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Antón Castro

LA MOV, EN EL PRINCIPAL, 4 Y 5

LA MOV, EN EL PRINCIPAL, 4 Y 5

Recibo esta nota de LA MOV. Actuará en el Teatro Principal el 4 y 5 de enero.

Te enviamos el cartel promocional de ‘La Cenicienta’ y una imagen del espectáculo. Estaremos el 4 y el 5 de enero en el Teatro Principal de Zaragoza con ‘La Cenicienta’. En este espectáculo se versiona el clásico desde una visión muy original, fusionando danza, pintura, música y literatura. La escenografía es del pintor Pepe Cerdá. Ya hemos recorrido con este espectáculo los principales teatros del país, y ahora volvemos a traerlo a Zaragoza con mucha ilusión. Creemos que es una buena oportunidad de acercar a los más pequeños al mundo de la danza y la música, y a las Humanidades en general.

 

MIGUEL MORA: UN DIÁLOGO INTENSO CON RITA LEVI-MONTALCINI

[El 18 de abril de 2009 el excelente periodista Miguel Mora, de ‘El País’, publicaba esta entrevista con Rita Levi-Montalcini. Lo copio aquí, ahora que Rita acaba de fallecer. Era una de esas mujeres impresionantes que trabajan a favor del conocimiento y de la sensibilidad y la justicia social, y que se muestran tan inteligentes como sensatas y atrevidas.]

 

 

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2009/04/18/actualidad/1240005602_850215.html

 

Entrevista:Rita Levi-Montalcini

 

| PREMIO NOBEL DE MEDICINA | UN CEREBRO CENTENARIO

 

"Cuando ya no pueda pensar, quiero

que me ayuden a morir con dignidad"

 

 

El 22 de abril cumple 100 años Rita Levi-Montalcini. La científica italiana, premio Nobel de Medicina, soltera y feminista perpetua -"yo soy mi propio marido", dijo siempre- y senadora vitalicia produce todavía más fascinación cuando se la conoce de cerca. Apenas oye y ve con dificultad, pero no para: investiga, da conferencias, ayuda a los menos favorecidos, y conversa y recuerda con lucidez asombrosa.

Sobrada de carácter, deja ver su coquetería en las preciosas joyas que luce, un brazalete que hizo ella misma para su gemela Paola, el anillo de pedida de su madre, un espléndido broche también diseñado por ella. Desde sus ojos verdes vivísimos, Levi-Montalcini escruta a un reducido grupo de periodistas en la sede de su fundación romana, donde cada tarde impulsa programas de educación para las mujeres africanas.

 

Por las mañanas visita el European Brain Research Institute, el instituto que creó en Roma, y supervisa los experimentos de "un grupo de estupendas científicas jóvenes, todas mujeres", que siguen aprendiendo cosas sobre la molécula proteica llamada Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), que ella descubrió en 1951 y que juega un papel esencial en la multiplicación de las células, y sobre el cerebro, su gran especialidad. "Son todas féminas, sí, y eso demuestra que el talento no tiene sexo. Mujeres y hombres tenemos idéntica capacidad mental", dice.

Con ella está, desde hace 40 años, su mano derecha, Giuseppina Tripodi, con quien acaba de publicar un libro de memorias, La clepsidra de una vida, síntesis de su apasionante historia: su nacimiento en Turín dentro de una familia de origen sefardí, la decisión precoz de estudiar y no casarse para no repetir el modelo de su madre, sometida al "dominio victoriano" del padre; el fascismo y las leyes raciales de Mussolini que le obligaron a huir a Bélgica y a dejar la universidad; sus años de trabajo como zoóloga en Misuri (Estados Unidos), el premio en Estocolmo -"ese asunto que me hizo feliz pero famosa"-, sus lecturas y sus amigos (Kafka, Calvino, el íntimo Primo Levi), hasta llegar al presente.

Sigue viviendo a fondo, come una sola vez al día y duerme tres horas. Su actitud científica y vital sigue siendo de izquierdas. Pura cuestión de raciocinio, explica, porque la culpa de las grandes desdichas de la humanidad la tiene el hemisferio derecho del cerebro. "Es la parte instintiva, la que sirvió para hacer bajar al australopithecus del árbol y salvarle la vida. La tenemos poco desarrollada y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan. Todas las tragedias se apoyan siempre en ese hemisferio que desconfía del diferente".

Laica y rigurosa, apoya sin rodeos el testamento biológico y la eutanasia. Y no teme a la muerte. "Es lo natural, llegará un día pero no matará lo que hice. Sólo acabará con mi cuerpo". Para su centenario, la profesora no quiere regalos, fiestas ni honores. Ese día dará una conferencia sobre el cerebro.

Pregunta. ¿Cómo es la vida a los cien años?

Respuesta. Estupenda. Sólo oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando. Mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve.

P. ¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?

R. No. Era adolescente cuando decidí que nunca me casaría. Nunca habría obedecido a un hombre como mi madre obedecía a mi padre.

P. ¿Recuerda el momento en que decidió estudiar? ¿Qué dijo su padre?

R. Era el periodo victoriano. Mi padre era una persona de gran valor intelectual y moral, pero un victoriano. Desde niña estaba contra eso, porque veía a mi padre dominar todo, y decidí que no quería estar en un segundo plano como mi madre, a la que adoraba. Ella no mandaba. Dije a mi padre que no quería ser ni madre ni esposa, que quería ser científica y dedicarme a los otros, utilizar las poquísimas capacidades que tenía para ayudar a los que necesitaban. Que quería ser médica y ayudar a los que sufrían. Él me dijo: "No lo apruebo pero no puedo impedírtelo".

P. ¿Qué momentos de su vida han sido más emocionantes?

R. El descubrimiento que hice, que hoy es más importante que entonces. Cuando cada experimento confirmaba mi hipótesis, que iba completamente contra los dogmas de ese tiempo, viví momentos emocionantes. Quizás el más emocionante. Por el resto, el reconocimiento de Estocolmo me dio mucho placer, claro, pero fue menos emocionante.

