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Antón Castro

ALFREDO CASTELLÓN: DOS TEXTOS

La profesora María Rosa Burillo me envía estos dos textos de Alfredo Castellón Molina, el realizador de televisión, guionista y director de películas como ‘Platero y yo’ o ‘Las gallinas de Cervantes’. Alfredo trabaja en este momento en varios libros de relatos, de aforismos y de teatro. Algunos de ellos verán pronto la luz, entre ellos ‘El ruido de la memoria’, un libro de cuentos y microcuentos que publicará en el sello Eclipsados el poeta y editor Ignacio Escuín Borao.

 

 

CRISIS

 

Los intentos en el siglo XX por aliviar la opresión del dinero, fueron inútiles y ahora nos encontramos con un Wall Street manipulador y arbitrario. Sus marionetas, que cada vez se parecen más a nosotros, no paran de reír y reír con los argumentos que representan: manipulación, mordaza, resignación, chanchullo, celestinaje, hambre. Por cierto, este último es el que más les hace reír. Ah, malvados barrigones, que los gusanos abran vuestros sepulcros y nos enseñen la última maledicencia.

 

 

COLEGIO

 

Entre clase y clase los maestros jesuitas paseaban por el patio, cara contra cara, arriba y abajo, arriba y abajo. En la mano la varita de fresno con la que enderezaban los culitos de sus parroquianos. “Niño malo: lo castigaré”.

 

 

Las tres fotos son de Walker Evans.

A BICI DE MANUEL PEREIRA

A BICI DE MANUEL PEREIRA

O poeta e narrador galego, afincado en Madrid, Manuel Pereira envíame esta bicicleta de deseño.

 

Manuel ten unha vinculación especial con Zaragoza, onde morou algúns anos. Aquí conserva estupendos amigos.

ORDOVÁS EN EL TIRRENO

ORDOVÁS EN EL TIRRENO

PEDALEAMOS hacia el Tirreno. Ellas, unos metros por delante. Se detiene a fotografiar las vacas, los caballos, las balas de paja. Carla piensa en imágenes, en encuadres, y yo en las imágenes sólo veo palabras. Pedaleo sin poder despegar la vista de su espalda, de sus piernas. Y la bicicleta con alas de mi memoria me lleva hasta la carretera de mi pueblo, en la que, una mañana de verano como ésta de hace muchos años, me crucé con una chica que también había salido a pedalear. No llevaba encima nada más que una camiseta, larga como un vestido y generosamente abierta por las mangas: sus pequeños pechos como frutas verdes, apenas enveradas.

 

*Este es un fragmento ciclista del diario de Julio José Ordovás ’En medio de todo’ (Eclipsados), que abarca los años 2007, 2008 y 2009. La foto, más simpática que adecuada al texto de Julio, es de Cristina García Rodero.

PEDRO ZAPATER Y EVA MARIE SAINT

 

Pedro Zapater, en su blog de Heraldo de Aragón, Agitado no revuelto, rinde homenaje hoy a una de mis actrices favoritas: Eva Marie Saint, aquella joven que seducía a Cary Grant en ‘Con la muerte en los talones’. En mi libro ‘El álbum del solitario’ (Destino, 1999) la recordaba. Pedro Zapater, periodista y cinéfilo, escribe este texto: él también pertenece a la cofradía de los enamorados de esta rubia misteriosa.

 

 

SANTA EVA MARIA SAINT

Por Pedro ZAPATER

Hoy, 30 de agosto, se celebra la onomástica de Santa Eva Mártir aunque, en algunos calendarios, también la de Santa Tecla. Sea como fuere, siempre que escucho el nombre de la primera me viene a la memoria la actriz Eva Marie Saint, musa de Hitchcock en ‘Con la muerte en los talones’.

En aquel filme dio la réplica a un excelente Cary Grant, en un reparto en el que figuraban otros grandes actores como James Mason y Martin Landau. Sin duda, fue la época dorada de Eva Marie en Hollywood. Continuaron sus éxitos cinematográficos en la década de los 60 hasta que, ya en los 70, dedicó su carrera, casi exclusivamente, a interpretar papeles para televisión.

