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Antón Castro

EL FASCINANTE EDOUARD LEVE

EL FASCINANTE EDOUARD LEVE

Estoy un libro diferente, inolvidable, de Edouard Levé: ‘Autorretrato’ (451 editores) cada frase te invita a pensar en otras frases, a recorrer sensaciones de tu propia vida.

 

Dice, por ejemplo:

“En el extranjero, hago cosas que no me atrevo a hacer en mi país porque todo parece ficticio. Desde que escribo a ordenador guardo todo lo que escribo a mano. No sueño con volar. En pleno verano, un día de lluvia me alegra tanto como un día de sol en pleno invierno.

 

(…)

 

En mis épocas de depresión me hago la imagen mental del entierro que sigue a mi suicidio, hay muchos amigos, hay tristeza y belleza, el acontecimiento es tan conmovedor que me entran ganas de vivirlo y, por ende, de vivir. No sé irme de un sitio con naturalidad”

 

Èdouard Levé se suicidó a los 42. Era pintor, escritor y fotógrafo. Ésta es una de sus fotos.

 

CON MONTSERRAT CABALLÉ

CON MONTSERRAT CABALLÉ

Montserrat Caballé se sienta cerca del piano y empieza a desgranar su vida. Detrás se ven distintos paneles del cuerpo humano, rostros, músculos y el aparato respiratorio. Sobre el suelo del escenario de la sala Luis Galve hay colchones y encima de cada uno una pesa. Montserrat disfruta enseñando, enseña a respirar, a modular, oye a los alumnos, está como iluminada ante ellos. La heroína de las heroínas se remansa en el laboratorio de sonidos ajenos. Cada sesión es como un contagio de ciencia de la voz y de la emoción. La misma que le transmitieron a ella Eugenia Kemény y Conchita Badía, que también le alumbró otro camino: el de la curiosidad, el de la búsqueda de partituras olvidadas, el del rescate de piezas enterradas en las bibliotecas o en los archivos. La soprano es una entusiasta de las obras completas de los compositores. Quiere saberlo todo: el anecdotario de cada pieza, los fuegos de inspiración, la armonía íntima de la música. Le apasionan por igual Wagner o los italianos, Verdi, Puccini, Bellini; debutó en Viena hace ahora 50 años. Poco después sucumbió al hechizo de un importante tenor: Bernabé Martí, natural de Villarroya de la Sierra. En ‘Madame Butterfly’, en A Coruña, se intercambiaron un beso nada teatral y allí empezó todo. “Él me llamó pesada. Al principio yo estaba más enamorada que él”, dice. También evoca a Maria Callas, a la que intentaba entender en las distancias cortas y en sus tragedias: la incapacidad de ser madre, el desamor, la soledad. Incluso compartían un dentista inglés, y Callas la designó su sucesora. Y luego asoma Zaragoza: sostiene que en el Auditorio “la música no rebota, fluye, se redondea”. Montserrat Caballé dice que apoya incondicionalmente a la ciudad –“está preciosa. Parece otra”- como capital cultural europea de 2016. Se ofrece: que cuenten con su canto.

HYPATIA: DEL OLVIDO AL MITO

HYPATIA: DEL OLVIDO AL MITO

 película ‘Ágora’ de Alejandro Amenábar dispara las novedades literarias en torno a esta matemática y pensadora neoplatónica que encarna la libertad de pensamiento

 

Hypatia de Alejandría (Alejandría, 355 ó 370-415, d. de C.) no era una desconocida. Había sido considerada una mujer de una sabiduría tan dilatada que superaba “de largo a todos los pensadores” de su tiempo. Vestía con el manto de los filósofos, se abría paso en medio de la multitud y explicaba público el pensamiento de Platón y de Aristóteles. Lideraba la Escuela neoplatónica de Alejandría y era también seguidora de Plotino; frente al misticismo, optaba por la ciencia. Aborrecía la superstición y defendía la tolerancia y la libertad de pensamiento. Era un ejemplo de inteligencia y, según el rétor pagano Damasciano, poseía “el grado más alto de la virtud práctica en el arte de enseñar”.

