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Antón Castro

SANDRA ANDRÉS BELENGUER...

SANDRA ANDRÉS BELENGUER...

¿Cómo ha sido la experiencia de ‘El violín negro’?

 

Desde que comencé a escribirlo hasta verlo editado y en las librerías, la experiencia ha sido realmente enriquecedora. Estoy segura de que a cualquier escritor novel como yo, le habrá sucedido lo mismo y en mi caso al ser mi novela una referencia a la leyenda del Fantasma de la Ópera la sensación ha sido maravillosa. Puedo asegurar que he cumplido un sueño.

 

¿Qué te ha aportado, te ha dado seguridad como escritora?

 

Evidentemente, el hecho de escribir y ser editada, te proporciona poco a poco la experiencia de entrar en este mundillo que por lógica me era desconocido hasta ahora. Es muy gratificante ir sabiendo que lo que has escrito durante meses, los lectores te dan su respaldo con comentarios y reseñas muy positivas, así como que en las librerías te digan que tu libro está siendo muy bien recibido por el público. Todo ello y de una forma casi imperceptible, me va dando fuerza y ánimos para seguir escribiendo y enfrentarme con nuevos proyectos.

 

¿Hasta dónde quieres llegar?

 

Creo que en el ánimo de cualquier escritor está el afán de superación y de intentar mejorar su literatura y sus historias. Éste es también mi caso y quisiera llegar a ser una buena escritora. Siempre trataré de crear historias que agraden a los lectores y que a mí me hubieran gustado leer. Así espero seguir haciéndolo en el futuro.

*La foto la he tomado de aquí: http://alexcampoy.blogspot.com

 

CECILIA DE VAL: FOTOS DE CUENTO

CECILIA DE VAL: FOTOS DE CUENTO


¿Crees que se vive un buen momento en la creación de mujer en Aragón?
 Estoy muy interesada por el arte realizado por mujeres concretamente, me parece muy interesante, yo tengo muchas referencias de artistas mujeres, me fascina su visión, su lenguaje y su estética (Cindy Sherman es una artista de referencia para mí). Aragón efectivamente está viviendo actualmente un buen momento en la creación en manos de mujeres. Ya se puede hablar de un número considerable de artistas de todos los ámbitos (artes plásticas, audiovisuales, música) que están destacando en el panorama artístico nacional, esto es algo que me pone muy contenta pues pienso y deseo que esto vaya creciendo.

 ¿Tiene un significado especial para ti el Día Internacional de la Mujer? 
El Día Internacional de la Mujer, para mí es un día importante pues aunque esto es una lucha de todos los días, representa simbólicamente grandes esfuerzos y sacrificios de muchas mujeres valientes a las que tenemos que agradecer nuestra actual situación. Y también nos recuerda que hay que seguir esa lucha ya que por desgracia todavía existen muchas situaciones injustas.
 
¿Podrías definir tu estética?

Mi estética está influenciada mucho por la pintura, hago una fotografía en la que muy poco hay de casual, medito mucho las imágenes antes de realizarlas y aunque trabajo en series busco que cada imagen hable por sí misma, abordo temáticas como la identidad, la niñez, el miedo, el subconsciente…

BLANCA BK: NOTAS DE ILUSTRACIÓN

BLANCA BK: NOTAS DE ILUSTRACIÓN

¿Cómo ves el panorama de la ilustración y de la creación de mujer en general?
En estos momentos, pese a la crisis, existe un gran movimiento por parte de creadoras e ilustradoras aragonesas a nivel nacional e internacional. Hay mucho talento y mucho nivel. Detrás de cada una hay mucho trabajo, mucho esfuerzo, muchas ganas de enseñar y de compartir el arte de la ilustración, sobre todo en el ámbito infantíl. Afortunadamente cada vez hay más demanda entre los niños.


¿Hay algunos nombres de mujer que te parecen especialmente significativos?
Por supuesto, uno de ellos es la multipremiada Elisa Arguilé que es un gran referente para todas nosotras. Otras grandes artistas aragonesas son Eva Armisén, o Silvia Bautista, quizá menos oídas en la tierra aragonesa pero sí mucho en el terreno nacional. Silvia Bautista, con sus delicados y elegantes collages, publicó el año pasado en Japón, y Teresa de la Cal, cuyo estilo abstracto me inspira muchísimo.

