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Antón Castro

ÁNGEL PETISME: UN DIÁLOGO

Petisme por Juan Miguel Morales.

 

ANGEL PETISME. El escritor y cantante zaragozano, nacido en 1962, publica ‘Del corazón a los labios. Canciones’ (Hiperión), donde recoge más de un centenar de poemas que se han convertido en melodía en diez álbumes a lo largo de más de dos décadas.

 

“Soy un politoxicómano de todo: libros

películas, mujeres, tragos, de la vida”

 

“Todo es compromiso menos la muerte”

 

 

 

¿Qué lugar ha ocupado la poesía en su vida?

Empecé a escribir a los once años, devoraba toda la poesía que caía en mis manos, Machado, Tagore, Juan Ramón… La poesía completa de Miguel Labordeta, en la colección Fuendetodos, creo que la robé de la biblioteca de la Plaza de los Sitios, la quería sólo para mí. La poesía es mi cordón umbilical con el mundo, las raíces que me mantienen firme y alimentan, mi toma de tierra eléctrica con la realidad, también mi religión, mi forma de estar, de comprender el mundo y trascenderlo.

En 1990, apareció ‘La habitación salvaje’. ¿Cómo se gestó aquel disco?

Yo andaba allá por el 87 tocando por bares de Madrid temas míos con Petisme y Los Sin Techo, y el sonido era muy guitarrero y cañero y yo parecía una mezcla entre Iggy Pop y Bowie, con el pelo teñido de zanahoria o rubio. Después Aute, uno de mis padrinos musicales, me pagó una maqueta de tres temas muy comerciales para mostrarla en multinacionales. Afortunadamente a última hora una se echó atrás y entonces me dio por ir al zoo de Madrid, escribía pequeños poemas delante de las jaulas y poco a poco fueron creciendo y les fui poniendo música a ‘Ardiendo en la oscuridad’, ‘Eros y Thanatos’, ‘El sueño del cazador’, etc.

-Allí estaban muchos de tus temas: el amor y el deseo, el neorromanticismo, la naturaleza, el eco de la cultura...

Sí, era mi primer disco en solitario y solté todo el arsenal hedonista de filias y pasiones. He necesitado siempre la libertad como un valor primordial, sin ella otros valores no existen.

‘Turistas en el paraíso’ fue una apuesta por el pop más lírico y refinado.

Yo diría más rockero que pop, eran letras muy trabajadas, con imágenes casi como fotogramas o juegos surrealistas, donde dominaba la pasión pero ya aparece la mirada al dolor del mundo en temas como ‘Belchite’, ‘Sueña conmigo’ o la infancia, la inocencia perdida y el paisaje aragonés en ‘Los trenes de septiembre’ o ‘Trae contigo la lluvia’. Conseguimos con la producción un halo de frescura y mucha fuerza.

‘El Singapur’ era un viaje físico y un viaje simbólico.

Algunas canciones las escribí en Chile en 1993. Hay canciones dulces y evocadoras  como ‘Los ríos de Venus’ o ‘Amor y cartografía’ que escribimos Gabriel Sopeña y yo, pero también temas apocalípticos, duros y reivindicativos como ‘Bailando en campos minados’, ‘Ciudades y mujeres’, ‘Llegan los bárbaros’ ... Había muy buenas canciones pero la producción fue accidentada y no me dejaron elegir al productor.  

 Con el paso del tiempo, parece que su disco más redondo es ‘Cierzo’. ¿Cómo lo define?

Es mi entrada en la madurez, en la órbita de Saturno. Lo compongo con 35 años, ahí está la pérdida de la juventud y por tanto de la inmortalidad, la presencia real de la muerte en ‘Golpes de mar’, ‘Julieta’, ‘No somos nada’, el amor ya no desbocado en ‘Necesito de tu magia’. Y supongo que también de esa crisis personal, de sentirme perdido tras abandonar Fonomusic, yo me inventé mi Macondo, ese viejo solar en Saturno que era pero no era Aragón. Recuerdo que me saltaban las lágrimas mientras componía y cantaba las estrofas de “Somos los hijos del cierzo, pinturas negras del cierzo…”     

¿Qué pretendía hacer con ‘El Tranvía Verde’: un himno de Aragón quizá?

