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Antón Castro

ELOY FERNÁNDEZ CLAUSURÓ EL iI CONGRESO JOSÉ A. LABORDETA

ELOY FERNÁNDEZ CLAUSURÓ EL iI CONGRESO JOSÉ A. LABORDETA

CLAUSURA DEL II CONGRESO JOSÉ ANTONIO LABORDETA
Esta mañana se ha clausurado el II Congreso José Antonio Labordeta de Política, Comunicación y Periodismo, que se ha celebrado en las Cortes de Aragón - Palacio de la Aljafería de Zaragoza y que ha abordado durante tres días la transición. El balance es muy satisfactorio, ya que ha contado con 200 asistentes inscritos y un nivel muy alto en todas las ponencias y mesas redondas.
La ponencia de Eloy Fernández Clemente sobre “Andalán” y las palabras de agradecimiento de Juana de Grandes, presidenta de la Fundación José Antonio Labordeta (organizadora del congreso), han cerrado un encuentro que ha recordado, debatido, analizado y criticado ese periodo de la historia contemporánea en el que se selló un gran pacto político para que España pasara de una dictadura a una democracia y en el que también participó con un protagonismo determinante José Antonio Labordeta. (Nota de Ana Rioja y prensa de la Fundación. En la foto Eloy Fernández Clemente y Juana de Grandes, profesora y viuda de José Antonio.).

“El balance de este congreso es muy satisfactorio, con 200 asistentes inscritos, el máximo que podía albergar la sala, y un nivel altísimo en todas las ponencias y mesas redondas. Todos los participantes han aportado su punto de vista sobre la transición, este proceso histórico que estos días se ha visto también muy condicionado por la actualidad política, con la sombra de lo que sucedía en Cataluña muy presente”, afirma Antonio Ibáñez, coordinador de este encuentro.

A pesar de este condicionante, se ha conocido un poco mejor, y de la mano de sus protagonistas y testigos directos, cómo se construyó este proyecto político a partir de unos años convulsos en los que el diálogo y el pacto eran imprescindibles. Con la visión de todas las mesas redondas y ponencias, hoy conocemos un poco mejor algunas de las claves de esa etapa en España y en Aragón.

Para Antonio Ibáñez, "una vez más, el esfuerzo de la Fundación se ha visto correspondido por el cariño y el interés de los asistentes al congreso, que ha abordado los orígenes del compromiso de Labordeta, cuyo legado ha estado bien presente en la intervención de todos los participantes. Especial agradecimiento a las Cortes de Aragón y a sus trabajadores, que se han volcado con el equipo organizador para que todo haya salido a la perfección”.

Algunas conclusiones
Las ponencias y los debates entre políticos que ha organizado este congreso han puesto de manifiesto que la transición española no terminó con la proclamación de una constitución, sino que está “inacabada”, porque estamos ante una nueva transición española para la que es necesario recuperar la ilusión democrática, el diálogo y el consenso que se vivió entonces, porque para hacer política hace falta mucha relación personal. Y se ha recordado la figura y el talante de Labordeta, su capacidad para escuchar, para establecer esas relaciones personales para las que José Antonio Labordeta era un maestro.



También han coincidido en afirmar que la Constitución, cuando nació era homologable con las del resto de Europa, pero hoy, que va a cumplir 39 años, necesita algunas reformas y retoques. En líneas generales se ha valorado la transición como un periodo muy positivo en la historia de España pero con problemas no resueltos como los de Cataluña y el País Vasco.
Respecto a Aragón se ha evidenciado que esta Comunidad no ha tenido, ni en la transición ni ahora, el protagonismo que debía poseer, y que tiene que recuperarlo, porque los aragoneses son pocos pero útiles. Deben ser los interlocutores privilegiados con Cataluña (no en vano medio Aragón está en Cataluña) y ser puerta de Europa, bisagra para articular la economía.
Los periodistas que se han dado cita en este congreso han coincido al afirmar que, como en la transición o en el 23 F, ahora estamos en un momento clave de la historia de España en el que el periodista debe renunciar a sus intereses particulares para ponerse al servicio del bienestar común. Si entonces los periodistas participaron, como portavoces del pueblo, en algo que les superaba, en unos objetivos de gran valor, ahora también están en una época de renuncias.
Especialmente emotiva fue la jornada del viernes por la tarde en la que “Los cantautores de la transición” (Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel, Marina Rossell, Luis Pastor y Joaquín Carbonell) recordaron a Labordeta y sus canciones que saben a tierra, y el espíritu de la transición, que fue el de la fraternidad de las culturas, y reivindicaron el poder de la palabra y el desafío de cantar en la lengua del otro. Cuatro hombres y una mujer con sus canciones inmortales, con sus palabras fraternales, con su música sin fin.
Andalán, a 30 años de su desaparición
Esta mañana, en la jornada de clausura del congreso, Eloy Fernández Clemente, catedrático de Historia Económica, periodista y fundador del PSA, ha realizado una ponencia sobre la revista “Andalán, a 30 años de su desaparición”, considerada la publicación periódica (primero quincenal y luego semanal) más importante de la Transición en Aragón, caracterizándose sus contenidos por las referencias a la izquierda, el aragonesismo y la cultura.
Fernández Clemente, una figura sin la que no se podría entender el Aragón contemporáneo, una persona comprometida, analista certero, fundador de Andalán e íntimo amigo de Labordeta, ha relatado cómo fue el nacimiento de esta revista y ha realizado una reflexión sobre lo que fue y representó para quienes la hicieron y para la sociedad de entonces, “en aquella dura y difícil transición hacia la democracia hoy tan cuestionada”. Una revista que nació en 1972 pero que soñaron Labordeta y Fernández Clemente en Teruel en los 60. Se han cumplido 45 años de su nacimiento y 31 de su desaparición; 15 años de vida, un tiempo en el que logró hacerse un sitio en la memoria colectiva.
José Antonio tenía una enorme vocación periodística y colaboró en muchos medios. Era muy querido por los periodistas, ha recordado. Pero el medio en el que más escribió y al que se sintió plenamente vinculado fue Andalán. Labordeta creaba y cerraba secciones nuevas y todas tenían éxito. “Con su figura, su aspecto bronco y serio pero a la vez chungón y sencillo, desempeñó por edad y autoridad moral el papel del hermano mayor que siempre está cuando lo necesitas, con un consejo, una broma, un abrazo. Había unanimidad en reconocer y querer al líder natural. Sin él, aquello hubiera estallado unas cuantas veces en mil pedazos”.
Escribió muchas “cosicas”; la mayoría impregnadas de fuerte ironía, pero también de ternura, emoción contenida y melancolía. “Y todo se convertía en esa materia mágica en que sólo algunos elegidos logran convertir cuanto tocan: literatura”. El mundo del Mercado Central, el Colegio que su padre dirigía; la casa, regida por su mítica madre; la admiración enorme hacia su hermano Miguel; los profesores y maestros; los alumnos. Y el mundo de Niké y los amigos… Hizo entrevistas, una magistral a Tuñón de Lara; aportó crónicas viajeras, o de sus años turolenses, recordados con nostalgia; lloró la emigración, como en sus canciones. Y fue contundente cuando hablaba de política. Incluso sobre el querido PSA.Y, sobre todo, nos enseñó a apreciar, vivir, el don de la amistad”.
Fernández Clemente ha citado en su ponencia a las personas que trabajaron y colaboraron en mayor o menos medida con Andalán. “Desde la primera etapa, fueron integrando los diversos consejos de redacción gentes de la cultura, el periodismo y la política, las tres señas trabadas, en generaciones bien diversas”.

