Blogia

Antón Castro

LOS MORENO GISTAÍN, EN LA MOZART

LOS MORENO GISTAÍN, EN LA MOZART

LOS MORENO GISTAÍN, AL PIANO, EN EL AUDITORIO

Hoy lunes, a las 20.15, en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza dentro del Ciclo Grandes Solistas actúan Juan Fernando y José Enrique Moreno Gistaín, dos jóvenes intérpretes de Barbastro ya consolidados en numerosas giras nacionales e internacionales.

Me escribe Juan Fernando, padre de Alonso Moreno Gimeno, de cuatro meses: “Interpretaremos el programa BalletMusik, dedicado a la música de grandes ballets que han pasado a convertirse en música de concierto.
Está compuesto por las ‘Danzas Polovtsianas’ de Borodin, ‘Cinderella’ de Prokofiev, ‘Daphnis et Chloé’ de Ravel y ‘Points on Jazz’ de Dave Brubeck.


Los detalles del concierto están aquí:
http://www.auditoriozaragoza.com/ConciertosVisualizacion.aspx?id=862


Y hay más información sobre el programa Balletmusik en la web:
http://morenogistain.com/Proyecto_BalletMusik.html

GUIRAO, MALO Y MATEOS EN NALVAY

GUIRAO, MALO Y MATEOS EN NALVAY

DAVID GUIRAO Y OTROS: NUEVO LIBRO EN NALVAY

Me escribe uno de los espléndidos ilustradores con que cuenta Aragón, David Guirao. Anuncia la publicación en Nalvay del cuento ilustrado ‘El príncipe que cruzó allende los mares’. Dice: “Se trata de una obra escrita por Roberto Malo y Francisco Javier Mateos, autores de los magníficos ‘Tanga y el leopardo’ y ‘La madre del héroe’.He tenido la suerte de poder ilustrar este divertido y loco cuento de reyes, princesas y príncipes”. He aquí una ilustración a todo color, la primera en los tres años de existencia de Nalvay, donde David había publicado otro libro realmente sugerente: ‘Oriana’, con texto de Nacho Escuín Borao.

ANDOLZ, POR CARLOS CASTÁN

ANDOLZ, POR CARLOS CASTÁN

CARLOS CASTÁN RECUERDA A RAFAEL ANDOLZ

Carlos Castán, escritor (acaba de concluir una novela), filósofo y hombre de bien, escribe hoy con un poco de dolor, probablemente más que justificado.

[Según escribe Luis Tesa en su libro ‘Pinceladas Oscenses’ en las puertas de muralla de la ciudad de Huesca hubo un día una piedra con una leyenda para definirla: “Acoges a los extraños y a los tuyos desprecias”.

Hoy Rafael Andolz habría cumplido 86 años si no hubiese muerto en 1998 dejándonos como legado una vasta obra de incalculable valor etnológico y filológico dedicada por entero a Aragón.

En Zaragoza una biblioteca pública (la del barrio de La Almozara) lleva su nombre, en Sabiñánigo sucede lo mismo con una de las salas del museo del Serrablo, y en Jaca se llama como él un Centro Cultural. 

En Huesca, ciudad en la que él vivió y trabajó, a la que amó y defendió por encima de todo, una vez más, nada: sólo olvido y silencio. Aunque yo sé que muchos lo recuerdan (como yo lo recuerdo especialmente en este 23 de septiembre), para su queridísima ciudad, oficialmente, nunca escribió nada, nunca existió.]

Quizá Huesca –la ciudad de los Saura, de Ramón Acín, de Ramón J. Sender, de Antonio Durán Gudiol, de Pepe Escriche, de tantos y tantos hombres entrañables y decisivos...- debiera reparar de inmediato este desdén. Andolz fue un estudioso incesante, un ciudadano generoso y entregado a numerosas misiones de la cultura.

 

 

TRECE AL SOL... MARISOL AZNAR

[Hoy domingo, con todas las entradas vendidas ya, se ofrece la quinta y última función de 'Tiempos modorros' de Jorge Asín y Marisol Aznar. El pasado agosto publiqué en heraldo.es esta entrevista con la guionista, cantante y actriz. Abajo he colocado una nota sobre el espectáculo, que está derrochando risas y risas. Un vendaval de carcajadas.]

TRECE AL SOL DE... MARISOL AZNAR

 

Marisol Aznar (Zaragoza, 1972) es actriz, cantante y guionista de teatro y de televisión. Tiene compañía teatral propia: los Mc Clown. Participa, con un gran sentido del humor, en ‘Oregón Televisión’.

 

 

“Con la crisis, el verano se tiñe de oscuridad”

 

“Habría que reivindicar la alegría y la belleza más que nunca” 

 

Antón CASTRO / Zaragoza

-1. ¿Qué hace una actriz y guionista en verano?

