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Antón Castro

CARLOS ARDOHAIN: UN POEMA SOBRE DE CHIRICO

CARLOS ARDOHAIN: UN POEMA SOBRE DE CHIRICO

EL PINTOR

 

Giorgio el misterioso

antes de transformarse

en Giorgio el oscuro

arrojó las claves del silencio

en la tela vistió los maniquíes

del dolor que provoca

la ausencia del deseo

contradiciendo a Buda

antes de contradecirse

a sí mismo buscando ser

clásico en su anacronismo

en cualquier plaza vacía

subrayada por el humo del tren

hay enigmas eternos

que se deslizan huyendo

por el declive vertiginoso

que separa la luz de la sombra

por la arista que hiere de soledad

a los objetos y al hombre

que no está.

 

CARLOS ARDOHAIN

 

*Esta mañana al abrir el correo me encuentro con este mensaje: con este poema dedicado al pintor metafísico, luego clasicista, Giorgio de Chirico, que pasó de una pintura que revolucionó su tiempo y mezcló surrealismo y metafísica, hacia un arte más vinculado con el pasado grecolatino, de atmósferas más académicas. Carlos Ardohain tiene un estupendo blog dedicado sobre todo a la poesía. http://tancarloscomoyo.blogia.com.

BRENDA ASCOZ: UN POEMA DE 'ECORCHÉ'

BRENDA ASCOZ: UN POEMA DE 'ECORCHÉ'

Hace algunas semanas, la escritora Brenda Ascoz (Torrejón de Ardoz, Madrid, 1974) publica su segundo poemario. El primero fue ‘En Ajeno’ (Chorrito de plata, 2007), y ahora es ‘Ecorché’ (Eclipsados, el sello que dirige Ignacio Escuín), un libro sobre el cuerpo y el otro, la simetría, la mirada desde la ventana, algunas experiencias amorosas e isleñas, el desarraigo y la búsqueda incesante de un lugar en el mundo, en la noche y en los sueños. Uno de los textos que más me han gustado es este:

 

En un exilio voluntario.

Una isla es el mejor

lugar para hacerlo.

Exiliarse en la bruma de una apuesta

por la reinvención de la memoria.

Aquí, ¿la luna es la misma?

no lo es

la luz que filtra, no

las nubes que la abrazan.

Los ojos que se pierden en ella, no,

no son los mismos.

 

Mudar de paisaje, cerrar los oídos,

ignorar las voces que, obsesivas,

nos atacan sin tregua.

Exiliarse abrir las pupilas

que otros vientos

nos modelen la mirada.

 

*Esta foto veraniega es de Julia Fullerton-Batten.

 

FRED VARGAS: UN DIÁLOGO CON SOLEDAD ALCAIDE EN GIJÓN

FRED VARGAS: UN DIÁLOGO CON SOLEDAD ALCAIDE EN GIJÓN

Soledad ALCAIDE / Gijón. [El País. Edición de hoy]

Fred Vargas está en Gijón. La estrella invitada de la Semana Negra es esta escritora francesa un poco extravagante, que no se prodiga en público, que apenas concede entrevistas y que anda siempre muy ocupada. Su vida se divide entre su actividad política -lleva años abanderando la inocencia de su amigo Cesare Battisti, encarcelado en Brasil pendiente de su extradición a Italia por un crimen que dice que no cometió-, y su actividad profesional como arqueozoóloga.

"Todos mis amigos me habían hablado de la Semana Negra, pero hace cinco años que no voy a ferias de libros. He estado tan metida en mi investigación sobre la gripe A que no tenía la cabeza para hablar de mis historias literarias", explica esta escritora, menuda, tímida, que no aparenta los 57 años que tiene. Además, confiesa, hasta hace muy poco tenía terror a los aviones. Y ha sido precisamente su actividad política la que le ha obligado a superarla. "He volado 44 veces a Brasil", asegura.

