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Antón Castro

'LA BORRACHERA DE LA IDENTIDAD'. DANIEL GASCÓN EN 'LETRAS LIBRES'

'LA BORRACHERA DE LA IDENTIDAD'. DANIEL GASCÓN EN 'LETRAS LIBRES'

LA BORRACHERA DE LA IDENTIDAD
Artículo de Daniel GASCÓN, publicado el 29.09.2017 en ’Letras Libres’.
La crítica a una identidad colectiva, a su parafernalia hortera o su propaganda, se ha convertido en una agresión a las personas.
 

En un texto dedicado al humor somarda, José Luis Cano contaba la anécdota de un funcionario del ayuntamiento de Calanda, Teruel, que le indicaba a una señora: “Aquí tendrá que firmar alguien de la familia”. “¿Y quién de la familia?”, contestaba ella. “No sé, cualquiera, su marido mismo.” “¡Uy, mi marido de la familia, si ni siquiera es del pueblo!”

Las bromas las carga el diablo y lo que lleva tiempo ocurriendo en Cataluña puede verse como una farsa que se repite en forma de tragedia: como si demasiada gente al mismo tiempo se hubiera tomado en serio el chiste.

Hay investigadores que señalan que existe un componente biológico en el nacionalismo, además de elementos de construcción cultural y de intereses de las élites. No está claro que eso lo haga irremediable: hay otros impulsos biológicos que hemos conseguido domesticar y en buena parte de Europa durante décadas se ha conseguido acallar o tener una versión relativamente suave de algo que, como dijo Mitterrand en un discurso inolvidable, es la guerra.

Aurora Nacarino-Brabo ha escrito en esta revista sobre la alianza entre nacionalismo y populismo. Además, el nacionalismo ha disimulado (aunque, a decir verdad, tampoco disimula tanto) sus elementos anacrónicos, un poco decimonónicos y rancios, y su sustrato supremacista, en una época que mostraba una actitud comprensiva hacia el discurso de las identidades, y en particular hacia identidades autonómicas, que en algunos casos habían sido oprimidas durante la dictadura franquista.

La identidad no siempre tiene articulación política, y tampoco tiene necesariamente una relación conflictiva con el sentimiento de pertenencia a una unidad mayor. Pero es útil para el nacionalismo. Aunque la identidad es compleja, cambiante y azarosa, el nacionalismo privilegia una sola variedad homogénea y esencialista por encima de las demás. Los nacionalistas periféricos españoles tienden a hablar de la asignatura de Formación de Espíritu Nacional. Pero al observar sus acciones, no es difícil detectar cierta admiración: parece que lo que les molesta no es el adoctrinamiento sino que este se hacía en los mitos y símbolos equivocados.

Facilita el paso a una implicación emocional. La crítica a una identidad colectiva, a su parafernalia hortera o sus mecanismos de propaganda, se convertía en una agresión a las personas. Si es un sentimiento íntimo, todo ataque es una ofensa: la nación (o la pertenencia regional) ya no se ve como una idea sino como una parte del sujeto, y se olvida que las tradiciones culturales son en buena medida una mezcla de falsificación y robo: en su divertido texto sobre el humor aragonés, el sabio Cano cita como ejemplos a Chuang Tzu y Buster Keaton. En los casos extremos, la discusión se desliza hacia lo religioso y todo desacuerdo se vuelve blasfemia.

Propicia también el desarrollo de lo que podríamos llamar una política del agravio. Este no es un elemento despreciable. Todos nos sentimos ofendidos y el deseo de reconocimiento es una poderosa fuerza política.

Existen injusticias mensurables que se pueden rectificar. Hay reparaciones y gestos simbólicos que pueden ser útiles, y se pueden hacer por buena voluntad o cuestiones pragmáticas. Pero esta política tiene sus límites y problemas.

Entre ellos está el regreso constante al pasado. Una de sus tentaciones más frecuentes es proyectarlo en el futuro, como ha escrito Manuel Arias Maldonado: a ver si esta vez sale bien. Quienes no conocen la historia, escribió Christopher Hitchens, están condenados a recrearla.

