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Antón Castro

JUAN GARCÍA, TENOR DE SARRIÓN, Y LA CANCIÓN 'MORUCHA' (1932)

Juan Villalba Sebastián es profesor y escritor e investigador en varias direcciones. Ha escrito de Clemente Pamplona, de Andrés Marín o de Juan García, entre otros muchos. Ha creado un blog, http://literaturavillalba.blogspot.com, donde habla de los temas que más le apasionan: la literatura, la ficción y, por supuesto, de sus trabajos de Juan García. Cuelgo aquí este texto en torno a ‘Morucha’, que se puede ver en su blog.

 

MORUCHA (1932)

 

Por Juan VILLALBA SEBASTIÁN

                         

Morucha fue la canción del año 1932 y se gestó así: Juan García se presentó en la casa de su amigo el compositor Juan Quintero con una cancioncilla bajo el brazo para musicar: “He hecho esa letra para una canción. A ver que te parece”. El maestro Quintero lee:

  

“No sé qué tienen tus ojos,

que al mirarlos me dan frío,

miedo me causan tus ojos

y en tus ojos yo confío.

Negros son como la noche

 y más negros que mi pena,

sólo mirándome en ellos

quisiera morirme, nena.

 

   ESTRIBILLO

    Morucha,

Morucha divina,

Clavel tempranero.

   Quisiera,

Quisiera en tu boca

Besarte el primero.

   Cantarte,

Cantarte muy quedo,

Decirte me muero,

Bocucha de rosa,

Clavel tempranero.

**************

   En la luz de tu mirada

He quedado prisionero,

No quiero que me rediman,

Pues no es cárcel, es un cielo.

   Y si muero desterrado,

Y si al fin debo dejarte,

al morir, Dios me conceda

tus ojos poder mirarte.

            Al día siguiente, Juan Quintero se pone manos a la obra, se le ha ocurrido una melodía. Se acerca al piano y toca los compases que en su mente, de pronto, por  no se sabe qué misterioso impulso, han surgido. Le gusta y llama a su amigo. En Madrid es primavera y pronto en toda España se verá florecer los árboles al ritmo de “Morucha”, que se constituyó en un éxito sin precedentes.

La estrenó el propio Juan García, el 26 de marzo -sábado de Gloria-, en el cine Rialto, de Madrid, como fin de fiesta tras el estreno de la película  El Danubio Azul, el delirio fue tal, que se vio obligado a repetirla tres veces, acompañándolo el público al cantar el estribillo. En este local permaneció con sesiones diarias hasta el 2 de abril. Después actuaría hasta el día 18 del mismo mes en el cine Royalty.

            Comenzó así un éxito que había de durar años. No había tenor, cantante u orquesta que no llevase la canción en su repertorio (entre otros muchos, la han cantado y grabado Alfredo Kraus y  Carreras). Las ediciones se multiplicaron, hasta el punto de que Juan Quintero llegó a componer una versión en tango que cantó la misma Imperio Argentina.

JAVIER SEBASTIÁN EXPLICA LOS SECRETOS DE 'EL CICLISTA DE CHERNÓBIL'

[FRAGMENTO DE ‘EL CICLISTA DE CHERNÓBIL’:

Dicen que en la ciudad de Pripyat vive gente. A veces aparece ropa tendida en alguna ventana o un huerto donde antes no había nada. Un equipo de periodistas alemanes filmó a un hombre en bicicleta: llegó pedaleando por una calle, tocó el timbre y después siguió su camino. Pripyat, muy cerca de la central de Chernóbil, fue evacuada tres días después del accidente, en abril de 1986. Desde entonces es una ciudad prohibida. Pero dicen que ahora allí vive gente.]

 

Javier Sebastián, retratado por Javier Vidal.

 

¿Por qué te ha interesado este tema de la catástrofe de Chenóbil, que se produjo en 1986? ¿Cómo llegas a él?

Me atraen los lugares abandonados, disparan mi imaginación. Lugares como los hoteles vacíos que había antes en Panticosa. Un poco como el hotel Overlook, de El resplandor. Casas vacías. Imagino vidas, canciones, niños haciendo los deberes en la cocina. Y de pronto todo eso ha desaparecido. El mundo está lleno de sitios de donde se fue la gente y ya nadie sabe dónde está. Un día supe que a tres kilómetros de Chernóbil hay una ciudad vacía, que es Pripyat. Allí vivían casi 50.000 personas, lo dejaron todo creyendo que iban a volver muy pronto. Allí quedaron sus ropas, sus fotografías, las mesas preparadas para la cena. Pero no pudieron volver. La novela parte de la imagen de esa Pripyat evacuada, y de la de un anciano al que vi cómo abandonaban en un restaurante de París. Tenía que unir las dos cosas: una ciudad vacía y un hombre al que dejan solo. Así empieza todo.

 

Háblame un poco de Vassili Nesterenko. Es un personaje real con un pequeño e importante cometido...

Nesterenko fue uno de los físicos nucleares más importantes de la Unión Soviética. Dirigió el “Proyecto Pamir”, un asunto militar que consistía en diseñar pequeñas centrales atómicas transportables para dar energía al lanzamiento de misiles intercontinentales. Un mes y medio después de entregar el primer reactor móvil explotó Chernóbil. De inmediato llamaron a Nesterenko. Junto con otros físicos, descubrió que entre 10 y 12 días después del accidente podían darse las condiciones para una explosión de naturaleza nuclear. Pero lo evitaron. Lo contó Nesterenko en el Georges Pompidou de París unos años más tarde. Dejó el ejército y fundó un instituto de asistencia a la gente que todavía hoy vive en zonas contaminadas. Lo amenazaban, intentaron matarlo dos veces. Ese fue Nesterenko, un hombre que, con sus debilidades, con sus contradicciones, transitó por donde los demás no nos atrevemos.