Luego está Paco Ignacio Taibo II. El escritor mexicano, originario de Gijón, es el director de la Semana Negra, pero casualmente es el referente literario de Battisti. La persona por la que se lanzó a la escritura. "Le he pedido a Taibo que me escriba una nota para llevársela a la cárcel", cuenta Vargas. "Será muy importante para él llevarle unas líneas de la persona que lo ha hecho escritor".

La otra razón por la que Vargas ha elegido Gijón es la idiosincrasia de la Semana Negra, un encuentro literario ecléctico donde se sucede la charla con la lectura de poemas, la presentación de libros y, por las noches, la juerga entre escritores. "Me horripila firmar libros por una cuestión de timidez", afirma la novelista. "No me importa hacer un debate delante de mucha gente, pero delante de una persona que no conozco me pongo roja, me dan ganas de huir", insiste. "Y de la Semana Negra me habían hablado tanto... Tenía ganas de ver el lado festivo".

Mientras da cuenta de unas croquetas de foie, la especialidad del restaurante Ciudadela, donde Manuel Vázquez Montalbán venía a comer cuando visitaba la feria literaria, hecho que no le ha pasado inadvertido, Vargas insiste en su timidez enfermiza. Hasta el punto de que, dice, se alegra de que los escritores no sean a menudo reconocidos en la calle. Y cuenta que, unos minutos antes de la comida, una mujer la paró: "¿Es usted Fred Vargas?", le dijo. "Normalmente, no", contestó ella.

A la hora de elegir la comida, no se atreve a probar el vino y pide un plato ligero: Carne con verduras y patatas asadas. Porque la noche anterior fue a cenar con sus editoras y Taibo. "Cenamos, bebimos, cantamos... Nos acostamos muy tarde", cuenta. Así que pide cola light.

Mientras llegan los platos, Vargas, que tiene unas manos finas, huesudas, con un sencillo anillo, hace dibujos para explicar sus afirmaciones y mira directamente a los ojos. Es metódica, como buena investigadora. Habla despacio y, de vez en cuando la interrumpe su amigo Edmond Boudoin, dibujante de cómics, con el que ha escrito una novela gráfica al alimón, y que la conoce perfectamente. Él es el culpable de que Vargas publicara -"Me presentó a mi editorial", explica ella- y una de las personas que la convenció para ir a Gijón. La conoce bien y sólo la interrumpe para precisar por qué hace las cosas.

El encuentro de Vargas con la novela negra fue un poco por rebeldía a su padre. "Mi trayectoria como lectora ha tenido cierta decadencia, porque mi padre, que era un surrealista, me hizo leer de pequeña a los grandes clásicos, toda la literatura del siglo XVII al XIX. Me puso la cabeza como un bombo con la gran literatura, porque denostaba la novela policiaca", relata. Así que ella la leyó a escondidas.

"Al principio, los ingleses. No reniego de Agatha Christie ni, sobre todo, de Sherlock Holmes", dice. Luego su hermana gemela, Jo -culpable de que adoptara el seudónimo de Vargas, porque ella, que es pintora, comenzó a utilizarlo antes, como homenaje al personaje de Ava Gardner en La condesa descalza, María Vargas-, la introdujo en los autores americanos. Y vieron juntas el cine negro de Hollywood. Su hermana es una referencia vital. Tanto que aprovecha para enviarle un sms de camino a la sesión de fotos en el puerto marítimo de Gijón.

Vargas defiende constantemente el género negro. Asegura que es la literatura "más arcaica", pues tiene la misma estructura que las grandes epopeyas clásicas. "Pero en la tradición francesa, si haces una novela ligera, para distraer, eso no se considera literatura", se queja. La escritora francesa también defiende la técnica. Sostiene que su flaqueza es la falta de imaginación y que siempre escribe la misma novela. "Libro tras libro, objetivamente, hay una historia, pero detrás no cuento nada. Tengo la impresión de que no escribo historias mías, sino que me limito a transcribir las de otros. No pretendo dar un mensaje", afirma. Y reconoce su incapacidad para trasladar a la literatura su activismo político. "No sé por qué, pero no me sale", afirma.

