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Antón Castro

LAFARGA, DESDE HOY, EN CAROL ROJO

LAFARGA, DESDE HOY, EN CAROL ROJO

[Esta tarde, a las 20.00 horas, en la galería de Carolina Rojo, se presenta la exposición ‘Pequeño’ de Paco Lafarga. Admirador de Enrique Bunbury, sonarán canciones de ese álbum. La muestra alude a los pequeños formatos, a los dibujos: desnudos, retratos, interiores, paisajes, sueños. El mundo de Lafarga, que tiene un gran talento. Pongo aquí el texto que le he escrito. Lafarga, casado con Ana Pilar Herrero, vive en Utebo y ahí trabaja, ahí y en su estudio de Zaragoza.]

PEQUEÑO. Exposición de dibujo de Paco Lafarga. Fechas: 18 de abril al 26 de mayo

 

PACO LAFARGA

LENTITUD, BELLEZA E INTENSIDAD

 

Antón CASTRO

Hay artistas muy especiales que se enfrentan a su oficio como si estuvieran en otro mundo. Y por ello están volcados con la invención, con la manufactura, con las sensaciones, con la búsqueda. Paco Lafarga (Zaragoza, 1977) es un perfeccionista y un buscador de estados de ánimo, de revelaciones. Le gusta derramarse en pura emoción, en lentitud, en belleza y en intensidad. Para él, en la pintura o en el dibujo la vida va completamente en serio: late, se encrespa y se enmaraña entre la agonía y el éxtasis. No hay medias tintas. O quizá haya medias tintas, colores más suaves aquí y allá, tinieblas y claridades dibujadas con el puro blanco del papel, pero lo que no hay es negligencia, abandono, caídas.

Paco Lafarga se enfrenta a su oficio como si cada cuadro fuese el último, o como mínimo el penúltimo. Y eso explica su forma de trabajar  y su forma de vivir la pintura. Pintura y vida en él son casi lo mismo: dos incidentes esenciales del ser, dos accidentes íntimos del alma y sus vahídos. Uno pronto percibe lo que le gusta, lo que ama, lo que anhela: quiere que en cuanto ejecuta haya temblor, verdad, el arabesco definitivo de un corazón vapuleado por la incertidumbre. Se arriesga. Ensaya. Se entrega. Uno percibe que viene de clásicos incuestionables: de Rembrandt, claro, que quizá sea el pintor que le embruja, el pintor, el dibujante, el grabador, el creador constante de cuentos de pintura y de representaciones artísticas. El pintor subyugante. Y de Goya, y de Pradilla. Y de Velázquez, de Durero, claro, y quizá de Morandi, fíjense en esa minuciosa búsqueda de una tensión casi antigua, de los románticos y de los modernos. También tiene otros ecos: le gusta Lucian Freud, y esa piel que parece haber sido erizada por el dolor o por un tormento inconfesable de amor, sexo y locura; le gustan David Hockney y Antonio López. Ha asistido a cursos del artista manchego, ha trabajado cerca de él y ha visto las claves del maestro: la paciencia, la vocación, la sedimentación de la luz de todas las horas, la vocación que es casi ritual y posesión. Y sentido de la trascendencia. En cierto modo, a veces, en esos raptos de confusión o de felicidad ante la genialidad del pintor parsimonioso, Paco Lafarga se queda traspuesto, vencido hacia la hermosura elaborada rasgo a rasgo, trazo a trazo, con el silencio inefable.

Paco Lafarga es, ante todo, pintor. Pintor. Con todo lo que eso conlleva. Pintor figurativo. Interpreta la realidad, la crea, la compendia y la traduce a su modo. Pero ahora acaba de dar un salto. Un pequeño salto que tiene el marchamo de un gran salto. ‘Pequeño’ es la ratificación de un mundo: Lafarga ofrece una amplia selección de dibujos de diversos tamaños. Dibujos pequeños que invitan a la intimidad, dibujos medianos, algunos dibujos grandes, no demasiados. Dibujos que son el espejo de su universo en expansión. Y de sus temas: paisajes, interiores, interiores despojados o metafísicos o con un desnudo dentro, instantáneas casi hiperrealistas, bodegones, figuras en la piscina, cuerpos, paisajes abiertos que avanzan hacia el horizonte, paisajes casi abstractos y oníricos, y babuinos. Paco Lafarga trabaja por intuiciones: se deja arrastrar por percepciones inmediatas, por imágenes que intuye, que sueña, que le persiguen, como la de la niña en la piscina, como esas naturalezas que parecen grabados holandeses o esas mujeres tranquilas y confiadas que se asoman a la ventana o que muestran su trasero. Dice que no hace hiperrealismo ni pretende ser un pintor hiperrealista, aunque haya rescatado antiguas fotos, aunque casi todos sus dibujos tengan una mirada fotográfica y un aroma intemporal y moderno, donde, además, se “explora el valor del papel en blanco”.

A Paco Lafarga le gusta decir que para este proyecto, que tiene mucho de aventura y de ensayo, ha trabajado en cuerpo y alma, sin fechas. Volcado hasta la extenuación y a la vez entregado al puro placer de pintar, de jugar con el lápiz y el carboncillo, sin un camino trazado. Improvisando más que nunca: en el asunto, en el tratamiento del dibujo (si hay que rascar se rasca; si hay que crear una atmósfera suave se difumina; si se adivina un camino allá se va, por él y entre sombras...) y en la expresión o en la expresividad. Paco Lafarga se siente aquí más expresionista que nunca, más libre, como si encarase ejercicios de estilo, pruebas que no sabe adonde llegarán y que son, en el fondo, una culminación. La meta es el propio camino: elegancia, tiempo, memoria. Una conquista y una confirmación. Lafarga es un artista que jamás se conforma. Iconoclasta a su modo, rebelde consigo mismo, incansable y lento, un inconformista que no se da tregua. Bueno, en realidad, para esta exposición de Carolina Rojo, tan singular, Lafarga ha sido “un pintor de instantes, más rápido y expresivo que nunca”, un dibujante que se atreve a desdibujar, a progresar sin la obsesión enfermiza del detalle. No le preocupa tanto desarrollar un discurso teórico como elaborar una obra, avanzar, descansar, disfrutar, zambullirse de nuevo en su mundo cotidiano, frondoso y enigmático, corriente y natural, de pequeños gestos decisivos.  