En un verano normal descanso un poco y recupero fuerzas, el año es durísimo, sobre todo como guionista. Ahora mismo estábamos haciendo el ‘Oregón Televisión’ solos Jorge Asín y yo, y acabamos agotados. Así que lo dicho: descanso unos días y en agosto a volver a pensar y a escribir como loca para tener la nueva temporada para septiembre. Este año es atípico: no sabemos el futuro que nos espera en la tele; es bastante incierto por no decir otra cosa. Así que este año como guionista de la tele quieta en la mata. Trabajamos juntos Jorge y yo en nuevos textos teatrales, mejorando nuestra obra de teatro y pensando ideas nuevas con mucha gente para movernos y sobrevivir. Como actriz tampoco me quejo, no nos va mal de bolos con nuestra obra ‘Tiempos Modorros’. Así que lo dicho: nuevos tiempos, nuevos movimientos.



-2. ¿Dónde suele descansar?

He veraneado en muchos sitios. Ha habido años de hábitos fijos; cuando era pequeña en el pueblo de mi madre, Ambel, y también en Benasque, donde iba a unos campamentos maravillosos. De jovencita subía a Jaca todos los veranos a trabajar de monitora. Ahora he variado más: alguna escapada al extranjero para ver mundos diferentes cuando se ha podido, sigo subiendo mucho al Pirineo, me hace falta de vez en cuando, y también elijo playita. Desde que soy madre, más. A mi niña le encanta el mar y vamos a un apartamento que tiene mi hermana.

 

3. ¿Es usted de todo, no?

Ah, se me olvidaba: también vamos a Fréscano. Tenemos una casa entre un montón de amigos y, como nos ha dado por reproducirnos, allí que nos juntamos todos con nuestros churumbeles, a comer, a jugar y a reír.

 

 

4.  Nos va a dar envidia...

Ya digo que no elijo nada. Según las circunstancias, las pelas y los que los bolos nos permiten, vamos a un sitio o a otro.


-5. ¿Cuál son el viaje de verano y la ciudad de su vida?  

Tengo varios veranos de mi vida. Cada momento de la vida tuvo su verano y me lo pasé genial en casi todos. En cuanto a la ciudad, me quedo con Florencia, me impresionó. Es la belleza.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo fue esa época?

Fueron épocas estupendas, momentos únicos y felices. Cada cosa que te pasaba era increíble, toda una aventura.



-7. ¿Cuál sería su mejor recuerdo de entonces?

Me acuerdo mucho de las excursiones que hacíamos en Ambel, nos íbamos a merendar con un bocadillo de chorizo de Pamplona y recorríamos, andando, una acequia, un canal de riego, con el agua hasta las rodillas. Era para nosotros la selva amazónica por lo menos. ¡Qué felicidad!




-8. ¿Qué tipo de lecturas u otras actividades realiza estos días?

8. Buah, leo todo lo que cae en mis manos. Acabo de terminar la última novela de Almudena Grandes ‘El lector de Julio Verne’, también ‘Por qué somos como somos’ de Eduardo Punset, y ahora estoy con ‘Danza de Dragones’, el último de ‘Juego de tronos’ que salió a la venta ¡Por fin!

-9. ¿Cuál sería un fetiche o un instante especial de un verano inolvidable?

Me acuerdo mucho del Museo d’Orsay en París. Fue un viaje muy bonito: la pintura impresionista me encanta.



-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?

No sé, no se me ocurre uno solo. Han sido muchos en libros, en películas, en teatro, personajes que me ha tocado representar muchos veranos. Ahora en estos momentos me quedo con Mari Ramona, la chica del Conchito, que me está tocando representarla alguna que otra vez.



-11. ¿En qué ha cambiado el verano con internet y con la crisis?

De entrada, el verano ha cambiado sobre todo desde que soy madre. Ahora busco cosas que hagan feliz a mi hija Inés. Con internet ha habido una revolución, pero creo que en todas las estaciones, verano, invierno, primavera, otoño... Quizá en el verano se note más porque es un tiempo de desconectar, e internet te mantiene conectado mucho más que antes. Yo lo veo positivo: te acerca más a mucha información. Es como todo. Hay que hacer un uso racional, procurar no engancharse ni depender de nada. ¿La crisis? Con la crisis el verano se tiñe de oscuridad; las noticias, los periódicos nos van minando el ánimo. Solo se oye hablar de la dichosa crisis. Creo de verdad que hay que aparcar un rato el tema y disfrutar un poco, lo que se pueda. La realidad es dura, pero el machaque mental al que nos están sometiendo está siendo insoportable. Habría que reivindicar la alegría, el optimismo, la belleza más que nunca... Me encanta el verano. Yo soy feliz en verano.



12. Si tuviese que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’, ¿qué diría?

El espíritu del verano son la calle, la gente, la despreocupación, las noches de charradas a la fresca, la alegría, y tanta luz: los días largos, las puestas de sol.