Fred Vargas publica en octubre Un lugar incierto (Siruela), su última novela en España. En ella aparece de nuevo el comisario Adamsberg y recupera el mito del vampiro clásico. "No es por provocación, pero no me molesta hacer novelas leídas por todas las categorías sociales, que sean fáciles de leer. Es que procuro hacerlas más fáciles. Me gusta que mis novelas sean populares", defiende.

 

*Cada día me interesa más la novela policíaca, la novela negra. ‘El País’ publica esta estupenda entrevista de Soledad Alcaide con la escritora francesa Fred Vargas. De inmediato me voy a zambullir en su nueva novela. La foto es de Daniel Mordzinski, el gran fotógrafo de los escritores.

VALÉRIE MRÉJEN: 'MI ABUELO'

VALÉRIE MRÉJEN: 'MI ABUELO'

Se me había pasado ‘Mi abuelo’ (Periférica, Cáceres) de Valérie Mréjen, la autora de ‘El agrio’. Esta noche no he podido dormir demasiado bien y lo he leído de un tirón: una historia familiar, escrita como el ‘Yo me acuerdo’ de Georges Perec. La autora, con escasos trazos, va conformando un auténtico friso familiar, un álbum de secretos y de detalles, de pequeñas peripecias de amor y desamor, gestos, las comidas familiares, los amantes contingentes, la compleja maraña de relaciones entre los tíos y tías, los abuelos y sus amores, los padres y sus amantes, los hermanos y sus juegos, las rarezas, la tentación incestuosa.

Hay momentos maravillosos. Y todo, con esos destellos, con esas frases de dos o tres líneas, va ahormándose en un espléndido retrato de familiar, en el que es tan poderoso lo que se ve, lo que se dice, como lo que se intuye, como lo que se imagino, lo puramente entrevisto.

 

Me ha gustado especialmente esta revelación:

“Había un olor especial a tierra mojada o a maleza que yo identificaba con el olor a orugas aplastadas. En cuanto me llega a la nariz, puntualizaba: ‘Huele a oruga aplastada”.

 

Y esta anécdota:

“Antes de abrir una agencia inmobiliaria con escaparate a la calle, mi padre tenía su despacho en la calle de la Victoire.

En el mismo piso vivía una prostituta. La mujer de uno de los clientes de la prostituta había pintado con rotulador las paredes del hueco de la escalera. Ponía ‘la puta en el segundo’, ‘la puta es aquí’, con flechas que indicaban el recorrido”.

 

Estas frases revelan también cómo está escrito el libro: como un breviario, como un manual de fogonazos breves, como recuerdos impresionistas (“Mi padre nos pellizcaba a mejilla dando un tironcito, y se llevaba la punta de los dedos a los labios”).

Pese a todo, creo que me ha gustado más ‘El agrio’.

*La foto es de Mclain D. Swift.

LOS ARTISTAS DEL CUARTO ESPACIO: SILVÁN, LOZANO, LETTO...

LOS ARTISTAS DEL CUARTO ESPACIO: SILVÁN, LOZANO, LETTO...

Cristina Silván ha sido la ganadora del concurso de pintura Isabel de Portugal que se expone en el Cuarto Espacio. Se trata de una pintora que encarna el rigor, la sobriedad y la elegancia de la geometría; quizá su obra acuse una cierta frialdad, pero posee calidad, gusto, refinamiento y pasión la belleza. Actualmente está becada en la Casa de Velázquez. Un retrato de Eduardo Lozano, muy matérico, de pincelada suelta y laboriosa, ha recibido una mención de honor. Capta los gestos y la personalidad de Luis Buñuel, a la manera de los vanguardistas alemanes. Otra mención ha sido para José Moñu y su ‘Despedida de solteros’, que posee sentido plástico y una gran fuerza expresiva.

