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Antón Castro

DANIEL GASCÓN, EN LA FNAC DE BARCELONA

DANIEL GASCÓN, EN LA FNAC DE BARCELONA

Esta tarde, en Barcelona, en la FNAC de L’Illa, se presenta el libro ‘La vida cotidiana’ (Ediciones Alfabia) de Daniel Gascón. Catorce cuentos sobre la vida, el amor, la pérdida, el suicidio, la traducción, etc. Lo acompañarán el editor de Alfabia, y los escritores Llúcia Ramis e Ignacio Martínez de Pisón.

 

*La fotografía es de Pippi Tetley.

MENCHU GUTIÉRREZ: VIVIR, SOÑAR, MEDITAR Y ESCRIBIR EN UN FARO

MENCHU GUTIÉRREZ: VIVIR, SOÑAR, MEDITAR Y ESCRIBIR EN UN FARO

[No conozco a Menchu Gutiérrez, narradora, poeta y traductora, aunque he leído sus libros. Son grandes construcciones de palabras, de observación y de intimidad. Tapices de luz y penumbra, fuegos oscuros, emanaciones de una región de sombras y de lucidez. Búsquedas. Pesquisas. Hechizos. Pienso por ejemplo en la enigmática ‘Disección de una tormenta’ o ‘Latente’, ambos en Siruela, libro que a veces me hacen pensar en los laberintos de la conciencia de Clarice Lispector. Ahora, Menchu Gutiérrez publica ‘El faro por dentro’, que contiene ese texto de evocación y despedida, la memoria de alguien que ha vivido una veintena de años en un faro del norte de España, y ‘Basenji’, que es otra historia con faro: la de un farero y su perro africano. Hace algunos años viajé a Santoña y otros lugares de Cantabria para escribir un guión cinematográfico para Antonio Gómez Olea. Hice una investigación de varios días, estuve en varios faros –en ‘Golpes de mar’ (Destino, 2006. La edición es inencontrable, se agotó y al sello de Planeta no le interesa reeditarlo) aparecen varios faros y un farero: Fuxán- y redacté un guión: ‘La muerte del farero’, que también tuvo otro título: ‘El pintor de sirenas’. Varios amigos me dijeron sin necesidad de sutileza alguna y con toda la razón del mundo: “Dedícate a otra cosa que el cine no es lo tuyo”. Siempre me han gustado mucho los faros y los fareros, acabo de escribir un nuevo cuento de un farero: brevísimo, como un par de folios; ya solo soy capaz de escribir un par de folios de ficción. Y ayer leí una entrevista de Ima Sanchís en la ‘La Vanguardia’ con Menchu Gutiérrez (Madrid, 1957). Me parece una entrevista preciosa: por la técnica y la sutileza de la periodista (que comparte la contra con Lluis Amiguet y Víctor Amela) y por las respuestas de Menchu Gutiérrez, que crea un cuento, que escribe un poema, que medita sobre la vida y sus misterios. Para mí gusto, una pieza inolvidable. Gracias a las dos: a Menchu y a Ima, esas mujeres a las que admiro y no conozco. Y a ‘La Vanguardia’ por seguir creyendo en la necesidad y el placer de publicar entrevistas estupendas en la contraportada.]

“VIVIR EN UN FARO ES COMO VIVIR

EN LAS ENTRAÑAS DE UN ANIMAL”

 

-Una entrevista de Ima Sanchís. La Vanguardia-.

 

TEMPLOS DE LUZ

No es fácil hablar con esta mujer acostumbrada al silencio, 20 años viviendo en un faro del norte de España imprimen carácter; sobre todo si ya vienes de otro faro todavía más aislado y tormentoso. Su marido es pintor y ambos decidieron convertirse en fareros, aislarse para crear. Fruto de esos años de introspección es su relato ’El faro por dentro’ (Siruela), donde desde el último día de su estancia reflexiona sobre lo sentido: "Muchas veces he tenido la secreta sensación de que el faro era un ser vivo, un animal inmovilizado por un hechizo (...) Otras veces, la torre se convertía en un templo consagrado a una realidad extraña, en la que la materia a la que se rendía culto era la luz". Por I. Sanchís.