Hasta la fecha ha seguido en activo; también en la gran pantalla. Su última aparición cinematográfica fue en ‘Superman Returns’ (2006), de Brian Singer. Actualmente, Eva Maríe, de 86 años vive no ha vuelto a ponerse hante las cámaras pero, quién sabe, no sería extraño verla de nuevo en acción. Para muchos es una pena que dedicara su carrera a la televisión después de ganar un Oscar por la ‘La Ley del silencio’ y de figurar en algunas películas tan significativas como ‘Exodo’, ‘Con la muerte en los talones’, ‘Gran Prix’ o ‘Que vienen lo rusos’.

En cualquier caso, siempre ha sido una actriz doblemente admirada por su talento y su belleza, una combinación con la que la actriz impregnaba a sus personajes, dándoles un halo misterioso y dulce al mismo tiempo. Muchos hombres se enamoraron de ella cuando vieron el filme de Hitchcock, y muchos nos enamoramos también, aun siendo chiquillos, cuando vimos la película por primera vez. Y ese recuerdo, fugaz y preciso, vuelve siempre que suena su nombre.

Congrats, Eva Marie!

 

 

G. FATÁS: CUMPLESIGLOS DE ARAGÓN, 1

El mirador - En el año 2010 están olvidados, o casi, hechos de la historia de Aragón que merecerían conmemoración al cumplirse sus centenarios o sesquicentenarios. HERALDO recuerda algunos a sus lectores en esta serie de seis artículos

 

Por Guillermo FATÁS*

Cumplesiglos de Aragón - I

CRISTIANOS, musulmanes, comerciantes y guardias protagonizan la entrega de hoy.

 

Claustro de la catedral de Roda de Isábena.

1010. Un templo milenario

En otras partes de España se han conmemorado milenarios más o menos inventados. Aragón, cuyo nombre se conoce ya en el siglo IX, podría haber recordado los mil años , como poco, de la que fue catedral de Roda de Isábena, dedicada a san Vicente, mártir nacido en tierras hoy aragonesas, pues consta que el edificio estaba ya en construcción en el año 1010. El templo tiene el valor añadido de ser, además, la cátedra de la que surgió en 1149 el obispado de Lérida. La primera iglesia de Roda, consagrada en el 957,  fue destruida por el hijo del caudillo islámico Almanzor, poco después del año 1000. El milenario debiera haber suscitado en el Gobierno y en la Iglesia de Aragón algún gesto. Pero, si lo ha habido, ha sido tan sigiloso que ha pasado inadvertido.

 

1110. La ‘yihad’ en Zaragoza

Cuando solo le quedaban ocho años para ser aragonesa, Saraqusta pasó de unas manos islámicas a otras. Sobre Alandalús cayó la oleada de una milicias religiosas muy combativas: los ‘almurábitun’ o ‘ermitaños’, fanáticos guerreros que, el 31 de mayo de 1110, se adueñaron de la capital del Ebro. No pasaría de aquí su vasto imperio afroeuropeo, nacido en tierras de Mauritania y Malí con capital en la actual Tegdauat. Un caudillo duro y austero, Yusuf ibn Tasufín, el fundador de Marrakech, venció al rey Alfonso VI de León en 1086. Varias taifas (Sevilla, Granada, la Valencia del Cid, Jaén, Denia, Murcia, Albarracín) se plegaron al empuje yihadista, así como la Lisboa cristiana.

Avempace visto y soñado por Cano.

Zaragoza fue tomada por Alí ibn Yusuf, hijo de Tasufín. Ocho años más duró el poder musulmán en la futura capital de Aragón. El último gobernador almorávide tuvo como mano derecha entre 1115 y 1117 al sabio saraqustí Abu Bakr ibn Bayyah, el famoso Avempace, uno de los mejores talentos de la historia del islam.