Pedro Rújula escribió en la Historia de Aragón de La Esfera: “En sus páginas tuvo lugar la mayor concentración de capital intelectual aragonés de toda la historia… jóvenes intelectuales que con su brillantez irreverente mostraban en cada número de la revista que el recambio de la cultura oficial franquista estaba ya listo. Andalán transmitió una visión crítica con la situación presente, pero también una recuperación del pasado progresista de la región, y una proyección del futuro democrático que estaba a las puertas. Creó, en definitiva, una nueva imagen de Aragón, alternativa a la que había proyectado el régimen durante las últimas décadas, y con la que los aragoneses del momento no tardaron en identificarse.” Además hubo una generación Andalán, que fue mucho más allá de la publicación, interviniendo en numerosos aspectos de la vida cultural, publicando cientos de libros, actuando en política, en periodismo, contribuyendo a una conciencia democrática aragonesa.
“Sin embargo, cuando creamos Andalán no creíamos que 45 años después se habría logrado un aceptable grado de difusión de nuestras señas de identidad, y un claro avance político. (Ya se ha hablado mucho estos días de la transición, sus contradicciones e insuficiencias), ha asegurado. “Pero, en mi opinión, es lo mejor que podía habernos ocurrido. Hay democracia y libertades, aunque siempre incompletas; hubo progreso económico, aunque tras años de crecimiento y hasta esplendor la crisis hundió y maltrata a muchísimas personas; ha habido un gran progreso social en sanidad, educación, seguridades, aunque todo parece tambalearse. Nuestro mensaje estuvo vaciado de pasión por nuestro sentido universalista, nuestro terror al cantonalismo baturro y cazurro, y un exagerado miedo al sentimentalismo y al ridículo (que nos hace evitar cachirulos, excesos de jotas, y nos molesta oír "La Pilarica", "el equipo maño", o ser identificados por signos gastronómicos)”.
“Se ha avanzado, porque hoy sabemos más unos de otros. Los problemas de cada rincón del viejo reino. La semilla democrática ha reverdecido los barbechos y eriales que cantara Labordeta. Y, aunque sea mediante enconados y lamentables enfrentamientos, hay expectación por el futuro, hoy tan vinculado a la suerte de Cataluña, y se ha hecho bandera de un nombre que apenas era una marca débil en la zona amarillenta o verdusca del mapa escolar: Aragón”.
“Por eso, quizá no sea inútil recordar a los más jóvenes que en esta tierra se supo desempolvar valores y avanzar como colectivo. ¿Por qué no habría de volver a hacerse en estos tiempos de grandes dificultades? Queremos alcanzar las máximas cotas de autogobierno, no porque nuestros posibles padres de la patria chica, sean potencialmente mejores que los centrales, sino porque sean elegidos aquí, controlables aquí, conocedores de esta tierra y sus problemas. Y, en fin, porque sólo controlando a fondo aspectos decisivos para el bienestar -como la salud, la educación y la cultura, podremos hacer a nuestro pueblo no sólo más próspero y feliz, también más consciente de ser pueblo, colectivo, nación”, ha concluido Eloy Fernández Clemente.
Tras esta intervención, Juana de Grandes ha agradecido a las Cortes de Aragón y a todos los asistentes a este congreso su colaboración y apoyo, así como a todos los que han participado en las ponencias y mesas redondas. Ha tenido unas palabras muy emotivas para el principio y el final del congreso: la desaparición del PSA y la pérdida de Andalán, que supusieron “dos banderas rotas” para Labordeta. Y con sus palabras ha querido rendir un homenaje a Eloy Fernández Clemente por su “extraordinaria ponencia, su amistad y su “lucha incansable junto a José Antonio para hacer un Aragón mejor”.

LOS CANTAUTORES EN EL II CONGRESO JOSÉ ANTONIO LABORDETA

LOS CANTAUTORES EN EL II CONGRESO JOSÉ ANTONIO LABORDETA

II Congreso José Antonio Labordeta

de Política, Comunicación y Periodismo


El II Congreso José Antonio Labordeta de Política, Comunicación y Periodismo, que se  celebra hasta el sábado en la Sala Goya de las Cortes de Aragón - Palacio de la Aljafería de Zaragoza se ha centrado este viernes por la tarde en “Los cantautores en la transición”. Tras la ponencia del periodista Antonio Gómez, los protagonistas han sido ellos: Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel, Marina Rossell, Luis Pastor y Joaquín Carbonell, cuatro hombres y una mujer con sus canciones inmortales, con sus palabras fraternales, con su música sin fin. [Nota de Ana Rioja y el comunicación de la Fundación.]


Los cantautores en la transición


El II congreso José Antonio Labordeta de Política, Comunicación y Periodismo ha reunido esta tarde a cinco cantautores de la transición.
Todos ellos han relatado ante un público entregado qué es para ellos la canción de autor y cómo se formaron como cantautores. Serrat ha contado que “comencé a escribir canciones como una forma de expresarme, en el afán de buscar canciones con contenido”. “Fueron los años más felices de mi vida, los de la transición, porque pensábamos que éramos inmortales e inmoribles” con un oficio maravilloso que me ha permitido escribir, cantar e ir por el mundo”. 

“Hace  40 años, los cantautores éramos personajes con la guitarra colgando, con pelo abundante y de izquierdas, pero en estos momentos ha habido un desarrollo de la música en el que los cantautores siguen siendo hombres que escriben canciones y las cantan, pero tienen más dependencias, están más esclavizados por productoras. Ahora somos una especie en extinción, unos venerables ancianos”.

Serrat ha recordado cómo fue su aprendizaje en el mundo de la canción cuando su abuela le compraba “Cancioneros” a los 4 años para poder seguir las canciones de la radio. “Mi segundo gran estímulo fueron las mujeres, que me hacían más caso si les cantaba La flor de la canela, y luego ya, cuando me incorporé a la nueva canción catalana. Y ha confesado su amor por Charles Aznavour, junto a la canción sudamericana.

Y lo que más ha enriquecido su vida y sus canciones son las “gentes que he ido conociendo a lo largo de mi vida, y que no sé cómo se llaman. Y viajar. Es necesario que la gente viaje, conozca, sepa… para llegar a la conclusión de que la gente sangra de la misma manera, y sueña, y ama a sus hijos de la misma manera. Todos somos iguales.