 

IMMA SANCHÍS ENTREVISTA A MENCHU GUTIÉRREZ

Contra de ‘La Vanguardia’

[Tengo 53 años. Nací en Madrid y vivo en un pueblo de Santander. Estoy casada con un farero. Soy autodidacta y he hecho cosas muy variopintas. Abogo por una mayor transparencia política, porque hay muchos impedimentos para conocer lo que realmente importa. Soy atea.]

Durante 20 años he vivido en el vientre de un faro en la costa norte española... 

No debe de ser fácil...

No es el espacio idílico y romántico que nos llega a través de la literatura. 

¿Cómo es?

Nunca llegas a habitarlo del todo. Es fundamentalmente un espacio en el que se concentra mucha energía. 

¿Por qué cree eso?

A un faro es imposible no mirarlo de día o de noche, y a la vez él mismo irradia luz, así que parece que vivas en un lugar que es encrucijada de fuerzas. Es un espacio que no es inocente, y sobre todo creo que es arquetípico. 

¿Arquetipo de qué?

Para los marinos es como una iglesia, un faro te orienta y te guía, y con su morse luminoso parece que marque el tiempo. 

¿Ha cambiado su luz pero no su misterio?

Primero fue el fuego de leña; luego se prendieron hogueras de carbón, y los navegantes confundían su luz con la de las estrellas. Vino después la mecha con aceite. Y ahora, aunque lo que brille sea una bombilla, sientes la antigua presencia del fuego original. Y también es símbolo de turbulencias. 

¿Por qué?

Es imposible no asociarlo a tempestad, lo que hace también de él, un lugar complicado en el que vivir. 

¿Recuerda tempestades?

Muchas, pero al final te quedas con una tormenta que las representa a todas.  

¿A qué se parece un faro?

A un ser vivo. Cada vez que subía la escalera de caracol que lleva a la torre tenía esa extraña y secreta sensación de que caminaba por el interior de un animal, cada peldaño se correspondía con una vértebra. Y en lo alto de la torre, la luz, que es como un gran ojo.  

¿Un animal amigo?

Un animal extraño. Vivir dentro de un faro produce extrañeza.  

¿Veinte años de extrañeza?

Sí, siempre hay una nota extraña, en el interior de la casa se percibe el lucernario, en la noche ves como los haces barren el paisaje y tu ventana. A veces te sientes huésped, el faro te expulsa, y otras que formas parte de él. 

¿Pesa allí más la soledad?

Sí, el silencio, el aislamiento, aunque tengas teléfono y ADSL, y de repente el ruido inmenso del temporal. El faro favorece la introspección, la imaginación, y exacerba la sensibilidad. Se viven cosas muy bellas, hay días que la tormenta es un regalo, pero en los días que no estás sereno quieres huir.  

¿Ha pasado miedo?

Miedo físico no, pero sí miedo interior. El silencio extremo y el ruido extremo de la tempestad llevan a vivencias extremas, ponen un poco en riesgo tu integridad.  

A más de un farero se lo ha tragado el mar.

Hay una historia real de un ingeniero británico del siglo XIX que me impactó. Construyó un faro de roca, una linterna en medio del océano. Un temporal se llevó al faro y al farero. El ingeniero, muy disgustado, volvió a levantar otro faro, todavía más robusto.  

¿Se lo llevó el mar de nuevo?

Sí. Cuando lo construyó por tercera vez decidió irse él a vivir al faro con su mujer y sus hijas. El mar volvió a arrasar con todo.  

¿Qué anda usted buscando?

Yo quiero experimentar la escritura, y para la introspección los sentidos son muy importantes. Toda la información que recibimos es a través de ellos, y si hay algo que une a mis libros es la relación con ellos.  

Ha escrito usted sobre el deseo.

Sobre una mujer que realiza el acto sexual con la nieve, con la niebla, con la lluvia y con la luz del sol. Son otros planos de la realidad, ahí donde se mueve la literatura, entre la muerte, el sueño, la vigilia y esa cosa extraña que es la imaginación.  

¿Cómo hacer el amor con la niebla?

Requiere un abandono en distintos niveles de la realidad, necesitas que desaparezca el yo que te constriñe.  

También ha escrito sobre san Juan de la Cruz, ¿qué le ha enseñado?