P. Su tesis demostró que, de los dos hemisferios del cerebro, uno está menos desarrollado que el otro.

R. Sí, el cerebro límbico, el hemisferio derecho, no ha tenido un desarrollo somático ni funcional. Y, desgraciadamente, todavía hoy predomina sobre el otro. Todo lo que pasa en las grandes tragedias se debe al hecho de que este cerebro arcaico domina al de la verdadera razón. Por eso debemos estar alerta. Hoy puede ser el fin de la humanidad. En todas las grandes tragedias se camufla la inteligencia y el razonamiento con ese instinto de bajo nivel. Los regímenes totalitarios de Mussolini, Hitler y Stalin convencieron a las poblaciones con ese raciocinio, que es puro instinto y surge en el origen de la vida de los vertebrados, pero que no tiene que ver con el razonamiento. El peligro es que aquello que salvó al australopithecus cuando bajó del árbol siga predominando.

P. En cien años usted ha conocido esos totalitarismos. ¿Cómo se puede evitar que vuelvan?

R. Hay que comenzar en la infancia, con la educación. El comportamiento humano no es genético sino epigenético, el niño de dos o tres años asume el ambiente en el que vive, y también el odio por el diferente y todas esas cosas atroces que han pasado y que pasan todavía.

P. ¿Qué aprendió de sus padres? ¿Qué valores le transmitieron?

R. Lo más importante era comportarse de una manera razonable, saber lo que vale de verdad. Tener un comportamiento riguroso y bueno, pero sin la idea del premio o el castigo. No existía la idea del cielo y el infierno. Éramos religiosos, pero la actitud ante la vida no tenía que ver con la religión. Existía el sentido del deber, pero sin compensación post mortem. Debíamos comportarnos bien, eso era una obligación. Entonces no se hablaba de genética, pero era ese espíritu. Sin premio ni miedo.

P. Su origen es sefardí. ¿Hablaban español en casa?

R. No, nunca tuvimos mucha relación con esa lengua. Sabíamos que veníamos de la parte sefardí y no de la askenazi, pero no se hablaba de ello, no nos importaba mucho ser de una u otra. Spinoza me hacía feliz, era un gran referente cultural, y todo lo que sabíamos procedía de los grandes pensadores hebreos, pero no había un sentido de orgullo, de ser mejores, nunca pensamos así.

P. ¿Basta un siglo para comprender a Italia?

R. Es un país maravilloso, por el clima, por la historia del Renacimiento, y por sus enormes contribuciones, su historia formidable de capacidad y descubrimientos. Me sentí siempre judía e italiana, las dos cosas al 100%. No veía dificultad en eso.

P. ¿Cómo ve a Italia hoy?

R. Tiene un fortísimo capital humano, capacidad innovadora y de convivencia, orgullo del pasado, y no se siente demasiado afectada por las cosas negativas, como la mafia. Siempre sentí que era un país del que era una suerte formar parte y haber nacido. Ser italianos era parte de nosotros, nadie nos preguntaba si éramos italianos o no. También era una suerte ser judía. No conocí la Biblia, no tuve una educación religiosa, y me reflejaba en el capital artístico y moral italiano y judío. No pertenecí a una pequeña minoría perseguida, sabía que eso ocurría, pero no me sentía parte de ello. Desde niña me sentía igual que los demás. Cuando me preguntaban "¿cuál es tu religión?", contestaba: "Yo, librepensadora", y nadie sabía qué era eso. Y tu padre qué es: ingeniero.

P. ¿Cómo vivió el fascismo?

R. No siento rencor personal. Sin las leyes raciales, que determinaron que los judíos éramos una raza inferior, no hubiera tenido que recluirme en mi habitación para trabajar, en Turín y luego en Asti. Pero nunca me sentí inferior.

P. ¿Así que no sintió miedo?

R. Miedo, no; desprecio y odio sí, netamente por Mussolini. A mi profesor Giuseppe Levi lo seguí paso a paso y era feliz por lo que él valientemente osaba hacer y decir. Nunca sentí la persecución porque mis compañeros de universidad católicos me consideraban igual. Y no tuve sensación de peligro. Cuando empezaron las persecuciones, eran tan inmundas las cosas que se decían que no me daba por aludida. Estaba ya licenciada en 1936, había estudiado con Renato Dulbecco, católico, y Salvatore Luria, judío, y no tenía sensación de ser distinta.

P. ¿Cree que hay peligro de que vuelva el fascismo?

R. Sí, en los momentos críticos prevalece más la componente instintiva del cerebro, que se camufla de raciocinio y anima a los jóvenes a razonar como si fueran parte de una raza superior.

P. ¿Ha seguido la polémica sobre el Papa, los preservativos y el sida?

R. No comparto lo que ha dicho.

P. ¿Y qué piensa del poder que tiene la Iglesia? ¿Es demasiado?

R. Sí. Fui la primera mujer admitida en la Academia Pontificia y tuve una buena relación con Pablo VI y con Wojtyla, también con Ratzinger, aunque menos profunda que con Pablo VI, al que estimaba mucho. No la tuve en cambio con aquel considerado el Papa Bueno, Roncalli (Juan XXIII), que para mí no era bueno, porque era muy amigo de Mussolini y cuando comenzaron las leyes antifascistas dijo que había hecho un gran bien a Italia.

P. ¿Ha cambiado mucho su pensamiento a lo largo de la vida?

R. Poco, poco. Siempre pensé que la mujer estaba destruida porque el hombre imponía su poder por la fuerza física y no por la mental. Y con la fuerza física puedes ser maletero, pero no un genio. Lo pienso todavía.

P. ¿Le importó alguna vez la gloria?

R. Para mí, la medicina era la forma de ayudar a los que no tenían la suerte de vivir en una familia de alto nivel cultural como la mía. Esa línea recta no ha cambiado. La actividad científica y la social son la misma cosa. La ayuda a las mujeres africanas y la medicina son lo mismo.

P. ¿El cerebro sigue siendo un misterio?

R. No. Ahora es mucho menos misterioso. El desarrollo de la ciencia es formidable, sabemos cómo funciona desde el lado científico y tecnológico. Su estudio ya no es un privilegio de los expertos en anatomía, fisiología o comportamiento. Los anatomistas no han hecho gran cosa, quitando algunos. Ahora ya no hay barreras. Físicos, matemáticos, informáticos, bioquímicos y biomoleculares, todos aportan cosas nuevas. Y eso abre posibilidades a nuevos descubrimientos cada día. Yo misma, a los 100 años, sigo haciendo descubrimientos que creo importantes sobre el funcionamiento del factor que descubrí hace más de 50 años.

