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Antón Castro

SUSANA VACAS: SILLAS CORAZÓN

SUSANA VACAS: SILLAS CORAZÓN

LOS CUENTOS DE SUSANA VACAS

Y SUS SILLAS CORAZÓN

Recibo esta nota-cuento de Susana Vacas y sus sillas:

 

Susana Vacas desde el año 2007 ha tenido una obsesión, una entre miles, claro, una obsesión por un objeto también muy cotidiano para todos nosotros: la silla. La artista de lo mínimo se ha sentado en varios tipos de sillas, todas ellas de un tamaño adecuado a la artista, el chiquito, y con ellas ha recorrido territorios distintos, acompañada de un escultor, un diseñador y varios escritores.

Su viaje comenzó en Sicilia acompañada del escultor Federiko Martín, con quien se sentó en unas sillas sicilianas, un par de piezas escultóricas de arenisca con aplicaciones de césped y lentejuelas. Ambos contemplaron el paisaje mientras el escritor Ismael Grasa les resumía su estancia en la isla.

Pasado un tiempo, los dos artistas aparecieron sentados en dos sillas nuevas. Andaban buscando Liliput y acabaron encontrando Sakhalin y las islas Kuriles, conocidas como el Archipiélago de las Mil Islas. Todo en ellas era niebla, algas y pescado y así lo reprodujeron en estas sillas pétreas: sillas kuriles.

Por casualidades de la vida, la vida esta que nos toca en parte y en parte la que elegimos, Susana Vacas intervino en una reproducción a pequeña escala de cinco sillas del diseñador Konstantin Grcic. Con ellas formó una petit troupe de teatro y el escritor Dani Rabanaque las renombró como butacas. Serían las sillas myto.

Continuamos. Faltaban unas islas maravillosas por visitar. Esta vez el viaje tenía un objetivo: encontrar a Vaca Perezosa, propiedad del diseñador Isidro Ferrer, que de vaga que era se había ido a pacer sentada a las islas Solomon. Federiko y Susana la encontraron muy cómoda en estas sillas solomon, de alabastro, que se veían más pequeñas en la medida en que la vegetación exuberante, un idioma no conocido e incluso algún que otro caníbal las rodeaba.

Susana Vacas ha almacenado grandes experiencias en estos viajes y decidió resumirlas creando algo que conocía muy bien: otras sillas, las sillas. Sentada pensaba y dejaba volar su imaginación y reducía sus dimensiones hasta llegar elaborar una serie limitada de 50 piezas, unas sillitas (4 cms.) metálicas y personalizadas, todas distintas, a disposición de los clientes del establecimiento Soho de Zaragoza. Todavía quedan algunas, con nubes, terciopelos, tuercas, e incluso algún lindo gatito…

El  mundo de las sillas se empequeñece todavía más. Partiendo de los alambres de los tapones de las botellas de cava y añadiendo corazoncitos cojín procedentes de aquella isla corazón que la artista descubriera en el río Ebro con pierre d. la, Susana Vacas prepara once y solo once sillas corazón que evocan el lejano mundo de Oriente, el fantástico de Alicia, el urbano del plástico o el surrealista de Dalí… Se las presenta al escritor, pintor y tantas cosas José Luis Cano  y surge una cajita, una cajita-libro, titulada así, sin engañar a nadie: “silla”. 

 “Silla” se halla por nuestras librerías zaragozanas, y también a partir de ahora acompañada por las pequeñitas piezas, en la galería La Sala de la calle Las Armas de nuestra ciudad. ¿Pasáis a visitarlas? Se alegrarán de vuestra compañía…”]

FÉLIX ROMEO: LOS AÑOS DE PAPEL

FÉLIX ROMEO: LOS AÑOS DE PAPEL

  

[Julia Millán de Librería Antígona ha transcrito este artículo de Félix Romeo sobre las librerías, entre ellas varias de París, donde es objeto de un doble homenaje el miércoles y jueves en el Instituto Cervantes, bajo la coordinación de José María Conget, con la complicidad de sus responsables: la gestora Raquel Celaya y el director Enrique Camacho.]

 

LOS AÑOS DE PAPEL. Félix Romeo. Revista Zut, nº 8. Pp. 23-27.

Me gustan las librerías. Me gustan las librerías de viejo y me gustan las librerías de nuevo.

Me suena extraña la expresión “librerías de nuevo”. Cuando voy a un país cuya lengua no conozco sufro mucho, pero no dejo de ir a las librerías: fui a las librerías de Polonia, donde busqué inútilmente los libros de Jan Potocki, en especial Manuscrito encontrado en Zaragoza,

que nadie parecía conocer, y fui a las librerías de Bucarest y fui a las librerías de Marruecos (donde había, afortunadamente, librerías de libros franceses). Cualquier sitio en el que se vendan libros en para mí una librería: los rastros son librerías, las charity shops son librerías en incluso las tiendas de muebles son librerías.

Los libreros siempre desconfían de sus clientes: piensas que les a van a robar libros. Sólo he robado libros, en librerías, dos veces. En la librerías de El Corte Inglés de Zaragoza, en el Paseo de Sagasta. Robé un libro fácilmente. No recuerdo cual: aunque podría inventarme un título cool no me apetece. A los pocos días volví a robar otro: debí deambular más de lo prudencial, me detuvieron, me llevaron a un despacho y me amenazaron. Afortunadamente, llevaba dinero. Del libro que robé entonces me acuerdo perfectamente: Antología poética de Luis Cernuda, en Alianza bolsillo.

