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Antón Castro

JORNADAS 'ENVUELTO PARA RELATO'

Una obra de Shaun Tan.

 

‘ENVUELTO PARA RELATO’.

LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL EN ZARAGOZA

El próximo fin de semana, días 23 y 24 de septiembre, El Patio de la Infanta acogerá la primera edición de Envuelto para Relato, unas novedosas jornadas en torno a la literatura infantil y juvenil (LIJ) que organiza la asociación Atrapavientos en colaboración con Ibercaja. Talleres de escritura, ilustración y edición literaria, tutorías personalizadas y evaluación de proyectos editoriales, mesas redondas, proyección de audiovisuales y charlas en torno al género del cuento y una exposición benéfica; serán algunas de las actividades que se han programado para la primera edición de Envuelto para Relato. Entre los especialistas y ponentes, podemos destacar a los aragoneses Daniel Nesquens, Elisa Arguilé, Begoña Oro e Isabel Martínez, así como la escritora Ana Tortosa, el ilustrador Jacobo Muñiz y la editora Arianna Squilloni.

 

Begoña Oro, escritora, lectora y profesora.

Las librerías zaragozanas El pequeño teatro de los libros y Los portadores de sueños, tendrán su espacio en estas jornadas, y colaboran de manera activa en la organización. El periodista Fernando Rivarés será el encargado de abrir las jornadas el viernes 23 a las 10 horas. Entradas de oyentes y suscripciones a los talleres: La organización ha establecido dos modalidades de asistencia a las jornadas: una inscripción completa que incluye el acceso a todos los talleres y tutorías personalizadas y, por otro lado, también existe la posibilidad de acudir como oyente a Envuelto para Relato. El precio de las entradas de oyente para los dos días será de 10 euros y se pueden adquirir en las  librerías colaboradoras, así como en Entradas.com.

Nesquens, Julia, Eloy y Arianna Squilloni, entre otros.

 

En el fondo del cajón. Una exposición benéfica para el Bubisher: Ilustradores y escritores de todo el país se han unido a esta iniciativa colaborando con  originales que se pondrán a la venta únicamente durante unas horas y a un precio simbólico de 10 euros cada original. La recaudación se destinará a comprar libros que se donarán al proyecto Bubisher, un bibliobús que recorre las escuelas del Sahara y funciona como biblioteca ambulante dirigida a niños, jóvenes y adultos. El ilustrador y escritor australiano Shaun Tan, autor de álbumes tan conocidos como “El árbol rojo”, “Emigrantes” o “La cosa perdida” ha querido participar en Envuelto para Relato a través de la exposición benéfica que acogerá esta primera edición. El ganador del Oscar al mejor corto de animación de este año, precisamente por su obra basada en el libro “The lost thing” y recientemente galardonado con el Premio Astrid Lindgren, colaborará con una serie de bocetos originales que se incluirán en la exposición En el fondo del cajón.

LUIS ALEGRE EVOCA A LABORDETA

LUIS ALEGRE EVOCA A LABORDETA

 

EL ABUELO NUNCA MUERE

 

*Por Luis ALEGRE. Texto de 'Heraldo Domingo'*

 

Mañana lunes, 19 de septiembre, se cumplirá un año de la muerte de José Antonio Labordeta. Se nos ha pasado volando. El tiempo siempre se pasa volando cuando lo empleas en recordar a las personas que quieres. Aragón no ha dejado de recordar al aragonés de mayor calado popular de la historia. Ha sido –está siendo- la historia de un amor muy correspondido. José Antonio amó profundamente Aragón y la inmensa mayoría de la gente de esta tierra ha sabido estar a la altura de ese amor. Si alguien se entretuviera en contar los homenajes que se le han rendido al Abuelo desde que se extendió el runrún de su enfermedad hasta hoy mismo, la cifra que nos daría sería espectacular. Tan abrumadora como las 50.000 personas que desfilaron por la capilla ardiente instalada en el Palacio de la Aljafería o las 25.000 que firmaron para procurar que el “Canto a la libertad” fuera declarado por las Cortes como el Himno oficial de Aragón.

