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Antón Castro

VIRGINIA AGUILERA, CON 'HELENA KÍN' ESTE MARTES 10 EN PORTADORES

Recibo esta carta de Eva Cosculluela y de Félix González de Los Portadores de Libros:

 

[Os enviamos información acerca de la próxima presentación que organiza la librería, en esta ocasión de la autora zaragozana Virginia Aguilera.

El próximo martes 10 de abril a las 20h tendrá lugar en Los portadores de sueños (Blancas, 4 – Zaragoza) la presentación de la novela ganadora del Premio Casino de Mieres 2011: HELENA KÍN, de VIRGINIA AGUILERA (KRK Ediciones).

Acompañando a la autora, contaremos con la presencia del escritor Antón Castro.

 

 

HELENA KÍN

A finales del siglo XIX la joven Helena Kín decide recluirse en un convento de la ciudad de Pittsburg, tratando de eludir los efectos del funesto sortilegio al que dice estar sometida. Un orgulloso psiquiatra acepta su caso sin sospechar la vorágine de acontecimientos que acabarán con su prometedor futuro profesional y borrarán de su carácter cualquier atisbo de soberbia. Locura o maldición, obsesión o embrujo, Helena Kín está poseída de sensuales poderes que la subyugan, gobernando a su antojo a aquellos que la rodean y convirtiéndose en el eje esencial de una trama tejida por obscenas inclinaciones, oscuros intereses económicos y abyecto pragmatismo, en la que nada es exactamente lo que parece.

Redactada en forma epistolar, esta novela de misterio y erotismo está estructurada en dos niveles de lectura complementarios. El lector es libre de disfrutar de una narración de intriga psicológica a través de las cartas del doctor o sumergirse en una historia más profunda y mundana, con las notas del sibilino personaje señor B., para descubrir el significado alegórico de los protagonistas y las veladas referencias a personajes históricos, pudiendo compartir ideas, opiniones y puntos de vista en www.helena-kin.com.

VIRGINIA AGUILERA

Nacida en 1980 en Zaragoza, publica su primera novela como ganadora del Premio Casino de Mieres 2011. Vinculada profesionalmente al comercio internacional, ha vivido en Francia y Reino Unido, y con Helena Kín inicia su andadura en el mundo literario.]

 

La belleza de Helena Kín recuerda a Cleo de Merode.

Incorporo aquí algunos de los textos recientes que le he dedicado a Virginia C. Aguilera.

 

RECOMENDACIONES NAVIDEÑAS / 2

 

La belleza mortal de una mujer maldita

 

Virginia C. Aguilera debuta en la novela con ‘Helena Kín’ (KRK), una novela psicológica y de intriga que ganó el premio Casino de Mieres

 

“Señor, creo que se equivoca. Yo no estoy enferma, estoy maldita”, le dice la joven Helena Kín al psiquiatra que va a visitarla al convento católico de Pittsburgh en 1897, donde se ha recluido voluntariamente. ¿Quién es Helena Kín? De entrada es el personaje que da título a la primera novela de Virginia C. Aguilera (Zaragoza, 1980), que acaba de ganar el premio Casino de Mieres. Y, es, ante todo, una mujer excepcionalmente hermosa, alguien dice que la más bella que ha dado nunca la naturaleza, que ejerce un incontenible poder de seducción sobre los hombres y siembra la perplejidad entre las mujeres.

Helena Kín siempre ha sido especial: ya desde niña, cuando leía poemas en el colegio, cuando paseaba con sus amigas. Ella abunda en aquel verso de Rainer María Rilke: “Todo ángel es terrible”. Su hermosura es de origen sobrenatural, en cierto modo, y a la vez es una inabarcable y fatal: el joven que la protegió algunas noches aparecerá muerto; su cuñado se transformará ante ella sin recato alguno; su propio padre, feliz y enamorado, se suicidará. Helena Kín padece “un complejo entramado psicológico”: es racional, es fría, oculta su emotividad y a la vez es desafiante. Una auténtica e irremisible ‘femme fatale’.