Es la lectura que más me ha comunicado esa desaparición del yo. La mística es un viaje sin palabras. 

¿Un viaje hacia dónde?

Hacia la raíz de las raíces. 

... Y sobre el universo de la boca.

Sí: dientes, lengua, paladar, saliva y lo que se hace con la boca: la palabra, el beso, el sabor..., eran los protagonistas.  

¿Le cambió adentrarse en ese mundo?

A la boca nos lo llevamos todo, “se lo bebía con los ojos”, “ese niño es tan hermoso que me lo comería”. Parece que sólo haciendo digestión de las cosas las incorporamos verdaderamente.  

¿Qué ha aprendido de la vida?

La tolerancia. Creo que seguimos siendo muy misteriosos los unos para los otros, tenemos muchos pliegues, y la sinceridad es muy complicada para todos, incluso cuando creemos ser sinceros no lo somos.  

Autora de libros inquietantes, ¿qué le inquieta?

¡Hay tantas realidades invisibles! Conocemos sólo el cinco por ciento del universo, el resto es totalmente desconocido, y algo parecido ocurre aquí y ahora, en la vida cotidiana, hay tantas cosas que no comprendemos y que ni siquiera vemos.

 

*La fotografía de Menchu Gutiérrez es de Marc Arias, de ’La Vanguardia’.

HOY, BORRADORES DEDICA UN ESPECIAL A MIGUEL HERNÁNDEZ

El programa Borradores de Aragón Televisión dedica, esta medianoche, a las 0.30, un monográfico a la vida y obra de Miguel Hernández (1910-1942) con motivo de su reciente centenario y de la exposición ‘Hijo de la luz y de la sombra. Imágenes para un poeta’ que se exhibe en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

Joan Manuel Serrat, retratado en el Gran Hotel por Esther Casas.

 

Borradores ofrece una extensa entrevista con Joan Manuel Serrat, donde el cantante explica su pasión por el poeta alicantino, por qué le dedicó dos discos, uno en 1972 y otro en 2010, y cómo solicitó la colaboración de un puñado de cineastas para que animasen sus canciones y la poesía del escritor.

El caballito que aparece en el poema visual de Agustín Sánchez Vidal: ’Las abarcas desiertas’.

Agustín Sánchez Vidal, uno de los grandes expertos hernandianos, acude al plató y analiza la exposición, en la que se rinde un homenaje al cine, y repasa los hitos de la creación del autor ‘El rayo que no cesa’: su aprendizaje, su condición de poeta pastor, su paso por el catolicismo, bajo el influjo de Ramón Sijé, y su transformación en un poeta de exaltado amor y erotismo, y finalmente en un poeta de ideología comunista que aborda temas universales: el hambre, la muerte, la falta de libertad, la pérdida, la paternidad…

El caballito de la muestra, ante el mural de Arantza Pérez de Mezquía.

Además, Ana Marquesán, Arantza Pérez de Mezquía y Paco Simón explican cómo se ha concebido la exposición. Y José Luis García Sánchez, coordinador del trabajo de los cineastas, analiza la aportación cinematográfica y valora la actualidad del poeta que se arrastró por las cárceles del mundo hasta su fallecimiento en 1942, a los 31 años.

La actuación musical corre a cargo de El Silbo Vulnerado, formado por Carmen Orte y Luis Felipe Alegre, que realizaron varios montajes sobre la obra de Miguel Hernández, especialmente ‘Rayo, viento y ausencia’, que recoge tres aspectos claves como el amor y el erotismo, la guerra y la vecindad de la muerte. Luis y Carmen interpretan ‘Aceituneros’ (Andaluces de Jaén) y ‘Sepultura de la imaginación’.

El Silbo Vulnerado en ’Viento, rayo y ausencia’.

