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Antón Castro

CASTELLÓN EN EL CENTRO DE HISTORIA

Esta tarde, dentro del ciclo Proyectaragon IV, que dirige con entusiasmo y con criterio Vicky Calavia, se proyecta la película ‘Las gallinas de Cervantes’ de Alfredo Castellón Molina, que está basada en un texto de Ramón José Sender. El acto empieza a las 19.30 con un pequeño encuentro con Alfredo, que estará acompañado del crítico, profesor e historiador del cine Pablo Pérez Rubio, y del periodista Antón Castro. Luego se proyectará la película y habrá una posterior mesa redonda. Será en el Centro de Historia. Recupero aquí una entrevista con Alfredo que apareció en mi libro ‘Vidas de cine’ (Ibercaja, BArC, 2004).

 

 

Castellón y Raúl Artigot. 

ALFREDO CASTELLON:

LUIS BUÑUEL ES MI MAESTRO

 

Julio Alejandro, en su casa de la playa, en Jávea, le dijo tras un mes de colaboración en el guión de San Manuel Bueno, mártir: “Que raro eres, hijo mío”. Alfredo Castellón se define a sí mismo como muy tesonero, muy aragonés, capaz de no parar hasta vender lo que sea: un guión, un proyecto teatral, apuntes de Derecho o retales de tela. Este realizador y escritor es un aventurero insaciable: fue pícaro, viajero por Roma y París, contertulio en el Niké, paseante romano junto a María Zambrano, atleta, meritorio con  Michelangelo Antonioni, cineasta surrealista y uno de los hombres claves en series, Estudios 1, documentales y programas de Televisión Española desde 1956, es decir, durante casi 40 años. Hablamos con un empecinado divertido y afectuoso.

-Mi padre, Manuel Castellón, se dedicaba al negocio de las maderas y mi madre, Isabel Molina, a sus labores. La Guerra Civil nos cogió en Barcelona, pero a los pocos meses nos fuimos a Burriana, donde un ingeniero aragonés, amigo de mi padre, OIiden, construía el puerto de la ciudad. Nos instalamos en una masía, a cuya puerta llegaba el mar. Veinte años después de todo aquello, mi madre me dijo que volviese, y entonces el mar ya estaba lejos porque habían cerrado el puerto, y aquella mirada del mar que yo tenía de niño y que tanto había influido en mí sufrió un verdadero trauma. Empecé hablando valenciano. Mi padre trabajaba en el puerto y no lo movilizaron, aunque tanto a él como al ingeniero y a otros amigos los persiguieron y se escondieron en un bosque de naranjos. Los niños les llevábamos comida al naranjal, y cuando presentían el peligro, se ocultaban hacia dentro, bajo un gran montículo de hojas secas. Me acuerdo del primer delfín que llegó muerto a la arena; le hicieron un agujero en la arena y lo enterraron con cal viva. El peligro fue incrementándose durante la Guerra civil: las  fuerzas regulares de Franco entraban y salían libremente  con los moros, hubo muchos fusilamientos, se paralizó el puerto y sucedió algo terrible. Los delfines acudían al griterío de los niños pero un día vimos que se hacían no agujeros sino zanjas muy alargadas y que venían varios camiones que vaciaban sus volquetes en ellas, luego se cubrían con cal viva, pero entonces ya no se enterraban los delfines sino a los hombres muertos o fusilados en la contienda. Esa es mi última imagen de Burriana.

Tras esa visión espeluznante Alfredo Castellón regresó a Zaragoza e ingresó en el colegio  de los Jesuitas. "No aprobé nunca un curso completo. Era muy botarate. Tenía dificultades de todo tipo porque mezclaba el castellano con el valenciano y el catalán", dice. Sin embargo en aquellos días era imposible soñar el paraíso, Alfredo encontró un remedo en la casa de la abuela Ciriaca –todo un personaje, lista, dispuesta; maternal y ardiente-, donde se juntaba toda la familia: hijos, hermanos, sobrinos, nietos. Allí el niño salvaje que había sido en Burriana, entre naranjos, "con todos los pillos del mundo", volvió a serlo con sus primos, bribones y pícaros, en una nueva pillería de clan. "Era muy bonito aquel ambiente para nosotros: vivíamos en comunidad y los primos nos enamorábamos locamente de las primas. Éramos felices a pesar del racionamiento". Al cabo de un año o así, su padre recobró su negocio de maderas y la familia Castellón Molina pudo tener una casa en el barrio de la Paz.