Marina Rosell ha confesado que viene de la tradición de todos los cantautores presentes esta tarde: Serrat, Víctor Manuel… y José Antonio Labordeta “el abuelo”. “Conocí a Labordeta en 1976, cuando grabé mi primer disco, a través de Ovidi Montllor. Me impresionó conocerlo, en su voz había sabor a tierra. Serrat fue mi otra gran influencia: él cantaba lo que yo veía y no pensaba que lo veía. Él ha trazado un hilo de identificación magistral entre todos nosotros. Ha hecho canciones superiores a él. Él y Paco Ibáñez que nos acercaron, además, a los grandes poetas del 27 musicalizando sus versos”.

“El espíritu de la transición fue la de la fraternidad de las culturas y yo canté con esa intención. Pero yo soy más feliz y mejor cantante ahora que en la transición, porque he podido formarme y sé lo que quiero. En la transición la felicidad era otra cosa, era la alegría de salir de un túnel, del franquismo”.

 

 

Marina Rosell ha asegurado que “la canción es palabra. Los cantautores son palabras. “Y hoy, en este momento, lo que ha faltado es la palabra. El gran desafío es cantar en la lengua del otro”.

Víctor Manuel ha asegurado que comenzó a escribir y a cantar escuchando la radio, oyendo a esos cantantes franceses e italianos. “Y luego te das cuenta de que componer tiene algo de inconsciente, una idea que te asalta, y que no hay nada más maravilloso que escribir una canción”.

Y ha recordado la transición como un periodo febril. “Me convertí en un activista, pero no fue un tiempo perdido. Ahora los cantautores tienen más difícil sobrevivir, porque no tienen la complicidad de los medios de comunicación”.

Luis Pastor llegó a la música porque “soy un ser musical. Estaba todo el día cantando. Hay algo maravilloso en mi vida, que es componer. Mis referentes están en el barrio, en los curas obreros, en las charlas, las lecturas… Componer es crear un nuevo ser y hay que respetar siempre la creatividad, porque la música, las canciones (con todo lo que tienen de conocimiento, crítica y reflexión), nos ayudan a ser mejores personas”. “No vamos a volver a ser los cantautores que fuimos. A los cantautores ya no se les necesita como en la transición. No conseguimos la utopía, pero vivimos en ella”.

Joaquín Carbonell ha manifestado que “yo también canté por ti, Serrat, porque nos enseñaste por dónde ir. Y por José Antonio Labordeta, mi profesor en Teruel, que cantaba rancheras porque en Teruel, entonces, no había nada que hacer. Cantábamos para pasar el tiempo, hasta que Sanchis Sinisterra, también profesor en Teruel, le dijo que compusiera sus propias canciones: abre la ventana y canta lo que ves, y lo que vio fueron unas tierras rojas que pasan hambre… una canción”. Para Carbonell, otra de sus revelaciones fue cuando, tras escuchar a Brassens, supo que se podían hacer canciones con ironía.


Cantautores en la transición, una música sin fin

Muy interesante ha sido la intervención previa de Antonio Gómez, referente del periodismo especializado en música. En los años 70 fue responsable de la sección de cantautores en el sello Movieplay-Gong, que dirigía Gonzalo García Pelayo. Minutos antes de la misma, el cantautor Luis Pastor ha recitado su ya célebre poema-canción “¿Qué fue de los cantautores?”, que ha emocionado a todos los asistentes al congreso (más de 200 personas).

En su ponencia “Cantautores en la transición, una música sin fin”, Antonio Gómez ha repasado la historia de la canción de autor en España, desde sus primeras influencias francesas en los años 60 (Brassens, Ferre, Brel y la plana mayor de  la chanson) a la latinoamericana, (Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra, Carlos Puebla o Chabuca Granda). Ha mencionado a los pioneros, “el surgimiento inicial de las primeras muestras de canción de autor española (más preciso sería decir catalana, Pi de la Serra, Enric Barbat, Guillermina Mota, Joan Manuel Serrat, María del Mar Bonet, Rafael Subirachs y Lluis Llach”. Ha hablado de su apogeo en los años 70 y de cómo le afectó la transición, su crisis y su nuevo resurgimiento.

Pero, sobre todo, ha puesto de manifiesto que “los cantautores antifranquistas no fueron tan sólo voceros más o menos frustrados de la revolución, fueron, ante todo, creadores artísticos. Contemplar  la canción de autor exclusivamente desde el punto de vista del testimonio político ofrece una imagen de los cantautores excesivamente simple y reduccionista y falsea su verdadero significado.

Cierto es que se convirtieron durante la transición en un medio de comunicación con el público, “constatando que la canción podía ser un medio artístico, musical y poético a la vez, con el que expresarse en relación con la sociedad”.

Para Antonio Gómez, “la responsabilidad de haber sido los primeros en España, no ya en componer nuevas canciones, sino en haber llevado esas canciones más allá del estrecho círculo de sus seguidores más cercanos, fue de tres nombres propios, artistas fundamentales ahora, cuya decisión de cantar nació de forma independiente y contemporánea: Raimon, Paco Ibáñez y Chicho Sánchez Ferlosio. No sólo es que fueran los primeros en grabar discos de larga duración en 1964, sino que sus canciones conectaron inmediatamente con ese tejido social antifranquista”.

Respecto a las críticas sobre la excesiva simplicidad de la canción de autor, ha precisado que “en sus primeros años, la canción de autor quiso ser voluntariamente sobria en su expresión musical, para destacar la importancia y la calidad del texto, en la necesidad de buscar la esencialidad de la canción. Se quiere una canción que comunique. Eso lo facilitaba la guitarra, pero dentro de la canción de autor hay todo tipo de instrumentos y estilos: el jazz, el folk, el flamenco o incluso el rock. La variedad musical de la canción de autor es evidente, pese a que digan que es monótona”. Desde comienzos de los años setenta y hasta la muerte del dictador, los últimos aleteos posteriores de la dictadura y el comienzo de la transición propiamente dicha, la canción de autor española fue haciéndose transversal, abarcando prácticamente la totalidad de los géneros musicales”.

Además -ha explicado- la canción de autor es una poética. La nómina de poetas musicados por la canción de autor es muy extensa (desde Góngora a Lorca, Miguel Hernández, Machado…). Los cantautores representan la corriente crítica y popular de la poesía española y encuentra en los años 60 y 70 su actividad lógica. Poesía con una sensibilidad contemporánea”.

Otro rasgo de la canción de autor, según ha expresado en esta ponencia, es que es el primer signo identitario de muchas comunidades. Prueba de ello es la cantidad de himnos que son adoptados. Algunas de aquellas canciones antifranquistas  se perdieron en la noche de la historia, pero otras, las mejores, se convirtieron en himnos movilizadores que sirvieron como elementos de identificación y reafirmación colectiva, de símbolo de unidad y solidaridad, de dinamizador de la lucha contra la dictadura y de alumbradores de un futuro en libertad. “Gallo rojo, gallo negro”, “España en marcha”, “Andaluces de Jaén”, “A galopar”, “Diguem no”, “D’un temps d’un pais”, “Bella, Ciao”, “No nos moverán”, “L’estaca”, “Somos”, “Canto a la Libertad”, “A cántaros”, “Qualsevol nit pot sortir el sol”, “Vallecas 75”… No es preciso decir los nombres de quienes nos las enseñaron, porque sabemos quiénes fueron.