Lo medio compuse en Oporto, en el verano del 95, viendo los tranvías que bajaban o subían hacia el Duero. Eso me transportó a la línea 29, el tranvía que cogía en las Balsas del Ebro Viejo para subir a los escolapios del Cascajo. Jamás pretendo nada cuando hago una canción y menos escribir himnos. Salió así. Hay como una invitación a la autoestima, a subirnos todos a ese “carro volador”, a querernos y cuidarnos mucho, a descubrir lo grandes que hemos sido y podemos ser.

¿Cuál ha sido la importancia del humor en tus canciones?

El humor nos salva de la oscuridad, de la extrema lucidez. El humor y la risa nos hacen inteligentes, son un espejo para que la muerte se mire en él y salga huyendo.

¿De qué se alimenta un artista como usted?

No tengo kriptonita. La fuerza y la rasmia para levantarme cuando caigo y la pasión para gozar de cada instante me la regalaron mis padres en sus genes. Me gusta probarlo todo, conocer para amar, perder para cantar. Soy un politoxicómano de todo, de libros, películas, mujeres, tragos, de la vida.

Ha rendido homenaje a Luis Buñuel y al río Ebro. ¿Por qué?

Buñuel es la imaginación, la libertad creativa absoluta, la independencia, el valor de los sueños, el juego, el  Rh  aragonés por excelencia: individualista, universal, terco, ilustrado. Me apasiona su cine y fui muy feliz preparando y haciendo ese disco. ‘Río ebrio’ lo grabé en 2008 en el laboratorio de sonido del Centro Cívico Delicias. De niño jugábamos en las huertas de Ranillas, robábamos fruta y nos bañábamos en el río donde empezaba la Química.

Su música y sus canciones han evolucionado hacia el compromiso y la defensa de los desheredados...

Creo que es una imagen distorsionada de mí. Probablemente mi activismo pacifista desde 2002 con los viajes a Iraq, Palestina, los campamentos saharauis, han podido crear ese espejismo. Tener un hijo, educarlo, elegir una carrera, enamorarte, salir a la calle a buscar trabajo: todo es compromiso menos la muerte. De la piedad, de la compasión, del interés por el dolor de alguien que no es pariente nuestro, nacen el compromiso y la solidaridad. 

¿Para qué sirve una canción?

En ‘La última canción’ el estribillo dice: “De qué sirve una canción si no te hace temblar, de qué sirve una caricia si no hay electricidad”. Las canciones son pequeñas lecciones de vida, bálsamos, pócimas mágicas para ver -cuando los antivirus no funcionan y te viene el bajón- los vasos medio llenos y seguir levantándote cada mañana con ilusión.

¿Cuál es su propia canción favorita?

‘Los nadadores’, ‘Golpes de mar’, ‘Los sueños se revelan’, ‘Necesito de tu magia’. Me gustan mucho canciones nuevas que he compuesto hace poco como ‘Una vela en la oscuridad’ que está dedicada a Félix Romeo. Él me dictó esa canción para que nunca le olvidase y abandonase, una canción bálsamo para que yo pasase a otra fase del duelo, más serena y luminosa.      

¿Qué es lo más bonito que le ha ocurrido en la música?

Me ha permitido viajar y pisar Asia, África, América, conocer gente increíble, llenarme de la vida de otros en situaciones límite. Un fan me pidió si podía ir a su boda y cantar en misa ‘Yo cuidaré de ti’ como regalo para su esposa.

 

 

JOSÉ MARÍA CONGET ESCRIBE DE CÁDIZ

[La escritora Ángeles Prieto Barba estuvo en el Seminario de la Lectura de la Universidad de Cádiz, donde intervinieron entre otros Luis García Montero, Antonio Orejudo, Jordi Canal, Manuel Borrás, Antón Castro, etc., bajo la dirección de José María Pérez Collados. Hace unos días, Ángeles me escribió: “Sólo hasta que José María Conget nos leyó su cuento, recordé que sí había leído algo suyo. Me sonó del tirón. Se trata de un brevísimo relato, más bien semblanza nostálgica, de sus años en Cádiz y su amistad con Fernando Quiñones y la mujer de Jesús Fdez. Palacios, que falleció prematuramente. El problema es que esta semblanza, estupenda, muy bien escrita, se encuentra en uno de esos libros descatalogados publicados hace muchos años por el Ayuntamiento de Cádiz, ‘Trece miradas sobre la ciudad’, se titula y ahora es totalmente inencontrable. Ni en librerías de viejo siquiera. Pero yo lo tengo. Y como no hay posibilidad de que el público la lea, conozca y disfrute, la estoy mecanografiando. El Conget es un magnífico escritor (...) Lo estoy disfrutando muchísimo. Qué alegría soltar la última plasta del Eco y coger al Conget. En definitiva, ¡vivan los baturros!”] Ángeles, por supuesto, me manda el texto. Y aquí está con fotos de Fernando Quiñones y José María Conget.