-Nunca fui buen estudiante, pero aprobé la Reválida a la primera. Y gracias a mi afición por el deporte y la montaña adquirí amistades distintas a las del colegio. Ahí están Alberto Portera, Alonso Lej, Barrachina o José Luis López Zubero. En atletismo nos entrenábamos por la noche en la Plaza de los Sitios con sillas en vez de vallas, y los entrenamientos más serios eran en el viejo campo de Torrero. He sido récord de Aragón durante bastante tiempo en 400 metros vallas, en Granada conquisté el record universitario nacional, y también solía participar en relevos de 4 x 100 y 4 x 400. Jugué mucho a baloncesto como alero. Ángel Anadón era entonces jugador y manager del Helios y discutíamos las tácticas y preparábamos los partidos en una de las salitas del Principal con López Zubero, Enrique y Cipriano Octavio y Félez, entre otros. El primer viaje que hicimos al extranjero fue a Pau y París. Éramos el equipo de la Universidad aragonesa y perdimos en París contra la Universidad del Bearn, creo, por un margen de diez puntos, más o menos. La Federación Española de Baloncesto nos criticó desde el diario Marca diciendo que éramos unos inconscientes.

-¿Continuó usted con el atletismo?

-Sí, luego me fui a Madrid a la Escuela de Cine y vivía en el colegio Mayor Cardenal Cisneros. Bajaba a correr con el poema hecho...

-¿Con el poema hecho?¿Qué quiere decir?

-Sí. En el cuarto había escrito un poema, y durante las sesiones de footing lo iba corrigiendo. Solía llevar bolígrafo y papel y me paraba a corregirlo. Al oxigenársete la mente tanto, ese oxígeno que ibas metiendo te suministraba muchas ideas para cambiar el poema y hacerlo más brillante. Esa costumbre la sigo teniendo ahora en que por prescripción facultativa tengo que andar siete kilómetros al día: he vuelto a coger la libreta y el lápiz para tomar notas o apuntar lo que sea.

La vida de Alfredo Castellón es como un scalextric o como una goma: avanza y retrocede por ella, a su antojo, no sabemos nunca con certeza qué estaba haciendo en 1948, dónde vivía en 1951 o cómo era posible que durante siete años consecutivos pasase todos los octubres en París. Sabemos sí que se matriculó en Derecho en la Universidad de Zaragoza, donde destacó por su astucia y la modernidad de sus chuletas y por su buen olfato para los negocios.

-Mi rendimiento, aún sin aprobar todo, fue relativamente bueno. Ahí lo que hice con mi amigo Pepito Pérez Gállego fue vender apuntes y nos convertíamos en unos negociantes hasta octubre. Llegábamos a conseguir hasta 100 pesetas diarias que nos permitían presumir en el café e invitar a los amigos. Con ese dinero nos íbamos a París pero en realidad no llevábamos dinero en el bolsillo sino cosas para vender:  sobre todo retales de tela de traje. Aquí estaban baratísimos y en Francia muy caros. Vendíamos todos los retales en el mismo tren, antes de pasar Canfranc ya era nuestro gran negocio. Cuando salimos con el equipo hicimos lo mismo.

-¿Qué hacían en París?

-Íbamos al teatro y a la Cinemateca. En esa aventura estaban implicados Julio Diamante y Antonio Saura, a veces. Nuestro truco consistía en que comprábamos una entrada y el que accedía al cine, cuando se apagaba la luz, nos abría la puerta de incendios, entrábamos todos y nos sentábamos en el suelo en la primera fila. Al cabo de un instante pasaba la madame que nos decía de malas maneras. "Pasad por la cola, pasad por la cola. Siempre los españoles, siempre los españoles". Allí veíamos el cine más maravilloso del mundo: El viento de Víctor Sjöstrom, películas de Eisenstein y Pudovkin.

-Supongo que entre viaje y viaje; usted seguía estudiando...