En la librería Hesperia, Plaza de los Sitios de Zaragoza, me acusaron de robar. Llevaba por entonces un gigantesco gabán negro y me mostraba especialmente huraño, como el adolescente rimbaudiano que era. Solía ir a la librería, despachada por la esposa del propietario, donde habían quedado en sus estanterías algunos libros con precios desfasados que resultaban muy atractivos para mí, siempre con la economía en precario. Una tarde muy oscura, era invierno sin duda, el propietario, Luis Marquina, dedicado casi en exclusiva al negocio del libro antiguo, estaba en la librería y me acusó, falsamente, de haber robado: fui cacheado, le mandé a la mierda y juré que nunca más le compraría un libro. He sido fiel a la promesa hasta hace unos meses: la rompí para regalarle a la mujer que amo el Diario de mi vida (Austral) de la pintora Maria Baschkirtseff. Tuve que ir al piso en el que ahora despachan, y allí estaba Luis Marquina. Me tragué mi orgullo, y la verdad que una vez tragado no me resultó tan amargo: aunque espero no tener que volverle a comprar un libro en la vida.

Cuando paso por la caseta de Berchi, en la Cuesta de Moyano, en la que no tengo la menor fortuna y compro muy poco, siempre creo parecerle un ladronzuelo: así que tengo siempre las manos a la vista, para que alguna vez deje de mirarme con sospecha.

Una vez robaron para mí, aunque no fue un encargo sino un regalo de amor. Mi chica de entonces robó (quizá sería más adecuado utilizar “distrajo”), en una librería de segunda mano de Aberdeen, una revista de bibliofilia dedicada a los beats: ella sabía de mi pasión por la cuadrilla de Kerouac, y tuvimos que salir atropelladamente del lugar, por una escalera bastante empinada, mientras no parábamos de reir. Durante los quince días que todavía pasamos en la ciudad escocesa no volvimos a acercarnos por la librería, y creíamos ver detrás de los cristales al librero. Acechándonos. También podría escribir que el libro que robado era uno del Barón Corvo, que anduvo por Aberdeen, maldiciendo, pero la verdad me parece mucho más interesante.

Nunca me han ofrecido trabajar en una librería, pero muchas veces me han preguntado, sobre todo en las casetas de la Feria de Libros Viejos de Recoletos, por el precio de los libros. Siempre me indigno mucho y refunfuño. Paradójicamente, a menudo pienso que debería abrir una librería de viejo, y dejar de una vez por todas de escribir. Me parece un trabajo perfecto para mí. Fantaseo y paseo por las calles de Zaragoza buscando un local adecuado para el negocio. He vendido libros en librerías de viejo y en subastas.

 

Me siento muy a gusto escribiendo en la trastienda de la librería Antígona de Zaragoza, sin duda una de las librerías en las que más tiempo paso: me gustaría que me alquilaran allí un espacio, echo de menos el barullo cuando escribo en casa.

 

Nunca he follado en una librería.

Han desaparecido la mayoría de las librerías en las que compré mis primeros libros. Ha desaparecido la Librería Pérez, una librería de segunda mano de El Tubo, y que es la que más siento que haya desparecido: le debo mi primera formación sentimental como lector. Ha desaparecido la Librería de Inocencio Ruiz, también en El Tubo, e Inocencio ha muerto. Me gustaba mucho la escalera de la librería de Inocencio Ruiz. Me gustaba el suelo de madera y unas cortinas que parecían llevar a un lugar más excitante. Ha desaparecido la Librería Contratiempo de la calle Maestro Marquina. Y la Librería Contratiempo de la calle Royo. Ha desaparecido la Librería Muriel. Han desaparecido librerías cuyo nombre también ha desaparecido de mi cabeza: una en Pase de Sagasta, otra en Mariano Barbasán, otra en el pasaje de la calle Sanclemente. Ha desaparecido la librería Gacela, que tenía un altillo al que se accedía por una escalera que me gustaba mucho. Ha desaparecido la librería Lepanto. No ha desaparecido, pero ha cerrado la librería Libros.

La librería Libros la fundó Tomás Seral y Casas. Tomás Seral y Casas fundó después una librería en Paris y luego otra en Madrid, Clan. Tomás Seral y Casas fue poeta vangaurdista y galerista vanguardista. Siento una gran melancolía cuando pienso en Tomás Seral y Casa. Murió en 1975. Escribía “chilindrinas”, su particular homenaje a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna: “cuando la imagen poética se siente nudista, nace la verdadera chilindrina”.

Estuvieron a punto de atacarme en un mercado de Lima, donde compré una plaquette de Neruda diseñada por Mauricio Amster.

Nos asaltaron en el rastro Porta Portese. Nos libraron del asalto unos comerciantes que nos dieron cobijo en su puesto. Compré un tochazo con las traducciones de Jorge Guillén al italiano. Nos robaron en el rastro de Zaragoza, limpiamente. No compré nada esa mañana.