-13. ¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Recuerdo un bolo con el grupo de Teatro Hécate, mi grupo de teatro de toda la vida, hacíamos teatro en el instituto, después en la Universidad, etc. Era un bolo en una plaza de un pueblo (no diré cual) y hacíamos un ‘Shakespeare’. Fue un desastre absoluto, sonaba la música de un pub a tope, no habían cortado la circulación y pasaban coches por delante del escenario. La gente no escuchaba, se iban, venían... podíamos habernos deprimido mucho, pero nos lo tomamos con humor y nos dio por reír y reír... Pocas veces en mi vida recuerdo haberme reído tanto. Impresionante. Aun me da la risa. También con el grupo Mc Clown, actuando y en la furgoneta, hemos vivido grandes momentazos de risas y de buen rollo.

CRÍTICA DE TEATRO

 

La crisis, según Conchito y Mari Ramona

 

Antón CASTRO. Zaragoza

Marisol Aznar y Jorge Asín son dos actores en estado de gracia. En el doble sentido del término: están inspirados, conectan bien como intérpretes y como guionistas y, además, poseen un sentido del humor muy notable en muchas direcciones: son capaces de ser paródicos, esperpénticos y candorosos. Y por supuesto costumbristas, desde la desmesura controlada del baturrismo. ‘Tiempos modorros’ concentra todos estos elementos y quiere ser, por la vía de la simplificación satírica, un retrato de la crisis. Lo quiere ser y lo es. En primer lugar, la obra –de gags y sketches muy felices, con voluntad de unidad- es la síntesis de muchos de los males actuales: las mudanzas y la tiranía de la banca, los conflictos sociales, concentrados aquí en el copago, el retrato de los gobernantes en la intimidad y la crisis de la televisión.

‘Tiempos modorros’ es una comedia bufa, a la manera de Darío Fo, y es una sátira de hábitos, mucho más medido de lo que pudiera parecer, y es también una obra esperpéntica. El guión es ingenioso, con constantes destellos humorísticos, avanza y retrocede por el filo de la navaja sin inclinarse en exceso hacia la demagogia, pero tampoco sin eludirla. La caricatura exige la estilización y el énfasis de los defectos. Quizá la concesión más importante sea la aparición del alcalde Conchito y su hija Mari Ramona, que es una de las mejores creaciones del dúo Asín-Aznar: es casi un homenaje al público y pone el broche a un espectáculo de más de una hora donde el espectador no deja de troncharse. ‘Tiempos modorros’ encarna la terapia de la risa incontenible forjada con lucidez, con crítica y con mucho sentido común. La realidad puede ser así de surrealista y de absurda.

La obra está organizada mediante un sencillo pretexto: un conferenciante sueco, un tal Larsen (el nombre y los apellidos son un poco más extensos) va a dar una conferencia de remedios contra la crisis. Y pronto, entre su atento auditorio, aparece una mujer que le interpela. Una mujer que quiere saber. Una mujer peculiar: cuando el profesor está a punto de explicarle qué sucede con los bancos -que han pasado de conceder créditos hasta a los canarios y a los chinos indigentes no dárselos a nadie y a apropiarse de lo que sea mediante la estrategia del llanto: los banqueros también lloran y expolian- tiene que irse con urgencia al baño.

Así, con ese hilo conductor, se organiza la obra, que tiene uno de sus momentos culminantes en la relación de Mariano Rajoy con su madre. Una de esas madres que le reprocha que haya engañado a todos los españoles o incluso a su propio padre, al que no ha querido hacer ministro. Otro momento culminante, en este caso de crítica más feroz y descarnada, es en la mirada sobre la televisión: en ‘Aragoneses por el mundo’, la conductora de Calatayud encuentra a un baturro, con su cachirulo y todo, en un lugar llamado Mierda. Y para desternillarse es la escena en que Marisol Aznar imita a Eva Perón: al fin y al cabo ella sueña con que su padre sea el alcalde del mundo.

‘Tiempos modorros’ no deja títere con cabeza y demuestra que en esta sociedad hay demasiados descabezados. Y prueba el gran éxito popular de ‘Oregón televisión’: el espectáculo reivindica esa forma de hacer humor y los logros del proyecto, y es la constatación de cómo dos actores –y todo el equipo que hay detrás- habían calado en la sociedad aragonesa. Jorge Asín y Marisol Aznar están espléndidos. Son graciosos a su pesar. Son divertidos con intención: divertidos, entrañables, próximos. Tienen el don de la comunicación. Suscitan empatía, poseen un inmenso carisma y conocen a la perfección su oficio. El sonido puede ser mejorado en el espectáculo, pero lo que es insuperable es la autenticidad, la entrega, la rabia, el deseo de conmover y de hacer reír. Hacía tiempo que no se vivía algo semejante en la escena aragonesa: dos actores que son la prolongación de los deseos, de las fantasías y de las quejas del público.

 

Tiempos modorros. Guión, reparto y dirección: Marisol Aznar y Jorge Asín. Teatro Principal. Hasta el domingo, 23.