 

Resulta muy oportuno la publicación en este momento cuando Japón está en una crisis nuclear y el mundo reflexiona sobre esa energía.

Empecé a escribir El ciclista de Chernóbil después de ver la primera exposición que se hizo en el mundo sobre Chernóbil. Las caras de miedo de los liquidadores cuando volvían de retirar los escombros radiactivos con la mano, la resignación, la voluntad de resistir, la risa a pesar de todo. Todo eso se me quedó dentro. Ya tenía la ciudad vacía que estaba buscando, ya tenía al hombre abandonado. Y me puse a escribir. Hablé con gente que estuvo la zona de exclusión, me entrevisté con las hermanas Zorina, dos colaboradoras de Nesterenko. Algo así, pensábamos todos, no volverá a pasar. Pero el viernes 11 de marzo, de madrugada, empecé a recibir sms en el móvil. Hablaban de la emergencia nuclear que había decretado el gobierno de Japón. Nesterenko, después de sobrevolar en helicóptero la central, dijo que había visto el infierno y que tenía un bonito color azul, tirando a morado.

 

¿Tienes una postura clara sobre la energía nuclear?

Kofi Annan, ex-secretario general de la ONU, habló de nueve millones de víctimas de Chernóbil, entre muertos, desplazados, enfermos, abortos, suicidios… La Academia Rusa de las Ciencias prevé 270.000 casos de cáncer, aparte de unos 200.000 casos ya diagnosticados atribuibles a la contaminación radiactiva de Chernóbil. El Laboratorio Nacional de Oak Ridge, en Estados Unidos, dice que desde 1944 hasta Chernóbil se produjeron en el mundo 284 accidentes de radiación catalogados como graves. El European Committee on Radiation Risk asegura que la radiación ha producido alrededor de 63 millones de cánceres en el mundo. Puedo seguir. Me remito a lo que dice la comunidad científica independiente. Y lo que dice es devastador.

 

¿Qué ha significado Chernóbil en la historia reciente del mundo?

En primer lugar, el colapso de la Unión Soviética. El presidente de la Unión de Liquidadores de Chernóbil, Youri Andreïev, que ahora vive en Viena, dice que el accidente fue en realidad un acto de sabotaje de los servicios de inteligencia occidentales, en respuesta al Proyecto Pamir. Aparte de eso, Chernóbil nos demuestra lo pequeño que es el mundo y lo corta que es nuestra vida en relación con este tipo de catástrofes, cuyos efectos son para todos y para siempre. Como dice Josep Ramoneda, director del CCCB, es también una metáfora de la sociedad del riesgo, que debe preguntarse qué está dispuesta a asumir y a cambio de qué beneficios. También es un desafío a los mecanismos de difusión de la verdad, porque la radiactividad y la mentira son hermanas gemelas.

 

¿Cómo ha sido la escritura, la documentación, la búsqueda de materiales?

Una vez me entrevisté con un ruso que se inventó todo lo que me contó. Me pareció conmovedor, era la historia de un hombre que quería tener otra vida y yo le escuché. Era un verdadero novelista, de hecho sufría enormemente cuando me hablaba de ciudades subterráneas habitadas por esclavos, minas de uranio en las que enloquecían los hombres. Quizás un día escriba sobre él. Pero aquella charla no me sirvió para esta novela. Sí, en cambio, los informes de la ONU, las entrevistas, he visto cientos de fotografías y vídeos. Valeri Legasov, que fue quien dio la versión oficial del accidente en Viena, se suicidó justo cuando empezaba a publicar en un pequeño diario de provincias sus notas sobre aquellos días de abril de 1986. El físico Chaadayev, que aseguraba que tenía pruebas de que la culpa había sido de un terremoto, desapareció. Hay 110 teorías sobre lo que pasó en Chernóbil. Al final, acumulas tanta información que acaba pesando demasiado sobre un texto que quiere ser una novela. No puedes ponerlo todo, aplastaría la ficción. Y entonces llega el momento de desescribir. Desescribir es tan importante como escribir. Por eso, me gustaría que esta novela se leyera como el principio de una averiguación, que el lector tomara el relevo.

La novela mezcla la ficción y la realidad. Aquí es difícil saber qué es ficción y realidad, me refiero en Chernóbil, y en tu novela casi también.

En mi novela hay una escena de ficción en que Nesterenko va a visitar una escuela para medir los becquerelios de los niños. Los datos del espectómetro, sin embargo, son reales, los saqué de un informe del BELRAD. Tal niño, ya no viene. Este otro, en el hospital. El de más allá pasa de 215 Bq/kg a 98 Bq/Kg gracias a la pectina. Sus nombres y apellidos son reales. Pero Chernóbil no admite un relato lineal, ni siquiera coherente. La devastación genera una literatura del silencio. Como en los Relatos de Kolimá, de Varlam Shalámov. Los personajes miran a su alrededor y callan. Individuos ínfimos que parece que se los va a llevar una corriente de aire. Me propuse un acercamiento, porque la radiactividad impone su distancia. Yo creo que cuando concurren en un texto como este los datos, la imaginación, las hipótesis, las voces de la gente que vive en los territorios contaminados y, sobre todo, la literatura, uno acaba haciendo un viaje sin mapas, y los viajes nos cambian. Koba el temible, de Martin Amis, fue para mí un modelo para este viaje sin mapas.