P. ¿Hará fiesta de cumpleaños?

R. No, me gustaría ser olvidada, ésa es mi esperanza. No hay culpa ni mérito en cumplir 100 años. Puedo decir que la vista y el oído han caído, pero el cerebro no. Tengo una capacidad mental quizá superior a la de los 20 años. No ha decaído la capacidad de pensar ni de vivir...

P. Díganos el secreto.

R. La única forma es seguir pensando, desinteresarse de uno mismo y ser indiferente a la muerte, porque la muerte no nos golpea a nosotros sino a nuestro cuerpo, y los mensajes que uno deja persisten. Cuando muera, solo morirá mi pequeñísimo cuerpo.

P. ¿Está preparada?

R. No hace falta. Morir es lógico.

P. ¿Cuánto desearía vivir?

R. El tiempo que funcione el cerebro. Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la extinción de la especie humana.

Esta entrevista pertenece al suplemento Domingo del 19 de abril de 2009

*La primera foto es de Maurizio Riccardi. La segunda, tan bella en su expresividad, la tomo de aquí

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-1ff13b2a339d3b75fc6c0df14943c722.jpg

 

LUIS POUSA: EL BUS DE LA ALCARRIA

LUIS POUSA: EL BUS DE LA ALCARRIA

‘BREVIARIO DEL BUS’ DE LUIS POUSA:

FICCIÓN, MEMORIA Y TRANSPORTE

[Luis Pousa Rodríguez es escritor (narrador y poeta) y periodista en ‘La voz de Galicia’. Trabaja en un delicioso libro sobre el transporte, un libro de ficción y de memoria, que ha colgado en buena parte en el blog de Enrique Vila-Matas, en el texto ‘Breviario del bus’, dividido en 19 partes, por ahora. ]

http://www.enriquevilamatas.com/escritores/escrpousal1.html

 

DE ‘BREVIARIO DEL BUS’

Luis POUSA RODRÍGUEZ

XVIII. EL BUS DE LA ALCARRIA

El Cela andarín de 1946 poco tenía que ver con el CJC de sus postrimerías, aquel literato a quien el Nobel tumbó sobre la lona de una sola hostia y que acabó sus días imitándose a sí mismo, como esos personajes que adoptan los tics y los absurdos de sus propias caricaturas. Tengo otros nombres con idéntica patología hirviéndome en la cabeza, pero mejor me los callo, porque los políticos tienen rencor para rato largo. A los políticos les das media galleta en un siglo y, ya puestos, los tíos te esperan al doblar la esquina del siguiente milenio, con el machete preparado para seccionarte las gónadas, sin perder ni por un solo segundo esa sonrisa blanqueada que tanto brilla en los cartelones electorales.

Pero estábamos hablando de seres con neuronas, no de esos transistores averiados que ocupan escaño en la carrera de San Jerónimo. Estábamos con CJC, que antes de disfrazarse de su propia caricatura era un escritor de tomo y lomo, de esos que se recrean con la muleta en la mano, exhibiendo una destreza que solo se adquiere meneándosela mucho (y con mucho tino) mientras con la zurda se sostienen y se escrutan las palabras de los gigantes de la literatura.

En 1946 Cela todavía era Cela y decidió echarse al camino para contarnos la Alcarria a pie de arroyo, a pie de quejigo, a pie de Tajo, río literario hasta su extremaunción en la impagable Lisboa de todos los Pessoas.

Tajo arriba, en las tierras de la Alcarria, cuando Zorita era Zorita de los Canes y no el estéril sinónimo de una añosa central nuclear, CJC en una de las curvas de su camino se sube al bus, que según la cita de Josep Pla que planta el autor en el arranque del décimo capítulo de este libro proporciona al viajero un “vuelo gallináceo”. CJC, que aún no es el Cela último de las palanganas y las farándulas televisadas, salta al estribo de un coche de línea y se hace un hueco entre los bulliciosos gitanos y las modistillas:

“Cuando el autobús echa a andar, la gente se va acoplando. El acoplamiento es, a veces, doloroso”.

Aquel bus de 1946 daba otra dimensión del tiempo al viajero, que hoy en día se teletransporta casi sin observar el paso acelerado de los postes de telégrafos plantados entre su origen y su destino. Es más, ya no sé ni siquiera si todavía existen aquellos postes telegráficos que adornaban el paso de los trenes por las llanuras de Castilla. A lo mejor sólo es un recuerdo que se ha quedado atrapado en un rincón de las meninges. El camino, en 1946, no era un estorbo, sino que era parte del viaje mismo. Así, el Cela andarín llega a las once de la mañana a un pueblo llamado Tendilla y recibe el aviso de que tiene que aguardar hasta las siete y media por el coche de línea que va a Pastrana. O sea, que lo que el automovilista del 2010 despacha en unos minutos de autopista clónica, en 1946 permitía al caminante demorarse en “un pueblo de soportales planos, largo como una longaniza y estirado todo a lo largo de la carretera” y “donde tiene un olivar el escritor don Pío Baroja, para poder tener aceite todo el año”. Hay tiempo para todo, hay horas largas por delante hasta echar a andar hacia el empalme de Tendilla, donde tropieza con una tabernita en medio del campo que “era algo muy parecido al paraíso terrenal”.

Era 1946, otro siglo, otro mundo. En Zorita de los Canes los átomos sólo bailaban en el agua tiznada del Tajo.

 

ACERCA DEL PREMIO DE NOVELA HISTÓRICA CIUDAD DE ZARAGOZA

Recibo esta nota de la Plataforma +Cultura. Aragón Comunidad Cultural, donde se pide la supresión, "por el momento", del Premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza para 2013, cuyo coste ronda los 45-50.000 euros, ante otras necesidades de la ciudad.]