-Sí, claro, pero como aquí en Zaragoza el catedrático Herce había puesto muy caro el Mercantil y el Procesal, yo me matriculé en Oviedo. Puedo decir que cuando se enteraron de eso, se matricularon allí no sólo compañeros de mi curso, sino que hubo toda una peregrinación de estudiantes que se alargó durante cinco años más. Luego trasladé mi matrícula a Santiago de Compostela, adonde llegué con el Mercantil de cuarto y quinto suspendido. Había un profesor muy simpático, casi un ángel, que se llamaba don José. Yo había hecho un viaje en autostop desde Roma a Santiago que había durado quince días, alimentándome sólo con pan y queso, pan y chocolate. Me animé a ir a su casa y me recibió su mujer. Le monté un gran show: le conté mi viaje, le dije que sólo comía caldo gallego, que no tenía ni un duro, por eso sería, dije, sería tan importante para mí superar el Mercantil. Salió Don José y me dijo: "Ya veremos qué puedo hacer, pero no suelo aprobar dos cursos en una sola vez”. Me aprobó.

Hemos dicho que la vida de Castellón es como un scalextric. Quizá también pudiéramos decir que es como un chicle, no soporta bien las cronologías. O acaso no las soporte él mismo, narrador infatigable, contador de historias y de sucesos de modo torrencial como El suplicante, adorable parlanchín. Sabemos que a finales de los 40 ingresó en la Escuela de Cine de Madrid...

-Estuve dos años. Por entonces existía un ambiente muy elemental, tanto que cuando quise realizar mi primera película, Jarillo García (y la cito porque acaba de encontrarla el historiador y cineasta Fernando Méndez Leite) la hice en cine mudo, muy influenciado por Cesare Zavattini y el neorrealismo. Por allí andaban Julio Diamante, Ramón Zulaika, Carlos Saura, Juan García Atienza, que ahora se dedica al esoterismo, o Jesús Fernández Santos, el narrador de Cabezas rapadas o Los bravos, que hacía muchos cortos. Realicé varios documentales sobre Velázquez y su mundo. Y al cabo de un tiempo, Luis García Berlanga me dio una carta de recomendación para Michelangelo Antonioni, que iba a rodar Las amigas. Me fui a Roma, a Cinecittá, y trabajé de meritorio...

-Siempre había creído que había ido a Roma a estudiar en la Escuela de Cine...

-Verá. Trabajé con Antonioni, pero se acabó el dinero y el rodaje en exteriores se retrasó bastante. Entré en contacto con el director de la Escuela y me incorporé a ella. Estuve dos cursos. Coincidí, como alumno, con el austríaco Peter Kubelka, que ahora hace cine de vanguardia en Nueva York, y con Gutiérrez Alea, que era de un curso anterior, con el cual he tomado más de un café. Participé en varios documentales con Silvio Maestranzi. Entonces yo ya soñaba con ser cineasta surrealista. Buñuel es mi director ideal, mi maestro. Quisimos hacer un cuento mío, El suplicante, pero no se llegó a hacer. En Roma aprendí mucho de técnicas de montaje (empalmes, trucos, etc.), la señora Rosana me pasaba en la moviola todas las películas mudas. También recuerdo el hambre, que enlazaba con el hambre de nuestra posguerra. Vivía con Kubelka y con Tranto, un pintor vietnamita, en una fonda cerca de Cinecittá que pertenecía a un barrendero llamado Galizzia. Cada vez que volvía con un pedazo de pan a casa, lo primero que me encontraba era el escobón.

-¿Cómo fue su relación con Antonioni?

-Era muy frío pero simpático. La que en realidad se portó muy bien fue la actriz Rosana Podestá, que estaba siempre acompañada de su madre y me invitaba a su casa a tomar el té. Una de mis mejores amistades en Roma fue María Zambrano, a la cual le dediqué más tardes algunos trabajos en vídeo. Yo ya había escrito cosas, había publicado en Blanco y negro ante el estupor de las gentes del Niké, que no veían nada bien a los deportistas, y María me invitó a colaborar en su revista Boteghe oscure, que publicaba en varios idiomas. En aquel número colaboraron Carlos Barral, Gil de Biedma, Claudio Rodríguez y Adlfo Bioy Casares, entre otros. Nos veíamos todos los días; la acompañaba a darle de comer a los gatos y conversábamos en el parque. Tengo maravillosos recuerdos de la autora de Claros del bosque.

De pronto, con 56 años, falleció su padre y Alfredo Castellón regresó para hacerse cargo de su negocio y ayudar a su madre y a sus hermanos Maribel y Antonio, experto en teatro, que fallecería prematuramente. Poco después, iniciaba una nueva travesía: se incorporaba como realizador a TVE en 1956.

-¿Cómo podríamos resumir su presencia en TVE?

