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Antón Castro

LA LUZ OBLICUA DEL FARO

LA LUZ OBLICUA DEL FARO

Siempre me han gustado mucho los faros. En ‘Golpes de mar’ (Destino) invento un farero de Caión, Buxán, que conoce todos los secretos del mar, de los marinos y de los naufragios. Me ha encantado esta foto del artista búlgaro Nacho Kamenov.

JAVIER TOMEO: OPINIONES EN TORNO A 'PECADOS GRIEGOS'

JAVIER TOMEO: OPINIONES EN TORNO A 'PECADOS GRIEGOS'

“Las novelas realistas son las

que más falsean la realidad”

 

“Los críticos ven en mis libros cosas

que uno ni se había imaginado”

 

“Escribir es asomarse a una ventana

y enfrentarse a un paisaje”

 

“Nunca me ha gustado

la novela realista”

 

Javier Tomeo publica ‘Pecados griegos’, una narración alegórica y política sobre la monarquía, el sexo y la fuerza del destino. Entrevista 

 

A Javier Tomeo (Quicena, 1931) le encanta la noche con luna. En esta ocasión, no ha elegido un descampado sino el jardín del palacio del rey Teseo para establecer un diálogo entre el adivino Godofredo, republicano, sarcástico y adivino del porvenir, y la reina Fedra, un tanto olvidada por su esposo, el promiscuo Teseo. Godofredo y Fedra conversan, mientras un mochuelo ensaya su canto, que suena kiu kiu kiu. Esta es, esencialmente, la anécdota de su última novela: ‘Pecados griegos’ (Bruguera), que presentaba el pasado viernes en Ámbito Cultural.

-Esta novela está dedicada a Elke. ¿A quién se refiere?

-A Elke Wehr, mi traductora al alemán, que falleció hace unos meses. Le tenía un gran cariño. La conocía desde hacía muchos años. También tradujo a otros escritores españoles como Javier Marías.

-¿Cuál es el origen del libro?

-No lo he dicho nunca. Hace más de diez años, una actriz catalana me pidió un texto y le escribí esta pieza sobre Fedra. No me gustó mucho, y creo que a ella tampoco la convenció, y se quedó en un cajón. Algunos años después la rescaté y la continué, y aquí está.

-Es una típica novela suya: una novela teatral, con acotaciones, dos personajes y mucho diálogo…

-Mis novelas carecen de argumento. Esta presenta el diálogo de dos personajes que están en las antípodas: el enano Godofredo, que es un personaje muy particular, una especie de monstruo lleno de defectos: es feo, soez, misógino, pero es sabio. Y la reina Fedra, que es una mujer insatisfecha, inclinada al placer, que quiere saber qué va a ocurrir con su futuro…

-Godofredo, “el mejor adivino de la ciudad”, lo sabe.

-Sí, claro. El hombre es un ser encadenado a su destino. Fedra es una pobre criatura que no puede escapar a su sino. Y de esto hablan los dos, en la noche: de la fuerza del destino. En medio de su charla asoman un montón de cosas: la vida sexual de los mochuelos, la mitología griega, que siempre me ha interesa porque resume un montón de historias, el amor, el temor al abandono, etc.

Parece que todos sus libros deben leerse en clave alegórica o simbólica. ¿Cuál es la interpretación que puede hacerse de ‘Pecados griegos’ desde el presente?

Yo más que una narración convencional, escribo situaciones dramáticas prolongadas con una serie de automatismos que tienen mucho que ver con la intuición y con una cierta deformación grotesca de la realidad. Con todo creo que aquí están mis temas: el amor, y el sexo especialmente, la incomunicación, el egoísmo, la soledad, el miedo a la muerte...

-¿Por qué rehuye siempre el realismo, por qué toma tanta distancia de la realidad?

-Nunca me ha gustado la novela realista. Cuando empezaba a escribir, en tiempos de censura, un amigo leyó mis cosas y me dijo: “Eso ya lo han escrito Concha Espina y José María de Pereda, y lo hacían mejor tú. Debes encontrar tu propia voz”. Y creo que la encontré en un tipo de narraciones que estaban emparentadas con autores que leía, como Albert Camus. Yo siempre digo que leer, y escribir, es asomarse a una ventana y enfrentarse a un paisaje. Y especialmente con ‘Pecados griegos’, cuyo título no tiene nada que ver con la homosexualidad, que en Grecia era una auténtica institución, algo permitido, sino más bien con el incesto y con otros pecados: Fedra se enamorará de Hipólito, hijo de Teseo. A mí me parece que las novelas realistas son las que más falsean más la realidad; tienen algo de crónicas manipuladas.