 

 

ELOY HABLA DE 'QUERIDO LABORDETA'

Palabras en la presentación de la biografía

de Labordeta por  Joaquín Carbonell, 19-9-12

Por Eloy FERNÁNDEZ CLEMENTE

Da mucho gusto estar con buenos amigos para hablar bien de buenos amigos. Muchas gracias por invitarme a participar en este acto, volcado en el recuerdo de José Antonio Labordeta, que se nos fue hace justamente dos años. Voy a procurar ser breve, recordando quién fue para mí Labordeta y hablando de Joaquín Carbonell, y del libro que se presenta, al que he puesto un breve Epílogo que no voy a repetir.

De José Antonio Labordeta me limitaré a resumir cómo veo, desde esta aún corta lejanía, su presencia entre nosotros. Era, ante todo, un hombre sencillo, familiar, muy gozoso de estar siempre rodeado de amigos, bromista, aunque también depresivo a veces por el mal estado de las cosas. Amante entregado de la literatura, escritor incansable, supo llevar su visión del mundo al libro de poemas o ensayos, a la música, a la televisión, al artículo periodístico, al escaño de diputado en nuestras Cortes y en el Congreso. A la tertulia.

Fuimos amigos desde los años en que ambos estuvimos en Teruel, en la segunda mitad de los sesenta. Convivimos allí intensamente, cambiando lecturas, ideas, vivencias, y trabajando en la enseñanza en tiempos de lucha y esperanza. Creamos juntos la revista Andalán, que nos unió aún más durante quince años. Fuimos fundadores del PSA, y tan ilusos en la transición como desengañados luego. Hemos estado en unas cuantas aventuras más, políticas, culturales, aragonesistas.

La gran pregunta, que no sé si se han hecho ya los políticos, los sociólogos, quizá alguna incipiente tesis doctoral, es qué pasó con Labordeta, que logró lo que ninguna otra persona en esta Comunidad, y aun en la España total, un gran consenso sobre su significado, la emoción agradecida de cientos de miles de personas, la consolidación como un símbolo tras su muerte. La forja de un mito.

De los libros que estudian globalmente o en parte la figura y la obra de José Antonio Labordeta (Mainer 1977, Lucini, Fossey y otros), creo que el más completo, el más divertido, el más personal es éste de Joaquín Carbonell. En él vuelca todos sus recuerdos, y tiene muchísimos, todo el humor somarda que aprendió de Brassens y del propio Labordeta, todo el cariño hacia el maestro, el líder, el amigo.

En cuanto al autor:

Conocí a Joaquín Carbonell hace mucho más del medio siglo en Alloza, donde veraneé muchos años en casa de mis abuelos; el suyo, el tio Curro, era un hombre de armas tomar, y su padre fue maestro y granjero, un buen tipo que hace cuarenta años se volcó en lograr suscripciones para nuestra revista Andalán, que comenzaba. Joaquín era un niño juguetón, recorredor de la Alloza calcinada por el sol de agosto con su chirriante recacholino. Luego ha cantado mil detalles de la vida rural de los sesenta y setenta y ochenta, recordando a su Alloza natal, que hace unos días se lo ha agradecido dedicándole una plaza, la más grande e importante del pueblo. Luego, nos recuperamos en Teruel, en el tan mitificado Colegio menor San Pablo, donde inició sus pasos periodísticos, musicales, incluso teatrales. Joaquín era un mozo algo mayor que el resto de su curso, venía de experiencias vitales y sociales que le adelantaban a los demás, y por eso supo avanzar en una línea a medias bohemia, a medias tradicional. Ya no volvimos a perdernos, continuando una amistad trufada de recuerdos.

Fue, junto con Labordeta y La Bullonera, integrante del cartel principal de nuestros cantautores, recorrió España, parte de Europa, parte de América, habló y habla en la radio, escribe libros de humor corrosivo aragonés junto con Roberto Miranda, y lleva dos secciones prestigiosas en El Periódico de Aragón, la de entrevistas ágiles y directas “Palabra de honor”, y la columna sobre el mundo a través del televisor, cáustica, genial, en línea con la mítica que hiciera Eduardo Haro Tecglen en El País, y en buena lid con la que allí le ha sucedido con David Trueba.

En fin, que este libro, que leí a saltos, desordenadamente, comentando con Joaquín algunos pasajes, corrigiendo los poquísimos errores o erratas deslizados, disfrutando de tantas anécdotas y comentarios divertidos, supone un homenaje de papel a nuestro Labordeta, y a la vez explica a muchos lectores que a buen seguro habrá fuera de aquí, quién  y cómo era, por qué era así, cuál era su ambiente, qué quiso transmitirnos, qué ideales del mundo y de la gente dieron sentido a todo su trabajo, toda su vida.