 

Absurdamente, esas firmas no han provocado que nuestros representantes consideraran siquiera la posibilidad de debatir el asunto. El PAR y el PP han pasado totalmente del clamor de la calle y lo han hecho imposible. A mí, cómo no, me hubiera gustado que la iniciativa popular hubiera salido adelante. Pero, ahora, ya solo encuentro ventajas a que no haya salido. En Aragón podemos presumir de tener dos himnos y ninguno sobra. Uno, el oficial –creado, por cierto, por gente de tanta categoría como Ángel Guinda, Rosendo Tello, Manuel Vilas, Ildefonso Manuel Gil y Antón García Abril- y otro, el “Canto a la libertad”, que es el que la gente siente como suyo. El himno oficial se compuso hace ya 22 años y, aunque a mí me gusta, me huelo que me voy a morir sin aprendérmelo. Pero no me molesta, sino todo lo contrario, que siga ahí. El Abuelo tiene otras tres canciones entre las que se podía haber elegido un himno muy bonito, muy popular y muy aragonés – “Aragón”, “La Albada” y, sobre todo, “Somos”, que era el favorito del propio Abuelo- pero, como él mismo decía, el “Canto a la libertad” tiene la cosa de que al menos la gente se sabe el estribillo. Cuando en algún acto o lugar se cante el Himno de Aragón parece claro que la gente va a entonar, espontáneamente, el “Canto a la libertad”. Por dos razones: porque le encanta y porque no se sabe otro. La campaña que culminó con la recogida de las 25.00 firmas no ha sido ni mucho menos inútil: ha servido para que todo Aragón se haya enterado de que existen dos himnos y para dejar claro cuál es el que se va a cantar cuando toque. A mí también me parece bien que el “Canto a la libertad” no haya recibido la bendición oficial por otro motivo: a esa canción le sienta de maravilla un cierto perfume clandestino. Resulta muy coherente con su espíritu, con la personalidad de su creador y con todo lo que representa. Le añade, digamos, pedigrí, glamour, encanto. Las Cortes le han rendido al Abuelo, sin saberlo ni mucho menos pretenderlo, un homenaje totalmente insospechado.

 

Este ha sido el homenaje más raro y a contracorriente pero, en el último año, los tributos al Abuelo han sido –están siendo- de todos los colores, en todos los lugares, impulsados por todo tipo de gente. Algunos de ellos van a quedar ahí para siempre. Uno de los seres que mejor le quiso, Antonio Pérez Lasheras, ha escrito y editado -con Nacho Escuín (Eclipsados)- dos volúmenes para coleccionar: el primero –“Setenta y cinco veces uno”- reúne toda la poesía conocida de José Antonio; en el segundo, “La duda del paisaje”, Pérez Lasheras indaga en su vida y obra con mucha erudición y cariño. En realidad, los que, al margen de su familia, formaban el círculo afectivo más íntimo de José Antonio, sus albaceas sentimentales – Emilio Gastón, Eloy Fernández Clemente, Joaquín Carbonell, Félix Romeo, José Luis Melero…- se han volcado en celebrar su memoria y en arropar cualquier iniciativa que contribuya a que el Abuelo no se acabe de ir nunca de nuestro lado. José Luis Melero, por ejemplo, ha instituido una cena anual que se va a celebrar en el salón Labordeta de Casa Emilio todos los 19 de septiembre. Así que la próxima semana habrá dos cenas en las que sobrevolará José Antonio: una, la de Casa Emilio; la otra, la del viernes 23, el día en el que Ismael Grasa presentará en Antígona “La flecha del aire”, el típico libro –el diario de Ismael como profesor de filosofía- que hubiera devorado José Antonio.

 