Fuimos a la librería española de la Rue de Seine, que también ha desaparecido. Habíamos ido a Paris al estreno de Diálogo en re mayor de Javier Tomeo, en L´Odéon-Thêatre de L´Europe. Cuando estábamos husmeando, llegó un tipo que no sabía ni papa de español que quería vender una caja de libros. El librero, hijo de Antonio Soriano, le dijo que no compraba, sin mirar los libros. Le pregunté si me dejaba que echara un vistazo a la caja. Me dijo que hiciera lo que quisiera. Miré por encima los libros y le pregunté al tipo cuánto quería. Me dijo que 25 francos. Me parecía un precio muy caro por cada libro, pero 25 francos era el precio por toda la caja. Le di 25 francos y salí de la librería con una caja mohosa en las manos. Al ver el contenido me pareció haber hecho el negocio del siglo: había varias primeras ediciones de Baroja, de Azorín y un ejemplar de El chalet de las rosas de Gómez de la Serna, dedicado a Jules Supervielle. Había libros de curiosidades, que se quedó Javier Tomeo para documentar sus artículos. Había una edición de Calleja de El Quijote, que le regalé unos minutos después al fotógrafo Daniel Mordzinski. Daniel Mordzinski nos hizo, como regalo, unas fotografías junto a los Jardines de Luxemburgo. Hacía frío y yo llevo un gorro de lana en la cabeza.

¿Quién era? ¿Dónde había conseguido los libros? Me quedé con las ganas de hacerle estas preguntas, pero el librero, pese a haberla autorizado, no estaba feliz con la transacción.

Me gustan las editoriales librerías. Y me gusta mucho la librería de José Corti, en la rue de Monsieur Le Prince, muy cerca de donde Daniel Mordzinski nos hizo las fotografías. La misma mañana en que compré El chalet de las rosas, el editor de José Corti me regaló Lectures du vent, un libro de poemas de Silvia Baron Supervielle, cuya abuela era prima hermana de Jules Supervielle. Si fuera librero, me gustaría ser también editor. Y me gustaría tener una librería editorial parecida a la de José Corti.

Me gusta la Cuesta de Moyano, en Madrid.

Me gusta el mercado de Los Encantes de Barcelona.

Me gusta el mercado de San Antonio de Barcelona.

Me gusta el Rastro de Madrid.

Me gusta el Rastro de Zaragoza, y también el Mercado de San Bruno de Zaragoza.

En esos seis lugares he comprado muchos libros. Escribo he comprado y quiero escribr: seguiré comprando muchos libros.

Me gusta la librería Taifa de Barcelona, en la calle Verdi. Su propietario es José Batlló, que fue editor de El Bardo, la mejor colección de poesía de los años 60. José Batlló publica, sin nombre de autor por ningún lado, libros de aforismos. Escribe: “Las civilizaciones, si lo son, no pueden chocar”, “Si se te muere el cónyuge eres viudo; si los padres, huérfano; si un hijo, nada”, “Si se mentía a si mismo, qué no harían con él los demás” o “ Ley y justicia son los dos términos más antónimos del diccionario”. En la librería Taifa compré un ejemplar de mi libro Dibujos animados, dedicado a la que había sido mi agente literario, Silvia Bastos, con el sello troquelado de su biblioteca.

[Pisón, Melero, Félix Romeo, Luis Alegre y Aloma en primer término. Foto de Josean Melendo.]

Me gustaba la librería Ler Devagar, en el Bairro Alto de Lisboa, que abría hasta las 2 de la mañana y que también era un bar.

La librería más guarra en la que he estado era en Tetuán: las chinches saltaban de los libros al cogerlos. En segunda posición, una librería de los porches de Valladolid. En tercer lugar, una librería de la calle de La Paja de Barcelona, regentada por una viejecilla que se sentaba en la puerta para evitar el paso a cualquier indeseable: hasta que no fui seis veces, no me dejó entrar.

He estado en tres de las librerías que Sean Dodson, periodista de The Guardian, considera las más chulas del mundo: El Ateneo, de Buenos Aires, un antiguo teatro en cuyo escenario han instalado una cafetería; la librería Lello de oporto, muy aparente, aunque poco práctica, y Borders, en Glasgow. De las de las lista me apetece mucho visitar Posada, en Bruselas, y la Cafebrería El Péndulo, en Ciudad de México. Creo que en la lista faltaba la librería Artcurial, en la rotonda de los Campos Elíseos de la Plaza Roosevelt de Paris.

Las librerías de nuevo a las que más voy (y escribo el 31 de marzo de 2008) son Antígona y Portadores de Sueños, en Zaragoza, La Central de Mallorca, en Barcelona, Y la Antonio Machado del Círculo de Bellas Artes y La Buena Vida en Madrid.

No me gustan las ciudades que no tienen librerías. No me gusta pensar que quizá un día las librerías puedan desaparecer, como han desaparecido las tiendas de discos. Esa nostalgia, producto de una improbable hipótesis, me parece una evidente señal de que soy viejo.

 

*Una foto de Félix y Lina Vila en Lyon, en uno de sus últimos viajes.