-En la presentación de su libro, Félix Romeo dijo que este era su libro más antimonárquico: recordó que usted habla de un monarca lascivo, de su reina griega…

-Los críticos ven cosas que uno a veces no había imaginado. Eso me encanta, y también aquí. Pero sinceramente no sé lo que quiero decir en esta novela. Soy antimonárquico…, pero eso ya lo he escrito muchas veces.

-Hace diez años, el Ayuntamiento de Zaragoza lo apoyó como candidato al Premio Nobel. ¿Cómo lo recuerda?

-Maravillosamente. Fue un acto de amistad por parte de un montón de amigos.

*La fotografía de Javier Tomeo está realizada, en el hotel Palafox, por Aloma Rodríguez.

 

MURIÓ EN BORJA EL GUERRILLERO MONTORIO, 'EL CHAVAL'

MURIÓ EN BORJA EL GUERRILLERO MONTORIO, 'EL CHAVAL'

José Manuel Montorio Gonzalvo, el borjano conocido por el Chaval en la España de los años 40 y 50, fue uno de los guerrilleros aragoneses que arriesgaron su vida aquellos años en la lucha contra la dictadura franquista, y hasta hoy ha seguido aquí para contamos el día a día de aquella guerra de guerrillas.

 

Tres años de resistencia francesa contra el invasor nazi y siete en la guerrilla española contra la opresión franquista han marcado para siempre la vida de este luchador por la libertad y la democracia. Su libro Cordillera Ibérica, recuerdos y olvidos de un guerrillero, es un apasionante relato histórico que abarca desde 1945 hasta 1952, y en el que describe con magis­tral realismo ese oscuro periodo de nuestra posguerra.

 

El miedo, el frío, el hambre, la lucha contra un régimen impuesto al pueblo español por las armas, la represión, los intereses partidistas y el heroísmo de muchas personas, son situaciones que el protagonista vivió y nos contó con un lenguaje directo en el que no faltaban la pin­celada de humor y su particular visión poética de esta terrible tragedia.

 

*Javier Díaz desde el Mas de las Matas envía esta nota en recuerdo de Montorio, al que conocí en 2005 en los Encuentros en el Paraíso de Cantavieja. Pedro Peinado lo trajo y nos anunció entonces que ya llevaba 300 páginas de sus memorias, que publicó luego. Tomo esta nota de Díaz y de sus cuadernos de Cazarabet.

LUIS ALEGRE CONVERSA HOY CON CARMEN PARÍS

LUIS ALEGRE CONVERSA HOY CON CARMEN PARÍS

Carmen París visita hoy “El reservado”

 

La cantante habla de sus padres, cuenta sus años de verbenas, bares y baloncesto y reflexiona sobre el éxito y la popularidad

 

Hoy lunes 27 de abril, la cantante y compositora aragonesa Carmen París será la invitada de “El reservado” el programa de entrevistas que presenta y dirige Luis Alegre en Aragón TV.

 

Carmen París, aunque nació en Tarragona en 1966, creció en Utebo (Zaragoza) y estudió Filosofía y Letras en Zaragoza. Curtida en verbenas, bodas, bautizos y comuniones –sobre todo con la Orquesta Jamaica–, su carrera dio un vuelco espectacular con el disco Pa mi genio (2002). Luego ha publicado Jotera lo serás tú eIncubando, y se ha consolidado como una de las artistas más estimulantes y personales de la canción española.