Los despistes, las erratas y errores, las anécdotas en la confección de un libro son lo que a veces recordamos mejor cuando lo evocamos. Dos despistes muy divertidos: Yo no corregí los pies de foto (tampoco la dedicatoria en que se llama Candela a Carmela, una de las nietas de Labordeta), y por ello tampoco pude impedir que se diga en una foto de años después en que se me ve al fondo en un grupo muy numeroso, que se trata de las gentes de Andalán esperando mi salida de la cárcel de Torrero. ¡Cuántos años hubiera estado allí de ser eso cierto!

Creo que lo has conseguido plenamente, Joaquín, en un esfuerzo muy notable, y que desde Juana y las hijas y nietas a la infinidad de amigos o incluso los que sin tratarle le admiraron y quisieron, tenemos todos una deuda contigo, por este gran trabajo, este gran cariño, esta gran biografía. Muchas gracias.

ÁNGELA LABORDETA: ARAGÓN

 

ARAGÓN

 

[Ayer, en ‘El Periódico de Aragón, Ángela Labordeta de Grandes, nacida en Teruel, escribía este artículo en homenaje a su padre José Antonio Labordeta (1935-2010). Anoche en La Aljafería se presentó el libro de Joaquín Carbonell ‘Querido Labordeta’ (Ediciones B), que estrenó una albada dedicada en al cantautor y amigo, en un vídeo elaborado por el equipo de ‘Por amor al arte’.]

 

 

Por Ángela LABORDETA 19/09/2012

Los países son colores, recuerdos, sabores, futuro, calles, nombres, amigos, canciones. Los países son lo que recuerdas y lo que deseas, son lo que amas y lo que odias. Son sus días y sus atardeceres. Son sus carreteras, sus rincones, sus montañas y las noches en vela. Mi país es Teruel, donde con cuatro años me dispongo a dejar que se empañe mi percepción de que la vida está ausente de dolor: todavía recuerdo mis lágrimas cuando vi cómo se despeñaba acueducto abajo aquel primer regalo importante que mis padres acababan de hacerme. Mi país es Teruel, sus atardeceres rojos y los amigos que todavía no tengo. Son los pájaros de fieltro que recorta mi abuela en las tardes de invierno y las palabras que escucho sobre ese Aragón que todavía no existe. Mi país es Zaragoza, donde aterrizo con seis años, y donde al cabo del tiempo aprendo a vivir dos vidas, quizá más. Mi país es feminismo, gritos en la calle, cine club, canción protesta, noches, y al grito de "Aragón ye nazion" pensar que hay un futuro capaz de anestesiar un pasado feo y demasiado oscuro. Mi país es Villanúa y Canfranc: su estación, las verbenas y los primeros amores en aquellas noches heladas de julio. Mi país vuelve a ser Canfranc: su estación, ahora vacía y cada día más abandonada, y las noches en Hecho, donde alguien nos canta en aragonés y nosotras, mis hermanas y yo, soñamos con un Aragón que es inmenso, como un padre increíble, que cada noche nos roza las mejillas para ayudarnos a dormir. Mi país es Peña Forca y los Mallos de Riglos y San Juan de la Peña y todos los sueños que imaginé mientras atravesaba Los Monegros en busca de un dios inexistente. Mi país es mi madre y también son las tardes de invierno y las castañas a la vuelta de la esquina y los conciertos en las plazas de los pueblos: interminables tardes donde Carbonell, La Bullonera y mi padre nos enseñaron palabras y sentimientos que de verdad valían la pena. Y son los gritos de libertad que se filtraban por todas las esquinas en aquella mañana de abril, en la que miles y miles reclamaban un anhelo, el de la autonomía y el autogobierno para Aragón. Y mi desencanto hacia aquellos que no supieron amar Aragón, porque unas siglas políticas eran mucho más que el sueño de ser Aragón. Y seguimos creciendo, inevitablemente, y lo hicimos con la niebla y el cierzo y con el Ebro pegado a nuestros pies. También con el Pilar y con su túnel de los deseos, donde deseé todo lo que no se puede desear. Mi país, poco a poco, se fue convirtiendo en mi vida e inundó las páginas de los libros, los que escribí, y los que otros escribieron por mí. Mi país son las noches en Casa Emilio y es el fuerte de Rapitán, donde nos creímos libres y felices, y aquella tarde noche de un 20 de septiembre de 2010 en la que, ante la entrada del Palacio de la Aljafería, fui una voz más entre una multitud que sin quererlo me llevó hasta mis mejores recuerdos. Mi país son muchas cosas bellas y otras que no lo son tanto, más bien nada. Mi país es política, es CHA y un miedo infinito a que las palabras nos excedan y se desvanezcan. Y ganas de gritarle al viento que fuimos y seremos, pero que sobre todo somos. Mi país no está en venta, porque los que ya no están a mi lado me enseñaron que aquello que se ama no tiene precio. Mi país es verdad y el deseo de sentirnos vivos, a pesar de que a veces falten las ganas y sobren los motivos para huir. Mi país eres tú.

 

En recuerdo a mi padre.