RECUERDO DE FÉLIX ROMEO EN PARÍS

RECUERDO DE FÉLIX ROMEO EN PARÍS

DANIEL MORDZINSKI: FÉLIX ROMEO,

CERCAS Y EL 'TRÍPTICO DE FELICIDAD'

Daniel Mordzinski es el fotógrafo de los escritores. Uno de los más grandes y de los más atentos. Un gran lector y un señor afable y hondo que sabe mirar. Hoy ha tenido un gesto muy bonito: me ha enviado este ‘Tríptico de felicidad’ que le tomó a Félix Romeo y a Javier Cercas. A esa secuencia narrativa le ha añadido algunas de las razones por las que Félix escribía. Dice Daniel: “Me permito enviarte un homenaje que le hice a nuestro gran Félix. Lo hice -no podía ser de otra manera- en tono de humor y muy amarillo”. En el Instituto Cervantes de París, al amparo de Raquel Celaya y Enrique Camacho, el miércoles y el jueves se le rinde un homenaje a este escritor, amigo, agitador e intelectual cosmopolita inolvidable: el miércoles 7 de marzo intervienen Martínez de Pisón, Jorge Sanz, David Trueba y su compañera Lina Vila (os recuerdo que en mi blog podéis leer una entrevista en la que recuerda a Félix); y el jueves 8 intervienen José María Conget, Pepe Cerdá y Antón Castro.

PICASSO EN FOTOS EN MÁLAGA

  

Robert Capa: Picasso y Françoise Gilot.

 

Conmigo, yo mismo, yo.

Retratos fotográficos de Picasso

5 marzo – 10 junio  2012

 

§  El interés que Pablo Picasso despertó entre los fotógrafos de su tiempo dio lugar a una gran cantidad de instantáneas que forman hoy parte del imaginario colectivo. Las innumerables fotografías muestran a un artista consagrado a su obra y, a la vez, a un hombre con un talento excepcional para escenificarse a sí mismo. 

 

§  La exposición Conmigo, yo mismo, yo. Retratos fotográficos de Pablo Picasso, reflexiona sobre el papel que tuvo Picasso en la construcción de su imagen pública y, en concreto, en la utilización que hizo de la fotografía para alimentar el culto a su personalidad.

 

§  Organizada por el Museo Picasso Málaga en colaboración con el Museum Ludwig de Colonia, la exposición reúne un total de 166 instantáneas de 34 fotógrafos, entre los que se hallan máximos exponentes de la fotografía internacional, como Man Ray, Brassaï, Robert Doisneau, Dora Maar, Irving Penn, Edward Quinn, Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, Michel Sima, Richard Avedon y André Villers.

 

¿Qué veo de Picasso que hace que sea Picasso?”, se preguntaba Edward Quinn, autor de innumerables fotografías del creador andaluz. Al igual que Quinn, fueron muchos –y entre ellos máximos exponentes de la historia de la fotografía— los que lo retrataron para ofrecer su propia perspectiva de la obra y la personalidad del célebre artista. El resultado es una profusión de retratos de Pablo Picasso que forman ya parte del imaginario colectivo y que han contribuido a construir el mito en torno a él, a su vida y a su obra.

 

Pablo Picasso conocía el poder de comunicación de la fotografía y desde sus comienzos se interesó por este medio. Él mismo experimentó con ella, explorando las posibilidades que le brindaba. Pero sobre todo parece ser que comprendió su importancia en la creación de una imagen pública, su capacidad para mantener el culto a la personalidad del artista. 

 

Comisariada por la historiadora Kerstin Stremmel, Conmigo, yo mismo, yo. Retratos fotográficos de Pablo Picasso indaga en esta relación con la fotografía, para lo que muestra un total de 166 imágenes, muchas de ellas copias vintage, de 34 fotógrafos presentes en la exposición, entre los que se encuentran máximos exponentes de la fotografía internacional, como Brassaï, Richard Avedon, Robert Doisneau, Henri Cartier-Bresson, Lee Miller y Man Ray. Así, hay surrealistas como Dora Maar, retratistas de celebridades como Cecil Beaton o fotógrafos de la célebre agencia Magnum, como Robert Capa o Inge Morath. Algunas de estas instantáneas –retratos, posados en su estudio y escenas de su entorno íntimo— han alcanzado ya la categoría de iconos universales.

 

Esta recopilación abarca un periodo de tiempo que comienza a principios del siglo XX, los años de la bohemia parisina, con fotografías en las que un Picasso lúdico aparece rodeado de amigos y conocidos. Son instantáneas tomadas en su mayoría por sus amigos artistas. En su madurez, fueron creadores más renombrados los que accedieron a retratarlo, con lo que las puestas en escena resultan más rígidas y controladas. Como se explica en la publicación editada para la ocasión: “Como reacción al creciente interés por su persona, Picasso se convirtió en director –además de atrezzista y actor— de sus fotos: en un precursor de la escenificación mediática llevada a cabo por Andy Warhol“.

 

En su conjunto, las imágenes permiten componer lo que podría denominarse una “foto-biografía”, no tanto de la vida del personaje, sino de la creación icónica del artista moderno, devolviendo al espectador una nueva y coherente perspectiva del artista.

 

En la exposición se muestra también un fragmento de la película Incontrare Picasso, filmada en 1953 y obra del director Luciano Emmer, que brinda la oportunidad única de contemplar a Picasso pintando los muros de la capilla de Vallauris, así como un póster y dos documentos que la complementan. Del mismo modo, en la sala de proyección del MPM se exponen los retratos de los fotógrafos representados.