 

FERNANDO SINAGA EN ALICANTE

 

MACA de Alicante presenta el 12 de enero Ideas K, una muestra retrospectiva del artista radicado en Salamanca Fernando Sinaga, comisariada por Gloria Moure. La exposición recoge, a través de más de cuarenta obras en diversos soportes expresivos, el imaginario subyacente en la obra de Sinaga a lo largo de gran parte de su etapa creativa, desde 1984 hasta la actualidad. Ideas K persigue poner de manifiesto tanto el carácter específico y experimental de la obra de Sinaga, como su carácter transversal y diversificado, mediante una contundente ordenación de las conexiones y vínculos existentes en su trabajo a lo largo de los últimos 26 años.

Sobre la obra de Fernando Sinaga

Uno de los campos de profundización poética definitorios de las artes plásticas de la segunda mitad de los sesenta, que tuvo y tiene en la actualidad importantes repercusiones, es la consideración de la percepción y sus procesos como motivos en sí mismos. Fernando Sinaga se sumerge en éste ámbito con una sutileza reseñable, utilizando para ello principalmente el color y los desplazamientos perceptivos. Es importante subrayar, además, que esa poética perceptiva, al ser tratada como proceso, abre los confines materiales de las obras y las define como interferencia con las audiencias. Adicionalmente, ésta aproximación “abierta” plantea la experiencia de la escultura como operación mental, en cuanto a pensamiento y no entendimiento.

La idea de percepción y creación interactivas conlleva en Sinaga un aspecto directamente relacionado, que también le coloca en la avanzadilla de su generación. Frente a la “serialización” y asepsia típicamente minimalista, Sinaga adopta una posición que podría calificarse de naturalista, en el sentido de que mediante contrapuntos mínimos y soportes adecuados trata de desencadenar procesos complejos de concatenación perceptiva irreversibles. Nada es dejado al azar, sino a la interdependencia infinitesimal, típica de los procesos naturales. Así, en la obra de Sinaga, la apertura interactiva hacia las audiencias se conjuga con el tono naturalista de las pequeñas variaciones desencadenantes, para conformar un claro paisajismo de interiores, en alianza con la arquitectura, en el que frecuentemente el color no sólo activa la composición, sino que la define en planos abiertos a partir del juego de correspondencias entre los espacios y las formas.

Sobre Ideas K La exposición retrospectiva Ideas K, de Fernando Sinaga, en el MACA de Alicante busca recoger el imaginario simbólico, geométrico, óptico, material y cromático que subyace en el trabajo del artista desde El Desayuno Alemán (1984) hasta su obra más reciente. A través de los variados soportes expresivos que el artista usa, la propuesta expositiva mantiene de forma simultánea tanto el carácter específico y experimental de la obra, como su carácter transversal y diversificado.

El proyecto revindica el talante independiente de Sinaga y persigue hacer patentes la riqueza y complejidad de su obra. El traspaso de límites en el proceso creativo de Sinaga supone no sólo la interactividad entre obras, sean objetos o imágenes, sino la apreciación del espacio como un elemento visual y plástico, más que como contenedor neutral de creaciones, lo que a su vez implica valorar el arte más como experiencia estética en la que se participa, que como contemplación distanciada.

A lo largo de las salas de MACA se desplegará, por un lado, un bloque de piezas conformado por los trabajos fotográficos, escultóricos y audiovisuales de Sinaga, que se acompañarán de obra sobre papel a modo de trayecto o pequeños gabinetes que salpicarán el recorrido.

Desde Una parte de la realidad (1985), los objetos y las pinturas sobre metal, primordiales e insoslayables en el recorrido por la aproximación creativa de Sinaga, fueron creados para acentuar y reconformar espacios preexistentes, a la vez que obras como Deuteroscopia (La segunda vista) (2008) demarcan zonas de esfuerzo y reflexión perceptiva.

Ideas K pone de manifiesto que Sinaga se sumerge en una ideológia individual, cambiante, favorecedora de las diferencias y no de la homogeneidad, y que responde al imperativo estético en el sentido de creación y no de belleza, por un lado a través de la expansión del concepto de escultura, y por otro, en obras como Lo blanco en lo negro (1995), a través de la revisión de la idea de abstracción.

 

Sobre Fernando Sinaga (Zaragoza, 1951) Vive y trabaja en Salamanca. Su formación artística transcurre en la ciudad de Zaragoza hasta el comienzo de sus estudios de Bellas Artes en Barcelona, donde obtiene la Beca Amigó Cuyás en 1972 y la Beca Castellblanch en1973. En 1976 finaliza sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid y obtiene el Premio de la Dirección General de Bellas Artes. En 1983, y debido a su interés por los estudios goetheanos, obtiene una Beca de la Fonds für freie Erziehung, de Zürich, para proseguir sus estudios sobre la teoría del color. En 1984 obtiene una nueva Beca de Investigación para estudiar la Escultura Pública en USA y a su vuelta de Estados Unidos obtiene una plaza de profesor en la Facultad de Bellas Artes de Salamanca, fijando su residencia en esta ciudad hasta el momento presente.