La calificaban como justa y sabia, y se mantuvo virgen toda la vida, aunque en distintos lugares se recuerda que se casó con Isidoro, el Filósofo. Este es uno de los enigmas de su vida. Uno más, como lo fue su relación con su discípulo Orestes, que fue prefecto imperial de Egipto y discípulo suyo, como lo fue su espantosa muerte, que Carl Sagan narró en ‘Cosmos’; recuerda que una banda de cristianos fanáticos “la sacaron del carruaje, rompieron sus vestidos y, armados con conchas marinas, la desollaron arrancándole la carne de los huesos. Sus restos fueron quemados, sus obras destruidas, su nombre olvidado”.

Otros autores hablaron de Hypatia: Edward Gibbon, Voltaire, Leconte de Le Isle, Charles Kingsley, que la convierte en una heroína erótica con el cuerpo de Afrodita, Hugo Pratt, el poeta Mario Luzi, Umberto Eco, etc. Incluso la fotógrafa Julia Margaret Cameron caracterizó a una modelo con sus supuestos rasgos de belleza. En la pintura el británico Charles William Mitchell la representó en 1885 como una voluptuosa mujer que recuerda a Dalila. En 1900, Mary Anderson la encarnó en el cine. El mejor libro sobre Hypatia lo publicó en 1996 Marie Dzielska, catedrática de la Universidad de Cracovia, del que existe edición en Siruela.

Desde que Alejandro Amenábar anunciase que iba a rodar ‘Ágora’, una superproducción inspirada en su vida que se presentó en Cannes y que se estrenará el 9 de octubre, es raro el mes que no aparece un libro sobre Hipatia: abundan las novelas históricas que mezclan el relato biográfico o el ‘biopic’ puro y duro, la perspectiva psicológica y, sobre todo, una carga de intriga, de conjuras, de pasión y de muertes. Estos días han aparecido casi tres narraciones a la vez: ‘Hipatia de Alejandría’ de Luis de la Luna (Suma de Letras), ‘El sueño de Hipatia’ (Plaza & Janés) de un clásico del género como José Calvo Poyato y ‘Tormenta sobre Alejandría’ (Alfaguara) de Luis Manuel Ruiz, tres novelas que ensalzan la leyenda de la “mujer de cabello incandescente” que gobernó la Biblioteca de la Alejandría; heredó ese cargo de su padre Teón, hasta que fue incendiada, y se formó con sus libros. Los cristianos habían pasado de perseguidores a perseguidos e Hypatia sería la más clara de sus víctimas. De ahí que Alejandro Amenábar diga que su película habla de una mujer que defiende la libertad de pensamiento y la cultura clásica frente cualquier fundamentalismo o fanatismo. Rachel Weisz (Hypatia en la película), recuerda que el cristianismo intolerante yerra; le dice a uno de sus acosadores: “Tu Dios no ha demostrado ser más piadoso que sus predecesores”.

Novelas también son la cuidadosa ‘El jardín de Hipatia’ (Espasa) de Olalla García, ‘La última noche de Hipatia’ (Alamut) de Eduardo Vaquerizo, que incorpora una historia de amor y una fantástica propuesta de salvación, e ‘Hypatia y la eternidad’ (Es Ediciones) de Ramón Galí, que transforma a la heroína en un ser eterno que viaja por la historia y por las mentes de los grandes personajes de la civilización. En la categoría de ensayo figuran, junto al ya citado y elogiado texto de María Dzielska, ‘Hipatia de Alejandría’ (Aladena) de Guillermo Díaz e ‘Hipatia’ (Los libros de la Esfera) de Clara Martínez Maza. Son libros que se acercan a la pensadora, matemática, feminista e inventora del hidrómetro a partir de hechos reales, legados arqueológicos y fuentes clásicas.