  

NOTA DE PRENSA DE LA PLATAFORMA + CULTURA

30 de diciembre de 2012

1.+Cultura y los colectivos profesionales de la Cultura piden al Ayuntamiento de Zaragoza que no convoque de momento el Premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza para 2013 y reorganice las subvenciones al sector de la creatividad  literaria de modo que también se recuperen los soportes de ayuda a la creación de relatos, poesía y otros que dejaron de convocarse en pasadas ediciones.

2.+Cultura reclama un diálogo abierto y permanente para reestructurar toda la política de subvenciones culturales de manera más racional y en consenso con los propios sectores en el marco de un autentico Consejo de las Artes y Cultura en Zaragoza.
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+Cultura solicita al Ayuntamiento de Zaragoza que no convoque de momento el Premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza para 2013 tal y como lo venía haciendo (seguramente la convocatoria saldrá en los próximos días, el año pasado se hizo el día 4 de Enero)  y antes reorganice las subvenciones al sector de la creatividad  literaria de modo que también se recuperen los soportes de ayuda a la creación de relatos, poesía y otros que dejaron de convocarse en pasadas ediciones y que tenían una mayor incidencia y participación. Es necesario que el Ayuntamiento reestructure con urgencia toda la política de subvenciones culturales de manera más racional y en consenso con los propios sectores en el marco de un autentico Consejo de las Artes y Cultura en Zaragoza.

El Premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza se convoca para obras ya publicadas durante el año anterior. Su dotación (hasta el año 2012) era de 30.000 €, que se reparte al 50% entre editorial y autor. Por estadística, suele recaer en grandes grupos editoriales; es decir no se ayuda a editoriales que realmente puedan necesitar este apoyo tanto económico como de promoción. Por otro lado,  trata de un premio que ha ido sufriendo un paulatino desprestigio, porque en unos años se ha pasado de casi 50 novelas presentadas a poco más de veinte.  También se concede un premio de honor. El último escritor al que se concedió este premio de honor - Arturo Pérez Reverte- incluso excusó su asistencia a la ceremonia de entrega.

Además al importe del premio hay que añadir los cuantiosos gastos que su convocatoria conlleva. La actuación de cada miembro del jurado supone una compensación media de unos 1.500 €. El número de integrantes del jurado suele ser de siete u ocho personas. Algunas de ellas se desplazan desde diversos lugares del territorio nacional. Por lo que, como es natural, debe sumarse los gastos de viajes y alojamientos, tanto para asistir a la deliberación del jurado, como para asistir a la ceremonia de entrega y celebración posterior, a las que evidentemente se hallan invitados. También hay que contar entre los gastos los que suponen esta ceremonia y festejo.  En fin, estamos hablando de un premio que fácilmente supone un gasto de entre  45.000  y 50.000 €  aproximadamente. 

Frente a todo esto, hay que destacar que las bibliotecas municipales contarán con un presupuesto "cero" para la compra de libros.  O que  el Ayuntamiento de Zaragoza adeuda el importe de los convenios suscritos en los últimos años con asociaciones y entidades que trabajan en el fomento de la lectura y la difusión de la literatura y de los autores aragoneses; actuaciones que se llevan a cabo en coordinación con dicho Ayuntamiento y en centros municipales, como bibliotecas o centros cívicos de la ciudad.

En estos tiempos de acentuada crisis económica, recortes generalizados y supresión de ayudas y subvenciones a programas culturales de base, a asociaciones, editoriales, etc. este premio así configurado parece un disparate. Un premio que ni a corto ni a largo plazo está trayendo a la ciudad los supuestos beneficios que se auguraron en los primeros tiempos de su celebración y cuya permanencia, en estos momentos, no parece en absoluto tan precisa como el mantenimiento de otras actividades que puedan beneficiar al mayor número posible de ciudadanos de Zaragoza.


Info en http://mascultura.org/web/?p=3310


+CULTURA.
Aragón Comunidad Cultural
http://mascultura.org

*Este cuadro de un atardecer de verano es de Winslow Homer. 

ALBERTO CALVO: LA MUJER ÁRABE

ALBERTO CALVO: LA MUJER ÁRABE

ALBERTO CALVO: MEMORIA DE UN AMOR ORIENTAL. O CASI

Tengo debilidad por las moñas o moñacos de Alberto Calvo. Hoy, mientras recorría medio país bajo la niebla, me ha mandado este conjunto de mujeres que parecen orientales, como personajes de ‘Las mil y una noches’ o del pasado arábigo andaluz. Aquí están: Alberto Calvo, ese creador incesante, en toda su plenitud de color, de ingenio, en diálogo con la memoria visual de la pintura, del arte y quizá de la historia.

FRANCISCO URIZ: UN DIÁLOGO

FRANCISCO URIZ: UN DIÁLOGO

[Francisco Uriz cumple hoy 80 años y lo celebra por todo lo alto: con la publicación de su libro ’Poesía reunida’ (Libros del Innombrable). hace un par de semanas publiqué esta entrevista, con pequeñas variaciones, en Heraldo de Aragón. La traigo aquí a modo de conmemoración y de felicitación para Paco y sus amigos. La foto es de mi compañera Esther Casas, en sus tiempos en Heraldo.]

 

"MI RELACIÓN CON LOS ESCRITORES

NÓRDICOS HA SIDO MARAVILLOSA"

 

Francisco Uriz (Zaragoza, 1932) vive en una casa llena de libros, de música y arte. Y de fotos de familia: de su hijo Juan, de sus cuatro nietas, del álbum disperso de una existencia casi itinerante. Su mujer Marina Torres, traductora de lenguas nórdicas como él, pone el orden. Sobre una mesa de cristal del amplio y soleado comedor se ve una foto de los años 60 o 70 con ambos en medio de una manifestación. He aquí varias de las razones de la vida de Uriz, o las claves para forjar un retrato: es un hombre esencialmente político, que dedicó un poemario a Vietnam, militó durante años en el Partido Comunista de España desde Suecia, y es un traductor de todos los géneros (ha traducido más de 150 autores, hasta cartas a los brigadistas), pero sobre todo de poesía. Ha ganado en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción: en 1996 y este año. Estos días sale a la calle su ‘Poesía reunida’, más de 600 páginas que publica uno de sus lectores más amados: Raúl Herrero, de Libros del Innombrable, con quien ha colaborado en más de veinte publicaciones. En ese sello ha publicado, entre otros, a Gunnar Ekelöff, Marta Tikkanen o Jörn Donner, el escritor finlandés con quien descubrió el cine de Ingmar Bergman. Otro amigo esencial e inolvidable de Paco Uriz es el recientemente fallecido José Luis Borau.