 

EL DÍA CIRCULAR 

 

Por José María CONGET

 

            Dentro de un minuto sonará el teléfono y me despertaré. Fernando, que supone a todos los ciudadanos tan madrugadores como él mismo, no me dejará ni balbucear un somnoliento dígame, me comunicará la hora a la que ha salido el sol y la hora en la que bajará la marea, me describirá una mañana espléndida desde la baranda de la Caleta a la que siempre está asomado en mi memoria y por fin retumbará en mi oído con unos sonoros versos marinos que me obligan a murmurar “no estoy para Góngora, Fernando, no estoy para nadie, ¿te has mirado el reloj?”. Por supuesto, mi vocecilla subterránea le pasa desapercibida a Fernando que ahora me habla en francés, ¿o es en latín?, y sólo hace una pausa cuando inquiere si he leído ya el manuscrito. “¿Qué cabrón llama a estas horas?” me llega desde el dormitorio el destemple de Maribel. “Es Fernando, quiere saber si hemos leído las Crónicas Hispanas”, le respondo, y “es Maribel”, le aclaro a Fernando, “dice que si sabes la hora que es”. “Suspirando yba la niña e non por mí” declama impávido Fernando un poco sin venir a cuento y luego nos cita “entonces hoy a las siete en casa de Jesús para correcciones, glosas y críticas implacables”. Abro el balcón del cuarto de estar. No hay nadie en el Paseo Marítimo. En la playa se siluetean, como ciegos con su bastoncillo, que es en realidad el detector de metales, los obstinados buscadores de tesoros enterrados, fieles a la esperanza de los míticos duros antiguos o de cualquier medallita que hayan perdido los bañistas. Mi apartamento no da a la Avenida pero yo la enfoco desde esta página y la veo fea y sin tráfico, cruzada por un revuelo de hojas sucias de periódico que el Levante arrastra. Es primavera temprana en el lado del mar y permanente gris invierno en la calzada de la calle.

 

            Mi hija se ha levantado ¿Tiene que ir al colegio? No, haremos que hoy sea domingo o por lo menos una fecha festiva. En este día no caben sus maestros carcamales ni el edificio mazacote del Instituto Columela donde yo imparto clases –aunque algún minuto perdido me gustaría que estuviera ilustrado por la espuma que salpica furiosa los bloques de piedra del malecón mientras yo explico a mis alumnos las subordinadas subjuntivas o las asechanzas del loco amor que algún día los arrebatará. Dentro de unas horas mi hija -¿seis años, siete?- bajará a la playa a jugar con Marta y Lidia y desde lejos yo seguiré los turnos a la comba y escucharé, con infinita ternura, con esa congoja difusa por lo que cambia y nos abandona, su voz de niña que se me había olvidado y que otra vez entona la cantinela “soy la reina de los mares, ustedes lo van a ver”. A mi hija yo le cuento cuentos todas las noches y mi hija es tan dulce que me interrumpo a cada momento para besarla, y también leemos juntos El mago de Oz y esta tarde creo que iremos al cine, es verdad, estamos en el cine Alcázar viendo una de Simbad y, cuando aparecen los esqueletos blandiendo alfanjes, mi hija se muerde las uñas y yo le retiro la mano y entonces me mordisquea mis propios dedos. Pero estoy desordenando el día, esto no puede seguir así. ¿No les abordará hoy a las niñas el exhibicionista que se agazapa en las casetas de baño con su virilidad asomada mustia entre camisa y pantalón? “No, nos hemos asustado ni nada, le hemos gritado cochino, cochino, hasta que se ha marchado corriendo”. Cierro los ojos. Maribel se adentra en el mar, se vuelve sonriente y parece que desde el mismo sol me hace un gesto para que acuda. No. El día no puede seguir así. Sigue con que nuestra hija se ha quedado en casa de sus amigas y Maribel y yo caminamos hacia el comienzo de la calle Virgen de las Angustias. Esto será difícil. Sigue con que nos detenemos ante el portal y llamamos a un timbre. Bromeo por el telefonillo: “¿Está visible el jefe de los poetas de Cádiz?”