“Si hubiera que datar el momento en que la transición llegó a la canción de autor española, bien se podría fijar en el 9 de mayo de 1976 y situarlo en la Universidad Autónoma de Madrid”, ha señalado. Aquel día y en aquel lugar la iniciativa aparentemente voluntarista y entusiasta de un grupo de estudiantes reunió a 50.000 personas ante 21 de los más destacados cantautores de todo el Estado español e incluso Portugal, incluido alguno, como Mikel Laboa o Raimon, que nunca antes habían aceptado participar en un acto de similares características. Se llamó Festival de los Pueblos Ibéricos y, si en aquel momento era el punto más alto que habían alcanzado los cantautores como representantes y potenciadores de una voluntad común de libertad, con la perspectiva del tiempo se puede comprobar que también supuso el comienzo de su decadencia en ese terreno concreto de influencia en la historia, de su capacidad de movilización política. Su cenit, pero también su canto del cisne”.

La herencia recibida

La ponencia de Antonio Gómez ha concluido de este modo: “Si la canción de autor española hubiera sido tan sólo un testimonio de resistencia contra el franquismo, en este punto acabaríamos este repaso del tema. O, como mucho, empezaríamos a hablar de memoria histórica, de lo que fue y que, aunque ya haya dejado de serlo, merece ser recordado como reivindicación y enseñanza del pasado. No es el caso, pues la canción de autor en España no es hoy tan sólo memoria de un ayer ya transcurrido, sino presencia viva y renovada. A lo largo de los más de treinta años transcurridos desde aquella transición, la canción de autor ha continuado activa, en muchos de sus viejos cultores, pero también en nuevas voces que han ido surgiendo hasta ahora mismo en una sucesión de oleadas generacionales. Jóvenes y ya no tan jóvenes que recorren los bares con una guitarra a cuestas, cantado para un público fiel y entusiasta, por más que minoritario, como si de una vueltas a los orígenes se tratara, convertidos los clubs juveniles o culturales de antaño en los actuales garitos con micrófono y mínimo estrado. También hay en ellos un cierto regreso a las raíces formales, con la guitarra como principal, y a veces único, acompañamiento.

La lista de cantautores españoles surgidos tras la transición política es larga, y en numerosos casos su obra valiosa. Desde Ruper Ordorika o Javier Ruibal, reciente Premio Nacional de las Músicas Actuales, que abrieron paso a las nuevas generaciones allá por los comienzos de los ochenta, hasta Pedro Pastor Guerra, que con apenas 23 años ha mostrado ya sus cualidades de heredero no sólo musical, sino biológico. Y ahí queda en mezcla cronológica un listado (somero, que el espacio manda): Pedro Guerra, Javier Batanero, María José Hernández, Albert Pla, Javier Bergia, Fermín Muguruza, Marta Plumilla, Ismael Serrano, Andrés Sudón, Emilio Cao, Silvia Pérez Cruz, Javier Álvarez, Rozalén

 

 

Una continuidad generacional que no se explica sólo por la posible devoción de los más jóvenes hacia sus mayores, muchos de ellos perfectos desconocidos para las nuevas generaciones, o por la importancia que le puedan a su papel histórico, sino porque la canción de autor supuso, en todo el mundo y también en España, la creación de un lenguaje creativo compuesto por diferentes modelos musicales y poéticos, y cuya esencia fue y es la actitud del autor y cantante ante la canción que compone y canta, considerándola como una obra creativa y artística, adulta y madura, capaz de expresar las complejidades del conjunto de los humanos, de sus vivencias personales o sociales, afrontadas a menudo desde un punto de vista crítico y a veces subversivo.

 

CLAUSURA DEL CONGRESO MAÑANA SÁBADO. Para concluir el congreso, mañana sábado a las 10 horas se realizará una visita guiada al Palacio de la Aljafería para los congresistas y tras ella habrá una ponencia a cargo de Eloy Fernández Clemente sobre “Andalán”.

El II Congreso José Antonio Labordeta de Política, Comunicación y Periodismo aborda “La transición en España”, “La transición en Aragón”, “La transición y los medios de comunicación, nacionales y aragoneses”, “Los cantautores en la transición”, y “Andalán”. Está organizado por la Fundación José Antonio Labordeta, con la coordinación de Antonio Ibáñez, y cuenta con la colaboración de Las Cortes de Aragón, el Gobierno de Aragón, el Ayuntamiento de Zaragoza y Caja Rural de Teruel.

Participan en este congreso célebres políticos, periodistas, historiadores y otros agentes sociales que vivieron muy de cerca y fueron protagonistas de esta transición, esos años en los que se selló gran pacto político, a base de diálogo y consenso, para que España llegase a ser una democracia; un talante y unos modos de hacer que hoy, más que nunca, conviene recordar y debatir. Por ello, este congreso aborda la importancia de ese periodo histórico en el que José Antonio Labordeta también participó con un protagonismo determinante.

La Fundación José Antonio Labordeta es una organización sin ánimo de lucro que tiene como objetivo principal recordar, estudiar, preservar y difundir la obra, el pensamiento y la memoria del escritor, músico y político aragonés, así como acoger la obra de todas aquellas personas vinculadas generacional o afectivamente con él. Horario para visitar su sede (calle Mariano Barbasán, 5 – entrada por la calle Latassa): de lunes a viernes de 10.30 a 13.30 horas. Entrada: 1€.

 

*La foto es de Javier Castejón.

 

 

MAYA GODED: UN DIÁLOGO

MAYA GODED: UN DIÁLOGO

Maya Goded (Ciudad de México, 1967) es una de las grandes fotógrafas de América. Podríamos decir que está en la línea de artistas como Susan Meiselas o Nan Goldin. Estos días ha participado en Albarracín en el Seminario de Periodismo y Fotografía, que coordina Gervasio Sánchez. “Mi abuelo era aragonés. Se dedicó a la hostelería, a la comida, y trabajó en el primer hotel de Acapulco. Y mi marido, el actor Daniel Giménez Cacho, nació en España, pero de niño lo trasladaron a México. Llevamos más de veinte años juntos”. Así se presenta esta mujer de voz tranquila y sonrisa leve que pronuncia con suavidad el ‘ahorita’.

-Abrió el sábado el Seminario de Periodismo y Fotografía. ¿Qué quiso contar?

He hablado de crear más puentes para la fotografía y del intento de llegar a más gente, para que mi obra no se quede en un círculo de fotógrafos. Yo no trabajo para periódicos. Hago fotografía documental y es difícil darle salida. Mis fotos, más que de colgar en casa, son más bien de museos y de coleccionistas, y a la vez trato de escribir textos que van con las fotos. Conté que hice un documental del año pasado.