 

Las fotografías reunidas proceden de importantes colecciones públicas y privadas, entre las que se encuentran el Museo Nacional de Arte Reina Sofía de Madrid; Museu Picasso de Barcelona; Atelier Robert Doisneau de Montrouge (Francia); Fondation Henri Cartier-Bresson de París ; Musée National d’Art Moderne Centre Georges Pompidou de París; Edward Quinn Archive de Uerikon (Suiza); Museo Ludwig de Colonia; Musée de la Photographie de Charleroi (Bélgica); Münchner Stadtmuseum Fotomuseum de Múnich (Alemania); Lee Miller Archives de Chiddingly (Reino Unido); Estate Brassaï; The Richard Avedon Foundation de Nueva York; y el International Center of Photography, también en Nueva York.

 

Conmigo, yo mismo, yo. Retratos fotográficos de Pablo Picasso está organizada por el Museo Picasso Málaga en colaboración con el Museum Ludwig de Colonia, donde ha sido ya expuesta. Tras su paso por el MPM, viajará hasta el Museum für Kunst und Gewerbe de Hamburgo, donde se mostrará del 2 de agosto al 28 de octubre de 2012.

 

Publicación y actividades paralelas

Con motivo de la exposición, se ha editado en español, inglés y alemán una publicación en la que se incluyen las fotografías expuestas y que las documenta con ensayos de Pierre Daix, experto en la obra picassiana y autor de la primera biografía publicada del artista, al que conoció personalmente; la poeta austriaca Friederike Mayröcker; la escritora y comisaria artística Katherine Slusher; y la comisaria de la exposición, Kerstin Stremmel.

 

Conmigo, yo mismo, yo coincide con la exposición Prince/Picasso. Ambas son el punto de partida del seminario Fotografía, mito y apropiación, que tendrá lugar en el Auditorio MPM los miércoles del mes de marzo con el fin de acercarse al concepto del artista como icono, así como de abordar los iconos que el artista utiliza y pone en juego en su trabajo. Coordinado por Alberto Martín, especialista en Historia de la Fotografía, en el seminario participarán la directora de la Kunsthalle Zürich, Beatrix Ruf (7 de marzo); el director de la Académie de France en Roma y profesor de Historia del Artes Contemporáneo de la Universidad François-Rabelais de Tours, Eric de Chassey (14 de marzo); Gerard Vilar, catedrático de Estética y Teoría de las Artes de la Universitat Autònoma de Barcelona (21 de marzo);  y Estrella de Diego, ensayista y catedrática de Arte Contemporáneo de la Universidad Complutense de Madrid (28 de marzo).  Todas tendrán lugar a las 19.30 horas y la entrada será libre y gratuita hasta completar aforo. Los que deseen recibir un certificado de asistencia podrán matricularse de modo gratuito en la web del MPM: www.museopicassomalaga.org

 

Del mismo modo, Conmigo, yo mismo, yo será dos veces al mes el tema principal de las Charlas en el Museo, las visitas guiadas que cada jueves a las 18.00 horas tienen lugar en el MPM. Para participar, tan sólo es necesario inscribirse en la Taquilla, pues la visita es gratuita con la adquisición de la entrada.

 

Conmigo, yo mismo, yo. Retratos Fotográficos de Picasso  y el seminario Fotografía, mito y apropiación están enmarcados en el programa Picasso 20 Miradas. Málaga, 20 años bajo la mirada de Picasso.

 

Conmigo, yo mismo, yo.

Retratos fotográficos de Picasso

5 marzo – 10 junio  2012

 

Comisaria: Kerstin Stremmel, comisaria asociada Museum Ludwig, Colonia

 

Número de obras: alrededor de 120 fotografías.

 

Artistas: Rogi André, Richard Avedon, Cecil Beaton, Bill Brandt, Brassaï, René Burri, Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, Chim, Lucien Clergue, Jean Cocteau, Denise Colomb, Robert Doisneau, David Douglas Duncan, Yousuf Karsh, Jacques-Henri Lartigue, Herbert List, Dora Maar, Madame d’Ora, Man Ray, Willy Maywald, Gjon Mili, Lee Miller, Inge Morath, Arnold Newman, Roberto Otero, Irving Penn, Julia Pirotte, Edward Quinn, Willy Rizzo, Gotthard Schuh, Michel Sima, Horst Tappe y André Villers.

 

Coproducción: Museo Picasso Málaga y Museo Ludwig de Colonia, Alemania.

*Esta información, así como la foto, son de prensa del Museo Picasso de Málaga.

DORA MAAR: MUSA Y ARTISTA

DORA MAAR: MUSA Y ARTISTA

 

DORA MAAR VISTA POR BRASSAÏ

Estos días, entre múltiples razones, Dora Maar ha aparecido varias veces en mis conversaciones, en mis búsquedas, etc. Hace poco hablaba de ella, en la Casa de la Mujer, Lina Vila; hace poco, con motivo de la película ’33 días’, sobre el ‘Guernica’, de Carlos Saura, oí hablar al director. Siempre me ha fascinada esa mujer, que llegó a la vida de Picasso cuando se despedía de Olga Koklova y de Marie-Therese Walter. Había sido amante de Bataille, tenía una cierta leyenda de devoraba hombres o de gran experta en las artes amatorias y era ya una estupenda fotógrafa: de desnudo, de atmósferas, de diversas experimentaciones. Aquí la vemos retratada en su estudio y ante sus cuadros por Brassaï.