Hemos dejado para el final ‘La conjuración de Piscis’ (Styria), la novela de la zaragozana Magdalena Lasala, que ha sido una de las primeras en aparecer y conjuga tres aspectos: la biografía histórica, una parte romántica (Lasala exalta la belleza, la pasión y el conocimiento de su heroína) y una tercera donde se mezclan la aventura, la conspiración, el exilio y la existencia de un secreto vinculado con la Biblioteca del Serapeo, sucesora de la de Alejandría. En todos los libros, Hipatia de Alejandría se halla entre dos polos antagonistas: los cristianos, liderados por Teófilo al principio, y luego por su sobrino Cirilo, que fue el acérrimo enemigo de la sabia pagana y quizá el principal responsable de su muerte, y Orestes, el hombre que pugnó por su amor con mayor intensidad y que intentó salvarla de la horda furiosa que acabó su vida y la paseó desnuda por la ciudad.

*Así caracterizó Julia Margaret Cameron a Hypatia de Alejandría para un retrato.

XOÁN ABELEIRA: UN POEMA

XOÁN ABELEIRA: UN POEMA

MONTE ALTO (O PETROGLIFO INVISIBLE)

 

 XOÁN ABELEIRA

A Manuel Rivas que
(a)prendeu no seu ventre.

As mulleres danzaban
Encadeadas
En rolda

Un século
Dous séculos
Século tras século

Un home a cabalo
Rinchaba
Perante elas

Denantes de elixir
A mellor pra prender
A palla do seu leito

E así un século
Dous séculos
Século tras século

Mulleres
A quecer a amecer
Cun home nun cabalo

Ata que unha daquelas
Égoas incendiarias
Abriu os ollos ás outras

A rolda das irmás
Pechouse sobre si mesma
Anoouse no seu eixo

As trece danzantes
Decapitaron o home
Montaron o cabalo e

Así naceu esta cidade
Así se ergueu iste faro
Así medrou iste monte

NOTA: Segundo aseverou Don Eladio Rodríguez no seu Diccionario Enciclopédico Gallego-Castellano, Tomo III, páx. 125, “a pena dos bicos” ou “o altar dos bicos” (chamada así porque nela pinaban as parellas que crían no poder de fecundidade dos penedos), é unha “roca a flor de tierra que se halla en el punto llamado Punta Herminia, a la derecha de la carretera que conduce a la Torre de Hércules, y que tiene un gran interés por las insculturas que en ella se ven, representando danzas ceremoniosas, en las que intervienen trece mujeres y un solo hombre, a juzgar por las figuras estilizadas de sus grabados”. Nin a tal pena nin o tal petróglifo puideron ser invencións de Don Eladio pois seica no seu día, a principios do século XX, o achado foi grande noticia entre os estudosos e os xornalistas que se fixeron eco dil. Mais o caso é que eu aínda non dei con il nin con persoa ningunha que saiba do seu paradoiro…

Por outra banda, aproveito a publicación diste poema inédito pra invitar a lectores e lectoras ó recital que, dentro do ciclo organizado pola Asociación Cultural Alexandre Bóveda sobre poetas d’A Cruña, daremos o meu amigo Suso Pensado e máis eu, presentados por outros dous amigos e poetas, Miguel Mato e Xulio López Valcárcel. A cita é ás 20.00, na sede da ACAB: Rúa Olmos, 18.

*Este poema, dedicado a Manolo Rivas por Xoán Abeleira, poeta e traductor, aparece hoxe na súa sección ‘Asieu’ nas páxinas de ‘La Voz de Galicia’. La foto es de Minor White.

 

 

BORRADORES, A LAS 23.30: CABALLÉ, SAMPEDRO...

BORRADORES, A LAS 23.30: CABALLÉ, SAMPEDRO...