-En 1958, durante las fiestas del Pilar emití por primera vez con la Unidad Móvil de televisión, que era inglesa. Emitimos fútbol, los toros y desde la Feria de Muestras, donde hicimos un travelling de 220 metros. He hecho Teatro breve y series tan conocidas como Visto para sentencia, La familia de los Martínez, El último café o Palma y Don Jaime, con José Luis López Vázquez y Elena María Teijeiro, la primera que se realizó. También recuerdo con mucho cariño Las nubes de Aristófanes con Tip y Coll juntos por primera vez. Televisión me dio la oportunidad de hacer teatro, documentales, series, pero al mismo tiempo me mató la ilusión del cine.

--En esos tiempos, usted debió batallar lo suyo con la censura.

--Desde luego. No se trataba sólo de la censura que te imponían, sino de la que te imponías tú. Si dejabas pasar algo te ibas a la calle. Te llamaban y te decían: “Usted nos ha metido un gol o ha pecado de imprevisión”. Te sentías obligado a ser tu propio censor. Algunas censuras me dolieron mucho: el corte de 25 minutos que me hicieron en un programa de una hora sobre Antonio Machado. Y con una novela mía, que se llamaba El príncipe. Se grabó la novela, pero luego borraban la voz de los actores cuando decían príncipe. Era una cosa increíble, una falta total de inteligencia. Me da vergüenza contarlo. Yo vi la novela con lágrimas en los ojos. También la censura literaria me prohibió un prólogo que María Zambrano había escrito para un libro infantil: El más pequeño del bosque.

Y padecí una cruel censura en Platero y yo (1965), basada en el libro de Juan Ramón Jiménez, que es una película incompleta que sufrió cinco cortes y fue declarada no apta para menores. “Pero esta mierda, dijeron, ¿va a ser apta para menores, con esos obreros caminando?”. Había momentos que recordaban al cine ruso. Tuvo una distribución horrible. Estaba interpretada por Simón Martín, cuyo padre era un banquero londinense, al que no sé cuánto dinero le estafaron. Yo tenía la espada de Damocles en mi cabeza, porque había incluso un director para sustituirme, Klimovsky, que había cobrado y todo. Rodamos en Huelva y en la casa de Juan Ramón, y elegimos el punto de vista de la Loca, a la cual le dedica el libro el poeta.

--Sin duda, su película más celebrada es Las gallinas de Cervantes (1987), basada en el cuento homónimo de Ramón José Sender.

-Vine a Zaragoza y descubrí en la librería de Inocencio Ruiz un libro de relatos de Sender en el que venía Las gallinas de Cervantes. Me pareció que allí había un guión; cuando lo presenté, me dijeron que era una patochada. Luché con esa idea y gracias al productor Salvador Agustín, cuya mujer era aragonesa, pudo salir la película adelante. Se rodó en 1987, aunque en medio yo tuve una angina de pecho (igual que le ha ocurrido ahora a Eloy Fernández Clemente, pobrecito, qué generosidad la de esta tierra con seres como él), y recibió el premio Europa en 1988. El surrealismo de la cinta se entendió mejor en Francia que aquí. Es la historia del fugaz matrimonio de Cervantes con una mujer extraña, que tenía la facultad de convertirse en gallina. Es una película de época, transcurre en el siglo XVII., pero yo hacía aparecer a Sender en el principio de la cinta. Está interpretada por Miguel Rellán y Marra Fernández Muro.

--¿Cuáles han sido las constantes de su trabajo, su estética?

-Siempre me ha gustado la ruptura, el automatismo con ideas e inspiración, no el vulgar juego de café. En cine me identifico, además de con Luis Buñuel, con Salvador Dalí, Alejandro Jodorowsky y Kubelka; en el teatro con el absurdo de Tardieu. Ahora mi gran sueño es llevar al cine nuestro guión de San Manuel Bueno, mártir, de Julio Alejandro y mío, quizá lo haga en México con un actor español. Lo escribimos en Javea, junto al mar, y ha sido una de las experiencias más hermosas de mi vida. Julio era un hombre irrepetible.

