campeonatos de natación de Aragón. Más tarde jugaría al tenis y recordaría algunos choques con el catedrático Francisco Ynduráin, en pelota a mano. A principios de los años 60 se asentaría definitivamente en la ciudad y se vincularía al mundo del TEU de Juan Antonio Hormigón, a David Giménez, a Federico Torralba y a Ángel Anadón.

En 1961 creó los decorados de ‘El embrujado’ de Valle-Inclán. Allí descubriría algo que le interesó mucho: el espacio escénico, la carpintería teatral, la elaboración de escenografías. En 1963 fundaría el Teatro de Cámara, que será muy determinante en su carrera. Realizará montajes de Azorín, de Oswaldo Dragún, de Max Frisch, de George Bernard Shaw o el ‘Retablo de la lujuria, la avaricia y la muerte’ de Valle-Inclán, pero también adaptará piezas de Ionesco o de Fernando Arrabal, que será uno de sus autores de cabecera, sobre todo de su nueva compañía, el Teatro Estable, que fundó en 1971, y que contará con actores tan importantes como Eduardo González, María José Moreno, Luisa Gavasa, Balbino Lacosta... Mariano Cariñena, como lo serían Pilar Delgado, Pilar Laveaga, Mariano Anós o Paco Ortega, ha sido un maestro de actores: son muchos los que descubrieron la complejidad de las tablas a su lado.

 Cariñena concurrió con su formación, en 1966 y 1967, a los Festivales de Teatro Nuevo de Valladolid. Allí estrenaron una pieza que siempre ha sido una debilidad para Cariñena, “tal vez la primera pieza de teatro moderno”: ‘Woyzeck’ de Georg Büchner. El teatro ha sido una forma de interpretación de la realidad para Cariñena. Y una forma constante de crítica, de intervención social y de posicionamiento marxista. Solía decir que él se había hecho seguidor de Marx a través del teatro. Gracias a sus estudios en el Colegio Alemán y a las clases que le dio el profesor de filosofía Benno Hübner aprendió alemán, y tradujo a Bertolt Brecht y a su discípulo Peter Hacks.

La lista de montajes es enorme: ‘Los mercenarios’ de Torres Naharro en 1972; ‘Oficina de horizonte’ de Miguel Labordeta en 1977; la ‘Comedia tesorina’ de Jaime de Huete en 1979; ‘A puerta cerrada’ de Sartre en 1986 o, entre otras, ‘Enrique IV’ de Luigi Pirandello en 1990.  También llevó varias obras suyas a la escena como ‘Fábula de la fuente y la raposa’, ‘El cuento al revés’ ‘De brujas, moras y diablos’. Montó espectáculos con la Escuela de Teatro, a la que dirigió durante casi veinte años, hasta su jubilación en 2002, y con Pingaliraina. Lo hizo casi todo: fue autor, actor, traductor, adaptador, cartelista, escenógrafo y director. Y era un estudioso y un investigador del contexto de cada pieza: solía decir que cada obra nacía de un trabajo que tenía algo de tesis doctoral, y de citas con historiadores universitarios y profesores como los citados Ynduráin y Hübner, Juan José Carreras o José-Carlos Mainer.

Mariano publicó varios de sus textos en el sello Arbolé, participó como actor en ‘Johannes’, un corto de carácter místico y poético de Graciela de Torres, y recibió diversos homenajes. En 2004, el Centro Dramático de Aragón publicó el libro ‘Conversaciones con Mariano Cariñena’. Allí este hombre total de teatro, zaragocista hasta la médula, que será enterrado en la intimidad, decía: “El teatro ha sido mi vida y en cada nuevo montaje he intentado ir algo más lejos. Aprender, mejorar, arriesgar y emocionar”. La creación ha sido su mejor estímulo.

 

*Las fotos de Mariano Cariñena las tomó José Miguel Marco. 

CINCO LIBROS, CINCO AUTORES

España vive uno de los mayores desconciertos políticos de la democracia. Felizmente, en medio del caos, la gente sueña y apuesta por una ejemplaridad más inadvertida. 

 

 

Algunas emocionantes formas de amor y rebeldía

 

 

Los EREs, Bárcenas, los dos jueces que se pelean entre sí, Ponferrada y el escándalo de Blanco, y los ominosos secretos de la financiación del PP lo dominan todo. España se ha convertido en un país inverosímil y carpetovetónico. Aragón no anda a la zaga: resulta soez que unas Cortes se otorguen privilegios de los que carece la ciudadanía. Pero hoy no vamos a escribir de esto, sino de otros protagonistas, de distinta ejemplaridad.

