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Antón Castro

1978, ZARAGOZA: FOTO DE VERANO

1978, ZARAGOZA: FOTO DE VERANO

Recibí otra carta de Guillermo López Pérez, de Venta de Baños (Palencia):

 

Cuando acabé en La Coruña fui un año a la Universidad de Alcalá de Henares para hacer Telecomunicaciones. Solo aguanté ese año. Después fui a la mili, donde hice el CIR en Zaragoza (que contradicción, yo fui a la mili y tú huyendo de ella…) y después a Jaca. Acabada la mili, me vine a mi pueblo, Venta de Baños, trabajé en varios sitios y finalmente entré en mi empresa actual, donde llevo 24 años.

 

*Guillermo ha colgado en el blog de la Universidad Laboral de 1973-1978 una foto que yo no recordaba y en la que me ha costado reconocerme. Lo más gracioso es que esa foto está tomada en junio o julio de 1978 en Zaragoza. Meses más tarde, me trasladaría yo a orillas del Ebro. Y no solo eso, Guillermo ha colgado una grabación, con un montaje fotográfico, de uno de mis temas preferidos: ‘Fonte do Araño’ de Emilio Cao.

DOS FOTOS MÁS DE IOSIF BADALOV

DOS FOTOS MÁS DE IOSIF BADALOV

Esta foto -y la del post anterior dedicado a un cuento del escritor de Mallén Santiago Gascón, autor de un personal libro de relatos, ‘Manila’ (Xordica)- pertenece a un deslumbrante fotógrafo ruso Iosif Badalov, del cual he hecho ya otra entrada exhaustiva de fotos.

 

No sé mucho más de él, pero he visto su trabajo y es espléndido, tanto en blanco y negro como en color.

UN CUENTO DE SANTIAGO GASCÓN

UN CUENTO DE SANTIAGO GASCÓN

Para Adela Sluger Bohoslavsky, en su tierra prometida.

 

MOISÉS BOLDSTEIN

Por Santiago GASCÓN

 

 

 

 

Una noche más, Moisés Goldstein ve marchar la corriente del Hudson, como si se tratara de algo más que simple agua, como si no fueran millones de gotas de lluvia, sino un cuerpo oscuro que corre decidido a encontrar la bahía, del mismo modo que las lágrimas han buscado el camino de sus ojos, tantas veces, sin encontrarlo.

Hoy su llanto se ha abierto cauce violentamente. Se desbordó esta mañana en el Café d´Ángello, cuando todas las cadenas de noticias mostraban, una y otra vez, la cara de ese niño aterido de espanto en medio de un tiroteo en Jerusalén. Una bala ha destrozado los sueños, ha disparado las pesadillas contenidas de Moisés y le ha obligado a vomitar en la acera con la misma fuerza que su memoria arrojaba los recuerdos que tan bien había guardado bajo llave. Al descorrer la persiana de su relojería, el vidrio ha vuelto a mostrarle el rostro del miedo y desde ese instante no ha cesado de llorar, de escuchar voces y de ver caras que no quería ver.

 

Moisés Goldstein nunca fue salvado de las aguas, ni llegó a tratar con Dios cara a cara; pero sabe que alguna vez cruzó un océano y que erró durante más de cuarenta años por el desierto de la vida, buscando su tierra de promisión. Su tierra prometida en nada se parece a Canán, ni ha llegado a encontrarla en la próspera América donde se instalaron sus hermanos. Su tierra prometida tiene el candor de la leche y una mirada de miel, su tierra prometida se llama Hanna, a quien una vez, sólo una vez, pudo abrazar y besar.

Él sólo era un muchacho retraído al que se le amontonaban las palabras, un aprendiz de relojero sin horizonte. Comprendió pronto que la vida le había colocado a Hanna demasiado lejos de sus brazos y aún así, nadie se explicó que reuniera coraje para pedirle al viejo Kolberg la mano de su hija menor, ni menos que el padre se tomara en serio sus pretensiones.

Aceptó aguardar cuatro años, en los que se desposaran las cuatro hermanas mayores, en los que tuviera ocasión de prosperar en su negocio para ofrecerle el hogar que merecía. Cuatro años en los que contó los días y las horas con sus minutos en los infinitos relojes que multiplicaban la espera y, cada vez que pensaba en ella, un relámpago le recorría los brazos desatendidos.

Fue en ese tiempo cuando destrozaron las lunas de su comercio, las de cualquier tienda hebrea y le cosieron la estrella de David a su abrigo. Después, fue obligado a mudarse al gueto y no sintió ningún miedo porque, desde su ventana, podía observar, más de cerca, cómo Hanna encendía los atardeceres.

La fecha de su boda se había fijado para el final del Sawot, pero nunca llegó ese día, su sueño saltó en pedazos como estallaron los cristales aquel nueve de noviembre. Entonces sí se alarmó y cuando marchaban en aquel tren atestado de gente muda, pensó que se había detenido el péndulo de sus vidas. Para siempre se detuvo, aunque los relojes del taller se empeñen en seguir andando inútilmente y su cuñada observe, en cada Rosh Hashana, que los años vuelan cada vez más rápidos.