 

 

SALVADOR ELIZONDO EN ATALANTA

Anoche, cuando llegué a casa, había recibido el libro ‘El mar de iguanas’ (Atalanta) de Salvador Elizondo, un escritor personalísimo, que impartió talleres de ensayo, que era un fumador compulsivo de cigarrillos sin filtro, Delicados, y que era un buen lector de Borges y un admirador incesante de Paul Valery. He repasado esta mañana fragmentos de este libro dividido en cuatro tramos o partes, fascinante su infancia inscrita en ‘Autobiografía atroz’, y fascinantes también sus notas nocturnas para un diario. Hace un instante, me llegué esta nota sobre Salvador Elizondo, del cual hay otras entradas en el blog. ‘Letras Libres’ inició el rescate y edición de muchos de sus textos. Atalanta, el sello de Jacobo Siruela e Inka Martí, remite este dossier.

 

EL MAR DE IGUANAS

Salvador Elizondo (1932-2006) ha sido uno de los escritores más importantes e influyentes de México, no sólo por la calidad y originalidad de su obra, tan amplia en procedimientos, sino por haber sido modelo literario para las nuevas generaciones de escritores de su país. Este libro, que reúne parte de sus mejores páginas, se desarrolla a través de diferentes episodios de su vida. Arranca con las poderosas estampas literarias de su Autobiografía precoz, escrita a los 33 años y que abarca desde sus recuerdos de infancia hasta sus «amores descompuestos» con Silvia y el caótico final de su relación con ella, que constituyen (según dicen) las veinte páginas más malditas de toda la literatura mexicana.

Sigue un cuento magistral sobre las oscuras consecuencias que puede tener la guerra en los niños, fruto de su experiencia en el Colegio Alemán de México. Después, la novela corta Elsinore: retrato nostálgico, irónico y cruel sobre un colegio militar de Estados Unidos en los meses posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial. Octavio Paz dijo de esta obra que es «un libro precioso» en el que se «alían la ligereza y la inteligencia, la gracia y la melancolía».

Cierra el volumen el primer cuaderno inédito de los Noctuarios, que Elizondo designó así por haber sido escritos de noche. Suma de pensamientos, cuentos y vivas descripciones del paso de la vida, en los que hace en un momento mención a un futuro libro de carácter misceláneo que deseaba llamar El mar de iguanas. Este volumen se titula de la misma manera en homenaje a su libro imaginario que, finalmente, ha cumplido su destino al haberse hecho realidad.

Paul Valery era muy admirador por Salvador Elizondo.

Octavio Paz y Jorge Luis Borges, maestros y amigos de Salvador Elizondo, vistos por su esposa Paulina Lavista.

Paulina y Salvador.

 EL AUTOR

    Salvador Elizondo (Ciudad de México, 1932-2006) fue uno de los escritores mexicanos más sorprendentes de la segunda mitad del siglo XX. Su primera novela, Farabeuf o la crónica de un instante (Joaquín Mortiz, 1965) supuso una innovación en la literatura al crear un lenguaje verbal inusual con el principio del montaje cinematográfico y mezclar sus conocimientos del chino y el francés. En ella daba vida al personaje del Dr. Farabeuf, famoso médico francés del siglo XIX, autor de varios tratados de cirugía. Muy bien acogida por la crítica y el público de entonces, la novela le granjeó el premio Xavier Villaurrutia de 1965 y fue traducida a numerosos idiomas. A Farabeuf le siguieron: Narda o el verano (1966), El hipogeo secreto (1968), Cuaderno de escritura (1969), El retrato de Zoe y otras mentiras (1969), El grafógrafo (1972), Miscast (1981), Camera lucida (1983), Elsinore, un cuaderno (1988), Estanquillo (1992), Teoría del infierno (1993), Neocosmos (1999) y Pasado anterior (2007).

Además de articulista, ensayista y traductor de Paul Valéry, Malcolm Lowry y Edgar Allan Poe, entre otros, Elizondo impartió durante veinticinco años diversas cátedras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y fue asesor del Centro Mexicano de Escritores, miembro de la Academia Mexicana de Lengua, profesor emérito en el Colegio Nacional de México y Premio Nacional de Literatura en 1992. Junto con Octavio Paz fundó las revistas Plural y Vuelta.

Murió en Ciudad de México el 29 de marzo de 2006, dejando una obra inédita  de ochenta y tres cuadernos de sus diarios, que abarcan desde su infancia hasta tres días antes de su muerte y que dan la asombrosa suma de treinta y dos mil páginas de escritura ilustrada con dibujos. 