Empezaré con Sergio del Molino y con su libro ‘La hora violeta’ (Mondadori), uno de estos textos que te dejan sin aliento: cuenta la conmovedora historia de su hijo Pablo, describe un estado inédito en casi todos los manuales, el de los padres huérfanos, habla de la inmensa ternura y profesionalidad de las oncólogas, y de la vocación esencial de un ser humano que, en la mayor adversidad de la vida, se siente, además, literatura.

Ignacio Martínez de Pisón es objeto de un monográfico de ‘Turia’: Pisón es el narrador natural, el ciudadano tranquilo, el talento que fluye. Sus libros nacen de la vida, sin imposturas y sin ningún arrebato apocalíptico. Es el escritor que no va de nada, que asimila las lecciones de la historia y que sufre a diario por el destino del Real Zaragoza.

Antonio G. Iturbe es escritor y periodista de Casetas, emigrado a Barcelona. Ha alcanzado el éxito con una novela inspirada en hechos reales: la historia de la niña de Praga, Dita Kraus, que  fue recluida en el campo de concentración de Auschwitz; allí, con ocho libros y con la complicidad de un judío extraño, logra crear un refugio especial para los niños en la barraca 31. En ‘La bibliotecaria de Auschwitz’ (Planeta) la vecindad de la muerte se amortigua con las palabras y los sueños.

Antonio Pérez Morte (1960-2013) estaba muy feliz con un nuevo poemario: ‘Cuerpos de luna’ (Celya), pero un infarto inesperado puso fin a sus días. Ahora nos llega ese libro de amor, de deseo, de recuento, de exaltación de la amada (Ana) y del paisaje, un libro vibrante donde se lee: “Despertar contigo. / Ser testigo de la primera sonrisa / en tu rostro somnoliento. / Compartir el deseo / de inventar cada mañana la vida / y detener juntos el tiempo”.

David Mayor, poeta y profesor, publica ‘31 poemas’ (Pre-Textos): un libro sobre el viaje interior y exterior de alguien que busca la palabras precisas para hablar de sí mismo, de lo que ve y de lo que sueña, y para recordar a su fallecido padre: David acudió a la presentación en Antígona con una camiseta que había usado su progenitor, futbolista del Huracán, y con sus zapatos. Si eso no es amor...

 

*Este artículo se publicó el lunes en Heraldo de Aragón. Tomo la foto de David Mayor de https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-bdf8005f45699504aed0c851121d8d56.jpg

UN AÑO DE 'POR AMOR AL ARTE'

‘Por amor al arte’ cumple un año en Aragón TV
 
El programa cultural de la televisión autonómica celebra este sábado su primer aniversario en emisión con entrevistas a María José Cabrera, pregonera de la Semana Santa de Zaragoza, y Lina Vila, dibujante y grabadora.  
 
‘Por amor al arte’ celebra este sábado su primer año de emisión en Aragón TV con un programa lleno de Pasión, que tendrá como invitadas a dos grandes mujeres. Por un lado, la periodista y maestra de periodistas María José Cabrera, que se convertirá unas horas más tarde en pregonera de la Semana Santa de Zaragoza. Gracias a la compañía de esta invitada de lujo – colaboradora habitual en las retransmisiones que Aragón TV organiza en estos días de Pasión-, el espacio ahondará en la historia y la cultura que rodea a esta antigua tradición tanto en la capital del Ebro como en el resto de la comunidad.
 
Por el otro, la pintora, dibujante y grabadora Lina Vila. La autora, cuya obra ha sido expuesta desde Aragón a Alemania, expone estos días en el Espacio Valverde de Madrid, con una colección que supone su regreso a la pintura y una forma de duelo por su compañero perdido, todo un personaje de la cultura aragonesa: su querido Félix Romeo.
 
Además, como cada semana, los colaboradores del programa dejarán su poso especial. El espacio de cultura de Aragón TV abre cada semana una ventana a los creadores de esta comunidad, al cine, la literatura, el teatro, la danza, el diseño y las artes plásticas. Adriana Oliveros presenta este espacio que produce Zeta Audiovisual Aragón para la televisión autonómica y que se emite los sábados entre las 12:10 y las 13:00 horas y que acerca el “enorme caudal creativo que genera esta tierra” a través de entrevistas y reportajes.
 

ENTREVISTA CON ADRIANA OLIVEROS

 
“Entrevisté a Carmen París con mi vestido y unos imperdibles”
 
P.- Cada sábado tratas de hablar de cultura pero sin solemnidad ¿es eso posible?
 