Otro es que el agraviado, en ese repositorio cambiante del pasado, tiene siempre motivos para sentirse herido. “Nadie quiere ser víctima, pero todos quieren haberlo sido”, escribía Todorov. Así, por ejemplo, cuando un escritor español, en un texto de propósito conciliador, publicó un artículo explicando lo importante que era para él la cultura catalana, un narrador en catalán le reprochó que los nombres que citaba en su artículo fueran clásicos: eso demostraba, a su juicio, su falta de interés por la cultura catalana contemporánea.

Otro problema de la política del agravio es que, cuando uno está muy preocupado por las ofensas reales e imaginarias que recibe, tiene menos capacidad para detectar las ofensas reales e imaginarias que produce. Es bastante frecuente leer o escuchar a gente que muestra una extraordinaria sensibilidad para lo propio y una espeluznante falta de sensibilidad hacia los demás.

El énfasis en la identidad y los agravios produce un discurso emocional que dificulta llegar a acuerdos. No creo que haya que despreciar las emociones ni pasarlas por alto, pero conviene mantenerlas a raya antes de la discusión. No porque no sean importantes, sino, entre otras cosas, por respeto a su poder y relevancia.

Un poco de ironía –en el sentido de tener conciencia de la propia contingencia– puede resultar útil. No significa renunciar a los propios principios; al contrario, puede ayudarnos a distinguir lo que de verdad importa.

 

*Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) es el editor de la edición española de la revista mexicana ’Letras Libres’. Ilustración de José Luis Cano para su libro de Servet. Es Calvino.

PERICO: DESDE EL RINCÓN DE LA VIDA

PERICO: DESDE EL RINCÓN DE LA VIDA

Pedro Fernández Castillejos (1952-2016), Perico, el doble campeón del mundo, encarna muy bien el destino de los boxeadores: salió de la nada, del orfelinato en Calatayud y en Zaragoza, alcanzó la fama, se aupó a la cima y finalmente inició su caída, que había alcanzado su estadio más triste en los últimos tiempos, cuando se quedó sin fonda y sin dinero, y hubo de refugiarse en un bar de alterne. Perico, tras dejar el boxeo y percibir que los caudales y los amigos desaparecían, siempre buscó un refugio: para pintar, para recordar su vida, para seguir. Y lo encontró en algunos amores, en lugares como el desaparecido Mangrullo, e incluso encontró otra forma de refugio en la música o en la literatura. Uno de los discos más bonitos de Enrique Bunbury, ‘Flamingo’, está dedicado a él y a su mundo, y se oye la voz de Héctor Quiroga que anuncia que Perico acaba de proclamarse campeón del mundo ante Furuyama. Alberto Maestro redactó su primera biografía; Mariano Gistaín y José Antonio Ciria realizaron una auténtica investigación hasta dar con su madre para ‘La vida en un puño’ (Ediciones del Valle, 1987). Juan Luis Saldaña y Octavio Gómez Milián le situaron en la esfera de la cultura pop: Perico grabó un disco, fue felicitado por Franco, pero además fue una criatura de la noche, que coincidía con los ‘zaraguayos’, en la vida alegre de la Zaragoza de los 80. Siempre le gustaron los toros: alterna la pintura abstracta, con la que paseó por algunos platós de España, con la pintura taurina, más bien esquemática. Vivir contra la memoria y el mito no es nada fácil: Perico, vulnerable y solo, era indomable y carne de leyenda.

 

SUBIDA A LA PEÑA MONTAÑESA

SUBIDA A LA PEÑA MONTAÑESA

Eduardo Viñuales Cobos me envía esto: "Yo estoy subiendo a la Peña Montañesa, envuelto por peñas y nubes, con pinos negros retorcidos y centenarios... Día mágico. Te mando foto".

