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Antón Castro

ADIÓS AL ESCRITOR GORE VIDAL

ADIÓS AL ESCRITOR GORE VIDAL

HA MUERTO GORE VIDAL

Ha muerto uno de los grandes escritores e intelectuales norteamericanos, Gore Vidal (1925-2012), autor de dos libros de memorias y de numerosas novelas, entre ellas ‘Creación’, ‘En busca del Rey’ o ‘Juliano el Apóstata’, que se leyó mucho a principios de los años 80. Firmó numerosos libros sobre la historia norteamericana como ‘Burr’ o ‘Lincoln’; fue el guionista de una miniserie sobre el presidente. Gore Vidal ha sido un escritor muy activo, muy crítico con su país, que intentó hacer sus pinitos en política y que fue, entre otras cosas, asesor de John F. Kennedy; se presentó a senador en 1982 y obtuvo más de medio millón de votos. Fue guionista de muchas películas, algunas tan inquietantes como ‘De repente el último verano’, de Joseph L. Mankiewicz, donde abordaba el tabú de homosexualidad, algo que defendió y vivió de un modo muy natural. Era un enamorado de Italia, y vivió allí varios años. Y no solo eso: escribió un libro sobre el país. Un libro personal, bellamente editado, que tengo en su versión italiana. Fue durante años el libro más exquisito de mi biblioteca.

 

*La foto es de Clifford Coffin.

 

 

TRECE AL SOL. AMPARO MARTÍNEZ / 7

TRECE AL SOL. AMPARO MARTÍNEZ / 7

 

Amparo Martínez Herranz es profesora e historiadora del cine y del arte, e investigadora de las salas de cine de Zaragoza. Actualmente trabaja en un proyecto sobre ‘Viridiana’ de Luis Buñuel.

 

“En verano me quito el reloj, es una especie de ritual”

“Todos los veranos vemos la trilogía ‘El Padrino’ de Coppola”

“La llegada al Pórtico de la Gloria fue una experiencia increíble”

 

Antón CASTRO

-1.¿Qué hace una historiadora del cine en verano?

-Aprovechar que han terminando las clases para acabar de escribir los textos que no es posible rematar durante el curso. Y también descansar viendo buenas películas y buenas series, por supuesto.

 

-2. ¿Dónde veranea? ¿Es de hábitos fijos, cambia de lugares?

-Una mezcla. Pasé mucho años veraneando en Broto, que recuerdo como un lugar idílico y que asocio como mis primeras salidas en pandillas y con las verbenas en las fiestas de Oto. Ahora combinamos unos días de escapada para conocer lugares nuevos con otros pocos días de reposo en la casa de mis suegros, en Hospitalet del Infant, en el Mediterráneo.

 

-3. ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

-Me gusta el sosiego de Hospitalet es un lugar tranquilo y familiar, pero soy de montaña. El fresco de la tarde cuando cae el sol, los olores y los paseos por el monte son lo mejor para cargar las pilas. También me quedan algunas reminiscencias de pueblo. Mi abuela era de Mallén y recuerdo que, cuando ella vivía, ir a pasar unos días allí era toda una fiesta. Disfrutaba de lindo en el corral o yendo a recoger patatas a la huerta de mi tío José Antonio. Aparte de esto, considero Uncastillo como mi pueblo adoptivo. Entre los 17 y los 25 años estuve yendo allí de campo de trabajo y aquellos veranos fueron sensacionales. Nos dábamos la paliza de día y continuábamos por la noche charrando y  cantando en la fresquera de la casa en la que estábamos alojados hasta las tantas de la madrugada. Creo que no he bebido tanto café en mi vida para aguantar despierta.

-4. ¿Qué hace que no suele hacer el resto del año?

-Procuro aprovechar para hacer todo aquello que normalmente no puedo con el trajín del trabajo. Aunque creo que nos pasara a muchos, sólo consigo poner en práctica la mitad de lo que me propongo. Me gusta investigar platos nuevos en la cocina, coser, dibujar (voy comprándome cuadernos durante el año que luego no termino), montar en bici, jugar al parchís o las cartas con mis hijas. Y lo mejor de todo me quito el reloj, es una especie de ritual que disfruto cuando empiezan las vacaciones.

 

-5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida?

-Recuerdo como algo especial el verano en que mis padres y los cuatro hermanos hicimos una ruta por el Norte de Castilla hasta Santiago de Compostela montados en un Renault 12. Yo, que soy la mayor, tenía 11 años y mi hermano pequeño 2. Vamos, que mis padres fueron unos valientes. Íbamos parando en todas las ciudades y pueblos que podíamos y mi padre nos explicaba con entusiasmo los monumentos más importantes. La llegada al Pórtico de la Gloria fue una experiencia increíble, todavía nos acordamos todos en casa. Creo que mi afición la arte viene de este viaje.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

-En cada época de la vida el verano es diferente. Las vacaciones interminables de la infancia que parecían eternas y en la que se podían hacer montones de cosas; la pandilla adolescente en la piscina y, además de los primeros ligoteos, las primeras lecturas sosegadas al fresco, sobre la toalla. Recuerdo que así leí ‘Cien años de soledad’ de Gabriel García Márquez. Y ahora también tiene sus alicientes. Por un lado el cambio de ritmo con tres mis hijas; aunque yo no tenga vacaciones a la vez que ellas se transforma la actividad en casa y es todo algo más sosegado. Y también es la época en la que puedo disfrutar con más calma de los amigos, haciendo ‘investigaciones gastronómicas’ por Zaragoza, probado bares o restaurantes nuevos, conversando…

 

-7. ¿Cuál es su mejor recuerdo?