-¿Empezamos por él?

-José Luis fue un amigo muy entrañable. Siempre lo llevo dentro. En los tiempos de la Universidad, los dos cursábamos Derecho y luego nos reuníamos con los amigos, con Pepe Pérez Gállego y Román Escolano, entre otros. Íbamos y veníamos por el bulevar de Independencia: nuestra charla era cine y literatura, literatura y cine. Siempre así. Borau era una persona admirable, deslumbrante, querido por todos. Lo sabía todo y nos contaba historias de cineastas, de escritores. Era un avanzado de la época. Él se fue a Madrid y yo a Suecia...

¿Cuándo volvieron a verse?

Más de veinte años después, en 1976. Él acababa de estrenar ‘Furtivos’ y a mí me encargaron que organizase una Semana del Cine Español en Suecia. Pensé en los clásicos: Bardem, Berlanga, Gutiérrez Aragón, y entre ellos también estaba Borau. Me trasladé a Madrid, y un día le llamé y le dije: “Señor Borau, soy Francisco Uriz, nos conocimos hace veinte años”. Y él, desde el otro lado del teléfono, me dijo con esa voz afectuosa y quizá un poco bruta, expansiva: “Pacooo, coño, amigo”. Y me riñó, claro, por haberme puesto tan ceremonioso. “¿Cómo iba a olvidarme de ti?”. La Semana de cine se convirtió en un mes de cine español en Suecia.

¿Tuvieron algún otro contacto?

Volvimos a contactar con motivo de su película ‘La sabina’. Un día me llamó Borau para decirme que había pensado en contratar a Harriet Anderson para la película. Yo, no sé por qué, siempre pensé que hablábamos de Bibi Anderson. Las dos habían sido compañeras de Ingmar Bergman. Accedí a Harriet, la mujer preciosa y joven de ‘Un verano con Mónica’, porque era la compañera de un gran amigo mío: Jörg Donner. Crítico de cine, productor, director, novelista. Años atrás yo había ido a Finlandia tras una mujer; allí conocí a Donner, nos hicimos amigos y recuerdo que una vez vimos todo el cine de Ingmar Bergman, cuando solo era conocido como dramaturgo. Lo vimos solos los dos y tomamos muchas notas. Y discutíamos. Donner escribió un libro sobre  Bergman, que he traducido para Libros del Innombrable; y yo no he escrito nada con mis notas. Luego he traducido muchas cosas de Bergman: sus memorias, ‘La linterna mágica’, por ejemplo.

Sabemos que Borau contrató a Harriet Andersson.

Sí. Y no solo eso: el propio Donner fue coproductor: aportó dinero, a la propia Harriet y algunos técnicos de fotografía y sonido. Sin embargo, la película fue destrozada en su estreno en Suecia: Donner tenía demasiados enemigos en Suecia. Era y es un hombre con personalidad, autoritario, que dice las cosas directamente, y solían recordarles a los suecos: “Los pactos están para cumplirlos”. Donner fue muy importante en mi vida por otras cosas: él me regaló un libro de Pablo Neruda de la editorial Losada y me puso en contacto, a través de su compañera de entonces, la escritora Sun Axelsson, con Artur Lundqvist...

A Sun Axelssson también la ha traducido su esposa Marina Torres en Zaragoza: los poemas de ‘Arena’.

Era una mujer menuda y rubia, de gran personalidad. Tenía una complicada historia: había sido amante de Nicanor Parra. Se la llevó a Chile y ella descubrió que el poeta ya estaba casado. Allí la acogió y la protegió su hermana Violeta Parra, tradujo a Pablo Neruda al sueco...

¿Quién fue Artur Lundkvist?

Un personaje capital de la Academia Sueca al que le fascinaba el español, nuestros escritores, y era poeta. Yo he traducido su lírica: ‘Textos para la nieve’. Era un enamorado de la poesía española y latinoamericana: un día se enteró de mi existencia y me propuso que hiciéramos juntos una antología poética de hispanoamericanos al sueco. Estaban César Vallejo, Borges, Huidobro... Me dijo los autores que había escogido, me pasó sus libros, me dijo qué selección había hecho él y me dijo que hiciera yo la mía. Fue muy generoso y apenas hizo correcciones a mi trabajo. Titulamos la selección ‘Cóndor y colibrí’ (1962). Luego tradujimos al sueco a Pablo Neruda, a los poetas españoles contemporáneos y recuerdo que también hicimos una versión de ‘Así que pasen cinco años’ de García Lorca.

Era una hermosa manera de empezar...

Desde luego, aunque luego yo lo que he hecho es traducir, en concreto, lenguas nórdicas al castellano. Un día le dije a Lundkvist que tenía fijación por Aragón: había escrito de Luis Buñuel, había publicado una novela sobre Goya y ahora trabajaba con un aragonés, de Zaragoza. Se rio...

¿Cómo fue su relación con los escritores suecos?

Maravillosa. Con los suecos y con los nórdicos en general. Ellos están muy agradecidos por nuestro empeño: no es lo mismo escribir para ocho millones que para 300 o 400. Antes de volcarme de manera exhaustiva en autores concretos, hice antologías de literatura sueca para España y Cuba, y de literatura nórdica en general. Y eso siempre lo agradecían mucho.

¿Siente predilección por alguno en concreto?

Desde luego. Incluso por aquellos a los que no conocí: por ejemplo Gunnar Ekelöff. He publicado varios libros suyos, entre ellos aquí en Zaragoza su antología ‘Non serviam’. No lo fui a conocer por timidez y porque tenía fama de difícil. Conocí a su viuda y me ayudó muchísimo: es una mujer excepcional. Ekelöff está considerado el poeta sueco más importante del siglo XX.