El joven Yann Letto, músico y artista plástico, recibió el premio al artista menor de 30 años por una pieza de gran fuerza, ‘Viva África’, que es una obra mestiza que utiliza distintas estéticas estéticas de la cultura popular.

La exposición es rotunda y variada. El gran formato global de las obras, 18, le confiere una  personalidad especial al conjunto. Ahí están varios de los artistas jóvenes más prometedores: José Ramón Magallón, Álvaro Díaz-Palacios, Javier Joven, Sarah Shackleton, Juan Zurita, etc. Artistas que poseen energía, talento, curiosidad y auténtica vocación por el viejo oficio de pintar. Quizá sea una de las mejores exposiciones del premio Isabel de Portugal en mucho tiempo y, sin duda, una de las que ensalza la pintura.

NOTAS DE LECTURA

NOTAS DE LECTURA

El agrio

Valérie Mréjen. Traducción de Sonia Hernández. Periférica. Cáceres, 2009. 90 páginas.

 

He aquí un libro delicioso y no precisamente feliz. Con un ritmo vertiginoso y fragmentario, la escritora francesa, nacida en París en 1969, cuenta la historia de amor de una joven hacia un tipo extraño, entre arrogante y excéntrico. Con aparente distanciamiento, habla de sus sueños respecto a él, de las traiciones, de los silencios y de la vana tentativa de ser correspondida por alguien que lleva una Leica, que rueda raras películas, que parece estar siempre en otra parte, con otra mujer, viajando a ver ‘La joven de la perla’, encerrado en un cine o dispuesto a discutir y pensar sobre lo cotidiano. En cuanto se llega al final, se desea volver al principio. Es estupendo.

 

En las montañas de Holanda

Cees Nooteboom. Trad. de Felip Lorda. Siruela. Madrid, 2009. 152 páginas.

El once de agosto de 1984, Cees Nooteboom ponía punto y final a esta novela que tiene como narrador al inspector de carreteras, de Zaragoza, Alfonso Tiburón de Mendoza. Es él, que ha estudiado en Delft, quien cuenta la historia de Kay y Lucía, dos artistas de circo que podrían haber salido del relato ‘La Reina de las Nieves’ de Andersen. A él lo secuestran y ella emprende un viaje de búsqueda que es, ante todo, una reflexión sobre la literatura, los cuentos de hadas, el mito, las odiseas de la vida y la idea de la perfección absoluta del amor que viven los bellos jóvenes, quebrada de golpe por un inesperado suceso. Tiburón de Mendoza, apasionado por Platón, tiene un deseo: ser escritor. Y aquí, palabra a palabra, historia a historia, edifica todo un universo literario de ilusionismo y aventura.

 

Mil caballos

Robierto Piumini. Traducción de Helena Lozano. Siruela. Madrid, 2009. 144 páginas

 

Este es un espléndido libro para niños de todas las edades. Para todos los lectores. Es un tratado sobre la imaginación, forjado con historias de caballos. Aquí se cuenta la historia de cómo Neptuno cambia de color la piel de un équido: de negro a blanco; de cómo Alejandro doma a un caballo intratable, Bucéfalo, que lo acompañará en sus batallas; de cómo un caballo salvaje pintado ante la fachada de una casa cobra vida y huye hacia el llano, o de cómo el niño autista Diego halla consuelo y solaz a lomos de Ascuas. También se habla del unicornio, una suerte de animal sagrado, del caballo de Troya, etc. Este es un volumen mágico, repleto de sueños, de leyenda y de auténtica poesía.

 

Marcos Mostaza tres

Daniel Nesquens. Dibujos de Claudia Ranucci. Anaya, 2009. 110 páginas.