-En general las largas sobremesas que permite el verano. Con la familia, con los amigos… el poder estar hablando de lo divino y lo humano sin medir el tiempo.

 

-8. ¿Qué tipo de lecturas realiza en estos días?

-Simplemente procuro dedicar más tiempo a leer, el que no tengo durante el año, sobre todo novelas y también libros de historia o biografías que me divierten especialmente. Este año tengo como aliciente en la maleta ‘Libertad’ de Jonathan Franzen.

 

-9. ¿Qué libro, qué cuadro, qué museo, qué película o qué canción están asociados a un verano inolvidable?

Si tuviera que elegir un libro asociado con el verano sería ‘La Regenta’ de Clarín, la novela gracias a la que empecé a hablar con el que ahora es mi marido cuando empezamos a tontear. El cuadro es ‘El hijo pródigo’ de Rembrandt, que siempre me había interesado y que me impactó cuando pude verlo en el Hermitage hace unos años. El museo, sin duda, el Louvre, que mis hijas siempre están dispuestas a ver, porque lo de las momias de la sección egipcia las cautivó cuando fuimos por primera vez. Tratándose de películas en mi casa el verano está asociado con ‘El Padrino’ de Coppola, porque en esta época del año, siempre que podemos, nos vemos la trilogía completa en tres noches consecutivas. Y en cuanto las canciones resulta más difícil. Cada año elegimos por consenso familiar una que escuchamos durante los viajes más largos cada vez que nos montamos en el coche. El año pasado creo que fue ‘Voy de negro y me preguntas el porqué’ de Loquillo.

 

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?

-No asocio los veranos con un gran personaje. Quizás si tuviese que nombrar a alguien sería a Luisa Javiera, una monja del colegio, excepcional, de las que se ponían vaqueros y nos hablaba de lo que nadie se atrevía a contarnos. Nos llevó durante muchos años de campamentos y esa experiencia fue para mis amigas y para mi todo un descubrimiento vital.

 

-11. ¿En qué han cambiado los veranos?

-En que tengo menos tiempo para descansar y en que cada vez me queda peor el bikini.

 

-12. ¿Cómo resumiría el espíritu del verano en un tuit?                                               

-Siempre que se puede el verano es tiempo para cambiar de ritmo, para pararse, posar las cosas y pensar. Y para disfrutar simplemente de estar. Sola o con más gente. Eso es todo un lujo.

 

-13. ¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

-Acabé de redactar la tesis doctoral en la playa, el día de San Roque cuando empezaban las fiestas en Hospitalet del Infant. Me había llevado el ordenador, la impresora… todo. Terminé de escribir el último folio, me di un baño en el mar y disfruté de ese momento como nunca. Todavía me acuerdo todos los 16 de agosto y lo celebro con un buen vermut.

 

TRECE AL SOL DE... JAVIER SIERRA / 6

TRECE AL SOL de... JAVIER SIERRA

 

Javier Sierra (Teruel, 1971) es escritor, investigador y periodista. Con su novela ‘La cena secreta’ ha tenido un gran éxito en España, Italia y Estados Unidos. Su último libro es ‘El ángel perdido’.

 

 

“No me asusta más calor que el de Zaragoza”

 

“De niño inventaba periódicos y revistas con fotocopias y recortes”

  

 

-1. ¿Qué hace un escritor en verano?

-Le confesaré qué hago yo este verano: escribir. Aunque el estío desaconseja sentarse frente al ordenador a trabajar en un nuevo proyecto, tenía ya sobre la mesa el material de mi próximo libro pidiéndome paso y no he podido resistirme. Me llevo el ordenador, algunos libros y varios cuadernos de notas allá donde voy.


-2. ¿Dónde suele descansar?

- La idea de encadenarse a una residencia fija de vacaciones no va conmigo. Prefiero explorar, dejarme sorprender, hacer planes nuevos y descubrir destinos. En estos años uno de mis destinos recurrentes ha sido Francia (de norte a sur), la Toscana italiana o el Camino de Santiago (de Jaca a Galicia), Egipto. No me asusta más calor que el de Zaragoza.


-3. ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

-Ser “de secano” marca. Prefiero la montaña, el interior, a las playas… donde rara vez (salvo Tulum, en México, o Tarragona, o Baelo Claudia en Cádiz) encuentras una ruina que merezca la pena visitar.


-4. ¿Qué hace diferente en las vacaciones al resto del año?