El psiquiatra intenta entender qué le ocurre. Pero lo que iba a ser un caso más en su vida más o menos anodina, está felizmente casado y lleva cuatro años ejerciendo, va a convertirse en un auténtico polvorín o en un viaje hacia la locura, la paranoia, la histeria, hacia el infierno. No sabe bien qué términos emplear: ¿se enfrenta a un sortilegio, a un hechizo, a un enigma? De ahí que la novela sea también una investigación en la vida de la joven: su familia, la relación con su hermana (donde nada es lo que parece) y con su madre, sus comportamientos atrabiliarios, la fuga al convento, donde se dedicará al cuidado de los niños y de los necesitados, en un determinado momento. La novela pertenece al género epistolar: hay cartas del doctor, del pragmático señor B, del cofrade R, de la propia Helena. Y se alternan dos períodos: 1897 y 1898, y 1914. Y nos encontramos ante una narración psicológica, la protagonista presenta diversos vaivenes de caracteres, y a la vez de intriga, donde intervienen patologías, pasiones, la apariencia misma de las cosas y, por supuesto, un bien elaborado clima de inquietud.

Virginia C. Aguilera ha elegido Pittsburgh como podía haber elegido otro lugar cualquiera. No hay demasiadas referencias. ‘Helena Kín’ es una novela con algunos elementos de narración gótica y a la vez está emparentada con novelas del romanticismo más exacerbado y tortuoso, con el mundo de Edgar Allan Poe y los simbolistas, o con ficciones como ‘Rebeca’ de Daphne du Maurer. Y si pensamos en el cine, podríamos pensar en ‘Laura’ de Otto Preminger, por ejemplo. La autora, que se declara admiradora de Alejandro Dumas, ya ha anunciado que ‘Helena Kín’ es el principio de una trilogía.

 

Helena Kín. Virginia C. Aguilera. KRK. Oviedo, 2011. 156 páginas.

 

 

Virgina C. Aguilera

gana el premio de

Novela de Mérida

con ‘Mundo salvaje’

 

Antón CASTRO / Zaragoza

 

 

La escritora Virginia C. Aguilera (Zaragoza, 1980) acaba de ganar el premio de novela de Mérica ‘Juan Pablo Forner’, dotado con 18.000 euros, con ‘Mundo salvaje’, la historia de “una pareja formada por un hombre mayor y una mujer joven que sufren un accidente en una carretera perdida de un país tropical”. Virginia C. Aguilera, vinculada al comercio internacional, acaba de debutar en la narrativa con otra novela premiada: ‘Helena Kín’ (KRK. Oviedo), la historia de una enigmática hermosa mujer, recluida en un convento de Pittsburgh, que mereció el premio Casino de Mieres.

Dice la escritora: “Mundo Salvaje’ es una novela que escribí antes que ‘Helena Kín’, más larga, de unas 250 páginas, narrada con un estilo y un lenguaje más actuales. Recibir este premio ha sido toda una sorpresa. Sabía que era finalista, y aunque consideraba que la historia era atractiva y estaba bien escrita, no podía imaginar que podía ser seleccionada. Estoy muy feliz”. Virginia, a quien le interesan las historias de compleja psicología y un fondo romántico, casi siempre turbador, amplía el argumento de ‘Mundo salvaje’, que será publicada en breve por el sello barcelonés DVD: “Ivi, la protagonista, es una mujer de extraordinarias cualidades que trata de hacerse un hueco en el salvaje y artificial mundo de la política. A su lado, un hombre maduro, su amante y mentor, transita entre la pasión que en él provoca la esencia excepcional de aquella mujer, y el resentimiento que le produce saberse superado por su pupila. Juntos emprenderán una aventura que les llevará a otro mundo, también salvaje, donde los peligros son físicamente reales, y en el que ambos descubrirán que la Bestia que allí habita, y los somete, forma también parte de ellos mismos”, señala esta joven escritora que ha residido en Francia y en Inglaterra. En ‘Helena Kín’, Virginia C. Aguilera planteaba el misterio que envolvía a una mujer joven que ejercía una fascinación irresistible y fatal en su derredor entre 1897 y 1914.

 

 

LAS FOTOS DE EMIL OTTO HOPPÉ

Autorretrato de E. O. Hoppé. 1912. Abajo, en un retrato de Cecil Beaton.

 

Emil Otto Hoppé es un gran fotógrafo alemán, nació en Munich en 1878, y murió en Londres en 1972; pronto se instaló en Inglaterra y está considerado uno de los grandes maestros de la fotografía inglesa. Durante cuarenta años, entre 1900 y 1945, más o menos, realizó una obra variada e ingente. Fue capaz de retratar a escritores y artistas, a numerosas mujeres en retratos de carácter pictorialista y sofisticado, y a las gentes de las calles, de las que hizo varias series. Actualmente puede verse una exposición suya en la Fundación Mapfre hasta finales de mayo.