-¿‘Plaza de la Soledad’ no? ¿Está basado en su conocido proyecto fotográfico en blanco y negro?

-Sí, sí. El de hace 20 años. Que llegase al cine comercial es muy raro, fue muy importante, muy lindo, siento que se cumplió un diálogo que yo necesitaba desde hace mucho: quería que lo viera y que provocara a la gente que no ve fotos. La película también se pudo llevar al senado, a los reclusorios.

He leído que regresó a la plaza en 2012. ¿Volvió a citarse con las prostitutas o sexo-servidoras, como las ha llamado alguna vez?

-Tardé tres años en hacer este trabajo. Yo, en realidad, siempre he tenido como una continua relación en la plaza y con las mujeres. Me gusta introducir, presentar cosas, que se mueva la gente; todas son mujeres que conozco hace veinte años. Luego también trabajé en una obra de teatro con actores de Ciudad Juárez, donde tantas mujeres son asesinadas, que habla sobre las mujeres que han desaparecido. También lo había hecho en fotos en la serie ‘Desaparecidas’. Será un documental extenso, pero el lunes (hoy) voy a proyectar una parte.  En estos años he trabajado en  páginas y documentales web. Se trata de buscar otros espectadores para estos temas de violencia, de abusos, de violencia de género.

-Su fotografía es de denuncia, de documento social, de la intimidad. ¿Cómo se define?

Me importan temas sociales, me gusta abarcar desde algo muy personal y muy íntimo. Son como temas que he ido buscando y que están vinculados con mi propia historia y mi vida personal, siento que mi trayectoria ha sido un caminar mío buscando cómo entender situaciones o cosas que viví de pequeña pero que también que me han preocupado a lo largo de mi vida. Deseo entender la sociedad y entenderme a mí misma, y eso quiere decir también entender mi infancia y mis fantasmas. Y todo es como si tuviera un único objetivo: encontrar el significado de la vida.

-Usted reflexiona sobre la prostitución, el cuerpo, la violencia, la maternidad…

-Sí. Son como temas de todos que hago míos porque una trata de entenderse,, como si quisiera fotografiar y escribir mi propia historia. Y también se trata de encontrar cómo le puedo dar a eso una dimensión más social y universal.

-Usted empezó trabando con Graciela Iturbide, una de las grandes fotógrafas de América. ¿Qué aprendió de ella?

-Aprendí que hacer fotos no es solo tomar fotos, sino enriquecerte. Que hay que leer, que hay que soñar, oír música, la vida es algo mucho más amplio que tomar fotos. Gaciela Iturbide es una mujer muy culta en la música, en la lectura, en el pensamiento; me ha inspirado mucho para mi obra por su trabajo artístico y antropológico. Y ella me enseñó a jugar en la foto…

-¿Jugar’

Sí, sí, sí. Jugar en la foto. Yo juego, para mí fotografiar es jugar con la gente que estoy trabajando. En el documental yo tenía una idea, pero ellas, las mujeres también planeaban cosas. Se trata de que también la voz del otro salga en la foto y, ay, en el acercamiento. No creo en absoluto en la foto objetiva. La foto, hagas lo que hagas, es subjetiva, es opinión, es una forma de mirar. Sé que uno provoca tomando fotos; entonces también hay que saber jugar con eso.

Me llama la atención ese grado de intimidad que logra: saca a algunas prostitutas con sus amantes ocasionales, le dejan retratar sus cuerpos, sus pechos. ¿Cómo lo logra?

Nunca estás en la misma situación, claro, pero sí creo que hay que entablar la relación lo más horizontal posible. Para mí eso es lo que me gusta de la foto. Llegar al lugar, quitarte todos tus tabús y dejar que esa realidad te modifique, te mueva, te estremezca. De lo contrario no tiene sentido para mí tomar fotos. Yo también me abro y dejo que me toquen las cosas. Eso lo nota la gente a la que le haces fotos.

-Me ha parecido que en los últimos años, el vídeo y el cine la han seducido. ¿Es así?

Cuesta mucho tiempo hacer una película. Son diferentes. En el cine trabajas en equipo, con otras personas, y tenía mucha necesidad del movimiento y del sonido, pero ahorita creo que estoy cambiando mi rumbo totalmente. Ya no busco violencia y mujeres, busco otras cosas, medicina ancestral y otros temas. Iniciaré un viaje mío, interior, en el que me acompañará la foto fija. Para explorar el mundo lo mejor es ir con una cámara y sola.

 

 

 

 

EL 'TERRENAL' DE LAMOV

LAMOV CONMUEVE EN EL PRINCIPAL CON 'TERRENAL'


[Este texto de Michel Vallés* explica en buena parte la génesis de 'Terrenal', el espectáculo soberbio de LaMov que se despidió anoche del Teatro Principal. Una pieza preciosa marcada por el ‘Réquiem’ de Mozart y algunas piezas de Javier Sarnago. Doce bailarines, en diversas claves o situaciones simbólicas y dolientes, en una indagación en los trastornos del movimiento y del cuerpo y del alma, realizan un trabajo impresionante: intenso y lirico, convulso, con temblores, y de exploración total en los estados de ánimo, en las relaciones humanas, en el mar de la soledad.

Con ese impresionante subrayado musical del ‘Réquiem’ de Mozart hay momentos en que acuden las lágrimas a los ojos. La danza se vuelve emoción, estremecimiento, paleta incesante de sentimientos, sobre un escenario casi desnudo, aunque con unos elementos sencillos de escenografía que podrían simbolizar las habitaciones de hospital o el extraño corredor que lleva a la muerte.

Los bailarines, con su dinamismo y su entrega, bordan el amor, el desamor, el vacío, la amistad, el misterio, la fragilidad, la percepción fatalista del existir, el destino, y lo hacen con energía, plasticidad, sentido de la belleza, sensualidad, desamparo y manejo de los ritmos, algo que domina muy bien Víctor Jiménez, algo que prepara con meticulosidad en sus escenografías. Una de las obras más redondas de una compañía que trabaja mucho, que cree en lo que hace y que tiene una importante y generosa presencia en la vida cultural de Aragón y de su ciudad, Zaragoza.]