UNA HISTORIA SENCILLA

UNA HISTORIA SENCILLA

Amor

 

Anteayer volvía hacia casa bajo una niebla londinense. En la plaza de Aragón me encontré con un viejo amigo, uno de esos seres afectuosos que ignoran el resentimiento y que buscan a cada instante el brillo y la alegría de la felicidad. JMG ha sufrido uno de esos tragos terribles que, a menudo, te obliga a beber la vida: perdió a la mujer de su vida, a la madre de sus dos hijos. Ella había lo había sido todo: la compañera, la luz, el esfuerzo, la delicadeza, la criatura pugnaz que ordena el mundo y sus circunstancias sin estridencia, hasta tal punto que él no recordaba siquiera cuándo se había comprado un pantalón. Siempre lo hacía ella: vivía para él, para los hijos, para su trabajo, para el círculo de amistades, con ese don inefable que poseen muchas mujeres y que les permite multiplicarse a su antojo. A JMG lo que más le desesperaba era no era su propio dolor, el desamparo en el que se había quedado, la perplejidad de tantas noches de silencio, ni la reconstrucción de sí mismo a la que se veía abocado. No era eso. Lo que más le dolía era que ella, su mujer y su esperanza, no pudiese disfrutar de las pequeñas cosas que él ve en su derredor: el afán de los hijos, su buen rendimiento en los estudios, la serenidad y la madurez que han adquirido en medio de la pérdida. JMG me dijo: “Es que todo esto es lo que ha ella había construido, lo que había estado haciendo casi sin que yo me diese cuenta”. JMG, además, es cinéfilo y en una noche como ésta también le habría gustado compartir los Goyas y las risas con ella. Con Esperanza. Andaba yo buscando una historia de San Valentín y me pareció que mi 'distraído' amigo me traía una de las más conmovedoras y sencillas que se pueden contar.

 

*Este texto apareció el domingo en mi sección de Heraldo. Está dedicado a José María Gómez, 'Cuchi', y a su inolvidable compañera Esperanza Martín Tezanos. La foto es de Edouard Boubat. Me parece maravillosa.

POEMAS DE EDUARDO MARTÍNEZ CARNICER; FOTO: GABRIELA HERMAN

El poeta Eduardo Martínez Carnicer me envía algunos de sus poemas inéditos. Martínez Carnicer fue el ganador del premio de poesía de Benasque de 2010. Alterna la poesía y el verso y posee una personalidad acentuada: construye, posee un mundo, y a menudo es trangresor. Reside en Huesca. Las fotos son de Gabriela Herman.

 

Autorretrato de Gabriela.

 

PERFUMES

 

Aperece y desaparece

lejos de mi memoria

como una sirena errante.

Se esconde de mi lujuria

cual pez en celo.

Las páginas que desvela

son cachalotes de hielo

perfumes, pijamas, susurros

vientos del olvido.

La llave se la guarda

la cerradura se abre

en mis pesadillas

en su deseo frío

en países sin mapa

en la verdad de las mentiras.

 

 

VOCES 

 

En  las derrotas dulces

en perder por goleada

está el aprendizaje

el aroma de la vida.

 

Los hay que no aprenden

que se quedan en el patio

que fracasan en el intento.

 

En las derrotas dulces

saboreas la fruta madura

la voz de la experiencia

los dientes de azúcar.

 

 

 

BOLSILLOS

 

El cielo cerrado, los paraguas sin abrir

Un mendigo bosteza en un banco

Los atletas apuran las horas

En el parque una joven habla por el móvil

Imagina que por un día no sonaran los móviles

Imagina que nadie hablara solo por la calle

Dicen los psiquiatras que hablar solo no es de locos

Que sólo por hablar solo no estás loco

Se sabe que la locura se disimula

Un día sin móviles es un día de abstinencia

Un día con las manos en los bolsillos

Un día sin risas de una joven que pasea con el móvil

Un atardecer de primavera con el viento adormecido

Como el mendigo que bosteza en el banco

Con los paraguas cerrados, como los móviles

Un atardecer anodino y cansino

Con la lluvia demorada

De un mayo raro, susurrante

Sin móviles, con las manos en los bolsillos.

 

 

 

 

CRECER

La felicidad es un traje prestado

Una sombra alargada

Una gota para el sediento

La camisa azul y el vaquero desteñido

El bikini rosa de mi memoria

Una mano que se aproxima

Un pinchazo en la rutina

Una caricia a destiempo

Un susurro potente

Un beso inesperado

La página menos leída

La voz que me guía

Manantial de somníferos

Amapola ondulada que crece

Nenúfares

Recuerdos.

 

 

SU DINERO, GRACIAS

Les sienta mal el cajero

A los pobres

A las prisas

¿A los poetas?