-Paso más tiempo al aire libre, con todo lo que eso implica. Es la época para subir una montaña y visitar ese castillo que aún no has visto, y también la de quedar con amigos para conversar con calma y hacer planes. Momentos inolvidables de los tres últimos veranos fueron los compartidos con Iker Jiménez y Carmen Porter, en los que imaginábamos qué íbamos a hacer el resto del año. ¡Y acertamos!


-5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida?

-Sin duda, el verano de 1999. Fue el verano en el que terminé mi libro sobre misterios de las antiguas civilizaciones, ‘En busca de la Edad de Oro’, durante un crucero por el Nilo. En aquel viaje conocí a la que más tarde sería mi mujer, y después fui a Francia a ver con mis propios ojos el eclipse total de Sol que predijo Nostradamus en el siglo XVI y al que llamó “el rey del terror”. Sucedió el 11 de agosto, ¡el día de mi cumpleaños! El impacto de aquella mezcla francoegipcia fue tal, que escribí de un tirón ‘Las puertas templarias’, mi novela sobre catedrales góticas.


-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

-Muy creativa. En los veranos de mi infancia y adolescencia jugué a menudo a ser lo que hoy soy, casi como si hubiera querido entrenarme para ello. Inventaba periódicos y revistas que armaba con fotocopias y recortes. Grababa casetes con programas de radio que improvisábamos mis amigos y yo. Y hasta aprendí a dibujar cómic, que es una faceta que nunca he desarrollado profesionalmente…


-7. ¿Le marcó de manera especial la radio?

-Sin duda. El verano de 1984 lo pasé yendo y viniendo en bici desde Castralvo a la Avenida de Sagunto, en Teruel, para preparar mi primer programa de radio infantil. Aún no había cumplido trece años. Y esa responsabilidad me fascinó.


-8. ¿Qué lecturas realiza en estos días?

-Este año leeré ensayos sobre arte porque están relacionados con mi nuevo libro, y me relajaré con algunas novelas, como las de Martí Gironell, que escribe sobre Besalú, en Girona, que es un lugar que quiero visitar en estos días.


-9. ¿Qué libro, qué cuadro, qué museo, qué película, qué programa, qué canción o qué álbum están asociados a un verano inolvidable?

-Un libro, ‘Caballo de Troya’ de J. J. Benítez. En 1987, estando en Vinaròs (Castellón) me leí en nueve días los ‘Caballos’ 1, 2 y 3. No me despegué de sus páginas. Un cuadro, ‘La Última Cena’ de Leonardo. Es un mural enorme que empecé a frecuentar en el verano de 2002, preparando ya las notas para mi novela ‘La cena secreta’.  Un museo, ¡el Museo Egipcio de El Cairo! Nunca antes había tenido la impresión de estar en el almacén del ‘Arca Perdida’ como ahí. Una película… hay muchas, pero ‘La guerra de las Galaxias’ me marcó mucho. Un álbum, cualquiera de The Alan Parsons Project. Cada vez que publicaban uno, sentía un no-se-qué que ya no ha vuelto con otros grupos…


-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?

-Si he de ser justo, creo que mosén Victorino. Era un cura joven, muy activo, que organizaba unos campamentos en Albarracín a los que acudí durante seis veranos de mi infancia. Su energía y optimismo eran sinónimo de verano y de emoción.


-11. ¿Qué es lo más raro que has hecho en verano?

-Embarcarme en el rodaje de una serie de documentales que titulé ‘El arca secreta’. Fue una experiencia aterradora, y no sólo porque filmar en verano es una pesadilla, sino porque debíamos recorrer seis países y hacer como que las hordas de turistas que se movían de un lado a otro no nos afectaban. Verlos a ellos relajados y a nosotros cargando el equipo de rodaje fue muy raro. Créeme.

 
-12. ¿Cómo resumiría el espíritu del verano en un tuit de 140 caracteres?
-Es el único tiempo del año en el que las sombras esconden el Paraíso. Creo que me sobran caracteres, ¿no?


-13. ¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?
 

-Aquel verano de 1999 fue el único en el que he llegado tarde a un avión. Inexplicablemente, me desperté justo a la hora en la que despegaba mi vuelo a El Cairo y, aún así, contra toda lógica, decidí ir corriendo al aeropuerto… por si acaso. Acerté. Mi avión llevaba dos horas de retraso. Pude cogerlo. Y en la cola de embarque de aquel vuelo me presentaron a Eva, hoy mi mujer y la madre de mis hijos. ¡Menos mal que fui!

 

*La foto primera es de su página web y la segunda de Asís G. Ayerbe. Esta entrevista, como las demás, ha aparecido en Heraldo.es.

STEVE GIBSON EN PUERTOMINGALVO

 

Steve Gibson

 

2hPM18.08

 

*

 

Sala de la Villa

 

Puertomingalvo (Teruel)

 

*

Horario: Martes a viernes, de 17 a 20 horas

                              Sábados y domingos, de 12 a 14 h. y

                              de 17 a 20 horas

 

 

28 de julio a 2 de septiembre de 2012

 

 

 

ORDEN EN EL CAOS

 

Por Ricardo García Prats. Crítico de Arte.