 

A lo largo de la charla con Luis Alegre, Carmen París cuenta lo afortunada que se sintió desde niña por “tener unos padres que se querían” y habla de la importancia de tener unos padres cariñosos para la vida de cualquiera. La cantante se extiende sobre la personalidad de sus padres, que eran bohemios, y recuerda que de niña le gustaba mucho ir a misa para cantar en el coro. Fue precisamente cantando durante una boda cuando fue descubierta por los miembros de la Orquesta Jamaica, con la que recorrió muchos lugares, sobre todo de Aragón. Carmen cuenta algunas vivencias insólitas de aquellos años: en Calamocha actuó únicamente para un abuelo y su nieto; en el hotel Papa Luna de Peñíscola, además de actuar durante varios veranos impartió clases de animación y gimnasia para niños y mujeres, y en Seo de Urgell sufrió un acoso.

 

Muy divertida, cuenta anécdotas cuando era camarera en el bar de sus padres en Utebo, muy frecuentado por el personal de la Base Americana. La cantante recuerda sus tiempos en la Universidad de Zaragoza y reconoce que su afición por el atletismo, y después por el baloncesto, “perjudicó” su carrera académica. La cantante también recuerda su amor platónico de juventud, aunque ahora agradece que no le hiciera mucho caso. Carmen París confiesa preferir el prestigio a la popularidad y habla del precio de la fama que ella ha visto pagar a compañeros suyos como Enrique Bunbury o Eva Amaral. La artista concluye la entrevista entonando maravillosamente una versión de La Albada, la popular canción de José Antonio Labordeta.

 

“El reservado”, con Luis Alegre, se emite el lunes a las 23:30 horas. Hoy: Carmen París. (La información corresponde a Prensa de Aragón Televisión y a la productora de ‘El reservado’.)

MIGUEL ÁNGEL YUSTA CIERRA UNA TRILOGÍA POÉTICA

MIGUEL ÁNGEL YUSTA CIERRA UNA TRILOGÍA POÉTICA

PRESENTACIÓN

 

Martes, día 28 de Abril de 2009

19:30 horas.

 

SENDERO DE AMOR Y OLVIDO

                           

De Miguel Ángel Yusta

 

 

Tras los libros “Teoría de luz” y “Reloj de arena” (ambos presentados en el Fórum de Fnac), el autor cierra la trilogía. En palabras del prologuista, el poeta José Verón Gormaz, “las sendas de la poesía son las mismas que las de la vida, aunque en bastantes ocasiones parecen ir más allá de la realidad. Es la magia del poema, capaz de expresar lo inexpresable. Miguel Ángel Yusta lo afirma con este poemario de piezas breves como relámpagos que iluminan los más bellos instantes del amor pasado, para regresar, después, a la sombra de la duda”.

Presentarán el libro el poeta y escritor José Verón Gormaz y el escritor y periodista Ricardo Vázquez-Prada. La poeta Carmen Aliaga recitará poemas de la Trilogía y otras obras del autor.

*El poeta y estudioso de la jota Miguel Ángel Yusta, Mayusta, me envía esta nota (“Será un placer compartir con vosotros este momento. Al final tomaremos un vino y unos pinchos, para pasar los versos”, dice) que figura así en la agenda de la Fnac Zaragoza, Abril’09, que coordina el escritor Ángel Gracia. 

**Despedida con un beso acrobático en 1950. Foto anónima.

DOS POEMAS DE MIGUEL ÁNGEL YUSTA

 

 

Los compases rítmicos del bajo

rebotaban en las últimas horas de humo.

Apurabas la noche de vodka y cristal,

de pieles oscuras y doradas

moviéndose en un palmo de sudor.

Él no había dejado de mirar

tus senos perfumados,

lunas del cielo oscuro de la barra

y su mirada intentaba rasgar

tu vientre enfebrecido.

Pero, de nuevo envuelta por la sombra,

dijiste no y huiste de ti misma.

Tal vez el miedo a la luz de la mañana

paralizó tu instinto.

El lienzo vigilante de la noche

escoltó tu regreso por las calles desiertas.

Después, en el silencio

de los amaneceres desgastados,

exploraste una vez más, aún ebria,

el húmedo vacío de tus playas...

 

 

2

La calle Mayor era un callejón donde apenas cabía un coche,

a mediodía quedaba sumida en silencio

allá por los años cincuenta del siglo pasado;

el sol, en verano, penetraba por las rendijas de las persianas

en la hora sorda y húmeda de la siesta.