*La foto es de Jaime Oriz, que acudió de nuevo a ver el montaje del cual ha hecho un amplio reportaje.

http://www.elperiodicodearagon.com/…/marca-aragon_1235589.h…

TEXTO DE MICHEL VALLÉS*

Marca Aragón

Hace justo un año me diagnosticaron el cáncer de pulmón en fase IV. El 27 de octubre del 2016 tuve mi primera sesión de quimioterapia. Cinco horas en una cama con tres vías abiertas en el brazo derecho. Guardo fotos con mi hermano, con mi novia, con los amigos que me vinieron a ver. Hago la señal de la victoria. Cuando salí a la calle sentí cierta euforia, ya estaba en la pelea. Durante todo este tiempo he mantenido muchas conversaciones sobre el tortuoso camino que debe recorrer un enfermo de cáncer. Con Víctor Jiménez, director de la compañía de danza LaMov, he quedado con frecuencia. Hemos hablado largo y tendido, y de esas charlas ha salido Terrenal, una obra que se estrena mañana en el teatro Principal y que permanecerá en cartel hasta el domingo. Todo el mérito es suyo. Su creación trasciende de lo que yo haya podido contarle y refleja el sufrimiento, el miedo y la incertidumbre que vivimos los enfermos oncológicos. Pero también la esperanza, la pelea por la vida, la importancia de la amistad, de la familia, del amor. Habla de lo esencial, de lo más terrenal: la vida y la muerte. Suena el Réquiem de Mozart y la vibración de la danza resuena en la piel. Es una obra que relata lo más íntimo. Cualquiera puede sentirse identificado y traspasado. Víctor Jiménez consigue captar ese pálpito atemporal; la existencia misma repleta de contradicciones. LaMov es marca Aragón y marca Zaragoza; lejos de convencionalismos. Un proyecto artístico nacido aquí, que rompe fronteras y que merece apoyo y reconocimiento.

*Periodista

TONI ITURBE DIALOGA CON JORDI NADAL EN LOS DIEZ AÑOS PLATAFORMA

AL HABLA CON EL EDITOR
 Jordi Nadal, el hijo del mecánico
que construye plataformas

Entrevistado por Antonio Iturbe. [Entrevista que me envía Bibiana Ripol.
Jordi Nadal ofrece entrevistas con motivo del 10º aniversario 
de Plataforma Editorial

Jordi Nadal es un radical: para el trabajo, para los afectos, para los cabreos, para la obsesión por las cosas que le importan… En su despacho de Plataforma, amplio pero austero, bajo la protección de una imagen de su hija con un muñeco gigante y otra de un cartel con la portada de Tintín en el Tíbet, él lo explica a su manera: «Dicen que las prisiones están llenas de gente como yo, es decir, soy un 8 del eneagrama, como Toni Soprano, pero Bach y la lectura me han transformado y sofisticado». Creció entre llaves inglesas en el taller de casa, pero él quiso siempre atornillar libros. Estudió letras, le apasionaba
Rilke y recitaba de memoria poemas de Hölderlin. Aunque se maneja muy bien con los números y su cabeza es una calculadora. Obsesivo como es, conoce no solo sus números, sino los de toda la industria del libro, poniendo en práctica la idea de que saber es poder. Su habilidad como gestor lo llevó a distintos cargos organizativos en grandes grupos editoriales, pero lo que él siempre quiso fue ser editor de base, ejercer esa profesión que consiste en ser jardinero del talento creativo. Jordi Nadal vive en un frenesí constante para sacar adelante su editorial, pagar las nóminas y defender su lugar en el mundo con uñas y dientes. Estos diez años han sido de remar a contracorriente y de pelear cada libro, perosu maestro Hölderlin escribía que «allí donde nace lo que nos condena, también nace lo que nos salva». Nadal sigue remando, pero sonríe con esa sonrisa taimada. Ha remontado su río.

¿Por qué la editorial se llama Plataforma? Plataforma me sugiere un lugar elevado, con 360 de visión y con posibilidades de hacer cosas. Siempre digo que «hacer me hace» (fer em fa), y es esencial, para mí, estar en un lugar desde el que las ideas y los proyectos, con el mejor perfil humano posible, se conviertan en realidades. 
En el libro que acabas de publicar, LibroterapiaTM, hay una reivindicación de la lentitud («La prisa no sirve para los libros»)…, pero ¡eres una persona de una aceleración bestial…! ¿Cómo se conjuga eso?
¡Dime qué editas y te diré de qué careces! Yo busco la serenidad,
porque mi manera de ser es hiperactiva, y los libros (como, en otro orden de cosas, escuchar Bach) me serenan. Y que sea rápido no quiere decir que no conozca, disfrute, valore y, llegado el caso, añore y anhele la lentitud.

Explicas que en el arranque de Plataforma hay miedo al fracaso. Miedo es una palabra que pensaba que no formaba parte de tu diccionario: ¿cómo es turelación con el miedo? Desde que leí Astérix y los normandos, de niño, supe que hay que controlar el miedo. También Tintín es valiente, ¡y mira que le pasan cosas! Tengo miedo porque soy humano y, por tanto, vulnerable. Además, el mundo puede ser muy duro. Convivir con el miedo e intentar superarlo es una manera de forjar carácter y, en definitiva, de avanzar. Y vivir es avanzar.

Y fracaso… ¿qué es fracasar? No llegar a ser quien merecías haber sido (en el sentido de no llegar a aquello a lo que estabas llamado a ser, lo de Píndaro, etcétera).
 
Y al revés: ¿qué es el éxito? Estar donde quieres, con las personas que quieres, asumiendo el coste, sabiendo que es más duro tener principios que intereses, y superar la ambición, conseguir que nunca la codicia ni el odio manden, conseguir embridarlos a ambos y convertirlos en ambición legítima y en energía creativa. Tener salud y gente que te quiera, y añado algo que parece un lujo pero que también es esencial: tiempo, espacio y silencio.

En 10 años la editorial ha multiplicado su número de libros publicados, sus ventas, su número de empleados…, ¿cuándo considerarás que has llegado donde querías llegar? He llegado donde quería, tampoco me imaginé nada. Estamos donde debemos estar, no quiero crecer. Quiero ser artesano e innovador, y con mayor tamaño, en mi sector, es muy muy difícil, no estamos en ello ni por ello. He embridado, desde hace mucho tiempo, la codicia, que destruye a tanta tanta tanta gente.
 
Hablas con orgullo de tu origen humilde como hijo de mecánico, ¿qué aprendiste en esa infancia trabajadora que no se enseña en los másteres universitarios? El trabajo bien hecho, la voluntad de servir, el valor de la honradez, el mandar en mi vida. El haber descubierto, con los años, que la vida es simple y que la gente solo quiere que la quieran.
 
De estos 10 años… ¿cuál ha sido el mejor momento? El día que nació mi hija Clara. Mucho después, pensar que crearíamos una editorial, Patio, para que tuviese libros elegidos por su madre, María Alasia. Una buenísima editora.
 
¿Y el peor? La soledad del empresario que empieza al inicio de una crisis enorme en un entorno de diez años de crisis y sus consecuencias. La enorme dificultad de trabajar siendo honrado. Lo duro que es encontrar personas honestas. Las decepciones de gente que no tiene ni nivel ni calidad.
 
¿En qué se diferencia este Jordi Nadal de 2017 de aquel de 2007 que montóPlataforma? Me he hecho mayor, soy mejor empresario, tengo menos energía. Soy más duro, pero me emociono más. Intento vivir para servir y busco a personas buenas.
 
Visto lo visto, si volvieras a empezar, ¿volverías a ser editor? Sí, porque no soy ni médico ni maestro, las dos profesiones, con sus variantes, en sentido amplio, que más aportan a una sociedad. Ser editor, en mi concepción, es buscar belleza, verdad y bondad… ¡y compartirla!
 