La exposición de Sinaga El Desayuno Alemán (1984), celebrada en la Galeria Villalar de Madrid reveló la obra de este artista dentro de la escena española de los 80 y desde entonces su obra se ha expuesto en diferentes galerías y museos de España, Francia, Alemania y U.S.A. En 1989 participa en la XX Bienal International de Sao Paulo, Brasil y en 1992 en la 5 Triennale Fellbach, Alemania. En el año 2000 su obra representa a nuestro país en el Pabellón de España de la Expo de Hannover y poco después su obra "Cuerpo Diamantino" se exhibe en la exposición Arte en España, 1997-2002, Obras de la Colección Arte Contemporáneo del Patio Herreriano en la Sala de Exposiciones Manege de Moscú.

Entre sus últimas exposiciones en España podemos destacar, On Prediction (2005), Museo Vostell Malpartida; La Estancia inhóspita, (2005), IVAM, Valencia; Cor Duplex (2005) Museo Pablo Serrano de Zaragoza; God Dog (2006), Galería Adoración Calvo, Salamanca o Zona (2006) en el DA2, Domus Artium de Salamanca. Pueden encontrarse catálogos razonados sobre su trabajo en la Fundació Miró a Mallorca (1996); Palacio de los Condes de Gabia, Granada (1998); Palacio de Revillagigedo, Gijón (1999); Sala Amárica de Vitoria (1999); IVAM de Valencia (2005) Museo Pablo Serrano de Zaragoza (2006) e Ideas K (2012) MUSAC de Leon y (2013) CAC de Braganza

Su trayectoria artística ha recibido el reconocimiento público de la Fundación Valparaiso de Almería, del Premio Villa de Madrid a la mejor exposición de escultura celebrada en esta ciudad en el año 2001 y del Premio Aragón Goya 2010, otorgado por el Gobierno de Aragón por su trayectoria artística destacada.

PEPE MELERO Y LOS DIARIOS: DIÁLOGO

PEPE MELERO Y LOS DIARIOS: DIÁLOGO

El pasado viernes, José Luis Melero (Zaragoza, 1956), que es sabio en muchas materias, presentaba su último libro: 'Manual de uso del lector de diarios' (Olifante), en compañía de Eva Puyó y de Javier Aguirre. Aquí el autor de 'Escritores y escritura' (Olifante) responde a algunas preguntas sobre el libro. Abajo un retrato de Luis Grañena

 

Dices: “He sido siempre un apasionado lector de diarios”. ¿Por qué? ¿Qué encuentras en ellos?

 

Encuentro en ellos la misma pasión que uno siente por los libros y la vida. Antes que los diarios muy íntimos y personales, esos en los que el escritor habla mucho de sí mismo, de sus sentimientos y estados de ánimo, pero muy poco de la vida, yo prefiero los diarios que miran más al exterior y, por encima de todos, los literarios, aquellos en los que la literatura está presente en cada página, esos que nos hablan de otros libros (para recomendarlos o denostarlos), de otros escritores, de las relaciones del diarista con estos otros escritores, de sus gustos literarios…

 

¿Qué diferencia hay entre diario y dietario?

 

Se llamaban “dietarios” -y así los define aún el Diccionario de la Academia- a los libros en los que los cronistas de Aragón escribían los sucesos más notables. Tal vez lo que diferencia al diario del dietario es que en este último hay una mayor exigencia literaria y el autor tiene una mayor conciencia de género. Además, en él no están tan marcadas como en el diario las secuencias temporales. En el diario uno escribe más para sí mismo, lo que supone que cuando el escritor decide entregar ese diario al editor suele suprimir aquello que le parece irrelevante para los demás, mientras que el dietario se escribe ya con vocación de publicación y pensando ya en unos futuros lectores. El dietario es, para simplificar, menos íntimo que el diario. Pero en realidad ambos términos suelen utilizarse como sinónimos.

 

¿Y entre diario, memorias y autobiografía? Ponnos algunos ejemplos claros de ello, y de ese concepto del que hablas del contexto, del paisaje...

 

El memorialista, el autobiógrafo o el diarista trabajan con la misma materia: la intimidad, la experiencia personal, el deseo de escribir o reflexionar sobre uno mismo, pero mientras en las memorias y en las autobiografías se nos habla de tiempos pasados con la mirada y la perspectiva que nos da el paso del tiempo, y no en cambio de las vivencias o experiencias más recientes, en los diarios se habla de lo inmediato, de lo próximo y carecen por tanto de una visión reposada de los acontecimientos. De ahí, por ejemplo, que la presencia del paisaje, del entorno físico, sea frecuente en los diarios y apenas aparezca en memorias y autobiografías.

 

Las entradas son muy arbitrarias. ¿De qué depende que te extiendas, que seas lacónico, que busques detalles y anécdotas jugosas? ¿Hay un criterio específico?

 

Hubiera sido imposible que me extendiera comentando todos los libros inventariados. Necesitaría diez volúmenes como éste. Lo importante era hacer una selección, arbitraria y caprichosa sin duda, pero fundamentada en muchos años de lectura. En el libro están presentes la mayor parte de los diarios que me han interesado.

 

También hablas de dos conceptos: confesionalidad y crítica. ¿Qué  quieres decir? ¿En quién estás pensando?

 

Jordi Gracia hablaba de la fragilidad de las fronteras entre los dietarios y los libros de artículos y llamaba la atención sobre el hecho de que un autor como José Carlos Llop, uno de nuestros grandes dietaristas, consiga un mayor grado de “confesionalidad y vigor crítico” en libros de artículos como Consulados fantasmas que en aquellos otros en los que practica “la más desfalleciente escritura privada”.