Háblanos de esos personajes secundarios, tan novelescos, con vidas que tiene algo de circenses, parecen auténticos personajes pintorescos de película...

Leí en un sitio que por la región de Polessia iba una maga diciendo que sabía cómo acabar con el estroncio 90 de los campos. La llamaban la maga Parasca y los alcaldes la tenían en mucha consideración. Y eso es verdad. Pura verdad. En la novela aparece un soldado que, después de ver el famoso gol de Maradona en la televisión, mejoró mucho su puntería matando perros asilvestrados por los alrededores de la central, una mujer que planta cebollas en forma de corazón sobre las tumbas de los muertos. También aparece el flaco Laurenti Bajtiárov, que canta canciones de Demis Roussos con gran sentimiento; Jvórost, el presumido, que viste un ceñido traje color vainilla; el matrimonio Jrienko, que se alimenta de gusanos y está pensando en comercializarlos. Todos ellos viven en la ciudad vacía de Pripyat y allí organizan una comunidad de supervivencia.

Hablas de una celebración de la vida, de la alegría. ¿Puede celebrarse eso en este contexto?

Los seres humanos somos alegres por naturaleza. No podemos evitarlo. Los monjes zen, cuando presienten la muerte, escriben un poema sobre la plenitud y la felicidad. Si hoy nos anunciaran el fin del mundo, haríamos un baile. Nos besaríamos. Y haríamos muy bien. Mis personajes tienen altibajos, pero, en general, están contentos. Se enamoran. Cantan. Incluso se arreglan un poco para salir a la calle, siendo que Pripyat es una ciudad desierta. El exsaqueador Jvórost, que en su vida anterior fue empleado en una pastelería de Minsk, suele ir con una flor en el ojal, dice que uno no debe perder nunca las formas.

¿Cómo podríamos definir la novela? Hablas de novela de averiguación, de novela que otorga la voz a los muertos, a las víctimas, de novela psicológica…

La novela es un relato sobre los resistentes. Sobre la ocultación. Sobre el silencio que dejan los escenarios devastados. Sobre la fragilidad de la vida. Y también en algunos momentos es una novela sobre la alegría, a pesar de todo. Los personajes de mi novela son muy generosos y ofrecen lo que tienen, que es compañía, conversación, poco más. Se tocan y se abrazan, aunque en ocasiones es para comprobar que no están hablando con muertos. Y Vasia Nesterenko va a todos lados en bicicleta porque quiere estar en forma, quiere vivir. El ciclista de Chernóbil es una novela sobre la alegría de estar vivo.

 

¿Qué libros, qué autores te han abierto algunos caminos?

Antes he mencionado a Martin Amis, su manera de aproximarse a los hechos en Koba el temible es admirable y literaria. Toda esa escritura de la desolación: el japonés Ibuse, Shalámov. Siempre Juan Rulfo. Un poco Ballard. Pero en mi novela creo que también hay huellas de autores enormemente vitalistas, como Zadie Smith o Julian Barnes. Leí los libros de los periodistas Wladimir Tchertkoff, Galia Ackerman, Alla Yaroshinskaia, Svetlana Alexeievich, Zhores Medvedev y otros, que me ayudaron a saber cosas, incluso a contarlas un poco como ellos. Practicando un distanciamiento que hace que los personajes se levanten solos.

Llevas más de un cuarto de siglo escribiendo novelas, como ‘La casa del calor’, ‘Historia del invierno’ o ‘Veinte semanas’, y relatos. ¿En qué has cambiado, cómo contemplas ahora la literatura y a ti dentro de ella?

Siempre pienso que la novela que acabo de escribir será la última, unir 60.000 palabras y que al final te parezca que han quedado bien es un esfuerzo que te vacía. Pero luego vuelves. Es como si te hubieras dejado algo sin resolver en el libro anterior. O como si echaras de menos la felicidad que te produjo escribir tal o cual página. Recuerdo, por ejemplo, los días en que redacté el festival de baile de las hermanas Zorina en Pripyat. Qué bien me lo pasé, qué contento estaba. Me veo en los márgenes. En los márgenes se está bastante cómodo. En los márgenes hay menos radiactividad.

 

[La novela ‘El ciclista de Chernóbil’ (DVD, 2011) se presentará el martes 19 de abril en la libreía Cálamo a las 20 horas. Intervendrá, además de Javier Sebastián, uno de sus mejores amigos desde hace muchos años: el poeta y narrador Manuel Vilas.]

 

ALBERTO CALVO REAPARECE EN COLOR

ALBERTO CALVO REAPARECE EN COLOR

Hace días que no hablo aquí de Alberto Calvo, ‘Supermaño’, ni de sus moñacos picassianos, inequívocamente suyos. Hoy me ha escrito: pinta para Madrid, hace distintos proyectos, sigue colaborando en Heraldo. La vida no cesa: el arte tampoco. Y esta es la foto que me ha mandado, se titula ‘Retocando’. Alberto Calvo o la creación en llamas.

ENTREVISTA CON BEGOÑA ORO

 

Begoña Oro, escritora, editora y traductora, entre otras cosas, ha sido la ganadora del Premio Gran Angular con su libro 'Pomelo y limón', la historia de amor, más bien imposible, de dos jóvenes. La historia hace pensar en Romeo y Julieta, en Tristán e Iseo. Begoña ha inaugurado nueva página web: http://www.begonaoro.es/
 

¿Cómo podríamos definir el libro?