 

            Nos recibe la risa de Pili siempre un poco ronca ¿no? y luego pasamos a la sala. Yo no puedo traicionarme. Primero ha sido la risa de Pili pero ya está ella con nosotros, de pie, morena, algo ojerosa, irónica, frágil, consintiendo que yo la llame “sorella” ya no me acuerdo por qué, un libro abierto encima de la mesa y el cigarrillo entre los dedos. Con qué emoción le beso la mejilla y qué oportunamente nos saluda Jesús, en zapatillas y pijama, para que Maribel reanude la guasa habitual sobre los trajes de noche del poeta. “Es que todavía es pronto ¿no viene Fernando a las siete?”. Sólo entonces me percato de la estupidez de someternos –de someter a Pili, a Fernando- a una velada literaria. Intento, angustiado, un cambio de programa. ¿Pero no son Carnavales? Claro que charlaremos con Fernando, pero después de que pronuncie el pregón de Carnaval en la plaza de San Antonio, enfundado en una túnica blanca y con una corona de mojarras frescas ceñida a las sienes, mojarras que se comerá crudas una a una tras el discurso. En casa de Jesús se producen unos segundos de perplejidad pero yo he conseguido eliminar toda incertidumbre de mi mirada que sólo expresa rotunda convicción. Es Carnaval, claro, y hemos quedado en el mercado de las Flores con todos los amigos.

 

            Me concedo el respiro de caminar a solas hacia el centro por el paseo destartalado que bordea las playas y el rompeolas. Cuánto me gustaba el perfil viejo de la ciudad desde esta perspectiva y, al penetrar en el casco antiguo, la lepra salitrosa de los muros, el callejeo que desemboca al mar. Nos entristecía siempre dejar Cádiz y nos alegraba el regreso –la luz de la bahía, de pronto, cuando el tren enfilaba hacia el istmo en las mañanas de septiembre- y sin embargo hacía tanto tiempo. Pues no amamos los lugares por sus torres y sus jardines sino por la amistad que se alimentó a la sombra de esas torres y entre la vegetación de esos jardines. A mí no hay monumento admirable que me impresione si no está asociado a la presencia de un ser humano. Cádiz es sus plazuelas y los barrios populares y algunas tabernas y el rumor oceánico, pero es, sobre todo, una forma de rizarse el pelo de Maribel, una canción infantil que cantaba mi hija y las risas y las charlas hasta las tantas cuando deambulábamos de un bar a otro con Pili y Jesús y Fernando y los demás. Y si los amigos desaparecen, ¿qué significa la ciudad sino el escenario vacío donde fuimos felices con ellos? Y qué nos deja el tiempo salvo fragmentos inconexos, que llamamos memoria, y con los que reconstruimos torpemente un puzzle al que le faltan casi todas las piezas. Pero algo queda, una tela hecha de pedacitos de muchas telas, una burbuja aislada, fuera del alcance de la muerte, y en la que nos refugiamos para volver a encontrar a nuestros amigos que ahora en la Plaza de las Flores me hacen gestos de bienvenida y me ofrecen un fino y me integran en la juerga carnavalesca para la que tan mal estaba preparado. Pero esta noche voy a disfrutarla. Y a Pili no la dejaremos sola ni un segundo. Te acompañamos todos, sorella, Jesús y tus hijos, nosotros, de Jerez han venido Paco y José Mari, y están también José Ramón y Tere y Conchi y Javier, y seguiremos bebiendo hasta la madrugada el inevitable chocolate con churros. Pero yo tendré que estar atento a la hora y volverme muy deprisa a casa porque debo estar dormido cuando suene el teléfono y lo descuelgue somnoliento y Fernando, sin dejarme pronunciar ni el dígame, me comunique a qué hora ha salido el sol, a qué hora en el día de hoy bajará la marea.

 

           

LARA LÓPEZ: ADIÓS A RADIO 3

LARA LÓPEZ: ADIÓS A RADIO 3

LARA LÓPEZ: DESTITUIDA DE RADIO 3

Lara López es la autora de un delicioso libro de amor y desamor, de un dietario donde los sentimientos parecen estar erizados de fragilidad, de dolor, de pasión: ‘Óxido’ (Xordica). Lara López es, era, además, la directora de Radio 3 y había hecho una espléndida labor. Siempre quiso mejorar la cadena, siempre repartió juego, siempre intentó darle personalidad a esa radio que hemos seguido con entusiasmo desde la Barraca del Tercero o Diálogos 3, entre otros muchos programas. Posee una voz acariciadora y dulce, que parece navegar entre la melancolía, la suavidad y el sueño, y halla el perfecto acomodo en la música, de la que sabe mucho. Acaba de ser destituida, como lo han sido Fran Llorente, Juan Ramón Lucas y tantos otros. Desde aquí le envío mi solidaridad, mi afecto y mi gratitud. Acababa de incrementar el EGM. La sustituye otro profesional de largo recorrido: Tomás Fernando Flores.