 

Tercera entrega de esta serie protagonizada por el joven Marcos, zaragocista hasta la médula. En esta ocasión, el relato arranca con la antigua fascinación de los molinillos de café de su madre. Pronto nos enteramos de acaba de caer del cielo un tornillo, no se sabe si es de un cohete, de un avión o del Discovery, de que Hanif ha escrito dos líneas de una historia de ciencia ficción, que lleva por título provisional ‘Lechuga 222’, o de que Lenin, el azote del vecindario, vuelve a las suyas. Nesquens hace dialogar a sus personajes, se fija en los pequeños detalles, vuelve a usar el email para enriquecer el curso de la historia. En sus historias siempre asoma el barniz surrealista de lo cotidiano.

*La foto es de Miss Aniela.

DÉBORAH VUKUŠIĆ: UNA NIÑA ENTRE ESCOMBROS

DÉBORAH VUKUŠIĆ: UNA NIÑA ENTRE ESCOMBROS

 

LA BATALLA DE DÉBORAH VUKUŠIĆ

O UNA NIÑA ENTRE ESCOMBROS

Una gallega croata reanima el ambiente literario con su primer libro

 

Xoán ABELEIRA

Corre el aire por Madrid. Por el Barrio de Lavapiés. En el bar Tapas y Fotos, abarrotado hasta los goznes, reina un cierto ambiente beat. Esta noche se han reunido allí trece confabuladores que afirman practicar una poesía alternativa, al margen de premios y prebendas. Cada quince minutos, dos nuevas ráfagas de versos corrosivos, “neorrabiosos”. Interesantes todos. Más bien por sus temáticas que por sus estilos. Menos modernos, quizás, que los del viejo Arthur Rimbaud cuyo rostro ondea en una camiseta: I’m a fucking poet. El cotarro se anima. Jaleos y vítores, juegos y canciones se entremezclan con el vaho de los alcoholes y el humo de las blandas. Sin embargo, todo el mundo parece estar aguardando lo mismo: que suenen las doce y salga al escenario improvisado la principal impulsora del evento. Una mujer nacida en Ourense y criada en Vigo. “Me llamo déborah vukušić/ soy dos mitades/ mitad gallega y mitad croata/ tengo 26 años/ 23 de mayo de 1979/ salgo a la luz// déborah en hebreo/ ‘abeja’/ vukušić en croata/ uši: ‘orejas’/ vuk: ‘lobo’// abeja con orejas de lobo.”

Es un manifiesto que todos conocen. Muchos lectores, muchos oyentes ya. Es el inicio de Guerra de identidad, el primer libro, como tal, de una escritora, actriz, guionista, directora… que tiene alborotado el ambiente in español. Y al verla interactuar así, en carne viva, los versos de ese fenómeno literario que en menos de un año ha alcanzado su segunda edición revisada y ampliada con un nuevo poemario (Cuaderno de batallas) se comprende la razón. Pues esta mujer animal, mitad abeja, mitad loba, es condenadamente buena. Escandalosamente peligrosa para aquellos que se niegan a ceder su poltrona.

            Vukušić (pronunciado vúcusich, “como malković, como mijatović”, dice ella en su video irónico de promoción) comenzó a escribir “en Galicia, desde niña, una suerte de vómitos, aunque hace poco destruí todo aquel material, para mí ya de desecho”. Resumir su trayectoria no es fácil, y eso que apenas ha despegado. Digamos que a los dieciocho años se fue a Alcalá de Henares a estudiar Filología Hispánica, carrera que completó en Estados Unidos y Francia. Digamos que a los veintiún ingresó en la RESAD para convertirse en la extraordinaria actriz que es ahora y trabajar en cine, teatro y televisión. Digamos que en La Abadía “hice un cursillo con Ana Vallés, y fue en él, a partir de improvisaciones personales, cuando empezaron a nacer los textos de Guerra de identidad”. Dos antologías, Poesía Capital y 23 Pandoras, terminaron de lanzarla. Y desde entonces sin tregua. Ahora va a publicar “un nuevo poemario, Perversiones y ternuras”, y a participar en “otra antología titulada La manera de recogerse el pelo: Generación Blogger”, que da cuenta de este movimiento en el que ella se reconoce.