CARBONELL EVOCA A LABORDETA

CARBONELL EVOCA A LABORDETA

  [Joaquín Carbonell me envía este artículo que se publicó el pasado domingo en ’El Periódico de Cataluña’ con motivo de la aparición de su libro ’Querido Labordeta’ (Ediciones B) que se presenta mañana miércoles 19 a las 19.30 en las Cortes de Aragón.]

 

 

MI QUERIDO LABORDETA

Joaquín Carbonell

 

 

Al presentar “Pongamos que hablo de Joaquín”, mi mirada personal sobre la vida y obra de Joaquín Sabina, me hice la pregunta que me hago siempre. Había dedicado tres años de trabajo a encauzar esa biografía. ¿Y ahora? Lo supe de inmediato: ahora toca Labordeta.

 

Le había pedido a José Antonio que me escribiese una introducción para el libro de Sabina, y no le quise comentar que un día tendría que afrontar su propia biografía. En otro tono, y con otra fórmula, ya lo había hecho: con José Miguel Iranzo le propusimos grabar una película de una hora, donde el propio cantautor va desgranando los episodios más destacados de su vida ante la cámara. Labordeta se muestra brillante como siempre fue, tan habituado a los focos y las miradas. Se muestra ingenioso, divertido, ocurrente, pero también profundo y asolado por esa tristeza que de ninguna manera se podía quitar de encima. También ese día supe que tenía que escribir los momentos únicos que pasamos a lo largo de 40 años.

Todo eso lo supe, pero no se lo dije nunca. La enfermedad le castigó con tal crueldad que al poco de escribir la biografía de Sabina, falleció. No pudo asistir a la presentación que hicimos en tantas ciudades y pueblos.

 

Alguna vez le he comentado a Juana, su viuda, que después de ella soy la persona que más tiempo ha frecuentado su existencia. Desde aquella mañana de 1967, cuando lo descubrí en el escenario del teatro del Instituto Ibáñez Martín, de Teruel, se puede decir que ya nunca dejamos de vernos con mayor o menor frecuencia. Son muchos años, son 43, que se cerraron la madrugada del 19 de septiembre de 2010, cuando falleció en una habitación del Miguel Server de Zaragoza, a la una y media del domingo.

Tenía necesidad urgente de poner eso por escrito, de contar a quien quisiera leerlo, que mi vida cambió de eje a partir de ese momento en que le vi dirigir a unos chicos tímidos e inexpertos, nada menos que una cumbre como “El mercader de Venecia”.

Tenía ganas de contar todo eso. En realidad lo he hecho desde pequeñas colaboraciones que a menudo me han pedido. Pero la mies era tanta, el agua de esa vida era tan caudalosa, que exigía todo un libro. Una biografía que no alcanza las 500 páginas por 1, qué pena...

Piensen si pueden, qué significa para unos chicos de aquella España gris y amodorrada, de un Teruel devastado y acobardado, acudir por vez primera a un instituto alejado de tu miserable pueblo. Llegábamos con timidez que casi era miedo, para enfrentarnos a una nueva forma de aprender y enseñar. Calculen qué les hubiera parecido cambiar aquellos maestros que solían encauzar a sus alumnos, con una vara de nogal o avellano, por un señor profesor que al saludar a sus chicos el primer día de clase les anunció: “Ya sé que tenéis mucho interés en aprobar, que vuestras becas dependen de sacar buena nota. No os preocupéis: estáis todos aprobados ya. Y el que no quiera venir a clase que no venga”. Fue nuestro primer choque con la modernidad, con un mundo desconocido, donde por vez primera se nos trataba como adultos. Por supuesto, nunca faltábamos a sus clases.

He tenido la fortuna de compartir a este maestro toda mi vida. Por eso este libro ha sido sencillo de redactar; solo tenía que poner a trabajar mi memoria para extraer pasajes de cada una de las etapas de su vida, que en gran medida, ha sido la mía. No me dejo vencer por la nostalgia ni por la ternura que nos suele deparar el recuerdo de la juventud, para endulzar aquellos años. Por fortuna hay otros testigos que también coinciden en la trascendencia de aquellos maestros como Labordeta, que quizás sin saberlo, hicieron de nosotros lo que hoy somos. Recuerdo que mi compañero de pupitre Federico Jiménez Losantos destacó sobre aquella etapa escolar una sentencia luminosa: “En aquella época de Teruel éramos los más modernos de España. Lo que pasa es que España no lo sabía y Teruel tampoco”.