Este verano he asistido a dos homenajes muy especiales. Uno, invitado por Jennifer Marín, fue la cena organizada en honor de Labordeta por la asociación gastronómica ”Slow food”. El otro fue el que le dedicó Carme Chacón en Cariñena, el sábado 27 de agosto. Este tiene su pequeña historia. El abuelo de la ministra de Defensa era un monegrino de Alcubierre, Piqueras, al que Labordeta apreció mucho. José Antonio se dirigía a Carme como “la nieta del Piqueras” y Carme adoraba a Labordeta. Cuando José Antonio se encontraba ya muy delicado, Carme acompañó al ministro Ángel Gabilondo a su casa de Zaragoza para imponerle La Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. Al despedirse, el Abuelo les regaló una botella del “Gran Reserva José Antonio Labordeta”, el vino que creó la Denominación de Origen Cariñena. Luego, cuando el Abuelo murió, Carme Chacón acudió a Zaragoza y se presentó en la capilla ardiente, muy emocionada. Esa imagen impactó enormemente a José Luis Campos, el director de Marketing y Comunicación de la Denominación de Origen y, por cierto, el autor de la idea de crear el Gran Reserva con el hombre del Abuelo. José Luis estaba buscando una figura de altura para inaugurar la Fiesta de la Vendimia y encender la Fuente de la Mora, un rito que habían protagonizado en las dos ediciones anteriores Los Reyes de España y Vicente del Bosque, nada menos. Al ver a Carme, José Luis pensó que ella era una candidata perfecta: por sus raíces aragonesas, por su gesto hacia Labordeta y por haber revolucionado, como mujer, la imagen del Ejército, una de las instituciones más respetadas por los españoles. José Luis Campos y yo somos amigos desde que éramos niños en Calamocha y conozco muy bien su capacidad para concretar ideas felices, liderar toda clase de iniciativas y seducir a todo dios. Carme aceptó de inmediato la propuesta. Por eso, el 27 de agosto, estaba en Cariñena, acompañada por su hijo, por su suegra zaragozana y su grupo más estrecho de colaboradores. En la plaza de Cariñena, en un discurso conmovedor, Carme homenajeó a sus dos abuelos, al de Alcubierre, a su avi, y a José Antonio, y los señaló como los responsables de que ella estuviera allí esa noche. Luego le escuché algo que me dejó tocado: “José Antonio hubiese sido el único político que no hubiera sido abucheado en la Puerta del Sol el 15 M”. Esa frase retrata con mucha precisión a Labordeta pero también la retrata a ella.

 

Y mañana, 19 de septiembre, hará un año que decidí que de la agenda de mi móvil nunca borraría el nombre del Abuelo.

 

*Este texto aparecía ayer en la sección de 'Heraldo Domingo' que coordina Picos Laguna.

III CRÓNICA: VICTORIA DEL GARRAPINILLOS EN SANTA ISABEL

III CRÓNICA: VICTORIA DEL GARRAPINILLOS EN SANTA ISABEL

 

III Crónica. SANTA ISABEL, 1-GARRAPINILLOS, 2

El Garrapinillos de Primera Regional jugaba esta mañana a las once y media en el campo de Santa Isabel, un equipo que había ganado sus dos primeros partidos. Iba de líder con, entre otros, el Movera y el Perdiguera. Esta semana el equipo, a las órdenes del preparador físico Jesús Ángel, había trabajado muchísimo y algunos jugadores arrastraban molestias: Daniel Pequerul y Jorge Beltrán, atrás, Eduardo Pirri, arriba, y Óscar Cambra, que sigue peleando así con sus molestias de tobillo: parece que más que un tobillo tenga unas castañuelas. Eso sí: el jugador, un extremo profundo de excelente disparo y buen centro, está muy motivado: le cuesta correr, pero trabaja, remata, combina y es siempre un peligro, una amenaza.

El Garrapinillos ha vencido 1-2 en un choque de gran intensidad, que ha jugado con concentración, disciplina, buen sentido táctico y ambición. Quizá haya sido nuestro partido más completo. Sufrido, fajado desde el inicio, con profundidad por ambas bandas. Hicimos un leve cambio táctico: ausente Fran, que se había ido a Motorland, tenía un compromiso previo, Javier Lacabe, el capitán y nuestro central o libre habitual, subió al lugar del medio centro: era el enlace con los defensas Beltrán y Pequerul, y la primera referencia de creación en alianza con Quique Alcubierre, que firmaría su mejor partido, y con Diego Rodríguez, que volvió a vaciarse desde el minuto uno y a generar mucho juego y desborde. Y además, ha debutado Luis en la meta y ha regresado Eloy Mateo, un jugador exquisito que arrastraba dos partidos de castigo de la campaña anterior.

Formamos así: Luis; Mateo, Jorge Beltrán, Dani Pequerul, Rafa; Alcubierre, Lacabe, Diego; Óscar Cambra, Pirri y Eloy. Luego entrarían Jorge Rodríguez, Jesús Ángel, Alberto Rubio y Alberto Luna. En la primera parte se jugó con mucha tensión: los dos equipos concentrados al máximo y con mayor dominio del Garrapinillos; los dos equipos crearon ocasiones, aunque al Garrapinillos le anularon un precioso (y creo que absolutamente legal) de Eloy, que remató un centro en parábola de Óscar. No estaba en fuera de juego porque el balón rebasó al central y retrocedió levemente hacia la posición algo más retrasada de Eloy. La primera parte fue magnífica por las dos partes: bonita, trabajada, intensa, valga el tópico, de poder a poder. En el vestuario creíamos que podíamos y debíamos ganar.