 

Steve Gibson es un artista indudablemente británico. Me refiero a sus planteamientos estéticos o, mejor dicho, sociales. Nos podríamos preguntar acerca de la función del arte en la sociedad. Francis Bacon decía que su pintura no era violenta sino que violenta era la vida. También decía que “nacemos con un grito; venimos al mundo con un grito, y quizás el amor no es más que una barrera entre el miedo a vivir y el miedo a morir”. Lucian Freud consideraba que los temas de su pintura son las personas y sus vidas y en ese sentido decía: “Pinto gente, no por lo que quisieran ser, sino por lo que son”. Por planteamientos y por edad, podríamos decir que Steve Gibson es un discípulo de esos artistas que pertenecieron a la llamada Escuela de Londres que se desenvuelven en una figuración de estirpe expresionista.

Esta exposición ha sido grata para Gibson. Por las características del espacio gótico, por el lugar y el paisaje y, especialmente porque presenta por primera vez unos dibujos hechos con grafito que parten de fotografías anónimas elegidas de forma aleatoria. Otras partes de la muestra, como las palomas y las esculturas humanas, aunque pertenecientes a proyectos anteriores, sirven para articular una muestra que reflexiona sobre el orden y el caos. “Tormented souls” es una escultura de 2009 que refleja el alma atormentada como reflejo de la condición humana y la violencia de la vida; otras esculturas corresponden a “Liverpool” y allí se reflejan las conexiones de Steve con sus orígenes; “El flautista de Hamelín” es la reflexión de Gibson sobre los ataques que la sociedad inflinge a los niños que no se pueden defender. Reflexiona Gibson y se pregunta que el flautista de Hamelín hizo desaparecer las ratas pero tras ver que no le pagaron, reunió a los niños, los condujo a una cueva y nunca más se supo. Observamos en conjunto una plástica de gran fuerza expresiva, con un dibujo de gran calado y fuerza y unas esculturas hechas en cartón, resinas y pintura plástica que tienen la carnalidad de las pinturas de Lucian Freud.

Pero volvamos al orden y el caos. A veces hay orden donde hay caos y otras veces vemos caos donde hay orden. Se dice que los locos entienden lo que no entienden los demás. Si miramos la disposición de esas palomas en el suelo podemos ver caos y podemos ver orden. Depende donde nos situemos, que es lo mismo que ocurre en el mundo. A la vez, a través de las numerosas palomas realizadas y presentadas, el artista reflexiona sobre la repetición. Las palomas son iguales o diferentes. Las obras del artista son la misma o son diversas. Aquí viene bien acudir al concepto de “mantra”. Un mantra es una vibración sonora que ayuda a liberar nuestra mente  de influencias indeseables. Los mantras se basan en la repetición pronunciados en voz alta o interiormente de forma rítmica y repetitiva. Así pues, Steve Gibson a través de la repetición en el dibujo se plantea donde llegar. En realidad de un mantra salen otras ideas. Gibson quiere creer -dice con modestia- que lo que está haciendo ahora dentro de un tiempo va a cambiar algo o, quien sabe, si le llevará a otra cosa. En noviembre último ideó un proyecto que Steve quiere que dure diez años con 30 dibujos cada año. En su estudio de la calle Las Armas de Zaragoza, en pleno casco histórico, ha dispuesto una cámara fotografíca que cualquiera que pase por la calle puede seguir las instrucciones y hacerse una foto. Después Steve Gibson eligirá algunas y a partir de ese documento hará un dibujo sobre papel de tamaño natural. Se produce una situación extraña porque la obra se basa en otra impresión. El artista no sabe nada más de la persona fotografiada y dibujada. Podemos decir que no es una retrato, no puede haber profundidad psicológica. Si que será un diálogo con el barrio y al cabo del tiempo veremos cambios que se producen en el vestir y cambios en la forma de dibujar del artista. Un concepto interesante que Gibson no sabe ahora donde llegará. Seguro que este mantra le llevará a algún sitio. Los dibujos que se exponen en esta Sala de la Villa suponen una primera entrega, una primicia de la reflexión.

 

*Crítico de Arte. Las fotos son de archivo.

SORIA EVOCA A LEONOR IZQUIERDO

Soria recuerda a Leonor en el I Centenario

de su muerte con un programa cultural

 Los actos para recordar a Leonor Izquierdo, esposa de Antonio Machado, comenzaron esta tarde a partir de las 20.00 horas con un concierto de violonchelo. El día 1 de a las 12.00 horas, el Ayuntamiento de Soria junto con la Fundación Antonio Machado, literatos y distintos colectivos de la ciudad se reunirán junto a su tumba para recordar a quien fuera la inspiración del gran escritor.