Cuando tecleas el Pin

La cámara te vigila

Flotas como un astronauta

Desconfías del pestillo

Los segundos se alargan

Espere, por favor

No olvide su tarjeta

No olvide su dinero

Vuelva cuando quiera

Deseas arrugar los billetes

Te apetece contestarle al cajero

Dejar tu voz donde duermen los mendigos.

 

DIENTES DE AZÚCAR

 

Despierto entre susurros, rodeado de sombras. Las voces que me acompañan proceden del pasado, de un tiempo no vivido. Escenas poliédricas, capítulos por desvelar. En un bosque sinuoso se refleja mi trasunto, los fantasmas que me pueblan. Caricaturas del futuro, esfinges. Prismas sin aristas, esferas irreales, monstruos por descubrir. Destellos de luz en un espacio opresivo. Un niño juega en el patio. Un patio oscuro, la aurora de un día nublado. Una primavera de tormenta, un salón de lámparas fundidas, un beso robado, la estufa apagada, la tele gigante. Dolor de dientes, la anestesia, las pastillas, el flemón, la beldad del dolor. El bosque me espera. La noche está por llegar.     

FERRER LERÍN: CUATRO POEMAS

 

Ofrecemos un frgmento de ‘Hiela sangre’, cuatro poemas de ese libro futuro de Francisco Ferrer Lerín, poeta que ganó el premio de la Crítica con su libro ’Fámulo’ (Tusquets, 2009). Ahora trabaja en este poemario, que también se publicará en Tusquets. Estos poemas han aparecido en la revista ’Suroeste’. Revistas de literaturas ibéricas’ que dirige, desde Badajoz, Antonio Sáez Delgado.

 

VARIA

 

 

 

Hélade fatal, hastiada,

llevas marca de futuro, señal

sobre la piel extendida, sobre la piel

tersa, brava, en el año

capital, cuando naciera el preboste

y aquel clérigo señor, autor

de obra menor

angustiada.

 

Qué común razón, martirio,

una porción de estiaje, campo de proporción,

natural pista de ondas,

electrónica ferial, gas de chimenea, cristo,

salimos a saludar, convencidos

de que el tiempo era este, que la esposa, la industria

del metal, la tarde,

culminaban un hecho

trascendental,

hipogrifo botocudo,

linfa astral.

 

Mostró el vidente las cartas,

laxas, apostilló,

es la harina salpicada, y el viento que hería el rostro, ese Potoc

que no habló, no habló muy alto, habló mal,

especialmente.

Cágney, Merlot, Cannavale,

nombres de amor, pasatiempos

de lo mejor de la finca. Grímbey,

Sesún, Iturralde,

cuánto dolor

dijo Cágney

y sí, mereció morir,

no nos quedaba ya aire

para tal espiritual

locuaz minoico albañal

ese dulce primordial

hojaldrada flor de lis.

 

 

A UN ALMA PRECORDIAL, ASESINADA

 

 

Japonesa

son tantas las cautelas y la previsión

de los hijos que

la escuela de poetas pobres y la lavandería

mecánica

adolecen estos días de crudo invierno

de los más indispensable enseres: aperos,

gasas, alcanfor en rama

y monumentales jaliscos.

 

 

¡Qué sumisión

a las normas establecidas! Guayaberas,

moriscos, hasta un terno fosco capihundido que el maestro

de ayuno

importó de las islas. Amo

en especial

aquellas tardes

de lectura, besos

de carmín a carmín, pintalabios, lápiz

de labios que, en nuestra lengua (tendida al fondo,

pacata)

son varias las acepciones

y las imágenes (hombreras

de plenilunio,

bombera,

pájaro carpintero,

dama de cobalto

en la cuna,

silenciada).