Anna Pavlova.

Ruth St. Denis, bailarina norteamericana.

 

Nijinski.

 

 

Margot Fonteyn.

Ezra Pound.

Rabindranath Tagore, 1920.

Retrato de un hombre de la calle. 

 

 

GAMÓN: ARTE, MÚSICA Y KLIMT

GAMÓN: ARTE, MÚSICA Y KLIMT

Alberto Gamón mezcla la música

con Klimt y los cinco sentidos

 

El ilustrador publica su álbum más ambicioso, ‘Cinco músicos en el quinto pino’, para celebrar el primer lustro del sello aragonés APILA. La presentación será el viernes 13, en la Escuela de Artes.

 

 

Alberto Gamón (Alcañiz, 1974) es uno de los grandes ilustradores aragoneses de los últimos años: figura en la exposición colectiva ‘Iluminar la palabra. Ilustradores aragoneses en el siglo XXI’, que coordina Carlos Grassa Toro, y ha pintado, con peces, uno de los proyectos ‘Esto no es un solar’. Uno de sus últimos libros se publicó en México, ‘Seis leones’, con texto de Daniel Nesquens, y ahora acaba de llegar a las librerías su trabajo más ambicioso: ‘Cinco músicos en el quinto pino’ (APILA), donde combina sus ilustraciones y un texto propio. Un álbum que sale en vísperas del Día Internacional de la Literatura Infantil y Juvenil.

Dice el artista: “Cuando los editores de APILA me hicieron la propuesta de hacer ambas cosas, texto y dibujo, me pareció arriesgado, pero al final acepté. Querían que este libro coincidiese con la celebración del quinto aniversario de la editorial, por lo que me pidieron que tuviera presencia el número cinco. Una cosa me llevó a otra: cinco, cinco músicos, cinco músicos austriacos, y pensé que el mejor contexto era la Viena de principios del siglo XX con todo el movimiento cultural que allí se dio”. Y casi de un modo natural apareció el pintor Gustav Klimt, del cual se cumplen en julio 150 años de su nacimiento. El relato mezcla la música y los cinco intérpretes austriacos con los cinco sentidos.

Explica el ilustrador. “El de los cinco sentidos es un tema que me gusta trabajar en los talleres escolares. Aunque este libro más que de los sentidos habla de su ausencia y de la intolerancia hacia las personas que los van perdiendo: uno de los protagonistas del libro no oye bien, a otro le tiembla el pulso…” Otro no acierta al escoger la ropa, o ese cree la multitud que lo escucha en el teatro; otro presiente que el concierto va un poco mal y que alguien le está “tocando las narices”.

Asegura Alberto Gamón que durante la elaboración del álbum ha tenido que convivir con “la inseguridad que me provocaba escribir. Soy un ilustrador al que le propusieron contar una historia y aceptó el reto”. Los editores de APILA, el sello zaragozano que nació hace un lustro en la Escuela de Artes, le habían pedido un libro con mucho colorido, que fuera más exuberante que su libro anterior, ‘Seis leones’, “de un cromatismo muy limitado –indica-. Al final decidí aplicar el color por gamas. Me pareció que podía quedar más potente”. Alberto Gamón, que ha trabajado varios años en artes gráficas, advierte al final que ha utilizado “aplicaciones informáticas”, y confiesa: “Estuve una jornada entera en la imprenta, literalmente a pie de máquina, controlando cómo quedaban los colores y poniendo a prueba la paciencia del impresor. Me pareció que merecía la pena hilar fino con esto”.

El resultado está a la vista: ‘Cinco músicos en el quinto pino’ es un libro muy especial, sugerente, lleno de evocación y de sorpresas, divertido, todo un torrente visual de composición, de elementos y de atmósferas, dentro de ese tono suyo tan geométrico y limpio, que se aproxima al constructivismo y al neocubismo. “Me gusta sintetizar, simplificar las formas y qué mejor modo de hacerlo que desde la geometría. Pretendo contar las cosas de una manera sencilla, quitar todo lo superfluo. El mensaje siempre será más claro”. Una señora que pasa -y que parece salida de un cuadro lujoso de Gustav Klimt, que anda por ahí con sus pinceles y su gato- tiene un deseo: le gustaría oír la quinta sinfonía de Mahler. ¿Se atreverán a tocarla estos cinco músicos de Viena? 

EL ARTE DE TONI THORIMBERT

Toni Thorimbert por Nicocolo G. O Giuseppe Nicoloro.