 

LLUCH, M. HERRERO Y LAS FOTOS

Le tengo mucho cariño al Paraninfo, ese gran proyecto de Ricardo Magdalena de cuya muerte se cumple ahora un siglo. Me encanta grabar ahí, y más tras las restauración de Luis Franco y Mariano Pemán. Ayer grabamos allí una entrevista con dos cámaras, para Borradores, a Miguel Herrero, en la biblioteca. Miguel Herrero vino a presentar, diez años después, el libro ‘Aragonesismo austracista’ del conde Juan Amor de Soria, que contiene tres libros y que está prologado por Ernest Lluch. El libro iba a presentarse un 21 de noviembre de 2000 con los mismos protagonistas, pero ese día Lluch –el ex ministro de Sanidad, el economista, el librepensador, el hombre que tenía casa en el País Vasco, un catalán de la estirpe de Pla o Dalí, en cierto modo…- fue asesinado por ETA. Ayer se inauguraba en la Universidad de Zaragoza una cátedra dedicada a Lluch, que era un catalán con conexiones sinceras en Valencia, San Sebastián y Aragón; aquí existe una colección que lleva su nombre centrada en Historiadores económicos de Aragón.

Montaron las cámaras e iluminaron Jorge y Mary la gallega, operadores de cámara, y la realizadora Teresa Lázaro. Ana Catalá se sentó en los sillones para probar las luces y facilitar el ajuste de los encuadres. Miguel Herrero, acompañado por su mujer, por Alfonso Hormigo, por Julia López-Madrazo y Ana Torrens, entre otros, estuvo muy simpático. Conversó primero con Ana Esteban de Heraldo y luego respondió a nuestras preguntas. Por pura casualidad hablamos de fotografía, quizá porque habló un instante con José Miguel Marco, fotógrafo de Heraldo, y nos recordó que su madre, nonagenaria, era una gran amante de la fotografía: tenía en casa miles de fotos que se remontan hasta 1858 y que ella ha hecho cientos, miles de fotos, y que las cuida y las archiva como un auténtico tesoro. Y también nos contó que el gran fotógrafo Leonardo Cantero (1907-1995), de “aquellos de la palangana, clásicos, amigo de Gabriel Cualladó”, era tío suyo. Su obra se colgó en 2008 en el Museo Reina Sofía dentro de la programación de PhotoEspaña.

 

He aquí una selección de fotos de Leonardo Cantero.

 

MAÑANA: JORDI DOCE Y LUISA MIÑANA EN 'ESTE JUEVES, POESÍA'

Escribe Luisa Miñana, poeta y compañera y musa de Fernando Sarría:

 

Si dijera otra cosa, o hiciera como que no me gusta, mentiría... Este jueves, poesía me parece una empresa importantísima -resistente, tenaz, relevante-. Reconozco que el escenario me impone un poco por la seriedad, pero no importa: siempre hay cañas luego.

 

Así que estoy contenta, porque el jueves, 11 de noviembre, a las 19,30 - junto a Jordi Doce (¡menudo privilegio!)- tengo que leer poemas, y habrá un fragmento en bruto de Pop-pins también: la ocasión me parece propicia y adecuada.

 

Así que todos estaremos encantados de que si podéis, queréis, os apetece o etc. nos acompañéis un rato en la Facultad de Filosofía y Letras (Sala de Juntas) de la Universidad de Zaragoza (Campus de San Francisco): calle Pedro Cerbuna, 12.

 

Y me manda tres poemas:

 

ARIADNA, QUE MURIÓ ANTESDEAYER

 

Enormemente llueve. A puñados,

apasionadamente. Llueve con la misma intensidad con que un día,

en nuestro viaje de boda, me amaste bajo el sol implacable

de Creta, sobre la cubierta de aquel transatlántico babélico.

Laberínticamente

llueve al cabo de los años sobre mi rostro de muerta antesdeayer,

Sin hilos, a desgarros, llueve. Hasta lo más profundo

del centro de la tierra donde ya no me amas,

Teseo, pues olvidas con facilidad.

 

LOS COLORES DE ASTARTET

 

 

 

 

La muchacha, muy joven, figura de Astartet y largo cuello donde anudar

los más bellos pañuelos de seda, si pudiera comprárselos, camina por la calle

entre los brazos del chico morenísimo

al compás:

- una sabiduría que sólo corresponde a la naturaleza.

 

 

Astartet, top amarillo y un pantalón naranja

más ceñidos a su cuerpo

que la respiración de él, cuesta abajo por la avenida de Puente Virrey.