Barcelona, octubre de 2017, Antonio Iturbe

 

PILAR GÓMEZ BEDATE, PARA SIEMPRE EN CALACEITE CON ÁNGEL

PILAR GÓMEZ BEDATE, PARA SIEMPRE EN CALACEITE CON ÁNGEL

M É M O R A

Por Amador Palacios

 

El sábado 14 de octubre de 2017, a dos meses justos desde su fallecimiento en un hospital de Zaragoza, tuvo lugar en el cementerio de Calaceite, situado en la “Franja” aragonesa (donde se habla no castellano sino catalán), el entierro de los restos mortales (cenizas) de Pilar Gómez Bedate, en la fosa ya ocupada, hace 22 años, por su marido el poeta Ángel Crespo.

En la víspera del “evento”, ya estábamos reunidos en Calaceite parte de ese grupo perteneciente al mundo literario, al espectro del arte, a los ambientes de la docencia y la intelectualidad, que, como amigos de Pilar, la iríamos a acompañar al día siguiente en el momento de establecerse a perpetuidad en su último enclave.

Era curioso sentir estar, atardeciendo calmadamente en Calaceite, a esa peña fraterna sentados a la mesa espaciosa en el salón de esa bonita casa de la calle d’Enrufa, aposentados como tantas veces, bebiendo y brindando ahora enfáticamente por ella, aún en su presencia, pues la urna con sus cenizas descansaba, en el piso de arriba, sobre una de las mesitas de su gabinete.

A la mañana siguiente, mientras las campanadas aseguraban el mediodía, todos los asistentes (ese grupo de amigos, la familia, más bastante gente del pueblo, veraniegos convecinos de Pilar) nos apiñábamos frente a la hermosa fachada barroca de la iglesia de Calaceite. En la misa, requerida en su testamento, oíamos cómo un sacerdote polaco desgranaba las fórmulas del funeral y ofrendaba el último adiós a “Pilar Gomes”.

El entierro estuvo presidido por Nacho, el sobrino de Ángel Crespo, quien sacó la urna metálica verde de una bolsa con el nombre impreso de la empresa funeraria “Mémora”, introduciéndola en un hoyo de tierra efectuado a los pies de la tumba. Unos cuantos echamos unas paladas sobre el funéreo recipiente hasta cubrirlo y rellenar el hueco. Al cabo, se dijeron unas palabras, sencillas y sinceras, sin la retórica y la pose que hubieran sido pronunciadas en un acto cultural organizado ex profeso.

Con la muerte de Pilar, esta unión vital del gran poeta manchego y su abnegada compañera, asimismo una creadora sumamente valiosa, se acababa de cerrar “confortablemente”. Algunas despedidas en la tapia del cementerio. En corrillos se regresó al centro del pueblo y algunos ocupamos dos o tres mesas en la Fonda Alcalá, ya histórico lugar adonde acudía con frecuencia Joan Perucho cuando era juez en Gandesa y de la que también escribió más de una vez Néstor Luján.

Al salir del restaurante, el hermano de Pilar expresó el deseo de que nos encontrásemos en una ocasión menos triste. Yo me dije para mis adentros que la ocasión presente no era triste sino alegre, desprovista de una pérdida en caliente y recordando festivamente a la protagonista de estas exequias en grata reunión. La verdad es que la muerte cosecha un sosiego absoluto; al menos en este caso, en el que los acontecimientos se han sucedido con asombrosa serenidad; serenidad asociada a la ecuánime personalidad de Pilar Gómez Bedate.

 

 

*Texto de Amador Palacios, remitido por Nacho García Crespo.

MEMORIA DE NATI ZARO

MEMORIA DE NATI ZARO

VICKY CALAVIA INICIA EL RODAJE DE LA VIDA DE NATI ZARO


Hay mujeres a las que la memoria colectiva no les ha dado una segunda oportunidad y habitan el limbo del olvido. Una de ellas, entre nosotros, es Natividad Zaro, nacida en Borja el 26 de diciembre de 1901, y no en 1909 ni en 1905 como tanto se ha escrito, y fallecida en Madrid en 1978, al día siguiente de ser arrollada por un coche. ¿Quién fue esta mujer en realidad? Actriz y rapsoda, dramaturga y adaptadora de textos, escritora de ficciones, guionista y productora de cine. El pasado lunes, en el Teatro Principal, Vicky Calavia empezaba a rodar un documental sobre ella.
“La primera persona que me habló de ella fue el malogrado Félix Romeo. Hace muchos años me dijo que tenía que hacer un documental sobre ella. Leí su espléndido artículo aparecido en HERALDO. Con el paso del tiempo, a través de diferentes amistades, he tenido mucho contacto con Borja y con el Centro de Estudios Borjanos, y su director Manuel Gracia Rivas, que también me animó”, explica la autora de trabajos sobre María Domínguez, Manuel Rotellar o su contemporánea María Moliner.
“Lo que me atrajo de esta mujer, que hizo tantas cosas, que su iniciativa, su capacidad de trabajo. No se amilanaba ante las cosas y encontró su sitio en un mundo de hombres”, afirma. 


Nati Zaro se marchó a estudiar a Madrid Filosofía y Letras, y allí cursó cuatro cursos. Se inclinó hacia el teatro y debutó como rapsoda, y provocó el elogio de Ramón Gómez de la Serna y de César González-Ruano, que aludió a “esos ojos de agua de mar, donde asoma la vida hecha poesía”. Más tarde, se integró en la agrupación El caracol, que tenía 300 socios, y se volcó con la escena: formó un dúo con Cipriano Rivas Cherif, encarnó a don Juan Tenorio, al propio seductor, y actuó en obras de Carlo Collodi y Jacinto Benavente. Marcada por Luigi Pirandello, estrenó ‘El hombre de los tres reflejos’. Una de las revelaciones del documental de Vicky Calavia es que estuvo casada en los años 20 y 30 con un diplomático, pero se cruzó en su vida el poeta, narrador y periodista de ‘Abc’ Eugenio Montes -que acabará volviéndose falangista- e inician una relación amorosa que solo finalizará con la muerte. Cuando estalla la Guerra Civil, será enfermera en el frente y escribirá su experiencia en el libro ‘También la guerra es dulce’, que pasará al cine como ‘Sin uniforme’. 