Pomelo y limón es un subidón de dopamina y oxitocina, las hormonas del amor y es un “posado robado”, una forma (consentida) de asomarse a la intimidad de dos personas a través de sus dibujos y de sus propias palabras, volcadas en una novela, en un blog y en las redes sociales... Porque Pomelo y limón no es solo un libro. Puedes leer solo el libro y no te pierdes nada. Pero puedes enriquecer tu experiencia de lectura visitando un blog y siguiendo y participando en la actividad de los personajes en Facebook… Hay más de diez perfiles distintos que corresponden a personas y lugares de la novela que ahora mismo están escribiéndose cosas, intercambiando fotos… Además, se ha creado una aplicación del libro para iPad que incluye extras. En definitiva, que este libro nunca acaba. ¡Solo espero que no acabe conmigo!

¿Cómo está escrito?

¡Muy bien, gracias! No, en serio, es cierto que el jurado apreció lo bien escrito que está. Pero creo que eso es un must del escritor. No deberían existir los libros mal escritos. Aparte de eso,  aunque es una novela de amor, quise que se leyera como una novela de misterio, con ansiedad. Hay varias intrigas que empujan a seguir leyendo sin parar. Los capítulos son muy breves, hay mucho diálogo, y entre col y col, lechuga porque…

¿Qué pretendías hacer, por dónde querías caminar?

…además de contar una historia de amor, quería invitar a reflexionar sobre la intimidad. Con la irrupción de Internet, las redes sociales, los programas del corazón… hay una nueva definición de lo público y lo privado. Pero no acabamos de reparar en ella. Sobre todo, los jóvenes. Se cierran las puertas de los cuartos, pero se dejan abiertas las cámaras del ordenador. Y no es un problema de no saber cerrarlas. Los adolescentes pueden darnos lecciones sobre configuraciones de privacidad. Pero sencillamente no le dan importancia. Creo que Pomelo y limón puede hacer a los jóvenes más conscientes de que hay una parte de su vida que debería pertenecerles solo a ellos, o a unos pocos. Y no solo eso, sino que el relato que hacen de lo que les pasa, las palabras que escogen para contar su vida, determinan su vida. Pomelo y limón habla mucho de este superpoder que todos llevamos dentro: la capacidad de cambiar nuestra vida solo con palabras.

¿Cómo definirías tu estilo?

Quizás “entre col y col, lechuga” sería una buena definición de mi estilo. Cuando escribo para niños, me gusta jugar con el humor para decir cosas serias. (Yo, en el fondo, soy serísima. ¡Jajaja!) En esta novela, quizá haya menos humor, aunque también hay algunos destellos, pero sí que, bajo una apariencia de lectura fácil y sencilla, planto lechugas, para quien las quiera. Y ternura. Yo escribo con cariño sincero, y quiero que el lector lo sienta, que se sienta querido al leer. Me gusta pensar que mi estilo es tierno sin ser ñoño. Ese es el reto que asumo al escribir. Bueno, en Pomelo y limón hay algo más que ternura… Hay euforia, hay tensión, hay miradas y roces que significan un mundo, hay mariposas y manadas de búfalos en el estómago… En fin, todo lo que tiene que haber en un amor de quince años.

¿Qué afinidades tiene Pomelo y limón con otros textos?

En un principio, Pomelo y limón iba a ser una versión actual de un lais, un cuento medieval sobre el secreto titulado El ruiseñor. Pero al releer los lais, se me cruzó otro cuento, el de La madreselva que también quise recrear de alguna forma. Y también se me cruzaron las Cartas portuguesas de la monja Mariana Alcoforado del siglo xvii… Ya ves qué cosas tan antiguas para acabar haciendo un blog y todo un mundo virtual alrededor. En fin, seguro que Mariana Alcoforado hoy también tendría un blog…

¿Cómo entiendes y cómo vives tú la literatura infantil?

Mmh… Como un helado de wasabi. Rico, fresco… y raro. Rico porque hay un amplio ecosistema editorial y creativo que permite dar cabida a todo tipo de publicaciones: desde los álbumes ilustrados más arriesgados a los libros de narrativa más eficaces a la hora de hacer lectores… Fresco, porque las nuevas tecnologías facilitan la autoedición, con lo que es difícil que una buena propuesta se quede en un cajón y porque iniciativas como el premio Sierra i Fabra permiten que surjan nuevas voces. Y raro porque, bajo mi punto de vista, la literatura de adultos se está infantilizando y la infantil se está adultizando. Cada vez más se escribe para niños sin pensar en los niños, a veces –no siempre– con resultados magníficos.

¿Qué supone para ti este premio?

Entre otras cosas, ¡no tener que salir corriendo de Zaragoza! Decía Virginia Woolf que una mujer, para escribir, necesita una habitación propia y 500 libras al año. Durante años yo no había tenido una habitación propia y ahora que la tenía, me faltaban las 500 libras, así que había decidido buscar trabajo fijo en el mundo de la edición, donde trabajé durante años. Y en Madrid, porque aquí es difícil. Presentarme a este premio iba a ser mi último intento (y casi mi primer intento serio) de dedicarme a escribir. Y eso es lo que voy a hacer a partir de ahora: escribir. Y por fin, en serio. Este premio me va a cambiar la vida. Ya lo verás.