Actuación musical: María de Félix y Miguel Ángel Tapia, voz y piano

 

Entrevista en plató: El historiador Alberto Bayod, y Tapia y María de Félix

 

Entrevistas: Montserrat Caballé y José Luis Sampedro

 

Reportajes: Rafael Campos, director del Principal, y la exposición USA Today

 

La soprano Montserrat Caballé, que celebra ahora 50 años en la ópera, es una de las invitadas al programa ‘Borradores’ de esta semana. En una entrevista realizada en la sala Galve, habla de sus inicios, de sus visitas al Liceo, de su debú en Viena, de su relación con Bernabé Martí, de la importancia de Zaragoza en su vida y de su apoyo a la candidatura de Zaragoza como capital cultural de 2016.

 

También se ofrece una entrevista con José Luis Sampedro, que participó en un curso de verano en Jaca sobre su obra. Vivió un tiempo en Zaragoza, escribe en Alhama de Aragón, donde se casó con Olga Lucas; repasa aquí sus libros –desde ‘El río que nos lleva’ a ‘La vieja sirena’ o ‘Escribir es vivir’- y habla de su serena mirada ante la muerte.

 

 

La actuación musical corre a cargo del pianista Miguel Ángel Tapia, a su vez director-gerente del Auditorio de Zaragoza, y la soprano María de Félix, que ganó la Beca Montserrat Caballé-Bernabé Martí en 2003 y fue alumna de Mirella Freni. Ahora se traslada a Estados Unidos a estudiar con Ruth Falcón, maestra de canto de Ainhoa Arteta. Tocan tres piezas: ‘O mio babbino caro’ de Puccini, ‘Romanza de la del ramo de rosas’ y una versión, con toques de jazz, de la jota ‘La Magallonera’.

 

 

 

‘Borradores’ recibe en el plató a Alberto Bayod, que ha escrito un impresionante libro ‘La fotografía y su reflejo social, 1860-1940’. Proyectamos un vídeo de sus fotos con ‘Yesterday’ de sonido de fondo.

 

El programa se traslada al teatro Principal. Rafael Campos, su director y a la vez dramaturgo, hace balance y anuncia las líneas maestras de la programación de la nueva temporada. ‘Borradores’ se completa con una visita en el Centro de Historia a la exposición USA Today, de arte alternativo norteamericano, con raíces en el hip-hop, el skate, el diseño y la ilustración.

 

Borradores cambia esta semana su horario de emisión: se adelanta a las 23.30 del domingo. Esta foto de María de Félix pertenece al archivo del Heraldo.

 

LEE MILLER, VISTA POR MANUEL VICENT

LEE MILLER, VISTA POR MANUEL VICENT

EL CUERPO DE LEE MILLER, OBJETO ENCONTRADO

 

Por Manuel VICENT / Babelia

Man Ray capturó a esta salvaje y le enseñó los secretos de la fotografía. Su mito se establece cuando logra trascender toda la sofisticada frivolidad de su tiempo en París y se convierte en la testigo más arriesgada de la barbarie de su tiempo

Este es el caso de una mujer muy bella, que fue modelo, musa, fotógrafa y reportera de guerra, cuyo espléndido cuerpo no cesó de ser devorado por algunos hombres privilegiados de su tiempo mientras a su vez ella los destruía con su inocencia diabólica. Desde que a los ocho años fuera violada por un amigo de su familia, Lee Miller no logró distinguir el sexo del amor, pese a que sus padres la llevaran a un psiquiatra para que se lo explicara. De aquella violación salió con una gonorrea severa y los gritos de la niña, cuando la madre la curaba con irrigaciones dolorosas, llegaban a la calle por la ventana del cuarto de baño. Después fue una de esas adolescentes que tampoco consiguen explicarse por qué la belleza de la carne femenina se convierte a veces en un infierno en el que abrasaban los vecinos de escalera, los tenderos del barrio y los profesores en el aula, y también su propio padre, fotógrafo aficionado, que la sorbió desnuda con su cámara en todas las posiciones imaginables sin detenerse en los límites del incesto. En efecto, Lee Miller fue una gran reportera de guerra, entre todas las de su oficio la que más de cerca desafió a los hierros en el desembarco de Normandía y si lo hizo con un desparpajo suicida fue, tal vez, porque su cuerpo había sido desde niña su primer campo de batalla.