Y así empezó a fraguarse la victoria. Jorge Rodríguez reemplazó a un disminuido Pirri: realizó una espléndida jugada a contrapié y sirvió un balón preciso a Eloy. Gol. Unos minutos más tarde, empató el Santa Isabel. El Garrapinillos no le perdió la cara al choque: siguió peleando, buscando la victoria, se defendió de las acometidas locales, se hizo fuerte por arriba en los balones cruzados desde las bandas o desde el córner. A raíz de una falta que lanzó Eloy, el lateral Rafa se adelantó levemente y remató con claridad. Rafa aún estuvo a punto de marcar de nuevo: el Garrapinillos había generado ocasiones de gol, había rematado a los palos y seguía ahí, resistiendo, con tensión y orden, desdoblándose en un juego de fuegos cruzados de defensa y ataque. Al final, victoria por 1-2.

Si el resultado es bueno, no ha sido peor en absoluto el comportamiento del equipo. Ha resistido, ha buscado el ataque, ha intentado ser profundo y eficaz. Lacabe, por lesión de Beltrán, regresó a su sitio, y en su lugar jugó Luna, que deberá ir ganando en fortaleza, intensidad y algo más de coraje. Alberto Rubio sigue trabajando bien por las bandas: es tan menudo como vehemente, a veces tiene alma de vela. Jorge Rodríguez desborda, crea ocasiones, es un jugador importante aunque sale desde el banquillo, etc. De todos los jugadores podría decir muchas cosas: están viviendo el equipo y el fútbol de los domingos con cariño y con pasión. Todo el equipo ha estado entero, comprometido, y ha buscado afanosamente la victoria.

JAVIER AGUIRRE HABLA DEL LIBRO 'JOSÉ ANTONIO LABORDETA. CREACIÓN, COMPROMISO, MEMORIA'

[Entrevista inédita con el profesor Javier Aguirre, antólogo de José Antonio Labordeta y coordinador del libro ‘José Antonio Labordeta. Creación, compromiso, memoria’ que publicó Rolde con distintos apoyos.La entrevista se la hice por correo electrónico cuando el diario ’Heraldo’ iba a reeditar el libro. Por distintas razones no pudo hacerse, pero aquí queda una crónica de un trabajo totalizador apasionante y un retrato de ese personaje fascinante y complejo, y a la vez tan sencillo y cotidiano, como José Antonio Labordeta.]

 

¿Qué es lo que te llevó a coordinar el libro ‘José Antonio Labordeta, creación, compromiso, memoria’?

Aunque la idea del libro se había concebido en Rolde de Estudios Aragoneses un par de años antes, el proyecto se puso en marcha en 2004, cuando Labordeta logró por segunda vez su escaño en Madrid. Los compañeros del REA me pidieron coordinar el libro porque conocía bien su obra y porque tenía una relación bastante estrecha con él. Además, juntos habíamos preparado recientemente su antología poética Dulce sabor de días agrestes.  

-Cómo pensaste el libro: qué tipo de libro querías hacer, cómo lo dividiste, cómo se ha organizado.

En un principio proyecté un libro más bien académico, un libro de artículos escritos por especialistas, ya sabes, con mucha nota a pie de página, referencias bibliográficas y demás, un libro colectivo en el que se abordara con rigor distintos aspectos de su vida política y creativa. Enseguida me di cuenta de que no era una buena idea, y que en el proyecto el aspecto afectivo debía ocupar un papel central. Labordeta era una persona muy presente y muy querida en nuestra sociedad como para abordarla simplemente como objeto de estudio. Al final, el libro se organizó en torno a los tres grandes bloques que dan título al libro, y se añadió el álbum de fotos, las obras dedicadas de artistas plásticos y escritores, y su primer LP, Cantar i callar.     

-Una pregunta que quizá debiera antes: ¿qué idea tenías de Labordeta, cómo lo veías, cómo lo retratas: es un intelectual que canta, un político que hace poesía, un ciudadano que canta por todos, un ciudadano en el que nos reconocemos?

Labordeta es todo eso que comentas, desde luego, pero, por encima de todo,  Labordeta es una personalidad carismática, arrolladora, y por ello muy compleja y muy atractiva. Labordeta es una de esas personas excepcionales que constituyen, por sí mismas, un potentísimo elemento de cohesión social. Hay poquísimas personas con ese don, y Labordeta era una de ellas. En ese sentido, es muy posible que pase muchísimo tiempo hasta que en Aragón aparezca alguien con esas características.   