 

El Ayuntamiento de Soria ha programado esta semana un calendario de actividades culturales para conmemorar el primer centenario de la muerte de Leonor Izquierdo, quien fuera la mujer de Machado y cuyos restos reposan en el cementerio de la capital. El acto central de este aniversario se llevará a cabo el día 1 a partir de las 12.00 horas junto a la lápida de la joven soriana con la presencia institucional del Ayuntamiento de Soria, cuyas autoridades estarán acompañadas por distintos colectivos de la capital, escritores y poetas de la provincia y puntos limítrofes y la Fundación Antonio Machado. Desde hoy, sin embargo, ya se han previsto distintas citas para recordar a la esposa del escritor sevillano con la música como hilo conductor. Esta misma tarde a partir de las 20.00 horas se pudo asistir a un concierto de violonchelo del intérprete checo Jiri Barta en la iglesia del Espino. Jesús Bárez, concejal de Cultura, ha destacado la calidad del autor y recordado que “será su primer concierto en España y nos permitirá disfrutar de uno de los músicos más virtuosos del panorama europeo”.


Mañana martes 31 de julio se ha previsto a las 20.30 horas en el escenario de las ruinas de San Nicolás un Trío de Trombones de Bass Brass y el 1 de agosto será el turno de la Banda Municipal. Su director José Manuel Aceña dirigirá el programa ‘Paisajes del alma’ de Manuel Castelló y la actuación se llevará a cabo junto al atrio de la iglesia del Mirón a las 20.00 horas. La próxima semana también se presentará una nueva edición del Otoño Musical que tendrá también un recuerdo para este centenario en su programa con José Manuel Aceña ya nombrado como director del prestigioso Festival.

En la Comisión de hoy se ha avanzando parte del calendario, aunque se pospondrá unos días la presentación de los detalles del mismo que, en palabras de Jesús Bárez, “pese a los ajustes económicos, volverá a ofrecer un gran nivel y calidad gracias al trabajo de su director “

El programa del Centenario de Leonor de esta semana prosigue con el concierto de guitarra y flauta del jueves a cargo de Andrés Tejedor y Eduardo Fernández en San Saturio, el viernes con un concierto de piano y  clarinete con Rubén y David Romero en el Casino y el domingo se clausuran los actos con la interpretación de Zafra de la Cantata de la Tierra de Alvargonzález en las Ruinas de San Nicolás.

Por otro lado, Jesús Bárez también ha confirmado que el viernes a partir de las 12.00 horas se presentará en Caja Rural la reedición de 'Campos de Castilla' de Machado que se ha elaborado con ilustraciones del gran pintor de paisajes castellanos José Manuel Díaz Caneja.

 

LEONOR

Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva.
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños tan verdaderas!...
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que traga la tierra!

Antonio Machado

ALGUNOS NADADORES DE LEYENDA

En las fotos Shane Gould, Mark Spitz y Michael Phelps.

 

Las Olimpiadas son sinónimo de natación, de nadadores de leyenda. Pensamos, de inmediato, en Johnny Weismuller, el ‘Tarzán’ más famoso de todos los tiempos, en Mark Spitz, en Kornelia Ender, en Roland Matthes, en Matt Biondi, en Pieter van den Hoogeband, en Inge de Brujin, en Shane Gould, en Ian Thorpe, en Martín López-Zubero, en Jim Montgomery (el hombre que bajó por primera vez de los 50 segundos en los 100 metros libres), en Vladimir Salnikov, el rey de las largas distancias, o cómo no, en Michael Phelps, al que han apodado como “el tiburón de Baltimore”.

Hijo de policía, o de profesional que trabaja para la policía, y de una maestra, desde muy pronto se aficionó a la natación, apoyado por sus dos hermanas. Era hiperactivo y presentaba falta de concentración. Ya en Sidney-2000, recién cumplidos los quince años, iba a reclamar atención sobre él: obtuvo un quinto puesto. En Atenas-2004 se presentó dispuesto a superar el récord de Mark Spitz: aquellas siete medallas de oro que logró en Munich-1972. Spitz, con su bigotito que le hacía parecer un galán de Hollywood, realizó una exhibición portentosa. Phelps no le fue a la zaga muchos años después: se quedó con seis oros y dos bronces.

El gigante de la piscina resucitó el viejo afán: intentó superar a Spitz. Era su momento. Y en Pekín-2008 logró lo que parecía imposible: ocho medallas de oro. Algunas ‘in extremis’, desde luego, y tras tomar una decisión insólita: se entintó las gafas de oscuro, algo que ha hecho en los últimos años y que también está haciendo aquí: no quiere que le moleste nada. Es el nadador zen. No quiere que se le empañe el cristal. Solo quiere avanzar y avanzar, marcando bien la brazada, soltando con fuerza su enorme pie y alcanzando el ritmo adecuado: la armonía del oleaje, el estrépito silencioso del agua, la dirección exacta del torbellino interior de la piscina. Es el perfecto pez humano de poderosa envergadura.

Phelps cuenta con varios rivales o adversidades: primero su compañero, y sin embargo amigo, Ryan Lochte, que parece más en forma que él: le ha ganado en los trials. Y después él mismo, el propio Phelps. Ha entrenado poco en los últimos tiempos, ha competido menos, aunque ha buscado su puesta a punto, su incontenible y sincopado impulso, durante algunos meses en Colorado. Además tuvo algunos problemas: dio positivo en una prueba de alcohol mientras conducía y levantó sospechas al dejarse fotografiar con una pipa de cannabis entre las manos. Para resarcirse hubo de dar algunas charlas sobre el deporte, el alcohol y las drogas.