 

RETRATO Y RECUERDO DE UN FOTÓGRAFO: TONI THORIMBERT

En el año 1991, en el Hotel Meliá, conocí al fotógrafo italiano Toni Thorimbert. Era un tipo especial, que había hecho cosas de moda, retratos de artistas y escritores y que estaba fascinado con un torero: José Miguel Arroyo, Joselito, a quien entrevisté para ‘El Periódico de Aragón’ en compañía de Javier Valero. Toni lo había seguido por todas partes, durante casi dos años: le había hecho fotos en la comida, en la cena, de tertulia con su cuadrilla, en el campo, en su sobria habitación, etc. Y en la plaza le había hecho las fotos justas, pero no le interesaba eso exactamente. Le interesaba el perfil de leyenda de un torero especial, sobrio, que tenía algo de la austeridad de un castellano viejo con una infancia difícil. Entonces entrevisté a Thorimbert, que me dijo que no había fotografiado a Italo Calvino, uno de sus autores favoritos, porque tenía la sensación de que con las fotos les robaba un poco el alma a sus personajes, y no quería hacer eso con alguien a quien estimaba mucho. Hoy, por puro azar, he encontrado algunas fotos suyas. Toni Thorimbert se ha dedicado mucho a la moda. No sé qué pasó con aquel libro de Joselito, por el que estaban muy interesados en Japón. Me enseñó una selección de fotos, que eran realmente impresionantes: el regreso de la España negra.

Un autorretrato de Toni Thorimbert.

ESMAHAN ÖZKAN: VERDAD Y MAGIA

Esmahan Özkan es una fotógrafa turca nacida en 1987. Es una auténtica revelación: sus fotos poseen lirismo, misterio, fuerza y una delicadeza casi inefable. Cuelgo aquí una selección de sus fotos, tomadas de diversos registros de internet. Le interesa muy especialmente el universo femenino, la fuerza de los rostros, el cuidado de las atmósferas. He aquí un ejemplo.

REYES GUILLÉN: TRES POEMAS

REYES GUILLÉN: TRES POEMAS

[Reyes Guillén fue seleccionada por Ángel Guinda para su antología de poetas aragonesas, ‘Yin’ (Olifante). Desde entonces es una voz revelada y una voz en rebelión. Ha publicado más poemas y hace poco, el pasado febrero, presentaba en Antígona el libro ‘Circular a veces’, que ha escrito con Inés Ramón, en el sello Lola Editorial, que dirige Manuel Forega. He aquí tres poemas de ese volumen. Su compañero David Francisco, ahora distribuidor de Olifante, le ha subido algunos vídeos a youtube.]

 

 

EL ARMARIO

 

 

Tengo el armario lleno de tristezas:

viejas tristezas, tristezas usadas,

alguna tristeza pasada de moda

y últimas tendencias en tristeza.

 

Tengo un fondo de armario lleno de dolor:

dolores apolillados, dolores muy llevados,

pero también algún dolor de usar y tirar.

 

Cuando alguien me coge de la mano

le cuento lo que tengo,

mucho frío y un poco de dolor.

 

Pero cuando alguien me coge de la mano

y me mira a los ojos,

 

entonces

 

le cuento lo que tengo.

 

 

*

 

 

TIERRA

 

 

No me preguntes, tierra,

por qué te llamo.

 

No te extrañes

si a ti me inclino,

si mi inercia

a ti me lleva.

 

Si sabes, tierra, que

dentro, en ti muy dentro

nacen las flores

y viven

las madres muertas.

 

 

 

MI BISABUELA

 

 

Mi bisabuela se cortó las venas,

desde entonces

los sangrados y los cuchillos

se suceden por nuestros genes:

hemorragias, leucemias...

 

En mi familia

las tristezas son los ríos

que van a dar al acero,

silencio que apaga el llanto.

 

Mar que todo consuela.

 

*La foto es de Jean Loup Sieff, 1984. La de la anciana es de Edouard Boubat.

 

 

 

BEGOÑA ABAD: NUEVOS POEMAS

[Hace unos días, viajé a Barcelona con Ángel Guinda y su mujer Raquel Arroyo, Trinidad Ruiz-Marcellán y David Francisco. En el viaje, Trinidad, editora de Olifante, me pasó el nuevo poemario de Begoña Abad, una burgalesa que pone en el alma y la lucidez en cuanto escribe. Reyes Guillén, tan amable siempre, me envía una pequeña selección de poemas de esta mujer que es todo corazón, sinceridad, hondura y temblor. Este sábado, a las 19.30, se presenta el libro en el espacio cultural La Pantera Rosa, en la calle San Vicente de Paúl.]