Acompañará a Eugenio Montes a Berlín, Roma y París, en una época dinámica donde hizo muchas cosas: escribió, concibió argumentos, tradujo del inglés, francés e italiano. Hacia 1951 regresarían a España, y Nati Zaro fundó Athenea Films. “Hay muchas cosas que me atraen de ella, pero quizá lo más sorprendente sea la película ‘Surcos’ de José Antonio Nieves Conde, que generó polémica. Ella estuvo en la producción y colaboró en el guión. Era una película que acababa con el costumbrismo e introducía la denuncia social, el neorrealismo”, agrega Vicky Calavia. “Nati Zaro puede parece un personaje contradictorio: no deja de ser curioso que una mujer como ellea, cosmopolita, pueda tener relaciones con Falange y a la vez sea una defensora del papel de la mujer”. Desde Athenea Films, Natividad Zaro produjo ‘Amanecer en Puerta Oscura’ de José María Forqué, que reconocía que el argumento de esa historia de bandidos era de ella.
Para mí Natividad Zaro es un enigma. Es una mujer muy misteriosa”, concluye Calavia, que está grabando los testimonios de Javier Barreiro, Javier Hernandez, Luis Alegre, Juan Villalba Sebastián, Adolfo Ayuso, María Antonia Martín Zorraquino (“su madre estudió con Nati Zaro”, dice), Asunción Balaguer, Gemma Cuervo y el ya citado Manuel Gracia Rivas.

*El dibujo es de la pintora Ana Maorad y está basada en su foto más conocida.

LA ZARAGOZA MUSICAL Y LITERARIA

Un viaje literario y musical por Zaragoza,

desde Marcial y Catulo hasta nuestros días

 

 

Antón Castro / Zaragoza

“Les propongo un trato. Conozcamos diversos momentos de la historia de Zaragoza a través de sus palabras”. Así podría empezar el trayecto literario ‘Zaragoza a través de literatura’ el actor Mariano Lasheras, de la compañía Zootropo, y antes de Pingaliraina y Los Navegantes, mientras los sonidos de flauta de Miguel Ángel Fraile, integrante de El manto de Noca y O’Carolan, crean una atmósfera envolvente de ensueño y de evocación. Estas visitas, organizadas por el PICH (Plan Integral del Casco Histórico) y por las Bibliotecas Públicas de Zaragoza, suelen durar dos horas y son itinerantes. Suponen un paseo, a la manera de los libros del suizo Robert Walser: los acompañantes de Lasheras y Fraile visitan tres espacios. Suelen ser el Museo del Fuego, el convento de Santa Ana, “muy desconocido, en la calle Madre Rafols”, y la Biblioteca del Agua, pero otras veces se añaden la Bóveda del Albergue, la Escuela de Música, con su peculiar patio renacentista del siglo XV y su incomparable techo de alfarje policromado, y el Museo Pablo Serrano. “Allí elegimos la cabeza de Antonio Machado, tan espectacular”, dice Lasheras. El paseo consta siempre de tres espacios y tres partes.

“La visita es una apuesta por la imaginación, el divertimento y el conocimiento. En el Museo del Fuego, donde suele hacerse la primera parte, el narrador como si fuera un druida repasa los primeros textos sobre la ciudad. Hay textos romanos de Catulo o de Marcial; nos permitimos la licencia de suponer que el autor bilbilitano, al volver de Roma, paró en Zaragoza y leemos uno de sus epigramas”. Y se presentan autores árabes y judíos como Avempace, Hadna Bin Handun, que nació en Molina de Aragón pero estuvo mucho tiempo entre nosotros, Ibn Paquda e Ibn Gabirol, entre otros. “Mezclamos poesía y prosa: un poema, un aforismo, un recuerdo, un informe histórico con gracia o un cuento sefardí como ‘El perro, el caballo y el músico’. Siempre intentamos dar un detalle del edificio, rescatar una anécdota o hallar alguna curiosidad: podemos contar la historia del derribo de la Torre Nueva o narrar un crimen en el restaurante Los Espumosos hace mucho tiempo, que cuenta Sender”, explica Mariano Lasheras, que lleva un libro con los textos. Fraile, un músico muy versátil, emplea distintas gaitas y hace sonar músicas muy diferentes. A veces emplea partituras y otras veces toca de memoria. De sus instrumentos brota música festiva o melancólica, aromas medievales, Boccherini o aires de jota o de Falla.

La segunda visita suele ser en la Bóveda del Albergue, en la calle Predicadores, y propone un viaje desde el siglo XV, cuando Zaragoza se parecía a Florencia y la llamaban “Zaragoza la harta” y llega hasta el siglo XIX: hasta Braulio Foz y Benito Pérez Galdós. En este tramo de cuatro siglos caben viajeros que pasaron por la ciudad como Enrique Cook o Giacomo Casanova, que contó el desconcierto que le produjo Pignatelli, pero también se habla de ‘Guzmán de Alfarache’ de Mateo Alemán, de ‘El Criticón’ de Gracián, y se leen poemas de Lope de Vega.

“Como nos gusta dar apuntes sobre la ciudad, aquí recordamos la importancia que tuvo la imprenta en Zaragoza, con figuras como Mateo Flandro, Jorge Coci o Pablo Horus, entre otros, y recordamos el incendio del Corral de Comedias, donde murieron 77 personas. De ahí, luego, nacería en 1799 el Teatro Principal”. En este segundo trayecto también hay espacio para hablar de ‘El trovador’ de García Gutiérrez, que sucede en parte en la Aljafería, o de los recuerdos de Santiago Ramón y Cajal. “Y por supuesto también recordamos a Cervantes: en Zaragoza ganó unas cucharillas de plata en unas justas poéticas. Imaginamos que pudo haber estado en la ciudad y leemos algún fragmento de don Quijote”.

Por lo regular, el itinerario suele concluir en la Biblioteca del Agua. Esta tercera parte está dedicada al siglo XX y XXI. “Ofrecemos algunos apuntes de los grandes arquitectos de la ciudad: Ricardo Magdalena, Félix Navarro, Fernando García Mercadal, Francisco Albiñana, Julio Bravo. Y presentamos a los autores de vanguardia y ahora ya clásicos: Jarnés habla del sexo de la ciudad y Ramón J. Sender nos lleva de viaje por la Quinta Julieta”. Entre esas pinceladas históricas habituales, abordan ‘la Zaragoza de los alemanes’, que contó Sergio del Molino, y rescatan al escritor Luis Buñuel, que editó Agustín Sánchez Vidal. “No podía faltar la tertulia de la Peña Niké, donde oficiaba Miguel Labordeta, del que leemos el poema ‘Mataos’, que su hermano José Antonio recitó en el Congreso de los Diputados, pero también recordamos la ‘Zaragoza amarilla’ de Julio Antonio Gómez, a través del poema ‘Geografía’ y a ese personaje surrealista e inclasificable que fue Luis García-Abrines, del que decían que recibía tendido en un ataúd”.

El libro de la Zaragoza literaria se cierra con uno de los autores que más amó la ciudad: Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) y su texto confesional: ‘¿Por qué escribo?’. “Esta odisea verbal y musical dura alrededor de dos horas. Pueden participar un máximo de 40 personas. A la gente le gusta mucho. No sabía que la ciudad había generado e inspirado tanta literatura y además le encanta ver los espacios, descubrir rincones, edificios y personajes”. Al final de este viaje algunos se suman a la fiesta y leen nuevos textos. Y así, con nuevas voces, Zaragoza se multiplica en la literatura y en la senda de los siglos. Para apuntarse pueden dirigirse a biliotecas-sociocultural@zaragoza.es.