Phelps es impredecible. Es un prodigio y quiere superar otro récord antes de despedirse: igualar a la alada Larissa Latynina, que posee dieciocho medallas: nueve oros, cinco platas y nueve bronces. Eso sí, Phelps tiene catorce medallas de oro, más que Paavo Nurmi (diez) o Carl Lewis (nueve) y quiere convertirse en el mejor atleta olímpico de todos los tiempos, si no lo es ya. Ayer entró en acción y accedió a la final milagrosamente. Fue la primera advertencia. Tiene que recuperar toda su energía, su potencia, afinar su estilo y rescatar, a ciegas o no, con toda la determinación del mundo, el brío. En la primera final vencería Lochte y él solo se quedaría cuarto.

Casi a ciegas dispara el surcoreano Im Dong-Hyun, el récord del mundo de tiro con arco. No quiere convertirse en un espectáculo o un animal de maravillas, pero lleva camino de ello. Ve poco y acierta más que los demás. Se ha superado a sí mismo y ha agolpado al público para ver el impacto de sus flechas. Y no solo eso: la gente quiere observarlo al menos por televisión. A quien sí vimos, desde luego, ha sido al veterano Alexandre Vinokurov que a los 38 años se ha coronado campeón olímpico merced a dos golpes de inteligencia: el primer cuando decidió irse con el colombiano Urán y el segundo cuando este miró hacia atrás, y el ‘kazajo’ salió como una centella. Fue el arrebato de la picardía y la inteligencia del veterano ambicioso. Acababa de anunciar su despedida.

TRECE AL SOL DE... LUIS ALEGRE / 5

TRECE AL SOL DE... LUIS ALEGRE / 5

 

TRECE AL SOL de... LUIS ALEGRE

 

Luis Alegre (Lechago, Teruel, 1962) es profesor de economía, escritor y agitador cultural del universo del cine. Ha sido director de programas de televisión, en Tele 5 o Aragón Televisión, y de documentales como ‘La silla de Fernando’, y es responsable del Festival de Cine de Tudela. Dirige el ciclo ‘La Buena Estrella’. (Este retrato de Luis Alegre se lo hizo José Luis Cano para celebrar sus 50 años. La foto de abajo es de Gustaff Choos.)

 

 

“Lo peor es la melancolía de la gente que ya no está”

“¿El momentazo? Mis charlas sobre sexualidad en el bar El Chato”

 

 -1. ¿Qué hace un artista en verano?

Un artista no lo sé. Yo, pensar hasta que me quedo dormido.

 

-2. ¿Dónde has veraneado a lo largo de los años?

En mi infancia y adolescencia, en Lechago y Calamocha, mis dos pueblos, con un paréntesis de dos años en los que vivimos en Fuentes de Jiloca. Luego, en Zaragoza y en los lugares a los que he viajado. En 2004 arreglamos la casa familiar de Lechago –en la que nos parió mi madre, que también nació en ella- y desde entonces ese es nuestro refugio.

 

-3. ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Soy un chico de pueblo.

 

-4. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida? 

He tenido suerte con mis viajes de verano. Uno de los más inolvidables lo hice con Mariano Gistaín y José Antonio Labordeta el 18 de julio de 1986. Fuimos a Toulouse, a la conmemoración del 50ª aniversario del comienzo de la Guerra Civil. Unos anarquistas de la CNT invitaron a Labordeta y él nos animó a acompañarle en su coche. Fue delirante el viaje y fue delirante nuestra estancia en Toulouse.

 El primero inolvidable fue uno del verano del 79. Tenía 17 años. Hice el viaje “a dedo” desde Calamocha para ir a las fiestas de Villanueva de la Jara (Cuenca), el pueblo de Emiliano Albarrilla, compañero de bachillerato. Era la primera vez que viajaba solo.