 

Vayamos con las curiosidades. Hablas de un diario de Alberti en verso y recuerda un recital en el Principal...

 

A Rafael Alberti lo conocí tras un recital de versos en el Teatro Principal. No debió de quedarse muy contento con la respuesta del público durante aquella lectura, pues en Versos sueltos de cada día, una especie de diario en verso que publicó en 1982, escribió: “Llovizna y frío en Zaragoza. / Como el clima, la gente / que siento en el teatro el primer día. / Incluso con llovizna en el aplauso”.

 

 

Otro bien curioso: el de Chacón y Calvo... Por ejemplo, se entretiene en describir las calles de Zaragoza...

 

Sí, describe muy bien Zaragoza. Y también lo hace José Antonio Muñoz Rojas en un diario suyo de 1995, en el que llama a Zaragoza “tosca” y “desarreglada” y dice del Ebro que es un “río fangoso”. Ángel Crespo también recogió en su diario ‘Los trabajos del espíritu’ un viaje a Huesca y Zaragoza en 1979.

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Otra curiosidad. Dices: “A Mansfield no le gustaban nada los médicos: el 22 de enero escribe ‘he visto al médico: un imbécil’, y al día siguiente anota: ‘He visto a dos doctores, un asno y otro asno?” ¿Es es humor, mala baba, certeza de que nadie le va a leer a uno?

 

Hay algunos diarios muy descarnados, en los que el autor escribe todo lo que piensa sin pasarlo por tamiz alguno. Son, en realidad, los mejores diarios. El de Katherine Mansfield es uno de ellos. Pero también el de Sylvia Plath o el de Géza Csáth, siquiatra, escritor y morfinómano, que se suicidó en 1919, a los 32 años, tras asesinar a su esposa disparándole tres tiros con una pistola, en presencia de su hija. Csáth escribía en su diario cosas como ésta: “Soy tan detestable, débil y patético que hasta me extraña que Olga siga queriéndome y no me engañe. Que no se haya hartado definitivamente de mi voz débil, apagada…, de mi pene cínico y arrugado, de mi cara demacrada…”.

 

Por cierto, ¿para quiénes se escriben los diarios?

 

Hay diarios de todos los tipos. Hay quienes los escribieron para sí, sin imaginar que alguna vez serían publicados, y quienes los escriben ya para sus lectores sabiendo que van a ser editados. Estos son hoy los habituales, pero durante muchos años buena parte de los diarios se escribieron sin intención de darlos a conocer y de ahí que se puedan leer en ellos las confesiones más íntimas y desgarradoras. Pensemos, por ejemplo, en el diario de Víctor Botas que dio a conocer José Luis García Martín. Botas escribía en él en febrero de 1987: “todos mis apuros económicos de los últimos años se deben únicamente a aquel inicial error que cometí cuando, en 1975, renuncié a seguir en el Banco. De no haber sido esto, ahora sería al menos director de una oficina y no tendría apreturas ni me estaría considerando -como a menudo me autoconsidero- un inútil que vive casi por completo del trabajo de su mujer”.

 

Uno de los personajes más impresionantes es John Cheever. ¿No?

 

Sí, su diario nos descubre su tormentosa vida interior. Ignacio Martínez de Pisón, que lo estudió muy bien, ya contaba que tras el marido y padre ejemplar, el vecino amable, el ciudadano de orden, se escondía el alcohólico compulsivo y un homosexual secreto que al final de su vida, libre ya de prejuicios, mantuvo relaciones con hombres más jóvenes. Contó Antonio Muñoz Molina que Cheever escribía a máquina su diario en hojas sueltas que luego encuadernaba y que escribía tan borracho que ni siquiera acertaba a golpear las teclas ni a formar frases coherentes.

 

¿Cuál es su diario favorito, el que se llevaría a una isla si solo pudiera llevarse un libro?

 

Me llevaría varios: Julio Ramón Ribeyro, Pavese, Kafka, Miguel Torga, el ‘Borges’ de Bioy Casares… Y no me llevaría nunca los de Robert Musil o Saramago. Aunque lo que habría que llevarse no son diarios, sino una barca hinchable para salir de allí rápidamente.

 

¿Cuál es la presencia de aragoneses en la compilación?

 

Importante, pues en Aragón ha habido y hay muchos y buenos diaristas: Ramón Acín, Antonio Ansón, Pepe Cerdá, Mariano Esquillor, Antonio Fernández Molina, Ismael Grasa, Benjamín Jarnés, Raúl Carlos Maícas, Víctor Mira, Julio José Ordovás, María Sánchez Arbós, Santiago Sancho Vallestín, Fernando Sanmartín, Gabriel Sopeña, Chusé Raúl Usón y Edmon Vallès. Por no hablar de Faustino Casamayor, de los diarios que Juan Carlos Ara acaba de recuperar de Joaquín Costa, del diario en imágenes de Isidro Ferrer ‘La galería legítima’ o de un curioso diario de la guerra de Antonio Blasco del Cacho.

 

¿Para quién es este libro?

 

Para todos los aficionados al género y para aquellos que, sin serlo, quieren acercarse sin prejuicios a él y conocerlo mejor. La “literatura del yo”, lo que algunos llaman los “egodocumentos”, está de moda. Cada día se publican más diarios, los blogs son ya una nueva forma de dietarios y son muchos los que quieren contarnos sus vidas, sus impresiones, su forma de estar en el mundo. Internet ha revolucionado y popularizado esta especie de literatura de la intimidad.

SIETE POEMAS DE ÁNGEL GUINDA

 

CRUCIFIXIÓN

 

 

¡Hablo en nombre de aquellos cuya vida es una encrucijada!