 

 

Poemas de 'Cómo aprender a volar' de Begoña Abad

 

 

 

 

Me gusta la brevedad, me dijo

sólo te amaré lo que dure la vida.

 

 

 

*

 

 

Mi abuelo no salió de su pueblo.

El pueblo tenía cuatro casas,

cuatro calles, cuatro caminos,

cuatro vecinos, cuatro perros.

No había en él ni obispos, ni ministros,

ni putas, ni altos cargos,

no había empresas, ni banca, ni iglesia había.

En realidad no salió nunca de su molino.

Ya es casualidad que por aquel lugar,

remoto y olvidado,

acertara a pasar la vida.

Mi abuelo hablaba poco, pero sabía mucho,

todo lo aprendió mirando la muela

que, implacable, con el mismo eterno movimiento,

machacaba siempre el grano, hasta hacerlo polvo.

 

 

 

*

 

 

No necesito un hijo que me quiera,

ni que sea feliz, ni hermoso,

ni que triunfe y me sonría,

ni un hijo que me cuide,

me proteja, me tutele.

Necesito, simplemente,

un hijo que me sobreviva

y al que poder amar hasta el final.

Si me faltara,

¿qué haría yo con tanto amor

como me crece para él

cada mañana?

 

 

 

*

 

 

 

A los cincuenta me nacieron alas.

Dejaron de pesarme los senos

y los pensamientos que cargaba desde niña.

A las alas les enseñé a volar

desde mi mente que había volado siempre,

y comprobé desde el aire

que mientras yo anduve dormida tantos años

alguien trabajaba afanosamente

recogiendo plumas para hacer esas alas.

Tuve suerte de que cuando estuvieron hechas

me encontraron despierta en el reparto.

 

 

*

 

 

Si me hubieran leído poemas

desde niña...

nunca habría dejado de ser niña...

 

 

*

 

 

Podría haberme emborrachado

de ansiolíticos potentes

o de vodka barato.

Podría haberme enganchado

a la coca, a las telenovelas

o al chocolate.

Podría haberme hecho adicta

a tus ausencias

a tu malquerer, a tu dolor,

a tu lista de contraindicaciones,

pero preferí averiguar

qué eran los dos bultos

que me nacían en la espalda

y echarme a volar.

 

 

 

*Todas las fotos son de un fotógrafo estupendo, ya fallecido: Jean Loup Sieff.

 

MINGOTE, VISTO POR GRAÑENA

MINGOTE, VISTO POR GRAÑENA

[Este artículo apareció ayer miércoles en la edición de papel de ‘heraldo de Aragón’ con esta maravillosa caricatura de Luis Grañena]

 

 

Antonio Mingote, el Picasso del humor gráfico,

ha dejado de sonreír para siempre

 

 

-El dibujante, que vivió su infancia y adolescencia en Calatayud, Daroca y Teruel, era uno de los renovadores del humorismo gráfico español desde ‘La Codorniz’ y ‘ABC’, donde ha permanecido desde 1953 hasta su muerte

 

-Era académico de la Lengua desde 1987, y había sido todo un artista multimedia de la prensa, del teatro, de la radio, la televisión y el cine

 

Antón CASTRO / Zaragoza. Heraldo de Aragón, 4.04.2012.

Antonio Mingote solía decir que el humor consiste en ver la vida y sus circunstancias con claridad. Y él, que no era fanático de casi nada y que era más bien pesimista (es decir “un optimista bien informado”), tenía ese don: descubría de inmediato las paradojas, los vicios, las pasiones, las debilidades o el sentido de fatalidad de los seres humanos. Quizá por ello, Mingote era, ante todo, un periodista incansable de la estirpe del “trabaja idiota y no pares”: un artesano del trazo y un pensador que encerraba la vida en una viñeta o en un diálogo. Mingote acaba de fallecer a los 93 años en Madrid. En uno de sus últimos chistes advierte que si la cordura no lo remedia, y la política tampoco, acabaremos todos en el vertedero.

En el fondo, a su modo, así como quien no quiere la cosa, Mingote fue un moralista que no se sentía ni divertido ni ingenioso: el hombre está solo, parecía pensar, radicalmente desamparado, y él, el observador cotidiano desde su mesa de dibujo, era un ciudadano atónito que cantaba y contaba, con ternura seca, la existencia de los “don nadie”. Eso sí: provocaba la risa como pocos.