Había nacido en Poughkeepsie, Nueva York, en 1907, y con todo el esplendor juvenil de sus 18 años, después de ser expulsada del colegio y con un cuaderno de poemas en el bolsillo, esta rubia norteamericana realizó un primer viaje a París dispuesta a no perderse ninguna sensación. Desde el primer momento supo que en el futuro aquel lugar sería su verdadera patria. De vuelta a casa, primero fue modelo de la revista Vogue en Nueva York, donde la había descubierto en la calle el fotógrafo Edward Steichen, quien después de poseerla, le enseñó las primeras artes con la cámara. Pero fue en 1929 cuando Lee Miller, de regreso a París, cayó como un artefacto explosivo en medio de la dorada bohemia de Montparnasse y en esta primera descubierta fue pasando de unos brazos a otros bajo múltiples sábanas hasta que el fotógrafo norteamericano Man Ray capturó a esta salvaje y la hizo suya a cambio de enseñarle todos los últimos secretos de la fotografía. El cuerpo de Lee Miller se convirtió en un objeto de creación para la cámara de Man Ray. El artista lo desmembró en diversas partes y cada una de ellas se convirtió en un icono. Los labios de Lee Miller, un ojo, sus piernas, su espalda, sus glúteos, su cuello, su torso, su rostro, captados por separado, al sacarlos de contexto, según la teoría estética de Duchamp, se convirtieron en objetos encontrados, en ready-mades, un concepto que cambió la forma del arte de todo el siglo XX hasta nuestros días. Pero al tiempo que el cuerpo de Lee Miller se desestructuraba, su alma adquiría una esencia perversa para el galante que tratara de explorarla más adentro de la carne. Jean Cocteau, que la admiraba y no la deseaba, la convirtió en estatua. Del lecho de Man Ray pasó al de Picasso y no hubo artista que la mereciera que no la probara a cambio de ser muy pronto abandonado.

En París de entreguerras, aparte de aristócratas rusos que servían de acicalados porteros en los cabarets, siempre se paseaba por la Coupole un príncipe árabe cazador de corzas. En este caso se llamaba Aziz Eloui Bey y era egipcio, cuyas orejas eran dos fuentes inagotables de monedas de oro. Lee Miller fue una de sus capturas y ella le siguió hasta El Cairo excitada por el exotismo en boga, pero en Egipto no había más que momias. Se aburría. Atada por el matrimonio con el árabe, Lee Miller sólo tenía el desierto como escapatoria para dar pábulo a su imaginación, pero desde la infinita arena recordaba las fiestas de París, los viajes a la isla de Santa Margarita o a Antibes, donde era la reina de la tropa dorada que formaban Picabia, el coleccionista y crítico de arte Roland Penrose, el propio Picasso que la había inmortalizado en sus cuadros. Linos y franelas blancas bajo los pinos, sillones donde se extasiaban juntos los cuerpos desnudos de bailarinas, escritores, pintores, entre el alcohol y las drogas mórficas cuando la cota más alta de la fascinación consistía en saber estar ebrio en los límites de la vanguardia y no despeñarse. En uno de sus encuentros en la Costa Azul, el esteta inglés Roland Penrose y Lee Miller se hicieron amantes y se establecieron en Inglaterra, donde vivieron una larga pasión secreta. El millonario egipcio quedó en la retaguardia de esta nueva batalla.