Ella, mujer

a la que siglos de lluvia han puesto al descubierto exactamente en este lugar, camina cantándole una canción a su novio, el de siempre. Una canción

alegre. Una canción tan alta

que restaura a brochazos los balcones del barrio, que derriba

el jazz metálico

de la circulación, y que se cuela en forma de deseo entre los tipos sin apellidos que llenan las tiendas a la hora de las últimas compras para la cena.

 

 

Top amarillo y pantalón naranja: serán esos colores por los me ha llamado

la atención. Y no por su alegría,

como hubiera debido.

Y pienso:

¿quién le ha dicho a esta muchacha que no pueda vestir

la túnica de plata de Astartet?

 

 

VENECIA DESPUES DE UNA TORMENTA DE VERANO

 

 

Margarita fumo su cigarrillo, miró a su alrededor- puso su blusa en orden y caminó tan hermosa que él tuvo que esperarla para siempre.

 

Dura la caricia lo que el tramo breve de la sombra al mediodía. Margarita lo sabe: en la estrecha calleja medieval no alcanza el aire sobre los puentes trepa la humedad y florecen los antiguos palacios desollados. Donde cesa la lluvia comienza el horizonte, termina la ciudad -(de nuevo la ciudad), lamida por mil lenguas que el mar devora.

 

Margarita sonríe. Demasiada belleza para el hombre que deja su maleta en consigna, mira a su alrededor y entretiene sus manos en un juego sin fin de cigarrillos. Margarita lo sabe.

 

Es una vieja, vieja película. La belleza de ahora fue en otra historia de otra forma contada tan sólo ostentación que el tiempo melancólico y estúpido desgasta y enaltece. Vestida como un escaparate Margarita sonríe. Margarita lo sabe.

 

*Los fotos son de Josef Sudek.

MORATHA & ASÍN EN EL PILAR

MORATHA & ASÍN EN EL PILAR

Hola, soy Moratha: os escribo para informaros de mi próximo álbum que esta a puntico de salir.



PILAR ULTIMATE
Guioón: Jorge Asín
Dibujos: Moratha
Prólogo: Javier Coronas

Publicado por Editorial Cornoque
68 páginas/color
Lanzamiento en Diciembre de 2010



En el año 2030 el mundo se conmociona al descubrir que las bombas que se guardan desde la guerra civil en la Basílica del Pilar de Zaragoza, se han activado misteriosamente.

A partir de ese momento comienza una auténtica odisea contrarreloj, en la que se descubrirá que la Historia no es como nos la contaron, entrando en juego otras galaxias, monstruos y alienígenas de los que sólo nos puede salvar un policía con muy pocas luces… o un milagro.



Mas información en www.asociacionmalavida.com

EL ÁLBUM ILUSTRADO, MESA REDONDA HOY EN LA BIBLIOTECA DE ARAGÓN

 

Esta tarde, a las 19.00, en la Biblioteca de Aragón, dentro del I Foro de Literatura Infantil y Juvenil que organiza María Dolores Tolosa y la Asociación de Escritores habrá una mesa redonda en torno a la narración oral y el álbum ilustrado. Participaremos: Ana González Lartitegui, ilustradora y protagonista de un bello álbum ‘Carta de la señora González’ de Sergio Lairla y A. G. Lartitegui, David González, editor de Nalway, y Antón Castro, autor de dos textos para álbumes: ‘Jorge y las sirenas’ y ‘Las Grutas de Crisal / Puente de la Fonseca’, ilustrados por Alberto Aragón.

ÁNGEL PASCUAL EN A DEL ARTE

ÁNGEL PASCUAL EN A DEL ARTE

ÁNGEL PASCUAL RODRIGO

 

destellos en la noche  --  sombras en el día

 

Galería A del Arte

Del miércoles 10 de noviembre al 30 de diciembre

 



Ángel Pascual Rodrigo nació el año 1951 en Mallén. Vivió en Zaragoza y Montmesa hasta 1982, año en que trasladó su vivienda y estudio a Campanet, Mallorca.



En 1970 formó con su hermano Vicente un equipo de creación plástica, al que en 1974 dieron el nombre de La Hermandad Pictórica Aragonesa; realizando numerosas exposiciones, instalaciones y proyectos.  A partir de la disolución del equipo en 1989 ambos hermanos continuaron su labor en solitario.