-Vayamos con la materia. Si tuvieras que definir el apartado de Creación, qué nos dirías…

 En la parte dedicada a la creación, se aborda la actividad de Labordeta en el ámbito de la canción, la literatura, y también del cine y la televisión. Sorprende la enorme actividad desplegada por Labordeta en el terreno creativo. Creo que es especialmente interesante, por poco conocido, el trabajo dedicado a la relación de Labordeta con el cine, que es analizado de forma magistral por Vicky Calavia a partir de las declaraciones del propio Labordeta. Hay muy buenos trabajos de Antonio Pérez Lasheras, Antón Castro, José Jiménez Corbatón, José Luis Melero y Joaquín Carbonell. 

    

¿Cómo podríamos resumir el sentido del compromiso de Labordeta?

El compromiso político de Labordeta siempre estuvo marcado por la independencia, al margen de que en determinados momentos pudiera participar bajo unas siglas concretas. Su carácter no se adaptaba precisamente bien a las disciplinas de partido, tal como señala Mar Herrero en su artículo. En el libro, Gonzalo Borrás y Jorge Cortés han analizado muy especialmente el compromiso político de Labordeta durante la transición.     

¿Qué significó de veras Andalán en su vida?

Andalán fue un capítulo fundamental, pero no sólo en la vida de Labordeta, sino en la historia reciente de Aragón, en la medida en que supuso un factor determinante en la recuperación de Aragón como comunidad durante los difíciles años del tardofranquismo y la transición. En el libro, el tema es abordado por Eloy Fernández Clemente y Francisco Acero.

Una de las novedades es el rescate de ‘El dedo en el ojo’

 “El dedo en el ojo” era una sección de Andalán en que Labordeta abordaba el análisis de numerosas cuestiones de la realidad nacional e internacional con aguda perspicacia y con gran sentido del humor. Mi buen amigo Francisco Acero, profesor de Literatura y excelente investigador, había trabajado sobre el tema y le pedí una colaboración. Su artículo es realmente bueno. 

Memoria: ¿Por qué Memoria? ¿Podríamos decir que es la biografía privada y la biografía coral?

En efecto. En el bloque dedicado a la memoria, personas muy cercanas escriben sobre su experiencia vital con Labordeta en distintas épocas de su vida. Se habla de su niñez y de su adolescencia, de sus años como profesor en el instituto en Teruel y de otros momentos que son quizás más anecdóticos, pero también muy significativos para entender a la persona. En este bloque han colaborado Emilio Gastón, Javier Lacruz, Javier Delgado y Fernando Sanmartín.  

-¿Cómo es el álbum de fotos de José Antonio? ¿Qué tiene de especial?

Hay muchas fotos que ya habían sido publicadas en otros libros o en la prensa, pero que por su significado pensé que debían aparecer en el álbum. Y también hay muchas otras fotos inéditas de momentos más familiares y privados, desde una boda hasta la celebración de una nochevieja. Excepto una foto en que aparecen sus nietas Marta y Carmela solas, en todas las demás Labordeta aparece con algún amigo o en grupo. Además del álbum, los artículos vienen profusamente ilustrados con fotografías y material gráfico. 

-Háblame de la parte de textos y artes. ¿Qué valoración haces al verlo así?

El último apartado del libro recoge los trabajos que numerosos escritores y artistas elaboraron para la ocasión. Se trata de un amplísimo grupo de personas cuya única vinculación es su afecto a Labordeta. Que personas tan alejadas entre sí vital e ideológicamente compartan las páginas de este libro ilustra muy bien lo que representa Labordeta en nuestro país.  

-¿Qué significó para él y para Aragón el disco ‘Cantar i callar’?

José Giménez Corbatón y yo mismo hemos hablado en el libro de lo que supuso la publicación de Cantar i callar en el año 1974. A mi modo de ver, Cantar i callar es el acontecimiento cultural más importante de toda la transición en Aragón, en la medida en que supuso para buena parte de la juventud aragonesa el descubrimiento de su país y la recuperación de la conciencia de comunidad. 

¿Esperabas el impacto tan grande que produjo su muerte?

No me sorprendió en absoluto. Como ya he dicho antes, Labordeta ha sido, él solo, el elemento de cohesión social más potente de la historia reciente de Aragón. Pero es que además representa el compromiso desde la honradez y la independencia, valores muy escasos en la política real. Eso es algo que el ciudadano valora por encima de todo lo demás, y así lo expresó tras su fallecimiento.