 

En nombre de quienes sólo encuentran cruces a cada paso, espantapájaros en cruz, cruceiros en su peregrinación.

 

Hablo en nombre de los que a duras penas avanzan rebotando entre cruces, apartando cruces, esquivando tumbas, atropellados por cruces.

 

¡Mujeres y hombres sin voz con los brazos en cruz!

 

Cruces andantes por los campos baldíos.

 

¡Hablo en nombre de los crucificados!

 

¿Soy una ?

 

¡Soy la crucifixión!

 

¿Cómo permanecer con los brazos cruzados viendo rodar el mundo con tanta cruz a cuestas?

LOS CABALLOS

 

 

 

Sé que el vino conduce a la embriaguez

y sé que la poesía conduce a la pasión.

Salah ‘Abd al-Sabur

 

 

 

Retumban en mi calabozo pisadas avanzando, avanzando.

 

(Será el trotar de cascos de los caballos desbocados que son mis pensamientos abriéndose paso entre la lucidez, la hostilidad, el abarrotamiento.)

 

En ese calabozo hay tantos encuentros y abandonos; tanto fragor, turbiones, mundos; tantas riadas y avalanchas, que sus barrotes van a reventar la cabeza que es mi calabozo.

 

¿Adónde lleva el espanto a estos caballos?

 

¡Trotan y trotan caballos avanzando, avanzando hacia la lejanía; atados a sus sombras, sin un destino fijo, cegados por el sol!

 

 

¿SOY LA BALDOSA que se mueve de tanto ser pisada?

 

¡Soy el tragapatíbulos!

 

Una chimenea crece en cada uno de mis pies. ¡Camino a tientas en medio de revólveres!

 

El fanático degüella por la espalda a su rehén ante una cámara.

 

Soy el teléfono que cuelga de una mano del aire. ¡El resucitado que muere definitivamente!

 

Patrullas embriagadas de furor ejecutan la masacre en una aldea.

 

¡Caen de mis ojos rascacielos mojados!

 

Tras el eco vagabundo de los tiros de gracia, soy el reguero de sangre que busca por las calles un corazón que lo contenga.

 

Mi dolor se camufla en un cromlech, como fauces salvajes en el vientre abierto de la oveja agonizante.

 

(Estas imágenes corren despavoridas dentro de mi cabeza.)

LOS INMIGRANTES

 

 

Los inmigrantes caminan por las calles con mortajas al hombro, lápidas al hombro, cruces al hombro, lágrimas al hombro, corazones en las manos, el cielo sobre un desierto en su mirada. Con una familia y un país escondidos dentro de la cabeza.

 

Los inmigrantes tienen muchos hombros, muchos corazones, muchas manos, muchas piernas.

 

Entran en las tiendas, en los bancos, en los locutorios, en los bares: con fotografías enmarcadas bajo un brazo, con féretros bajo el otro brazo.

 

Nadie ve esas mortajas, esas lápidas, esas cruces, esas lágrimas, esos corazones, esas familias, esos países, esas fotografías, esos féretros, cielos ni desiertos.

 

No nos miran a los ojos: ¡saben que somos ciegos!

 

 

¡ENTRE QUITAMIEDOS de sangre el hombre de humo viaja a la velocidad del furor en un coche con neumáticos de alcohol, llantas de irritación y cafeína!

 

Desciende a tumba abierta un puerto. Esnifa con sus ojos grageas blancas por línea discontinua.

 

(Vientos gitanos barren tierras quemadas.)

 

El hombre de humo asciende otro puerto. Brama el motor, barritan los frenos. Claman sus mordajos a la copa de los árboles:

 

-¡La realidad mata! ¡Tumbad la realidad!

 

Ya en la cumbre, el hombre agobiado sale al zaguán del abismo, aparta nubes, vocifera en zigzag:

 

-¡Eh, vosotros, hipopótamos con frac; orangutanes con pajarita, hienas con tacones de aguja; tenias adictas a la codicia! ¡Sí, vosotros: acercaos más, más! ¡Me rajaré el vientre, desenrollaré mis intestinos, los enroscaré a vuestro cuello y os estrangularán como serpientes!

 

(Dándose cabezazos contra el aire, flota por el vacío el eco descomunal del luto.)

 

[ ]

 

 

Eras el mar abierto a la obsesión del faro. Una gota de sol congelada en la noche.

 

( )

 

Eres la mancha de agua en un relámpago de sombra. La estatua de aire sobre un pedestal de niebla.

 

CERCA DE LA LEJANÍA

 

 

Estoy lejos del tiempo, estoy en todo

lo que se va tragando el infinito;

pegado a ti: ¡estoy en lo que he escrito!,

libre de horror, afán, prisa, cruz, lodo.

 

Dentro del aire me desacomodo

y a la desolación me precipito:

mudo, sereno, intenso. (Me limito

a no ser más que un espectro beodo.)

 

No veo el horizonte, nada pienso.

¿Ruedo? ¡Floto!, invisible: por el mundo

de la ausencia, que nadie ha traducido.

 

Fuera de mí, a solas con lo inmenso:

en el descanso de lo más profundo,

en el olvido que es haber vivido.

 

SOBRE 'EL NIÑO, EL VIENTO Y EL MIEDO'

[Paco Aljama ha publicado esta cariñosa nota sobre la presentación de anoche de ’El niño, el viento y el miedo’ en la Librería Anónima de Huesca.]