Demos un pequeño giro. ¿Siempre le ha interesado la política?

Mucho. En España, en Suecia, allá donde iba, pero Suecia fue decisiva en mi  vida por la aportación política. Veníamos del franquismo. En 1963, tras entrar en contacto con los brigadistas internacionales suecos, nos sumamos al Partido Comunista. Marina, mi mujer, y yo. A la Guerra Civil española vinieron a combatir 500 suecos y murieron más de 200; los que volvieron fueron represaliados por el régimen sueco no en un campo de concentración pero sí los dejaron en una especie de refugio o ghetto. Poco a poco se fueron incorporando a la vida normal, pero nosotros supimos donde se reunían, empezamos a ir, vencimos suspicacias (vieron que no todos los españoles eran fascistas; les traducíamos sus cartas) y nos aceptaron y nos contaban muchas cosas. Con ellos, participamos en una campaña, en vano, para salvar a Julián Grimau, por ejemplo. Permanecimos en el partido hasta 1980.

Uno de los grandes proyectos de su vida fue la fundación de la Casa del Traductor.

En cierto modo nació en una comida en Casa Emilio. Allí conocí a mucha gente vinculada a ‘El día de Aragón’, en un momento en que estábamos buscando casa. Vicente Sánchez, empresario, gran amigo y uno de los personajes más entusiastas que conozco, un personaje-esponja, nos habló de Tarazona y de un chalé. Me inspiré en Elmar Tophoven, un alemán que había creado una Casa del Traductor: decía que los traductores debían tener un sitio para reunirse, para hablar, para trabajar.  Con otra compañera traductora, francesa, Françoise Campo-Timal, en Arlés, hablamos de ello. Y allí hablamos de la importancia que había tenido el Rey Juan Carlos I en la fundación de la Casa del Traductor de Alemania: en uno de sus discursos, elogió la labor del traductor y Elmar Tophoven lo supo usar muy bien.

¿Cuál es el balance de la Casa del Traductor?

Bueno. Muy bueno. Se convirtió en una factoría de palabras y de profesionales. Contamos con muchos apoyos decisivos: el alcalde Moreno Lapeña, Juan José Vázquez, jefe de área de la Diputación de Zaragoza, Juan Manuel Velasco, Director General del Ministerio de Cultura, que nos ayudó mientras estuvo en el cargo. Y el Gobierno de Aragón, sobre todo en la época de Pilar de la Vega. Y por supuesto ha sido muy importante el apoyo de la Comunidad Europea: allí se eliminaban burocracias y facilitaban el trabajo.

¿Qué hacían en la Casa del Traductor?

En la Casa del Traductor hemos hechos muchas publicaciones, revistas, hemos publicado a escritores y hemos defendido el estatuto del traductor, algo por lo que venía luchando desde hacía mucho tiempo Esther Benítez. La gente venía y se marchaba encantada. Y aún me lo recuerdan. Y le dábamos prestigio a Tarazona. Ahí hemos traducido a mucha gente, entre ellos un futuro premio Nobel como Seamus Heaney. Vino una vez Bernardo Atxaga y no se lo podía creer. Nosotros contribuíamos a la difusión de la cultural española y aragonesa en el mundo y al revés: el mundo entraba en Aragón a través de la traducción. Fueron diez años estupendos. Pero aquí es muy difícil combatir con la burocracia y con el caciquismo: la gente no cree en los proyectos y las autoridades decían que te daban a ti la subvención, por “ser tú quien eres”. Eso desgasta mucho.

¿Y ahora?

Cumplo 80 y sigo trabajando. Estudio, leo, escribo, recorto prensa. Uno de mis próximos trabajos será Ekelöff de nuevo, que ilustrará Natalio Bayo.

 

 

DE OLOF PALME, DE LA POLÍTICA Y EL FÚTBOL 

La vida de Francisco Uriz es tan caudalosa como inagotable. Ha viajado mucho, ha emprendido aventuras con Peter Weiss en busca de los hospitales de los brigadistas, ha traducido no solo poesía, sino novela y teatro, especialmente de August Strindberg. Y uno de sus mejores recuerdos está vinculado a Olof Palme, el primer ministro sueco que fue abatido. De repente decidió emprender un viaje por Latinoamérica, México y Nicaragua, entre otros países, y le pidió a Uriz que fuera con él. Le haría de intérprete, de compañero, le daría sus opiniones sobre política e incluso le sugería matices de estrategia política. “Olof Palme era un hombre valiente, solidario, comprometido, que también tuvo que enfrentarse a la burocracia. Yo lo había invitado para la revista ‘Tiempo’ y se acordaba. Decía sus discursos en español y a veces los corregíamos en los últimos momentos. Creía en al valor de la solidaridad, creía en la democracia, y humanamente me ha dejado una huella imborrable. He traducido una selección de sus artículos, y ahí se ve quién y cómo era: Olof Palme encarnaba la vivencia apasionada de una verdad política”.

Otro de los asuntos claves de Paco Uriz es el fútbol: le ha dedicado un libro completo, ‘El rectángulo de hierba’ y dos antologías. “En realidad se inspira en el libro ‘¡Un círculo de hielo’ de Jan Erin Vold, que es un enamorado del patinaje. El fútbol no me ha dado nada especial, pero lo disfruto. Sobre todo lo que me apasiona es el juego, el acto de jugar, y ahora todo eso se ha derrumbado”.

Paco Uriz se confiesa poco ordenado. Incluso como traductor. “No resisto la comparación con Marina. Ella es metódica, lee el libro antes, lo subraya, lo analiza, y luego trabaja y apenas corrige nada. Yo voy traduciendo casi por intuición, poco a poco. Y luego corrijo y le doy sentido al conjunto”. Así, con calma y entusiasmo, con horas y horas y pasión por la poesía, por la palabra, en suma, ha traducido a más de 150 autores y varios miles de páginas.