¿Qué nos deja Labordeta para siempre?

Nos deja su forma de entender la vida y la política. Y también nos deja una importante obra creativa. Podemos estar seguros de que Labordeta ya es parte fundamental de la historia de nuestro país. 

 ¿Qué te dijo Labordeta cuando vio el libro?

 Labordeta siempre fue muy reacio a la elaboración de este libro, y en varias ocasiones me dijo directamente que no quería que se hiciera. Como comprenderás, trabajar en esas condiciones no era precisamente motivador, por lo que en un par de ocasiones estuve a punto de mandar todo a paseo. Pero la respuesta de los numerosos colaboradores y el apoyo incondicional de mis compañeros del REA me convencieron de que debía finalizar el proyecto. Todo cambió cuando Labordeta vio el libro y, sobre todo, cuando se presentó en el Teatro Principal en un emotivo acto festivo en el que participaron numerosísimos amigos suyos y que contó con la presencia de los máximos representantes de la ciudad y de la comunidad, como Juan Alberto Belloch y Marcelino Iglesias. Entonces Labordeta se sintió emocionado y agradecido. Y yo di por bueno el trabajo realizado.

RETRATO DE LABORDETA EN EL PRIMER AÑO DE SU MUERTE

RETRATO DE LABORDETA EN EL PRIMER AÑO DE SU MUERTE

LABORDETA, EL HOMBRE LIBRE QUE CANTÓ CON TODOS

José Antonio Labordeta, el cantor de la tribu, fallecía en Zaragoza el 19 de septiembre de 2010, hace ahora un año. El poeta, cantante, profesor y político no había podido superar las consecuencias de un cáncer de próstata y expiró en paz, con serenidad, tras haberse despedido, de viva voz y por escrito, en forma de memorias (con un conmovedor libro-testamento: ‘Regular, gracias a Dios’ (Ediciones B, 2010) y de poemas, de sus amigos y de su familia, con Juana de Grandes, su musa y su compañera, al frente. Y después de haber recibido condecoraciones y numerosas muestras de afecto. Es raro hallar en la historia del Aragón del siglo XX o XXI a un personaje que haya calado tan hondo: ni siquiera Joaquín Costa ni José Oto, que protagonizaron entierros multitudinarios, alcanzaron esa dimensión. La auténtica dimensión de ser un hombre del pueblo sin que haya demagogia alguna en esta expresión.

A lo largo de casi dos días, el autor de quince álbumes y de más treinta libros, el cadáver del creador de ‘Canto a la libertad’ fue despedido en la Aljafería por multitudes que reconocían en él a un modelo, a un conciudadano, a un maestro, a un referente y a un luchador incansable desde la canción, desde la literatura, desde la política, desde ese sueño que fue ‘Andalán’, desde el amor incesante por Aragón, por Zaragoza, por los humildes y por la justicia. Cuando uno piensa en aquellos dos días de luto y de homenaje no puede evitar la emoción: José Antonio Labordeta Subías (Zaragoza, 1935-2010) nos caló muy hondo. Nos conmovió. Él, más allá de una filiación concreta a Chunta Aragonesista (antes había militado en el PSA y en Izquierda Unida) fue un estandarte: cantó para todos, cantó por todos. E hizo algo muy especial: se reinventó una y otra vez, primero en los días de la Generación Niké y de la posguerra cuando se movía a la sombra de su hermano y fundaba la revista ‘Orejudín’, luego como profesor de historia que se preguntaba qué hacía un melancólico radical y a veces depresivo como él en el aula. Más tarde, se reinventó como fundador del movimiento de la Canción Popular Aragonesa, y como escritor. Y como actor y, sobre todo, como presentador de televisión o andariego del país en ‘Un país en la mochila’. Y volvió a reinventarse como parlamentario regional y como parlamentario nacional, durante ocho años, donde demostró que era un gran trabajador, un afanoso representante del bien común y un paisano con ínfulas y con dignidad: mandó a la mierda a la oposición porque no le dejaba hablar y era objeto de chanzas y burlas, y leyó un poema de su hermano Miguel que proclamaba la necesidad de la paz. José María Aznar, que era lector de poesía y recibía a los poetas en la Moncloa, se quedó un tanto estupefacto: ese gesto fue un acto para la posteridad y una primicia absoluta en el Boletín Oficial del Estado.