Aquí se puede seguir

 

http://www.atisbador.es/blog/?p=2354

RECUERDO DE LA INFANCIA EN GALICIA

 

Por Paco ALJAMA

 

Antón Castro (Arteijo, La Coruña 25 de agosto de 1959), reputado periodista y escritor gallego afincado en Aragón desde 1978, presentó ayer en la Librería Anónima de Huesca su último libro: El niño, el viento y el miedo, (Huesca: Ed. Nalvay, 2013) acompañado por el ilustrador, Javier Hernández, y por Rosa Tabernero, profesora titular del Área de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Zaragoza, quien desveló algunas de las claves de esta recopilación de cuentos.

Una de las claves es la ausencia de adjetivos, aunque después de leer la obra puedo decir que, más que por la ‘ausencia’, el lenguaje utilizado se caracteriza por una sabia dosificación adjetival (ya que usa los necesarios), lo que le confiere al texto concisión y objetividad, con lo que se consigue una mayor fluidez verbal: la acción —el asunto— avanza más deprisa, que es lo que al lector medio suele interesar más y que algunos agradecemos, después de leer otros libros que se hacen largos y empalagosos por la superabundancia de la mencionada categoría gramatical, que, en general, poco suele aportar al meollo del relato; antes bien, lo estira innecesariamente y hace que se parezca más a la nota de cata de cualquier vino que a un texto literario.

En el lenguaje utilizado, aunque como en toda obra de creación predomine la función expresiva, también se cumple la función referencial, tanto por la parquedad en la utilización de los adjetivos y de otros elementos retóricos, como por el uso de las oraciones enunciativas y el léxico denotativo. Las oraciones simples y sin alteraciones estilísticas, además, dotan al texto de la claridad y de la lecturabilidad necesarias para que sea accesible a los jóvenes lectores.

 

Tal vez por ello el texto se acerque en ocasiones al estilo periodístico que el autor domina por oficio: en efecto, en El niño, el viento y el miedo se recoge un puñadito de recuerdos de la infancia en Galicia, tierra de leyendas, donde la superstición es parte consustancial del carácter de muchos de sus habitantes. Todo es misterioso, todo atemoriza la mente infantil que puede ver con la imaginación algo fantástico en cualquier objeto o animal, y este es, precisamente uno de los papeles del cuento fantástico: generar miedo.

Pero también hay que decir que el miedo es bueno, pues se convierte en un mecanismo de autodefensa imprescindible del ser humano que está bien estudiado por los psicólogos. Hay que tener en cuenta que en las tierras donde, como en Galicia, abundaban los lobos y todo tipo de alimañas, el peligro era real.

Pero el libro de Antón no es solo una recopilación de los cuentos que le contaban su madre o sus abuelos cuando era niño, sino que también supone la etopeya de los personajes que van desfilando a lo largo de las cien páginas de que consta el libro: mujeres solitarias porque han perdido a su marido en la mar o porque han tenido que irse a ‘la emigración’ para poder ganar dinero con el que sustentar a la familia, casi siempre muy numerosa, lo que era habitual en aquellos años; hombres rudos, curtidos por la dureza del entorno, que no dudan en tomar drásticas soluciones para intentar cambiar su suerte; niños con miedo, pero felices por sentirse protegidos en el hogar y jóvenes que despiertan al inocente primer amor…

Las descripciones de bosques, playas, casas y otros lugares, que tan bien ha sabido plasmar el ilustrador con su excelente técnica en el manejo de los lápices, enmarca la acción de manera perfecta, y seguro que alguien se atreverá a dibujar algún ratón, a «La mujer que veía al demonio» o a la malvada comadreja que merodeaba por «El campo de Azureiras».

Por todo lo hasta aquí expuesto, considero que el delicioso texto de Antón Castro tiene también mucho de crónica de un lugar y de un tiempo que, aunque parezca remoto, en realidad no está tan lejano.

Antón Castro

P. S.: Hasta el día 20 de abril se puede visitar en la Librería Anónima la exposición con las ilustraciones de Javier Hernández para el libro.

… à suivre.

 *La foto la he tomado de Radio Huesca.

'EL NIÑO, EL VIENTO Y EL MIEDO', EN HUESCA

Esta tarde, a las 20.00, en la librería Anónima de Huesca se presenta mi libro ‘El niño, el viento y el miedo’ (Nalvay), ilustrado por Javier Hernández, un rosarino afincado en Siétamo. Estas es una entrevista de Ana Moreno, periodista de ‘Sin ir más lejos’ de Aragón Televisión. La presentación correrá a cargo de la profesora Rosa Tabernero, especializada en literatura infantil y juvenil.

 

 

- ¿Cómo surge "El niño, el viento y el miedo"?

-En realidad nació de una invitación a un Festival de Narración Oral en Segovia. Me invitaron a que contase cuentos, me senté al ordenador y me salieron muchos recuerdos de una niñez habitada por lo maravilloso, el asombro constante, la revelación y el miedo. Y luego los conté ante 300 personas. Fue una experiencia difícil pero fascinante: en el fondo, yo era un narrador ‘amateur’.


- No es tu primera incursión en la literatura infantil, ¿qué has buscado en este en particular?

Contar historias, recrear un mundo, recuperar una atmósfera, unos personajes, con aquella sensación que tenía entonces de que la realidad y los sueños se mezclaban. Cuando creías que algo era una invención, de repente surgía un dato que te decía que el miedo tenía razón de existir. Pienso en el ‘árbol del degollado’, en la historia de mal de ojo, que mi madre siempre me contaba con un sobriedad increíble, pienso en la vecina que decía que había visto varias veces al demonio. Tuve una infancia muy parecida a lo que cuento aquí. Y estoy hablando del período 1963 a 1968 más o menos.


- Es un libro que atrapa. Los recuerdos y la añoranza de la infancia de su autor, ¿visita Baladouro de vez en cuando?