Ahora Lee Miller mandaba sus primeros trabajos como fotógrafa a la revista Vogue, y en medio de una vida enloquecida llegó la guerra.

Lee Miller comenzó a fotografiar los bombardeos de Londres y aunque seguía siendo amante de Penrose, muy pronto compartió el lecho con el periodista David Scherman, de la revista Life, con el que se embarcó en una aventura detrás de los carros de combate de los Aliados que la llevarían de nuevo a París.

El mito de Lee Miller se establece cuando logra trascender toda la sofisticada frivolidad de su tiempo en París, no exenta de perversiones, y se convierte en la testigo más arriesgada de la barbarie de su tiempo. Mientras sus amigos escurrieron el bulto en medio del terror nazi, Lee Miller, con unos pantalones recios, una chupa de cuero duro y una cámara al hombro, en compañía del reportero David Scherman, olvidando los días de rosas en que su cuerpo era adorado, se empotra su rubia cabellera bajo un casco de acero para ser la primera en pisar los cadáveres de la playa de Omaha, en llegar al París liberado donde la recibió Picasso sin reconocerla al primer momento cubierta de barro, en fotografiar el campo de concentración de Dachau, el Berlín en llamas, las guaridas de la Gestapo, los hospitales de sangre, los cadáveres amontonados. Luego la pareja llega hasta los confines de la Europa soviética, hasta que Penrose, muerto de celos, la reclama. Lee vuelve a Londres. Se divorcia del millonario egipcio y se casa con el coleccionista y crítico inglés. La cabalgada salvaje entre la belleza y el arrojo había terminado y su vida se difumina en medio de las fiestas compartidas con las nuevas amantes de Penrose hasta que por una ironía del destino queda embarazada a los 39 años. Le nace un hijo. Se dedica a la vida familiar. Mete en un cajón miles de negativos, se olvida de su pasado, de los días de París y de los campos de exterminio. Comienza su etapa de maestra de cocina en su granja de Susex. Inventa platos. Lava las espinacas en la lavadora, delante del fogón cocina un pescado azul en honor a Miró con una tapa de retrete en la cabeza para protegerse de la grasa. Son vestigios del surrealismo que su marido Roland había importado a Inglaterra. En 1977, a los 70 años, Lee Miller murió de cáncer. Entre sus enseres olvidados, su hijo Anthony encontró una caja olvidada con miles de negativos.

El mito de Lee Miller consiste en que su cuerpo bellísimo y troceado, sus labios, su ojo, sus piernas, dispuestos por la cámara de Man Ray como la propuesta de una forma nueva de mirar el arte, junto con la rueda de bicicleta sobre un taburete, el molinillo de chocolate, el urinario-fuente, el portabotellas de Marcel Duchamp contemplados fuera de su lugar con una mirada nueva, no retiniana sino mental, pusieron la estética patas arriba y a ellos se debe, más que a Matisse y a Picasso, la revolución del siglo XX.

 

*Quien haya seguido con cierta asiduidad este blog encontrará fotos y textos sobre este extraordinaria mujer. Uno de mis periodistas más queridos –siempre lo digo: soy periodista gracias a su ‘Inventario de otoño’- es Manuel Vicent y hoy le dedica este extraordinario artículo a la más hermosa mujer del surrealismo. Este es un autorretrato de Lee Miller, realizado en 1932.

JAVIER RAMÓN JARNE: TRES POEMAS

JAVIER RAMÓN JARNE: TRES POEMAS

ÚLTIMA DECISIÓN

 

 

Voy a apagar la luz definitivamente,

sin dolor en las pupilas,

como un pájaro ciego desde arriba

mi primer vuelo de altura,

hasta dentro,

porque nadie se cierne ya conmigo

por encima de sí mismo,

en lo oscuro.

Hay siempre hacia afuera

como un presentimiento de locura

retorciéndome los ojos,

parece que moviera sus aletas

un pez inmenso,

siempre hacia delante,

por encima del mar, sobre la tierra,

sin avanzar un paso.