¿Qué piensas de la incorporación de las nuevas tecnologías, del peso cada vez más decisivo?

En cuanto a la lectura, si pensamos en las redes sociales, los chats, los SMS…, ¡los jóvenes leen más que nunca y escriben más que nunca! Eso sí, con menos letras que nunca. Otra cosa es la literatura. Pero ahí quienes tienen que espabilar no son los jóvenes sino los creadores y los editores. Escribir, crear con las nuevas tecnologías –y no contra ellas– es ya no solo una oportunidad fascinante sino casi un deber. Intentar que los jóvenes amen la lectura hablándoles de esa sensación maravillosa de olfatear un libro es como secuestrarlos en el Museo del Prado y negarles la entrada al Reina Sofía. Yo prefiero no empeñarme en que los jóvenes amen los libros; prefiero que amen la literatura. Y esta puede ser oral, escrita, digital y vaya usted a saber qué más…

Begoña con Daniel Nesquens, ganador del premio Barco de Vapor con 'Mi vecino de abajo'. Con ellos Lines Carretero.

*La ilustración de Begoña Oro es de Elisa Arguilé.

'VIDA DE PABLO', EL SOÑADOR

'VIDA DE PABLO', EL SOÑADOR

Querido Hans Christian Andersen:

El pasado sábado era tu día y el de todos los niños que sueñan, el de los lectores con alma de niño que creen que un cuento resume el mundo y sus delirios. Cuando te vi en el cine en ‘El fabuloso Andersen’ (1952), con el rostro de Danny Kaye, ya soñaba con tus sirenas y cerilleras, con aquel soldado de plomo que se había enamorado de una bailarina asomada al alféizar e iba a emprender el viaje de su vida. Cuando te oí cantar hacia Copenhague, pensé que tú debías ser así, capaz de suspender las palabras en el aire, de hablar con los duendes y los bosques, capaz de atrapar el murmullo de las mareas y el último suspiro de los zagales desvelados. Danny Kaye o Hans Christian Andersen, el zapatero prodigioso, el narrador incansable. A veces querríamos ser como tú: contar y cantar, leer y traducir los latidos del silencio. El viernes, Daniel Nesquens y David Guirao presentaban en Los Portadores de Sueños esa historia eterna de Jorge, la doncella y el dragón que publica APILA. Cuando parecía que aquel solo era un acto literario más, apareció el héroe con la capa y el cabello largo, salpicado de nieve. Los niños se quedaron estupefactos. Alguien dijo: “Solo falta que irrumpa el caballo y piafe en medio de la librería”. Un niño, Pablo, abrió sus ojos infinitamente grandes y azules. No se lo podía creer. ¿Qué hacía el caballero Jorge al atardecer en Zaragoza? Otro de los asistentes dijo: “Algún día alguien como Andersen o como Nesquens escribirá una ‘Vida de Pablo’”. (Unos días antes el poeta Carlos Pardo había presentado allí su novela ‘Vida de Pablo’). Ese juego del azar me pareció una oblicua y hermosa manera de recordarte, Hans, y de anticipar quizá el destino y el cuento de un soñador.

 

*Este texto, aparecido el domingo en mi sección ‘Cuentos de domingo’ de Heraldo, nació de un encuentro con el jovencísimo Pablo Artal, hijo de Rafa y Carmen, nieto del doctor Ángel Artal, al que vemos en la foto. Y también está dedicado al niño Pablo del Molino Delgado, que se recupera, cada vez con más fuerza y con más esperanza, de una grave enfermedad.

 

PISÓN PUBLICA 'EL DÍA DE MAÑANA': UN DIÁLOGO SOBRE LA NOVELA

PISÓN PUBLICA 'EL DÍA DE MAÑANA': UN DIÁLOGO SOBRE LA NOVELA

Ayer llegaba las librerías la nueva novela de Ignacio Martínez de Pisón: ’El día de mañana’ (Seix Barral), una espléndida novela, intensa, muy bien construida, una de esas novelas que exaltan el valor de la narración y de los personajes de carne y hueso. Ayer se publicaba una amplia entrevista con Ignacio en Heraldo; esta es el diálogo completo, de casi el doble de longitud.

¿Cuál ha sido el detonante, el origen, el detalle que te ha llevado a escribir esta novela?

 En "Dientes de leche" traté un tema de nuestra historia reciente que no había llamado la atención de los novelistas: la presencia en España de fascistas italianos que vinieron a luchar en el bando nacional durante la Guerra Civil. En esta nueva novela me propuse escribir sobre otro aspecto poco conocido de nuestra historia, la actividad de la Brigada Social, la policía política del franquismo. No hay mucha literatura sobre ella, y la que hay suelen ser textos de carácter testimonial de antifranquistas que sufrieron torturas. Entre ellos, por ejemplo, algún texto del comunista aragonés Vicente Cazcarra. De todos modos, la época en la que sitúo la acción es algo posterior, y las torturas, quizás porque se empezaba a vislumbrar el final del régimen, habían empezado a suavizarse. Así fue al menos en Barcelona en la comisaría de Vía Layetana, donde el comisario Creix, uno de los torturadores más conocidos, estuvo hasta el año 1968.

¿Querías escribir del franquismo y del paso a la Transición o hacer un retrato de la Barcelona anterior a tu llegada?