Desde luego… La cultura es pura energía. Es alimento para el alma y para el cerebro. Y es todo color. Yo creo que es necesario airear la cultura y sacarla de los círculos cerrados y los compartimentos estancos para que respire y para que todo el mundo pueda respirar de ella. Estoy convencida de que por lo general, la gente tiene ganas de aprender, de conocer… Si queremos que la gente participe del hecho cultural, debemos hacerlo accesible.
 
P.- ¿Como ves el panorama cultural de Aragón?
 
Es un mundo lleno de gente con ganas de hacer, de crear, con imaginación… Incluso ahora, con las cosas muy difíciles, ellos buscan caminos para poder sortear las barreras. Cuando conoces a cerca de los agentes de la cultura te das cuenta de que, en el fondo, son un colectivo de pequeños emprendedores, de empresas chiquititas con ganas de sacar adelante su sueño, por difícil que sea… Y muchas veces lo hacen, como titula el programa, Por amor al arte… Carmen Gil, redactora nuestra, hace cada semana una sección de “Oficios del arte” que nos demuestra esto mismo. La cultura también es un motor económico.
 
P.- ¿Se conoce a nuestros artistas fuera? ¿Se venden bien?
 
Yo creo que a ellos se les conoce, pero nosotros no sabemos presumir de ese hecho. Nosotros no sabemos, en algunas ocasiones, la altísima valoración que fuera de Aragón se tiene de algunos creadores… Esto pasa en la cultura y en otros muchos sectores. Es un problema de base del que adolecemos los aragoneses: tenemos imaginación, capacidad de trabajo, espíritu de superación, ingenio… Y, pese a todas estas cualidades, nos falta creérnoslo.
 
P.- En un año han pasado por el plató muchos invitados ¿Con qué momento te quedarías?
 
Hay muchos. Me encantó tener a Javier Tomeo, como lectora… Y a Fernando Lalana: aún conservo el ejemplar que mi padre me regaló siendo niña –segunda edición, del 83—de “El secreto de la arboleda”… Pepe Cerdá y su ingenio, la gente de los festivales, que siempre te llena de energía... Cada programa aprendemos algo. Sin ir más lejos, la visita de María José Cabrera esta semana fue para mí maravillosa, porque como periodista que soy la considero una maestra…
 
P.- Cuentas con dos colaboradores de lujo. ¿Qué aportan al programa Luis Alegre y Antón Castro?
 
No sólo son maravillosos. Es que además son generosos, divertidos y hacen el trabajo muy fácil. En realidad, son más que colaboradores. Ellos tienen su espacio donde crean a sus anchas. Yo no me atrevería a intervenir en el trabajo de Antón que, de literatura, sabe mil veces más que nadie del equipo… Y eso por no hablar de Luis. Tiene una genialidad incontrolable. Y mira que la directora lo intenta (risas)…
 
P.- En televisión todos los programas son necesariamente “de equipo”. Por las características de este espacio, por la cantidad de áreas que abarcáis es fundamental que funcionéis de una forma coordinada.
 
No sólo hay que trabajar de una manera coordinada. Es importante ser permeable a las ideas y no dejarse vencer por la rutina que siempre es el gran enemigo de los programas “estables”… Y echarle imaginación ya que los presupuestos ajustadísimos nos afectan a todos, también en la televisión, aunque el espectador piense a veces que este es un mundo a todo color… Nosotros tenemos un equipo de gente muy polivalente. No hay nadie que haga solo una cosa, desde la directora, Montse Alcañiz, al realizador, José Manuel Calles, pasando por Belén Herrero, que produce a mil por hora.
 
P.- Han sido muchas grabaciones… ¿Alguna anécdota en este tiempo?
 
Todas las del mundo y más. Empezando por el hecho de que estrenamos dos meses después de una maternidad mía (la vida es así y hay que adaptarse), con todo que esto supuso... Con Carmen París sufrimos la anécdota del año. Es una gran despistada y vino de estar por casa, pensando que era una entrevista de radio… Como es una todoterreno, se colocó un vestido mío que le venía mil tallas grande sujetado con imperdibles, las botas de la productora, la chaqueta de no sé quién y encima estaba guapísima… ¡Es un fenómeno de mujer!
 
 
P.- ¿Qué nos espera en el futuro?
 
Espero que mucho más aprendizaje… Muchos más sábados de saberes con sabor. Mucha documentación para cada una de las entrevistas. Y siempre algo nuevo en el horizonte. En este programa siempre estamos estrenando algo. Una sección o un espacio para cortometrajes de la tierra, como los que se están emitiendo durante esta temporada después de cada programa. Creo que nos contagia el ambiente; nos contagian los invitados…  Al fin y al cabo, esto es Por amor al arte.

 

*Esta información la remite el servicio de prensa de Aragón Televisión.