 

*La foto es de RNE.

ITURBE, DITA KRAUS Y AUSCHWITZ

ITURBE, DITA KRAUS Y AUSCHWITZ

TONI ITURBE PUBLICARÁ EN PLANETA

‘LA BIBLIOTECARIA DE AUSCHWITZ’

Toni Iturbe (Zaragoza, 1967) nació en el barrio de Casetas y con muy pocos meses se fue a Barcelona. Es director de ‘Qué leer’, periodista cultural y escritor. Ahora da el salto a Planeta con la novela “La bibliotecaria de Auschwitz”, de la que nos habló estos días en Santander.  En palabras de Laura Franch, de prensa de Planeta, “se trata de una historia real, impactante y emotiva que se desarrolla en el campo de exterminio de Auschwitz. El libro es un gran homenaje a los libros y relata cómo se organizó de manera clandestina en el campo de Auschwitz, en el barracón 31, una improvisada escuela que disponía de una modesta biblioteca secreta con ocho libros. Su bibliotecaria, una joven de 14 años, Dita Kraus (Dita Adlerova en la novela), se las ingeniaba a diario para ir ocultando los libros, y tanto ella como el resto de protagonistas de esta novela arriesgaron su propia vida para que los niños de Auschwitz tuvieran una escuela, aprendieran y soñaran entre el dolor y el desánimo”.

Dita tiene 82 años, Toni Iturbe contactó con ella y le dio algunos datos valiosos. Añade Laura Franch en su comunicado de prensa: “Es una historia emocional y emocionante, con momentos para el horror y para el humor de la vida cotidiana, que nos muestra a unos personajes valientes y arriesgados que fueron capaces de encender una pequeña luz en un lugar oscuro, lúgubre e inexplicable. Este libro es un homenaje a Dita, a esta joven bibliotecaria que sobrevivió a aquella barbarie y que hoy, a sus 82 años, vive tranquilamente en Israel, donde Toni Iturbe dio con ella y con la que mantiene una fluida relación desde hace cuatro años. Pero sobre todo es un gran homenaje a los libros y a lo que suponen para elevar el espíritu ya que cuando más te ahoga la realidad, más necesitas los libros para construir tu propio mundo”. 

 

[«Me he quedado muy impresionado tras la lectura de ‘La bibliotecaria de Auschwitz’, a la vez terrible y apasionante. La historia real de Dita, novelada por Iturbe, nos permite ver por dentro la vida cotidiana en el peor campo de exterminio nazi de la segunda guerra mundial, desde la insólita perspectiva de una niña que empieza su adolescencia. Es la historia que hubiera podido protagonizar Ana Frank de haber sobrevivido.

Antonio Iturbe combina la precisión documental del periodista de raza con una gran fluidez narrativa para desvelar el misterio de por qué los nazis mantuvieron en el infierno de Auschwitz un barracón dedicado a los niños.»]

Sergio Vila-Sanjuán

 

BIOGRAFÍA DE ANTONIO G. ITURBE

 

Antonio G. Iturbe (Zaragoza, 1967) creció en el barrio portuario de Barcelona y se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona. Lleva veinte años dedicado al periodismo cultural. Ha sido coordinador del suplemento de televisión de El Periódico, redactor de la revista de cine Fantastic Magazine y trabaja desde hace dieciséis años en la revista Qué Leer, de la que actualmente es director. Ha colaborado, entre otros medios, en las secciones de libros de Protagonistas, Ona Catalana, La Cope o ICat FM y en suplementos de cultura de diarios como La Vanguardia o Avui.