 Para la gente de mi generación no ha habido acontecimientos de nuestra historia colectiva tan determinantes como ésos: la muerte de Franco, la Transición, el golpe de estado del 23-F... Al margen de algunas circunstancias de índole local, lo esencial de la época fue igual para todos. Fue una época de cambio, inestabilidad, esperanza... En 1975, España era un país que estaba por hacer. De ahí las tensiones, de ahí la violencia política, que se cobró cientos de vidas. Pero el futuro difícilmente podía ser peor que lo que teníamos.

Defíneme esta Barcelona, este país. Me sorprende que no es un territorio marcado por las pugnas nacionalistas… ¿Es el nacionalismo un fenómeno de la democracia, en realidad?

  La principal fuerza de oposición al régimen fue siempre el comunismo. En Cataluña también ocurrió así. Los nacionalismos son fenómenos de clases medias, que en realidad nunca están dispuestas a arriesgar demasiado. Lo suyo es nadar y guardar la ropa, y durante el franquismo la mayoría de los nacionalistas catalanes se limitó a esto último, a guardar la ropa. Pero es justo reconocer que, a partir de cierto momento, un sector importante de la iglesia catalana tuvo el coraje de denunciar la represión del régimen. En mi novela aparece, aunque de forma marginal, un episodio real que con el tiempo ha adquirido cierto valor simbólico: la manifestación de curas que en mayo de 1966 acudieron a comisaría a protestar por las torturas a estudiantes. La misma institución que había paseado a Franco bajo palio empezaba a mostrar cierta sensibilidad antifranquista.

El libro empieza con la llegada a Barcelona, creo que desde Aragón, de Justo Gil Tello y su madre enferma. ¿Cómo vivían los emigrantes aragoneses en Cataluña?

 La emigración aragonesa, que en gran medida es anterior a la Guerra Civil, se movía en torno a la calle Joaquín Costa. Allí, en la esquina con la Ronda de San Antonio, está el Centro Aragonés de Barcelona, y por esa zona proliferaban los bares con nombres como La Pilarica o Los Maños. Cuando yo me instalé en Barcelona en 1982, todavía esas calles tenían un aire muy aragonés.

Esta es una novela sobre un personaje un tanto siniestro. ¿Por qué querías reconstruir esa vida, qué te interesó, cómo lo defines tú?

 Me interesaba contar la historia de una degradación. Cuando vemos a un mendigo durmiendo en un cajero automático, nos preguntamos si ese hombre siempre fue así. Si no fue niño alguna vez y no tuvo sueños, ilusiones... En el caso de mi personaje, se trata de alguien que llega a una ciudad grande con la idea de prosperar pero comete una serie de errores decisivos que marcarán para siempre su destino y le condenarán a ser una persona sin amigos, sin afectos, habituada a traicionar siempre a los suyos.

Sorprende mucho su aventura, su escalada, su travesía: pasa de ser un superviviente en distintos oficios a estafador. En el primer tramo es un pícaro sin demasiado escrúpulos.

 En realidad, es el retrato de un self-made man imposible. Si en vez de nacer en España hubiera nacido en Estados Unidos, tal vez habría acabado triunfando. Pero, aunque él no lo sepa, lo único a lo que en aquella España podía aspirar era a sobrevivir.

¿Cómo logra convertirse en confidente policial?

 La Brigada Social no era la Stasi de la antigua Alemania del Este, que, como vimos en la película La vida de los otros, te llenaban la casa de micrófonos en un par de minutos. La Brigada Social no tenía micrófonos pero disponía de una vasta red de chivatos, a los que eufemísticamente llamaban "colaboradores". Eran ellos los que mantenían a la policía informada acerca de todo lo que se cocía en la universidad, en las fábricas, etcétera. Algunos de esos colaboradores actuaban coaccionados por la propia policía, pero otros cobraban una retribución por su trabajo. En la época de la que estoy hablando, la policía les pagaba unas cuatro mil pesetas al mes. Mi personaje acaba convirtiéndose en uno de estos confidentes profesionales. Al principio lo hace porque cree que así puede beneficiarse de un trato de favor ante ciertas irregularidades cometidas en el pasado, pero al final acaba delatando a unos y a otros porque no tiene dónde caerse muerto y esas cuatro mil pesetas constituyen sus únicos ingresos.

Por cierto, ¿este personaje está inspirado en alguien concreto o es una creación de tu cabecita loca?

 No está inspirado en ningún personaje concreto, pero la parte de la relación con el policía Mateo Moreno reconstruye la historia de un confidente del que me habló un expolicía de la Brigada Social. Cuando un policía conseguía un confidente, la relación con éste era personal, una especie de amistad basada en el intercambio: yo te cuento lo que sé, tú me ayudas o me das dinero. Era "su" confidente, el confidente de ese policía, no el confidente de la policía, y trataba de mantenerlo protegido para que no se quemara.

Espía en Bocaccio, en el ‘encierro de Montserrat’, en la órbita comunista, y sueña dar un braguetazo con Nita Castellnou. Dice de él otro personaje: “Ese tipo no era nadie, un idiota, un paleto”.

 La tragedia de Justo Gil consiste en ser siempre un impostor: se hace pasar por comunista entre comunistas, intenta comportarse como un burgués cuando está entre burgueses... Y esa impostura permanente le lleva a odiar la sociedad que le rodea, contra la que se irá cargando de resentimiento y afán de venganza.

 

La novela está armada con las voces de los personajes que lo conocieron. ¿Por qué lo has hecho así, has querido hacer como un recuento, una ‘quest’?