De repente, unos pasos en el pavimento adoquinado

proyectaban jirones negros en el encalado de la sala,

mientras el reloj de pared, cansado y achacoso,

agitaba el silencio con campanadas afónicas,

testigos casi inmóviles del paso del tiempo.

Sus pesas de plomo pendían de un cordel, amenazantes

sobre las baldosas rojas y blancas desgastadas durante siglos

por pasos renovados y manos laboriosas.

El viejo reloj había dado años antes la hora final del abuelo

y la del día de la victoria que sería la de la derrota de los vencidos;

también despidió a mis tíos hacia el destierro

en una  noche de serpientes negras y lunas enrojecidas.

 

Un día de sol amarillento y pobre de los años cuarenta

salía mi hermana a casarse, vestida de corto,

la cara de niña, empañada la voz,

mientras yo le cogía la mano para que no se fuese;

poco más recuerdo de aquella tibia mañana de abril,

pero sí que el reloj sonreía desde el fondo de la sala

con su tic-tac profundo de corazón cansado.

A escondidas, yo animaba su péndulo de latón, travesuras de niño,

tal vez por ver si apresuraba las horas y llegaba más pronto un día feliz;

entonces su corazón se volvía loco unos segundos

pero, pronto, todo volvía a ser espeso y normal:

el tiempo debería transcurrir inexorable, pero despacio

hasta marcar la hora de una adolescencia que abriera mis sentidos,

mientras la calle seguía dormida en el mediodía

y, tras los balcones, el reloj aplazaba la hora de la calle Mayor.

 

 

 

 

EL GARRAPINILLOS PERDIÓ CON EL JUVENTUD: 2-5

EL GARRAPINILLOS PERDIÓ CON EL JUVENTUD: 2-5

Hace varias semanas que apenas comento los partidos del Garrapinillos juvenil. No es que hayamos perdido la ilusión, pero hemos pasado de un gran rendimiento y de la opción de ascenso a una situación un tanto anodina y desconcertante. Hace un par de semanas, empatamos a cero en el campo del Olivar en un partido donde nos faltó ambición, algo más de juego y definición. El pasado sábado, mientras estaba en Benasque, el equipo perdió ante el Escalerillas: el Garrapinillos, dirigido por Manolo en esta ocasión, se puso 3-1 en el inicio de la segunda parte, pero el equipo rival (que había perdido con nosotros a domicilio por 3-7, creo), le dio la vuelta al choque y acabó ganando por 3-4. Recuerdo que llamé a Aloma, que estaba tomando algunas fotos, y no me podía creer el viraje del partido.

 

Hoy visitábamos el campo de unos de los gallitos de la categoría: el Juventud. En nuestro campo, les vencimos con claridad por 5-3, con dos estupendos goles de vaselina de Jorge. Desde entonces, han pasado muchas cosas: el maleficio se inició con la lesión del arquero Gayoso, que ya no volvió a jugar por la lesión en un dedo; luego perdimos a cuatro jugadores y por si fuera poco se lesionó Diego Rodríguez: tuvo una fractura limpia de peroné y es más que improbable que regrese, y ya es lástima porque era decisivo para nosotros y estaba en su mejor campaña.

 

A las ausencias de Diego y de Gayoso, se sumó hoy la inesperada de Diego Cali. Jugamos así: Stalin; Jaime, Marcos, Alfredo, Aitor; Alex Velilla, Mario, Adrián Serna, Jorge; Pirri y Alex Fernández. Entrarían luego Jorge David en lugar de Aitor; Miguel en lugar de Alex, finalmente Diogo por Pirri. Ellos marcaron muy pronto; en la primera parte, fallamos bastante en defensa, y se pusieron pronto con un franco 3-0. Nos colocamos con 4-1, al final del primer tiempo, y apuramos el 4-2. Al final, batieron a Stalin y vencieron con claridad por 5-2. Nosotros tuvimos rachas: fallamos en varios balones cruzados, hicimos un penalti y no encontramos una buena dirección de juego. Adrián Serna y Jorge lo intentaron, pero no acababan de situarse bien. Y algo así ocurrió en la primera parte, donde hubo algo más de juego. El Garrapinillos, con todo, no le perdió la cara al partido, y hasta que ellos sentenciaron claramente con el 5-2, hubo tensión, peligro en las dos área, equilibrio, e incluso algún instante de belleza.