Ha publicado las novelas Rectos torcidos y Días de sal, y es autor de la serie de libros infantiles «Los casos del Inspector Cito», publicada en seis países. Ha impartido clases como profesor invitado en las facultades de periodismo de la Universitat Blanquerna, Universitat Oberta de Catalunya y Abat Oliva. También ha sido profesor invitado en el Máster de Edición de la Universidad Autónoma de Barcelona y actualmente es profesor en el Máster de Edición de la Facultad de Letras de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha sido miembro de la comisión de Selección de Fondos de la red de Bibliotecas de la Diputació de Barcelona y actualmente es miembro de la junta de la Associació de Periodistes Culturals de Catalunya.

 

*La foto de Toni G. Iturbe la he tomado de la web de

http://escuela.revistadeletras.net/wp-content/uploads/2012/04/iturbe2.jpg

-La foto de Dita la he tomado de internet, de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-dc2427d26014de24b94e389ef177548e.jpg

LAIA LÓPEZ MANRIQUE: POEMAS

LAIA LÓPEZ MANRIQUE: POEMAS

LAIA LÓPEZ MANRIQUE: ‘DERIVA’

Llego a casa y por gentileza de Fernando Sanmartín había recibido algunos poemarios de las PUZ, donde dirige la colección ‘La Gruta de las Palabras’, entre ellos ‘Deriva’ de Laia López Manrique (Barcelona, 1982). Copio de ahí estos dos poemas, que ilustro aquí con fotos de Irene Becker, nacida y formada en Yugoslavia, aunque residente ahora en Hungría.

 

De ‘Deriva’

 

1

 

encima de ti

y debajo

de tus pies

la luz inversa

se despliega

en la noche

eres un áspid

negativo o incendio

crónica

de la razón

sonámbula

 

2

 

las fieras

buscarán tu piel

de hembra devastada

para nutrir tus vientres

comerán de tu invisible

lejanía

de los acordes

sin saciar

de tu silencio

 

*Por error había puesto Mondéjar; es Laia López Manrique. Mil disculpas.

POESÍA Y CINE EN EL MONCAYO

XI FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA MONCAYO:

 

[Esta foto es de Andreas Ulvo.]

 

Poesía y cine

 

www.olifante.com

Siempre ha habido cine en la poesía. Los grandes poemas son cinematográficos. Y hay un tipo de cine muy poético: pensemos en Manoel de Oliveira, en Theo Angelopoulos, en Paula Ortiz incluso. La poesía y el cine confluyen en lo extraordinario: sus ojos ciegos de entusiasmo aspiran a lo inefable. La poesía es una película proyectada en la cámara oscura de nuestro interior que reclama más luz.

 

                                              Trinidad Ruiz Marcellán

  

Homenaje a

Antonio Machado y Rabindranath Tagore

 

PROGRAMACIÓN:

 

 

Jueves 26 de Julio

Tarazona

Conservatorio

20 horas

 

Presentación del festival

Conferencia del poeta Ángel Guinda, Poesía y cine

Intervención del grupo musical CALEANA

Bookcrossing

 

 

Viernes 27 de Julio

Litago

Ermita del Pilar

17 horas

 

Intervención de Pedro Herrero

Inauguración.  Discurso a cargo de Antón Castro.

Proyección de Un dios que ya no ampara de Miguel Mena y Gaizka Urresti (Escritor y Director, respectivamente)

Charla . Coloquio. Encuentro autor y lectores

 

Proyección de La diferencia de Ángel Guinda y David Francisco (Poeta y Director, respectivamente)

Charla . Coloquio. Encuentro autor y lectores



Presentación de poetas y directores de cine.

Intervención Musical: Luigi Maráez y Âlime Hüma y La Coral Turiasonense (música de películas)

Poesía en la calle: Victoria Puig

Música de calle con Alam Folk

Bookcrossing

 

23 horas

Actuación del grupo de música Jordi Skywalker

 

 

Sábado 28 de Julio

Monasterio de Veruela

Museo del Vino

11 horas

 

Presenta  Mª José Moreno

 

Lectura poética de Fernando Aínsa, Pilar Alcalá, Ana Alcaraz, Marta Almenara, Javier Camacho, Inés R. Campodónico, Clara Dávila, Mohsen Emadi, Manuel M. Forega, Reyes Guillén, Ángel Guinda,  Ahmed Hadi, Susana Hernández, Ana Lacarta, Iñigo Linaje, Luigi Maráez, Luis Ángel Marín,  Manuel Massini, Isabel Miguel, Luisa Miñana,  Milagros Morales, Gerardo Osal, Mª Ángeles Pérez López, Francisco J. Picón, Victoria Puig, Susana Sancho,  Fernando Sarría, M. Á. Yusta.