            Vukušić interpreta perfectamente en cuatro idiomas, incluidos el gallego y el castellano, en los que habla y escribe. Tal vez por su propia naturaleza, tal vez por su propia herida (de la cual habla en su libro, con la guerra de Yugoslavia y la ruptura de su familia como telón de fondo), vive a autobús, más que a caballo, entre España y Galicia, entre una cultura y otra, fundiendo y fundiéndose en ambas. De hecho, Guerra de identidad está trufado de referencias a su “madre gallega/ de poder/ de mando”, a la que ella adora, así como a la lengua, a la música, al folklore que mamó de ella. El verano pasado Vukušić concibió, dirigió y presentó un magazín en Localia; hace unos días participó en una serie de la TVG, y ahora intenta “filmar un guión basado en relatos de Álvaro Cunqueiro”.

La “poesía de la conciencia, de la no-ficción” que esta compoñedora de sí exuda por los cuatro costados aspira “a una verdad limpia, directa, sin retórica de ningún tipo”. Apartarse “lo máximo posible de esas reglas academicistas” que ella conoce tan bien. “No busco palabras grandilocuentes sino corrosivas, en el sentido de que sean capaces de erosionar los prejuicios y las mentiras, las máscaras y las armaduras. Que la punta del iceberg se vea por fuera, sí, pero que las aguas sean lo suficientemente transparentes como para que también se divise el fondo.”

            Nadie se pone de acuerdo acerca de qué diablos practica esta mujer, ni siquiera ella misma: “Yo no escribo poesía.” Como ella, sus textos son dos mitades: mitad líricos, mitad dramáticos. De ahí su admiración por autores como Anne Sexton o Bertolt Brecht, Federico García Lorca o Heiner Müller. De ahí, asimismo, la fuerza que contienen y con la que te atrapan sin remedio. Aun así, no es lo mismo leerlos en soledad que escuchárselos a ella, sentirlos en su voz. Sus monólogos, sus exorcismos, sus conjuros, todos los fragmentos inclasificables de ese diario de guerra interior, todos los despojos de aquella niña que asistió al desmoronamiento de su mundo, son auténticos, no hay duda. Pero el engado de esta croata gallega, de esta gallega croata reside en otro lugar. La verdadera obra de Déborah Vukušić es ella, Déborah Vukušić: la abeja y la loba en acción.

 

*Este artículo pertenece es un reportaje, que ha publicado ‘El País-Galicia’, del escritor y poeta Xoán Abeleira. La foto la tomó el poeta ante el Centro Dramático Nacional, en Madrid.

 

VALERIE MRÉJEN: 'EL AGRIO', UN LIBRO ESPLÉNDIDO

VALERIE MRÉJEN: 'EL AGRIO', UN LIBRO ESPLÉNDIDO

Hoy he leído ‘El agrio’ (Periférica, el sello de Julián Rodríguez) de Valérie Mréjen y me ha encantado. Es un libro realmente espectacular, una historia de amor entre una muchacha, la que cuenta la historia de modo fragmentario, como si fuesen imágenes o instantes de una películas, y Bruno, un hombre raro, excéntrico, de vida oculta, proclive al extrañamiento, al engaño, a la indiferencia, a la arrogancia. Hace películas, reflexiona sobre lo cotidiano, usa una cámara Leica, es capaz de ir a ver ‘La joven de la perla’ de repente y desparece como por arte de magia. No le gusta besar en público a su novia; es más que probable que tengas otras amantes y no sabe apreciar los gestos de cariño. O eso parece. Es un libro rápido, maravillosamente escrito y traducido, que te deja casi sin aliento. Es la vida de alguien que ama con locura y no enciende la llama del deseo o del amor en el objeto de su pasión, aunque hay mucho más.

 

Valerie Mréjen además es artista plástica y próximamente expondrá en Barcelona. Había logrado un gran éxito con su libro ‘El Abuelo’. Este es aun más corto, pero es una demostración de la sabiduría narrativa. Esta foto es de Stephanie Solinas, creo.