MURNAU, EL POETA DEL CINE MUDO

MURNAU, EL POETA DEL CINE MUDO

F. W. Murnau, el poeta del cine mudo

 

La tumba del director de ‘Nosferatu’ y ‘Amanecer’ fue profanada y, como a Goya, le han robado su cráneo

 

Friedrich Wilhelm Plumpe, hijo de un fabricante textil, ha pasado a la historia como “el poeta del cine” o “el poeta del silencio”. Es autor, al menos, de dos obras maestras: ‘Nosferatu’ (1922), una interpretación libre de ‘Drácula’, y ‘Amanecer’ (1927), un complejo ejercicio de exquisita sensibilidad, la primera película que hizo en América. Murnau había nacido en Bielefeld (Alemania) en 1888; desde muy joven, destacaría por su curiosidad y su talento. Estudió arte, filosofía y música en la Universidad de Heidelberg y participó como piloto en la I Guerra Mundial; fue herido en Suiza y regresó a casa. Al principio, influenciado por el romanticismo, más o menos tenebroso o fatalista, por el nuevo expresionismo y por el productor y dramaturgo Max Reinhardt, con quien colaboraría, se inclinó por el teatro como actor, aunque no tardaría en debutar en el cine. En 1909 se cambió el apellido: sustituyó Plumpe por Murnau, un pueblo de la alta Baviera que había visitado con uno de sus amigos en bicicleta.

En 1919 filmó ‘El muchacho en azul’ y realizó varias películas antes de ‘Nosferatu’, algunas tan interesantes como ‘El castillo Vogeloed’ y ‘Fantomas’, basada en una novela del Nobel Gerhard Hauptmann, con guion de Thea von Harbou. En 1922, un año muy intenso, se estrenó la historia del vampiro ‘Nosferatu. La sinfonía del horror’, que se rodó en exteriores. Como la productora no logró conseguir los derechos de la novela ‘Drácula’ de Bram Stoker, hizo su propia adaptación y cambió al Conde Drácula por el Conde Orlok. La viuda del escritor lo denunció y fue condenado a destruir la película. Alguna gente tenía copias y, felizmente, la película se conserva. Más tarde filmó ‘El último’ (1924), ‘Tartufo’ (1926) o ‘Fausto’ (1926), con su actor fetiche Emil Jannings. ‘Fausto’ tenía algo de superproducción y era un intento de contar la historia de Goethe del anciano sabio que vende su alma al diablo para conquistar a la bella Margarita. El cine de Murnau poseía una factura técnica indiscutible: pura plasticidad y belleza. Trabajaba como nadie la puesta en escena –admiraba al romántico Friedrich, pero también a Rembrandt y a Goya-, poseía un especial sentido del ritmo y los movimientos de cámara eran innovadores.

Lo reclamaron de Hollywood y allí estrenó ‘Amanecer’ (1927), para muchos uno de los más bellos poemas visuales del cine mudo, de casi tres horas, expresionista, que abordaba la historia de un hombre que tiene el corazón dividido entre dos mujeres. Recibió tres Oscars. Con todo, a W. F. Murnau no le acompañó el éxito en su periplo norteamericano, quizá por ello intentó regresar a su país. Rodó ‘Tabú’ en Tahití, su último y tumultuoso proyecto.

Un 11 de marzo de 1931 perdió la vida en Santa Bárbara, California, en un accidente de coche que conducía un joven filipino de catorce años, al que, según cuenta Kenneth Anger en su ‘Hollywood Babilonia’ (Tusquets), le practicaba sexo oral. Murnau ha vuelto a ser recordado estos días porque alguien profanó su tumba, en el mausoleo número 22 de Stahnsdorf, rompió el ataúd metálico y robó su calavera. Este hecho le vincula con su querido Goya: en 1888, tras la exhumación de sus restos, el cónsul Pereira remitió una nota desde Burdeos donde decía: “Esqueleto de Goya no tiene cráneo”. Aún hoy no se sabe qué fue de él. Quizá sea más fácil saber qué pasó con el cráneo de Murnau.

 

LA ANÉCDOTA

Murnau murió en marzo de 1931 y su cadáver tardó casi un año en volver a su país. Antes fue cuidadosamente embalsamado. El rodaje de su última película fue un tormento. Le escribió a su madre y le dijo: “En ningún sitio me hallo en casa; en ningún país y en ningún lugar, ni cerca de ninguna persona”. La víspera de su adiós, un astrólogo le anticipó que perdería la vida en un accidente.