José Antonio Labordeta era, conviene recordarlo, un hombre de su tiempo. Un hombre que dudaba. Y era, más que nada en el mundo, un poeta. Alguien que cree en la verdad de las palabras, alguien que se abrasa en el fuego del lenguaje, alguien que busca el misterio definitivo de la concordia y la sensibilidad. Sus referencias fueron muchas: Georges Brassens, Atahualpa Yupanqui y Bob Dylan en la música; su hermano Miguel y César Vallejo, en la poesía. Y así podríamos citar otros nombres que le marcaron: desde Sender y Goya a Buñuel, desde los Azara a su amigo Pablo Serrano, o a los hermanos parejos y disparejos que le había deparado la vida: desde Emilio Gastón y Eloy Fernández Clemente a Juan José Carreras o Gonzalo Borrás; desde Luis Alegre o Pepe Melero, el último doctor de su alma, Ángel Artal, a sus editores Antonio Pérez Lasheras y Chusé Raúl Usón, o al hijo varón que no tuvo y que le estimuló a diario: Félix Romeo.

Piensa uno en Labordeta y piensa en una criatura irrepetible, aragonés hasta la médula, socarrón, irónico, dulce y levantisco a la vez, apasionado. Un hombre de palabra y de raíz que miró al cáncer de frente, con una turbadora e inefable serenidad.

 

*Esta ilustración es de José Luis Cano, que le hizo algunas interpretaciones al retrato y a la caricatura espléndidas.

 

LA POESÍA DE LABORDETA

LA POESÍA DE LABORDETA

[Hoy se cumple exactamente un año de la muerte de José Antonio Labordeta: recupero aquí un artículo que me envío hace algún tiempo Javier Aguirre, antólogo de su poesía para Huerga & Fierro. Es el primero de los homenajes que le rendiré hoy en mi blog y en mi facebook. La caricatura es de Luis Grañena.]

 

 

HA MUERTO UN POETA:

JOSÉ ANTONIO LABORDETA

Javier Aguirre

 

Labordeta ha muerto. Con él se nos va un gran poeta. Labordeta siempre se vio a sí mismo como un poeta, y desde esa condición abordó el análisis de la realidad. Labordeta desarrolló sus numerosas facetas públicas con una fuerza y un sentido lúdico muy personal, pero sin desprenderse jamás de aquella mirada descreída, distante y algo triste con la que algunos poetas observan el mundo. Labordeta concebía la existencia desde un notable escepticismo, lo que en sus poemas se manifiesta en ese característico tono tedioso y dejado. Al contrario que sus canciones o sus artículos periodísticos, sus poemas rara vez dejan espacio al humor. No hay más que comparar los poemarios Jardín de la memoria (1982) o Diario de un náufrago (1988) con las famosas crónicas de Polonio, publicadas en Andalán tras la transición, para saber de lo que hablamos. Y sin embargo, a pesar de ese permanente fondo escéptico, en su poesía, como en el resto de su obra, jamás renunció a la esperanza ni a la reivindicación. Consecuente consigo mismo, en Labordeta se produjo un temprano paso del yo al nosotros, del poeta que recrea un yo intimista en Sucede el pensamiento (1959), al poeta que se pregunta por el ser humano y sus deseos de justicia y libertad, temas desarrollados con intensidad incisiva en Las sonatas (1965) o en Método de lectura (1980). Por eso, la poesía de Labordeta oscila entre el tedio y la esperanza, la tristeza y la exaltación, la denuncia y el despego. Esta forma de reflejar la realidad no es ajena a la época que le tocó vivir y a las circunstancias familiares que acompañaron sus años de niñez y juventud. La poesía de Labordeta no podría entenderse sin la terrible experiencia que supusieron para él, como para tantos otros españoles, la guerra civil, sobre la que nos dejó poemas estremecedores, como “Belchite” (“El árbol se levanta sobre la tapia hundida./El viejo campanario –la paloma que había/huyó bajo la guerra- está desierto:/todo es sombra”), si bien su principal fuente de creación fue la niñez y juventud de postguerra, que reflejó en poemas como “Acuérdate” (“Nunca/fuimos realmente niños/en mitad del dolor amargo/de las guerras”) o “Cuando niños” (“…el largo invierno muerto/y la ausente y sin fin/perdida primavera”). Por otro lado, a pesar de la dureza de la postguerra, la nostalgia y la añoranza invaden su poesía de principio a fin, y una y otra vez vuelve a la infancia para reivindicarla a pesar de toda su aspereza: “amada mía infancia destruida” leemos en Tribulatorio (1973); y en  Diario de un náufrago (1988), “Nunca vuelven/los infinitos/días/de la infancia…”. Y los últimos versos de “Como un ardiente niño”, en Poemas y canciones (1976), lo expresan con rotundidad: “Nada como entonces/a pesar de todo”. Solidario con este sentimiento, el amor adolescente aparecerá como motivo frecuente en su poesía; es el caso de “Érase una vez”, poema incluido en Tribulatorio (1973): “Éramos tan amor/tan ojos vivos tan esperanza/que la dolida mezcla del otoño/nunca llegaba hasta nosotros”. El ambivalente sentimiento del poeta frente a su niñez y adolescencia se enmarca siempre en el espacio físico y simbólico de su ciudad, Zaragoza, que constituye otro de los grandes temas de su poesía. La poesía de Labordeta está impregnada del sabor de la ciudad, de sus plazas y calles, de sus gentes, de sus iglesias, del Ebro omnipresente, de sus frías tardes de domingo, del otoño y el viento, elementos de los que se sirve para retratar una ciudad de sobria belleza. Pero más allá de Zaragoza, la presencia de Aragón constituye la nota que mejor define su poesía. Numerosos poemas hacen referencia a su geografía –“Belchite”, “Javalambre”, “Canfranc”, “Teruel”, “Todos los santos de Albarracín”,…-, y la temática de Aragón es omnipresente en Cantar y callar (1971), Treinta y cinco veces uno (1972) o  Monegros (1994). La áspera postguerra, las añoradas niñez y adolescencia, los valores de la libertad y la solidaridad, Zaragoza como espacio físico y simbólico y, sobre todo, Aragón constituyen los grandes temas que definen la poesía de José Antonio Labordeta. En su poema “Llaneza” afirma Borges que “lo que tal vez nos dará el Cielo no son admiraciones ni victorias sino sencillamente ser admitidos como parte de una Realidad innegable, como las piedras y los árboles”. No cabe la menor duda de que nuestra tierra ya es para siempre el rincón de Labordeta en el Cielo de Borges.