 Mi idea era, sí, simular una quest, una investigación en torno a un personaje enigmático al que diferentes personas han conocido y tratado a lo largo de su vida. Al final descubrí que, sin pretenderlo, esa estructura parecía inspirada en una vieja película que aparece citada en las últimas páginas de la novela. Me refiero a Forajidos, de Robert Siodmak, basada en el famoso cuento de Hemingway The Killers. El comienzo de la película es fiel al relato de Hemingway y nos presenta a un personaje, Burt Lancaster, que ha renunciado a huir y está dispuesto a asumir el destino que le persigue. El resto de la película es una investigación sobre el pasado de ese personaje, con testimonios de gente que lo conoció. De forma casual, la estructura de mi novela homenajea la de esa película.

¿Qué dificultades supone una construcción así, con esa polifonía de voces? Recuérdanos algunos y sus ocupaciones tan curiosas…

 En total son una docena de narradores, cada uno con su propia vida, sus propias ideas, su propia voz. Hay un eterno opositor a notarías, una mujer que ha tenido un niño con una grave malformación, un vendedor a domicilio, un profesor de expresión corporal, una chica que trabaja de secretaria de un próspero constructor, un periodista que empezó coqueteando con la ultraderecha... Sólo se representan a sí mismos, pero entre todos ellos pueden darnos una idea aproximada de lo que era la sociedad barcelonesa o española del momento.

No se oye nunca la voz de Justo Gil Tello, salvo a través de sus amigos o de quienes lo conocieron. ¿Nunca te planteaste incoporarla o has preferido desdibujarlo?

 Mi idea era que Justo Gil, el protagonista, fuera precisamente el vacío que quedaba entre todos los demás. Si Justo Gil hubiera contado su propia historia, las otras habrían corrido el riesgo de resultar redundantes.

Otro detalle: qué ocurrió con la gente que había sido confidente, traidor sin escrúpulos. ¿Qué fue de ellos, terminaron así como Justo?

 Algunos confidentes empezaron a cobrar en drogas y, como tantos drogadictos, se quedaron por el camino en los años ochenta. Otros siguieron siendo utilizados por la policía de forma extraoficial y, como el propio Justo, colaboraron con las organizaciones de ultraderecha que proliferaron durante unos pocos años.

Hay personajes entrañables. Uno de los más conmovedores es Carme Román, una aragonesa –creo- que encarna la honestidad, la fuerza de voluntad y el deseo de construirse a sí misma a través de la cultura…

  Un protagonista como Justo Gil exigía que a su lado hubiera personajes inequívocamente positivos. Carme Román es uno de ellos, y en realidad no es difícil reconocer en ella a toda esa generación de jóvenes que se consideraban merecedores de una España mejor que la del franquismo.

Uno de los capítulos más bonitos del libro es el dedicado a los escritores de palíndromos. Y a ese encuentro nacional de palindromistas en Sos del Rey Católico. ¿Qué hay de eso?

  Me divertí mucho escribiendo sobre esa asociación de palindromistas, que está inspirada en una que existió de verdad y con la que mantuve alguna relación epistolar en los años noventa, después de publicar un artículo sobre palíndromos. Me acuerdo de que en sus boletines celebraban con alborozo el hecho de que eran muy pocas las generaciones que podrían vivir dos años capicúas, el 1991 y el 2002. No recuerdo dónde celebraban sus congresos, pero parece lógico que lo hicieran en localidades de nombre palindrómico, como Sos, Unanu, Aceca, Salas...

Otro aspecto importante en la novela es el humor. ¿Qué importancia le das?

  El humor forma parte de la vida y, por tanto, tiene que formar parte de las novelas. Y aunque hay muchos momentos de dramatismo, no olvidemos que era aquélla una España muy chapucera y de andar por casa. Cuando Justo empieza a colaborar como chivato de la Social, intenta siempre citar a su amigo policía en sitios como la piscina de los delfines del Zoo o el teleférico de Montjuïc. A lo mejor piensa que tiene que comportarse como si fuera un personaje de El tercer hombre, y el policía, mientras se seca el agua que le salpican los delfines, se cabrea con él y le llama peliculero.

El libro tiene otro tema fundamental: el amor, el deseo sexual, el mundo de las queridas, incluso algún que otro arrebato de liberación sexual, como el caso de Chantal Loreto. Todo el mundo está enamorándose locamente… ¿Era así?

 Con lo del amor te digo lo mismo que con lo del humor: que forma parte de la vida. Creo que en la novela hay alguna bonita historia de amor. Creo también que la historia de amor de Justo no podía ser sino retorcida y siniestra.

Dice el propio Justo: “Me gustan los escritores que saben purificarnos con palabras” ¿Es esa la misión del escritor, del novelista?

  Prefiero pensar que los buenos novelistas son aquellos que saben poner palabras a nuestras vidas, nuestros sentimientos, nuestras reflexiones, los que parece que te hablan al oído y han escrito la novela pensando en ti. Me gusta leer novelas en las que me reconozco como persona, esas novelas que te hacen detenerte un instante y decir: "Esto lo he pensado yo alguna vez, y no hay mejores palabras para expresarlo que las que utiliza este escritor."

Termino: ¿Cómo se logra que todos los personajes parezcan tan reales, tan de carne hueso? ¿Qué tipo de escritor quieres ser?

  De eso se ha tratado siempre, ¿no?, de que tus personajes no sean personajes sino personas, seres a los que el lector cree que algún día podrá cruzárselos por la calle. Si ser un escritor realista consiste en eso, lo confieso: soy un escritor realista.