 

*La foto es de 1920.

 

 

 

VIDA DESESPERADA DE ÉDITH PIAF

VIDA DESESPERADA DE ÉDITH PIAF

 La vida desesperada de Édith Piaf

 

La cantante y actriz (1915-1963) conmovió a las masas con sus canciones y sigue considerándose “la voz de Francia”

 

 

“Cantar es otra forma de escapar. Es otro mundo”, dijo Édith Giovanna Gassion, que se haría famosa como Édith Piaf, la desgarradora musa de los existencialistas franceses de los años 50. No es fácil hallar una vida tan accidentada y dramática como la suya. Ella misma contribuyó a llenarla de consejas: dijo que había nacido en plena calle Belleville y ya se sabe que nació en el hospital de Tenon, en París. Su padre era el acróbata Louis Alphonse Gassion y su madre la cantante de cabaré Annette Maillard, alcohólica y enferma. Tras volver de la I Guerra Mundial, su padre se hizo cargo de ella; la niña sufrió una queratitis (inflación de la córnea) que la dejó ciega un tiempo. Se recuperó y pasó a vivir con su abuela paterna, que regentaba un burdel en la Normandía; por eso casi siempre se dice que fue educada por las prostitutas.

Más tarde, empezó acompañar a su padre en su circo ambulante y llamó la atención con su poderosa voz. Conoció a un joven, Louis Dupont, con quien tuvo una hija, Marcelle, que murió a los dos años. Y a la vez la descubrió un empresario de cabaré Louis Leplée, la contrató y le publicó su primer disco bajo el nombre de Môme Piaf (Pequeño gorrión), por su aspecto  desvalido. Un día, tras un incidente no esclarecido, Leplée apareció muerto de un disparo y Édith fue acosada.

Regresó a los bajos fondos, a los cabarés modestos de Pigalle, hasta que se cruzaron en su camino el compositor Raymond Asso, que le regaló canciones y le enseñó a mejorar su técnica vocal, y la pianista Marguerite Monnot. Volvió a enamorar al público y puede decirse que en vísperas de la II Guerra Mundial ya era una cantante famosa con sus temas, desesperados y melancólicos, del París más costumbrista y sombrío. Con ‘Ma legionnaire’ obtuvo un gran éxito: podía oírse como una canción de amor y un canto contra la guerra. La actitud de Édith Piaf en la contienda fue compleja: algunos biógrafos dicen que visitó un campo de internamiento alemán, que estuvo próxima al gobierno pro alemán de De Vichy y a la vez se sabe que protegió y ayudó a muchos judíos. Estaba con los débiles.

En 1944 se cruzó con un joven y apuesto cantante de music-hall que se convertiría en su amante: Yves Montand. Estuvieron casi dos años juntos y en 1946 iniciaron una gira que acabó en ruptura. Édith fue una mujer apasionada, con una sexualidad vibrante, capaz de vivir varias relaciones simultáneamente. En cierto modo, su existencia, puro coraje, era una constante búsqueda de un hombre ideal y una batalla contra el amor imposible. En 1947, conoció al gran púgil Marcel Cerdán, casado y padre de tres hijos, con quien no tardaría en iniciar una relación amorosa. En septiembre de 1948 se coronó campeón del mundo ante Tony Zale. Un año más tarde, ella, que iba de éxito en éxito por Estados Unidos, lo llamó para que acudiese a verla. El avión, con destino a Nueva York, sufrió un accidente en San Miguel de las Azores el 28 de octubre y Cerdán perdió la vida con otros 47 pasajeros.

Édith Piaf sufrió una crisis de tristeza y de ansiedad y se hizo adicta a la morfina, dependencia que ya no abandonaría jamás. A Cerdán le dedicó uno de sus mejores temas: ‘Hymne a l’amour’ (1949), que sucedió en su lista de espléndidas canciones a ‘La vie en rose’. Contaba historias crueles con un sentimiento desgarrador; la gente la oía con fervor, hipnotizada. Poseía sinceridad, hondura, escalofrío, parecía que en cualquier instante estallaría en llanto. Consciente de su capacidad de comunicación, dijo: “Estoy segura de que podría leer a Baudelaire en un cabaré y me aplaudirían”.