 

Proyección de videoclips de Rosana Acquaroni (Discordia de los dóciles), Vicky Calavia (Tu alma es un paisaje escogido), Lucía Camon (Poesía), Ricardo Calero (Inundar el mar), Rubén Cárdenas (Capoladora), Sergio Duce (Poesía de Ana Lacarta), Mohsen Emadi (Visible como el aire, legible como la muerte), Manuel M. Forega (Bombas fúnebres), David Francisco (Poemas de Reyes Guillén y Subhro Bandopadhyay), Natalie Handal (Poesía), Leónidas Martín (Toda la luz del mundo de Ángel Guinda), Miriam Reyes (Poesía), Sándor M. Salas (Los ojos verdes. Leyenda de Bécquer).

 

Charla . Coloquio. Encuentro autores y lectores

Intervención musical de Irene Guillén, Jesús López y Carmen Alperte

Exposición de arte

Bookcrossing

 

Sala Capitular del Claustro

17 horas

 

Cuencos Tibetanos (Alfredo Porras)

Lectura Homenaje a Antonio Machado y Rabindranath Tagore por Mª José Moreno y Andrea Uña Barrientos

Lectura y traducción al euskera de Pilar Castro Lectura en inglés, Enrique Alda

Actuación de Curro Fatás y Jorge Berges

 

Danza de Enma Luna

 

 

Iglesia del Monasterio de Veruela

18 horas

 

Presenta Reyes Guillén

 

Lectura de poemas de Antonio Machado y de Rabindranath Tagore

Intervención de Paula Ortiz con presencia de poetas y directores de cine

Interpretación musical de Leslie Dowdall, Angi Ruiz Forés,  Ana Segura y  Âlime Hüma

 

Actuación musical

Banda de NACHO MASTRETTA

  

Domingo 29 de Julio ·  Ruta Bécquer

7 horas

 

Ruta Guiada entre el Monasterio de Veruela y Litago, pasando por Trasmoz

 

 

Dirección: Trinidad Ruiz Marcellán y Marcelo Reyes

 

Grabación: David Francisco

 

Organiza: Olifante

Patrocinan: DPZ, Ayuntamiento de Litago, Ayuntamiento de Tarazona, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Colaboran: Casa del Poeta, Campo de Borja y Alam

 

 

JUAN CRUZ: UNA VISIÓN CULTURAL

Juan Cruz Ruiz en Canariasactual.com.

[Estuve dos días en Santander reunido con un montón de amigos y espléndidos periodistas culturales a los que sigo y admiro y envidio desde hace mucho tiempo. La lista completa está en este blog, algo más abajo. Fueron jornadas intensas, de complicidad, discusión, debate, de exaltación y de alguna que otro fogonazo melancólico. Juan Cruz, como siempre, dispara antes que nadie: siempre es el pistolero-periodista más rápido del oeste. Y de la prensa. Y del blog y del twiter. Es un periodista admirable: el periodista clásico e incansable que “siempre piensa que me van a echar y por eso escribo y escribo, cuento lo que pasa”. Así cuenta hoy lo que ha ocurrido en Santander; además de Basilio Baltasar, con evidente exageración y con cariño, fue Llàtzer Moix, ese señor altísimo, elegante, de finísima ironía, que tanto sabe de casi todo y mucho muchísimo de arquitectura, quien me llamó “acelerador cultural”. A mi suegra Isabel esta mañana le ha hecho mucha gracia. Eso sí: con Isabel Brumós, mi suegra, hablamos de Santander y leímos todos los poemas que le dedicaron al palacio José Hierro, Gerardo Diego, Miguel de Unamuno, José María Aguirre y Escalante...]

 

 Llàtzer Moix, el sabio de la arquitectura milagrosa de España.

 

 

Terremoto de la cultura

Por: Juan Cruz | 20 de julio de 2012

http://blogs.elpais.com/juan_cruz/

No hay que ser un sismólogo, ni siquiera un perro entrenado en la adivinación de temblores, para saber que el terremoto español ya ha alcanzado todas las terminales nerviosas del país. La economía, los sindicatos, la educación, la sanidad..., y ahora la cultura.

La decisión del Gobierno de subir, también, el IVA que grava el cine, la música y el teatro, entre otras actividades, con el más alto nivel impositivo posible en la actual reestructuración de los impuestos, ha sacado a la calle, otra vez, a los gestores y a los actores de la cultura, a los que se han sumado los periodistas que se dedican al oficio de contar qué pasa en este ámbito.