Siempre que puedo. Baladouro es un lugar imaginario que estaría entre Santa Mariña de Lañas, donde yo nací, Armentón, Barrañán, Loureda, Arteixo o Larín, lugares que existen, que se pueden ver y que, de por sí, tiene un aroma maravilloso, con una naturaleza exuberante. Baladouro quiere decir valle de Oro: se me ocurrió porque de niño siempre me contaba que había una colina en la que aparecían, cada cierto tiempo, huevos de oro... En realidad, quizá no haya salido nunca de allí, aunque lleve 35 años en Zaragoza y en Aragón.


- Me dice Eva Hinojosa... ¿un libro para los nietos?

Probablemente. Los cuentos son eternos y todos necesitamos que nos cuenten cuentos. Nos gusta escuchar y hay un momento en que también nos gusta contar. E imagino que, en el fondo, como han hecho otros autores, he vuelto a contarle cuentos al niño (al niño-nieto) que yo soy.


- Un libro también para los hijos, a los que se lo ha dedicado. ¿Qué le dijeron después de leerlo?

Hubo de todo. Pero en general les ha gustado. Mi hija pequeña se reía y me decía que, en el fondo, era un libro más bien de terror. Pero ellos, de algún modo, por aproximación, ya conocen muchas de mis historias. Como casi siempre el primero en leerlo fue mi hijo Daniel. Casi siempre es muy gentil, pero me devuelve los manuscritos con una ristra interminable de sugerencias y correcciones. Uno tampoco se puede inventar su vida todo el rato. Mi historia favorita, por cierto, es la del tío de América y la última, el relato de amor. Soy, era, un jovenzuelo melancólico, mimoso y sentimental...


- Las ilustraciones son al libro infantil, como las olas al mar... Y en el "El niño, el viento y el miedo", Javi Hernández ayuda, pero no pone freno a la imaginación. ¿Satisfecho con el resultado?

Estoy encantado con Javier Hernández. He creado su propio mundo, sus propias historias, su propio ámbito de imaginación y de fantasía. Es un trabajo muy sugerente y evocador, lleno de pequeños detalles, de sutileza, de talento. Me hace muy feliz. Desconozco el destino del libro, pero me hace muy feliz el proyecto, gracias sobre todo a Javier Hernández, que fue una decisión de Isabel Peralta y David González, los entusiastas editores de Nalvay.


- ¿Por qué leer "El niño, el viento y el miedo"?

Yo creo que se lee casi como una novela: es la historia de un niño asustado y a la vez fascinado por los seres de su entorno, por los lugares, por la lluvia y el viento, un niño enamoradizo que descubre de golpe que sueña, que se enamora y que alguien, por ejemplo en Montevideo, piensa en él y le regala una armónica. Es un libro sobre los animales (lobos, sapos, vacas, comadrejas, delfines, caballos), sobre los bosques hechizados, sobre los prados, los campos abiertos, la ribera del mar, sobre la exploración en el misterio mismo, sobre la amistad y la relación familiar... Creo que es un libro ameno, directo, con ritmo, cada historia te lleva a la siguiente..., es un libro sobre el arte de contar y de escuchar historias...


- ¿Están perdiendo los niños la magia de leer y conocer lugares desconocidos y fantásticos como  Baladouro?

Los cuentos son eternos. Quizá ahora estén más ante la pantalla del ordenador o del teléfono móvil. Pero consigues crear un personaje, le ocurre algo, hay una acción, una aventura, un riesgo, y eso interesa siempre, aunque para ellos también es muy importante el contexto: que se identifiquen con él. Leyendo el libro, releyéndolo, me parece que “el miedo es necesario para crecer”. Es un estímulo, una forma de estar alerta o sobrecogido, activa tu imaginación y tus delirios. Es un libro que tiene miedo, fantasía, que trata de la vida, y que tiene un poco de humor.

SÁNCHEZ ROSILLO, EN ZARAGOZA HOY

SÁNCHEZ ROSILLO, EN ZARAGOZA HOY

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO,

EN ’CONVERSACIONES EN LA ALJAFERÍA’, HOY

 


Esta tarde, a las 20.00, en la sala Goya del palacio de la Aljafería, Almudena Vidorreta y yo conversaremos con el poeta Eloy Sánchez Rosillo, que acaba de publicar otro espléndido poemario: ’Antes del nombre’ (Tusquets), que es una exaltación de las pequeñas cosas del vivir: la belleza repentina, los pájaros, la convivencia, los instantes poblados de vida y de recuerdos, el amor... Escribe una poesía diáfana, con palabras necesarias y luminosas. Es, como dice hoy Juan Marqués, un poeta que ha debido acumular las desdichas inconfensables y que sabido transformar su existencia y su escritura en una búsqueda permanente de hermosura, de intensidad...

CICLOS

Amor de lo que vuelve.
Todo se va y regresa.
Abril: una costumbre
y una nostalgia, el lema
vibrante de la dicha.
Fulgor de la experiencia
que es fe y es confianza.
Invierno aún, y nieva.
Mañana –exacta y pura-
retornará la abeja.

 

De ’Antes del nombre’ (Tusquets).

ADIÓS AL ARTISTA PASCUAL BLANCO

ADIÓS AL ARTISTA PASCUAL BLANCO

Un artista del hombre y sus sombras

 

Ha fallecido Pascual Blanco (Zaragoza, 1943-2013), Premio Aragón-Goya de Grabado 1998 y objeto de una antológica en el Palacio de Sástago. El entierro será hoy martes por la mañana, a las once, en el cementerio de Torrero de Zaragoza

 

“Pascual  Blanco es un grande, grandísimo, dibujante. Pocas  veces podemos ver la perfección y la forma en algo que parece menos relevante que un torso o una cabeza: las extremidades son trazadas con una simplicidad casi de signo en los trazos, pero sin abandonar su forma, su expresividad, su movimiento y, por qué no decirlo, su belleza. Quizá en toda nuestra pintura actual no encontremos pies o manos más hermosas, más bellamente ejecutados”, escribía el historiador del arte Federico Torralba Soriano en el catálogo de ‘Del Génesis o el Paraíso Perdido’ de Pascual Blanco, que falleció el domingo de un infarto, a los 69 años.