 

 

 

DORA MAAR, MODELO DE EMMANUEL SOUGEZ

Dora Maar fue musa de muchos fotógrafos: de Picasso, desde luego (él tuvo un affaire con Lee Miller, con Nush Eluard y ella probablemente le montó sus habituales escenas de celos), de Brassaï, de Man Ray o de Emmanuel Sougez. Esta foto está fechada en 1934 y es una de mis favoritas de esta mujer que nació en 1907 y que murió en 1997: residió entre los 3 y los nueve años en Buenos Aires y lo fue casi todo: pintora, fotógrafa, escenógrafa, escultora...

 

DORA MAAR Y LOS 33 DÍAS DEL ‘GUERNICA’ DE PICASSO

Dora Maar siguió muy de cerca el proceso de ejecución del cuadro ‘Guernica’. Dicen que Picasso empleó 33 días de 1937 y que ella documentó todo el proceso, fotos que se conservan en parte en el Museo Reina Sofía. He aquí una de las fotos: Picasso pinta. Dora Maar amó con locura a Picasso; fue reemplazada en su corazón por Françoise Gilot, y luego se retiró con una frase en los labios y los pinceles entre las manos: “Después de Picasso solo Dios”.

GARRAPINILLOS, 5 - SAN MATEO, 2

GARRAPINILLOS, 5 - SAN MATEO, 2

El pasado fin de semana hice la crónica de Perdiguera muy rápida: casi como un apunte de apenas 500 caracteres. O así. Sergio Calvo, el arquero, casi me lo reprochaba estos días en el entrenamiento: no he tenido tiempo de enterarme de casi nada, decía. Eso que había jugado. El Perdiguera había librado una excelente segunda parte, sobre todo en el primer tramo, tiró dos veces al palo, nosotros marcamos el cero-uno, fallamos dos o tres ocasiones claras y cuando languidecía el choque, en una jugada azarosa e infausta, el árbitro señaló penalti y expulsión: el Perdiguera empataba en el minuto 95 o 96.

Hoy teníamos que ganar. Llevábamos una segunda vuelta horrorosa: dos empates y tres derrotas. Nos enfrentábamos de nuevo al San Mateo: allí habíamos vencido 1-3, y ellos pugnan por no descender. Manuel Calvo, directivo del Garrapinillos, había intentado que se suspendiese el partido por campo embarrado. El árbitro, felizmente, le dijo que no. Nuestro choque tenía novedades: por primera vez no estaba Diego Rodríguez, que anda por Londres, Jorge Rodríguez cumplía su último partido de sanción, Enrique Romero descansará tres semanas, Fran sigue impedido de una mano, Jorge Beltrán estaba castigado por amarillas, volvía con sus lesiones Pirri y también Jorge Blasco, que apareció por el campo con Mariví, su mujer, y reaparecían Alberto Rubio, Pitu... Ella, durante el calentamiento, hizo la V de Victoria. Todo, sentimentalmente hablando, estaba a nuestro favor. Formamos así: Sergio Calvo; David Mateo, Dani Pekerul, Eduardo ‘Pirri’, Rafa; Alberto Sancho, Kike Alcubierre, Jorge Blasco, Alberto Luna; Eloy Mateo y Alberto Rubio. En el banco se sentaron Luis Romero, Ángel Sanz, que debutó el otro día y aún es juvenil, José Antonio ‘Pitu’, Víctor Calle y Javier Lacabe. Como os podéis imaginar: otra alineación inédita.

El partido empezó confuso. El campo no era el mejor: en algunos tramos estaba ligeramente embarrado, casi impracticable, como una almohadilla de lodo. Con todo, el San Mateo pareció tomar el dominio, pero en un contragolpe, Alberto Sancho penetró hasta el fondo, por su banda derecha, cedió y marcó Eloy. Todo se ponía a favor. Parecía que nos quitábamos de encima la maldición: fue un puro espejismo. Poco después, al contragolpe, marcó el San Mateo, y poco después, desde lejos, en una jugada bien hilvanada, uno de sus jugadores remató con escasa oposición, el balón se envenenó de efecto y despistó a Sergio Calvo. 1-2. Y ya estábamos con el agua al cuello. Cuando concluía la primera parte, Eloy sacó una falta muy escorada, desde la izquierda y con efecto: gol. Quizá contase con la complicidad del arquero. Estábamos vivos.

En el descanso intentamos recomponer el equipo: juntar un poco más las líneas, cerrar la media y dar entrada por la izquierda, de interior, a lo Silva, a Ángel. Poco después entraría Pitu. Jorge Blasco, que batalló y batalló, marcó de penalti. Poco después, Ángel aprovechó un avance para marcar un tanto de pillo con clase, y finalmente se produjo lo que tanto había anunciado ‘Pitu’ durante muchas semanas: se internó por la derecha, desbordó a su marcador, enfiló hacia la portería y marcó por bajo. Luego entraron Javier Lacabe, Víctor Calle y Luis. El resultado ya no se movió: Garrapinillos 5 (Eloy, 2, Blasco, Ángel y Pitu), San Mateo, 2. Nosotros subimos un puesto y nos colocamos segundos; por atrás, vienen El Burgo, que está realizando una temporada muy sólida (nos enfrentamos a ellos el próximo domingo) y El Salvador. Arriba, manda en solitario Anento Mesa Puesta.