EL CONCIERTO DE EMILIO CAO

EL CONCIERTO DE EMILIO CAO

Escribe desde Granada Manuel H. Mateo,compañero de la Universidad Laboral Crucero Baleares, de la promoción 1973-1978:

“…para mí fue inolvidable aquel concierto de Emilio Cao ¿Me creerás si te digo que precisamente este fin de semana he conseguido escuchar de nuevo ese disco suyo? Yo tuve el LP pero no se volvió a reeditar en Cd y un gran amigo Juan Antonio García Cortes "Pele" lo ha pasado a formato digital y llevo todo el día escuchándolo de nuevo... Me asombro porque sin falar galego (soy de Granada) recuerdo, aún hoy en día, todas las letras del disco, un trabajo seminal en la música folk, no solo de Galiza si no del Folk en la península. No sabes cómo me ha alegrado ver tu comentario precisamente hoy que llevo todo el día tarareando a Emilio Cao”.

**Para Manuel esta foto de Emilio Cao.

GEMA RUPÉREZ, UN DIÁLOGO

GEMA RUPÉREZ, UN DIÁLOGO

¿Tiene algún significado para ti el Día Internacional de la Mujer?

Mujer soy todos los días y así creo que tendría que valorarse. En este día haré lo que más me satisface: pintar. Pienso que el 8 de Marzo sirve para revisar el pasado y reflexionar sobre la situación actual de la mujer y esto me parece muy importante.

 

¿Qué relación estableces entre arte y mujer?

En mi trabajo se reconoce fácilmente, que ha sido ejecutado por una mujer, no es algo que elija, simplemente sale de mí.

El arte precisamente no es un terreno fácil para la condición femenina y aún lo demuestran las estadísticas. Este año pude ver el porcentaje de mujeres en la participación de ARCO y realmente me pareció abrumador. Solo un 7% de artistas españolas en ARCO 2010!!! Creo que son datos muy significativos. Por otro lado cuando empecé la carrera de bellas artes, en las aulas la mujer predominaba, así que no entiendo que ocurre después. Supongo que entre otros, tiene que ver la historia, el mercado y la confianza.

 

*Estos días, Gema Rupérez expone en la galería Pepe Rebollo, con la artista madrileña María Ortega. Hace unos días, el fotógrafo Vicente Almazán pasó por la muestra y le hizo este retrato.

FRAGMENTO DE 'ANDÁBATA'

FRAGMENTO DE 'ANDÁBATA'

 

ANDÁBATA-  OLGA BERNAD

 

FRAGMENTO DEL CAPÍTULO “MARIPOSAS A SUS ÓRDENES”

 

Por Olga BERNAD

Acababa de cumplir trece años y empezaba la primavera. En ese preciso instante, aún no sabía qué cruel es abril. Fue un abril frío, pero yo estaba jugando a baloncesto y tenía calor. El baloncesto es un juego rápido y te envuelve, te hace pensar y, a la vez, no te lo permite. Sigues sin pausa el balón deseado, te enreda la voluntad si sabes entregarte: fuerza y reflejos, aguante y rapidez, engaños, las ágiles cinturas, el salto hacia delante, el lanzamiento y esa gloriosa manera de acertar, el ruido del balón venciendo el hueco de la red y, luego, el breve aplauso que es como una tregua. El balón para el otro y continuar; más lucha, diversiones, enfados, el dolor del cansancio y la alegría del partido. Yo me concentraba tanto que me olvidaba de mí misma. Alguna vez paré y me di cuenta de que el agotamiento estaba a punto de hacerme vomitar, pero nunca le oía acercarse porque siempre jugaba con los cinco sentidos, porque íbamos perdiendo y eso puede cambiarse, porque íbamos ganando y eso es frágil hasta el final.


Llevaba aquellos pantalones de las niñas de antes, los azules de espuma, cortos y ajustados, la camiseta blanquísima, las medias largas hasta la rodilla y las John Smith que me daban suerte. Llevaba el pelo suelto y la sangre alborotada, y el esfuerzo hacía que me ardiesen los ojos y los labios y la punta de los dedos. Tenía mucho calor.


Logré rozar el balón en un pase muy torpe, la mano surca el aire y lo consigue, rompe la voluntad del contrario; toqué la piel rugosa de aquel balón pero no pude atraparlo. El silbido del árbitro sonó a la vez que mi fastidio, y yo corrí a recuperar el balón perdido, lo lancé con rabia contra el suelo antes de devolverlo con un golpe violento hasta la pista. Entonces le miré. Y él me miraba. Me miraba desde hace mucho tiempo, estaba claro. Aquel hombre me miraba de cerca y desde lejos. Me miraba. Era alto y me miraba en silencio, con una calma rara, quieto y callado en el margen de la cancha. Recuerdo la cazadora verde con la cremallera subida hasta arriba, las manos en los bolsillos, la tensión felina que sostenía sus hombros completamente inmóviles. Mirada interceptada. Fue como una exigencia y una súplica, y un ejército de mariposas a sus órdenes se metió en mis pulmones y llegó hasta mi estómago, un golpe de sangre me inundó las mejillas y no tenía nada que ver con el rubor, pero también, y también con un extraño orgullo. El corazón me latió debajo del ombligo. Me incliné ante él, apoyé las manos en las rodillas como una jugadora más, lo que ya no era, y recé por mi aliento.