Pascual Blanco Piquero había nacido en Zaragoza en 1943; se definió alguna como un “escolar díscolo”, pero pronto se sintió subyugado por el arte, e ingresó en la Escuela de Artes. Estudió con profesores como Luis Berdejo, de quien pareció heredar la atracción por el cuerpo humano, Félix Burriel, Dolores Franco y Alejandro Cañada. Se licenció en Bellas Artes en la Escuela de Artes ‘Sant Jordi’ de Barcelona, y pronto empezaría a mostrar su inquietud y su deseo de participar en proyectos artísticos de los inquietos y radicales años 60 y 70. Participó en el colectivo ‘Tierra’, y en 1969 expuso en Kalos, una pintura geométrica, de tamiz lírico y un gran sentido del color, algo que caracterizaría su producción. Si Pascual Blanco fue un buen pintor, encontró en el grabado un campo de pruebas para sus óleos, y al revés, halló en el óleo, en el dibujo y el gouache un terreno de experimentación para el aguafuerte.

Pascual Blanco se definía como un pintor solidario y solitario a la vez. Esa era la ecuación que definió su carrera: quería ser un pintor honesto a carta cabal, auténtico, pero jamás se olvidó de las malandanzas del mundo, aunque también era un pintor metafísico, habitado por las sombras. Dijo: “Mi búsqueda plástica es una búsqueda de la libertad en la creación. Yo deseo evolucionar. Mi vida se justifica por mi propio trabajo y siempre he deseado desarrollar, estéticamente, una coherencia íntima y vital. Por ello he intentado estar al margen de las modas, de los encasillamientos”.

Sin embargo, intervino en la agitación creativa y política de los grupos pictóricos. E integró en 1972 y 1973, por un espacio de apenas seis meses, un colectivo que daría que hablar: ‘Azuda-40’, formado por otros siete artistas reconocidos como Natalio Bayo, José Ignacio Baqué, José Luis Cano, Vicente Dolader, Antonio Fortún, Pedro Giralt y José Luis Lasala. Su empeño, que conoció varias exposiciones y algunas intervenciones conjuntas, sería recordado y recreado en 1983 en la Lonja. Para entonces, Pascual Blanco había desarrollado una pintura comprometida, de denuncia social, resistente, de alegorías políticas, inicialmente abstracta y cada vez más figurativa.

Poco a poco, despojado ya de las contingencias históricas y de la crítica del franquismo, Pascual Blanco irá deslizándose hacia la figuración y el ser humano –indefenso y fuerte a la vez, melancólico y vitalista, herido, doliente, desesperado en ocasiones, soñador casi siempre- se irá convirtiendo en el centro de su obra plástica, tanto en el óleo como en el aguafuerte. Pascual Blanco ha sido uno de los grandes grabadores del siglo XX y XXI en Aragón: con un clásico como Manuel Lahoz, como Mariano Rubio, como Natalio Bayo, Maite Ubide, Mariano Castillo... Confesaría: “Rembrandt es el monstruo total del grabado. Dios bajó a la tierra y se puso a grabar con la mano de Rembrandt. En su caso, el grabado es plenitud de vida. Durero es la perfección visible. Y Goya es la revolución máxima (...) En mi caso, el grabado introduce la vertiente de la tragedia y es una exigencia de mi propia necesidad plástica, una indagación en mis propios instrumentos de artista”.

En 1992 es uno de sus años claves con su presencia en la Lonja, con la ya citada muestra ‘Del Génesis o el Paraíso Perdido’, que él definió como “un ejercicio de riesgo”. Constaba de 25 gouaches, 25 aguafuertes y 25 óleos de gran formato, de dos metros por dos metros, que era como la llegada, la consumación de una meditación que incluía el desamparo, la añoranza, el dolor, tenía algo de compendio de una vida que no había sido fácil nunca. Pascual Blanco fue un creador con demonios y angustias, casi a la manera de Dostoievski, Van Gogh o Unamuno: la muerte de su esposa Encarni Izar, también pintora, la conciencia de la fragilidad, el intento de crear una obra intensa, comprometida, que refleja “la difícil y compleja condición de ser hombre”. Dijo en una ocasión: “Quiero reflejar el sentimiento y la emoción”.

Pascual Blanco ingresó en la Escuela de Artes en 1972 y allí impartió, hasta su jubilación en 2008, clases de dibujo y grabado. Fue un trabajador incansable y apasionado. En 1998 recibió el Premio Aragón-Goya de Grabado. Colaboró con el Museo del Grabado de Fuendetodos, donde expuso y donde dio talleres, y en 2005 fue objeto de una antológica en el Palacio de Sástago: ‘Pascual Blanco. Imágenes para el recuerdo, 1964-2005’. La exposición de su vida, que se suma a otras exposiciones en Montemuzo, Fuendetodos, la CAI-Luzán, A del Arte o en Italia, más recientemente. Se ha ido un hombre entrañable y próximo, un artista que se buscó obsesivamente y que se encontró en sus hijos Sergio y Begoña, en Encarni y Maite, sus compañeras, en tantos y tantos amigos como tuvo, y en su invencible vocación artística.

 

*Este texto se publicó ayer en Heraldo.es. La foto es de Vicente Almazán.