 

1210. Sin moverse del sitio

Hace ocho siglos que está en el mismo lugar, con permiso del rey Pedro II de Aragón, llamado el Católico (aunque murió luchando contra el papa). Contra viento y marea y con diversas apariencias, allí sigue. Lo singular es que los actuales comerciantes hacen lo mismo que sus antecesores: ofrecer mercancía de todas clases a la población. Antaño, las especialidades ocupaban puestos contiguos en la plaza, según oficios. Hoy, el Mercado no es sólo el edificio de 1903,  tan bien trazado por Félix Navarro y especializado en alimentos, sino todo su alrededor. Esto es, lo mismo que antiguamente. Que sea por muchos años.

 

1260. Policía aragonesa

También se cumplen tres cuartos de milenio de un suceso político muy interesante: Zaragoza, Huesca, Teruel, Barbastro, Jaca, Calatayud y Daroca formaron una “hermandad” para luchar contra el bandolerismo aunando fuerzas. Ahora que andamos viendo si conviene o no ampliar la envergadura de la Policía autonómica, este es un interesante antecedente de policía aragonesa conjunta.

 

En 2010 cumplen siglos la catedral de Roda, la Saraqusta almorávide, el Mercado de Zaragoza y una especie de Policía aragonesa medieval.

*Guillermo Fatás, catedrático de Historia y muchas cosas más, está publicando en Heraldo de Aragón, que dirigió durante más de una década, esta serie sobre importantes efemérides y hechos que debieran celebrarse en 2010.

KOUDELKA: UN ÁNGEL EN BICICLETA

El ángel niño de Josef Koudelka pasea en bicicleta entre los caballos. Se titula Carnaval em Olomouc (Checoslováquia), 1968.

JAVIER EGEA EN BARTLEBY

Recibo este correo de Pepo Paz, editor de Bartleby, en el que anuncia uno de sus libros del otoño, una gran apuesta: la poesía de Javier Egea. Manuel Rico, poeta y narrador, analiza la trayectoria del escritor en su blog.

 “Bartleby Poesía publicará este otoño el primer volumen de la Obra completa (poesía y prosa) del malogrado poeta granadino Javier Egea.

Este primer volumen contendrá toda la poesía publicada (ordenada cronológicamente según el momento de su escritura) y estamos convencidos de que se trata de uno de los acontecimientos poéticos de este otoño”.

 

EL POETA ‘EN ARMAS CONTRA LA SOLEDAD’:

JAVIER EGEA VUELVE EL PRÓXIMO AÑO

 

Por  Manuel RICO. De su blog Manuelrico.blogspot.com

Paso una parte de mis vacaciones en un rincón del valle del Lozoya, en plena sierra del Guadarrama. Siempre, en esta época, me acompañan dos o tres libros para las horas de lectura (más escasas de lo que uno proyectó antes de iniciar el descanso) y trabajo literario pendiente. En esta ocasión han venido conmigo Nocturno de Chile, de Bolaño, inacabada lectura de los días del terremoto en el país andino y del frustrado Congreso de la Lengua de Valparaíso, Caballo en el umbral, la maravillosa antología póstuma de José Viñals recién editada por Editora Regional de Extremadura y al cuidado Andrés Fisher y Benito del Pliego, y una pequeña joya narrativa, editada por Rey Lear, titulada De la vida de un inútil, del poeta alemán Joseph von Eichendorff.

 

El trabajo literario (que realizo con el ruido de fondo de las primarias en el socialismo madrileño) es una introducción a la poesía completa publicada de Javier Egea, el poeta granadino, coprotagonista, con Álvaro Salvador y Luis García Montero, del manifiesto de 1983 La otra sentimentalidad,  que, hace 11 años, decidió decirle adiós a la vida. Ni que decir tiene que la relectura de todos sus libros, la indagación en las críticas que fueron apareciendo en distintos medios desde los remotos años 70 y la lectura de las entrevistas a las que respondió, además de los diversos trabajos que distintos especialistas han ido publicando, me han llevado un tiempo notable (que también ha reducido las posibilidades de lectura de los libros antes mencionados) a la vez que han supuesto una experiencia apasionante.

Javier Egea y Juan de Loxa.