 

THEL 12   

 

El dominio donde reina la arcilla bajo forma de terror, donde

el contumaz gusano -esa gigantesca lombriz lobo- apabulla

el aire oculto, y la sombra del agua como ollar inmarcesible regenera

la voz de Aquel al final de la tarde. Esa cabeza débil

que no soporta ya el peso del fino insecto. Ese insobornable alférez

que fue a ocuparse de los muchos a su cargo. Esa misión:

oler sus ropajes lechosos entre las cuadernas rotas, entre

obra civil de manos sanguinolentas, adscritas 

a miembros activos de razas degeneradas. Sí,

aunque de porte exquisito, desconocen

cuál es la fecha de la composición del poema y no miden

la fugacidad de los jardines sin lápidas, el tamaño

de los frutos del olvido que comen los esclavos. No saben

cuál es el objetivo, no pueden

(sólo restan quince ejemplares del libro iluminado)

castigar a quien magulla los cuerpos seccionados, repiten

el nombre de origen oscuro que no debe mencionarse, llegan

al confín, a la puerta norte, a la imposible extensión

del llanto y la tristeza donde jamás se vertió aceite

sobre ellos, criaturas asociadas a la muerte, llameantes esculturas

de porte hospitalario.  

    

 

FUROR CENSAL

 

Este es el embustero que a veces imita el ladrido del perro.

Este es el rey de la leña podrida y de los huesos de médula atinada.

Esta es la madre de figura capciosa que mece imprecisa la impudente alimaña.

Esta es la mujer de facciones morenas que cruza ligera las colinas cansadas. 

 

 

Son cadáveres dispuestos al alba en atroces posturas,

reptantes longitudes que todo lo envenenan, valles asustados.

Padres convertidos en ogros de antro, septenarios ciegos,

parejas contrarias, visionarios pulcros en arte maduro,

reos aquejados de un rural siseo, cundió la costumbre de negar el uso

de suaves nodrizas, ¡serpientes, no hijos! proclamó el soldado,

taciturno hirsuto, mendigo de hierba que engrasa el ganado. 

 

 

Núbiles obreras, de hábil maleficio, quemaron el lienzo,

vieron al enano que modela el barro, a Cruel, a Guisado,

a Sesenta Inviernos, a las Pestilencia –cuñadas enormes-

y a las Moribundo –primas elocuentes- forzar la sintaxis

que inclusivas hordas –amazonas bulbos-

vierten en el Húmedo. Pasmada montura,

nadar nunca pudo.

 

*Todas las fotografías son de Xavier Miserachs. De algún modo, este espíritu está presente en el libro ’Familias como la mía’, que acaba de presentar el escritor. 

 

PEDRO RODRÍGUEZ ABAJO Y EL GOYA

PEDRO RODRÍGUEZ ABAJO Y EL GOYA

 

EL HOMBRE QUE AMABA LOS MONSTRUOS

Pedro Rodríguez Abajo, un bilbaíno formado en Zaragoza, opta esta noche al Goya de maquillaje y efectos especiales por ‘Balada triste de trompeta’.

 

«Mi trabajo, básicamente, consiste en realizar trucos, ya sea con muñecos, prótesis o cualquier tipo de artilugio, frente a la cámara con el fin de engañar al espectador. Utilizamos todo tipo de materiales. En prótesis para actores, usamos siliconas, espuma de látex, gelatina o resinas dentales; en escultura, hierro, madera, poliuretanos, resinas, barro o plastilina. Y en ’animatrónica’, equipos de radiocontrol, válvulas de aire, etcétera. Muchas veces, en un solo trabajo se puede ver una buena mezcla de todos los productos», dice Pedro Rodríguez Abajo, un bilbaíno que creció y se formó en Zaragoza y que aspira este próximo domingo al Goya de maquillaje y efectos especiales por ’Balada triste de trompeta’, de Álex de la Iglesia. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza y aquí realizó su primera inmersión en el cine.

Pedro Rodríguez pertenece a esa generación de jóvenes que se educaron visualmente con ’La guerra de las galaxias’; aún recuerda cuánto le fascinó el ’making off’ que se emitió por televisión. A la par, con temor y perplejidad, veía los monstruos de la Universal: ’Frankestein’, ’El hombre lobo’ o ’Drácula’, y de ahí pasó al «género de terror contemporáneo: a películas como ’Evil Dead’, ’Reanimator’, las obras de George Romero, Darío Argento o Lucio Fulci. A finales de los 80 y principios de los 90, vacié literalmente todos los estantes de terror y ciencia ficción de los videoclubs de Zaragoza. Ha sido siempre una búsqueda continua».