En 1950 conquistó el Olympia. Al año siguiente conoció a Charles Aznavour, que lo fue todo para ella: amante, secretario, letrista de temas de como ‘Jezebel’ o ‘Plus bleu que tes yeux’. En 1952 se casó con el cantante Jacques Pills y vivieron juntos, con altibajos, hasta 1956, año en que triunfó en el Carnegie Hall. Dos años después se cruzó en su camino Georges Moustaki; los cantantes jóvenes eran su especialidad; a los ya citados se sumarían Eddie Constantine y Gilbert Bécaud. En 1958, viajando en coche con Moustaki, Édith sufrió un terrible accidente, que le exigió diversos tratamientos. En medio del dolor, era esclava de los opiáceos y del alcohol. No tardó en descubrírsele un cáncer hepático. En 1961, se sobrepuso a todo y aceptó la oferta de cantar de nuevo en el Olympia, que estaba a punto de cerrar. No tenía fuerzas, parecía que iba a desplomarse en cualquier instante; apareció en escena con su vestido negro y su voz trémula y cautivadora, y cantó: ‘Je ne regrette rien’ (No me arrepiento de nada). Louis Armstrong dijo: “Me arrancó el corazón”. Algo que suscribieron el público en general y amigos como Alain Delon, Belmondo, Brassens, Paul Newman o Duke Ellington Gracias a ella, el Olympia sobrevivió.

Se casó de nuevo, esta vez con el joven peluquero y cantante griego Théo Sarapo. Apenas vivió un año más: el 10 de octubre de 1963, a los 47 años, moría en el barrio periférico de Grasse. Se conocía tan bien que dejó este autorretrato: “Todo lo que he hecho durante mi vida ha sido desobedecer”.

 

LA ANÉCDOTA

 

Amigos y admiradores. Édith Piaf, cantante y actriz de cine y de teatro, tuvo muchos admiradores. Desde Serge Gainsbourg a Marlene Dietrich, desde Sartre a Roland Barthes. Uno de sus mejores amigos fue Jean Cocteau, que escribió para ella ‘Le bel indiferent’. La muerte de ambos se hizo pública el mismo día, el 11 de octubre de 1963, aunque ella había finado un día antes. A Édith Piaf el arzobispo de París le negó el funeral católico por su vida disipada. El abad Leclerc, en cambio, bendijo su tumba de Pere Lachaise. Ella creyó ciegamente en Dios. Marion Cotillard le dio vida en ‘La vida en rosa’ (2007) y conquistó el Oscar. Francia celebra este año el centenario de su nacimiento.

 

*De la serie del Verano de 2015. La foto es de Raymond Voinquel.

 

VÍCTOR JUAN RECOPILA 66 TEXTOS SOBRE LOS MAESTROS

VÍCTOR JUAN RECOPILA 66 TEXTOS SOBRE LOS MAESTROS

[Recibo esta buena noticia de Víctor Juan: publica un nuevo libro sobre los maestros.] El próximo 16 de octubre, a las 19:30 horas, se presentará en la Biblioteca de Aragón el libro editado por Doce Robles en el que he recogido las 66 columnas que he publicado durante cuatro cursos en Heraldo Escolar. Es un libro cocido a fuego lento. Es un libro en el que, en realidad he invertido casi treinta años, el tiempo necesario para poder recoger los datos pequeños que he ofrecido en las columnas. A mí me hubiera gustado poder consultar esta suerte de diccionario de maestros, escuelas y pedagogía.