También recuerdo muchos otros que asocio a los amigos con los que los compartí: con David Trueba, los viajes a Lisboa, Praga o al impresionante Karlovi Vary; con Javier Gurruchaga a La Habana; con José María Gómez, ‘Cuchi’, al Festival de San Sebastián; con Maribel Verdú a Venecia; con Javier Tomeo y Blanca Carvajal a Segovia; con Concha García Campoy, Andrés Vicente Gómez y Verónica Forqué a París; con Concha a Marbella, a la casa de Antonio Banderas y Melanie; con David y Santiago Segura a Ibiza, durante muchos veranos, a la casa de Concha; con Penélope y su familia, a la Toscana y a las Bahamas. Un verano fui a ver a Penélope a Cefalonia, una isla griega, del archipiélago de las Jónicas, donde rodaba una película. Tal vez haya sido el lugar que más me ha impresionado. Qué belleza.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Me recuerdo de muchas maneras: en Lechago, con mi madre cantando jotas mientras ella fregaba; con mi padre enseñándome a jugar al ajedrez y corriendo detrás de mí cuando me quemé las manos al caerme en la hoguera de su huerto; la mañana en la que mi madre echó un bando porque creía que me había perdido con Merceditas, mi amiga y hermana de leche; con mis hermanos Salvador y Carmen en la cama en la que dormíamos los tres juntos; la muerte de Caracola, nuestra perra, el primer gran sofoco de mi vida; en el bar del Calamochilla y en el de mi tío Eduardo, con todo el pueblo jugando al guiñote y la tele en blanco y negro de fondo; en brazos de mi tío Paco, con dos años; con mi tía Amalia en casa de su amiga Juana viendo por la tele las corridas de El Cordobés y El Viti. Luego, en Calamocha, las tardes lentas, los ratos tontos que perdíamos mirando las matrículas de los coches que pasaban; las clases particulares que daba a chicos del pueblo; los cromos del fútbol; las carreras con la bici entre Lechago y Navarrete; las revistas ‘Lib’ e ‘Interviú’, grandes estrellas de los 70; los partidos de fútbol con los amigos; mis tíos y primos; las peñas; los bailes agarrados; las fiestas de Calamocha y Lechago; la piscina; los futbolines; el ping pong; el tenis; las discotecas, las primeras chicas que te volvían loco, los encuentros furtivos; los bares, la gramola, las canciones del verano. Y, como momentazos cumbre, las charlas sobre sexualidad que daba a mis amigos y amigas en el bar El Chato, después de leer el Consultorio sexológico que el doctor Luis Serrat llevaba en ‘Interviú’. Casi todas estas cosas las viví con Pascual Peiró, mi inseparable amigo de la infancia y adolescencia.

 

-7. Y entre tantos recuerdos, ¿cuál es el mejor?

La primera vez que una chica de Lechago, Conchita, me dijo que sí cuando la saqué a bailar en una peña del pueblo. Estaba muy oscuro y sonaba ‘Michelle’ de Los Beatles en el radiocassette. Fue muy emocionante. Tendría unos 13 años. También fue muy eufórica la tarde en la que en Calamocha recuperé una bicicleta azul que me habían robado.

 

-8. ¿Qué tipo de lecturas hace en estos días?

 Me han encargado el prólogo de la nueva edición de ‘El tiempo amarillo’, las memorias de Fernando Fernán-Gómez, de 720 páginas. Con ese pretexto, las releo. Menuda delicia.

 

-9. ¿Qué libro, qué cuadro, qué museo, qué película está asociados a un verano inolvidable?

En los veranos de finales de los 70 y primeros 80 iba mucho a Madrid. A cada rato iba al Museo del Prado. Un día fui a ver ‘El Guernica’ de Picasso con mi tía María, que no entendía por qué estábamos tanto tiempo delante del cuadro. También fueron más que inolvidables los veranos en los que devoré ‘El largo adiós’, ‘Cosecha roja’ y ‘El guardián entre el centeno’, tres de las lecturas de mi vida.

 

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de tus veranos?

Las chicas de las que me enamoraba en la adolescencia.

 

11. ¿En qué han cambiado los veranos?

Ahora transcurren a una velocidad desesperante. Es para cabrearse.

 

-12. ¿Cómo resumiría en un tuit el espíritu veraniego?

Los veranos siempre pasan demasiado rápidos. Hasta cuando pasaban lentos.

-13.¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

En el verano de 1987 Mariano Gistaín y José Antonio Ciria escribieron un libro sobre Perico Fernández, ‘La vida en un puño’ (El Día-Ediciones del Valle). Me pegué a ellos con el pretexto de echarles una mano. Pasamos un verano formidable, al lado de Benito Escriche y de Perico, uno de los tipos más surrealistas y divertidos que he conocido. Al verano siguiente, 1988, volví a ayudar a Mariano en ‘No me esperes a comer’, un programa que Pepe Royo le encargó para el centro regional de TVE. Con nosotros estaba la fantástica Pilar Labadía. Por las noches no salíamos de dos bares, ‘La avenida de la Ópera’ y ‘La Marioneta’, en la calle del Olmo. Ese fue uno de los grandes veranos de mi vida. También fueron muy divertidos los veranos que, con mi amigo de la infancia José Luis Campos, presenté el programa especial que la tele de Calamocha dedicaba a las fiestas de agosto. Yo salía de madrugada a hacer reportajes por las calles y peñas, tratando de poner el micrófono a los que más mamados iban. Y, luego, también, recuerdo muy bien algunos cursos de verano. Por ejemplo, uno sobre cine español que, con la ayuda de Cristina Palacios, dirigí en El Escorial para la Universidad Complutense. Fue en el 2005. A ese curso asistieron, entre otros, Luis Berlanga, Rafael Azcona y Juan Luis Galiardo. Eso es lo peor. La melancolía de la gente que ya no está.