CINE Y FÚTBOL, SEGÚN PANENKA

CINE Y FÚTBOL, SEGÚN PANENKA

‘PANENKA’: CINE Y FÚTBOL EN EL CENTRO DE HISTORIAS

Esta tarde, a las 19.30., en el Centro de Historias la revista ‘Panenka’, que coordina el historiador aragonés Aitor Lagunas se presenta en Zaragoza con una mesa redonda en la que van a intervenir algunos expertos del tema central: el fútbol y el cine. Ahí estarán Carlos Marañón, José Antonio Martín Otín, ‘Petón’, y Luis Alegre. La última publicación de ‘Panenka’ es un número sobre el Calcio: hablan, entre otros, Prandelli, Gattuso, etc. Gianluigi Buffon dice que constató la existencia de Dios el día que vio a Pirlo llevar la casimeta de la Juventud.

En la foto Aishwarya-Rai-, protagonista de ‘Yo quiero ser como Beckham’.

XUAN BELLO: UN DIÁLOGO

XUAN BELLO: UN DIÁLOGO

[Xuan Bello es uno de los grandes escritores de Asturias. Un escritor universal que tiene en Paniceiros y en Asturias el epicentro de sus ficciones, el alimento de los sueños. Autor de numerosos libros de poesía, narrativa o ensayo, uno de los más conocidos es ‘Historia universal de Paniceiros’. Y ahora, con impecable traducción de José Luis Piquero, acaba de publicar en Xordica ‘La nieve y otros complementos circunstanciales’. Xuan, un tipo encantador y entrañable, un animal literario, responde así a unas cuantas cuestiones que quieren saber más de él y del libro. Un resumen de esta entrevista salió el lunes en ‘Heraldo de Aragón’. La foto está tomada de aquí: Sol Pau.http://micasaesmimundo.blogspot.com.es/2012/01/la-tentacion-del-silencio-de-xuan-bello.html]

 

“Quien no escribe por rebeldía no escribe para nadie”

 

 

 

 

-Empecemos a la manera cunqueiriana: ¿Qué está pasando ahora en Paniceiros? ¿Habrá pájaros cantando, se oirá el latido de los pinos o las lágrimas de la piedra no tan inerte?

En Paniceiros predomina el color blanco –lo sé porque un vecino ha colgado en el facebook una foto con este pie: “Ha nevado un poquito de nada”; el silencio, efectivamente, sólo lo rompe el graznido de las urracas, pero eso me lo imagino yo; de vez en cuando, el diamante del día lo rasga también la acatarrada tos de un tractor. Serán los del Sueiro, o los de Casa Santones, que van a recoger leña a algún bosque. En Paniceiros, como en todo el mundo, la vida se mueve y, como en cualquier otra parte, es fácil adivinar hacia adónde se mueve. La única diferencia es que allí, sucediendo lo mismo, las cosas suceden de otra manera. En la adolescencia yo leía La estación violeta de JRJ observando los delicados matices morados de los bosques en noviembre. ¿Le he dicho que hoy predomina el blanco? Sí, pero con el delicado color violeta de las ramas desnudas de los castaños. Busque cualquier cuadro de Anselm Kiefer y podrá verlo con cierta exactitud.

¿Qué le debes a Paniceiros, cómo defines, tanto tiempo después, esa región literaria, física y mental?
Decía Chesterton, con muy buen criterio, que un inglés era aquella persona que naciese donde naciese, en una ciudad civilizada o en las antípodas del mundo, siempre llevaba una aldea inglesa en el alma. Los asturianos, en esto, somos como en otras cosas --como en el sentido del humor-- algo británicos. Es evidente, a estas alturas de mi vida, que existe un Paniceiros real, comprobable, y otro literario; pero la vida y la literatura se mezclan comúnmente: París no sería París sin Paul Verlaine. París es distinto, por lo menos para mí, después de haber leído los Apuntes de París de Fernando Sanmartín. Yo he convertido, pues así lo he querido, a mi aldea natal en el centro del mundo. Allí se entrecruzan todos los caminos. ¿Qué le debo?

Eso te había preguntado, sí...

Todo. Para la portada de un libro de poemas mío, ‘Los nomes de la tierra’, dibujé muy torpemente una isla en cuyo centro estaba Paniceiros. No muy lejos, en aquella ficción tan verdadera, estaba la Roma y el Cartago de los libros. Hace ya casi veinte años de esto. Yo le he ido añadiendo barrios a Paniceiros: Nueva York, Braga, Roma, Barcelona, Madrid… Son ciudades por las que he pasado con mayor o menor intesidad; pero en mis libros no aparece la Nueva York de la postal, sino el Brooklyn de Whitman y el de Auster, el Manhattan de José María Conget; no aquella Braga donde viví un largo año, sino la que minuciosamente describe Altino do Tojal; y así todo. Colecciono identidades, y las sumo, sin renunciar a nada de lo que he sido. A mí me va bien.

¿En qué medida está en ‘La nieve...’ ese espacio?
En ‘La Nieve y otros complementos circunstanciales’ se habla aparentemente menos de Paniceiros que en otros libros míos puesto que los paisajes –recuerdo ahora Roma y Oporto—son más variados. Conocer de alguna manera es conquistar para el alma terranovas de la emoción; pero las nuevas tierras encontradas siempre las vemos desde una perspectiva distinta, local si quiere, patrimonio del individuo sin duda. Cesare Pavese decía que en todas las playas del mundo él veía la primera playa que vio en su infancia de secano; también veo yo así las ciudades, las personas: a poco que se rasque, Zaragoza, una gran urbe, es como Paniceiros, una pequeña aldea de dieciséis casas. No exagero: un día un historiador inglés me preguntó mi opinión sobre la Guerra Civil Española y yo le comenté lo que sabía, la memoria del consenso fundamentalmente, y me dijo que no entendía nada; pasé a contarle después, con cierto detalle, lo que durante la Guerra Civil había sucedido en Paniceiros y me contestó entusiasmado: “¡Ahora lo entiendo todo!”.