Javier Egea vuelve en otoño. De la mano, el aliento y el impulso de Bartleby Editores, gracias al esfuerzo y la tenacidad de José Luis Alcántara, Helena Capetillo y Juan Antonio Hernández y otros amigos cercanos. Vuelve el poeta extraño, casi borrado de los mapas poéticos en la década de los noventa, el poeta que se forjó, cultural y sentimentalmente, en la Granada de los últimos años de la dictadura y en los primeros de la transición, el poeta del amor agrietado y de los bares últimos, de la infinita soledad y de la renuncia a la clase acomodada a la que, por origen, pertenecía. Javier Egea se suicidó en 1999, a la edad de 47 años, y dejó una estela de lectores, de incomprensiones y de textos no publicados que, hoy, demandan justicia. Y  la única justicia que cabe hacer a los grandes poetas es la que consiste en situar su obra en el lugar que le corresponde en el universo al que perteneció y en condiciones de ser leída, gustada y valorada por las nuevas generaciones.

No tuve la fortuna de conocerlo, aunque desde que leí, por primera vez, sus poemas, supe que entre él y yo había en territorio de inquietudes comunes. Nacimos en el mismo año, en 1952. Él en Granada y yo en Madrid. Fuimos marcados por los mismos mitos y acontecimientos que gravitaron sobre nuestra generación. El asesinato de J. F. Kennedy, la muerte de Marylin, la llegada del hombre a la luna, la lucha contra la dictadura cuando éramos infinita e insultantemente jóvenes, la transición, con sus luces y sus sombras, la crisis del partido comunista, el descubrimiento del amor, y de la poesía, y de la literatura y de la música, y el cine neorrealista italiano y la escritura de Pavese, de Pasolini, y antes. la poesía de Bécquer, de Antonio Machado, de los poetas del 50, quizá Blas de Otero (que si estuvo en Granada).

 

Él vivió el impacto de tales acontecimientos, cuando todavía era "Quisquete", en la Granada bulliciosa e irreverente de un tiempo en el que todo podía soñarse porque todo se creía realizable, yo en el Madrid de extrarradio y de luchas ciudadanas y sindicales y culturales. Yo tenía difusas noticias de aquella Granada, en la que convivían revistas como Tragaluz (donde Javier publicó su primer poema en 1970), o Poesía 70, dirigida por Juan de Loxa, o el hervidero de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad con brutales acontecimientos protagonizados por la dictadura (cómo olvidar el asesinato, en 1970, de tres trabajadores de la construcción, una muestra de la represión policial del fascismo que conmovió a toda España), surgió el fermento para una poesía distinta, que se abriría paso en los primeros años ochenta y en la que la subjetividad del poeta no podía sustraerse de la consciencia de la realidad colectiva. Althuser, Gramsci, las elaboraciones teóricas de Juan Carlos Rodríguez, más tarde (y polémicas aparte) García Montero, o Álvaro Salvador, o Jiménez Millán, o el encuentro con los poetas y narradores vivos de la Generación del 50 en la Universidad (¿fue en 1986?), encuentro que dio lugar a un monográfico imprescindible de Olvidos de Granada


Javier Egea surgió de ahí. De esa tolva de acontecimientos y experiencias personales y colectivas. Y se hizo poeta de la soledad (a veces acompañada, a veces soledad a secas), se convirtió en el poeta que nos hablaba (nos habla) del amor nacido en habitaciones de una hora en alguna pensión perdida al final de una calle que lleva al descampado, el poeta que nos familiarizó con el Paseo de los Tristes o con los atardeceres que conducían a sórdidas noches de alcohol y desamor, con la soledad del mar y con las decepciones colectivas. Un poeta que se sobrepone al paso del tiempo, al anecdotario en que, a veces, se ha querido convertir su biografía. Un poeta que transita las décadas de los 80 y de los 90 en una marginalidad extraña, curtido en la sentimentalidad que siempre nos ha emocionado y, a la vez, en una sentimentalidad otra. Es el poeta que, hoy, cuando estamos a punto de enfilar la segunda década del siglo XXI, nos seduce y nos conmueve, no llena de zozobra y nos invita a releerlo para encontrar significados ocultos, nuevas realidades imprevistas en cada uno de sus versos.