Todo eso lo recuerda, lo que vino después, no. No porque tenga enferma la memoria, sino porque decidió no grabar esas imágenes para poder seguir viviendo.

Hoy, los ojos de un niño palestino le han roto los diques y sus recuerdos han dejado de ser sensaciones sueltas, fotogramas mutilados. Ha vuelto a ver a todos sus parientes con los ojos afiebrados y convertidos en esqueletos vestidos a rayas, escucha a cada momento, los gritos de los militares y los culatazos, el sonido de las armas. Ha comprendido por qué siempre le despierta una bala cruzando la madrugada. Hanna, Hanna, Hanna, ya nunca podrás hablarme. Tiene ante sí otra vez esa pirámide de cadáveres y el humo negro saliendo de las chimeneas. Recuerda, ahora con todo detalle, unos tanques vomitando a aquellos hombres que hablaban ruso y, sobre todo, regresa a las orillas de su memoria, la imagen de haber estrechado entre sus brazos a su tierra prometida, a ese cuerpo de leche y miel que tan sólo era un montón de huesos al que los rusos pretendían dar sepultura.

Pero sabe que todo eso es un mal sueño, una pesadilla insana que quiere volverle loco. El número de su muñeca no es ninguna alucinación, lo lleva marcado en la piel, igual que las reses - AU-3821-M -, por eso ha vestido siempre camisas largas, porque no le gusta que sus clientes se le queden clavados con la mirada humedecida, como si no pudieran ofrecerle nada más que compasión.

No, Moisés no recuerda, nunca ha querido recordar el tiempo de las plagas. Sabe, eso sí, que atravesó el mar, aunque no pueda ofrecer pruebas de si fue en barco o a pie; y que su hermano David y Hëide, su cuñada, se han ocupado de él hasta la fecha, permitiendo que trabaje en el taller y se siente a la mesa cada noche para dar gracias a Dios por el pan.

Sus hermanos descolgaron los espejos de la casa y de la tienda, para que Moisés siga siendo, por siempre ese muchacho taciturno que todavía vive en el gueto atento a espiar los movimientos de Hanna. No hay aparato de televisión, no llegan los periódicos y sólo hablan de temas intrascendentes, porque saben que el tiempo se detuvo, para siempre, en ese ser.

Pero esta mañana Moisés quiso desayunar en D´Ángello, y sus ojos quedaron atrapados en las noticias, en las imágenes de un tiroteo, en una bala que hería para siempre los sueños de un niño, y vomitó en plena calle, y a su conciencia afloraron las más terribles pesadillas, y apenas reunió fuerzas para levantar la persiana y ver a ese anciano de pelo blanco que lloraba frente a él.

 

Moisés Goldstein observa en la oscuridad la masa negra del Hudson, sabe que todas sus lágrimas se fundirán para siempre en el río, lo decidió al ver que la luna del comercio le devolvía la imagen de ese viejo asustado y hubiera deseado que estallaran los cristales, y no esa cosa extraña que se ha roto tan adentro, haciendo que su vida salte en mil pedazos. Hanna, Hanna, Hanna… ya nunca podré besarte.

No está triste, no está más triste que otras noches, siente próximo ese país de leche y miel que se llama Hanna. Confía en que ella, convertida en la hija del faraón, lo rescate de entre los juncos y le entregue las caricias y los besos que la vida le ha robado.

 

EL MUNDO DE IOSIF BADALOV

EL MUNDO DE IOSIF BADALOV

 

Selección de fotos del artista ruso Iosif Badalov.

NERUDA: UN POEMA A TINA MODOTTI

NERUDA: UN POEMA A TINA MODOTTI

Esta mañana repasé un instante la ‘Antología general’ de Pablo Neruda (Alfaguara / RAE y ACLE) y me encontré con este poema que el poeta le dedicó a la modelo, actriz, fotógrafa, enamorada y mujer de acción, Tina Modotti.

 

TINA MODOTTI HA MUERTO

 

Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes:

tal vez tu corazón oye crecer la rosa

de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.

Descansa dulcemente, hermana.



La nueva rosa es tuya, la tierra es tuya:

te has puesto un nuevo traje de semilla profunda

y tu suave silencio se llena de raíces.

No dormirás en vano, hermana.


Puro es tu dulce nombre, pura es tu frágil vida:

De abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma:

De acero, línea, polen, se construyó tu férrea,

tu delgada estructura.




El chacal a la alhaja de tu cuerpo dormido

aún asoma la pluma y el alma ensangrentada

como si tú pudieras, hermana, levantarte,

sonriendo sobre el lodo.



A mi patria te llevo para que no te toquen,

a mi patria de nieve para que a tu pureza

no llegue al asesino, ni el chacal, ni el vendido:

allí estarás tranquila.



¿Oyes un paso, un paso lleno de pasos, algo

grande desde la estepa, desde el Don, desde el frío?

¿Oyes un paso de soldado firme en la nieve?

Hermana, son tus pasos.



Ya pasarán un día por tu pequeña tumba,

antes de que las rosas de ayer se desbaraten,

Ya pasarán a ver los de un día, mañana,

donde está ardiendo tu silencio.