FLAVIA COMPANY, HOY EN PORTADORES

FLAVIA COMPANY, HOY EN PORTADORES

PRESENTACIÓN DE “LA ISLA DE LA ÚLTIMA VERDAD”,

de Flavia Company

 

Hoy martes 5 de febrero a las 20h tendrá lugar en la librería LOS PORTADORES DE SUEÑOS (C/Jerónimo Blancas, 4 - Zaragoza) la presentación de LA ISLA DE LA ÚLTIMA VERDAD, de FLAVIA COMPANY (Lumen). Acompañando a la autora, contaremos con la presencia del escritor MANUEL VILAS.

 

 

LA ISLA DE LA ÚLTIMA VERDAD

El relato de un naufragio que se convierte en una reflexión sobre nuestra identidad.

Navegar quiere decir saber dónde estamos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Por eso quizá, es más difícil navegar que vivir.

Eso nos cuenta la autora en una página de esta espléndida novela, y eso es lo que al principio  siente Mathew Prendel, navegante solitario que de repente naufraga en una pequeña isla perdida en el océano, sin saber que en ese cacho de tierra inhóspita le espera otro hombre, un tal Nelson Souza.

 

Las preguntas de Mathew son muchas y las respuestas de Nelson se resumen en pocas palabras secas que imponen sus propias leyes: los dos hombres tendrán que repartirse el territorio, malviviendo cada cual por su cuenta, y será Nelson quien decida cómo y cuándo intentarán dejar la isla, que pronto se convierte para Mathew en una prisión al aire libre, un lugar donde la culpa acecha y los recuerdos del ayer bailan suspendidos en el horizonte.

Tras un tiempo que nadie sabe medir por horas y días, llega por fin la hora de partir, de volver a ese mundo que ya no los espera. Mathew vuelve, pero no es el mismo hombre; la experiencia ha hecho de él un ser taciturno, que solo contará la verdadera historia del naufragio a Phoebe, su amante, cuando le falten pocos días para morir. ¿Verdadera? Quien sabe... Ahí está el talento de Flavia Company para acompañarnos hasta el final de una historia cargada de misterio, que nos reconcilia con las extravagancias de la vida y nos recuerda las mejores obras de Conrad y Stevenson.

 

 

LA AUTORA

Flavia Company (Buenos Aires, 1963) es autora de los libros de cuentos Viajes subterráneos y

Género de punto, del libro de microcuentos Trastornos literarios, y de las novelas Saurios en el asfalto, Luz de hielo, Dame placer, Ni tú ni yo ni nadie, Melalcor y La mitad sombría. Su obra ha sido traducida en Francia, Holanda, Brasil, Polonia, Alemania y Portugal. Es licenciada en Filología Hispánica, traductora, periodista y profesora de la Escuela de escritura del Ateneo Barcelonés.

HOY, 'BORRADORES' A LAS 0.30: NESQUENS & ORO, 'METRÓPOLIS', RAFAEL NAVARRO...

Los escritores Daniel Nesquens y Begoña Oro, ganadores de los premios Barco de Vapor y Gran Angular 2011, son dos de los invitados del programa Borradores. Nesquens hablará de ‘Mi vecino de abajo’ (SM) y Begoña Oro de ‘Pomelo y limón’; la primera es la historia de una amistad entre un niño y un misterioso ciudadano islandés que tiene una moto rosa y parece un espía. Begoña Oro cuenta una historia de amor entre Jorge y María, que tiene algo de historia moderna de Romeo y Julieta, de Tristán e Iseo, una narración que participa de las posibilidades de intercambio de las nuevas tecnologías: internet, facebook, el blog, etc. Por otra parte, el actor y dramaturgo Joaquín Murillo y el músico Víctor Rebullida hablan del espectáculo ‘Metrópolis’ de la compañía Che y Moche, con el que ganaron el premio Max al mejor grupo revelación. Se trata de un homenaje a la película de Fritz Lang, al expresionismo alemán y a otra historia de amor con revelaciones insospechadas. Se trata de una función de ópera, música (del propio Rebullida), teatro y danza en la que participan diecisiete actores y bailarines.

Borradores ofrece tres reportajes más: con el rapero So Hai, que acaba de grabar en solitario su álbum ‘Doble vida’, para el que ha contado con la colaboración de Rumba, en la producción musical; con Rafael Navarro, que muestra dos proyectos complementarios en el Paraninfo: su fotos en color y en técnica digital ‘A contratiempo’, y una selección de las fotos que ha ido coleccionando a los largo de los años: desde Arnold Newman y Álvarez Bravo a García-Alix, Cristina García Rodero y a numerosos fotógrafos aragoneses. La escritora, pintora y fotógrafa Cecilia Bardají habla de su primera novela, ‘La perdiz blanca’ (Huerga & Fierro), donde narra la historia de un niña en un ambiente complejo.

La actuación musical corre a cargo del grupo Deep in blue, que canta dos canciones: ‘Maldita senda’ y ‘Wake up’.

 

*En las fotos, Begoña Oro, ganadora del premio Gran Angular con ’Pomelo y limón’. Abajo, un instante de la función ’Metrópolis’ y abajo retrato de Rafael Navarro, realizado por el gran Vicente Almazán.

 

Borradores. Aragón Televisión. Noche del martes al miércoles, a las 0.30 horas. Producción: Arantxa Melero. Redacción: Ana Catalá Roca. Ayudante de realización: Yolanda Liesa. Realización: Teresa Lázaro. [Redifusión: sábado a las 12 de la mañana.]