 

Al Juventud que subirá con el Marianistas no se le puede discutir su triunfo ni su superioridad. Les vencimos en el primer partido y hubiéramos podido dar algo más de sí hoy si hubiésemos defendido con más rigor y concentración en la primera parte. Stalin, hay que decirlo, jugó en la segunda parte el mejor partido que ha jugado con nosotros. Detuvo balones increíbles. Él también se sumó a nuestra mejor segunda parte.

Querría hacer notar un detalle importante: Eduardo 'Pirri', en la foto, logró hoy su gol número 25.

FALLECIÓ EL NARRADOR Y POETA ANTONIO PEREIRA

FALLECIÓ EL NARRADOR Y POETA ANTONIO PEREIRA

Esta mañana me enteraba de la muerte del narrador y poeta Antonio Pereira, uno de esos escritores que me hacía pensar en maestros como Carlos Casares, Ánxel Fole o Cristóbal Serra, entre otros. Hace algún tiempo le dediqué una entrada en el blog: disfrutaba con su prosa, con sus historias que nacían de la vida, de sus viajes, de sus reflexiones, en el libro ‘La divisa en la torre’. Recojo aquí el artículo e incorporo otro que me ha gustado mucho de Ernesto Escapa, que he hallado hoy en Islakokotero.blogsome.com, de donde recojo también esta estupenda foto de Amancio Casado.

 

Desde hace casi un mes me acompaña un libro: La divisa en la torre (Alianza Editorial: Alianza Literaria) de Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, 1923). Se trata de uno de esos libros de género difícil: mezcla las memorias y la autobiografía con el apunte, el retrato, la anécdota jugosa y la narración pura. El libro tiene todos los ingredientes del  universo de Pereira: una mirada personal, el gusto por las trastiendas de la vida, la capacidad de atrapar las historias al vuelo, el conocimiento de los personajes y un afán constante de vivir.

El escritor Antonio Pereira asoma constantemente, pero también el soñador, el fabulador, el poeta. Aquí se habla desde la búsqueda de una película de la infancia, en Urueña, hasta de invitaciones literarias, de personajes que poseen un don o una extravagancia (como aquella mujer que acudía a las casas a contar historias...), historias de amor, pinceladas de amigos más o menos célebres como Paco Pino o Cela o el traductor y catedrático Basilio Losada, la ineludible y breve visita a Vicente Aleixandre, historias de curas con ínfulas, historias de periódicos o de gentes que han caído en el olvido y delinquen para que se les recuerde... Antonio Pereira escribe con humor, con gracia, con una ironía muy especial. Es un galanteador del decir y del amor, es un viajero lento que lo oye casi todo. Y todos los textos, disparejos, funcionan a la perfección: son breves,  intensos, tiene el encanto de la prosa que va y viene como un pájaro libre. Por cierto, Antonio Pereira define el oficio de la literatura como “el oficio de volar”. 


Éste es uno de esos libros en los que adivinas la humanidad del autor, la maestría sin estridencias, el estilo y el talento. No conozco a Antonio Pereira, he oído en muchas ocasiones decir a Mateo Díez o Merino u otros que era su maestro, que era un maestro. Es un romancero a la antigua usanza. Es un calígrafo de la emoción, de la ternura, de la sugerencia y del arte de vivir para contarlo.

 

ANTONIO PEREIRA: LA DIVISA DEL SEDUCTOR

   

Por Ernesto ESCAPA

En torno al pasado San Froilán tuvo lugar en León el octavo Congreso Nacional de Escritores, que incluyó en su programa un merecido homenaje a Antonio Pereira. Yo aproveché mi turno en aquel encuentro para señalar la seria anomalía de que el maestro del relato literario siguiera sin el reconocimiento de un Nacional de las Letras a su trayectoria. Hubiera sido el primer cuentista en recibir el galardón, pero otra vez la muerte anduvo más lista que los jurados. Despidió el siglo con el Premio Castilla y León de las Letras, que se sumaba al Fastenrath de la Academia, al Leopoldo Alas y al Torrente Ballester. Pereira empezó a publicar cumplidos los cuarenta y nos deja, en cifras cabales y redondas, veinticinco libros de prosa y diez de versos. Además de un legado de bonhomía y de un inmenso caudal de afectos.