Acabamos con una mala racha y con la mala suerte que nos persiguió en Villanueva (empatamos 3-3) y en San Juan de Mozarrifar, donde perdimos por 2-1 y acabamos con nueve. Hoy felizmente, no hubo expulsados. El equipo mejoró mucho en la segunda parte: Sergio estuvo mejor en esa batalla que en la primera; la defensa se mantuvo firme con Peke y Pirri pletóricos y con tres sólidos Rafa y Mateo y Víctor; en el centro destacó el trabajo y el despliegue físico de Kike Alcubierre, en el que quizá fuera su mejor partido, pero el nivel de Blasco, Luna y Sancho fue bueno, así como sus recambios, Ángel y Lacabe, que volvió con autoridad y sin percibir molestias. Y en la delantera, Eloy volvió a ser eficaz, Alberto Rubio trabajó durante 55 minutos, y luego rindieron bien Pitu y Luis, que volvió a rozar el gol. Hoy, con más eficacia que brillo y con algunos instantes de brillantez en varias triangulaciones al final, el Garrapinillos venció y convenció en un día, de temperatura agradable, tocado por la llovizna y por un leve barniz de melancolía de domingo que se parecía a un sábado.

 

*La foto de Eloy Mateo, que lleva ya doce tantos, es de Josean Melendo, de archivo.

NICO CASSINELLI ACTÚA MAÑANA EN EL CENTRO CÍVICO RÍO EBRO

NICO CASSINELLI ACTÚA MAÑANA EN EL CENTRO CÍVICO RÍO EBRO

Nico Cassinelli presenta 'Vanguardia Cero'

el lunes 5 de marzo en el Centro Cívico Río Ebro

 

Nico Cassinelli es argentino y vive en Zaragoza desde hace 6 años. Escribe canciones y durante más una década esas canciones fueron publicadas en los discos del grupo Orsai. Un sonido de rock, con la mezcla rioplatense del candombe, el tango la bossa, el jazz y la poesía ciudadana. Pianista y arreglador, cuando se mudó a Zaragoza, a falta de pianos, Nico se compró una guitarra y aprendió bien o mal a tocarla y a cantar, por primera vez, sus propias canciones. De arreglador y director, a cantautor. 

 

Luego de varios años cultivando un perfil acústico en espectáculos de corte minimalista, combinando acústica con electrónica en diferentes formatos, Nico vuelve a su amor de siempre, el grupo de rock fusión, con la colaboración de sus cómplices habituales, Manu Ollero en bajo, Patri Bádenas en la voz, Diego Gracia en batería, Chabi Benedé en guitarra y Gerardo Goya en percusión, pero ahora en busca de un sonido de grupo, con colores rockeros, jazzeros y, por supuesto, latinoamericanos. El repertorio será un adelanto del próximo CD de Nico, además de algo de Noticas de Acá -el primer disco de Nico editado en España-, y un conjunto de originales versiones de temas de muy dispar procedencia (como Luis Alberto Spinetta, Peter Gabriel, Jorge Drexler, Fito Paez o Leo Maslíah). 

 

El nombre de la banda es "Vanguardia Cero". El nombre intenta ilustrar una filosofía: la de la creatividad antes de la vanguardia, la de lo propio por encima de lo nuevo. "La vanguardia es un género más" dijo Piglia, y quiso decir que lo creativo, lo original, es decir, lo artístico, no suele estar en lo clasificable, sino en lo subjetivo, en el camino individual. Es esta época de tags, trending topics y ciento cuarenta caracteres, Vangardia Cero es un viaje personal. 

 

Será la oportunidad de ver por primera vez una propuesta original en el panorama de la canción de autor moderna. En el Centro cívico Río Ebro (María Zambrano 56), mañana lunes 5 de marzo a las 20hs. 5€.

 

*Nota de Nico Cassinelli y de su productora.

 

 

RECUERDO DEL PINTOR GUILLERMO

Guillermo Pérez Baylo: el pintor que fue cónsul*

 

Guillermo Pérez Baylo (Zaragoza, 1911-Tarragona, 2000) era hijo del jefe de ventas de la Azucarera y, aunque su padre quería que fuera cónsul, las notas sólo le llegaron para entrar en la Escuela de Comercio, que dejó casi inmediatamente. Quería ser pintor o músico. Y su padre pidió consejo al escultor Honorio García Condoy y al pintor Martín Durbán: le sugirieron que se adentrara en el aún desconocido mundo de la publicidad. Guillermo aprendió en el estudio del fotógrafo Juan Mora Insa, estudiando el catálogo de fotos de Arte Aragonés; luego continuó su aprendizaje en Barcelona, con Borrás Abella, y en el Museo del Prado, en las salas de Goya, durante su servicio militar. Pero ya en los años 30 Guillermo se convirtió en el gran cartelista de Zaragoza: las fiestas del Pilar, la feria de muestras, las portadas de Heraldo de Aragón le dieron popularidad. En 1994, en una entrevista publicada en El Periódico de Aragón, decía que “el secreto de un buen cartel depende de la época y de las modas en ocasiones. Pero tiene que ser como un anuncio, es como un chillido para llamar la atención. Debe tener manchas grandes para que se vea a lo lejos y desde la distancia se perciba lo que representa. Los símbolos deben ser claros y contundentes”. Afortunadamente, Don Darío Gazapo, jefe del Estado Mayor y fundador del No-Do, lo acogió bajo su protección durante la Guerra Civil y Guillermo se pasó los años de la contienda retratando a las mujeres de los oficiales e incluso lo enviaron a Salamanca para retratar a Franco: “Pedirle que se pusiese así o asá y tenerlo quieto, impresiona mucho”, recordaba Guillermo en la misma entrevista, que mantuvo con Antón Castro.