Antonio Mingote nació en Sitges en 1919. Su niñez, llena de hechizos y de secuencias que glosó con feliz memoria, transcurrió en Calatayud, en Daroca, la villa encantada y medieval de su padre, el músico Ángel Mingote, y de su amigo del alma, Ildefonso-Manuel Gil, y en Teruel. Allí descubrió la intimidad de la plaza del Torico, que recordaría inundada de tanquetas, el sexo y el primer amor, el teatro y su condición como tiple solista. Y por descubrir hasta descubrió la rigidez de la religión, que le llevaría a decir: “¿Cómo vas a hacer caso al infierno cuando eres joven y tienes a tu lado a una preciosidad de mujer? ¡Además, eso del infierno es un invento perverso!”. En Teruel también leyó a la generación del 27 y del 98, y nació el dibujante autodidacta. En 1932, mandó un dibujo del conejo ‘Roenueces’ al suplemento ‘Gente menuda’ de ‘Blanco y negro’ y se lo publicaron, igual que le publicarían otro en ‘ABC’ en 1936. Fue casi una premonición: ingresaría en el diario madrileño en 1953 y permanecería en él hasta su último adiós. Sería su mayor cronista visual de la actualidad, un editorialista lúcido de humor gráfico.

Antes de instalarse en Madrid, Mingote vivió dos años en Zaragoza y aquí hizo dos cursos de Filosofía y Letras sin demasiada afición. En cambio escribió novelas policíacas como ‘Ojos de esmeralda’, firmada por Anthony Mask, y novelas del oeste. Cuando llegó a la capital de España, fue acogido por los humoristas de ‘La Codorniz’, con Álvaro de la Iglesia al frente, y estableció una complicidad particular con Rafael Azcona y con el aragonés Carlos Clarimón. Y con otros artistas como Tono, Mihura o Edgar Neville, con cuya secretaria viviría, Isabel Vigiola, la pasión de su existencia. Dirigió revistas como ‘San José’ y firmó la novela ‘Las palmeras de cartón’ (1947), que ilustró uno de sus maestros: Goñi.

Antonio Mingote iría convirtiéndose en un auténtico hombre multimedia: redactó guiones de radio y de cine, trabajó mano a mano con el productor José Luis Dibildos, firmó comedias musicales, fue figurinista, portadista, cartelista (su último cartel fue para la película de José Luis García Sánchez, basada en la obra de Azcona, ‘Los muertos no se tocan, nene’), condujo programas radiofónicos con Luis del Olmo, intervino en televisión, y nunca dejó de  publicar sus viñetas en libros: ahí están proyectos inquietantes como ‘El hombre solo’ (1970), ‘El hombre atónito’ o, entre otros, los 600 dibujos que hizo de ‘El Quijote’ de Cervantes, que para él era “el padre de todo el humor español”.

Antonio Mingote era clásico y moderno, delicado y bronco, irónico, satírico y lírico, tenía un trazo suelto y sencillo, era un narrador y un filósofo perplejo, y afirmaba que El Prado era su mejor banco de imágenes. Rindió homenaje una y otra vez a Picasso, a Velázquez y sus ‘Meninas’, rindió homenaje a Goya y sus ‘Caprichos’ y ‘Disparates’. Con el artista de Fuendetodos compartía el lema “Aún aprendo”, aunque Mingote lo decía de otro modo: “Yo no sé nada. Soy un aficionado hambriento de actualidad”. Jamás renunció a la modernidad: asumió la llegada del fax, de internet y de Photoshop.

José Luis Cano, dibujante de HERALDO, valora así su magisterio: “Creo que mi carácter se forjó con la siniestra o romántica pareja que dibujaba Mingote en ‘La Codorniz’. Y mi manera de mezclar el humor con la estética, también”. El catedrático de literatura Jesús Rubio Jiménez señala: “Era un buen dibujante y tenía puntos de vista agudos y personales a la hora de juzgar la realidad, llenos de sentido común. Poseía gran cantidad de registros en sus viñetas, y casi nada le era ajeno. Lo mismo analizaba las costumbres que el mundo político o el mundo de la cultura”. Eso sí, este liberal enamorado de los animales, el académico de la risa desde 1987, el husmeador incansable del alma humana, decía que lo que había dado sentido a su vida era el amor. Ese fue el mejor premio de un hombre que los obtuvo casi todos, incluido el fervor de los lectores.