A mediados de los 70 causó sorpresa que él y su hermano decidieran modificar su línea —claramente vanguardista y política— hacia un paisajismo simbolista.  Fue antes de que ellos mismos conocieran la obra de Caspar David Friedrich y se produjera su valoración generalizada.  El tiempo ha confirmado la singular contemporaneidad de aquella determinación.

 

Ha expuesto su obra en más de 100 exposiciones individuales en todo el mundo: Londres, Ammán, París, Roma, Berlín, Atenas, Moscú, Nueva York, Chicago, Basilea, Washington… y en las principales ciudades españolas: Madrid, Barcelona, Zaragoza, Santander, Pamplona, Granada, Oviedo, Valladolid, Vitoria, Huesca, Teruel…



La fugacidad y la permanencia del instante constituyen los temas medulares en la obra de Ángel Pascual Rodrigo.  Las obras que conforman esta exposición siguen manteniendo una actitud contemplativa, alejada de pretensiones y grandilocuencias que desvirtúen su coherencia.  Las metáforas que se plantean van de lo cercano a lo lejano y toca al espectador descubrirlas.

 *Este texto pertenece a la promoción de la muestra de A del Arte, que dirigen Mariano y Montse.

 

 

BORRADORES: PECKER, CÓMIC, MAENZA, MARÍN BAGÜÉS...

 

[Borradores. Plató: Jesús Moreno, arquitecto y editor de Sins Entido, y Graciela de Torres y David López, ‘Maenza redivivo’ en cómic. Reportajes: Francisco Marín Bagüés en Cajalón, visto por su comisario Manuel García Guatas y visto por cuatro artistas: Jorge Gay, Eduardo Laborda, Pepe Cerdá y María Buil; Nieves Herrero y ‘Corazón indio’, y Julián Rodríguez, textos breves y trayectoria de Periférica. Actuación musical: Pecker, con dos temas de ‘Grandes éxitos de un hombre invisible’. Aragón Televisión a las 0.45]

 

La obra pictórica de Francisco Marín Bagüés y el cómic protagonizan el programa ‘Borradores’ de mañana. El comisario de la muestra, que se exhibe en Cajalón, del gran pintor aragonés, Manuel García Guatas, analiza la trayectoria de un artista que realizó bodegones, paisajes y retratos con una pintura muy personal. Y cuatro artistas contemporáneos –Jorge Gay, Pepe Cerdá, María Buil y Eduardo Laborda- analizan su trayectoria y comentan un cuadro de este artista, nacido en Leciñena en 1879 y fallecido en Zaragoza en 1961, que realizó obras tan personales como ‘Las tres edades’, ‘El pan bendito’ o ‘Carrera de pollos’.

Visitan el plató la realizadora Graciela de Torres y el dibujante de cómic David López, que acaban de firmar el tebeo ‘Antonio Maenza, redivivo’. David López, además, es autor de numerosos cómics de personajes de Marvel o de Catwoman, entre otros. El arquitecto, diseñador y editor Jesús Moreno habla de sus trabajos en exposiciones sobre Rembrandt, Renoir, Goya e Italia o Matisse y aborda la línea editorial de Sins Entido, centrada en el mundo de la novela gráfica.

Además, se ofrecen dos entrevistas más sobre la tercera novela de Nieves Herrero, ‘Corazón indio’ (Espasa), donde cuenta la historia de un joven de 17 años que sufre un terrible accidente y le trasplantan el corazón de un indio. Y Julián Rodríguez habla de sus últimos libros: ‘Tríptico’ y ‘Santos que yo no te pinte’ (Errata Naturae), y de las apuestas de su editorial Periférica, donde ha publicado al recién fallecido escritor argentino Fogwill.

La actuación musical corre a cargo de Pecker, tal como firma el compositor e intérprete oscense Raúl Usieto. Canta dos temas de su último disco, ‘Grandes éxitos de un hombre invisible’, y habla de sus viajes por Estados Unidos y de las características de su personal trabajo, editado también en Latinoamérica.

 

*Fotos: ’Carrera de pollos’ de Francisco Marín Bagüés, Pecker, un autorretrato de Renoir en el Prado, exposición que ha diseñado Jesús Moreno, y una de las ilustraciones de David López. Ella es Graciela de Torres Olson.

**Borradores se emite esta noche, del martes al miércoles, por Aragón Televisión a partir de las 0.45.