En gran medida, José Antonio Labordeta fue uno de los responsables de que aquellos chicos crecieran hacia un futuro, donde la ética y la responsabilidad fueran agujas de nuestra brújula. Se lo conté a José Antonio una mañana, en esas visitas cuando ya la enfermedad le impedía pisar la calle. Se lo solté con cierta solemnidad, esperando que captase mi ironía gruesa. Le dije: “Labordeta, gracias a ti hoy día puedo decir que soy un desgraciado”. Labordeta me miró sospechando que detrás de esa sentencia venía el chascarrillo. Nos conocíamos tanto que a menudo el simple tono de nuestras voces anunciaba si aquello iba en serio o en broma. Pero la contundencia de mi afirmación lo desconcertó: “¿Un desgraciado?”, preguntó. “Eso es. Mira, yo a los quince años me fui a la Costa a trabajar de botones, luego de camarero, luego de somelier… A estas alturas yo podría ser un empresario hotelero de gran fortuna. Pero fui a Teruel a estudiar, apareciste tú y gentes como Eloy Fernández o Pepe Sanchis Sinisterra, me inyectastéis en vena libros y músicas y aquí me tienes: hecho un desgraciao”. Labordeta descubrió ya que mi relato traía buena carga de somardería, esa veta del humor que crece en Aragón. Me miró con la misma desgana y me sentenció: “No Joaquín, tú no eres un desgraciao. Eres un pringao, como yo”.

Tenía ganas de poner todo eso por escrito porque sé que el personaje lo merece. No abundan tipos como este Labordeta que fue capaz de mandar al carajo a un grupo de señores diputados sentados en las poltronas de todo un Parlamento nacional. Eso no suele suceder. Por eso, la noche en que soltó aquella agreste frase, media España supo que todos los políticos no son iguales, media España confirmó lo que ya sospechaba: que Labordeta era uno de los suyos. Un tipo así merece que su vida sea contada. No andamos sobrados de personajes tan auténticos, nobles, valientes, audaces y rebeldes. En realidad, una vez ausente Labordeta, yo no conozco a ningún otro.

 

Recorrer la vida de José Antonio Labordeta es pasear de la mano por la historia de los últimos 50 años de Aragón y por supuesto de España. En Aragón su huella es abrumadora: creador de la Nueva Canción Aragonesa (que él con su humor socarrón definió como “Nova Cançó Baturra, recogiendo el soniquete de la Nova Cançó). Cofundador de “Andalán”, esa revista cultural de izquierdas, que trató de quitar la costra baturra a un Aragón soñador de nubes. Siempre contracorriente, siempre fuera de la parva, siempre peleando contra una tierra que pretende regresar a un futuro de opacas miserias. Labordeta se convirtió de inmediato en la diana de una burguesía (¡) local que odiaba que alguien leyese novela americana… Ahí estaba reluciente la figura de su hermano Miguel, añorada toda la vida por José Antonio, como alocado tocapelotas de esos mediocres funcionarios zaragozanos.

Y la televisión. Y la cultura. Y la orientación a los más jóvenes. Y las canciones. Y el Parlamento nacional. Son muchas cosas. Tantas que ahora me doy cuenta de que he redactado la biografía del último español añorado con sinceridad innegociable por un pueblo necesitado de referencias. De gestos nobles y de experiencia doctoral. Ya no hay locos, gritaba el poeta, después de enterrar a Don Quijote. Labordeta es de momento el último taciturno, el eterno mosqueado, el fundador de la IDA, la Izquierda Depresiva Aragonesa, un reflejo de estos seres iluminados, de los que entran cuatro en ocho docenas. Y él fue el primero.

LUIS ALEGRE: DEL AMOR Y LA VIDA

LUIS ALEGRE: DEL AMOR Y LA VIDA

[El pasado domingo Luis Alegre publicaba este artículo sobre Juan Echanove, padre de un jovencito encantador, Juanito, y sobre los amores imposibles de nuestra vida.]

 

 

Juan Echanove ha llegado muy lejos en esta vida pero admite que aún no ha encontrado a la mujer de su vida. Sin embargo, él sabe que terminará sus días enamorado.

 

 

¿Y la mujer de nuestra vida?

 

Por Luis ALEGRE. Hoy Domingo de Heraldo.

 

 

Sábado, uno de septiembre. Juan Echanove acude a la emisora de Radio Zaragoza para ser entrevistado por Miguel Mena en el programa en el que tengo el placer de colaborar. Juan es el invitado de honor de la Fiesta de la Vendimia de Cariñena. Miguel recuerda que, hace 20 años, interpreté al lado de Juan un papelín en un episodio de la serie “La mujer de tu vida” protagonizado por Paco Rabal y María Barranco. Eso nos provoca para hablar de Paco y de la mujer de nuestra vida.

 

Paco Rabal es uno de mis temas de conversación favoritos con Juan. Con él nunca se sabía lo que podía pasar. Más de una vez nos arrastró por los garitos de Madrid y le dimos la vuelta al reloj. Paco recordaba el nombre de cada uno de los camareros de los bares en los que entrábamos, que fueron muchos. En una de esas veladas sin fin Juan acabó con Paco en un hotel donde se celebraba una comunión. Con total naturalidad, se integraron en el festejo y acabaron de juerga con los de la comunión. Hoy, en el programa de Miguel, Juan rinde tributo a Paco e imita su inolvidable modo de hablar. Juan ha crecido admirando a sus mayores - Rabal, Fernán Gómez, Galiardo, Juan Diego - y él ya hace tiempo que está entre los más grandes.