¿Qué le debe un escritor como tú a la geografía y a sus accidentes e incidentes: la tierra, los ríos, los bosques, la llegada del mal tiempo? ¿Cómo te influyen las estaciones? Lo digo a propósito de ‘Elogio del otoño’, de la nieve, y de tantos y tantos golpes de viento o de mar...
Decía Josep Pla, uno de mis maestros, que los seres humanos somos climatológicamente dialécticos. En Asturias, por ejemplo, el carácter de la gente cambia por algo tan simple como es nacer en la vega, entre las paredes del valle, o en lo alto, junto al cielo y divisando las cumbres de otros valles llenos de niebla. Yo nací en lo alto y la imagen de la amplitud del mundo acompaña mi mirada desde que veo. Siento curiosidad por el mundo aunque, está claro, no me he inventado eso de que el paisaje puede funcionar a veces, si se mira mucho y bien, como correlato anímico del escritor. Simplemente es una idea antigua que sigue funcionando. Vivo en el campo, actualmente en Caces, y aunque estoy a quince minutos escasos del centro de Oviedo veo discurrir una tras otra las estaciones. Veo como renace la vida tras su muerte. Eso tiene su importancia existencial: todo renace tras su muerte excepto nosotros. Esa idea desvela y revela.

¿Cómo defines ‘La nieve y otros complementos circunstanciales’? ¿Es un diario, el testimonio de las confidencias, el acta notarial de la incertidumbre de un escritor?
Es todo eso que dices, Antón; es todo eso. Un diario por que concibo la literatura como un borrador apresurado de los momentos escasos de intensidad que me toca vivir; testimonio de confidencias pues la literatura es confidencia apenas, palabras encendidas que se le dicen en voz baja a alguien, con los ojos un poco achispados, en son de amistad; ¿acta notarial de un escritor? Pues está bien dicho y lo que está bien dicho algo de razón ha de tener. Yo, amigo mío, soy un perplejo. He leído mucho sobre la condición humana, he vivido algo y sé de nuestras miserias. ¿Cómo no sorprenderme ante quien puede convocar, a pesar de ser tan mísero como es, la maravilla tantas veces? Anoto y callo. Ese es mi oficio.

 

Hay muchas historias íntimas, familiares. Por ejemplo evocas a tu abuelo, evocas los cuentos que te cuentan, los cuentos que te cuentas...

La memoria familiar, para mí, es tan importante como la memoria literaria. Las confundo a veces, la verdad; leyendo a Willian Shakespeare, por ejemplo su Lady Macbeth, recordé a una prima mía, de Paniceiros, a la que habían puesto de delegada en la escuela. Además, no hay que olvidarlo, el campesinado tiene una memoria prodigiosa. En los pueblos de Asturias todavía se asusta a los niños evocando a un tal Carixu como en otras partes se le dice Coco; pero resulta que Plubio Caro Carisio fue un general romano que ordenó, hace más de 2.000 años, lo que hoy llamaríamos una limpieza étnica. Escucho eso de “Va llevate Carixu” y sé que no nos limpiaron del todo.

¿En qué medida este es un libro que se alimenta de lecturas, de otros escritores?

Un poema siempre nace de otro poema. Una historia siempre se entrelaza con otra historia. A mí me gusta la literatura manchada de vida como me gusta la vida manchada de literatura (la frase feliz es de José Luis Piquero, un gran poeta que ha sido mi traductor al castellano en esta ocasión). La nieve y otros complementos circunstanciales es, muchas veces, una reflexión sobre las lecturas que iba haciendo o iba recordando. Si medito sobre la playa de Llucalcari, en Mallorca, donde fui tan feliz y estuve tan enamorado, ¿cómo no recordar cada accidente del alma de esa playa? Y entre los accidentes de esa alma, entre el cuerpo de la amada y el aliento del dios del mar, estaban salpicados de arena los versos de Robert Graves. ¿Aprender a leer la vida como se lee un libro? Bueno, en realidad en mi caso es justamente al revés. De todo aquello que te cuento, por cierto, lo único real que perdura son los poemas de Robert Graves. Ni el mar ni la amada de entonces –afortunadamente—están aquí conmigo; pero los versos, y mi viva con quien quiero, sí.

 

¿Qué te da la poesía, qué lugar ocupa en el diario y en tu trayectoria?

La poesía es el arte de reunir en unas pocas palabras toda la intensidad del mundo. La poesía –como narrador hablo y no como poeta—me lo ha dado todo, incluso procedimientos narrativos. Soy un lector devoto de poesía y a veces descorro el triple velo de la Diosa Blanca y escribo un poema, pero cada vez menos. Le debo más a Celso Emilio Ferreiro o a Francisco Quevedo que a Kafka o a Faulkner. Soy de natural tímido y me siento muy agusto en las fronteras. De no haber sido escritor me hubiese gustado ser contrabandista. De esos contrabandistas de vuestro Aragón que fornicaban a ambos lados de la raya.

 

¿Cuál es la importancia del viaje en tu escritura y en tu vida?
Decía Agustín de Hipona que sufrir en el presente no era demasiado importante; pero que haber sufrido en el pasado era lo mejor que le podía suceder a una persona. La misma relación la encuentro yo con el viaje: no importa tanto viajar como haber viajado. Viajar, por otro lado, siempre es una metáfora de la vida: sabemos nuestro destino pero nos demorarnos, todo lo que podemos, en el trayecto.

 

¿Cómo vives la relación entre vida y literatura?

La vida vivida y la vida escrita a la postre se acaban pareciendo. A la taberna de Tuña, en Tineo, llegó un día un mercader con un borrico cargado con unos pellejos de vino. Un borracho los vio a la puerta y, frotándose las manos, dijo: “¡Cuántas palabras nuevas han llegado hoy!”.

 

¿Son los libros, podrían serlo, la mejor patria del hombre, la más segura, la menos fanática?

En muchos aspectos sí. Patria más segura no, puesto que los libros tienen la vocación y la virtud de la incertidumbre; menos fanática sin duda: quien lee a otro se hace otro puesto que leer es igualarse.

 

¿Por qué escribes en asturiano?

A mí me gusta coleccionar identidades sin renunciar a ninguna anterior. Un coleccionista, ¿quemaría el cromo de Gento porque ha conseguido el de Villa? Pues no a no ser que sea tonto de remate. Escribo en asturiano y en castellano porque son mis lenguas y puedo y sé hacerlo. Todo me empujaba a no escribir en asturiano: pero yo leía y eso me acercó a la tentación de lo difícil y necesario. Quien no escribe por rebeldía no escribe para nadie