No sabía entonces que en los breves segundos que pasaron mientras mi respiración se recuperaba y yo volvía a levantar la cabeza, se me estaba escapando la inocencia. Seguí jugando a baloncesto, seguí jugando en las conversaciones de mis amigas a tenerles miedo a ellos, y seguía temiéndoles, pero ya sabía que el deseo se iba a burlar del miedo cualquier tarde y que yo era capaz. Esa mirada llamó a todas las puertas, con su ritmo nuevo de selva antigua aparecida en medio de un campo de baloncesto. Tambores para mí, vibraciones sin ruido, olor de pólvora, y yo con un sabor metálico en la boca de boticaria inquieta que acaba de chuparse un dedo envenenado. Supe lo que quería: quería más. Esa conciencia clara, y la conciencia de que no podía decirlo, me hizo sentir mayor y sucia. Fuerte y débil. La fuerza que nos da lo que aprendemos, la que nos quita una pureza que nunca tiene dos oportunidades en la misma persona.


Después fueron cayendo las miradas de los hombres como la lluvia sobre un campo mojado.

Dejé de jugar a baloncesto, niñas nuevas formaron el equipo del colegio mientras yo paseaba, camino al Instituto, con novios y carpetas. Luego la Facultad y las oficinas y todas esas cosas que nos pasan. Alguna vez le veo caminar por el barrio. Me observa y me recuerda, pues ya nos conocíamos. Pasará los cincuenta. Yo arrastro el peso de mi alma por la acera, acaricio torpemente las llaves del coche. “Hola, guapa”.


Creo que no sabe nada.

 

 

*Olga Bernad, autor ade ‘Caricias perplejas’, acaba de publicar su primera novela. Un día, el traductor, poeta y editor Antonio Rivero Taravillo leyó varios fragmentos del libro. Olga lo concluyó y en muy poco tiempo le ha preparado una bella y elegante edición. Este texto es un fragmento del libro. La foto es de Iosif Badalov.

ALBERTINA AZÓCAR DE CHILE

ALBERTINA AZÓCAR DE CHILE

Un día cayó en mis manos ‘Confieso que he vivido’ de Pablo Neruda. Y me impresionaron su vocación de escritor, una aventura de amor en el pajar, de noche y con una misteriosa mujer madura, y su ir y venir como cónsul. En la Biblioteca de la Universidad Laboral de A Coruña, alguien me descubrió un magnetófono portátil, que te dejaban llevar a casa tres días con un par de discos de vinilo. Miré lo que había y descubrí una grabación de los ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’. Para entonces, Chile ya empezaba a entrarnos en la sangre a través del canto general de Víctor Jara, Quilapayún e Inti Illimani. Neruda era una referencia inexcusable para todos. Y para mí, con su voz lenta y cadenciosa, de inefable melancolía aguardentosa, sería una revelación. Aquel fue un libro y un disco especial, maravilloso, el cántico de la adolescencia con su abanico de fatalidad exagerada. Sonó muchas veces aquella voz, sonaron aquellos versos, mientras caía la lluvia y se enrabietaba el mar. Luego, hallé una correspondencia de Neruda con una mujer estilizada y elegante que se llamaba Albertina, Albertina Azócar, y que inspiró aquellas composiciones. Yo también me enamoré de aquella mujer que paseaba por Valparaíso con la displicencia desdeñosa de un ángel de Giacometti. Aparece una ‘Antología general’ (Alfaguara) de Neruda y la he abierto por uno de aquellos versos que Neruda pronunciaba con su voz arrastrada. Y he vuelto a acordarme de Albertina a caballo con “sus ojos claros como lagos dormidos”, del joven Neftalí Reyes y de tantas palabras arteriales, y de otros nombres: Rolando Mix Toro, José Donoso, Lucho Sepúlveda, Gabriela Mistral, Nicanor Parra, Víctor Jara, Allende, Isla Negra... Todos ellos fueron decisivos para que muchos, muchos, llevemos a este azotado Chile en el corazón.

*Arriba, el manuscrito original de 'Me gustas cuando callas...'

DIÁLOGO CON GRACIELA DE TORRES

DIÁLOGO CON GRACIELA DE TORRES

Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La profesoray realizadora Graciela de Torres (Zaragoza, 1977) habla del cine, de sí misma, de su tiempo y del gran momento del mundo audiovisual en Aragón.