Hace algunos años, tuve la satisfacción de escribir una amplia crítica para Babelia sobre la antología homenaje que editó DVD bajo el título Contra la soledad titulada "Realidad inhóspita y lucidez". Aquella antología fue un rescate limitado e insuficiente. Por eso, ahora, con la edición de su obra completa es preciso ganar la batalla contra el tiempo para el poeta y su obra. Situar su lírica, su trabajo poético, en el campo de la poesía desadjetivada. Cierto que él intentó una poesía “materialista”, una poesía de raiz marxista… Pero el resultado de esa labor, llena de sufrimiento y de esperanzas, de gozo y desolación, es POESÍA CON MAYÚSCULAS: sin adjetivos. Del mismo modo que la calificación de social de la poesía de Blas de Otero o de Pepe Hierro, por ejemplo, la lleva al reductivismo (porque fue social, en efecto, pero por encima de todo fue poesía) y la limita, a mi juicio es preciso recuperar la poesía de Egea en su dimensión más profunda, más perturbadora e inquietante. Situarla al lado de la obra de los grandes poetas en castellano, no acotarla en un espacio limitado. Porque es una poesía que emociona, que conmueve, que conecta a la perfección con la “honda palpitación del espíritu”o con la “palabra en el tiempo” a que se refiriera Antonio Machado.

 

 

La poesía de Egea se diferenció de la de sus compañeros de la “otra sentimentalidad” no por el anecdotario de su biografía, ni siquiera porque él, como ciudadano, se mantuvo siempre en una actitud de insumisión y rebeldía, de comunista insobornable (y decepcionado, todo hay que decirlo, del mundo literario no sólo granadino), sino porque supo combinar, en sus poemas, realidad e irracionalidad, claridad y oscuridad, emoción e incertidumbre, amor y desamor, vida y muerte. Hizo una poesía de la complejidad, que no rehuyó el apunte surrealista o la veta visionaria pese a contar con un eje vertebral esencialmente realista. Un libro como Troppo Mare, o gran parte de los poemas de Raro de luna, son inclasificables desde la óptica de la poesía figurativa. A mi juicio, es poesía total, poliédrica, civil e intimista a la vez. Una poesía perturbadora, extraña, rara, a veces fantasmal y a veces clásica sin parentesco alguno en los poetas que lo acompañaron en su peripecia vital y literaria. Poesía al fin y al cabo. 


Aquí os dejo un poema emblemático de Javier Egea. Es poesía sin adjetivos. Nada menos.

MATERIALISMO ERES TÚ

                                ¿Y tú me lo preguntas?
                                 Gustavo Adolfo Bécquer

Si supiste decirme que no estamos en paz,
si venir a tus labios fue sentir el calor
de un hermoso equipaje para siempre en los hombros.

Si se abrió el horizonte con sus ojos brillantes,
con toda su extrañeza.

Si hay días, raros días
en que cruzas de pronto la calle y me sorprendes
con alguna denuncia inesperada.

Si hay tardes, raras tardes
que me atrevo a contarte
mi pequeña verdad de enamorado,
que me atrevo a tirar por la borda algún jirón
de esta memoria sucia de dominio,
turbia de soledad.

Si hay noches, raras noches
que cuando te descubro
por una de esas calles que llevan al mercado
parece que una estrella, de golpe, me alumbrara.

 

UNA BICICLETA Y UN TESORO

UNA BICICLETA Y UN TESORO

El escritor y fotógrafo Jan Puerta me envía esta foto y esta nota:

 “Desde hace unos años, suelo fotografiar casi todas las bicicletas que se cruzan en mi camino. Entre otras cosas, por la historia que te pueden contar solo con observarlas. Si además se pueden ampliar datos cuando se habla con su propietario o en su ausencia, con alguien que lo conoce, solemos encontrarnos con sorpresas inimaginables en muchos casos.

Te adjunto una bicicleta… La historia de esta fotografía me traslada a Panamá. Cercana la frontera con Costa Rica. En el interior de una de las plantaciones de banana que aun existen donde un niño de ocho años tiene las mismas obligaciones que un adulto, en su dura jornada de trabajo que  cómo mínimo es de doce horas diarias.

Su maltrecha bicicleta es su más preciado tesoro. Representa su libertad”.