Pedro se zambulló en el aprendizaje de técnicas y en el estudio y manejo de materiales de manera autodidacta, a través de revistas, libros y de investigación personal. Un día, como quien asiste a una revelación, dijo: «Quiero hacer monstruos». Así lo hizo: el ’hobby’ y la obsesión acabaron convirtiéndose en una profesión. Y no solo eso: Pedro quiso conocer mejor los procesos del cine y también se lanzó a la realización de cortometrajes, que eran «homenajes al cine y a la música que más me gustan: Russ Meyer, Gordon Lewis y, por supuest,o el rocanrol más salvaje. A mí me gusta el ’gore’ por el humor salvaje que conlleva. Me parece muy sano reírse absolutamente de todo y con todo. Hasta de lo más atroz».

Dispuesto a emprender la aventura en serio, se marchó a Madrid, trabajó de dependiente de un sex shop de sadomasoquismo, «por pura supervivencia», y un día recibió la llamada de Miguel Ángel Lamata para su debú en el cine con ’Una de zombis’. «Fue una experiencia estupenda y muy loca. Mi primera experiencia, y le estaré eternamente agradecido a Miguel Ángel por confiar en mí. Así pude empezar a darme a conocer».

En estas apareció Álex de la Iglesia. «Yo ya era muy fan de ’Acción mutante’ y ’El día de la bestia’ antes de conocerlo. Es de los pocos directores que en España apostó desde el principio por hacer un tipo de cine sin complejos respecto a la industria de fuera. Además es un gran fan, como yo, de ’La matanza de Texas’, y es un gran tipo». ’Balada triste de trompeta’, que opta a 15 premios Goyas, es algo especial en la carrera de Pedro Rodríguez. En la suya y en la de su socio Javier Hernández.

«Esta película fue brutalmente buena para nosotros, ja, ja. Generalmente, nuestros muñecos o monstruos permanecen un par de segundos o minutos en pantalla, pero aquí hemos podido mostrar los rostros de dos de los personajes principales transformados durante la mitad de la película. Algo muy poco habitual en España. Una gozada. ’Balada triste de trompeta’ es una película brutal y barroca -dice el maquillador-. El primer guión del director en solitario. Es Álex de la Iglesia al doscientos por cien. Muy disfrutable, por lo menos para mí».


Pedro parece no darle demasiada importancia a la nominación para los Goya, aunque la satisfacción debe ir por dentro. «Supongo que la candidatura es una oportunidad de que se conozca nuestro trabajo». Sigue muy vinculado con Zaragoza: «Aparte de tener a mi familia y a un buen puñado de buenos amigos y haber vivido en la ciudad una intensa y evocadora adolescencia, sigo en contacto con un montón de gente de aquí que trabaja en el cine», dice.



Pedro Rodríguez Abajo afirma que su receta de trabajo es sencilla: «Amar profundamente lo que más te gusta y ser consecuente con tus propias obsesiones. Ese es el lema». Ese amor, en su caso, parece llevar implícita una rareza o extravagancia: el consumo de novelas e historias de asesinos en serie... «Sí, viene todo en el mismo ’pack’. De Michael Myers a Manson hay un paso..., desde la barrera de la ficción, por supuesto».

 

 

MIGUEL HERNÁNDEZ, EDUARDO LOZANO Y LUIS DÍEZ: DEL ARTE

Voy a Zaragoza de exposiciones. Quería volver a ver la muestra sobre Miguel Hernández (el lunes grabamos un monográfico sobre el poeta y este proyecto, y el trabajo de El Silbo Vulnerado en 2010): está atestada de gente que se interna en un universo inesperado a través de la sugerencia, de la voz de Serrat, que suena suave, de los poemas visuales de una veintena de realizadores y de la puesta en escena que han concebido Agustín Sánchez Vidal, Paco Simón, Ana Marquesán y Arantza Pérez de Mezquía.