 

CANTO DELIRANTE

Jaula de mis gritos

desentierra los cántaros,

alumbra de incienso las guitarras,

que en mi boca relinche de amargura

tu lengua perfumada;

porque el río va moliendo mis espejos,

con quijadas de bronce

cortará tus labios,

y arrojará la espuma de mis dientes

al invierno.

Sacudiendo riberas de amapolas

llena de cobre mi garganta, río

y crecerá la música,

yo haré de las espigas. viento,

hoces, de barro;

en sangre mineral empaparé sus filos,

degollaré al segador

y sembraré de cólera el estío.

 

LAS CIUDADES

 

Hay sitios en la geografía

que se ahuecan,

son manchas de piel rala,

sarna vieja que pudre los campos,

tierra colmatada y casuchas

de adobe y aluminio,

una herida en las grandes ciudades

en la que se ve hasta el hueso,

el aire es allí tan puro

que te quema.

 

 

*Ignacio Escuín, el editor incesante, ha publicado ‘Elegía del Cíclope’ de Javier Ramón Jarne, psiquiatra, nómada permanente y hermano de Ricardo y Teresa Ramón, el gestor cultural con parada y fonda en Buenos Aires y la pintora y muralista que se mueve entre el arte primitivo, los bestiarios y un fogonazo de color. Coloco aquí tres poemas de Javier, seleccionados por el propio editor Nacho Escuín. Esta foto es del siciliano Enzo Sellerio.

JAVIER MAS, A LA BANDURRIA CON COHEN

JAVIER MAS, A LA BANDURRIA CON COHEN

Javier Mas vive un permanente sueño de hoteles y conciertos. Lleva desde los nueve años en el mundo de la música, desde que su padre le contagiase esa pasión. A esa edad debutó “como primera bandurria en una rondalla en el Principal”. Antes de los16 años ya cantaba canciones de Bob Dylan y Leonard Cohen que le llegaron a través de las voces de Joán Báez y Joni Mitchell. Desde entonces, la música ha sido el norte de su vida: ha trabajado con la bandurria y el laúd con multitud de artistas y ha desarrollado su inspiración con Joaquín Carbonell, con José Antonio Labordeta (“que me trató como a un hijo cuando era yo un poco rebelde”, dice), con La Bullonera, con Carlos Cano o con María del Mar Bonet. Durante un cuarto de siglo bebió del blues, de los aromas mediterráneos, de eso que años después se llamarían las músicas del mundo. Él, en el fondo, era un roquero de formación que se inclinaba hacia un folclore muy elaborado, como probó en ‘Tamiz’ o en ‘Mudéjar’. Un día, Alberto Manzano, traductor y biógrafo de Leonard Cohen, lo llamó para encargarle un proyecto sobre el cantante con músicos españoles. El resultado satisfizo a Cohen. Cuando volvió a las giras, una de las primeras cosas que hizo fue llamarlo. Ahora lo lleva a su lado, le habla de política, de religión, de los graves problemas del mundo (“a Leonard Cohen lo veo como un escritor y como un intelectual que ha escrito auténticas maravillas, y dice no sentirse músico”). Javier Mas (Zaragoza, 1952) ha cumplido uno de sus sueños de juventud. Tocar, arañar las cuerdas de sus instrumentos mientras el señor del sombrero (“a Cohen lo veo como una especie de Humphrey Bogart, con esa voz de cine que enloquece a las señoras”) se arrodilla ante él y le pide que toque y toque hasta el fin de la noche en cada concierto inolvidable.

 

*Este artículo apareció el jueves en ‘Artes & Letras’, en la sección ‘Fuegos y mareas’. Este jueves,  tras el descanso estival, ha regresado el suplemento con ocho páginas. En la foto, Leonard Cohen se arrodilla ante Javier Mas.