 

Otro asunto estrella es ese de la mujer de nuestra vida. Juan se reconoce enamoradizo desde crío. Se recuerda enamorado de algunas profesoras y de María Luisa San José, una de las actrices fetiche de “la tercera vía”. Juan siempre ha sentido debilidad por las mujeres maduras. Y afirma: “Quien diga que una mujer a partir de los 40 se vuelve invisible es un imbécil”.

 

Juan me dijo una noche que él, desde niño, sabe dos cosas: que algún día la armaría y que acabaría sus días enamorado. Armar, ya la ha armado. Pero lo otro es lo otro, que diría Chandler. Juan admite que aún no se ha tropezado con eso tan resbaladizo que se conoce como “la mujer de tu vida”. Juan padece esa zozobra eterna y universal: dónde diablos está ese ser que coloniza tus sentimientos de tal manera que el resto de los seres te da un poco igual. O, mejor dicho, quién ese ser irresistible por el que apenas te cuesta fingir que el resto no existe. Juan se autoinculpa con cierta facilidad: no soy lo suficientemente constante, no soy fiel, siempre tengo a varias en la cabeza, dice. Juan pertenece al club de fans de esa canción de Joaquín Sabina que comienza así: “De sobras sabes que eres la primera, que no miento si juro que daría por ti la vida entera; y, sin embargo, un rato cada día, ya ves, te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera”. Con esas palabras dentro de la cabeza, algunas cosas se suelen complicar un poco. Paco Rabal, por cierto, se tomó al pie de la letra la canción de Sabina pero eso no le impidió mantener una conmovedora historia de amor con la mujer de su vida hasta el final de sus días. Pero aquello fue un milagro.

 

En este viaje he visto a Juan un tanto resignado alrededor de la mujer de su vida: “A estas alturas, no creo que aparezca”, deja caer. Hubo un tiempo en que lo sentía, nos sentíamos, más esperanzados. Hubo un tiempo en que cada mañana nos despertábamos con la ilusión de que ese día era el señalado para que apareciera esa mujer o para que aquella mujer que creíamos que podía ser, lo fuera. Hubo un tiempo en que nos devoraba la ansiedad y creíamos ver a la mujer de nuestra vida en cada esquina. Sufríamos espejismos todo el rato y algunas pasaban demasiado deprisa por nuestro lado. Como un día me dijo Juan, no teníamos tiempo ni de tomarles la matrícula.

 

Qué raros somos, también en esto. Es mejor que nos andemos sin rodeos: no somos carne de pareja. La mayoría de la gente que conocemos ha encontrado en algún momento a la mujer o el hombre de su vida. Antes se utilizaba una expresión que ahora apenas se emplea: tu media naranja. Algunos la han mantenido, otros la han dejado escapar y otros la han perdido. Pero alguna vez la encontraron. Incluso, unos pocos privilegiados la han encontrado varias veces. Nosotros, tan obsesionados por buscarla, nos hemos especializado en no encontrarla. Como nos encanta darle vueltas al asunto, llegamos a insinuar que, en el fondo, nos asusta encontrarla, que no queremos que aparezca y que, aunque apareciera, igual no nos soportábamos. Demasiadas excusas, demasiada torpeza, demasiada cobardía. Nos decimos que quizá es que la mujer de nuestra vida vino cuando nosotros no estábamos o que nosotros llegamos cuando ella ya se había ido o es que tal vez nos cruzamos en el camino y nunca nos vimos.

 

También sucede que, a estas alturas, se nos ha apoderado la pereza. Nos cuesta un mundo ilusionarnos y tomar la iniciativa. En la memoria se nos han acumulado demasiados esfuerzos baldíos. Los chascos nos han vuelto escépticos. Y lo más importante: hemos reparado en que para ser feliz, que es de lo que se trata, no es necesario encontrar a la mujer de tu vida. Además hemos advertido, cómo no, que el no encontrar a esa mujer facilita descubrir a todas las demás. Y otra cosa: algunas de aquellas por las que un día suspiramos, son ahora nuestras grandes amigas. Al menos nos cabe presumir de eso.

 

A ratos tengo la sospecha de que hemos sido –somos- unos peterpanes sentimentales enamorados cándidamente de la idea del amor y sin ningún sentido de la realidad. Salíamos de las películas convencidos de que aquellas chicas que nos volvían locos existían de verdad y perseguíamos su sombra. Yo, a los ocho años,  después de verla en “Encadenados”, le escribí a Ingrid Bergman una carta proponiéndole que se casara conmigo. Luego me he pasado la vida soñando con que apareciera alguien como ella, como Ingrid. Naturalmente, aún no ha aparecido. Pero cuánto nos gusta pensar que alguna noche aparecerá y acabaremos nuestros días enamorados.

 

*La foto es de Ingrid Bergman.