Antes de la eclosión de la literatura leonesa, formó parte de la trilogía de escritores que protagonizó nuestro León de las nostalgias, junto a Crémer y Gamoneda. Fue lo que tuvimos, felizmente. Un poeta curtido en todas las batallas, como Crémer, y dos escritores de pujante madurez. En aquel escenario provincial Pereira fue emergiendo como un consumado seductor. Sin ruido ni alharaca de premios altisonantes, hizo una obra modélica zurcida con monástica paciencia.

Pereira encontró en el cuento la horma para ajustar el hilo a la cometa de su fantasía. En esta distancia corta, el humor del noroeste, la tierna ambigüedad, el episodio menudo, la confidencia coloquial y un tenue erotismo, que el autor registró con patente diocesana, encuentran su expresión más eficaz. Es un escenario fugaz pero inolvidable, que concilia la difícil alianza entre imaginación y realidad, modelado con sutileza de orfebre en el manejo de la palabra. Como cuentista, Pereira ocupa pedestal de clásico. 

Después de un volumen primerizo de relatos, con el que obtuvo el premio Leopoldo Alas a mediados de los sesenta, Pereira alcanzó su madurez en ‘El ingeniero Balboa y otras historias civiles’. Luego depuró el oficio a lo largo de tres décadas, que dieron para siete libros más de relatos y otras tantas antologías. A menudo transitan por los relatos sus cómplices de aventura literaria, desde los más cercanos a los dioses mayores. Y tantos episodios de una memoria traviesa, que nos deleita con destellos de gracejo, a la vez que muestra la cartografía de sus afinidades y pasiones más íntimas. En la narrativa breve Pereira exhibe una singular destreza para destilar asombros en su pupila de viajero que ha tocado todos los cabos. También cultivó el apunte memorial en un par de libros magníficos, sofocados por su edición en la provincia.

Autor de cinco libros de poesía, publicó tres novelas: la última y más valiosa, ‘País de los Losadas’ (1978). En ‘Meteoros’ (2006) reunió y puso en valor su obra poética. Sus tres primeros libros del género cultivan los oficios familiares, los viajes cercanos, la amistad derramada, la nostalgia y el entrañamiento. ‘Dibujo de figura’ (1972) ofrece signos de un tono crítico imprevisto: "Ya sabía que un muerto no es gran cosa / en una edad de tapias y cunetas". La depuración expresiva, la cadencia narrativa y coloquial, la renuncia a la rima, parecen conducir al silencio del poeta. Viva voz abrocha su obra lírica con una miscelánea de apuntes, complicidades y tributos de amistad.

*Como he dicho, tomo este texto prestado del blog islakokotero.blogsome.com

 

UN POEMA NUPCIAL DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

UN POEMA NUPCIAL DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

IX

 

Mañana nupcial

 

Por los espejos se idealiza la mañana

en una alegoría distante y solitaria…

La fronda es más de ensueño, el oro es más de plata,

el amor más sereno, las voces más fantásticas.

 

Se daría la vida por un beso; las alas

se abren más frescas, más luminosas, más blandas,

resplandece la frente tersa, maravillada,

el corazón, como una alondra, ríe y canta.

 

Cual una barca mágica boga en la tibia estancia,

pasan, en ronda dulce, rosas blancas y granas,

y en el rayo del sol, que entra irisado, vaga

no sé qué intacto y mate traje de desposada…

 

La Diputación de Huelva y la editorial Visor, junto a otras instituciones, están publicando la obra completa de Juan Ramón Jiménez, libro a libro. Ahora acaba de aparecer la edición de ‘Laberinto’. El texto lo ha preparado Carlos Martín Aires, y el prólogo es de los aragoneses Túa Blesa y Elena Pallarés. En el volumen encuentro este poema; JRJ es un poeta excepcional, encarna la poesía, la pureza, la belleza, la mirada encendida de sensibilidad. Ilustro este poema con una imagen que me encanta: este beso bajo la lluvia que captó Louis Stettner. El proyecto editorial, se me olvidaba decirlo, lo dirigen el zaragozano Javier Blasco y Francisco Silvera. Coordina la edición Antonio Piedra.