 

     

PREMIO JAEN PARA ÁNGEL PETISME

Los escritores Julián Herbert (Saltillo, México, 1971) en novela, Ángel Muñoz Petisme (Calatayud, 1961) en poesía y Víctor Manuel Almazán Aguado en novela juvenil son los ganadores de la 27ª edición de los Premios Literarios Jaén 2011. La entidad patrocinadora de los premios, CajaGranada, señaló ayer en un comunicado que el premio consiste, además de la publicación de las obras, en 24.000 euros para Canción de tumba, la novela de Herbert, y 15.000 para el poemario La noche 351 de Petisme y otros tantos para la novela juvenil El vuelo del pterodáctilo de Almazán Aguado.


POESÍA ACTUAL Y COMPROMETIDA

   Con respecto a la modalidad de Poesía, el jurado, presidido por Antonio Colinas, en sucesivas deliberaciones y votaciones, fue seleccionando los mejores manuscritos hasta que en la última votación eligió por unanimidad la obra La noche 351, de Ángel Muñoz Petisme (Catalayud, 1961), un autor presente ya en varias antologías de poesía, perteneciente a los Postnovisimos y con varios libros publicados hasta el momento. Esta modalidad está dotada con 15.000 euros y será publicada por Ediciones Hiperión. A ella se han presentado 353 originales. Los miembros del jurado han resaltado el libro ganador por ser un poemario muy actual y comprometido, de denuncia de los abusos de la guerra, alejado siempre de lo panfletario y con poemas muy bellos. También sorprende la unidad y la contundencia del libro.

 

*Esta es la nota del premio que he recibido de Ángel Petisme y de su productora Tranvía Verde. Enhorabuena, Ángel.

PREMIO PARA MANUEL ARRIBAS

PREMIO PARA MANUEL ARRIBAS

MANUEL ARRIBAS: PREMIO A UNA ‘PREMONICIÓN’

Me escribe Manuel Arribas, fotógrafo y diseñador y un caballero afectuoso, que ha sido distinguido en el Premio Joaquín Gil Marraco. Veo su obra y leo este comentario en su blog: “Me han comunicado que esta serie de tres fotografías que presenté al XXVIII concurso de fotografía Joaquín Gil Marraco ha sido galardonada por el jurado con el 2º premio. De vez en cuando se recibe una buena noticia. El trabajo está hecho. Es un trabajo de estudio. Su título es ‘Premonición’. La interpretación os la dejo en la libertad de cada uno”.