Después de la guerra, Guillermo se casó con Dolores Lahuerta. El matrimonio fue a Barcelona a pasar unos días, en principio, pero acabaron estableciéndose allí. Llegaban encargos, premios, y Guillermo abrió un estudio en el Paseo de Gracia desde el que trabajó con tesón y sin descanso: hacía carteles para la Semana Ciclista, para las fiestas del Pilar; fue director artístico de la revista Siluetas; hacía carteles para películas como ‘Marnie la ladrona’ de Alfred Hitchcock y mantuvo una estrecha y constante relación con el Centro Aragonés de Barcelona haciendo carteles, retratos, paisajes, específicamente los paisajes, arquitectónicos y naturales, más emblemáticos de Aragón. Manuel García Guatas, en un artículo en el que repasa la colección artística de la Universidad de Zaragoza, dice de Guillermo que “fue ante todo un experto dibujante, tanto para ilustraciones y encargos publicitarios como para retratos, y esa calidad y la de saber interpretarlos al óleo sin modelo, a partir de fotografías antiguas, constituye su mérito principal”.

En 1984 expuso sus ‘Rostros aragoneses’ en la Diputación Provincial de Zaragoza, realizó retratos a rectores y catedráticos, entre otros, retrató a Guillermo Fatás, para la Universidad de Zaragoza, y realizó una serie en la que plasmó los castillos de la Corona de Aragón, incluyendo los territorios que había en Italia. En 1993 el Centro Aragonés de Barcelona le organizó una gran exposición retrospectiva de lo más significativo de su producción. En 1989, la Peña ‘El Moquero’ le rindió homenaje y el pintor y poeta Vicente Rincón escribió un perfil sobre Guillermo, en el que dice: “sea lo que sea, Guillermo plasma con sensible habilidad / el remanso de un río al pie de una fortaleza medieval, / la andariega luna sobre las casas dormidas de una aldea, / y hasta logra captar el silencio armonioso del alba. / ¡Qué duda cabe de que Guillermo es un artista único, / incomparable, recio y sincero en todo aquello que pinta!”.

La gratitud y el cariño de Guillermo por el Centro se plasmaron de diversas maneras: en la sala Costa y otras dependencias, donde pintó cascos urbanos, iglesias y castillos de los principales lugares de Aragón y donde realizó dibujos a carboncillo de temas aragoneses. Pero además realizaba un retrato a lápiz de cada pregonero de las fiestas del Pilar, diseñó las medallas del Centro y entregó una parte importante de su biblioteca, la mayoría libros sobre Goya, a la biblioteca del Centro.

Guillermo Pérez Baylo, que firmaba simplemente como Guillermo, era un apasionado de Aragón, de la belleza y de las mujeres. En 1990 declaraba que “a mí me hubiera gustado ser un pintor de lleno, haberme dedicado más.” Sin embargo, llegó a pintar más de seiscientos retratos, entre ellos, los de Joaquín Costa, Pilar Bayona, Miguel Fleta, Pedro Laín Entralgo, Luis Buñuel, Ildefonso Manuel Gil, Pilar Lorengar, Ángel Canellas, la Reina Sofía, etc. Su vida encerraba episodios novelescos, como el de una joven a la que conoció en Sobradiel, le habían destinado allí durante el servicio militar, y con la que mantuvo una relación “muy casta y muy bella”. Al licenciarse, dejó el pueblo y olvidó a la muchacha, quien, al parecer, murió de desamor. El propio Guillermo se enteró de su muerte años después y, quizá por remordimiento, visitó su tumba en la que se leía “Ilustrísima”; “Aquella joven no sólo era rica, sino de noble cuna, creo que condesa o algo así”, recordaba Guillermo años después. Decía que su epitafio ideal sería “Aquí yace un artista aragonés que siempre buscó la belleza”. En la primavera de 1997 realizó una gran antológica de su obra en el palacio de Sástago, bajo el comisariado de Josefa Clavería. Guillermo Pérez Baylo murió en Tarragona en el año 2000.

Guillermo acabó por cumplir el deseo de su padre: pincel o aerógrafo en mano, con sus carteles, paisajes y retratos, con sus rótulos y su generosidad se convirtió, desde el edificio de la calle Costa, en el cónsul de Aragón en Barcelona.

 

*Este texto figura en el libro de la historia del Centro Aragonés de Barcelona que publiqué en 2011. Lo encuentro en mi fondo de armario y me parece oportuno traerlo aquí. El viernes 16 de marzo, viernes, en ese espacio, Ángel Guinda presentará 'Caja de lava' y yo 'El paseo en bicicleta', en un acto que organiza Olifante.