 

 

¿Cómo está el cine dirigido por mujeres?

Todavía resulta extremadamente chocante ver que el cine dirigido por mujeres es una pequeña minoría dentro de un gran sistema. Como ejemplo más ilustrativo tenemos los premios Óscar, donde sólo han obtenido el "Óscar a la mejor película extranjera" dos mujeres, Marleen Gorris (Antonia's line, 1995) y Caroline Link (En algún lugar de África, 2002), y es ahora en 2010 cuando una directora, Kathryn Bigelow (En tierra hostil), parece tener claras posibilidades de conseguir el "Óscar al mejor director". Mejor paradas salen las estadísticas en los Goya, ya que han sido reconocidas como mejores directoras Pilar Miró, Icíar Bollaín e Isabel Coixet, pero aún así, en más de dos décadas de festival, siguen siendo resultados demasiado desproporcionados.

Kathryn Bigellow, directora de En tierra hostil.

A pesar de todo, en el panorama internacional destacan directoras de cine sumamente interesantes, que nos hacen augurar un futuro prometedor para las cineastas; valgan como ejemplo algunos nombres, entre otros muchos, como el de Lucrecia Martel (argentina, de quien estoy deseando ver su próxima producción, El eternauta), Claudia Llosa (peruana, La teta asustada, 2009, nominada también al "Óscar a la mejor película extranjera"),  Courtney Hunt, (estadounidense, Frozen River, 2008), Sophia Coppola (estadounidense, Lost in translation, 2003), Miranda July (estadounidense, Tú, yo y todos los demás, 2005),  Samira Makhmalbaf (iraní, A las cinco de la tarde, 2003), Keren Yedaya (israelí Or, mon trèsor, 2004), Annemarie Jacir (palestina, La sal de este mar, 2008) o la española Isabel Coixet, que también ha destacado en la realización de spots publicitarios.

Claudia Llosa, autora de La teta asustada, en el centro.

Por lo general estas realizadoras crean películas sobre mujeres que expresan su realidad, a veces como reflexión, a veces como denuncia. 

¿Estamos en un buen momento, es distinto a otros? ¿Qué líneas se siguen, qué estéticas son las dominantes?
Donde creo que se está viviendo un gran momento para el cine realizado por mujeres es en la actualidad aragonesa. Tenemos nombres que ya están consolidando una importante trayectoria profesional, de entre los cuales estaría a la cabeza Paula Ortiz, pero también hay otras directoras que se han hecho notar en el panorama nacional como Pilar Palomero, Pilar Gutiérrez, Marta Horno, Irene Bailo, Noemí Lana-Renault, Sonia Llera, Miriam Reyes o Laura Sipán; Vicky Calavia, programadora y activista del cine aragonés también ha dirigido, o María Rubio, que además de realizadora, es directora del O’buxo, festival ya consolidado.

No olvidemos también que las Productoras aragonesas y Aragón Televisión están llenas de grandes mujeres profesionales en la parte técnica del lenguaje audiovisual, donde destacan las realizadoras Teresa Lázaro, Yolanda Liesa, Rocío Ibarra o Irene García.
Contamos además este año con el estreno del "I Festival Aragonés Cine y Mujer", que se celebrará en Andorra (Teruel) en mayo, y la casi inmediata "Muestra Internacional de cine realizado por mujeres", que tiene sede en Zaragoza, Huesca y Teruel, y ya va por su XIII edición.


¿Cuál sería tu propio camino, tu poética de realizadora?

En mi adolescencia, el cine que me sugirió por primera vez una lectura 'activa' de su lenguaje fílmico estaba hecho por mujeres: fueron Jane Champion (neozelandesa, Un ángel en mi mesa, 1990, El piano,1993) y Sally Potter (inglesa, Orlando, 1992) las directoras que me conmocionaron.

Fotograma de Hiroshima, mon amour, de Resnais. Con guión de Duras.


En la actualidad creo que influyen mucho en mí Agnès Varda, por su lenguaje documental o Marguerite Duras, por hacer trascender la relación entre el cine y literatura. Me interesa especialmente el cine experimental, pienso mucho en una de sus precursoras, Maya Deren, así como en una de sus herederas, Peggy Ahwesh, cuya adaptación de Le mort de George Bataille (The Deadman, 1990) me ha impresionado mucho. De entre las experimentalistas españolas, destacaría también mi interés por Laida Lertxundi.


Ahora toca ir a la próxima Muestra de Cine realizado por mujeres donde seguro encontraré nuevas influencias, que empieza, entre otros nombres, con el de la estadounidense Barbara Hammer.