El itinerario de la muestra es esencialmente visual, poético y alegórico: desde el mundo del joven cabrero y ‘La palmera levantina’ hasta el final, ese poema del agua y de la cárcel, al que ha puesto imágenes José Luis Garci. En el recorrido hay de todo: la exuberancia del campo, los volcanes del amor, la presencia del cine, el mundo de las publicaciones, la relación entre cine y literatura; y casi al final ese montaje estupendo del tema que da título al segundo álbum de Serrat: ‘Hijo de la luz y de la sombra’. Hay personas que terminan el recorrido y vuelven a empezar. El espacio posee magia y Serrat, para evitar la contaminación acústica, parece cantar a media voz, como si nos susurrase al oído. Entre otras cosas, merece una atención especial ese tríptico del dolor, de la muerte, de la sangre derramada de Arantxa Pérez de Mezquía, que evoca por momentos el ‘Guernica’, la pintura de Antonio Saura y el arrebato del informalismo.

De ahí me voy a la sala Luzán. Si antes me había encontrado en el Levante con Félix Romeo y Lina Vila y José María Conget (a quien acaba de morírsele su hermana), en esta muestra –‘Naturaleza’ de Eduardo Lozano- me encontré con varios amigos, entre ellos con Pedro Andreu y con el propio pintor. Pepe Cerdá dice en el catálogo: “Eduardo Lozano es un pintor (…) Eduardo es un pintor porque ama la pintura. La ama tanto cuando está pintando como cuando la ve en cuadros de otros pintores de cualquier época”. El texto acaba siendo casi un autorretrato de Pepe Cerdá o un retrato conjunto de afinidades entre Eduardo y él. La muestra tiene cuadros de grandes formatos y una serie muy unitaria de paisajes. He aquí una lección de pintura: una lección de pintura en cuanto a vigor y energía expresiva, en cuanto a materia o sustancia expandida, en cuanto a composición, en cuanto a asunto o argumento mismo del cuadro, una lección de pintura que le exige una y otra vez al espectador que busque la posición idónea para contemplar los destellos, la untuosidad, el trampantojo del óleo.

Eduardo Lozano es un pintor de gesto, un pintor apasionado, un pintor torrencial, aunque luego sabe matizar el lienzo, dotarlo de profundidad y de misterio, vaciarlo en rotundidad y color. Y logra piezas extraordinarias: intensas, rugientes como la selva, majestuosas como las montañas que capta. Eduardo Lozano, por otra parte, es un pintor lírico: un observador de la naturaleza, un andarín de los bosques y de las crestas de las montañas, un pensador del paisaje. Por ello hay que asomarse a esta muestra: es la más importante en la carrera del joven pintor, nacido en Zaragoza en 1975, que tiene una técnica incuestionable: en cierto modo, Eduardo Lozano practica una pintura de vendaval. Enérgica. Bella. Envolvente. Incontenible. Llena de cicatrices, de heridas y de sugerencias.

Y de ahí, tras adquirir un catálogo que no incluye la pieza que más me gusta de la muestra (una especie de río que viaja encajonado entre murallas o umbrías de verdor, y esto es más una adivinación que una certidumbre), me fui al Cuarto Espacio, a ver la exposición de Luis Díez. Un pintor en busca de la consolidación: un pintor un tanto fronterizo que arranca de la ilustración y del cómic y busca su confirmación en la pintura. El proyecto se titua ‘El frío y el gran pez’, y es un trabajo temático sobre ‘Moby Dick’, una novela totalizadora de Herman Melville, que es todo un tratado de la complejidad de vivir, de sentir y de morir. El libro habla de la caza de las ballenas, de la persecución obstinada, de religión, de la búsqueda de uno mismo, y es también un viaje iniciático de Ismael en el Pequod, del capitán Ahab, del lector. Además de la pintura de Luis Díez, con algunas piezas muy bonitas, la muestra concluye con una especie de instalación o de escultura que representa a la ballena blanca en el último cuarto; al lado se ven distintos cuadros iluminados.

La muestra es deudora de las inquietudes de Luis Díez. El cómic, la ilustración, la pintura narrativa, la pintura pop-art en algún momento, la pintura expresionista alemana sobre todo, pero también se percibe con qué empeño ha trabajado Luis Díez, cuánto ha puesto de sí, cómo se ha desvivido, cuánto hay de él, de su misticismo, de sus obsesiones, de su indagación. Quizá algunos cuadros resulten a veces abigarrados, como llenos de cosas y de iconografía, pero se ve siempre el pulso, el talento, la fuerza del artista. Y hay una serie de siete desnudos donde vibran la sensualidad, la magia de los cuerpos y el enigma de la luz.