 

 

DELANTAL

Se recogen en este libro las sesenta y cinco columnas que han visto la luz desde octubre de 2013 hasta junio de 2017 en la sección «De escuelas & maestros» de «Heraldo Escolar», el suplemento de educación de Heraldo de Aragón. Ni Lucía Serrano, coordinadora del suplemento, ni yo mismo podíamos imaginar que esta colaboración nos llevaría tan lejos. Escribir en el Escolar de Heraldo me ha permitido gozar de un enorme privilegio: llegar directamente al corazón de las escuelas aragonesas. Durante estos cuatro años he intentado contar un cuento —a veces varios— con dos mil quinientos caracteres, letra arriba, letra abajo. No siempre ha sido fácil, pero en todas las ocasiones me ha resultado muy grato porque necesitamos contarnos que hubo maestros cultos, que publicaron libros, dictaron conferencias, escribieron frecuentemente en la prensa, salieron al extranjero con el propósito de conocer los sistemas educativos de otros países y, algunos, pagaron un precio muy alto por su compromiso con la construcción de una sociedad más justa.

Cuando había publicado más de sesenta columnas valoré la posibilidad de reunirlas en un libro, una suerte de diccionario como el que, tantas veces, yo hubiera querido consultar. Las biografías de estos maestros y las breves crónicas sobre iniciativas como las Misiones Pedagógicas, la imprenta Freinet, las colonias y las cantinas escolares o la graduación de la enseñanza, nos permiten asomarnos a una época concreta de nuestra historia. Así desfilan por estas páginas las carencias de las escuelas y de la formación del magisterio durante el siglo XIX, la modernización pedagógica y cultural del primer tercio del siglo XX, la ilusión compartida por muchos maestros durante la II República, el drama que fue, se mire desde donde se mire, la Guerra Civil o la dureza de la dictadura del general Franco que, como cantó el poeta Celso Emilio Ferreiro, sumió al país en «la longa noite de pedra»… En el fondo de estas columnas late la historia de Aragón porque analizar la escuela es, en realidad, analizar la sociedad de cada momento.

Quiero terminar esta breve introducción agradeciendo a Javier Lafuente, editor de Doce Robles, la paciencia con la que ha atendido mis dudas y mis sugerencias durante la gestación de este libro. Él ha hecho que todo sea muy fácil. A las muchas deudas que en los últimos veinticinco años he contraído con José María Hernández Díaz, añadiré ahora la amable presentación que ha escrito para Crónicas de la vieja pizarra. El profesor Hernández Díaz es para mí un referente personal e intelectual por el rigor de sus investigaciones, por su gozosa dedicación a la docencia y por su labor como director de dos publicaciones imprescindibles en nuestro ámbito: Historia de la Educación. Revista Interuniversitaria y Aula. Revista de Pedagogía de la Universidad de Salamanca. Por si esto fuera poco, un día me confesó que, después de su pasión por la Unión Deportiva Salamanca, es un seguidor zaragocista porque cuando era niño y compartía patio de recreo con Vicente Del Bosque, en nuestros años magníficos, era muy difícil no ser del Real Zaragoza.

 

Víctor Juan

 

*He aquí uno de los textos.

CUADERNOS ESCOLARES

 

No será la última ocasión que escriba en esta columna sobre los cuadernos escolares de Alfonso Morellón, alumno del Grupo Escolar de la Plaza de Santa Marta de Zaragoza, dirigido por Pedro Arnal Cavero desde 1921 hasta 1929 y en dónde también trabajaron los maestros Ramiro Soláns y José María Fuertes Boira, quien trajo de su viaje por Francia y Bélgica el primer proyector de cuerpos opacos conocido en España. Pero esta es otra historia y de ella me ocuparé otro día.

En el Museo Pedagógico de Aragón se conservan treinta y tres cuadernos del niño Alfonso Morellón, redactados entre 1920 y 1925, cuadernos de sucio y de limpio, escritos a varias tintas y alegremente ilustrados, que son un retrato preciso de lo que los alumnos vivieron en la escuela. Así sabemos que hacían prácticas de solfeo, que habían cultivado un huerto o que habían hecho excursiones por el entorno del río Ebro para recoger hojas y plantas con las que confeccionaron un herbario. Todas estas actividades eran realmente innovadoras en el contexto de unas escuelas presididas por la pasividad, la rutina y la memorización.