Un mundo marcha al sitio donde tú ibas, hermana,

avanza cada día los cantos de tu boca

en la boca del pueblo glorioso que tú amabas.

Tu corazón era valiente.



En las viejas cocinas de tu patria, en las rutas

polvorientas, algo se dice y pasa,

algo vuelve a la llama de tu dorado pueblo,

algo despierta y canta.



Son los tuyos, hermana: los que hoy te dicen tu nombre,

los que de todas partes, del agua, de la tierra,

con tu nombre otros nombres callamos y decimos,

porque el Fuego no muere.

 

PABLO NERUDA.

México, enero de 1942

Del poemario ‘Tercera residencia’.

JULIA DORADO POR V. ALMAZÁN

JULIA DORADO POR V. ALMAZÁN

Quería fotografiar a la viajera con una sombrilla, no renuncio a ello, y lo he hecho con una silla que en el final es igual.

Julia al cuadrado. Dorado en blanco y negro.

 

Texto y foto: Vicente Almazán.

 

Julia Dorado expone estos días en A del Arte, la galería de Mariano y Montse.

 

'BORRADORES', HOY, A LAS 9.30

'BORRADORES', HOY, A LAS 9.30

Esta mañana, a las 9.30, Aragón Televisión redifunde ‘Borradores’. Ha quedado un programa muy variado y siempre es bonito ver actuar a Gonzalo Alonso, ex Días de Vino y rosas, que toca dos de sus mejores canciones.

 

Actuación: El hombre azul y Gonzalo Alonso

Entrevistas en plató: Ester Fernández Echeverría, sobre Antonio Fernández Molina; Cristina Gil Imaz, sobre Pablo Gargallo

Reportajes: El mundo de Luis Eduardo Aute; la pintura de Asun Valet; Manuel Gutiérrez Aragón, novelista

Secciones: Los elegidos de Borradores: Clint Eastwood, John Lennon, José María Andrés y Enrique Bunbury

 

El hombre azul, liderado por el cantante, compositor y profesor Gonzalo Alonso, interpreta dos temas en Borradores: ‘Vuelo 76480’ y ‘Un día perfecto’. Alonso, cofundador de Días de Vino y Rosas, habla de este grupo de pop rock, de su trabajo al frente del conjunto de flamenco La Querencia, que actuará próximamente en la sala Multiusos, y de su pasión por las bandas sonoras.

 

Visitan el plató Ester Fernández Echeverría y Cristina Gil Imaz. La primera acaba de codirigir el documental ‘Un poeta incómodo’, centrado en la vida, la obra y la importancia del escritor, crítico y artista Antonio Fernández Molina. El documental, de una hora de duración, se presentará próximamente en Alagón y está dividido en tres partes: las tres ciudades en que vivió Fernández Molina, Guadalajara, Palma de Mallorca y Zaragoza. Cristina Gil Imaz presenta unos cuadernos didácticos de dibujos y pegatinas que se han hecho en el Museo Pablo Gargallo, que dirige, para difundir de manera lúdica la obra del gran escultor de Maella. Cristina Gil Imaz explica qué se siente al acudir durante veinte años al encuentro con la obra del artista en el palacio de los Argillo y analiza su propia obra, relacionada con el diseño y las flores.

Además, Borradores visita la exposición de dibujos, pinturas y cine de Luis Eduardo Aute, vinculada con el sexo, el romanticismo y el cuerpo, que se exhibe en el Centro de Historia, donde diez artistas aragoneses rinden homenaje también a sus obsesiones en el proyecto ‘Circo de auteómatas’. La muestra está concebida y organizada por el grupo Artix. Asun Valet, una pintora de inspiración lírica y abstracta, muestra su último trabajo en el Torreón Fortea: ‘Márgenes activos’, un trabajo concienzudo próximo al arte oriental, al mundo de Kandinsky y a la conquista de la belleza a través de una senda minimalista.

El realizador de cine y novelista Manuel Gutiérrez Aragón habla de su novela ‘La vida antes de marzo’ (Anagrama), que ganó el premio Herralde de novela. Gutiérrez Aragón adopta un tono oral, próximo al de ‘Las mil y una noches’, para narrar en un moderno tren que no para nunca el encuentro de dos jóvenes, Martín y Ángel, que cuentan sus vidas, sus relaciones con magrebíes; su peripecia vital, repleta de secretos, desembocan en el terrible atentado terrorista del 11-M. Gutiérrez Aragón explica por qué deja el cine y alude a las películas que cree que quedarán en la memoria del espectador, como ‘Maravillas’.

 

El programa se completa con ‘Los elegidos de Borradores’, dedicados en esta ocasión a dos  biografías de Clint Eastwood y John Lennon, a una novela de Los Sitios de José María Andrés y al disco ‘Las consecuencias’ de Enrique Bunbury.

 

 Borradores. Programas culturales de Aragón Televisión. Noche del martes al miércoles. A las 0.45 horas. Canal Satélite Digital, 97. Imagenio, 182. Redifusión a las 9.30 de hoy sábado.