 

 

 

RAMÓN GARCÍA MATEOS: UN CUENTO

[Ramón García Mateos (Salamanca, 1960) es poeta, narrador, profesor de literatura y raposa teatral con compañía propia. es un gran conocedor de la obra de José Agustín Goytisolo y ha traducido al castellano a Gerard Vergés. Reside en Cambrils, Tarragona y destaca por su intensa actividad y por su compromiso constante con la creación. Acaba de ganar el premio Tiflos con el libro 'Baza de copas. Ajuste de cuentas', donde se incluye este texto que cuenta la historia de un profesor de Ariza. ‘Don Atilano’. Las dos fotos son de Robert Doisneau, de quien se cumple un siglo de su nacimiento en 2012.]

 

 

DON ATILANO

Por Ramón García Mateos

 

 

 

Don Atilano era maestro nacional en Ariza, a la orilla izquierda del Jalón, en las tierras aragonesas que abren la puerta soriana de Castilla. Don Atilano, en realidad, no parecía don Atilano. Sus apenas treinta años y aquel aire ensimismado y ajeno, siempre fuera del mundo, alejado de la vida social que se le suponía al señor maestro, le imprimían un halo de poeta tísico y neorromántico. Desde que llegó, al final del verano, cuando las eras estaban ya barridas y se hacían los preparativos para la inminente vendimia, estuvo de patrona con la señora Eloína, la vieja sacristana que tradicionalmente recibía en su casa a los funcionarios interinos, o sustitutos, de paso por el pueblo. Su vida se repartía entre la espaciosa y lóbrega habitación con alcoba donde su maltrecho baúl de viaje —heredado del tío Antón, que lo había recibido como dote al ingresar en la Guardia Civil— esperaba nuevos horizontes; el viejo edificio de las Escuelas Nacionales, gemelo de otros muchos de cuando la dictadura de Primo de Rivera; y los largos paseos, siempre en soledad, por los alrededores de Ariza, hasta más allá de la ermita de la Virgen del Amparo, donde, sentado en un berrueco, se pasaba las horas contemplando impasible el horizonte. No es de extrañar, pues, que creciera a su alrededor el murmullo y la maledicencia. Don Atilano no frecuentaba la tertulia del casino, punto de encuentro de las autoridades locales, las fuerzas vivas que decían, ni tenía tampoco demasiado trato con sus compañeros maestros: doña María Luisa, una solterona con aire de lesbiana; doña Cruz, casi al borde de la jubilación; y don Argimiro, el maestro, así, sin adjetivos, el maestro de Ariza. No, nunca tuvo don Atilano cercanía alguna con sus colegas de magisterio. Y la verdad es que la vocación que creyó tener un día se fue diluyendo, poco a poco, en los sucesivos destinos, en las repetidas escuelas, en los diferentes pueblos, siempre distintos, siempre los mismos, monótonamente distintos, desesperadamente iguales. Sus ilusiones juveniles, tampoco desorbitadas, todo hay que decirlo, chocaron con la piedra de mármol que la mayoría de los alumnos tenían en sus cabezas y con la cazurra sumisión de sus familias, que respetaban la dignidad social del maestro pero no su saber. Vocación e ilusiones acabaron en el sumidero de la frustración. Y engordaron las habladurías. Del que si don Atilano es raro de cojones, que si don Atilano está enfermo, que si don Atilano purga penas de amores, se pasó al que si don Atilano no se preocupa por los muchachos, que si mi chico sabe ya más que don Atilano, que si don Atilano no les enseña nada. Y don Atilano, que percibía en el ambiente el reproche colectivo, la acusación múltiple de su incompetencia docente, sobrellevaba esa cruz, palabra por palabra, con más pena que gloria. Dan para mucho las largas noches de invierno en un pueblo de Aragón, para que bulla el magín y se acelere la rueca que hila las hebras del ingenio. Y el invierno trae consigo muchas noches para la soledad y el pensamiento.

Una tarde de mayo —como en las canciones infantiles para danzar en corro—, don Atilano llamó la atención de sus alumnos, un muy nutrido grupo de zagales que se afanaban en solucionar las interminables multiplicaciones dispuestas sobre el encerado, y desde la breve tarima, que anhelaba ser cátedra, comenzó a desabrocharse el cinturón que sujetaba sus pantalones, el cierre de la cintura después, para acabar con los botones que atrancaban la bragueta, ocultos tras la portañuela. Los pantalones de paño cayeron a sus  pies y, mientras se bajaba los calzoncillos, difusamente amarillentos y con rastro de humedades pretéritas, vació su corazón en aquellas palabras envenenadas: Ahora ya podéis decirle a vuestros padres que os lo he enseñado todo. Los muchachos, atónitos, contemplaron como don Atilano, recompuesto su atuendo y con las manos en los bolsillos, se dirigía con paso quedo hacia la estación del ferrocarril. De todos es sabido que la villa de Ariza fue, durante mucho tiempo, un importante nudo ferroviario. De don Atilano nunca más volvió a saberse nada.

 

RAMÓN GARCÍA MATEOS

De Baza de copas. Ajuste de Cuentas (Premio Tiflos de Cuento 2012), Edhasa/Castalia, Barcelona, 2012.