En ocasiones precedentes, en otras legislaturas, el Gobierno del Partido Popular había excitado a los actores y a otros representantes de la cultura creativa, pero no había logrado concitar de la misma manera a los que se dedican a tareas administrativas en esos terrenos o a quienes informan de lo que pasa en la cultura en sus más distintas dimensiones.

La conjunción astral que ahora se da es una consecuencia, a mi juicio, de la incertidumbre que existe sobre la persistencia de la misma materia: ¿existirá la cultura si se la sigue limitando, si se sigue gravando al público que se sirve de ella, a los gestores que la administran o la hacen posible, a los que la hacen y a los que la disfrutan?

Basilio Baltasar, en una foto de José María Sánchez Bustos.

 

La pregunta la han hecho los periodistas culturales reunidos en San Sebastián por la Fundación Santillana y por la Universidad Menéndez Pelayo, comandados por Basilio Baltasar, que es el director de la citada fundación y que fue él mismo un destacado periodista cultural, tarea que sigue ejerciendo de una u otra manera a través de sus artículos y también a partir de esa actividad de acelerador cultural, como él dijo para referirse a la multitarea que ejerce el poeta (y periodista) Antón Castro.

Este acelerador cultural reunió en Santander estos días a un grupo numeroso, y muy variado, de periodistas, algunos de los cuales han organizado, en Cataluña y en Andalucía, unas incipientes asociaciones de Periodistas Culturales. Cuando los periodistas se juntan (lo cual es un milagro, muchas veces) es que algo grave ocurre, es que han vislumbrado un terremoto, por ejemplo. Y en la cultura se está produciendo un terremoto del que hubo indicios suficientes en esa reunión de Santander y en la manifestación que hubo ayer mismo ante el Ministerio de Cultura.

Es un terremoto que tiene su epicentro en un susto bien fundamentado. En la administración de la cultura, que el Gobierno ha sacado ahora a la calle anunciando la indefensión del sector, asustado ante los gravámenes. Y en la propia cultura, asustada por una crisis económica que es también una crisis de valores y que la sitúa en la vieja dicotomía entretenimiento/fundamento que se va decantando por la vía de la primera parte de esa contradicción.

De esas cosas hablaron los periodistas culturales en Santander, y del porvenir del periodismo, asunto al que volveremos. No estuvieron solo en la nebulosa de la discusión sobre su propio porvenir, sino que fueron al corazón de lo que preocupa hoy en esta sociedad perpleja: qué pasará con la materia misma de la que tienen que informar, si desaparece el teatro, si al cine lo apuñalan definitivamente, si es cierto que el libro desaparece, enterrado por enterradores interesados en que desaparezca la misma cultura del libro, bajo el disfraz de una falsa dicotomía, la del papel versus digital, si desaparece el mismo periodismo..., ¿qué tendrán que decir, de qué tendrán que informar, si el terremoto finalmente arrasa la hierba?

No es un problema del oficio, porque tampoco es un problema del oficio de los gestores culturales o de los actores o de los escritores, es un problema de la sociedad. El gravamen contra el que protestan no es solo un impuesto, es la expresión de un símbolo, cuyo cordón umbilical me parece que el Gobierno ha tocado con una falta de sensibilidad que tiene aún tiempo de corregir. Porque este terremoto no tiene solo los nombres propios de los que se han manifestado, es un terremoto que viene de más abajo, y llegará más arriba. Sería un error que resucitaran ahora, como se está haciendo, el tópico de la ceja. Harían muy mal en no escuchar este incipiente vocabulario de protesta.

 

EL NIÑO GRAVE DE JOAN COLOM

EL NIÑO GRAVE DE JOAN COLOM

JOAN COLOM: UN NIÑO AVANZA POR EL RAVAL

Otra foto de Joan Colom, tomada en El Raval de 1958. Un niño que parece un hombre de mil o dos mil años, un niño que avanza, con el peso del tiempo y de las penalidades, con el indecible ensimismamiento a cuestas por la ciudad decrépita, llena de escorchones. Ese niño que va a por agua, o que vuelve con ella, es todo un espectáculo: qué mirada, qué concentración, qué lejanía, qué seguridad displicente. Su estampa tiene espectadores. Su estampa no pasa inadvertida para nadie, y menos para ese maestro de la luz y la sombra, de los secretos del alma, que es Joan Colom.