 

«Lo que hice yo durante las fiestas del Pilar»

Alfonso Morellón escribió un diario de las fiestas del Pilar de 1923 que, para envidia de todos nosotros, se extendieron del 11 al 22 de octubre. Antes de empezar las vacaciones, este aplicado escolar hacía una promesa en su cuaderno: «como los días son largos y no está bien la holganza continua, dedicaremos cada día un rato a llevar al corriente nuestro diario». Algunas crónicas no son demasiado extensas. El día 14 de octubre, por ejemplo, se resume en un lacónico «Lo pasé muy aburrido».

En aquellas fiestas no faltaron los cabezudos, las ferias, el circo, los caballetes, la retreta, la merienda en la arboleda, el rosario, jugar al pelotón, los fuegos artificiales o la traca final de fiestas. También se montó, acompañado de su madre, en la noria monumental.

Concluía su diario con el dibujo de este gigante del que decía: «Durante las fiestas del Pilar, este ha sido mi mejor amigo».

 

 

 

LIZ TAYLOR POR PHILIPPE HALSMAN

Retrato de Liz Taylor por Philippe Halsmann.

RATÓN DE ORO PARA VICENTE HERNÁNDEZ, SOBRE HÉROES DEL SILENCIO

Héroes del Silencio, protagonistas en la entrega 

del Ratón de Oro en el Teatro Principal 

 

 

[Nota de Carmen Serrano.] Juan Valdivia, Joaquín Cardiel y Pedro Andreu, de Héroes del Silencio, asistirán mañana sábado, 30 deseptiembre, a las 19.30 horas en el vestíbulo del Teatro Principalde Zaragoza a la entrega del Ratón de Oro, un premio que otorgan los organizadores de El día H (21 de octubre en homenaje a la míticabanda) y que este año recae en 'Tierras del Silencio', la mejor web temática sobre el grupo. El músico canario Vicente Hernández ha obtenido el galardón con la páginahttp://tierrasdelsilencio.blogspot.com.es/.

 

Tiene 34 años y una de las mayores colecciones de material de Héroes del Silencio, desde merchandising diverso hasta cintas de cassette, vinilos, fotos, grabaciones de todo tipo y hasta trescientos directos de Héroes con arreglos hechos por él mismo. “Es como un vício”, dice Vicente Hernández al referirse a su colección. Toca, cómo no, con un grupo tributo a la banda zaragozana; Hydrobius Band se llama y graba, en estos momentos, su primer disco con temas propios. 

 

La web ganadora del Ratón de Oro de El día H recoge contenido exclusivo y numerosas grabaciones de Héroes del Silencio. Hernández tiene también una página de Facebook (https://www.facebook.com/groups/tierrasdelsilencio/?fref=ts) dedicada a los músicos de Zaragoza y un canal de YouTube (https://www.youtube.com/channel/UCtO3E0K5XFrIPBO9GA_m9Jw) donde cuelga sus cover o versiones. El jurado que ha otorgado el premio a la mejor web ha valorado “la publicación de artículos,fotografías, vídeos originales, vídeos didácticos con tablaturas de las canciones interpretadas a guitarra y la continua actividad dela página durante el último año”.

 

Residente en Tenerife, Hernández se lamenta de no poder venir a la ciudad natal de Héroes del Silencio a recoger su premio. En el acto de entrega en el vestíbulo del Teatro Principal se leerá una carta que ha enviado para la ocasión. 

 

Los organizadores de El día H (https://www.facebook.com/eldiah.pagina/)en Aspe (Alicante), la localidad española con más tradición en esta fiesta homenaje a Héroes del Silencio, entregan este premio como celebración previa a los actos del 21 de octubre. Ese día, numerosas ciudades españolas, europeas y sudamericanas rinden tributo cada año al grupo de rock que cautivó al público de Europa y América entre 1984 y 1996 y en su puntual reaparición en 2007. El día H cumple este año su décimo aniversario y Zaragoza se suma ala ronda de celebraciones con un programa aún por comunicar.

 

En la pasada edición del Ratón de Oro fue premiada Mélanie Labajos, autora de la web 'Héroes del Silencio(France)' (http://heroesdelsilencio-france.simplesite.com).El galardón, que consiste en un ratón de oro y una placa acreditativa, le fue entregado en Zaragoza por Juan Valdivia y Pedro Andreu.